Miguel Núñez • 26 noviembre, 2017
Dios orquesta providencialmente cada evento de la vida humana para cumplir sus propósitos en Cristo, y la historia de Moisés lo demuestra con claridad extraordinaria. Este hombre, descrito como "hermoso a los ojos de Dios" porque era el instrumento escogido para liberar al pueblo hebreo, sobrevivió milagrosamente a la orden de Faraón de eliminar a todo varón hebreo. Su madre lo ocultó, lo puso en una canasta en el Nilo, y la hija de Faraón lo adoptó. Satanás siempre ha ido detrás de la promesa, pero los planes de los gobernantes fracasan ante la sabiduría y el poder de Dios.
A los cuarenta años, Moisés sintió el llamado de liberar a su pueblo, pero se adelantó al tiempo de Dios. Mató a un egipcio pensando que sus hermanos entenderían su misión, pero ellos no entendieron, y tuvo que huir al desierto por cuarenta años más. Dios se mueve lentamente según nuestro estándar porque muchas veces ni nosotros ni aquellos a quienes somos enviados estamos listos. El desierto no tiene nada de pecaminoso; es donde Dios hace las mejores cosas, humillando nuestro orgullo y probando lo que hay en nuestro corazón.
Cuando finalmente Dios se apareció a Moisés en la zarza ardiente, le reveló su carácter: un Dios revelador, fiel a sus promesas, santo, misericordioso y redentor. Moisés llegó a ser el gran libertador porque conoció a un Dios extraordinariamente personal. Ese mismo Moisés que el pueblo rechazó apuntaba a Cristo, y cuando Cristo vino, sus descendientes también lo rechazaron. La exposición al carácter de Dios es lo que transforma la vida.
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Si tienes ahí la Palabra de Dios, te pido que la abras en el capítulo 7 del libro de los Hechos. Vamos a estar transitando por allí en unos minutos. Les recuerdo simplemente que la semana pasada habíamos iniciado el sermón o mensaje que Esteban emprendió delante del Sanedrín, y que es un mensaje extenso que decidimos dividirlo en partes distintas. Apenas llegamos a cubrir la primera parte la semana anterior. Nosotros titulamos el mensaje "La fidelidad de Dios obra a través de su providencia", y esta es la segunda parte con el mismo título.
Esta es la continuación de la historia que nos permite ver de qué manera Dios providencialmente orquesta los eventos de los hombres. Nosotros dijimos que la providencia de Dios ha sido definida por algunos, por lo menos de esta manera: la bondadosa obra de los propósitos de Dios en Cristo que se manifiesta en su trato con el hombre. Dicho de otra forma, Dios trata con el hombre por medio de su gracia, y a través de su gracia Él orquesta, Él planifica, Él organiza los eventos tuyos y míos y de todos los hombres, los eventos de la vida, de tal manera que cuando todo se ha dicho y hecho, los propósitos de Dios en Cristo Jesús para todos y cada uno de nosotros hayan sido alcanzados. Y eso requiere sabiduría infinita y poder infinito para poder lograr eso, y eso es lo que Dios ha hecho.
El mensaje que estamos considerando es un mensaje predicado por Esteban. Esteban, uno de los siete hombres, como dijimos, escogido por la iglesia para servir mesas, lleno de sabiduría, lleno del Espíritu, con buena reputación, un hombre de gracia, lleno de gracia, un hombre de fe que Dios usó grandemente. Y toda esa primera parte que Esteban predicó tenía que ver con la historia patriarcal, la historia de Abraham, de Jacob y de sus doce hijos, una historia que Esteban cubre en los primeros casi veinte versículos de este capítulo 7 del libro de los Hechos.
Y dijimos también que a lo largo de esa primera parte, el mensaje de Esteban nos deja ver cómo Dios se reveló a Abraham en Mesopotamia y lo llamó para que fuera a Canaán, una tierra prometida. Y comenzó Abraham a conocer a Dios como un Dios revelador, dijimos en esa ocasión. Pero al mismo tiempo, Esteban inicia su mensaje llamándole a Dios "el Dios de gloria", el Dios extraordinario, majestuoso, para que ellos y nosotros pudiéramos recordar que esta acusación de blasfemia contra Dios que ellos tenían contra Esteban no podía ser cierta, dada la idea que Esteban tenía de su Dios. Y hablamos no solamente de eso, sino que también Dios es un Dios soberano, un Dios digno de ser obedecido, un Dios que no da sugerencias sino que hace mandatos y espera que nosotros podamos obedecerlos, y un Dios que nos creó no para esta vida sino para la eternidad. Y eso, en esencia, en breves minutos, en breves palabras, resume todo el mensaje anterior.
En el día de hoy yo estaba leyendo desde el versículo 20 al 45, pero no vamos a leer todos los versículos al mismo tiempo, sino que vamos a tomarlos en porciones, a propósito, porque va a facilitar no solamente la exposición sino también el entendimiento de todo esto que está aquí. Yo voy a dividir el mensaje de hoy en cuatro porciones, y lo primero que yo quiero que veamos es la providencia de Dios en la vida inicial de Moisés.
El texto que nosotros tenemos por delante comienza recordándonos que Dios hizo una promesa a Abraham. Abraham vivió en la tierra de Canaán, y también Jacob, y también vivieron sus doce hijos, pero ellos no poseyeron tierra excepto por una porción que Abraham había comprado como tumba familiar, a la cual ellos regresaron cuando habían muerto. Sus restos fueron llevados hasta allá. Y entonces el tiempo comenzó a correr, y el tiempo comenzaba a acercarse de Dios cumplir la promesa que le había hecho a Abraham. Y es ahí donde estamos recogiendo la historia. Yo voy a leer, en vez del versículo 20, a partir del 17, para poder conectar mejor con la historia anterior y adentrarnos en la historia de hoy.
Escucha lo que el texto dice a partir del versículo 17: "Pero a medida que se acercaba el tiempo de la promesa que Dios había confirmado a Abraham, el pueblo crecía y se multiplicaba en Egipto, hasta que surgió otro rey en Egipto que no sabía nada de José. Este rey, obrando con astucia contra nuestro pueblo, maltrató a nuestros padres, a fin de que expusieran a la muerte a sus niños para que no vivieran. Fue por este tiempo que Moisés nació, era hermoso a la vista de Dios, y fue criado por tres meses en la casa de su padre."
Después de ser abandonado para morir, la hija de Faraón se lo llevó y lo crió como su propio hijo. Moisés fue instruido en toda la sabiduría de los egipcios y era un hombre poderoso en palabras y en hechos. Pero cuando iba a cumplir la edad de cuarenta años, sintió en su corazón el deseo de visitar a sus hermanos, los hijos de Israel. Y al ver que uno de ellos era tratado injustamente, lo defendió y vengó al oprimido matando al egipcio. Pensaba que sus hermanos entendían que Dios les estaba dando libertad por medio de él, pero ellos no entendieron.
Al día siguiente se les presentó cuando dos de ellos reñían y trató de poner paz entre ellos diciendo: "Varones, vosotros sois hermanos, ¿por qué os herís el uno al otro?" Pero el que estaba hiriendo a su prójimo lo empujó diciendo: "¿Quién te ha puesto por gobernante y juez sobre nosotros? ¿Acaso quieres matarme como mataste ayer al egipcio?" Al oír estas palabras, Moisés huyó y se convirtió en extranjero en la tierra de Madián, donde fue padre de dos hijos. Hasta ahí nos detenemos.
Esta es la primera parte de la vida de Moisés, esta es la primera parte de la historia donde estuvo. Esteban comienza mencionando que Moisés era hermoso a los ojos de Dios. Cuando tú lees el libro de Éxodo capítulo 2, versículo 2, allí dice que Moisés era hermoso a los ojos de su madre. Ahora Esteban menciona una frase similar, y yo no creo que cuando Esteban menciona esto bajo la inspiración del Espíritu estaba haciendo tanto alusión a cómo Moisés lucía o cómo lució para su madre, sino al hecho de que Moisés era hermoso para Dios o ante sus ojos porque era el instrumento escogido para una gran misión de liberar al pueblo hebreo de la esclavitud de Egipto. Y aquí está siendo descrito como muy hermoso ante los ojos de Dios.
Ustedes recordarán que en un momento dado el pueblo hebreo estaba multiplicándose de manera extraordinaria en Egipto a pesar de la esclavitud, y Faraón tuvo miedo. Aquellos que le ayudaban, sus asistentes, tuvieron miedo y le recomendaron que debían hacer algo porque el pueblo así de crecido podía rebelarse. Y entonces se da una orden de que las mujeres parteras pudieran eliminar la vida de todo varón hebreo al momento de nacer. Su madre le oculta por un tiempo, pero ya no pudiendo ocultarlo más, hace una canasta y la pone en el río Nilo. Y entonces la canasta va moviéndose con las corrientes de las aguas. La hermana de Moisés va observando la canasta, ve qué va a pasar con ella, y resulta que la hija de Faraón había bajado al río a bañarse y nota la canasta. Le pide a una de sus criadas que vaya a buscarla, y cuando la abren se dan cuenta que es un niño, y no solamente que es un niño, aparentemente por su físico se dieron cuenta que era un niño de los hebreos. Y la hermana de Moisés muy astutamente le dice: "¿Quieres que te busque una nodriza hebrea que lo cuide?" Y la madre de Moisés termina cuidando a su propio hijo.
Detrás de todo eso estaba la mano providencial de Dios. Satanás siempre ha ido detrás de la promesa. Moisés representaba el cumplimiento de la promesa de Abraham de que entrarían a una tierra prometida, y de alguna forma Satanás se las ingenió para hacer uso de Faraón e ir detrás de Moisés. De la misma forma que en otro momento, cuando Jesús nace, algo parecido ocurre, ahora en nombre de Herodes, quien tiene celo de este niño que ha nacido, que los reyes que vienen del Oriente le andan buscando, los magos que vienen del Oriente andan buscando. Y da una orden de que puedan eliminar a todo niño hebreo, pero yo diría que tuviera menos de dos años de edad. Porque si bien es cierto que Moisés representaba el comienzo, por así decirlo, del cumplimiento de la promesa, Jesús era el cumplimiento final, la promesa misma, detrás de quien estaba Satanás tratando de quitarle la vida, pero sin tener éxito.
Es la razón por la que el salmista escribe en el Salmo 2, versículo 1: "¿Por qué se sublevan las naciones y los pueblos traman cosas vanas?" En otras palabras, ¿por qué los gobernantes de los pueblos traman contra las cosas y los planes que Dios tiene para con su pueblo? Ellos van a fracasar. El poder y la sabiduría de Dios hace que los planes de los pueblos, de los gobernantes, fracasen. Traman en vano, se sublevan en vano. Y una vez más tú puedes ver eso: cómo se tramó contra la vida de Moisés, se tramó contra la vida de Jesús, y todo fue en vano.
La idea del Faraón en la época de Moisés de quitarle la vida a todo varón hebreo era justamente el control de la población, el control poblacional. La idea detrás de mucho de las discusiones que se han hecho a nivel de las Naciones Unidas y de grupos de gente de mucho dinero que se han reunido para la aprobación del aborto es el control poblacional del mundo. Tú puedes ver en la historia que no han cambiado mucho las cosas, y que las cosas en el corazón del hombre tampoco han cambiado gran cosa. Solamente los actores y los tiempos han cambiado.
Moisés fue ocultado, Moisés fue liberado, y entonces por eso Esteban comienza el versículo 20 diciendo que fue criado por tres meses en la casa de su padre. Después de ser abandonado para morir, la hija de Faraón se lo llevó y lo crió como su propio hijo. Moisés creció como un niño adoptado. Y para ustedes que quizás en alguna ocasión han pensado en adoptar, la adopción es parte de la forma como providencialmente Dios programa hacer cosas a través de algunas o de todas esas adopciones. Esto ocurrió en los días de Moisés.
Moisés creció en Egipto y dice el texto que fue instruido en toda la sabiduría de los egipcios. Y si conoces algo de la historia, lo que esa frase implica es que Moisés fue instruido en toda la mitología de Egipto. No había otra cosa, no había ciencia, no había una real filosofía en esos tiempos. Lo que había era una mitología, y ser instruido en la sabiduría de los egipcios era haber sido instruido en la mitología egipcia. De manera que Moisés llegó a conocer las divinidades que este pueblo adoraba de forma continua. Y eso es importante, yo quiero que te lo recuadres porque vamos a volver a esa idea.
Pero en Egipto eso es como era. En la época de Grecia, el ser instruido de la mejor forma o recibir la mejor instrucción implicaba ser educado en la filosofía de Sócrates, Platón, Aristóteles. En la Edad Media, el ser instruido o recibir la mejor educación posible era ser educado en teología; era considerada la madre de toda la ciencia. Y en el día de hoy, recibir la mejor educación implica recibir una educación secular en una de las universidades más prestigiosas de nuestros tiempos. Moisés recibió la mejor educación que Egipto podía ofrecer, y eso implicaba entonces haber aprendido, conocido acerca de sus divinidades. Recuerda eso para cuando regresemos más tarde.
En ese contexto, estando todavía en Egipto, Esteban dice que Moisés llegó a ser un hombre poderoso en palabra y en hechos. Esteban estaba inspirado por el Espíritu de Dios. El Espíritu de Dios testifica que durante esos primeros cuarenta años de vida de Moisés, estando todavía en Egipto, Moisés llegó a ser un hombre poderoso en palabra. Y yo subrayo eso porque es interesante, porque cuando Dios se le aparece a Moisés y le está llamando a una gran misión y tiene que regresar a Egipto, Moisés comienza a dar excusas. Y una de las excusas que Moisés da es la siguiente, en Éxodo capítulo 4, versículo 10: "Señor, nunca he sido un hombre elocuente, ni ayer ni en tiempos pasados, ni aún después de que has hablado a tu siervo, porque soy tardo en el habla y torpe de lengua."
No me digas, Moisés. Esteban, inspirado por el Espíritu de Dios, dice otra cosa: que era poderoso en palabra. Fuentes extrabíblicas, incluyendo al historiador judío Josefo, atestiguan de la misma cosa, que Moisés se había destacado ya como un hombre poderoso en palabra, con una gran oratoria. Cuando Moisés le presenta esa excusa a Dios, Moisés estaba haciendo lo que muchos de nosotros hacemos: estaba mintiendo, y estaba mintiendo para ocultar sus temores.
En nuestra naturaleza caída, a nosotros nos es más fácil mentir que admitir nuestros temores. Nos es más fácil decir: "No, en realidad yo tengo un compromiso, no puedo", "Es que yo no soy bueno para hablar", que decir: "Te digo la verdad, a mí me atemoriza dar un testimonio público, a mí me atemoriza dar un curso, a mí me atemoriza predicar, cuando me ha tocado enseñar yo sudo, yo tiemblo." Se nos dificulta decir eso, y a Moisés también. Entonces Moisés le dice a Dios: "Yo soy tardo para hablar", pero la historia dice otra cosa.
Lamentablemente, Moisés en sus años primeros tenía un sentido de que Dios lo estaba llamando a algo importante. Lo que Moisés no tuvo fue la habilidad de discernir el tiempo de Dios. Escucha este texto a partir del versículo 23: "Cuando Moisés iba a cumplir la edad de cuarenta años, sintió en su corazón el deseo de visitar a sus hermanos, los hijos de Israel." El Espíritu pone en nosotros el querer y el hacer. "Y al ver que uno de ellos era tratado injustamente, lo defendió y vengó al oprimido matando al egipcio." Escucha: "Pensaba que sus hermanos entendían que Dios les estaba dando libertad por medio de él, pero ellos no entendieron."
Moisés tenía ya esa idea de que ellos iban a entender con esta acción que Dios lo estaba llamando a darles libertad, pero ellos no entendieron. Al día siguiente se les presentó cuando dos de ellos reñían y trató de poner paz entre ellos diciendo: "Varones, vosotros sois hermanos, ¿por qué os herís el uno al otro?" Pero el que estaba hiriendo a su prójimo lo empujó diciendo: "¿Acaso quieres matarme como mataste ayer al egipcio?" Al oír estas palabras, Moisés huyó y se convirtió en extranjero en la tierra de Madián, donde fue padre de dos hijos.
Moisés tenía una idea a la edad de cuarenta años de que Dios lo había llamado a una gran misión. De hecho, pensó que lo que él hizo con el egipcio le daría una idea al pueblo de que ese era el caso, pero el texto dice que ellos no entendieron. Moisés, a esa edad, no estaba listo para abrazar la misión que Dios tendría para él.
Moisés se adelantó al tiempo de Dios, como lo hizo Sara, la mujer de Abraham, que no esperó por el hijo de la promesa y tomó un atajo. Le brindó a su criada, a su propio esposo; Ismael nació de esa unión y consecuencias vinieron que continúan hasta el día de hoy.
Tenemos que recordar siempre que Dios hace llamados y Dios nos da un llamado, pero ese llamado tiene un tiempo a partir del cual yo debo y puedo implementar su llamado. Veo eso no solamente en la vida de Moisés; veo eso en la vida de Cristo, donde en varias ocasiones diferentes la gente quería que él fuera y se presentara al pueblo de Israel. "Si tú eres el Cristo, por favor, dínoslo. Ya que eres, ve, sube a la fiesta de los tabernáculos y preséntate ahí como la persona que tú dices ser." Y Cristo una y otra vez decía: "Mi hora no ha llegado."
Cristo convierte el agua en vino en las bodas de Caná y su madre convence a los criados de que hicieran todo cuanto él les dijera, y Cristo concedió la petición porque esta familia en medio de una boda estaba en medio de vergüenza. Pero Cristo le dijo a su madre: "Mujer, mi hora no ha llegado."
Para nosotros la hora siempre es aquella que nosotros pensamos que es, pero para Dios es distinto. Si hay algo que yo necesito aprender es que Dios se mueve lentamente. Y Dios no se mueve lentamente simplemente porque él no tiene el poder o la sabiduría; Dios se mueve lentamente de acuerdo a nuestro estándar, que vivimos en el tiempo y en el espacio, y también porque nosotros muchas veces no estamos listos. Ni estamos listos nosotros, ni están listos aquellos a donde Dios nos está enviando.
Moisés no estaba listo a la edad de 40 años. ¿Y cómo lo sabemos? Porque está en el texto. ¿Dónde está en el texto? Mató al hombre y pensó que esa era la manera como Dios le revelaría al pueblo que él estaba llamado a salvarlos. Esas son las formas del mundo, no las formas de Dios.
Y la prueba está en que, al día siguiente, cuando él trata de mediar entre sus hermanos —porque justamente Moisés pensaba que estos hermanos hebreos entenderían la misión de Dios—, uno de ellos le dice: "¿Quién te ha hecho gobernante y juez sobre nosotros?" Lo que nos dice que el pueblo tampoco estaba listo. Ni estaba listo Moisés ni estaba listo el pueblo. ¿Cómo lo sabemos? Porque el pueblo lo que hace es cuestionar el liderazgo de Moisés. Y esa es una de las cosas que necesitamos entender: Moisés no se había ganado el liderazgo de un pueblo que él entiende que necesita liberar, pero estaba fuera de tiempo. Tiempo es todo.
Algunos de ustedes me han oído ilustrar esto de esta manera. El padre que tiene dos hijas: viene una hija de 27 años de edad que está casada y dice: "Mamá, estoy embarazada", y todo el mundo celebra, y aplauso, y gozo, y de todo se quiere hacer. Y luego viene la otra hija, también del mismo padre, de 15 años, y dice: "Mamá, estoy embarazada", y ahora hay llanto y tristeza y vergüenza. "¿Cuál es la diferencia, mamá? Yo soy hija también y este nietito también". La única diferencia es tiempo. Estás fuera de tiempo.
Moisés estaba fuera de tiempo y tuvo que huir. ¿Y tuvo que ir a dónde? Al desierto. Pero ahí está la providencia de Dios: Moisés necesitaba el desierto. ¿Y cómo lo sabemos? Porque Dios orquesta providencialmente todos los eventos que tienen que ver con los hijos de los hombres. Y si tú estás en un desierto, o has estado en un desierto, yo quiero decirte pastoralmente, no acusatoriamente: el desierto no tiene nada de pecaminoso. Tú estás ahí por orquestación de Dios.
No sé si tú has leído acerca de los desiertos en la Biblia. Los desiertos siempre son un tiempo de prueba. Si tú no has estado ahí, tú vas a estar, porque son los mejores tiempos donde Dios hace las mejores cosas. Yo he estado ahí. Para todo el que piense: "Si yo he sido muy bendecido, yo nunca he estado ahí", no te preocupes, no vayas tan rápido, hay uno delante de ti más adelante. Los desiertos en la Biblia siempre están asociados a tiempos de prueba para ver lo que hay en mi corazón: "Te sacó al desierto para humillarte, para probarte y ver lo que había en tu corazón", Deuteronomio 8:3. El desierto es un tiempo donde Dios quiere tratar con nosotros de manera especial. El desierto es un tiempo donde Dios quiere humillar mi orgullo.
Y Moisés terminó en el desierto. Y no solamente terminó en el desierto, terminó en el desierto trabajando para su suegro por 40 años. En otras palabras, Moisés no necesitaba liderar al pueblo todavía; lo que necesitaba era seguir, tener un discipulado. Necesitas seguir a alguien para que tú aprendas cosas ahí siguiendo, para que seas un gran seguidor y te conviertas en un gran líder. Nadie puede ser un gran líder si no ha sido primero un gran seguidor. 40 años en Egipto, 40 años en el desierto.
Yo casi no puedo creer que Moisés no recibe el llamado a hacer algo para Dios hasta que tiene 80 años. ¡80 años! Yo no estoy ahí todavía. Yo solamente tengo... me faltan 21, 21 años para llegar a la edad cuando Moisés va a hacer algo para Dios. Porque la misión que Moisés iba a abrazar requería un tiempo de preparación de carácter extraordinaria. A los 40, Moisés mató a uno fuera de tiempo, tomó la justicia en sus manos. Como siempre digo cuando me toca compartir acerca de estas cosas: nunca te coloques en una posición donde tu carácter no ha llegado, porque estas son las cosas que ocurren. 80 años para hacer algo para Dios. Cristo, el Hijo de Dios, el agente creador del universo, tuvo que esperar 30 años para predicar su primer sermón. Eso nos da una idea de que los tiempos de Dios no son nuestros tiempos.
La providencia de Dios en la vida inicial de Moisés. Número dos: la providencia de Dios en el llamado inicial de Moisés, a partir del versículo 30. "Y pasados 40 años" —esto ya 40 años en el desierto— "se le apareció en el desierto del monte Sinaí un ángel, en la llama de una zarza que ardía. Al ver esto, Moisés se maravillaba de la visión, y al acercarse para ver mejor, vino a él la voz del Señor: 'Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob'". Imagínate esa voz profunda de Dios, quizás en medio de un cierto ambiente, atmósfera medio sacrosanta, o completamente sacrosanta: "El Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob". Pues, temblando, no se atrevió a mirar. "Pero el Señor dijo: 'Quítate las sandalias de los pies, porque el lugar donde estás es tierra santa. Ciertamente he visto la opresión de mi pueblo en Egipto, y he oído sus gemidos, y he descendido para librarlos. Ven ahora, y te enviaré a Egipto'".
Escucha lo que Dios está haciendo. Moisés está caminando por el desierto después de 40 años de conocerlo, y un día ve algo extraordinario: ve una zarza ardiendo, pero el arbusto no se consumía. Y desde el arbusto salió una voz. Esto era una aparición de Dios, pero era más bien una teofanía, que es un símbolo a través del cual Dios se revela, pero no es exactamente Dios. Dios no es un arbusto, y mucho menos ardiendo. Dios es alguien que está usando la zarza para revelarse a Moisés. Y le dice: "Moisés, yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob".
Otra vez, de la misma manera que Abraham conoció a Dios como Dios revelador cuando él estaba en Mesopotamia, ahora Moisés también comienza a conocer a Dios de la misma manera. Yo no estaba buscando a Dios. Abraham no estaba buscando a Dios. Pero Dios se le apareció a uno y al otro, y comenzó a conversar con ellos. Dios es un Dios que busca al hombre.
Ahora Moisés comienza a conocer una divinidad completamente diferente a los dioses que él conoció en Egipto. Él tuvo contacto allí de alguna manera con dioses que tenían ojos pero no veían, oídos pero no oían, boca pero no hablaban. Pero este es otro Dios. Este es un Dios que sí habla. Este es un Dios que él no le ha visto los ojos, ni los oídos, ni la boca, pero está hablando. Y le está hablando de una manera consistente con una historia que él conoce: "Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob". Yo soy, Moisés, un Dios revelador que sale a buscar al hombre.
Entonces, en las demás religiones el hombre tiene que salir a buscar a Dios a través de diferentes caminos. Pero en este caso, Dios fue en búsqueda de Abraham en Mesopotamia. Dios fue en búsqueda de Moisés en el desierto. Dios fue en búsqueda de cada profeta en el Antiguo Testamento. Dios fue en búsqueda de cada apóstol en el Nuevo Testamento. Dios fue en búsqueda de Pablo cuando ninguno de ellos estaba buscando a Dios. Si escuchas a mi Dios, fue en tu búsqueda. "Yo estaba buscando a Dios". Nunca se te ocurrió buscar a Dios. Si alguna vez tuviste deseo, es porque Dios ya había salido a buscarte, que había comenzado a abrirte los ojos.
Dios se aparece a Moisés, le dice: "Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob". Moisés temblaba. Moisés comenzó a conocer a un Dios no solamente revelador, sino a un Dios de promesas: "Yo le hice una promesa a Abraham, a Isaac y a Jacob de una tierra prometida. Ese es el Dios que está regresando ahora, cientos de años después, a conversar contigo, Moisés. Yo soy un Dios fiel".
Moisés tiene que conocer eso. Moisés tiene que conocer la fidelidad de Dios si él va a abrazar esta tarea monumental a la que él va a estar siendo llamado. Él necesita un Dios que es revelador, que va a hablar con él, que se va a relacionar con él, que va a ser fiel a lo que Dios le prometa. Eso es importante para Moisés en medio de un llamado extraordinario. Moisés necesitaba conocer a un Dios fiel a sus promesas.
Cuando Dios da su palabra, Dios pone su nombre en juego. Para que Dios no cumpla una palabra que él haya dado, ¿tú sabes lo que tendría que ocurrir? Que Dios deje de ser Dios. Por eso es que Cristo dice cuando él viene: "Pueden pasar cielo y tierra" —en otras palabras, los billones de astros del universo pueden ser destruidos, el planeta Tierra puede ser destruido— "pero yo te garantizo que una sola tilde de mi palabra no pasará. Primero paso yo como Dios antes que mi palabra". Y tú sabes que eso es imposible.
Y eso es importante, entonces, que Dios venga y diga: "Moisés, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, ahora es el Dios de Moisés. Y yo estoy aquí. Estoy aquí para decirte que yo nunca me he olvidado de mi pueblo". Si tú alguna vez te has sentido abandonado por Dios, hay una sola razón por la cual eso ha ocurrido, y es porque en ese momento tú le has creído a tu corazón engañoso antes que a la satisfacción de Dios. Ese es uno de nuestros graves problemas: que nosotros creemos con frecuencia el engaño de nuestro corazón antes que la palabra que Dios nos ha dado. No puedes creerle a tu corazón. Yo no puedo creerle a mi corazón. Yo no puedo creer mis sentimientos, porque mi corazón me engaña. Yo tengo que creer lo que mi mente conoce de la satisfacción de Dios. Por eso tengo que saturar mi mente con su palabra, para creer lo que mi mente recuerda de la palabra que yo he leído.
Y Moisés está conociendo a ese Dios revelador, a ese Dios fiel, a un Dios de promesas. Pero Dios también tiene que ayudarle a Moisés a conocer que es un Dios santo. Y le dice en el versículo 33: "Quítate las sandalias de los pies, porque el lugar donde estás es tierra santa". Moisés conoció a un Dios de santidad que nunca conoció en las deidades de Egipto. Moisés llegó a conocer tempranamente a un Dios que requiere santidad para caminar con él.
Henry Blackaby, en su libro "Ways of God" o "Los caminos de Dios", dice que la santidad es el requerimiento de Dios para tener una relación con él. La santidad es el requerimiento de Dios para tener una relación íntima con él. La primera vez que Dios amenaza al pueblo hebreo con abandonarlo, en Éxodo 33, es justamente debido a su pecaminosidad. Y llegó un momento donde Dios estableció distancia con ellos.
El profeta Isaías nos dice lo siguiente: "Pero vuestras iniquidades han hecho separación entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados le han hecho esconder su rostro de vosotros para no escucharos". Isaías le dice al pueblo de Dios, de parte de
Dios, vuestras iniquidades han hecho que vuestro Dios se aleje, se distancie de vosotros, y vuestros pecados han hecho que Dios se haya hecho sordo a vuestras oraciones. Eso es Isaías 59:2. La santidad en la vida de un creyente es la manifestación o la evidencia manifiesta de la presencia de Dios en su vida.
Moisés tiene a un Dios que está revelando su carácter antes de Moisés abrazar la misión que se le ha de encomendar, y eso es importante. Tú y yo tenemos que conocer a Dios antes de comenzar a hacer cosas para Dios, porque de lo contrario, tú y yo no vamos a discernir ni su voz, ni su tiempo, ni sus formas. Moisés conoce a Dios como revelador, como fiel, como santo, pero Moisés llegó a conocer a Dios también como un Dios misericordioso.
Escucha, versículo 34: "Ciertamente he visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus gemidos." He visto la opresión, yo he visto lo que le ha pasado a mi pueblo. Por 430 años yo no era ignorante de sus vicisitudes. Dios está viendo en medio de la situación en la que tú te encuentras, o en la que te encontrabas en tu desierto. Él no ignoró ninguna de tus vicisitudes. De hecho, Dios le dice a Moisés: no solamente he visto la opresión de mi pueblo, yo he oído su gemir. Cuando ellos gemían de dolor, gemían de sufrimiento, yo he escuchado eso, y ahora yo estoy aquí para hacer algo contigo y por ellos, Moisés.
La santidad de Dios no exime a Dios de ser misericordioso. Dios es siempre misericordioso y siempre santo, y Dios en su santidad sabe ser misericordioso con aquellos que se afligen. De hecho, Isaías nos deja ver, el mismo profeta, algo que la primera vez que yo lo vi dije "no lo entiendo", y la última vez que lo vi ayer dije "no lo entiendo". Isaías 63:9, escucha: "En todas sus angustias él fue afligido." ¿Cómo? En todas las angustias del pueblo hebreo, que fueron muchas, Dios se afligió con ellos. Ese es un Dios personal, ese es un Dios que sufre conmigo. ¿Cómo Dios lo hace? No lo sé. ¿Por qué lo creo? Porque lo dice en su Palabra, y para mí eso es suficiente. "En todas sus angustias él fue afligido, y el ángel de su presencia los salvó. En su amor y en su compasión los redimió, los levantó y los sostuvo todos los días de antaño." Yo no sé cómo Dios puede ser tan personal con cada uno de nosotros, pero en mi angustia Dios se aflige conmigo. ¡Wow!
Eso es lo que esta era secular no cree. El sociólogo Charles Taylor, en su libro "A Secular Age" o "Una era secular", dice que esta era secular no es atea, y ciertamente no lo es. Hoy más que nunca la gente cree en cosas sobrenaturales. Lo que esta era no cree, dice Taylor, es en un Dios personal como la Biblia nos declara a nosotros.
En manos de Dios, Moisés llegó a ser el gran Moisés. Algunos de ustedes podrán estar pensando: "Claro, porque Dios en su gracia lo hizo." Sí, sí, sí, pero Dios trabaja en nosotros y nos hace lo que nos hace providencialmente a través de los eventos del día a día. Y Moisés llegó a ser el gran Moisés porque llegó a conocer a un Dios extraordinario de una manera extraordinariamente personal. Moisés llegó a conocer a un Dios extraordinario, extraordinariamente personal. Moisés nunca hubiese llegado a hacer lo que llegó a hacer si no hubiese sido expuesto al carácter de Dios y de haberlo conocido así de personal. Y nosotros no tenemos un mejor caminar con Dios porque no nos hemos expuesto de manera cercana, íntima, personalmente a ese Dios, o a ese Dios de manera personal.
Hermano, es la exposición al carácter de Dios lo que deja huellas en tu memoria y en tu vida. Es la exposición al carácter de Dios lo que transforma tu vida. El apóstol Pablo lo dijo de manera clara y literal: que nosotros somos transformados de gloria en gloria cuando nosotros vemos como en un espejo la gloria del Señor, y somos transformados por el Señor, el Espíritu. Segunda de Corintios 3:18. Moisés subió al monte Sinaí, pasa 40 días expuesto al carácter de Dios, y tú conoces lo que ocurrió. Moisés descendió transformado, con su cara radiante, justamente por haber sido expuesto de manera cercana al carácter de Dios.
Tú puedes leer la historia de Esteban, tú puedes leer el mensaje de Esteban y simplemente quedarte con una historia interesante, conocimiento cultural de la historia del pasado, o tú puedes ver en la historia de Esteban el carácter de Dios revelado a sus hijos para que ellos puedan conocerle de una manera transformadora. Eso es lo que Moisés conoció.
Y escucha qué más. Moisés llegó a conocer a Dios por todo eso que te he mencionado, pero Moisés llegó a conocer que Dios no es solamente un Dios revelador, fiel a sus promesas, santo y misericordioso, sino redentor. Versículo 34, todavía en el mismo versículo: "Y he descendido para librarlos." Ah, Dios es un Dios redentor. He descendido para librarlos, y tú eres el libertador, Moisés. Tú eres la figura que apunta a mi Cristo que viene en el futuro. Tú eres el tipo de Cristo, y mi Cristo, cuando venga, es el antitipo —no lo contrario a Moisés, sino que en ese contexto, si Moisés es el tipo, entonces la otra cara de la moneda, el antitipo, es Cristo. Moisés apuntaba a Cristo. Moisés libera al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto y, apuntando a Cristo, nos deja ver: pero vendrá otro profeta que Dios levantará en el futuro, y Él nos librará de la esclavitud del pecado.
Y nuestro Dios no es solamente un Dios redentor, es un Dios enviador. Todavía en el versículo 34: "Ven ahora, y te enviaré a Egipto." Nuestro Dios es un Dios misericordioso: yo he descendido, yo he escuchado el gemido de mi pueblo —mismo versículo. Dios es un Dios redentor: he descendido para librarlos. En el mismo versículo todavía, Dios es un Dios enviador: ven ahora, y te enviaré a Egipto. Dios envió a Abraham de Mesopotamia a Canaán. Dios envió a Jacob de Canaán a Egipto. Dios envió a Moisés del desierto de Madián a Egipto. Dios envió a Jesús de la gloria a la cruz. Dios envió a sus discípulos de Jerusalén a Judea, a Samaria, y a nosotros nos ha enviado hasta los confines de la tierra. Nuestro Dios es un Dios en rescate todo el tiempo.
Y cada una de esas personas, de una u otra manera, escucharon: "Yo estaré contigo, no te dejaré ni te desampararé", con diferentes palabras. Ahora, escucha lo que Dios nos dijo: "Yo estaré contigo." No "te preocupes que nada te acontecerá." No. "Yo estaré contigo cuando te acontezca lo que te acontezca."
Número tres: veamos la providencia de Dios en el ministerio de Moisés. Primero vimos la providencia de Dios en la vida inicial de Moisés, 40 años. La providencia de Dios en el llamado inicial de Moisés, al final de los segundos 40 años, cuando Moisés es llamado a Egipto. Y ahora es la providencia de Dios en el ministerio de Moisés.
Versículo 35: "Este Moisés, a quien ellos rechazaron diciendo: '¿Quién te ha puesto por gobernante?', es el mismo que Dios envió para ser gobernante y libertador con la ayuda del ángel que se le apareció en la zarza. Este hombre los sacó haciendo prodigios y señales en la tierra de Egipto, en el mar Rojo y en el desierto por 40 años. Este es el mismo Moisés que dijo a los hijos de Israel: 'Dios os levantará un profeta como yo de entre vuestros hermanos.' Este es el que estuvo en la congregación en el desierto junto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y el que recibió palabras de vida para transmitirlas a vosotros, al cual nuestros padres no quisieron obedecer, sino que lo repudiaron, y en sus corazones regresaron a Egipto, diciendo a Aarón: 'Haznos dioses que vayan delante de nosotros, porque a este Moisés que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos lo que le haya pasado.' En aquellos días hicieron un becerro y ofrecieron un sacrificio al ídolo, y se regocijaban en la obra de sus manos."
En esta parte, lo que Esteban hace es ayudarles a ellos a ver que este Moisés que el pueblo rechazó inicialmente, cuando él tenía apenas 40 años, diciendo "¿quién te ha puesto de gobernante y de juez?", es el mismo Moisés que 40 años después Dios puso de gobernante y como libertador. Y que ese es el mismo Moisés que hizo señales y prodigios por 40 años. Que ese es el mismo Moisés que estuvo con ellos durante toda la travesía en el desierto. Que ese es el mismo Moisés que tuvo un hermano de nombre Aarón, al que el pueblo vino y le dijo: "¡Haznos dioses! ¡Haznos dioses que representen a los dioses que nos sacaron de Egipto!"
En otras palabras, Esteban le estaba diciendo al Sanedrín: esta historia de un Moisés con un llamado sobrenatural, con dones y talentos sobrenaturales, con liderazgo, con autoridad, con sabiduría, con discernimiento, con fortaleza, con paciencia, con gracia, con perseverancia, con amor por el pueblo —a ese Moisés es que vuestros antepasados rechazaron. Y ese Moisés apuntaba a un Cristo cuando dijo que más adelante Dios levantaría un profeta como él, y que Dios pondría sus palabras en él: "A él oíd." Ese Moisés apuntaba a ese Cristo, y cuando ese Cristo vino, ustedes ahora, ustedes los descendientes de esa generación dura de cerviz, rebelde, de corazones duros, ustedes también lo rechazaron.
Imagínate el Sanedrín escuchando cosas como esta. Y su rebelión los llevó a la idolatría, a una idolatría tal que hicieron un becerro de oro, y cuando el becerro fue hecho, atribuyeron la salida de Egipto a los dioses que este becerro representaba, y no al Dios de Abraham, Isaac y Jacob.
Esteban sabía delante de qué o a qué él se afrontaba, se enfrentaba. La acusación sobre Esteban era de blasfemia. La última persona acusada de blasfemia por el Sanedrín terminó en una cruz. El castigo por blasfemar era la muerte. Esteban sabía, desde la primera palabra que él comenzó a hablar, que a lo que aquí se estaba apuntando era a quitarle la vida: él es un blasfemo. Y blasfemo contra dos cosas o dos personas: contra Moisés, lo cual era innegociable, y contra Dios, peor aún. Él sabía, pero eso no lo hizo callar.
Cuando tú amas a Dios, cuando tú amas su verdad, cuando tú amas su revelación, no hay quien te haga callar cuando esa revelación está siendo atacada. Por eso decía Juan Calvino: "Un perro ladra cuando su amo es atacado; yo sería un cobarde si veo la verdad de Dios atacada y permanezco en silencio." No, no, no, no, no, no puedo permanecer en silencio.
Aquí está Esteban, hablando en medio de la dureza de corazón de la gente, de los miembros de los líderes del Sanedrín, y dice: "Al cual Moisés, nuestros padres no quisieron obedecer, sino que lo repudiaron, y en sus corazones regresaron a Egipto diciendo a Aarón: 'Haznos dioses que vayan delante de nosotros, porque a este Moisés que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos lo que le haya pasado.'" Moisés estaba teniendo comunión con Dios por cuarenta días y este pueblo aquí abajo pidiendo un becerro de oro. ¿Te imaginas? A él repudiaron, repudiaron, y en sus corazones regresaron a Egipto.
Literalmente tú encuentras eso en Números 14:3, donde el pueblo dice: "¿No sería mejor que nos volviéramos a Egipto?" El pueblo pudo estar cuarenta años en el desierto, pero no estaba en el desierto. Sus cuerpos estaban en el desierto, sus corazones estaban en Egipto, en medio del paganismo, en medio del pecado, en medio de la carencia, porque eran esclavos.
Y de esa misma manera, cuando el cristiano que ya ha nacido de nuevo llega a la iglesia y está en la iglesia, estando en la iglesia él quiere disfrutar de las formas y estilos de vida y pecado del mundo, él está en Egipto. Su corazón está todavía en Egipto. Él puede estar en la iglesia, pero su corazón está en otro lugar. Cuando hacemos eso, en esencia mostramos que no hay diferencia entre el corazón de aquel pueblo y el corazón mío.
Cuarto y finalmente, la providencia de Dios en la ejecución de su juicio. "Pero Dios se apartó de ellos y los entregó para que sirvieran al ejército del cielo, como está escrito en el libro de los profetas: '¿Acaso fue a mí a quien ofrecisteis víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años, casa de Israel?'" Dios pregunta, no es solo una pregunta: "Casa de Israel, por cuarenta años, ¿fue a mí que ustedes me ofrecieron animales y sacrificios?" No fue a mí. "También llevasteis el tabernáculo de Moloc y la estrella del dios Refán, las imágenes que hicisteis para adorarlas. Yo también os deportaré más allá de Babilonia."
"Nuestros padres tuvieron el tabernáculo del testimonio en el desierto, tal como lo había ordenado que lo hiciera aquel que habló a Moisés conforme al modelo que había visto. A su vez, habiéndolo recibido, nuestros padres lo introdujeron con Josué al tomar posesión de las naciones que Dios arrojó de delante de nuestros padres, hasta los días de David." Ahí comienza otra etapa.
Pero básicamente lo que Dios está diciendo es: "¿Sabes qué? El tabernáculo mío estaba entre ustedes, pues ustedes también trajeron el tabernáculo de Moloc y ustedes ofrecían sacrificios a otros dioses." Siendo yo el Dios revelador, el Dios fiel, el Dios Santo, misericordioso, redentor, enviador, pero Esteban revela otra fase de ese mismo Dios, quien los entregó para que sirvieran al ejército del cielo. En otras palabras, Dios los entregó al deseo de su corazón. Si quieren ofrecer sacrificios a dioses paganos, ofrézcanlo. Ya no los voy a disciplinar, ya no voy a traer más plagas en el desierto para tratar de traerlos de regreso a mí. Ustedes quieren el deseo de su corazón, pueden hacer el deseo de su corazón.
Hermano, escúchame: el peor juicio que Dios puede dar a un hombre, a una mujer, a una iglesia, a una nación, es dejarlos ir conforme al deseo de su corazón. Y piensa que eso es lo que continuamente causa lucha entre nosotros y Dios: el deseo de mi corazón, lo que yo quiero hacer, lo que tú quieres hacer. Y Dios interviene a través de las oraciones, Dios interviene a través de su Palabra, Dios interviene a través de sermones, Dios interviene a través de instrumentos humanos. Pero llega un momento donde Dios dice: "¿Sabes qué? Puedes tener ese deseo. Si tanto lo quieres, si tanto te gusta, si tanto te atrae, si tanto lo necesitas, ¿sabes qué? Pues tenlo."
Dios los entregó, los entregó para que adoraran a los ejércitos del cielo, las huestes espirituales de maldad de que habla Efesios 6:10. Puede que, hermanos, quizás tú pienses que es un Dios sanguinario, como algunos dicen del Antiguo Testamento. Pero cada vez que yo escucho: "Yo no entiendo al Dios del Antiguo Testamento, tan severo," yo quiero detener a ese humano y decirle: "¿Tú has leído el Antiguo Testamento? ¿Tú has escudriñado el Antiguo Testamento?" Porque si hay algo en el Antiguo Testamento que sale a relucir continuamente es cuán lento para la ira es nuestro Dios, cuán abundante en misericordia es nuestro Dios, cuánto sufrió nuestro Dios el pecado de nuestros antepasados. Si hay algo que queda claro es la benevolencia de Dios para con los suyos.
Este es el Dios redentor, fiel, santo, misericordioso, enviador, que dice: "¿Sabes qué? Ya no me queda ningún otro atributo con el cual tratar que no sea mi justicia." Y lo voy a hacer de una forma tan pasiva que simplemente te voy a permitir que hagas el deseo de tu corazón. Los entregó para que sirvieran al ejército del cielo.
Hermanos, el apóstol Pablo, escribiendo a los romanos, a los judíos del tiempo de Jesús, posterior a Jesús por ese tiempo, en Romanos 2:4, escucha lo que Pablo le dice: "¿O tienes en poco las riquezas de su bondad, tolerancia y paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento?" ¿Estás escuchando lo que Pablo está diciendo? Tú ignoras que lo que te lleva a arrepentirte es la benevolencia de Dios, su bondad, su paciencia, su tolerancia. Tú tienes eso en poco. Dios no apela a su justicia para hacerte arrepentir. Dios te dice: "Mira tu pecado, mira lo que has hecho, y ahora mira mi capacidad para amar, para perdonarte, la gracia que tengo para limpiarte, para hacerte comenzar de nuevo." Y que eso entonces te haga decir: "¡Wow, wow, Dios! No puedo creer tu gracia, no puedo creer tu bondad. Mira lo grande de mi maldad, mira lo paciente que has sido conmigo, y mira ahora cómo todavía quieres recibirme y perdonarme." Tienes en poco la benevolencia y la bondad de nuestro Dios que te guía al arrepentimiento.
Y es en ese contexto que Esteban les dice: como ellos tuvieron en poco la bondad de Dios, Dios les dijo: "Pueden hacer el deseo de su corazón; tienen mi permiso." No mi bendición, pero sí mi permiso.
Hermano, si tú piensas que eso es solo Antiguo Testamento, quiero cerrar trayendo un texto de 1 Pedro capítulo 4, post-cruz, post-resurrección, del 16 al 19: "Pero si alguno sufre como cristiano, que no se avergüence, sino que como tal glorifique a Dios. Porque, escucha, es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si comienza por nosotros primero, ¿cuál será el fin de los que no obedecen el satisfechas de Dios? Y si el justo se salva con dificultad, ¿qué será del impío y del pecador? Por consiguiente, los que sufren conforme a la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador haciendo el bien."
En otras palabras, cuando Dios mira en la obra de pasar juicio, comienza por su casa, por aquellos que le conocen, por la casa sobre la cual se invoca su nombre. Y dice: si así es con nosotros, ¿cuál será el fin de los que no obedecen el satisfechas de Dios? Y si el justo se salva con dificultad, ¿qué será del impío y del pecador? Y si tú sufres conforme a la voluntad de Dios, pues, ¿sabes qué? Glorifícale. Encomienda tu alma a tu fiel Creador.
¿Estás en dificultad? ¿Estás en desierto? ¿Estás en dolor? ¿Estás sufriendo calamidades? ¿Estás sufriendo carencias? Y lo estás haciendo porque estás en medio de la voluntad de Dios queriendo complacer a nuestro Dios. Encomienda tu alma y tu dolor y tu carencia y tu dificultad y tu herida y tu pérdida a Dios, a tu fiel Creador. Esas dos palabras no están elegidas antojadizamente: Creador, quien te dio vida; y fiel, quien nunca te ha dejado ni te desamparará. De ese Dios es que estaban hablando.
Pero cuando le da este giro ahora acerca de su justicia, lo que él va a hacer en el final, en el próximo mensaje, es decir: es delante de ese Dios que ustedes van a dar cuentas. Es delante de ese Dios que yo estoy. Es delante de un Dios que es fiel a sus promesas, un Dios que comenzó a trabajar con nosotros como pueblo hebreo cuando llamó a Abraham, un Dios que dio su palabra y dio su promesa. Hay un Dios que cumple su promesa, un Dios con cuyo carácter tú puedes contar todo el tiempo. Pero han rechazado a ese Dios.
El Dios que se le apareció a Moisés: "Moisés, yo soy el que soy." Mírame, Moisés, vamos a Egipto; me ha afligido con mi pueblo, yo quiero sacar a mi pueblo de la esclavitud. Ese Yahvé vino en la persona de Jesús, quien un día dijo: "Antes de Abraham, yo soy." El mismo, que ha venido a redimir a su mismo pueblo, pero ahora no de la esclavitud de Egipto, sino de la esclavitud del pecado.