Integridad y Sabiduria
Sermones

Gozo al vivir, gratitud al orar

Miguel Núñez 3 mayo, 2015

El cristiano no tiene razón para vivir sin gozo. Esta afirmación, que podría sonar excesiva, encuentra su fundamento en tres mandatos breves pero absolutos que el apóstol Pablo entrega en 1 Tesalonicenses 5:16-18: estad siempre gozosos, orad sin cesar, dad gracias en todo. Ninguna otra religión ofrece garantías similares para sostener el gozo en toda circunstancia, pero el creyente las tiene: una salvación que no puede perder, aflicciones que son calificadas de leves y pasajeras comparadas con la gloria venidera, y la promesa de que todo cooperará para bien. Incluso bajo disciplina divina hay motivo de gratitud, pues esa corrección es evidencia de filiación legítima.

El gozo frecuentemente se escapa cuando la preocupación reemplaza la confianza en la providencia de Dios, o cuando la ira —fruto de la carne— desplaza lo que debería ser fruto del Espíritu. La carne solo conoce esta dimensión y reacciona según las circunstancias; el alma redimida, en cambio, tiene su ciudadanía en otra patria y puede mirar más allá de lo temporal.

La oración cristiana se distingue porque no busca manipular a Dios sino someterse a su voluntad. El modelo lo dejó Cristo en Getsemaní: "Que se haga tu voluntad y no la mía". Y el Padre a quien oramos no necesita ser convencido de darnos buenas cosas; su naturaleza es ser dadivoso. El pastor Núñez recuerda que quien escribió estos mandatos tenía el currículum perfecto para hacerlo: cinco palizas de treinta y nueve azotes, tres naufragios, una noche entera en alta mar, peligros de toda clase. Pablo conocía el sufrimiento y aun así ordenó: gozaos siempre.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Y quiero invitarte a que abras la Palabra de Dios. Primera Carta a los Tesalonicenses, capítulo 5, para nosotros leer un texto corto, pero abundante en contenido, un texto con cosas que tienen que ver con la relación que yo guardo con Dios. En los textos anteriores, en los últimos dos mensajes acerca de esta carta, Pablo tenía instrucciones que tenían que ver con mi relación con los demás, delante de Dios, pero con mi relación con los demás. El texto de hoy tiene que ver con mi relación conmigo mismo, pero en Cristo. Y es un texto corto, son tres versículos, los tres versículos apenas en quizás dos líneas, pero yo creo que es un texto que cada uno de nosotros necesita para reflexionar y vamos a reflexionar juntos.

Vengamos y reflexionemos juntos en una mañana como hoy. Pidámosle a Dios que nos ayude a reflexionar a través de su Palabra y por medio de su Espíritu para la gloria de su nombre. Con eso, entonces, yo quiero que leamos los versículos del 16 al 18 de la Primera Carta a los Tesalonicenses, capítulo 5: "Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús." Esa es la Palabra de Dios, la Palabra que puede y tiene que hacer cosas hoy en nosotros.

Como decía, son tres versículos cortos, breves, cargados de contenido. En ese corto pasaje, el apóstol Pablo nos da tres mandatos más o imperativos morales que yo debo llevar a cabo en mi vida cristiana. Estar gozosos, versículo 16; orar, versículo 17; dar gracias, versículo 18. Cada uno de esos imperativos es reforzado por el mismo apóstol con una palabra o una frase. Escúchalo una vez más: estar gozosos siempre, orar sin cesar, dar gracias en todo. De manera que ahora yo tengo tres mandatos que el apóstol ha llevado al absoluto al calificarlo de la manera que lo ha hecho y que acabamos de leer.

Pero al finalizar ahora, él usa una frase que lleva dichos absolutos a la máxima autoridad cuando él nos dice: "Porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús." La mayoría de los académicos está de acuerdo que esa frase no se aplica exclusivamente al último mandato de dar gracias, sino que es algo que es aplicativo a los tres. Es tanto la voluntad de Dios el que nosotros estemos siempre gozosos, como el que yo dé gracias siempre, como el que yo ore sin cesar. Y como son tres imperativos y cada uno de ellos tiene sus propias particularidades, y aunque no están divorciados, de hecho están entrelazados, yo creo que lo mejor sería poderlo abordar uno a uno y luego ver su enlace como se da.

Y el primero, en el versículo 16, dice: "Estad siempre gozosos." La palabra gozo y el verbo regocijarse son muy del vocabulario favorito del apóstol Pablo; cincuenta veces son usadas estas dos palabras en sus epístolas. Ninguna religión tiene un mandato similar de estar gozoso siempre. Ninguna religión tiene razón para estar gozoso en todas circunstancias, en todo momento. Y de esa misma manera podemos decir que ningún cristiano tiene razón para no estarlo, de acuerdo a la revelación de la Palabra de Dios. Y por eso yo he titulado mi mensaje "Gozo al vivir, gratitud al orar."

Porque el gozo no es solamente una experiencia que yo debo tener cuando el cuerpo de Cristo se reúne, sino que debe ser algo que hay que experimentar a lo largo de toda mi vida, y así lo plantea el Nuevo Testamento. Desde el libro de Mateo, que es el primero del Nuevo Testamento, hasta el libro de Apocalipsis, que es el último. El impío no tiene razones para estar gozoso todo el tiempo, pero el cristiano no tiene razones para no estarlo.

Ahora, algunos de nosotros pudieran venir al final del culto y decirme: "Pastor, pero yo les he visto a ustedes sin gozo." Sí, pero sin razón. Sin razón bíblica, como vamos a ver ahora, conforme a lo que el apóstol Pablo nos quiere revelar, nos quiere enseñar. Nosotros somos muy dados a perder el gozo, pero la realidad es que en la Palabra nosotros encontramos incontables razones por las cuales tú y yo debiéramos vivir en gozo. Yo no tengo el tiempo ni siquiera para enumerarlas, pero yo voy a traer algunas ilustraciones que nos van a recordar que ciertamente yo debiera vivir de otra manera.

En primer lugar, Dios nos ha dado una salvación que nosotros no podemos perder. Lo más valioso, aquello que realmente yo me llevo de esta vida a la próxima, yo no lo puedo perder una vez que yo lo he adquirido. Las aflicciones de esta vida son muchas, pero con la perspectiva de Dios son calificadas de leves y pasajeras, y no pueden ni deben ser comparadas con el gozo, la gloria que ha de venir.

Piensa ahora en alguna de las condiciones o situaciones peores en la que un hijo de Dios pudiera encontrarse. Quizás puedo pensar en estar en algún momento bajo la disciplina de Dios, bajo la mano de Dios en disciplina. Pues ahora, lo que Dios dice es que cuando él me disciplina, eso es una gran evidencia de que yo soy un hijo legítimo y una evidencia enorme de que él me ama, porque si él me dejara sin disciplina, sería una evidencia de que yo soy un hijo ilegítimo y soy un bastardo. De manera que si Dios me disciplina, yo puedo decir: "Señor, esta disciplina quizás no es causa de tanto gozo para la carne, pero mi alma sabe que tú me amas y lo sé por la disciplina misma que me has aplicado. Gracias, Dios."

O quizás puedes imaginarte en situaciones equis de tribulación, de dolor, de quebrantamiento. Dios promete que, independientemente de la severidad de la prueba en la que tú te encuentres, él la hará cooperar para bien. Y si yo tengo garantías de esa naturaleza y de esa magnitud, yo tengo razón para, en ese caso, poder estar gozoso. Al cristiano, yo leía hace poco, pero creo que lo había leído anteriormente, nadie lo puede matar; lo único que hacen cuando él muere es que él cambia de dirección, él se muda, porque su vida continúa. El cristiano, el hijo de Dios, nunca ha pasado ni pasará por una situación que su Dios no haya previsto. Él nunca estará en un lugar donde su Dios no haya estado primero, y él nunca pasará por un peligro o por valles de muerte sin contar con la presencia garantizada de Dios. Esas son algunas razones por las cuales tú y yo debiéramos experimentar gozo en todo tiempo.

La persona que escribió estas palabras, el instrumento humano, el apóstol Pablo, llama a las aflicciones de este mundo leves y pasajeras. Él le dice eso a los corintios. Yo no me puedo imaginar la experiencia por la cual el apóstol Pablo pasó y él dijo: "Sí, fueron difíciles, y son pasajeras." La pregunta para Pablo es: Pablo, ¿cómo tú puedes, cómo pudiste hacer eso, cómo pudiste mantener tal perspectiva? Él nos dice literalmente, él nos dice inmediatamente después que él llama a estas aflicciones leves y pasajeras, él dice cómo hacerlo. Escucha: "Al no poner" —versículo 18, Segunda Carta a los Corintios, capítulo 4— "al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven, porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas."

De tal manera que el apóstol Pablo pudo haber estado en más de un naufragio, pero cuando él estaba en alta mar realmente él veía a su alrededor: "Bueno, este mar es lo que se ve, pero en realidad lo que no se ve es mi Dios que está en control de este naufragio, y mi esperanza no está en salir con vida del mar, sino en estar con mi Dios, y él está conmigo aquí. Yo estaré tranquilo." El apóstol Pablo tiene mucho que enseñar, tiene mucho que enseñar de estas cosas de las que él está hablando. Nosotros no tenemos razones para no estar gozosos, pero los seguidores de otras religiones no tienen razones para estar gozosos siempre.

Ahora, ciertamente en nuestra humanidad el gozo como que se nos esfuma con cierta facilidad, y como parte de nuestra reflexión yo tengo que preguntarme, pensar cuáles son algunas de las razones por las que quizás el gozo me hace falta. Y yo no puedo ser tampoco exhaustivo porque las razones son múltiples, pero pudiéramos ver algunas que nos puedan servir de introspección.

Para comenzar, yo no puedo olvidar que la Palabra de Dios revela que el gozo es un fruto del Espíritu. Gálatas 5:22-23: "El fruto del Espíritu es amor, gozo..." El segundo ahí en esa lista es el gozo. De tal forma que en ocasiones la ausencia de gozo simplemente habla de un fruto que todavía no ha sido cultivado en mi vida, mi falta de crecimiento espiritual, o quizás fue cultivado, pero con el tiempo yo lo dejé madurar tanto que se marchitó y se me fue.

El gozo frecuentemente se va cuando nos preocupamos, pero la preocupación es sinónimo de haber olvidado la providencia y la soberanía de Dios. La providencia de Dios es esa doctrina, enseñanza que habla de que Dios es el orquestador activamente o pasivamente de todo cuanto ha de ocurrir, y que ha hecho eso desde antes de la fundación del mundo, y que como él es así de provisor, él es así de soberano en la orquestación y la realización de sus propósitos.

El gozo a veces se nos va cuando permitimos que la ira lo reemplace, pero tengo que recordar que la ira no es un fruto del Espíritu. La ira es un fruto de la carne, y la carne es así porque la carne lo único que conoce es esta dimensión. Por tanto, la carne es frecuentemente afectada por las condiciones, por las circunstancias alrededor. Pero yo tengo que recordar que, en la providencia y la soberanía de Dios, nada llega a mi vida sin que vaya directamente dirigido a mi dirección, llevada por el cartero con mi nombre y a la dirección donde yo he residido. Y yo lo sé, porque Dios dice que dos pajarillos, que tú los encuentras en la calle o en la naturaleza muertos, no pueden caer al suelo, al piso, sin su consentimiento.

Ahora, cuando el apóstol Pablo me dice aquí en este texto "estad siempre gozosos," él no nos da eso como una sugerencia, como una alternativa. Viene como un imperativo y como una palabra muy absoluta: siempre.

De manera que Él nos hace una invitación a no experimentar gozo solamente cuando venimos a la iglesia y cantamos juntos, lo cual es motivo de gozo. Pero Él nos hace una invitación para que nosotros podamos vivir como cristianos llenos de algo que es un fruto, parte del fruto del Espíritu.

Y no se lo dice a los tesalonicenses exclusivamente ni a los efesios; se lo dijo a los filipenses a través de una carta que él escribió desde la prisión. En Filipenses 4:4 él les dice: "Regocijaos en el Señor siempre." Ahí está la palabra otra vez. Él entiende que es posible tener momentos cortos de gozo, pero él no estaba apuntando a esos momentos; él estaba apuntando a un estilo de vida. Estad siempre gozosos en el Señor, punto. Continuación: "Otra vez lo diré: regocijaos." Es como si Pablo estuviera diciendo: en caso de que alguien piense que la palabra "siempre" no iba ahí, o si realmente eso fue lo que yo quise decir, déjame decirlo otra vez: regocijaos.

En medio de las circunstancias en que nosotros vivimos, eso no es tan fácil de vivir. Estamos de acuerdo. Y no lo logramos porque se nos dificulta separar las emociones de las circunstancias por las cuales nosotros atravesamos. Las emociones de la carne están íntimamente relacionadas a nuestras experiencias de la vida. Cuando las cosas van bien, la carne se siente bien; cuando las cosas van mal, la carne se siente mal, se siente triste. Así es la carne, porque la carne, como yo decía, no conoce otra dimensión que no sea esta. Pero el alma redimida tiene otro sentido de dimensión, porque espera por una patria en la que ya está su ciudadanía y su identificación, de tal forma que el alma pudiera pensar, por así decirlo, o decirle a la mente que piense a través de otra perspectiva que no es esta, la terrenal.

Cuando el apóstol Pablo les dice a los filipenses: "Regocijaos en el Señor siempre, otra vez regocijaos," inmediatamente después —no versos después, inmediatamente después— les dice: "El Señor está cerca." Es como si Pablo les estuviera diciendo a ellos: hermanos, este mundo, este temporal, tiene dificultades, hay tribulación, pero no pierdan de vista que el Señor está cerca. El Señor vuelve, el Señor viene, y si no viene, tú vas. Y por tanto tú necesitas pensar en el mundo que te espera y que el Señor fue a preparar por ti. Y de la misma manera entonces que las emociones de la carne están relacionadas a este mundo y a esta dimensión, las emociones del alma están relacionadas a otro mundo y a otra dimensión.

No pierdan de vista que el apóstol Pablo dice que en Romanos 7, cuando mira su interior, él se deleita en la ley de Dios —eso es como dimensión número uno— pero que a la vez él nota que hay otra ley, la ley del pecado, que batalla en los miembros de su cuerpo —es como dimensión número dos. Pero es esa persona que nos está diciendo a nosotros que nosotros deberíamos vivir gozosos siempre en el Señor, que el Señor está cerca. Y la razón por la que el apóstol Pablo puede entender eso y vivir eso también está revelada, porque les dice a los romanos en 8:18: "Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada."

El apóstol Pablo conoce los sufrimientos de carne propia de este mundo. Él dice: yo sé lo que eso es, yo he estado ahí más de una vez, pero he estado en el tercer cielo también, y yo te puedo decir que esto por lo cual tú pasas no tiene comparación en lo más mínimo. No tiene tamaño, no tiene brillo, no tiene fuerza, no tiene magnitud para ser comparado con la gloria que ha de ser revelada en el día final. De manera que, mientras tanto, estad gozosos siempre en el Señor.

La vida cristiana no está diseñada para vivir con una perspectiva terrenal. Cuando el alma redimida, ahora atrapada por así decirlo todavía con los deseos de la carne o dentro de los deseos de la carne, vive con una perspectiva terrenal, eso produce un peso, una carga para la cual yo no estoy preparado. Y es la razón por la que yo tengo que aprender a enfocar mi mente, poner mis ojos, mi enfoque de vida en otro lugar donde realmente Dios espera por mí.

Mientras tanto, las cosas que nos roban gozo incluyen nuestras preocupaciones y nuestras tristezas. Las preocupaciones son futuristas y las tristezas son preteristas. Porque las preocupaciones, como el nombre dice, pre-ocuparme, tiene que ver con yo comenzar a hacer una cosa antes de poderme ocupar de ella. Es algo que va a pasar mañana, que yo no puedo hacer nada hoy, pero yo he decidido hacer algo hoy antes de que yo me pueda ocupar, y por tanto me preocupo. Y las tristezas son preteristas, son pasadas, ya no puedo hacer nada con ellas.

Entonces, ¿qué ocurre? Que cuando yo tengo cosas del pasado que no puedo hacer nada con ellas, y tengo cosas del futuro donde tampoco puedo hacer nada con ellas, yo tengo ahí en el medio de esas dos cosas un mandato de Cristo que me dice: cada día tiene su propio afán. El presente, el día de hoy. Pero la inhabilidad que el ser humano tiene de controlar su futuro es la causa número uno de la ausencia de gozo.

Creo que en una ocasión les mencioné un dicho popular, un refrán, algo hasta cierto punto jocoso pero que tiene una verdad detrás. Es un dicho que dice como esto: "No me digas que la preocupación no nos hace ningún bien. No me digas que no, yo sé que sí, porque las cosas por las que yo me preocupo nunca ocurren." Lo que les dije está tratando de decir es una verdad: y es que las cosas por las que nos preocupamos muchas veces no ocurren. Y la persona está diciendo ahora que la razón para que no ocurran es porque él se preocupó, y por tanto él prefiere preocuparse para que no ocurran. Son futuristas, y Satanás sabe eso y usa eso en nuestras vidas.

Mandato número dos ahora: orad sin cesar. Es el segundo mandato. Y el tercero es dar gracias en todo tiempo. El apóstol Pablo con frecuencia une estas tres cosas en sus cartas: la experiencia de gozo con la experiencia de oración con la experiencia de dar gracias. Están entrelazadas. Yo no puedo tener gozo sin orar, yo no puedo orar bíblicamente sin dar gracias. Es una gran verdad. Y el dar gracias es una expresión de mi gozo. Muchas veces cuando nosotros nos sentimos gozosos, nuestras oraciones comienzan diciendo: "Gracias, Dios." Tú puedes ver entonces que ciertamente esta es una tríada, y es una tríada poderosa, y es una tríada que depende de la actividad del Espíritu.

Muchas veces también, en mi ausencia de gozo, no oro. "Pastor, yo ni siquiera tengo deseo de orar. Se me ha ido el gozo, y como no tengo gozo, no quiero ni leer la Biblia ni quiero orar tampoco." De tal forma que tú puedes ver que esta tríada está interrelacionada y se afectan; una actividad afecta la otra.

Pero de acuerdo a lo que ya hemos visto, el estar gozosos siempre debe ser una característica particular del cristiano. Ningún otro ser humano tiene razón para estar gozoso, solamente aquel que es hijo de Dios. Sin embargo, lo mismo no lo pudiéramos decir con relación a la oración, porque en todas las religiones hay oración. De acuerdo al grupo Gallup, en un estudio hecho hace unos años atrás, el número de personas que ora cada semana es mayor que el número de personas que se dedica a manejar un carro, a hacer ejercicio, a tener relaciones sexuales o ir al trabajo. Es un grupo enorme que ora, es mayor que el número de personas que manejan un carro, que hacen ejercicio, que tienen relaciones sexuales o que van al trabajo. Sin embargo, la mayoría de las personas no están satisfechas con su vida de oración, y las razones varían. De nuevo, son múltiples, pero te voy a mencionar dos.

Donald Whitney, que nosotros conocemos porque estuvo aquí en nuestra iglesia, escribió un libro sobre disciplinas espirituales, enseñó aquí por dieciocho horas un curso sobre disciplinas espirituales, y su próximo libro sale ya en unas semanas creo. Una cosa que dice es que una razón por la que mucha gente está insatisfecha con su vida de oración es porque nosotros oramos las mismas cosas acerca de las mismas cosas. Nosotros oramos siempre acerca de nuestros hijos, o acerca de nuestro problema físico, o de salud, o finanzas, y cuando volvemos a orar decimos la misma cosa acerca de esa misma cosa. Y que después de un tiempo eso es como un poco aburrido, y hasta cierto punto es verdad.

Andrew Murray, un pastor sudafricano que murió a principio del siglo pasado, del siglo XX, decía que algunas personas oran solo por orar, y otras oran para conocer a Dios. Bueno, si oramos por orar, pues muchas veces al final es un poco árido. Pero cuando tú oras, en la experiencia de oración tú sientes que ganas entendimiento acerca de la Palabra leída, estudiada, de la voluntad de Dios, de aquello que Dios está tratando de enseñarte, de comunicarte, que tú estás creciendo en tu oración. El crecimiento tuyo en entendimiento de su voluntad y de lo que Dios es, es un motivador en sí mismo para seguir orando.

La pregunta es entonces: si tanta gente ora, ¿qué es lo que oran y cómo oran? El musulmán —y son muchos, ellos tú conoces, millones— por supuesto oran cinco veces al día. El judío estaba supuesto a orar tres veces al día, y algunos de ellos todavía lo hacen, sobre todo los más ortodoxos. Los budistas y los hindúes de ahora son muchos también. Oran por la paz del mundo, pero su mayor meta es orar para interrumpir el ciclo de reencarnaciones y poderse unir con Brahma. De tal forma que, aunque el gozo en todo momento en todo lugar es característico del cristiano, no podemos decir que la oración es característica del cristiano, aunque hay un tipo de oración que sí debe ser característica particular de la vida cristiana.

Cuando tú analizas las oraciones de las religiones paganas, ellas no son más que una serie de ejercicios espirituales destinados a manipular la voluntad de la divinidad a través de ofrendas que traen para que me conceda lo que yo estoy pidiendo, o a través de una serie de sacrificios también con la misma intencionalidad. Por eso es que los seguidores del evangelio de la prosperidad, sus oraciones son igualmente paganas, porque están continuamente haciendo transacciones y prometiéndole darle a Dios una cosa para que Dios le devuelva otra. Eso es como oran las religiones paganas.

Lo que hace distintivo la oración cristiana es el modelo de Cristo dejado a los discípulos cuando ellos vinieron y le dijeron: "Maestro, enséñanos cómo orar." Y entonces el Señor les dijo, entre otras cosas: "Señor, hágase tu voluntad en el cielo y en la tierra."

Ese modelo es lo que imita cuando Él va al huerto de Getsemaní. Él va a donde Dios, verdad, en oración; va a donde el Padre, se arrodilla: "Padre, si es posible, haz que esta copa pase de mí, pero que se haga tu voluntad y no la mía". Y el texto dice que Cristo repitió eso tres veces. En esa ocasión, en momentos distintos, le expresó el deseo de su corazón de no pasar por la experiencia, pero el sometimiento absoluto a una voluntad que Él entendió que era buena, agradable y perfecta. Eso es lo que hace la oración del cristiano distintivamente cristiana.

Y la razón para orar de esa manera, el impulso para orar de esa manera, es justamente todo lo que Dios ha revelado que es para conmigo. De tal forma que, una vez yo entiendo quién mi Padre es, lo que Él revela de sí mismo, entonces yo no debiera querer nada de lo que está en mi corazón y debiera desear y pedir todo lo que está en el suyo, porque lo conozco por su propia revelación y ahora he llegado a confiar en Él.

El cristiano no puede olvidar que cuando él ora, él ora a una persona que ha dicho que es su Padre y que quiere darle las mejores cosas. Las mejores cosas. Escucha lo que ha revelado como Padre, que yo debiera tener pendiente a la hora de orar: "Vuestro Padre sabe lo que necesitáis aun antes de pedirle" (Mateo 6). Tanto lo sabe que Él me anima a que yo no pida ni me preocupe por las cosas que Él considera añadiduras, y que yo simplemente debiera buscar el reino de Dios primero. Buscado el reino de Dios primero, pedido en oración el reino de Dios primero, Él dice: "Lo demás yo te lo doy por añadidura". Ese es el corazón de mi Padre.

Yo tengo un Padre que no solamente provee materialmente; Él me perdona todos mis pecados. Tiene interés en perdonarme mis pecados (Mateo 6:14). Yo tengo un Padre que me dice: "Yo no quiero que te preocupes, hijo, y te voy a dar una ilustración que debe decir hasta dónde debe llegar tu confianza y tranquilidad en mí. Mira la naturaleza y mira las aves: yo las alimento a todas, y vosotros valéis más que ellas. Tranquilos" (Mateo 6:26). Yo tengo un Padre que me dice: "Dos pajarillos no caen al suelo sin el consentimiento mío" (Mateo 10:29). Tranquilo, hijo. Y con relación a las circunstancias que vienen de camino en tu vida o las que ya están aquí, ellas no han sido pasadas por alto; ellas fueron dirigidas hacia tu vida. Yo tengo un Padre que me dice: "No temas, rebaño pequeño, porque vuestro Padre ha decidido daros el reino" (Lucas 12:32).

¿Te imaginas ahora a qué clase de Padre tú le oras? Yo no tengo un Padre a quien yo tengo que tumbarle el pulso para que Él pueda concederme las mejores cosas. Yo tengo un Padre que quiere darme mejores cosas de las que yo jamás haya pensado. Yo puedo pedir cosas y el Padre dice: "Si tú supieras lo que yo te quiero dar, superan con creces lo que estás pidiendo, por mucho, en esta vida y en la venidera". Y yo tengo un Padre que me dice a través del autor de Hebreos 4:16: "Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia y hallemos gracia para la ayuda oportuna".

¿Tú escuchaste lo que te acaban de decir? El Padre es celestial, alto y sublime, el tres veces santo. Me dice: "Hijo, por lo que mi Unigénito hizo en la cruz, yo quiero que te acerques a mi trono con confianza, y quiero que pienses que cuando estés acercando, quiero que sepas lo que vas a encontrar: misericordia y gracia para la ayuda oportuna, para la necesidad oportuna". No importa dónde te encuentres, en qué circunstancia estés. No importa cuál sea tu necesidad, lo pequeña, lo grande, el lugar o localización en el globo terráqueo. Cuando me busques, vas a encontrar la gracia necesaria para esta necesidad en tu momento, por la cual estás pidiendo. Ven y pídeme, acércate a mí.

El cristiano tiene particularidades en su vida de oración que nadie más puede tener. En pocas palabras, lo que Dios me está diciendo, lo que la Palabra me revela, es que la naturaleza de mi Padre es ser dadivoso. No necesito convencerlo para que Él quiera darme; Él quiere darme más de lo que estoy pidiendo. Lo que necesito es saber pedir, pero el que pide recibe, el que busca halla. El deseo de nuestro Padre es que todas mis necesidades estén suplidas; ese es su deseo. No habla bien de Él el que yo ande en necesidad porque mi Padre no me está supliendo nada. Es su deseo que mis necesidades estén suplidas en su momento, en su lugar. Y cuando no lo están, Él tiene un propósito con la carencia, la persistencia.

Yo simplemente quiero ayudarte a recordar la naturaleza del carácter del Padre a quien tú le pides. Mi Padre nunca se cansa de que yo le pida. Nunca, jamás, jamás me ha dicho: "Pero ya tú me has pedido eso". Cuando Él dice algo similar, como se lo dijo a Pablo en una ocasión: "Bástate mi gracia", me revela el porqué no tiene que seguir pidiendo sobre eso, porque ya Él me va a conceder la gracia que va a reemplazar la necesidad por la cual yo he estado pidiendo. Yo tengo un Padre que nunca ignora las peticiones de sus hijos. Nunca. Yo tengo un Padre que solamente sabe dar buenas dádivas a sus hijos. Aun tú le dijeras: "Señor, enfermame. Yo quiero que me enfermes. Sería bueno amanecer enfermo mañana". Mi Padre no responde a los deseos pecaminosos y caprichosos que salen de nuestro corazón y de nuestros labios. Después de Él oír eso, Él solamente sabe darme buenas dádivas. Más fácil Él me convence de que yo estoy pidiendo de una manera ilógica y tonta e insana antes que enfermarme para responder mi oración.

Tú tienes que recordar la bondad de tu Padre a quien tú le pides. Y el Padre a quien tú le pides es superior a tu padre terrenal y te da mejores cosas de las que tu padre terrenal te ha podido dar. En ninguna otra religión tú encuentras promesas similares a estas. Eso hace la oración del cristiano distinta. Tú tienes un Padre que no solamente es omnisciente, pero es un Padre que tomó a su Hijo, Él mismo en la persona de su Hijo, y se encarnó. Y cuando se encarnó, padeció las mismas dificultades y las mismas tentaciones que nosotros. Y ahora ese Hijo que ya subió hasta los cielos ahora está a la derecha del Padre para interceder por nuestras necesidades, de tal forma que Él puede compadecerse, como dice la Palabra, con nosotros, porque Él conoce las debilidades por las que pasamos y las tentaciones también.

Pero el apóstol Pablo no solamente nos está animando ahora a orar, sino que nos está animando a orar sin cesar. Ahora, cuando él dice que oremos sin cesar, él no nos está diciendo que dejemos de trabajar para dedicarnos a la oración solamente, porque eso haría la vida imposible. Pero sí él nos está diciendo que nosotros debiéramos orar en todo tiempo, en todo lugar, en toda circunstancia: en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, cuando estoy gozoso, cuando me siento triste, cuando estoy con energía y cuando me siento exhausto y cansado, cuando tengo una necesidad imperante y urgente y cuando no tengo necesidad, cuando yo estoy en abundancia y cuando yo estoy en escasez. En todas y cada una de esas situaciones yo debiera estar orando. Es algo que yo les estoy predicando, pero me lo estoy predicando a mí mismo. El sermón es para ambos.

Ahora, nuestra oración puede ser genuina o puede ser farisaica. No "farisáica", como muchas veces yo mismo he dicho; el diccionario de la Real Academia dice que el término es "farisaica". Entonces la oración puede ser genuina, puede ser farisaica; solamente Dios conoce la intención. La oración puede ser, e infrecuentemente es, antropocéntrica, centrada en el hombre, o puede ser teocéntrica. Uno de ustedes que estuvo el miércoles en uno de los grupos de oración testificó que cuando oras la Palabra, una de las cosas que hace orar la Palabra es profundizar la oración y quitarle el foco centrado en el hombre, y elevarnos de tal forma que yo pueda orar centrado en Dios. Y cuando nos acercamos a Dios en búsqueda de Él, de intimidad con Él, Él se complace.

Dios ha revelado en el libro de Proverbios y en otros pasajes, pero te voy a dar uno, capítulo 15, versículo 8. Él dice que la oración de los rectos es su deleite. Dios se deleita en escuchar las oraciones que suben de sus redimidos. ¿Te imaginas el privilegio que es el orar? Y no obstante, la voz del apóstol Pablo, conociendo todo eso, me está diciendo: "Hermanos, yo quiero que oren, pero no solamente que oren, sino que oren sin cesar".

Y yo quisiera mencionar una o dos razones por las cuales tú y yo debiéramos orar sin cesar. Una de estas razones la reveló Jesucristo en el jardín de Getsemaní. Mientras Él oraba, Él se fue a orar con sus discípulos, y en un momento dado los dejó aparte y se fue solo. Y entonces Él regresó, y cuando regresó los encontró durmiendo. Él se fue otra vez y por segunda vez le dice: "Padre, que se haga tu voluntad y no la mía". Y regresó; cuando regresó por segunda vez, los encontró durmiendo. Él fue una tercera vez y oró las mismas palabras, y regresó, los encontró durmiendo. Él dice entonces: "¿No pudieron velar ni siquiera una hora?". Y entonces les dice: "Velad y orad para que no entréis en tentación".

Nosotros vivimos en un mundo pecaminoso, caído, con deseos de la carne, rodeados y llenos y asaltados continuamente por tentaciones de diferentes naturalezas y de diferentes procedencias. Por tanto, una de las razones para orar sin cesar es nosotros poder no entrar en tentaciones o resistir las tentaciones. Los discípulos no lo hicieron, y horas después entraron en tentación y realmente cayeron, porque todos negaron al Maestro. A través de la oración, Dios nos advierte, nos prepara, nos instruye, nos anima, nos fortalece, nos levanta, nos entrena. Ahora tú puedes ver una razón por la cual tú y yo necesitamos orar sin cesar.

Hay una segunda razón por la que tú y yo necesitamos orar sin cesar, y es que en este mundo tan acelerado en el que vivimos, en la velocidad de la vida, nuestras prioridades pierden el orden. Y una mente con las prioridades trastocadas se convierte en una mente confusa que pierde su paz. Y muchas veces en la oración Dios comienza a reorganizar mis prioridades, y cuando mis prioridades vuelven a tomar su lugar, la paz vuelve a encontrar su espacio en mi mente.

Calmar mi ansiedad es una de las razones por las cuales nosotros debiéramos orar. El apóstol Pablo, de hecho, une la actividad de la oración con la actividad de dar gracias, que es el tercer mandato aquí en el texto de hoy, con la experiencia de paz. Escúchalo como él lo dice a los filipenses en el capítulo 4, versículos 6 al 7: "Por nada estéis afanosos." Ahí hay otro absoluto: por nada. No hay razón alguna por la cual deberíais estar afanosos. "Antes bien, en todo, mediante oración" —ahí está la oración— "y súplica" —más oración— "con acción de gracias" —más oración— "sean dadas a conocer vuestras peticiones" —más oración— "delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús."

La paz de Dios, que otros no entienden, que trae paz al entendimiento, guarda mi corazón, guarda mi mente, cuando yo he presentado mis necesidades con acciones de gracias, en oración y súplica, a nuestro Dios. La paz interior depende mucho de nuestra actividad de oración. ¿No has tenido la experiencia en ocasiones que estás agitado y comienzas a orar, y al final de la oración como que te sientes tranquilo? ¿No lo has experimentado? Si no lo has experimentado, pruébalo, porque lo vas a experimentar. No hay nada como la oración para calmar tu ansiedad.

El tercer mandato: dar gracias en todo. El versículo 18. El texto no dice dar gracias por todo. Decía esta mañana que si tú me hieres voluntariamente con un cuchillo, yo no voy a decirle: "Señor, gracias por ese cuchillo que entró a mi abdomen." No es la idea. Pero como el mandato es da gracias en todo, en la condición de herido en la que me encuentro yo puedo dar gracias, sabiendo que todo coopera para bien.

El creyente no puede olvidar la naturaleza benevolente de su Padre. Él tiene que recordar eso todo el tiempo. Él puede dar gracias en toda circunstancia porque su Padre, que es Jehová, es su pastor y ha prometido que nada le faltará. Él puede dar gracias porque ese mismo pastor ha prometido que cuando él esté agotado, cansado, Él lo hará descansar.

Ustedes han tenido hijos pequeños, padres, madres, y en ocasiones ustedes los han puesto a dormir, y en ocasiones ustedes pensaron que su hijo estaba muy cansado. Su interés en que su hijo descansara era mayor que el interés que su hijo tenía en descansar. De esa misma manera, cuando tu Padre celestial te ve cansado, agotado, el interés que Él tiene de verte descansar es mayor que el interés que tú tienes de sentarte a descansar. Yo creo que muchas veces nuestros temores y falta de confianza y nuestras ansiedades no le dan una buena reputación a la paternidad de Dios. Nos dejan mal, a nosotros.

Podemos dar gracias a Dios en todo, en medio de la agitación de nuestros días. Yo no sé si en las últimas cuatro o cinco décadas han habido días de mayor tribulación que lo que estamos viviendo. No sé si mundialmente hablando quizás los ha habido, pero no lo sé. Pero en medio de esa agitación, mi Padre, que es mi pastor, nos conduce a aguas de reposo. Y no hay nada más efectivo, el mejor instrumento para guiarme a dicho reposo, justamente la oración. Nada como la oración para recordarme quién está en control, quién orquesta, quién decide, quién desvía el curso de los acontecimientos.

La Palabra de Dios nos enseña también que en ocasiones hay circunstancias que pueden quebrar, que pueden herir nuestro corazón. Pero mi Dios, que es mi pastor, dice que Él restaurará mi alma. El mismo que ha permitido que yo sea herido, que yo sea quebrantado, es el mismo que pretende sanar y restaurar mi corazón, entendiendo que al final de la restauración yo estaré en mejores condiciones que antes de la herida, porque Él lo ha permitido, porque todo lo hará cooperar para bien.

Yo no puedo olvidar lo que el salmista dice acerca de ese Padre que yo tengo, que es mi pastor: que Él hace todo por amor de su nombre. "Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre." Tú necesitas recordar lo mucho que Dios tiene invertido: la gloria de su nombre y de su carácter en tu redención.

Esa es la razón por la que Cristo, cuando ora en el aposento alto, horas antes de su crucifixión, le dice: "Padre, estoy orando por estos que Tú me diste. Eran tuyos y Tú me los diste. Mientras yo estaba en el mundo, yo los guardé en tu nombre. Yo los guardé en tu nombre, sabiendo que Tú has invertido la gloria de tu nombre. Si algo le pasa a estos redimidos tuyos, tu nombre va a quedar mal parado, de tal manera que Tú vas a mover cielo y tierra para que la suerte de estos redimidos sea la que Tú quieres. Y por tanto, ellos estarán donde yo voy a estar. Por ello te ruego para que Tú los guardes ahora, porque yo voy a pasar por un momento de dificultad, voy a estar fuera de acción. Ahora te los entrego para que Tú los cuides."

¿Tú te imaginas qué clase de Padre tú tienes? ¿Qué clase de cuidado Él provee? ¿Te imaginas qué clase de tranquilidad tú y yo debiéramos tener? Tú sabes que cuando tú tienes algo que tú valoras —no sé, una computadora, algo más, tus hijos todavía más— tú sabes lo que tú eres capaz de hacer para que nadie te lo toque, te lo dañe, te lo quite, te lo robe. Imagínate lo que Dios entonces sería capaz de hacer con aquellos que son suyos. Somos su posesión, a precio de la sangre de su Hijo.

Nosotros tenemos razones para orar sin cesar, porque Dios promete guiarnos en toda circunstancia. Cuando oro entonces en todo tiempo, en todo tiempo, porque aunque pase por el valle de sombra de muerte, Él estará conmigo. No temeré mal alguno. Tu vara y tu cayado van a estar conmigo. La garantía de tu presencia conmigo en todo tiempo y hasta el final es razón suficiente para yo hablarte continuamente de cómo yo estoy, de dónde estoy.

Escucha el texto otra vez, porque tenemos que irnos preparando para cerrar: "Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús." Esta última frase, "esta es la voluntad de Dios," sella con fuerza, con autoridad, el mandato que se nos había dado en cada uno de sus imperativos. Obviamente, todo lo que ha sido revelado es la voluntad de Dios para con nosotros en Cristo Jesús. Pero hay cosas particulares que Dios ha revelado, detrás de las cuales Él agrega: "Esta es mi voluntad."

Y en esta carta nada más hay dos. La primera tenía que ver con nuestra santificación: "Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación. Sed santos porque yo soy santo. Esa es mi voluntad." Y así como eso fue importante, es igualmente importante esta segunda, estas tres cosas importantes donde Pablo agrega la frase "esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús." ¿Qué José? ¿Qué, Pablo? Que estéis siempre gozosos, que oren sin cesar y que demos gracias en todo.

Ahora, no podemos hacer eso sin llenura del Espíritu. No puedes olvidar que el gozo es fruto del Espíritu. La llenura del Espíritu permite el disfrute del gozo. La llenura del Espíritu produce una calidad de vida de oración mejor, activa, por así decirlo. Lo que es la llenura del Espíritu en esa oración, de tal manera que en ocasiones, cuando el gozo se me está como escapando, yo tengo que chequear mi espiritómetro a ver por dónde anda. El orar de una manera bíblica no se puede hacer despegado de la llenura del Espíritu. Dar gracias a Dios en todo no se puede hacer despegado de la llenura del Espíritu.

Ahora, hermanos, tú y yo tenemos que saber quién escribió esto. La inspiración fue de Dios, pero la persona que escribió estas palabras tiene, tuvo, el currículum perfecto para poder escribir lo que escribió. Nadie mejor preparado en experiencia, en conocimiento, que este hombre para escribir las cosas que nos escribió. Y por tanto, ese currículum que endosa estos mandatos es lo que verdaderamente nos dice a nosotros: esto ha sido humanamente posible en alguna ocasión.

Escucha su currículum, porque es un currículum para este tipo de cosas. De todo el tamaño. Pablo escribe a los corintios, su segunda carta, capítulo 11, versículos 24 al 28: "Cinco veces he recibido de los judíos treinta y nueve azotes. Tres veces he sido golpeado con varas. Una vez fui apedreado. Tres veces naufragué. He pasado una noche y un día en lo profundo. Con frecuencia en viajes, en peligros de ríos, peligros de salteadores, peligros de mis compatriotas, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos. En trabajos y fatigas, en muchas noches de desvelo, en hambre y sed, a menudo sin comida, en frío y en desnudez. Además de tales cosas externas, está sobre mí la presión cotidiana de la preocupación por todas las iglesias."

Me fui el aire de pensar solamente. Rápidamente, déjame revisarte el currículum: cinco palizas de treinta y nueve azotes cada una de los judíos, tres palizas con varas —esa era la romana—, una vez me apedrearon, me dejaron por muerto en Listra. Tuve tres naufragios; en uno de ellos pasé una noche y un día entero. Me lo imagino agarrado de un pedazo de madera en alta mar. Rodeado de peligros, ocho tipos diferentes: en ríos, peligros de ser asaltado, peligro por parte de los judíos, por parte de los gentiles, peligros cuando estuvo en la ciudad, en el desierto, en el mar, entre falsos hermanos. Trabajos, muchas noches de desvelo, con hambre, con sed, a menudo sin comida, en frío, desnudez.

Es el hombre que dice: "Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo." ¡Wow, Pablo! ¿Qué clase de estatura tienes? Él tenía el currículum para escribir esto. Por supuesto.

Ahora, hermanos, yo no sé dónde tú estás. No sé, no tengo la menor idea dónde está tu mente, tu corazón, tu caminar con Dios, tu espíritu, tu gozo, tu vida de oración. Pero algunas cosas yo sé de ti, no porque soy profeta, sino porque yo las sé de mí y las sé de todos. Entonces déjame decirte alguna de esas cosas para que tú puedas cerrar con el espíritu con que el apóstol Pablo escribió estas palabras.

Dondequiera que tú estés, tú estás allí por diseño de Dios. Experimenta el gozo de su diseño. No importa cuál sea la circunstancia, tú estás allí por designio divino. Disfruta el gozo de su designio. La circunstancia por la que tú estás atravesando es el mejor camino —no un buen camino, el mejor camino— que Dios omnisciente pudo encontrar para llevarte donde tú vas.

A donde Él quiere que tú estés, disfruta el camino. Entonces, en el camino, entre una espera, entre donde estás y a donde Dios te está llevando, disfruta el journey, como dirían en inglés, toda la travesía mientras caminas con Dios. Ora sin cesar. La circunstancia en la que estás es algo que tú necesitas para formar Su imagen.

Yo compartía esto en el devocional del viernes con el equipo ministerial de la oficina, y decía: cada circunstancia en la que yo me he visto, en la que yo me voy a ver, es una circunstancia que Dios entiende que yo necesito para Él formar Su imagen en mí. Da gracias a Dios por ocuparse de formar esa imagen y por llevarla a cabo hasta el final. No importa dónde te encuentres, donde estés, tú puedes entender, tú puedes afirmar que Su gracia será suficiente.

Y si eso no fuera poco, el apóstol, perdón, el profeta David nos dijo en el Salmo 23, versículo 6, que ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días. Tú puedes confiar en la naturaleza benevolente de tu Padre. Tú puedes relajarte en Sus manos, en Su cuidado. Tú puedes alabarle, tú puedes darle gracias. Cuando no puedas entender, tú puedes confiar. Cuando tú no puedas ver lo que Él está haciendo, tú puedes confiar en Sus promesas.

Él tiene garantías de que no importa dónde estés, la circunstancia por la que estás pasando, por difícil y terrible que sea, Él te garantiza que al final del camino es algo que la hará cooperar para bien. No hay nada que pueda pasar que Él no haya controlado, que no haya visto, que no haya diseñado, que no haya enviado, que no esté usando para tu bien y para Su gloria. Él quita y Él da. Bendito sea el nombre de nuestro Señor Jesús.

Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. En esta página encontrará información sobre la producción de este y otros recursos que ponemos a su disposición, como también las formas en las que usted puede contribuir con la producción de programas como estos. Les invitamos nuevamente a visitar nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. Será hasta la próxima, cuando nos reencontremos en Su Palabra.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.