Miguel Núñez • 19 noviembre, 2017
La fidelidad de Dios no opera en el vacío: se manifiesta a través de su providencia, esa obra cuidadosa por la cual Dios orquesta soberanamente todos los acontecimientos de la historia para cumplir sus propósitos en Cristo Jesús. El discurso de Esteban ante el Sanedrín, lejos de ser una mera defensa personal, es una invitación a ver la mano de Dios tejiendo su plan redentor desde Abraham hasta el presente. Cuando Dios llamó a Abraham en Ur de los caldeos, este adoraba dioses paganos, pero Dios se le reveló y le ordenó salir de su tierra y de su parentela. Este patrón de separación se repite constantemente: Dios separa a los suyos de lo familiar para tratar con ellos, porque no puede formar a su pueblo en medio de la pecaminosidad que lo corrompe.
Abraham obedeció porque creyó, y salió sin saber adónde iba. Llegó a la tierra prometida pero no poseyó en ella ni la medida de un pie; vivió en tiendas porque esperaba una ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios. La única porción de tierra que Abraham y sus descendientes poseyeron fue una tumba, un recordatorio de que no fueron creados para esta vida sino para la eternidad.
La historia de José ilustra cómo Dios entreteje incluso el pecado humano en su plan: sus hermanos lo vendieron por envidia, pero Dios estaba con él. Lo más importante no es dónde estamos, sino quién está con nosotros. Nuestra historia, como la de los patriarcas, tiene un solo propósito: conocer a Dios más profundamente a través de las aflicciones y provisiones que experimentamos, hasta terminar en su presencia.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Quiero invitar a que abran la palabra de Dios en el capítulo 7 del libro de Hechos. Este capítulo describe completamente el mensaje de Esteban el día que él murió, pero como dijimos, es un capítulo largo, sesenta versículos. De manera que probablemente lo estamos dividiendo en tres porciones, pero sí quería conectarlo con el mensaje anterior y darle continuidad a lo que comenzamos a ver la semana pasada.
Vimos básicamente el arresto de Esteban. Esteban, uno de los siete que fue elegido por la iglesia para servir mesas, hombres llenos de sabiduría, lleno del Espíritu. Esteban descrito por Dios como un hombre lleno de fe, lleno de gracia, y como nosotros estuvimos viendo, un hombre muy usado por Dios en un momento coyuntural de la iglesia, y una muerte también usada por Dios en ese mismo momento.
Esteban había sido acusado en esencia de dos cosas: de haber blasfemado contra la ley y haber blasfemado contra Moisés y contra Dios. Pero en el contexto, y lo vimos de hecho en el mismo texto que leímos, cuando se habla de blasfemar contra Moisés, en esencia es blasfemar contra la ley; cuando se habla de blasfemar contra el templo, en esencia es blasfemar contra Dios, y esa es la razón de la acusación. Ellos estaban ahí frente, o mejor dicho, Esteban estaba ahí frente al concilio, al Sanedrín, y la cabeza que presidía el Sanedrín era el sumo sacerdote. Por eso el versículo uno del capítulo siete tiene esta expresión: "Y el sumo sacerdote dijo: ¿Es esto así?" En pocas palabras: ¿son ciertas esas acusaciones?
En esencia, esto estaba llenando un requisito, porque yo creo que tú puedes ver que la suerte estaba echada sobre la vida de Esteban. En la medida en que él predicó lo que predicó, por eso vinieron y lo acusaron falsamente con la intención de poder hacer algo contra él, de la misma manera que hicieron con Cristo, cuando fue acusado también falsamente y donde fue acusado también por el Sanedrín, y eventualmente traído ante Pilato. Pilato lo envía donde Herodes, Herodes lo regresa a Pilato, pero en un momento dado, esto es lo que Mateo 27 describe para que veas cierta semejanza entre lo que pasó con Cristo y lo que pasó con Esteban.
Jesús también estaba siendo acusado falsamente, y ahora está frente al gobernador, y él le interrogó diciendo: "¿Eres tú el rey de los judíos?" Esa es como la misma expresión de otra manera: ¿es esto cierto? La pregunta a Esteban. ¿Eres tú el rey de los judíos? ¿Es cierto lo que se dice de ti? Y Jesús dice: "Tú lo dices." Y al ser acusado por los principales sacerdotes y los ancianos, nada respondió. Entonces Pilato le dijo: "¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti?" Y Jesús no le respondió ni una sola pregunta, por lo que el gobernador estaba muy asombrado.
A la primera pregunta de Pilato, él respondió: "Tú lo dices." A las acusaciones de los ancianos y sacerdotes él no respondió. Jesús tenía claro que la suerte sobre su vida había sido echada y no importaba lo que él dijera en una dirección o la otra, nada iba a cambiar el curso de sus mentes o de sus pensamientos. El mismo Espíritu que dirigió a Jesús para permanecer en silencio en este momento de la acusación, es el Espíritu ahora que está inspirando a Esteban a defender.
Y Esteban no está defendiendo su persona porque realmente no lo hace. Esteban defiende el plan redentor de nuestro Dios que pudiéramos decir, defiende el Evangelio. Y cuando lo hace se devuelve tanto como él consideró necesario hasta comenzar en Abraham. Él no se devuelve hasta Génesis 3:15 donde aparece la promesa de que vendría un Salvador, cuando Dios le dice a la serpiente que la simiente de la mujer aplastaría su cabeza. Este es el primer anuncio del Evangelio y por tanto Génesis 3:15 es llamado el Protoevangelio. Esteban no llega hasta ahí pero llega hasta Abraham y comienza con la elección que Dios hizo de Abraham, y culmina acusando a los líderes del Sanedrín de ser duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oídos, que siempre resistían al Espíritu. El Sanedrín, ante esas palabras, esa gente cruje los dientes y termina apedreando a Esteban.
Algunos piensan, y tuve esta conversación con un hermano nuestro de la iglesia, de la importancia de lo que es la defensa de la fe. Y algunos piensan que defender la fe no es algo en lo que debiéramos incurrir, justamente porque es preferible confiar en Dios, y todo eso es importante y es necesario. Pero me parece interesante que en este contexto Piper hace una observación acerca de la necesidad de defender el Evangelio, y esto es lo que él dice en su libro "Contendiendo por todos nosotros":
"En cada época hay un tipo de persona que trata de minimizar la importancia de defender la verdad y de entrar en la controversia al defender la verdad, diciendo que la oración, el evangelismo, las misiones y la dependencia del Espíritu Santo son más importantes. ¿Quién no ha oído algo como esto respecto a las controversias? Dejemos de defender el Evangelio y salgamos allá fuera a compartirlo con un mundo que está muriendo. O la oración es más importante que un argumento. O debemos confiar en el Espíritu Santo y no en nuestro razonamiento." Oh, dice Piper, "Dios quiere nuestra adoración y no el ser discutido."
En su forma sensible de contestar preguntas, Piper dice: "Amo la pasión por la fe y la oración y el evangelismo detrás de estas afirmaciones." De manera que él no está llamando estas afirmaciones como algo malo en sí mismo, no las está contradiciendo, pero está ayudándonos a ver algo más. Dice que ama esa pasión, pero cuando ellos minimizan la defensa del Evangelio, ellos están mordiendo la mano de aquellos que defienden el Evangelio que ellos proclaman. Cuando minimizamos la defensa del Evangelio, estamos mordiendo la mano de aquellos que defienden el Evangelio que nosotros proclamamos.
Y eso es exactamente lo que Esteban estaba haciendo: defendiendo el Evangelio, la redención de Dios que comienza tan atrás como él pensó que debía ir, con Abraham. Y a lo largo de esta historia, Esteban hace algo peculiar porque no menciona el nombre de Jesús, aunque en el versículo 52 se refiere a Jesús y simplemente le llama el Justo. No menciona la resurrección, algo que Pedro hace en sus sermones. Pedro menciona a Cristo como una piedra angular, menciona la resurrección, pero Esteban no menciona ninguna de esas cosas. Lo cual nos dice a nosotros que no todos los sermones tienen el mismo patrón y no tienen realmente el mismo contenido, como observa Derek Thomas en su comentario sobre este texto.
Lo que sí hay en el mensaje de Esteban es algo que comentamos en la semana anterior, y es que todo el tiempo el reino de las tinieblas se opone al reino de la luz, la mentira se opone a la verdad y la maldad se opone a la piedad.
Y nosotros estaremos hoy cubriendo del versículo 2, ya leímos el primero, la pregunta del sumo sacerdote: "¿Esto es cierto? ¿Esto es así?" Del versículo 2 al versículo 19, que cubre el período patriarcal: el período de Abraham, de Isaac, de Jacob y de los hijos de Jacob. Luego del versículo 19 al 43, cubre el período de Moisés. Del 44 al 50 nosotros vemos una comparación entre el tabernáculo que estuvo deambulando por el desierto y el templo que ya estaba en Jerusalén, donde este Sanedrín estaba reunido en esta ocasión. Del 51 al 53 hay una acusación de Esteban directa a los miembros del Sanedrín, específicamente a los líderes del pueblo. Y ya del 54 al 60 es la parte final donde Esteban describe el cielo abierto, el Hijo de Dios parado a la diestra del Padre, y la reacción que el pueblo tuvo hasta apedrearlo y matarlo.
Con eso, entonces, yo quiero leer contigo desde el versículo 2 al 19, esta parte del mensaje de Esteban:
"Y él dijo: Escúchame, hermanos y padres. El Dios de gloria apareció a nuestro padre Abraham cuando estaba en Mesopotamia, antes que habitara en Harán, y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela, y ve a la tierra que yo te mostraré. Entonces él salió de la tierra de los caldeos y se estableció en Harán, y de allí, después de la muerte de su padre, Dios lo trasladó a esta tierra en la cual ahora vosotros habitáis. No le dio en ella heredad, ni siquiera la medida de la planta del pie, y sin embargo, aunque no tenía hijo, prometió que se la daría en posesión a él y a su descendencia después de él. Y Dios dijo así: que sus descendientes serían extranjeros en una tierra extraña, y que serían esclavizados y maltratados por cuatrocientos años. Pero yo mismo juzgaré a cualquier nación de la cual sean esclavos, dijo Dios, y después de eso saldrán y me servirán en este lugar. Y Dios le dio el pacto de la circuncisión, y así Abraham vino a ser el padre de Isaac, y lo circuncidó al octavo día; e Isaac vino a ser el padre de Jacob, y Jacob de los doce patriarcas. Y los patriarcas tuvieron envidia de José y lo vendieron para Egipto, pero Dios estaba con él y lo rescató de todas sus aflicciones, y le dio gracia y sabiduría delante de Faraón, rey de Egipto, y este lo puso por gobernador sobre Egipto y sobre toda su casa. Entonces vino hambre sobre todo Egipto y Canaán, y con ella gran aflicción, y nuestros padres no hallaban alimentos. Pero cuando Jacob supo que había grano en Egipto, envió a nuestros padres allá la primera vez. En la segunda visita, José se dio a conocer a sus hermanos, y conoció Faraón el linaje de José. Y José, enviando mensaje, mandó llamar a Jacob su padre y a toda su parentela, en total setenta y cinco personas. Y Jacob descendió a Egipto, y allí murió él y también nuestros padres, y de allí fueron trasladados a Siquem y puestos en el sepulcro que por una suma de dinero había comprado Abraham a los hijos de Hamor en Siquem. Pero a medida que se acercaba el tiempo de la promesa que Dios había confirmado a Abraham, el pueblo crecía y se multiplicaba en Egipto, hasta que surgió otro rey en Egipto que no sabía nada de José."
En este rey, obrando con astucia contra nuestro pueblo, maltrató a nuestros padres, a fin de que expulsaran a sus niños para que no vivieran. Esa es la Palabra de Dios y es la descripción que Dios hace a través de Esteban de cómo los acontecimientos se dieron.
Habiendo leído el texto entero, conociendo el texto, yo quisiera llamar o quise titular este mensaje: "La fidelidad de Dios obra a través de su providencia". Yo creo que la mayoría de nosotros entiende el atributo fidelidad, la lealtad de Dios a sus promesas, la lealtad de Dios a aquello que él promete, a aquellos que son suyos, y cómo él entrega lo que él ha prometido desde toda la eternidad y ha prometido a lo largo de la historia de los hombres.
Pero yo creo que quizás estamos menos familiarizados con la idea de la providencia de Dios, definida de diferentes maneras por diferentes autores, pero en esencia todos coinciden en lo que la providencia es. Y uno de esos diccionarios la define de esta manera: es la guardadosa obra de los propósitos de Dios en Cristo Jesús que se manifiesta en su trato con el hombre. Déjame desglosarlo o decirlo de otra manera. Dios tiene propósitos en Cristo Jesús con los hombres y sobre todo con aquellos que son suyos. En la medida en que él se propone llevar a cabo esos propósitos, Dios, a través de su gracia, orquesta soberanamente todos los acontecimientos y todas las vidas y muertes que se dan a lo largo de la historia, armando su rompecabezas de tal manera que cuando todo se ha dicho y hecho, los eventos de la historia culminen realizando todos y cada uno de sus propósitos en Cristo Jesús. ¿Te imaginas qué clase de Dios tuyo y mío tenemos?
Entonces Dios es fiel, pero la fidelidad de Dios opera, obra a través de su providencia, a través de su carácter providencial o cuidado providencial. Entonces ahora tú ves a Esteban ayudándolos a ellos a entender esto, ayudándolos a entender que estas cosas que ellos registraron como meras historias de hombres en su momento realmente representaban acontecimientos organizados arriba en los cielos. Abraham, un hombre que estaba de aquel lado, en Ur de los caldeos, de aquel lado del Jordán como dice Josué 24, Dios lo llama, esa es la primera elección. Y él comienza entonces, Esteban, a describir qué es lo que Dios estaba haciendo.
Y al iniciar su mensaje se dirige a ellos como hermanos y padres. Con lo cual él se estaba identificando con ellos: yo soy parte de ustedes, yo soy parte de la historia. Es como cuando yo a veces digo nosotros somos así y me hago parte de ustedes también. Esteban está haciendo eso pero de otra manera. Y Esteban comienza de una manera muy sabia su discurso en vista de su acusación. La acusación era que él había blasfemado contra Dios, y Esteban comienza diciendo: "El Dios de gloria". El Dios que ustedes dicen que yo blasfemo, yo le llamo Dios de gloria. Y en el contexto de Dios, esa palabra que en hebreo significa pesado, significaba mucho. Cuando Esteban dice "Dios de gloria", ellos tenían que entender: el Dios grande, alto, sublime, santo, justo, soberano. Ese Dios que ustedes dicen que yo blasfemo, para mí es el Dios de gloria. La manera en que la acusación comienza a ser respondida.
Se le apareció a Abraham cuando estaba en Mesopotamia, antes que habitara en Harán. Nota de qué forma Esteban describe la historia para descubrir, desvelar el carácter de Dios. Y eso es exactamente lo que Dios quiere que ocurra en tu historia y en la mía. Tu historia y la mía no son tan importantes como el carácter de Dios revelado a través de la historia que Dios nos permite vivir.
Entonces Dios comienza, o Esteban comienza, Dios a través de Esteban comienza a ayudarlos a ellos a ver a Dios. No es solamente un Dios de gloria, es un Dios revelador. Dios no se esconde, él fue y se le reveló a Abraham en Mesopotamia cuando Abraham no le estaba buscando. De hecho, Josué 24:3 me dice que de aquel lado del Jordán, en Mesopotamia, en Ur de los caldeos, Abraham habitaba con sus padres y allí él adoraba dioses paganos. Y cuando Abraham estaba adorando dioses paganos, Dios se le apareció y comienza a desarrollar un propósito redentor. Comienzas a ver a Dios orquestando algo que va a culminar en la cruz, pero comenzó en Ur de los caldeos. Comenzó antes, pero en la historia de Esteban comienza en Ur de los caldeos.
Cuando Dios se le aparece a Abraham entonces, esto es lo próximo que ocurre: Dios habla y le dice: "Abraham, sal de tu tierra y de tu parentela, a la tierra que yo te mostraré". Ahí hay dos cosas que Abraham comienza a descubrir. No las entiende todas aún, pero las comienza a descubrir. Número uno: Dios no me hizo una sugerencia, me dio un mandato. El Dios que se me está revelando no es un Dios de sugerencias, sino que en su soberanía él ordena, me dice: "Sal", en el imperativo, "de tu tierra y de tu parentela, a la tierra que yo te mostraré".
A ver, Abraham conoce eso, y tú y yo tenemos que verlo así. Y segundo, tú y yo descubrimos, especialmente a la luz del resto de la Palabra, que usualmente cuando Dios comienza a tratar con alguien, lo primero que hace es que lo separa de lo familiar. Él le dice: "Abraham, vete de tu tierra". Bueno, si me llevo a mi familia... No, hay de tu familia también. Pero aquí fue que yo crecí. Sí, donde con gente pagana que adora dioses paganos. No te puedo dejar ahí Abraham, te vas a corromper. Vete de tu tierra, de tu parentela, yo voy a lidiar contigo. Abraham se lleva un sobrino, mala idea, porque él no estaba en la orden de Dios, y eso le causó muchos problemas a Abraham. Ustedes conocen la historia.
Pero Dios separó a Abraham. Cuando el pueblo finalmente se esclavizó en Egipto y Dios manda a Moisés, ¿qué es lo primero que Dios le dice a Moisés? Moisés, yo tengo un plan, y el plan es separar a mi pueblo del Egipto pagano al desierto para que me sirva. No lo puedo dejar en Egipto porque se va a corromper.
Y cuando tú llegas al Nuevo Testamento y Dios forma eso que hoy nosotros llamamos Iglesia, la palabra viene de dos vocablos en griego: ek, fuera, y kaleo, de donde viene la palabra Iglesia, implica llamar. Dios llamó a su Iglesia fuera, Dios separó a su Iglesia del resto del mundo, precisamente porque Dios, para hacer un trabajo en nosotros, no nos puede dejar en medio de la pecaminosidad que nos corrompe continuamente, que nos atrae, que nos gusta, que nos seduce. Y en medio de los ídolos de esa generación sin que esa persona sea afectada grandemente por su entorno.
Escucha cómo Pablo le dice eso mismo de otra manera a los corintios en su segunda carta, capítulo 6. Y comienza con esta disertación, versículo 14: "No estéis unidos en yugo desigual con los incrédulos". Eso no se limita al matrimonio. De hecho, el capítulo no tiene que ver con el matrimonio. El libro entero, la carta a los Corintios en esa segunda carta, no tiene nada en absoluto acerca del matrimonio. Eso tiene que ver con todas nuestras relaciones. ¿Qué asociación tiene la justicia y la iniquidad? ¿O qué comunión la luz con las tinieblas? ¿O qué armonía tiene Cristo con Belial? ¿O qué tienen en común un creyente con un incrédulo? ¿O qué acuerdo tiene el templo de Dios con los ídolos? Porque nosotros somos el templo del Dios vivo, como Dios dijo: "Habitaré en ellos y andaré entre ellos, y seré su Dios y ellos serán mi pueblo".
Escucha la próxima recomendación. En vista de todo eso que yo acabo de decir, por tanto, conclusión: "Salid de en medio de ellos y apartaos", dice el Señor, "y no toquéis lo inmundo, y yo os recibiré. Y yo seré para vosotros Padre, y vosotros seréis para mí hijos e hijas", dice el Señor Todopoderoso.
Abraham comenzó a conocer eso tempranamente. Dios va a lidiar conmigo, Dios me está separando de mi tierra, de mi parentela, de lo familiar, de lo que yo conozco, de lo que yo manejo. Yo voy a aprender entonces a depender de Dios y no de lo que conozco. Pero es un principio que tú y yo, a la luz del resto de la Palabra, tenemos que seguir observando, porque Dios toma al cristiano, lo limpia con la sangre de Cristo, le da libertad, y después que él tiene libertad del pecado, muchas veces ese cristiano quiere volver a disfrutar la esclavitud del pecado, ya sea en su vida o alrededor de personas que todavía están esclavas de donde a mí me sacaron.
Por eso, cuando yo hice el comentario la semana pasada, creo, acerca del festival presidente, algunos levantaron los ojos, y otros levantaron la voz, y otros se levantaron. Pero ¿qué asociación tiene la justicia con la iniquidad? ¿O qué comunión la luz con las tinieblas? ¿O qué armonía tiene Cristo con Belial? ¿O qué tienen en común un creyente con un incrédulo? ¿O qué acuerdo tiene el templo de Dios con los ídolos? Porque nosotros somos el templo del Dios vivo. Nada de lo que ocurrió allí fue celebrado por el Espíritu de Dios, y si el Espíritu de Dios no lo celebra, yo tengo menos derecho a celebrarlo.
Esteban, en otro momento y de otra forma, está trazando la raya en la arena. Eso es lo que Josué hace en otro momento coyuntural del pueblo. Dios sabe, Josué sabe, perdón, que Dios ha separado al pueblo, pero el pueblo no se quiere separar. Dios ha sacado al pueblo de Egipto, en este caso Dios lo ha traído a la tierra prometida, Josué le está liderando, pero ellos no se habían separado del Egipto de donde salieron.
Josué dice en un momento de algún momento: "Si no os parece bien servir al Señor, si ustedes no quieren servir al Señor..." Eso es como un pastor tendría que decirle a una iglesia en un momento de alta coyuntura: si ustedes no quieren servir al Señor, entonces escoged a quién habéis de servir. Si a los dioses que sirvieron vuestros padres y que estaban al otro lado del río, Mesopotamia, Egipto en su momento, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis. "Pero yo y mi casa serviremos al Señor". Yo y mi casa haremos esto, aunque todos los demás hagan algo completamente opuesto.
Amados, no podemos querer el mundo y sus bendiciones y las bendiciones de Dios al mismo tiempo. No podemos hacer eso. Dios en esencia dice: Dios, yo o tú, pero no los dos.
El reino de la luz o el reino de las tinieblas, pero no la penumbra. Sus bendiciones o mis malas decisiones, pero no mis bendiciones sobre tus malas decisiones. Los deseos de Dios o los míos, pero no ambos. O Dios escribe la historia o yo escribo la mía y cosecho las consecuencias, pero Dios no va a ser el protagonista de la historia que yo escribo. Amados, Él es el protagonista de la historia que Él escribe.
Abraham ya había sido llamado fuera de su tierra, de su parentela. Escucha qué más Dios le dice: "A la tierra que yo te mostraré." El autor de Hebreos dice que Abraham salió sin saber para dónde iba. Abraham ha visto ya suficiente de Dios para creerle a Dios y tomar un paso de fe. Esto es como Dios funciona en nosotros todavía en el día de hoy. Dios no me describe desde los cielos el plan que Él tiene para conmigo desde la A a la Z. Dios me da algunas evidencias, me da la evidencia número uno, dos y tres. Y luego me dice: "La cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, tú las caminas por fe creyendo en mí y lo que yo he revelado acerca de mí." Esa es la manera de caminar con Dios. Dios da evidencias y luego Él me manda a ejercer la fe basada en la evidencia.
Entonces, el versículo 4 muestra la fe de Abraham: "Entonces él salió de la tierra de los caldeos y se radicó en Harán." La obediencia verdadera está basada en una fe verdadera. Abraham obedeció porque Abraham creyó. Cuando nosotros no obedecemos, frecuentemente detrás de la falta de obediencia o de la desobediencia, lo que hay es una falta de creencia en Dios.
Tú lo ves desde el jardín del Edén. ¿Cuándo es que Adán y Eva desobedecen? Cuando dejaron de creer la palabra que Dios les dio: "El día que comas de ese árbol morirás." La serpiente les dice: "No, no, no, no, no. Es que Dios no es tan bueno como tú piensas, Él no quiere que tú seas como Él." Ahí entró la desconfianza en el carácter de Dios. Cuando entró la desconfianza en el carácter de Dios, Adán y Eva decidieron tomar el toro por los cuernos y hacer las cosas a su manera. De esa misma forma, pero sin pronunciar esas palabras, nosotros actuamos. Nosotros sabemos, en la mayoría de los casos, que no debimos haber hecho algo, que no debemos hacer algo, pero nosotros tomamos el toro por los cuernos y lo hacemos a nuestra manera. Pero lo que ha habido es una desconfianza en la revelación de Dios que representa el carácter de Dios.
Abraham le creyó a Dios y por tanto, obedeció. La verdadera obediencia no cuestiona los propósitos de Dios. La verdadera obediencia no dilata la ejecución de la voluntad de Dios. Abraham no hizo ninguna de las dos cosas. El autor de Hebreos nos ayuda a ver todavía más cómo fue que verdaderamente ocurrieron las cosas. Abraham le creyó a Dios, Abraham obedeció, y nosotros muchas veces no le creemos a Dios y entonces, desobedecemos.
Escucha lo que dice la segunda parte del versículo 4 y el 5: "Abraham se radicó en Harán y de allí, después de la muerte de su padre, Dios lo trasladó a esta tierra en la cual ahora vosotros habitáis." Nota cómo el texto dice: "Dios lo trasladó." Estoy seguro que Esteban no estaba diciendo que Dios lo tomó en la mano y se lo llevó por aire. No creo que es la idea. Sino que detrás de cada movimiento de Abraham estaba Dios guiándolo. Así es como Dios orquesta la historia. Así es como Dios teje su tapiz. Detrás de cada movimiento, detrás de cada hilo está la mano de Dios. Detrás de cada vuelta está la mano de Dios.
"Dios lo trasladó a esta tierra en la cual ahora vosotros habitáis." En Jerusalén, eso le está hablando al Sanedrín. Ellos estaban allá en la tierra prometida, la tierra a la que Abraham llegó. Pero escucha lo que el texto dice ahora, de Abraham y la tierra: "No le dio en ella heredad ni siquiera la medida de la planta del pie. Y sin embargo, aunque no tenía hijo, prometió que se la daría en posesión a él y a su descendencia después de él."
Dios lleva a Abraham a Canaán y ahora ellos están en la tierra que se le prometió a Abraham, pero el texto dice que Abraham no tuvo ni una pulgada cuadrada en esa tierra. Una sola no tuvo. Dios no le dio ni la medida del pie. Pero el texto nos dice que tampoco la tuvo ni Isaac, su hijo, ni Jacob, su nieto, ni los bisnietos que fueron los hijos de Jacob. Pero el texto de Hebreos nos dice por qué Abraham no se sentó, por así decirlo, en dicha tierra y más bien vivió en tiendas.
Escucha cómo el autor habla de Abraham en el capítulo 11 de Hebreos, versículos 9 y 10: "Por la fe, habitó como extranjero en la tierra de la promesa como en tierra extraña." Bueno, pero si esta es la tierra de la promesa no debe ser extraña. Sí es extraña. Escucha por qué: "Viviendo en tiendas como Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa." Porque escucha por qué vivió en tiendas: "Porque esperaba la ciudad que tiene cimientos cuyo arquitecto y constructor es Dios."
Abraham llegó a la tierra prometida y dijo: "Esta no es, esta no es mi tierra final. Esto es un símbolo de para donde yo voy. Mejor me quedo viviendo en tiendas, yo estoy de pasada por aquí. Esto es transitorio, esto es simplemente algo que me recuerda para donde yo voy." ¿Qué mejor recordatorio de cómo tú y yo debemos vivir?
Yo creo que nosotros echamos demasiado raíces en este mundo. Yo creo que nuestra zapata tiene tres, cuatro pisos para abajo. El mayor terremoto, la construyo para que el mayor terremoto no la sacuda. Calculamos y acumulamos y acumulamos tanto para vivir dieciocho vidas. Ochenta y cinco a noventa billones de dólares de la fortuna de Bill Gates. ¿Cuántos miles de vidas se pueden vivir con esa fortuna? Bueno, nosotros... "Pastor, pero yo no tengo eso." Y no estoy diciendo eso, no, pero nos gustaría.
La única porción de terreno que Abraham compró, y que sus hijos tuvieron, ¿saben cuál fue? Probablemente se les pasó. Fue la tumba de la familia. ¡Qué buen recordatorio! Que lo único que aquí se queda es una tumba con mis huesos. Eso fue lo único que ellos poseyeron. Sin embargo, Abraham creyó que esta tierra era para sus descendientes. Yo no tengo aquí para sentarme aquí, hermano. Yo tengo que vivir continuamente recordando: yo estoy de pasada, yo soy un extranjero y un peregrino. Yo estoy apuntando a la misma ciudad que apuntaba Abraham. Dice que él esperaba por una ciudad que tiene cimientos cuyo arquitecto y constructor es Dios, Cristo Jesús. Esa es mi ciudad a la que yo estoy apuntando. Nosotros no podemos vivir tan acostumbrados a esta vida.
Yo decía esta mañana que quizás... Quizás si Dios dijera: "Te voy a dejar vivir eternamente. Te voy a dejar elegir. De este lado o de aquel lado." Yo creo que alguno de nosotros diríamos: "Bueno, pero si nos va a dejar vivir eternamente, déjame aquí." Eso pasó más o menos. Dios le hizo una promesa al pueblo judío que la tierra prometida estaba al otro lado del Jordán. Esa es la tierra prometida. Llegaron a la tierra prometida. "Vamos a cruzar mañana." Se les ordenó. Vinieron un par de líderes de las doce tribus y dijeron: "Josué, esta tierra que hay aquí, ¿nos podrías dejar de este lado?" Y Josué los dejó. Se quedaron un par de tribus de este lado, no cruzaron.
O sea, Josué consintió a su pecado con una condición. Solo tenemos que conquistar las tierras que están de aquel lado. Lo único es que ustedes tienen que unirse al ejército que va a conquistar aquella tierra. Y después ustedes pueden regresar aquí, dejen su familia aquí, pero ustedes tienen que pelear por la tierra. No quisieron cruzar. Yo creo que es una buena ilustración que Dios nos deja. De que habiéndoles Dios prometido aquella tierra, ellos desearon quedarse del lado no prometido. Y por eso sea la ilustración que yo creo que si Dios nos dijera: "Puedes vivir eternamente. De este lado, de aquel lado, tú decides." Quizás algunos optarían por este lado.
En la historia, lo que Dios está haciendo o está ayudándole a ver, es cómo Dios se reveló a Israel en la historia que construyó con Israel. Esta es la parte más importante de la historia. Es la revelación de Dios para que yo le conozca y le entienda. Hasta ahora, yo sé que Dios es un Dios de gloria, un Dios de gloria majestuoso, extraordinario, santo, soberano. Yo también sé ya que es un Dios revelador que no se esconde, no esconde su voluntad. También yo sé que es un Dios soberano. "Vete de tu tierra y de tu parentela," no es una sugerencia. ¿A dónde? "A la tierra que yo te mostraré." Es un Dios de mandatos. Yo también sé que Dios es un Dios digno de ser obedecido, porque es un Dios de gloria. Y también sé, por lo que he visto hasta ahora, que Dios no me creó para esta tierra, para esta vida, sino para la eternidad. Todo eso está ahí.
Escucha cómo el texto sigue: "Sin embargo, aunque no tenía hijo, prometió que se la daría en posesión a él y a su descendencia después de él. Y Dios dijo así: que su descendencia sería extranjeros en una tierra extraña y que serían esclavizados y maltratados por cuatrocientos años."
En medio de la oscuridad que Egipto representaba debido a su pecaminosidad, Dios tenía un remanente ahí. Y a ese remanente, Dios lo está sacando. Pero lo sacó cuatrocientos años después de ellos experimentar la esclavitud. Y en esencia, lo que Dios hizo fue usar el pecado de Egipto para juzgar el pecado de Israel. Y Dios hace eso todo el tiempo. Usar el pecado de Egipto para juzgar el pecado de Israel. Egipto maltrató a Israel porque Israel maltrató la ley de Dios.
En Oseas 4:6 aparece una de las advertencias. Yo la he leído unas cuantas veces, volví a leerla hoy y volví como que se me erizaron los pelos. Por esta advertencia, cuando tú consideras las implicaciones, Dios dice: "Como has olvidado la ley de Dios, yo también me olvidaré de tus hijos." Eso es lo que le pasa a Israel. Eso fue, de hecho, anunciado en Deuteronomio 28. La gente solamente recuerda las promesas de prosperidad que aparecen en Deuteronomio 28 y se les olvida que tiene promesas de otro tipo también en su desobediencia.
Como te has olvidado de lo más preciado para mí, mi ley que representa mi carácter, yo me voy a olvidar de lo más preciado para ti: de tus hijos. Quizás eso te haga recordar lo que tú has olvidado, y regreses y te arrepientas. Pero yo mismo juzgaré a cualquier nación de la cual sean esclavos. En otras palabras, yo voy a permitir que el pecado de Egipto juzgue a Israel, pero yo no voy a dejar a Egipto impune. Yo voy a juzgar el pecado de Egipto que va a esclavizar a mi pueblo. Y después de eso saldrán y me servirán en este lugar.
Y Dios le dio el pacto de la circuncisión, y así Abraham vino a ser el padre de Isaac, que lo circuncidó al octavo día. Aun la circuncisión, hermanos, nos habla de que Dios, cuando va a tratar con alguien, lo separa. La circuncisión implica que yo estoy separando algo, ¿verdad? Que es parte del cuerpo, lo corto y lo separo del resto del cuerpo. Con eso Dios simbolizaba que le estaba cortando una nación entre todas las naciones y separándola de manera exclusiva para Él relacionarse con esa nación por un tiempo, hasta que el plan adquiriera otra dimensión.
Abraham vino a ser el padre de Isaac, que lo circuncidó al octavo día. Isaac vino a ser el padre de Jacob, y Jacob de los doce patriarcas. Doce patriarcas es la forma popular como Israel conoció a los doce hijos de Jacob. Y los patriarcas tuvieron envidia de José y lo vendieron para Egipto.
Si tú estás familiarizado con la historia, nota cómo es que Dios está entretejiendo la historia y entretejiendo su tapiz. Aquí hay dos hermanos; José es el hijo preferido de Jacob. Aquí hay once que están envidiosos; los once lo van a vender. Dios tiene un plan en mente, dice que necesitamos que los once vendan a José. Porque José va a llegar a Egipto y José va a llegar a ser la mano derecha de Faraón. Y cuando llegue a ser la mano derecha de Faraón y haya hambruna en la tierra prometida, en Canaán, estos once con su padre van a tener que venir aquí a Egipto a ser alimentados por José.
Y la realidad es, hermano, que Israel está donde está todavía hoy porque Dios un día permitió que un hermano que había sido envidiado por los otros fuera abandonado y llegara a Egipto, y él pudiera preservar el resto de sus otros hermanos con su descendencia, que una nación llegara a ser, y que esa nación pudiera existir a lo largo de la historia, dispersa por los pueblos y hoy reunida en un territorio. Entonces tú puedes ver a Dios entretejiendo su plan, su tapiz, a través incluso del pecado de los hombres. ¿Lo puedes ver?
Entonces los hermanos de José llegan a Egipto producto de la hambruna. José los recibe, no revela su identidad, manda a buscar a su padre, manda a buscar a todos los hermanos, y ellos vienen. Entonces revela su identidad y José les da a ellos la visión de arriba de lo que ocurrió aquí abajo. Todo el evento tiene dos lecturas, no olviden eso, lo hemos venido repitiendo. Aquí abajo, ¿qué pasó? Me vendieron mis hermanos, horrible, debo estar resentido, no los perdono, ahora que yo soy el primer ministro los hago sufrir. Esa es la visión de aquí abajo. José tiene la visión de arriba y dice: no, no, no, pero no se pongan así. Ustedes quisieron hacerme mal, pero Dios lo permitió para bien. Gracias a Dios y gloria a Dios que orquestó las cosas como las orquestó.
Imagínate la condición en la que tú te encuentras. Tú tienes una lectura. La lectura que tú tienes no es la lectura; eso es lo que tú estás viviendo. Tú puedes estar en la venta de José; eso no es la lectura. De esa misma forma nosotros tenemos que entender todo el tiempo: nosotros somos actores de una historia, de un drama que Dios escribió. El contenido del drama, el verdadero significado del drama, yo ni siquiera lo veo. Yo simplemente veo un día a la vez: que me chocaron el carro, que perdí el carro, que me robaron el carro. Eso es lo único que yo veo.
Desde arriba hay un propósito que se está tejiendo con las cosas más pequeñas de tu vida, y Dios al final te va a permitir ver el tapiz completo. Y tú podrás decir: ¡Wow! Gloria a Dios por todo lo perdido y todo el dolor y todo el sufrimiento y todo lo que tuve que atravesar. Gloria a mi Dios y a su gloria. Es la providencia de Dios. Tú nunca estás fuera de la providencia de Dios.
¿Tú sabes cómo el texto lo dice? Dice que José fue vendido a Egipto. Escucha lo próximo: pero Dios estaba con él. Hermano, lo más importante no es dónde tú estás, es quién está contigo donde tú estás. Es lo más importante todo el tiempo. Tú puedes estar en las peores circunstancias, pero si Dios está contigo, tú estás bien acompañado. Daniel estuvo en el foso de los leones, pero Dios estuvo con él y cerró la boca de los leones. Dios es capaz de silenciar la boca de los leones, de cerrar a los leones, de destruir a los leones. Dios es capaz de cualquier cosa. Procura que Dios esté contigo y olvídate de dónde tú estás.
Pero Dios estaba con él. Y por tanto, el versículo dice que lo rescató de todas sus aflicciones y le dio gracia y sabiduría delante de Faraón, rey de Egipto. Y este lo puso por gobernador sobre Egipto y sobre toda su casa. Lo mejor que a ti y a mí nos puede pasar es que la gracia de Dios esté con nosotros. ¿Escuchaste lo que dice el texto? Dios estaba con él; obviamente, si Dios está con él, le dio gracia, le dio sabiduría. Por medio de la gracia, Dios hace enormes cosas. A veces me permite atravesar las circunstancias por las cuales estoy o en medio de las cuales estoy. Pero a veces lo que Dios hace es poner una disposición favorable en otros hacia mi persona.
Yo te puedo decir como testimonio, no tengo nada de qué jactarme porque esto es Dios. Yo he visto eso en innumerables circunstancias y momentos y situaciones. Y eso es lo que Dios hizo con Faraón: puso gracia, le dio gracia y sabiduría delante de Faraón. Faraón vio cosas en José que los demás no estaban viendo, porque la gracia de Dios le abrió los ojos hacia su siervo. Es parte de la providencia de Dios también, del cuidado providencial.
Entonces, ya José está en Egipto, ya es primer ministro, gobernador. Vino hambre sobre toda Egipto y Canaán. Oye, qué cosa el hambruna. Este Dios... Oye, yo no sé para qué Abraham bajó acá. No sé qué hago yo allá. Menos mal estamos nosotros en medio del hambre. Y Dios diciendo: el hambre es tu salvación. El hambre te lleva a Egipto. En Egipto está tu hermano. Tu hermano te está esperando para sostenerte.
Dios le dice a Jacob que vaya a Egipto. Un momento. Ahí Jacob como que no estaba en eso. Y Dios le dice: ve a Egipto, y allí yo te haré una nación grande. Jacob hubiese dicho: pero Tú eres Dios, si Tú me puedes hacer una nación grande allí, Tú me puedes hacer una nación grande aquí. No, no, no, no. Mi plan no es aquí, es allí. De manera que baja allí porque ahí es donde está mi propósito.
En más de una ocasión yo les he contado cómo los ancianos de mi iglesia en Estados Unidos, cuando yo quería venir para acá, trataron de persuadirme de que me quedara como pastor de la iglesia donde yo estaba, que no tenía pastor. Y me dijeron: Miguel, ¿pero no habías plantado una iglesia? ¿A qué tú vas a ir? No es el pastor que tú quieres ir, porque hay una iglesia plantada y no tiene pastor. Quédate aquí. No, porque es allí donde Dios tiene propósito para mí. No es aquí, es allí. Y ahí yo tengo que bajar.
Y bajaron. Ustedes ven que dice que fueron 75. El libro de Génesis dice que fueron 70. Esteban no está haciendo una historia, un censo. Ustedes ven, él está hablando de manera general. No vamos a entrar en esas controversias. Pero Dios estaba con él; los rescató de todas sus aflicciones.
Entonces vino hambre. Aflicción es permitida por Dios en la vida de Sus hijos. ¿Por qué? Él tiene un plan mejor que obrar. Y escucha: la aflicción es permitida en la vida de Sus hijos porque tiene un plan mejor que el que tú tienes y el que yo tengo, que obrar. Y al ponerlo en ejecución, nosotros seguimos conociendo a un Dios más profundamente de lo que le habíamos conocido. Y ahí nosotros experimentamos Su cuidado, Sus maravillas, Sus providencias, Su orquestación, Su bondad, Su poder, Su fidelidad, y pudiera seguir añadiendo atributos. Y yo conozco estas cosas en la aflicción, en la carencia, a Egipto donde no tengo nada familiar, a Egipto donde no tengo nada más que mi Dios. Y Dios está ayudando a esta gente a ver el carácter de Dios a través de la historia del pueblo de Dios con su Dios.
Pero cuando Jacob supo que había grano en Egipto, envió a nuestros padres allá la primera vez. En la segunda visita, ya te conté, José se dio a conocer a sus hermanos, y conoció Faraón el linaje de José. José, enviando mensaje, mandó llamar a Jacob su padre y a toda su parentela, en total 75 personas. Y Jacob descendió a Egipto, y allí murió él y también nuestros padres.
Y de allí, escucha ahora la descripción de la única porción de tierra que ellos poseyeron: Y de allí fueron trasladados a Siquem y puestos en el sepulcro que por una suma de dinero había comprado Abraham a los hijos de Hamor en Siquem. La tumba en la tierra que Dios le prometió a Abraham, la tuvo que comprar. Es un buen recordatorio de que no se trata de la tierra.
Israel tenía tres vacas sagradas: la tierra prometida, el templo y la ley. Cuando tú revisas el mensaje de Esteban, él le da un tiro en la cabeza a cada una de las vacas sagradas. Ahora es la tierra. Gran cosa la tierra prometida, la tierra que ustedes idolatran. ¿Sabes qué? Abraham, el patriarca, el gran Abraham, no poseyó nada que no fuera su tumba en la tierra que ustedes tanto veneran. No es la tierra, es el Dios de la tierra. Y la tierra es algo que simboliza el reposo final para donde nosotros vamos. Esa es la tierra prometida.
Pero a medida que se acercaba el tiempo de la promesa que Dios había confirmado a Abraham, el pueblo crecía y se multiplicaba en Egipto, hasta que surgió otro rey en Egipto que no sabía nada de José. Eso también estaba bajo la soberanía de Dios.
Está obrando con astucia contra nuestro pueblo, maltrató a nuestros padres, a fin de que expusieran a la muerte a sus niños para que no vivieran. Y ahí entra Esteban a la segunda parte que tiene que ver con la era de Moisés.
Pero antes de cerrar, en parte, esta historia está recogida. La nuestra no está recogida. Pero si pudiéramos ponerla en un libro que Dios escribiera, tuviera múltiples elementos en común. En términos de cuándo Dios salió a buscarme, cuándo Dios me encontró, lo que me reveló, la aflicción por la que pasé, la próxima aflicción por la que pasé, la manera como Dios me proveyó, la manera como Dios me sostuvo, la manera como Dios me visitó. Y ahora de allí me trajo aquí otra vez, ¿y dónde yo estoy? ¿Y para dónde voy? Tendría elementos comunes.
Dios está tejiendo un tapiz, otra vez se lo digo. Dios está construyendo una historia. Yo entro en una historia que yo no inicié, que yo no escribí; se lo he dicho otra vez, que participamos de una historia y salimos de la historia a la hora de morir. Y otro va a continuar la historia, pero de lo que yo sí estoy seguro es que mi historia va a comenzar y va a terminar donde Dios propuso que comenzara y terminara. Y lo mejor es que yo termino en su presencia. No importa cuánto me ocurra, qué me ocurra, cuánto yo sufra, cuánto me duela. Yo termino en su presencia, viéndole a Él tal como Él es y descubriendo el carácter que a lo largo de mi vida comencé a conocer, y lo conocí en la historia.
Eso es como es. La razón por la que el refrán dice "nadie aprende en cabeza de otro" es porque, sobre todo para el cristiano, tú le cuentas la historia de la Biblia y él como que no aprende en cabeza de otro. Porque tú descubres a Dios vivencialmente en tu vida caminando con Él, sufriendo con Él, viendo su asistencia, viendo su fidelidad, viendo su cuidado providencial, viendo cómo te asiste, viendo cómo te provee, viendo cómo Él tenía todo pensado antes que tú. Y entonces tú dices: "¡Wow, qué Dios yo tengo! ¡Gloria a Dios!" Ya lo sé, me hace... tiene que haber otra cosa porque iguales de tu vida, qué Dios tú tienes. O sea, me olvidan a mí.
Por eso es que decía que la canción "Fijaré mis ojos en ti", esa frase hace para mí esa canción. Porque al final de la historia es lo único que yo necesito hacer. No importa los nubarrones, no importa los truenos, no importa los relámpagos, no importa cómo se levanten los mares, no importa la tempestad del viento, lo único que yo necesito es fijar mis ojos en Él. Ahí es donde Pedro en un momento dado falló; le dio la tormenta cuando miró las olas, no fijó sus ojos en Él. Y eso es donde tú y yo dudamos y tememos y nos debilitamos, porque con frecuencia hemos fijado los ojos en cosas que están a nuestro alrededor, que son mucho más pequeñas que nuestro Dios, pero son a las que le estamos prestando atención. Fija tus ojos en Dios.
Tu historia no es muy distinta a la historia de la gente de la Biblia. Es simplemente en otro lugar, en otro tiempo, pero tiene que ver con dos cosas: tu Dios, su revelación de Él a ti, la creación de la imagen de Cristo en ti, y que entres en gloria. Igual que ellos. Y ahí nos regocijaremos por siempre.
En gloria me imagino conversando: "¿Tú puedes creer, fulano, cuando tú y yo estábamos discutiendo de aquella cosa, que me chocaron el carro que acababa de comprar? Que mira eso, que cómo es posible, me rayaron un mueble, que mira el piso que acabo de ponerle y me lo rayó." Entonces, ¿tú puedes creer un solo rato discutiendo de esas cosas, esas vanidades terrenales, efímeras, temporales, materiales, y mira aquí dónde nosotros estamos? Imagínate eso. Yo pienso cosas todavía de mi vida y no he pasado a aquel lado, y me da vergüenza. Yo hablaba con Alan, ahí le contaba algo de mi vida cuando yo llegué a Estados Unidos como médico, y le decía: "Yo lo pienso y de verdad, vergüenza que yo dije una cosa como esa." Eso es simplemente una ilustración banal, sencilla, de cuán poco significan las cosas que nos ocurren de este lado de la gloria, a la luz de la eternidad.
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