Integridad y Sabiduria
Sermones

La sabiduría que produce paz

Timothy Paul Jones 8 julio, 2018

La presión de no encajar en el mundo por causa de la fe es una experiencia que todo cristiano conoce. Los destinatarios de la carta de Santiago la vivían intensamente: judíos que al confiar en Jesús fueron rechazados por su propia comunidad, y al abandonar los dioses paganos, también por sus amigos gentiles. Ante esa presión, algunos en aquellas iglesias buscaron soluciones mundanas: cultivar relaciones con los ricos y poderosos, ignorar a los pobres, usar a otros para avanzar. Santiago les confronta: esa no es sabiduría, es ambición personal disfrazada. Es terrenal, natural, diabólica —los mismos pecados que derribaron a Satanás.

La verdadera sabiduría se manifiesta en mansedumbre, que no es debilidad sino poder bajo control para un propósito mayor. Se revela en cómo usamos el poder que tenemos —con nuestros hijos, compañeros de trabajo, en las redes sociales— para elevar a otros en lugar de aplastarlos. Esta sabiduría produce fruto: pureza, paz, amabilidad, misericordia. Y viene de sembrar semillas de paz, un trabajo lento donde por mucho tiempo no vemos resultados, pero Dios obra bajo la superficie.

Solo un hombre vivió con perfecta sabiduría, libre de celos y ambición. El mundo lo clavó en una cruz, pero tres días después salió de la tumba, demostrando que la sabiduría de Dios es verdadera. Ese mismo poder que resucitó a Jesús genera paz y sabiduría en quienes confían en él. La pregunta que queda es personal: ¿me conocen como alguien que siembra semillas de paz?

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Fuimos llamados para vivir en su Palabra! Good morning, it is a joy to be with you this morning. Buen día, es un gozo estar con ustedes hoy acá en la mañana. Hoy vamos a estar hablando sobre la sabiduría. La razón de eso es que me pareció muy apropiado, dado que ustedes tienen un ministerio que se llama Integridad y Sabiduría, que hablemos sobre sabiduría.

Les pido por favor que abran sus Biblias en Santiago, capítulo 3, y vamos a estar leyendo a partir del verso 13. «¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Que muestre por su buena conducta sus obras en mansedumbre de sabiduría. Pero si tenéis celos amargos y ambición personal en vuestro corazón, no seáis arrogantes y así mintáis contra la verdad. Esta sabiduría no es la que viene de lo alto, sino que es terrenal, natural, diabólica. Porque donde hay celos y ambición personal, ahí hay confusión y toda cosa mala. Pero la sabiduría de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, condescendiente, llena de misericordia y de buenos frutos, sin vacilación, sin hipocresía. Y la semilla cuyo fruto es la justicia se siembra en paz por aquellos que hacen la paz.»

Oremos. Dios, pedimos que bendigas la proclamación de tu Palabra, que las verdades que tú has puesto en estas palabras sean lo que las personas recordemos. Y que seamos transformados para que busquemos tu sabiduría en toda nuestra vida. Ayúdanos a decirle que no a la sabiduría falsa e inicua que está alrededor nuestro. Ayúdanos a decirle que sí a tu sabiduría para que puedas ser glorificado. En el nombre de Jesús, amén.

A veces nos encontramos en un lugar donde realmente no encajamos. Y cuando te encuentras en esta situación, sientes presión. Cuando fui con mi familia, fui con mis hijos al lugar en la ciudad de San Luis: es un museo, un edificio de diez pisos lleno de áreas de juego. Y para ir de piso en piso hay escaleras, toboganes y túneles. Tengo cuatro hijas y a ellas les encanta; es el mejor sitio que ellas disfrutan visitar.

Como yo quería disfrutar el lugar tanto como ellas, decidí seguirlas por todo lugar donde fueran. Y resulta que hay un túnel que sale del edificio en forma de arco. Mis niñas cruzan y yo voy detrás de ellas. Resulta que este túnel está a más o menos cinco pisos de altura. Cuando voy subiendo, llego a la cima, al momento más alto, y resulta que se aprieta un poco y comienzo a sentirme apretado. Yo estaba tratando de acomodarme para poder deslizarme con los pies primero, pero no tenía espacio.

Y en ese momento se me ocurrió algo que realmente se me debió haber ocurrido antes de subir cinco pisos de altura: quizás este edificio no fue construido para personas de mi talla. Y ahí experimenté en carne propia lo que es estar en un lugar donde uno no encaja. Y esto es lo que quiero que entiendan: que muchas veces en nuestra vida cristiana llegamos a sentir que ya no encajamos en este mundo. Comenzamos a sentir esa presión por nuestra fe, la presión de estar en un lugar donde no pertenecemos.

Eso era exactamente lo que estaban sintiendo las personas a quienes Santiago les dirige esta carta. Ya habían pasado unos treinta años después de Jesús, y estas personas confiaban en Él. Como ellos eran judíos, al momento de aceptar a Jesús como el Mesías, sus familias y sus amigos los alejaban. Y porque al poner su confianza en Jesús y en Dios como el único Dios, los gentiles que adoraban dioses paganos también los rechazaban.

Nos dice claramente en el primer capítulo de Santiago que ellos estaban pasando por mucha prueba. Esa tribulación era la presión social de ser cristiano. Estaban sintiendo esa presión de estar en un mundo donde ya no encajaban y sus amigos los rechazaban. Y ellos comenzaron a cuestionarse qué debían hacer en esa situación donde sentían presión por no encajar.

La respuesta de Santiago es que deben vivir con una sabiduría que viene de lo alto. Pero había personas en estas iglesias que entendían que debían responder de otra forma a la presión que estaban recibiendo. Lo que ellos pensaban que tenían que hacer era generar conexiones con los ricos y los poderosos para que pudieran protegerlos. Comenzaron a ignorar a los pobres, a los desprotegidos, y comenzaron a buscar conexiones con los ricos y los poderosos.

Por eso, si vamos a Santiago capítulo 2, en el verso 2, vemos esta situación: «Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y vestido de ropa lujosa, y también entra un pobre con ropa sucia, y miráis con agrado al que lleva la ropa lujosa y le decís: Siéntate tú aquí en buen lugar; y al pobre le decís: Estate tú allí de pie, o siéntate junto a mi estrado. No habéis hecho distinciones entre vosotros mismos y habéis venido a ser jueces con malos pensamientos.»

En esa cultura, el hecho de tener un anillo de oro no solamente implicaba que tú tenías dinero; también era un símbolo de poder político. Entonces, cuando alguien así, con esa influencia política, llegaba a la iglesia, pues ellos lo traían adelante y le hacían un lugar especial. Pero a los pobres, a los desprotegidos, los sentaban atrás, prácticamente con la intención de que ni siquiera tuvieran que vérseles.

Así que cuando Santiago comienza este pasaje diciendo «¿Quién es sabio y entendido entre vosotros?», lo que está cuestionando es: ¿a quién es que tú entiendes que debes poner la atención? La respuesta de algunos en esa iglesia era: hay que poner la atención al que me puede ayudar. Pero lo que realmente dice Santiago es que los sabios, los entendidos, son los que muestran evidencia física de tener sabiduría. Por eso vemos en la segunda parte del verso 13 del capítulo 3 que dice que muestre por su buena conducta sus obras en mansedumbre de sabiduría.

Y quizás al ver este énfasis en buenas obras, ustedes quisieran levantar una bandera y decir: «Espera, yo pensaba que nosotros no somos salvos por obras, sino por fe. Al confiar en Jesús, Dios me da toda la santidad, toda la rectitud de Jesús, y por ende yo no dependo de mis obras.» Y eso es verdad; no hay ninguna obra que tú puedas hacer para ser salvo. Pero lo que quiero que entendamos es que una fe genuina nos va a llevar a hacer buenas obras.

Cuando Pablo habla de ser salvos por gracia a través de la fe, él se está dirigiendo a un público diferente al que se dirige Santiago. Pablo le dice que no, que son salvos por fe, por gracia, y no por ninguna obra que puedan hacer. Pero Santiago se está dirigiendo a personas que ya saben eso, que su única forma de salvación es por gracia a través de la obra de Jesús. Si ustedes pensaban que podían depositar su fe en Jesús y que eso no cambiaría su vida en nada, Santiago les dice que si estás bien con Dios, eso te va a llevar a mostrar buenas obras, no para ganar esa santidad o rectitud, sino obras que revelan lo que ya recibiste por medio de Jesús. Santiago y Pablo tienen dos diagnósticos diferentes porque les están escribiendo a personas que tienen dos problemas diferentes.

Se lo voy a ilustrar para ayudarnos a entender un poco mejor. Hace unos años, en cuestión de un par de meses, yo tuve que ir en dos ocasiones a la sala de emergencia. La primera vez fui porque tenía un dolor en el costado y me dijeron que tenían que sacarme la vesícula. La segunda vez fue porque yo andaba cargando algo muy pesado, me caí y me rompí el brazo en varios lugares, y me dijeron que tenían que operarme el brazo.

Pero, ¿ustedes se imaginan que yo le hubiese dicho a ese doctor: "No, ustedes los doctores de emergencia están en contradicción uno con otro. Yo no te voy a poner atención porque la última vez que estuve aquí me dijeron que tenía que operarme la vesícula, y ahora tú me estás diciendo que tengo que operarme el brazo"? Si yo no le hubiese puesto atención a ese médico, mi brazo estaría muy mal ahora mismo. Los dos doctores dieron dos diagnósticos diferentes porque mi problema estaba en dos lugares diferentes. Ellos dieron dos diagnósticos diferentes porque yo tenía dos quebrantamientos diferentes.

De igual manera, Pablo y Santiago dan dos diagnósticos diferentes porque las personas a quienes ellos se dirigen sufren de quebrantamientos diferentes. No pienses que Santiago está en contradicción con Pablo; eso no es así. Son dos dimensiones diferentes de la misma rectitud. Pablo habla de una dimensión vertical de nuestra rectitud: al confiar en Jesús, recibimos de Él toda esa justicia, y desde ese momento en que confiamos en Jesús, Dios el Padre nos ve con la misma justicia, la misma rectitud que Jesús. Y eso debe darte confianza, verdadera seguridad, de que no tienes que ganarte la salvación.

Pero este concepto de rectitud también tiene un aspecto horizontal. Si la recibes de lo alto como un regalo de Dios, pues entonces vas a manifestar buenas obras hacia los que están alrededor de ti. Nos dice en Santiago 3:13 que esa buena conducta viene de obras hechas en mansedumbre de sabiduría.

Ahora bien, aquí se está hablando de inteligencia, de conocimiento. Yo creo que todos conocemos personas que pueden ser muy inteligentes pero tienen muy poca sabiduría. La sabiduría es saber hacer lo correcto con el conocimiento que tienes. Tú puedes tomar un taladro, dárselo a un niño pequeño y enseñarle a utilizarlo. Pero ese niño de dos años no tiene la sabiduría para poder utilizarlo bien. Él tiene el conocimiento, tiene el poder, pero posiblemente te va a llenar la casa de hoyos. Porque el poder y el conocimiento sin sabiduría siempre van a generar problemas.

Lo que él dice es que la verdadera sabiduría se manifiesta en mansedumbre. Y es bueno aclarar que mansedumbre no es lo mismo que debilidad. Hay un lugar para la debilidad en el cuerpo de Cristo, pero mansedumbre es otra cosa. Mansedumbre es un poder bajo control para un objetivo mayor. Es saber utilizar ese poder que tú tienes para el bien de otros y para la gloria de Dios.

Tenemos que reconocer que cada uno de nosotros tiene cierto nivel de poder: con tu familia, con tus hijos, con tus compañeros de trabajo. Puedes usar ese poder para aplastarlos, para minimizarlos, o realmente puedes utilizarlo para elevarlos para la gloria de Dios. Esta palabra, mansedumbre, debiera recordarnos y llamarnos a reflexionar sobre cómo estamos usando el poder que tenemos.

Muchas veces, como padres, nos sentimos tentados a utilizar palabras que realmente lo que hacen es aplastar el espíritu de nuestros niños. A veces cuando estamos airados, en vez de disciplinarlos con sabiduría, lo que hacemos es utilizar palabras bruscas que los aplastan. Dios nos llama a tener mansedumbre, que viene de la verdadera sabiduría. Quizás estás en esa situación donde has escrito un mensaje muy fuerte para una persona y estás a punto de enviarlo, y te das cuenta de que ese texto realmente no está lleno de mansedumbre de sabiduría. O estás reunido con un grupo de personas, tienes algo que vas a decir, y sabes que eso va a tumbar a alguien, lo va a hacer un poquito más pequeño. Ahí tenemos que buscar esa mansedumbre que viene de sabiduría.

Porque en los ojos de Dios, lo que realmente hace a una persona sabia, lo que realmente te hace sabio en los ojos de Dios, es que Él sabe que eres gentil y que muestras gracia.

Pero Santiago no solo nos explica cómo se ve una sabiduría verdadera. Él también nos muestra cómo se ve una sabiduría falsa. En el versículo 14 podemos ver la descripción que nos da: "Pero si tenéis celos amargos y ambición personal en vuestro corazón, no seáis arrogantes y así mintáis contra la verdad." Esa primera expresión, "celos amargos", también pudiera traducirse como una pasión amarga. Es alguien que está constantemente buscando algo más allá de lo que tiene, una persona que no tiene contentamiento con lo que ha recibido de Dios. Siempre mira alrededor lo que tienen los otros y eso es lo que desea: "Si mi vida fuera como la de él o de ella, yo sí estaría satisfecho."

La segunda expresión, "ambición personal", es también interesante. Esa palabra se usa desde la época de Aristóteles y esto es lo que significaba: se refería a generar una relación con una persona con el objetivo de que tú pudieras avanzar. La ambición personal es utilizar a otra persona para elevarte a ti mismo. Y eso es un problema porque todos somos creados a la imagen de Dios, y nunca debemos utilizarnos o aprovecharnos de los demás. Nunca debemos quitarle valor o derribar algo que está hecho a la imagen de Dios.

Hay tantas formas en que las personas pueden vivir con esta ambición personal. Algunas son muy obvias, como buscar ser amigo de alguien meramente por lo que esa persona puede hacer por ti. Pero hay otras más sutiles. Pensemos en la forma en que utilizamos las redes sociales, como Facebook o Twitter. Muchas veces las imágenes que compartimos las hacemos para mostrarle a la gente lo que tenemos y que sientan celos. Queremos mostrar lo bien que nos vemos, alardear un poco sobre lo que hemos obtenido, o dar esa imagen de una vida perfecta. Queremos que las demás personas sientan envidia de lo que somos, de lo que hemos adquirido.

Muchas veces la razón por la que hacemos eso es porque tenemos un anhelo muy profundo de recibir buenos comentarios y ser afirmados, porque en el pasado nos han dicho que no somos suficientemente buenos. Nos han dicho que nunca vamos a ser lo suficientemente inteligentes, lo suficientemente atractivos, lo suficientemente ricos. Y quizás no te lo han dicho así abiertamente, pero es un sentimiento en tu corazón de que nunca vas a ser lo suficientemente bueno. Entonces compartimos estas cosas para que las personas nos digan: "¡Qué bueno eres! ¡Qué inteligente eres!"

Pero la realidad es que nunca vas a recibir suficientes comentarios, suficientes "likes", para que tu alma esté satisfecha. Y no estamos siendo honestos con nosotros mismos ni con los demás. Sería mucho más sincero si dijéramos: "Estoy luchando ahora mismo y necesito que alguien me ayude." Y de hecho, no recomendaría decírselo a todo el internet. Tenemos que buscar personas en quienes confiamos y ser transparentes con ellas, decirles: "Yo estoy muy herido por cosas que me han ocurrido en el pasado, cosas que me han dicho." Y pedirle a esas personas que te ayuden, que te lleven hacia Jesús, quien sí es suficiente. Porque la realidad es que nosotros nunca seremos suficientes para satisfacernos a nosotros mismos, pero Él sí es suficiente.

Y no estoy diciendo que no usen las redes sociales. Lo que estoy intentando es que piensen en su corazón y en el corazón de los que están alrededor. Porque la realidad es que nuestros corazones son tan engañosos que podemos estar llenos de ambición personal sin darnos cuenta. Muchas veces la ambición personal se manifiesta incluso en cómo hablamos unos de otros dentro de la iglesia: hablamos negativamente sobre una persona, la minimizamos para vernos mejor nosotros. Si alguien efectivamente está haciendo algo mal, estamos llamados a confrontarlo en amor, pero la forma de hacer eso no es chismeando a sus espaldas. Eso es una manifestación de ambición personal, donde estoy derribando al otro para elevarme yo.

En el siguiente versículo, Santiago nos habla del verdadero origen de esos sentimientos y lo describe con tres palabras. Primero, dice que es terrenal, o sea que viene de la tierra, no de los cielos. Eso quizás no sonaría tan mal. La próxima suena un poco peor: dice que es natural, lo que significa que no viene del Espíritu Santo. Pero por último dice que es diabólica, y ahí como que se puso serio, porque dice que viene de una fuente diabólica.

Nosotros tenemos una tendencia a minimizar estas cosas y pensar que las podemos tener ahí en nuestra vida y no va a pasar nada. Pero Santiago nos deja saber que estos fueron los pecados que tumbaron a Satanás, quien era un ángel. Y si estos pecados vencieron a Satanás, imagínense lo que nos pueden hacer a nosotros. Satanás se llenó de celos amargos y de ambición personal, y esa fue su perdición. Así que nunca pensemos que podemos juguetear con estos pecados sin que nos derroten a nosotros también.

Inclusive, si ven en el verso 16, dice que donde hay celos y ambición personal, ahí hay confusión y toda cosa mala. Ahora bien, en los versos 17 y 18 nos muestra cómo se ve cuando estamos llenos de la sabiduría que viene de lo alto. Dice que vamos a dar fruto que es puro, pacífico, amable, condescendiente, lleno de misericordia. Y eso es algo que suena bonito, suena bello. Pero, ¿cómo podemos obtenerlo?, ¿dónde comenzamos?

Miren el verso 18. Dice que los que procuran la paz sembrarán semillas de paz y recogerán una cosecha de justicia. La sabiduría es el fruto de la rectitud, y está sembrada por aquellos que cultivan la paz. Y esta sabiduría comienza sembrando semillas de paz. No es una paz cualquiera; es una paz que viene de Jesucristo, porque estás en paz con Dios. Tu eternidad ha sido asegurada en Él y estás en paz con Dios. Y como tu eternidad está segura, estás en paz con Dios, puedes mostrar esa paz a los demás.

Esta sabiduría viene cuando siembras semillas de paz. Y esta imagen de la agricultura, del sembrar, es muy importante acá. Porque cuando tú siembras una semilla no es algo muy emocionante. De hecho, da mucho trabajo, y mucho de lo que ocurre no se ve. Durante mucho tiempo después de sembrar la semilla tú no ves ningún fruto. Pero aunque no lo vemos, por debajo de la superficie están ocurriendo cosas que no podemos ver.

Y así es como funciona nuestra vida. Muchas veces nos esforzamos, intentamos generar hábitos que honren a Jesús, pero sentimos como que nada está cambiando. Tú sientes que por más que te estés esforzando por honrar a Jesús, no ves el fruto de ese esfuerzo. Y a veces sientes como que quieres rendirte. Pero por debajo de la superficie, donde tú no lo ves, donde tú no estás consciente, Dios está ahí trabajando.

Y de repente llegas a un lugar en tu vida donde ocurre algo y sientes esa presión, y te das cuenta de que tu respuesta fue muy diferente a la que hubiese sido hace un mes o quizás un año atrás. Y aunque pensabas que durante todo ese tiempo nada estaba pasando en tu vida, realmente Dios estaba ahí trabajando por debajo de la superficie, cambiándote. Y tú has recibido, como se describe aquí en el verso 18, esa cosecha de justicia.

Pero algo importante: si ustedes desarrollan estos hábitos en su vida, no pueden esperar que el mundo les va a aplaudir. No están haciendo las cosas como lo hace el mundo. Están buscando la verdadera sabiduría y no la sabiduría del mundo. Y en toda la historia del mundo, solamente un hombre estuvo libre de celos y de ambición. Solo un hombre tenía perfecta sabiduría y vivía en perfecta sabiduría. Y todos los poderes alrededor de Él —político, religioso— se unieron para destrozarlo.

Lo clavaron en una cruz, y mientras estaba allá, Dios derramó sobre Él toda la ira por nuestras fallas. Todas esas fallas de no vivir con sabiduría, de tener celos, amargura, todo eso fue derramado sobre Jesús. Y el que nunca había pecado se volvió el que recibió el castigo por ese pecado. Pero Dios no lo dejó muerto. Tres días después, Él salió de la tumba vivo y demostró que Dios tiene la razón en cuanto a sabiduría. Esa tumba vacía muestra que la sabiduría de Dios es verdadera sabiduría.

Y así como una planta sale de la tierra y muestra que había algo que estaba ocurriendo ahí abajo, así mismo, Jesús salió de la tumba y demostró un plan que el mundo no podía ver. En tu vida, probablemente te sientes como que no está pasando nada, que Dios no está trabajando. Pero si sientes esto, tienes que ser consciente de que realmente Dios está trabajando por debajo de la superficie donde quizás no lo ves. Y Jesús, que salió de esa tumba, muestra que Dios está trabajando de formas que nosotros a veces no vemos.

Y de hecho, no se acabó eso en el tercer día. Él todavía lo hace hoy en tu vida y en la mía. Entonces debemos confiar en Él y vivir según su sabiduría, no la del mundo. Y podemos saber que ese mismo poder que levantó a Jesús es el poder que genera paz y sabiduría en nosotros hoy. Y eso es así para todo aquel que ha confiado en Jesús resucitado.

Por eso vemos en 1 Corintios 1:24, como Pablo dice: "Mas para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios." Y Él produce en nosotros esa sabiduría de Dios. Y lo que quiero que ustedes se pregunten es: ¿Estoy viviendo con esa sabiduría que obra bien?

Y tengo tres preguntas para que comiencen a pensar sobre esto en sus vidas. La primera sería: ¿Se me conoce como una persona que siembra semillas de paz? Piensen en las conversaciones que ustedes han tenido durante la última semana, y piensen si durante esas conversaciones ustedes estaban sembrando semillas de paz. Revisen los mensajes de sus teléfonos durante la última semana y pregúntense si son personas que están sembrando semillas de paz. Piensen en las palabras que le dijiste a tu esposa, a tu esposo, a tus hijos durante la semana, y pregúntense si estás sembrando semillas de paz.

Dios nos da una paz perfecta al confiar en Él, y eso es lo que nos capacita para sembrar semillas de paz con los demás. Eso solo es posible por nuestra fe en Jesucristo. Solo es posible porque hemos obtenido paz con Dios a través de Jesucristo. Si tienes paz con Dios a través de Jesucristo, tienes el poder de Dios para sembrar esa semilla de paz con los demás.

Y la segunda pregunta es: ¿Es la sabiduría de Dios suficiente para mí? Cuando sentimos celos y ambición, lo que estamos diciendo es que su gloria, su sabiduría, no son suficientes; yo quiero mi propia gloria, mi propia sabiduría. Pero la gloria de Dios y su sabiduría son infinitamente bellas, y son suficientes para satisfacer nuestra alma. Entonces piensen en una conversación de esta semana, cuando sintieron esa tentación de impresionar a alguien exagerando un poco, mintiendo un poco. Cuando estás haciendo eso, le estás diciendo: "Dios, tu sabiduría, tu gloria, no son suficientes; yo necesito obtener gloria para mí mismo utilizando la sabiduría del mundo."

Piensen en ese momento cuando tienen esa frasecita perfecta que va a derribar a alguien y todos se van a reír. Pregúntense: ¿Realmente me siento satisfecho con la gloria, con la sabiduría de Dios? ¿O estoy derribando a alguien para yo tener la gloria? Tenemos que vivir según la gloria y la sabiduría de Dios, porque ellas son suficientes.

Y mi última pregunta para ustedes sería: ¿Quién es alguien sabio y grande en tus ojos? ¿A quién considero como alguien sabio, alguien bueno en la iglesia? Y seamos honestos y reconozcamos que en el fondo hay ciertas personas de quienes entendemos que la iglesia no las necesita. Pero al pensar eso, le estoy diciendo a Dios: "Dios, tú no eres tan sabio como dices ser." Porque todo aquel que ha confiado en Jesús y Dios lo ha traído aquí, lo ha hecho con un propósito. Y ese propósito viene de la sabiduría perfecta de Dios. Entonces, nuevamente, le estamos diciendo a Dios: "Mi sabiduría es mejor que la tuya."

Mira alrededor tuyo y reconoce que todos los que estamos aquí hemos sido traídos por la sabiduría de Dios. Inclusive esa persona que tú crees que está de más, posiblemente Dios está usando a esa persona de forma poderosa. Y quizás tú no estás viendo la forma en que Dios está trabajando en el corazón de esa persona. Pudiera llegar el momento donde Dios saque algo increíble a través de ella, que tú nunca hubieras imaginado. Y quizás esa persona que consideras innecesaria puede que sea uno de los más sabios de todos.

A quien consideres como sabio, todos estamos aquí por un propósito de Dios. Debemos tratar a cada persona como una creación maravillosa de Dios, porque no sabemos lo que Dios está haciendo con ellos. No sabemos qué sabiduría Dios le está trabajando en ellos, que yo pudiera necesitar en mi vida. Así que ámalos y trátalos como Dios quiere que tú los trates.

Entonces volvamos, recuerden: yo estaba ahí en el túnel, en un punto alto, a cinco pisos de altura. No me podía hacer para atrás porque había niños atrás. No podía acomodarme para bajar. Y me lancé de cabeza. Y llegando al final del túnel me agarré de algo, y mis hijas me estaban esperando y me ayudaron a salir. Entonces quiero motivarlos a hacer algo: quiero que se lancen de cabeza a buscar la sabiduría de Dios, y sepan que Él está ahí esperando para agarrarlos.

¡Amén!

Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de Internet: www.integridadysabiduria.org. ¡Hasta la próxima, cuando nos reencontremos en su Palabra!

Timothy Paul Jones

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