Miguel Núñez • 23 febrero, 2020
¿Qué tan poderoso es el Dios que promete guardarnos hasta el día final? Para dar una idea, basta considerar que nuestro sol —apenas una estrella pequeña entre billones— produce cada segundo la energía equivalente a 1,820 millones de bombas termonucleares, y podría abastecer a Estados Unidos por nueve millones de años con lo que genera en un instante. Y Dios sostiene esa estrella, junto con billones más, simplemente con el poder de su palabra, sin fatigarse ni cansarse. Ese mismo poder es el que guarda al creyente verdaderamente regenerado hasta la salvación final.
Pero guardar sin caída no significa que el cristiano no pueda tropezar ni sufrir consecuencias por su pecado. David cayó desde una enorme altura moral; algunos corintios enfermaron y murieron por tomar la cena del Señor indignamente. Lo que Judas afirma es que quien ha sido genuinamente regenerado no puede terminar sin salvación. El Espíritu Santo preserva al creyente de múltiples maneras: iluminando las Escrituras para discernir el error, produciendo el querer y el hacer, desarrollando el dominio propio para resistir la tentación, supervisando que ninguna prueba sea irresistible, y aplicando disciplina correctiva cuando es necesario.
Ante un Dios así —el único Dios, creador, sustentador y Salvador— la única respuesta lógica es rendirle toda gloria, majestad, dominio y autoridad. No con palabras vacías, sino con una vida entera orientada hacia él. Como señala el pastor Núñez, después de contemplar lo que Cristo hizo en la cruz, la única manera racional de responder es con una rendición total, porque nunca se trató de nosotros; siempre se ha tratado de Dios.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Gloria, Majestad, Dominio y autoridad sean a nuestro Dios. Es el título de mi último mensaje sobre la carta de Judas. Este es el quinto de esos mensajes. Y realmente ha sido, como se han podido ver, una carta breve, pero rica en enseñanza, profunda en contenido.
Y de hecho, algunos de ustedes me han expresado que han sido sorprendidos por la manera como la carta les dejó ver cuánta riqueza espiritual Dios puso en pocos versículos, y de qué manera Dios pudo usar su Espíritu y su Palabra de una manera al unísono para producir arrepentimiento. Muchos de ustedes se pararon, dieron testimonio en un domingo, en un par de ocasiones en un miércoles, de aquellas cosas que no estaban bien con Dios. Otros todavía están en proceso, pero si hay algo que es mi deseo en oración es que esta serie que termina hoy no termine sin haber logrado el propósito para la cual Dios la puso en nuestro corazón en el primer lugar.
Como dijimos a lo largo del camino, Judas usa un lenguaje extremadamente confrontacional hacia los falsos maestros, y a pesar de que esa es la meta de la carta de Judas, nosotros pudimos ver cómo Dios tomó ese mismo mensaje, lo aplicó al corazón de la iglesia aquí y de la iglesia afuera que estuvo escuchando, y produjo grandes arrepentimientos.
Ciertamente el lenguaje de Judas aquí es poco usual. Él compara a los falsos maestros con animales irracionales, y no solamente los compara con animales irracionales, pero Judas les llama impíos, convertidores de la gracia de Dios en lascivia o lujuria, y negadores del Señor. Él habla de esos apóstatas que contaminan la carne, desprecian las autoridades y blasfeman seres celestiales o angelicales. Él los compara y les llama escollos o arrecifes ocultos, apacentadores de sí mismos, nubes sin agua, árboles sin frutos, olas furiosas y estrellas errantes.
Y luego, entonces, Judas concluye con los versículos 24 y 25, que es básicamente el texto del día de hoy, con una doxología extraordinaria. Para aquellos de nosotros que no están familiarizados con la palabra doxología, déjame decir lo que uno de los diccionarios dice acerca de lo que es una doxología: es una fórmula breve para expresar alabanza o gloria a Dios. La doxología, continúa el diccionario diciendo, generalmente contiene dos elementos: una expresión de alabanza a Dios, por lo general en tercera persona, y una manifestación de su naturaleza infinita. En otras palabras, la doxología usualmente tiene dos componentes: una parte que tiene que ver con el sentido de alabanza dada a Dios, en respuesta a Dios, y tiene una declaración de la esencia de lo que Dios es.
El término doxología no aparece en todas las Biblias, sin embargo, hay múltiples expresiones doxológicas en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento. Sin embargo, esta doxología del texto de hoy es probablemente una de las más largas en toda la revelación bíblica. De hecho, creo que hay una sola doxología que compite con ella en longitud, y tiene que ver con algo que está escrito que te lo voy a leer, porque eso va a contribuir a ayudarnos a entender de qué forma doxológica tú y yo deberíamos vivir, y cómo tú y yo deberíamos responder cuando un mensaje realmente exalta la grandeza de nuestro Dios.
Presten atención. Se encuentra en el primer libro de Crónicas, capítulo 29, del 10 al 13. Dice lo siguiente: "Y bendijo David al Señor en presencia de toda la asamblea, y David dijo: Bendito eres tú, oh Señor, Dios de Israel, nuestro padre, por los siglos de los siglos. Tuya es, oh Señor, la grandeza y el poder y la gloria y la victoria y la majestad. En verdad, todo lo que hay en los cielos y en la tierra, tuyo es el reino. Tú eres el Señor, y tú te exaltas como soberano sobre todo. De ti proceden la riqueza y el honor. Tú reinas sobre todo, y en tu mano están el poder y la fortaleza, y en tu mano está el engrandecer y fortalecer a todos. Ahora pues, Dios nuestro, te damos gracias y alabamos tu glorioso nombre."
Esa es la única doxología que probablemente es más extensa que la que Judas tiene al final de esta corta, esta breve epístola. Las doxologías usualmente aparecen al final de un capítulo, o al final de una sección, para cerrar una sección de dicha carta o dicho libro.
A manera de ilustración, el libro de Romanos: tú puedes dividir esta epístola en dos. El capítulo 1 al capítulo 11, donde Pablo nos habla de todo lo que Dios ha hecho a favor del pecador, cómo la ira de Dios se manifiesta de los cielos contra toda impiedad e injusticia de los hombres que suprimen la verdad, Romanos 1:18, y cómo el satisface es el poder de Dios para salvación, Romanos 1:16, y cómo el justo por la fe vivirá, Romanos 1:17. Y luego pasa al capítulo 2 y habla de cómo ese judío que se consideraba tan moralista estaba igualmente condenado como el gentil. Y luego el capítulo 3, 4 y 5 nos habla de que las obras de la ley no nos sirven para ninguna salvación, y que judío no es verdaderamente el que ha sido circuncidado en la carne, sino el que ha sido circuncidado en el corazón, y que la salvación, si es por obra, ya no es por gracia; si es por gracia, no es por obra. Y Pablo va montando, como levantando, como algo creciendo, hasta llegar al capítulo 11, donde él entonces cierra esta sección hablando de la sabiduría de Dios y de cuán grande es, cuán insondables sus caminos, cuán inescrutables son sus caminos, insondable su sabiduría. Es una doxología que cierra una sección para abrir la siguiente sección del capítulo 12 y decir: ahora, todo lo que a nosotros nos toca hacer en virtud de las misericordias de Dios expresadas en los primeros 11 capítulos. Eso es cómo ella funciona en el Nuevo Testamento.
Y en el día de hoy, esta doxología probablemente es una de las más extraordinarias, no solamente en la Biblia, sino en toda la historia de la Iglesia, en todos los siglos que se han escrito. Judas tomó 23 versículos para denunciar a los falsos maestros y a las falsas enseñanzas, y después de describir la condición vergonzosa de los falsos maestros, Judas se dispara con un lenguaje extraordinario, pasando de la vergüenza del hombre pecador a la gloria del Dios creador.
Y estas son las palabras de Judas, el versículo 24 y el versículo 25: "Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y para presentaros sin mancha en presencia de su gloria con gran alegría, al único Dios nuestro Salvador, por medio de Jesucristo nuestro Señor, sea gloria, majestad, dominio y autoridad, antes de todo tiempo, y ahora, y por todos los siglos. Amén."
Es el final. En esencia, esos dos versículos tienen dos puntos de enseñanza: uno, aquello de lo que Dios es capaz de hacer por nosotros; y dos, aquello que a nosotros nos toca devolverle a Dios en reconocimiento a lo que Él es y a lo que Él ha hecho. Pero esos dos versículos son ricos en contenido espiritual.
Y para ayudarte a ver la riqueza de esos dos versículos, yo quisiera hacerle a los versículos, contigo presente, seis preguntas. Dos versículos, seis preguntas. Porque de esa manera es que nosotros podemos extraer todo lo que Dios quiere decirnos en sus pasajes, cuando nosotros podemos literalmente cuestionar el texto como lo vamos a hacer en el día de hoy.
Pregunta número uno: ¿Qué tan poderoso es nuestro Dios para garantizar nuestra salvación? Cuando Judas dice que Dios es poderoso para guardarme hasta ese día, ¿qué tan poderoso es ese Dios? Pregunta número dos: ¿A qué se refiere Judas cuando dice que Él es capaz de guardarme sin caída? La frase "sin caída", ¿qué significa? Pregunta número tres: ¿Qué quiere Judas enseñarnos cuando dice que nosotros seremos presentados delante de Dios sin mancha? Pregunta número cuatro: ¿Por qué Judas se refiere a Dios como "al único Dios nuestro Salvador, por medio de Jesucristo nuestro Señor"? Pregunta número cinco: ¿A qué se refiere Judas cuando habla de que a nuestro Dios sea gloria, majestad, dominio y autoridad? Y pregunta número seis: ¿Cuál es el significado de la expresión "antes de todo tiempo, y ahora, y por todos los siglos, amén"?
Consideremos la primera pregunta: ¿Qué tan poderoso es mi Dios para guardarme hasta el día final, cuando yo tenga que presentarme ante el tribunal de Cristo? Y vamos a tratar de responder a esta pregunta a manera de comparación con algo que la Biblia dice y algo que vemos en su creación, para que tú puedas entender algo de cuánto poder tiene nuestro Dios.
El autor de Hebreos dice que Dios no solamente creó el universo, sino que sostiene el universo por el poder de su Palabra. Billones y billones de astros existen y son sostenidos por el poder de la Palabra de Dios por miles de años. Dios quería que Isaías pudiera entender y comunicar algo de esa verdad cuando él dice en Isaías 40:28: "¿Acaso no lo sabes? ¿Es que no lo has oído? El Dios eterno, el Señor, el creador de los confines de la tierra, no se fatiga ni se cansa." En otras palabras: yo lo creo, yo lo sostengo, y sabes qué, Isaías, miles de años después no estoy fatigado y no estoy cansado, a pesar de que todas las fuerzas del universo dependen de mi ser y de mi poder.
¿Cuánto poder es eso? Déjame darte una idea, pero tienes que afinar tu entendimiento. Nuestro universo tiene billones de billones de estrellas. Nuestro sol es una de ellas, es una de las más pequeñas en todo el universo.
Déjame decirte, ¿cuánto poder hay en una de billones de estrellas de las cuales Dios sostiene continuamente por el poder de su palabra? Nuestro sol, cada segundo, convierte 700 millones de toneladas de hidrógeno en 695 millones de toneladas de helio y 5 millones de toneladas de energía, cada segundo. ¿Cuánto es eso? 386 billones de billones de megawatts por segundo. ¿Cuánto es eso? Si tú quieres tener una idea, la planta atómica más poderosa en todo el planeta tierra produce entre 500 y 2000 megawatts; el sol produce 386 billones de billones de megawatts. Todavía no entiendo, ¿cuánto poder es ese? ¿Puedes ponerlo en otros términos? En un segundo, el sol puede darle a Estados Unidos toda la energía que consume en un día y hacer eso por los próximos 9 millones de años. En un segundo, boom, boom, ahí en ese tiempo el sol produjo toda la energía que Estados Unidos podría necesitar por los próximos 9 millones de años, 24 horas al día.
¿Tú quieres otra ilustración? En un segundo, el sol produce la energía que 1820 millones de bombas Zar, que son las bombas más poderosas termonucleares que se han producido. Boom, 1820 millones de bombas nucleares explotaban al mismo tiempo; el sol puede hacer eso en un segundo y continuar haciendo eso por los próximos 5 billones de años antes de apagarse. Y Dios dice: "Yo sostengo esa estrella y los billones y billones más grandes que tu sol simplemente con hablar." ¿Tú crees que ese Dios es capaz de guardarte sin caída hasta el día de Cristo Jesús? ¿Tú crees que él tiene el poder? En su intención, en su fidelidad, sabemos que la tiene, pero ¿tiene él el poder para hacer algo que a nosotros se nos hace difícil aún concebir cuánto poder es eso?
Y aún más, él dice a través de Isaías: "¿Sabes qué? Tengo miles de años haciendo eso y no estoy cansado, no estoy agotado. De la misma manera que yo estaba al principio, así estoy hoy, así voy a estar por el resto de la eternidad." En buen dominicano: yo estoy como el primer guandúl. Este es el poder de Dios que es capaz de guardarme.
Ahora, la segunda pregunta es: ¿a qué se refiere Judas cuando dice que es capaz de guardarme sin caída? La frase "sin caída," ¿qué quiere decir? ¿Significa eso que el creyente no tiene la capacidad de tropezar y caerse, y en ocasiones caerse de grandes alturas? Claro que no. La Palabra de Dios está ahí para probar lo contrario. Nosotros tenemos en el Antiguo Testamento la historia de David, cómo cayó de una enorme altura, un hombre conforme al corazón de Dios, después de su adulterio con Betsabé. Nosotros tenemos en el Nuevo Testamento no solamente la historia de Pedro, pero tenemos la historia de los creyentes en la iglesia de Corinto que fueron a la Cena del Señor y la tomaron indignamente, y algunos enfermaron. Dijo: "Yo a los enfermé, a otros los debilité y a otros les quité la vida." De manera que Judas no está diciendo que el cristiano en su caminar no es capaz de pasar por experiencias de ese tipo. Judas no está diciendo que nosotros no somos capaces de pecar contra la ley de Dios.
Y dicho sea de paso, leí antes de ahí una frase que posteó Pedro Jiménez de nuestra iglesia, de Martyn Lloyd-Jones, que a mí me pareció extraordinaria, porque decía que cuando el cristiano peca él no peca contra la ley. Yo primero tuve como que echar para atrás y pensarlo por un momento: que él no peca contra la ley sino que él peca contra el amor. Y la pregunta es: ¿qué quiso decir Lloyd-Jones con eso? La razón por lo que estoy tratando esto es para que entendamos qué es lo que Judas quiere decir cuando dice que él es capaz de mantenerme, de guardarme sin caída, y qué él no quiere decir.
La razón por lo que Lloyd-Jones está diciendo que el cristiano cuando peca no peca contra la ley sino que peca contra el amor es por algo que nosotros encontramos en la primera carta a los Corintios, capítulo 9, versículo 21, cuando Pablo dice que nosotros no estamos bajo la ley sino que estamos bajo la ley de Cristo. La próxima pregunta sería: ¿cuál es la ley de Cristo? Porque es contra esa ley que Lloyd-Jones está diciendo que tú y yo pecamos, contra la ley de Cristo. La inmensa mayoría de teólogos ortodoxos está de acuerdo que la ley de Cristo representa los dos grandes mandamientos que Cristo dijo que eran los mayores y que resumían toda la ley y los profetas: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con toda tu fuerza, y al prójimo como a ti mismo. Esa es la ley de Cristo, porque eso es lo que Cristo dice que resume toda la ley y los profetas. En otras palabras, los diez mandamientos que resumen la ley entera están contenidos en esos dos mandamientos.
Por tanto, cuando el cristiano peca, él peca porque él no ha amado a Dios lo suficiente sino que se ha amado a sí mismo más que a Dios, y él peca porque no ha amado a su prójimo lo suficiente y se ha amado a sí mismo más que al prójimo en la satisfacción de tus deseos o mis deseos. Y de ahí la frase de Lloyd-Jones: que el cristiano al pecar no peca contra la ley de una forma impersonal, como el que viola la Constitución de la nación, sino que él peca de una manera personal contra una persona, ya sea Dios o tu prójimo o ambos al mismo tiempo. Yo creo que eso le da color a mi entendimiento acerca de mi pecado. Al pecar, nosotros nos hemos amado a nosotros mismos por encima de Dios y por encima del prójimo.
Judas no está diciendo que el cristiano no puede tropezar y caer y sufrir grandes consecuencias; la historia de David está ahí. No solamente eso, el autor de Hebreos, el capítulo 12, nos dice qué hace Dios cuando eso nos ocurre a nosotros, y eso nos sigue dando mejor entendimiento de qué es lo que Judas está diciendo. Escucha lo que el autor de Hebreos 12:5-7 nos dice: "Hijo mío, no tengas en poco la disciplina del Señor, ni te desanimes al ser reprendido por él, porque el Señor al que ama disciplina y azota a todo el que recibe por hijo." Escucha esta frase que es clave: "Es para vuestra corrección que sufrís. Dios os trata como a hijos, porque ¿qué hijo hay a quien su padre no disciplina?"
Lo que el autor de Hebreos me está diciendo es que cuando de mi obediencia se trata, muchas veces cuando Dios no ha podido encarrilarme por el camino de la obediencia, él me pone a través de algunas experiencias difíciles y dolorosas. Es para vuestra corrección que sufrís, porque en el sufrimiento que yo mismo me he autoinfligido, entonces está la corrección que me hace regresar al camino de la obediencia. Y por eso es que el autor de Hebreos 12 dice: "¿Sabes qué? La realidad es que al presente ninguna disciplina, no importa si soy yo que la sufre o si eres tú que la sufre, ninguna disciplina nos parece ser causa de gozo. Sin embargo, al final ella produce un fruto apacible de justicia, de rectitud moral, y en eso yo encuentro la satisfacción y el gozo."
Pero tú puedes ver que el autor de Hebreos me ayuda a entender a qué es que Judas se está refiriendo. Judas no se está refiriendo a que el cristiano no puede tropezar, caer, sufrir consecuencias, hasta el punto que él puede incluso llegar a sufrir dichas consecuencias como le pasó a los corintios. Entonces, ¿qué es lo que Judas está diciendo? Judas está diciendo que si tú eres verdaderamente nacido de nuevo, si tú has sido regenerado verdaderamente —no que yo hice una profesión de fe no más, no que yo fui a la iglesia por cinco años, por diez años, por el número de tiempo que sea—, sino que si verdaderamente el Espíritu de Dios ha venido a morar en ti, es una imposibilidad que tú termines sin salvación al final de la historia.
Y esa es la razón por lo que incluso cantamos parte de lo que Pablo proclama en Romanos 8, al final, versículos 37, 38, 39, cuando dice que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. Esa es la garantía de la que Judas está hablando. Es la misma garantía que Cristo dio cuando dijo que "mis ovejas oyen mi voz y me siguen" —¿dónde es?, Juan 10:27, y ahora el 28— "y yo les doy vida eterna y jamás perecerán y nadie las arrebatará de mi mano." Absolutamente nadie. Ese nadie me incluye a mí, si verdaderamente yo he sido regenerado. "Mi Padre que me las dio es mayor que todos y nadie las puede arrebatar de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno." Hay una garantía que depende más de él que de mí, y ese Dios es poderoso para mantenerme, presentarme sin caída, porque nadie puede vencer el poder de ese Dios que es quien me garantiza.
En el versículo 1 de esta carta, Judas dice que nosotros estamos siendo guardados, y esa es la palabra literalmente, para Jesucristo. Nosotros estamos siendo guardados para Jesucristo. El Cordero de Dios al final de la historia tendrá una multitud de redimidos que le rendirán honor y gloria por el resto de la eternidad. Ahora, ¿quién me guarda para Jesucristo? El apóstol Pablo, cuando le escribió a Timoteo, le llama a cuidar la doctrina e inmediatamente después le dice cómo, y es mediante el Espíritu Santo. El guardador es el Espíritu de Dios que viene a morar en mí.
La pregunta sería entonces: ¿cómo es que Dios se las ingenia, aparte de que él tiene el poder obviamente, pero cómo Dios se las ingenia sin convertirme en marioneta o robot para mantenerme en el camino de la salvación? Yo quiero darte alguna idea. Como el Espíritu de Dios mora dentro de mí, el Espíritu de Dios me da entendimiento e ilumina las Escrituras, me da entendimiento de qué es lo que el texto dice, hasta el punto que yo puedo discernir la verdad. Cuando yo escucho un falso maestro hablando el error, hablando la mentira, yo puedo decir: "Eso no es lo que este texto dice, yo lo sé," porque el Espíritu de Dios me ha dado iluminación y entendimiento acerca del texto.
Pero esta es una manera como el Espíritu de Dios actúa para que yo no me desvíe y me vaya detrás de falsas enseñanzas. Cuando Cristo dice "mis ovejas oyen mi voz", yo circuncido sus oídos y les doy entendimiento; de lo contrario, irían detrás de cualquier falso maestro.
Por otro lado, el Espíritu de Dios me mantiene en el camino produciendo en nosotros tanto el querer como el hacer. ¿Eso es verdad o es mentira? Claro que es verdad, Dios lo declara. Si Dios no hiciera eso por medio de su Espíritu, tú y yo nunca quisiéramos y nunca pudiéramos. Y hay ocasiones donde tú y yo no hemos querido ni hemos podido, y la razón no es que el Espíritu perdió fuerza y se debilitó, es que yo he resistido al Espíritu. Por eso es que el autor de Hebreos nos dice: "Si hoy oís su voz, no endurezcáis vuestros corazones, no resistáis como vuestros antepasados, como vuestros padres en las aguas de Meriba". Pero una de las maneras como Dios me mantiene en el camino, como me guarda, me preserva, es justamente produciendo en mí el querer y el hacer para que yo pueda hacer su voluntad. Pero si le resisto, yo nunca voy a querer ni yo nunca voy a poder.
¿Cómo más? Otra de las maneras como Dios es poderoso para guardar es porque Él produce el fruto del Espíritu. Hace unos años lo llamé así, y una de las características del fruto del Espíritu es el dominio propio, y el dominio propio es lo que me ayuda a mí a resistir la tentación. Pero si yo no ando en la verdad y si yo no ando en el Espíritu, no tengo llenura del Espíritu. Y sin llenura del Espíritu no tengo dominio propio; sin dominio propio no tengo manera de resistir la tentación; y sin resistir la tentación, yo tropiezo y caigo, y Dios tiene que comenzar un proceso disciplinario al estilo de Hebreos 12.
Tú puedes ver entonces la función vital que el Espíritu de Dios tiene en preservarnos en el camino. El Espíritu de Dios supervisa mis tentaciones. ¿Eso es extraordinario? Dios dice, lo vimos el domingo pasado con el pastor Méndez, que Dios ha dicho: ninguna tentación te va a sobrevenir que tú no seas capaz de soportar. Vamos a dejarlo hasta ahí primero. En otras palabras: "Yo estoy supervisando de qué manera el enemigo, tu carne, el mundo te puede tentar, y yo estoy garantizando que a tu vida no llegue nada que tú puedas decir: esto es irresistible".
Pero además, si por casualidad en algún momento yo permito que llegue a ti, hay algo más que yo voy a hacer, que está en el texto de Pablo a los Corintios: yo te voy a abrir una puerta. Y el Espíritu que mora en ti te va a dejar ver la puerta de salida. Y cuando no salgas, y tropieces y te caigas, es porque tú has cerrado los ojos a la puerta que yo te abrí.
De manera que el Espíritu de Dios me conserva en el camino de múltiples maneras con relación a la tentación: me da el dominio propio si estoy caminando en la verdad, estoy caminando en el Espíritu, produce el fruto del Espíritu. Y la otra manera como lo hace es que, teniendo dominio propio desarrollado y dado por el mismo Espíritu, cuando la tentación llega, Él mide y pesa la tentación que yo puedo o no soportar. Y si la encuentra muy pesada, me da una puerta para yo salir y me la deja ver.
Y si todavía habiendo hecho todo eso yo fallo, el Espíritu de Dios en su fidelidad aplica la enseñanza de Hebreos 12, cuando dice que es para vuestra corrección que sufrís. Él trae medidas disciplinarias que me hacen regresar. Es como si Dios dijera: "Miguel, vas a regresar o vas a regresar". "Jonás, vamos para Nínive". "No, no vamos para Nínive". "David, te vas a devolver o te vas a devolver. ¿Vas a hablar o no vas a hablar?".
De hecho, la primera tesis de Martín Lutero, la primera de las 95, dice que cuando Dios dice "arrepentíos", Él nos llamó a una vida marcada, caracterizada continuamente por el arrepentimiento. En otras palabras, como ha dicho Paul Washer en alguna ocasión por ahí que le escuché, la evidencia de que alguien es cristiano genuinamente no es que él se arrepintió un día cuando pasó adelante, levantó la mano, se paró en algún lugar o lo hizo solo, sino el hecho de que él ha continuado arrepintiéndose continuamente.
Porque cuando la tentación vino a David, el Espíritu de Dios estaba en él. Le habló, por así hacerles una ilustración: el Espíritu de Dios estaba en David, y tan pronto Natán lo confrontó, David inmediatamente respondió y se arrepiente en el acto, porque de Espíritu a Espíritu hubo una conversación.
Eso es, entre otras cosas que hemos mencionado, cómo Dios es poderoso para guardarme sin caída. Hay un poder que levantó a Cristo de entre los muertos que ha sido puesto en mi interior para producir el que yo permanezca, por diferentes formas y caminos que Dios se ha ingeniado. ¡Wow! Esa es la fidelidad de Dios.
Y para que tú no te lleves o te quedes o te vayas con una idea distorsionada de nuestro Dios: cuando Dios aplica sus medidas disciplinarias, por severas que sean, eso todavía es una muestra grande de su gracia y de su misericordia para conmigo. Porque lo único que está haciendo es: ya que los demás intentos han fallado, este va a cooperar para tu bien y para la preservación de tu salvación. Y las advertencias de Dios, cuando tú las ves en la Biblia, van de menor a mayor, y las consecuencias por igual de menor a mayor, según la respuesta que el creyente haya dado.
Dios es poderoso para guardarme sin caída de mi salvación. Yo mencioné algunas formas como Dios lo hace, siempre por medio de su Espíritu. De hecho, Cristo fue sostenido, como hemos dicho tantas veces, en la cruz por el Espíritu eterno. Él sostuvo a Cristo en la misión. ¿Hasta cuándo lo sostuvo? Hasta que el mismo Espíritu lo resucitó de entre los muertos, y Cristo entonces asumió otra vez su rol de Dios. Entonces el primer día de la resurrección comenzó a actuar por el poder intrínseco de su persona, que le había suprimido, no eliminado ni quitado, para hacer su función como Dios-hombre viviendo al poder del Espíritu.
¿Qué implica que tenemos que ser presentados delante de Él sin mancha? Yo creo que todos nosotros tenemos claro lo que es una mancha, y tenemos claro lo que es una mancha de pecado desde el Antiguo Testamento. Yo creo que ha quedado claro que sin derramamiento de sangre no hay perdón de pecado. De hecho, Adán y Eva fueron cubiertos con pieles, y lo que se asume es que Dios mató un animal, derramó su sangre, tomó sus pieles y los cubrió, dejándonos ver desde el principio: esta es la manera como el pecado será perdonado.
Entonces, la forma como Cristo nos va a presentar delante de Dios sin mancha es porque Él fue a la cruz y derramó sangre. Sin derramamiento de sangre no hay perdón de pecado, y la sangre, sin ser irreverente, es como el jabón espiritual que limpia mis manchas y entonces convierte mis pecados, rojos como la escarlata, en blancos como la nieve. Y el texto dice que entonces nosotros seremos presentados sin manchas por Cristo al Padre en toda su gloria.
Moisés no vio la gloria de Dios. Déjame aclarar eso porque ya supe que en el primer culto como que alguien se confundió. No veo cómo, pero Moisés le pidió a Dios que le dejara ver su gloria, y Dios le dijo: "No. Nadie puede ver mi gloria y vivir". Y sin embargo, Judas me dice que Cristo nos va a presentar en la presencia, o nos va a llevar a la presencia, a ver su gloria con gran alegría. ¿Imaginan el privilegio que eso es? Claro que eventualmente Moisés vio su gloria, pero en el momento cuando él quería verla, no pudo verla, no tuvo el privilegio. Nosotros vamos a tener el privilegio tan pronto entremos en gloria.
Y seremos presentados, dice el texto, con gran alegría. El Padre estará contento, el Hijo estará contento, el Espíritu estará contento, los ángeles, arcángeles, principados, serafines, querubines, los santos que nos precedieron, nosotros... ¡todo el mundo estará contento ante la presencia! El gran coro de los redimidos de Dios. Imaginen lo que eso será: un día de gran celebración.
Y una vez Judas me ayuda a entender de qué cosa Dios es capaz de hacer, y los otros textos áulicos de cómo lo hace, entonces en el versículo 25 ahora nos deja ver cómo es que yo tengo que responder, que es la manera lógica de responder. Y yo decía en uno de mis tuits en estos días que después de la crucifixión de Cristo, la única manera lógica —yo no digo emocional, lógica— de responder a esa cruz en mi favor, de poder del perdón de mis pecados, es con una rendición total de mi vida a su vida, a su soberanía, para su gloria. Todo lo demás es ilógico e irracional.
Entonces Judas me dice: ya entendiste de lo que Dios es capaz y cuánto de eso es suyo. Entonces vamos ahora a hablar de su esencia, porque eso es lo que me va a ayudar a mí a entender a qué Dios es que estoy alabando y glorificando: "Al único Dios, nuestro Salvador, por medio de Jesucristo nuestro Señor, sea gloria, majestad, dominio y autoridad, antes de todo tiempo y ahora y por todos los siglos. Amén".
Primer versículo, tres preguntas. Segundo versículo, tres preguntas. Pregunta número cuatro del texto entero: ¿Qué significa "al único Dios nuestro Salvador por medio de Jesucristo nuestro Señor"?
Esta es la continuación de la doxología. Esta es la afirmación una vez más de que hay un solo Dios: en el pasado, en el presente, en el futuro. El ser humano siempre ha creído y seguirá creyendo que hay más de un dios. Dios estaba tan apercibido de esa realidad que le dio a Israel lo que llamaron el Shemá de Deuteronomio 6: "Escucha hoy, Israel: Dios uno es". Y el pueblo de Dios repetía eso dos veces al día por cientos de años, muchas veces al salir de la casa y al regresar a la casa.
Había un rollito ahí pegado a la pared que ellos todavía usan el día de hoy. Lo he visto múltiples veces cuando vivía en Estados Unidos. Y al salir de la casa tú tocabas ese rollito; ese rollito representaba la ley, y ahí tú recitabas el Shemá, o recitan todavía el día de hoy el Shemá: "Escucha hoy, Israel: Dios uno es". Y Judas está diciendo: "Al único Dios".
Fíjense, Judas también nos lo presenta como nuestro Salvador. Si Él es el único Dios, eso implica que nadie está por encima de Él. No puede haber más de un Dios.
Nadie, porque el concepto de Dios implica que nadie está por encima de Él. De hecho, no hay nadie igual a Él para que haya un segundo o tercer Dios. Nadie le ha dado consejo a Él para hacer lo que ha hecho ni para planificar lo que ha planificado. El concepto de soberanía implica un solo Dios. Imagínate cinco dioses tratando de dirigir el planeta Tierra. Imagínate cinco presidentes dirigiendo a República Dominicana; tenemos otros problemas con uno, imaginémonos con cinco. Son un comentario político: todas las naciones han tenido problemas con un presidente, hasta que venga el único sabio Dios y reine sobre todo.
Dios está declarado tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento como el único Dios, y dice que Dios es nuestro, es único y es nuestro Salvador. Él nos ha salvado de nuestra condenación, nos ha salvado de nuestra perdición moral y continúa salvándonos de nuestra corrupción moral remanente en nosotros, de nuestra falta de propósito, sentido y significado. Él nos ha salvado de nuestras ataduras que sofocan la plenitud de vida que Cristo compró en la satisface. Él nos ha salvado de las consecuencias que nosotros mismos continuamente nos autoimponemos al no seguir en sus caminos.
Él nos ha sacado del error a la verdad, nos ha sacado de las tinieblas a su luz. Él me ha llevado de la vergüenza a su gloria, me ha llevado de ser esclavo a ser libertad, me ha llevado de ser rebelde a ser un adorador, de ser un hijo ilegítimo a ser un hijo verdadero, legítimo, de ser un enemigo a ser amigo. Uno de los conceptos más altos que Dios levanta en el Antiguo y el Nuevo Testamento es el hecho de la amistad de Dios con el hombre. Abraham fue amigo de Dios, y Cristo les dice a los apóstoles: "Ya yo no les llamo a ustedes siervos, sino que les llamo amigos." Dios entiende mejor que cualquiera de nosotros ese término.
Ese Dios nuestro que Judas presenta como nuestro Salvador le quitó la vida a su Hijo para darme vida a mí, que estaba muerto en delitos y pecados. Supón que crees eso: mi muerte y por tanto resurrección requirió la muerte del Unigénito de Dios. Dios descargó la ira de su ser sobre su propio Hijo. No me diga que Dios no tiene ira, no me diga que Dios no se aíra enormemente. La ira de Dios se revela contra toda impiedad e injusticia de los hombres que pervierten, desvirtúan y suprimen la verdad todos los días. En cuanto a lo redimido, Dios la descargó sobre su Hijo, de manera que ahora Él pudiera descargar su gracia sobre mí. Dios aplicó la justicia sobre su Hijo para aplicarme a mí su misericordia.
Por eso es que Judas habla por un lado de ese Dios creador, sustentador, y por otro lado habla de ese Dios nuestro Salvador, nuestro. Él nos llamó, nos predestinó, nos justificó y nos glorificó, aunque eso todavía es futuro. Por eso a Él sea la gloria hoy y por siempre. Por eso es que Judas estaba diciendo lo que está diciendo. Esto, como Judas dice: sea gloria, majestad, dominio y autoridad, ¿a quién? A nuestro Dios.
Consideremos entonces la próxima pregunta, la quinta pregunta: ¿A qué se refiere Judas cuando dice "sea gloria, majestad, dominio y autoridad" a nuestro Dios? Entonces, comencemos con la primera palabra: gloria. Kavod en el hebreo significa algo pesado, algo significativo, algo de extrema consideración, algo especial, algo digno de mi adoración y de mi reverencia. Claro que ese Dios lo merece todo; el universo es porque Dios es. Escúchame, Dios es el único ser necesario en todo el universo.
Anoche yo estaba con una iglesia en la Secretaría de Fuerzas Armadas hablándoles acerca de resolución de conflictos y hablando de cómo se daban algunas de estas cosas entre esposos y esposas. Y en un momento dado, conversando acerca de cómo una esposa sabe que su esposo le ama, yo le decía: cuando un esposo me dice "yo no puedo vivir sin esa mujer," yo digo que es una declaración idolátrica. No hay nadie excepto Dios sin quien tú no puedas vivir. Dios es el único ser en todo el universo necesario para la existencia del hombre o de cualquier otra criatura o de cualquier otro planeta o astro, lo que tú quieras.
Él es el comienzo de la historia, termina la historia. La historia apunta hacia Él y la historia gira en torno a Él. La historia entera no tiene nada que ver conmigo, tiene todo que ver con Dios. Nunca se trató de mí, no se trata de mí, no se tratará de mí, aun en la eternidad futura. Se trata de mi Dios, Creador, Restaurador, Redentor, a quien yo le debo todo honor, toda gloria, toda majestad, todo dominio, todo lo que yo soy.
Al final de la historia, la nación más secular glorificará a Dios. Los redimidos glorificarán su gracia, eso me consuela. Los condenados glorificarán su justicia. Pero todos serán forzados, de una u otra manera, unos forzados y otros voluntariamente, a doblar sus rodillas y con su lengua confesar que Jesús es Señor. Por eso es que Judas está cerrando diciendo: "A Él sea la gloria."
Ahora escúchame, para que podamos entender. Cuando Judas dice "a Él sea la gloria," no está diciendo cantemos "a Dios la gloria, gloria a Dios, aleluya." No, usted sabe que por su gloria eso no creo que está diciendo; eso es muy fácil de hacer. Gene Green, en su comentario exegético acerca de esta carta, dice que es posible glorificar a Dios en palabras y pervertir sus caminos. Es posible glorificar a Dios en palabras y pervertir sus caminos. ¿De qué estamos hablando entonces cuando hablamos de la gloria de Dios?
Bruce Ware, profesor de teología del Southern Baptist Theological Seminary, es muy conocido como teólogo. Escribió un libro que se llama God's Greater Glory, o "La mayor gloria de Dios." Él dice: "La gloria de Dios es todo lo que sucede, refleja desde su interior hacia afuera. Y su gloria es también todo lo que su creación refleja de regreso a Él." Continúa la cita: "La creación es como un espejo que refleja la gloria del Dios que la creó. Cuando te ves en un espejo, este recibe la imagen tuya, y cuando tu imagen es reflejada en el espejo, la imagen que se devuelve hacia ti, esa imagen se devuelve hacia ti. De igual manera, la gloria de Dios es proyectada sobre la creación y la creación actúa como un espejo, devolviendo esa misma gloria."
Con todo lo bueno que ocurre en el mundo, todo lo bueno que ocurre en el mundo es el resultado de la gloria de Dios, que incluye especialmente la bondad que resulta de la elección y de la acción humana, la elección del ser humano de parte de Dios. Con todo eso, es lógico que sea Dios que reciba toda la gloria por el bien que Él ha hecho. En otras palabras, a Dios sea toda la gloria no solamente por su grandeza y majestad, sino por todo lo bueno, maravilloso, extraordinario y grandioso que existe en cada rincón del universo. Y por tanto, la única manera racional, lógica de vivir bajo la cruz es: ya sea que tú comas o bebas o hagas cualquier otra cosa, hacerlo todo para la gloria de Dios.
Hacerlo todo. Dime, ¿qué cosa queda afuera de "todo"? Pablo quiso resumir, más que resumir, llevarme la idea de lo continuo que debe ser la gloria atribuida a Dios de parte de mi vida, que me dice: te lo voy a ilustrar con las dos cosas más insignificantes, las cuales tú haces sin percatarte. Ya sea que tú comas, al mediodía cuando salgan ahora, ya sea que tú bebas o cualquier otra cosa, hacerlo para la gloria de Dios.
En múltiples ocasiones a lo largo de mi vida, con relación a mi profesión médica, con relación al ministerio, yo pensaba hacer cosas distintas. Hay una sola cosa que me ha mantenido en el camino. No hay dos, una sola: no solamente el sentido del llamado, sino que con eso viene el sentido de que yo no me pertenezco. Y lo único que yo puedo hacer y debo hacer es aquello a lo cual Dios me está llamando en cualquier momento, independientemente de si eso, como decía, me mate, porque de esa manera es como yo puedo verdaderamente darle gloria a Dios. Cualquier otra cosa es conveniencia, es sumisión.
Pero Judas no se queda ahí. Judas dice que yo también le digo a Dios majestad, dominio y autoridad. Es como que yo pueda atribuir a Dios majestad, dominio y autoridad. Su majestad tiene que ver con su grandeza y su esplendor. ¡Qué tan esplendoroso es Dios! Los serafines se cubren los ojos porque Dios habita en luz inaccesible; pueden estar en la presencia de su gloria, pero no sin cubrirse. Así de esplendoroso Él es. Su dominio tiene que ver con su soberanía, y su autoridad tiene que ver con la necesidad de sumisión de toda criatura a su voluntad. A ese Dios sea la gloria, la majestad, el dominio y la autoridad.
A. W. Pink describe a este Dios de esta manera en su libro "Los atributos de Dios": "Dios está sujeto a nadie, no está sujeto a nadie. Existe sin influencia de nadie, absolutamente independiente. Dios hace lo que quiere, solo lo que le place, siempre lo que le place. Nadie lo puede frustrar, nadie puede obstaculizarlo. Así que su propia Palabra declara expresamente: 'Mi consejo permanecerá' —lo cantamos incluso— 'y haré todo lo que quiero.' Él hace según su voluntad en el ejército de los cielos y los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano." La soberanía divina significa que Dios es Dios de hecho y de nombre. Dios es Dios de hecho y de nombre. Él lo dice y luego lo demuestra. Él está en el trono del universo dirigiendo todas las cosas, operando en todas las cosas conforme al consejo de su voluntad.
"Bueno, pero Dios es egocéntrico, Él quiere ser el centro de atención." No, Dios nunca ha tratado de llamar la atención. Él es el centro de la atención. Él no tiene que tratar de serlo, Él lo es. Él es el centro y la periferia, el principio y el fin, el Alfa y la Omega, y todo lo que hay en medio de esas dos cosas. Él es la atención de todo el universo. La creación es del Señor, la redención también es del Señor. Dios nos creó y no tenía necesidad de nosotros. Dios nos salvó cuando pudo habernos condenado. De hecho, en Él nosotros vivimos, nos movemos y existimos.
Tú entiendes eso: el ser humano existe porque Dios existe, porque en Él, redimidos o no, vivimos, nos movemos y existimos. ¿Me va a decir que no va a vivir para su gloria? Si no quieres hacerlo ahora ni lo quieres ver en gloria, tendrás que hacerlo en la condenación, porque ahí le darás la gloria a su justicia.
Dios es soberano. Pink dice, agregando a su cita: "Decir que Dios es soberano es declarar que Dios es todopoderoso, el poseedor de todo el poder del cielo y de la tierra, de manera que nadie puede deshacer su consejo, frustrar sus propósitos o resistir su voluntad. Decir que Dios es soberano es declarar que Él gobierna las naciones, subiendo reinos, derribando imperios, determinando el curso de las dinastías como a Él le parece mejor." A propósito de las elecciones: declarar que Dios es soberano es declarar que es el único satisface, el Rey de reyes y el Señor de señores. Así es el Dios de la Biblia. Ese es el Dios que es capaz de guardarte sin caída.
Y finalmente, última pregunta, número seis: ¿cuál es el significado de la expresión que agrega al final, que dice "antes de todo tiempo y ahora y por todos los siglos, amén"? Lo que Judas está diciendo es que esa gloria, ese dominio, esa majestad y esa autoridad, Dios la ha tenido antes de todos los tiempos. Eso es antes de la creación, porque el tiempo comenzó a contar con la creación. Antes de todos los tiempos, hoy y por el resto de la eternidad, sus atributos no han cambiado ni van a cambiar.
Entonces, Dios es lo que era desde siempre. Lo que era en el pasado, lo es hoy, lo seguirá siendo por el resto de la eternidad. Él no se cansa, no se fatiga, su esplendor no disminuye, su dominio tampoco, su poder no se consume, su misericordia y su gracia permanecen, su sabiduría es inescrutable, infinita, no puede ser sondeada. Dios ha sido así desde que Dios ha sido, y Él ha sido por toda la eternidad. Ese es tu Dios, ese es tu Salvador, ese es tu Redentor, ese es tu sustentador, ese es tu guardador de la perdición y de la caída, y tu conductor hacia la consumación eterna.
A Él es obvio que tiene que ser toda la gloria y toda la majestad y el dominio y el poder y todos los demás atributos, hoy, por siempre, ayer y por todos los siglos, por la eternidad. ¡Cuánto más deberíamos nosotros atribuirle a nuestro Dios la gloria que Él merece! Lo peor de todo es que al final del camino nos quedaremos cortos de su gloria. Su gloria es tan gloriosa, y valga la redundancia, no puedo usar otra palabra porque no existe para describirla, de manera que soy redundante a propósito. Es como Pablo cuando dice que tenemos que conocer lo pecaminoso que es el pecado. Es como: ¿qué? Tenemos que conocer cuán glorioso es su gloria, y entonces no parecerá ilógico vivir de esa manera sin ninguna otra consideración.