La iglesia que transforma el mundo no siempre lo hace a través de sus figuras más reconocidas. Hechos 11 lo demuestra con claridad: fueron creyentes anónimos, dispersados por la persecución tras la muerte de Esteban, quienes llevaron el evangelio hasta Antioquía y cruzaron por primera vez la barrera cultural para predicar a los griegos. No eran apóstoles ni profetas, sino personas comunes que simplemente contaron el mensaje que las había alcanzado. Y el texto dice que la mano del Señor estaba con ellos, produciendo conversiones masivas en una ciudad conocida por su corrupción moral.
Cuando la noticia llegó a Jerusalén, la iglesia envió a Bernabé. Lo que él vio no fue simplemente multitudes convertidas, sino la gracia de Dios en acción, y al verla se regocijó. Bernabé era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe, capaz de alegrarse por lo que Dios hacía aunque él no hubiera tenido parte en ello. Reconociendo que la obra necesitaba más de lo que él podía ofrecer, viajó a Tarso para buscar a Pablo, y juntos enseñaron a aquella gran multitud durante un año entero.
Fue precisamente en Antioquía donde por primera vez se llamó cristianos a los creyentes, personas identificadas públicamente con Cristo, dispuestas a proclamar sus virtudes. El pastor satisface recuerda que todo cristiano es embajador de Cristo, con un propósito claro: proclamar las virtudes de aquel que nos sacó de las tinieblas a su luz admirable.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
¡Fuimos llamados para vivir a la luz de su Palabra! Acompáñanos a revisar este texto de hoy a la luz de lo que Lucas narra en el libro de los Hechos, donde estamos ya por meses y donde continuamos hoy. Estamos en el capítulo 11. Como habíamos visto, este libro no es más que el testimonio de la obra del Espíritu de Dios a través de la vida de los apóstoles. Hemos estado viendo el crecimiento de la iglesia, o el nacimiento de la iglesia. Hemos comenzado a ver el crecimiento de esa iglesia y la expansión de la fe cristiana a todo lo largo y ancho de lo que fue aquella región.
Nosotros sabemos que Cristo, antes de ascender a los cielos, había hecho el anuncio de esa gran comisión de una manera distinta, como aparece en Mateo 28. Él les dijo que recibirían poder de lo alto cuando descendiera sobre ellos el Espíritu Santo, y entonces serían testigos, sus testigos, en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines de la tierra. Ese fue el anuncio de la gran comisión, y en ese texto tan corto nosotros vemos de una manera muy clara lo que se requería para llevarla a cabo: es poder sobrenatural, de tal forma que ellos pudieran ser testigos, también sobrenaturales, o testigos naturales de una obra sobrenatural que Dios iba a hacer a lo largo del mundo y que continuó haciendo en el día de hoy.
Al mismo tiempo, nosotros vemos en ese verso de Hechos 1:8 el orden cronológico: Jerusalén, Judea, y luego Samaria, y luego los confines de la tierra, que es por donde nosotros estamos transitando hoy en día. La iglesia se inicia en Jerusalén, se expande a Samaria y luego regiones aledañas, y de ahí al resto del mundo, que es donde, como ya acabo de decir, nos encontramos.
Yo estoy simplemente dando un vistazo muy rápido para que podamos conectarnos ahora con el capítulo 11. Pero recordemos que el capítulo 8 desata toda una persecución después de la muerte de Esteban, y aquellos que salieron corriendo pues llegaron a Samaria, llegaron a Judea. Y aquellos que llegaron allí compartieron sus testimonios y la gente comienza a abrazar la fe. Felipe el evangelista está en aquella región y predica el evangelio; Samaria se llena de gozo. Y es un torbellino porque la palabra de Dios estaba produciendo tal conmoción.
Entonces la iglesia en Jerusalén se entera y envía a Pedro y a Juan para que puedan investigar, para ver si ciertamente eso que estaba ocurriendo allí era tal como ellos lo habían escuchado. Llegaron allí, vieron que realmente los samaritanos habían recibido el mismo don que ellos habían recibido en Pentecostés como judíos que eran, y eso entonces como que puso el sello oficial sobre lo que allí estaba ocurriendo.
Llegamos entonces al capítulo 10 del libro de los Hechos, donde Pedro tiene una visión estando en Jope y Cornelio tiene su propia visión estando en Cesarea. Cornelio entonces recibe instrucción de parte de Dios que manda a buscar a Pedro, que estaba en Jope, porque Pedro tenía palabras que él necesitaba escuchar. Y así él hace, y envía tres de sus criados. Llegaron donde Pedro, y Pedro tenía sus dudas porque estaba entre gentiles y no quería siquiera bajar de donde él estaba. Pero la voz del Señor, el ángel del Señor, o la voz del Señor más que un ángel, lo instruyó y le dice: "Pedro, baja, que esos que te están buscando vienen de parte mía." Y Pedro los invita, los invita a pasar la noche con él. Al día siguiente sale hacia Cesarea, para la casa de Cornelio.
Llegaron donde Cornelio. Ahí, la gran cantidad de gente que estaba esperando: sus familiares, personajes conocidos. Y Pedro se atreve a entrar en casa de Cornelio, en casa de gentil, y predica la palabra de Dios en aquel lugar. Y ese día una barrera enorme, larga, alta, gruesa, vieja, de mucha antigüedad, se cayó, porque la separación que debería existir entre gentiles y judíos pues había sido derribada. Pedro había hecho lo impensable, y es pasar tiempo e incluso comer con gentiles.
Tú estás viendo con los ojos del espíritu la ejecución de la gran comisión. Dios estaba amalgamando dos pueblos: el pueblo judío, el pueblo gentil, y haciendo un solo pueblo de esos dos grupos. Entonces la gran comisión está como en la etapa de expansión; que los gentiles y los judíos van a ser parte del mismo reino. Eso era como inconcebible. Pero recuerda que Pedro ha salido de Jerusalén, ha estado en Jope, de ahí a Cesarea. Cosas están pasando; una nueva visión ha llegado a Pedro y para el resto de la iglesia. Pero todavía solamente la tiene Pedro. Los judíos que están en Jerusalén no saben lo que está pasando; por lo menos de parte de Pedro no lo conocían. Pero la noticia llegó a Jerusalén antes que Pedro, porque no hay nada que viaje más rápido que el chisme, excepto la luz.
Yo me imagino, si alguien por esta mañana... Me imagino que se estuviera pasando hoy y estuviéramos leyendo el periódico, el Jerusalem Post, del periódico de Jerusalén, y que al otro día sale una en primera página, un titular: "Pedro compromete la tradición judía". Y el artículo pudiera comenzar más o menos de esta forma: "Una fuente de entero crédito dio a conocer anoche que el discípulo que negó a Jesús tres veces ahora niega el judaísmo. Al cierre de esta edición tratamos de conseguir una entrevista con algunos de sus compañeros, quienes están a la espera para cuestionar las actuaciones de aquel que una vez caminó con ellos." Tú puedes ver que ciertamente hay una predisposición en el corazón humano al lado de la condenación.
Pero antes de entrar, escucha cómo Lucas comienza esta parte del relato: "Los apóstoles y los hermanos que estaban por toda Judea oyeron también que los gentiles habían recibido la palabra de Dios." Muy bien, versículo dos: "Cuando Pedro subió a Jerusalén, los que eran de la circuncisión le reprocharon" —esos son los judíos— "diciendo: Tú entraste en casa de incircuncisos" —esos somos nosotros, los gentiles— "y comiste con ellos. Entonces Pedro comenzó a explicarles en orden lo sucedido, diciendo..." Y ahí entonces tú tienes una descripción otra vez de la visión de Pedro, la visión de Cornelio y la visita de Pedro a Cornelio, que no la voy a leer porque la hemos leído ya dos veces en mensajes anteriores y esta sería la tercera vez.
Pero Pedro hace ese relato y concluye, después de darle los detalles, con lo siguiente en el versículo 17: "Por tanto, si Dios les dio a ellos el mismo don que también nos dio a nosotros después de creer en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para poder estorbar a Dios? ¿Quién era yo para ser piedra de tropiezo, por así decirlo, a los planes de Dios?"
Los apóstoles y los habitantes de Judea oyeron que los gentiles habían abrazado la Palabra también, y el versículo uno: estaban contentos. Pero el versículo dos nos dice entonces que ellos sí tenían un pero, y era que Pedro había comido con gentiles. Y tan pronto Pedro llegó a Jerusalén, los que eran de la circuncisión, los judíos, le reprocharon. Tú notaste que Pedro no ha hablado. Raro para Pedro, pero no ha hablado todavía. A Pedro no le han hecho preguntas, a Pedro nadie le ha dicho: "Pedro, cuéntanos." A Pedro no le han dado una oportunidad de hablar, pero ya hay una condenación que pesa sobre él.
Y ese es la tendencia del corazón humano: la naturaleza humana condena lo que no entiende. Y esta visión no la pueden entender porque ellos ni siquiera la habían escuchado. Hay una tendencia del corazón del hombre a disfrutar sentarse como juez, porque en cierta manera disfruta ese rol más que el rol de ser misericordioso y perdonador. Además, la mente humana es como estrecha y realmente solamente puede concebir que las cosas ocurran conforme a sus patrones y sus moldes. Y como Dios no sigue los nuestros, cuando Dios hace cosas que se salen del patrón normal, usual, de nuestra concepción, eso usualmente no se lo atribuimos a Dios, sino a Satanás.
A veces el de la lista disfruta lo que Dios hace siempre y cuando lo haga como él entiende que Dios debe operar. Y es por eso que cuando Cristo vino, ellos no podían entender a Cristo sanando gente en día de reposo, porque en día de reposo, decían ellos, no se podía sanar a nadie, no pensando que la ley permitía las obras de misericordia. Pero si eso está ocurriendo en día de reposo, y el paralítico se para y coge y toma su cama y camina, no, eso es cargar algo, eso es trabajo, eso no puede ser de Dios, eso es digno de reproche.
Y entonces Pedro comienza a explicar. Dice el texto: comenzó a explicarles con detalle lo que había ocurrido. El problema es que nosotros frecuentemente juzgamos y después averiguamos. Pero cuando nosotros hacemos eso, nosotros ya entramos a escuchar las respuestas que se nos puedan dar de cierta manera prejuiciados, porque ya hemos hecho la condenación. Y una vez nosotros hemos condenado, luego tengo que sentirme bien conmigo mismo y comienzo a justificar mi propia condenación, y las cosas se van empeorando.
Pero la mente de Cristo, la mente que Cristo quiere formar en nosotros, es bueno que trabaje de otra manera. Y es que primero yo pregunte, es que primero yo escuche, que yo tenga la paciencia para escuchar. Y que mientras escuche yo pueda tener la enseñanza de Filipenses 4:8 presente, y es que yo debo pensar, meditar en todo lo que es verdadero, en todo lo que es digno, en todo lo que es justo, en todo lo que es puro, todo lo que es amable o honorable; si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en eso yo debo estar meditando. Y eso me va a evitar que yo condene aquella cosa que simplemente yo no apruebo. Muchas veces condenamos lo que nosotros no aprobamos, condenamos lo que no es nuestra preferencia, lo que no es de nuestro gusto, o simplemente lo que no entendemos. Pero nosotros necesitamos una mente bíblica justamente para no tener este tipo de prejuicios, para no condenar sin preguntar, para no enjuiciar antes de tener toda la información, como fue el caso aquí.
Por otro lado, yo necesito diferenciar lo que es mi preferencia de lo que es algo moral. Hay cosas que no son de tu preferencia ni son de mi preferencia, no son de mi gusto; eso no lo constituye necesariamente en algo reprochable. Y la importancia de escuchar primero para evaluar después está revelada incluso en este texto. Pedro dice primero: "Si Dios les dio a ellos el mismo don que también nos dio a nosotros" —lo cual ellos no habían escuchado todavía— "después de creer en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para poder estorbar a Dios?"
Dios le dio una visión a Pedro, le dio una visión a Cornelio. Ellos dos no se conocían, pero las visiones eran complementarias y coincidían. Pedro recibe instrucción de Dios de que vaya con aquellos enviados de Cornelio. Él va, encuentra un gran grupo, comparte el evangelio, la gente abraza el evangelio, la gente se convierte. Pedro lo ve, el Espíritu Santo desciende, oye hablar en lenguas, pero se recuerda de Pentecostés y dice: "Esto es de Dios."
Cuando ellos escucharon esto, escucha ahora el cambio de actitud: "Y al oír esto se calmaron y glorificaron a Dios, diciendo: Así que también a los gentiles ha concedido Dios el arrepentimiento que conduce a la vida." Así que ellos pasaron de la condenación de Pedro a la glorificación de Dios simplemente con una explicación y un tiempo de paciencia para escuchar. Estos hermanos finalmente entendieron: "¡Wow! Dios está haciendo algo." Estos hermanos quizás comenzaron a recordar Hechos 1:8: "Me seréis testigos en Jerusalén, Judea, en Samaria y hasta los confines de la tierra." ¿Que sea esto lo que está pasando?
Y en manera de enseñanza, y como una advertencia también, hermanos, yo creo que yo he compartido esto en los últimos meses varias veces con diferentes grupos: una de las peores cosas que un cristiano pudiera hacer es ver la obra de Dios, no reconocerla, catalogarla como la obra de Satanás y condenarla. Porque hemos visto eso varias veces, y yo no creo que es una posición donde yo quisiera estar o tú quieres estar. Y lo que causa esa ceguera espiritual para ver a Dios obrando es que nuestro pecado oculta, minimiza, distorsiona, niega y cambia la realidad de nuestros hechos.
Mi pecado, el pecado en nosotros, nos ciega a la realidad de nuestras propias acciones. Yo puedo ver, tú puedes ver muy bien, mucho mejor, el pecado en el otro que el pecado en ti, porque el pecado del otro no nos ciega; es el mío el que me ciega. De hecho, el pecado del otro nos da visión agrandada para verlo claramente, nos da como un telescopio, un microscopio, dependiendo de cuál sea el caso.
Y si nosotros como iglesia, y tú como persona, quisiéramos ser parte del equipo de Dios en la historia redentora, tú y yo necesitamos estar dispuestos a tener una mente sumisa a los planes de Dios, independientemente de cuáles sean. Dios es el Dios que se aparece a Abraham, le dice: "Vete de tu tierra y de tu parentela," y lo saca de su zona de confort. Dios es el que se le aparece a Jacob y le dice: "Tú estás aquí muy bien, muy cómodo, pero vete allí." ¿A dónde? Allí, a Egipto, que allí yo te haré una gran nación. "Pero, ¿antes de aquí una gran nación? No, hablábamos de esto en otras ocasiones. ¿No es aquí donde yo tengo planes? Es allí." "Pero si es aquí donde yo vivo y quiero estar." Bueno, ¿tú quieres ir conmigo o tú quieres ir contigo mismo, solo, sin mí?
Si vamos a ser parte de la historia redentora y de aquellos que forman, como dirían en inglés, movers, aquellos que mueven cosas porque Dios los está moviendo, necesitas tener esa flexibilidad. Pedro obedeció la visión, eventualmente obedeció la voz de Dios y cambió de planes. Si tú quieres ser parte del proyecto de emancipación más grande de toda la historia, emancipación espiritual de la raza humana, para unirte a Dios y a su equipo, entonces tú necesitas estar dispuesto a tomar riesgos.
Pedro comió con gentiles. No tenía claro... Bueno, yo creo que él tenía claro la visión, pero yo creo que él sabía, y como nada más había visto la visión, yo no creo que él tenía claro los riesgos. Pero él sabía que había algunos riesgos, y él tuvo que enfrentarlos tan pronto llegó a Jerusalén. Tú y yo necesitamos saber que hay riesgos inherentes a ser un instrumento de Dios.
Si tú quieres ser parte de ese equipo, tú necesitas, por otro lado, estar dispuesto a sufrir rechazo y a ser condenado. Y eso fue lo que Pedro experimentó cuando llega a Jerusalén: él sufrió el rechazo y fue condenado por sus compatriotas, si pudiéramos decir. Y si quieres ser parte de esa historia para evangelizar el mundo, tú y yo tenemos que recordar que hay grupos, personas o grupos de personas, que quizás tú y yo no consideramos como muy salvables, que tenemos nuestras dudas. Como que si alguien nos dice que fulano o un grupo equis de personas se salvó, es algo como que nosotros inmediatamente levantamos dudas: "Eso va a ver, va a ver." ¿Por qué? Porque hay un Jonás dentro de nosotros, hay un Jonás que considera a los ninivitas no dignos de salvación. Y como vamos a ver, la gente...
En Antioquía, no era muy digno de salvación.
Ahora, cuando seguimos leyendo nosotros aprendemos algo más acerca de cómo Dios está llevando a cabo la ejecución de la gran comisión. Escucha, recuerda capítulo 8 del libro de los Hechos: hay una gran persecución, la gente sale corriendo de Jerusalén, los únicos que quedan, dice el texto, son los apóstoles. Y esa gente que sale corriendo llegó primero a Judea, llegó a Samaria, y están compartiendo su testimonio. La gente comienza a convertirse, Samaria se llena de gozo. Pero no se pararon ahí.
El texto ahora nos dice en el versículo 19, escucha: "Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que sobrevino cuando la muerte de Esteban llegaron hasta..." Ya pasaron Samaria, ya pasaron Judea, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, pero no hablando la palabra a nadie sino solo a los judíos. Tú puedes ver, hay un grupo de judíos de Palestina que están corriendo y que han compartido las buenas nuevas del satisfacción de la venida la verdad, pero solamente con judíos. Porque hasta aquí la iglesia es eminentemente judía, y hasta aquí el plan como que es para los judíos solamente.
Pero como yo decía en el tiempo anterior, Dios no se deja estorbar ni permite que obstáculo alguno impida su obra. Y por eso, cuando tú llegas al próximo versículo, tú ves cómo Dios vence su obstáculo. Escucha lo que dice: "Pero..." Los peros de Dios. "Había algunos de ellos, de estos hombres, de estos judíos, hombres de Chipre y de Cirene, los cuales al llegar a Antioquía hablaban también a los griegos, predicando al Señor Jesús." Se sobreentiende que estos eran judíos también, pero no de Palestina. ¿De dónde eran? De Chipre y de Cirene. Como tal dice aquí que entonces, al llegar a Antioquía, ellos se encuentran con griegos. Pero al ser judíos helenistas, judíos que habían adoptado el griego como lenguaje hablado, que habían adoptado mucho de la cultura griega, eran más abiertos a otras personas. Y estos son los que Dios usa para predicarle el satisfacción en Antioquía a los griegos, y les predicaban al Señor Jesús.
Y el texto ahora menciona tres ciudades: Cirene, Chipre, Fenicia. Estas ciudades eran de poca importancia en la antigüedad, pero el texto nos dice que algunos llegaron hasta Antioquía. Antioquía fue una ciudad clave para la expansión del satisfacción de los cielos en la tierra, clave para la gran comisión. Antioquía era la tercera ciudad más grande y más importante del Imperio Romano, detrás de Roma y Alejandría. Antioquía tenía el atractivo, era como una Nueva York, un melting pot, un lugar donde hay muchas culturas que convergen. Y había gente de cultura griega y romana y semítica y árabe y persa. Una ciudad muy cosmopolita, una ciudad muy próspera financieramente, un centro comercial a la orilla del río Orontes.
Y como toda ciudad de ese tipo, hoy o en aquella ciudad, también era muy perversa, muy corrupta, con muchos vicios. Allí estaba el templo de Apolo. Y en la mitología griega, Apolo persiguió a la ninfa Dafne, una ninfa, una diosa chiquita, la ninfa Dafne. Y ellos tuvieron juegos de amores, y eso era actuado día tras día fuera de la ciudad, por horas, como a 5 kilómetros afuera de la ciudad, en el templo de Apolo. Y había allí prostitutas sagradas y borracheras. Y la inmoralidad de esa ciudad era tan conocida que cuando el Imperio Romano se corrompió en su máximo grado, se dijo que las aguas del Orontes, del río Orontes, que era el río donde estaba la ciudad de Antioquía, habían infiltrado las aguas del río Tíber en Roma. De manera que la inmoralidad de Antioquía había invadido a Roma.
Sin embargo, en medio de esa ciudad corrupta, Dios planta quizás la iglesia más significativa de esa época, y donde comenzó el proyecto misionero que llegó hasta nosotros. La misión de la iglesia comienza en Antioquía. Por eso hemos llamado a nuestra misión "Antioquía", de la manera que lo hicimos, porque queremos ver de qué forma nosotros continuamos impactando aquellas regiones que necesitan ser impactadas por el satisfacción.
Esta fue una iglesia plantada por Dios en un lugar altamente corrupto, en el peor lugar posible. Yo creo que no hay muchos misioneros que estarían dispuestos hoy a irse a Las Vegas, por ejemplo. En el caso de la antigüedad, a una Sodoma o a una Gomorra, sin hacer misión. Pero si Dios está allí, allí Dios va a hacer algo. En esta ciudad, en el primer siglo, por ahí pasó Pablo, Bernabé, Pedro en un momento dado. En el segundo siglo estuvieron dos predicadores muy conocidos en Antioquía: Ignacio y Teófilo. En el tercero y cuarto siglo por ahí pasó Luciano y Teodoro y Crisóstomo. Crisóstomo era considerado la lengua de oro de la antigüedad. Él fue el traductor de la Biblia a la Vulgata. De manera que esta fue una iglesia que Dios plantó en un lugar, en un momento difícil, pero la equipó para ministrar allí.
Y una de las cosas que tenemos que pensar es que, si queremos unirnos al equipo de Dios en la historia redentora, tenemos que estar dispuestos a ir a ciudades que nosotros no consideramos dignas o que habíamos rechazado en el pasado, quizás por su deterioro moral o político. Ciudades como Antioquía, ciudades como Nínive. Si esas ciudades así no son alcanzadas, la gran comisión queda incompleta.
La consigna es esta, Mateo 24:14: "Y estas buenas nuevas se predicarán en todo el mundo, y entonces vendrá el fin." Ahora, si tú piensas en nosotros, piensa por un momento: ¿qué nación nos queda a nosotros al lado? Si Haití no es alcanzado, la gran comisión queda incompleta. Este bastión de vudú tiene que caer por medio de la predicación del satisfacción. La gran comisión tiene que triunfar en lugares como ese.
Ahora, no sé si van a aplaudir tanto ahora, pero de todos los habitantes de la tierra, ¿quiénes serían los evangelistas más naturales para esa región? No hubo aplausos ahí, un poco menos. Yo te voy a dejar la tarea para que tú lo "googlees", y en el Google del reino de los cielos haz la pregunta a ver qué obtienes.
Ahora escucha lo que comenzó a pasar en Antioquía. Versículo 21: "Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número que creyó se convirtió al Señor." Grandes conversiones. Ahí todavía no ha estado Pablo, ahí no ha estado Pedro, ahí no ha estado Bernabé todavía que nosotros sepamos. Ya esto está ocurriendo. En otras palabras, este gran número de conversiones está ocurriendo no por la predicación profesional técnica de un apóstol, sino por el testimonio de personas alcanzadas que fueron y contaron el mensaje con el cual ellos habían sido alcanzados. De manera que tú y yo también estamos recordando que no necesitas grandes hombres para hacer grandes cosas. Él es el grande que hace las grandes cosas. De manera que ahí está tu confianza, una y otra vez, día tras día.
Y al mismo tiempo, tú y yo necesitamos recordar que Dios nos ha hecho a ti y a mí embajadores de Cristo. "Pastor, pero yo no apliqué para eso." No tenías que aplicar, Él te hizo embajador de Cristo, como si Dios rogara por nosotros: "Reconciliaos con Dios." Ya tú eres un embajador. Si quieres faltar a tus responsabilidades, es otra cosa. De manera que ahora tú tienes idea de cuál es tu propósito en la vida: donde Dios te ponga, donde Dios te lleve, donde tú estés.
Pedro nos recuerda eso de otra manera en su primera carta, en 2:9, y nos recuerda que nosotros somos linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido. ¿Para qué cosa? Para posesión de Dios. ¿Para qué propósitos? A fin de que tú puedas promulgar, proclamar las virtudes de aquel que te llamó de las tinieblas a su luz. Eso es lo que esta gente está haciendo. Esta gente salió de las tinieblas a la luz del reino de los cielos, fueron perseguidos, salieron corriendo. Cuando llegaron allá, ellos pusieron de manifiesto las virtudes de aquel que los había llamado: la virtud de su gracia, su misericordia, su perdón en Cristo Jesús.
Un grupo de cristianos en Antioquía, de creyentes, se tomó esto muy en serio, y el texto dice que la mano de Dios estaba con ellos. La frase "la mano de Dios" no es común en el Nuevo Testamento. Lucas es el único que usa la expresión, creo que dos veces en el libro de los Hechos, una vez en el satisfacción de Lucas. Pero sí es común en el Antiguo Testamento, en diferentes formas aparece: la mano de Dios, la mano de Dios, Dios lo tomó con su mano, y así sucesivamente.
Y Dios plantó entonces una iglesia en medio de esta corrupción. Tú puedes estar en medio de Sodoma y Gomorra, pero si Dios está ahí, si la mano de Dios está ahí, tú puedes garantizar que las cosas van a prosperar, las cosas van a suceder. Porque nosotros tenemos una afirmación, una declaración de parte de Jesús, de que las puertas del Hades no prevalecerán contra su satisfacción. No importa si estás en Antioquía, en Sodoma o en Gomorra. Ahora, no está hablando de la iglesia local, obviamente, está hablando de la iglesia universal, pero representada localmente. Y cuando la mano de Dios está con cada iglesia local, ahí ocurren cosas.
Y dice el texto que ya te leí, que un gran número que creyó se convirtió al Señor. Esa es la gran comisión en ejecución. Tú puedes ver cómo está ocurriendo. A veces predicaron los apóstoles, a veces fue gente común y corriente.
Eso está pasando en Antioquía. Aquí está Jerusalén, 300 kilómetros de distancia. Pero ¿qué tú crees, que la noticia no iba a llegar? Porque los chismes no necesitan internet ni necesitan celulares, ellos se transportan solos. Versículo 22: "La noticia de esto llegó a oídos de la iglesia de Jerusalén," a 300 kilómetros de distancia. ¿Qué hizo la iglesia? Cuando llegó la noticia de que Samaria estaba experimentando un avivamiento, mandó a Pedro y a Juan. Bueno, ahora no es Samaria, ahora es Antioquía. ¿Qué hizo la iglesia cuando escuchó que Antioquía estaba sufriendo tal transformación? Enviaron a alguien, y enviaron a Bernabé. Nosotros conocemos a Bernabé, capítulo 4 del libro de los Hechos, versículos 36 y 37.
Su nombre realmente era José, pero tenía un espíritu tal, un espíritu de consolación, un alentador tal, que los mismos apóstoles lo van a utilizar con el nombre de Bernabé, que significa "hijo de consolación". Era un hombre piadoso, era un hombre generoso. Él tenía un campo y lo vendió y lo puso a los pies de los apóstoles, de manera que Bernabé era un hombre de cierta reputación.
De hecho, más adelante nos encontramos con Bernabé otra vez en Jerusalén, porque Pablo es convertido camino a Damasco. Él llega a Damasco, se pone a predicar, lo persiguen, sale corriendo, sale para Jerusalén, llega a Jerusalén, ahí lo persiguen también. Por ejemplo, en Jerusalén, en la iglesia no lo querían recibir, y Bernabé sale en defensa de Pablo. La iglesia no estaba segura de que Pablo era genuino; podía ser un impostor, un infiltrado, porque la iglesia tenía temor y humanamente tenía razón para tener temor. Pero el temor nos impide ver lo que otros ven, y Bernabé no tenía temor. Era un hombre piadoso y él vio en Pablo algo genuino que otros no vieron, y él es quien introduce a Pablo a la iglesia. Pablo es perseguido y los hermanos entonces en Jerusalén despiden a Pablo y ese Pablo tiene que ir: "Vete a Tarso, porque de ahí es que tú eres y quizás ahí tú estás más protegido". De manera que Pablo se va y Bernabé se quedó en Jerusalén.
Mientras tanto, Dios sigue haciendo su obra y Antioquía comenzó a responder. Y la iglesia dice: "Vamos a enviar a Bernabé". Este levita de Chipre, de acuerdo al capítulo 4, como las cosas han ido pasando en Fenicia, en Chipre, y ahora en Antioquía, vamos a enviar a Bernabé para que él vaya y averigüe qué es lo que está pasando.
Yo quiero leer de lo que Bernabé vio, quiero ver lo que Bernabé hizo, y quiero como hacer una nota de lo que no vio, por así decir. Escucha, que lo que Bernabé va a comprobar es que hay una gran multitud de gente que está siendo convertida. Pero de acuerdo al versículo 23, como que Bernabé ve otra cosa, por así decirlo. Y esto es lo que él ve: dice que él vio la gracia de Dios. Eso es lo que él vio, y al verla, esto es lo que hizo: se regocijó.
Recuerda que siempre hemos dicho, sobre todo últimamente, que cada evento tiene dos lecturas. Terrenalmente, mucha gente está abrazando la fe cristiana, pero desde el punto de vista celestial, esto es la gracia de Dios. De manera que Bernabé ve detrás de la conversión la gracia de Dios, y dice el texto que cuando él vio la gracia, al verla, se regocijó.
La gracia de Dios no es una cosa para tú decir: "Mírala aquí, la gracia, le puse la mano". Pero se puede ver. La gracia de Dios es una realidad percibida. ¿Cómo? Por los ojos del Espíritu. Y en este caso, ¿cómo fue percibida? Bueno, es que gente, y sobre todo corrupta moralmente, pero todo tipo de gente, no responde al satisfechos a menos que la gracia de Dios abra sus ojos, le permita y abra su entendimiento, como pasó con Lidia, y le permita entender el mensaje del satisfechos, sensibilice su conciencia al pecado, le permita experimentar dolor por su pecado, le permita experimentar el arrepentimiento. Y al mismo tiempo, esa misma gracia lo mueve a pedir perdón a Dios, y como ha entendido el satisfechos, lo hace en base a la obra de Cristo, y confía en Cristo como su Señor y su Salvador. Y todo eso es la gracia. De manera que cuando Bernabé vio a toda esta multitud de gente recibiendo al Señor, él dijo: "Lo que yo veo es la gracia de Dios". Y Bernabé se regocijó.
Cuando Bernabé llegó, ya esto había pasado. O sea, ya la gente había entrado al reino de los cielos. Él no tuvo nada que ver con eso, pero no deja de regocijarse, porque como es la gracia de Dios, él está contento acerca de lo que Dios está haciendo, aunque él no haya tenido participación en lo que ocurrió. El corazón humano frecuentemente no es así. El corazón humano, si no es él el productor de lo que está ocurriendo, él no se alegra. Frecuentemente más bien lo condena.
Leía hace poco que alguien decía: "Tú no estás listo para tener un avivamiento en tu iglesia, o quizás en ti mismo, hasta que tú no estés listo para regocijarte y aplaudir un avivamiento que ocurra en otra iglesia o a través de otras personas". En otras palabras, si te cuentan que Dios está produciendo un avivamiento en una iglesia, sobre todo que esté cerca a la tuya, tú debes ser capaz de regocijarte con lo que Dios está haciendo ahí, aunque en la tuya no esté ocurriendo y no tengas nada que ver con eso. Y eso es lo que Bernabé hace: él vio la gracia y se regocijó.
Y no solamente se regocijó. El versículo 23 nos dice algunas cosas más. Dice que él animaba a todos para que con corazón firme permanecieran fieles al Señor. Este es un hombre con espíritu distinto. Él es conocido como hijo de consolación. Dios nos recuerda continuamente algo que yo creo Bernabé tenía presente: que nosotros no somos el centro de la historia redentora. La historia redentora no gira alrededor de nosotros. Dios es el centro; gira alrededor de Él. Que esa historia es más grande que cualquiera de nosotros, que Dios es quien merece el honor y la gloria, porque como cantamos: nadie roba su gloria. Y esa historia se está llevando a cabo por medio de su Palabra y de su gracia, y ha ocurrido en Antioquía a través del testimonio de personas ordinarias, comunes y corrientes. Ningún apóstol, ningún profeta se ha mencionado, hasta que ahora llega Bernabé, pero ya cuando llega esto ha ocurrido.
Ahora, ¿por qué Bernabé? ¿Por qué es que Bernabé era tan generoso, dadivoso, piadoso, alentador, podía ver lo que otros no veían, pudo ver la obra de Dios en Pablo que otros no estaban viendo, pudo ver la gracia de Dios en Antioquía y no simplemente multitudes convertidas? El versículo 24: porque era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe.
Sé que algunos ya hicieron la referencia cruzada a Romanos 3, donde dice que no hay nadie bueno. Sí, si estás pensando en la moralidad del hombre, la moralidad perfecta por la cual tú puedes ser salvo, si es así que estás pensando, no, no hay nadie bueno. Pero la Palabra de Dios testifica en diferentes pasajes acerca de diferentes personas a quienes Dios llama justos: como llamó a Job un hombre justo, a José el de María un hombre justo, como llamó a Moisés el más humilde entre todos los hombres sobre la faz de la tierra, como llamó a Abraham un hombre de fe. En este caso se dice que Bernabé era un hombre bueno y lleno del Espíritu Santo y de fe.
Nosotros debiéramos luchar, déjame usar esa palabra, para que tu testimonio, mi testimonio, sea tal que cuando otros pregunten acerca de ti, antes de decir cualquier cosa, puedan decir: "Él es un hombre bueno". O además: "Ella es una mujer buena, sin malicia". Pero al mismo tiempo, el verso nos dice qué hizo a Bernabé bueno: que estaba lleno del Espíritu Santo y de fe. En otras palabras, cualquier elemento, cualquier grado de bondad, de benevolencia en Bernabé es atribuido a la obra de Dios, cual es la llenura del Espíritu.
Pastor, ¿y por qué es que alguna gente está más llena del Espíritu que otros? Yo creo que tú no piensas que a uno le da un espíritu entero y a otro medio espíritu, ¿verdad? Todo cristiano en quien mora el Espíritu tiene la plenitud del Espíritu morando en él o en ella. Pero no todo cristiano disfruta la llenura del Espíritu, e incluso el mismo cristiano que a veces ha disfrutado la llenura del Espíritu no siempre la ha tenido o no siempre la va a tener. Y no es que el Espíritu se medio sale y se queda la mitad nada más, tampoco.
Entonces, ¿qué es lo que produce la llenura del Espíritu? Si tú tienes la plenitud del Espíritu todo el tiempo, la llenura del Espíritu no es más que una manifestación externa, y a través de ti, del Espíritu que ya mora en ti. Y lo único que impide eso, porque es parte de la soberanía de Dios que así ocurra, es nuestro grado de rendición o de pecaminosidad que impide la manifestación de ese Espíritu. A mayor rendición de tu vida, de tus planes, de tus propósitos, de tus ambiciones, de tus deseos, de tus deleites, a mayor rendición, mayor el señorío de Cristo en tu vida. Y el señorío de Cristo es ejercido precisamente vía la llenura del Espíritu en ti. Y este Bernabé es un hombre rendido a los propósitos de Dios.
Él tenía incluso un campo, dice el capítulo 4 del libro de los Hechos. Cuando vio gente en necesidad, fue, lo vendió, tomó el dinero, lo llevó a los pies de los apóstoles. Y entonces Ananías y Safira, que no eran como él pero querían lucir como él por fuera, vendieron un campo, le dijeron a Pedro que lo habían vendido por un precio y que le estaban entregando todo el dinero, y era mentira, y se cayeron muertos. Bernabé, estado de llenura del Espíritu; Ananías y Safira, llenos de mentira.
Algunos de nosotros tenemos más rebelión que otros, o más resistencia, o menos grado de rendición. Pero Dios, su inclinación natural es hacer fluir la plenitud de su gracia y de su poder a través de sus hijos.
Y ahí nos dice el versículo 24 que una gran multitud fue agregada al Señor. Es una frase interesante porque no dice que fue agregada a la iglesia, aunque fue agregada a la iglesia. Pero de nuevo, hay una forma de describir las cosas desde aquí abajo y una forma de describir las cosas desde arriba. Desde abajo son agregadas a la iglesia local, que pudiera ser la IBI, pero desde arriba realmente son agregadas al Señor, porque cuando tú crees, tú pasas a estar en Cristo. Entonces, esta gente es vista ahora desde arriba como que fueron agregadas al Señor allí en aquella ciudad.
Bernabé ahora se percata de que, wow, esta iglesia ha crecido. Esta no es la misma iglesia de hace un tiempo atrás. Aquí hay nuevas necesidades. Quizás Bernabé entendió: aquí hay necesidades que yo no puedo llenar. Y ahora te explico por qué estamos diciendo esto.
Quizás Bernabé entendió: "Aquí hay dones que yo no tengo, aquí hay conocimiento que a mí me falta." Y una de las cosas que el cristiano necesita entender, no importa si es pastor, predicador o no, misionero, lo que tú seas, tú tienes que entender, conocer, aceptar y estar en paz con lo que eres y lo que no eres. Yo le he pedido a Dios en ocasión: "Ayúdame a ver y aceptar y estar en paz con lo que soy, ayúdame a ver lo que no soy, porque no quiero tratar de hacer algo que yo no soy, debo hacer todo lo que se supone que yo soy."
Y Bernabé, el texto no nos da detalles, pero quizás Bernabé se vea más como un alentador, como un consolador, como alguien con espíritu de consuelo. Y cuando ve esta multitud, Bernabé dice: "Aquí hace falta alguien, déjame ir a buscar a alguien." Y él lo dice el texto en el versículo 26, que Bernabé, el 25 nos dice que Bernabé salió a buscar a Pablo en Tarso.
Entonces, ¿cuándo fue la última vez que Bernabé se vio con Pablo? En Jerusalén, antes que lo enviaran a Tarso, hacía ocho a diez años antes. Esto no se sabe, pero lo que le pasó a Pablo en el ínterin, lo que él estaba haciendo, se especula que probablemente alguna de las cosas como los tres años en Arabia pasaron ese tiempo donde él estuvo siendo discipulado con el Señor. Que probablemente las cinco veces que él fue latigado treinta y nueve veces por los judíos, pasó durante ese tiempo. Que su experiencia cuando él fue al tercer cielo probablemente ocurrió durante ese tiempo.
De manera que cuando Bernabé va a buscar a Pablo y Pablo viene a Antioquía, el versículo 26 dice que él tan pronto lo encontró, parece que hubo un poco de trabajo en encontrar a Pablo, tan pronto lo encontró lo trajo. Y Tarso estaba a ciento cincuenta kilómetros de distancia, pero eso no fue obstáculo. Y entonces el texto nos dice que ellos enseñaban a una gran multitud durante un año.
Noten que las conversiones eran tan numerosas que no está hablando de discipulado uno a uno. Eso tiene su lugar y eso es bueno, pero sabes que aquí el discipulado es como uno a multitudes, es decir que ellos enseñaron a multitudes por un año. Ya no dice que ellos convirtieron a multitudes, sino que enseñaron a los convertidos por todo un año.
Y finalmente el texto nos dice que aquí en Antioquía se les llamó cristianos por primera vez a los creyentes. Anterior a eso, ¿cómo se conocían? El Camino, era como una secta, los discípulos, los creyentes, los santos. Cristianos, de una forma que esta persona ahora está siendo identificada con Cristo, por primera vez se le llamó así, se le llamó así en Antioquía, justamente en la cuna del proyecto misionero.
Y un cristiano en esa época realmente tenía como ciertas características que eran más o menos claras. Hoy no, hoy gente que no es creyente es llamada cristiano. Pero en esa época un cristiano se entendía que era una persona que se había identificado en privado y en público con la persona de Cristo, lo cual ya representaba un peligro. Era alguien que había abrazado la causa de Cristo, era alguien que había sido cambiado por el mensaje de Cristo, alguien que proclamaba el mensaje de Cristo.
Por esto es que ellos salen corriendo y al llegar a Chipre, Fenicia, Antioquía, a Judea, Samaria anteriormente, van compartiendo su experiencia y la gente se iba convirtiendo. Porque ellos entendieron que a un cristiano le toca hacer eso, porque es un embajador, como si Dios proclamara por medio de los reconciliados con Dios.
Un cristiano es alguien que ha rendido su mente, su corazón, su vida a Cristo. ¿Y cómo nosotros sabemos que esta gente pensó así? Porque esta gente murió por ser llamados cristianos. Esta gente murió por no llamar al César Señor. Esta gente hubiese escapado de la muerte del martirio con simplemente decir "César es Kurios, César es Señor", y dijeron: "No, Cristo es Señor."
De manera que aquí en Antioquía es donde por primera vez se usa el término cristianos. Y si tú eres uno de los suyos, tú tienes la clara misión, ¿y cuál es? Tú eres parte de un linaje escogido, de un sacerdocio real, tú eres parte de una nación santa, de un pueblo adquirido para posesión de Dios, con una sola función: para que vayas y proclames las virtudes de aquel que te sacó de la oscuridad y te trajo a su luz. ¿Es tu propósito? Lo demás es como dónde estás, lo que hago. Pero ese es mi propósito: ser uno de sus embajadores, y que verdaderamente entonces el nombre cristiano te quede bien, como que sea un sombrero a tu medida, y que puedas entonces honrar el nombre que tú llevas. Cristo y ano, cristiano, cristiano, cristiano.
Recuerdo la historia, y cierro, de Alejandro Magno que tenía un soldado que era un poco vago, no tenía buen carácter, no era un hombre de valor. Y le dijeron que se llamaba Alejandro, y lo mandó a llamar: "Oye joven, ¿cuál es tu nombre?" "Alejandro." "Pues o cambias de actitud y de conducta, o te cambias de nombre." Cristiano, o cambiamos de conducta y de actitud, o nos quitamos el nombre. Pero yo quiero creer que tú perteneces a la comunidad de los que no se avergüenzan, y que por tanto tú quieres llevar bien en alto tu nombre: cristiano, cristiano. Le pertenezco a Cristo, Él es mi bandera, Él es mi estandarte, Él es mi baluarte, Él es mi refugio, Él es mi Señor, Él es mi amo, Él es mi Dios, Él es en quien yo estoy.