Integridad y Sabiduria
Sermones

Hasta los confines de la tierra

Miguel Núñez 12 marzo, 2017

El libro de los Hechos narra el comienzo de una revolución silenciosa que transformó el mundo antiguo. Todo comenzó con once hombres, una iglesia pobre y perseguida, nadando contra la corriente del Imperio Romano. Sin embargo, esa iglesia pequeña socavó las bases morales del imperio más poderoso de su tiempo, y la única explicación histórica posible es la predicación del evangelio en medio de las peores circunstancias.

La metodología fue siempre la misma: la palabra predicada. Pedro se levantó el día de Pentecostés, citó al profeta Joel y los Salmos, habló de la cruz y la resurrección, confrontó a la gente con su pecado, y tres mil personas nacieron de nuevo. No fueron estrategias humanas ni gobiernos puros lo que cambió las cosas. Cuando Saulo hacía estragos en la iglesia, los creyentes esparcidos iban predicando por donde huían. Llegaron a Samaria y la ciudad se llenó de gozo. En Éfeso, quienes practicaban magia quemaron públicamente sus libros, valuados en cincuenta mil piezas de plata. Los negocios de ídolos comenzaron a cerrar porque la gente ya no los compraba.

El pastor Núñez señala que en Latinoamérica los creyentes han crecido en número, pero no han impactado las estructuras de la sociedad como ocurrió en Europa tras la Reforma. La iglesia primitiva demuestra que cuando el sufrimiento de una comunidad trae bendición a otra, cuando los creyentes comparten el evangelio de manera natural porque no pueden dejar de hablar de lo que han visto, las ciudades comienzan a cambiar. Esa es la invitación: abrazar la Gran Comisión sabiendo que las puertas del Hades jamás prevalecerán contra la iglesia.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

El libro de los Hechos es la narración del inicio de la gran comisión. De una u otra manera, con diferentes palabras, cada uno de los evangelios tiene como un enunciado de la gran comisión; el que más claramente lo tiene es Mateo en el capítulo 28, pero esta es la continuación de donde los evangelios terminan. Y una de mis motivaciones para hacer estas series es porque hace un par de años atrás nosotros anunciamos que queríamos embarcarnos en una misión que llamamos Misión Antioquía, que tiene que ver con plantación de iglesias, la extensión del evangelio a lo largo de Latinoamérica y las naciones de habla hispana. Y es mi deseo, es mi pasión, que esta serie encienda los corazones para que nosotros podamos abrazar de una mejor manera Misión Antioquía.

Tú puedes ver a lo largo del libro de los Hechos cómo la predicación del evangelio comenzó a transformar individuos, familias, ciudades enteras del Imperio Romano que comenzaron a ser cambiadas en la medida en que el evangelio se esparció. Y nosotros tenemos un compromiso. Nosotros tenemos un compromiso con el Señor Jesucristo. La gran comisión y todo lo que Dios le ha dado tiene un gran compromiso de contribuir a alcanzar las ciudades de Latinoamérica. Y la razón por la que hablo de las ciudades de Latinoamérica es porque no sé cuántos de ustedes se han percatado: el mundo se ha ido urbanizando y el 75% de la población de Latinoamérica reside en las ciudades. ¡75%! El campo se ha ido quedando solo. En países como Argentina, Uruguay, Venezuela, aun las Islas Bahamas, el 90% de la población vive en ciudades.

Si tú notas lo que el apóstol Pablo hizo, él plantó iglesias en ciudades. Él fue a Roma, él fue a Atenas, él fue a Éfeso, él fue a Tesalónica, él fue a Filipos, él fue a las ciudades donde se congregaba la gente y desde donde se podía alcanzar el resto del mundo conocido.

Déjame darte algunas pinceladas de un reporte de las Naciones Unidas. Tú dirás: ¿Qué tiene que ver las Naciones Unidas con el libro de los Hechos? Bueno, no tiene tanto que ver con el libro de los Hechos, pero tiene que ver con el entendimiento de la misión. Latinoamérica y el Caribe representan la región más urbanizada en lo que ha sido conocido como el mundo en desarrollo o el tercer mundo: Latinoamérica y el Caribe. Por otro lado, las aglomeraciones urbanas de Buenos Aires, São Paulo, Río de Janeiro, Ciudad de México y Lima se encuentran entre las 30 más grandes en todo el mundo.

En apenas 13 años, para el año 2020, la población de Latinoamérica y del Caribe —y ahí estamos nosotros— alcanzará unos 539 millones en regiones urbanas, lo cual representará un 81% de una población total estimada en 665 millones de habitantes para el 2020. ¡500 millones de habitantes en nuestro continente latinoamericano! Latinoamérica tiene grandes retos debido a la concentración de la población en ciertas ciudades y también porque hay una gran pobreza que caracteriza la región, mucha de la cual se encuentra en regiones urbanas. Se estima que el 40% de la población de Ciudad de México y un tercio de la población de la ciudad de São Paulo se encuentran por debajo de lo que se llama la línea de pobreza. Para el 2015, el Banco Mundial estableció el nivel de la línea de pobreza internacional a 1.90 dólares por día. Son menos de 100 pesos por día. Gente que vive con menos de eso.

En el 2005, Latinoamérica tenía 67 ciudades con más de un millón de habitantes y 4 ciudades con más de 10 millones de habitantes, o megaciudades. Nosotros tenemos 19 megaciudades en el mundo; Latinoamérica tiene 4 de ellas.

Mi interés, en la medida en que yo he ido viajando por Latinoamérica, es convencer a cada uno de ustedes y a otros que nos están escuchando de que el evangelio tiene que continuar esparciéndose, porque es la única esperanza del continente latinoamericano para cambiar las condiciones que yo acabo de mencionar. Es exactamente lo que ocurrió después de la Reforma. En la Europa que se desarrolló y llegaron a constituirse en países industrializados, lo que la gente no sabe es que la catapulta del desarrollo europeo fue la fe cristiana, y lo mismo para Estados Unidos.

La pregunta es: ¿Cuál es el rol de la iglesia? Porque el libro de los Hechos nos va a describir el comienzo de la historia de esa iglesia. ¿Y cuál es el rol de esa iglesia que comenzó hace 2,000 años atrás? La iglesia no se ha ido percatando de cambios como lo que yo acabo de mencionar y en esencia ha estado participando de forma pasiva. Y cuando ve los cambios se alarma, se queja, habla acerca de esto, pero no necesariamente ha abrazado de mejor manera la gran comisión, que es nuestra tarea.

Y parece que Dios ha hecho lo siguiente: "Ya que ustedes no han ido, les voy a traer el campo a ustedes. De manera que la mies ya no estará allá afuera, va a estar aquí junto con ustedes, rodeada con un gran problema de tráfico. ¿Van a hacerla o no van a hacerla?"

Cuando nosotros nos quejamos de los problemas a nuestro alrededor, nosotros no estamos contribuyendo en lo más mínimo a cambiar las cosas. Dios no nos hizo reporteros de los eventos que Él conoce mejor que nosotros. "Señor, mira cómo está este tráfico, mira cómo está esta otra cosa, mira cómo está la sociedad." Y tú piensas que el Señor está ahí arriba y dice: "¡No me diga! Envíenme uno de los periódicos nacionales para yo enterarme, que no sabía." Dios no nos dejó como reporteros; Dios nos dejó como agentes de cambio y nos llamó embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros: "Reconciliaos con Dios." Y entonces vuestras naciones cambiarán, y vuestras condiciones individuales y personales y familiares cambiarán. Dios hace eso por medio de la predicación del evangelio.

El libro de los Hechos comienza —la narración comienza— 40 días después de la resurrección. Cristo resucita; 40 días después Él asciende a los cielos y ya no se le ve más. Ahí comienza la narración del libro de los Hechos. 10 días después ocurre el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo descendió con el símbolo de lenguas de fuego. De manera que ese es el inicio de la iglesia. 40 días después de la resurrección, del domingo de resurrección, ahí comienza la narración: Cristo asciende. 50 días después de la resurrección, 10 días después de la ascensión: Pentecostés. Y ahí comienza el libro de los Hechos.

Este es un libro sobre el cual se ha escrito mucho; ya les di una idea de un solo comentario, lo extenso que es. Yo no quiero cansarlos hoy con detalles acerca de esta historia, pero sí yo necesito darles algunas cosas de información que les ayuden a entender este libro extraordinario, rico, inspirador, que ha motivado a tanta gente, a tantas iglesias, a hacer tantas cosas.

Si alguna de las cosas les parecen complejas en algún momento, sobre todo en esta parte introductoria —que estoy tratando de que no lo sea, pero si les parece así— recuerden: si ustedes fueron a la universidad o están en la universidad, hay cosas que se las comienzan a explicar y a ustedes les parecen también complejas. De manera que eso no es exclusivo del estudio de la Palabra. Yo recuerdo cuando estaba dando integrales en Cálculo 2 en la universidad; yo pensé que era la cosa más compleja del mundo, pero pasó. Y esto no es Cálculo 1 o 2; esto es cálculo espiritual. Este es el cálculo de Dios. Este es el estudio de la metodología de cómo Dios desarrolla sus planes, su iglesia y la evangelización del mundo. Si tú quieres aprender algo de sumar y restar, ¿no piensas que debes aprender algo acerca de cómo Dios piensa, de cómo Dios planifica, cómo Dios evangeliza? Esta es la historia de Dios para con su iglesia.

De manera que yo voy a brindarles algunas pinceladas introductorias. Si ustedes quieren más de esto, yo les puedo brindar la introducción de 650 páginas del autor que les mencioné y ustedes pueden ahí enriquecerse. Pero no tenemos ese tiempo.

Comencemos por el título: El libro de los Hechos. ¿Fue ese realmente su título? Originalmente no; probablemente circuló sin ningún título inicial, pero posteriormente, como una manera de identificar el contenido del libro, fue apareciendo el título del libro de los Hechos. Algunos le llamaron el libro de los Hechos de los Apóstoles. La palabra "hechos" era un género literario en el pasado que usualmente se usaba para destacar las hazañas de un individuo. Se pudo haber escrito, por ejemplo, un libro como las hazañas de Alejandro Magno, de Simón Bolívar o un líder similar: los hechos de tal persona.

Y la realidad es que el personaje central del libro de los Hechos no es Pedro, no es Pablo, no son los apóstoles en general; el personaje central del libro de los Hechos es Dios. Ya sea la persona de Cristo, ya sea la persona del Espíritu Santo. Y algunos han pensado que así es como deberíamos llamarle: Los Hechos del Espíritu Santo, Los Hechos de Cristo, Los Hechos de nuestro Dios.

El gran pastor y maestro anglicano John Stott, que murió apenas el año 2011, sugirió que pudiéramos llamar este libro "La continuación de las palabras y los hechos de Jesús por medio del Espíritu Santo y a través de los apóstoles." Muy largo, pero eso es lo que el libro es. Gene Hughes, un líder y autor contemporáneo, sugiere en su comentario que pudiera llamarse "Los Hechos del Cristo resucitado por medio del Espíritu a través de la iglesia." Muy bueno, pero muy largo.

En realidad, en algunos de los papiros que han aparecido —el papiro 74, por ejemplo— simplemente aparece el título "Hechos de los Apóstoles." Y aparece al final del libro, no al principio del libro, y la palabra "hechos" aparece en singular por razones lingüísticas que no voy a entrar al caso ahora. Otros papiros aparecieron con el nombre de "Hechos"; estos papiros datan entre el siglo IV y el siglo IX. De manera que tenemos esa información, pero también sabemos que para el final del siglo II ya estaba bien establecido cuál era el nombre del libro y también estaba bien establecido quién era su autor.

Su autor es universalmente aceptado como Lucas, que era médico. En Colosenses 4, Pablo le llama el médico amado; obviamente había una buena relación de amistad entre ellos. Lucas, quizás por su misma condición de médico, aparentemente fue un individuo muy educado porque él tiene, en esta descripción, esta narración, el vocabulario más amplio de todo el Nuevo Testamento. Él tiene un griego sumamente pulido que solamente el autor de Hebreos y las cartas de Pablo pudieran competir con él. En cuanto al autor, hay muchas otras cosas que se pudieran decir, pero no tenemos ese tiempo. En cuanto a la fecha, cuando el libro se escribió, la mayoría piensa que entre el año 60 y el 70 de nuestra era; algunos lo empujan un poco más y hablan del año 70 al 80.

Lo que el libro de los Hechos hace es que nos brinda un panorama del poder de la Palabra de Dios para transformar vidas y sociedades. Nosotros vemos a lo largo del libro de los Hechos de qué manera el movimiento cristiano se expande en contra de viento y marea de forma indetenible. Esa es una de las maravillas de este libro: que tuvo la iglesia siendo opuesta por todo el sistema político y religioso y la iglesia seguía avanzando. Y es realmente curioso ver cómo una iglesia pobre, perseguida, que comenzó con once hombres sencillos, se expande, socava las bases del Imperio Romano, lo termina derrumbando simplemente con socavar sus bases morales. Y la única explicación histórica que podemos dar es la predicación del satisfacción Evangelio en medio de las peores circunstancias y un Dios que hace que su iglesia prevalezca en contra de los peores augurios.

Cuando la mayoría de la gente piensa en el poder de Dios, la mayoría piensa en milagros. Cuando tú lees el Nuevo Testamento, cuando tú lees toda la Palabra, pero sobre todo el Nuevo Testamento, aunque el libro de Génesis está claro como cualquier otro en cuanto a lo que voy a decir, cuando Dios piensa en su poder, se revela de forma prioritaria el poder de su Palabra. Dios habló y el universo se formó. De esta misma forma, a lo largo del Nuevo Testamento, Dios habló por medio de su Palabra y el imperio se transformó.

Ahí es donde radica la mayor o la mejor evidencia del poder de Dios: el poder de la Palabra que abre los ojos de aquel que venía disfrutando del reino de los hombres y que hoy realmente no tiene valor por esas cosas, sino por aquello que tiene que ver con el reino de los cielos. La Palabra de Dios testifica que ella es capaz de tomar al hombre sencillo, al hombre que no sabe muchas cosas, el hombre que no es muy sabio, y convierte a ese hombre sencillo en un individuo sabio. La Palabra que cambia la cosmovisión, la manera de pensar de individuos y de poblaciones y comunidades. La Palabra que destruye ansias, en inglés "cravings", de la naturaleza carnal del hombre viejo y crea en él nuevos apetitos. La Palabra que es capaz de sensibilizar la conciencia de aquel que era completamente indiferente a las cosas de Dios, completamente indiferente al pecado, y que hoy en día tiene un corazón que late por Dios y que aborrece el pecado. Esta es la Palabra y esa es la evidencia del libro de los Hechos.

La proclamación del Evangelio, por parte de estos hombres de la iglesia primitiva, puso a los apóstoles en una posición de choque contra la cultura grecorromana, y ahí es donde la iglesia siempre ha estado. La única manera de cómo la iglesia camina fácil en el mundo de los hombres es cuando la iglesia se seculariza y se vuelve como el mundo. Cuando la iglesia hace su rol y predica la Palabra, la iglesia está llamada a nadar en contra de la corriente todo el tiempo. No va a cambiar la corriente; a nadar en contra de la corriente y que Dios haga su efecto en la medida en que nosotros nadamos de esa forma.

Nosotros vemos eso en el libro de los Hechos: apóstoles, una iglesia pobre, con poca gente, nadando en contra de la corriente del Imperio Romano, y que nunca descansa el avance hasta que el apóstol Pablo llegue a Roma, la capital de todo el imperio. Y allí en Roma, entonces el libro cierra con Pablo bajo arresto domiciliar, predicando la Palabra por dos años. Dice el texto, estas son las últimas palabras del libro, que Pablo predicó la Palabra por dos años con toda libertad y sin estorbo. Mira el contraste: la narración del libro comienza con la predicación en Jerusalén, bajo continua oposición de las autoridades judías, y termina en Roma con la predicación de Pablo en una ciudad gentil, sin estorbo y con toda libertad. La Palabra venía derribando barreras en el interior de los corazones y derribando barreras en el corazón de las culturas. Ambas cosas. La Palabra predicada venía haciendo estragos en barreras en el interior del hombre y venía destruyendo barreras culturales en el corazón de las culturas.

Escucha este comentario de este autor, G. E. Evans, que escribió La historia de la Europa cristiana, y dice lo siguiente: "Las enseñanzas de Jesús, que él nunca escribió de su propia mano, sobrevivieron y fueron llevadas a través del mundo romano". Escucha ahora: "transformando no solo la forma de pensar, sino también la estructura de la sociedad en el cristianismo, el cual era, hasta los tiempos relativamente modernos, un fenómeno esencialmente europeo". La Palabra no fue simplemente... el efecto de la Palabra no fue simplemente que la gente llegó a creer en Jesucristo; la gente cambió su forma de pensar y las comunidades donde ellas vivían, las estructuras sociales comenzaron a cambiar. Eso es lo que Latinoamérica todavía no ha visto, pero que necesita ver, y la única manera de hacer eso es predicando la Palabra, yendo, enseñando, predicando. Y de ahí la razón de nuestros deseos y de nuestros viajes.

Nosotros vemos en el libro de los Hechos cómo la cosmovisión cristiana comienza a invadir la cultura de ese tiempo, cómo comenzó a transformar la sociedad, cómo estaba cambiando aun las leyes en la medida en que tú sigues la historia por los próximos quinientos años. Y la única metodología, una vez más, fue la predicación de la Palabra. No fueron estrategias humanas, no fueron metodologías, no fueron gobiernos nuevos, no fueron gobiernos puros, no fueron gobiernos sin corrupción; fue la predicación no adulterada de la Palabra.

La predicación de Lucas cubre los primeros treinta años. Yo, en el tiempo que me queda, yo pretendo darle una vista panorámica de treinta años de historia. Eso implica que se tiene que correr bien, que tiene que correr conmigo, que no puede pestañear, que tiene que prestar atención. Pero en ese período, el Evangelio fue predicado, iglesias fueron plantadas, vidas y familias comenzaron a cambiar, y pronto comunidades enteras fueron transformadas.

Escucha este otro comentario de Robert Wilken, que escribió un libro de historia acerca de los primeros mil años: "El advenimiento del cristianismo trajo una de las revoluciones más profundas en el mundo conocido. El cristianismo", escucha, "es una religión formadora de culturas, y el crecimiento de la comunidad cristiana llegó a transformar o a formar a las culturas del mundo antiguo, así como una nueva civilización, o más bien, nuevas civilizaciones". El comienzo de todo eso es el objeto de este estudio en este libro, en el libro de los Hechos.

El libro de los Hechos comienza con un encuentro entre el Cristo resucitado y sus discípulos, y entonces ahí su ascensión a los cielos con las últimas instrucciones. Apenas unos días después, el apóstol Pedro se levanta, predica su primer sermón apostólico, y ese día tres mil personas se convirtieron, nacieron de nuevo, tres mil personas. Imagínate que ahí había una multitud que tiene mucho más capacidad de espacio y una serie de cosas desarrolladas que lo que pudieran ser esos once apóstoles. Le agregas mañana tres mil nuevos creyentes. ¿Cómo les ministramos? ¿Cómo los absorbemos? ¿A dónde los ponemos? ¿Cuántos pastores requerimos? Tres mil personas del fruto de un solo sermón.

La pregunta es: ¿qué fue lo que Pedro les predicó? No fue filosófico el mensaje. Pedro predicó la Palabra. Hechos 2:16 al 21, citó pasajes del Antiguo Testamento, tanto del profeta Joel como de los Salmos. Habló de la salvación ofrecida por medio de Cristo, habló de la cruz y de la resurrección, confrontó a la gente con su pecado y presentó el señorío de Cristo. Punto. Y tres mil personas nacieron de nuevo. Poder de la Palabra.

John Stott, en su comentario acerca del libro de los Hechos, dice: "La predicación de Pedro está llena de Cristo, de su encarnación, su crucifixión, su resurrección y su ascensión". Es por eso que el sermón fue tan grandioso. Pedro concluyó en el verso 36: "Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo". Jesús es llamado Señor, un título que tenía mucho significado para los gentiles, pero es llamado Mesías, Cristo, esa es la traducción, que tenía un gran significado para los judíos. Pedro termina confrontándoles y diciéndoles: a este Cristo que ustedes crucificaron, ese Cristo, ese Señor, es el Mesías que ustedes esperaban y que lo pasaron por alto.

Y Dios, que es el personaje central de la historia, en Hechos 2:47 dice: "El Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos". El Señor es el Señor de la historia, es el Señor de la historia de la iglesia, y el libro de los Hechos nos deja ver eso claramente. Un par de capítulos más adelante, nosotros nos encontramos con que la iglesia ya tenía unos cinco mil hombres, y no contando ni mujeres ni niños, de manera que la iglesia en pocos días había crecido de once apóstoles a tres mil, y ahora a quizá unas diez mil personas si consideramos los hombres, las mujeres y los niños.

La pregunta es: ¿qué le dio el crecimiento a la iglesia? No es tan complejo. La iglesia crecía porque el favor de Dios estaba con ellos. La iglesia crecía para cumplir con la promesa del Señor Jesucristo de que las puertas del Hades no prevalecerían contra la iglesia.

La iglesia crecía básicamente porque el pueblo era de un solo sentir y de un solo corazón; no había división entre ellos. Y la iglesia crecía porque se dedicaban a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión con Dios, a la comunión entre los hermanos, como el libro de los Hechos nos deja ver. Esa cohesión, esa intimidad con Dios, ese favor de Dios, la predicación del Evangelio creó todo el crecimiento.

Ahora nota cómo este autor comenta acerca de lo que estaba ocurriendo. El crecimiento de la iglesia sucede cuando ella tiene sus prioridades correctamente establecidas. No se trata de una estrategia ni de un método, sino de contar con el poder de Dios. Las iglesias crecen, escucha, cuando el Evangelio es predicado.

El crecimiento de la iglesia tenía a las autoridades frustradas, y eso está en el libro de los Hechos. Perseguían a los hermanos, encarcelaban a los apóstoles, prohibían la predicación y la iglesia seguía creciendo. ¿Qué es lo que vamos a hacer? Ya no sabemos qué hacer. Los encarcelamos, les prohibimos que hablen, les perseguimos y ellos siguen creciendo.

Cuando tú llegas al capítulo 5 del libro de los Hechos, recuerda que esta es una vista panorámica; luego vamos a descender y vamos a ver algo por algo, pero por ahora estamos volando sobre la floresta. Simplemente en 5:28, escucha lo que las autoridades dicen: "Os dimos órdenes estrictas de no continuar enseñando en este nombre, y aquí habéis llenado a Jerusalén con vuestras enseñanzas." Ustedes han hecho todo lo opuesto de lo que les dijimos. A ustedes no hay quien los calle, no hay quien los silencie. ¿A ver a quién matarlos?

F. F. Bruce, en sus comentarios sobre el libro de los Hechos, dice que la manera que muestra está escrito en el original pudiera traducirse de esta manera: Jerusalén es como una copa totalmente llena con vuestras enseñanzas. El centro judío por excelencia, Jerusalén, transformado.

La iglesia fue creciendo tanto que Lucas, que es considerado aun por historiadores seculares como excelente historiador, dejó de contar. Ya no habla de 3.000 y de 10.000, de 5.000; dejó de contar. ¿Y sabes cómo comenzó a relatar, a narrar el crecimiento de la iglesia? Escucha en 6:7: "Y la palabra de Dios crecía, y el número de los discípulos se multiplicaba en gran manera." ¿Dónde? En Jerusalén, en el centro judío. Y muchos de los sacerdotes obedecían a la fe.

Eso es lo que pasó cuando Martín Lutero, que era un monje, se convirtió. Eso le pasó a muchos otros en la época de la Reforma, que eran sacerdotes que dejaron lo que habían enseñado para abrazar esta revelación bíblica con nuevo entendimiento.

En ese texto que yo les he leído, que la palabra de Dios crecía y el número de discípulos se multiplicaba en gran manera en Jerusalén, y muchos de los sacerdotes obedecían a la fe, hay tres palabras, tres frases claves que yo quiero analizar. En un minuto, minuto y medio voy a hacer algo técnico, y ya me salgo para que no digan: "Pastor, no siga por ahí."

Tres frases: la palabra de Dios crecía, el número de los discípulos se multiplicaba, muchos de los sacerdotes obedecían a la fe. Schnabel hace este comentario cuando revisó los Hechos en el lenguaje original. Él dice lo siguiente: "La palabra de Dios crecía" más bien se pudiera traducir como "sigue creciendo", porque está en un tiempo indicativo imperfecto, lo cual implica un crecimiento continuo. No fue como que la palabra de Dios creció; no, crecía, continuaba creciendo. La segunda frase, "el número de los discípulos se multiplicaba", en el griego aparece en la forma imperfecta del verbo, y eso implica o sugiere un crecimiento continuado también. Y el hecho de que muchos de los sacerdotes obedecían a la fe aparece también en una forma verbal que implicaba conversiones duraderas, y no brotes momentáneos y emocionales del momento, como a veces hemos visto en la historia de la iglesia más reciente.

Entonces, esta es la idea: el crecimiento de la palabra continuó durante un largo período de tiempo, el crecimiento en número de los discípulos fue continuo, y las conversiones fueron duraderas y no breves brotes de interés en la persona de Jesús. Campus Crusade, la Cruzada Estudiantil, ha reportado que en muchas de sus campañas el 80% de los jóvenes y de las personas que han hecho profesiones de fe luego más nunca son vistas. Esto no es lo que estaba ocurriendo en la iglesia primitiva. Eran conversiones duraderas, reales, genuinas, y no brotes breves de conversiones que no eran reales.

Lucas pasa a describir el crecimiento entonces de la fe cristiana como "la palabra de Dios crecía". Lucas personifica la palabra, como si la palabra fuera una persona que crecía y como si la palabra dirigiera el crecimiento de la iglesia.

Entonces, en esta vista panorámica que estoy tratando de darte, nota cómo la historia va progresando. En 6:7 del libro de los Hechos se nos dice que una gran cantidad de sacerdotes abrazaron la fe. En el capítulo siguiente, en el 7, se nos habla de que Esteban fue muerto apedreado, el primer mártir de la iglesia. En el capítulo 8 se desata una gran persecución. Versículo 1: todos fueron esparcidos por las regiones de Judea y Samaria, excepto los apóstoles; todos. Mucha gente salió corriendo, los cristianos recién convertidos.

Pero, ¿por dónde tú oíste que salieron corriendo? Por Judea y Samaria. ¿Cuál fue la orden del Señor Jesucristo? Van a evangelizar primero en Jerusalén, después en Judea y luego en Samaria. ¿Qué tú piensas que pasó? Bueno, ahora te voy a decir.

Pero esta persecución que se relata ahí en el capítulo 8 tiene que ver con Saulo, que era un perseguidor de la iglesia, que luego se convierte y Dios le cambia el nombre y le llama Pablo, el gran evangelista del Nuevo Testamento. De Pablo se dice, cuando su nombre era Saulo, que hacía estragos en la iglesia. No era que perseguía uno aquí y uno allí; hacía estragos en la iglesia, entrando de casa en casa y arrastrando a hombres y mujeres, y los echaba en la cárcel.

Uno pensaría que esta iglesia pequeña que está siendo perseguida con alguien como Saulo, que hacía estragos en la iglesia, hubiese causado la intimidación de los discípulos y se hubiesen retirado, se hubiesen callado. Pero eso no es lo que el texto dice en el capítulo 8 del libro de los Hechos. Escucha lo que dice, así que del versículo 4 hasta el 8: "Los que habían sido esparcidos, porque estaban siendo perseguidos, iban predicando la palabra. Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo, y las multitudes unánimes prestaban atención a lo que Felipe decía, al oír y ver las señales que hacía, y había gran regocijo en aquella ciudad."

¡Wow! Nos están persiguiendo en Jerusalén, nos vamos, llegamos a Judea, llegamos a Samaria, y cuando nos preguntan: "¿Qué hacen aquí?", comenzamos a predicar la palabra. Uno pensaría: vamos a quedarnos callados para que no nos persigan aquí también.

Nota entonces que la persecución no impidió que estos creyentes predicaran a Cristo. En una región semijudía como era Samaria, predicar a Cristo era una ofensa. Ellos no tuvieron temores, y la palabra surtió tal efecto que las multitudes unánimes en Samaria prestaban atención a lo que Felipe decía. Y como resultado, dice el texto, la ciudad se llenó de gozo. Nota que no dice que los convertidos tenían gozo; no, la ciudad. Esto era un fenómeno social en Samaria donde había tanta gente experimentando el poder de la palabra que la ciudad fue caracterizada como llena de gozo.

David Thomas comenta acerca de lo que estaba pasando y dice: "Hay un contraste intencional en este pasaje. La iglesia de Jerusalén está siendo devastada y la ciudad de Samaria está experimentando mucho gozo a la expansión de Jerusalén." En Jerusalén están persiguiendo a los hermanos y la iglesia está siendo devastada, estragos, los hermanos están corriendo. Llegan a Samaria y estos hermanos perseguidos llenan a Samaria de gozo.

Eso no es diferente a lo que le pasó a Cristo en la cruz. En este caso, los sufrimientos y la muerte en una comunidad trajeron bendición a otra comunidad. El sufrimiento y la muerte de una comunidad en Jerusalén trajo gozo a otra ciudad. El sufrimiento y la muerte de un hombre, Jesús, trajo gozo a cada uno de nosotros que le hemos conocido.

La pregunta de este día es si tú y yo estamos dispuestos al sacrificio, al sufrimiento, con tal de que otros que no tienen gozo puedan experimentar el gozo del Señor.

La iglesia de Cristo prevalecerá, y algunos de nosotros, quizás muchos de nosotros, en diferentes momentos, Dios nos va a pedir que pasemos por la tribulación, por la dificultad, por el dolor, con la única intención de que nosotros sirvamos de agentes de evangelización, o que nosotros sirvamos de testimonio de hasta dónde puede la gracia de Dios sostener en medio del sufrimiento.

Y sabes qué, hermano, si tú estás pensando: "Bueno, yo no voy a hacer eso, yo no voy a pedir a Dios eso, mejor no tengo esa disposición." Cuando Dios decida que eres tú o que soy yo, Él no te va a preguntar, no te va a pedir permiso. Él te va a decir: "Moisés, de regreso a Egipto." Él va a aparecer en tu vida, te va a decir: "Job, lamentablemente te tengo que soltar por un tiempo en medio de una prueba, porque hasta ahora Satanás se la ha cogido contigo. Y yo lo voy a dejar; no te voy a dejar hasta el final, pero lo voy a dejar."

Y Pablo iba camino a Damasco persiguiendo gente, y Cristo se le aparece, le dice: "¿Saulo? ¿Saulo? ¿Por qué me persigues? ¿Por qué le haces daño a mi iglesia? Cuando le haces daño a uno de mis hijos, no es a ese hijo que le haces daño, es a mí que me haces daño. ¿Saulo?" Y se convierte y comienza a predicar el Evangelio, y Cristo comienza a salvar gente por medio del perseguidor.

Quizás tú eres el próximo; en el listado quizás soy yo. Lo que sí tú puedes estar seguro es que Dios y su iglesia prevalecerán. No hay manera de detener eso. La iglesia podrá ser perseguida, pero jamás podrá ser detenida. La iglesia podrá ser diezmada en su composición, pero jamás podrá ser debilitada en su fortaleza, en el seno mismo de su historia.

La iglesia podrá ser desposeída de sus bienes, pero no desposeída de su Dios. Jamás, nunca, imposible. Las puertas del Hades no prevalecerán contra la iglesia del Señor Jesucristo. Nunca jamás. No importa si es en China, en Corea del Norte, no importa dónde; la iglesia siempre ha prevalecido.

En Hechos 6:7 nosotros vemos sacerdotes judíos que comienzan a creer. En Hechos 13:12 vemos un procónsul; ahora gente del gobierno comienza a creer. En Hechos 16:14 nosotros vemos una mujer de negocios, Lidia, que abrazó la fe. En Hechos 16:33 un carcelero, alguien pobre, y toda su familia creyeron y fueron bautizados. En Hechos 17:12 gente prominente y de influencia; definidos así mismo. Yo no me inventé esa frase: gente prominente y de influencia fueron convertidos. Todas las esferas sociales están siendo afectadas con la predicación del satisfechas. En Hechos 19:19 vemos gente abandonando prácticas paganas y de hechicería. Estos ejemplos que yo acabo de mencionar son ejemplos personales de personas que llegan a creer, pero son simplemente una muestra de lo que estaba ocurriendo en grandes comunidades.

Ahora déjame darte panorámicamente. El tiempo me ha ido avanzando, pero déjame darte, creo que vamos bien, panorámicamente. ¿Cómo era que esta iglesia iba creciendo? ¿Cómo es que Lucas, como historiador, compañero de Pablo... Hay múltiples pasajes en el libro de los Hechos donde el autor habla de "nosotros": "Nosotros zarpamos para Tarso", "Nosotros llegamos"; de manera que ahí muestra que el autor Lucas era un compañero de Pablo. ¿Quién sabe si como médico llegó a curar, a vendar alguna de las heridas sufridas en medio de la persecución? Pero Lucas era un historiador muy agudo y él va relatando cómo es que la iglesia va creciendo. Y es interesante la fraseología que usa para describir. Hay un par de estas cosas que yo te mencioné, pero yo quiero volver a mencionarlas en este contexto continuo de principio hasta el fin del libro.

En Hechos 6:7, la satisfechas crecía —la Palabra personificada— y el número de discípulos se multiplicaba en gran manera en Jerusalén, y muchos de los sacerdotes se obedecían a la fe. Ya leímos eso. En Hechos 9:31, entretanto la iglesia gozaba de paz. Ahora, de repente, después de la persecución la iglesia entra en paz, porque cuando los caminos del hombre placen a Dios, Él hace que aun sus enemigos estén en paz con él. Entretanto la iglesia gozaba de paz por toda Judea, Galilea y Samaria, y era edificada, y andando en el temor del Señor y en la fortaleza del Espíritu, seguía creciendo.

Seis fases de crecimiento claramente identificadas en el libro de los Hechos. Te dije las primeras dos. La tercera, Hechos 12:24: "Pero la palabra del Señor crecía y se multiplicaba". Pero hay dificultades. En el capítulo 12 del libro de Hechos matan a Jacobo, el primero de los apóstoles en ser martirizado. Pero en el mismo capítulo 12, después de la muerte de Jacobo, uno pensaría: "Y la iglesia retrocedió y la iglesia se debilitó". No. En Hechos 12:24 dice: "La palabra del Señor crecía y se multiplicaba".

Hechos 16:5, la cuarta fase de expansión: "Así que las iglesias eran confirmadas en la fe" —ya no era que estaban creyendo, ya habían creído, ahora estaban confirmadas en la fe— "y diariamente crecían en número". Diariamente. Esto es un avivamiento. Hechos 19:20: "Así crecía poderosamente", y aquí viene la palabra, "y prevalecía la palabra del Señor". Es como la palabra del Señor haciendo guerra contra la oposición, pero la Palabra prevalecía. Como en los tiempos de Lutero. Lutero decía: "Yo no hice nada, yo prediqué la Palabra, yo me fui a dormir", y mientras estaba dormido, la Palabra lo hizo todo. Todo lo que ocurrió, toda la transformación de la Reforma, fue el fruto de la satisfechas.

Hechos 28:30-31, la última fase de crecimiento, la número seis: "Y Pablo se quedó por dos años enteros en la habitación que alquilaba y recibía..." Él tenía arresto domiciliario, pero bastante bueno, en buen dominicano, chévere. Él alquiló una casa, bueno, quedó en arresto domiciliario, pero una casa alquilada, "y recibía a todos los que iban a verlo, predicando el satisfechas de Dios y enseñando todo lo concerniente al Señor Jesucristo, con toda libertad y sin estorbo". Eso es en Roma, en el corazón del imperio. Hasta ahí ha llegado la Palabra. Es como si la Palabra hubiese estado arropando las ciudades de manera indetenible, y como que eso estaba creciendo de todas las maneras: los discípulos crecían en número y la Palabra crecía en influencia.

También sigue esto otra vez para luego aplicarlo y aterrizarlo a Latinoamérica: los discípulos crecían en número y la Palabra crecía en influencia. Eso no ha pasado en Latinoamérica. Los discípulos han estado creciendo en número y no ha habido influencia de los discípulos. La única razón por la que no ha habido la influencia para cambiar, impactar, transformar la estructura de la sociedad es porque los discípulos han permanecido muy ocupados en sus cosas personales y le han dado poca importancia a lo que es la expansión del Reino de los Cielos. Y han pensado que realmente, aunque no lo digan en palabras, habían estado demasiado preocupados con su propia salvación, pero tenían poca conciencia ciudadana, y poca conciencia, y peor aún, poca conciencia de la responsabilidad ante el Reino de los Cielos, que nos dejó aquí como embajadores de Cristo. De manera que la iglesia es la embajada del Reino de los Cielos y nosotros sus embajadores, para rogar a los hombres: "Reconciliaos con Dios". Pero además, los discípulos de Cristo comparten en su diario vivir la satisfechas de manera natural, porque no pueden dejar de hablar de lo que han visto y oído.

Como se pudo prever, la predicación del satisfechas abrió el camino para el establecimiento de nuevas iglesias. Esas iglesias se convirtieron en los pilares y en el sostén de la verdad. El crecimiento de la iglesia siempre ha sido una función del púlpito. El crecimiento de la iglesia siempre ha sido una función de la predicación de la Palabra y no de estrategias humanas. El púlpito, hermanos, no es simplemente un lugar para un buen sermón. El púlpito es el timón de cada iglesia; para donde el púlpito vaya, para allá irá la iglesia. Esa ha sido la historia. El crecimiento de la iglesia siempre ha sido función de la predicación de la Palabra. Y eso facilitó la transformación de sociedades donde las iglesias habían sido establecidas.

Me sorprende de manera extraordinaria lo indetenible que era la iglesia. Tú comienzas a revisar la historia y tú notas que a la cabeza de la iglesia lo matan y Él resucita. Este es el único movimiento que se levanta, no sobre la vida del fundador, sino sobre la muerte del fundador y posterior resurrección. Entonces matan a Cristo y la iglesia pasa de once a tres mil. Matan a Esteban y la fe se expande de Jerusalén a Judea y a Samaria. Matan a Jacobo, entonces la palabra de Dios crece y se multiplicaba.

En el interín que está pasando en las ciudades, bueno, Jerusalén es una copa llena de las enseñanzas de los apóstoles. Samaria se ha llenado de gozo. Y Éfeso, de la cual no hemos hablado todavía, comenzó a ser transformada de todas sus prácticas paganas. Escucha lo que el libro de Hechos dice en el capítulo 19, versículos 18 al 19: "También muchos de los que habían creído continuaban viniendo, confesando y declarando las cosas que practicaban". Esto es una confesión pública. "Y muchos de los que practicaban la magia, juntando sus libros, los quemaban a la vista de todos; calcularon su precio y hallaron que llegaba a cincuenta mil piezas de plata". Eso no son pocos libros y pocas medallitas y pocas cosas de este tipo. Cincuenta mil piezas de plata, eso es mucho dinero. A Cristo lo vendieron por treinta, entonces son cincuenta mil.

La gente estaba experimentando en la ciudad una transformación tal que la gente que vivía haciendo magia, espiritismo —bueno, no vudú porque no existía tal religión en el momento—, ese tipo de prácticas ocultas, venía públicamente, confesaba sus prácticas, traía sus libros y sus medallas y demás, y las quemaban. Hermano, una de las cosas más difíciles de cambiar es la práctica religiosa de las personas. Por eso Latinoamérica permanece el ochenta por ciento todavía en la religión que tenía cien años atrás, en la época de la Reforma. Para mucha gente es como que dejar su religión es dejar atrás sus ancestros y dejar atrás su familia y negar y renegar de todo lo que ha vivido. Sin embargo, eso es justamente lo que está pasando en Hechos.

Y la preocupación fue tal, el cambio fue tal, que uno de los plateros, uno de la gente que fabricaba medallas para estos dioses, Demetrio, vino y se quejó y dice: "Y veis y oís que no solo en Éfeso, sino que en casi toda Asia, este Pablo ha persuadido a una gran cantidad de gente y la ha apartado, diciendo que los dioses hechos con las manos no son dioses verdaderos". Pues claro que no son dioses verdaderos, ¡los hiciste con las manos!

Los negocios de la ciudad comenzaron a ser afectados. En ciudades y comunidades donde avivamientos han ocurrido, los bares han cerrado. Lo que hoy nosotros llamaríamos discotecas, muchas de ellas cerraron, porque la gente comenzó a ser transformada de tal manera que la gente no tenía deseo de participar en las cosas que hasta ese momento habían sido su gozo y su entretenimiento. Eso es lo que está ocurriendo aquí: los negocios de Éfeso están siendo afectados. Lo increíble del testimonio que dice "no solo en Éfeso, sino que en casi toda Asia" —Asia Menor, lo que se está refiriendo, es todo lo que corresponde a Turquía hoy— toda esa región tiene un negocio afectado. "Hay que hacer algo con este Pablo". Fue un terremoto religioso.

Tú puedes ver que ciertamente el libro de los Hechos es el comienzo de la satisfechas comisión. Pero si eso pasó bajo el imperio romano perseguidor, tú y yo podemos cobrar ánimo y esperanza de que algo puede pasar en nuestra región latinoamericana.

Y no pienses, por favor: "Bueno, pastor, sigue adelante". No, no, no. Tú también sigue hablando, sigue predicando, sigue compartiendo, sigue enviando. Unos van, pero otros envían. Unos van y otros oran en la sala. Unos van y otros financian. Esta es la realidad de la historia de la Iglesia.

Cuando tuve la palabra, fui capaz de hacer ciertamente... A mí me llena de mucho más ánimo. ¿Quién hubiese podido predecir que Europa, la historia de la Europa cristiana, que Inglaterra iba a llegar a ser Inglaterra, que Alemania iba a llegar a ser Alemania, por mencionar dos países, simplemente porque hubo una cosmovisión cristiana que los transformó?

Cuando el Señor dijo que no salgan de Jerusalén y esperen el poder, y cuando el poder descienda entonces podrán ir y deberán ir de Jerusalén a Judea, a Samaria, a todos los confines de la tierra, ahí era la reafirmación de la gran comisión. Pero yo creo que hasta ahí nadie hubiese tenido la visión de poder ver lo que iba a ocurrir. Pero nosotros tenemos la historia de lo que ha ocurrido. Nosotros sabemos que esto puede pasar porque ya pasó, de tal manera que tú puedes ver a un perseguidor de la Iglesia como Saulo, elegido como la figura principal de evangelización de todo el imperio. Lo que comienza en Jerusalén se esparce por toda Europa y eventualmente por Norteamérica y Canadá.

Lo que en Latinoamérica aún realmente no ha visto de la manera que ellos lo vieron, no es que el evangelio no se haya predicado, no es que el evangelio no haya llegado, pero no hemos visto la historia que ellos tuvieron.

Esa es la historia de una Iglesia sencilla, pero con una historia extraordinaria. Es la historia de una Iglesia sencilla con un Dios soberano, con una Palabra omnipotente, con un Dios que cuando habla las cosas suceden, con un Dios que promete y la promesa es más real que la realidad que tú ves. Es la historia de una Iglesia sencilla, pero un Dios que está por nosotros y no contra nosotros, con un Dios que es capaz de abrir su boca y levantar muertos, con un Dios que se atreve a poner un tesoro como el evangelio en vasos de barro, para que el vaso de barro predique el tesoro, para que otros vasos de barro puedan ser tocados y puedan brillar bajo la predicación de eso que he llamado tesoro.

Un Dios que tiene una Palabra que cambia ese mundo, que cambia comunidades, que cambia sociedades, y lo hace de la única manera que siempre ha sido hecho: por medio de la predicación de la Palabra. Ve y predica a los cuatro vientos el poder del evangelio para la transformación de vidas.

Recuerda que tú tienes un Redentor que ha dicho que toda autoridad le ha sido dada en el cielo y en la tierra, que ha enviado a hacer discípulos de todas las naciones, para que tú los bautices en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y les enseñes a obedecer todo cuanto Él nos ha enseñado, y que recuerden que Él estará con nosotros hasta los confines de la tierra. ¡Aquí están los confines de nuestro mundo! ¡Ese es nuestro Dios!

Un Dios por nosotros, no contra nosotros. Un Dios grande, un Dios fuerte, un Dios temible, un Dios poderoso, un Dios más alto que todo, un Dios que tú no te lo puedes imaginar, un Dios que jamás hubieses podido imaginar o entender. Y ese es el Dios que ha descendido, ese es el Dios que te ha hecho parte de la gran comisión, ese es el Dios que te ha invitado a que seas parte de lo que Él está haciendo, y ese es el Dios a quien tú sirves. Ese es el Dios que nosotros servimos como Iglesia. Ese es nuestro Dios, este es su pueblo, esta es su Palabra, aquí está su poder. En Cristo tenemos sus promesas, en el evangelio tenemos su poder. ¡Ve y haz discípulos de todas las naciones!

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.