En medio de una pandemia que ha llenado al mundo de pánico y confusión, surge una pregunta incómoda: ¿por qué parece que Dios no hace nada? El profeta Habacuc vivió esa misma tensión. Contemplaba la injusticia, la violencia y la descomposición moral de Judá, y clamaba a Dios: "¿Hasta cuándo pediré ayuda y no escucharás?" Su frustración era genuina. Pero cuando Dios finalmente respondió, la respuesta lo dejó más confundido: usaría a los babilonios —un pueblo más cruel y pecaminoso— como instrumento de juicio. La lógica de Habacuc no podía procesar esto. Sin embargo, Dios no busca encajar en nuestra lógica; Él actúa en su tiempo y a su manera.
Lo que transforma a Habacuc es su decisión de esperar. En lugar de seguir cuestionando, se coloca en su puesto de guardia, dispuesto a escuchar la corrección divina. Y allí recibe la verdad que sostiene al justo en tiempos de crisis: "El justo vivirá por la fe." No por las circunstancias, no por la economía, no por la salud garantizada, sino por la confianza en el carácter de Dios.
El pastor Miguel Núñez amplía el lente: mientras el mundo se paraliza por esta pandemia, quince mil niños mueren de hambre cada día sin que nadie se estremezca. La compasión selectiva revela que hemos sido ciudadanos de nuestro propio mundo, no del mundo global donde Dios nos colocó. Habacuc termina su libro no celebrando el dolor, sino afirmando: "Aunque la higuera no eche brotes... con todo, me alegraré en el Señor." Esa es la fe que sostiene cuando todo tambalea.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Nuestro siguiente servicio será realizado sin público presente. Damos gracias al Señor por la oportunidad que nos da de estar unidos como iglesia, en oración y adoración, aún desde nuestros hogares en la intimidad familiar. Recordemos que la iglesia no es un edificio, somos cada uno de nosotros en quienes mora la presencia del Espíritu Santo. Es nuestra oración que el Señor siga obrando en nuestras vidas en medio de estos tiempos como los que estamos viviendo.
Bueno, yo he titulado el mensaje de esta mañana "Fe en tiempo de confusión". Este es el tercer mensaje en esta, yo no sé si llamarle miniserie, pero en esta etapa de pandemia en la que nos encontramos, tratando de encontrar no solamente luz para los tiempos que vivimos, sino también un enfoque que esté por encima del sol, como acabamos de orar, y no simplemente lo que nosotros podemos ver desde aquí abajo.
No hay duda que el mundo está viviendo, a todo lo largo y ancho de su extensión, un período de confusión, un período de preocupación. El número de pacientes hospitalizados, el número de pacientes enfermos y el número de pacientes que ya han fallecido han creado en la población un pánico. Por el hecho de potencialmente haberse afectado por el mismo virus, pero también por la realidad de que quizás yo pudiera ser uno de esos que no progresó bien, aunque corresponden a la minoría, pero donde yo pudiera terminar pasando del otro lado de la eternidad.
El pánico se ha acentuado en gran manera también por la gran cantidad de información, mucha mala información y otra muy buena información, pero que el mundo no médico no está preparado para manejar y poder digerir y entender exactamente qué es lo que se está tratando de decir. Al abrir el sol o subir el sol esta mañana se habían reportado un millón veinticinco mil setecientos noventa y un casos, con sesenta y cuatro mil novecientas setenta y tres muertes, con una mortalidad estimada de manera global en un 5%, pero con mortalidad regional como Estados Unidos de un poco más de un 2% y de una Alemania con un 1.5%.
Yo todavía sigo contextualizando mi predicación, y de ahí algunos de los datos médicos. Todavía el número de casos o los por cientos de casos considerados ligeros permanece en un 95%, y ya severos o críticos un 5%. Los pacientes de más de 60 años de edad, y sobre todo aquellos de más de 70 años de edad, tienen una mayor mortalidad, sobre todo cuando hay condiciones subyacentes como diabetes e hipertensión, obesidad, fumadores, gente con cáncer e inmunosupresión y cosas similares. Menciono todo esto porque eso es parte de la información que ha corrido.
La realidad es que cristianos y no cristianos, gente bien informada incluso en la Palabra de Dios, aparecen estar sobrecogidos por el pánico que esta pandemia ha generado. Mientras tanto, la vida se ha tornado un poco más sobria para algunos que incluso han compartido conmigo su testimonio y los ha llevado al arrepentimiento. Pero otros continúan en su mismo estilo de vida en que fueron encontrados cuando esta epidemia comenzó, y otros como que han reducido en algo su grado de pecaminosidad pensando que por lo menos una reducción pudiera satisfacer a Dios en este momento.
Sin embargo, la cruz de Cristo nos deja claramente ver que lo único que satisface a Dios completamente es su santidad perfecta encontrada en Cristo Jesús. Y por otro lado, el ver un hijo ya regenerado que está cuidando de su salvación con temor y temblor, precisamente por lo preciado que es esa salvación y lo costoso que fue esa cruz. Y así debiéramos estar nosotros en estos días.
Yo he estado posteando, conversando, intercambiando a través de las redes sociales parte de mi mensaje, y eso ocurre todas las semanas porque hay una reflexión continua desde que el lunes comienza hasta que llegamos a esta hora acerca del tema con el que voy a estar lidiando en día de predicación. Aquí hay algunos de los pasajes que yo he compartido con algunos de ustedes, porque yo creo que si nosotros meditamos, rumiamos en estos pasajes, nosotros debiéramos ser entre todos los hombres los que más paz deberíamos tener en medio del peor caos posible y de la peor consecuencia a la que yo pueda arribar al final de la pandemia.
Escucha lo que el salmista dice. El Salmo 139:16, mejor dicho, escucha lo que Dios dice a través del salmista para que nos enseñara a nosotros, cuando él dijo: "Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro estaban escritos todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos." Cuando yo no había sido, cuando todavía yo no podía celebrar cumpleaños, en el libro de Dios, por así decirlo, en la mente de Dios, mis días habían sido contados y todavía yo no había podido vivir el primero de ellos. Eso debería llenarme de tranquilidad absoluta. No solamente el hecho de que voy a pasar a la eternidad con Dios, pero el hecho de saber que nada puede alterar aquellos días que Dios me dio y contó.
Job 14:5 dice: "Ya que sus días están determinados, el número de sus meses te es conocido", hablando de los hombres. Escucha ahora: "Y has fijado sus límites para que no pueda pasarlos." Dios ha fijado un número de meses, ha fijado los límites de manera que no puedo pasarlos.
Cristo viene en el Nuevo Testamento, afirma el Antiguo Testamento y luego nos dice en Mateo 6:27: "¿Quién de vosotros, por ansioso que esté, puede añadir tan siquiera una hora al curso de su vida?" El salmista dice: mis días están contados. Job dice: los meses me están limitados, no puedo pasarlos. Jesús dice: no, yo te lo voy a reducir un poco más todavía, no puedes ni siquiera agregar sesenta minutos al curso de tu vida.
Si tú piensas, meditas en el control que Dios dice, afirma, declara, revela que Él tiene sobre mi existencia, entonces yo debería ser responsable con la vida que Dios me dio, seguir las pautas, las instrucciones necesarias, pero descansar en completa paz de que realmente el COVID no reina, mi Dios reina. Y eso es algo que nosotros necesitamos seguir pasando hacia adelante. Si creemos esos versículos debemos estar confiados. Yo decía recientemente: el temor que tú tienes, sobre todo como cristiano, es real pero es irracional, no es bíblico a la luz de la revelación de la Palabra, que es algo que nosotros estamos obligados a recordar.
Bueno, yo no sé cuántos de nosotros como cristianos nos hemos percatado que el número de personas que ha de morir del 1º de enero de 2020 al 31 de diciembre de este mismo año es exactamente el mismo número de personas que iba a morir antes de que el coronavirus llegara. La causa era lo que ha cambiado. Si mis días están contados, si mis meses no puedo pasarlos y si no puedo agregar tan siquiera una hora a mi vida, entonces yo tengo que afirmar que del 1º de enero de 2020 al 31 de diciembre el número de personas que han de llegar a aquel lado de la eternidad no ha variado. Lo que ha cambiado para nosotros es la causa, la manera, el instrumento de cómo han de llegar.
El problema con nosotros los cristianos, tengo que decir en estos mensajes, estos son algunos de los mensajes más difíciles que a mí me ha tocado predicar. Y quizás si no eres predicador y no te has encontrado en una situación como esta, y si no has estado en la vida que estoy, no te percatas de por qué es tan difícil predicar estos mensajes, por lo menos desde el ángulo que yo lo estoy viendo. Porque la tendencia para cada uno de los predicadores en este tiempo es a ir única y exclusivamente a los pasajes que nos inyectan esperanza, confianza.
Sin embargo, lo que yo he tratado de hacer es irme al Antiguo Testamento, ver al pueblo de Dios en medio de las circunstancias, verdad, que pudieran afectarlos de manera severa, ver el mensaje de Dios, ver el profeta de Dios, ver la respuesta de la gente, ver en el Antiguo Testamento la respuesta de Dios, ver la respuesta del profeta y tratar de encontrar, de caminar esa línea. Y eso no es tan fácil de hacer.
Uno de los problemas del cristiano frecuentemente es que lo que el cristiano cree él no lo vive, y realmente lo que nosotros vivimos es lo que verdaderamente creemos al final del camino. "Pastor, pero lo otro que yo afirmé, yo tengo en mente que yo lo creo." Bueno, yo quisiera creer eso. Yo quiero creer que tú tienes buena intención al afirmar cosas que luego no vives. Quizás no todo el mundo tiene una buena intención, pero yo creo que hay gente que tiene buena intención cuando afirma una cosa que luego no vive. Pero muchas veces está expresando lo que él quisiera vivir, pero que no ha tenido todavía o la voluntad, o el deseo, o la determinación, o la decisión de pagar el precio que se requiere para poder vivir lo que profesa. Y estos tiempos nos están ayudando a cambiar, nos están ayudando a rumiar, y si estás leyendo ampliamente nos están ayudando a ampliar nuestro foco de ver la vida, sin lugar a duda.
El mundo ha cambiado repentinamente, pero sabes que es solamente para un grupo de personas. Hay dos billones de personas, y de nuevo, yo estoy tratando de ampliar el lente para llegar a Habacuc. Hay dos billones, dos mil millones de personas para quienes el mundo no ha cambiado, porque de ellos, de ese grupo, de sus miembros, hay quince mil a dieciséis mil de sus niños que perecen de hambre todos los días.
Yo creo que si pudiéramos sentarnos con un grupo de ellos, algunos de ellos que pudieran pensar mejor, porque lamentablemente muchos de estos niños crecen malnutridos, tienen un síndrome de deterioro neuronal que les impide pensar adecuadamente. Pero si pudiéramos sentarnos con algunos de ellos que piensen más claramente, o si pudiéramos sentarnos con personas de organizaciones como las misioneras de Food for the Hungry o Compasión Internacional, que están lidiando con esta población, yo creo que algunos de ellos, así lo he escuchado de hecho, se están preguntando por qué es que el mundo parece tan sensible a estas muertes que son grandes, que son dolorosas, que son reales, que deben movernos a la compasión, pero el mundo no se ha movido en lo más mínimo a la compasión de esta tragedia diaria, mucho más voluminosa que la que nosotros estamos viviendo.
Y por eso yo digo que para ese grupo de personas el mundo aún no les ha cambiado. Ellos han vivido con menos de un dólar al día y probablemente pudieran conseguir aún en esta economía un dólar para vivir. Yo creo que algunos de ellos quizás se están preguntando: ¿Por qué es que millones de dólares se están invirtiendo, gastando en el desarrollo de medicamentos y vacunas que no existen, con lo cual yo estoy de acuerdo como profesional de la salud y quisiera que se invirtiera aún más? Pero yo creo que algunos de ellos se están preguntando: ¿Por qué alguna parte de ese dinero, antes de que llegara esto, no se pudo invertir en darnos cosas que sí existen y que están en todas partes, como pan, queso, algo de leche, algo de arroz, algún vívere, alguna fruta?
Yo creo que nosotros necesitamos ampliar el lente. Sin lugar a duda nosotros necesitamos mostrar compasión. Una de las marcas distintivas del Señor, de su Cristo, fue la compasión. Él vio las multitudes y fue movido a compasión. Yo estoy seguro que esta tragedia está moviendo a Dios a compasión, pero estoy también seguro que Él había sido movido todavía mucho más, por más tiempo, por la otra tragedia que dimensioné, porque en esencia son vidas humanas que se pierden y en gran número. 64.000 muertos de coronavirus en tres meses es un número enorme, pero en ese mismo período de tiempo murieron un millón y medio de niños y el mundo permaneció silente.
Parece haber, yo compartía con alguien de nuestra iglesia en esta semana, parece haber una compasión selectiva y una especie de doble moral. Pero la compasión, para ser real, tiene que ser general. Si nos duelen unos, nos deben doler los otros. De hecho, Dios quiere que a mí me duela aun por mis enemigos. Ahí tú puedes ver cuán amplia es la compasión no selectiva de nuestro Dios y la que Él desea para nosotros. De hecho, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento se nos dice que si mi enemigo me pide, dice que tiene hambre, que le dé pan, que le dé agua, dale de beber.
El pueblo de Dios también le ha faltado compasión hacia las 50.000 personas que pasan a la eternidad de condenación todos los días, no de una muerte física, sino de una muerte física y espiritual eternamente, para nunca salir de aquel lugar. Yo creo que todos nosotros podemos orar por eso.
Decía un reporte de la BBC que la cuarentena se ha transformado en un privilegio para los que pueden encerrarse y en un infierno para los que no tienen cómo sobrevivir. Yo creo que una de las cosas que esta pandemia está revelando es que nosotros hemos sido ciudadanos de nuestro propio mundo, pero no ciudadanos del mundo global en el cual Dios me ha puesto a vivir.
Lo cierto es que la cuarentena ha resultado para muchos de nosotros como una especie de vacaciones. Pero imagínate, todavía hay condiciones mucho peores que las de nuestro país. Imagínate una familia de cinco o seis personas viviendo en una casita de 50 a 75 metros cuadrados donde tiene que haber baño, o quizás el baño esté afuera, quizás es una letrina, pero tiene que haber como una especie de comedor, de habitación, de sala, todo junto en 50 metros. Con un techo de zinc, con poca ventilación, y ahora resulta que me afecté del coronavirus y tengo fiebre y tengo tos y tengo cierta dificultad respiratoria. No sé dónde ir, no tengo médico de cabecera. Cuando voy a algún lugar tengo que ponerme en fila, soy un número más.
No hay duda de que nosotros vivimos en un mundo de dolor, de sufrimiento, de violencia, de desigualdades, de injusticias, de prejuicios, de privilegios y de abusos. Eso hace que muchos cuestionen la existencia de Dios, e incluso es usado eso por los ateos como una forma, como un dato por así decirlo, para negar la existencia de Dios, que no existe, o si existiera, según ellos, es completamente insensible al dolor humano. Y ellos están equivocados en ambos terrenos.
Habiendo dicho todo eso, yo quiero hablarte de un profeta que le tocó vivir circunstancias similares, pero no porque había una pandemia de un virus equis, sino porque las circunstancias de deterioro, de descomposición de la nación para su época fueron muy similares a las condiciones de deterioro en el que nosotros nos encontramos. Y Habacuc, como profeta de Dios, estaba con múltiples interrogantes y preguntas, es más, con cuestionamientos para Dios, porque no podía entender cómo es que ese Dios en el que él había creído no estaba haciendo absolutamente nada en medio de la circunstancia que él encontraba. Y eso es algo que algunos quizás están preguntándose hoy: ¿Cómo es que este Dios puede ver a gente morir de hambre como vemos citado, o puede ver a gente morir de enfermedades y no hacer absolutamente nada?
Tengo que recorrerte en dos minutos algunas cosas que dijimos la semana pasada para que pueda situarte en el texto de hoy, en el mensaje de hoy. El reino de Israel se había dividido en dos a la muerte de Salomón. El reino del norte, diez tribus, llamado Efraín porque era la tribu más grande, o Israel. El reino del sur, llamado Judá, dos tribus, llamado como reino Judá por ser más grande Judá que Benjamín, que era la segunda tribu. Y el reino del norte se ha ido al exilio. Asiria vino, los invadió, y Dios usó a los asirios para llevárselos y los castigó.
Judá continúa el mismo camino de inmoralidad, sigue el mismo camino de idolatría, hasta el punto que Dios, como vimos la semana pasada, llamó a Israel como si fuera una prostituta y habló de cómo Israel abría las piernas debajo de cada árbol frondoso para entregarse y fornicar con cualquiera que pasara por su lado, para referirse a aquellos dioses paganos a quienes ellos le erigieron altares debajo de árboles frondosos. Allí llegaron incluso hasta a sacrificar sus propios hijos. Y Dios dice: "Yo no puedo creer lo que mi pueblo es capaz de hacer, adorando ídolos que ellos fabricaron con sus propias manos de un tronco de un árbol, de oro, de plata, con ojos que no ven, con oídos que no oyen, con nariz que no huele, con bocas que no hablan, con pies que no caminan. Y sin embargo, a mi pueblo así le gusta."
Habacuc, que está viendo eso, Habacuc que no puede entender cómo es que Dios permanece pasivo. En esencia, Habacuc sigue en tres capítulos, es bien corto su libro. En tres capítulos sigue la misma estructura de los libros proféticos: Judá ha roto el pacto, ha violado mi ley, número uno. Número dos, no hay arrepentimiento, habrá juicio. Y número tres, después del juicio hay esperanza. Si puedes leer cualquiera de los profetas, esa es la estructura de su libro. Hay una observación de parte de Dios de una violación del pueblo, hay una advertencia de Dios de que si no hay arrepentimiento habrá juicio, y luego, como el pueblo no se iba a arrepentir porque Dios también lo sabía, dice: "Pero sabes qué, aun después del juicio, yo creo que tú entiendes, como yo soy Dios y soy el tipo de Dios que soy, hay esperanza."
Entonces, a Habacuc le tocó vivir en un tiempo de mucha confusión. De hecho, le tocó vivir su propia confusión, y es la razón por la que en este tiempo de confusión yo quisiera hablar de Habacuc. La primera confusión, porque Habacuc tuvo como un par de confusiones diferentes, pero la primera que él tuvo fue fruto de su propia observación. La segunda es fruto de la revelación que Dios le hace. En otras palabras, la primera parte de la revelación que Dios le da a Habacuc complicó su confusión.
Pero esto es lo que Habacuc hace. El centro de la introducción, el versículo 1, como Habacuc el profeta de Dios. Su nombre no está claro lo que significa, pero pudiera significar "abrazar", irónicamente algo que no podemos hacer en nuestros días. Y Habacuc se identifica otra vez al principio del capítulo 3 como el autor de este libro.
Escucha la pregunta de Habacuc, qué pregunta, y nota la confusión que él tiene: "¿Hasta cuándo, oh Señor, pediré ayuda y no escucharás?" En otras palabras: "Tú te has hecho sordo a la ayuda que yo estoy pidiendo. ¿Hasta cuándo Tú vas a permitir eso?" "Clamaré a ti violencia y no salvarás."
Ahora escucha en la siguiente pregunta, escucha la frustración y el dolor al mismo tiempo, el dolor emocional de Habacuc: "¿Por qué me haces ver?" O sea, Dios, del culpable ahora. "¿Por qué me haces ver la iniquidad y me haces mirar la opresión? ¿Por qué es que Tú me tienes vivo en este tiempo donde hay tanta iniquidad y tanta opresión? Yo tengo que ver esto y me está oprimiendo y no lo entiendo. ¿Por qué es eso, Señor? La destrucción y la violencia están delante de mí. Hay rencilla y surge la discordia."
Bueno, algunos de nosotros nos hemos sentido movidos por estas imágenes que están delante de nosotros en el Internet, en las redes, en televisión. Y algunos pudieran decir: "Dios, ¿por qué es que Tú me haces ver esto?"
"Por eso no se cumple la ley," dice Habacuc. "La ley se viola y nunca prevalece la justicia, pues el impío acosa al justo. Por eso sale pervertida la justicia."
Señor, ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo te voy a pedir que hagas algo, que arregles esto? ¿Hasta cuándo te voy a pedir que salves si no me escuchas? ¿Por qué es que tú permites que yo siga vivo viendo esto? Él está en choque. Abacuc está en choque, porque él está pensando: si Dios es todo lo que anterior a mi vida se ha dicho que él es y se ha revelado, ¿cómo es que a mí me molesta y me oprime en estas condiciones y me sofocan? ¿Y cómo es que él parece como muy quitado de bulla y como que parece pasarlo por alto?
De hecho, en el versículo 13 él dice algo que todavía, cuando él está como reflexionando, como que todavía él hace su pregunta más chocante para él. Él dice: yo no lo puedo ver esto que estoy viendo. Entonces en el versículo 13 él dice: "Muy limpios son tus ojos para mirar el mal y no puedes contemplar la opresión." Es como: ok, explícame entonces, explícame esto, no entiendo. Si yo no lo puedo ver y tus ojos son tan limpios para mirar el mal y no puedes contemplar la opresión, la inactividad, la pasividad de parte tuya, Dios, yo no la puedo entender.
Ese versículo hace que alguien como Norman Geisler considere el tema del libro de Abacuc: la santidad de Dios. Sus ojos son muy limpios, no puede contemplar el mal y la opresión, no puedes ver tu santidad pisoteada, como veremos más adelante. Abacuc está haciendo la pregunta: si yo no lo tolero, si yo no lo puedo ver, si tus ojos son así, ¿por qué es que no te mueves? Yo creo que a Abacuc le pareció que es una buena pregunta, y le puede parecer a cualquiera de nosotros, pero lo que a él no le gustó fue la respuesta. La pregunta puede ser buena, la respuesta no me parece.
Porque cuando Dios le responde a Abacuc, en esencia lo que Dios le dice: ¿Sabes qué, Abacuc? Escúchame, yo conozco el pecado de Judá, lo conozco mejor que tú. El pecado es más para mí, es una sensación que me produce, es mucho mayor que lo que pudiera producirte a ti. Y te voy a decir algo: yo voy a juzgar a Judá, pero yo voy a juzgar a Judá a mi manera, en mi tiempo, no a tu manera y a tu tiempo. Lo que Dios hace, te lo voy a leer ahora, es que le dice: Abacuc, ¿sabes qué? Yo te voy a decir algo que si te lo contaran, tú mismo no lo creerías. Yo creo que lo que Dios le estaba diciendo con eso es: yo te voy a revelar algo de lo que yo voy a hacer con Judá, pero si yo te contara en detalle, tú mismo no lo creerías, así que mejor ni te digo.
Esta es la respuesta de Dios para Abacuc en el versículo 5. Primer versículo, Abacuc hace las preguntas; versículo 5 al 8, comienza la respuesta de Dios. El versículo 5 inicia, dice: "El Señor respondió: Observen las naciones, mírenlas y asómbrense. Pues estoy haciendo algo en sus propios días, algo que no creerían aún si alguien les dijera. Estoy levantando, yo, yo voy, estoy levantando a los babilonios, un pueblo cruel y violento. Marcharán por todo el mundo y conquistarán otras tierras. Son reconocidos por su crueldad y hacen lo que se les antoja. Sus caballos son más veloces que leopardos y más feroces que lobos al anochecer. Sus jinetes arremeten desde lejos, como águilas se lanzan en picada para devorar a sus presas. Vienen sin tregua, decididos a la violencia. Son multitudes, avanzan como el viento del desierto, barriendo cautivos a su paso como si fueran arena." Leí de la Nueva Traducción Viviente.
Ahora Abacuc está confundido. Abacuc está más confundido que cuando él comenzó. Primero veo a tu pueblo, sobre el cual se invoca tu nombre, lo veo cometiendo todo acto de injusticia y de idolatría, estoy pasmado ante tu pasividad. Y ahora tú me dices que tú sí lo vas a juzgar, pero tú me estás diciendo que tú vas a levantar a un pueblo más pecaminoso que el pueblo del cual yo me estoy quejando para usarlo como instrumento de justicia. Eso no tiene sentido en absoluto. No entiendo.
Y desde aquí abajo no se entiende, pero Dios dice: yo voy a usar un pueblo para juzgar a mi pueblo. En otras palabras, cuando yo dije a través de Nahúm, que eran más o menos contemporáneos, que yo no dejo al culpable impune, Abacuc, tú tienes que creerme. Pero tienes que confiar en mí, la manera como yo obro; tienes que confiar en mí en el tiempo en que yo obro.
Escucha, la queja de Abacuc, que es cómo es que vas a usar a un pueblo más pecaminoso para juzgar a unos menos pecaminosos, pecaminosos también pero menos, el pueblo judío. Mira cómo él lo dice en 1:13, segunda parte: "¿Guardarás silencio?" O sea: Dios, ¿tú te vas a quedar callado mientras los perversos, esos son los babilonios, se tragan a gente más justa, esos son los judíos, que ellos? Si vas a venir con esta fuerza que tú estás describiendo, mientras eso pase ellos están tragando a tu propio pueblo, ¿y tú vas a permanecer en silencio? ¿Cómo es el negocio aquí? Yo no entiendo, yo no entiendo tu cosmovisión, yo no entiendo. Ahora yo estoy peor.
Si estaba confundido al principio por tu tolerancia de la condición pecaminosa de tu pueblo, ahora yo estoy más confundido por el instrumento de justicia que tú me acabas de revelar que vas a traer para hacer justicia. Yo no quería que tú hicieras justicia de esa manera. Yo quería que tú solo, tú, lidiaras con tu pueblo y nos arreglaras, pero no que trajeras a un pueblo pecaminoso, más pecaminoso, y de la manera que tú me lo estás describiendo, para hacer la justicia.
La teología de Abacuc no encajaba con la revelación de Dios y con lo que Dios estaba haciendo, de la misma manera que nuestra teología frecuentemente no encaja con lo que Dios ha revelado. Y si hay días en lo que yo he oído múltiples veces el "yo no entiendo, no sé por qué, Dios, ¿por qué esto?, ¿por qué aquello?", es en estos días. Y la realidad es que nosotros queremos frecuentemente que Dios obre en nuestro tiempo, que Dios haga lo que nosotros haríamos si estuviéramos en su lugar, lo cual es, como dirían en inglés, scary, como me amedrenta pensar eso.
Afirmamos que Dios es tan benevolente como para pasar por alto las iniquidades de la sociedad y de su pueblo, cuando él ha revelado todo lo contrario. El libro de Abacuc no es acerca de Abacuc. El libro de Abacuc no es ni siquiera primariamente acerca de Judá. No es acerca del juicio de Dios, por así decirlo. Es acerca de Dios y su carácter: del Dios santo, cuyos ojos son tan puros que no puede ver el mal ni la opresión; del Dios justo que no deja al culpable impune.
Estos son los momentos para yo recordar que nuestro Dios está en los cielos y él hace lo que le place. Eso suena como si tú estuvieras celebrando que Dios actuara a la buena de Dios, como me da la gana, para aquellos que no están escuchando de otras naciones. Si no entienden la frase, pero eso no es lo que el salmista está diciendo. Lo que el salmista está diciendo cuando expresa lo que expresa de esa manera es: nuestro Dios está en su trono, está en los cielos, él está viendo todo lo que está ocurriendo, y él hace todo aquello que a él le place, lo cual es congruente con el mejor bien que él puede traer a una humanidad que se ha rebelado contra él, pero que él está tratando de llevar por el mejor curso con el mejor fruto final.
Dios pasó por alto el pecado de Judá por 150 años, pero durante ese tiempo él no estuvo silente. Abacuc es un ejemplo de que él no estuvo silente. A pesar de que, déjame retirar un poco lo que dije, porque Abacuc es un profeta único. Es único en el sentido de que todos los profetas le hablaron al pueblo de parte de Dios. Abacuc no le habla al pueblo. Abacuc, el libro entero, tres capítulos, es un diálogo entre Abacuc y Dios. De manera que él pudo haber hablado al pueblo en algún momento, pero aquí no está registrado. Lo que está registrado es un diálogo del profeta de Dios con su Dios, a donde él fue a decirle: no entiendo, explícame. Dios le explica y él dice: bueno, ahora entiendo menos, entonces ¿qué hago?
Y eso es justamente lo que yo creo que nosotros necesitamos hacer en este momento. Si tenemos preguntas, vayamos a Dios, vayamos a la Biblia. Busquemos tiempos de dificultades severas como la que nosotros estamos viviendo hoy. No tienen que ser causadas por las mismas cosas, pero tiempos donde la gente estaba muriendo, tiempos donde la gente estaba angustiada, tiempos donde la gente estaba confusa. Y cómo reaccionó el impío, cómo reaccionó el cristiano, el remanente. Cómo fue, cómo habló con Dios, cómo incluso presentó su queja ante Dios, cómo recibió lo que Dios le dijo. Y ahí entonces yo puedo entender quizás cuál debe ser mi respuesta.
Abacuc describe su frustración, describe la circunstancia en la que él se encuentra. Él hace un par de preguntas, Dios responde, no le gusta la respuesta. Dios le dice: si te lo digo, como si te lo describen en detalle, no me vas a creer. Y Abacuc cambia, comienza a cambiar, porque el cambio final se ve más tarde. Pero mira dónde él hace el primer cambio. Voy a leer de nuevo de la NTV, la Nueva Traducción Viviente. Abacuc dice en 2:1, o sea, todo lo anterior es el capítulo uno, yo estoy cubriendo los tres capítulos. Él dice en el capítulo dos: "Estaré en mi puesto de guardia y sobre la fortaleza me pondré. Velaré para ver lo que él me dice." Yo voy a esperar más porque no puede ser que esta sea la única respuesta. "Y qué he de responder cuando sea reprendido." Ya él comenzó a cambiar.
Abacuc dice: yo he cuestionado a Dios, he traído mis preguntas, me dio una respuesta. Yo sé que Dios no puede ser el que está mal. Yo creo que soy yo el que está mal entonces. En vez de seguir preguntando, yo me voy a ir a este lugar como a una torre a esperar hasta que él me hable. Y déjame ver qué me va a decir cuando me reprenda, cuando él me corrija. Déjame esperar a ver qué es lo que su corrección me va a decir.
La primera respuesta es que los babilonios destruirían a Jerusalén, su propio pueblo, y eso ocurrió en tres invasiones distintas: 605 antes de Cristo la primera, 597 antes de Cristo la segunda, 586 antes de Cristo la tercera. Tres invasiones. El templo fue saqueado, los vasos sagrados fueron llevados para luego festejar en Babilonia, como leemos en el libro de Daniel. ¿Quién pudiera sobrevivir a una tragedia semejante, a tres invasiones? Y la respuesta está en el capítulo 2, versículo 4, que apuntaba a una de las grandes realidades del Nuevo Testamento: el justo vivirá por la fe.
En el Nuevo Testamento, esa es la frase que incendiaba, por así decirlo, la mente y el corazón de Martín Lutero y la Reforma, y todo lo que ocurrió después: que el justo vivirá por la fe y no por las obras. Pero en el contexto en que Habacuc recibe la revelación, lo que Dios está diciendo es: el remanente, por pequeño que sea, que está en Judá, que ha creído en mí, que cree en mí —tú eres parte de ese remanente, Habacuc— la manera como se va a poder sostener en estos tiempos difíciles, en nuestros días, en medio de esta pandemia, la manera como el cristiano se va a sostener es por la fe en el Dios en quien él ha creído.
Habacuc está como desenfocado, él está recolocando su mente, su cabeza, que como que estaba en otro lugar. Y entonces el Señor le dice, me dijo en el versículo 2, capítulo 2: "Escribe mi respuesta con claridad en tablas, para que un corredor pueda llevar a otros el mensaje sin error. Esta visión es para un tiempo futuro." En otras palabras: Habacuc, yo no quiero que te quedes con esta visión, yo quiero que tú la reveles y quiero que la escribas en tablas —un tiempo antiguo, ¿verdad?, donde los papiros escaseaban— Habacuc, escríbelo en tablas, pero yo quiero que esas tablas sean llevadas de un mensajero a otro, porque yo quiero que permanezcan para el resto del tiempo de la humanidad.
Y en esencia, lo que Dios hace ahora en la segunda respuesta: en la primera Dios le dice "voy a juzgar a Judá" y le dice cómo; en la segunda respuesta le dice: "Tú sabes que acuérdate que los babilonios van a hacer el instrumento de mi juicio contra Judá. Ahora en esta segunda respuesta yo te voy a decir lo que yo voy a hacer en contra de los babilonios por su maldad." Pero ¿cómo es eso? ¿No eres tú que está creando esta maldad en la mente, el corazón de los babilonios para que vengan a enjuiciar a Judá? No, no. Esta gente así de sanguinaria, así de cruel como Dios te dice, pero hasta ahora yo lo había retenido. A pesar de que ya el norte había sido invadido, el que lo había retenido para que permaneciera el sur todavía con vida era yo. Ahora que Judá merece ser enjuiciada, yo lo voy a soltar simplemente para que ellos hagan lo que ellos quieran hacer con su propia voluntad.
Y entonces le dice: Habacuc, déjame decirte lo que yo voy a hacer con ellos. Y yo te voy a leer rápidamente para avanzar como cinco versículos del capítulo 2 que son cinco oráculos de maldición. Lo que en inglés traducen como "woe", en español es "ay". Versículo 6: "¡Ay del que se hace rico con lo ajeno y acumula prendas empeñadas! ¿Hasta cuándo seguirá con esta práctica?" Estoy leyendo de la Nueva Versión Internacional. Versículo 9: "¡Ay del que llena su casa de ganancias injustas!" Tú te das cuenta que Dios no pasa por alto lo que está ocurriendo en el mundo secular y lo que está ocurriendo en la sociedad, y mucho menos en su pueblo. "¡Ay del que llena su casa de ganancias injustas en un intento por salvar su nido y escapar de las garras del infortunio!" Versículo 12: "¡Ay del que construye una ciudad con asesinatos y establece un poblado mediante el crimen!" Aquellos países, todos los países, pero sobre todo aquellos países totalitarios que han construido sus ciudades a base de matar gente, dice "ay de ellos". Pero se está refiriendo a los babilonios. "¡Ay de ti, que emborrachas a tu prójimo! ¡Ay de ti, que lo embriagas con vino para contemplar su cuerpo desnudo!" ¡Ay de ti en nuestros días que drogas personas para luego ver su cuerpo desnudo y hacer y deshacer! Finalmente: "¡Ay del que dice al madero: 'Despierta', y a la piedra muda: 'Levántate'!" Eso es una forma de describir, porque lo hace posteriormente, describirá, ay de aquel que toma un pedazo de madera y hace un ídolo, lo consuma. Pero en esencia lo que le está describiendo en el capítulo 2 son los ayes contra el pueblo de Babilonia, que él entonces se va a encargar de juzgar y va a traer a los medos y los persas en contra del imperio de Babilonia.
Habacuc ahora no está confundido, pero él está estremecido. Él vio de alguna manera, sacando sus ojos del espíritu, el juicio de Judá. Ahora él está viendo un juicio que es hasta más severo contra los babilonios. Y escucha su respuesta, eso es una respuesta como emocional: "Al oírlo, se estremecieron mis entrañas," según la Nueva Versión Internacional, "a su voz me temblaron los labios." Tienes que imaginarte esto. "Es como la carcoma me caló en los huesos," la Biblia de las Américas creo dice "podredumbre dentro de mis huesos", "y se me aflojaron las piernas. Pero yo espero con paciencia el día en que la calamidad," eso es el día del juicio, "vendrá sobre la nación que nos invade."
Yo estoy atemorizado porque yo he tenido un encuentro contigo, es como que yo he visto esto, pero yo sé que estoy en la presencia de Dios. Tu mera presencia me sacude, pero al mismo tiempo la realidad de lo que viene me atemoriza, me intimida. Pero aun así, yo te he llegado a conocer mejor, yo voy a esperar con paciencia el día de la angustia, el día del juicio, para ver lo que tú vas a hacer contra la nación que nos invade: es Babilonia. Yo juzgo a Judá, yo juzgo a los babilonios, porque en Nahúm 1:3 dice que Dios no dejará impune al culpable. En otras palabras, pudiéramos decirlo en el lenguaje del Nuevo Testamento: nadie se burla de Dios. Y pudiéramos agregar: y nadie se juega con Dios.
Habacuc estaba a punto de descubrir que mientras tú más conoces a Dios, mejor preparado tú estás para lidiar con las circunstancias en medio de las cuales tú te encuentras. Las personas que mejor van a lidiar con esta pandemia no son aquellos que necesariamente tienen más recursos, no son aquellos que necesariamente saben qué más hacer en términos médicos. Son aquellos que más conocen a su Dios. Habacuc llama a Dios en el capítulo 1 "Señor, mi Dios". Eso es cuando él estaba confundido. Imagínate el grado de relación que él tiene con este Dios, que estando confundido en el capítulo 1 él le llama "Señor, mi Dios, eterno, nuestra roca, puro y justo, que no soporta la maldad". En el capítulo 3 luego le llama "Soberano".
Cuando tú conoces a Dios de esa manera y verdaderamente lo crees, no importa la circunstancia en medio de la cual tú te encuentras, no importa la tormenta a través de la cual tú tengas que navegar, el torbellino que tengas que atravesar, tú tienes un Dios que es el ancla de tu vida. Ahora, tenemos que recordar todo el tiempo que las obras de Dios no tienen que llenar mis expectativas, porque probablemente no lo hagan. Yo tengo que recordar que la manera como Dios hace las cosas, y en el tiempo como lo hace, y a través de los instrumentos que lo hace, no tiene que coincidir con mi lógica. Que Dios no busca primariamente mi felicidad —primariamente, es que finalmente él quisiera que yo sea feliz, pero de manera primaria no—. Dios no tiene que garantizar mi vida a este lado de la eternidad, no tiene que garantizar mi salud. El hecho de que yo sea infectólogo y esté viendo pacientes, incluso críticos con COVID, no garantiza, no me da una promesa, no me da una mejor garantía de que Dios se va a compadecer de mí de tal manera que yo nunca me voy a infectar. Si yo tengo esa expectativa, yo no he leído la Biblia. De manera que yo necesito tomar la lógica de Dios revelada en su Palabra y vivir este tiempo a través de esa lógica.
Bruce Miller, en su libro "When God Makes No Sense" (Cuando Dios no hace sentido), él dice lo siguiente: "Dios no está interesado primariamente en nuestra paz, seguridad, prosperidad en esta tierra. Él está interesado en nuestra fidelidad en un mundo lleno de dolor y sufrimiento donde la maldad corre ampliamente de manera salvaje." Habacuc, eso es. Tú eres mi profeta, te he llamado. ¿Sabes que yo estoy interesado en ver tu fidelidad en medio de ese dolor de Judá, del sufrimiento, luego en medio del dolor de los babilonios? Tu fidelidad en medio de eso, porque este es un mundo que yo sé que está lleno de dolor y sufrimiento y donde la maldad impera de forma salvaje. Yo lo sé.
Habacuc necesitaba las palabras de Dios a través de Isaías, el capítulo 8, versículo 12 y 13. Escucha: "No digáis 'es conspiración'." Mucho se ha hablado en estos días de que el virus, el coronavirus, es una conspiración, que si quiera así, que lo que están diciendo se ha sido aumentado para crear esta situación, aquella situación, que lo inventaron los chinos y todo lo demás. "No digáis 'es conspiración' a todo lo que este pueblo llama conspiración." Escucha ahora el mensaje: "Ni temáis a lo que ellos temen, ni os cause terror. Al Señor de los ejércitos, a él debéis tener por santo. Sea él vuestro temor y sea él vuestro terror." ¡Wow!
Dios está moviendo a su profeta Habacuc de estar confundido a estar confiado, de estar confundido a estar confiado. Una de las frases que escuchamos de Jesús con cierta frecuencia, o leemos en los Evangelios, es precisamente a sus discípulos: "Hombres de poca fe, ¿por qué no me creíste?" Y nosotros leemos la Biblia, leemos la historia de Moisés, nos asombramos y decimos: "Dios lo puede todo, es omnipotente, mira cómo abrió el mar, mira cómo le dio maná por 40 años, cómo lo hizo llover desde el cielo." Pero cuando nos toca vivir la realidad, entonces nos volvemos tan incrédulos como los incrédulos.
Habacuc comienza con interrogantes de confusión, cuestionamientos de incredulidad, y termina con afirmaciones de fe. Escucha: "Aunque la higuera no eche brotes, ni haya fruto en las viñas, aunque falte el producto del olivo y los campos no produzcan alimento, aunque falten las ovejas del aprisco y no haya vacas en los establos" —aunque llegue la peor situación, aunque aparte de la invasión, el dolor, el sufrimiento, estamos pasando hambre— "con todo, yo me alegraré en el Señor." No me voy a alegrar del dolor, no me voy a alegrar del sufrimiento, no me voy a alegrar de las muertes. Imposible. Pero en el Señor me voy a alegrar. "Me voy a regocijar en el Dios de mi salvación." La salvación es del Señor; en Él yo me voy a alegrar. "El Señor Dios es mi fortaleza, Él ha hecho mis pies como los de las ciervas, y por las alturas me hace caminar."
Ahora déjame explicar por qué Habacuc habla de higueras sin brotes, de viñedos sin fruto, de olivos sin producto, de campos sin producir alimento, de ausencia de ovejas en el aprisco y de no haber vacas en los establos. ¿Sabes por qué? Dos razones que están conectadas. La economía de Israel era eminentemente agrícola, y cada vez que el juicio de Dios llegó —es de leer los profetas— la economía de la nación fue golpeada. La economía, en lo que la gente deposita su confianza, fue debilitada y en algunos casos destruida. Habacuc está diciendo, obviamente no con análisis económico, pero esto es como los académicos lo ven: la economía va a ser afectada con todo esto que Dios está revelando acerca de Judá, y luego la invasión de Babilonia y todo lo demás. Y probablemente la higuera no va a tener brotes, y los viñedos no van a ver uva para hacer vino para celebrar. El olivo no va a producir nada, no va a haber quién lo cultive, las ovejas no están ahí y las vacas tampoco. El maíz se lo van a llevar.
Pero hay otra razón. Habacuc conocía el Antiguo Testamento, Habacuc conocía la revelación de Moisés, Habacuc conocía Deuteronomio 28. Mil años antes de Habacuc, Dios le dijo al pueblo judío eso, exactamente lo que Habacuc termina citando. Eso es exactamente lo que te va a pasar si me desobedeces: yo te voy a juzgar y esto es lo que va a venir. Dice: "Maldito serás en la ciudad y maldito serás en el campo." Pero escucha ahora, para que hagas la conexión: "Maldita será tu canasta y tu artesa" —ya estamos hablando de producto del campo—. "Maldito el fruto de tu vientre y el producto de tu suelo" —es la agricultura—, "el aumento de tu ganado" —están las ovejas, están las vacas— "y las crías de tu rebaño. Enviará el Señor sobre ti maldición, confusión y censura en todo lo que emprendas, hasta que seas destruido, hasta que perezcas rápidamente, a causa de la maldad de tus hechos, porque me has abandonado. El Señor hará que la peste se te pegue, hasta que te haya consumido de sobre la tierra a donde vas a entrar para poseerla. Te herirá el Señor de tisis, de fiebre, de inflamación y de gran ardor." ¡Wow!
Por si les antes, Dios dice: si me obedeces, esa fiebre, esa peste, esa llaga no va a estar, esa inflamación no va a estar. Tus campos van a producir fruto, tus vacas, tus ganados se van a multiplicar, tu agricultura y tu ganado se van a multiplicar de tal manera que tú serás cabeza y no cola. Y es en ese contexto, que está en un contexto de bendición o de prosperidad, que Habacuc dice lo que dice. Él ve esa profecía en cumplimiento. Por eso termina diciendo: "Aunque la fuente de la economía se afecte y no haya qué comer, no haya leche, no haya vaca, no haya ovejas, yo voy a confiar en el Dios de mi salvación. Porque Él ha afirmado mis pies como los pies de la gacela que va en las montañas a grandes velocidades, aun por terrenos escabrosos."
Nuestra economía no es agrícola. Está basada en bolsas de valores, inversiones, dependiendo de cada nación: turismo, precio de los combustibles, metales preciosos. En cuatro semanas esa economía se ha visto tambaleada, y todo lo que falta aún por vivir en los próximos meses, si quién sabe, si un par de años. En inglés hay una expresión que dice que esto era como profetas de doom, como de malas noticias. Yo no quiero sonar como uno. Yo sí quiero ver esta tragedia a la luz de todas las tragedias del Antiguo Testamento por las cuales el pueblo de Dios atravesó, y cuál fue el mensaje de Dios, la respuesta de los voceros de Dios, el mensaje de los voceros de Dios, y tratar de traer un poco de luz donde hay oscuridad, hermanos.
Yo no creo por un segundo que Dios mira desde los cielos a quince mil o dieciséis mil niños que mueren de hambre todos los días y Él dice: "La verdad que no me importa, ellos se lo merecen." No, porque yo no me merezco lo que tengo. Yo hablaba con mi sobrino Tomás ayer, lo senté justamente para hablar de cosas como estas. "Tú sabes que la casa donde tú vives, lo que estás jugando, los primos que tienes, la amistad de que disfrutas, el aire acondicionado con el que duermes, tú no te mereces —ni yo tampoco— nada de eso más que aquel que está en una casita de cincuenta pies cuadrados, de cincuenta metros cuadrados, con calor, sin fuentes de ingresos. Esta cuarentena es un infierno para ellos; para ti es como una vacación." Y fue bueno hablar con él sobre eso.
Dios no se va a quedar con los brazos cruzados viendo cómo naciones poderosas les regalan a las Naciones Unidas millones de dólares al año para que promuevan la muerte de más de cincuenta millones de seres humanos en vientre de madres. Si Dios no va a hacer nada con relación a eso, yo no creería en ese Dios. Yo sé que de la misma manera que Dios le habló a Habacuc, Dios le está hablando al pueblo de Dios hoy en día diciendo: "Yo no soy ignorante de nada."
Y es por eso que en medio de esta pandemia yo tengo que recordar que Dios está en control de esa pandemia. Si Dios no está en control de la pandemia, Dios no está en control de nada. Y si Dios no está en control de nada, Dios no es soberano. Y si Dios no es soberano, Dios no es Dios. Si Dios no es Dios, los ateos tienen razón. Y ahora la pregunta es: ¿voy a creerle a los ateos, voy a afirmar a los ateos, o voy a creerle a Dios? Dios está esperando ver, y el mundo está esperando ver cómo reaccionan aquellos que decimos creer en el Dios soberano del cielo y de la tierra en medio de esta pandemia. Esta es la hora de la iglesia.
Ya estaba viendo... No me gusta usarme de ejemplo, y mucho menos cuando lo que voy a compartir quizás me deja en una buena luz, por así decirlo. Pero hay cosas que yo entiendo que necesitan ser compartidas como una manera de ilustrar lo que estoy tratando de decir. Tengo un paciente en particular en cuidados intensivos, y su médico de cabecera, que es muy buen médico y conocido, al poder verlo me dice: "Miguel, si tú quieres no tienes que venir. Ya yo me expuse, yo no quiero exponerte, de manera que simplemente dime qué es lo que hago." Y de plano, nuestras profesiones vienen con un riesgo inherente al llamado. El bombero no puede decir: "Ese fuego está muy fuerte, yo no voy a arriesgar mi vida." Los soldados en la guerra no pueden decir: "Esa guerra está muy intensa, yo no puedo irme al frente," porque su profesión, que ellos escogieron y que yo escogí, tiene riesgos inherentes. Y me dijo: "Bueno, pues gracias, te lo agradezco."
Bueno, yo he entrado a la habitación por tres días corridos. La mejor parte no es la parte médica. Es que en cada ocasión no solamente yo he podido orar por él —porque yo no sé dónde él va a terminar todavía— sino que pude compartir el Evangelio con él. Y sabes que para mí es mucho más importante la sanación de su alma que la sanación de su cuerpo, porque me duele cada vez que alguien se va a la eternidad sin Cristo, mucho más que lo que pudiera dolerme si alguien muere de alguna enfermedad, sea esta o cualquier otra. Pero si yo sé que esa persona tiene a Cristo, a la verdad que él pasó a su mejor existencia. De manera que tenemos que darle como una vuelta a cómo es que voy a evaluar estas pérdidas que están ocurriendo.
Y entonces, como Habacuc termina: él comienza confuso pero termina confiado, y a lo largo del camino él está reflexionando y está afirmando cosas de Dios. Yo te dije, le llama Señor, mi Dios, nuestra roca, nuestro refugio, soberano; le llama puro, justo. Él como que ha despertado al carácter de Dios. De esa misma manera entonces yo quisiera cerrar, ya para concluir todo lo que he tenido que decir, con las palabras del salmista que conocía al mismo Dios de la misma manera y que estaba completamente confiado en ese Dios.
En el Salmo 33 te voy a leer algunos versículos. Voy a leer el versículo 12 y luego voy a leer del 16 hasta el final, que es el versículo 22, creo, y ahí entonces estaremos cerrando. Escucha: "Bienaventurada la nación cuyo Dios es el Señor." Bienaventurada la nación que hoy en día pudiera decir: "Dios es nuestro Señor." "El pueblo que Él ha escogido como herencia para sí." En ese sentido, la iglesia es bienaventurada. Es la iglesia, que es nación santa, la que puede vivir en medio de esta tragedia y hacer la diferencia precisamente porque es la iglesia.
Versículo 16: "El rey no se salva por gran ejército, ni el enfermo por potentes o poderosas medicaciones" —aunque obviamente eso es un instrumento que Dios usa—, "ni es librado el valiente por la mucha fuerza. Falsa esperanza de victoria es el caballo, ni con su mucha fuerza puede librar." "He aquí, los ojos del Señor están sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia, para librar su alma de la muerte" —pero no es de esta muerte física; de esta muerte física no puede librar nadie, vamos a morir todos, pero el salmista está pensando en esa muerte eterna— "para librar su alma de la muerte y conservarlos con vida en tiempos de hambre." Sí, eso tiene una temporalidad y Dios nos sostiene en esa temporalidad, pero al final del camino eso también terminará; de mi vida también terminará.
Versículo 20: "Nuestra alma espera al Señor; Él es nuestra ayuda y nuestro escudo. Pues en Él se regocija nuestro corazón, porque en su santo nombre hemos confiado."
Sea sobre nosotros tu misericordia, oh Señor, según hemos esperado en ti. Sea sobre nosotros tu misericordia, según hemos esperado en ti. En otras palabras, nosotros estamos esperando, esperando en tu misericordia. Puede ser que estemos en medio de algún juicio que todavía ha traído, alguna dificultad que haya permitido, algún desastre natural, puede ser. Pero sabes qué es, Señor, en medio de eso yo tengo una esperanza y esa esperanza es tu misericordia.
Y yo sé que tú eres un Dios misericordioso. No importa cuánto duela, cuánto me duela, cuánto sufra, no importa cuánto pierda, si hay algo que yo sé que yo sé que yo sé: que tú eres un Dios justo, bueno, benevolente, misericordioso, soberano, en control del cielo y la tierra, en control de cada molécula, cada átomo, cada microbio y cada vida que existe en este planeta. En ti yo confío y en ti yo espero.
Gracias por participar en este servicio de adoración desde tu hogar, en medio de circunstancias que nos impiden congregarnos todos juntos en un mismo lugar. Oramos para que pronto podamos volver a hacerlo y, mientras, recordemos que dondequiera que estemos seguimos siendo la iglesia de Jesucristo.
Mantengámonos vigilantes en oración, confiando y esperando en nuestro soberano Dios, quien controla todas las cosas y cuida de su pueblo. Recuerda que, aunque nuestras actividades y ministerios permanecen suspendidos, puedes acceder a nuestros sermones, estudios bíblicos, música, artículos de interés y demás recursos audiovisuales a través de nuestros portales web laibv.org e integridadysabiduria.org.