Integridad y Sabiduria
Sermones

El Hijo del hombre frente a la tentación

Miguel Núñez 21 octubre, 2012

Inmediatamente después del bautismo en el Jordán, donde los cielos se abrieron y el Padre declaró su complacencia sobre el Hijo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto para enfrentar a Satanás. No fue casualidad ni accidente: Dios orquestó el momento preciso. Jesús salió del agua lleno del Espíritu, afirmado por el Padre, completamente preparado para la batalla. El primer Adán enfrentó la tentación en el jardín de la abundancia y fracasó; el segundo Adán la enfrentó en el lugar de la maldición, hambriento, rodeado de fieras, y triunfó.

Detrás de cada tentación aparentemente sencilla hay una dimensión espiritual monumental. La mordida de una fruta comprometió a toda la humanidad. Esaú vendió su primogenitura por un guiso. Las cosas nunca son tan simples como parecen. Lo que estaba en juego en el desierto no era simplemente si Jesús convertiría piedras en pan, sino si usaría su condición de Hijo para satisfacer una necesidad legítima de manera ilegítima, si tomaría un atajo para obtener lo que ya le había sido prometido. Cristo resistió porque entendió que es preferible estar hambriento en medio de la voluntad de Dios que saciado fuera de ella.

La victoria de Cristo en el desierto es nuestra victoria. Él fue tentado en todo como nosotros, pero sin pecado, y ahora intercede como sumo sacerdote capaz de compadecerse de nuestras debilidades. La estrategia que nos dejó es clara: tres veces respondió "escrito está". No hay forma de vencer separados de la Palabra de Dios. Y cuando veamos a un hermano caer, debemos recordar que no sabemos cuánto luchó ni el poder de las fuerzas que lo asediaron.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Enseguida, el Espíritu le impulsó a ir al desierto y estuvo en el desierto cuarenta días siendo tentado por Satanás, y estaba entre las fieras y los ángeles le servían. Eso es todo lo que Marcos nos dice de la tentación de Jesús; eso no es todo lo que conocemos, es todo lo que él nos dice.

Es interesante, una vez más, Marcos comienza su relato con la palabra "enseguida", una palabra que él repite treinta, cuarenta veces en su Evangelio, por la manera rápida en que Marcos se mueve, como hemos venido diciendo, de un evento a otro. Y esa es la palabra que conecta ahora el bautismo de Jesús en el Jordán, por parte de Juan el Bautista, con la tentación en el desierto por cuarenta días que acabamos de leer.

Ahora nota cómo el texto comienza diciendo inmediatamente que el Espíritu le impulsó a ir al desierto. Esto no fue una invitación que el Espíritu le hizo, no fue una sugerencia que el Espíritu de Dios le estaba haciendo a Jesús. La palabra que ahí aparece en el original es una palabra sumamente fuerte y que tiene esa connotación de impulso: le impulsó, le empujó al desierto. De hecho, es la misma palabra que aparece en el versículo 34 de Marcos, cuando habla de que Jesús estaba expulsando los demonios. Esa es la fuerza que tiene esa palabra que es usada ahí en esta ocasión.

Y la idea no es que Jesús estaba resistiendo a la tentación o a la prueba y que el Espíritu tuvo que empujarlo, sino que más bien nos da una idea de que ciertamente esta tentación no fue algo que le tomó desapercibido al Maestro. Fue algo orquestado por Dios, preparado por Dios en un momento adecuado, en un momento apropiado, en un momento en particular. Y este es el momento. Es el momento en que Él sale del Jordán, es el momento en que ha oído las palabras del Padre: "Tú eres mi Hijo amado, en quien yo tengo complacencia". Y después de oír tal afirmación, tal aprobación de parte del Padre, Jesús está listo para la batalla.

Ahora quizás valga la pena preguntarse: ¿por qué ahora y no antes? ¿Por qué ahora y no después? Y los Evangelios no nos revelan eso, pero yo creo que podemos hacer un poquito de especulación santa y decir que, por un lado, anterior a este bautismo, como ya mencionamos, Jesús no había ni siquiera comenzado su ministerio. Él no representaba una amenaza tan presente para el reino de las tinieblas, para que comenzara a tentar a un Jesús que estaba hasta ese momento inactivo, por así decirlo.

Pero este no es el caso. El caso ahora es que ha iniciado su ministerio, apenas ha salido del Jordán. Él representa una amenaza real para lo que es el reino de las tinieblas, y este es el momento que Satanás escoge, pero a la vez es el momento que Dios escoge para permitir la tentación. ¿Y ahora y no después? Bueno, al estar al principio de su ministerio, Jesús está a punto de probar en el desierto quién Él es. Jesús está lleno del Espíritu, ha sido ungido, ha sido afirmado por el Padre. Él está completamente preparado, listo para la pelea, listo para la batalla, listo para la tentación, listo para resistir. Y ahora Él va a comenzar precisamente su ministerio dando evidencia de quién Él es.

En el Jordán, Jesús se somete al Padre, se somete a la labor que el Padre le había asignado, simbolizada por su sumisión al bautismo de Juan. Él se somete a alguien inferior a Él, dando testimonio, dando fe en ese momento de que ciertamente Él había decidido someterse a la voluntad de su Padre. Pero la sumisión a la voluntad del Padre vendría también con otros retos y desafíos que formaban parte de su llamado, parte de su misión. Y por tanto, ahora Él está aquí literalmente enfrentando uno de esos desafíos, quizás el más grande antes de llegar a la cruz, y del cual Marcos nos habla de una forma breve. Sin embargo, en la brevedad del relato, Dios tiene algo que enseñar, algo que decirnos.

Jesús está oponiéndose a Satanás. Perdón, Satanás está oponiéndose a Jesús. El nombre Satanás por sí mismo implica adversario. El archienemigo de Dios está enfrentando a Jesús en el desierto, y la pregunta que tenemos que comenzar a hacernos es el propósito, la razón, el porqué de algo que Dios mismo orquestó.

Russell Moore, en su libro "Tempted and Tried" o "Tentado y Probado", nos dice que la tentación es tan fuerte para nosotros porque en último caso la tentación no tiene que ver con nosotros, sino que tiene que ver con un enfrentamiento del reino de las tinieblas y el reino de la luz, y que representa un asalto de los poderes de las tinieblas contra el imperio rival del Mesías. Un asalto de los poderes de las tinieblas contra el imperio rival del Mesías. Y si eso es cierto acerca de nosotros, pues tendría que ser mucho más cierto acerca de Jesús, que es precisamente el representante de ese reino de la luz.

Y pensar entonces que en este momento, en el desierto, de acuerdo a lo que los otros Evangelios nos dicen, Satanás está tentando a Jesús simplemente a que convierta unas piedras en pan y que pueda comer de ese pan. Pensar que toda la redención de la humanidad entera estaba supeditada, por así decirlo, a una mordida de un pedazo de pan que Cristo hubiese hecho en ese momento. La realidad es que el primer Adán tenía en juego la suerte futura de toda la raza humana supeditada a la mordida de una fruta.

¿Tú puedes creer eso? Que todo el futuro, toda la suerte futura de la humanidad pudiera radicar en la mordida de una fruta en el Edén, o de un pedazo de pan en el desierto años después. ¿Por qué? ¿Cómo es posible que algo tan sencillo determine algo tan complejo? Yo quiero una vez más volver a sonar la campana y decir: de este lado de la gloria, y después de Génesis 3, nada, absolutamente nada es tan sencillo como parece. Y estas tentaciones lo prueban de forma magistral. La fruta es sencilla, el pedazo de pan es sencillo en la superficie. Lo que estaba detrás, monumental. Y lo que Adán no percibió fue algo que Cristo sí percibió.

¿Cómo es posible que Adán comprometiera toda la raza humana en una mordida? ¿Cómo es posible que Esaú vendiera su primogenitura por un guiso? ¿Él nunca había visto un guiso? ¿Él no tenía otra forma de conseguir un guiso? ¿Él no podía esperar tres horas para hacer un guiso? Y sin embargo, él entregó su primogenitura en una sola acción, en un solo momento, por un simple guiso, simplemente porque estaba hambriento, como Jesús en el desierto. Pero las cosas nunca son tan simples como parecen.

La realidad es que detrás de la fruta estaba la incredulidad de Adán a la palabra que había escuchado de Dios y la credulidad que le dio a las palabras que escuchó de la serpiente. La realidad es que Esaú tenía hambre y él tenía forma de conseguir un guiso, pero él no supo esperar en Dios. Y al no saber esperar y no querer esperar en Dios, Esaú, en la tierra de la abundancia, no puso su confianza en Dios tampoco. Israel fracasó en sus tentaciones en el desierto porque tampoco confió en Dios.

Si la pregunta sería si Cristo, ahora el segundo Adán, sería capaz de hacer la misma cosa: de desconfiar en la veracidad de la palabra de Dios que acababa de oír en el Jordán. "Tú eres mi Hijo amado". Y ahora la tentación es: "Si eres el Hijo de Dios..." Quizás no lo eres, quizás no estés tan seguro de eso que acabas de oír, o tú oíste realmente bien.

Y como la Palabra de Dios nos muestra entonces, cómo una y otra vez Dios pone a prueba la confianza que yo voy a depositar en su Palabra a través de los apetitos de mi carne, que yo pudiera llenar de otra manera, de otra forma, un poco más tarde. Pero la realidad es que una y otra vez Dios nos muestra que detrás de la prueba hay un propósito que tiene que ver con la eternidad, que yo necesito discernir, y que yo necesito entonces resistir la prueba para alcanzar el propósito.

Nota cómo una vez Dios saca al pueblo de Israel al desierto cuarenta años después, después de haber permitido una y otra prueba, Dios le revela de manera clara en el libro de Deuteronomio, cuando están a punto de cruzar el Jordán, cuál fue la razón por la que Dios le llevó a tener hambre. Totalmente espiritual la razón.

Deuteronomio 8:3 dice: "Y te humilló y te dejó tener hambre, y luego ¿qué pasó? Te alimentó con el maná que no conocías, ni tus padres habían conocido, para hacerte entender". ¿Escuchaste? Cada prueba de Dios tiene un propósito, y la prueba tiene un propósito para hacerte entender. Y esta prueba de cuarenta años también tuvo un propósito: para hacerte entender que el hombre no solo vive del pan, sino que vive de todo lo que procede de la boca del Señor.

¿Que tú puedas entender eso? La razón de la prueba del hambre que te llevó a tener es que tú puedas finalmente comprender lo que mi Hijo vivió en el desierto: es que si ciertamente el pan estaba disponible, lo otro es más cierto, y es que la Palabra de Dios es lo que sostiene tu alma. Y por tanto, es preferible estar con hambre en medio de la voluntad de Dios que estar saciado fuera de ella. Es todo el tiempo preferible estar con hambre en medio de la voluntad de Dios que estar saciado fuera de ella.

Hermano, los apetitos de la carne Dios los creó. No hay un apetito que mi carne tenga que no haya sido creado por Dios, de manera que el apetito no es el problema que yo tengo. El problema que yo tengo es cuando el apetito no quiere someterse a la voluntad de nuestro Dios y por tanto quiere correr sin frenos. Y ahora ese es un apetito en rebelión, porque la rebelión siempre se sirve a sí misma; la sumisión sirve a Dios. Y la pregunta es si nosotros vamos a permitir que nuestros apetitos sirvan a Dios o nos sirvan a nosotros. Adán se sirvió a sí mismo después que Eva se había servido; Esaú se sirvió. Y de esa misma manera, ahora la pregunta queda: ¿Cristo se serviría? Y es lo que no hizo en el desierto. Él supo resistir, él supo vencer.

Hermanos, no es por accidente. Me regreso un poco: Dios quiere que toda mi vida esté sometida a su voluntad, y eso no es simplemente o no implica simplemente los grandes planes de mi vida como mi matrimonio, mi vocación, dónde voy a vivir. No, no, no, no. Dios quiere que aun los apetitos de mi carne se sometan a su señorío. Yo no creo que es un accidente que Pablo escriba a los corintios en el Nuevo Testamento y diga: "Ya sea que comas o bebas..." Otra vez a comer, como en el jardín; otra vez a comer, como en el desierto. "Ya sea que comas o bebas, hacedlo todo para la gloria de Dios". Ya sea cuando pienses en las cosas más rudimentarias, más naturales, más genuinas de tu naturaleza humana, aun esas cosas se supone que deben ser llenadas, alimentadas, satisfechas de una manera que Dios sea glorificado. Lo que Adán no hizo, lo que Esaú no hizo, pero lo que Cristo sí hizo.

De manera que detrás de la tentación, detrás de cada decisión en mi vida, hay una dimensión espiritual que es mucho más compleja que lo que parece en la superficie. Satanás siempre me va a tentar con algo que luce sencillo, fácil de entender. "Pastor, no se complique la vida, eso no es tan complicado". Eso es exactamente como él quiere que tú pienses, como la cosa luzca, como tú pienses, perdón. Porque de esa manera yo no empleo tiempo en discernir lo que está escondido. El pez no discierne debajo del agua el anzuelo que está detrás de la carnada que luce tan simple y tan apetecible. "Cuando yo he comido tantas veces de algo parecido y no me ha hecho daño, esto tampoco debería hacerme daño"... hasta que muerde. Y ese es el diseño de la tentación.

En el caso del desierto, el desierto tiene una historia en el pueblo de Israel muy simbólica y muy significativa. Si hay algo que nosotros sabemos, es que el desierto siempre ha sido visto en la historia de Israel como un terreno de prueba, como una prueba de fidelidad y como un compromiso de liberación. Te dejé tener hambre, pero te di maná. Te dejé tener sed, pero te di agua. En el caso de Cristo: te dejé tener hambre, pero también vinieron los ángeles que te ministraron. El desierto siempre ha sido un lugar de prueba, pero a la vez un compromiso de liberación, y a la vez ha sido una prueba de fidelidad.

Y en esa misma historia, entonces, por el contrario, la abundancia, los lugares cosechados, los lugares habitados, siempre fueron vistos como lugares de bendición. Y los lugares desiertos, los lugares como el desierto, no habitados, como lugar de maldición. De manera que tú tienes a Adán, el primer Adán, en el Jardín del Edén en medio de la abundancia, en el lugar de bendición. Pero Génesis 3 ha ocurrido, la caída ha ocurrido, el planeta ha sido maldito. Y ahora tú tienes a Cristo enfrentando a Satanás en el lugar de la maldición, en el lugar del desierto. Adán en las mejores condiciones, Él en las peores condiciones. Adán fracasa, Cristo triunfa.

Cuarenta días en el desierto. Cuarenta años en el desierto el pueblo de Israel. Cuarenta días en el monte de Sinaí. Cuarenta días de ayuno para Elías llegar al monte Horeb. Todos en el desierto. El desierto es un lugar altamente simbólico en la historia judía. Y en aquel lugar donde Cristo estuvo por cuarenta días siendo tentado, y en medio de las fieras, de las fieras salvajes —que ningún otro evangelista nos da ese detalle—, en medio de eso es donde Cristo tiene que enfrentar el poderío de las tinieblas.

La pregunta verdad que los teólogos se han hecho por años es si Cristo pudo o no haber pecado, lo que ha sido llamado la impecabilidad o la pecabilidad de Cristo, dependiendo de qué lado de la ecuación usted esté. Y el razonamiento va más o menos como esto. Le voy a pedir dos o tres minutos simplemente de discusión teológica para que lo pueda entender, pero voy a tratar de hacerlo lo más llano posible.

Si la Palabra de Dios dice que Dios no puede pecar, entonces Cristo, que es Dios encarnado, no podía pecar. Y si Cristo no podía pecar, entonces Cristo no podía caer. Y si Cristo no podía caer, entonces Cristo no fue tentado, porque una tentación es tentación cuando conlleva la posibilidad de caer. Pero si yo no puedo caer, entonces no puedo pecar. Y si no puedo pecar porque soy Dios, entonces yo no fui tentado. Entonces, ¿fue Cristo tentado o no tentado? Y si fue tentado, ¿no tuvo ningún sentido su tentación? ¿Entendieron el trabalenguas? Ok, pero está claro.

Yo creo que lo que necesitamos hacer es comenzar con lo que la Palabra claramente dice, y luego ver lo que se puede claramente deducir. Hay cosas que son indirectamente deducibles, no tan claras. Por ahí algunas que son claramente deducibles, y otras que son claramente reveladas. Comencemos con lo que está claramente revelado.

Hebreos 4:15: "Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado". La Palabra de Dios establece claramente que sí, su Hijo fue tentado, y fue tentado en todo. Y eso es en parte lo que lo califica para ser nuestro sumo sacerdote ideal, porque Él puede compadecerse con nosotros en la tentación, porque Él ha pasado por dicha tentación. Si usted quiere negar que Cristo fue tentado, usted tiene que negar la veracidad de todo el consejo de Dios, y ahora está entrando en un terreno altamente peligroso. La Palabra dice que Él fue tentado.

El problema está en que Santiago me dice en el capítulo 1 que nadie diga cuando es tentado: "Soy tentado por Dios", porque Dios no puede ser tentado por el mal, y Él mismo no tienta a nadie. Entonces, Cristo es Dios encarnado, Él está en el desierto, Él está siendo tentado. Dios Padre dice que sí, que Él está siendo tentado. Y a la vez el texto me dice que Dios no puede ser tentado. Entonces, ¿cómo resuelves ese dilema?

Bueno, yo creo que hay cosas que nosotros tenemos que recordar que son claramente deducibles y donde todo el mundo está de acuerdo. Todo el mundo es todo el mundo, es todo el mundo, es todo el mundo: Cristo tuvo una naturaleza humana y una naturaleza divina. En su naturaleza humana tuvo una voluntad humana; en su naturaleza divina tuvo una voluntad divina. Ahí está de acuerdo todo el que es ortodoxo. Por tanto, en su naturaleza humana, que es la que tiene el hambre, la que tiene deseos, claro que Él fue tentado en todo como nosotros somos tentados, y Él puede compadecerse de mí. Sin embargo, en su naturaleza divina, que tenía una voluntad divina, siempre estaba por encima y en control de su naturaleza y voluntad humana. Por tanto, su voluntad humana siempre estuvo supeditada a lo que era la fuerza de la voluntad divina, que era superior. De tal forma que, en su voluntad divina, Él no fue tentado; en su voluntad humana, Él fue tentado. La voluntad divina prevaleció sobre su naturaleza humana en medio de la tentación.

Y entonces algunos dicen: "Pastor, pero si la naturaleza divina y la voluntad divina es mucho más poderosa que la naturaleza humana y la voluntad humana, entonces tampoco representa un verdadero ataque o tentación". Bueno, yo le voy a hacer una pregunta: un barco, un portaviones cargado repleto de armamento, ¿no pudiera ser atacado por un bote de remo? Claro. El chance de que él vaya a prevalecer no implica que no pueda atacar. Y de esa misma manera, entonces, claro que la voluntad divina era muy superior a la voluntad humana, pero eso no quiere decir que la voluntad humana no podía ser tentada. De manera que ahí está más o menos resuelto el dilema de cómo es que Dios estuvo en el desierto. Dios no puede ser tentado, pero Cristo, que es Dios encarnado, sí fue tentado.

La pregunta entonces es: ¿para qué? ¿Para qué fue tentado si al final Dios Padre sabía que Él ganaría la batalla? Y la realidad es que Él fue tentado por más de una razón. Pero antes de entrar a esas razones, veamos la primera tentación que Cristo tiene.

Cristo tiene la tentación de si Él usaría su condición de Hijo para probar o para satisfacer una necesidad genuina, real, que en un momento dado Él tenía, pero que Él no debía llenar de esa manera. ¿Usaría Él esa condición? Él venció la prueba. Una segunda tentación sería si Jesús, en su condición de Hijo, usaría ese medio ilegítimo para llenar una necesidad legítima. Yo creo que ahí es donde muchos de los hijos de Dios han fracasado, y es que, experimentando una necesidad legítima en medio de la prueba, han decidido llenar esa necesidad natural que Dios dice que es legítima, pero lo han decidido hacer de una manera que Dios no aprueba.

Prueba que es ilegítima. Y la pregunta entonces es si vamos a esperar a que Dios termine llenando esa necesidad en su momento, en su forma, o dándonos la gracia para sostenernos en medio de ella, o simplemente si vamos a sucumbir a la tentación en el momento.

Una tercera tentación es si Jesús se dejaría tentar tomando un atajo para conseguir algo que ya se le había prometido. En cualquier caso, es que todos los reinos de este mundo serían sometidos a la autoridad de Jesús, pero Satanás lo intercepta y le hace una propuesta que tiene que ver con una forma rápida, con un atajo, de una manera mucho más pragmática, sin necesidad de la cruz, para él poder llegar a conseguir lo que ya el Padre le había prometido. Un atajo, una forma fácil, una forma rápida.

Ahora, Jesús enfrenta la tentación. Ahora hay, no antes, porque ahora está lleno del Espíritu, y la tentación lo encuentra satisfecho y lleno espiritualmente, aunque físicamente hambriento. El problema lo tenemos nosotros cuando frecuentemente la tentación nos llega cuando estamos físicamente satisfechos y espiritualmente hambrientos. Físicamente satisfechos y espiritualmente hambrientos. El espíritu tiene hambre, y el pan del espíritu es la palabra que sale de la boca de Dios. Poco consumo de la Palabra de Dios de manera sistemática convierte a tu espíritu en un espíritu hambriento, y es extremadamente difícil, por no hablar de imposible, poder vencer esa prueba en medio del hambre del espíritu con una carne que está satisfecha.

Y quizás sea bueno detenernos aquí un poquito para rumiar alguna de estas cosas, porque estamos tratando de tomar lo que es la tentación de Jesús en el desierto por cuarenta días y ver de qué manera eso está relacionado a mi vida diaria. Y quizás la primera pregunta que quisiera hacerte es si alguna vez tú has usado tu posición, la autoridad dada de líder, de padre de familia, de jefe en una empresa, no importa, de cabeza, para hacer incluso algo que no te tocaba, que estaba a tu alcance, pero que tú sabías que no debías hacer. Jesús tuvo esta tentación: ¿usaría él su condición de Hijo para llenarse a sí mismo? Esta pregunta te va a hacer examinarte a ti mismo: ¿cómo está tu hambre espiritual? ¿Qué ansías? Lo que en inglés llaman qué cravings tienes. ¿De qué te estás llenando?

¿Alguna vez has llenado una necesidad genuina, una necesidad que Dios creó y que se la dio al cuerpo humano, pero de una forma ilegítima? Si alguna vez hiciste eso, ¿cuáles fueron los resultados de esa decisión? ¿Cuáles fueron las consecuencias? ¿Has tomado algún atajo alguna vez? ¿Has tomado una vía que parece más corta, que parece más rápida, y por tanto como que parece de Dios, para luego encontrar que realmente lo que abrazaste fue a un Ismael y no a Isaac?

A nosotros nos gustan los atajos, y nosotros racionalizamos los atajos porque pensamos que los atajos vienen de Dios, cuando en realidad no es así. Frecuentemente nosotros creemos: "Esto es tan fácil, yo no la andaba buscando, no la andaba buscando". Pero Satanás sí te andaba buscando a ti. "Esto tiene que ser de Dios porque mira, me llegó a la mano". Porque así es que llegan las tentaciones: a la mano. Nosotros no podemos ser tan simples.

Ciertamente muchas de las cosas de Dios huelen a Dios y caminan y se mueven sin obstáculos. Sin embargo, Cristo no caminó por tres años sin obstáculos, ni lo hizo Pablo tampoco. Nuestro Dios no es conocido por ser el Dios de la prisa. Él no es conocido por ser el Dios de lo rápido. Él no es conocido por ser el Dios de lo inmediato. Si hay algo que yo sé, es que cuando yo leo esta Biblia me habla del Dios de la paciencia. Es el Dios que dice mil años para mí son como un día. Es el Dios que vive en la eternidad. Es el Dios para quien el tiempo no cuenta. De tal manera que nuestro Dios no tiene una fama de ser Dios de lo rápido, de lo inmediato, de lo aquí y de lo ahora.

Nosotros tenemos una tendencia, una inclinación a abrazar aquello que está aquí y ahora, y nosotros con frecuencia, entonces, al abrazar eso, renunciamos a bendiciones puestas para nosotros por Dios en nuestro camino, solamente que en el futuro. Pero yo prefiero el guiso de ahora que la primogenitura de mañana. Mi naturaleza carnal. Y eso es lo que Cristo no hace, eso es lo que Cristo renuncia. "No, Satanás, no. Yo tengo tres años de espera y una cruz por delante. Y esperaré mis tres años, me crucificaré, y luego recibiré todos los reinos de este mundo, porque a mí sí que me han sido dados". Y tú y yo tenemos cosas que aprender entonces de Jesús, de su tentación allá en el desierto.

Pero en ese desierto Jesús probó su fidelidad al Padre. El Padre se complace en el Hijo, el Hijo se complace en el Padre. Jesús probó su perfección, donde él no experimentó ninguna debilidad carnal en el sentido de llevarlo a pecar, porque él no tenía tal debilidad. Él probó la perfección de su carácter. Y Jesús anunció en el desierto el triunfo de la resurrección cuando él triunfó por cuarenta días, en su momento de mayor debilidad, en contra del mayor representante del poder de las tinieblas, que no era otro que Satanás mismo.

Pero él tenía que ir al desierto. Tomás de Aquino, en su Suma Teológica, dice que si Cristo se dejó tentar, fue porque él entendía que debía dejarse tentar. O dicho de otra manera, si el Espíritu Santo lo impulsó al desierto, es porque el Espíritu Santo entendía que había una necesidad de llegar al desierto y ser tentado. No era algo simplemente accidental u ocasional de repente; era algo de necesidad. Y entonces, al yo ver a Cristo en el desierto caminar, ser tentado, y él responder, ahora yo tengo un modelo para yo también enfrentar, responder y resistir la tentación.

Agustín lo decía de esta manera: Cristo se dejó tentar por Satanás no solo para ser nuestro mediador en medio de la tentación, sino también para dejarnos un ejemplo. Cristo no solo se dejó tentar para ser nuestro mediador en el día de mañana, sino para dejarnos un ejemplo claro. Y ahora yo quisiera que pensemos en ese ejemplo y podamos discernir qué él estaba ejemplificando para nosotros, para nosotros entonces imitarlo y modelarlo.

En primer lugar, nota cómo Cristo es bautizado en el Jordán e inmediatamente después el texto dice: "En seguida el Espíritu le impulsó a ir al desierto". El Jordán representó hasta cierto punto un momento de victoria, un momento de gozo, un momento extraordinario. Los cielos se abrieron, el Padre habló, la paloma descendió, el Espíritu Santo ungió y lo ungió dentro de sí. De manera que esto es un momento de victoria, el mejor momento de victoria que uno pudiera pensar estaba representado en el Jordán. E inmediatamente después, la tentación. Eso es exactamente como ocurre en nuestras vidas.

Por experiencia personal yo se lo puedo decir: después de momentos de victoria, la victoria ha sido ganada por Dios, pero ha sido ganada a través de instrumentos humanos. Después de momentos de victorias ha habido una lucha por la victoria, por así decirlo, por el evento, y entonces tú sientes la necesidad de poder relajarte, de poder descansar. Y es en ese momento entonces donde Satanás, conociendo nuestra naturaleza pecaminosa y sus debilidades, él se aprovecha para susurrar cosas en tus oídos, por así decirlo. Y de repente la victoria te hace pensar y creer que otro es inferior, que otro es menos, que otro es menos espiritual. Y con eso te invade el orgullo, y el orgullo comienza a ser el inicio de la escalera descendente de tu vida espiritual en el Señor, cuando justo después de la victoria.

Esa es la razón que, habiendo conocido eso, habiendo leído a otros que han ido mucho antes que yo y que han dejado su legado, y habiendo luego experimentado en la vida: cuando tú comienzas a subir la montaña, tan pronto tú llegas a la cima, tú tienes que poner los frenos y bajar con los frenos puestos. No esperes a frenar en el momento del obstáculo, en el momento de la dificultad. Tú pones tus frenos en la cima antes de bajar y comienzas a bajar en cámara lenta, porque al final de la empinada tú sabes quién está: Satanás esperándote.

Número dos: no pases por alto que la tentación viene después de cuarenta días de ayuno, en la debilidad del cuerpo humano, en medio de la soledad, rodeado de fieras del entorno, y en medio de las necesidades. Y es en ese momento de la necesidad donde frecuentemente la duda te asalta, donde te asalta la duda que luego da origen a la mentira y al error. Es en medio de la necesidad donde Juan el Bautista, el que bautizó al Maestro, el que ve la paloma descender, el que vio los cielos abrirse y el que oyó al Padre decir "Tú eres mi Hijo amado en quien yo tengo complacencia", es en medio de la necesidad, en el interior de la cárcel, que Juan el Bautista dice, pregunta a través de sus discípulos: "¿Es él el Cristo?", porque aquí adentro ahora mismo yo no estoy seguro. Es por eso que Pablo nos dice en Filipenses cuatro: "En todo lo verdadero, en esto pensad". Si no es verdadero, no lo pienses. Vas a caer.

Número tres, o en tercer lugar: la tentación de Jesús nos deja ver con claridad que ninguno de nosotros deberá sentirse inmune a la tentación. Cuando tú tienes al Creador del universo, el Verbo de Dios que abrió la boca y se formó el universo, tú tienes a él tentado por Satanás. Te imaginas el tipo de ser que Satanás es. Es un ser sin escrúpulos, es un juega sucio, es un ser sin vergüenza, es un ser sin miramientos, que él tuvo la audacia de pensar... Te imaginas la confianza que él tiene en su astucia para tentar y acercarse a él, que él piensa que tiene un chance con el Dios.

¿Te puedes pensar eso? Yo estoy convencido que él no fue al desierto pensando: "Bueno, voy a hacer lo que hay que hacerlo, pero yo sé que no va a resultar, él va a triunfar y voy a perder". No. Él pensó que él tenía un chance con el Dios encarnado. Te imaginas la confianza que él debe tener en la maldad de su astucia. Te imaginas entonces cómo yo debo vivir y proceder. Yo tengo que estar muy consciente de la astucia del archienemigo de Dios, que ya conoce que no puede enfrentar a Cristo cuerpo a cuerpo, pero él puede enfrentar a sus hijos.

En este caso, la tentación no tiene que ver conmigo; tiene que ver con la fama de su nombre y, por tanto, con el reino de la luz en contra del reino de las tinieblas.

En cuarto lugar, Jesús nos deja ver claramente cómo nosotros podemos luchar en medio de la tentación. Tres veces: "Escrito está, escrito está, escrito está." Es irrisorio pensar que tú y yo podremos vencer la tentación separados, divorciados o alejados de la Palabra de Dios. Es irrisorio pensarlo. La batalla espiritual ha sido diseñada para ser librada vía la Palabra de Dios. En la armadura espiritual de Efesios 6:10, esa es la espada del Espíritu. Y en el desierto, lo único que Cristo hace para combatir o enfrentar a Satanás y resistir la tentación es citar la Palabra: "Escrito está, escrito está." El uso del arma de la armadura, la espada de la armadura, que es la Palabra de Dios. Yo creo que a través de la tentación en el desierto, Cristo nos deja ver cuál debe ser nuestra estrategia. Es esa Palabra que nutre el alma, es esa Palabra que nos prepara. Pero si la tentación nos agarra con el alma desnutrida, entonces eso explica las consecuencias que hemos visto a lo largo de los años en la historia de la iglesia.

En quinto lugar, creo que podemos ver con claridad algo que ya yo mencioné, y es que es preferible estar hambriento en medio de la voluntad de Dios que estar saciado fuera de ella. Por mucho es preferible. Cristo lo prefirió y Cristo fue el triunfador. Adán no lo prefirió y fue el perdedor. Cristo nos mostró también, en cuanto a la voluntad de Dios, que muchas veces yo necesito escoger el camino más largo pero santo, y no el atajo que Satanás me trae y que no puede tener santidad por diseño. El atajo no es algo que caracteriza a Dios. Como ya dijimos, Dios es conocido por ser el Dios que es longánime, que se toma tiempo, que tiene misericordia con nosotros, porque el tiempo no cuenta de la manera que cuenta para nosotros.

En sexto lugar, tú puedes ver en la tentación de Cristo algo que Pablo habla en 1 Corintios 10, cuando nos dice que Dios no nos dejará, no nos permitirá ser tentados más allá de lo que yo puedo soportar. Si Dios Padre permite la tentación del Hijo en el desierto, él estaba convencido de que el Hijo la podía soportar, y ciertamente así lo mostró. Pero por otro lado, el mismo texto de 1 Corintios 10 nos dice que si Dios permite la tentación, con la tentación nos abre una vía de escape por donde podamos salir. Y en este caso, en el desierto, yo creo que la vía de escape pudiera ser vista, simbólicamente hablando, por la ministración de los ángeles a la vida de Jesús, que no lo sacaron del desierto, pero sí representó la vía de escape en medio de la tentación mientras permanecía en el desierto. De tal forma que lo que Pablo dice es probado en la vida de Jesús: la forma como Dios Padre está pendiente de nuestras tentaciones de manera personal, sabe del tamaño de las mismas, sabe de los peligros que yo enfrento, y por tanto nos provee la puerta de escape, la vía de escape, los ángeles que ministran en el caso de Jesús, para que yo pueda terminar airoso y pudiera terminar victorioso de una prueba que él mismo dispuso con propósitos definidos. Yo creo que nosotros podemos ver eso en la vida de Jesús también. Dios Padre fue fiel a Jesús en la ministración vía sus ángeles. Él será fiel a ti en medio de la prueba. Resístela, permanece agarrado de él.

En séptimo lugar, la tentación nos muestra que si bien es cierto que Dios no es el autor del pecado —Santiago 1 dice eso—, no es el autor de la tentación —Santiago 1 dice eso—, no es menos cierto que no hay tentación que haya llegado a mí que no haya sido permitida por Dios. En toda mi vida no ha habido una sola tentación que haya llegado a mi frente que Dios no solamente la haya permitido, sino que la haya medido, que la haya pesado, y que haya considerado lo que yo necesito en medio de ella, de tal manera que 1 Corintios 10:13 se cumpla y sea cierto. No hay tentación que yo no pueda resistir si Dios la ha permitido, y si la permite, habrá una vía de escape. Yo creo que podemos ver eso también en la vida de Jesús.

Ahora, si Dios permite la tentación, ¿qué de bueno puede haber de algo que viene de un ser malo como Satanás? ¿Qué de bueno puede tener una tentación que viene del reino de las tinieblas? Porque de la luz no es. ¿Qué de bueno? Hay cosas buenas, por eso Dios la permite. Lo bueno no está en la malicia de la tentación; lo bueno está en el resultado que él busca a través de la prueba. Y una de las cosas que las tentaciones hacen es que prueban nuestras fortalezas o revelan nuestras fortalezas y nuestras debilidades. En el caso de Jesús, en el caso nuestro, nuestras debilidades se muestran cuando fallamos. En el caso de Jesús, no hubo debilidad que mostrar, sino un carácter que mostrar: su carácter perfecto y divino que lo hizo vencer la tentación. Pero probó su carácter.

Ahora, en medio de esa tentación, entonces, como ya yo sé que las tentaciones revelan mi carácter, de hecho, déjame explicar eso un poco mejor aún. La tentación, la mejor forma de tú ver que la tentación realmente revela tu carácter es recordando que lo que a usted lo tienta es lo que usted desea. Piensen eso un momento: lo que a usted lo tienta es lo que usted desea. Yo decía en el sermón anterior: si usted odia volar, nadie que le saque un tiquete aéreo lo está tentando, porque eso es lo último que usted desea. Ahora, si a usted le encanta volar, cuando alguien le enseña un papelito que dice "a usted" y se imagina la segunda de American Airlines, lo único que a usted le tienta es aquello que yo deseo. Por eso nos tienta; lo que yo no deseo a mí no me tienta, y a ti tampoco.

Entonces, si eso es verdad, en el momento en que yo me siento tentado, yo puedo hacer un ejercicio espiritual y salir airoso si lo hago en el Señor. Ok, yo estoy siendo tentado aquí, eso es lo que yo deseo. Como eso es lo que yo deseo, yo tengo ahora que determinar si eso que yo deseo es realmente algo bíblico, bueno, santo. Y si no, ¿qué voy a hacer para manejarlo de una manera bíblica? Si es un área que tengo que limitar, si es un área que tengo que cuidar.

Yo tengo que recordar también que la tentación entra por los sentidos y por mi mente. En el caso de Adán y Eva, ellos vieron algo, que la fruta fue llamativa, ella llamó la atención. ¿Por dónde entró? Por sus ojos. En el caso de Jesucristo, la tentación entra por sus oídos, por los sentidos: "Si eres el Hijo de Dios", y la procesó en su mente. Por otro lado, en el caso de Esaú, la tentación entra por el gusto de sus papilas gustativas, del guiso. Lo olió, y con el olor saboreó el guiso hasta que se lo comió. El problema es que la tentación se aprovecha de eso que a usted le atrae. La tentación se aprovecha de eso que a usted le atrae. Tenemos que revisar nuestras atracciones.

La tentación es muy imaginaria, o mejor dicho, nosotros nos volvemos imaginarios una vez la tentación llega. La tentación crea situaciones en la mente sumamente imaginarias. Por eso yo decía recientemente en un Twitter que enviaba que el pecado siempre es creativo: crea situaciones en la mente que nadie se las puede imaginar, solo una mente en pecado crea circunstancias, porque esas situaciones y esa mente entonces que ha comenzado a hacer eso comienza a racionalizar. En la racionalización adormece su conciencia, la conciencia que filtra aquello que es bueno, que es malo, que nos dice, que no nos dice. Entonces ahora la conciencia adormecida tiene un filtro cerrado, adormecido, que no nos permite discernir la verdad del error. En la medida en que eso aumenta, nos volvemos compulsivos con la tentación y comienza a abrirnos a posibilidades poco usuales, en terrenos poco usuales, todo el tiempo.

Entonces, la prueba revelando nuestro carácter: Dios quiere eso. Dios no quiere el resultado negativo de la prueba; Dios quiere mi carácter revelado. Y depende entonces de cómo yo reaccione a la revelación de mi carácter. Yo puedo salir fortalecido de la prueba o yo puedo salir derrumbado de la prueba, pero la idea es que yo pueda salir fortalecido de la prueba.

De hecho, Pedro nos dice en su primera carta, capítulo 1, versículos 6 y 7, dice: "En lo cual os regocijáis grandemente, aunque ahora, por un poco de tiempo, si es necesario, seáis afligidos con diversas pruebas" —diversas pruebas, peirasmos, yo creo que es la palabra ahí, que implica incluso pruebas de tentación— "para que la prueba de vuestra fe, más preciosa que el oro que perece, aunque probado por fuego, sea hallada que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo." En otras palabras, mi fe necesita ser probada, es probada por el fuego a través de diferentes pruebas. Y Pedro dice que es necesario que en este momento presente yo sea afligido a través de diferentes pruebas, porque al final lo que se quiere es que mi fe haya pasado la prueba y haya sido purificada por el fuego, hasta el punto que esa fe luego le dé la gloria y honor a nuestro Dios.

Es el diseño de la tentación que Dios permite, que puede ser más fuerte que mis deseos de la carne, pero no más fuerte que la mano de Dios. Y por tanto, yo tengo que hacer lo que Cristo hizo: yo tengo que agarrarme de la mano de Dios, creer su Palabra, porque es ahí donde está lo que está detrás de la prueba. Es algo de carácter eterno, mucho más complejo que la sencillez de la superficie.

En el caso de Cristo, su carácter no fue fortalecido porque no tenía nada que fortalecer, pero su carácter fue probado, y cuando fue probado, fue hallado perfecto en la divinidad de su ser y en el triunfo de la prueba. Y en el triunfo se ve la necesidad de la prueba y la necesidad del fortalecimiento de mi carácter.

Pero también la prueba, la tentación, pone a prueba mi compromiso con Dios. Y Cristo probó su compromiso con el Padre, con la causa del Padre, con la redención de la humanidad, cuando triunfó de la manera que lo hizo. Y eso lo preparó para el Edén, el propósito con el que Cristo vino. Quería, tenía que ser interrumpido en la mente de Satanás. Es exactamente como él piensa acerca de ti, de mí: el propósito para el cual Dios te creó, te eligió, te redimió, tiene que ser interrumpido en tu vida.

Vida, porque si bien es cierto que yo no puedo contigo, yo puedo contigo, y yo puedo hacer lucir mal a Dios la fama de su nombre. Y eso es lo más que yo puedo hacer, y por lo menos yo voy a intentar hacer eso. Si sabemos todas estas cosas, entonces nosotros tenemos que mantener al enemigo a distancia. No permitas que él ponga un pie, un solo pie, en la puerta de tu corazón. No permitas que él ponga un solo pie en la puerta de tu corazón, porque el terreno santo que es perdido comienza entonces a dominar mis emociones o ser dominado por mis emociones. Terreno santo que es perdido comienza a ser dominado por mis emociones, y mis emociones me llevan a una derrota tipo el jardín del Edén.

Si tú lees la tentación de Eva, fue puramente emotiva. Cuando Eva vio que la fruta era buena para comer, es aún el olor del guiso. Y Satanás creía que Cristo sería como el primer Adán.

Pero hermanos, en ocasiones alguien de nosotros ha caído o va a caer, y aquellos de nosotros que quizá no hemos caído podemos tener la tendencia a juzgar a ese hermano más severamente de lo que la Palabra de Dios nos permite, y lo que nuestra naturaleza también débil debiera permitir. Es por eso que al cierre ya de esta reflexión sobre la tentación, yo quiero traer esta breve cita de Barclay. Mire, dice, yo creo —le estoy traduciendo literalmente— yo creo que cuando vemos a un hermano o a una hermana en pecado, hay dos cosas que nosotros no sabemos. Primero, nosotros no sabemos qué tan duro él o ella luchó para no caer. Y en segundo lugar, nosotros no conocemos el poder de las fuerzas que lo asediaron. Nosotros tampoco sabemos qué nosotros hubiéramos hecho en la misma circunstancia, y eso nos debe mover a la humildad y a la gracia.

Nosotros no sabemos qué tanto él luchó, ella luchó, para no caer. Nosotros no sabemos el poder de las fuerzas que lo asediaron, porque tú y yo no estuvimos ahí. Y entre tres luces, nosotros no conocemos qué nosotros hubiéramos hecho en las mismas circunstancias. Y eso nos debe llevar, como decía, a la reflexión humilde y a la dependencia humilde de nuestro Dios, y a saber que yo tengo que caminar en el desierto agarrado de la mano de Dios, dependiendo de Dios, porque de ninguna otra manera yo tendría ningún otro chance de victoria.

Pero a la vez yo quisiera cerrar con una nota de victoria, y es que la victoria de Cristo en el desierto es mi victoria. Él va al desierto a luchar y a representarme a mí. Él va al desierto a proclamar una victoria que yo debo ver como mi victoria: la victoria de Él sobre el pecado, la victoria de Él sobre el reino de las tinieblas, la victoria de Él sobre lo que había sido la maldición producida en Génesis 3 y de la cual Satanás tenía la culpa.

Y ahora yo tengo a un representante fiel en el reino de los cielos, que no está tratando de restringir su poder porque solamente estaba tratando de venir en representación del ser humano, sino que ahora Él está en el uso pleno, en el ejercicio pleno de todo su poderío, de todo su señorío, sentado a la diestra del Padre. Quien es mi Juez, quien es mi Abogado defensor, quien es mi Hermano, quien es mi Sumo Sacerdote, capaz de compadecerse conmigo, por mí, en todas mis tentaciones, capaz de interceder por mí en todas mis circunstancias, y en un momento dado capaz de decir: tú eres mi hermano a pesar de la vida que tuviste, tú eres uno de los nuestros.

Tienes que confiar en Él en el desierto, en la prueba. Tú tienes que agarrarte de Él. Tú tienes que creerle a Él. Tú tienes que creer su Palabra y nada más. Su Palabra es suprema por encima de todo. Tú solo eres por Él y para vivir es Él.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.