La voluntad de Dios es incambiable, insondable y no puede ser impedida por ninguna criatura. Sin embargo, el ser humano —dotado de inteligencia y de la imagen misma de Dios— es quien más la resiste. ¿Por qué? Porque la criatura se deleita en ser independiente y autónoma. Es el pecado en nosotros lo que primero cuestiona a Dios y luego se opone a Él. Cuando decimos "a Dios no hay quien lo entienda", en realidad expresamos frustración porque Dios no nos deja hacer lo que queremos.
Pero si nadie puede alterar la voluntad de Dios, ¿por qué Él permite que sea desobedecida? De la misma manera que un padre no somete a su hijo de dos años a la fuerza instantáneamente —porque sabe que el niño no comprende del todo y busca formar su carácter con amor—, Dios tolera nuestra desobediencia como parte de nuestro aprendizaje. El ser humano no aprende de oídas ni de leídas; aprende por experiencia. Adán tuvo que caer para descubrir que su enemigo era astuto. Pedro tuvo que negar a Jesús para conocer la debilidad de su propia carne.
Cuando Jesús pide "hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo", revela el contraste: en los cielos, los ángeles obedecen individual y corporativamente, de manera voluntaria y gozosa. En la tierra, el hombre se rebela solo y luego se agrupa para oponerse a Dios. El pastor Núñez ilustra esto con la historia de un perro llamado Mac que arreaba ovejas sin entender el patrón de su amo —solo sabía obedecer. Así debemos hacer nosotros cuando no entendemos: someternos reconociendo que la voluntad de Dios nunca nos llevará donde su gracia no nos acompañe.
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En el día de hoy vamos a estar cubriendo la tercera de estas peticiones, pero como hemos venido haciendo, vamos a leer todo el Padre Nuestro y vamos a entrar solamente en la tercera de las peticiones del Padre Nuestro. Entonces vamos a comenzar leyendo a partir del versículo 9 de Mateo 6.
"Vosotros, pues, orad de esta manera: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. Danos hoy el pan nuestro de cada día y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre. Amén."
Padre, gracias te damos por una oración tan corta, pero tan pertinente, tan apropiada, tan práctica, tan amplia y tan profunda a la vez. Danos el Espíritu de sabiduría para exponer y para entender al escucharlo expuesto. Es esto que tú quieres que entendamos cuando tú orabas y decías: "Hágase tu voluntad, Padre, en la tierra como en los cielos." ¡Cuán sencilla luce esa petición! Pero cuántas implicaciones tiene. Señor, ayúdanos, ayuda al predicador, enfoca a los oyentes, protege su mente, protege su corazón, levanta tu nombre, danos tu gloria, ayúdanos a conocer tu voluntad y luego a hacerla. Y todo su pueblo dijo: amén.
Bueno, hace un par de semanas atrás, quizás tres domingos, creo que nosotros estuvimos hablando acerca de esta oración y habíamos comenzado a ver la oración dividida petición por petición. Habíamos visto la primera y la segunda, y la tercera de estas peticiones es la que estaremos viendo en el día de hoy.
Recordemos que la primera tenía que ver con la santificación de su nombre. Dios siempre ha estado persiguiendo, defendiendo lo que es la esencia de su nombre, aquello que le representa, aquello que habla de su carácter. Y cuando Cristo pedía aquí y decía "santificado sea tu nombre", él estaba consciente de que si ese nombre no es reverenciado, no es respetado, honrado, levantado, el resto del Padre Nuestro y el resto de cualquier otra oración no tendría ningún sentido. De manera que esa es la primera de esas peticiones.
Y la segunda, que fue la última que vimos antes de yo ausentarme en mi viaje, fue aquella que habla de "venga a nosotros tu reino". La primera tiene que ver con la persona de Dios, la segunda tiene que ver con el programa de Dios, el programa de Dios para sus hijos. Venga tu reino. Y vimos cómo esa petición tenía mucho que ver con el crecimiento del señorío en la vida de aquellos que ya le habían conocido como Señor, que tenía que ver también con la llegada de ese señorío al corazón de aquellos que aún no le conocen como tal, que tenía que ver con la extensión sobre la tierra vía lo que es la gran comisión, la obra de la gran comisión del reino de Dios sobre la habitación de los hombres, y finalmente, en la consumación de los tiempos, con la llegada de nuestro Señor, el arribo de ese reino milenial profetizado en Apocalipsis 20 en más de una forma.
De manera que ahí nosotros tenemos la primera petición, la segunda petición en sus implicaciones. La tercera tiene que ver entonces con el ejercicio de la voluntad de Dios en el corazón de los hombres y en el resto de la tierra. Ahí Cristo dice entonces: "Hágase, Señor, tu voluntad, así en la tierra como en el cielo."
Yo creo que es completamente lógico que una vez nosotros pidamos porque el reino de Dios se extienda sobre la tierra, que crezca en el corazón de los hombres, yo creo que es entonces natural que nosotros estemos pensando y orando en que la voluntad de Dios pueda ser hecha precisamente en esos mismos corazones y sobre esa misma tierra. Pedir por la extensión del reino en gran manera es pedir por la extensión de la voluntad de Dios. Solamente ciudadanos del reino pueden llevar a cabo la voluntad de Dios de una manera voluntaria, de manera que estas dos peticiones están íntimamente relacionadas. No hay forma de que la voluntad de Dios pueda crecer sobre la tierra si su reino no es extendido, y viceversa, no hay manera de ver el reino o la voluntad extendida si este reino no se está extendiendo. De manera que yo creo que Cristo no puso estas dos peticiones una detrás de la otra de manera coincidencial. Yo creo que es algo que es natural que una siga a la otra.
Y con eso entonces yo quiero que veamos a lo largo de la exposición de hoy dos preguntas a la luz del texto. Primera: ¿A qué nos referimos cuando hablamos acerca de la voluntad de Dios? Segunda: ¿Cuál es la relación que existe entre el ejercicio de la voluntad de Dios en los cielos y el ejercicio de la voluntad de Dios en la tierra? Porque esa es la petición de nuestro Señor. Y yo creo que ahí nosotros tenemos suficiente material para pasarnos el resto del tiempo.
¿Cuál es la primera pregunta? ¿A qué nos referimos cuando hablamos acerca de la voluntad de Dios? Bueno, en primer lugar estamos hablando, no exclusivamente, pero en primer lugar estamos hablando de los mandatos de Dios revelados al hombre. Aquellas cosas que Dios nos ha hecho saber, que tienen que ver con cosas que ya él ha puesto en su Palabra, en su revelación, que tienen que ver con sus preceptos. Y es esta parte de su voluntad que ha sido llamada la voluntad preceptiva, que tiene que ver con sus preceptos. Aquellas cosas que tú y yo conocemos o debiéramos conocer porque ya están plasmadas aquí en su revelación.
Cuando un paciente va a donde un médico y el médico le hace una prescripción, el paciente sabe lo que él necesita hacer con ella si quiere sanar. Bueno, con Dios ha ocurrido la misma cosa: él nos dejó una prescripción y ahora nosotros sabemos qué debemos hacer con ella si queremos sanar emocionalmente y espiritualmente. Esa es la voluntad preceptiva de Dios.
Ahora, en ocasiones la voluntad de Dios no es tan clara de ver, de dilucidar, o de hecho en ocasiones nos es completamente desconocida. Y entonces algunos hablan de la voluntad soberana de Dios. Esa voluntad que mueve el mundo, el universo, que orquesta la historia, que tú no necesariamente puedes determinar qué es lo que Dios está haciendo. Entonces algunos se refieren a ella como la voluntad soberana. Otros le llaman la voluntad decretada, las cosas que Dios en la eternidad pasada decretó y que tienen que ver con el consejo de su sabiduría y que nadie puede alterar o cambiar. Por ejemplo, la crucifixión de su Hijo fue algo decidido antes de la fundación del mundo. Él fue el Cordero inmolado desde la eternidad, según la Palabra. La segunda venida de Jesús, no hay manera de poder cambiar o alterar eso, acelerar eso, retardar eso. Esos son decretos de Dios. Y ahí que los teólogos hablan de la voluntad decretada o la voluntad soberana de Dios. Esa es la voluntad que dirige el mundo.
Y algunos hablan de la voluntad de la disposición del corazón de Dios. Aquellas actitudes que el corazón de Dios tiene hacia aquellas cosas que son externas a él. Por ejemplo, Dios dice que él no se deleita en el castigo o la muerte de los impíos, a pesar de que en último caso él tendrá que llevar a cabo tal acción. Pero la voluntad de su corazón, la disposición natural de su corazón no es la de deleitarse en tal cosa. Entonces algunos hablan de la voluntad de disposición del corazón.
Pero independientemente de a cuál aspecto de su voluntad o cómo le llamemos, hay cosas que nosotros sabemos de esa voluntad de Dios que, en general, pueden caracterizar cada una de esas tres formas diferentes como le hemos llamado a su voluntad.
La primera es que la voluntad de Dios es insondable. ¡Cuán inescrutables, oh Dios, son tus caminos! Insondables tus juicios, inescrutables tus caminos. Nosotros sabemos eso. Es una voluntad basada en su sabiduría que es vasta, que es ilimitada, no tiene límites, no tiene fin. Es una voluntad y una sabiduría capaz de maravillar al hombre por el resto de la eternidad. Por toda la eternidad nosotros estaremos descubriendo, escudriñando, maravillándonos acerca de la voluntad y de la sabiduría de Dios.
En ocasiones nosotros revelamos la frustración de no poder entender esa voluntad y decimos: "A Dios no hay quien lo entienda." Pero yo no sé si tú has observado cuándo ese pensamiento te asalta la mente, o cuándo ha asaltado la mente de alguien, o cuándo ha llegado a tus oídos. Porque usualmente nosotros decimos eso cada vez que yo trato de hacer algo y Dios no permite que yo haga lo que yo quiero hacer. Entonces digo: "A Dios no hay quien lo entienda." En realidad lo que yo debería estar diciendo es: "Yo no entiendo por qué Dios no me deja hacer lo que yo quiero hacer." Porque ese es el sentimiento que está en nosotros.
La misma persona que hoy dice "a Dios no hay quien lo entienda" fue la que hace una semana visitó a su amigo, a su amiga, y le dice: "Tú sabes que estás enferma, que tienes un cáncer. Tú sabes que la voluntad de Dios es buena, que es agradable, que es perfecta. Y tú sabes que los caminos de Dios son misteriosos, nadie los conoce." Y trató de brindarle consolación a través de una voluntad que es infinita y desconocida muchas veces para el hombre. Pero hoy, una semana después, cuando mi voluntad ha chocado con la de él: "A Dios no hay quien lo entienda." ¿Es así o no es así? ¿Te has dado cuenta cómo es que nosotros reaccionamos ante la voluntad de Dios?
La Biblia no solamente revela que la voluntad de Dios es insondable, es infinita, inescrutable, pero la Biblia nos revela con toda claridad que es una voluntad que no puede ser torcida, no puede ser quebrantada, no puede ser impedida. Escucha lo que Dios dice en Isaías 48:13: "Ciertamente mi mano fundó la tierra, y mi diestra extendió los cielos; cuando los llamo, comparecen juntos." Dios revela que la extensión de su poder y de su voluntad no se detiene con los seres humanos, no llega simplemente hasta los seres vivientes como los animales o aun las plantas, sino que cuando Dios habla a objetos inanimados, sin vida, como los cielos, como el universo, como las estrellas, como la tierra, cuando los llama, él dice que ellos comparecen juntos.
Cuando Dios dice "sepárense las aguas", las aguas no pueden resistir su voz. Cuando Dios dice que el sol se levanta en la mañana, todos los días al amanecer, y ese designio es decretado, el sol no puede ni quiere resistir su poder. Es una voluntad que es rendida mejor a Dios por las cosas inanimadas, por las plantas y los animales, que por el hombre que tiene su imagen; mucho mejor obedecida, llevada a cabo.
La pregunta es: ¿por qué? ¿Cómo es que el hombre inteligente, sabio con límites pero sabio, con la imagen de Dios que le capacita de comunicarse con Dios y Dios con él, cómo es que ese hombre se resiste más a la voluntad de Dios que cualquier otra cosa? Yo creo que la respuesta está en cómo somos. La criatura se deleita en ser independiente y autónoma. Ahí es donde está la clave: es el pecado en nosotros que resiste los designios de Dios. Es el pecado en nosotros que se levanta, que se rebela, que primero cuestiona a Dios —no lo entiendo— y luego se opone a Dios —no lo hago—. Es eso que está en nosotros desde el primer día.
A pesar de que Dios no solamente ha revelado que su voluntad no puede ser quebrantada, que su voluntad no puede ser impedida, escucha lo que el mismo profeta Isaías ahora revela en el capítulo 45, versículo 9. Dice: "¡Ay del que contiende con su satisfiedorr". E Isaías nos deja ver no solamente que nadie puede contender con la voluntad de nuestro satisfiedor, sino que revela una pena, una lástima, un dolor para el que hace tal cosa. Dice: "¡Ay!".
En la antigüedad había dos tipos de oráculos que la población conocía. Había oráculos de bendición que usualmente comenzaban con "bendito el hombre", "bienaventurado el varón". Esos eran oráculos de bendición. Pero luego existían los oráculos de maldición que usualmente comenzaban con un "ay". "Ay de fulano", "ay de esta ciudad", "ay de Corazín, si se hubiesen hecho los milagros, si en Sodoma y Gomorra se hubiesen hecho los milagros que en ti se hicieron".
Ahora Isaías tiene uno de esos oráculos de maldición y dice: "¡Ay del que contiende con su satisfiedor!". No solamente tiene que prepararse para perder, sino que tiene que prepararse para enfrentar las consecuencias. El que contiende con su satisfiedor termina cansado, como el pueblo judío en el desierto, porque Dios siempre prevalece. El que contiende con su satisfiedor termina humillado como Nabucodonosor, porque Dios no se rinde. El que contiende con su satisfiedor termina airado como Jonás, porque Dios es paciente y Dios no cambia su mente. ¡Qué frustración! Dios no se entiende y Dios permanece consumamente con su designio, con su decreto. El que contiende con su satisfiedor termina frustrado como los enemigos del pueblo de Israel, porque Dios nunca ha perdido un conflicto. Nunca. Ni con el hombre, ni con el poder de las tinieblas, ni con ninguna otra cosa.
Dios no solamente es soberano, Dios no solamente tiene el poder. Dios es sabio, Dios es bueno, Dios es benevolente, Dios es misericordioso, y cada una de esas cosas penetra y caracteriza su voluntad. Y esto es lo que hace que su voluntad necesite por definición prevalecer, y es bueno para el hombre que su voluntad permanezca, prevalezca. Es fútil tratar de contradecir a Dios, y es de hecho una rebelión, si usted quiere, una presunción cósmica, tratar de oponerse a los planes del satisfiedor, del Creador, del sustentador del universo, del orquestador de la historia. Y ahí se los refleja muy bien Isaías: "¡Ay, ay, ay!". No sabe lo que hace. Por eso el Señor Jesús tuvo otra actitud en su paso por la tierra.
Nadie se resiste a la voluntad de Dios excepto el hombre, en su deseo de ser independiente y en su deseo por autonomía. La pregunta es: si nadie puede alterar la voluntad de Dios, si lo conocemos en nuestras mentes, si lo conocemos... De hecho, me encuentro con frecuencia gente en la calle que no conoce a Dios personalmente, por lo menos en nuestro contexto dominicano, y te hablan de que la voluntad de Dios nadie la puede cambiar. Me encuentro con enfermeras, me encuentro con médicos, me encuentro con técnicos de laboratorio, gente que no va ni siquiera a una iglesia, y cuando hablamos de Dios con frecuencia dice: "Usted sabe, doctor, que la voluntad de Dios nadie la puede cambiar". Sabemos eso en nuestras mentes, y si lo sabemos, ¿por qué la oponemos? ¿Por qué la contradicimos?
Pero yo creo que una mejor pregunta es: ¿por qué, si Dios tiene el poder, el derecho, la sabiduría, nunca pierde, nunca se rinde, nunca se cansa, por qué Él permite, tolera, que una voluntad incambiable sea desobedecida? ¿Por qué lo permite? ¿Cuántos de nosotros vivimos completamente obedeciendo la voluntad de Dios? De manera que Dios en esta mañana está tolerando nuestra desobediencia a una voluntad incambiable. La pregunta es: ¿por qué?
Yo creo que nosotros podemos comenzar a entender. Yo no estoy pretendiendo que lo entendamos por completo, pero podemos comenzar a entender parte del porqué si tú piensas en un padre que tiene un hijo de dos o tres años, que ya comienza a dar el indicio de que él se opone a la voluntad de su padre. ¿Sí o no? ¿Cuántos tienen niños de dos años o han tenido? ¿No se opusieron ellos a la edad de dos años a sus preceptos, a sus voluntades? ¿No tenía usted el derecho y el poder de en ese instante simplemente forzar a su hijo a que obedeciera su voluntad? ¿No lo tenía usted? Y muchas veces usted no lo hizo. ¿Por qué? Si tiene el poder. Él no va a poder con usted. De hecho, algunos que le observan dicen: "Sepa, qué pasito flojo con ese hijo. Deja que él haga lo que quiera". Si tiene el poder, ¿por qué usted tolera muchas veces a ese hijo?
Bueno, con frecuencia ese padre no somete a su hijo a la fuerza instantáneamente porque él sabe que ese hijo no comprendió del todo lo que él estaba diciendo y los beneficios de lo que él estaba diciendo. Y él está tratando, de la forma menos traumática, a la edad que él tiene y con el entendimiento limitado que él tiene, en su amor por su hijo, de retardar lo que pudiera hacer una imposición a la fuerza sobre su vida. El salmista dice que Dios sabe que somos polvo, que al polvo volveremos. Bueno, de esa misma manera usted conoce que su hijo es limitado en conocimiento, en entendimiento, y usted le va a permitir una cierta desobediencia dentro de lo que son sus planes soberanos de padre, por la limitación que él tiene. No es tanto que usted es flojo, es que usted tiene inteligencia, tiene sabiduría, tiene entendimiento y tiene amor por su hijo.
En otras ocasiones usted no somete a su hijo a la fuerza porque usted no está interesado solamente en una obediencia a ciegas, como el que obedece a un dictador, de parte de su hijo. Usted quisiera que su hijo creciera. A esa edad de dos o tres años, se fuera creciendo poco a poco en sabiduría, en entendimiento, que su carácter se pueda ir formando, que pueda ir formando un carácter santo, maduro, recto, justo, con cierto autodominio. Y usted tolera ciertas cosas en la medida en que usted determina que va a continuar moldeando ese carácter rebelde. Ahora, nosotros, verdad, ustedes los que han sido padres, no saben hacer eso perfectamente, pero intentan, tratan, se asemejan. Dios lo hace perfectamente y por eso permite cosas de nosotros, en nuestras vidas.
Pero hay algo más: es que muchas veces el vivir las caídas, el vivir las consecuencias, es parte del aprendizaje. Si hay algo que yo sé es que el ser humano no aprende —yo soy parte de esa raza, porque usted no lo sabía; no estoy acusando, estoy diciendo de cómo somos—. El ser humano no aprende de oídas o de leídas. Si aprendiéramos así, todos nosotros andaríamos derechitos. Hemos oído suficiente, hemos leído suficiente y no hemos aprendido. El ser humano aprende lamentablemente por experiencia y no hay otra manera.
Mis primeros progenitores probaron eso. Ellos oyeron la voz de Dios, pero no aprendieron. Ellos tuvieron que caer, vivir las consecuencias, y de repente Adán, que está hablando con Eva, más tarde dicen: "La verdad que estaba tan malo, ¿eh?". Sí, pero ellos tuvieron que vivir las consecuencias. Eva quizás le decía: "No solamente malo. ¡Por eso te lo dije! ¿Tú viste cómo me engañó?". Ahora ya pasó por la experiencia, ahora ya conoce, ahora ya entiende lo que había oído quizás de Dios, pero hasta que no lo vivió, no lo aprendió.
El hombre es incrédulo parcialmente. Todos nosotros somos incrédulos parcialmente hasta la muerte. Yo le confesaba eso a Dios ayer. Tú tienes que confesarle a Dios tu incredulidad parcial si quieres ser honesto, hasta la muerte, porque ahí vienen nuestras dudas. Si esa incredulidad parcial no existiera, tú y yo jamás dudáramos. Pero el hombre lamentablemente no aprende de oídas, no aprende lo que oye. Tú y yo aprendemos incluso cuán malos somos, tanto tú como yo, en la medida en que Dios permite nuestras caídas. Nosotros leemos que mis mejores acciones son como trapos de inmundicia. Yo eso no lo creo hasta que yo lo veo en mi vida. Y cuando yo lo veo en mi vida, yo veo que mis mejores intentos, acciones, pronunciamientos estaban llenos de maldad. Yo digo: "¡Wow! La verdad que Dios tenía razón". O sea, que ahora fue que lo creíste. Sí, porque ahora fue que lo viví. Dios sacó al pueblo judío al desierto y ellos ahí pudieron conocer lo que Dios quizás le pudo haber dicho de palabras, pero jamás lo hubiesen creído. Entonces, eso es parte del entrenamiento que Dios está haciendo en nosotros y permitiendo que nosotros desobedezcamos una voluntad que es incuestionable, porque eso es parte del aprendizaje.
Si muchas veces entonces el hombre prefiere no creer, incluso, o no entender lo revelado, lo ya revelado —"es que no entiendo lo revelado"—, es porque eso va más conforme a mis planes egoístas, egocéntricos, y tengo la excusa: "Si fue que no lo entendí". Incluso, Dios a veces nos dice... Queremos ir por un camino y Dios nos dice: "No". Y si no, "es que no entiendo". Y Dios dice: "¿Cuál parte de 'no' tú no entiendes? ¿Cuál parte de 'no' está confusa?". Yo he oído padres decirle exactamente lo mismo a su hijo. "Mami, tal cosa". "No". "Es que no entiendo". Y la mamá tiene que decir: "¿Cuál parte de 'no', hijo, tú no entiendes?".
Te das cuenta cómo nosotros somos. El hombre no puede impedir que Dios lleve a cabo sus decretos, pero el hombre es capaz de desobedecer la voluntad de ese Dios que tiene todo el derecho. Déjame ilustrarlo rápidamente con la historia bíblica. Adán, no comas de ese árbol, y Adán comió. Abraham, no mientas, y él miente. David, no cometas adulterio. Betsabé, David, por favor. Pedro, no me niegues. No conozco al hombre, no conozco al hombre, que no conozco al hombre. Pablo, hago el bien que sé, pero lo que quiero hacer no hago y lo que no quiero hacer termino haciendo.
Pero, ¿por qué Dios lo permite? Bueno, Adán comió la fruta. Cómo explicar muy de repente: Adán descubre que su enemigo, que va a permanecer por mucho tiempo suelto, es astuto, es malo, esconde los propósitos detrás de frutas placenteras, que él hace lucir placenteras. Él conoce eso. Por otro lado, Abraham mintió tratando de protegerse, porque tenía miedo de que si revelaba que Sara era su esposa lo podían matar. Después que él miente, él descubre que Dios es capaz de protegerlo cuando él dice la verdad, aun en las peores condiciones y en presencia de sus propios enemigos. David comete pecado y descubre que lo dulce del pecado es muy efímero, pero no lo sabía antes. Y nosotros lo leemos, pero muchas veces no lo sabemos hasta que no lo experimentamos.
Pedro, al negar a Jesús, recuerden cómo Pedro, cuando están antes de la crucifixión, Pedro dice: Señor, aunque todos estos te nieguen, yo no te negaré. Pero no conoce la debilidad de la carne. Cuando Cristo permite que él lo niegue, Pedro descubre la verdad: que mi carne, la de un apóstol, no es confiable. ¿Te das cuenta cómo Dios permite la desobediencia de su voluntad y qué Él está tratando de hacer? Pablo, al descubrir lo que acabamos de mencionar, entiende y descubre y llega a vivir entonces que él necesita depender continuamente del Señor, porque de lo contrario él va a errar el blanco una y otra vez, una y otra vez.
Cuando nosotros leemos la historia bíblica, nos damos cuenta que los mejores de los hombres han desobedecido la voluntad de Dios. Y al desobedecer, descubrieron que solo Dios es Dios, que solo Dios es santo en sí mismo y por sí mismo, que solamente Dios es Creador, que solo Dios es autónomo e independiente de toda la creación. El resto de nosotros es continuamente dependiente. No somos autónomos, aunque queramos ser autónomos.
El hombre desobedece porque él cree que sabe y entiende, y él sabe poco y entiende mal. Él desobedece porque él cree que sabe. Pero mira, habla con alguien: "Yo sé, yo sé lo que tengo que hacer." Pero, ¿dónde el pastor? ¿Dónde uno de los pastores? "Yo sé lo que me va a aconsejar." El hombre cree que sabe y que entiende, pero él sabe poco y entiende mal. El hombre desobedece porque él disfruta, él disfruta la independencia, la autonomía, la independencia de criterio.
El hombre, reflexionando sobre esto, Dios me ayudaba a entender que nosotros muchas veces desobedecemos porque creemos entenderlo. ¿Por qué es? ¿Por qué tal cosa? ¿Por qué se fue fulano? ¿No? Y Dios en esta reflexión con Él me ayudaba a entender y me decía, bueno, obviamente yo no oí su voz, pero me ayudaba a entender mi corazón: "Hijo, el problema es que los porqués del hombre frecuentemente para mí son porquerías." ¡Ah! Yo no sé si está ahí, pero yo he descubierto mucha porquería en mi caminar. Creemos que conocemos el porqué de la prohibición, el porqué de la acción, y Adán fue a probar aunque no conocía nada.
Por eso dice Efesios 3:10, a fin de que la infinita sabiduría de Dios, la infinita sabiduría es la que le da color a su voluntad, es la que le da forma, carácter, fuerza. La infinita sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia. La iglesia falible, la iglesia que está cayendo, la iglesia que desobedece. Dios está haciendo que su infinita sabiduría sea dada ahora a conocer por medio de esa iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales. Los ángeles están aprendiendo de nuestra falibilidad y errores y consecuencias y caídas y desobediencias e independencias y autonomías.
Dios tiene el poder para hacer que su voluntad sea hecha en cada corazón. Ahora mismo, Dios tiene el poder y el derecho para hacer que a partir de este momento en toda la creación no haya un solo ser viviente que jamás desobedezca su orden. ¿Tiene el poder? Tiene el derecho, y no lo hace. Porque si hay algo que conocemos de Dios, de su carácter, es que Dios no simplemente está interesado en ver esa voluntad desplegada sobre la creación de manera que Él pueda decir: "¡Qué buen dictador soy yo!"
Escucha la petición de Jesús, porque eso es lo que estamos tratando de entender. Jesús no simplemente dice: "Hágase, Señor, tu voluntad." Si lo hubiera dicho, eso era fácil entender. Bueno, preparémonos porque el dictador va a imponer esto. Pero Él no dice eso. Dice: "Hágase tu voluntad en la tierra como está siendo hecha en los cielos."
Entonces la pregunta, que es la segunda pregunta de nuestro texto hoy, es: ¿cuál es la relación? Se acuerdan, tenemos dos preguntas. Ya respondimos la primera: ¿qué es esa voluntad de Dios? Ahora estamos respondiendo la segunda: ¿cuál es la relación que guarda la voluntad de Dios en la tierra con la voluntad de Dios en los cielos? ¿Por qué esa es la petición? ¿Cuál es esa conexión?
Lo primero que nosotros tenemos que saber es que en los cielos la voluntad de Dios es llevada a cabo individualmente y corporativamente. Cada ángel de Dios vive no simplemente sometido a la voluntad de Dios. Cada ángel individual, de forma singular, él vive completamente rendido a la voluntad de Dios. Cada ser angelical por sí solo conoce que él existe para una sola cosa: glorificar a su Dios. Y la única manera de glorificarlo es haciendo su voluntad. Él conoce eso, él procura eso. Cada día, al amanecer de la tierra, el ángel se propone hacer lo mismo que hizo ayer: cumplir la voluntad de Dios en su vida.
Pero cuando ellos se juntan como legiones de ángeles, de manera corporativa ahora, estas legiones de ángeles tienen exactamente el mismo propósito, la misma intención y deseo de llevar a cabo la voluntad de Dios. En la tierra eso no es así. En primer lugar, el hombre se rebela de manera individual. Estamos hablando que en los cielos la voluntad de Dios se lleva a cabo individualmente y corporativamente. En la tierra el hombre se rebela de manera individual, y cuando él no logra hacer individualmente las cosas, él trata de agruparse para oponerse a Dios tratando todavía de llevar a cabo lo que él individualmente quiso hacer y no le permitieron.
Ejemplo: Adán y Eva de manera individual se rebelan, pero tú pasas un par de páginas y te encuentras que toda la raza humana está al pie de lo que posteriormente se conoció como la torre de Babel tratando de rebelarse contra Dios. La tierra entera se agrupó. Te encuentras que Lucifer, él se rebeló solo: "Yo seré como el Altísimo." Pero luego, lo que él no puede hacer solo, él reunió un tercio de los ángeles del cielo y los arrastró con él en la rebelión. Quizás lo que yo no puedo hacer individualmente lo puedo hacer corporativamente; intentemos.
Y lo que el hombre no ha podido hacer individualmente, nosotros encontramos ahora al final del milenio, después de la tribulación, después de los juicios, después de ese caos de tribulación, en la guerra de Gog y Magog, cuando Satanás es suelto, él reúne a todos los hombres que ahora corporativamente piensan que pueden triunfar contra Dios. Ahora vamos a reunir el poder del mal y todos los hombres malvados de la tierra, después del milenio, después de la tribulación, después del juicio. Vamos a tratar, ¿quién sabe? En los reinos de los cielos la voluntad de Dios no se lleva a cabo de esa manera.
En segundo lugar, en el reino de los cielos la voluntad de Dios no es impuesta, como Dios tuvo que imponérsela a Jonás. Es llevada a cabo voluntariamente. Hay un deseo voluntario del interior de cada ser angelical al despertar de cada mañana en la tierra, porque no creo que haya amanecer de esa manera en los cielos. Pero al amanecer de la tierra, los ángeles cada mañana entonces sienten el deseo voluntario de poder complacer a su Dios, de poder llevar a cabo el consejo de Dios continuamente, de poder deleitarlo de esa manera.
Los ángeles pudiéramos decir que esperan oír cuál es la orden próxima de Dios para ir a ejecutarla. Nosotros nos adelantamos a la voluntad de Dios para que cuando la voz llegue, podamos decir: "¡Ay, por ello lo hice!" Vivimos tratando de irnos adelante continuamente, y preferimos no escuchar. Y cuando escuchamos, entonces decimos: "No entiendo." Aun, como decíamos hace un rato, lo que hayamos escuchado es un simple "no" y no entendemos. La última vez que yo busqué la palabra "no" en el diccionario dice: "lo contrario de sí," que el niño ya de año y medio comienza a entender.
Ahora, hay ocasiones cuando el hombre realmente no entiende. Hay ocasiones, ciertamente muchas, el hombre no entiende. Y entonces, si no lo entiendo, ¿qué hago? Bueno, quizás esta ilustración nos pueda ayudar. Yo creo que muchos de nosotros conocemos por lo menos el nombre de Elisabeth Elliot. Ella fue la esposa de Jim Elliot, ese misionero que junto con otros cuatro fue muerto por lanzas de los indios Huaorani en Ecuador en la década de los 50. Creo que fue el año 1956. Entonces, posteriormente ella ha tenido una vida muy piadosa y ha dejado muchos buenos escritos. Bueno, está viva todavía.
Hay una ocasión en que Elisabeth Elliot tuvo la oportunidad de quedarse, creo que en el Medio Oriente, en la casa de un individuo pastor y ovejero que tenía un perro entrenado para arriar las ovejas. No sé cuántos de nosotros hemos visto eso en película. Creo que he visto algunas veces esa escena. Él se monta en un caballo y él lleva su perro. Su perro era de nombre Mac.
Entonces ella notaba cómo en la mañana, ya lo vio varias veces, el perro salía con su amo y el perro corría para la izquierda, corría para la derecha, le ladraba a veces a la oveja de lejos. Pero cuando veía una oveja que insistía en salirse, el perro iba corriendo y le llevaba cara, cara de la oveja, y le ladraba en la misma cara, y la oveja echaba para atrás y se iba. Y Mac era un perro extraordinario en llevar a cabo esto. Lo podía hacer solo prácticamente.
Eso me hizo el día que estaba hablando con la esposa del pastor y le dice: "Señora, ¿usted piensa que las ovejas entienden lo que Mac está tratando de hacer cuando ya se asustan y responden? ¿Usted cree que ya entienden?" Ella dice: "Para nada." Entonces la esposa, Misileo, le dice: "¿Usted piensa que Mac, el perro, que él sabe, que él entiende lo que está haciendo?" "Yo no, para nada. Mac no entiende el patrón de su amo. Lo único que Mac sabe hacer es obedecer a su amo."
Eso es un buen ejemplo de qué es lo que hoy día nos toca hacer cuando no entendemos a nuestro Amo. Él tiene el patrón, Él conoce el patrón, lo que Él está tejiendo solamente Él lo conoce. Yo no necesito para llevar a cabo su voluntad entender el patrón; yo solamente necesito obedecerle. En reconocimiento de mi ignorancia, en reconocimiento de su benevolencia, en reconocimiento de su sabiduría, en reconocimiento de su misericordia y amor para conmigo, entonces yo simplemente debo someterme.
Yo creo que a veces es una buena ilustración. Dios usa el patrón. Él pudo haber hecho esto solo, contratar otro hombre sin el perro, pero Él amaba a este perro y entendía que él tenía habilidades y podía deleitar al perro incluso en el cumplimiento de su función obedeciendo a su amo. A mí no me cabe la menor duda que el perro se deleitaba hacer esto todas las mañanas, y seguro su amo le recompensaba después, de la misma manera que nuestro Dios nos recompensa cuando obedecemos, aunque esa no es la razón para hacerlo.
Número tres: en los cielos la voluntad de Dios se lleva a cabo no solamente singularmente, corporativamente y voluntariamente, sino gozosamente. Porque Juan, usted, mi niño, llevó a cabo la voluntad de Dios, pero sin gozo. Eso no es como los renos los cielos si llevan a cabo la voluntad de Dios. Cuando los ángeles escuchan, por ejemplo, si yo estuviera leyendo el texto esta mañana donde dice que los mandamientos de Dios no son gravosos y los ángeles están escuchando, yo pudiera imaginar las legiones de ángeles decirles del cielo: "¡Amén!" Ellos conocen eso todos los días, todos los días, todos los días, todos los días.
Pero la misma voluntad que al hombre le es pesada, gravosa, a los ángeles no le es pesada ni gravosa. ¿Cuál es la diferencia? La voluntad de Dios solamente es pesada y gravosa aún para nosotros, aún en los momentos de tu vida, porque tú has tenido momentos donde la voluntad de Dios te fue dulce hacer; hay otro momento donde te fue gravosa y pesada. ¿Cuándo se convierte de dulce a pesada? Cuando Dios no me deja hacer lo que yo quiero hacer, yo quiero rebelarme, entonces es pesada y es gravosa. Pero cuando yo la hago, yo descubro que no hay nada más dulce, más placentero y más productor de gozo que vivir en el ejercicio de la voluntad de Dios.
De manera que los ángeles viven continuamente experimentando ese placer. Miles de años de historia de cosechar sinsabores y frutos amargos al violentar la voluntad de Dios no han convencido a la raza humana, ni aún a los hijos de Dios, de que irnos en sentido opuesto a su voluntad siempre será amargo y siempre será infructífero.
David escribe en el Salmo 143: "¡Enséñame a hacer tu voluntad porque tú eres mi Dios! Tu buen Espíritu me guíe a tierra firme." David reconoce que muchas veces él ha sabido cuál es la voluntad de Dios y no sabe hacerla. Él dice: "¡Enséñame! Y te lo pido a ti porque tú eres mi Dios, tú eres el único que eres conocedor de toda la cosa. Enséñame. Tu buen Espíritu, que habla de tu buena voluntad, que me guíe a tierra firme."
Pero a veces David aquí está pidiendo que le enseñe a hacerla; él la conoce. "Enséñame a hacerla." A veces nosotros estamos incluso un paso más atrás de David todavía, porque a veces ni siquiera la conocemos. O estamos un paso más atrás que David porque ya la conocemos. Hay un momento que no la conozco, okey. Hay otro momento que ya la conozco, pero estoy un paso atrás de David. ¿Por qué? Porque ni siquiera le estoy pidiendo a Dios que me enseñe a hacerla porque no me interesa hacerla. Y me quedo en "es que no entiendo, no puedo." David dice: "Una vez ya yo la conozco y entiendo que no quiero hacerla, lo que tengo que pedir ahora es: enséñame a cómo hacerla."
Entonces, en la medida en que yo comienzo a hacer la voluntad de Dios, en esa misma medida voy descubriendo que el ejercicio de la voluntad de Dios es productora de gozo. Mira cómo el mismo David, en el Salmo 40, versículo 8, en otro momento de su vida dice: "Me deleito en hacer tu voluntad." Ahora él no está en un momento donde él necesita que se le enseñe a hacerla. No, él la está haciendo y dice: "Ahora yo estoy experimentando un deleite. Me deleito en hacer tu voluntad, Dios mío. Tu ley está dentro de mi corazón."
Nota la relación del salmista en ambos casos con la palabra Dios. Escucha la primera, Salmo 143: "Enséñame a hacer tu voluntad porque tú eres mi Dios." Salmo 40: "Me deleito en hacer tu voluntad, Dios mío." Es el hecho de que ese Dios es mi Dios. Nota que no es simplemente que como es Dios, quién se va a oponer a Dios. Esa no es la idea. No, Él es mi Dios. Él está por mí, Él está en mi favor, Él quiere lo mejor para mí. Y por eso: "Enséñame hacer eso que es lo mejor para mí." Él comienza pidiendo que le enseñe a hacer tu voluntad, pero termina deleitándose en hacerla. Él se da cuenta. David descubre verdaderamente: la voluntad de Dios es buena, es agradable, es perfecta. Claro que es buena porque es productora de bien, no tiene malicias, no tiene engaños, es sin sinsabores.
Y nosotros conocemos eso, pero en nuestros corazones permanecemos rebeldes. Mira, porque C.S. Lewis decía, yo creo que esto nos da buen entendimiento de muchas veces cómo somos. C.S. Lewis dice lo siguiente: "Nosotros no necesariamente dudamos que Dios al final hará lo mejor para nosotros." O sea, nosotros como que sabemos eso. Nosotros no necesariamente sabemos; al fin de cuentas Dios hará lo que es mejor para nosotros. Entonces, ¿cuál es el problema? Sino que cuestionamos qué tan doloroso será eso que es mejor para nosotros. Yo lo que quiero saber, si yo ya sé que tú quieres lo mejor para mí, lo que quiero saber es: ¿cuánto me va a costar eso? Porque no es que yo no quiero lo mejor; lo que yo no quiero es pagar el precio. Lewis tenía una mente que yo creo que fue iluminada por Dios para ayudarnos a ver cosas del corazón humano que de otra manera no hemos visto.
Pero es igual algo que decía otra persona: "Dios nunca te llevará..." Escucha, si recordáramos esto todos los días, tuviéramos el juego ganado todos los días. Dios nunca te llevará en su voluntad, o la voluntad de Dios nunca te llevará donde su gracia no te acompañará. Donde te lleva su voluntad, su gracia va junto con ella, porque es su gracia la que te va a ser suficiente. "Bástate mi gracia para llevar a cabo mi voluntad." A ver, Dios es bueno, es agradable. Claro que es agradable, porque como es vía su gracia que yo lo llevo a cabo, me resulta productora de gozo aun en un calabozo oscuro del primer siglo, frío y desamparado. Y es perfecta porque está libre de deficiencia y nunca ha cometido un error.
Pero nosotros no nos decimos así. Ese no es el deseo natural nuestro. De nuevo, aquellos de ustedes que han tenido hijos de dos y tres años, ustedes han visto en sus hijos de dos y tres años cuál es el deseo, la inclinación natural de la criatura: "Yo lo hago, yo sé." El niño ha visto amarrarse los zapatos, nunca ha amarrado uno. Cuando él comienza: "Déjame, yo sé." Bueno, pues eso. "Arratica, mami, amárrame los zapatos." Pero ahora con mala actitud, porque ya está incómodo porque él no lo pudo hacer. Famosa canción de Joan Manuel Serrat: "Caminante, caminante, se hace camino al andar." Nos encanta esa idea. "Ve por ahí. Mires el camino que Dios trazó. No, yo hago camino al andar. Yo hago mi propio camino. Voy a andar por sendero de otro, aun si ese otro es Dios."
Pero eso con nosotros es reinventando la rueda continuamente, porque "yo lo hago, yo sé." "Pero mires, es más fácil por aquí." "No, a mí me gusta por aquí." "Pero, ¿qué es lo que te gusta de por aquí?" "Porque todavía no hay camino." "¿Que es el mío?" "Eso me cuadra." Ese es tu corazón y ese es el corazón mío en diferentes momentos de tu vida o de la mía.
Cuando Cristo vino en representación del hombre, yo lo vio completamente de otra manera. Los discípulos van a comprar comida, Cristo se queda. Cuando ellos regresan, vienen seguro con los dedos, ya todo untado de grasa, la grasa alrededor del oslavo: "Maestro, te trajimos comida." Estas son las palabras del Maestro: "Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra." ¿Tú te imaginas el jarro de agua fría sobre todos? Un lejizo, buscar esta comida, esto se le va a gustar al Maestro. El Maestro le sale con que "mi comida es hacer la voluntad de Dios." Imagino a Pedro mirando para Juan: "¿Qué fue? Ahí estuvo el de la idea."
Mientras el hombre vive luchando por llevar a cabo su voluntad, escucha a Cristo: "He descendido del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió." Mientras el hombre lucha por salir de las dificultades y "¿cuándo me vas a sacar de aquí?" y "esto y este desierto, ¿cuánto va a durar?", Cristo dice: "Padre, hágase tu voluntad y no la mía. No estoy llorando para que me saques; estoy llorando para que me acompañes, hasta que dure." Porque Cristo estuvo todo el tiempo buscando solamente la gloria de Dios como su único propósito.
Cristo sabía, cosa que nosotros sabemos pero que no hacemos, Cristo sabía que nadie puede robarle la gloria de Dios, ni reducirla, ni compartirla, ni imitarla, ni oscurecerla, ni ocultarla. Nadie puede hacer nada de eso. Los ángeles no lo intentan, sería una imposibilidad. Dios dice en Isaías 48: "Por amor mío, por amor mío lo haré, porque ¿cómo podría ser profanado mi nombre? Mi gloria pues no la daré a otro." Algunos de ustedes me han dicho: "Eso es como que egoísta de parte de Dios."
Déjame ver si podemos en el cierre ya finalmente ver, a ver si encontramos dónde está el egoísmo. ¿Es egoísta de parte de Dios decir que mi gloria no la compartiré con ningún otro? Pero resulta que ese Dios, cuando quiere simplemente proclamar su gloria, Él crea todo lo que existe, y al crear yo llego a existir, a ser, a moverme en Él. Explíqueme un momento ahora, ¿dónde está el egoísmo de Dios? ¿Te das cuenta que nosotros decimos eso simplemente, cuando decimos eso estamos expresando el deseo del corazón de que yo quiero crédito en esa gloria, y Dios me está revelando que yo no lo tengo? Pero yo no estoy viendo todos los beneficios que tiene el hecho de que Dios no haya querido compartir su gloria con ningún otro.
Cuando Dios no quiso compartir su gloria con ningún otro, formó al hombre y le dio su imagen. "Por amor de mi gloria, ¿te he dado la imagen del ángel? Y decir, como yo no comparto mi gloria con nadie, yo no te voy a dar mi imagen, mejor te hago imagen de los ángeles." Pero no me hizo así. ¡Qué bueno que Dios ha decidido no compartir su gloria con ningún otro!
El hombre se perdió, yo salgo al encuentro, lo encuentra. Cristo va a la cruz a desplegar la gloria de Dios en la cruz, y cuando Él despliega la gloria de Dios en la cruz, resulta que yo soy redimido. ¿Dónde está el egoísmo? ¡Qué bueno que Dios ha decidido no compartir su gloria con ningún otro!
Dios me entra a los cielos, y cuando yo entro a los cielos comparto la herencia de Cristo, porque Dios ha decidido no compartir su gloria con ningún otro. Y por tanto ha llevado a cabo el plan de redención conforme a su propio consejo, y ahora resulta que yo soy coheredero con Cristo. ¡Qué bueno que Dios no ha compartido su gloria con otro! ¡Qué bueno que Él me ha pedido que yo siga su voluntad, que es buena, agradable y perfecta!
Ahora nota que cada vez que Dios llevó a cabo el despliegue de su gloria, Dios no fue beneficiado en un ápice. El despliegue de la gloria de Dios, lo único que ha hecho, que ha causado, es dolores de cabeza a Dios con estos hijos rebeldes y la crucifixión de mi Hijo. Dios nunca puede ser mejorado, nunca ha sido mejorado. Nada de lo que ha hecho le ha mejorado, ni le ha hecho más grande, nada. Cuando Cristo fue a la cruz y desplegó, dice: "Esta es la hora de mi glorificación," y desplegó la gloria de Dios, Cristo no lo hizo por los beneficios que iba a recibir.
Y eso es exactamente donde Dios nos quiere llevar, hermanos, que tú y yo tenemos que ir creciendo de una forma que podamos llevar a cabo la gloria de Dios, no por los beneficios y bendiciones que vamos a recibir, sino simplemente porque hemos llegado a conocer y amar a Dios Padre de la misma manera que el Hijo le conoció y le amó. El Hijo desplegó la gloria de su Padre porque le amaba y le conocía de la forma que le amó y le conoció. Tú y yo tenemos que llegar a conocer a Dios de la misma manera para entonces desplegar la gloria por la misma razón. ¿Cuál es? La gloria de su nombre. No otra. ¿Entiendes ahora, Padre, que se haga tu voluntad en la tierra como en los cielos?
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