Integridad y Sabiduria
Sermones

Una generosidad ejemplar

Miguel Núñez 3 julio, 2016

La generosidad cristiana no depende de la abundancia, sino de la gracia de Dios operando en el corazón. Las iglesias de Macedonia lo demostraron de manera extraordinaria: en medio de una gran prueba de aflicción y una profunda pobreza, su gozo abundó y su ofrenda sobreabundó. No dieron de lo que les sobraba, sino más allá de sus posibilidades, y lo hicieron de su propia voluntad, suplicándole al apóstol Pablo el privilegio de participar en el sostenimiento de otros santos. Pablo mismo quedó sorprendido por la disposición de estos creyentes.

El dinero es el ídolo más grande de la humanidad, y Dios, al pedirnos que demos, está tratando de liberarnos de su señorío. Una pregunta revela dónde está nuestro corazón: ¿por qué me duele tanto deshacerme de esto? La escasez nunca es justificación para no dar. Jesús lo ilustró cuando observó a la viuda pobre echar dos pequeñas monedas en el arca del tesoro y declaró que ella había dado más que todos, porque dio todo lo que tenía para vivir.

Para dar como los macedonios, se requiere ver la vida correctamente: valorar el mundo venidero más que este, entender que estamos donde estamos por diseño de Dios, y amar su causa más que nuestro propio reino. El pastor Núñez lo resume así: los macedonios pudieron dar de esa manera porque primeramente se dieron a sí mismos al Señor. El amor por Dios y por el prójimo es el verdadero motivador de la generosidad cristiana.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

El corazón más alegre es el corazón agradecido. Alégrate cada mañana de las bendiciones de Dios. Abre tu Palabra o enciende la Biblia si la tienes en electrónico. La segunda carta a los corintios, capítulo 8.

Hoy nosotros estamos introduciendo, en cierta manera, los capítulos 8 y 9 de esta carta, porque estos dos capítulos tratan un solo tema. Yo creo que si nosotros tuviéramos solamente esos dos capítulos de toda la Biblia, tuviéramos suficiente información para saber cómo dar a Dios. Aquí hay suficientes verdades para hacer una de varias cosas, y eso que esas verdades hagan tiene que predominantemente venir cargado de humildad o de orgullo. Pero aquí hay suficientes verdades para animarnos de la mejor manera posible a dar para Dios, de una manera gozosa, sobreabundante. Pero también hay verdades para humillarnos y avergonzarnos a cada uno de nosotros.

Si tú lees y asimilas lo que Pablo tiene que decir, eso te terminar de barrer de las discusiones acerca del diezmo: si es para el día de hoy o no es para el día de hoy. Ya no voy a volver a mencionar esta palabra. Dios tiene múltiples formas de revelar nuestros ídolos, y lamentablemente, así mismo nosotros también tenemos múltiples formas de ocultar la revelación de Dios. Yo creo que cuando tiene que ver justamente con el dar, entre otras cosas, Dios está tratando de liberarme de uno de los más grandes —y no él, el más grande— ídolo de la humanidad. Es por mi bien que me pone a dar. No necesita de mí el Creador del universo, que creó de la nada, a Él solo, las galaxias de un solo hecho.

Y en la medida en que yo comienzo a descubrir mis ídolos, o Dios comienza a poner luz, a encender la luz sobre mis ídolos, yo puedo cerrar los ojos y no querer ver lo que Él me está enseñando. Entonces yo pudiera, de una manera práctica, conociendo la maldad de la carne, tratar de ayudarme a mí mismo y preguntarme, por ejemplo: ¿por qué me duele tanto deshacerme de esta cosa, o de este hábito, o de este dinero, o de esta práctica? Porque yo creo que esa pregunta sola va a revelar uno o más ídolos.

Hoy yo pudiera preguntarme si estoy dispuesto a pecar para retener aquello que no quiero dar. Por ejemplo, ¿estoy dispuesto a pecar al no pagar mis impuestos porque no los quiero dar? La Palabra de Dios es clara y nos manda a pagar nuestros impuestos. Yo decía en privado que mi contador es parte de la membresía de esta Iglesia, porque lo que me dice es verdad: cuando yo pago mis impuestos, ese es un día de gozo para mí, porque yo me digo a mí mismo: "Este dinero no tiene señorío sobre mí." Y es un día, cada día, de liberación. No tengo que cuestionar las motivaciones de cómo será usado, excepto si será usado de manera pecaminosa a través de leyes que contradicen directamente la Palabra de Dios, pero yo obedezco lo que la Palabra dice.

Yo puedo preguntarme también si estoy dispuesto a pecar para conseguir eso que ahora no tengo. Hay cosas que no tenemos, ¿pero estoy dispuesto a pecar para tenerlas? Porque esas preguntas son reveladoras de mis ídolos. Y eso funciona, todo eso, porque frecuentemente nosotros luchamos con estos ídolos a la hora de dar, ya que no solamente damos de nuestras finanzas; hay muchas otras cosas que pudiéramos dar también.

Aquellos de ustedes que tienen años con nosotros saben que raramente hablamos del dar, pero también saben al mismo tiempo que nosotros predicamos lo que el texto dice. Teníamos ya varios meses recorriendo la segunda carta a los corintios y llegamos al capítulo 8 y al capítulo 9. Yo sé que algunos hubiesen deseado que yo saltara al 10, pero lamentablemente no podemos. Exponemos todo el consejo de Dios.

Ahora bien, estos dos capítulos son altamente instructivos y mucho va a depender de cómo yo quiera escuchar la Palabra de Dios, la disposición de mi corazón. De manera que yo voy a pausar otra vez y voy a darle un minuto o dos para que usted ore a Dios por usted y le pida que, a través de la exposición de su Palabra, si usted quiere ser veraz en esta área en particular de su vida, Dios ilumine todos los faroles posibles de su conciencia, de manera que, en la medida en que la Palabra es expuesta este domingo y los próximos domingos relativos al capítulo 8 y 9, Dios pueda hacer un gran trabajo en su corazón, en su mente, en su familia. El tiempo es tuyo ahora. Si quieres ser veraz con Dios en esta área, habla. Dios, que tu siervo escuche. En el nombre de Jesús, amén.

Decía Charles Spurgeon: "Gana todo lo que puedas, ahorra todo lo que puedas" —hasta ahí como que vamos bien—, "y luego da todo lo que puedas. Nunca trates de ahorrar el dinero que le pertenece a la causa de Dios. Este dinero, el que le pertenece a Dios, corrompe a todo el resto." El dar a Dios no es una pérdida; si es Spurgeon quien lo dice, es exponer tu sustancia en el mejor banco. El dar es verdaderamente tener. Como dice aquella lápida de una persona que había muerto: "Lo que yo gasté, yo tuve; lo que yo guardé, yo lo perdí —porque está muerto—; lo que yo di, todavía lo tengo." Decía otro pensador que el único dinero que vuelve a saberse es el que se invierte en el reino de los cielos. El día que te mueres, el único dinero que vuelve a saberse es el que tú invertiste en el reino de los cielos.

Segunda de Corintios, capítulo 8, versículos del 1 al 8:

"Ahora hermanos, os damos a conocer la gracia de Dios que ha sido dada en las iglesias de Macedonia. Pues en medio de una gran prueba de aflicción, abundó su gozo, y su profunda pobreza sobreabundó en la riqueza de su liberalidad. Porque yo testifico que según sus posibilidades, y aún más allá de sus posibilidades, dieron de su propia voluntad, suplicándonos con muchos ruegos el privilegio de participar en el sostenimiento de los santos. Y esto no como lo habíamos esperado, sino que primeramente se dieron a sí mismos al Señor y luego a nosotros por la voluntad de Dios. En consecuencia, rogamos a Tito que, como él ya había comenzado antes, así también llevara a cabo en vosotros esta obra de gracia. Mas así como vosotros abundáis en todo —en fe, en palabra, en conocimiento, en toda solicitud y en el amor que hemos inspirado en vosotros—, ved que también abundéis en esta obra de gracia. No digo esto como un mandamiento, sino para probar, por la solicitud de otros, también la sinceridad de vuestro amor."

Ahí está el apóstol Pablo. Con un texto sencillo. De hecho, yo creo que el capítulo 8 y el capítulo 9 de esta segunda carta contienen los textos más llanos de toda la carta. Algunos de los textos anteriores requerían de una cierta hermenéutica y exégesis, en ocasiones un tanto compleja; en este caso esto es completamente llano, no importa en qué idioma usted lo quiera leer. Y en esencia yo voy a dividir estos 8 versículos en 7 puntos de enseñanza, lo cual va a hacer el texto todavía más llano de lo que aparece cuando lo lees, porque lo vamos a dividir prácticamente versículo por versículo.

Lo primero que yo quiero que notemos es la gracia para con los macedonios. Escucha el versículo 1: "Ahora hermanos, os damos a conocer la gracia de Dios que ha sido dada en las iglesias de Macedonia." El apóstol Pablo comienza con esa palabra "ahora" porque está cambiando el tema. Él venía tratando temas muy distintos a lo que ahora está abordando. Y yo no puedo olvidar el contexto en que estas cartas se escriben; no eran la época de los e-mails y de los celulares, donde yo le voy a enviar una carta a los corintios en que les hablo de ofrendar y mañana les hablo del problema que han estado teniendo conmigo. En otras palabras, había que ponerlo todo en una sola carta. Y por eso a veces parece un tanto abrupto que Pablo pase de un tema a otro, pero es que era una carta que iba a durar —se habrá demorado quién sabe cuántas semanas en llegar—. Nadie sabía cuándo se podría escribir la próxima carta para enviar también.

Y ahora entonces él comienza este texto diciendo "ahora", ahora vamos a hablar de otra cosa. "Hermanos", se diría, o también "hermanas", por tanto le está hablando a una congregación que, a pesar de la inmadurez que habían exhibido, eran hijos de Dios; él les llama hermanos. Y él quiere darles a conocer no el carácter de los macedonios, sino la gracia de Dios que ha sido dada en las iglesias de Macedonia, que resultó en la obra que ellos llevaron a cabo. De manera que una vez más Pablo nos está ayudando a ver que Dios es el iniciador de todas y cada una de las virtudes que encontramos en el ser humano y en particular en sus hijos.

Cuando el apóstol Juan nos dice en su primera carta, 1 Juan 4:19, que si nosotros amamos a Dios es porque Él nos amó primero, nos está enseñando que Dios es el iniciador, otra vez, del amor que yo puedo tener por Él, porque si Él nunca me hubiese amado, yo jamás pudiera amar a Dios en retorno. Y lo mismo ocurre ahora a la hora de ofrendar: es que por la gracia de Dios Él me capacita para devolver a su causa lo que Él ya me dio en primer lugar. Y los macedonios dieron de una manera extraordinaria, y por tanto Pablo quiere que los corintios puedan ver a esas iglesias como ejemplo, pero a la vez que ellos puedan conocer algo que él les habló a los filipenses en Filipenses 2:13, cuando les escribe y les dice que Dios pone en nosotros el querer como el hacer, y cómo lo hace por medio de su gracia. Y por tanto ahora les dice: "Ahora hermanos, yo quiero dar a conocer la gracia de Dios dada a las iglesias en Macedonia." Dios le dio una gracia especial a esta iglesia para esto.

Ahora escucha, porque nosotros pudiéramos decir: "Bueno, pues si yo soy tímido con el dinero —para no decir tacaño— es porque Dios no me ha dado suficiente gracia." No, así no funciona, no trabaja de esa manera.

Nosotros no pudiéramos decir: "Bueno, como yo no soy Dios encarnado, Cristo no es mi modelo, yo no tengo que vivir como Él vivió." Tampoco pudiéramos decir: "Bueno, como yo no fui nunca al tercer cielo, eso que Pablo dice —'imítenme a mí como yo a Cristo'— yo no tengo que imitarlo, porque yo no tengo la gracia que Pablo tuvo." No funciona de esa manera, sino que Dios nos da estos ejemplos justamente para poder ver en carne propia lo que yo debo hacer en mi vida diaria.

La fuente de la gracia —Dios— es lo que le permitió a los macedonios, a los creyentes de las iglesias de Macedonia, vivir de esta manera. Ahora, permíteme un tecnicismo por un minuto y continúo. En la manera como esto está escrito en el lenguaje original, el versículo uno tiene en el tiempo del verbo un participio perfecto, lo que implica que esto que Pablo está diciendo de esta gracia que le fue dada a los macedonios, y como ellos se estaban manifestando, no fue un evento de un fin de semana, de una semana, algo puntual, sino que continuaban disfrutando de esa gracia. Ese es el tecnicismo: es algo que Dios le ha dado a estas iglesias, que estas iglesias han manifestado y continúan manifestando hasta el día de hoy.

Segunda observación: está hablando de las iglesias de Macedonia. ¿Cuáles eran, hasta donde nosotros sabemos? La de Tesalónica, la de Filipos y la de Berea; por lo menos esas tres. Estas son las iglesias que han estado bajo esta dificultad, y Dios les concedió a estas iglesias una gracia especial para dar. Y cuando ellos recibieron esa bendición de parte de Dios, ellos pasaron esa bendición a otros, de tal forma que ellos simplemente fueron receptores e instrumentos que permitían que la gracia de Dios fluyera no solamente hacia ellos, sino a través de ellos.

Por tanto, a manera de aplicación, yo quiero decir que cuando Dios nos bendice y nosotros retenemos con nosotros la bendición que Dios nos ha dado y no bendecimos proporcionalmente a otros, eso con lo que nosotros nos quedamos tiende a corromperse, lamentablemente. Ahora, alguien pudiera decir: "Bueno, pastor, yo últimamente he revisado mis finanzas y, si te soy sincero, mi dinero no está corrompido, y no estoy dando tanto como usted piensa que debiéramos estar dando." Bueno, es peor, porque cuando el dinero no se corrompe y no estoy dando proporcionalmente a la manera como Dios me ha bendecido, mi corazón se corrompe, y eso termina corrompiendo el resto de las finanzas.

Punto número uno: la gracia de Dios dada a los macedonios es la gracia dada a nosotros en diferentes formas y maneras, con la cual yo debiera estar bendiciendo a otros proporcionalmente a la bendición recibida. Por eso Pablo está diciendo a los corintios: "Yo quiero darles a conocer no el carácter de los macedonios, sino la gracia de Dios dada a los macedonios", y en particular a los creyentes en las iglesias de Macedonia.

Segunda enseñanza. Recuerde que este es un texto sumamente llano, quizá uno de los textos más fáciles de exponer y de enseñar. Enseñanza número dos: es posible disfrutar gozo abundante en medio de la aflicción y tener generosidad en medio de una profunda pobreza. No solamente es posible; está aquí como algo que ocurrió. Escucha el versículo 2: "Pues en medio de una gran prueba de aflicción abundó su gozo, y su profunda pobreza sobreabundó en la riqueza de su liberalidad."

El versículo 2 que yo acabo de leer nos enseña varias cosas. Lo primero que me deja ver es que estas iglesias de las que Pablo estaba hablando estaban en medio de una gran prueba de aflicción. Nosotros leímos eso cuando expusimos la primera carta a los tesalonicenses, en el capítulo 1, donde Pablo hablaba del ejemplo que ellos habían sido en medio de una gran aflicción, y ahora Pablo trae eso en el contexto de la segunda carta a los corintios. Esta aflicción en medio de la cual ellos se encontraban no era fruto de pecado; Pablo le dice a la iglesia de los tesalonicenses que ellos eran un ejemplo para las iglesias en Acaya, en Macedonia y aún más allá.

Y eso es algo que tú y yo necesitamos entender, porque con frecuencia, cuando nosotros vemos a alguien bajo una prueba de aflicción, aquellos de nosotros que tenemos una personalidad que tiende a la condenación tendemos a asumir que dicha prueba de aflicción implica una disciplina por algún pecado que la persona haya cometido. Y a veces es así, pero con cierta frecuencia no lo es. Pasa, entonces, a que se debe a la soberanía de Dios, que opera de maneras que nosotros no podemos entender. Y aquí están estas iglesias en medio de una prueba de aflicción y una gran lluvia de gracia. ¿Entendiste eso? Una enorme aflicción y una gran lluvia de gracia de parte de Dios.

Si cada vez que una persona está en aflicción es porque la disciplina de Dios está sobre él, tendríamos que concluir que el apóstol Pablo vivió bajo disciplina todo el tiempo, porque nadie fue más grandemente afligido que él, con la excepción del Señor Jesucristo. Entonces recuerda: estas iglesias están bajo aflicción y bajo una lluvia de gracia abundante de parte de Dios. Para empeorar las cosas, estas iglesias no solamente tenían una aflicción que, en el contexto de lo que hablamos anteriormente, implicaba persecución, sino que también estaban en medio de una profunda pobreza.

Y la primera paradoja que tú encuentras en ese versículo 2 es que la gran aflicción produjo gozo abundante. El texto no dice que la gran aflicción produjo en ellos gozo; no dice eso. Dice que el gozo abundó. En el lenguaje original es enfático, y aún en el español: la abundancia de gozo está enfatizando la calidad y cantidad de dicha experiencia. Es como que este gozo estaba desbordando la copa en medio de una gran aflicción.

Yo voy a hacer la pregunta —voy a hacer muchas preguntas retóricas hoy, y usted las puede responder en su corazón—: ¿cuándo fue la última vez que te encontraste en medio de una gran aflicción y tú dijiste: "Hermano, estoy en aflicción, pero, ¿sabes qué?, tengo un gran gozo"? Porque probablemente quien te estaba escuchando te vio como un tanto extraño. Pero el texto dice que ellos, en medio de una gran aflicción, el gozo abundó.

¿Por qué? ¿Qué hace posible que una persona pueda tener gozo en medio de una profunda aflicción? Porque si nosotros no cuestionamos el texto bíblico y no cuestionamos nuestras vidas, nunca vamos a entender cómo hacer estas cosas; y estas cosas no están ahí para que yo me admire solamente o me maraville, sino para que yo aprenda. Entonces, ¿cómo es posible que esta gente experimentara gran gozo en medio de una gran aflicción?

La respuesta es básicamente una, y es que yo necesito entender que no importa la circunstancia en la que yo me encuentro: yo estoy allí por diseño de Dios. Y no solamente por diseño de Dios, sino que, como Dios dice en su Palabra que su voluntad es buena, agradable y perfecta, este diseño de Dios que me tiene donde me tiene me tiene justamente de una manera buena, agradable y perfecta. Cuando tú puedes ver la vida de esa forma, entonces tú puedes reaccionar de una mejor manera. Piensa lo de esta manera: alguien que quizás se infectó la pierna y la pierna tiene que amputarse —cuando tú amputas esa pierna, esto sería motivo de aflicción para un paciente— pero si él descubre con ciencia cierta en el momento de la amputación que es la pierna o su vida, él tendría gran gozo de que hay un cirujano dispuesto a amputar su pierna. Y ese es nuestro Dios, porque Él sabe lo que yo no sé.

Lo próximo que el versículo 2 me enseña es que estas iglesias se encontraban en medio de una profunda pobreza. Eso es una forma poética de ponerlo: estas iglesias eran paupérrimas —por eso es "profunda pobreza"—, paupérrimas. Ya no podían serlo más. Y resulta que esa profunda pobreza resultó en una liberalidad a la hora del dar. Esta es la otra paradoja del versículo 2: la pobreza no produjo escasez de la ofrenda, sino abundancia de la ofrenda.

Esta es la razón por la que en varias ocasiones, estando en conversaciones con miembros de esta iglesia y de otras iglesias por igual, en este país y fuera de aquí, cuando se habla de que la ofrenda ha bajado y eso tiene mucho que ver con el estado de la economía, yo digo: absolutamente no. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? ¿Acaso el mercado de valores maneja a Dios? ¿Es Dios dependiente de cómo fluctúa el mercado de valores? Las estadísticas en Estados Unidos han mostrado una y otra vez que el mejor tiempo de ofrenda de la iglesia ha sido en los momentos de dificultad. Y aquí están las iglesias de Macedonia para probar la misma cosa.

Escucha: no podemos olvidar que el gozo en medio de la aflicción es el fruto de la gracia de Dios que está visitando a los macedonios, y de esa misma manera la abundancia de lo recogido en la ofrenda es el fruto de la gracia de Dios visitando a la iglesia de Macedonia. El testimonio de esta iglesia es impresionante: ni la aflicción ni la pobreza pudieron robarles ni el gozo ni el privilegio de dar. Recuerda una vez más que Dios se llevó a dos millones de personas al desierto por cuarenta años, sin bolsa de valores.

¿Qué se requiere, entonces, para dar abundantemente en medio de la escasez? Yo quiero creer que usted quiere tener un corazón como estos macedonios, y que, por tanto, si ellos fueron capaces de dar abundantemente en medio de la escasez, vale la pena preguntarse qué se requiere para dar de esa manera. Bueno, hay varias cosas que yo entiendo se requieren. En primer lugar, se requiere gratitud para saber que la escasez en la que me encuentro es provista por Dios. "Pastor, no entiendo." ¿Qué no entiende? Si Dios es el orquestador de mi vida, obviamente la abundancia y la escasez tienen que ver con su plan para con mi vida. Se requiere gratitud. Se requiere fe en el Dios proveedor, para dar aún cuando nosotros no tenemos —y voy a tratar de mostrar eso a través de la Biblia para que no quede como una opinión del pastor Núñez—. Y se requiere entendimiento de los propósitos de Dios. Gratitud, fe, entendimiento.

El profeta Elías se ha enviado a la vida de esta viuda, y tiene un propósito: darle entendimiento a los propósitos de Dios. Él llega a la vida de esa viuda, le dice que le dé de comer. La viuda le dice: "De comer yo tengo, que le dé pan, y el pan se hace con harina y con aceite." Y la viuda le dice: "Yo tengo harina y aceite para mí, mi hijo y para un día." Y le dice: "Sí, yo sé, pero la harina que tú tienes y el aceite que tú tienes, dámelo, dámelo a mí primero, antes que para ti y para tu hijo. Y yo te garantizo que tú tendrás provisión para ti, para tu hijo y para mí." Y la viuda de alguna manera, movida por Dios, entendió los propósitos de Dios, hizo exactamente como Elías le indicó, y el texto dice que todos los días que Elías estuvo con ella, hubo harina y hubo aceite para él, para la viuda y para su hijo.

Ahora, escúchame: cuando nosotros hablamos de estas cosas, no estamos hablando del evangelio de la prosperidad. El evangelio de la prosperidad habla de que cuando tú le das a Dios, le das a Dios para activar una fuerza de la reciprocidad, por medio de la cual esa fuerza obliga a Dios a devolverte y a devolverte con creces. De eso hablan Benny Hinn, Cash Luna, Guillermo Maldonado y todos los que enseñan ese tipo de enseñanzas heréticas. Yo estoy hablando de confianza en la provisión de Dios conforme a la revelación de la Palabra de Dios, en medio de prueba y en medio de aflicciones.

Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, los que tuvieron mucho y los que tuvieron poco dieron. De hecho, en la época en que el diezmo fue instituido, el diezmo era igual para los que tenían mucho y los que tenían menos. Porque los más favorecidos somos nosotros al dar, porque estamos luchando y debilitando el más grande ídolo de toda la humanidad desde que la vida se comenzó a desarrollar. Pero también ellos dieron de esa manera porque el dinero no era uno de sus ídolos. Cuando tú tienes poco, el dinero no puede ser tu ídolo, porque ni siquiera lo poco que hubiera sido es suficiente. Es cuando lo tenemos que el dinero se levanta como un ídolo en nuestros corazones.

Lo que hace difícil dar u ofrendar no es el que tengamos mucho o menos, sino que el dinero es el ídolo número uno de la raza humana. Y los ídolos son dioses funcionales, y los dioses no se comparten, porque son dioses. Entonces, cuando yo comienzo a entender esas cosas y Dios es capaz de destruir ese ídolo, se me hace mucho más fácil dar para Dios, aun cuando es simplemente para beneficio de otros.

Tercer punto de enseñanza: la escasez no es justificación para no dar. La escasez no es justificación para no dar. Versículo 3: "Porque yo testifico que según sus posibilidades, y aun más allá de sus posibilidades, dieron de su propia voluntad." Yo doy testimonio de que esta gente dio de acuerdo a sus posibilidades, o sea que en una profunda pobreza tenían algo de posibilidad, y aun más allá de sus posibilidades. Esta gente, en medio de su pobreza, no calcularon los riesgos, no calcularon sus posibilidades, y lo dieron de su propia voluntad.

En otras palabras, Pablo no los forzó, no los manipuló para que dieran, no les ofreció prosperidad a cambio de que si ellos sembraban dinero Dios se los iba a devolver multiplicado. Pablo no les puso lo que llaman en inglés un guilt trip, no les puso una carga de culpa encima, nada de eso, no los acusó de poco espirituales, nada, nada, absolutamente nada. Ellos dieron de su propia voluntad, dieron porque querían dar. De hecho, Pablo ni siquiera les pidió que dieran, ni les insinuó que dieran. Pablo más bien les dijo que no dieran. Y ellos dijeron: "Pablo, Pablo, por Dios, Pablo…"

Voy a continuar preguntando, yo les dije que hoy iba a ser muy preguntón: ¿qué se requiere para dar de esa manera? ¿Usted no quiere saber qué se requiere para dar de esa manera? Alguien pudiera decir: "Bueno, la gracia de Dios." Sí, sabemos que la gracia de Dios, absolutamente. Pero esa gracia de Dios que da liberal y generosamente, la tenemos, y con la gracia de Dios todavía no vemos, todavía no damos. Entonces la respuesta pudiera ser: para dar de esa manera, yo necesito ver la vida correctamente. Esa es la respuesta. Para dar de esa manera, yo necesito ver la vida correctamente. Ahora, ¿qué cosas me ayudan a entender que no estoy viendo la vida correctamente?

Vamos a hablar de algunas de esas cosas. La mayoría de las personas valoran más este mundo que el mundo venidero, y la mejor evidencia de que valoramos más este mundo que el mundo venidero es la lista de sus gastos. La mayoría de nosotros estamos mucho más dispuestos a pagar dinero por algún disfrute de este lado de la gloria que por algún libro cristiano que consideramos muy caro. Para algunos, quince dólares es caro. "La cosa no está fácil, pastor." Para otros, quizás cuarenta dólares. "Caro, cuarenta dólares, un libro." Por ese mismo fin de semana me puedo gastar cien o trescientos dólares en otras cosas. ¿Cuánto dura el libro? La mayoría de las personas le da al mundo lo que jamás le daría al reino de los cielos.

La mayoría de las personas está dispuesta a darle a este mundo, donde va a vivir setenta u ochenta años, lo que jamás le daría al reino de los cielos. Lo que implica que valoro este mundo de una manera sobredimensionada, por mucho, al mundo venidero. La mayoría de las personas gasta en una cena, en la compra de algo terrenal, lo que no pagaría de ninguna manera por algo del reino de los cielos. Los hombres, las mujeres, los hijos, mueren con más tesoros de este lado de la gloria que de aquel lado de la gloria, a pesar de que Cristo dijo que no acumuláramos tesoros de este mundo, porque la polilla se lo come, y que los pusiéramos en el próximo mundo, donde la polilla no corrompe y, aparte de eso, es el único lugar donde me va a esperar el tesoro que coloco allí.

La mayoría de las personas habla mucho más de este mundo que del mundo que les espera. Eso es increíble: que la mayoría de las personas habla más de estos setenta u ochenta años que va a pasar aquí, que de la eternidad que les espera. Y nuestras conversaciones lo revelan. Por tanto, no tenemos una visión correcta de la vida, y si no tenemos una visión correcta de la vida, jamás podremos tener un manejo correcto de las finanzas de este lado de la gloria. Jamás. Es una imposibilidad. Y estas son evidencias de que nosotros tenemos ojos demasiado aterrizados y poco celestiales. "Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe", pero vivimos terrenalmente. Entonces los ojos no están en Jesús.

Cuarta enseñanza: dar para Dios es un privilegio. No una responsabilidad, no una carga, un privilegio. Escucha el versículo 4 y el principio del versículo 5: "Suplicándonos con muchos ruegos el privilegio de participar en el sostenimiento de los santos." Y esto no como lo habíamos esperado. Los macedonios llegaron a dar de esa manera porque llegaron a entender que darle a Dios de regreso lo que Dios ya les había dado, después de que Él les dio la inteligencia y la capacidad física para producir, es un privilegio, no una carga, no algo pesado, no una limitación. Es algo bueno.

Y cuando Pablo no les estaba pidiendo, le suplicaron. Nótese el énfasis: suplicar es una palabra enfática; con muchos ruegos es otra expresión igualmente enfática. Es como que Pablo les estaba diciendo que no, y ellos respondían: "Pablo, no nos quites el privilegio de dar." No es que se sintieran culpables, no es que si no contribuían se sentían mal. No, no, no. Pablo, tú nada de eso, nada de victimización. "Esto es un privilegio, no nos robe eso. Es algo bueno en lo que nosotros queríamos participar, sostener a otros santos. Aquellos santos están en necesidad y nosotros también estamos en dificultad, pero queremos compartir." Y Pablo dice, escucha lo que Pablo dice: "Y esto, no como lo habíamos esperado." En otras palabras: yo me sorprendo de la disposición del corazón de estos hermanos. Le sorprendió la abundancia de su generosidad, los ruegos insistentes que ellos tuvieron frente a Pablo. Eso es raro, extremadamente raro.

Por eso digo que la escasez nunca es justificación para no dar. Pablo fue sorprendido, y saben quién más fue sorprendido.

El Señor Jesús, Él era la historia. Pero el Señor Jesús un día fue al templo y se sentó frente al arca donde la gente venía a dar dinero, y Él veía cuánto daba cada quien. Voy a leer ahora, imagínate que yo me siento frente a una urna de esas en la iglesia y cuando la gente viene, yo comienzo a preguntar: "¿Tú cuánto traes? ¿Cuánto?" Mira lo que Marcos cuenta en el capítulo 12, versículos 41 al 44.

"Jesús se sentó frente al arca del tesoro y observaba cómo la multitud echaba dinero en el arca del tesoro." Y era un arca, no era como —saben cómo nosotros tenemos una rendija y un sobrecito para que nadie vea; así son las cosas en el siglo XXI—, no. Esto era un arca, la gente venía y se veía, la gente se alardaba de lo que traía, echaba dinero en el arca, y muchos ricos echaban grandes cantidades. Llegó una viuda pobre y echó dos pequeñas monedas de cobre, o sea, un cuadrante. Esto era como la monedita más pequeña que se podía pensar.

Llamando a sus discípulos —eso está sorprendente, llamó a sus discípulos—, Él fue y cuando los vio, dijo: "Discípulos, les voy a contar esto. En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos los contribuyentes al tesoro, no que uno, sino que todos. Porque todos echaron de lo que les sobraba, pero ella de su pobreza echó todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir." O sea, Jesús vio que cuando ella se fue de ahí, llegó a su casa y no tenía otro cuadrante más. Él dijo que ella había echado todo lo que poseía para vivir. Ella dio más que todos.

Y nosotros, si somos honestos, todos los que dimos hoy lo dimos de algo que nos sobraba. Pero Jesús está impresionado con esta viuda, que dio de esa manera. Cristo dijo en otro momento, en otro contexto: "Si dáis a los que os aman, o que a los que os hacen bien, no tenéis ningún mérito." Y quizás pudiéramos decir que Cristo pudo haber dicho algo similar: "Si das a Dios de lo que te sobra, ¿qué mérito tenéis? Los filántropos también hacen eso, y otros que no son cristianos también."

De manera que lo que Pablo está ayudando a los corintios a entender es que cuando Dios da una gracia y esa gracia nos mueve a hacer cosas —en este caso, a dar—, Dios no está tratando de empeorar nuestra situación. Dios está ayudando a entender que la gracia de Dios me puede sostener en medio de la peor dificultad. La viuda de Sarepta dio lo último que le quedaba, la viuda que Cristo vio dio lo que le quedaba, las iglesias de Macedonia dieron de lo poco que tenían.

De manera que estas iglesias: Tesalónica, Berea y Filipos —estas son las iglesias básicamente que estaban en Macedonia— tienen una misma actitud. Pero cuando Pablo le escribió a los tesalonicenses en su primera carta, les dijo que ellos habían constituido un ejemplo para todas las iglesias en Acaya, en Macedonia y aún más allá, de forma tal que parece que el ejemplo de los tesalonicenses fue copiado por otras iglesias en Macedonia. Y ahora toda esta gente está imitándose unos a otros, y en medio de una gran tribulación y en una prueba de escasez, ellos dieron deliberadamente.

¿Cómo llego a hacer lo mismo que esta gente? Esa es la pregunta. Próximo punto de enseñanza.

El versículo 5 nos enseña que para dar, primero yo debo darme a Dios. Mira lo que dice aquí en la segunda parte del versículo 5: "sino que primeramente se dieron a sí mismos al Señor y luego a nosotros por la voluntad de Dios." En ese orden. Obviamente, hermano, todo el que ha nacido de nuevo se ha dado a Dios, pero ya tenemos que admitir que no todo el mundo se ha dado a Dios de la misma manera. No todo el mundo se ha dado a Dios como el apóstol Pablo se dio. De tal forma que, de alguna manera, Pablo entendió que esta gente, estas iglesias de Macedonia, se habían dado a Dios de una manera especial, y por tanto, como se habían dado a Dios de esa forma, se habían dado a la causa de Cristo de la misma manera.

Y luego se dieron a nosotros, porque el apóstol Pablo está haciendo una admisión que tiene que ver con la causa de Cristo. De manera que se dieron a Dios, luego se dieron a nosotros y están sustentando al apóstol Pablo. Ellos no pueden predicar, ellos no pueden viajar, ellos no tienen los dones y talentos del apóstol, pero ellos pueden apoyar a Pablo en su obra misionera, y eso fue lo que hicieron.

De manera que yo tengo que pensarlo de esta forma: ¿Estoy yo buscando el reino de Dios primero y su justicia, o yo he agregado el reino de Dios a mi vida? Yo lo tengo, lo quiero tener, pero lo agregué; está ahí en mi lista. Porque eso es lo que va a hacer la diferencia a la hora de leer la Palabra, a la hora de orar, a la hora de confiar en Dios, a la hora de integrarme a una iglesia, a la hora de darle tiempo a la iglesia donde Dios me ha integrado, a la hora de ofrendar. Esto va a hacer una diferencia en todo el sentido de la palabra. Los macedonios se dieron al Señor y luego a nosotros, dice Pablo.

¿Cómo lo hicieron? Por la voluntad de Dios. ¿Cómo así por la voluntad de Dios? Porque Dios les dio una gracia; la gracia operando en ellos los hizo moverse en esa dirección. El haberse dado a la causa de Cristo de esa manera produjo gozo en medio de la aflicción, y abundancia al ofrendar para los santos, y ver el dar como un privilegio y no como una carga.

Punto número 6 de enseñanza: lo que hemos recibido por gracia, por gracia debemos dar. Eso es lo que enseña el Señor Jesús en Mateo: "De gracia recibisteis, dad de gracia." Escucha cómo esto está dicho aquí en otras palabras, versículos 6 y 7. En consecuencia —en consecuencia de qué, en vista del ejemplo de los macedonios, de Tesalónica, Filipos y Berea—, en vista de ese ejemplo, entonces ¿qué hizo Pablo? Bueno, rogó a Tito. "Rogamos a Tito que, como él ya había comenzado antes, este asunto de las ofrendas, también llevara a cabo en vosotros esta obra de gracia."

Esto de la ofrenda viene de atrás. En la primera carta a los corintios, cuando va a cerrar en el capítulo 16, Pablo está hablando de una ofrenda que debían recoger, él con otras dos personas que ellos designaran, y llevarla a Jerusalén. Pero resulta que los corintios comenzaron a acusar a Pablo de cosas que él no había hecho; se levantó una persona en medio de la congregación que acusó a Pablo, acusó su carácter, acusó su ministerio. Y en vista de eso, la ofrenda se quedó ahí como a la mitad y nunca se llevó ni nunca se terminó de recoger.

En vista de eso, entonces, "le rogamos a Tito que, como él ya había comenzado esto antes, también llevara a cabo en vosotros esta obra de gracia." Es una obra de gracia, no es una obligación. "Mas así como vosotros abundáis en todo, en fe, en palabra, en conocimiento, en toda solicitud y en el amor que hemos inspirado en vosotros, que también abundéis en esta obra de gracia." Parece ser que Tito como que no estaba muy convencido de hacer esto. "Rogamos a Tito: ve a hablar con esta gente." No sé si Tito le diría a Pablo: "Esta gente acaba de reconciliarse contigo, ya les estamos pidiendo una ofrenda." Y Pablo está haciéndolo en vista de este ejemplo; está tratando de animarlo por medio del ejemplo de las iglesias de Macedonia.

¿Cómo lo está diciendo? Con el ejemplo de las iglesias de Macedonia. Y le ruega a Tito que complete algo que ya había comenzado, pues parece que Tito tenía algo que ver con esto desde el inicio. Pablo llama esto una obra de gracia: "Completa esta obra de gracia." Él les recuerda a los corintios que ellos han recibido abundante gracia. Nota cómo lo dice Pablo: "Ya que ustedes han abundado en fe, en palabra, en conocimiento, en toda solicitud y en el amor."

Esta es una iglesia que, a pesar de su inmadurez, es grandemente bendecida. De hecho, en la primera carta a los corintios, en el capítulo 1, versículo 5, escucha lo que Pablo dice: "Porque en todo fuisteis enriquecidos en Él, en toda palabra y en todo conocimiento." En todo fuisteis enriquecidos. Y ahora él les dice claramente en qué áreas: en fe, en palabra, en conocimiento, en toda solicitud y en amor. "Ya que ustedes han recibido todo eso de gracia, pues den de gracia ahora que les toca dar."

Solo que Pablo está diciendo: "Fuisteis enriquecidos, aun en el amor que hemos inspirado en vosotros." Pablo los anima a completar la obra de gracia. La primera parte, todo lo que ustedes recibieron, todos estos dones que han disfrutado, esa es la obra de gracia. Pero no ha terminado. Los macedonios están enseñando que hay algo más que debemos hacer.

Y finalmente, punto número 7 de enseñanza: el dar es motivado por el amor. El versículo 8 dice: "No digo esto como un mandamiento" —no hay obligación, no hay imposición—, "sino para probar, por la solicitud de otros, también la sinceridad de vuestro amor." Yo simplemente estoy probando la sinceridad de vuestro amor. ¿Hacia quién? ¿Hacia Dios? ¿Hacia quién más? ¿Hacia el hermano? El amor es el mayor motivador, bíblicamente hablando, para la vida cristiana.

El Señor Jesús lo enseñó: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, toda tu alma, toda tu mente y toda tu fuerza, y al prójimo como a ti mismo." Eso es todo. De manera que para dar ahora, viéndolo desde otro ángulo, para dar como esta gente dio, yo necesito amar a Dios y por tanto su causa, y luego amar al prójimo como yo me amo a mí mismo. Porque cuando yo amo al prójimo como yo me amo a mí mismo, voy a darle a ese otro lo que me doy a mí.

Así es como la vida cristiana es. Por amor, Cristo dejó la gloria y se encarnó. Por amor, Cristo sirvió a los hombres y fue a la cruz. Por amor, Cristo se crucificó. Por amor, Cristo dio su vida en rescate por muchos. Por amor, Dios nos perdona. Por amor, Dios no nos abandona. Y de la misma manera, todo se dificulta cuando el amor no está presente. Nuestra desobediencia no es más que —como lo hemos dicho tantas veces— una falta de amor. Si le amáis, guardad mis mandamientos.

El mejor motivador para la obediencia es el amor por Dios. El mejor motivador para ayudar a mi hermano es el amor por mi hermano. Nuestra contribución al reino de Dios por debajo de lo que Dios espera es simplemente una falta de amor por el reino.

Yo siempre digo, cuando la gente me pide que hable de mi testimonio, cuando yo me fui al estado de sonido a estudiar y cuando me quedé allá por 15 años y todo eso, que yo llegué allá y estaba construyendo mi propio reino. No me hablen de cuántas veces nacemos de nuevo y seguimos construyendo nuestro propio reino. Nuestra contribución al reino de los cielos por debajo de lo que Dios espera es simplemente una falta de amor por Su reino.

Nuestro cuestionamiento acerca de cuánto debo dar no es más que una falta de amor a la causa de Cristo y un amor desmedido por nosotros mismos. Por eso cuestionamos tanto, tratamos de buscarle todos los resquicios, todas las formas, todos los desvíos posibles. El amor no teme esfuerzos, no teme riesgos, no teme sacrificios, no teme humillación, porque el verdadero amor da sin medida y frecuentemente da sin esperar que el otro le devuelva. Por eso es considerado amor verdadero, amor sincero, amor ágape. Y de eso es que se trata.

Miren, si tú quieres ver la causa de Cristo de esa manera, necesitas amar a Dios como Él quiere que lo ames y amar a tu hermano como Él quiere que lo ames. Porque cuando ames a Dios como Dios quiere ser amado, ese mismo amor de Dios es generador del otro amor, que es el amor por tu hermano, y ese será tu mejor motivación para ofrendar y para dar.

Ya jamás será por publicación, jamás será por sentirte culpable, jamás será porque otros te presionan, jamás será por el qué dirán. Será porque tú amas la causa de Cristo, aprecias el reino de los cielos que te ha sido dado, y estás más interesado en ver el reino de los cielos crecer que en tu propio reino. Así de sencillo.

Miren, aquí está el postulado. Este es el primero de varios mensajes acerca de cómo dar, en el capítulo 8 y el capítulo 9. Quizás alguno está pensando: "¿Cuántos mensajes, pastor?" para ya regresar con varios amigos. Pero no haga eso, porque todo el consejo de Dios necesita ser escuchado para toda la congregación y en mi vida.

Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet www.integridadysabiduria.org. En esta página encontrará información sobre la producción de este y otros recursos que ponemos a su disposición, como también las formas en las que usted puede contribuir con la producción de programas como estos. Les invitamos nuevamente a visitar nuestra página de internet www.integridadysabiduria.org. Será hasta la próxima, cuando nos reencontremos en Su Palabra.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.