Daniel sirvió durante setenta años bajo tres imperios distintos —Babilonia, y luego los medos y persas— manteniéndose en posiciones de alta influencia sin que nadie pudiera encontrar en él negligencia ni corrupción. Su historia demuestra que quien realmente tiene el poder no son los reyes humanos sino Dios, quien quita y pone gobernantes según sus propósitos. Pero esa fidelidad sostenida tuvo un costo: Daniel fue perseguido, criticado y atacado desde su juventud hasta pasados los ochenta años. La hostilidad del mundo hacia quienes viven según las leyes del reino de Dios no cesa mientras estemos en esta tierra.
Cuando los funcionarios del imperio persa buscaron destruirlo, no encontraron falta alguna en su conducta, así que idearon un decreto absurdo: prohibir toda oración que no fuera dirigida al rey durante treinta días. Daniel lo supo y continuó orando como siempre lo hacía, tres veces al día, de rodillas, mirando hacia Jerusalén. Su decisión fue clara: cuando la ley de la tierra entra en conflicto con la ley de Dios, la ley de Dios prevalece. Fue echado al foso de los leones, pero Dios cerró la boca de las fieras. Mientras tanto, el rey Darío pasó la noche sin poder dormir, angustiado en su palacio, mientras Daniel descansaba en paz rodeado de leones.
El resultado glorificó a Dios de manera extraordinaria: el mismo rey pagano proclamó que todos debían temblar ante el Dios de Daniel, el Dios viviente que libra y rescata. Una fe vivida fielmente en tierra hostil no solo preserva al creyente, sino que manifiesta el poder de Dios ante quienes no lo conocen.
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Quisiera obviamente introducir este mensaje, primero introduciendo un poquito el libro brevemente como hacemos. Hemos hecho un break, nos hemos detenido en la serie de Marcos que veníamos teniendo, que el pastor Miguel venía teniendo. Pues este mensaje digamos que se da de manera puntual, viene del libro de Daniel, un libro que corresponde a un profeta del Viejo Testamento, un hombre muy usado por Dios dentro del pueblo de Judá, de Israel, pero él servía realmente como un funcionario alto del imperio de Babilonia, del imperio medopersa también un poco más adelante.
Y el mensaje del libro de Daniel, aunque tiene varios temas principales, el que nos interesa en el día de hoy, uno de sus temas principales que nos ministra y nos habla a nosotros y le habló también al pueblo judío en ese momento, es cómo el pueblo de Dios vive en una nación que no le pertenece, que no es de él, cómo podemos vivir nuestra vida y nuestra fe en una tierra que es ajena a nosotros. Ellos se encontraban, habían sido exiliados, el pueblo de Israel junto con Daniel había sido exiliado hacia Babilonia hacía muchos años, a quien en Daniel 6, y este es uno de los mensajes principales: cómo espera Dios que nosotros actuemos, vivamos, le sirvamos en medio de un mundo que nosotros sabemos por la historia era muy hostil para ellos, era un mundo que era contrario, que obedecía a leyes y parámetros y normas contrarias a los que ellos como pueblo de Dios estaban supuestos a vivir.
Y por esa razón yo entiendo que el libro de Daniel tiene una gran relevancia para el día de hoy, porque nos habla a nosotros los que estamos viviendo en este mundo al cual no pertenecemos, según Jesús dijo. Estamos en el mundo pero no somos del mundo, pero estamos en él y tenemos entonces que aprender a vivir en una tierra que no nos pertenece, que no es nuestra. Este capítulo 6 yo creo que tiene grandes lecciones en ese sentido, y no solamente les digo que les sirvió mucho al pueblo de Israel esclavo en ese momento, sino también nos habla poderosamente a nosotros.
Con esa introducción del libro, yo quisiera entonces leer los primeros tres versículos del capítulo 6. Vamos a exponer todo el capítulo 6, pero no lo voy a leer completo, sino que iré leyendo las porciones que más me interesan del capítulo, que interesan más a los propósitos de mi mensaje de este capítulo. Pero vamos a leer los primeros tres versos de donde vamos a sacar una serie de lecciones que sirven también como introducción a todo lo que queremos decir.
Capítulo 6, versículo 1: "Le pareció bien a Darío constituir sobre el reino ciento veinte sátrapas que gobernaran en todo el reino, y sobre ellos tres funcionarios, uno de los cuales era Daniel, a quienes estos sátrapas rindieran cuenta para que el reino no fuera perjudicado. Pero este mismo Daniel sobresalía entre los funcionarios y sátrapas porque había en él un espíritu extraordinario, de modo que el rey pensó ponerlo sobre todo el reino."
En estos tres primeros versos hay mucha información que es importante que nosotros, antes de proseguir, le prestemos atención. En primer lugar, comienza el capítulo de manera muy natural: "Le pareció bien a Darío." Pero este Darío es un nuevo rey. Si ustedes se van al 5:31, perdón, al 5:30, que es dos versículos más arriba, se fijarán que dice que aquella misma noche fue asesinado Belsasar, rey de los caldeos. Belsasar era el rey que le antecedió a Darío, que es de quien estamos leyendo en el día de hoy. O sea que hay una transición de reinos, de reyes.
Y el primer aspecto que yo quiero que ustedes noten es lo siguiente: Daniel tiene a esta fecha, en este momento, setenta años sirviendo en la corte real. Él llegó a Babilonia con apenas quince o dieciséis años y sirvió bajo Nabucodonosor. Daniel era un joven notable, un joven destacado, un joven de buen parecer, se nos dice en el capítulo 1, y desde el capítulo 1 él fue entrenado para servir como funcionario en el reino de Babilonia. Y sirvió bajo Nabucodonosor un sinnúmero de años. Luego a Nabucodonosor lo sucedió su hijo Belsasar, y Daniel sirvió un sinnúmero de años. Y sucede que ahora el imperio babilónico fue conquistado por los persas, que es Darío, y Daniel sigue ahí. Diríamos nosotros en buen dominicano, verdad, Daniel como que está pegado. Tres gobiernos y Daniel sigue en la misma posición de relevancia, en la misma posición de notoriedad que la había tenido desde que llegó hace setenta años.
Y lo primero que debemos notar entonces en este "le pareció bien a Darío" y darle digamos una posición de notoriedad a Daniel haciendo esta transición en su gobierno, es que, hermanos, quien tiene el poder en las manos no son los reyes humanos y los presidentes humanos y los cancilleres humanos y los embajadores humanos. Quien tiene el poder en las manos es Dios. Dios mantuvo a Daniel durante tres reinados consecutivos. La influencia de este esclavo, porque era un esclavo al servicio del rey, la influencia de este esclavo trascendió tres reyes. Entonces vuelvo a pensar en eso: la influencia de Daniel trascendió tres reyes.
Obviamente esto es un poderoso mensaje de confianza que inspira confianza en nuestros corazones, y lo inspiró en el pueblo de Israel al ver a su hombre ahí, permanecer ahí, mientras ellos estuvieron esclavos en Babilonia. Daniel, el hombre de Israel, permaneció ahí en una posición de prominencia protegiendo al pueblo, cuidando al pueblo, velando por el bienestar de su pueblo que estaba esclavo. Y otro es un gran estímulo para nosotros, porque Dios es el que tiene en sus manos el poder.
De hecho, el mismo Daniel, escribiendo capítulos más atrás en Daniel 2, reconoce eso, ese poder que Dios tiene en sus manos. Y Daniel, orándole a Dios para que le revelara la interpretación de un sueño, dice en el versículo 20 del capítulo 2: "Sea el nombre de Dios bendito por los siglos de los siglos, porque la sabiduría y el poder son de Él. Él es quien cambia los tiempos y las edades, quita reyes y pone reyes." De eso sabía Daniel. Ese es nuestro Dios. Y cuando los tiempos y los cambios de poder nos amedrenten, pensemos en que quien está detrás de todo y quien tiene el poder, al final, en última instancia, es nuestro Dios. Nadie le quita el poder que Él tiene. Es la primera observación que yo quisiera hacer: que le pareció bien a Darío. Y Darío es el tercero de tres reyes bajo los cuales Daniel sirvió. Eso es sumamente importante.
Lo segundo que yo quiero que observen es que este capítulo 6 ocurre bien al final de la vida de Daniel. Daniel tiene más de ochenta años. Daniel llegó con aproximadamente quince o dieciséis años y esto es setenta años después, o sea que Daniel es una persona de muy avanzada edad, ochenta y cinco a noventa años se calcula que tenía. Pero a pesar de que está en el ocaso de su vida, diríamos nosotros, cuando nos vamos al capítulo 1 y 2 de Daniel, que les había dado de lectura, vemos ahí que está siendo tentado y atacado por las costumbres de la tierra en la que él se encuentra, y él tiene que resistir y ser fiel a Dios en medio de esos ataques y esas tentaciones. Setenta años después vemos a un Daniel, ya me imagino con ciertas, con notorias debilidades físicas, pero también sometido a ataques y tentaciones y persecuciones como en el primer capítulo.
Y aquí hay un mensaje para el pueblo de Israel. Obviamente mi siervo, aquel que tiene esa posición de notoriedad, ha sido atacado toda su vida, ha sido criticado toda su vida, ha sido perseguido toda su vida. Mientras ustedes estén en esta tierra, pueblo de Dios, prepárense, anticipen la hostilidad, anticipen los problemas, anticipen las tentaciones, anticipen los desafíos a su fe. De hecho, el título de mi mensaje es "Fe bajo presión", una fe que durante siete u ocho décadas se mantuvo bajo presión resistiendo, y por la gracia de Dios se mantuvo fiel. Hermanos, la aflicción y la tentación en este mundo no se acabarán nunca. Es una de las razones por la que cada vez que yo canto en una canción hay una estrofa que tiene que ver con el futuro y el reino, y "te veré", y "cuando te vea tu amor me llenará y me bastará", y ese tipo de estrofas me inspiran, me motivan mucho, porque llegará un tiempo donde las luchas a las que estamos sometidos, las tentaciones que tenemos, con las que tenemos que pelear, cesarán. Pero eso no será aquí, será más adelante. Esa es la segunda lección que yo quería que extrajéramos de estos primeros tres versículos.
La tercera lección que está en estos primeros tres versículos, fíjense que el versículo 2 al final dice "para que el reino no fuera perjudicado". Es decir, el rey constituyó tres funcionarios sobre ciento veinte sátrapas para que el reino no fuera perjudicado. Daniel era uno de estos tres prominentes funcionarios que estaba sobre los ciento veinte sátrapas. ¿Y qué implica que el reino quería ser perjudicado? Bueno, que había corrupción. A pesar de que era un dictador, un tirano, y que podía mandar a matar a aquel que le fallara y le fuera corrupto, aún así la corrupción no se detuvo. Él tuvo que poner gente confiable que le reportaran a él, que velara por sus intereses en el reino.
A veces cuando nosotros leemos la Biblia, nosotros pensamos que para Daniel, para Moisés, para Abraham era más fácil vivir la vida de servicio a Dios, sería más fácil para ellos el caminar cristiano, vamos a decirle cristiano que es un nombre del Nuevo Testamento, porque en esa época no había tanta corrupción, no había tantos problemas, no había tanta dificultad, no había tanta perversión. Seguro lo único que había menos era tecnología, pero era exactamente lo mismo. Por lo tanto, estos relatos, estas historias, verdaderamente son historias del corazón humano. Cuando vemos a un Daniel resistiendo una tentación, hermanos, Daniel sintió lo mismo que tú y que yo cuando estén medio de una tentación. Cuando él fue tentado a abandonar su fe, a hacerle infiel a Dios, es lo mismo que tú y yo sentimos abandonando nuestra fe. Y Daniel estaba en medio de un gobierno corrupto, en medio de funcionarios corruptos, y él tuvo que entonces en medio de esa corrupción preservar su fidelidad a Dios. Y eso es importante que lo veamos, porque está ahí: "para que el reino no fuera perjudicado", lo cual le hacía la vida difícil a Daniel.
Cuarto, que yo quiero ver, y esto es como les dije, esto es la introducción de los primeros tres versículos de la escena que nosotros vemos en Daniel 6. Es que en el versículo 3 se nos dice lo siguiente: "Pero este mismo Daniel sobresalía entre los funcionarios y sátrapas porque había en él un espíritu extraordinario, de modo que el rey pensó ponerlo sobre todo el reino."
Ese versículo habla poderosamente a nosotros en el sentido de que hay una forma, hermanos, en que los hijos de Dios pueden destacarse aun en un mundo hostil y pecaminoso. Aun en un mundo hostil y pecaminoso, los hijos de Dios tenemos maneras de destacarnos en lo que hacemos, en la forma como lo hacemos, sin serle infiel a Dios. Daniel lo pudo hacer, Daniel lo hizo. Dice que un espíritu excepcional, extraordinario —la palabra en el original dice un espíritu fuera de serie o excepcional— estaba en él. No sabemos si se refería con precisión a un tema de actitud, de su actitud extraordinaria, o habilidades extraordinarias. Yo creo que era una combinación de ambas cosas. Daniel tenía habilidades extraordinarias: era un hombre sabio, era un hombre profundo, era un hombre visionario. Pero también, esas son habilidades, pero también era un hombre con la actitud correcta, la actitud de servicio correcta, de sujeción a la autoridad correcta, de diligencia correcta que él necesitaba para destacarse dentro de esta posición. Y así lo logró.
Entonces, con demasiada frecuencia nosotros nos sentimos atemorizados de que si hacemos lo correcto nos va a ir mal. "No, yo no puedo hacer eso porque imagínate, en este país, en esta empresa, en este mundo." Y pensamos que tenemos que hacerlo incorrecto para no encontrar problemas en nuestra vida. Fíjense que la influencia de Daniel se debió a la fortaleza de su carácter, a la fidelidad a Dios. Y hago la salvedad de que hablo de influencia, no de popularidad. Daniel era un hombre influyente aunque no popular, por lo menos entre los 120 sátrapas. Él no era un hombre popular. Si hubiesen, imagínense ustedes, que hubiese existido la democracia en ese momento y el rey dice a los 120 sátrapas: "Bueno, vamos a escoger cuál va a ser el próximo funcionario que va a gobernar. Vamos, levanten la mano los que quieren que Daniel siga." ¿Tú crees que los 120 sátrapas iban a decir que sí, si eran una gente que estaba maquinando un plan contra él? Era un hombre impopular, pero era un hombre influyente.
Y yo creo que ha sido un craso error a través de la historia del cristianismo cuando el cristiano confunde popularidad con influencia. Y muchos de nosotros, o muchos cristianos, quieren ser influyentes, y como quieren ser influyentes entienden que deben ser populares para ser influyentes. La vida de Daniel nos muestra que son cosas distintas. Yo debo hacer lo que tengo que hacer, sea popular o no. Dios me da la influencia. Y tenemos que tener eso muy, muy claro.
Entonces, con este telón de fondo de estas observaciones que nos dan estos primeros tres versículos, ¿cuál es el mensaje central de todo este capítulo 6 de Daniel? Aquí es que está el famoso incidente del foso de los leones, que yo creo que no hay un niño en una casa cristiana, en un hogar cristiano, que no haya escuchado en más de cuatro ocasiones a Daniel en el foso de los leones. O nosotros mismos hemos escuchado a Daniel en el foso de los leones. Hermanos, esto no es una fábula, esto fue algo real. El tema de los fosos de los leones o de las fieras en la antigüedad era algo muy común. Los reyes, los emperadores, era común que usaran estos fosos contra sus enemigos para torturarlos o para matarlos, dependiendo de lo que quisieran hacer. Se han descubierto, de hecho, un sinnúmero de fosos donde ocurrían este tipo de eventos y de martirios, diría yo.
Entonces, ¿cuál es el mensaje central de este capítulo 6 de Daniel, donde se nos relata el incidente del foso de los leones? En mi opinión, cuando uno lee el capítulo y lo ve en el contexto del libro, hay algo que el Espíritu Santo quiere que nosotros entendamos. El Espíritu Santo que inspiró el capítulo quiere que nosotros entendamos qué debemos nosotros esperar cuando vivimos en una tierra que no es la nuestra. ¿Qué debemos nosotros esperar al vivir nuestra fe, más bien, en una tierra que no es la nuestra? Filipenses 3 nos dice claramente que nuestra ciudadanía no está aquí en la tierra, sino en los cielos. Somos ciudadanos del reino de Dios en el sentido de que sus leyes, sus normas, sus principios son los que gobiernan nuestra vida, correcto. A veces yo soy un infractor de la ley en el reino de Dios; como ciudadano del reino de Dios yo soy un infractor, pero yo estoy bajo esa ley. Nosotros estamos, los cristianos estamos sometidos a esa ley porque somos ciudadanos de ese reino. Pero, ¿qué sucede? Que tenemos una doble nacionalidad. Tenemos una nacionalidad del lugar o de la generación en la que nos ha tocado vivir. Y este mensaje, este capítulo más bien, nos habla de cómo nosotros, o qué debemos nosotros esperar en ese sentido.
Y yo creo que hay al menos cuatro cosas que nosotros podemos aprender de este capítulo de qué esperar cuando vivimos nuestra fe en una tierra que no es la nuestra. La primera es la más evidente: es la persecución, o la crítica, o el aislamiento, como le queramos poner. Miren lo que le pasó a Daniel. Desde el versículo 4 vamos a leer, al menos el 4 y el 5. Dice: "Entonces los funcionarios y sátrapas buscaron algún motivo para acusar a Daniel con respecto a los asuntos del reino, pero no pudieron encontrar ningún motivo de acusación ni evidencia alguna de corrupción, por cuanto él era fiel, y ninguna negligencia ni corrupción podía hallarse en él. Entonces estos hombres dijeron: No encontraremos ningún motivo de acusación contra este Daniel, a menos que encontremos algo en relación con la ley de su Dios."
Esta gente estaba maquinando y buscando un motivo para acusar a Daniel. Daniel era impopular entre ellos. No sabemos la razón exacta porque el texto no nos dice, pero podemos especular. Quizás tenían envidia de que el rey lo considerara para ponerlo sobre todo el reino. Envidia, eso de que me siento incómodo con el éxito ajeno, eso de que yo no disfruto cuando a otro le va bien, y que yo quiero que lo mal que me va a mí o lo limitado que yo soy también a él le ocurra. Ese sentimiento que a veces nos carcome, literalmente carcome al ser humano cuando ve al otro progresar y avanzar. No hay razón alguna para la envidia, sencillamente el corazón pecaminoso. O sea, Daniel no le había dado razón a ellos para que le envidiaran, porque no era nada contra ellos. Era un tema de que el rey lo había considerado superior a los demás; era un asunto que Daniel no tenía la culpa de eso. Pero ellos sintieron envidia, posiblemente, de este avance de Daniel.
Otra posible razón es que Daniel era un impedimento para la corrupción que ellos querían tener, que ellos querían llevar a cabo. Ellos querían cometer actos de corrupción, quizás robar dinero, robar recursos, robar tierras, y sabían que Daniel no iba a permitir eso por su trayectoria. Yo creo que ya Daniel tenía trayectoria, una reputación muy bien ganada: 70 años sirviendo y no le pueden encontrar nada de corrupción y de negligencia. Obviamente, para ellos era un problema. O sea, es paradójico que en este mundo, cuando tú haces las cosas bien, tú eres un obstáculo para la gente. Qué problema. Pero eso tenemos que anticiparlo, porque de manera natural el corazón del ser humano es pecaminoso y quiere hacerlo mal hecho. Y esas quizás, u otras razones, eran las que hacían que esta gente se sintiera así contra Daniel.
Es interesante, es increíblemente confrontador ver estos versículos cuando se nos dice que ellos se propusieron buscar una razón contra Daniel, como le hicieron contra Jesús cuando se propusieron los fariseos buscar una razón para hacerlo caer, y no encontraban, y no encontraban, y no encontraban. De hecho, muchos dicen, o yo creo que así es, que Daniel es una figura de Cristo; su historia se parece mucho a Cristo. Entonces esta gente quiere buscar algo contra Daniel y se pone a buscar y se pone a buscar los archivos reales, en los archivos de sus gestiones. 70 años de labor, 70 años de trabajo de vida pública como funcionario de estos imperios. En esa época se mantenían registros detallados de todo lo que hacía un funcionario público o todo lo que hacía el rey. Y esta gente, no sabemos cuánto tiempo, pero se propuso buscar, y se nos dice en el versículo 4 que no encontraron ninguna evidencia: ni negligencia ni corrupción podían hallarse en él.
A mí me confronta increíblemente esto. Negligencia tiene que ver con cosas que Daniel debía hacer y siempre hizo. Él no fue negligente, siempre hizo lo que debió hacer, lo que le tocaba hacer. Siempre llenó su rol, cumplió sus responsabilidades. Cuando había una buena labor que hacer, él la hizo. Él no fue negligente, y no se halló evidencia de negligencia en él. Pero no se queda ahí: tampoco se halló evidencia de corrupción. O sea, Daniel siempre hizo lo que le tocaba hacer, pero tampoco hizo lo incorrecto. No hubo corrupción. Y esta gente se dice así misma, se dicen entre ellos: "No, tenemos que buscar otra cosa, porque aquí en el registro público no existe nada que podamos usar en su contra." Qué vida.
Bueno, y digo, a mí me llama la atención que Daniel estaba haciendo lo que le tocaba hacer, y aun así fue perseguido. Cristo vino y amó a su pueblo, amó a su gente hasta la muerte, nos dice el texto, y aun así fue crucificado. Porque este mundo es hostil a la verdad de Dios, este mundo es hostil a la ley que regula el reino de Dios. Y entonces hubo persecución.
Y armaron un plan. Según el versículo 7: "Todos los funcionarios del reino, prefectos, sátrapas, altos oficiales y gobernadores han acordado que el rey promulgue un edicto y ponga en vigor el mandato de que cualquiera que en el término de 30 días haga una petición a cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, sea echado en el foso de los leones." Qué cosa tan absurda. Así de absurdo es el pecado, pero qué cosa tan absurda. Le dicen al rey, lo convencen de que emita un decreto de que nadie ore a ningún otro dios, solamente a él. Era común en la época que los reyes...
Eran considerados deidades. Los césares romanos eran considerados deidades. En el caso de los persas, también consideraban a sus reyes deidades, pero por treinta días. En este caso, por treinta días. Tú lo ha visto, el programa ese que dice "Sé famoso por treinta días", algo así, o "Un día de fama" o "Un minuto de fama", algo así. Es como vivir una fantasía por un tiempo muy, muy, muy limitado. Y esto es una fantasía, pero que le gustó al rey orgulloso y arrogante que era Darío, que posiblemente era el rey Ciro, y Darío era el nombre real para este rey. Entonces lo convencen a él, los convencen de que emite este decreto, y él lo hace. Y este decreto se convierte en la persecución de Daniel.
Entonces, lo primero que nosotros tenemos que ver es que, en una tierra que no es nuestra, cuando tratamos de vivir nuestra fe como es, encontraremos oposición y persecución y dificultades y problemas. Tenemos que prepararnos para eso.
Lo segundo que vemos aquí, cosas que debemos esperar al vivir nuestra fe, es que vamos a entrar en conflicto entre lo que gobierna nuestra vida y lo que gobierna el resto de la gente. Lo que gobierna nuestra vida, que se supone que debe ser esto, la Palabra de Dios, es nuestra norma de vida, nuestro manual de vida. Pero, ¿qué pasa cuando tratamos de vivir esa Palabra, esas normas, en esta sociedad pecaminosa y caída? Que vamos en muchas ocasiones a entrar en conflictos.
En el versículo 10 se nos dice que cuando Daniel supo que había sido firmado el documento, entró en su casa, en su aposento superior. Tenía ventanas abiertas en dirección a Jerusalén, y como lo solía hacer antes, continuó arrodillándose tres veces al día, orando y dando gracias delante de su Dios. Cuando uno lee el versículo, da la sensación de que Daniel no se inmutó con el edicto, con el decreto. Daniel no se inmutó. Se nos dice, a pesar de lo corto del verso, que Daniel continuó orando en el lugar que siempre lo hacía, en su aposento superior; en la forma que siempre lo hacía, de rodillas; y con la frecuencia que siempre lo hacía, tres veces al día, según el Salmo 55.
Daniel siguió su devoción a Dios y su entrega a Dios exactamente igual, a pesar de que esto se oponía o entraba en conflicto con la ley de la tierra en la que vivía. Y aunque nosotros podemos sacar muchas lecciones o varias lecciones de la vida devocional de este verso, vamos a predicar de la vida devocional, podemos predicar de eso a partir de este verso y podemos hablar algunas cosas, pero creo que el mensaje central del verso no está en resaltar la vida devocional de Daniel, sino en resaltar que la vida devocional de Daniel, cuando entró en conflicto con la ley de la tierra, él obedeció la ley de Dios en lugar de la ley de la tierra, la ley que había sido decretada por el rey.
En otras palabras, cuando en nuestras vidas se entren en conflicto las leyes de Dios y las leyes terrenales, la decisión es clara: la ley de Dios es superior, debe estar por encima de la ley terrenal. En un momento dado, en el libro de los Hechos capítulo 5, a Juan y a Pedro los apresan y les dicen: "No pueden seguir hablando en el nombre de Jesús", los tocan, la ley. "No pueden seguir hablando en el nombre de Jesús". Y ellos literalmente responden que no, que ellos van a seguir hablando en el nombre de Jesús, porque Hechos 5:29 dice: "Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres".
En una ocasión, en el pueblo de Israel, estando en Egipto, el faraón se preocupó porque el pueblo judío estaba creciendo muy rápidamente, y llamó a las parteras. Llamó a aquellas mujeres que servían de parteras en el pueblo judío y les dijo: "Miren, cuando nazcan los niños judíos, mátenlos". Y ellas decidieron no hacerlo. Dice el texto: "Porque temieron más a Dios".
Es decir, que nosotros vamos a ver en nuestra vida, en diversas circunstancias y escenarios y ambientes, conflictos entre lo que la ley de la tierra estipula y lo que la ley de Dios establece. ¿Qué vamos a hacer? ¿Cuál es la ley que vamos a obedecer? ¿Cuál es la ley que vamos a seguir? Realmente, hermanos, ¿la Palabra de Dios es nuestro manual de vida? Realmente, cuando yo leo algo que la Palabra me establece, ¿qué voy a seguir? ¿Lo que la Palabra me establece o lo que la carne me dicta?
Porque no se trata solamente, ya a nivel de aplicación, no se trata solamente de leyes, leyes del gobierno, leyes que se emiten en el Congreso. Se trata, hermanos, que muchas veces la ley de nuestro Dios entra en conflicto con normas de nuestra generación, con tendencias de la moda del momento, con ideas del momento, formas de actuar, formas de ser, de vestir, de comprar, de hacer, de vivir, que se contradicen con la Palabra de Dios. Entonces yo me pregunto: cuando esas cosas sean diferentes y entren en conflicto con la Palabra de Dios, ¿cuál va a ser mi decisión? ¿Me voy a someter a lo que la Palabra de Dios establece, o voy yo sencillamente a buscarle una excusa que acomode mi deseo de hacerlo diferente, de hacer otra cosa?
En el caso de Daniel, su decisión fue: "No, hasta aquí llegó yo, hasta aquí llega mi lealtad al rey, porque mi lealtad a Dios es superior". Hermanos, y como va el mundo y los cambios culturales que nosotros estamos viendo, creo que dentro de no mucho nosotros nos vamos a ver obligados a hacer cosas que sabemos que no debemos hacer, y nos vamos a ver obligados también a dejar de hacer cosas que tenemos que hacer, por regulación, por norma, ya sea impuesta por la autoridad o requerida por la sociedad en la que nosotros vivimos, por los grupos de amigos que tenemos, por los colegas con los que nos juntamos. Se nos van a imponer presiones para que hagamos cosas que sabemos que contradicen la Palabra y para que dejemos de hacer cosas que sabemos que están en la Palabra. Y tenemos que anticiparnos a eso, porque esto le pasó a Daniel hace muchísimos años, y el que es avisado no muere en batalla, como dice el refrán.
El segundo aspecto que vemos aquí es la persecución, el conflicto que va a haber entre la Palabra de Dios y las normas de la tierra, ya sean legales o sociales. Pero lo tercero que vemos es la complacencia de Dios cuando vivimos nuestra fe realmente en una tierra que no es nuestra.
Desde el versículo 11 se nos cuenta qué ocurrió entonces con Daniel. Vamos a leer algunos versículos, del 11 hasta el 23, algunos de ellos, para tener una idea de qué ocurrió. "Entonces estos hombres, de común acuerdo, fueron y encontraron a Daniel orando y suplicando delante de su Dios, por lo cual se presentaron ante el rey y le hablaron tocante al mandato real". Versículo 13: "Entonces ellos respondieron y dijeron al rey: Daniel, que es uno de los deportados de Judá, no te hace caso, oh rey, ni del mandato que firmaste, sino que tres veces al día hace su oración". "Y al oír estas palabras, el rey se afligió mucho, y se propuso librar a Daniel, y hasta la puesta del sol estuvo buscando la manera de librarlo".
Versículo 16: "El rey entonces dio órdenes que trajeran a Daniel y lo echaran en el foso de los leones". Y miren, miren, cuando lo echan en el foso de los leones, lo que le dice el rey. Habló a Daniel y le dijo: "Tu Dios, a quien sirves con perseverancia, él te librará". ¡Oh, por Dios! ¿Pero de dónde sacó ese hombre eso? Eso se llama influencia de Daniel en la vida de este rey. Él no era un siervo de Dios, este rey, pero él había oído del Dios de Daniel en más de una ocasión, hasta el punto que el rey pagano cree, espera, que el Dios a quien tú sirves con perseverancia te librará de los leones. ¡Wow!
Y sigue entonces diciendo el texto, versículo 18: "Después el rey se fue al palacio, y pasó la noche en ayuno. Ningún entretenimiento fue traído ante él, y se le fue el sueño. Entonces el rey se levantó de mañana, al rayar el alba, y fue a toda prisa al foso de los leones. Y acercándose al foso, gritó a Daniel con voz angustiada. El rey habló a Daniel y le dijo: Daniel, siervo del Dios viviente, tu Dios, a quien sirves con perseverancia, ¿te ha podido librar de los leones? Entonces Daniel respondió al rey: Oh rey, vive para siempre. Mi Dios envió su ángel, que cerró la boca de los leones, y no me han hecho daño alguno, porque fui hallado inocente delante de él. Y tampoco ante ti, oh rey, he cometido crimen alguno". ¡Wow!
¿Ustedes no ven a Dios aquí respaldando a Daniel? ¡Amén! ¿Ustedes no ven a Dios respaldando a Daniel, a su siervo, al hombre que decidió vivir según la ley del reino de los cielos y no según la ley del reino de los hombres? Claro que lo vemos, claro que lo vemos, de diferentes maneras lo vemos.
Pero hay algo, alguna excusa que tenemos que comentar. El agrado de Dios, hermanos, en nuestras vidas no se refleja con la remoción inmediata de nuestros problemas. Eso es lo primero que tenemos que señalar. ¿Por qué? Porque nosotros leemos en un solo capítulo toda la historia, pero esto no ocurrió en un solo día. Nosotros no sabemos cuánto duraron los enemigos de Daniel buscando prueba contra él. Nosotros no sabemos cuántas críticas le hicieron, cuántos cortes, cuántas, digamos, seruchadas de palo, como decimos, cuántas veces ellos le hicieron la vida difícil a Daniel, cuántas veces le afligieron, cuántas cosas oyó Daniel que se estaban haciendo contra él. Y Daniel ahí, aguantando, aguantando, estresado, afligido, posiblemente yendo donde Dios: "Señor, quita esta gente de mi alrededor, protégeme de ellos".
Entonces hubo un tiempo de aflicción en el cual Daniel estuvo ahí inmerso, que nosotros no lo vemos en el texto. Pero ciertamente, el agrado de Dios en nuestras vidas no implica necesariamente que Dios va a remover nuestra aflicción cuando nosotros lo queremos. Él es el que sabe. Él es el que sabe cuándo lo va a hacer, si es que lo va a hacer.
Esta gente entonces encuentra a Daniel. El versículo 11 nos lo dice: lo encuentran, lo apresan, lo acusan falsamente, porque en un momento dado ellos le dijeron al rey que todos estaban de acuerdo. "Todos los funcionarios y gobernadores y sátrapas estamos de acuerdo". Pero realmente Daniel no estaba de acuerdo con nada de eso. Pero es interesante ver que en el versículo 14 el rey se aflige. Al oír estas palabras, se afligió mucho. Su mejor hombre. El rey parece que le tenía cariño a Daniel. Claro, usualmente, aun el pecador, aun la persona que no ha sido redimida, siente inclinación y empatía con aquel que le es fiel.
Daniel era un colaborador importante para él, era su mejor hombre. Y este hombre se afligió de que por su estupidez, porque lo cogieron de estúpido. Y eso es una demostración a lo largo del capítulo, una enseñanza de que el gran rey Darío fue usado por estos sátrapas, pero el Dios todopoderoso no es usado por nadie. Lo cual contrasta el Rey de nuestros reyes y el rey de los hombres.
Fíjense lo que pasa. El rey se afligió, ¿por qué se afligió? Porque tenía afecto por Daniel. Daniel se había ganado su confianza, era su mejor hombre, y es echado al foso de los leones. Y nos dice el versículo 18 entonces que el rey se fue, pasó la noche en ayuno, ningún entretenimiento fue traído a él, y se le fue el sueño. ¿Cuál es la escena que nos pintan aquí? Este hombre no pudo dormir, literalmente no pudo dormir.
¿Pero no les parece curioso que el Espíritu Santo condujera a escribir este texto de esta manera, en lugar de quedarse en el foso de los leones? Porque yo hubiese querido, si hubiese sido una película, que hubiese una cámara en el foso de los leones. Porque yo quiero ver esos leones con la boca cerrada. Yo quisiera saber si fue que cuando iban a morder a Daniel fue que un ángel le dio una galleta, o fue que se le cayeron los dientes, o fue que se durmieron los leones. Uno no sabe. El Espíritu Santo como que dice: eso no importa, ese problema está resuelto, vamos al palacio.
En el palacio vemos a un hombre, un rey con todo el poder a su disposición por entonces, y es obvio que él está intranquilo, afligido y no puede dormir. Y Daniel en el foso tranquilo. Entonces, ¡qué contraste! Una vida que honra a Dios en el foso de los leones tranquilo, y un individuo que no honra a Dios en un palacio ansioso. ¿Eso no es un mensaje para nosotros? ¿No es un mensaje para el pueblo de Dios que está sometido bajo la esclavitud de Babilonia, de Persia en este momento, decirle: yo tengo, soy yo que domino todo, que controlo todo, sé me fiel y yo te voy a preservar aun en medio del foso de los leones con tranquilidad? Mira este rey todo afligido, todo preocupado, todo ansioso, sin poder dormir.
En ese momento a los reyes los entretenían de noche, porque no había televisión, entonces había que ponerle gente que le bailara, gente que le trajera cosas. Y no me traigan nada de eso, yo no quiero nada de eso, no quería nada. Se le fue el sueño, preocupado. Increíble, increíble.
Vemos la historia de Daniel cómo se parece a la de Cristo. Un hombre fiel acusado falsamente, lo agarran en un delito que no es realmente ningún delito, lo acusan, lo echan en el foso de los leones para que muera. Así como Cristo fue acusado falsamente, llevado a la cruz. La diferencia está en que nos dice el versículo 23: el rey entonces se alegró mucho y mandó a sacar a Daniel del foso. Cuando Daniel fue sacado del foso no se encontró en él lesión alguna, porque había confiado en su Dios. En Daniel no se encontró lesión alguna. Cristo fue a la cruz y murió en la cruz.
¿Cuál es la diferencia? ¿Qué es lo que pasa, que Dios decide salvar a Daniel y condenar a Cristo a la muerte? ¿Cómo puedo yo saber si estoy en medio de una dificultad en mi vida, de un problema en mi vida, de un ataque en mi vida, de una persecución en mi vida, si Dios va a meter la mano por mí, me va a sacar, o va a dejar que yo, por así decirlo, muera ahí? ¿Cuál es la diferencia? Honestamente, hermanos, nosotros no podemos predecir a Dios porque sus pensamientos son muy diferentes a nuestros pensamientos.
Ahora, lo que sí podemos saber es lo siguiente: Dios hará lo que mejor sirva a sus propósitos, eso es lo que hará. En el caso de Daniel, ¿por qué salvar a Daniel servía a los propósitos de Dios? Porque Dios quería mandar un mensaje a su pueblo que estaba esclavo 70 años ahí: pueblo mío, aun en las peores circunstancias yo te puedo preservar y sacarte intacto. Si es un mensaje que el pueblo necesitaba oír para que no desfallecieran, entonces la salvación de Daniel sirvió a los propósitos de Dios, y Dios lo salvó.
Pero ¿qué pasó con Cristo? No, la muerte de Cristo era necesaria para la redención de muchos, para rescate de muchos, para mi salvación y tu salvación. Cristo tenía que morir, entonces su muerte era parte de los propósitos de Dios. Bueno, pues eso no me da ninguna tranquilidad. ¿No te da ninguna tranquilidad? Piénsalo de la manera siguiente: Daniel fue salvado, cierto, eso puede ocurrirte, que Dios te salve. Pero Cristo fue a la cruz, eso puede ocurrirte, que tú mueras. Pero ¿Cristo no dijo el que cree en mí vivirá? ¿Cristo no resucitó de la muerte? Su muerte, su victoria sobre la muerte, es mi victoria sobre la muerte.
Entonces el hijo de Dios, el pueblo de Dios, no pierde en ninguna circunstancia si estamos sometidos a su voluntad, bajo sus leyes. Él es el que sabe cuál va a ser el resultado de mi vida. Sea que viva o que muera, yo soy de él, decía Pablo. De hecho, Pablo en un momento dado dijo que era mejor morir, que él prefería morir y estar con Cristo a estar aquí en la tierra.
Entonces, lo tercero que nosotros debemos esperar es la complacencia de Dios, el agrado de Dios, al nosotros contribuir con su propósito. Y por último, por último, es obvio que una fe vivida fielmente en una tierra que no es la nuestra glorifica a nuestro Dios.
Miren el versículo 24 al 28, bueno, desde el perdón, desde el 26 al 27. Esto es Darío hablando: "De parte mía se proclama un decreto de que en todo el dominio de mi reino todos teman y tiemblen delante del Dios de Daniel, porque él es el Dios viviente que permanece para siempre, y su reino no será destruido, y su dominio durará para siempre. Él es el que libra y rescata, hace señales y maravillas en el cielo y en la tierra, el que ha librado a Daniel del poder de los leones." Amén.
Esto es Darío hablando. Darío, el rey Darío, para ese salmo, el Salmo 152. O sea, cómo Dios se reveló y se manifestó a través de usar a Daniel como instrumento, y ahora un hombre que no es leal a Dios, que no conoce a Dios a nivel personal, conoce aspectos de Dios que él resalta. Y ahora sucede que el pueblo de Dios es protegido: todo el que en todo mi reino, que nadie diga nada contra este Dios, y que todos tiemblen ante este Dios. No se imaginan lo que pudo significar para este pueblo oprimido de que el rey, el emperador, dijo: este Dios hay que respetarlo.
El grito fue mucho mayor que el grito de los goles que en este día hemos estado experimentando en muchas casas. El grito del pueblo de Dios, la alegría, el gozo. ¡Wow, Señor, gloria a ti, Señor! Daniel, yo me imagino la oración de Daniel posterior al foso: Señor, gracias por el foso de los leones, gracias por el foso de los leones.
Qué glorioso es cuando nosotros pasamos por fosos, por situaciones en nuestra vida, y Dios se glorifica, y podemos decir: gracias, Señor, por esa dificultad, esa situación en la que tú te glorificaste y tú hiciste algo que yo no podía hacer. Ahora, cuando estamos en el foso yo tengo que reconocer que muchos de nosotros perdemos la perspectiva y realmente no sabemos, miramos arriba, ¿qué hará Dios, qué pasará? Imagínense, o sea, no olvidemos que Daniel pasó una noche con leones enfrente. Eso no debe haber sido fácil, eso no debe haber sido fácil. Daniel pasó una noche entera con leones enfrente.
Como les dije, el texto no nos dice qué fue lo que ocurrió con los leones, pero lo que haya ocurrido, los leones no desaparecieron. Los leones estaban ahí, y Daniel estuvo en todo momento, imagino yo, postrado orando: Señor, mi vida es tuya, tú eres el que sabe lo que va a ocurrir, tú tienes en tu mano el poder de la vida, el poder de la muerte, a ti me entrego. Usa esto, Señor, glorifícate, yo soy tuyo. Pero yo no me voy a postrar a oro ante tu rey que no eres tú, y tengo que pagar con mi vida, eso lo voy a pagar. Esas fueran quizás los pensamientos de Daniel, no sé, estoy especulando, pero creo que es muy posible.
Lo cierto es que Daniel, hermanos, era un hombre preparado para vivir en un mundo que es hostil al reino de Dios. Y nosotros tenemos que prepararnos, cada uno de nosotros, para vivir en un mundo que es hostil y contrario al reino de Dios. Nosotros seremos amigos del mundo siempre y cuando sirvamos a sus propósitos, pero usualmente no servimos a sus propósitos, y por lo tanto seremos perseguidos. Ya lo estamos siendo, creo. Y el pastor Miguel hablaba un par de sermones atrás de esas situaciones que están ocurriendo.
Entraremos en conflicto abierto con disposiciones morales, normas sociales o leyes. Pero tenemos que resistir, ser fieles a Dios en medio de los hornos y en medio de las aflicciones que Dios nos pone a pasar, porque él se glorificará. Hermanos, él se va a glorificar a través de su pueblo y nos va a usar poderosamente para sus propósitos.
El Señor sea con nosotros en esta mañana, nos dé un entendimiento sobre estas verdades, nos dé un entendimiento sobre lo que la vida es. La vida es un tiempo para servir a Dios, servirle a los propósitos de Dios que nos trascienden a nosotros. Como decía Pablo, vivamos la vida sabiendo que los días son malos, aprovechemos bien el tiempo, no hay tiempo que perder.
Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.