La unidad de la iglesia no se preserva por accidente, sino mediante un esfuerzo deliberado que requiere humildad, sensibilidad y sabiduría de lo alto. Filipenses 4 revela que todo lo que Pablo enseñó en los tres capítulos anteriores —el llamado a tener un mismo sentir, a considerar al otro como más importante, a imitar el ejemplo de Cristo que se despojó a sí mismo— tenía como destino final dos mujeres en conflicto: Evodia y Síntique. Antes de nombrarlas, Pablo recorrió un largo camino teológico porque sabía que para mediar un conflicto no bastan las buenas intenciones; se necesita la actitud de corazón correcta.
El conflicto entre estas dos colaboradoras del evangelio no era un simple desacuerdo. Había viajado casi mil kilómetros hasta llegar a Pablo, quien se encontraba en una prisión oscura sin saber si saldría con vida. Esto sugiere que la situación había alcanzado proporciones significativas, probablemente involucrando a grupos dentro de la congregación. El pastor Núñez señala que la diferencia entre un desacuerdo y un conflicto radica en la amenaza percibida: cuando algo que valoramos —estatus, relación, liderazgo— se ve amenazado, el conflicto escala.
Dios permite los conflictos no porque sean buenos, sino porque sacan a la luz nuestros temores, egoísmos, ídolos y orgullo. Cuando quien intenta mediar toma partido, deja de ser mediador y se convierte en parte del problema. Por eso Pablo ruega a un "fiel compañero" que intervenga con imparcialidad. La advertencia es clara: una iglesia dividida no puede permanecer, y el mundo observa. Como oró Jesús, la unidad de los creyentes es el testimonio que declara al mundo que el Padre envió al Hijo.
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Capítulo 4, vamos a estar leyendo los primeros tres versículos y luego pasamos para orar y pedirle a Dios una vez más su dirección. "Así que, hermanos míos amados y añorados, gozo y corona mía, estad firmes, estad así firmes en el Señor, amados. Ruego a Evodia y a Síntique que vivan en armonía en el Señor. En verdad, fiel compañero, también te ruego que ayudes a estas mujeres que han compartido mis luchas en la causa del satisface, junto con Clemente y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida."
Finalmente llegamos a estas dos mujeres. Las habíamos mencionado varias veces a lo largo de los primeros tres capítulos, precisamente porque todo lo que Pablo tenía que enseñarnos al principio tenía mucho que ver con algo que aparentemente estaba ocurriendo en la iglesia. Estas son dos mujeres compañeras de Pablo, compañeras de trabajo, compañeras en la expansión del satisface, que en este momento aparentemente se encuentran irreconciliadas. Y desde el inicio de la carta, cuando tú sigues cada una de las instrucciones de Pablo, antes de llegar a estos dos nombres tú comienzas a tener un sentido de que algo estaba ocurriendo en la iglesia y que Pablo estaba tratando de dirigir sus palabras precisamente a eso que estaba pasando o aconteciendo en aquel lugar. Pablo nos da toda una teología en tres capítulos acerca de cómo conciliar los conflictos y cómo evitarlos también.
Y lo que yo quiero hacer, en manera de introducción, es revisar con ustedes simplemente tres o cuatro versículos anteriores para que nosotros podamos ver que ciertamente Pablo iba llevando una dirección. En 1:27 él les dice: "Comportaos de una manera digna del satisface de Cristo, firmes en un mismo espíritu, luchando unánimes por la fe del satisface." Nota el énfasis: un mismo espíritu, luchando unánimes.
En 2:2, Pablo les dice otra vez: "Haced completo mi gozo." No está completo, pero hacerlo completo siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito. Tres veces en un solo versículo Pablo les menciona la palabra "mismo": un mismo sentir, un mismo amor y un mismo propósito.
Inmediatamente después, en el versículo siguiente, en 2:3, él les habla de cómo Cristo no consideró el ser igual a Dios, sino que se despojó a sí mismo y se hizo siervo y se hizo hombre y sufrió la muerte, y muerte de cruz. Pero él presenta ese Cristo de esa manera como el ejemplo que tú y yo debiéramos seguir en nuestras vidas. En 2:7 y 8 él les habla... pero en 2:7 y 8 es todo eso que yo acabo de decir. En 2:3, para corregirme entonces, estas son sus palabras: "Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria." ¿Qué está pasando, Pablo? "Sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo."
Y en el capítulo 3 vimos cómo Pablo hacía una invitación en el versículo 17 a imitarlo a él y a imitar a aquellos otros que han dado buen testimonio, que han caminado bien con Dios. Y ahora entonces él finalmente llega a donde él quería llegar desde el principio, y es a poder referirse a lo que estaba ocurriendo en la iglesia, evidentemente motivado por algo entre Síntique y Evodia.
Pablo termina reprendiendo a estas dos mujeres, y lo va a hacer públicamente porque estas eran cartas enviadas a toda la iglesia. Pero antes de hacer eso, es mucho el terreno que ha recorrido, es mucha la teología que él ha dejado sentada, es mucha la sensibilidad que ha exhibido en sus enseñanzas. Y eso es vital, hermano, para ti, para mí, porque muchas veces nosotros tratamos de mediar en un conflicto y terminamos agravando el conflicto. Quizás no de manera intencional, quizás es más subconsciente que consciente, pero si nosotros no tenemos en mente la teología correcta, la actitud de corazón que Dios nos manda a tener, la sensibilidad que Pablo exhibe, lo más probable es que tú o yo terminemos involucrados en el conflicto y aumentando el conflicto en vez de reducirlo.
"Pastor, pero si fue con buenas intenciones..." Bueno, como se ha dicho siempre, el mundo está lleno de personas con buenas intenciones. Buenas intenciones no bastan. Y la realidad es que muchas veces nuestras buenas intenciones, cuando son analizadas a la luz de Dios, no son tan buenas como yo creía que eran. Son buenas desde mi perspectiva para alcanzar la meta que yo entiendo es la alcanzable, pero cuando Dios las revisa, quizás ni era la perspectiva correcta ni era la meta apropiada. Por tanto, mis buenas intenciones quizás no eran tan buenas al fin de cuentas.
Para mediar un conflicto o la resolución de un conflicto requiere, además de buenas intenciones, un espíritu humilde para escuchar, escuchar al otro. Antes de que él termine de hablar yo no debo reaccionar; yo requiero humildad para eso. Yo requiero mansedumbre para reaccionar ante las palabras del otro. Las palabras del otro no siempre son digeribles, pero aunque no son digeribles yo necesito reaccionar mansamente de acuerdo a lo que la Palabra me enseña. Yo necesito sensibilidad para entender. Muchas veces no entendemos porque no queremos ser o no estamos dispuestos a ser tan sensibles como el otro requiere que yo sea para ver qué es lo que me está tratando de comunicar, y por qué está tan herido como dice estarlo. Y requiere también sabiduría de lo alto para nosotros poder aconsejar y hacer a otros o a nosotros mismos.
Por tres capítulos Pablo despliega todas esas cualidades. Pablo las exhibe, las expone, las explica, y luego entonces finalmente él llega a Síntique y a Evodia. Es más, antes de llegar a ellas todavía Pablo está exhibiendo esas cualidades en el versículo introductorio cuando se refiere a ellos, cuando les llama "hermanos míos amados, añorados, gozo y corona mía." No ha llegado a Síntique, no ha llegado a Evodia, pero él quiere que ellos sepan cuánto significan para él. Ellos son sus hermanos, sus hermanos en la fe, lo que implica que Cristo ha derramado sangre por esta gente. Ellos no solamente son sus hermanos, ellos son su gozo, ellos son todo lo que les presta aquí.
Tú tienes que imaginarte que alguien o una congregación que sea todo esto para un hombre, para un pastor, cuando él la ve dividiéndose tiene que sentirse profundamente dolido. Y el ver a Evodia y Síntique, que son hermanas por las cuales Cristo derramó sangre, ver la sangre dividida debe ser profundamente doloroso. Y es más cuando tú consideras la condición en la que Pablo está. Estas son personas a quienes él ama; dos veces en un solo versículo les dice "amados, amados," a pesar de que ustedes me duelen. No solamente les llama amados, les llama añorados. En otras palabras: yo les amo tanto que les he echado de menos, yo tengo ansias de verlos, yo sueño con verlos, por así decirlo. Cuando tú añoras algo es algo que tú deseas, y eso es exactamente lo que Pablo está tratando de comunicar.
Y luego les dice: ustedes son mi gozo, ustedes fueron plantados por mí, yo los he visto crecer, yo los he visto multiplicarse, ustedes han participado conmigo en la expansión del evangelio, ustedes son mi gozo, ustedes son mi corona. La palabra que ahí aparece como corona es interesante, porque no es diadema que es la corona del rey, es stéfanos. Y stéfanos era la corona que los atletas recibían al final de la competencia, al final de una carrera cuando ellos habían ganado el premio le colocaban un stéfanos. Y Pablo está diciendo: ustedes son ese stéfanos para mí. Yo no estoy al final de mis días porque yo todavía tengo esperanza de salir de la cárcel, pero sé que estoy al final de mi tiempo y ustedes pueden ser considerados como el stéfanos sobre mí. Ustedes son parte de lo que Dios pudiera darme de recompensa como corona al final de mi carrera. Por eso son parte de mí; años han pasado, y años después, diez años después de plantar esta iglesia, Pablo todavía los recuerda y los añora y los ama y les llama mi gozo y mi corona.
"Pastor, pero si yo los veía como dividiéndose." Sí, lo que ocurre es que Pablo ha encontrado lo que Sinclair Ferguson ha popularizado, yo creo, cuando habla de ver evidencias de gracia en el otro. ¿Qué es eso? Es el hecho de que tú sabes que este hermano, esta iglesia, conjunto de hermanos han sido lavados por la sangre y tienen estas debilidades y tienen estas dificultades como los corintios, pero tú necesitas encontrar en ellos, si son verdaderamente hijos de Dios, evidencia de que la gracia de Dios ha estado trabajando en nosotros, y animarlos y apoyarlos y estimularlos a seguir hacia adelante debido a que Dios está trabajando en ellos, y tú debes contribuir al trabajo de Dios en ellos. Y eso es como él explica; MacArthur explica cómo Pablo puede escribirle a los corintios y decir que da gracias a Dios por vosotros. Los corintios estaban divididos, tenían problemas con los dones, había problemas de inmoralidad, y obviamente Pablo se está refiriendo a los verdaderos creyentes allí. Pero aun en la iglesia de Corinto, una iglesia tan inmadura como el mismo Pablo la califica, él encontró evidencias de gracia para animarlos a que continuaran hacia adelante. Y así en los filipenses también.
Para comparar eso con la facilidad con que nosotros borramos a alguien de nuestra mente o de nuestro corazón cuando fallamos, o cuando yo fallo y tú me borras, o tú fallas y yo te borro. Los corintios fallaron, los filipenses fallaron, los gálatas fallaron, pero Pablo permanece con un corazón pastoral animándolos, siempre encontrando estas evidencias en ellos.
Y luego que los introduce de esta manera les dice: estad así firmes en el Señor, amados. Ha llamado una vez más a permanecer firmes. La palabra traducida como firme es una palabra que se usaba en la milicia para hablar de algo, de una posición que a ti se te ha entregado, que tú no necesitas conquistar porque ya está conquistada. Tú no necesitas ganar la posición, ya está ganada; tú lo que necesitas es retenerla firme. Pablo habla en Efesios 6 cuando habla de la armadura de Dios de esa misma manera: yo no necesito conquistar mi posición, ya no necesito ganarla, Cristo la ganó. La batalla y la victoria están proclamadas, pero yo necesito permanecer y retener la posición que ya me ha sido otorgada.
Y cuando nosotros comenzamos y entramos en conflicto como Evodia y Síntique, yo comienzo a ceder terreno que no le pertenece a Satanás, pero que de alguna manera en mi corazón o en mi entorno él ha comenzado a conquistar debido a la manera como yo me he dejado influenciar. Y Pablo está diciendo: no, no, no, amados, permanecer firmes, retener la posición, permanecer en eso que Dios les ha entregado.
Hay diferentes maneras como tú o yo o una iglesia puede perder su firmeza. Puede ser por una mala doctrina, como fue el caso de los gálatas que abrazaron un evangelio basado en las obras, y cuando tú haces eso tú comienzas a construir sobre la arena y tú entonces no estás firme. En otras ocasiones pudiera ser una desilusión, como les pasó a los apóstoles el viernes de noche cuando Cristo ya estaba enterrado y ellos no estaban creyendo la resurrección, y sus ojos no veían más allá del viernes, como lo son los nuestros. Y frecuentemente nuestra visión pesimista de la vida tiene que ver con el hecho de que mis ojos solo pueden alcanzar hasta el viernes en la noche y no puedo ver el domingo de resurrección. A veces esa desilusión me roba la firmeza que hasta ese momento yo había tenido.
Otras veces nuestra falta de fe nos afecta. Nosotros creemos, pero a la vez somos incrédulos. "No temas", continuamente Cristo enfatizaba ese mandato a los discípulos. Quizás el mandato más frecuente en toda la Palabra: "No temas, cree solamente", le dice Cristo a Jairo cuando su hija murió. Y tú y yo necesitamos oír eso una y otra vez, porque nuestra preferencia no es a caminar por fe, sino a caminar por vista. La vista nos da a nosotros seguridad, según nosotros entendemos seguridad, pero la fe me da a mí dependencia. Y Dios quiere que yo camine por dependencia y no por vista. Eso requiere más una vida que espera en Dios más que planifica en Dios. Es algo que Dios hace, y no estamos en contra de la planificación, pero Dios quiere que yo dependa primordialmente a medida en que avance.
Ahora, es posible tener la buena doctrina, es posible tener una fe madura, es posible no estar en medio de una desilusión y como quiera perder firmeza, perder la estabilidad. ¿Qué es lo que estaba pasando aquí en Filipos? Hay una desavenencia entre dos personas que aparentemente tenían cierta preponderancia en la congregación. Hay algo que se está viendo amenazado. No hay nada que amenace más la estabilidad de una iglesia que la posibilidad de un conflicto que se disemina en la iglesia. Y ese conflicto comienza siempre a nivel del corazón, pero como de la abundancia del corazón habla la boca, en esa misma medida entonces los corazones se van viendo involucrados, y de repente tenemos una situación similar a la de Filipos, como en esta ocasión ocurrió.
La razón por la que nosotros perdemos estabilidad, por la que perdemos firmeza cuando el conflicto nos invade, es que nosotros hemos fragmentado aquello que Cristo nos entregó, aquello que Cristo unió. Ahora nosotros hemos permitido la fragmentación de eso. En segundo lugar, nosotros consumimos energías emocionales y físicas reales en medio de los conflictos. No hay nada más drenante, no hay nada que desgaste más que la presencia de un conflicto. Y ese conflicto a la vez nos quita concentración para correr la carrera, de manera que de repente yo me siento drenado por el gasto emocional, me siento drenado por la falta de concentración, me siento drenado porque las energías que yo debía emplear en la expansión del reino, en la consejería a otros, en unir a otros, en predicar su Palabra, en orar, en estudiar su Palabra, ahora yo tengo que gastarla en memorizar, en recordar, en rumiar, regurgitar cosas que continúan gastándome aún más.
Y esto tiene cierta importancia porque cuando tú lees esto varias veces, vuélvelo a leer, vuélvelo a leer, te percatas de que el lenguaje de Pablo revela que él está preocupado. Él está cargado con esta situación, y está cargado estando él ya cargado por otras cosas. Pero aparentemente esto ha alcanzado proporciones significativas, y de hecho todo el mundo que ha tratado de estudiar este texto sale con la misma conclusión: esto no es un conflicto entre Evodia y Síntique solamente.
Y hay varias razones por las que pudiéramos decir esto. En primer lugar, para comenzar a analizar que esto no es un conflicto pequeño en este momento, no es como que Pablo vive en Filipos y acaba de enviar un email a Evodia y Síntique: "Por favor, pónganse de acuerdo". No, eso no es. Pablo está a cientos de kilómetros de distancia. Pablo está en una prisión oscura donde él a veces duda de si va a salir con vida o no, y allá él acaba de escuchar de un conflicto que existe en la iglesia de Filipos. ¿Tú no crees que esto fue un simple desacuerdo? Esto viajó cientos de kilómetros de distancia, y hay que molestar a Pablo, un apóstol que tiene una vida que a lo mejor la va a perder, para que él pueda mandar a decir algo a la iglesia. Tú puedes percatarte de cuán lejos y qué tan rápido viajan no solamente las malas noticias, pero aquellas malas noticias que tienen olor a cisma.
¿Tú te imaginas un hombre en una prisión oscura, fría, solo? Ya él ha dicho que solamente tenía a Timoteo de mismo sentir de él. Solo. Y que ahora tú tienes que oír a casi mil kilómetros de distancia que hay dos hermanas a quien tú amas, que fueron tus compañeras, que tienen esta discordia, y que ahora tú tienes que intervenir. Ellas debieran estarme escribiendo a mí que estoy en la cárcel. Yo no sé cómo Pablo tuvo la serenidad para hacer eso, lo cuidadoso que fue, cómo tuvo la concentración, la paz para escribir todo lo que escribió en los primeros tres capítulos, para luego todavía de otra manera sensible introducir el tema de Evodia y de Síntique.
Nosotros necesitamos esa sensibilidad, necesitamos esa gracia. Cuando a nosotros nos ha faltado gracia con frecuencia, cuando alguien nos aborda y nos menciona la ausencia de gracia, frecuentemente tratamos de responder diciendo: "Bueno, pero es la verdad", como si eso nos excusara para haber sido insensibles. No, Cristo nunca divorció su gracia de su verdad, y Pablo tampoco. Pablo tiene tres capítulos dejando ver cuál es el terreno sobre el cual debieran construir esta reconciliación.
Recordemos de camino que el chisme viaja rápido, viaja lejos, es muy destructor cuando llega, y una vez entra a mi mente es difícil de sacar el impacto que causó. "Bueno, ya lo aclaramos todos". Sí, pero yo recuerdo. "Hace tres días yo pensé que lo habíamos aclarado todo". Sí, está muy bien, lo aclaramos, pero te das cuenta que no es tan fácil sacar de nuestra mente, de nuestra memoria, de nuestra memoria emocional, el impacto que tuvo el chisme o la mala noticia en el primer lugar.
Pablo conoce eso, él conoce las dimensiones que esto puede tener. Y entonces, cuando les escribe a estas hermanas, les dice que les ruega a Evodia y a Síntique que vivan en armonía en el Señor. Primero les llama a estar firmes en el Señor, y ahora les llama a estar en armonía en el Señor. La palabra armonía en el diccionario de la Real Academia tiene la misma definición que en el lenguaje original: es una combinación de sonidos simultáneos y diferentes, pero acordes. Imagínate una sinfónica con sonidos simultáneos pero no acordes, cada cual tocando por su lado. Bueno, si te imaginas a Síntique y a Evodia como dos instrumentos musicales, ellas no están siguiendo al director de la orquesta, ellas no están creando una armonía, están creando una cacofonía, que de nuevo, tanto en el español como en el lenguaje original, es definida de la misma manera: disonancia que resulta de la inarmónica combinación de los elementos acústicos.
Eso es exactamente lo que está pasando. Evodia y Síntique, cuando hablan, están disonantes, están creando una disonancia que es inarmónica cuando sus elementos verbales acústicos son escuchados. Y Pablo dice: "Por favor, vivan en armonía y en el Señor". No hay otra manera de hacerlo que no sea en el Señor, y si estábamos en el Señor, no hay forma de que no estemos en armonía.
La frase "en el Señor" es muy paulina, una y otra vez aparece en sus cartas: "en el Señor". En este caso, y yo diría que probablemente tiene aplicaciones similares en cualquiera de los otros casos, pero en este caso, vivir en armonía en el Señor tiene que ver con que tú vas a pensar lo que necesitas pensar acerca de esta convivencia con Evodia y Síntique a través de la mente de Cristo. Tú vas a decidir a través de los valores y del sentimiento y del corazón y de la mente de nuestro Señor. Y tú lo vas a hacer de una manera que sea conveniente para el reino. Y es más, no es solamente que sea conveniente para el reino, sino que tú estás dispuesto a tomar esa decisión en favor del reino aun si eso es en perjuicio tuyo.
¿Qué pensamos ahora? Porque más fácil verlo cuando decimos "tomar una decisión en favor del reino", mucho menos fácil cuando decimos "sí, pero aun si implica algo que no va a ir en beneficio tuyo".
Cuando Pablo les escribe a los efesios, escucha lo que él dice en Efesios 4:3: "Esforzándoos por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz". Dénme ese texto una vez más para ver cuánto tú obtienes de ese versículo: "Esforzándoos por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz". Hay tres o cuatro enseñanzas rápidamente.
En primer lugar, nota que Pablo nos llama a preservar. Tú preservas lo que ya tienes. Pablo no me llama a crear la unidad. De hecho, la unidad es llamada la unidad del Espíritu. El Espíritu crea esa unidad. El Espíritu me ha entregado algo que está unido. Ahora yo necesito luchar por preservar la unidad del Espíritu. Eso es lo primero.
En segundo lugar, Pablo me deja tácitamente dicho: esto no va a ocurrir de manera natural, tú tienes que esforzarte. "Esforzándoos por preservar la unidad del Espíritu". ¿Qué implica esforzarme? Eso implica que a veces yo voy a tener que callar. "Oye, pero yo quiero..." No, no digas nada. A veces va a ser eso. Que a veces yo voy a tener que perdonar. A veces yo voy a tener que pedir perdón. Yo tengo que esforzarme. A veces yo voy a tener que decidir en favor del otro y en contra de mí. Yo voy a tener que ir la extra milla. Yo voy a tener que pensar en el otro antes que en mí mismo para mantener la unidad del Espíritu. A veces yo voy a ceder. A veces tú vas a entender que quizás el otro todavía no tenía razón, pero como no estamos hablando de comprometer la verdad de Cristo sino algo de preferencia o de entendido, tú vas a ceder en aras del reino de Cristo, y Dios que ve en lo secreto sabrá recompensarte en lo secreto. Pero yo tengo que esforzarme.
No hay manera de mantener la unidad del Espíritu si no es en el Señor. Bueno, y si no es en el Señor, ¿en qué sería? Bueno, en la carne. Y lo que ocurre es que en la carne yo aumento el conflicto, yo alimento el conflicto, yo fortalezco el conflicto, yo agrando, magnifico el conflicto, yo esparzo el conflicto. Pero Pablo nos ha llamado no a hacer esto en la carne, sino en el Señor. Y mientras más espacio damos a la carne, mayor es el tamaño y las dimensiones que el conflicto alcanza. Y a la hora entonces de resolver el conflicto, yo necesito resolverlo en el Señor.
Síntique, Evodia, por favor, ¿qué es esa cacofonía que ustedes tienen? Vivan en armonía en el Señor. Pablo les ha hablado del porqué por tres capítulos: a causa del satisfecho evangelio, a causa del ejemplo que Cristo nos dejó, que se despojó a sí mismo, que se hizo siervo, considerando al otro como más importante.
Otro como superior a ti mismo, no haciendo nada por egoísmo ni por vanagloria. Sin ti, que ya yo le he enseñado todo eso. Ahora hablemos de ustedes.
En segundo lugar, se piensa que este conflicto ya alcanzó a más personas que Evodia y Síntique, y que probablemente ya hay grupos de personas alrededor de Evodia y alrededor de Síntique. Porque dudo seriamente si esto hubiese estado a nivel de ellas dos, estuviera viajado novecientos kilómetros de distancia. En segundo lugar, esta carta va a ser pública, de manera que de alguna manera parece ser que la estabilidad de la iglesia estaba en juego cuando en una carta pública vamos a tener que reprender a estas dos mujeres.
No sabemos cómo el conflicto comenzó, pero usualmente las cosas comienzan pequeñas. La Primera Guerra Mundial comenzó entre dos personas, luego dos naciones, luego dos grupos de naciones. De manera que probablemente hubo un desacuerdo algo pequeño posiblemente, pero ahora esto ha escalado y requiere la intervención de un apóstol a cientos de kilómetros de distancia. Ellas no habían podido resolver su desavenencia. Si con toda probabilidad hermanos en la iglesia tampoco habían podido al intervenir resolver las desavenencias entre ellas. Pero ya el conflicto está.
Un conflicto no es lo mismo que un desacuerdo. Si vamos a un restaurante y tú quieres comida mexicana, yo quiero comida china, y tú dices que la mexicana es mejor, yo digo que la china es mejor, tenemos un desacuerdo, pero no hay conflicto, siempre y cuando tú puedas pedir tu comida mexicana y yo mi comida china. El conflicto comienza potencialmente a aparecer cuando hay que ir a uno de los dos restaurantes, y resulta que tú tienes una pasión o un apetito por ese día comer lo que tú quieres, un antojo. Si tú quieres comida mexicana y yo lo tengo por comida china, y ahora vamos a tener que decidir, y ahora comenzamos: "No, porque la última vez fue un restaurante chino." "Sí, pero he ido tres veces a un restaurante mexicano." "Sí, pero siempre te complacemos a ti, casi nunca se me complace a mí." Y de repente aparecen una serie de razones porque mi apetito y mi antojo se han visto amenazados por el apetito y el antojo de alguien. Entonces la diferencia entre un desacuerdo y un conflicto es que en el conflicto hay una amenaza que es percibida, que puede ser física, puede ser emocional, puede ser algo tan sencillo como lo que yo acabo de mencionar, puede ser estatus, puede ser relación. Pero las personas involucradas en el conflicto han percibido una amenaza a algo en sus vidas.
La pregunta sería: ¿qué percibieron estas dos mujeres? Bueno, nadie sabe. Quizás fue el liderazgo. Hay múltiples especulaciones. Quizás fue que estas mujeres, como voy a explicar un poco más adelante, lo más probable es que eran líderes dentro de esta iglesia. Quizás la amenaza percibida era al liderazgo de una o al liderazgo de otra. Algunos han especulado que quizás lo que estaba ocurriendo era que ambas eran muy cercanas a Pablo, y entonces la amenaza que percibían era que la relación de Pablo iba a ser mejor con una que con otra. Y esa especulación viene del hecho de que eso no es infrecuente, que cuando nosotros estamos cerca de alguien, la esposa que está cerca de su esposo, el esposo que está cerca de su esposa, y hay alguien que se acerca y vemos que la relación parece estar en peligro, nosotros reaccionamos. Es una reacción humana, no buena, pero normal entre nosotros.
Lo que no podemos olvidar, hermanos, es que en la mayoría de los conflictos, o en todos, hay una buena cantidad de cosas mal entendidas. Y mientras más pasa el tiempo, más mal entendidas se ponen las cosas, y eso empeora la situación. Porque el mal entendimiento se convierte en nosotros en realidad. Ese es el problema, que ya no es un mal entendimiento, es una realidad. Y tú me lo explicas y yo te entiendo y te digo: "Bueno, está bien, te perdono." Pero cuando tú sales, yo me quedo en la mente pensando: "Sí, esto fue lo que él dijo, ahora racionalizándolo, pero la verdad fue que esto fue lo que ocurrió." Todavía sigue siendo realidad en tu mente aunque te lo expliqué que no era así. Pablo dice: la manera de lidiar con esto es todo esto que yo he dicho en los primeros capítulos.
Nuestras inseguridades alimentan el conflicto, magnifican el conflicto. Es el lente a través del cual el conflicto se ve mucho mayor. Y mientras más inseguros, mayor es el conflicto y más frecuentemente se dan los conflictos.
Ahora permítanme agregar algo que yo estoy convencido por lo que veo en la Biblia, por lo que veo en la historia de la iglesia, por lo que veo en mi propia historia: Dios permite los conflictos. No porque son buenos, pero sacan cosas a la luz que para el trabajo de Dios son buenas. Los conflictos sacan a colación nuestros temores. Cuando no hay temor, no hay conflicto. No tengo nada que temer. Yo temo mi estatus, yo temo una relación, yo temo que no voy a poder disfrutar una comida. Lo que yo temo es lo que genera el conflicto. Los conflictos generan o ponen de manifiesto nuestro egoísmo, que rehúsa ver el punto del otro. Los conflictos generan o revelan nuestros celos, nuestras iras, nuestras heridas que retenemos como evidencia de que me heriste, y no quiero perder la evidencia porque en algún momento tú vas a pensar que no fue mi culpa. Yo quiero que tú entiendas hoy y siempre que fue siempre tu culpa, y seguirá siendo tu culpa, y aquí está la herida fresca para que lo podamos probar. Somos así.
Los conflictos ponen de manifiesto nuestras expectativas irreales. ¿Se acuerdan del nombre del título del libro de Paul Tripp? ¿Qué esperabas? Ponen de manifiesto nuestros ídolos. Nuestros ídolos no son simplemente dinero, posesión, posición. No, yo creo que yo he ido descubriendo en la Palabra, en la vida del ser humano donde yo encajo, que los mayores ídolos nuestros son seres humanos, comenzando conmigo mismo, luego seres humanos cercanos a nosotros, y los más cercanos son nuestros hijos o el esposo o la esposa. Los conflictos ponen de manifiesto nuestro orgullo que resiste negociar, que resiste ceder. Y finalmente ponen de manifiesto muchas veces nuestra inmadurez, que revela falta de crecimiento.
Hermano, la próxima vez que tú estés en un conflicto, trata de pensar a través de todo lo que Pablo ha dicho en los primeros tres capítulos. La próxima vez, yo creo que esto es una anotación importante, que tú veas a dos hermanos en un conflicto: hermano, por el amor de Dios, si vas a tratar de mediar, no tomes posición. Tú no tienes que tomar posición. Tú no eres parte del conflicto. Una vez tú tomas una posición, ya tú eres parte del conflicto. Necesitas otro mediador que no sea parte del conflicto. Tú puedes ver dónde están las posiciones, pero no tomes posición.
Lamentablemente, mientras más cerca está la persona a nosotros, con más facilidad yo tomo el lado de esa persona por la cercanía que tenemos, y damos como bueno y válido muchas veces su posición. Y la probabilidad de que nosotros tomemos esa posición va a estar directamente relacionada a la cercanía que nosotros tengamos con la persona. Hermano, tú no sabes, o quizás yo no sé, o quizás ninguno de nosotros sabemos cuánto difícil es para un ser humano decidir o pensar en contra de la persona que está cerca de ti. La probabilidad es que si mi esposa me ve en un conflicto, o yo la veo a ella, ella va a asumir que yo tengo razón, o yo voy a asumir que ella tiene razón. Pero no es siempre así, porque yo no soy Cristo y ella no es Cristo. Si es tu amigo o es tu tío, no importa. Trata de permanecer imparcial, oyendo si quieres mediar, oyendo a ambas partes y no influenciando a uno ni al otro, sino ayudando a ambas partes a ver lo que están haciendo, sintiendo, pensando a través de la mente de Cristo. Ese sería el rol del mediador.
En tercer lugar, se piensa que este conflicto ha alcanzado dimensiones significativas porque Pablo está pidiendo a un intermediario, a quien él llama "syzygos", un fiel compañero, que intervenga, que trate de reconciliar. Y no sabemos quién es. Algunos han especulado que es Epafrodito, el que probablemente está llevando esta carta. Bueno, no sabemos el nombre de esta persona, quién es, pero quien sea, probablemente Pablo entiende que tiene la madurez espiritual para hacerlo, o que tiene un corazón de pacificador. Y entonces Pablo está tratando de pedirle a esta persona como pacificador, y quizás conociendo sus cualidades de pacificador, o el uso que Dios hace de su persona como pacificador, para que intervenga en este conflicto.
Cristo nos dejó dicho que bienaventurados son los pacificadores, pues ellos serán llamados hijos de Dios. Ese pacificador debe ser una persona madura, sensible, humilde, racional, imparcial, sin prejuicio, sin favoritismo. Y nosotros necesitamos pacificadores en medio de la grey todo el tiempo. Nosotros somos seres humanos y Dios usa pacificadores en medio nuestro. Y tú necesitas, si Dios te ha llamado a ser uno de esos, idealmente todos debiéramos hacerlo, pero de alguna u otra manera algunos se destacan más que otros en esa labor entre nosotros: entre las ovejas, entre ovejas y pastor, entre pastor y pastor, entre ovejas y ovejas. Cada vez que puedas ejercer naturalmente tu función de pacificador en aras del reino.
Cuando el conflicto no se resuelve pronto, el corazón comienza a endurecerse. Y el corazón endurecido comienza a dar señales de endurecimiento. Lo vemos en consejería con frecuencia. Es un corazón que regurgita continuamente la ofensa recibida. Es un corazón que con frecuencia se enfoca en la injusticia percibida o recibida o sufrida o experimentada, en el daño que le han hecho. En la medida en que ese tiempo pasa y ese corazón se va endureciendo aún más, comienza a mostrar otras señales entonces de endurecimiento. Y el corazón comienza a discutir de manera desafiante en medio del conflicto. Ese corazón no acepta mediadores, no acepta una solución que pueda ser ofrecida, no acepta excusas. Ese corazón endurecido no cree, no confía en las motivaciones del otro. Y ese corazón que ha sido endurecido comienza a aislarse de los demás.
Pablo no nos da los detalles hasta dónde esto ha calado, pero es obvio que esto tiene una dimensión que requiere toda una carta de parte de un apóstol que está preso, cuya vida está en juego.
Pablo está a punto de perder, pero tiene que intervenir. Por encima de eso, él tiene que intervenir. Aquí hay algo grave que está en cuarto lugar. Se piensa que el daño de este conflicto era significativo porque no se está hablando de dos recién llegadas o recién nacidas que están en conflicto en la congregación. Estas dos mujeres, escucha cómo Pablo las describe: mujeres que han compartido mis luchas en la causa del evangelio, junto con Clemente y los demás colaboradores míos. En una sociedad altamente machista, que en esta carta estas dos mujeres alcanzaran renombre, por así decirlo público, para ser nombradas de esa manera, implica con toda probabilidad que ellas debieron haber sido mujeres de liderazgo dentro de la congregación.
Y eso agrava el problema, porque si hay algo que nosotros sabemos es que los conflictos de nosotros los líderes son peores muchas veces que los conflictos de las ovejas. Nosotros creamos los más grandes, nosotros arrastramos personas con nosotros. Es lo natural. Pedro se desvía y comenzó a arrastrar a Bernabé, y Pablo tuvo que confrontar. Eso es común. Nosotros los líderes tenemos convicciones más fuertes usualmente que las ovejas, y por tanto en medio del conflicto tendemos a ser más orgullosos que las ovejas, porque nuestras convicciones están más arraigadas. Satanás no es estúpido, él es sabio, él ha estudiado, y él sabe cómo puede crear la división y el derrumbe de la iglesia.
Y lamentablemente, como muchos han escuchado en consejería cuando han venido donde mí, ninguno de nosotros ve las cosas como son, sino como nosotros somos. Todos nosotros, todos absolutamente todos. Es la razón para usarme a mí mismo como ilustración. Que en ocasiones alguien ha tenido algo pequeño en la clínica, quizás yo no he ido, se ha ofendido conmigo, y esto en alguna notificación hace una explicación. Cuando alguien me lo menciona, como médico que soy, acostumbrado a ver barbaridades, yo digo: "Pero si eso era algo sencillo, para mí eso no requería ninguna consideración especial." Pero yo lo estoy viendo como médico, como yo soy. Pero la realidad es que para la oveja no era así, era otra cosa. Y yo no puedo justificar lo que es para mí. Yo tengo que tratar de salirme del uniforme de médico, ponerme el uniforme de oveja, ponerme en los zapatos y verme ahí en desconocimiento de lo que me está pasando, para decir: "Ok, pero yo entiendo lo que estaba tratando de decir, y qué voy a hacer. Perdón, no me queda de otra."
Pero en medio del enfrentamiento nosotros no vemos las cosas como son, las vemos mejor dicho, no como son, sino como nosotros somos. Y cómo somos en medio del enfrentamiento: estamos heridos, airados, molestos, y así las vemos. En la medida en que el conflicto se prolonga, se prolonga la herida y el dolor se va aumentando. A veces yo tuiteé algo de eso hace como una semana: a veces retenemos la herida porque es la evidencia de que no es mi culpa. Y a veces hacemos eso.
En quinto lugar, este conflicto debió haber tenido un tamaño significativo por algo que ya yo mencioné: es que esta carta no se llama Síntique y Evodia, o Evodia y Síntique, como sí se llama Filemón, Tito, Timoteo, que eran cartas personales. Entonces, una carta pública a toda la iglesia, si este era un conflicto entre Evodia y Síntique, había que tener una carta que se llamara como la de Filemón: Evodia y Síntique. Entonces hablarle a ellas solas de qué es lo que deben hacer para resolver el conflicto. Pero ya esto está alcanzando dimensión casi de disciplina pública, donde tenemos que reprender a estas hermanas públicamente, aunque con sensibilidad, y decirles: "Ruego a Evodia y a Síntique." Que es como está en nuestro lenguaje, pero en el lenguaje original dice: "Ruego a Evodia y ruego a Síntique." Se dirige a una y se dirige a la otra, no a una sola. No "ruego a Evodia y Síntique", sino "ruego a Evodia y ruego a Síntique." Públicamente esto se va a leer, y van a estar ahí escuchando ahora sus nombres mencionados en público. Y aparentemente la congregación iba a saber quién era ese fiel compañero a quien Pablo estaba apelando para que interviniera y reconciliara a estas dos hermanas. Eso habla de que esto ha crecido, y esto es importante.
Pablo sabe las implicaciones de la división en el cuerpo de Cristo. Recuerdo estas palabras en un contexto distinto, pero yo las quiero mencionar y aplicarlas. Recuerdo las palabras del Señor Jesús cuando le acusaron de expulsar demonios por el poder de Belcebú. Recuerdo estas palabras de Mateo 3:24-25. Escucha y las voy a aplicar: "Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede perdurar. Y si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá permanecer. Y si Satanás se ha levantado contra sí mismo y está dividido, no puede permanecer, sino que ha llegado a su fin."
Bueno, ciertamente el contexto de lo que Cristo ha dicho es la expulsión de demonios y la acusación de que lo hace por medio del poder de Satanás. Pero aquí hay verdades que son altamente aplicables a la iglesia. Y lo que yo quiero hacer, yo quiero hacerlo de una manera que voy a sustituir nombres de casa y reino por iglesia, y ver cómo suena. Escucha: una iglesia dividida contra sí misma no puede perdurar. Y si una iglesia está dividida contra sí misma, esa iglesia no podrá permanecer. Y si Satanás hace que un miembro de una iglesia se levante contra otro y la iglesia se logra dividir, no podrá permanecer, sino que ha llegado a su fin. Yo creo que eso lo podemos hacer con libertad, esa aplicación.
Pablo sabe. Alguien me escribió hace varios días acerca de un conflicto, no tiene nada que ver ni siquiera con nuestro país, pero le recordaba algo que ha sido dicho por mucho tiempo. No es nuevo, no es mío. Recuerda, hermano, que Dios construye a su pueblo con su pueblo, con su gente. Pero Satanás destruye el pueblo de Dios con el pueblo de Dios. No lo olviden: Dios construye su pueblo con su pueblo, pero Satanás destruye el pueblo de Dios con el pueblo de Dios.
Pablo sabe, Pablo está consciente, Pablo está dolido. La prisión es un problema para estos hermanos amados, añorados, gozo y corona mía. "Me cargo sus sudores. Fiel compañero, yo te ruego que intervengas, que hables con estas hermanas." Quizás era alguien cercano a ellas. "Habla con ellas, únelas por el amor de Dios. No permitas que esta iglesia comprada a precio de sangre tenga que ver esa sangre dividida." Si cargó eso el corazón de Pablo, ¿no cargará eso el corazón de nuestro Dios, hermano?
Si la iglesia se divide, ¿cuál sería el testimonio de una iglesia dividida ante el mundo? ¿Cuál sería su legado para ellos? Si nosotros nos dividiéramos, ¿cuál sería la opinión de ese mundo que está ahí afuera observando hacia dentro acerca de la fe cristiana? "Tú quieres que yo me una a la fe cristiana, pero resulta que me estás enseñando una fe cristiana en individuos que al día de hoy están divididos, y tú quieres que yo me una a la división." ¿Cuál sería el testimonio, la opinión de esos que están afuera? ¿De qué manera vemos nosotros que la división honraría a Dios? ¿Cómo decimos nosotros que somos el pueblo de Dios si nos dividimos? ¿Cómo lo podemos decir? ¿Cómo podemos decir nosotros que somos un pueblo especial llamado a anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz? ¿De qué manera vamos a anunciar esas virtudes divididos? No hay manera de poder hacerlo. ¿De qué manera podemos justificar que somos nación santa, pueblo escogido, linaje escogido, nación santa para la alabanza de nuestro Dios? No pudiéramos.
Escucha más palabras del Señor Jesús, tú las conoces también como yo. Juan 17, en el aposento alto, las últimas horas antes de ascender a la cruz. Dice: "Padre, la gloria que me diste les he dado, para que sean uno así como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfeccionados en unidad, para que el mundo sepa que tú me enviaste y que los amaste tal como me has amado a mí. Que sean uno como tú y yo, para que el mundo sepa que tú me enviaste." En otras palabras, cuando no son uno, el mundo no puede tener clara mi misión.
Jesús, para la gloria de nuestro Dios, en el primero caminando a quince años de la iglesia, nos ha preservado de conflictos eclesiásticos significativos. Eso ha sido obra de su gracia. Que Dios nos cuide, que Dios nos preserve, que Dios nos guarde para la gloria de su nombre, para que la oración del aposento alto se haga realidad en nosotros.