Integridad y Sabiduria
Sermones

Gozo, bondad y gratitud: ¡una triada poderosa!

Miguel Núñez 24 junio, 2012

El gozo cristiano no depende de las circunstancias, sino de algo que las trasciende. Pablo escribe desde prisión, rodeado de personas que predican por ambición, con un compañero que casi muere a su lado, enfrentando judaizantes y enemigos de la cruz, y justo después de mencionar un conflicto entre dos hermanas de la iglesia, ordena: "Regocijaos en el Señor siempre". La palabra clave es "siempre". Para experimentar este gozo constante, es necesario aprender a separar las circunstancias de las emociones del alma. La carne reacciona según lo que ocurre aquí; el alma tiene promesas de otro lado. Por eso Pablo recuerda: "El Señor está cerca". Los sufrimientos presentes no merecen compararse con la gloria venidera.

Junto al gozo aparece la bondad, esa cualidad de quien no insiste en sus derechos ni vive rígidamente aferrado a sus expectativas. Cristo mismo enseñó que la mansedumbre y la humildad de corazón producen descanso para el alma. Cuando exigimos que nos traten de cierta manera, cuando no cedemos, el gozo se escapa. La tercera virtud es la gratitud. Pablo instruye a orar y suplicar, pero con acción de gracias. Sin gratitud genuina, incluso la oración más intensa no produce paz. Una anciana de 92 años, legalmente ciega, al mudarse a un hogar de ancianos dijo antes de ver su habitación: "Me encanta. La felicidad es algo que elijo; depende de cómo arreglo mi mente, no de cómo esté arreglado el cuarto".

Cuando estas tres virtudes convergen, el resultado es la paz que sobrepasa todo entendimiento, una paz que guarda el corazón de resentimientos y la mente de pensamientos acosadores. No es ausencia de tribulación, sino presencia de Cristo.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Vamos a abrir la Palabra de Dios! Filipenses capítulo 4, comenzando en el versículo 4 hasta el 7: "Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez lo diré: ¡Regocijaos! Vuestra bondad sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios. Y la paz que sobrepasa todo entendimiento guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús."

Bueno, aquellos de ustedes que estuvieron aquí recordarán que la semana pasada estuvimos hablando del conflicto entre Evodia y Síntique, y cómo Pablo instaba a estas dos hermanas a que se pusieran de acuerdo, a que finalmente pudieran vivir en armonía. Inmediatamente después de sus palabras de reconciliación, Pablo nos ordena —porque está en una forma imperativa—, nos dice, nos manda a regocijarnos: "Regocijaos en el Señor siempre."

Yo creo que es apropiado que después de que él les hable acerca de este conflicto, que debió haber producido cierta fricción, cierta separación, cierto desánimo —quizás el gozo y la paz que reinaba en Filipos, en la iglesia de Filipos, quizás se había ido—, que Pablo les hable de regocijarse en el Señor siempre. Yo creo que es la palabra clave. La palabra clave en este primer verso, por lo menos, es esa: siempre. Porque cada uno de nosotros puede testificar de que en algún momento nosotros nos hemos regocijado en el Señor, usualmente más frecuentemente cuando las cosas van bien.

Pero ahora el apóstol Pablo nos está ayudando a entender que el regocijo del que él está hablando no es uno que puede ser afectado o debe ser afectado por las circunstancias, sino que es algo, es una experiencia que está más allá de las circunstancias cotidianas. Y de ahí que él pueda usar la palabra siempre. Si no conociéramos la vida del Señor Jesucristo y la vida de Pablo, se nos haría difícil a nosotros concebir que esa experiencia pudiera ser posible de este lado de la gloria. O si solamente tuviéramos la vida de Jesús, estaríamos también pensando que bueno, eso fue su caso o su experiencia debido a que era Dios hecho hombre.

Pero resulta que también nosotros tenemos la vida de Pablo, atestiguada a lo largo de múltiples cartas que nos hablan de que esta fue una condición que él fue capaz de experimentar, de animar, de motivar, de enseñar para que nosotros pudiéramos copiar su ejemplo.

Y en el texto que yo leí hay tres virtudes vitales para la vida cristiana, tanto así que yo he llamado a mi mensaje "Gozo, bondad, gratitud: una tríada poderosa." Gozo, bondad, gratitud. A primera vista como que no parece que hubiera una gran relación entre estas tres, y sin embargo, cuando nos detenemos a mirarlas una segunda vez, comenzamos a descubrir de repente que ciertamente hay una estrecha relación, y por eso ellas están aquí en este texto de la Palabra de Dios. La presencia o ausencia de estas virtudes en nuestras vidas va a afectar radicalmente la manera como nosotros vivimos, y de esa misma manera va a impactar de una manera u otra a aquellas personas que están a nuestro alrededor y que nos están observando.

Y con eso como introducción, yo quiero comenzar con la primera de ellas: gozo. Quizás, como algunos recordarán, hemos tenido varios mensajes o mini mensajes a lo largo de esta serie acerca del gozo. Y alguien pudiera estar pensando: "¿Otra vez, pastor, hablar del gozo?" Y yo respondería con las palabras de Pablo, simplemente: "Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez: regocijaos." Pablo entiende la necesidad de que esto sea una enseñanza recurrente por los efectos positivos, beneficiosos, que tiene el gozo del Señor en alguien que ha nacido de nuevo.

Ahora yo quiero recordarles que la persona que escribió estas palabras no estaba en una playa tomando piña colada. Él no estaba en Hawái o, no sé, en nuestro país en uno de los resorts, con las piernas hacia arriba y contemplando el horizonte, o en una biblioteca con aire acondicionado pensando: "¿Cuál sería la mejor manera de escribir una carta inspiradora para estos filipenses?" Esas no son las condiciones de este hombre.

Ya usted me ha oído decir múltiples veces que él estaba en prisión, pero yo quiero recordarte varias cosas más que estaban ocurriendo alrededor de su prisión y de las cuales ya hemos hablado. En 1:17 Pablo habla de personas que le rodeaban que estaban proclamando a Cristo por ambición personal, pensando causarle angustia en sus prisiones. Él tiene esas personas alrededor. En 2:21 él está hablando de personas que buscan cada cual sus propios intereses y no los de Cristo, y nos dice: "Yo solamente tengo a Timoteo con el mismo interés y el mismo corazón que el mío." ¡Wow!

Él tenía a un compañero de nombre Epafrodito que casi se muere al lado suyo, por así decirlo, sirviendo a la causa de Cristo. Eso debió procurarle cierta tristeza. Él está rodeado de judaizantes, que son personas tan contrarias a la fe cristiana que en 3:2 les llama perros. Él tiene personas que él tilda de enemigos de la cruz en 3:18.

Y ahora, inmediatamente antes de él hablar de "regocijaos, otra vez regocijaos," él acaba de mencionar un conflicto entre dos hermanas entrañables que fueron compañeras de él luchando por el evangelio, y que ahora no están en armonía, que están causando un gran problema en la iglesia de Filipos. E inmediatamente después Pablo dice: "Regocijaos en el Señor. Otra vez lo diré: ¡Regocijaos!" ¿Qué fue lo que este hombre vivió, conoció, experimentó para vivir y enseñar cosas de esta manera?

Y esta no es la primera vez que él usa esa palabra. En 2:18 él dijo: "También vosotros, de la misma manera, regocijaos y compartid vuestro gozo conmigo." En otras palabras: "Yo quiero que el gozo que yo tengo ustedes también tengan, y cuando ustedes lo experimenten, yo quiero que me devuelvan parte de su gozo y compártanlo conmigo, que estoy en prisión."

En 3:1 él habla: "Por lo demás, hermanos míos, regocijaos en el Señor. A mí no me es molesto escribiros otra vez lo mismo, y para vosotros es motivo de seguridad." Ahora Pablo les recuerda a los filipenses que la experiencia de gozo nos provee seguridad. Y la pregunta es: ¿de qué manera? Bueno, el gozo nos da seguridad en contra de actitudes como la desesperación, la tristeza, la depresión, la desilusión, la ira, el resentimiento, la ansiedad. Es motivo de seguridad. Por tanto, "no me pesa," dice Pablo, "volver a decir la misma cosa."

Pero no había terminado de hablarle de regocijo cuando ahora les dice en 4:4: "Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez lo diré: ¡Regocijaos!" Es como si el apóstol Pablo estuviera anticipando una objeción de parte de alguien que fuera a decir: "Pablo, ¿pero otra vez?" Y entonces él se adelanta: "Sí, otra vez lo diré: ¡Regocijaos!" Ustedes necesitan eso. Nosotros necesitamos eso.

En medio de las dificultades de cada día se hace difícil mantener esa emoción de regocijo, y sin embargo eso es exactamente el mandato de este texto. ¿Cómo lo hacemos? ¿Cómo lo logramos? Y una de las cosas que nosotros necesitamos aprender en la vida cristiana: yo necesito aprender a separar las circunstancias de la vida de mis emociones. Y si yo no hago eso, yo jamás podría experimentar la vida del apóstol Pablo.

La pregunta está entonces: ¿cómo yo separo las circunstancias de la vida de mis emociones? Bueno, yo tengo que recordar que hay emociones que son de la carne y hay emociones que son del alma. Y las emociones que tienen que ver con la carne básicamente se relacionan a las experiencias que la carne tiene de este lado de la gloria. Es entendible que si la carne, en la manera como la conocemos por lo menos, no va a tener otra vida, una vida eterna en la forma como la conocemos, es entendible que la carne solamente pueda experimentar emociones relacionadas a este lado de la gloria. No tiene las promesas que el alma tiene.

Pero resulta que el alma tiene otra vida prometida y que incluso ha sido comenzada ya. La promesa de vida eterna no es algo por lo cual yo estoy esperando; es algo que yo recibí y voy a continuar del otro lado. Por tanto, las experiencias del alma deben estar relacionadas a promesas de aquel lado. El problema está en que frecuentemente yo permito que las circunstancias de este lado afecten mi alma, que debiera tener los ojos puestos de aquel lado. Y si yo no aprendo a separar esas dos cosas, yo no podría experimentar la vida de gozo del apóstol Pablo.

Es natural que la carne se irrite y se goce según las circunstancias vayan. Si van bien, la carne se goza; si van mal, la carne se irrita. Va a ser natural, es carne. Solamente tiene esta vida, no le espera otra en la forma en que conocemos esta carne.

Y el apóstol Pablo entonces nos recuerda algo que aparece ahí como una frase, pero que no está ahí por accidente. Él nos dice en el próximo versículo: "El Señor está cerca." Hermanos, recuerda que esto que estás viviendo aquí no es tu vida permanente. Tú no tienes ciudadanía aquí. A ti te espera otra vida. Tú tienes otra promesa. Tú has sido trasladado, por así decirlo, a otra dimensión, y por tanto tú debieras regocijarte de otra manera en las peores circunstancias.

Él le dice eso a los filipenses, él le dice eso a los romanos, él le dice eso a los corintios, de diferentes formas. Escucha cómo él escribe a los romanos hablando de cómo nosotros debiéramos reaccionar ante las circunstancias de la vida. Romanos 8:18: "Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada." En otras palabras, si tú vas a comparar los sufrimientos de hoy con la vida que te gustaría llevar hoy, tú vas a vivir deprimido. Pero resulta que esos sufrimientos de hoy en día tú no los puedes comparar con algo que a ti se te ha prometido, y es algo que está de aquel lado. Eso es lo que él llama la gloria, y esas dos cosas no vale ni siquiera la pena compararlas.

Pero cuando él le escribe a los corintios, no lo hace de una manera chocante. Si tú sabes que él no se queja, escucha lo que él dice en Corintios, en su segunda carta, capítulo 4, versículo 17: "Pues esta aflicción leve y pasajera..." Espera, Pablo, espera, espera. ¿Esta aflicción leve? Entonces me estás hablando de que tus persecuciones son leves, de que tus prisiones son leves, de que tus tres naufragios han sido leves, de que tus días de hambre y de frío han sido leves. Tú me estás hablando de que los latigazos y las palizas que tú has recibido han sido leves. ¿Qué clase de hombre es este? Esta aflicción leve y pasajera. Pero escucha lo que él dice que esa aflicción leve y pasajera produjo en él: "Nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación."

¿Cómo te gustaría tener a Pablo al lado cuando tú te estás quejando? "¡Hay tantas calores hoy en día!" O ir con Pablo en el carro: "¡Tan lejos que me quedó el parqueo!" Porque tú sabes lo que es uno tener que caminar una cuadra para llegar a la iglesia. ¿Cómo te gustaría estar con Pablo como compañero? Porque Pablo probablemente te diría: "Tú estás relajando. Yo me acuerdo, yo me quedé sin barco en medio de alta mar, en medio de la noche. Yo no sabía si iba a llegar, y tú estás quejándote de que te quedaste sin parqueo. ¿En qué mundo tú vives? ¿Dónde está tu mente?"

Yo no creo que tú y yo pudiéramos quejarnos al lado de Pablo, porque cada vez que tú le digas algo, él te va a decir: "Es una aflicción leve y pasajera que debe producir un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación. Así que mira, muchacho, no me abres eso. Tus excusas son falsas."

Ahora escucha cómo él continúa en el versículo siguiente, versículo 18 de 2 Corintios 4: "Al no poner nuestra vista..." Eso es cómo él lo hizo: en las cosas que se ven, sino en las que no se ven, porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. Por eso es que Pablo está diciendo: "El Señor está cerca." Lo que Él te va a traer, o a lo que tú vas a ir, es otra vida, es otra dimensión. ¿Por qué te aferras? ¿Por qué te concentras? ¿Por qué enfatizas esta vida?

Y ahí está el problema: que Dios nos ha entregado, como yo decía en un mensaje reciente, una vida eterna para ser vivida con una perspectiva eterna. Pero resulta que nosotros nos enfrascamos en vivirla con una perspectiva terrenal, y el peso que produce vivir una vida que se supone es sobrenatural a la luz de la vida natural, es algo para lo cual tú y yo no estamos preparados, ni podemos hacerlo, ni estaremos nunca preparados. Y entonces eso nos comienza a producir preocupación, porque cada vez que yo no puedo conciliar lo que es la vida de este lado con lo que debiera ser, nos causa irritación, angustia y demás. Y nos comenzamos a preocupar.

Lo interesante es que nuestras preocupaciones son todas futuristas, y las tristezas que nos roban el gozo son todas pasadas, son pretéritas. Pero resulta que las tristezas pasadas yo no las puedo cambiar, ya pasaron. Lo pasado, pasado. Y el futuro yo no lo puedo controlar. Entonces, ¿qué hago preocupándome por el futuro que no controlo y el pasado que no cambio? A menos que hubiera cierto placer en preocuparse.

Pero esa es la realidad. La inhabilidad que el ser humano tiene para controlar su futuro es la causa de muchas de sus irritaciones, mucha de su ansiedad y mucha de su preocupación. Si nosotros pudiéramos... No es conocer el futuro, porque muchas veces es preferible no conocerlo. Imagínate que Moisés hubiera conocido su futuro. No le hubiese causado ningún gozo esos cuarenta años. No, no es controlar el futuro. Pero nosotros sabemos que no lo controlamos. Sin embargo, afirmamos que Dios controla el futuro, pero luego nos irritamos con el controlador del futuro.

Dijera alguien: "No me digas que la preocupación no nos hace ningún bien. Yo sé que sí. Las cosas por las que yo me preocupo nunca ocurren." Bueno, en la mayoría de las veces no ocurren, por lo menos de la manera en que yo me las imaginé. Y como las cosas por las cuales nos preocupamos la mayoría de las veces no ocurren, es una pérdida de tiempo, esfuerzo y energía. Alguien lo decía de esta otra manera: los gusanos te comen cuando estás muerto, pero la preocupación te come cuando estás vivo. Y eso es una gran verdad.

Pablo sabe que vivir la vida cristiana abrumado de preocupación no es algo que yo puedo manejar de una manera que haga honor al nombre de Cristo. Ahora, es interesante que inmediatamente después, ya hablamos de gozo. La segunda cosa de la que él me habla, y que es parte de esta tríada poderosa que yo mencioné, es bondad. Y escucha lo que él dice: "Vuestra bondad sea conocida de todos los hombres." Y ahí es que viene entonces: "El Señor está cerca."

¿Cuál es la relación entre esto? Esta escatología de que el Señor está cerca, el Señor viene, ¿qué relación guarda con todo esto? Toda relación, cuando yo comienzo a escudriñarlo un poco más profundamente. La palabra traducida ahí como bondad es una palabra casi difícil de traducir a otros lenguajes: epieikés. Pero resulta que significa exactamente eso, bondad, pero con cierta característica. Esa palabra se refiere, en el griego de la antigüedad, a alguien que no insistía en sus derechos. Alguien que no vivía tanto por la letra de la ley, sino por el espíritu de la ley. Alguien que era capaz de ceder, alguien que era capaz de experimentar tolerancia o de tener tolerancia hacia el otro.

De manera que ahora Pablo me está ayudando a entender que la bondad, o el ser epieikés de esa manera —no insistir en mis derechos, no ser tan rígido o tan cuadriculado, por así decir— me va a ayudar en mi experiencia de gozo. Cuando nosotros insistimos en nuestras formas inflexibles en la vida, en nuestros derechos, muchas veces en esos momentos el gozo comienza a esfumarse. Y ahora yo comienzo a entender que ciertamente la bondad tiene algo que ver con mi experiencia.

Cuando yo no vivo como Cristo vivió, que nunca exigió sus derechos, o como el apóstol Pablo que tampoco lo hizo, excepto en aquella ocasión cuando fue a la cárcel ilegalmente porque era ciudadano romano, y fue azotado y metido a la cárcel, y todavía no lo habían llevado a juicio. Cuando lo querían soltar, él dijo: "No, que vengan las autoridades que nos introdujeron aquí a sacarnos." Esa fue la única ocasión. Pero este ciudadano de esta tierra, siguiendo los pasos de Cristo, no insistió en sus derechos.

Porque, hermanos, nosotros tenemos que reconocer que nuestra ciudadanía no está de este lado de la tierra. Si nosotros no tenemos ciudadanía aquí, no tenemos tantos derechos aquí que se nos reconozcan, porque nuestra ciudadanía está de aquel lado. Imagínate a un extranjero. Nosotros ir a China y pedir que, sin ser chinos, se nos reconozcan los derechos de los chinos. Entonces continuamente voy a vivir frustrado porque no tengo mis derechos llenados.

Y resulta que esta palabra epieikés hace alusión a una persona que no necesita tener sus derechos llenos para considerar que tiene valor, que tiene importancia. No es alguien que está diciendo: "No me llenaron, no me dieron mis derechos," como si fuera ciudadano de segunda clase. Él nunca se siente ciudadano de segunda clase ni de primera tampoco; es ciudadano de otro reino, de otro mundo, al que Dios le ha introducido. Esa persona con esa característica no quiere tanto que sean bondadosos con él, sino que él quiere ser bondadoso con el otro.

Y la mayoría de nosotros nos irritamos con facilidad cuando alguien no es bondadoso con nosotros, pero luego no queremos devolver la misma bondad. Está bien cuando yo no la doy, pero no está bien cuando a mí no me la dan. Cuando nosotros insistimos entonces en esas formas, perdemos nuestra paz interior. Nuestras formas que no están llenas de paciencia, de tolerancia, de amabilidad, de gentileza, de bondad, de aquellas cosas que caracterizaron al Señor Jesús.

Hay una relación, creación no, expresada en la Palabra de Dios, expresada incluso por Cristo. Hay una relación entre estas cualidades del carácter de Cristo, formado o no en nosotros, y mi estado de ánimo, mi estado emocional. Déjame decirte cómo Cristo lo dijo, para luego mencionarte una vez más cómo Pablo lo dijo, y ver la relación que guardan estas dos personas, estos dos maestros, Cristo siendo el mayor de ellos.

Cristo dijo lo siguiente en Mateo 11:29: "Aprended de mí, que soy manso..." Ahí está la bondad. "...y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas." ¿De qué depende tu paz en este texto, en estas palabras de Cristo? "Aprended de mí, que soy manso, tengo mansedumbre, soy bondadoso, gentil, soy amable, y soy humilde de..." No que me porto, no que me comporto gentilmente, no que me comporto humildemente. Yo estoy hablando de ser de corazón. Soy manso y humilde de corazón, y entonces encontraréis descanso para vuestras almas.

La falta de descanso de vuestras almas muchas veces depende de la falta de humildad que ha demandado, que ha pedido, que ha exigido, o de la falta de mansedumbre que ha dicho, que ha tratado, que no ha guardado memoria de cómo le trataron, y demás. Esa mansedumbre y la humildad producen descanso para el alma. Eso dijo Cristo.

Ahora Pablo dice que esta bondad, epieikés, produce o está relacionada a nuestro gozo y a la paz que viene inmediatamente después en el próximo versículo, del cual él nos quiere hablar. ¿Qué es lo que Dios les está tratando de decir, hijos? La experiencia de gozo, la experiencia de paz que ustedes puedan experimentar en esta tierra, está directamente relacionada no a las circunstancias, sino al carácter de Cristo formado o no en vosotros. No a las circunstancias, sino a Aquel que controla las circunstancias. De eso es que depende el gozo de mi vida.

La bondad, para ir cerrando esa parte de mi exposición, nos ayuda a mantener el gozo cuando el otro es hiriente. Cuando tú experimentas una herida, en ese momento tu gozo como que desaparece.

Pero si tienen mansedumbre, bondad, benevolencia, tu gozo puede ser mantenido a pesar de la herida del otro. La bondad no pierde el gozo cuando el otro es impaciente. El otro te está apurando, te toca bocina, tienes que correr, tienes que venir, no aguanto más, no te espero. La bondad puede actuar de una manera que le permite retener su experiencia de gozo y su paz. Y la bondad no pierde su gozo, como ya dijimos, cuando el otro no es bondadoso con él.

Hablamos del gozo, hablamos de mansedumbre, praotes en el lenguaje original, y ahora Pablo nos va a hablar de la tercera, el tercer elemento de esa tríada o cualidad que va a producir en nosotros un efecto monumental, y de ahí que yo la llame una tríada poderosa.

"Por nada estéis afanosos", versículo 6. "Antes bien, en todo, mediante oración y súplica, con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios." Me voy a parar aquí un momento. "Por nada estéis afanosos": en el original, la primera palabra, el inicio de la frase, es "nada". Y los lingüistas nos dicen que el hecho de que "nada" aparezca al principio de la frase le da un énfasis extraordinario al absolutismo: nada. Nada implica ninguna circunstancia. No hay circunstancia bajo el cielo, de acuerdo a esta frase, por la cual nosotros debiéramos o pudiéramos estar afanosos justificadamente. Nos ponemos nerviosos, lo estaremos, pero no justificadamente.

Esa es la razón por la que este autor decía que la ansiedad es ateísmo práctico. Porque la ansiedad pone en duda una de dos cosas, o una de tres cosas: o que Dios existe, o que Dios realmente controla la circunstancia en la que yo me encuentro, o que Dios es realmente benevolente y quizás estas circunstancias no tienen nada para cooperar para bien como Él afirma. Y cualquiera de esas tres cosas prácticamente nos vuelve un ateo práctico.

¿Cuántas veces tenemos que comprobarlo? Controla Dios. ¿Hay alguien aquí en el salón que no crea? Mejor dicho, déjame decirlo positivamente: ¿que crea que Dios no controla las circunstancias en las que tú y yo nos encontramos? Entonces todos lo creemos. Entonces mañana, cuando me encuentre en esas circunstancias, ¿cuál es tu problema y mi problema con las circunstancias que Dios ha orquestado? O no existe Dios. De ahí lo que este autor llama ateísmo práctico.

Pero hay algo más, y es que en el lenguaje original no solamente la palabra "nada" aparece al principio, sino que aparece en el modo imperativo presente, lo que implicaría que esto es un mandato para toda mi vida. Esto debe ser el estilo de vida que yo debo observar, como yo debo vivir, que debe caracterizarme. No es algo que yo debo hacer en un solo momento. Mi característica debe ser algo de no afán en mi vida.

Pero hay algo más, y es que de nuevo, refiriéndome a los expertos del lenguaje, los lingüistas dicen que el negativo "nada" delante del imperativo implica que ya los filipenses habían comenzado a preocuparse, y que Pablo lo que está diciendo es: déjense de preocupar. Está bien, hay un conflicto, Evodia y Síntique. ¿Pero sabes qué? Ustedes están preocupados. Yo estoy en una cárcel, rodeado de gente que son perros, rodeado de personas que son enemigos de la cruz, rodeado de personas que predican a Cristo por ambición y que están procurando que yo me angustie en mis prisiones. Y en medio de todo esto yo les estoy escribiendo diciendo: no, no, no, no, regocíjense y no estén ansiosos por nada.

Pastor, pastor, usted no conoce mi vida. Mi vida está muy desorganizada. Déjame leerte esta historia, quizás la historia te ayuda. Voy a leer el texto, que está en inglés, y lo voy a ir traduciendo según lo leo. Hace varios años leí una historia de una señora de 92 años, cristiana, que era legalmente ciega. Legalmente ciega es alguien que tiene una agudeza visual en su mejor ojo, después de corregirlo, que no es mejor de 20/200. Por tanto, esa persona no puede manejar, no puede trabajar. Ve algo, pero es considerada legalmente ciega.

A pesar de su limitación, ella siempre estaba bien vestida, con su cabello cuidadosamente peinado y con maquillaje bien puesto. Cada mañana ella anticipaba cada nuevo día con gozo. Después de que su esposo de 70 años murió, se hizo necesario que ella fuera a una casa de ancianos donde ella podía recibir cuidado apropiado. El día de su mudanza, una vecina le ayudó a mudarse y la guió hasta el lobby. Su habitación no estaba lista, de manera que ella esperó pacientemente en el lobby por varias horas.

Cuando una de las personas del staff, del cuerpo de trabajo de allí, vino por ella, ella sonrió dulcemente. Ella maniobró su caminador hasta el elevador. La persona del staff le describió su habitación, incluyendo las nuevas cortinas que habían colgado en sus ventanas. Y ella respondió: "¡Ay, me encanta!" Pero Mrs. Jones, señora Jones, usted no ha visto su habitación todavía, respondió la persona del staff. Y ella respondió: "Eso no tiene nada que ver con eso. La felicidad es algo que tú eliges. Si a mí me gusta la habitación o no, no depende de cómo esté arreglada, depende de cómo yo arreglo mi mente."

Y ese es el problema. Nuestras mentes, ya regeneradas por lo menos en espíritu, siguen desorganizadas, con prioridades en primer lugar que son terrenales y prioridades eternas en segundo y tercer y cuarto y quinto lugar. Y ese desarreglo de las prioridades causa un desarreglo de la vida que es un productor exquisito o primario de ansiedad. Y por tanto, yo necesito arreglar mi mente conforme a los valores de Dios.

Y Dios conoce nuestra carne. Dios conoce nuestra incapacidad, nuestra insuficiencia, nuestra debilidad. Y por tanto, Él provee lo que yo requiero, que yo no tengo, para poder hacer esto. Entonces el apóstol Pablo nos habla de qué es eso.

Escucha el versículo 6 otra vez: "Por nada estéis afanosos. Antes bien, en todo..." Acabas de hacer constancia: el "nada" y el "todo" están relacionados. Por nada, y ahora en todo. "...mediante oración y súplica, con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús."

Nota la secuencia. Número uno: por nada estéis afanosos. Número dos: con oración y súplica. Número tres: con acciones de gracias. Número cuatro, el resultado: la paz de Dios guardará vuestros corazones y vuestras mentes. La paz de Dios es el resultado de varias cosas, pero la primera es haber creído la revelación de Dios, y en este caso, esta que tenemos delante.

Es la razón por la que este autor, Mounce, habla de que la ansiedad es ateísmo práctico, y luego él dice que es una afrenta contra Dios. Visto de esa manera, entonces, la preocupación es irreverencia contra Dios, porque no le damos su lugar y no reconocemos su control soberano y providencial sobre las circunstancias en las que yo me encuentro.

Número dos: la preocupación, vista de esa manera, no solamente es irreverente, es irrelevante, porque no cambia nada. Absolutamente nada. Y en tercer lugar, es irreconciliable con la fe, porque no puedo tener fe en Cristo, como vamos a ver de parte de los labios de Cristo, y a la vez estar ansioso al mismo tiempo.

Entonces te das cuenta de qué manera estas cosas están entrelazadas. Es una tríada poderosa. Por eso, la preocupación... yo necesito hacer uso de estas cosas que Dios ha provisto, que las ha dispuesto para mí, para sacar la preocupación de mi vida, de manera que yo pueda vivir como Dios me manda a vivir.

Con oración y súplica. Es oración. La súplica es oración, pero quizás es una oración más intensa, quizás es una oración más continua, quizás es una oración más íntima, quizás es como un ruego: te ruego, oh Señor, te lo pido, lo deseo. Quizás es... Bueno, hay oraciones, hay cosas que requieren esa intensidad.

Ahora, es posible también que yo esté orando y suplicando, y sin embargo todavía, a pesar de la oración y de la súplica, es posible que la paz que trasciende todo entendimiento no me acabe de llegar, y yo estoy haciendo uso del instrumento que Dios proveyó. Bueno, parcialmente. Porque es con oración y súplica y con acciones de gracias. Y eso es lo que muchas veces no está. Le estoy pidiendo a Dios por esto: como lo quite, como lo quite, como lo quite. Pero no acabo de decirle: gracias, gracias por esta circunstancia, por lo que está produciendo en mí. Tú lo estás viendo, yo quizás no lo veo, pero yo sé, porque Dios ha dicho que todas las cosas cooperan para bien para los que son llamados conforme a su propósito, y eventualmente para producir la imagen de su Hijo en ellos.

Estoy dando gracias por eso. Cuando la acción de gracias, cuando la actitud de gratitud no está, se hace imposible, hermano, encontrar la paz. Estuve en esta conversación con alguien esta semana, exactamente como les estoy hablando ahora, y le dije: cuando hablo de esto en el púlpito, no pienses que este mensaje es dirigido a ti y yo te predico. A veces nos pasa eso, y si nos hacemos la seña a dar la persona, piensa que tenía que ver con su situación.

La falta de gratitud es el pecado universal del hombre. Cuando Dios le habla a la raza, o habla de la raza humana en Romanos 1, y la Palabra de Dios nos dice que Dios está airado: "La ira de Dios se revela contra toda impiedad e injusticia de los hombres que suprimen la verdad." Cuando él sigue hacia abajo, él nos dice qué es lo que lo tiene airado. Son dos cosas básicamente. Número uno: que habiendo conocido a Dios, no lo reconocieron como Dios. Y número dos: tampoco le dieron gracias. Eso es del inconverso que le está hablando. Imagínate del creyente, porque en él murió. Esas dos cosas.

Cuando tú revisas la versión de las Américas, porque puede variar de versión a versión, y quiero referirme a donde dice el ejercicio de la palabra "gracias", sin referirme a otras palabras o expresiones que pudieran significar lo mismo, parece 144 veces en toda la Biblia. De esas ocasiones, 43, o 30% de ellas, aparecen en las cartas de Pablo.

Del hombre que yo te mencioné, azotado, perseguido, que ha naufragado, que ha estado en prisión, del hombre que habla de esta leve aflicción: 43 veces "gracias, gracias, gracias". Yo estaba interesado en ver si en las cartas que él escribió desde la prisión, si esa palabra aparecía aparte de Filipenses, que ya vimos que aparece. Pero yo quería saber cómo él usaba la palabra en las cartas que él escribió desde la prisión, y Pablo escribió cuatro cartas desde la prisión. Él escribió a Efesios, a Filipenses, Colosenses y Filemón, esas son cuatro.

Bueno, pues resulta que en Filemón, que solamente tiene como una hoja de material, la palabra "gracias" aparece una vez. En Filipenses dos veces, en Efesios tres y en Colosenses cuatro veces, de manera que en cada carta de la prisión, "gracias" está presente. Y ahora él nos dice: "Regocijaos otra vez, lo diré, regocijaos", con acción de gracias, con súplica, con oración y súplica, con acciones de gracias.

Pero un tema de la última vez: la vez pasada estaba dando gracias a Dios por la situación en la que él me tenía. ¿Por qué? Porque eso va a ayudarme a moverme hacia adelante. Entonces, una es la falta de gracias. Y la otra vez que hablaba con esta persona, es falta de aceptación, porque él me decía: "Pastor, está durando, está durando, está durando, pero yo no encuentro cómo darle gracias a Dios por esto". Y le doy gracias a Dios por su honestidad, porque a muchos les pasa lo mismo, pero no se atreverían a decirlo: "Yo no encuentro cómo darle gracias a Dios por esto". Hermano, ¡no tenemos que verlo! Lo que tenemos es que creerlo, y por tanto: "Dios, gracias. ¿Por qué? Porque esto cooperará para bien". Yo lo creo, yo lo afirmo, ahora yo he decidido vivirlo. Eso es uno, falta de gracias.

El otro es falta de aceptación. "Estoy durando, estoy durando, estoy durando". Y Dios no lo cambia, Dios no lo cambia. Hermano, acepta lo... Y el aguijón en la carne, el aguijón en la carne, el aguijón en la carne. "Pablo, ya está bueno, oré tres veces por eso". "Está bien, el aguijón, acepto lo..." "Sí, Señor, ya lo acepté". Moisés: "Ya me hablaste de eso, la tierra, no vas para la tierra prometida". Acepta lo, Moisés. "No me hables más de eso", le dijo Dios a Moisés literalmente. "Basta, no me hables más", así mismo, esas palabras.

La falta de aceptación no es simplemente testarudez, es rebelión contra los propósitos de Dios. Eso no me puede producir paz. "Pastor, ¿y cómo sabemos si estamos ahí en una de esas dos: falta de aceptación o rebelión, falta de gratitud?" De la misma manera que yo he revisado mi vida y he encontrado muchas veces, mirando hacia atrás, cuándo yo estaba así, déjame darte varias indicaciones.

La molestia, la irritación que nosotros sentimos, o la ira que sentimos cuando estamos en una situación que Dios ha orquestado, es una evidencia de que estoy en una de esas condiciones. El sentido de frustración que experimentamos cuando nosotros no podemos cambiar, manipular, manejar la situación, es otra manifestación. No poder encontrar las palabras para con frecuencia decirle a Dios: "Gracias por esta aflicción leve y pasajera", que a la luz presente luce grande y para siempre, pero a la luz de la eternidad Pablo me recuerda que es leve y pasajera. Y el persistir en la misma oración: el aguijón, el aguijón, el aguijón, a pesar de que ya Dios me ha dicho: "Mi hijo, mi hija, acéptalo, acepta el aguijón".

Es así como yo puedo: "Por nada estéis afanosos, antes bien, en todo, mediante oración y súplica, con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios". Y eso es algo agregado. Ahora el resultado: "Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús". Y esa paz, llamada de Dios, no es algo que yo puedo producir, es algo que, como Cristo dijo: "Mi paz os dejo, mi paz os doy, pero no la doy como el mundo la da". Esa paz de que Cristo hablaba es la paz de Dios.

Y entonces esa paz de Dios es el resultado de poner en práctica lo que Dios me ha dicho que yo debo hacer, en dependencia de él, por medio de su Espíritu, con su Palabra. Y ahí está la condición: gozo, bondad, gratitud. Ahora yo tengo la paz.

Sobrepasa el entendimiento, porque de la misma manera que hoy nosotros nos rascamos la cabeza, es decir: "Wow, ¿cómo fue que Pablo hizo esto? Yo no entiendo, yo no entiendo cómo es que Pablo, en la prisión, Pablo en un naufragio, Pablo con varias palizas encima, puede seguir dando gracias". Es que no es lógico, no es racional. Sobrepasa el entendimiento, porque esa paz no es conseguida de manera natural, por medios naturales, en esta vida natural. No, es una paz sobrenatural, dada por un Dios sobrenatural, desde una perspectiva sobrenatural, a través de un Espíritu sobrenatural, con una Palabra sobrenatural, que produce un gozo sobrenatural que el entendimiento no logra procesar. Esa Palabra entonces nos parece las locuras de Pablo.

Ahora, hermanos, la presencia de paz no es ausencia de tribulación. En el lenguaje bíblico nunca lo ha sido. El resultado no es paz igual a no tribulación. No. Oye lo que Cristo dice en Juan 16:33: "Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis tribulación, pero confiad, yo he vencido al mundo". Estas cosas son paralelas, coexisten. Es la tribulación del mundo con la paz en mí que podéis tener.

Escucha otra vez: "Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz". "Mi paz os dejo, mi paz os doy, y no la doy como el mundo la da". "En el mundo tendréis tribulación", pero ahí está la palabra de contraste: "pero confiad". Eso es, esa acción es la que nos va a llevar a la paz. "Yo he vencido al mundo". La promesa es de paz en él, las advertencias de tribulación en el mundo, coexistiendo, pero teniendo paz en una misma persona.

Ahora, esa paz no solamente es el resultado de... Resulta que esa paz también tiene un resultado por sí misma. Esa paz dice Pablo: "Guarda mi corazón, guarda mi mente". Si Pablo lo dice, inspirado por el Espíritu, yo tengo que creerlo. ¿De qué manera guarda mi corazón, guarda mi mente?

Bueno, esa paz guarda mi corazón de resentimientos, de iras, de desilusiones, de tristeza, de desesperanza, de depresión, de todas esas cosas que experimentamos cuando el gozo se nos va, que experimentamos cuando la frustración nos invade, que experimentamos cuando nuestras expectativas no están siendo llenadas, cuando nuestros derechos no están siendo reconocidos. Por eso Pablo decía: "El Señor está cerca". Para qué vamos a hablar de derechos que tienen que ver con una vida temporal, cuando el Señor está cerca y tu vida tiene que ver con algo que está de aquel lado. Hablemos de lo que está de aquel lado, olvidémonos de lo que está de este lado.

Guarda mi corazón, pero guarda mi mente también. ¿Y cómo guarda mi mente? Bueno, guarda mi mente de los pensamientos que me asaltan continuamente, me acosan. Tú estás orando y ¡pum!, ahí está el pensamiento. Entonces estás orando con los brazos arriba y ¡pum!, ahí está el pensamiento. Tú vas manejando y ¡pum!, ahí está el pensamiento. Tú estás hablando con un amigo, con una amiga, y ¡pum!, el pensamiento otra vez. Es algo de lo que yo no me puedo deshacer. Bueno, la paz que trasciende el entendimiento, que es el fruto de estar orando, de estar suplicando, y de haberlo hecho con acciones de gracias, en dependencia de Dios, a través de su Espíritu, ayudado por su Palabra, esa paz guarda mi mente, guarda mi corazón.

Corrie ten Boom estuvo en el campo de concentración. Así es, ella sería una buena persona para hablar de esto. Pero en una ocasión ella escribió algo bien sencillo, tres frases. La voy a leer en inglés, que es como rima, y luego hacer un esfuerzo para decirla más o menos rimada en español. Ella escribió lo siguiente: "Look around and be distressed. Look inside and be depressed. Look at Jesus and be at rest". Mira a tu alrededor y estarás distraído. Mira hacia dentro y estarás deprimido. Mira a Jesús y estarás calmado.

Es decir, mi calma, mi paz, depende de que pueda mantener mis ojos puestos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe. ¿Qué? Por el gozo puesto delante de él, soportó la cruz. El gozo estaba delante. En otras palabras, la recompensa que le esperaba hizo que él pudiera soportar la cruz con el gozo de su Padre.

Una mente ansiosa es una mente distraída. Si miras alrededor te va a distraer. Una mente ansiosa mira alrededor, mira las circunstancias y se va a distraer. Y una mente distraída pierde su comunión, o la calidad de su comunión con Dios, lo cual va a contribuir a su ansiedad. Y empeora, ¿eh?

La mayoría de las veces, la preocupación es el fruto de una sombra grande acerca de una cosa chiquita. Es como si tomo mi dedo pulgar; como la luz está lejos de mí, no se ve tan grande, pero si yo acerco la luz, el pulgar se ve gigante. Y tienen barbas pequeñas. De esa misma manera, muchas veces lo que a mí me preocupa realmente es algo pequeño, pero la sombra que está proyectando es enorme, porque somos polvo y al polvo volveremos.

Tengo que concluir, el tiempo se ha ido, estaba viendo mi reloj. ¿Qué es lo que vamos a hacer? ¿Cómo vamos a responder cuando ruja el viento? Va a rugir. Cuando ruja el mar, va a rugir. No es si, es cuándo, porque en este mundo tendréis tribulación. ¿Cómo vamos a responder?

Cuando los discípulos estaban en la barca y el mar rugió y el viento rugió, y ellos respondieron, escucha las palabras de Jesús: "¿Por qué estáis amedrentados, hombres de poca fe?" ¿Ven la relación entre la fe y el temor? "¿Por qué estáis amedrentados, hombres de poca fe?" Entonces se levantó, reprendió a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma. Cuando Cristo... es que Cristo estaba durmiendo. "Maestro, ¿no te importa que perezcamos?" Y el Maestro se levanta.

Él pudo haber visto los vientos, él pudo haber visto las olas y decir: "¿Verdad que esta ola está mucho más alta de lo que yo pensaba?" No, no vio ni el viento ni las olas. Él vio a los discípulos de un brinco fuera de la barca y dice: "¿Por qué estáis amedrentados?" Estas reacciones incongruentes. "¿Cómo es que ustedes, hombres de poca fe?"

Nuestra fe está relacionada al concepto de Dios que tenemos, a la relación con Dios que guardamos, y de esa misma manera oramos y suplicamos y damos gracias. Y entonces la paz que trasciende todo entendimiento, que sobrepasa el entendimiento, guardará mi alma, mi mente. Pero escucha cómo es que lo hace: en Cristo Jesús.

Eso es similar a lo que Cristo dijo: "En mí tendréis paz." Esa paz guardará mi mente, mi corazón, en Cristo Jesús. No en el mundo; en el mundo tendréis aflicción. No en la carne; la carne se desespera. En Él es donde tengo que permanecer.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.