Integridad y Sabiduria
Sermones

Gozo en la prisión

Miguel Núñez 8 enero, 2012

Una prisión parece el último lugar donde alguien podría experimentar gozo. Es un sitio de confinamiento, maltrato, soledad y cadenas. Sin embargo, es precisamente desde una cárcel romana donde el apóstol Pablo escribe a los filipenses rebosando de alegría. La razón es simple pero transformadora: las circunstancias que lo llevaron a prisión —acusaciones falsas, intentos de linchamiento, naufragios, latigazos— han resultado en el mayor progreso del evangelio. Sus cadenas lo mantienen atado a soldados de la Guardia Pretoriana, el escuadrón élite del César, y cada turno de ocho horas se convierte en una oportunidad para compartir la historia de Cristo. Al final de la carta, Pablo saluda de parte de "los de la casa del César": la guardia está respondiendo al evangelio.

Esta paradoja revela cómo Dios usa el sufrimiento. De este lado de la gloria no existe vida sin dolor; la única pregunta es si ese dolor tendrá propósito o estará vacío. Cuando el reino de Dios es prioritario sobre el propio, uno deja de ver las cadenas y comienza a ver su fruto. Pablo estaba dispuesto a sufrir heridas temporales en su cuerpo para que otros con heridas eternas en el alma pudieran ser sanados mediante el evangelio.

El pastor Núñez cierra con la historia de una niña avergonzada por las cicatrices en los brazos de su madre, hasta que descubrió que esas marcas vinieron de rescatarla de un incendio. Cristo tiene cicatrices que produjeron nuestro rescate. Conociendo esa historia, ¿cómo podríamos avergonzarnos de su evangelio?

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Vamos a abrir la Palabra de Dios en el libro de Filipenses, capítulo 1, para continuar con nuestra serie. "Gozo en la prisión" es el título que yo he escogido para este mensaje. Yo creo que es un título apropiado porque, en primer lugar, gozo es lo que Pablo describe que está experimentando, y la prisión es el lugar donde él está teniendo esta experiencia.

Yo no creo que la mayoría de nosotros, quizás ninguno, pensaría que una prisión es un lugar productor de gozo. Yo creo que una prisión es más bien un lugar donde se manufacturan quejas. Es como un laboratorio, como una factoría donde probablemente todos nosotros tendríamos una actitud quejumbrosa, sobre todo si tú has llegado allí de manera injusta, y más aún si tú tienes que estar encadenado a un soldado las 24 horas del día. Un lugar donde tú estás confinado, donde no te puedes mover, estás restringido, donde tú estás solo, donde tú estás siendo mal alimentado y con toda probabilidad maltratado.

Las cosas no han cambiado mucho, y la realidad es que nadie ha salido de una prisión hablando de cuán bien lo trataron. Y mucho menos en el Imperio Romano, de manera que yo creo que tenemos razones suficientes para pensar que este era el peor lugar para uno experimentar gozo. Y sin embargo, este es el lugar donde Pablo está, donde él está escribiendo cuál es su experiencia. El maltrato en las prisiones usualmente se debe a que se asume que estás ahí por algún delito que tú has cometido. Pero este no es el caso del apóstol Pablo, de manera que con más razón para él no sentir ninguna experiencia de gozo. Y sin embargo, él no puede negar lo que su experiencia, valga la redundancia, está haciendo.

Y con esa introducción, yo quisiera entonces comenzar a leer el versículo 7, que fue donde nos quedamos el domingo pasado. Y luego vamos a irnos directamente al 12 hasta el 14, porque todos los versículos, los tres, nos hablan de las prisiones de Pablo; yo quiero verlos en conjunto.

"Es justo", dice Pablo, "que yo sienta esto acerca de vosotros, porque os llevo en el corazón, puesto que tanto en mis prisiones como en la defensa y confirmación del Evangelio, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia. Porque Dios me es testigo de cuánto os añoro a todos con el entrañable amor de Cristo Jesús."

Versículo 12: "Y quiero que sepáis, hermanos, que las circunstancias en que me he visto han redundado en el mayor progreso del Evangelio, de tal manera que mis prisiones por la causa de Cristo ya se han hecho notorias en toda la guardia pretoriana y a todos los demás. Y que la mayoría de los hermanos, confiando en el Señor por causa de mis prisiones, tienen mucho más valor para hablar la Palabra de Dios sin temor."

Padre, gracias por tu Palabra inspirada. Yo quiero pedirte ahora, Señor, que nosotros podamos ver lo que el apóstol Pablo alcanzó a ver desde la prisión, en medio de la dificultad que muchos de nosotros nunca hemos tenido la oportunidad de experimentar. Algo que está ahí para cada uno de tus hijos, pero que pocos echan mano de eso que tú colocas adelante. En esta mañana yo quiero pedirte que de una manera sobrenatural tú puedas hablarnos por medio de tu Palabra y abrir nuestros ojos para ver lo que no hemos todavía contemplado. El que tenga oído, que oiga lo que el Espíritu de Dios dice a la Iglesia. En tu nombre, Jesús. Amén.

Habiendo introducido el texto y no teniendo mucho tiempo para decir todo lo que yo quisiera decir en esta mañana, yo me voy a ir directamente a la exposición del texto. Yo quiero comenzar viendo en primer lugar lo que es el rol de la comunidad cristiana en medio del sufrimiento.

Escucha lo que Pablo está diciendo: "Es justo que yo sienta esto acerca de todos vosotros porque os llevo en el corazón, porque tanto en mis prisiones como en la defensa y confirmación del Evangelio, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia." Sois participantes conmigo de la gracia, donde Pablo, en mis prisiones y en la defensa del Evangelio. Por eso es justo que yo sienta así. Así como Pablo, ¿qué es lo que tú sientes por estos hermanos?

Hay algo especial en el corazón de este hombre, que en la medida en que él tuvo que enfrentar el dolor, el sufrimiento, la persecución, la cárcel, estos hermanos de Filipos estuvieron con él en sus prisiones y también en la defensa del Evangelio. No lo abandonaron; fueron un apoyo moral. Ellos contaron con su presencia. Y por eso Pablo dice que él está dando gracias a Dios con gozo, en el versículo 3, cada vez que se acuerda de ellos. Pero luego les dice: "Y es justo que yo tenga este gozo en mi corazón por todos vosotros." No por algunos, por todos vosotros. El sentido de comunidad de Pablo es extraordinario.

Pablo nos ayuda a ver que la vida cristiana no está supuesta a ser una vida individualista, sino una vida de comunidad. La manera como él escribe, la manera como él habla, continuamente en sus cartas nos deja ver con toda claridad cómo en la mente de Dios la vida cristiana fue diseñada para ser vivida siempre en comunidad.

Si tú tomas el capítulo primero de Filipenses, si tú te das cuenta de qué forma Pablo repite continuamente la palabra "todos", ayudándonos a ver que nunca él se vio separado de la comunidad ni identificado tampoco con una parte de la comunidad. Escúchame un momento la repetición de esta palabra "todos" siendo repetida a lo largo del texto del capítulo primero. Versículo 1: "A todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos." ¿A quiénes? A todos los santos. Versículo 4: "Orando siempre con gozo en cada una de mis oraciones por todos vosotros." Versículo 7 que acabamos de leer: "Es justo que yo sienta esto acerca de todos vosotros." Versículo 7b: "Todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia." Versículo 8: "Porque Dios me es testigo de cuánto os añoro a todos." Versículo 25: "Y convencido de esto, sé que permaneceré y continuaré con todos vosotros."

El apóstol no tiene favoritos. Él no está acordándose de un grupo y dejando a otro grupo afuera. No. Él sabe que la razón para amar no es que uno sea más santo que el otro, sino que Cristo murió por ese que es mi hermano. Y si Dios Padre le amó lo suficiente para dar su sangre por él, esa es razón suficiente para que yo le ame de la misma forma que amo al hermano de al lado, de manera comunitaria.

Nosotros no somos así. Nosotros podemos decir lo contrario, pero nuestra tendencia es a tener favoritos. Nosotros tendemos a amar a aquellos que son como nosotros, aquellos que piensan como nosotros, que actúan como nosotros, que nos hacen sentir bien. Tendemos a amar a aquellos que no nos cuestionan, aquellos que no los sentimos como una amenaza, aquellos que por su forma de hablarnos o de comportarse nos hacen sentir superiores. Nosotros tendemos a amar a aquellos que no nos molestan, que no nos invaden nuestro espacio, no nos invaden nuestro tiempo. "¡Qué respetuoso el hermano de al lado!"

Nosotros no tenemos un sentido de comunidad en el siglo veintiuno. Eso no es parte de la iglesia cristiana. Nosotros somos muy individualistas. Pero tú ves este sentido de comunidad a lo largo de las cartas de Pablo, y lo ves reflejado incluso en el libro de los Hechos cuando la iglesia comienza, cuando se nos dice que todos tenían todo en común. Y yo no estoy sugiriendo que es la forma de vivir hoy en día, porque muchas cosas han cambiado, pero sí estoy diciendo que tenemos suficiente evidencia para afirmar, desde el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, que la vida del creyente está supuesta a ser vivida en comunidad, desde el principio de la creación hasta que Cristo retorne.

Pablo nunca les escribió a una iglesia pensando de manera segmentaria en un grupo. Cuando les escribió a los corintios, escucha lo que Pablo les dice, el corazón de Pablo por los corintios. Si supieras lo que fueron los corintios: esa es la iglesia que tú no quieres pastorear, esa es la iglesia dividida. Unos de Pablo, otros de Pedro, otros de Apolos, otros de nadie: "Yo soy de Jesucristo y nadie más." Abusaban la cena del Señor, abusaban los dones. Escucha a Pablo en su segunda carta a los Corintios 7:3: "No hablo para condenaros, porque he dicho antes que estáis en nuestro corazón para morir juntos y para vivir juntos."

A los corintios Pablo dice: "Para morir juntos con los corintios." Sí, porque cuando él escribe a la comunidad de los corintios, él no les escribe a un grupo de hermanos, él escribe a todos los que verdaderamente son hermanos. Y si Cristo murió por ellos, él está dispuesto también a vivir y a morir con ellos, todos juntos. Pablo tiene un sentido de comunidad que a nosotros nos hace falta. Él les dice a los filipenses: "Os llevo en el corazón, os añoro." A los corintios les dice: "Estáis en nuestro corazón."

Me hago una pregunta diagnóstica, nosotros hablamos así en medicina: ¿Es esa la forma como tú sientes por todos los hermanos en la IBI? ¿Cómo te vas de viaje y piensas en la IBI, tu iglesia? ¿Te los llevas a todos en el corazón? ¿Añoras a todos los hermanos de la iglesia, o tenemos nuestros favoritos? Ese no era el corazón de Pablo. Pablo dice: "Es justo que yo sienta así por todos vosotros. Ustedes han estado conmigo, han sido compañeros conmigo en la defensa del Evangelio, han sido compañeros conmigo en lo que han sido mis prisiones." Desde el primer día hasta ahora, le dice en el versículo 5, han sido participantes conmigo de la gracia. "Cuando me ha tocado defender el Evangelio, ustedes han estado ahí para ser apoyo moral, para animarme, para exhortarme."

Esa no fue la experiencia de Pablo en todos los casos, con todas las iglesias y en todas las ocasiones. En el siglo I era una vergüenza asociarse con alguien que estaba preso. Algún crimen debió haber cometido. Era causa de temor asociarse con alguien que estaba detrás de los barrotes. Y sin embargo Pablo reconoce que los filipenses arriesgaron su vida, su vergüenza y su temor por permanecer con él.

Cuando él escribe a Timoteo su segunda carta, él no puede decir lo mismo de los hermanos que estaban a su alrededor. En 2 Timoteo 4:16 él le dice: "En mi primera defensa nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron. Que no se les tenga en cuenta." En mi primera defensa nadie estuvo conmigo, como en el caso de los filipenses que sí estuvieron.

Pablo ha sido designado por Dios como un defensor, como un apologista de la fe. Dios ha hecho a algunos pastores, a otros apologistas, a otros evangelistas, y Pablo jugó varios roles distintos. Pero a los filipenses les dice de manera clara: "Sabiendo que he sido designado como defensor del Evangelio" —apología es la palabra— "yo soy un defensor de la verdad de nuestro Señor." Y los filipenses han reconocido eso, han estado conmigo en mis prisiones, en mis persecuciones, en mis dificultades. Pero cuando yo escribí a Timoteo la segunda carta, yo estaba solo, todos me habían abandonado.

Él no está hablando de incrédulos. Los incrédulos nunca abandonaron a Pablo porque nunca estuvieron con él. Él está hablando de hermanos que estaban con él y que aparentemente en un momento dado, o se avergonzaron de la prisión de Pablo, o se atemorizaron de que quizás al estar asociados con Pablo luego vinieran a buscarlos a ellos, y en su temor se alejaron y le abandonaron.

Esa es la razón por la que ahora Pablo, cuando recuerda a los filipenses diez años después, dice: "Es justo que yo sienta así por todos vosotros." ¿Por qué, Pablo? Porque ustedes arriesgaron sus vidas y estuvieron conmigo en mis prisiones y en la defensa del Evangelio. ¿Te das cuenta por qué el primer punto que yo quería ver es el rol de la comunidad cristiana en el sufrimiento? Cuando uno sufre, todos sufren con él.

En el libro de Hebreos nos habla de algunos hermanos que sufrieron la pérdida de sus pertenencias. ¿Ustedes saben cómo ocurría eso? Me enteré que el hermano Pedro está preso. Voy a ir a la cárcel a ver a Pedro. Las autoridades estaban acechando tu salida, y tan pronto tú salías, entraban y confiscaban toda tu propiedad. Tú llegabas de la cárcel de haber visitado a Pedro y encontrabas la casa vacía. Pero la comunidad no dejó de visitar a sus presos, los presos por causa del Evangelio en particular. ¿Por qué? Porque había un sentido de identidad de toda la comunidad con el sufrimiento del otro.

De manera que yo quería ver en primer lugar ese sentido de identidad, y en segundo lugar yo quiero que veamos el uso de nuestro sufrimiento por parte del Señor. Pero si que lo doce: "Yo quiero que sepáis, hermanos, que las circunstancias en que me he visto han redundado en el mayor progreso del Evangelio." Las circunstancias por las que yo he pasado han resultado en un progreso del Evangelio. Dios está usando las circunstancias de Pablo.

Y aunque no nos dice cuáles son esas circunstancias, nosotros sabemos cuáles son. Él pudo haber hecho una lista enorme de momentos de dolor, de persecución, de cómo él fue maltratado. Pero quizás las últimas circunstancias a las que él se está refiriendo son las que lo han llevado hasta Roma. ¿Por qué? Porque él está escribiendo la carta a los filipenses desde la ciudad de Roma, en una cárcel en Roma.

Entonces cuando tú echas para atrás, llegas a Jerusalén. ¿Qué es lo que ocurre? ¿Qué es lo que le ocurre a Pablo? ¿Qué lo hace llegar hasta Roma? Entonces cuando tú comienzas a revisar el libro de los Hechos, sin el capítulo 21, te encuentras con que le estaban haciendo acusado falsamente en Hechos 21:28. Próximo capítulo, tú volteas la página: casi lo linchan, literalmente querían quitarle la vida, Hechos 22:22. Tú sigues leyendo y te das cuenta que por poco lo someten a los latigazos otra vez. Ya lo tenían amarrado, y cuando están listos para latigarlo, Pablo les dice: "Yo estoy listo. ¿Por qué? Porque yo tengo una pregunta: ¿Es justo castigar a un ciudadano romano antes de juzgarlo?" "¿Tú eres romano? Suéltenlo."

Lo montan en un barco, porque apela al César, y cuando están en el barco, el barco naufraga. Finalmente él llega a la cárcel. Ahora está en Roma. Él está escribiendo a los filipenses: "Hermanos, yo tengo una gran noticia para ustedes. Yo estoy lleno de gozo, porque resulta que las circunstancias en las que yo me he visto han resultado para el progreso del Evangelio."

Tú estás viendo lo que está ocurriendo. No esperarías que los obstáculos retuvieran o hicieran más lento el avance del Evangelio, pero resulta que es todo lo opuesto: que los obstáculos han acelerado el progreso del Evangelio. Y eso está llenando a Pablo de gozo. Gozo en la prisión. Él puede ver lo que otros no están viendo. Esto está pasando, pero no todo el mundo lo está viendo. Pablo tiene una perspectiva de vida que le permite ver lo que muchos no veían.

El Evangelio, la vida cristiana, yo creo que es la más grande paradoja, y tú lo puedes ver aquí una vez más. Tú encarcelas al evangelista y ahora es que la palabra corre. La evangelización se acelera cuando el evangelista está encarcelado. Como que deberían entonces encarcelarnos a todos, a ver si la evangelización avanza a pasos agigantados. ¿Sabes qué? Si ocurriera, no me cabría la menor duda de que Dios es capaz.

Nosotros no hemos sabido lo que es sufrir por causa del Evangelio. La historia cuenta que en el Concilio de Nicea en el siglo IV asistieron 318 delegados. Menos de 12 de ellos, menos de 12, eran los únicos que no tenían o una mano amputada, o un ojo menos, o que llegó cojeando por causa de la persecución del Evangelio. Nosotros no sabemos lo que es eso.

Nosotros vivimos en la gran paradoja. Tú encarcelas al evangelista y el Evangelio corre. Tú tomas al evangelista, lo pones en prisión, y ahora es que él tiene gozo detrás de los barrotes. Donde las tribulaciones de Pablo, en vez de debilitar a los hermanos, lo que hicieron fue fortalecer a los hermanos. ¿Qué clase de movimiento raro es este? Tú tienes que morir si tú quieres ganar la vida; tú tienes que perderla. ¿Es raro esto? Donde el justo muere por el injusto.

Y la historia de la fe cristiana está llena de eventos, de circunstancias, de las peores circunstancias y persecuciones, a través de los cuales la fe cristiana continuó avanzando a pasos acelerados en medio de la tribulación. Es como un saco lleno de semillas que mientras tú más lo sacudes, más esparces la semilla y más fruto tienes. Alguien decía que nosotros somos como los bambúes, que mientras más los cortas, más rápido crecen y más fuertes se desarrollan. Es la historia de la iglesia.

De manera que cuando nosotros leemos la Palabra de Dios, tenemos que prestar atención no solo al rol de la comunidad cristiana en el sufrimiento, y no solamente al uso de ese sufrimiento en las manos de nuestro Dios, sino también a la manera como ese sufrimiento adquiere propósito y significado cuando la providencia de Dios decide darle uso.

Escucha ahora lo que el versículo 13 dice: "De tal manera que mis prisiones por la causa de Cristo" —no olvides eso— "mis prisiones por la causa de Cristo se han hecho notorias en toda la guardia pretoriana y a todos los demás." Lo que está haciendo que la prisión de Pablo sea notoria no es que hay un judío preso en Roma, porque ¿qué significado tendría eso? Él dice claramente qué es lo que está haciendo notoria su prisión: "De tal manera que mis prisiones, escuchen, por la causa de Cristo, se han hecho notorias en toda la guardia pretoriana."

¿Quiénes eran? ¿Quiénes constituían la guardia pretoriana? La guardia pretoriana eran unos nueve mil soldados élite que formaban el escuadrón especial del César, a los que pertenecían los guardaespaldas del César. Esta guardia era tan poderosa que supo derrocar emperadores y asesinar emperadores.

Y resulta que a quienes están custodiando a Pablo no es cualquier guardia, es la Guardia Pretoriana a la que Pablo está encadenado cada ocho horas. ¿Te imaginas lo que Pablo está haciendo con estos soldados? No hay nada más aburrido que estar encadenado a un prisionero por ocho horas y nada que hacer con una lanza. De manera que cuando Pablo comenzaba a hablar con estos soldados, con toda probabilidad ellos mostraban interés en conocer lo que él tenía que decir, hasta para entretenimiento.

"¿Y tú por qué estás aquí?" "Soy judío." "¿De dónde?" "De Roma, de Jerusalén." "¿Y qué hiciste? ¿A quién mataste?" "No, es que yo apelé al César." "¿Tú apelaste? Tú debiste haber hecho algo grande que tú apelaste. Pero tú quieres que el César te oiga. Entonces, ¿qué fue lo que hiciste?" "Bueno, es que yo creo en un rabí judío, un rabino judío que vino, era Hijo de Dios. De hecho, era Dios hecho hombre." Imagínate al soldado yéndose. "¿Que me retaron? ¿Y lo crucificaron?" "Pérate, pérate, Pablo. ¿Lo crucificaron y era Dios?" "Sí, sí, pero espérate. Y al tercer día resucitó." "¿Que resucitó él? ¿Y tú quieres que el César con esta historia te escuche?" Ocho horas después, otro soldado, la misma conversación. Yo me lo imagino.

Ahora, déjame hacerte una pregunta. ¿Tú crees que los soldados de la Guardia Pretoriana comenzaron a escuchar y a convertirse? ¿Tenemos evidencia de que la Guardia Pretoriana comenzó a escuchar y a convertirse? Claro, en la Biblia, claro. ¿En cuál carta? En la de los Filipenses. Escucha cómo Pablo se despide al final, Filipenses 4:22. Escucha, presta atención: "A todos los santos saludan, especialmente los de la casa del César." ¿Tú puedes creer que la Guardia Pretoriana estaba respondiendo al Evangelio? Y mis prisiones han hecho famosas en la Guardia Pretoriana, precisamente por causa de Cristo. Yo estoy aquí y el Evangelio ha estado corriendo.

¿Tú notaste la metodología de evangelización del Señor? Encarcelamos al evangelista y desatamos la Palabra. ¿Por qué? No tiene sentido. ¿Por qué no mejor desatamos al evangelista y desatamos la Palabra, a los dos? No, no, no, porque resulta que la audiencia para este tiempo es la Guardia Pretoriana. Y para que la audiencia pueda ser la Guardia Pretoriana, hay que encarcelar al evangelista. Pero cuando yo encarcelo al evangelista, yo voy a desatar el Evangelio, y tú vas a ver lo que va a ocurrir. Y de repente Pablo dice: "De tal manera que mis prisiones por la causa de Cristo se han hecho notorias en toda la Guardia Pretoriana y a todos los demás."

El soldado que está aquí con Pablo y que está cambiando de turno, yo me imagino diciéndole al otro: "Dile a este loco que te cuente su historia." Y Pablo de nuevo comenzaba, y la Guardia comenzó a responder. ¿Te das cuenta cómo Dios usa el sufrimiento nuestro y lo llena de propósito y significado? Dios ha enviado a Pablo a la cárcel, pero llenó sus cadenas de propósito. Y Dios siempre ha trabajado de esa manera.

Alguien pudiera decir: "Bueno, pues si ese es el Dios que usted tiene, que todo tiene que hacerlo a través del dolor y el sufrimiento, no quiero ese Dios." Escúchame. De este lado de la gloria no hay otra vida que no sea de dolor, sufrimiento y lágrimas, desde Génesis tres hasta de este lado de la gloria, hasta la venida de Jesucristo. Hay una sola vida. De manera que la pregunta no es si tú y yo vamos a sufrir o a derramar lágrimas o no. La única pregunta es si tu sufrimiento va a tener propósito, sentido y significado, o va a estar vacío de eso. Esa es la pregunta. Y la única persona en todo el universo que es capaz de llenar tu vida de sufrimiento, de dolor y de lágrimas de propósito, sentido y significado es la persona de Jesús y Su cruz. No hay otro.

De manera que eso es lo que Cristo nos ha prometido. No nos ha prometido un vuelo sin turbulencias. "En este mundo tendréis tribulación." Lo que Él nos prometió fue un aterrizaje seguro, pero no el vuelo sin turbulencia. Nunca lo ha ganado. Nosotros tenemos que recordar eso continuamente. Nosotros necesitamos la perspectiva correcta de la vida si nosotros vamos a experimentar el gozo que Pablo experimentó.

Escucha lo que Pablo está pasando. Él ha sido castigado con látigos treinta y nueve veces, tres veces, treinta y nueve látigos. Él estaba marcado. Ha sufrido ira. Él ha aguantado tres palizas con palos. Él ha naufragado tres veces. Ha estado con hambre. Él ha estado corriendo por las persecuciones detrás de él. Él está todo herido. Él está ahora en una cárcel donde yo imagino que los grilletes de la cadena probablemente cortaban su piel después de un tiempo. Él está lleno de gozo. ¿Sabes por qué? Porque cuando tu vida no está en tu propio reino sino en el Reino de los Cielos, tú dejas de ver las cadenas y ves el fruto de las cadenas. Esa es la diferencia.

Pablo estuvo dispuesto a sufrir heridas de la piel, heridas temporales, heridas corporales, para que otros que tenían heridas peores que las suyas, pero no en la piel ni temporales, sino heridas del alma y eternas, pudieran ser sanadas por las heridas de su cuerpo, en la medida en que él llevaba el Evangelio. La pregunta es si tú y yo estamos dispuestos a ser heridos de esa manera, corporalmente, temporalmente, para que otros que están heridos eternamente en el alma puedan ser sanados por medio del Evangelio que nos ha sido confiado a cada uno de nosotros.

Pablo tenía sus prioridades en orden. Pablo sufrió penalidades. Pablo supo sacrificar todos sus deseos, todas sus añoranzas, todos sus sueños, todas sus aspiraciones, todas sus recreaciones. Las supo sacrificar todas en el altar del Evangelio. La pregunta es si tú y yo tenemos la misma disposición. Vivimos midiendo la intensidad de nuestro sacrificio por el Evangelio de acuerdo a cómo nos afecta a nosotros personalmente. Pablo no conocía nada de ese egocentrismo con el que nosotros vivimos. Él había muerto, él vivía para Cristo, él no tenía otro motivo de vida, no tenía otra motivación que no fuera esa que yo te acabo de describir.

En el Reino de los Cielos, en esta tierra todo el mundo va a sufrir, pero en el Reino de los Cielos nadie sufre en vano. Cuando yo sufro, o yo necesito el sufrimiento para Dios continuar moldeando la imagen de Cristo en mí, o el Reino de los Cielos necesita mi sufrimiento. Cuando Cristo sufrió, Él no necesitaba el sufrimiento. Él tenía la imagen de Cristo, Él era la imagen de Cristo, pero el Reino de los Cielos necesitaba Su sufrimiento.

En el año 1956, cuando estos cinco hombres casados, con hijos varios de ellos, misioneros, se proponen llegar a la tribu de los aucas en el Ecuador y son masacrados por la misma tribu, dejan cinco viudas y dejan niños huérfanos. ¿Qué clase de Dios es ese que trabaja de esa forma? ¿Sabes que hay puertas que solamente se abren por medio de muertes? La muerte de Cristo abrió la más grande y singular puerta para todos nosotros. La puerta de mi familia se abrió cuando mi hermano piloto murió en un accidente. Y a partir de ahí todos comenzamos a entrar. Y la de los aucas, tribu que fue completamente evangelizada tiempo después por las viudas y otros hombres que vinieron a ayudarles, de estos cinco misioneros.

¿Quieres tu dolor y sufrimiento lleno de propósito? ¿O quieres un dolor y sufrimiento vacío, sin sentido? Solamente la causa de Cristo nos da propósito para vivir y para sufrir. Su causa llena de sentido esta vida temporal y la vida venidera. Ninguna otra causa puede hacer eso.

Quiero que veamos no solamente el rol de la comunidad cristiana en el sufrimiento, el uso que Dios le da en Su providencia a ese dolor, el propósito y el significado con el que Dios llena ese sufrimiento, sino que yo quiero que veamos, en cuarto lugar, la fe como fruto de la tribulación nuestra o de la tribulación de otros hermanos. La fe que hay en mí muchas veces es el fruto de mi propia tribulación o es el fruto de la tribulación de otros hermanos.

Escucha lo que Pablo dice en el versículo 14, primera parte: "Y que la mayoría de los hermanos, confiando en el Señor..." Ahí está la fe: confiando en el Señor por causa de mis prisiones. La mayoría de los filipenses ahora están confiando en el Señor, pero hay una causa de esa confianza, y son las prisiones de Pablo. Quizás antes de las prisiones de Pablo los filipenses no habían tenido, o no habían estado en una circunstancia tan precaria que requiriera de ellos mayores esfuerzos, mayor intensidad en oración, mayor fe. Pero ahora tuvieron oportunidad de ejercitar su fe.

Y la realidad es esa: que nuestra fe no crece en las tribulaciones menores. Dios tiene que llevarnos a aguas profundas y turbulentas para nosotros aprender a tener fe. Cuando Pablo está en la prisión, los filipenses no tenían manera ni medios ni influencia de cómo sacar a Pablo de allí. Probablemente estaban orando. El libro de los Hechos nos dice que Pablo estuvo allí dos años en prisiones, y la probabilidad es, que es lo que la mayoría de los académicos piensan, que él fue liberado de esa prisión, una prisión domiciliar de la que habla el libro de los Hechos, posteriormente apresado durante la persecución de Nerón, y entonces decapitado.

Pero estos hermanos, al ver a Pablo dentro de la prisión, cómo su vida estaba siendo preservada, probablemente luego viéndolo siendo liberado, como el embajador en cadenas, como Pablo se denomina a sí mismo en Efesios 6:20, me podía estar detrás de los barrotes con gozo. Cuando ellos fueron experimentando toda esa gama de cosas que yo acabo de describir, probablemente su fe, su confianza en el Señor, fue incrementando, se fue aumentando, fue fortaleciéndose, y ellos comenzaron a orar.

Usualmente rodillas con callos de orar son el fruto de un corazón sufrido. Actualmente esto es lo que ocurre: el corazón es duro, tiene callos. Yo quiero trabajarlo, quiero sensibilizarlo. Yo comienzo a pasar por estas circunstancias y comienzan a ablandar mi corazón. Pero son tan grandes estas circunstancias que me llevan de rodillas una y otra vez. Y ahora de repente yo comienzo a desarrollar callos en las rodillas, y en un momento me doy cuenta que los callos del corazón han pasado a mis rodillas.

Y mi corazón ha sido transformado en medio de la dificultad y de la tribulación. En medio de las dificultades menores nosotros no desarrollamos confianza en Dios, que lo puedo ilustrar en una forma muy sencilla. Llega el día de mañana y de alguna manera necesito mil pesos, no lo tengo. Mira hermano, hermano Moisés, tú tienes mil pesos que me prestes. Sí hermano, ¿qué tal los mil pesos? Amén, y me lo pagué. ¿Qué hice con eso? Mil pesos, eso no desarrolló ninguna confianza en Dios; si acaso ahora tengo una confianza en Moisés.

Pero Dios me lleva a circunstancias donde yo no tengo cómo valerme, donde mis dones y talentos son insuficientes, donde no es un asunto de dinero y por tanto nadie me puede ayudar, donde frecuentemente los hermanos no están por alguna razón, o me abandonaron, o Dios solo llevó a propósito de tal forma que ahora yo no puedo mirar para ningún lado, y el único lugar donde yo puedo mirar es para arriba. Esa es la razón por la que en ocasiones Dios nos enferma y nos acuesta, porque cuando tú estás muy enfermo y estás acostado, ¿para dónde vas a ver si no es para arriba? Y eso tienen esas enfermedades, tienen muchas veces el mismo efecto de las cadenas: me hacen ver para arriba y depender de arriba. Y ahora mi confianza en el Señor comienza a robustecerse. Eso es lo que está ocurriendo en nuestros hermanos.

Lamentablemente muchas veces cuando las cosas no van bien, comenzamos a cuestionar a Dios. Pero hay un solo grupo de personas, es grande sí el grupo, pero un solo grupo de personas que hace eso. Probablemente es el grupo más mayoritario, te estoy hablando de los siervos de Dios ahora. De la incredulidad no tenemos nada que hablar en este momento; todo esto que estoy diciendo es para los siervos de Dios. ¿Quién es, o los siervos de Dios, que en medio del dolor y sufrimiento terminan cuestionando a Dios? Aquellos cuya prioridad era su mundo personal.

Cuando mi reino es prioritario, cuando mi reino es afectado, yo cuestiono a quien lo afectó, porque en último caso si Dios no lo afecta, nada se mueve si Dios no lo mueve o lo permite. Pero cuando el reino de Dios es prioritario y ahora cómo eso será afectado, si yo tengo el corazón de Pablo, la mente de Pablo, yo comienzo a ver: ok, mi mundo está siendo afectado, ¿de qué manera Dios está usando esto que le está pasando a mi mundo? Y de repente Pablo se da cuenta que el satisfecho evangelio está progresando entre toda la guardia pretoriana, y Pablo dice: ¡Yes!

Pablo veía lo que muchos no podían ver. Hermanos, no se trata de mí, no se trata de ti. Y el gozo de tu vida es un asunto de perspectiva, única y exclusivamente. O ves desde arriba o desde abajo. Cuando ves desde abajo solamente podemos ver nuestros placeres temporales y solamente podemos ver nuestro reino. Cuando vemos desde arriba, vemos los placeres de Dios que están a su diestra y deleites para siempre. Y vemos entonces las promesas de Dios como reales desde donde estás viendo.

John Blanchard decía que Dios prefiere que experimentemos dolor santo antes que placer pecaminoso. Dios prefiere que experimentemos dolor santo antes que placer pecaminoso. Cuando nuestra perspectiva es terrenal, nosotros preferimos el placer pecaminoso al dolor santo. Y es esa preferencia lo que origina nuestras quejas. ¡Escúchame tú y yo no tenemos ninguna razón bajo el cielo para quejarnos! Yo sé que yo me quejo, pero no tengo razón. Yo simplemente soy la evidencia de la naturaleza carnal en nosotros cuando así ocurre.

Hermanos, la Palabra de Dios dice que nada se mueve en su universo sin su consentimiento. Número uno. Número dos, que todas las cosas cooperan para bien, incluyendo de las que tú te estás quejando, ¿sí o no? La pregunta es simplemente: ¿tú crees la Palabra de Dios? No tienes por qué quejarte porque eso que te está ocurriendo está ocurriendo para tu beneficio. ¿O no creo la Palabra de Dios? O simplemente mi mundo es prioritario sobre el mundo de Dios. Ninguna de esas dos opciones son buenas.

Parte de la problemática está en que nosotros tenemos una perspectiva errónea de nuestro Dios. ¿Tú recuerdas la experiencia de Job? Dijimos que eso ha sido una de las cosas que nos ha hecho ver, ¿no? ¿Tú recuerdas la experiencia de Job? Perspectiva errónea de nuestro Dios. ¿Tú recuerdas la experiencia de Job? Difícil, ¿verdad? ¿Tú crees que Job tuvo una sola de sus preguntas respondidas al final? No. Con lo único que Job sale es con una mejor perspectiva de quién Dios era. Dios le hace a Job unas 33 preguntas que tienen que ver con Él y el manejo de su universo. Y cuando Job entiende y quiere y puede entonces enfocar la perspectiva errónea que él tenía de Dios, todo resultó en foco ahora, y Job dice: no, yo no tengo más preguntas. Su excelencia, no más preguntas.

Joni Eareckson Tada es una mujer que quedó parapléjica a los 17 años. Tiene ese sentido, no ya, de manera que ya tiene autoridad para hablar del dolor y sufrimiento. Ella depende desde que se levanta hasta que se acuesta de otra persona. Alguien tiene que cepillarle los dientes, alguien tiene que cambiarla, alguien tiene que bañarla, alguien tiene que alimentarla. Ella no mueve nada excepto su boca, su cabeza, pero no puede mover sus extremidades. Ella dice lo que yo acabo de decir ahora, y es que lo que mejor nos ayuda a atravesar la experiencia de sufrimiento es una perspectiva correcta de Dios.

Entonces yo agrego que la razón por la que es así es porque cuando tu perspectiva de Dios es correcta, eso hace que tu perspectiva de todo lo demás sea correcta. Y cuando tu perspectiva de Dios está distorsionada, eso hace que el resto de tus experiencias estén distorsionadas. Y esa es la realidad que nosotros vivimos.

Oye lo que Pablo le dice a los hermanos en Filipenses 1:13-14: "Y que la mayoría de los hermanos, confiando en el Señor..." O sea, que había un grupo que no estaba confiando en el Señor. La mayoría de los hermanos confiando en el Señor, pero él les llama hermanos, de manera que hay un grupo de hermanos que todavía no ha aprendido a confiar en el Señor. Pero qué es lo que a mí me llama la atención de eso. Bueno, me llama la atención que aunque aquí hay dos grupos, uno que está confiando en el Señor a causa de sus prisiones, y otro grupo que todavía no lo está haciendo, cuando Pablo le escribe a los filipenses no dice: "Le escribo a la mayoría de los hermanos." Él no dice: "Os llevo en el corazón, coma, a la mayoría." Él dice: "Os añoro a la mayoría..." No, "os añoro a todos vosotros."

Pablo reconoce que la vida cristiana no es individualista. No importa si hay unos más maduros, si hay uno que es un gigante de la fe y otros que son enanos de la fe; si Cristo murió por él, él pertenece, o ella pertenece, a la misma comunidad de creyentes. Y él los ama a todos, los añora a todos, los recuerda a todos, ora por todos. Es todo, es un todo como Pablo lo ve. Y eso es bueno recordarlo, porque muchas veces nosotros, cuando tenemos algunos años en la fe, amamos a los gigantes de la fe solamente, por así llamarlos. Y a nosotros se nos olvida que hubo un momento en que tú y yo gateábamos, y alguien que ya corría y que ya caminaba nos levantó y caminó con nosotros. Pero ahora que corremos quisiéramos que todo el mundo corriera con nosotros.

La lectura dice no, la mayoría de los hermanos confiando en el Señor, pero hay algunos que no están confiando, pero a ellos yo también los añoro y los amo. El sentido de comunidad de este hombre es extraordinario. ¿Es ese tu sentido de comunidad? ¿Es así como tú sientes por los hermanos de la IBI?

Finalmente, y en quinto lugar, yo quiero que con relación al sufrimiento veamos el rol de la comunidad cristiana. No solamente el rol, no solamente el uso por parte de Dios de ese sufrimiento, el propósito y significado con el cual Dios llena ese dolor, y no solamente que veamos también la fe como uno de sus frutos, sino que yo quiero que veamos también cómo mis pruebas fortalecen el carácter o el valor de nuestros hermanos.

Versículo 14, segunda parte: "Por causa de mis prisiones, la mayoría de los hermanos," sería el contexto, "tienen mucho más valor para hablar la Palabra de Dios sin temor." Los sufrimientos de Pablo en Filipos, lejos de amedrentar a los hermanos, los fortalecieron. Fortalecieron su carácter, su valor, y ahora de repente los hermanos están predicando la Palabra, hablando la Palabra, evangelizando con mucha más confianza, con mucho más denuedo, con mucha más determinación, porque Dios usa no solamente el dolor en otros, sino el dolor en mí para fortalecer a ese otro.

Esa es la razón por la que cuando tú lees la Palabra, la Palabra está llena de buenos ejemplos de hermanos. El libro de Hebreos, capítulo 11, una lista larga de hombres, de mujeres que vivieron en fe, por la fe, confiando en Dios, que sufrieron en fe, que sufrieron por fe. Y la Palabra de Dios, inspirada por el Espíritu, Dios me dice que preste atención a estos hombres, a esas vidas, a esas mujeres. La Palabra de Dios continuamente me llama a imitar a Cristo, pero me llama a imitar a buenos hombres, a buenos ejemplos de mujeres también, y me dice: mira cómo ellos sufrieron, aprende a sufrir como ellos; mira cómo ellos caminaron, aprende a caminar como ellos. En el libro de Hebreos nos habla de personas que fueron aserrados en dos, cortados en dos. Dios me dice: aprende a sufrir así.

El sufrimiento, el dolor trae lágrimas a nuestros ojos, y tú has visto cómo las lágrimas nublan tu visión, cierto. Excepto cuando las lágrimas son el fruto del sufrimiento o el dolor en las manos de Dios, las lágrimas mejoran la percepción de la realidad que está a tu alrededor. Mira cómo Spurgeon lo dijo: a veces podemos ver más a través de una lágrima que a través de un telescopio. A veces podemos ver mucho más a través de una lágrima. De la experiencia de dolor por la cual yo he tenido que pasar, yo he podido conocer más de la vida que a través de un telescopio. Y eso es una gran verdad.

Las lágrimas ablandan mi corazón. Tenemos un corazón de piedra, un corazón duro, y cuando ese corazón comienza a ser humedecido por las lágrimas, ese corazón comienza a ablandarse. Y si tú quieres ser un instrumento usado por Dios, tú necesitas un corazón ablandado.

Esto es una buena ilustración. Si tú eres un cirujano plástico que trabaja con tejidos dañados por traumas, accidentes, cáncer, y trabaja con elementos muy finos, vasos capilares, fibras nerviosas muy finas, tú necesitas manos muy sensibles para poder tocar estos órganos tan pequeños. Una mano de un carpintero, de un ebanista, de un albañil, que está toda encallecida, no te va a servir. De esa misma manera, un corazón duro, lleno de callos, no puede ser usado por Dios para sanar heridas en el alma, en el corazón de otro, secundarias al pecado de su vida. Tú necesitas un corazón ablandado, y eso es usualmente a través del dolor y de las lágrimas.

Muchas veces nosotros sufrimos las consecuencias de nuestro propio pecado, pero frecuentemente nosotros simplemente sufrimos las consecuencias del pecado de Adán, y se nos olvida en qué clase de mundo fue que Adán nos sumergió cuando él cayó. La cruz es el recordatorio del mundo de dolor y sufrimiento en el que Adán nos sumergió, y la resurrección es el recordatorio del mundo hacia donde Jesús nos lleva. Pero vivimos toda la vida enfocados en el mundo de Adán, en vez de vivir enfocados en el mundo hacia donde el segundo Adán nos está llevando, donde no habrá dolor, no habrá lágrimas, no habrá sufrimientos.

Y entonces, a la mínima experiencia de dificultad comenzamos a alejarnos, a enfriarnos, a dar medias respuestas, a avergonzarnos del satisfechos Evangelio. Y Dios dice: "¿Qué clase de hijos son estos? ¿Qué clase de hijos son estos que se avergüenzan de mi Evangelio?"

Ya me es necesario cerrar porque el tiempo se nos ha ido. Voy a contar una historia verdadera. Esta niña de once, doce años tenía una madre con manos y brazos muy cicatrizados, muy feos, nunca operados, nunca reparados. Y a ella le daba vergüenza, pero su madre en sentido general cubría sus brazos. Un día fueron de compras y aparentemente, a la hora de pagarle al cajero, algo pasó y tuvo que sacar algo y sus brazos se mostraron. La niña comenzó a llorar. Se fue intranquila hasta llegar a la casa. A través de las lágrimas le dice a su madre cuánta vergüenza ella había sentido frente a esa cajera, por ella haber permitido que sus manos cicatrizadas se vieran.

La madre la deja que se calme y regresa una hora después. Le dice: "Hija, tienes que conocer la historia. Cuando tú estabas de meses en la casa, ocurrió un fuego en el área del dormitorio. Yo corrí, fui a buscarte y te abracé y salí corriendo. Y te puse en un lugar, y cuando te puse, no te quemaste, pero mis brazos estaban en llamas. Pero estaba llena de gozo de ver que tú estabas salva e intacta." La niña entendió. Nunca más se sintió avergonzada.

Pastor, ¿qué tiene eso que ver con el mensaje? Todo. Porque la eternidad pasada Dios nos vio, teológicamente hablando, a punto de arder por las llamas del infierno. Y su Hijo corrió y se encarnó en un momento dado. Y fue a la cruz. Y allí sus manos fueron horadadas y sus pies. Y como dice Colosenses 2:14, allí el clavo que atravesó su mano, allí clavó el acta de los decretos que satisfechos pesaba contra nosotros. Y el satisfechos Evangelio es la historia de ese satisfechos hombre cuyas cicatrices produjeron mi rescate.

Y a pesar de que el Evangelio es esa historia del satisfechos hombre cuyas cicatrices produjeron mi rescate, nosotros, sus hijos, vivimos frecuentemente avergonzándonos del Evangelio. No venimos a defenderlo, no venimos a proclamarlo, ni siquiera venimos a vivirlo. Vivimos de una manera que avergüenza el Evangelio, no digna del Evangelio. Y somos como esa niña. Habiendo sido rescatados por aquel que sufrió, nos avergonzamos. La diferencia es que cuando la niña se avergonzaba, ella no conocía la historia. Pero tú y yo sí.

El Evangelio es la historia de ese hombre cuyas cicatrices produjeron mi rescate. Que Dios nos ayude a vivir en esa realidad.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.