Integridad y Sabiduria
Sermones

La gracia de Dios en uno, provoca celos en el otro

Miguel Núñez 12 noviembre, 2017

La gracia de Dios en una persona provoca celos en otra. Este patrón se repite a lo largo de toda la Escritura: cuando los apóstoles hacían señales y prodigios, los saduceos se llenaron de celos; cuando Pablo y Bernabé predicaban y casi toda la ciudad se reunía para escucharlos, los judíos se llenaron de celos; cuando las esposas de Jacob tenían hijos, Raquel sintió celos hasta preferir la muerte. La gracia de Dios otorgada a unos y no a otros despierta algo oscuro en el corazón humano, y eso es exactamente lo que ocurre con Esteban.

Esteban era un hombre lleno de fe, del Espíritu Santo, de gracia y de poder. La fe que lo caracterizaba no era simplemente creer que las cosas saldrían a su favor, sino confiar en el carácter de Dios independientemente de las circunstancias. Mientras más grande es el Dios que conocemos, mayor es la confianza que depositamos en él. Esteban vivía bajo el control del Espíritu de manera permanente: sus emociones, relaciones, ambiciones y reacciones estaban sometidas a Cristo. Era un hombre humilde, manso, perdonador, pacificador, sin espíritu de contienda.

Pero esa gracia visible provocó oposición. Los judíos helenistas de la sinagoga de los libertos debatieron con él y, al no poder resistir la sabiduría y el Espíritu con que hablaba, recurrieron a la calumnia. Persuadieron testigos falsos para acusarlo de blasfemia contra Moisés y contra Dios. Lo arrebataron y lo llevaron ante el concilio. Sin embargo, cuando todos fijaron la mirada en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel, reflejo de su comunión íntima con Dios. Esteban ya estaba viendo a su abogado defensor de pie ante el Padre. La pregunta que queda es dónde ponemos nuestra confianza: en las circunstancias o en aquel que las gobierna.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Buenos días, hermanos! Para mi vida en su Palabra. Quiero invitarles a que puedan ir a la Palabra de Dios, el capítulo 6 del libro de los Hechos. Vamos a estar leyendo del versículo 8 al versículo 15. Habíamos cubierto la semana pasada hasta el versículo 7, y en el día de hoy estamos entrando en un pasaje extenso, pero que le estaremos dividiendo en porciones relacionadas a la vida de Esteban, uno de los siete hombres que fueron escogidos, como vimos la semana pasada, para servir las mesas.

Mi mensaje esta mañana tiene un título muy peculiar, y es: la gracia de Dios en uno provoca celos en el otro. La gracia de Dios en uno provoca celos en el otro. No sé cuántos de nosotros hemos notado que a lo largo de la revelación bíblica eso como que se cumple tal cual yo acabo de mencionar.

Por ejemplo, en el capítulo 5 del libro de los Hechos, a partir del versículo 12, se nos dice que Dios estaba haciendo señales y prodigios por medio de los apóstoles. Es algo que nosotros vimos en un mensaje anterior. Y una gran cantidad de personas comenzó a responder a la predicación y a llamarle la atención justamente lo que Dios estaba haciendo por medio de estos hombres. Había una gracia de Dios muy especial sobre todos ellos. La gracia de Dios estaba visitando a los apóstoles y visitando a la comunidad. Y el próximo comentario que nosotros leemos en el versículo 17 de ese capítulo dice: "Pero levantándose el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, es decir, la secta de los saduceos, se llenaron de celos". Y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en una cárcel pública.

Si tú sigues leyendo y te adelantas al texto que nosotros tenemos por delante y llegas al capítulo 13, te encuentras algo similar. Dios tiene su gracia sobre Pablo, sobre Bernabé. Ellos están predicando, la gente se está convirtiendo, están prestando atención a estos hombres. Y cuando tú llegas al versículo 44 y 45 del capítulo 13, tú lees lo siguiente: "El siguiente día de reposo casi toda la ciudad se reunió para oír la palabra de Dios". ¿Te das cuenta cómo la gracia de Dios está con nuestros hombres? Casi toda la ciudad —eso es mucha gente— se reunió en el día de reposo, en el día en que la gente acostumbraba a oír la ley leída, para oír a Pablo y a Bernabé. Pero esos "peros" son importantes: "Pero cuando los judíos vieron la muchedumbre" —y la muchedumbre fue el problema— "se llenaron de celos, y blasfemando, contradecían lo que Pablo decía". Y tú tienes otra vez la gracia de Dios en uno provoca celos en el otro.

Tú ves eso más tempranamente cuando tú abres la Biblia en el primer libro de la Biblia. En el libro del Génesis, capítulo 30, tú lees lo siguiente: "Pero viendo Raquel, una de las esposas de Jacob, que ella no daba hijos a Jacob, tuvo celos de su hermana, y dijo a Jacob: Dame hijos, o si no me muero". Dios le dio hijos y se murió en un parto. No en el primero, pero así ocurrió. La gracia de Dios en las demás esposas de Jacob produjo celos en Raquel, y ella prefería la muerte a sentir lo que estaba sintiendo.

En cada uno de esos casos, como es el caso que tiene que ver con el texto de hoy, la gracia de Dios otorga a individuos algo que no se la otorga a otros. Y a veces nosotros queremos ser mejores que Dios y decimos que si le regalamos a alguien, tenemos que regalarle algo también al hermano o a la hermana, porque eso no es justo. En otras palabras, Dios tampoco es justo cuando le da más inteligencia a uno que a otros, o cuando hace a uno bajito como yo y a otro alto, cuando le da a uno aquí la mano, pelo bueno y pelo malo, y yo no sé lo que eso es, porque no sé lo que es moralmente malo del pelo, pero bueno. Dios hace todo eso en nosotros de manera diferente. Y cada una de estas cosas es el obrar de Dios, y nosotros tenemos que celebrar cuando Dios obra.

Y entonces tú ves en la Palabra de Dios la misma cosa: que los dones y talentos y la gracia de Dios en uno provoca celos en otro. Eso es lo que tú vas a ver en Esteban, el hombre que Dios ha tocado, que Dios ha llenado de gracia, y aquí hay gente que se está levantando contra él, hay una oposición. La oposición viene justamente por los sentimientos que esta gente está experimentando hacia Esteban, hasta el punto de quitarle la vida al final de toda esta odisea.

Pero es algo que nosotros estamos seguros, a lo largo de toda la revelación bíblica, es que desde el principio el reino de las tinieblas se ha opuesto al reino de la luz. La mentira se ha opuesto a la verdad, y la maldad —escucha— la maldad se ha opuesto a la piedad. Tú lo vas a ver en este texto, tú lo viste a la hora de la crucifixión de Cristo. Todo el tiempo, la maldad es provocada cuando ve la piedad en otro. Y eso fue cierto en el jardín de Edén, cuando hubo una lucha del reino de las tinieblas contra el reino de la luz. Eso fue cierto en el desierto, cuando Cristo fue tentado por el reino de las tinieblas. Eso fue cierto a la hora de buscar a Esteban.

Nuestro texto hoy comienza en el versículo 8 del capítulo 6 del libro de los Hechos, y comienza con la letra "y": "Y Esteban, lleno de gracia y de poder...". Nos vamos a parar ahí un momento, porque si el texto comienza con la letra "y", obviamente eso tiene algo que ver con lo que se dijo inmediatamente antes. De esa manera nosotros hablamos: "Fulana vino a mi casa y me dijo...". Si me dices "y me dijo" y no me dejas saber lo otro, no sé que llegó a tu casa, cuándo te lo dijo, por teléfono, en una carta. De manera que el "y" me dice que ahí devuélvete, revisa lo que se dijo, porque esto es una añadidura.

Y entonces lo que está dicho en el texto anterior, que también es continuación de lo que viene de arriba, dice lo siguiente: "Y la palabra de Dios crecía, y el número de los discípulos se multiplicaba en gran manera en Jerusalén, y muchos de los sacerdotes obedecían a la fe". Nosotros hablamos la última vez —porque este es el versículo último del pasaje anterior— de que no solamente la iglesia de Cristo estaba creciendo en números, sino que la influencia de la palabra crecía. Por eso es que dice: "Y la palabra crecía y crecía el número de los discípulos". Dos cosas muy distintas: crecía la palabra y crecía el número de los discípulos. La palabra crecía en influencia, y tú lo ves en ese mismo versículo cuando dice que muchos de los sacerdotes, de los sacerdotes de su Dios, obedecían a la fe.

Eso es un fenómeno poco común, que es sacerdotes, personas ordenadas para ministrar en el templo, con una tradición de cientos de años, puedan desabrazar todas esas costumbres y creencias y abrazar esta nueva fe fruto de la predicación de la palabra. Eso es extraordinario. Y esa influencia que la palabra está teniendo sobre la población y sobre los líderes del judaísmo está provocando un celo en la comunidad, está produciendo una oposición interna y externa a estos hombres, no solamente a su mensaje sino a los hombres mismos.

Lucas no describe, no interpreta, por así decirlo, la reacción que produjo en la comunidad el hecho de que los sacerdotes abrazaran el cristianismo, porque Lucas es un historiador. Lucas no representa la línea editorial de un periódico que ve los eventos y los comenta. Lucas describe los eventos como buen historiador y deja el comentario para otro. Pero es obvio, cuando tú lees el libro de los Hechos, que Dios estaba moviendo poderosamente, que estaba comenzando a tocar todos los estratos sociales: a los más pobres, pues, seguidamente gente de poder, gente de dinero, gente de influencia, los religiosos, los líderes religiosos. Aquí hay algo extraordinario que está ocurriendo.

Y entonces, dentro de ese marco, de ese bullir, está la historia de Esteban. Tenemos que ponerlo en ese contexto para que podamos entender por qué esta gente está reaccionando como reaccionó. Y Esteban pronunció un mensaje extraordinario que no vamos a cubrir ni siquiera la primera parte hoy, porque es un mensaje que abarca todo el capítulo 7, cincuenta y nueve versículos, donde él revisa la historia redentora desde Abraham hasta sus días. Algo extraordinario, y ya veremos cómo desglosamos ese mensaje.

Pero ahora lo que estamos a punto de ver es el arresto de Esteban. Es el momento en que Esteban es apresado, aunque no puesto en la cárcel, pero sí él es tomado, llevado ante el concilio. Y entonces comienza la historia en el versículo 8 del capítulo 6. Y con eso yo quiero invitarte que leas conmigo. Recuerda que el texto comienza con la letra "y", y esa letra fue que nos llevó a devolvernos.

"Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo". Pero esto está ocurriendo, pero está ocurriendo otra cosa más: "Pero se levantaron algunos de la sinagoga llamada de los libertos, incluyendo tanto cireneos como alejandrinos, y algunos de Cilicia y de Asia, y discutían con Esteban, pero no podían resistir a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Entonces en secreto persuadieron a algunos hombres para que dijeran: Le hemos oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios. Y alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas, y cayendo sobre él, lo arrebataron y lo trajeron en presencia del concilio. Y presentaron testigos falsos que dijeron: Este hombre continuamente —imagínate eso— habla en contra de este lugar santo y de la ley, porque le hemos oído decir que este satisface Jesús destruirá este lugar y cambiará las tradiciones que Moisés nos legó". Y al fijar la mirada en él —escucha— al fijar la mirada en él todos los que estaban sentados en el concilio, esa es la crema y nata del liderazgo judío, vieron su rostro como el rostro de un ángel.

Cada vez que tú lees las Escrituras, tú tienes que recordar el contexto del libro, tienes que recordar el autor. Hablamos de Lucas como historiador, pero tú ya no puedes olvidar que realmente el autor es Dios. Lucas es como la pluma de Dios, el lapicero de Dios, por así decirlo. De tal forma que cuando nosotros leemos cosas en las Escrituras, tú estás leyendo la perspectiva divina de los hechos. Tú estás leyendo cómo los hechos le lucen a Dios.

¿Cómo fueron? Y eso es lo que Lucas está ayudándonos a ver.

Entonces, lo primero que yo quiero que veamos en este texto es cómo Dios describe a Esteban. No Lucas; Lucas está escribiendo lo que Dios le inspiró, de manera que es Dios quien tiene una idea de cómo es Esteban. Entonces, vamos a devolver un poco otra vez. Recuerda que el texto comenzó con una "Y", y por tanto, lo anterior tiene importancia. Entonces, vamos a devolver un poco más y vamos a llegar al versículo 5 de este capítulo que cubrimos la semana pasada para ver cómo Dios comenzó a describir a Esteban, para luego ir al versículo 8 del texto de hoy y ver cómo Dios sigue describiendo a Esteban.

Entonces, el versículo 5: Esteban es descrito como un hombre lleno de fe y del Espíritu Santo. Es su amor. ¿Y? El versículo 8: Esteban es descrito como lleno de gracia y de poder, y como alguien que hacía grandes prodigios y señales. La congregación había escogido a Esteban junto con seis más porque lo consideraba un hombre de buena reputación, lleno de sabiduría —tenemos que agregar eso ahí— y lleno del Espíritu, lo cual vuelve y se repite.

Yo quisiera que pudieran ver algunas de las características de Esteban, porque tú y yo tenemos que apuntar a ser hombres como Esteban. Dios ha hecho a Esteban de esa manera; Dios quiere y puede hacerte a ti y a mí. Esteban fue un hombre lleno de fe. Primera pregunta: ¿Y la fe qué? ¿De qué era que estaba lleno? Porque de fe, bueno, ¿qué es la fe? Bueno, la Palabra —entre el proyecto a la Palabra— y el autor de Hebreos dice en el capítulo 11, versículo 1, que la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. De manera que fe es creer algo que tú no has visto todavía. Pero más que creer algo que tú no has visto, es creer en alguien que tú no has visto, que ha hecho promesas acerca de cosas que tampoco tú has visto. Pero la fe está en el alguien más que en el algo, y ese alguien es Dios.

Sin lugar a duda, cada creyente... Si tú eres creyente, en esta audiencia hay una gama de gente de fe: hay gente de fe y hay gente de fe y hay gente de fe y hay gente de fe. Esa es la realidad; tú lo ves en la Palabra de Dios también. Si tú eres creyente tienes fe, pero no todo el mundo exhibe el mismo grado de fe. Los discípulos fueron descritos por Cristo como hombres de poca fe, de manera que tenían fe, pero poca. Esteban y Bernabé son descritos como hombres de fe, llenos de fe, hombres llenos de fe.

La pregunta es: ¿qué establece la diferencia? ¿Qué establece la diferencia entre los discípulos en un momento dado? Y es todo hombres. ¿Y la diferencia entre un creyente aquí y otro creyente allí? Escucha: mientras más grande es el Dios que tú conoces, mayor es el grado de fe o de confianza que depositas en Él. Llévate eso para tu casa, porque tú y yo necesitamos ver a Dios mucho más grande. Es ahí donde comienza. Mientras más grande es ese Dios, mientras más le conoces, más grande le ves; mientras más grande le ves, más confianza depositas en Él. Por eso decía que la fe no es certeza en algo, sino en alguien. Y en particular, fe es confianza en el carácter de Dios.

¿Fe no es creer que lo que yo quiero que ocurra va a ocurrir? No. Eso es deseo. Fe es creer que verdaderamente Dios está en control de cada circunstancia que ocurre en mi vida. Cada segundo, cada molécula, cada átomo del universo que se mueve está bajo el control de Dios. Independientemente de si las circunstancias resultan a mi favor o no. Independientemente de que Cristo resulte en la cruz o sin cruz, Jesús exhibió el mismo grado de fe en su Padre. Independientemente de que Esteban resulte apedreado o liberado, él mantuvo su fe. Fe no es confianza en el carácter de Dios siempre y cuando las cosas vayan a mi favor. El viento puede ir completamente en contra de mí y yo debo tener el mismo grado de fe, porque es confianza en el carácter de Dios y no en las circunstancias y cómo ellas van. ¿Vamos conmigo? Alguien no está.

La única forma de creer de esa manera es llegando a poseer una convicción de que nuestro Dios es soberano infinitamente y benevolente completamente. En otras palabras, ciertamente Dios es soberano para hacer todo cuanto Él quiera sin pedir permiso, y tiene el poder para hacerlo, tiene la autoridad para hacerlo. Pero eso no es divorciado de su bondad, y no solamente de su bondad, sino que lo que hemos creído es que Dios ejerce su soberanía a favor mío. Aunque las circunstancias vayan en contra, todavía es a favor mío que Dios está obrando. Si yo no puedo creer así, realmente no tengo verdadera fe. Tengo algo de fe, pero no la fe que Dios anda buscando.

La falta de fe en nosotros habla de que necesito conocer más a mi Dios, y número dos, habla de que yo tengo una perspectiva terrenal de los eventos con los cuales yo estoy atravesando. El problema mío no son las circunstancias que me rodean; es el yo que me gobierna. El problema mío no son las circunstancias que me rodean; es el yo que nos gobierna desde adentro y que desea rebelarse continuamente contra el señorío de Cristo. Ahí es donde está. La fe está directamente relacionada al grado de señorío que Cristo ejerce sobre todas las áreas de mi vida.

Entonces yo necesito conocer a Dios más y necesito dejar de renunciar a la perspectiva terrenal de los eventos. No olvides, yo tuiteé esto ayer, no creo que es la primera vez que lo digo: no olvides que todo evento tiene dos lecturas. Tiene una lectura terrenal y una celestial; en otras palabras, cómo tú lo ves y cómo Dios lo ve. Dicho de otra manera, tiene una lectura egocéntrica y una lectura teocéntrica. Ahora, adivina cuál de estas dos es la lectura correcta. No creo que sea la mía.

Esteban vino a ser un hombre de fe. A la luz de todo lo que la Biblia revela, tuvo que haber sido un hombre que conocía a Dios, que confiaba —escucha esta segunda parte— que confiaba en el carácter de Dios en las peores circunstancias, y lo van a ver a lo largo de cómo termina este mensaje. Que creía en el control que Dios ejerce sobre todos los eventos, incluyendo sobre cada piedra que cayó sobre su cuerpo hasta quitarle la vida. Dios controló eso, sin lugar a dudas.

Yo recuerdo, meses antes de mudarnos a Santo Domingo, hicimos un viaje exploratorio. Nosotros cruzamos el puente Duarte e inmediatamente lo cruzamos, entró una piedra por el vidrio del carro que rompió los lentes, me dio en la nariz, me hizo un orificio bastante grande en la nariz, significativo. Y del puente Duarte yo fui a la sala de cirugía. Y hubo que hacer un injerto de piel, lo que llamaban un colgajo, de un lado a otro para taparlo. Yo venía a reunirme con personas aquí, terminé en una habitación con dos tubos de gasas de nariz colgando casi por toda una semana para no sangrar, y no pude reunirme con nadie. Y yo recuerdo diciendo: el ángulo de esa piedra, la velocidad de esa piedra, por dónde entró, lo que chocó, todo eso estuvo bajo el control de mi Dios. Pudo haber sido de otra manera, pero no lo fue.

Esteban era un hombre que confiaba en ese Dios y sobre el control sobre cada uno de los hombres, sobre cada una de las cosas y cada una de las circunstancias. Y por eso le permitió vivir como vivió. Ese es un hombre de fe.

Pero Esteban es descrito también como un hombre lleno del Espíritu. Y la Palabra de Dios describe la llenura del Espíritu de varias maneras, por lo menos de dos maneras. Describe la llenura del Espíritu por un lado como un fenómeno intermitente, algo que ocurre ahora y puede ocurrir la semana que viene otra vez sobre la misma persona. Por ejemplo, el día de Pentecostés, todos los que estaban presentes —Pedro estaba ahí— fueron llenos del Espíritu. Capítulo 2. Tú te mueves al capítulo 4, versículo 31, y se vuelve a mencionar que los discípulos fueron llenos del Espíritu. Está Pedro. Y luego tú sigues caminando un poco más adelante y encuentras que Pedro fue lleno del Espíritu otra vez. Y cada vez es que van a llenar a Pedro; todas las veces que él necesita ser lleno del Espíritu para llevar a cabo la obra que Dios le asignó. Entonces, esta es una manera.

Pero la Palabra de Dios describe la llenura del Espíritu también de una segunda manera. Nota cómo en el primer caso se dice que Pedro u otros fueron llenos del Espíritu. Fueron. De Esteban se dice que él era —él era, no que fue— un hombre lleno del Espíritu. De manera que la otra forma como la Palabra habla de la llenura del Espíritu es como un estado más o menos permanente de llenura del Espíritu con el que algunos de los siervos de Dios han vivido.

Y la llenura del Espíritu es básicamente estar bajo el control del Espíritu. Básicamente eso es, no es más complicado que eso. Por tanto, algunos hombres como Esteban parecen haber vivido bajo el control del Espíritu. No simplemente que tuvieron momentos especiales para llevar a cabo la tarea que Dios les había asignado, sino que su modo de vivir era una llenura del Espíritu.

Estar bajo el control del Espíritu lo único que requiere es ceder el señorío a Cristo en todas las áreas de tu vida. "Maturín, usted lo dice así tan fácil, que es lo único que se requiere." Yo no dije que era fácil, sino que era lo único. Pero es lo único que se requiere. Tan pronto tú cedes el señorío de tu vida a Cristo en todas las áreas, tú pasas a estar bajo el control del Espíritu. Y lo que se opone a la llenura del Espíritu es mi autosuficiencia, es mi orgullo, es mi rebelión, el control que yo quiero tener de las cosas; eso se opone a la llenura del Espíritu. La llenura debe ser más natural. Lo que es la lucha es el yugo con el que yo batallo.

Donald McCullough es un autor, teólogo poco conocido, pero él escribe de una manera muy —diría en inglés— insightful, con mucha penetración, mucho entendimiento. Y sobre este pasaje y este Esteban lleno del Espíritu, él dice lo siguiente: "Esto no es una descripción de algo instantáneo y momentáneo, sino de una condición permanente."

Aquí está un hombre, Esteban, que nunca decayó, que nunca declinó y que nunca se apartó. Él permaneció habitualmente lleno del Espíritu. Todo su carácter, sus relaciones, sus emociones, sus ambiciones, sus reacciones, permanecieron bajo el control del Espíritu. Piensa en esto y no lo olvides, porque cuando lleguemos al apedreamiento de Esteban y cómo él muere, tú vas a ver que ciertamente sus relaciones, sus emociones, sus ambiciones, sus reacciones, permanecieron bajo el control del Espíritu.

MacArthur agrega: ese es el ideal cristiano, pero no puede ser conseguido por ninguna experiencia singular, no es un evento que te lo da. La única manera de obtenerlo es a través de una sucesión sin fin de reposición, como alguien que está siendo llenado continuamente, a través de una sucesión sin fin de reposición similar a la que sugiere Juan 1:16, cuando dice que de su plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia. Nuestra sumisión o falta de sumisión está directamente relacionada a la llenura del Espíritu o al control que el Espíritu ejerce sobre nosotros. Esteban era un hombre bajo ese control del Espíritu.

Entonces, ahora todo eso es del versículo 5. Nos devolvimos para ver cómo es que Dios ve a Esteban, cómo lo describió. Ahora, Dios describe a Esteban a través de Lucas, lo describe como lleno de gracia y de poder, y como alguien que hacía grandes prodigios y señales. Definir cómo luce alguien lleno de gracia no es tan fácil a partir de decir: bueno, busca Mateo 23, versículo 11 al 15, ahí está lo que es un hombre lleno de gracia. No es eso, así no está. Pero la palabra interpreta la palabra, y cuando tú lees los pasajes bíblicos, es decir, revisando la vida de Jesús, revisando la vida de Pablo, revisando pasajes que hablan de lo que la gracia hace, cómo luce un hombre lleno de gracia, tú vas a ver a Esteban aquí y más adelante cómo luce ese hombre.

Pero básicamente, a la luz de los otros pasajes, un hombre lleno de gracia es un hombre humilde, es un hombre manso y por tanto no contencioso. El espíritu de contienda es contrario al satisfacción y todavía mucho más contrario al efecto que el Evangelio debe producir en nosotros. Es un hombre perdonador. La verdad, en Esteban lo viste, en Cristo en la cruz. Es alguien que no guarda resentimiento, es alguien que no pasa información a otro para dañar la reputación de otro. Es un pacificador; él procura estar en paz con otros, pero también procura que otros estén en paz entre ellos. Cuando él ve hermanos que no están en paz, a él le preocupa y él trata de que estén en paz. Es una persona paciente, esa es una de las características del fruto del Espíritu: ser paciente. Es una persona bondadosa, eso es un fruto del Espíritu. Un hombre capaz de amar incondicionalmente, eso es un fruto del Espíritu: amor, gozo, paz. Es un hombre que vive en gozo, vive el gozo del Señor. Un cristiano sin gozo, y que es amargoso, es una contradicción con lo que es el Evangelio y lo que el Evangelio ha traído.

Por tanto, un hombre lleno de gracia es un hombre con contentamiento. Hay una ausencia de quejas en un Pablo, en un Bernabé, en un Cristo. Esos fueron hombres llenos de gracia. Cristo es el ejemplo por excelencia. Los dos, Pablo y Bernabé, Esteban, fueron llenos de Cristo porque de su abundancia fuimos todos, recibimos todos gracia sobre gracia. Es una persona leal a los demás y es una persona que lidia con el pecado del otro con bondad, como veremos en Esteban. Ahí tú tienes una persona llena de gracia. De forma que eso explica por qué él pudo no solamente vivir como vivió, pero morir como murió.

Para nuestro Dios es tan importante cómo yo vivo como cómo yo muero, literalmente. Y tú puedes ver eso en Cristo: cómo Cristo vivió, y él murió como vivió. Cómo murió Pablo. No tenemos los últimos días de Pablo literalmente, pero tenemos las últimas palabras de Pablo en la segunda carta a Timoteo, cuando él dice: yo estoy listo para ser derramado como una ofrenda de libación. La tenemos en Filipenses cuando él dice: me da lo mismo si yo vivo o si muero, yo solamente tengo una preocupación: exaltar a Cristo, ya sea por vida o por muerte. Eso es lo único que quiero hacer. Y Esteban, entonces, así.

Grandes señales y prodigios, dice el texto. Dios estaba haciendo milagros. Las mismas palabras "señales y prodigios" que son usadas, esas dos palabras, para hablar de lo que los apóstoles hacían, Esteban estaba haciendo. Por eso algunos dicen que quizás debe ser considerado como uno de los apóstoles. Las mismas palabras que son usadas para Cristo haciendo milagros, señales y prodigios, son usadas para Esteban. De manera que Dios está usando a Esteban grandemente.

Pero si ya tenemos una idea de cómo Dios describió a Esteban, ahora yo quiero que veamos el debate entre Esteban y los opositores miembros de la sinagoga. A pesar de que Esteban poseía todas esas características, a pesar de Esteban ser un hombre de fe, de gracia, bondadoso, humilde, manso, no contencioso, el texto me deja saber que había otros hombres completamente diferentes a Esteban. Pero, versículo 9, ahí está el pero: Esteban era así, pero se levantaron algunos de la sinagoga llamada de los libertos, incluyendo tanto cireneos como alejandrinos, y algunos de Cilicia y de Asia, que discutían con Esteban.

Entonces el texto me está diciendo: estos otros hombres son diferentes, pertenecen a la sinagoga de los libertos. Y parece ser, o sin parecer, la palabra en el original es libertinos, pero no liberales en ese sentido, porque eran judíos que habían sido esclavizados, que habían sido ahora liberados, hechos libres. Parece que se estaban reuniendo en esta sinagoga. Esto correspondería a judíos helenistas, donde el griego era su lengua principal, y sobre todo porque también ellos estaban reuniéndose con gente de trasfondo gentil, que por lo menos habían venido de ciudades gentiles. Ahí está Alejandría, Cilicia, de Asia y de Cirene. Allí se congregaban en la sinagoga.

A pesar de que en Jerusalén estaba el templo todavía funcionando, algunos han dicho: ¿para qué tener sinagoga? Porque la sinagoga no funcionaba igual que el templo. El templo era para ir el día de reposo, ofrecer los sacrificios. Tú no ofrecías los sacrificios en las sinagogas; tú estudiabas la Torá. Los niños iban a ser alfabetizados, funcionaban como las escuelas y los colegios, y para enseñarle la Torá también la sinagoga servía. Las sinagogas servían también como centros comunitarios, como una especie de centro cultural; ocupaban un lugar central en la vida de la comunidad judía. Entonces, a esa sinagoga acudían judíos helenistas aparentemente, y de ese grupo es que sale Esteban.

Entonces, ahora el texto nos dice que entraron en debate, discutían con Esteban. Qué bueno que Lucas lo pone de esa manera y no dice que Esteban discutía con ellos, sino que ellos discutían con Esteban. Pero, por así decirlo, ahora comienza a salir hacia fuera de Esteban lo que Esteban era adentro. Pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba. Si uno ve que la palabra Espíritu está con mayúscula, o sea, no podían resistir, no al espíritu de Esteban; aquí lo que está diciendo es que el Espíritu de Dios estaba hablando por medio de Esteban. Con razón no lo podían resistir. Y que entonces tampoco podían resistir la sabiduría, el grado de sabiduría con el que Esteban estaba hablando. Esta sabiduría era el fruto de esa llenura.

Recuerda que sabiduría no es lo mismo que conocimiento. Conocimiento es información, y la información puede ser útil, pero yo puedo tener mucha información y nada de sabiduría. Esas dos cosas son muy diferentes. La sabiduría me permite discernir con el conocimiento que tengo, discernir la verdad del error. Me permite aplicar el conocimiento que tengo a las circunstancias de la vida. Puedo ver las circunstancias, puedo oír problemas, tengo conocimiento de la Palabra, y de alguna manera yo tomo la Palabra de aquí, de allí, de allá, lo puedo ordenar para aplicarla a ese problema.

Es la habilidad muchas veces de saber cuándo hablar y cuándo callar. Yo creo que es uno de los más grandes problemas en el ser humano, que muchas veces habla de más. Y usualmente cuando yo quiero hablar debo callar, y cuando quiero callar usualmente debo hablar. La habilidad de saber cuándo ya dije lo suficiente, cuándo no debo decir absolutamente nada, es parte de la sabiduría. La habilidad de discernir las intenciones de mi opositor: tú puedes tener un opositor y tú puedes discernir las intenciones, y por tanto saber que lo mejor es callar, porque quizás la intención es dividir, quizás la intención es destructiva. A veces es la habilidad de aconsejar conforme a la revelación de Dios y no lo que nosotros vemos.

Dicho en otras palabras, sabiduría es ver la vida como Dios la ve. Esa doble lectura que tiene cada evento, la habilidad de ver por encima del sol, como dice la canción de Jonathan que compuso recientemente. Esa es la habilidad que da el Espíritu de Dios que ilumina la mente, ilumina la mente que tú tienes para entender y recordar la Palabra de Dios para luego aplicarla. Muchas veces es que no he recordado la Palabra en la circunstancia que estoy presente, que tengo presente. Luego tampoco sé cómo esa palabra que recordé quizás se aplica. La habilidad de hacer esas cosas: sabiduría. Ellos no podían resistir la sabiduría de Esteban, y tampoco podían resistir el Espíritu con el que él hablaba. Por tanto, el Espíritu que hablaba por medio de Esteban daba el poder de convencimiento y de convicción a lo que estaban escuchando, las palabras de Esteban.

La Palabra de Dios, de hecho, Jesús mismo, la Palabra encarnada, nos advirtió que cuando nosotros fuéramos llevados, como ya Esteban está siendo llevado ahora al concilio, que cuando fuéramos llevados a los tribunales en el contexto de lo que estamos viendo, por algo relacionado a la causa de Cristo, por algo relacionado a mi fe, que no me preocupara de qué hablar. Escucha cómo Lucas, el mismo que escribió el libro de los Hechos, escribió el Evangelio de Lucas. En el capítulo 12, del 11 al 12, nosotros leemos lo siguiente: "Y cuando os lleven a las sinagogas" —ahí está Esteban— "y ante los gobernantes y las autoridades" —él va a estar ahí muy prontamente— "no os preocupéis de cómo o de qué hablaréis en defensa propia, o qué vais a decir, porque el Espíritu Santo, en esa misma hora, no antes, os enseñará lo que debéis decir."

No podían resistir al Espíritu con el que hablaba, porque el Espíritu Santo le estaba enseñando lo que debía decir. Cuando tú lees el texto del capítulo 7, es impresionante la historia redentora, cómo la resume en tan pocas palabras, pero eso es fruto justamente de la inspiración del Espíritu en ese momento.

Entonces, ya vimos la oposición o el debate de los opositores con Esteban. Ahora yo quiero que veamos la calumnia contra Esteban. El engaño ha sido la estrategia número uno del enemigo desde el jardín del Edén. Y escucha ahora en el versículo 11 cómo la calumnia se levanta: "Entonces en secreto persuadieron..." O sea que hubo que hablar con estos hombres más de una vez, probablemente para decirles: "Necesitamos que tú hables esta mentirita." "Persuadieron a algunos hombres para que dijeran: Le hemos oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios." Y hicieron esto en secreto, porque esto no se podía divulgar. Tuvieron que persuadirlos, tuvieron que hablar con ellos probablemente más de una vez. Gente malvada persuadió a otros también malvados para acusar la piedad de Esteban de haber hecho algo malvado.

Hay algo que yo he observado en la vida, es esto: corazones pecaminosos creen el pecado que otros corazones pecaminosos dicen que corazones piadosos han cometido. ¿Qué fue eso? Párate ahí, y luego lo voy a ilustrar. Corazones pecaminosos creen lo que estos otros corazones pecaminosos dicen acerca del pecado que corazones piadosos han cometido. En otras palabras, estos hombres malvados fueron y persuadieron a otros malvados también de que Esteban estaba cometiendo una maldad. Ellos, al final de la persuasión, creyeron lo que los primeros hombres malvados dijeron y creyeron que Esteban, un hombre piadoso, había cometido maldad. ¿Lo vieron ahora?

Entonces estos judíos helenistas con corazones malvados fueron los que se levantaron y dijeron que Esteban hablaba palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios. Como paréntesis, el ser humano, con nuestro corazón pecaminoso, es muy rápido en creer el pecado que otros te cuentan acerca de otros. Vete al paso. Porque frecuentemente las cosas no son exactamente como te las contaron, ni exactamente como las oyeron quienes te las contaron, pero nuestro corazón pecaminoso rápidamente como que cree. Le es difícil creer la piedad del otro, pero el pecado del otro, eso es sumamente rápido. Yo creo que es porque el corazón, por su condición, el corazón pecaminoso, busca creer rápidamente el pecado de otro.

Vayamos al paso. Esta gente eventualmente se levantó contra Moisés y dijo que le estaba blasfemando. Se levantó contra Esteban y dijo que estaba blasfemando contra Moisés. Probablemente es una alusión a algo que Esteban dijo en cuanto a la ley, que no nos puede dar salvación, quizás en cuanto al rol de la ley hasta que Cristo vino, pero ya Cristo vino. Probablemente tenía algo que ver con eso. Y blasfemaba contra Dios, probablemente tenía que ver con algo relacionado al templo, que de hecho está un poco más abajo, esa relación. De manera que eso es lo que ellos estaban escuchando de Esteban. Esteban está haciendo una explicación de toda la teología bíblica de principio a fin, le está explicando el rol de Cristo en esa historia, y ellos interpretan eso como que le está hablando contra Moisés y contra Dios.

Escúchalo aquí en el versículo 12, con las cosas en peor: "Entonces alborotaron al pueblo, a los ancianos, a los escribas, y cayendo sobre él, lo arrebataron y lo trajeron en presencia del concilio. Y presentaron testigos falsos que dijeron: Este hombre continuamente..." Oye esa palabra: continuamente. Es como que él no para de hacer esto. "...habla en contra de este lugar santo" —ahí está el templo. Recuerda lo que dijimos, que hablar o blasfemar contra Dios probablemente estaba relacionado al templo. Ahora es que él está hablando contra este lugar santo— "y de la ley" —en contra de la ley, ahí está Moisés— "porque le hemos oído decir que este Nazareno Jesús destruirá este lugar y cambiará las tradiciones que Moisés nos legó."

Las cosas empeoraron, porque primero fueron y convencieron a unos, algunos hombres, algunos, pero ahora terminan alborotando al pueblo entero, a los ancianos, a los escribas, quienes están tan alborotados que el texto dice que lo arrebataron. A alguien se lo quitaron y lo trajeron frente al concilio. La oposición ha ido creciendo. Donde estábamos en el capítulo 4, en el particular 17 y 21, hubo advertencias en contra de los discípulos. Advertencias, no más. Tú avanzas un poco más, en 5:40 ahora los discípulos son azotados. Pasamos de la advertencia a los azotes. Y ahora, todavía no hemos llegado ahí, llegamos a la muerte de Esteban. De la advertencia a los azotes, a la muerte de Esteban.

La pregunta sería otra vez: ¿por qué es que los hijos de Dios parecen ser como los que más sufren? Esa era la pregunta de Job. Y sus amigos, con una pésima teología, le dicen a Job: "Tiene que haber pecado, porque nadie sufre como tú estás sufriendo a menos que haya pecado." No sé qué dirían de Jesús. ¿Por qué es que los hijos de Dios sufren?

Déjame citarte varias personas. C.S. Lewis decía con relación a esta pregunta: "¿Por qué no? Ellos son los únicos que lo pueden soportar." Oswald Chambers, en su libro Christian Disciplines o Disciplinas Cristianas, dice, escucha: "El sufrimiento es la herencia del malo, del que se arrepiente y del hijo de Dios. Cada uno termina en su cruz. El ladrón malo fue crucificado, el ladrón arrepentido fue crucificado y el Hijo de Dios fue crucificado. El sufrimiento es la herencia del malo, del que se arrepiente y del hijo de Dios. Cada uno termina en su cruz. El ladrón malo fue crucificado, el ladrón arrepentido fue crucificado y el Hijo de Dios fue crucificado. Por medio de estas señales conocemos la amplia distribución del sufrimiento." Agustín decía: "Dios tuvo un Hijo en la tierra sin pecado, pero ninguno sin sufrimiento." Dios tuvo un Hijo en la tierra sin pecado, pero ninguno sin sufrimiento. Yo creo que estas ideas de estos autores nos ayudan a procesar la experiencia de dolor.

Avancemos al versículo 13. Los acusadores decían: "Este hombre continuamente habla en contra de este lugar santo y de la ley, porque le hemos oído decir que este Nazareno Jesús destruirá este lugar." Bueno, Jesús dijo una vez, en otro contexto: "Destruid este templo" —para lo que se refería a su cuerpo— "y lo reconstruiré en tres días," y ellos se referían a su resurrección, y ellos se ofendieron en esa ocasión. Cuando Jesús hablaba de eso, Jesús estaba hablando justamente de su muerte y su resurrección. Ellos contestaron que había tomado años construir el templo, literalmente cuarenta y seis años tomó construir ese templo, y tú lo vas a reedificar en tres días. Bueno, parece que en la historia redentora le va a mencionar algo de eso, y ahí vuelven ellos diciendo que él está hablando de este Jesús que dijo que iba a destruir el templo, este lugar santo, y que iba a destruir las tradiciones de Moisés.

Al final de la historia, al final del día, como dicen, hay una expresión en inglés que dice "at the end of the day," al final del día, la razón por la que ellos construyeron todas estas mentiras... como por definición la palabra mentira dice, no es porque era verdad en lo más mínimo; ellos sabían que era mentira. La razón por la que ellos construyeron toda esta mentira es porque no querían creer. Y yo creo que nosotros hacemos cosas así. Cuando la Palabra de Dios nos promete cosas relacionadas al carácter de Dios y nosotros estamos pasando por una tribulación, tendemos a no creer lo que Dios ha dicho, simplemente porque no queremos creer que ese Dios así descrito me puede tener en esta circunstancia. Entonces, como no queremos creer, rechazamos lo que Dios ha dicho. Es exactamente lo que está en el texto. Ellos no querían creer y por tanto, a pesar de que no podían resistir al Espíritu con el que hablaba, terminaron rechazando lo que decía.

Escuchen, entonces, cómo esta sección del texto termina en el versículo 15: "Y al fijar la mirada en él, todos los que estaban sentados en el concilio..." Aquí está el concilio, aquí está Esteban. Todos fijaron la mirada en él, en la persona que ellos están a punto de apedrear. Le fijaron la mirada y nos dice que ellos vieron su rostro como el rostro de un ángel. Tú pensarías que eso detendría las manos, pero no. Por eso es que Esteban les va a decir más adelante: "Ustedes de más apedrean, como apedrearon todos vuestros antepasados. Díganme uno, uno, que ustedes no hayan apedreado."

Pero vieron el rostro como de un ángel. Eso nos recuerda el rostro de Moisés cuando tiene comunión con Dios y baja con su rostro transfigurado. El texto no usa esa misma expresión, pero para ellos fijar sus ojos en el acusado y ver como el rostro de un ángel, ya no es como el rostro de Esteban. Esto es como una especie de transfiguración, y de lo único que eso puede hablar es de la comunión íntima de Dios con Esteban en ese momento, y de la forma como Dios le estaba ministrando a Esteban tan cercanamente que la gloria de Dios se reflejó en él.

Dirkstomas, en su comentario acerca del libro de los Hechos, en esta porción dice: aquellos que viven cerca de Dios reflejan su gloria en su disposición. Aquellos que viven cerca de Dios, la manera, la disposición de su forma de vivir, reflejan la gloria de Dios.

Yo creo que este valor que está reflejando es la gloria de Dios en un momento en que Dios se ha hecho tan real para Esteban, que es como si lo estuviera viendo. Y de hecho, eso es lo que el texto dice más adelante: que él vio el trono abierto y uno que se puso de pie. ¿Quién tú piensas que fue quien se puso de pie? Su abogado defensor frente al Padre. Y Él es en quien Esteban ha confiado. No importa lo que pasó, no importan las piedras, yo estoy viendo a mi abogado defensor.

Te imaginas que tú entras buscado, acusado, y cuando el juez escucha tu caso, él se levanta, se da media vuelta, se dirige al trono que él ha dejado vacío ahora, y como si se hubiera alineado, él dice: "Su majestad, su honor" —no sé cómo le dicen aquí en Estados Unidos— "yo soy su abogado defensor." Y que el juez le diga desde la silla: "¿Qué usted tiene que decir en contra de mi acusado?" ¿Te imaginas? Esto es lo que el texto dice. Yo no he llegado ahí, pero es lo que el texto dice que Esteban vio. Y eso estaba siendo reflejado en el rostro de Esteban.

¿Dónde vas a poner tu confianza? ¿En las circunstancias o en el que domina y gobierna y orquesta y maneja las circunstancias? ¿En quién vas a poner tu confianza? ¿En el hombre o en tu abogado defensor que está frente al Padre, que se ha denominado literalmente a sí mismo: "Abogado tenemos frente al Padre"? ¿En quién vas a poner tus circunstancias? ¿En el hombre o en aquel que te ha prometido compartir toda la herencia del reino de los cielos contigo, haciéndote coheredero con Él?

¿Dónde está tu confianza? En Cristo. Todo lo demás, hermano, es pura arena, y Él es la roca firme. En Él es que nosotros confiamos. Ojalá puedas salir de este lugar convencido, no solamente de dónde tienes que poner tu confianza, sino deseoso de conocer la roca firme en la que tú estás parado, pero que muchas veces sientes más como arena movediza cuando en realidad es una roca.

Este es una producción que llega a ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet www.integridadysabiduria.org. En esta página encontrará información sobre la producción de este y otros recursos que ponemos a su disposición, como también las formas en las que usted puede contribuir con la producción de programas como estos. Les invitamos nuevamente a visitar nuestra página de internet www.integridadysabiduria.org. Y será hasta la próxima cuando nos reencontremos en Su Palabra.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.