La gratitud no es un evento ni una oración antes de comer; es una actitud frente a la vida, una forma de ser que produce gozo. Pablo escribe a los filipenses desde una cárcel, con escasez, sin compañía excepto Timoteo, y sin embargo les dice que da gracias a Dios siempre que se acuerda de ellos, orando con gozo en cada una de sus oraciones. Lo absoluto de esta experiencia resulta llamativo: siempre, con gozo, en cada oración. ¿Cómo puede alguien detrás de los barrotes escribir animando a otros a experimentar el gozo que él mismo tiene en prisión?
El secreto está en que Pablo se presenta como esclavo de Cristo, no como siervo asalariado. El esclavo no tiene derechos que reclamar ni voluntad propia; pertenece a su amo. Y sin embargo, no hay ejecutivo ni dueño de compañía en el mundo que tenga los beneficios de los esclavos de Jesucristo: nunca les falta nada, están protegidos, sentados a la diestra del Padre. Cuando no aceptamos esta condición, vivimos desfasados: habiendo recibido la aprobación de Dios, todavía buscamos la aprobación del mundo.
Pablo incluso da gracias por los corintios, una iglesia con desorden de dones e inmoralidad, porque reconoce la gracia de Dios dada en Cristo Jesús. Cuando otros predican el evangelio por ambición personal, queriendo causarle daño, él responde: Cristo es proclamado, y en esto me regocijo. Para quien entiende que todas las circunstancias cooperan para formar la imagen de Cristo, hasta las dificultades se convierten en motivo de gratitud. No hay gratitud sin gozo, ni gozo sin gratitud.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Vamos a orar antes de iniciar. Nos vamos al libro de Filipenses una vez más para continuar nuestra serie que iniciamos la semana anterior. Nos vamos a ir al capítulo uno, obviamente, porque simplemente introducimos la carta e hicimos esa introducción la semana anterior, y hoy vamos a comenzar a exponerla.
Aunque hay algunas cosas que quiero decir antes de leer el texto correspondiente, algunas que tienen que ver con parte de la introducción que no terminamos y otras que tienen que ver con ayudar a aquellos que no estuvieron aquí a conectarse con el texto de la carta. De manera que yo voy a hacer eso primero y un poco más adelante entonces pausar para orar.
Lo que hicimos la semana anterior fue ayudar a conocer el trasfondo de esta carta. Vimos cómo Pablo era o fue su autor, vimos que la escribió desde una cárcel en condiciones de estrechez, de carencia, en un momento dado donde él no tenía mucha compañía, porque dice el mismo Pablo que solamente contaba con Timoteo, quien era del mismo sentir que él. La escribió en momentos en que la misma iglesia de Filipos estaba confrontando ciertas dificultades. Y dijimos que esta era una carta especial por la manera en que se celebra el gozo, la manera como exalta el gozo en la persona de Jesús. Y hacer eso en una carta que se escribe en esta condición no estaría fácil, pero tanto así lo que Pablo hace en esta carta, no menos de unas dieciséis veces, que ha sido llamada la carta del gozo, el himno del gozo.
Timoteo está ahí con él, prácticamente es su única compañía en este momento según él mismo nos revela. Había condiciones que estaban amenazando la iglesia de Filipos, condiciones que la amenazaban desde afuera, condiciones que la pudieran amenazar desde adentro. Y desde afuera había cierta persecución y cierto acoso, si pudiéramos decir, porque Pablo llama incluso a algunos de lo que están en la iglesia o alrededor de la iglesia de Filipos enemigos de la cruz, y a otros les llama todavía más severamente, y en 3:2 les llama perros. De manera que Pablo, conociendo eso, estimula, anima, exhorta a la iglesia a sufrir por la causa de Cristo. Y esa es la razón por la que él le dice un poco más adelante que a nosotros se nos ha concedido el privilegio no solamente de creer en Cristo, sino también de sufrir por Él. Y todo esto Pablo está haciendo desde una cárcel donde él mismo está sufriendo precisamente a causa de la cruz, la causa de la cruz que él ha abrazado.
Hay indicios, hay señales de que quizás está surgiendo cierta desunión en la iglesia, había desavenencias, y Pablo los llama una y otra vez a que sean de un mismo espíritu: en 1:27, en 2:2, en 2:14, en 4:2. Y para la iglesia primitiva era y fue siempre más importante mantener lo que era la unidad del cuerpo por la causa de Cristo que la independencia de criterio o el ganar un argumento. Algo que no ocurre así en la iglesia de Occidente, pero Pablo sí estaba consciente de esa necesidad. Occidente prefiere, la iglesia evangélica de Occidente prefiere mantenerse desunida siempre y cuando pueda hacer prevalecer su opinión, su posición.
Pablo está diciendo en esta carta: no, hermanos, no, por favor, sean de un solo corazón, de un mismo sentido, vivan en completa armonía. Evodia y Síntique, pónganse de acuerdo y vivan en completa armonía a causa de la causa de Cristo, valga la redundancia. Promover la unidad era una de las motivaciones de esta carta. La unidad, hermanos, como motivo de gozo. Pablo habla de eso una y otra vez.
Y escucha de qué manera lo hace en este texto muy temprano en la carta, en el capítulo dos, versículos tres y cuatro: "Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás."
Occidente necesita aprender esa lección, porque nosotros preferimos, como yo decía, y sobre todo en nuestro tiempo, preferimos el derecho de mantener nuestra individualidad que el disfrute del gozo de la unidad. Preferimos mantener en la iglesia incluso nuestra individualidad versus lo que es el disfrute del gozo de la unidad. Pablo nos da la fórmula en esta carta de cómo ser de un mismo corazón, de un mismo sentir.
Pero en el ínterin, a pesar de estas cosas, él no permite que nada ni nadie le robe su gozo. Ni las desavenencias en la iglesia, ni los ataques de allá afuera, ni el hecho de que estaba en la cárcel, ni el hecho de que solamente Timoteo estaba con él. Nada de eso fue motivo para Pablo perder el gozo que la cruz había traído a su vida.
Y con eso como introducción, entonces yo quiero leer los primeros cinco versículos de esta carta, comenzando en el versículo uno del capítulo uno: "Pablo y Timoteo, siervos de Cristo Jesús, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, incluyendo a los obispos y diáconos: Gracia a vosotros y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, orando siempre con gozo en cada una de mis oraciones por todos vosotros, por vuestra participación en el satisfacer desde el primer día hasta ahora."
Padre, gracias por una carta como esta. Gracias por este autor humano que supo encontrar, descubrir el gozo, el secreto de vivir con gozo independientemente de las circunstancias. Quizá muchos de nosotros no estamos ahí, Dios, pero yo quiero pedirte que hoy, a todo lo largo de esta carta, Tú puedas ayudarnos a acercarnos a ese lugar, a esa posición donde Tú nos quieres, donde es posible experimentar el gozo que la cruz trajo a nosotros, y donde no permitamos que nada ni nadie nos robe la obra, o el gozo de la obra que ya Tú has hecho en cada uno de Tus hijos. Te lo pedimos en Cristo Jesús, amén.
Pablo comienza esta carta siguiendo un patrón de cómo las cartas en aquel tiempo se escribían. Primero tú identificabas al autor, e inmediatamente después tú identificabas a los recipientes, y luego tú les saludabas. Y eso es exactamente lo que Pablo hace: Pablo y Timoteo, a los santos que están en Filipos. De ahí en adelante Pablo se dirige a lo largo de toda la carta en primera persona, de manera que no cabe duda que Pablo es el autor.
Timoteo está siendo incluido quizás porque le haya servido de secretario al Pablo dictar, como Silvano le sirvió en otra ocasión. O quizás porque Timoteo fue parte de ese equipo que mencionamos la semana pasada que plantó la iglesia de Filipos, donde estuvo Silas con Pablo: Pablo, Silas, Lucas y Timoteo. Quizás es la razón, y quizás esta iglesia mantiene también una estrecha relación y vinculación con Timoteo. O quizás porque Timoteo, siendo del mismo sentir que Pablo, pudo haber dicho: "Pablo, yo puedo firmar esa carta junto contigo aunque sea tú quien la haya escrito." Pero independientemente de eso, la carta es enviada de parte de ambos y es enviada a todos los santos que están en la iglesia de Filipos.
A diferencia de otras cartas, de muchas otras cartas donde Pablo se identifica como apóstol, en esta carta él no hace eso. Tampoco lo hace en la primera de Tesalonicenses ni en la segunda de Tesalonicenses. Esas dos iglesias de Salónica y Filipos constituían las dos iglesias de Macedonia. Cuando él escribe a ellas no se identifica como apóstol, lo cual él sí hace con otras iglesias debido a que en otros lugares sí se estaba cuestionando su apostolado. Con estas iglesias él mantiene una relación muy estrecha, hasta el punto que cuando él escribe a los filipenses él dice que vosotros sois mi gozo y corona mía, les llama añorados, amados, de tal forma que posiblemente Pablo no se vio en la necesidad de defender su apostolado, pero sí tuvo que hacerlo en más de una ocasión frente a otras iglesias.
Pablo aquí prefiere el título de doulos, que es traducido al español y es traducido al inglés la mayoría de las veces (creo que hay solamente dos traducciones que no lo hacen) como siervo, lo cual no transmite el sentido de la palabra doulos. De acuerdo a la mejor fuente del significado de las palabras en griego, el diccionario de Kittel, la palabra doulos describe solamente el estatus de un esclavo o la actitud propia de un esclavo. De hecho, John MacArthur en su último libro, llamado así mismo "Esclavo", desarrolla bastante esta idea de por qué este término no debió haberse traducido como siervo sino simplemente como esclavo.
Y cuando tú piensas un poco en la diferencia entre un esclavo y un siervo, hay enormes diferencias. Un siervo es un asalariado, él es contratado. Un esclavo no es asalariado, no es contratado, es propiedad de alguien. El asalariado puede terminar su trabajo y no volver, él puede decidir si acepta el trabajo o no lo acepta. El esclavo no tiene ese derecho, no tiene voluntad propia, él le pertenece a alguien, él tiene un amo, él vive para su amo, su único motivo de existencia es su amo.
Y Pablo nos recuerda en Romanos que hubo un momento cuando era esclavo del pecado: él vivía para el pecado, el pecado lo dominaba, el pecado era su amo y él solamente complacía al pecado. Pero ahora él es esclavo de Cristo, de tal manera que él vive para Cristo y puede decir: "Para mí el vivir es Cristo, mi única motivación es Cristo, y mi voluntad es la voluntad de Cristo." Es un esclavo.
Y yo creo que muchas veces nosotros, por no haber comprendido, no haber aceptado, no haber abrazado nuestra condición de esclavo de Cristo, vivimos en las condiciones en que vivimos. El esclavo no tiene derechos que reclamar, pero nosotros vivimos reclamando nuestros derechos. Él no tiene reclamaciones, en otras palabras, que hacer. Pero escúchame, siendo esclavo te puedo decir que no hay empleado, ejecutivo o dueño de compañía en todo el mundo que tenga los beneficios y las garantías de cualquiera de los esclavos de Jesucristo.
De manera que esto es una posición privilegiada: el ser esclavo del Señor. De hecho, Pedro nos recuerda en su primera carta, en 2:9, que somos posesión de Dios, adquiridos, nación santa, adquirida como posesión de Dios, y eso refuerza entonces la idea de que ciertamente somos esclavos. Como esclavos nunca nos falta nada, como esclavos nosotros siempre estaremos protegidos por Dios, como esclavos somos los únicos esclavos que en condición de esclavo se sientan a la diestra del Padre en los lugares celestiales junto con Cristo, porque en Él estamos. No hay VIP que se haya sentado en lugar más alto que los esclavos del Señor.
Pero cuando yo no tengo esa idea clara, yo no la he aceptado, lamentablemente yo vivo con un desfase en mi vida. Porque habiendo recibido la aprobación de Dios, estando sentados a su diestra, queremos todavía la aprobación del mundo. Teniendo las garantías de Dios, queremos las garantías de nuestro propio trabajo y nuestro propio esfuerzo. Teniendo riquezas eternas, preferimos las riquezas terrenales. Estando sentados a la diestra del Padre, todavía queremos ser sentados en los lugares más altos del mundo. Y de esa manera nosotros no podemos disfrutar de lo que son las bendiciones de nuestro Dios, productoras del gozo del que Pablo nos está hablando en esta carta. ¿Te das cuenta dónde comienza nuestro desfase? Es en no entender nuestra posición en Cristo. Estamos desfasados. Pablo comienza: "Pablo y Timoteo, esclavos de Cristo", pero en mejores condiciones que cualquier VIP del mundo.
Y luego él pasa a identificar los recipientes de la carta y les llama "a todos los santos en Filipos". La palabra es hagios, es la palabra preferida por el apóstol Pablo para referirse a los cristianos. Rara vez Pablo, si es que alguna vez, le llama a los creyentes "cristianos". Su palabra preferida es "santos". Él entiende algo que él quiere que nosotros acabemos de entender. Escúchame: Dios nos da el mismo nombre que Él le da a su altar; su altar es santo. Dios nos da el mismo nombre que Él le da a su nombre; mi nombre es santo. Y cuando Él nos va a llamar, resulta que Él toma esa misma palabra y nos llama hagios a nosotros, al igual que Él llama a su Espíritu, a su nombre, a su presencia, a su altar. Algo está Dios tratando de comunicarnos.
La palabra "santo" significa separados. Dios está tratando de decirme: "Recuerda una cosa, mi nombre está separado del resto de la creación, es único en su plenitud, es único. Cuando yo te separo y te traigo a mi reino, yo quiero que entiendas: tú has sido separado y tú eres único en tu plenitud, y tú eres único, no por lo que tú eres en sí, sino por la persona a quien tú le perteneces". Dios nos separa del mundo, de lo terrenal, de lo cotidiano, de lo banal, de lo frívolo, de lo superficial, de lo carnal, de lo del día a día, para que nosotros comencemos a relacionarnos con aquello que es eterno, que es celestial, que es especial, que es extraordinario, que es santo, porque Él es santo.
Y es la razón entonces que, una vez yo nazco de nuevo, Dios nos dice en su Palabra: "Vosotros sois linaje escogido, nación santa, real sacerdocio, pueblo adquirido para posesión de Dios". Al segundo de yo haber nacido de nuevo, yo soy cada una de esas cosas. Esa designación debe comunicarnos algo a nosotros: vosotros sois linaje escogido, nación separada, santa, real sacerdocio. En el Antiguo Testamento había un sacerdote y un rey; en Cristo ahora, Cristo es nuestro Rey y nuestro Sacerdote, y como estamos en Él, nosotros somos en Él real sacerdocio, pueblo adquirido para posesión de Dios. ¿Qué está Dios tratando de comunicarme?
Dios quiere que yo recuerde que cuando Él me separó del pecado, cuando me separó del mundo, cuando me separó de lo ordinario, no solamente me separó, me alejó de ese mundo, sino que me consagró. La palabra "santo" tiene ambas connotaciones: tú eres separado para un propósito, de tal forma que te separamos para consagrarte. Y la palabra "consagración" tiene implícito el significado de uso exclusivo. De aquí en adelante tú debieras ser usado de forma exclusiva por Dios para sus propósitos, y tú debes vivir conforme a ese propósito único. De manera que abraza mi causa si tú quieres experimentar el gozo del que Pablo está hablando en la carta a los filipenses.
¿Te das cuenta de cómo Pablo pudo encontrar lo que muchas veces nosotros no hemos podido encontrar? Si nosotros no nos vemos, primero en Cristo, segundo separados, y tercero consagrados, y tratamos entonces, habiendo experimentado todo eso, tratamos de continuar viviendo en el lugar donde habíamos estado viviendo anteriormente, entonces no podemos experimentar todo lo que Pablo nos quiere comunicar en esta carta.
Pablo se dirige a todos los santos, a todos los creyentes en Filipos, no a los más santificados. No, no, si tú eres muy santificado, muy santificado, poco santificado, perteneces al mismo pueblo de hagios, de santos. Y luego nos dice que él se está dirigiendo a todos los santos en Filipos junto con los pastores u obispos, es la palabra que usa, y diáconos. En otras palabras, esto que les estoy comunicando, esto que les estoy enviando, yo quiero que toda la comunidad de creyentes, desde los líderes hasta las ovejas, lo puedan entender. Pablo y Timoteo, a todos los santos en Filipos, junto con los obispos y los diáconos.
"Gracia a vosotros y paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo". Él usa una forma muy familiar de escribir las cartas en aquel entonces. "Gracia" es una forma abreviada del saludo griego en ese momento, y "shalom" es la forma hebrea, "paz", para saludar. De manera que él combina el saludo en las cartas tanto de una cultura, la griega, como de otra cultura, la hebrea. Los saluda, los saluda a los dos: para los judíos y para los gentiles. Y luego entonces les dice que esa paz y esa gracia son de parte de nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Tres veces Pablo menciona en dos versículos el nombre Jesucristo. Él dice que es siervo, doulos, de Cristo Jesús, número uno; a todos los santos que están en Cristo Jesús, número dos; y número tres, la paz y la gracia de que les estoy hablando es de parte de nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Eso nos da una idea de cuán cristocéntrico este hombre vivía, este hombre pensaba, de tal forma que aun su salutación en las cartas giraba en torno al Señor Jesucristo. Para mí el vivir es Cristo, y lo voy a demostrar y lo voy a mostrar en mis cartas, en mis saludos, en mis conversaciones, en mis relaciones, en mi predicación. Cristo es el centro de mi conversación, de mis cartas, de todo lo que yo tengo que decir.
"Doy gracias", versículo tres, "doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, orando siempre con gozo en cada una de mis oraciones por todos vosotros, por vuestra participación en el evangelio desde el primer día hasta ahora". Pablo, con frecuencia, cuando escribe a las iglesias que él había fundado o por donde él había pasado, en sus inicios, como parte de la salutación o inmediatamente después, Pablo daba gracias a Dios por ellos. Escucha cómo lo hace aquí: "Doy gracias siempre que me acuerdo de vosotros, orando siempre con gozo en cada una de mis oraciones". Daba gracias siempre, con gozo siempre, y en cada una de sus oraciones.
¿Tú entiendes lo absoluto de esta experiencia que él está teniendo? Doy gracias siempre, con gozo siempre, y en cada una de mis oraciones, en cada una de mis oraciones, por todos vosotros. Con esto Pablo nos comienza a dar a entender que la gratitud no es un evento, no es una oración, no es algo que yo hago antes de comer. La gratitud es un estilo de vida, es una actitud frente a la vida, es una forma de ser, es una forma de relacionarme, es una forma de vivir la vida. Nosotros tenemos que aprender a vivir vidas agradecidas.
Pablo tenía una maestría, un desprendimiento extraordinario para encontrar motivos para dar gracias en sus relaciones, y esa razón, esa gratitud que él podía expresar y experimentar, era productora de gozo en él. No hay mucha gente que desde una cárcel pueda escribirle a individuos que están libres afuera, animándoles a experimentar el gozo que él está teniendo detrás de los barrotes. No hay mucha gente que pueda tener esa capacidad.
Más aún, esta gente a quien él está escribiendo y a quien él recuerda siempre vive a cientos de kilómetros de donde él está. Más todavía, esta gente está a diez años de distancia de la última vez que él estuvo por esta región, por un poco tiempo. Diez años después, cientos de kilómetros de distancia, Pablo está dando gracias a Dios por los hermanos en esa iglesia, en todas sus oraciones, con gozo, siempre, en cada una de esas oraciones.
Ahora, hermano, si Pablo puede dar gracias continuamente por hermanos que están tan lejos en tiempo y en distancia, ¿tú no crees que tú y yo debiéramos dar mucho más gracias, más frecuentemente, por el hermano que está a tu alrededor aquí en tu propia iglesia, por el hermano que está a tu alrededor en iglesias aledañas, hermanas que están haciendo un trabajo similar? ¿No crees que tú y yo debiéramos ir aprendiendo esas cosas?
La gratitud es cierto que se aprende, pero no solamente se aprende; la gratitud es un fruto de la madurez espiritual del creyente. En la medida en que él crece en Cristo, crece también su sentido de gratitud en medio de las circunstancias adversas, como Pablo supo expresar. Nosotros tenemos dificultad en encontrar motivos de gratitud a menos que esa cosa, esa circunstancia o esa persona tenga todas las cosas alineadas correctamente. Pablo es todo lo contrario: cuando las cosas no están alineadas correctamente, de alguna forma él encuentra motivo bíblico para dar gracias a Dios por esas circunstancias, o por esa persona, o por esa iglesia, y eso es productor en él de gozo. Podemos usar múltiples ejemplos, pero déjame darte uno solo.
Pablo le escribe a la iglesia de Corinto, y como usted conoce, es una iglesia que abusó de los dones, es una iglesia que tenía un gran desorden en cuanto al uso de los dones. Algunos venían a la mesa del Señor y terminaban emborrachándose, otros venían y comían demasiado, había una persona que estaba viviendo con la esposa de su padrastro, de manera que esta iglesia, desde mi punto de vista, no había nada por la cual dar gracias.
Yo te voy a leer cómo Pablo saluda y les habla a los corintios en la carta donde él corrige su mal uso de los dones y corrige la inmoralidad en la que ellos están participando y corrige el divisionismo que ellos están causando, porque uno quiere seguir a Apolos, otro a Pablo, etcétera, etcétera. Escucha a Pablo, Primera de Corintios 1:4: "Siempre doy gracias a mi Dios por vosotros." En inglés tenía un "whoa", un segundo, para, ¿por los corintios tú estás dando gracias? Y peor todavía, siempre dice, tú siempre doy gracias a mi Dios por vosotros. Pero escucha qué es lo que él está agradeciendo: "Por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús."
Pablo está consciente del desorden de los dones, pero él sabe que ahí dentro hay creyentes verdaderos. Él está consciente de esta inmoralidad, pero él sabe que ahí dentro hay hermanos verdaderos. Por tanto, hay una iglesia que necesita corrección, sí hay una iglesia que necesita corrección, y él está incluso corrigiendo, y es una iglesia inmadura. Él mismo le llama hermanos, yo solamente me puedo dirigir a ustedes como carnales, dice Pablo. Sin embargo, sí es una iglesia, sí hay personas nacidas de nuevo, son personas que han sido compradas a precio de sangre, y por tanto Pablo dice: "Yo doy gracias a Dios siempre por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús." ¡Wow!
En otras palabras, si tú eres hijo de Dios, tú eres esclavo conmigo de Dios ahora. Pertenecemos al mismo amo, lo creas tú o no, tenemos la misma meta, la estés persiguiendo tú o no. Dios tiene un mismo propósito para contigo que para conmigo, por tanto yo voy a dar gracias a Dios por la gracia que él te ha dado en Cristo Jesús.
La gratitud que Pablo expresaba mucho tenía que ver con el conocimiento de la bondad de Dios una vez tú has venido a su conocimiento, y en segundo lugar tenía que ver por aquella cosa que Dios estaba haciendo, no siempre por nosotros como nosotros la entendemos, pero sí siempre en nosotros. De manera que en los tiempos buenos tú puedes dar gracias a Dios por lo que él está haciendo por nosotros, y en los tiempos malos, si tú no encuentras nada por lo cual dar gracias, entonces tú puedes dar gracias a Dios por lo que él está haciendo en nosotros. Nos percatemos o no, Dios está formando la imagen de Cristo en nosotros. Esa perspectiva de vida mantiene mi tanque de gratitud siempre lleno.
El problema está en que nosotros solamente sabemos dar gracias a Dios por lo que él hace por nosotros cuando nos da y vuelve y nos da y vuelve y nos da. Nosotros no tenemos en sentido general la actitud de Job cuando dice: "Jehová dio y Jehová quitó, bendito sea el nombre del Señor," de entender que cuando Jehová quita, eso es parte de su bendición también. Sabiendo que lo que me quita, lo que carezco, es parte de lo que él está usando en mi vida, ¿cómo yo puedo en medio del dolor de la pérdida, del sufrimiento, cómo yo puedo experimentar gozo? Recordando en primer lugar que los sufrimientos y malos tiempos han sido ordenados por Dios. En segundo lugar, que ellos son un instrumento de gracia en las manos de mi Dios. Y número tres, que como instrumento, esas circunstancias están produciendo en nosotros la imagen de Cristo. Y por eso yo puedo dar gracias a Dios en todo momento y en todo lugar.
Los corintios eran inmaduros, tenían que madurar. Sin embargo, cuando Pablo les escribe, da gracias a Dios por ellos, por la gracia que os fue dada en Cristo Jesús. Pablo siempre daba gracias y lo hacía con un gozo. Catorce veces en una carta de cuatro capítulos, Pablo habla de ese gozo o de ese regocijo.
Kent Hughes, en su comentario acerca de esta carta, dice que el gozo bíblicamente hablando no es una emoción. Tú no puedes ordenar tener una emoción, tú no puedes decirle a otro con relación a una emoción: "Ten tu gozo." Yo no puedo hacer eso, yo no manufacturo emociones. Pero bíblicamente hablando, el gozo más que una emoción es una actitud frente a la vida, y una actitud sí puede ser mandada, sí puede ser ordenada. Y por eso Pablo en esta carta en varias ocasiones habla de tener gozo bíblico: "Gozosamente regocijaos," de forma imperativa. La actitud sí puede ser ordenada de esta manera.
Y Pablo continuamente nos está recordando en esta carta que tú puedes tener gozo, pero siempre es en Cristo y nunca divorciado de Cristo. Él menciona esto en 2:29, en 3:1, en 4:4, en 4:10, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez: en Cristo, nunca divorciado de Cristo. Cristo nos recordó la misma cosa y vamos a ver un poquito de eso más adelante.
Obviamente Pablo está tratando de unir la experiencia de gratitud con la experiencia de gozo, y eso es parte de la problemática. Tú y yo no podemos tener gozo si no estamos agradecidos, es imposible. De la misma manera, yo no puedo estar agradecido si no tengo gozo. ¿Te das cuenta cómo estas dos virtudes van entrelazadas?
Yo quise definir esa actitud de gratitud horizontalmente y verticalmente. Entonces, horizontalmente, en lo que son las relaciones con nosotros, yo la definí como un sentido de gozo experimentado por los beneficios traídos a tu vida por otras personas, bendiciones que son beneficios también. Pero verticalmente, hacia Dios, yo definí la gratitud como un sentido de plenitud experimentado después de haber conocido la bondad de Dios para con nosotros, y que se experimenta independientemente de las circunstancias. Es un sentido de plenitud, ya no una emoción, es un sentido de plenitud que se experimenta luego de haber conocido la bondad de Dios para con nosotros y que no es afectado por las circunstancias en las que yo me encuentro.
Por tanto, la cárcel de Pablo no fue capaz de robarle su gozo. La inmadurez de los corintios no fue capaz de robarle su gozo. La desavenencia de Evodia y Síntique no fueron capaces de robarle su gozo, porque Pablo tenía una actitud de gratitud continua hacia Dios por lo que Dios estaba haciendo continuamente en la vida de la iglesia y de las personas. Nosotros no tenemos esa capacidad lamentablemente, porque a nosotros nos falta gratitud.
Somos más o menos de esta manera: tenemos diez días, nueve son soleados, uno está nublado, pero recordamos el nublado y se nos olvidan los nueve soleados. Nos quejamos del día nublado, pero se nos olvida dar nueve veces más gracias por los soleados que por el día nublado. Y cuando hablo de día soleado, ni siquiera me estoy refiriendo literalmente al día de sol y al día sin sol, sino a las circunstancias buenas y a las circunstancias no tan buenas de la vida. Nosotros continuamente fijamos nuestra atención en lo que no tenemos y se nos olvida todo lo que tenemos, y eso hace que nuestra gratitud se vaya. Y por una puerta sale la gratitud y por la próxima puerta sale el gozo.
Hay una íntima relación entre uno y otro, pero hay algo más. La gratitud y el gozo son marcas de la madurez espiritual de un cristiano. No son las obras que hacemos, es el parecido con Cristo. Y la madurez, o mejor dicho, la gratitud es una de esas marcas. "Doy gracias a mi Dios siempre," por los filipenses, claro, pero por los corintios también. Y está haciendo algo en ellos. "Pablo, pero se están siendo causa de dolor de cabeza." Yo sé, los dolores de cabeza que ellos me están causando también producen la imagen de Cristo en mí. Yo doy gracias a Dios en todo y por todo.
Otra de las marcas de la madurez cristiana es el orar continuamente, orando siempre, en cada una de mis oraciones, orar sin cesar, día y noche, continuamente. Eso es una marca de la madurez espiritual. Orar con gozo es otra marca. Yo pudiera orar con cierta frecuencia y no necesariamente implicar madurez espiritual, porque los fariseos lo hicieron. Pero cuando tú eres capaz de orar siempre con gozo, como Pablo dice a los filipenses, la oración acompañada continuamente del gozo en Cristo es una marca de madurez espiritual.
"Yo oro por vosotros filipenses en cada una de mis oraciones." El recordar a los hermanos con frecuencia es una marca de madurez espiritual, porque nos muestra que nos estamos saliendo de nuestro mundo egocéntrico, se nos están olvidando ahora algunas de las necesidades personales porque nos estamos enfocando en los demás, y estamos haciendo exactamente lo que Pablo nos dice en Filipenses capítulo 2 que debemos hacer: considerar al otro como superior o mejor a nosotros mismos, y no considerar nuestros propios intereses. Eso es una marca de la madurez espiritual, poder orar con gozo en medio de las peores circunstancias.
Una vez más, hermanos, si Pablo es capaz de orar por hermanos de esa manera, de una forma tan intensa, tan emocional, por hermanos que están a diez años de distancia y cientos de kilómetros también de distancia, ¿tú no crees que tú y yo debiéramos orar más frecuentemente por esos hermanos que están a tu alrededor? Eso es algo que tenemos que aprender. En la medida en que nosotros salimos de nuestra vista personalizada y enfocamos los ojos hacia afuera, vamos a comenzar a ver a los hermanos y sus necesidades más frecuentemente.
¿Qué es lo opuesto de gratitud? Ingratitud. ¿Tú crees que es posible con ingratitud tener gozo? No. ¿Tú crees que es posible con gozo tener ingratitud? No. El gozo es un fruto de la gratitud. De hecho, el apóstol Pablo dice a los filipenses más adelante en el capítulo 4 que debían presentar todas nuestras oraciones y súplicas con acciones de gracias, y la paz que trasciende el entendimiento, ese sentido de plenitud que yo hablaba en su momento para definir el gozo vertical, la paz que trasciende el entendimiento nos acompañará una vez nosotros hayamos presentado nuestras peticiones a Dios con acciones de gracias.
Pablo ahora ora por los corintios, por su desorden de dones que tienen, por su inmadurez —aquí él los llama carnales—. Espera, él lo hace acompañado de acciones de gracias: "Cada vez que me acuerdo de vosotros, siempre oro y doy gracias a Dios por vosotros, por la gracia conferida en Cristo Jesús." Entonces, esa acción de gracias ahora es acompañada por las peticiones de sus necesidades, y Pablo está en paz. Nosotros no hacemos eso. Yo tengo que aprender eso de Pablo. Yo no creo que al día de ayer, si yo hubiese pensado en la iglesia de Corinto, yo hubiese dado gracias a Dios por los corintios. No creo. Había demasiado polvo para yo encontrar algo en mi humanidad por la cual dar gracias a Dios, de manera que Dios trajo convicción a mi vida.
Bueno, ¿y por qué le va a dar gracias a Dios? Bueno, hay hermanos. Si son hermanos, los compró a precio de sangre. Cristo dio la vida por ellos, o sea que tú no te atreves a no dar gracias por cosas que Cristo compró a precio de sangre. "Sí, pero es que no están creciendo." Sí, pero ¿es que tú controlas el crecimiento? ¿Tú no crees que la falta de crecimiento en ellos y la irritación que te están produciendo operan para bien en tu vida, ayudando a crear amor incondicional, paciencia, perseverancia, gracia y, por tanto, gozo? Claro. Yo voy a recordar eso.
Mira, mira si Pablo tenía una especialidad en encontrar razones para dar gracias a Dios en medio de las peores circunstancias. Escucha ahora lo que él va a escribir a los filipenses en este capítulo uno, que trataremos más en detalle. Pablo dice en el versículo 15 del capítulo uno, 15 y siguiente: "Algunos, a la verdad, predican a Cristo aun por envidia y rivalidad, pero también otros lo hacen de buena voluntad. Estos lo hacen por amor, sabiendo que he sido designado para la defensa del Evangelio. Aquellos proclaman a Cristo por ambición personal, no con sinceridad, pensando causarme angustia en mis prisiones."
Ok, hay dos grupos de gente que está predicando el Evangelio. Hay un grupo que lo está haciendo de buena voluntad. Hay un grupo que lo está haciendo motivados por amor, lo hacen con amor, sabiendo que yo he sido designado para la defensa del Evangelio. Hay otros que lo están haciendo por ambición personal, incluso fíjate, pensando causarme angustia en mis prisiones.
Escucha a Pablo ahora cómo él se levanta en Cristo. "Entonces, ¿qué? De todas maneras, ya sea fingidamente o en verdad, Cristo es proclamado, y en esto me regocijo. Sí, y me regocijaré." Pablo, espera, déjame ver que tú no oíste bien: es que están proclamando por ambición personal y te quieren hacer daño. "Sí, pero como para mí el vivir no es Pablo... Yo nunca he dicho 'para mí el vivir es Pablo' y están dañando a Pablo. Para mí el vivir es Cristo, y están proclamando a Cristo, y por tanto yo me regocijo y me regocijaré en el futuro otra vez."
¿Cuál es la diferencia? Que una vez a Pablo lo colocaron a la diestra del Padre, después que aprendió el secreto de vivir en abundancia y en escasez, ahora no hay quien lo baje de la diestra del Padre, y todo lo ve desde arriba, desde esa perspectiva. Si yo estuviera aquí yo, John, al día de ayer, yo no estuviera con esa reacción. Pero Dios pudiera estar mediando un momento: "Me gusta. ¿Tú no crees que eso que predican por ambición personal, yo lo controlo? ¿Tú no crees que eso que están predicando para hacerle daño a Pablo, tú no crees que yo lo controlo también? ¿Tú no crees que ellos operan para mis propósitos, unos de juicio, otros de gracia y bendición? ¿Tú no crees que cuando tratan de hacerle daño a Pablo, tú no crees que eso coopera para mi propósito de formar la imagen de Cristo en ti? Porque yo he dicho que todas las cosas cooperan para bien."
Pero se nos olvida para qué bien es que cooperan. Si han leído bien Romanos 8:28-29, no, no. Pasó "todas las cosas cooperan para bien", sigue leyendo: para formar la imagen de Cristo en ti. Entonces ahora yo puedo dar gracias a Dios por las dificultades, porque ellas forman parte del propósito de Dios. Yo puedo dar gracias a Dios por los hermanos que están también cojeando, porque ellos forman parte del propósito de Dios. Esa actitud de Pablo no es la actitud de una persona que dice: "No, no, no, pasó a mí." Por eso es que yo digo que hay que vivir con mente positiva. No, no, no, no. No es una mente positiva, es una mente en los cielos que entiende a nuestro Dios soberano, controlador, orquestador de todos los eventos de la tierra.
Cuando Pablo escribe, escucha cómo él escribe: "A todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos." Él como que en una oración los sitúa en dos sitios diferentes: están en Cristo Jesús y están en Filipos. Los pies en Filipos, pero la mente, su espíritu, en Cristo Jesús. Estáis sentados. De hecho, Efesios dice que nosotros estamos sentados al momento presente a la diestra del Padre, de manera que estamos en Cristo y estamos en Filipos.
Pablo no está diciendo "en Filipos podéis tener gozo", no dijo eso. En Filipos podéis tener gozo, en Filipos podéis tener motivo de tristeza. En Cristo, el motivo de tristeza debe ser para ti motivo de gozo, porque coopera para los propósitos de Dios en ti y en Filipos. Pensamos que cuando el texto dice "todas las cosas cooperan para bien" es que después de una dificultad viene un bien mayor. ¿Quién dijo?
Yo recuerdo cuando el templo se quemó. Algunos hermanos, pastores, incluso amigos de otras iglesias, me dijeron: "No te preocupes, que Dios te va a dar una iglesia más grande." Yo decía: "¿Aquí en dónde dijo?" El hecho de que el templo se queme y que va a cooperar para bien no tiene que implicar una mayor iglesia. No hay un canje en el reino de los cielos de dificultad por mejoría. No, porque el propósito no es más grande, el propósito es mejor imagen de Cristo en ti. Y eso es lo que Dios está haciendo, y esta es la perspectiva que Pablo nunca perdió.
Espiritualmente, ellos estaban en Cristo; ahora terrenalmente estaban en Filipos. Cuando Cristo dice "en este mundo tendréis tribulación, pero confiad, yo he vencido al mundo", Cristo no estaba diciendo: "De este lado de la gloria habrá tribulación, y cuando crucen del otro lado de la gloria van a tener paz." No fue lo que Él dijo ni remotamente. Él estaba diciendo: "En esta vida, de este lado de la gloria, van a haber dos cosas que ustedes han de tener: una la tienen en el mundo y la otra la tienen en mí. Una es tribulación y otra es paz. Tribulación en el mundo, paz en mí, en esta vida, de este lado de la gloria."
Por eso es que la Palabra nos dice que nosotros somos ciudadanos del cielo, pero a la vez yo soy ciudadano de República Dominicana. Sí, porque yo tengo una ciudadanía terrenal para mis pies y una ciudadanía celestial para mi espíritu, pero Dios quiere que yo funcione conforme a la ciudadanía espiritual, porque ahí es donde me han sentado.
Pablo tiene múltiples razones para dar gracias. Escucha esta en particular con relación a los filipenses. Versículo 4: "Orando siempre con gozo en cada una de mis oraciones por todos vosotros." ¿Por qué, Pablo? ¿De dónde viene ese gozo? "Por vuestra participación en el Evangelio desde el primer día hasta ahora." El gozo de Pablo en esta ocasión está íntimamente relacionado a la participación de los filipenses en el Evangelio. La palabra traducida como "participación" es koinonía ahí, lo que nos deja ver que koinonía no es, bíblicamente hablando, un refrigerio y una merienda. Koinonía es una expresión de comunión mucho más íntima, que en este caso producía el avance del Evangelio. Pablo está dando gracias por su koinonía en el Evangelio.
La iglesia de Filipos oró por Pablo, en 1:19 tú lo lees. La iglesia de Filipos sufrió con Pablo, en 1:14 tú lo lees. La iglesia de Filipos suplió a Pablo en 4:14, 15, 16. Y escucha, déjame leerte rápidamente porque el tiempo se me ha estado yendo. Del 14 en adelante, capítulo 4 de Filipenses: "Sin embargo, habéis hecho bien en compartir conmigo en mi aflicción" —koinonía de aflicción—. ¿A cuántos de nosotros les gustaría tener koinonía con el hermano que está siendo perseguido? Pablo dice: "Gracias por la participación que ustedes tuvieron al compartir conmigo en mi aflicción."
Un poco más adelante: "Después de partir de Macedonia, ninguna iglesia compartió conmigo en cuestión de dar y recibir, sino vosotros solos, porque aun a Tesalónica enviasteis ayuda y dádivas más de una vez para mis necesidades." ¡Wow! Para dar una identificación con Pablo. Diez años después, cientos de kilómetros de distancia, esta iglesia está pendiente del apóstol Pablo. Y Pablo pendiente de ellos. Ellos eran motivo mutuo de gozo y de gratitud, el uno para el otro. Eso fue una iglesia que se identificó con la causa de Cristo: oró por Pablo, sufrió con Pablo, suplió a Pablo.
¿Tú y yo necesitamos eso? Tú y yo necesitamos eso. Primero con el hermano en la IBI, que es la iglesia local donde Dios te ha colocado. Pero tú y yo necesitamos hacer la misma cosa con los hermanos que Dios está usando en otras iglesias para el avance del Evangelio. Lo que esta iglesia hizo fue identificarse con Pablo, y cada vez que oía que Dios estaba usando a Pablo para el avance del Evangelio, oraba con Pablo, sufría con Pablo, suplía a Pablo. Y a la vez Pablo sentía un sentido de gratitud profundo hacia ellos.
De esa misma manera, cuando nosotros oigamos que Dios está usando otro ministerio, otra iglesia para el avance del Evangelio, tú y yo tenemos que gozarnos en Cristo por el avance del Evangelio y de cómo Dios está usando a esa iglesia, o a ese hermano, o a ese ministerio. Porque eso es parte de lo que nos va a producir gozo: el hecho de poder celebrar la obra de Dios en otro lugar que no es el nuestro, en otra persona que no somos nosotros. En fin, es una misma fe, es un mismo Señor, es un solo bautismo, es un mismo Espíritu, es un solo Evangelio, es una misma meta, es una sola gloria. Y eso debe producir en nosotros, y ser motivo de gozo.
Una fuente importante del gozo en nosotros es la manera como yo puedo reconocer la obra de Dios en otros. En la medida en que Dios va formando su imagen, Dios va haciendo en ellos y Dios va haciendo a través de ellos. Cuando yo no puedo disfrutar de la obra de Dios en otros o la obra de Dios a través de otros, lo que debiera hacer el sentido de gratitud que Pablo continuamente expresa se convierte en sentido de tristeza y en sentido de amargura. O en sí, sentido es la palabra, un sabor amargo, un sabor triste.
De manera que nosotros tenemos como fuentes posibles de gozo la gratitud que expresar a Dios por lo que hace en mí, por lo que hace en otros, incluso por lo que todavía no está haciendo en otros. "Hasta ahora tengo cinco años orando por mi esposa o mi esposo y no cambia." Alégrate, yo sé que sí, pero hoy no cambia. "También esto y esto me irrita." Si piensas que vas a aprender a amar a tu cónyuge incondicionalmente cuando no te irrita, es un amor condicionado.
Es cuando tu cónyuge se convierte en un papel de lija. Este va donde Dios, quizás no comienza haciendo: "Dios, gracias por la lija," pero sí: "Gracias por lo pulido de mi carácter como causa secundaria del uso de la lija en mi vida." Por tanto, gracias por mi esposo, gracias por mi esposa, gracias por mi hermano. "Pastor, yo tengo un amigo que mire que yo no lo soporto." Es tu lija en las manos de Dios. ¿Tú crees que Dios lo puede quitar de tu lado? Claro, no te lo ha quitado. Dale gracias a Dios por lo que Él está haciendo en ti vía ese instrumento que a ti y a mí nos irrita.
Y la manera de poder ver el trabajo de Dios desde arriba continuamente, en todas las circunstancias, independientemente de cómo yo lo vea, lo sienta, lo entienda o no. No muchos amén, ¿oye? No hay que decir amén para yo sentirme aprobado por escucharme; lo voy a empujar un poquito y termino. A veces nuestra falta de amén es más revelatoria de lo que pensamos, porque a veces la falta de amén es que yo ni siquiera estoy aceptando lo que estoy oyendo. Yo no estoy diciendo que usted tenga que decirlo; ahorita no se pongan: "Amén, amén, amén." No es la idea. Lo que yo quiero decir es que mi silencio, muchas veces, es revelatorio de que sabes qué, eso dice el personaje.
Yo no soy infalible, pero la cosa que yo dije con relación a cómo Dios usa la circunstancia está en la Biblia. O sea, en la Biblia. Y si nosotros queremos experimentar gozo, yo tengo que ver que Dios está haciendo en otros, y cosas que Dios ni siquiera está haciendo que también deberán producir cosas en mí, porque Él controla todas las personas, todas las vidas, todos los eventos, nuestras circunstancias, todo crecimiento, toda falta de crecimiento, y tú y yo tenemos que aprender eso. Y entonces, al desarrollar la gratitud, aumentará nuestro gozo.
No hay gratitud sin gozo, no hay gozo sin gratitud, y no hay gratitud que no haya sido acompañada de gozo.