Integridad y Sabiduria
Sermones

La historia de dos templos

Timothy Paul Jones 23 abril, 2017

La iglesia no es un club social ni una opción para quienes ya tienen una relación con Cristo: es el templo que Dios está edificando con carne y sangre, habitado por su Espíritu. Esta verdad asombrosa llevó al apóstol Pablo a caer de rodillas en adoración, y debería despertar en nosotros el mismo asombro. En Éfeso convivían dos grupos que no tenían nada en común: judíos que adoraban en el templo de Jerusalén y gentiles que veneraban a la diosa Artemisa. Pero el evangelio los unió en una sola familia, un nuevo templo donde Dios mismo habita.

El templo de Artemisa, una de las siete maravillas del mundo antiguo, hoy es solo una columna solitaria. Del templo de Jerusalén queda únicamente un muro. Pero el templo construido con personas —creyentes de toda tribu y nación— permanece y se extiende por todo el mundo. Esto es lo que Pablo celebra cuando dice que a Dios sea la gloria en la iglesia por todas las edades.

Esta realidad tiene implicaciones concretas: cada creyente es necesario en el cuerpo de Cristo, colocado allí por diseño divino. Nadie sobra. Por eso debemos recibir a cada hermano como un regalo, proteger la unidad en lo esencial, y hablar de la iglesia recordando que es la esposa por quien Cristo murió. Cuando nos reunimos, no vemos solo carne y sangre, sino seres espirituales llenos del Espíritu de Dios. Eso debería maravillarnos cada vez que entramos a adorar.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Vamos a ganar para vivir en su verdad! Gracias, muchas gracias, es bueno estar aquí con ustedes.

Nuestra jornada hacia la adopción empezó con gran desánimo en nuestra familia, cuando los doctores nos dijeron que no podríamos tener hijos biológicos. Mi esposa desde un principio estaba abierta a la idea de adoptar. Sin embargo, yo no estaba dispuesto a adoptar para nada. Yo de manera egoísta quería tener mis propios hijos biológicos y no tener nada que ver con esto de adoptar. Pero yo no vi en un principio que este era el plan de Dios, el que nosotros adoptáramos niños.

Luego el Señor con el tiempo fue cambiando mi corazón para yo poder apreciar lo importante que era adoptar niños. Yo entendí que esto era el llamado de Dios para nosotros y que esta era una manera de mostrar lo que Dios había hecho con todos nosotros. Así que a lo largo de los años el Señor abrió puertas para que pudiéramos adoptar tres niñas a lo largo de este tiempo. Una de ellas la adoptamos cuando tenía siete años, otra cuando tenía ocho, y otra niña la adoptamos cuando tenía seis años. Cada una de ellas ya vino a nuestra familia con muchos problemas, mucho quebrantamiento.

Pero eso es exactamente lo que hizo Dios cuando nos adoptó. No nos adoptó cuando nosotros éramos inocentes y perfectos, sino que nos adoptó a nosotros cuando estábamos llenos de problemas. Cada una de nuestras hijas viene de un trasfondo étnico distinto. Nosotros tenemos una niña de Rumania, una niña que es de Texas en Estados Unidos, y una niña que es afroamericana. Así que nuestra mesa en la casa es un lugar bastante colorido.

Nosotros podemos mostrarle al mundo lo que Dios quiere hacer en la iglesia. Porque lo que Dios está haciendo en la iglesia es que le está trayendo gente de distintos lugares que el mundo nunca pensaría que estas personas pudieran estar juntas. Esa es la manera en la que Dios forma su iglesia, esa es la forma en la que Dios puede también formar familias por medio de la adopción.

Bueno, en el día de hoy quiero mostrarles de Efesios capítulo 3. Sin embargo, yo quiero empezar llevándolos a todos ustedes al Gran Cañón. El Gran Cañón es una formación rocosa masiva en Arizona. Tiene una anchura aproximadamente de 16 kilómetros y tiene 400 kilómetros de largo. La gente ha visitado el Gran Cañón por cientos de años.

Yo quiero contarles acerca de un escritor que en 1891 fue al Gran Cañón en una carreta. Cuando este hombre llegó al Gran Cañón con un grupo de personas y ellos se acercaron al precipicio, al borde del Gran Cañón, de esta manera fue que ellos lo describieron: "Dos o tres de nosotros llegamos ahí al borde y una mujer se sorprendió y levantó sus brazos al cielo. Nosotros nos acercamos dos o tres pasos y todo este escenario esplendoroso se nos presentó allí. Nadie podía prepararnos para lo que íbamos a ver. Una persona se quedó en silencio mientras otra persona estaba llorando de la emoción."

Ahora yo quiero llevarlos a ustedes de 1891 al año 2000, cuando yo tomé un grupo de jóvenes de la iglesia de Arizona allí para ver el Gran Cañón. Nosotros visitamos estas áreas en las montañas en la parte norte de Arizona. Yo recuerdo un joven en particular que durante todo el trayecto tenía su rostro ahí jugando con su teléfono, estaba todo el tiempo jugando. Cuando llegamos allí, llegamos a un punto donde dejamos que la gente saliera del vehículo para poder ver este lugar hermoso. Este joven levantó sus ojos por un momento y dijo: "¿Nosotros simplemente hicimos todo este trayecto para ver simplemente polvo y rocas?"

Recuerden cómo la gente en 1891, cuando vio todo este paisaje, estaba llorando, estaba asombrada de lo que estaba viendo. Y hoy día miles de personas visitan el viejo Gran Cañón, sin embargo no quedan tan sorprendidos, tan asombrados como estas personas. Nosotros somos una cultura que ha perdido su sentido de asombro, de maravillarse. Pero no es el Gran Cañón que ha cambiado, somos nosotros que hemos cambiado. Es difícil para nosotros ver algo maravilloso y sorprendernos de las cosas alrededor nuestro.

Yo creo que hay algunas razones para esto, y una de las razones es esta: nuestras vidas están llenas de distracciones como ninguna generación antes de nosotros. Tenemos cada cierto tiempo nuevos equipos electrónicos que nos están proyectando imágenes y nuevas imágenes una y otra vez.

Algunos de ustedes pueden conocer la caricatura de Calvin y Hobbes. Recuerden que hay una de las tiras cómicas de Calvin y Hobbes donde él está afuera bajo el cielo lleno de estrellas. Y él dice: "Nosotros todos somos como partículas pequeñas en una playa infinita." Y él mira así las estrellas y de inmediato dice: "Vamos para la casa a ver qué están dando en la televisión." Esa es la manera en la que nosotros respondemos a la maravilla que nos rodea. Nos dejamos distraer por todas estas imágenes digitales continuamente.

Otra razón por la que nosotros ya no nos sorprendemos es porque vivimos en un mundo que se hace cada vez más secular. Hace 500 años hubo un hombre llamado Juan Calvino, y este no es el mismo Calvin de la caricatura. Este es Juan Calvino, el pastor en Francia durante la Reforma. Él miraba alrededor al mundo y él decía: "Mira, todo el mundo es como un teatro de la gloria de Dios." Lo que le estaba diciendo es que todo lo que había en la creación de una manera u otra estaba apuntando a la gloria de Dios. Pero nosotros vivimos en una era muy secular donde toda la gente lo que quiere es reducir todo a principios científicos. Así que en vez de apreciar la belleza y cómo la belleza apunta a la gloria de Dios, nosotros vemos la belleza que está a nuestro alrededor y simplemente estamos viendo polvo y rocas.

Nuestras vidas están llenas de todo tipo de imágenes y cosas, pero nuestras almas están hambrientas de verdadero asombro. Lo que quiero hacer hoy es empezar una jornada hacia la recuperación de un asombro y maravillarse divino.

Para hacer esto yo quiero que veamos el texto de Efesios 3:14 que dice: "Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre." Nosotros a menudo pensamos que el arrodillarse es simplemente una posición para nosotros orar. Pero esto era solamente un aspecto de lo que Pablo quería significar cuando él decía que se estaba arrodillando ante el Padre. Lo que encontramos en este texto es que algo provoca que Pablo caiga, que él se esté arrodillando, que esté cayendo ante algo maravilloso.

¿Qué es lo que encontramos en este texto que provoca que Pablo caiga así? Es algo que nos rodea a nosotros continuamente y pudiera parecernos ordinario. Es algo que quizás nos frustra de vez en cuando. Es algo que yo voy a mantener como un misterio hasta que Pablo más adelante en el texto revele lo que es. Pero es lo que llevó a Pablo a arrodillarse y caer allí en asombro y en oración delante de Dios.

Veamos aquí en el texto qué fue lo que provocó este despertar en el apóstol Pablo de este asombro de Dios. Dice Efesios 3:14-15: "Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra."

Pablo empieza este texto con la frase "por esta causa." Lo que esto hace es que nos invita a considerar algo que ya el apóstol Pablo había dicho previamente. Para entender lo que fue lo que movió a Pablo a arrodillarse, nosotros tenemos que ver el texto anterior. También tenemos que ver lo que estaba ocurriendo alrededor de la ciudad de Éfeso.

En cierta manera, todo lo que encontramos aquí en Efesios es la historia verdadera de dos templos. En la ciudad de Éfeso, los creyentes allí, estas personas que se encontraban allí y que en un principio estaban adorando en dos templos distintos, han sido traídos para ser parte de una nueva nación.

El primero de estos dos templos es el templo que encontramos en Éfeso, el templo donde se adoraba a la diosa Artemisa. Éfeso era la segunda ciudad más importante, más grande en el imperio romano. En el centro de esta ciudad se encontraba este maravilloso templo a la diosa Artemisa. La gente estaba muy orgullosa allí de este templo que ellos habían construido a la diosa Artemisa. Los efesios, 600 años antes, le construyeron uno de los templos más hermosos del tiempo antiguo. De hecho, era considerado una de las siete maravillas del mundo antiguo. La gente venía de todas partes del imperio y participaba de festivales que se llevaban a cabo en ese templo. En las fiestas se vendían estas imágenes pequeñas hechas en plata. Este templo era el orgullo de los efesios.

El apóstol Pablo había visitado esta ciudad. Y cuando Pablo empezó a predicar que solo existía un Dios verdadero, algo pasó. Si lo recuerdan del libro de los Hechos, cuando Pablo estuvo predicando, se armó un gran revuelo allí en Éfeso.

Se armó un alboroto tan grande que Pablo, al día siguiente, tuvo que huir de la ciudad. Pero como les dije, esta es la historia verdadera de dos templos, no solo un templo. El otro templo al que me refiero es el templo de Jerusalén.

En Éfeso no solo encontramos personas que eran gentiles, sino que había también una gran población judía. Y estos judíos que vivían en Éfeso, por lo menos una vez al año, hacían un viaje para adorar a Dios en el templo. Cuando ellos llegaban a Jerusalén, iban a este templo hermoso que se encontraba en la cima de un monte. El rey Herodes acababa de renovar este templo y lo había convertido en una estructura hermosa, llena de mármol y cubierta en oro. Y cada año todos los judíos, no solamente de Éfeso, sino los que se encontraban en todas partes del Imperio Romano, viajaban a Jerusalén para la Pascua.

Así que en la ciudad de Éfeso había una tensión entre las personas que adoraban en el templo de Éfeso y las personas que adoraban en el templo de Jerusalén. La religión judía era muy distinta al mundo de la gente que no era judía. Para la gente del mundo antiguo, los judíos y sus creencias parecían muy extraños. Los judíos solamente tenían un solo Dios, mientras que los gentiles tenían diversos dioses. Los judíos no tenían ídolos o imágenes de su Dios. Y los hombres judíos eran circuncidados, mientras que los romanos y los demás gentiles no. Así que los judíos y los gentiles de la ciudad de Éfeso no tenían nada en común, no compartían nada.

Pero entonces, diez años antes de que se escribiera esta carta, se aparece Pablo en Éfeso. Y Pablo comenzó a proclamar que Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo por medio de la muerte y la resurrección de Cristo. Y esto fue el evangelio, estas fueron las buenas nuevas de Dios que él estaba predicando. Y la buena nueva era que Dios estaba cumpliendo sus promesas a los israelitas, estableciendo su reino por medio de Cristo, de forma tal que cualquier persona, independientemente del trasfondo cultural del que venía, podía ser parte de este reino al creer en Cristo Jesús.

Así que tanto judíos como gentiles respondieron a este mensaje del evangelio. Gente que nunca se imaginaba que iba a estar junta en un mismo lugar, ahora de repente estaban compartiendo su vida. Ellos estaban leyendo las mismas Escrituras y estaban siendo bautizados en las mismas aguas.

Pero esto está muy bien, pero recuerda que Pablo tuvo que salir de Éfeso el día después del revuelo que se armó. Así que diez años después, cuando Pablo escribía esta carta, no todo estaba muy bien en la iglesia de Éfeso. Muchos de los judíos que estaban en esta iglesia todavía mantenían las leyes del Antiguo Testamento. Y eso estaba bien porque ellos eran étnicamente judíos. Pero el problema es que ellos estaban acercándose a sus hermanos gentiles y les estaban diciendo: "¡Miren, ustedes tienen también que observar estas leyes!" Les decían que si tú verdaderamente amabas a Jesús, tú tenías que cumplir con todas las leyes del Antiguo Testamento.

Así que recuerden, imagínense por un momento lo que estaba ocurriendo allí. Recuerden que estas leyes del Antiguo Testamento incluían la circuncisión y el poder comer ciertas cosas o no comer de ciertas cosas. Y los hombres judíos les estaban diciendo a los hombres gentiles: "Mira, si verdaderamente tú quieres pertenecer a la iglesia de Cristo, hay una pequeña cirugía que tú tienes que pasar para poder pertenecer a la membresía de esta iglesia." Y entonces los gentiles les estaban diciendo: "¡Ay, me preocupé! ¿Usted no me deja comer un poco de jamón y de cerdo?" Y los judíos estaban diciendo: "¡Nosotros no podemos comer eso porque eso está prohibido en la ley del Antiguo Testamento!" Y esta iglesia estaba a punto de experimentar una gran división porque los judíos y los gentiles no se estaban llevando bien.

Ahora, por supuesto, nosotros no tenemos problemas de esa índole en nuestra iglesia que atenten con la unidad de nuestra iglesia. Nosotros nunca tenemos esa clase de problemas, ¿verdad? Ahora, puede ser con distintos temas, pero nosotros también tenemos el reto de mantener la unidad en la iglesia.

Y Pablo escribe esta carta para atraer a estos dos grupos distintos a que sean parte de una misma iglesia. Y para hacer esto, el apóstol Pablo utiliza una imagen que era muy familiar para ambos grupos, y era la imagen del templo. Él introduce esta imagen en el capítulo 2, versículo 16. Así que veamos desde el versículo 17 del capítulo 2. Efesios 2:17: "Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos y a los que estaban cerca. Porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo. En quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor, en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu."

Así que si Pablo hubiese pensado que el propósito de la iglesia era facilitar nuestras vidas o acomodarnos a la cultura de nuestro tiempo, él habría hecho una iglesia para los judíos y otra iglesia para los gentiles. Pero Pablo nunca considera esa opción. Lo que Pablo hace es que él espera que ellos, por el poder del evangelio, puedan convertirse en una sola iglesia. Pablo cree que el Señor Jesucristo es suficiente para atraer a estos grupos de personas y que puedan ser uno por el poder del evangelio.

Porque Cristo es suficiente, no tenemos que añadir absolutamente nada a lo que Cristo ya ha provisto. Todo lo que Dios demanda de nosotros ya nos lo ha dado en Cristo Jesús. Y porque Jesús es suficiente, la unidad no es algo que nosotros debamos alcanzar por nuestras propias fuerzas. La unidad es un regalo que nosotros recibimos por lo que Cristo ya ha hecho. Y Pablo describe en Efesios 2 cómo es que Dios ha hecho esto.

Noten lo que dice el versículo 19. Ustedes empezaron siendo extranjeros, advenedizos. Así que ellos empiezan siendo extraños, extranjeros, y ahora Dios los hace conciudadanos. Y si Dios no hubiese hecho más que traerlos de ser extranjeros a ahora ser conciudadanos, eso fuera maravilloso. Pero Dios no se detiene simplemente haciéndonos a nosotros ciudadanos, sino que ahora nos hace hijos de Él. Dice en el versículo 19 que ustedes se han convertido en miembros de la familia de Dios. Dios, a través de la adopción, nos ha hecho parte de su familia. Nos ha hecho miembros de su familia por medio de Cristo Jesús.

Dios nos pone en Cristo de tal manera que cuando Él nos mira en Cristo, nos ve como sus hijos. Cuando Dios nos mira a nosotros y hemos confiado en Cristo Jesús, Él no nos mira con todos nuestros defectos, sino que Él nos mira en la perfección de Cristo Jesús. Y porque Él nos ve a nosotros en su Hijo, en su Cristo, Él nos ve como sus hijos. Él nos ve como sus propios hijos adoptados en Cristo. Y Él hace esto colocando su Espíritu en nosotros.

Y Dios, por el poder del Espíritu, está haciendo algo más todavía. Él nos está construyendo como un templo para el Espíritu de Dios. Él nos está edificando sobre el fundamento de los apóstoles y profetas. Dice el versículo 20 que ustedes están siendo edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas. Y en el versículo 21, dice que toda la estructura está siendo construida para ser un templo santo en el Señor.

Ahora piensen esto por un momento. El mismo Espíritu que se encontró en aquel lugar cuando Dios creó todo el cosmos. El mismo Espíritu que llenó el tabernáculo y el templo en el Antiguo Testamento. El mismo Espíritu que obró en el vientre de María para traer al Señor Jesucristo al mundo. Es el mismo Espíritu que está en cada creyente en Cristo Jesús. Y ese Espíritu nos une a cada uno de nosotros y nos está construyendo para que seamos un templo santo. Nos está construyendo para que seamos un templo santo para el Señor.

Así que todo lo que Pablo está diciendo a los efesios es que no pueden estar divididos porque Dios los ha unido. Los ha unido por su Espíritu. Ahora Dios los está convirtiendo a ustedes en un nuevo templo. Pero esto no es un templo creado por manos humanas. Esto no es un templo hecho de piedras. Esto es un templo creado por carne y sangre. Y está siendo habitado por el Espíritu de Dios. Ustedes, el pueblo de Dios, son el templo de Dios.

Así que Dios está tomando gente de dos pueblos distintos y los está convirtiendo en un nuevo templo. La visible expresión de Dios es el plan de Dios. Y este templo es la iglesia, la expresión visible del plan de Dios para este tiempo. Y ustedes recuerdan ese lugar donde nosotros iniciamos, donde Pablo dice que él se arrodilla. Eso es lo que causa que Pablo doble sus rodillas. Es la belleza, la maravilla, la gloria de lo que Dios está haciendo en su iglesia.

De hecho, al principio en el capítulo 3, Pablo está tan entusiasmado con esto que ni siquiera puede terminar la primera oración. La oración que él terminó en el versículo 14, él la empezó en Efesios 3:1. Y está tan entusiasmado que no puede terminar su propia oración. Él dobla las rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo.

Ahora quiero que veamos más cuidadosamente los versículos 14 al 21 para ver qué es lo que está pasando con Pablo. En los versículos 14 y 15, la figura que Pablo está diciendo es: mira, yo me caigo delante del Señor de rodillas por lo que Dios está haciendo en toda persona, en toda la familia de la tierra. Está diciendo aquí "toda familia". No importa cuántos problemas encontramos en una familia. Cualquier cosa buena que hay en esa familia está ahí por lo que Dios hizo en su creación y en su diseño original acerca de la familia. Y está diciendo aquí que Dios es el Padre de quien toda familia se deriva.

Cuando este pasaje se escribió, para ese tiempo el emperador romano había sacado una moneda recientemente. Esa moneda tenía dos letras: PP. Y la razón de que había dos letras es que era una abreviación en que se declaraba al emperador padre de todos los padres de todo el imperio. Lo que estas letras querían significar era la abreviación de que el emperador se creía el padre de todos los padres de toda la tierra del imperio romano. Pero ¿saben qué está diciendo Pablo aquí a estas personas que probablemente tenían una de estas monedas en su bolsita de monedas? Él dijo que ese emperador romano solo se refería a él mismo como padre de todas las multitudes, pero hay un Padre que es muchísimo mayor, que es quien realmente está a cargo de lo que está ocurriendo. Y lo que está comunicando es que todos los poderes que nosotros pensamos que realmente son maravillosos no se comparan al poder de Dios.

Pero vemos algo más en este texto. Decía hace un momento que aun estas familias que tienen muchísimos problemas, aquello bueno que se pueda encontrar en esa familia está ahí porque Dios lo ha diseñado. Y lo que es la iglesia es la familia de Dios. Y nosotros como iglesia deberíamos ser esa familia donde cualquier persona viene aquí, ve, y desearía tener esta familia. Lo que espero de nuestras iglesias es que cuando viene alguna persona que nos visita a la iglesia y entra a nuestra iglesia, que aun si a ellos no les gusta lo que nosotros predicamos y decimos, ellos puedan reconocer: mira, ahí hay un amor que a mí me gustaría poder sentir, esa clase de amor.

Pablo continúa en el versículo 16 y dice: "Para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu, para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios."

Así que Pablo se mueve aquí de adoración a Dios a oración, y él cambia la metáfora de la familia ahora a un templo, y presenta aquí distintas dimensiones del templo que resultan ser lo mismo al final. Pablo aquí no está diciendo que las dimensiones del templo son algunos de los santos, ni siquiera está diciendo que es la mayoría de los santos, sino que Pablo está diciendo que son todos los santos.

Ahora debemos reconocer y recordar más bien que los santos no son aquellas personas que han sido canonizadas por una iglesia en particular. Un santo en la Biblia, una persona santa en la Biblia, es cualquier persona que Dios ha declarado santa por medio de Cristo Jesús. Así que todos los que estamos aquí, que hemos confiado en Cristo Jesús, somos santos. Santo Miguel, santo Timoteo, eso es lo que somos todos nosotros que hemos confiado en Cristo Jesús.

Ahora lo que vemos aquí cuando el texto dice "todos los santos" es que nosotros no tenemos la responsabilidad de determinar las dimensiones del templo. Es Dios quien determina las dimensiones de su templo. Y Dios hace esto mediante lo que él ha hecho por Cristo Jesús y lo que él ha predeterminado desde antes de la fundación del mundo.

Ahora la verdad es que, sin importar quiénes somos nosotros, es posible que en algún momento hayamos llegado a pensar de otra persona: quizás la iglesia realmente no necesita a esa persona, que esa persona sea parte de la iglesia. Admito que en nuestro corazón nosotros podemos hacer algo de eso. Hay momentos que nosotros pensamos de otra persona que la iglesia pudiera prescindir de esa persona. Pero Dios es el maestro de su templo y es él que está construyendo su templo, y él sabe a quién va a traer a su templo. Es posible que a veces nosotros pensemos de nosotros mismos y lleguemos a la conclusión: quizás la iglesia no me necesita a mí.

Pero si nosotros tenemos la actitud de estar viendo a las personas a nuestro alrededor, o pensamos de la gente a nuestro alrededor o a nosotros mismos que la iglesia no nos necesita, lo que estamos diciendo es lo siguiente: Dios, tú no sabías los materiales que tú necesitabas para edificar tu templo. Ahora, quizás alguna vez ustedes han construido una casa o un edificio. Cuando ustedes lo hacen, saben que hay algunas partes de la casa que son imprescindibles porque son las que cargan el peso de la casa. Hay ciertas paredes, ciertas columnas, que si usted las saca, se va a caer el edificio completo. Y cada uno de nosotros que somos creyentes en Cristo Jesús tenemos algún tipo de carga en el templo de Dios. Cada uno de nosotros somos necesitados en el cuerpo de Cristo. Y si él ha planificado de manera perfecta, él ha colocado en su iglesia las personas que él necesitaba para esa iglesia. Así que si tú eres un creyente en Cristo Jesús, tú tienes un propósito al estar aquí. El que tú estés aquí es importante para la iglesia.

Ahora, ¿cómo nosotros podemos vivir esto día tras día? Una de las cosas que yo le animaría es que si usted es una persona que simplemente está asistiendo a la iglesia, yo le animaría a usted a hacerse miembro de la iglesia. Si usted es miembro de la iglesia y no está sirviendo, investigue, busque algún lugar donde usted pueda servir. Y quizá usted puede decir: bueno, yo no sé dónde voy a servir. Bueno, pues busque un lugar e intente servir en ese lugar. Si eso no es lo que el Señor le ha llamado a hacer, pues intente en otro lugar. Todos nosotros somos necesitados y tenemos la necesidad de servir en la iglesia.

También podemos estar animando a los creyentes alrededor nuestro. Pudiera ser algo tan sencillo como decirle a una persona alrededor nuestro: Dios te ha dado este don y yo doy gracias a Dios por eso. Yo te aprecio y doy gracias a Dios que te ha traído aquí a la iglesia. Y pudiera ser algo como esto: piense incluso en esa persona que usted piensa que la iglesia pudiera prescindir de ella. ¿Qué podrías hacer tú para construir una amistad, una relación con esa persona? Así es que nosotros vivimos como si realmente todos los santos sean importantes para la iglesia.

Ahora, en los últimos versículos de este texto, Pablo hace una de las declaraciones más asombrosas e insólitas que hace en cualquier lugar de las Escrituras. Y esta declaración insólita la encontramos en el capítulo 3, versículos 20-21. Pablo dice: "Y a aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén."

Ahora, usted pudiera estar pensando por qué esta declaración es tan insólita. Pero la creación de la iglesia es donde se manifiesta la gloria de Dios por todas las generaciones. Esto es lo sorprendente.

Usted se da cuenta de que la Iglesia en ese entonces, cuando Pablo escribió esto, era una minoría insignificante en la población de la humanidad. Un sociólogo ha estimado, ha calculado, que para ese tiempo había aproximadamente ocho mil cristianos en todo el mundo. Y aún si fuera más de ocho mil, era como que era un grupo muy poco, no sería muy popular ese grupo. Estaban enfrentando persecución y la persecución estaba a punto de ser aún peor. El plantador de iglesias más exitoso de ese tiempo estaba en la cárcel. Así que Pablo se encontraba en la cárcel, y en menos de diez años tanto Pablo como Pedro iban a morir por causa de la fe. La Iglesia se encontraba en el lado incorrecto de la historia.

Ahora, la adoración a Artemisa, eso era totalmente distinto. Ellos tenían uno de los templos más hermosos en todo el mundo. Mucha gente adoraba a Artemisa, tenían sacerdotes y templos. No solo tenían Éfeso, sino que en otros lugares también. Así que uno podría pensar: "Oye, la adoración a Artemisa, esto es algo que va a durar por siempre." El templo de Jerusalén es otro templo que lo más seguro iba a durar mucho tiempo también. Cada semana allí se hacían miles de sacrificios en ese templo en Jerusalén. Ellos tenían que venir desde todo el mundo para adorar en ese templo allí en Jerusalén. De seguro eso sería lo que iba a durar por siempre. Pero la Iglesia, eso no tiene muchas expectativas de vida.

Pero lo que Pablo está diciendo es que en la Iglesia Dios iba a obrar por todas las edades, por los siglos de los siglos. Y usted puede ver cómo es una idea loca en ese tiempo. Usted puede entonces imaginarse por qué esto como que no tendría mucho sentido para la gente cuando leía esto en ese entonces.

Y sin embargo, ustedes recuerdan ese templo que yo les describí hace un momento de la diosa Artemisa. ¿Usted sabe lo que sobrevive al día de hoy de ese templo? Lo demás, todo lo otro ha sido destruido. No hay más gente que en el día de hoy está adorando a Artemisa. ¿Qué de ese templo en Jerusalén? Todo lo que queda de ese templo es una pared que servía como el fundamento del templo en la parte occidental.

Pero ¿qué de aquel templo que Dios dijo que iba a construir de carne y sangre? ¿Qué de aquel templo que Dios dijo que iba a llenar con Su Espíritu? ¿Qué de ese templo que Dios dijo que iba a traer gente de todas las tribus, de todas las naciones? Miren todos ustedes, miren a su izquierda, miren a su derecha. ¡Y sí! Miren aquí a su alrededor, ese templo. Ustedes son el templo de Dios.

Y no somos solamente nosotros. En todo el mundo alrededor de nosotros hay congregaciones con miles de creyentes que están adorando a nuestro Dios. El templo de Artemisa ya desapareció. El templo de Jerusalén ya se fue. Pero el templo que Dios construyó está aquí. Eso es lo que nosotros somos. Y este templo, compuesto por la gente, va a permanecer por todas las edades, por los siglos de los siglos. Esto es lo que provocó que Pablo cayera de rodillas, asombrado, maravillado de la obra de Dios.

¿Cómo debemos nosotros responder a esta hermosa verdad? Porque nosotros somos una familia, recibe a cada persona como un regalo. El mayor regalo que Dios nos da es Jesucristo. Él lo ha colocado en nuestras vidas por Su Espíritu. Pero yo sugiero que el segundo mayor regalo que Dios nos da somos nosotros, que Dios nos da unos a otros. Piense en todas las personas que están aquí y cómo Dios las ha traído a cada una de estas personas. Piense en las miles de decisiones en su vida que han hecho que usted esté aquí hoy. Piense en esos lugares, en esos momentos de su vida que estaban tan oscuros que usted jamás pensaba que iba a salir de allí. Pero Dios los ha sacado de allí y los ha colocado aquí ahora. Y piense en todas las personas que están a su alrededor. Dios también los ha traído aquí a ellos. Y nosotros somos regalos unos para con otros. Así que aprendan a recibir unos a otros como regalos de Dios.

Aquí hay otra verdad que creo que podemos apreciar en este texto. Porque nosotros somos el templo de Dios, reconozcamos que nos necesitamos unos a otros. Hay tanta gente hoy día que dice: "Yo amo a Jesús, pero no me gusta mucho la iglesia." Y cuando usted escucha que una persona dice eso, lo mejor que usted puede, la mejor manera que usted puede responder es haciendo la pregunta: "¿Por qué tú dices eso?" Porque son de esas personas que han sido muy heridas por la Iglesia o por otros cristianos. Y quizás lo que debemos decirle es: "Yo lo siento mucho que tú has experimentado eso, pero la verdad es que los cristianos no deben vivir de esta manera."

Pero nosotros tenemos que estar absolutamente claros con respecto a esto. La Iglesia no es una opción para los creyentes en Cristo. La Iglesia no es algo que tú simplemente haces si quieres añadirle algo a tu relación con Jesús. Tú no puedes hacer la vida cristiana solo, como tampoco tú pudieras estar casado solo. Nosotros nos necesitamos unos a otros para poder vivir bien la vida cristiana.

Así que protejan la unidad de su iglesia. Las discusiones que nosotros tenemos hoy día usualmente no tienen que ver con el jamón o si estamos comiendo pescado. Pero nosotros enfrentamos otras situaciones que provocan división entre nosotros. Quizás alguien le ha lastimado, le ha ofendido a usted en la Iglesia. O quizás es que usted hace algo de una manera distinta, que realmente la Palabra de Dios no se dirige a ese asunto. Y sin embargo, Dios nos ha llamado a estar continuamente construyendo puentes para con otras personas, porque Dios nos ha llamado a preservar la unidad.

Así que busquen la unidad en su iglesia en aquellas cosas que son esenciales para la Palabra de Dios. Y regocíjense en las diferencias en las cosas que no están en la Palabra de Dios. Y sean la persona que es rápida para pedir perdón y para perdonar. Y sean aquella persona que es pronta para amar y para perdonar a tu hermano o hermana en Cristo.

Recuerda que la Iglesia es la esposa de Cristo. Así que pregúntate esto cuando tú empiezas a hablar acerca de tu Iglesia: ¿Cómo te sentirías tú si alguien habla de tu esposa de la manera en que tú estás hablando acerca de la Iglesia? Porque la Iglesia es la esposa de Cristo. Y tú no has muerto por tu esposa, pero Cristo sí murió por Su esposa. Esta semana, si tú has hablado de manera negativa en contra de alguna otra persona, recuerda antes de hacer esto que esa gente, esa persona, es parte del cuerpo de Cristo, de la esposa de Cristo.

Y una cosa más. Porque Dios mismo es quien llena este templo, practica el asombrarte y el maravillarte cuando estás aquí en el templo del Señor. Y sí, como ese joven hace unos años atrás que cuando llegó al Gran Cañón solamente vio polvo y rocas, nosotros venimos a la Iglesia y lo único que vemos alrededor nuestro es carne y sangre. Pero nosotros somos un templo lleno con el Espíritu de Dios. Y la gente que está alrededor de usted, que han creído en Cristo Jesús, no son meramente carne y sangre. Ellos son seres espirituales, y si ellos han creído en Cristo Jesús, están llenos del Espíritu de Cristo.

Y así, nosotros podemos asombrarnos y maravillarnos cuando venimos a reunirnos aquí y adorar a nuestro Dios. Nosotros estamos rodeados de personas en cuyos cuerpos el Espíritu de Dios ha tomado residencia. Cuando usted viene aquí a la Iglesia, tú no estás entrando a un club social. Tú estás entrando al templo del Dios vivo. Y cuando nosotros podemos ver gloria y maravillarnos aquí, esto nos ayuda a ver gloria y asombrarnos en todo el resto de nuestra vida. Y entonces, nosotros podemos ver, como Calvino, toda la tierra como el teatro de la gloria de Dios. A eso es que nosotros estamos llamados a hacer.

Así que les animo, les reto a ustedes a vivir asombrados, maravillados de lo que Dios ha hecho en Su Iglesia. Eso es lo que llevó a Pablo a caer de rodillas, asombrado y maravillado de lo que Dios estaba haciendo. Y esto debe despertarnos a nosotros también para que nos asombremos y nos maravillemos de lo que Dios está haciendo.

A Dios sea la gloria. Amén.

Timothy Paul Jones

Timothy Paul Jones