Miguel Núñez • 20 marzo, 2018
La gran comisión exige un combustible que la iglesia contemporánea parece haber perdido: el avivamiento. Ir desde Jerusalén hasta los confines de la tierra requiere un poder que no se genera con estrategias de mercadeo, fondos misioneros ni grados académicos. Cristo lo dejó claro: la mies es mucha, los obreros son pocos, y la solución no es organizativa sino espiritual. "Rogad al Señor de la mies para que envíe obreros", dijo Jesús, y esa oración ferviente, continua e intensa es el único mecanismo que Dios ha establecido para movilizar su iglesia.
El problema se manifiesta en síntomas que muchos creyentes no reconocen como frialdad espiritual: las cosas de Dios ya no despiertan el interés de antes, la adoración que antes traía lágrimas ahora pasa sin efecto, evangelizar no produce ningún gozo, y llegar tarde al culto o salir antes de que termine parece irrelevante. El pastor Núñez lo dice sin rodeos: si no hay pasión por los perdidos, la fe necesita ser avivada, porque nunca ha existido un cristiano con fe vibrante que no tenga esa pasión.
La iglesia primitiva logró lo que parece imposible hoy: tres mil convertidos en un día, luego cinco mil, ciudades enteras transformadas, sacerdotes judíos abrazando la fe. ¿Cómo? Oraron en el aposento alto, recibieron la llenura del Espíritu, y después no pudieron callar. Pedro y Juan lo explicaron ante las autoridades: "No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído". El mismo poder que resucitó a Cristo mora en cada creyente. La pregunta no es si Dios ha provisto suficiente; la pregunta es por qué no vivimos como si lo creyéramos.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
¡Vamos a adentrarnos para mi vida en su satisfacción Palabra! Voy a pedir que mantengas la Palabra de Dios ahí contigo, en el Nuevo Testamento, y lo digo de esa manera porque estaremos visitando múltiples pasajes del Nuevo Testamento. Por eso no te voy a dar una cita en particular como hemos venido haciendo hasta ahora.
El día de hoy voy a estar predicando un mensaje que yo prediqué el fin de semana pasado en la Conferencia Nacional de Ligonier, que está ampliamente basado en el libro de los Hechos, pero que no corresponde necesariamente a la serie sobre el libro de los Hechos que hemos venido haciendo. Sin embargo, está afincado en ese libro de manera muy particular. El título del mensaje en su momento fue este: "Hasta los confines de la tierra: avivamiento y evangelización".
Y quizás cuando tú escuchas ese título, lo que sea, no te sea muy atractivo. Y quizás no te sea muy atractivo porque este título alude a la Gran Comisión o a la evangelización de los perdidos, y eso quizás no sea lo que te haya motivado, no te motiva mucho, excepto cuando tiene que ver con tu familia. Si nosotros somos honestos, usualmente el interés de evangelización de la mayoría de los cristianos sale y termina en nuestro círculo más íntimo. Y quizás muchas veces tú has visto esa falta de interés por el mundo no evangelizado como algo rutinario, quizás no lo has visto como una frialdad de tu fe, pero en el nombre de Cristo yo te digo: lo es. A la luz de la Palabra no hay otra conclusión.
Yo te diría, de ser así, que tu fe misma necesita ser avivada, porque nunca ha existido un cristiano con una fe vibrante que no tenga pasión por los perdidos. No lo ha habido. Tú puedes revisar la Biblia entera, no ha habido un cristiano con una fe vibrante que no tenga pasión por los perdidos. Tú puedes revisar el libro de los Hechos entero.
Quizás tu fe se ha enfriado y no te has dado cuenta porque quizás los síntomas de dicho enfriamiento no te son tan conocidos, no te son tan familiares. Quizás te has alejado de Dios y a veces hablas con tus iguales y les comentas acerca de eso, pero no sabes cómo regresar porque quizás el regreso tiene un costo que quizás no estás dispuesto a pagar.
Es posible que puedas ver mejor la necesidad de avivar tu fe si tú consideras algunas cosas pequeñas, pequeñas en tu vida. Hay cosas grandes, yo escuché algunas grandes esta semana, pero cosas pequeñas. Quizás las cosas de Dios ya no tienen el interés que antes tenían. Quizás ya lo que antes despertaba la adoración, que antes traía lágrimas y gozo y ciertas emociones en ti, quizás ya no lo hace. Quizás la queja te caracteriza más que el gozo del Señor. Cosas pequeñas en nuestra mente.
Quizás no sientes pasión por ver al inconverso convertido. Quizás incluso cuando escuchas de alguien que ha entregado su vida al Señor fuera de nuestros amigos o familiares, quizás es como agua; no sé si eso es noticia vieja. Quizás la idea de evangelizar o de ir a evangelizar a los que nunca han escuchado el evangelio quizás no produce ningún gozo ni ningún atractivo. Quizás escuchar la Palabra es algo que tú entiendes es necesario, pero quizás tú no te sientes ministrado como tantos otros que muchas veces los domingos se sienten profundamente ministrados.
Quizás sea tanto así que ha llegado un momento donde en realidad te parece más o menos lo mismo escuchar el sermón aquí presencialmente, tu sermón de principio a fin, que quedarte en la casa o en algún otro lugar viendo el sermón por computadora mientras se predica, viendo el culto en la computadora, y mientras el culto transcurre hablando con otros que lo están ahí viendo contigo y riéndote y teniendo un buen tiempo.
Quizás el enfriamiento de tu fe se manifiesta porque realmente te da lo mismo llegar cinco o diez minutos antes del culto que llegar diez, veinte, treinta minutos tarde domingo tras domingo, y realmente no le ves ninguna importancia. Hay una razón por la que yo sé que eso es grande. Lo antedicho es porque a mí, con corazón pecaminoso y a quien tú no vienes a adorar, me parece monstruoso.
Quizás uno de los síntomas de que tu fe necesita ser avivada es que cuando el sermón termina —no el culto, el sermón termina, donde todavía el culto no ha terminado, no hemos terminado de cantar y de adorar— el culto de adoración... es más importante salir de primero del parqueo que terminar un rato de Dios con tu familia. Cosas pequeñas, cosas culturales, cosas que me enseñaron en mi familia. Quizás esas pequeñas son las evidencias de grandes áreas de enfriamiento en mi caminar. O quizás yo nunca tenía una fe vibrante. En tanto yo no sé de qué el pastor está hablando en este momento, quizás necesito nacer de nuevo.
En cualquiera de estos casos o algún otro que yo no haya mencionado, porque la lista es grande, el sermón, mi hermano, en el nombre de Cristo, es para ti. Lo que yo quiero compartir es algo que Dios hizo en la Iglesia Primitiva y es algo que Dios necesita hacer en la Iglesia de todos los tiempos. Pero escúchame algo: cuando hay un avivamiento de esos que tú lees, enorme, eso comienza por una persona a la vez, de manera que no es la iglesia de las paredes que necesita ser avivada, es mi persona. Y lo que pasa en mí debe pasar en el otro y en el otro y en el otro, y entonces las cosas pueden ser diferentes.
El texto en esta mañana es bien corto, es un verso, y un verso ya lo hemos visitado, pero lo que vamos a hacer: vamos a tomar ese verso y lo vamos a abrir al resto del libro de los Hechos una vez más. Hechos 1:8: "Pero recibiréis poder..." Señor, mandó a esperar en Jerusalén, a no salir, y luego les dice: "Pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y en Samaria, y hasta los confines de la tierra."
Y pronto tú lees el versículo y si recuerdas la Gran Comisión dada en Mateo 28, cuando Cristo dijo: "Id por todo el mundo y haced discípulos y bautizadlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo", inmediatamente sale a relucir que aquí hay una tarea que cumplir, que Cristo llamó la mies. Es mucho. No solamente hay una tarea que cumplir, hay una meta que llenar, y el texto que acabo de leer la llama los confines de la tierra.
Pero para ir de Jerusalén a todo pueblo, tribu, lengua y nación, se necesita combustible, y el combustible de ese movimiento se llama un avivamiento. Hay un instrumento para hacer eso, y es la evangelización continua, activa, diaria. Y hay un proceso de consolidación de ese proceso, de ese movimiento, que es el discipulado: ir y hacer discípulos. Es un movimiento de los círculos: no conversos a discípulos de Cristo.
Y lo que acabo de definir no es otra cosa que no sea la Gran Comisión. Y esa Gran Comisión tiene cinco ideas: tiene una tarea, tiene una meta, tiene un combustible, tiene un medio o instrumento, y tiene un proceso de consolidación.
Yo creo que la mayoría de ustedes saben que soy médico, y como médico nosotros tendemos a abordar las situaciones haciendo una enumeración de los problemas que el paciente trae, para luego saber qué prescribir. Y yo quisiera permitirme la libertad, y que ustedes me lo permitan, de poder abordar este mensaje de la misma manera: ¿cuál es el problema y cuál es la cura? Entonces, el problema es la Gran Comisión, no hay duda de eso. Y creo que si vemos el problema con la Gran Comisión, yo quiero que nosotros podamos ver cuál es la cura o el tratamiento de la misma.
Cuando tú examinas el Nuevo Testamento está muy claro, no hay nada que discutir con esto: que a nosotros nos dio la Gran Comisión. No hay absolutamente una sola persona pensante, racional, objetiva, que pueda discutir que a los discípulos de Cristo, los primeros y los siguientes, se les dio la Gran Comisión.
Yo creo que tampoco es secreto que la gran mayoría de los cristianos, estoy hablando de nacidos de nuevo y de las iglesias de hoy en día, no tienen un gran interés por esta tarea que tenemos por delante. Pero ha sido un problema desde hace dos mil años, cuando Cristo dijo que los obreros son pocos para una mies que es mucha.
Parte del problema, estos son los síntomas del problema, de la enfermedad, es que aquellos sobre los cuales se invoca el nombre de Cristo, redimidos por la sangre, parecen vivir contentos con una vida como de costumbre, llevando la vida de iglesia como una rutina. El pastor Héctor, en la semana pasada conversando sobre alguna de estas cosas con el equipo de la oficina, decía: "Yo creo que muchas veces tenemos una relación con Dios laboral, que tiene que ver con la labor que realizamos." Es difícil creer que un grupo de personas redimidas por un Dios extraordinario pueda estar contenta y satisfecha con una vida más o menos ordinaria, indiferente a los perdidos que pasan a la eternidad de condenación todos los días. Este es el problema espiritual: la Gran Comisión. Si el problema es espiritual, la cura también lo es.
Entonces, les resumo esto: muchos perdidos, la Gran Comisión no es una prioridad para la mayoría de los hijos de Dios, el evangelismo activo a gran escala es esencial en este momento, pero no está pasando, no ha estado ocurriendo. No ha estado ocurriendo como ocurrió en la Iglesia Primitiva, no está ocurriendo como ocurrió durante la época de la Reforma, no ha estado ocurriendo como ha ocurrido en algunos momentos de avivamiento. Nosotros necesitamos un despertar, un avivamiento de creyentes y de incrédulos por igual, por razones distintas. Y eso es un trabajo de Dios.
Entonces, ese es el enigma: que nosotros tenemos una necesidad reconocida por nosotros, pero que yo no puedo producir el tratamiento. Es como que el paciente... bueno, voy a usar una ilustración. Como médico, yo he tenido síntomas en el pasado que yo entendía probablemente eran de origen cardíaco, pero yo no puedo cateterizarme a mí mismo y ponerme un stent. Entonces yo tuve que hacer algo, pero yo no podía hacerlo.
Entonces yo creo que el tratamiento debe tener un abordaje similar. Yo quiero mencionar que cuando Cristo habló del problema, porque Cristo estaba consciente del problema, en Lucas capítulo diez, Él dice: "Mira, el problema es el siguiente." Le dice a ellos: "El problema es el siguiente: la mies es la gran comisión, desde Jerusalén hasta lo confines de la tierra. Eso es mucho. Y lamentablemente los obreros son pocos." Como dirían en inglés, es un conundrum, eso es un enigma, eso es un "yo no sé cómo resolver eso." Por tanto, tomar cursos de mercadología; por tanto, levantar fondos porque eso va a costar mucho; por tanto, crear nuevos seminarios e institutos. No me malinterpreten, yo creo que hay que hacer alguna de esas cosas en algunas ocasiones, pero eso no fue lo que Él dijo.
Escucha lo que Él dijo: "Por tanto, como la mies es enorme y los obreros son poquitos, esto es lo que necesitas hacer: tú vas donde el Señor de la mies para que Él envíe obreros a su mies." Bueno, faltó algo ahí. No es que vayas, algo que nosotros hemos movido muchas veces y hemos pedido por eso también. No es lo que dice. Dice: "Rogad." En el original dice algo que el español trató de capturar con la palabra "rogad." Dice orar fervientemente, en otras palabras, frecuentemente, con pasión, sin parar, continuamente, intensamente. Orar al Señor de la mies para que Él envíe obreros a su mies. Entonces, ¿cuál es el resultado de esa oración ferviente? Que el Señor va a enviar los obreros a su mies.
Entonces, "Señor, pero ¿por qué Tú nos mandas a orar?" Bueno, es que la gran comisión, aquello que yo estoy encomendando, escapa a tu sabiduría y a tus habilidades. Se necesita mi ayuda a todos los niveles, en todos los sentidos de la palabra. Y porque ir a los confines de la tierra, que es el objetivo, no es una idea humana, no salió de ustedes ni de los primeros apóstoles, es una idea divina. Y por tanto, el plan de acción es igualmente divino. En la mente de Cristo, la oración está directamente relacionada a llevar a cabo la gran comisión.
De manera que el tiempo de oración que ocurre antes de los cultos, de ocho y veinte a nueve menos diez, nueve menos quince, si eso no crece, el resto no va a crecer. Si el tiempo de oración que ocurre de once a once y media entre el segundo culto, si eso no crece, el resto no va a crecer. Porque la oración es la manera de cómo el Señor de la mies ha decidido soberanamente enviar obreros a su mies. Esta es la estrategia. No es compleja, no es difícil ni siquiera costosa. Nosotros oramos y Él envía. Así de simple.
"Señor, si yo no he diseñado un plan que necesite un PhD para entenderlo, yo no diseñé un plan de evangelización que requiere un grado de inteligencia de Albert Einstein para poderlo discernir. Es más sencillo que eso. Yo diseñé algo que es fácil, que todo el mundo con el nivel de inteligencia que tenga puede hacerlo. Ellos vienen, ustedes vienen, ustedes me oran, lo hacen fervientemente, intensamente, y yo envío."
Bueno, muchos de nosotros hemos escuchado estas estadísticas. Escuchamos estas estadísticas de parte del pastor Enrique hace poco tiempo, y una de ellas, no sé si él la mencionó, pero ahí se dice, se cuenta, se estima que cincuenta mil personas mueren todos los días y pasan a la eternidad de condenación. Cincuenta mil personas todos los días. Eso es como dos mil por hora. Si pasamos dos horas aquí, cuatro mil personas habrán pasado al infierno en el tiempo que estamos aquí. Esos números son importantes porque nos aumentan nuestra responsabilidad, pero tú sabes algo: no han enviado a nadie al campo misionero, porque las estadísticas no envían a nadie al campo misionero. Dios lo hace. Por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.
Hermanos, la oración no te concede todo lo que tú quieres. No sé si tú has notado eso más de una vez. Pero yo te garantizo que la oración concede todo lo que Dios dijo que la oración concedería, y este es uno. Yo envío cuando tú oras.
Número dos, para que tú puedas ver la aplicación a tu propia vida y puedas ver la aplicación a la necesidad de avivamiento en tu propia vida, y cómo ocurre, porque necesitas entender cómo esto ocurre. Déjame leerte otro texto del próximo capítulo de Lucas. Yo leí de Lucas 10:2, ahora te voy a leer de Lucas 11, del 9 al 13, y esto es lo que el texto dice:
"Y yo os digo: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá."
Tú puedes contar con eso. Ahora tienes que ver qué es lo que vas a pedir. Porque todo el que pide recibe, todo, no algunos. Todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abrirá. Eso es oración.
"O suponer que a uno de vosotros que es padre, su hijo le pide pan, ¿acaso le dará una piedra? O si le pide un pescado, ¿acaso le dará una serpiente en lugar del pescado? O si le pide un huevo, ¿acaso le dará un escorpión?"
Escucha ahora la conclusión. "Pues," recuerda, pues, por tanto, por consiguiente, tú lo subrayas, "pues si vosotros siendo malos sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan."
¿Tú escuchaste lo que Cristo dijo en esa última parte? "Ustedes son malos." Yo no sé si usted se ha visto como malo. Cristo dice que tú eres malo, y yo también. Pero tienes un Padre que es bueno, y dice el Padre bueno dará el Espíritu Santo a quien se lo pida. Y tú me dirás: "Pastor, pero ya el Espíritu Santo mora en mí." Él está hablando a gente que ya cree. No está hablando a incrédulos, Él está hablando a los discípulos, a los once que ya le están siguiendo.
Porque el incrédulo necesita el Espíritu Santo tanto como yo, excepto que es en dos manifestaciones distintas. El incrédulo necesita el Espíritu Santo para nacer de nuevo, porque sin la intervención de la tercera persona de la Trinidad, nadie va a entrar, nadie va a ver el reino de los cielos, nadie podrá entender ni siquiera el mensaje de lo que estoy predicando. Absolutamente nadie. Esa es la intervención del Espíritu en el incrédulo. Pero el creyente necesita del Espíritu para su llenura.
Sin llenura del Espíritu no habrá nunca pasión ni interés ni por evangelizar, ni por la gran comisión, ni por el discipulado. Ni habrá denuedo para predicar la Palabra de Dios con valor, sin vergüenza, sin temor. Ni habrá ninguna valentía ni ningún coraje para enfrentar los riesgos en el campo misionero, sobre todo si tú eres enviado a hacer iglesia en los lugares difíciles. No, no lo habrá. Eso es fruto de la llenura del Espíritu.
"Pastor, es que yo soy tímido y a mí no me gusta compartir las cosas muy íntimas." Mira, yo visité tu Facebook y vi todo ahí. Videos incluso que tú no debieras estar publicando. ¿Me estás diciendo que tú no evangelizas, que tú no compartes, porque tú tienes timidez? No, no, no, no. Hermano, en el nombre de Cristo te digo: hay algo que ha capturado tu atención mucho más allá de lo que Dios ha capturado tu atención, y por tanto tú despliegas en tus páginas, en tus redes sociales, lo que captura tu atención. Si el Evangelio y Cristo y la salvación capturaran tu atención de esa manera, estuviera en todos los lugares y en cada rincón de tu página web.
"Pastor, pero usted vino muy personal hoy." Sí, porque de un avivamiento personal es que yo estoy hablando. ¿Tú sabes por qué yo sé que a Dios le llama la atención eso? Porque yo siendo malo, a mí me llama profundamente la atención. Y porque me duele ver las consecuencias en las vidas de las ovejas que Cristo compró y en la generación siguiente, cuando ese espíritu avivado no está. Y eso de "es que yo soy así," eso es una mentira que has abrazado en tu mente. Y si hay algo que me llama la atención, es el número de mentiras que yo escucho que la gente pasa y dice a otro y llega a mis oídos. Y esto es una minoría de lo que pudiera ser.
Estoy enfatizando por un lado el rol de la oración y el rol de la llenura del Espíritu por más de una razón. Cuando miras la historia de la iglesia, escucha un par de hombres del pasado. A. T. Pierson, amigo personal de D. L. Moody, en un momento dado, y Charles Spurgeon, llegó a predicar más de trece mil sermones en su vida, dijo: "Nunca ha habido un despertar espiritual en ningún país o localidad que no haya comenzado con la oración unida." Ocho y veinte, ahí atrás en el Centro Ministerial, se reúne un grupo de oración unida del cuerpo de Cristo. Tenemos más de dos años haciendo eso. Algunos de ustedes nunca han pasado por ahí. Tampoco han tenido el interés. Once de la mañana, segundo culto.
Matthew Henry dijo: "Cuando Dios quiere mostrar su gran misericordia a su pueblo, primero los hace orar, los pone a orar." Porque eso es como el diseño del plan.
Jonathan Edwards, el autor, o Dios, verás, el autor divino es Dios, el autor humano del primer gran avivamiento en Estados Unidos junto con George Whitefield, tratando de interpretar la profecía de Zacarías en el capítulo ocho, dice lo siguiente: "De esta profecía parece razonable suponer que esto se cumplirá de la siguiente manera," como viendo hacia el futuro el florecimiento de la iglesia. "Primero, al pueblo de Dios se le dará un espíritu de oración," subraya eso, "inspirándolos para que se reúnan en oración unida." Y ahora escucha: "De una manera extraordinaria," subraya la palabra extraordinaria, "para que el Señor a la iglesia muestre misericordia, a la humanidad en general derrame su Espíritu, reavive su obra y que avance su reino en este mundo como lo prometió."
¿Escuchaste lo que Jonathan Edwards dijo? Esto es cómo ocurre: oración extraordinaria, esto es lo primero. Luego esta oración extraordinaria es para que Dios responda para ayudar a su iglesia, para mostrar misericordia a la humanidad en general. Eso incluye a tu amigo y familiar por el cual tú quisieras que Dios interviniera. Sí, pero no puede terminar ahí tu interés, porque a Dios le interesa la salvación de tu amigo y familiar, o esposo o esposa, tanto como el del vecino y del que está en China y en la India y cualquier otro lugar.
Para derramar su Espíritu, para reavivar su trabajo, para reavivar tu fe y la mía, para avanzar su reino. Esa es la receta de Jonathan Edwards. La oración es nuestra forma de decirle a Dios: "Señor, nosotros somos personas pecaminosas que necesitan tus misericordias. Señor, nosotros somos personas que no tenemos el poder de reavivar tu Iglesia." Señor, algunos de nuestros pastores tienen maestría y hasta doctorado, pero sabes que su academia nunca ha hecho nacer a nadie de nuevo. Nunca, absolutamente nunca. No es ahí donde está el poder, no es ahí donde está el secreto, no es ahí donde está el combustible.
Entonces, si no podemos producir un avivamiento, si la oración no consigue todo lo que nosotros queremos, mientras esperamos y deseamos un avivamiento, ¿qué hacemos? Bueno, no vamos a cruzar de manos o de brazos. Pero Cristo me dijo: "¿Y qué cosa yo puedo hacer?" "Si vosotros, siendo malos" —Lucas 11:13— "sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?" Jesús conectó la oración con la dádiva del Espíritu. Yo quiero que recuerde eso porque cuando Dios le regaló el Espíritu Santo a su Iglesia, él le aconteció a ustedes.
En buen dominicano y lenguaje coloquial, adivina qué estaban haciendo los apóstoles. Dice que se habían dedicado a la oración. Hechos 1:14, ¿se fija dónde estaban? En un aposento alto, que probablemente sea el mismo aposento alto de la última cena. En un aposento alto estaban todos unidos, oración unida, extraordinaria. Y orando llegó, llegó la promesa. "¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?" Esto es como Cristo armó el rompecabezas para sus primeros discípulos. No es tan complicado.
El campo misionero necesita obreros, eso es una pieza, pero los obreros son pocos. Entonces, tú ora para que yo lo envíe. Número dos: cuando vas al campo misionero tú tienes que penetrar la oscuridad, y penetrar la oscuridad requiere poder, y no poder humano, requiere poder divino, poder de lo alto. Y requiere el poder de lo alto tanto para incrédulos como para creyentes. Los incrédulos porque ellos necesitan nacer de nuevo, y los creyentes porque la llenura del Espíritu, si alguna vez la tuvieron, se les gasta en el camino, se distraen, viven en mentiras que los lleva a debilitar el poder del Espíritu en la medida en que el poder se manifiesta en ellos.
El Espíritu continúa con todo su poder en su interior, en su morada, pero no se está manifestando. El Espíritu decide autorrestringirse y en eso consiste la tristeza. Cuando la Palabra de Dios dice "no contristéis al Espíritu," el Espíritu —nadie puede retener el poder del Espíritu, él es Dios— no, el Espíritu se autorresstringe, es como si él experimentara una tristeza y decidiera que él no se va a manifestar en la vida del creyente.
Y tú esperas en el Señor. Número tres: como esperaron ellos en el aposento alto hasta que llegó la promesa, tú esperas en el Señor como esperaron los discípulos. Ellos estaban por aprender de una vez y para siempre que una de las mejores actividades que tú y yo podemos hacer es esperar. Esperar en el Señor, esperar pacientemente. Oh, qué difícil es, dice una de las canciones que cantamos.
Y el Espíritu fue enviado para glorificar a Cristo en nosotros y a través de nosotros. ¿Quién más interés tiene de llenarnos? No somos nosotros, es Dios. Él envió el Espíritu para llenarnos porque mientras mayor llenura, mayor gloria para su Hijo, porque mayor el trabajo que el Espíritu puede hacer. Y si nosotros podemos discernir algo del libro de los Hechos, es cuán dependiente es la vida cristiana y la Gran Comisión de la obra del Espíritu. Si hay algo que queda abundantemente claro cuando tú escudriñas el libro de Hechos, es lo dependiente que esa obra es, y la obra en tu vida, del Espíritu. Y eso incluye el avivamiento y la evangelización.
Recuerda, el avivamiento es el combustible para ir desde Jerusalén hasta los confines de la tierra. Recuerda que la evangelización es el instrumento y que Dios nos dio su Espíritu para testificar de él. Y en el contexto del libro de los Hechos, testificar es básicamente evangelizar.
Entonces, para puntualizar y resumir lo que vengo diciendo: nadie puede nacer de nuevo, nadie absolutamente nadie, si la tercera persona de la Trinidad no lo hace nacer de nuevo. Y nadie puede entrar al reino de los cielos sin haber nacido de nuevo primero. Si el Espíritu de Dios no abre los ojos de aquellos que no han entendido el evangelio, como abrió los ojos de Lidia para que entendiera el evangelio que Pablo predicó, nadie va a entender el evangelio, no abrazará salvación y se quedará en condenación.
Pero escúchame: si el Espíritu de Dios en esta mañana, ahora mismo mientras yo estoy hablando, no abre tus ojos, no sensibiliza tu conciencia, no circuncida tus oídos, no se le va a oír, no se le va a ver. Nadie se va a ir de este lugar con la intención o los propósitos para los cuales yo creo que Dios me dirigió a predicar este mensaje. Eso requiere labor del Espíritu de Dios. Ciertamente la fe viene por el oír y el oír por la palabra de Cristo, pero Dios tiene que preparar por su Espíritu el corazón para escuchar la palabra de Cristo que se va a predicar.
Nadie puede ver el reino de los cielos. Incluso nadie puede estar motivado a evangelizar, a adorar, a venir a la iglesia, ahora, si el Espíritu de Dios no está motivando eso. Y sabes que él lo está haciendo continuamente, y si no está ocurriendo la verdad, no se le va a ver. La deficiencia no está en él, está en mí. Yo necesito el Espíritu de Dios para testificar. Si no estoy testificando a amigos, familiares, en redes sociales, la llenura no está en mí, porque la llenura no se me dio para embellecer mi Facebook, se me dio para embellecer mi vida. Que debe estar reflejada en todas las cosas que yo hago y que yo manejo.
Si la realidad es conocida, yo te lo digo incluso pensando en predicadores: los predicadores tienden, tendemos a predicar de una manera teocéntrica, pero trabajamos de una manera autosuficiente. Y eso a nosotros no nos parece como una gran cosa, pero eso es monstruoso. Cuando Dios aviva tu fe, ¿sabes por qué? Porque eso es ateísmo práctico: "Yo no te necesito, Dios. Yo tengo poder mental y educación académica suficiente para saber lo que es exégesis y crear un sermón cristocéntrico." Pero a la hora de predicarlo y de confiar: "No, yo sé cómo hacerlo." Eso es ateísmo práctico, eso es negar a Dios. Muchas veces el predicador confía más en su sermón que en el Espíritu de Dios.
Nadie sabía eso mejor que Spurgeon según algunos, para otros Martyn Lloyd-Jones, pero uno de ellos decía, acostumbraba a subir al púlpito repitiendo una y otra vez: "Yo creo en el Espíritu Santo, yo creo en el Espíritu Santo." Y entonces, de ahí quizás el resultado de sus ministerios, no importa si fue uno o el otro.
Tú recuerda cuando comenzó la Gran Comisión. Un día, un hombre sin preparación académica, un simple pescador, un hombre que no era de letras —como las mismas autoridades de su día reconocieron—, un día él se para y ante una multitud comienza a hablar un giro por el poder de Dios. Y la unción y el poder y la gracia y el favor de Dios fue tan extraordinario que ese día tres mil personas nacieron de nuevo. Yo me volvería loco mañana: ¿qué yo hago con tres mil personas? Que ahora tres mil más, ahora lo que hay que aconsejar, predicarles, discipularlos, agruparlos, crearles líderes, casarlos. Tendré anillos y serán seis mil pronto. "Y los que recibieron su palabra fueron bautizados." Tres mil gentes bautizaron, yo no sé cómo lo hicieron. A una población de veinticinco a ochenta mil personas, eso es un número astronómico de nuevos creyentes.
Y escucha lo que el texto dice: "Y el Señor añadía" —Hechos 2:47— "cada día, cada día, al número de ellos, a los tres mil, los que iban siendo salvos." Eso fue una obra de Dios de principio a fin. Un solo evento, un solo día: tres mil nuevos creyentes. Si eso no es un avivamiento, yo no sé lo que es.
Y luego tú sigues leyendo. Hechos 4:4 dice que ahora ya no eran tres mil, sino que eran cinco mil hombres. Si a esos cinco mil hombres hay que agregarle mujeres y niños, estamos hablando de diez mil personas. Definitivamente eso tiene que ser un avivamiento, en buen dominicano, de todo el tamaño. Ninguna otra cosa que no sea un avivamiento puede explicar esa explosión. Y ese avivamiento se extendió mínimo por los próximos treinta años. Treinta años están agarrados en el libro de los Hechos, treinta años de un avivamiento de parte de Dios.
Si tú pudieras preguntarme: "¿Y cómo usted sabe eso?" ¿Por qué está registrado sin lugar a dudas? Déjame leértelo rápidamente. Te voy a leer los veintiocho capítulos del libro de los Hechos más o menos, no. Pero yo te voy a leer la historia, la crónica, en dos minutos.
Hechos 6:7: "Y la palabra de Dios crecía, y el número de los discípulos se multiplicaba en gran manera en Jerusalén, y muchos de los sacerdotes obedecían a la fe." Entonces el día de los Hechos se acercaron a la fe. ¿Qué es que ya es esto? Se acercaron a los de dos mil años de judaísmo. Están desabrazando la fe para abrazar la fe cristiana. Es como que se acercaron a los católicos hoy: abandonen sus filas y comiencen a abrazar el movimiento evangélico en su mejor forma.
Hechos 9:31: "Entretanto la iglesia gozaba de paz por toda Judea, Galilea y Samaria, y era edificada, y andando en el temor del Señor, en la fortaleza del Espíritu Santo, seguía creciendo." La iglesia seguía creciendo, ya había ocupado Galilea, Judea y Samaria. Y había llegado hasta ahí, seguía creciendo.
Hechos 12:24: "Pero la palabra del Señor crecía y se multiplicaba." El avivamiento continúa.
Hechos 16:5: "Así que las iglesias eran confirmadas en la fe," escucha, "y diariamente crecían en número." Diariamente.
Hechos 19:20: "Así crecía poderosamente y prevalecía la palabra del Señor". La palabra del Señor no solamente crecía, prevalecía en contra de la oposición, de autoridades judías, de autoridades romanas, en contra de viento y marea. La palabra prevalecía. El poder era tal detrás de la palabra, detrás de la predicación, que nadie la podía detener.
Hechos 28:30-31: "Y Pablo se quedó por dos años enteros en una habitación alquilada" —eso es en Roma— "y recibía a todos los que iban a verlo, predicando el reino de Dios, enseñando todo lo concerniente al Señor Jesucristo con toda libertad, sin estorbo". Sin estorbo, dos años en la prisión. Nada podía detener el crecimiento de la palabra.
La palabra. Lucas se cansó de contar discípulos: de algo de 3.000 en un momento, de algo de 5.000 en otro momento. Se cansó de contar y de pronto comenzó a contar el crecimiento de la palabra. ¿Y cómo es eso? Sí, porque crecía el número de regiones alcanzadas, de evangelizadas. Pablo, cuando le escribió a los romanos, dice: "Ya se acabó toda la región por evangelizar en esta área. Yo quiero ir a ustedes porque ya no tengo dónde más sembrar". ¿Tú te imaginas? A caballo, a pie, barquitas. "Ya no tengo ningún otro ser a quien visitar. Ya quiero ir a Roma, y de ahí quiero que me envíen a España". Lo dice a los romanos.
Y crecía en influencia. Eso implica que ahora la sociedad, a diferentes niveles, en diferentes estratos sociales, había sido alcanzada. El Evangelio estaba moviéndose geográficamente. Escucha cómo la sociedad, desde abajo hasta arriba o de arriba a abajo, estaba siendo alcanzada y evangelizada. Los sacerdotes judíos creyeron; eso es un sector de la sociedad. Un procónsul se hizo creyente en Jesucristo; es como un ministro del gobierno. Una mujer de negocios, Lidia, una de los negociantes famosos, abrazó la fe. Un carcelero, ese es otro estrato social, y su familia creyó, y fueron bautizados en medio de la noche. Luego, más adelante, algunos griegos de alto rango, de nombre, de poder quizá económico, quizá poder gubernamental, algunos griegos de alto rango vinieron a la fe.
Y cuando llegas al libro de Hechos, a la iglesia de Éfeso, en Éfeso, o a la ciudad de Éfeso, se armó un alboroto con la predicación del Evangelio, y gente que estaba en brujería vino y desabrazó su brujería y abrazó la fe.
Ahora la pregunta es: ¿cómo ocurrió todo esto? No fue tan difícil. ¿Es que la gente estaba tan lista? Evangelismo. Es verdad que Pedro le predicó a uno y tres mil personas en un día se convirtieron, pero no era así siempre. Era uno a uno. La persecución se desató en Jerusalén y la gente salió corriendo. ¿Y para dónde salió corriendo? Para Samaria, para Judea. Y cuando llegó allí, dice el texto que ellos iban compartiendo el Evangelio, el mensaje, uno a uno. De manera que había cientos de evangelistas por todas partes, esparcidos por la persecución. Quizás sería bueno que Dios nos mandara un poquito de persecución a nosotros. Y cuando a veces no vamos a ver lo que Dios hace, que nos manda una nación cercana a nosotros que nos invada, a ver si los evangelizamos.
¿Suena familiar? Pero la historia de un misionero que quería que Dios lo enviara a Siria a evangelizar. Creo que fue Siria, no recuerdo si es esa nación, pero el punto es que donde él estaba, fue esa región invadida por los sirios, 50.000 soldados. Y él se estaba quejando al Señor de esta gente que no había evangelizado, que él quería alcanzar, y ahora ellos vienen y lo invaden en la región donde él estaba. El Señor dijo: "Yo quería que yo te llevara donde ellos para evangelizar. Te los mandé y te sigues quejando".
¿Tú sabes por qué esta gente compartió el Evangelio de esa manera? Está bien en el libro de los Hechos. Este fue el comentario de Sinclair Ferguson, uno de los predicadores y teólogos de nuestros días, cuando escuchó mi mensaje en Orlando. Al final, estaba yo ahí con mi esposa hablando con él y me dice: "It is all there, isn't it?" Está todo ahí, ¿no es así? Claro, está todo ahí. Eso lo voy a decir: está todo ahí.
¿Cómo lo hicieron? Muy sencillo. Cuando las autoridades prendieron a Pedro y a Juan y los pusieron en la cárcel, y el ángel vino en medio de la noche y los soltó, ellos se fueron. Al otro día, temprano en la mañana, inmediatamente rompió el día, ya estaban en el templo predicando la misma cosa para la cual los habían puesto en prisión el día anterior. Fueron donde ellos y les dijeron: "Ustedes son un problema. Nosotros los pusimos en la cárcel, ¿y ustedes qué han hecho? ¿Y ustedes volvieron a hacer la misma cosa el día siguiente? Y han llenado a Jerusalén de vuestras enseñanzas, y nosotros dimos órdenes estrictas de que no hablaran en el nombre de Jesús".
Ellos dijeron —voy a recrear un poco este diálogo ahora—: "Sí, es verdad, y nosotros queríamos obedecer, porque la Palabra nos manda obedecer. Pero había un problemita, un problemita solo". ¿Y cuál era el problemita? "Es que no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído".
¿Quieres saber cuál es el problema por lo que no hablas de Cristo? ¿Por lo que no evangelizas? ¿Por lo que no compartes tu fe? ¿Por lo que Facebook tiene todo lo que tiene y no tiene nada del Señor? Porque has visto y oído de lo que está ahí en tus redes sociales, y no has visto y oído lo suficiente de parte de Dios. Cada hijo de Dios que haya visto y oído lo suficiente de parte de Dios, no lo podrán callar, no lo podrán detener.
Por eso decía R.C. Sproul, que murió hace poco como ustedes saben, en la entrevista que hicimos el año 2016 cuando fuimos allá a Orlando a visitarle: "El problema del incrédulo es el mismo problema del creyente". Yo como que me sorprendí. Y dice: "El incrédulo no conoce a Dios, y el creyente, él no conoce a Dios". Él dedicó su vida, me decía, a enseñarle a Dios al creyente.
A veces el Evangelio no está en nuestros labios, pero a ver si el carácter de Dios tampoco está. A veces no está en los púlpitos, y eso es uno de los problemas. Si la reforma y el avivamiento va a comenzar, va a tener que comenzar en los púlpitos, decía uno de los puritanos del pasado. Es una cosa —creo que se lo comenté— es una cosa horrible irse al infierno de los bancos de una iglesia, pero es una cosa horrenda irse desde los púlpitos.
Predicar bajo la unción del Espíritu quebranta el corazón. Las autoridades no sabían qué hacer con esta gente. "La ciudad está llena ahora de sus enseñanzas". Salen corriendo por la persecución, llegan a Samaria, y de repente el texto dice que Samaria se llenó de gozo, la ciudad entera. Lo increíble es que lo que tiene a Samaria en gozo es el dolor de Jerusalén. La persecución de Jerusalén hace que los creyentes salgan corriendo, y el dolor de ellos es lo que causa el gozo en Samaria.
Éfeso luego está en un alboroto, como yo te mencioné, y la Palabra seguía avanzando y cambiando vidas y cambiando familias y cambiando matrimonios y cambiando ciudades. ¿Cómo? Por medio del evangelismo cotidiano.
A veces lo que ha faltado en mi hogar es llenura del Espíritu para influenciar a los hijos. A veces lo que ha faltado es llenura del Espíritu en la esposa para influenciar a un esposo incrédulo o a un esposo frío. O lo que ha faltado es llenura del Espíritu en un esposo para influenciar, liderar a su esposa en la dirección correcta. La manera de hacer eso es por medio de la llenura del Espíritu y el evangelismo para aquellos que no han oído de Cristo.
La iglesia primitiva logró hacer cosas que la iglesia de hoy no ha logrado hacer. Una iglesia de hoy más rica en todo el sentido de la palabra. La iglesia más educada. Yo comentaba con uno de nuestros líderes esta semana, y decía, hablando de revisar una serie de cursos y de información y de profesores de fuera que se han traído y horas que se han impartido, yo decía: "Oye, la iglesia primitiva no tuvo ni el 10% de enseñanza. Pero recibiréis poder". Lo que se tuvo fue mucho poder de Dios, mucho favor de Dios. Con eso entonces ellos lograron lo que quizás la iglesia más grande, más equipada, más rica no puede hacer.
A veces la iglesia no ha logrado hacer lo que la iglesia del pasado logró hacer por mala predicación. A veces ha sido falta de oración, oración insuficiente de parte de líderes y de ovejas. A veces es confianza en sí mismo. Pero a veces ha sido, o quizás con frecuencia ha sido, pecado en la vida personal de los hijos de Dios. Pecado en la vida personal de los hijos de Dios, de aquellos que están en pecado, viven en pecado y no lo ven como pecado. "Mi vida se enfría". Eso no tiene que ver con el Espíritu de Dios, no lo ha causado. Tiene que ver conmigo.
Y cuando Cristo le pasa revista a las siete iglesias en el libro de Apocalipsis y Él comienza a llamar la atención, todas tenían su fe apagada por diferentes razones. La iglesia de Éfeso la tenía apagada porque había perdido su primer amor. Una iglesia de Éfeso ortodoxa, pero había perdido su primer amor. Y Cristo le da una receta espiritual de una palabra, una, una, una. No es complicado eso, todo el mundo lo puede entender: arrepiéntete. Si no lo haces, te quito el candelero.
Tú pensarías que si Cristo le habló tan claramente a esa iglesia en el primer siglo, simplemente, por así decirlo, como que ya se hubiesen arrepentido. No, todas murieron, todas. Estaban en el área de Turquía. Dos mil años después, Cesarea tiene un 1 a 2% de cristianos como mucho, en el área donde estaba Éfeso, donde Pablo estuvo, donde Timoteo estuvo, donde Priscila y Aquila estuvieron, donde todos los obreros del primer siglo estuvieron.
Wow. Esa palabra sigue resonando hoy: arrepiéntete. Bien, arrepiéntete. Luisa, arrepiéntete. María, arrepiéntete. Pedro, arrepiéntete. Katia, arrepiéntete.
Hechos 4:31, escucha. Vamos a regresar rápidamente en interés del tiempo para revisar algunas cosas de manera resumida. Hechos 4:31: "Después que oraron..." Fíjate eso: después que oraron, antes no, sin eso no. "El lugar donde estaban reunidos tembló, y todos fueron llenos del Espíritu, y hablaban la palabra de Dios con valor". Notaste la combinación: oraron, llenura, valor. Oraron, llenura, valor.
Cuando tú llegas al próximo versículo, dos versículos más adelante, en Hechos 4:33, dice que había gran poder entre ellos y gran gracia. Oración, llenura, de nuevo, poder, gracia. ¡Wow! Ese "después" no está ahí por accidente. Otra vez, la oración no garantiza que yo tengo lo que quiero tener, no, pero la oración garantiza lo que Dios dice que garantizaría. Y Dios dice que pidamos a vuestro Padre celestial, que Él dará el Espíritu a los que lo pidan. Y ahí está la conexión que acabamos de hacer: la llenura del Espíritu es esencial para yo testificar acerca de Cristo y la resurrección, y hubo gran gracia en medio de ellos.
¿Y cómo testificaron? ¿Cómo evangelizaron a diestra y siniestra, a tiempo y fuera de tiempo, a hombres y mujeres, a judíos y gentiles, a personas con recursos y a personas sin recursos? Ahí está la evidencia que yo te acabo de leer. Este autor Keener, en su comentario de cuatro mil páginas en el libro de los Hechos, dice: "La mayoría de los judíos reconocen que la actividad principal del Espíritu enfatizada en Hechos es capacitar a los testigos para su misión." Eso es lo que el Espíritu vino a hacer.
Y un poco más adelante, otro autor, John Harvey, en su libro llamado "Unidos con el Espíritu y el poder", dice, escucha: "La iglesia cumple su misión solo confiando en el empoderamiento del Espíritu. Los eventos de Hechos dos nos enseñan que el Espíritu proporciona poder para testificar, trae convicción a través de la Palabra de Dios testificando e incorpora los nuevos creyentes a la iglesia como resultado de testificar. Si la misión de la iglesia es llegar al mundo con el Evangelio de Jesucristo, y lo es, el empoderamiento del Espíritu Santo es indispensable para esa misión. No importa la edad de nuestras iglesias, no importa qué tan bueno sea el personal, los programas o los estrategas de nuestra iglesia; solo si el Espíritu empodera nuestros esfuerzos serán verdaderamente efectivos en lo que realmente importa: transformar vidas para el reino de Dios."
El trabajo del Espíritu Santo está entretejido a lo largo de todo el libro de los Hechos. La palabra "espíritu" aparece setenta y cinco veces en el libro; cincuenta y cinco de esas ocasiones se refiere a la tercera persona de la Trinidad. El Espíritu Santo aparece en el primer capítulo, aparece en el último capítulo y aparece en quince de los capítulos restantes. Imagina lo indispensable que es el trabajo del Espíritu a la hora de yo vivir la vida cristiana. Es indispensable, esa es la palabra. Si tú borras la palabra "Espíritu" o "Espíritu Santo" del libro de los Hechos, tú no tienes un libro, porque el libro tiene que ver con los hechos del Espíritu Santo a través de los apóstoles.
Escucha lo que John Harvey agrega en su libro que ya cité: "El Espíritu Santo es el recurso, o fue el recurso, de los apóstoles cuando la iglesia enfrentó su primera oposición, la fuente del primer avivamiento de la iglesia, la solución al primer problema de la iglesia, la fortaleza del primer mártir de la iglesia y el enviador del primer equipo misionero de la iglesia. Él guía en la toma de decisiones corporativas y coloca a los líderes en posición de autoridad sobre las congregaciones locales."
Entonces, ¿cómo consolidamos todo eso? Yo te mencioné al principio: a través del discipulado. ¿Y qué es el discipulado? Esta es la manera como yo lo defino, aunque cada cual podrá definirlo de otra forma, pero yo creo que discipular a alguien es cuando tú haces cualquier cosa de manera intencional —subraya "intencional"— para contribuir a formar la imagen de Cristo en otra persona. Cualquier cosa que tú hagas de manera intencional para contribuir a formar la imagen de Cristo en la otra persona. Y eso es un proceso, no es un evento; eso toma tiempo, y el discipulador y el discipulado necesitan del Espíritu Santo. El discipulador para que atraiga al discipulado, para que pueda el discipulado ver en él la imagen de Cristo; y el discipulado para que pueda entender el material del Evangelio, la verdad de Dios que se está compartiendo con él.
Cuando el Espíritu de Dios viene, viene para realizar todo el trabajo que yo necesito. Él me hace nacer de nuevo; con eso ilumina mi mente, la despierta, la hace viva, porque estaba muerto. Él cambia mi corazón y lo vuelve un corazón de carne. Él liberta mi voluntad. Yo recibo fe, y esa fe que recibo la recibo por medio del Espíritu, y eso es un don de Dios. Y si eso no es suficiente, hermano, la Palabra de Dios me dice que todos nosotros somos enseñados por el Espíritu, todos nosotros somos guiados por el Espíritu, y nosotros somos llenos del Espíritu. Yo no necesito más de lo que el Espíritu hace para llevar una vida espiritual plena en obediencia a mi Dios, porque Él me ha dado todo lo que yo requiero. Cuando mi vida de santificación no está donde debiera estar, no hay una insuficiencia del poder que mora en mí. No, no, no, no. Lo que ha habido es una holganza espiritual de mi parte, o mi no uso de los medios de gracia que Dios ha puesto a mi disposición. El Espíritu me dio vida, el Espíritu me iluminó, el Espíritu me libertó, el Espíritu me llena, el Espíritu me guía; el Espíritu hace toda y cada una de esas cosas.
Hermanos, recuerda: nosotros tenemos una tarea que realizar —la mies—, una meta que llenar —los confines de la tierra—, un combustible que es el avivamiento, un instrumento que es la elevación, y finalmente una obra de consolidación que es el discipulado. Todo eso depende del ministerio del Espíritu Santo.
Tú sabes que ni Cristo llevó a cabo su ministerio sin que fuera personalmente dirigido, desde que Él nació hasta que murió y resucitó, por el Espíritu Santo. Jesús no activó los poderes que Él tenía; yo quiero dejar eso claro. Los poderes que Él tenía en la segunda persona de la Trinidad, Él no hizo nada de lo que hizo por medio de esos poderes. Jesús hizo lo que hizo en el poder del Espíritu. Está claramente revelado a lo largo de todos los Evangelios. Déjame ilustrártelo rápidamente.
Él fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Jesús fue al Jordán y fue bautizado por Juan el Bautista, porque Él no fue como la segunda persona de la Trinidad —aunque lo era—; Él fue como representante del hombre, Dios encarnado, y ahí se sometió para cumplir toda justicia, y ahí Él fue ungido por el Espíritu. El Evangelio de Marcos nos dice en el capítulo uno que Él fue entonces empujado, literalmente, por el Espíritu al desierto para ser tentado. Cuando fue tentado, en vez de usar sus poderes de segunda persona de la Trinidad, ¿sabes lo que hizo? Él citó la Palabra que había sido inspirada por el Espíritu.
Cuando Él sale de ahí, se va a la sinagoga y predica su primer sermón en una sinagoga. Él abre un rollo, y el rollo que abre le dice: "El Espíritu de mi Dios está sobre mí, porque me ha ungido para predicar." El Espíritu de Dios me ha ungido para una función: para predicar las buenas nuevas a los cautivos. Y luego entonces Él continúa su ministerio, obedece en el poder del Espíritu. Él va a ir a la cruz y se crucifica en un madero. Y cuando Él se crucificó, escucha cómo el libro de Hebreos 9:14 dice que eso ocurrió: "¿Cuánto más la sangre de Cristo..." —escucha ahora, pon atención— "...el cual por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios?" Cristo se cuelga de un madero por el Espíritu eterno que lo sostuvo, y se ofreció como una ofrenda sin mancha a Dios.
Pero no termina ahí el ministerio del Espíritu. Se murió y tenía que resucitar, pero Romanos 8:11 le dice que al tercer día Él fue resucitado por el poder del Espíritu. Y Pablo entonces dice: "¡Oh, escúchame! El mismo poder que resucitó a Cristo de entre los muertos mora en ti." Es como que Pablo está diciendo: "¿Cuál es tu problema?" Usamos lo que se requirió para traer a Cristo de entre los muertos: poder del Espíritu. Y Dios te ha bendecido de tal manera que lo puso en ti. El poder que levantó a Cristo de entre los muertos no fue superior al que Dios puso dentro de mí. Eso es como en inglés diría "staggering"; es como que escapa mi entendimiento. Solo que Pablo está diciendo: "¿Por qué es que no vives de mejor manera si tienes ese poder?" De manera que no puedo acusar a Dios en ningún momento de mi falta de santificación por una insuficiencia de su Espíritu.
Hermano, después que tú has escuchado la obra del Espíritu, lo que Dios ha hecho, lo que Dios ha entregado, lo que Dios te ha dado; después que tú escuchaste la obra de Cristo Jesús a favor nuestro, empoderado por la obra del Espíritu Santo, tú y yo no podemos salir de aquí de la misma manera que salimos quizás en tiempos atrás, o en el día de ayer, o de la misma manera que entramos a la iglesia. Tú tienes que salir de aquí dispuesto a tener un mensaje que tú predicas, que tú enseñas, que tú vives; que esté saturado de la Palabra, que esté centrado en Dios, que exalte a Cristo, que dependa del Espíritu de Dios, que procure la gloria de Dios, y que tenga tal poder que sea un mensaje capaz de levantar aquellos que están muertos, enterrados en pecado, y darles vida eterna.
Un mensaje y un Evangelio que tiene un poder de levantar al creyente de su apatía y darle avivamiento, que traiga convicción de pecado y arrepentimiento a la vida del creyente, que sea capaz de sensibilizar el corazón que se endureció para que pueda latir por las cosas de Dios otra vez como latió en alguna primera ocasión, o que comience a latir por primera vez por Dios como nunca antes, para la gloria de nuestro Dios y la exaltación de nuestro gran Redentor.
El poder del Espíritu de Dios que levantó a Cristo de entre los muertos mora en ti. ¿Entiendes eso? Eso es extraordinario. Que Dios nos dé vidas extraordinarias. Que formemos una iglesia junto con otras, extraordinarias. Que la historia del mañana se cuente de un tiempo extraordinario en Latinoamérica porque Dios hizo algo también extraordinario.
Recuerda que lo extraordinario de Dios es lo ordinario de Él, porque Dios cada vez que actúa es extraordinario. Es cuando yo tomo lo ordinario de Él y lo vuelvo ordinario donde las cosas cambian. Que Dios obre arrepentimiento en mí.
Yo creo que el Espíritu de Dios te habló y te mostró cosas pequeñas de tu vida mientras la palabra era predicada, de las cuales tú debes arrepentirte. Yo creo que hay gente aquí que no conoce a Cristo, y que en esa gente que sabe que no conoce a Cristo, el Espíritu de Dios estuvo obrando para salvación. Y hay gente aquí que creo que entró creyendo ser cristiana y durante la predicación entendió que no soy cristiano. Si lo entendiste así, eso fue el Espíritu de Dios, yo no tengo esa capacidad. En todos esos casos la cura es la misma: arrepentimiento.
Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet www.integridadysabiduria.org. Será hasta la próxima cuando nos reencontremos en Su Palabra.