Un hombre musulmán tuvo el mismo sueño con Jesús cada noche durante siete años —365 sueños al año— y aún así resistía entregarse a Cristo. Esta historia, contada por Ravi Zacharias, ilustra una realidad que atraviesa toda la Escritura: el ser humano resiste la acción de Dios incluso cuando Dios insiste en buscarlo.
Pablo conocía bien esa resistencia porque la había vivido. Como fariseo de la secta más estricta, persiguió ferozmente a los cristianos: los encarceló, aprobó sus ejecuciones, los azotó en las sinagogas y forzó a algunos a blasfemar. Todo el tiempo estaba convencido de que servía a Dios cuando en realidad lo resistía. Fue camino a Damasco, con órdenes de arrestar más creyentes, cuando Cristo lo confrontó con palabras que cualquier romano entendería: "Dura cosa te es dar coces contra el aguijón". Como un buey que patea hacia atrás y termina hiriéndose con el instrumento puntiagudo, Pablo llevaba tiempo resistiendo mientras Dios insistía en alcanzarlo —quizás desde el día que vio morir a Esteban pidiendo perdón por sus verdugos.
Ahora, frente al rey Agripa y al gobernador Festo, Pablo presenta su testimonio por tercera vez. Festo lo declara loco; Agripa responde con ironía: "Por poco me persuades a hacerme cristiano". Ambos lo encuentran inocente, pero ninguno lo libera. Les faltó convicción. Pablo, sin embargo, no pierde la pasión: "Quisiera Dios que todos los que me oyen llegaran a ser como yo soy, excepto por estas cadenas". El hombre que más resistió a Dios se convirtió en quien más anhelaba que otros dejaran de resistirlo.
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Ahí en un momento, pero yo he titulado este mensaje "El hombre, su resistencia a Dios". Decía al iniciar el primer culto que, en la medida en que escuché que el ministerio de Ravi Zacharias va a estar aquí en octubre de este año en la preconferencia de Coalición por el Evangelio, vino a mi mente, justamente en conexión con este título, una historia que escuché de Ravi en una ocasión. Él hablaba de algunas cosas que Dios está haciendo en el Medio Oriente, en los países árabes donde el Evangelio estaba prohibido y la publicación no puede ser. Esta persona musulmana le contaba que él tuvo un sueño con la persona de Jesús diariamente, el mismo sueño por siete años. Trescientos sesenta y cinco sueños al año por siete años, el mismo sueño, y él resistiéndose a entregar su vida al Señor Jesucristo. Yo creo que es una vívida ilustración de cómo el hombre se resiste a la acción de Dios. Yo quisiera que en el mensaje de hoy pudieras ver algo de eso.
Pero antes yo tengo que situarte dónde estamos, porque hace tres meses o menos atrás habíamos concluido la primera parte del capítulo 25 de este libro. Ese mensaje fue titulado "Pablo, un acusado sin causa". Pablo había sido juzgado ante el gobernador Félix, había sido encontrado sin falta. Sin embargo, Félix estaba esperando que Pablo le pudiera dar algún dinero y lo dejó ahí en prisión. También le tenía temor a los judíos y el tiempo transcurrió; pasaron dos años. En eso, Félix es llamado a rendir cuentas a Roma y es sustituido por el gobernador Festo.
Festo escuchó el testimonio de Pablo, escuchó la historia de Pablo, escuchó las acusaciones contra Pablo y concluyó que no tenía nada, ningún cargo realmente por el cual se le pudiera considerar como culpable. En eso, le propuso a Pablo la posibilidad de ir a Jerusalén para ser juzgado allí. Pablo, conociendo los prejuicios de la comunidad hebrea o judía en su contra, se opone en cierto sentido y le dice: "Yo apelo al César en mi condición de ciudadano romano". En eso había que esperar la próxima oportunidad para enviar a Pablo, cuando de repente el rey Agripa y Berenice, su hermana, deciden visitar a Festo y pagarle, como decimos aquí, sus respectivos respetos.
La segunda mitad de ese capítulo 25, que no vamos a leer —yo me voy directamente al 26—, te dice acerca un poco acerca de Agripa y Berenice. Escucha lo que dice: "Agripa y Berenice entraron al auditorio". Este auditorio fue construido por Herodes el Grande, el bisabuelo de Agripa, en medio de gran pompa. Nadie como Roma en términos de pompa y honor y gloria y poder; Roma sabía cómo hacer una procesión de pompa. Acompañados por los comandantes y los hombres importantes de la ciudad, por orden de Festo fue traído Pablo.
Y Festo dijo: "Rey Agripa, y todos los demás aquí presentes con nosotros, aquí veis a este hombre acerca de quien toda la multitud de los judíos, tanto en Jerusalén como aquí, me hizo una petición declarando a gritos que no debe vivir más". Tú puedes entender ahora lo que existía en el corazón de esta comunidad judía. "Pero yo encontré que no había hecho nada digno de muerte, y como él mismo apeló al emperador, he decidido enviarlo". No, tú no tenías que hacer eso; tú podías dejarlo libre, tú no lo encontraste culpable. "Pero no tengo nada definido sobre él para escribirle a mi señor". No, tú tienes algo definido: no es culpable, es inocente. "Por eso lo he traído ante vosotros, especialmente ante ti, rey Agripa, para después de que se le interrogue, yo tenga algo que escribir".
Yo creo que ese preámbulo nos deja ver, nos permite ver dónde nos encontramos. Tenemos a Pablo ahora que va a presentar su defensa ante Agripa y Berenice, y ante autoridades religiosas y oficiales romanos que le han acompañado y que están ahí con ellos en medio de mucha pompa. Este relato representa la tercera defensa de Pablo en apenas dos capítulos. La primera defensa ocurrió ante Félix en el capítulo 24, la segunda defensa ocurrió ante Festo en el capítulo 25, y esta es la tercera defensa en el capítulo 26. Está ahí Festo con Berenice, comandantes y hombres de importancia de la ciudad.
Yo creo que vale la pena conocer un poco acerca de este Agripa y de Berenice para tener una idea de quiénes son los jueces que están ahí escuchando a Pablo. Agripa era de la dinastía de Herodes. El fundador de la dinastía fue Herodes el Grande, el responsable de la muerte de los niños de dos años de edad y menor de dos años de edad en la época en que Jesús tenía más o menos dicha edad, como una forma de tratar de eliminar al Rey de los judíos; te recordarás la historia. El hijo de Herodes el Grande fue Herodes Antipas, el responsable de decapitar a Juan el Bautista. El nieto de Herodes el Grande fue Agripa primero, que no es este Agripa, que fue el responsable de matar a espada a Jacobo, el hermano de Juan, los hijos del trueno, los hijos de Zebedeo, y que vimos en el capítulo 12 de este libro de los Hechos. El bisnieto de Herodes el Grande es este Agripa II, que asumió su posición a la edad de 17 años. Dada su juventud, hubo restricción incluso del área que él iba a gobernar. Ese es Agripa II, el de la historia de hoy.
Agripa y los otros Herodes fueron tan degenerados como este. Este llega aquí acompañado de Berenice, su hermana. Ahora, yo tengo que decirte algo de Berenice para que tú entiendas la depravación de Agripa II. Berenice se casa o fue dada en matrimonio a la edad de 11 o 12 años. A la edad de 13 años ella se vuelve a casar con su tío, y a partir de ahí entra en una relación incestuosa con su hermano Agripa II. De manera que Berenice es la hermana y la —no sé cómo llamarle— la amante de este Agripa. Imagínate a Pablo, que tiene que presentar su caso y esperar la opinión de alguien como este rey Agripa. Yo no creo que tú quieras estar frente a alguien tan moralmente corrupto para que dé una opinión acerca de tu caso, pero ahí estaba.
Al final de la historia, que no hemos llegado a ello obviamente, Félix, Festo y Agripa encontraron a Pablo inocente, pero no lo dejaron ir. Les faltó convicción. Yo creo que eso te da una idea ahora de dónde estamos y puedes sentir mejor lo que vamos a leer.
Entonces, del versículo 1 al 3, nosotros vamos a escuchar la introducción de Pablo para comenzar a presentar su defensa. Déjame leerla contigo: "Y Agripa dijo a Pablo: Se te permite hablar en tu favor. Entonces Pablo, extendiendo la mano, comenzó su defensa: Con respecto a todo aquello de que los judíos me acusan, me considero afortunado, oh rey Agripa, de poder presentar hoy mi defensa delante de ti, sobre todo porque eres experto en todas las costumbres y controversias entre los judíos, por lo cual te ruego que me escuches con paciencia".
En esta introducción Pablo no está tratando de lisonjear a Agripa; lo que él dijo era cierto. Por un lado, Pablo le dice: "Yo me siento afortunado de poder presentar mi caso ante ti", porque Pablo recuerda que el día que él fue llamado de parte de Dios, él recibió una encomienda, él recibió una profecía si tú quieres, una revelación, donde Dios le dice que él sería testigo de Él. Cristo le dice: "Serás testigo mío delante de reyes y gobernadores". Ya él lo fue delante del gobernador Félix, delante del gobernador Festo; ahora le toca el rey Agripa. Esto es parte de mi llamado. Yo soy un bendecido, yo soy un afortunado. De manera que gracias por escucharme; lo único que te pido es que tengas paciencia de manera que yo pueda elaborar con ciertos detalles acerca de mi testimonio.
Y luego, cuando le dice "tú eres experto en todas las costumbres y controversias entre los judíos", tampoco era una lisonja. Recuerda que los Herodes eran judíos, de manera que ellos adquieren su poder porque Roma le otorga a alguien judío el hecho de ser el rey sobre ellos, y esta dinastía conocía todas las costumbres y controversias acerca de los judíos. Claro, tu bisabuelo causó la masacre, y tu abuelo mandó a matar a Juan el Bautista, y tu padre fue el que mató a Jacobo, el hermano de Juan, y ahora eres tú delante de quien yo estoy. Tú conoces esta historia y tú conoces nuestras costumbres porque tú eres parte de ese judaísmo. De manera que esa es la introducción.
Ahora Pablo toma su testimonio, y nosotros, para fines de estudiarlo y entenderlo, lo vamos a dividir en cuatro partes. Y quizás eso nos sirva a nosotros un poco a la hora de presentar nuestro testimonio, cómo pensar acerca de esto. Parte número uno, por así decirlo, de su testimonio es su pasado, el pasado de Pablo como fariseo. A la hora de dar mi testimonio, mi pasado es importante porque es lo que yo era en ese pasado, comparado con lo que yo soy ahora en el presente, lo que establece el contraste y lo que me permite ver el poder de Dios y el cambio que ha hecho en mi vida.
Ahora, recuerda de manera aplicativa: tu testimonio no es tanto acerca de ti. La mayoría de los testimonios que yo he escuchado están muy centrados en la persona. No, no, no, no es tanto acerca de ti; es acerca de la gracia de Dios que te alcanzó y el poder del mismo Dios que te cambió. De eso es que tu testimonio debe hablar. Tu testimonio debe ser solamente una ilustración del poder del satisfacción en la vida de un hombre o de una mujer. Y eso es exactamente lo que Pablo hace cuando comienza a presentar su pasado.
Escucha a Pablo del versículo 4 al versículo 8: "Pues bien, todos los judíos conocen mi vida desde mi juventud" —ahí está su pasado— "que desde el principio transcurrió entre los de mi pueblo y en Jerusalén". Pablo nació en Tarso, creció en Tarso; a cierta edad se muda a Jerusalén y estudió allí bajo Gamaliel, uno de los principales maestros de la época. "Puesto que ellos han sabido de mí desde hace mucho tiempo, si están dispuestos a testificar, que viví como fariseo de acuerdo con la secta más estricta de nuestra religión. Y ahora soy sometido a juicio por la esperanza de la promesa hecha por Dios a nuestros padres".
La causa de mi juicio es que yo creo la promesa que Dios le hizo a nuestros padres, y ustedes los judíos no lo creen. El versículo 7: "Que nuestras doce tribus esperan alcanzar al servir fielmente a Dios noche y día, y por esta esperanza, ¡oh rey, soy acusado por los judíos!" ¿Por qué se considera increíble entre vosotros que Dios resucite a los muertos? En otras palabras, esta resurrección de la que yo hablo, que yo proclamo en Cristo Jesús o de Cristo Jesús, y por consiguiente la nuestra en el futuro, esto no es nuevo, esto se profetizó en el Antiguo Testamento. Tú puedes ir al libro de Isaías, al final del capítulo 52 y el capítulo 53, y tú puedes ver cómo se profetiza claramente el sufrimiento de Cristo, la muerte de Cristo, e incluso de manera que tú puedes inferir la resurrección de Cristo de ese solo pasaje. Y Pablo está diciendo que esto se dijo, se profetizó, no se comprendió; yo creo eso y es la razón por la que me acusan.
Yo era de la secta, en esa época, de los fariseos; en mi pasado, la secta más estricta. Los fariseos surgieron entre el final del Antiguo Testamento y el principio del Nuevo Testamento, en esos cuatrocientos años. Surgieron con una excelente intención: ellos determinaron que el pueblo se había alejado de la Palabra de Dios y querían volver a las raíces, querían volver a un judaísmo puro. En el transcurrir del tiempo, lamentablemente, ellos se volvieron, se convirtieron en conocedores de la ley, pero sin la presencia de ninguna gracia ni misericordia para ningún otro.
Esa es la razón por la que Cristo dice en Mateo 23:3: "De modo que haced y observad todo lo que os digan." Lo que ellos dicen está bien, ellos conocen la ley, su oratoria es correcta, pero no hagáis conforme a sus obras, porque ellos dicen y no hacen. En otras palabras, ellos tienen una vida religiosa, pero no tienen una vida de creyente; no es lo mismo.
A lo largo de esa historia que acabo de mencionar, mucha gente ha perseguido a los hijos de Dios en nombre de Dios. Mucha gente, más recientemente pero todavía parte de la historia, ha perseguido a los hijos o los hermanos de Cristo en nombre de Cristo. Lo hizo Pablo en su momento, lo hizo la Iglesia de Roma con los reformadores, y lo sigue haciendo mucha gente en muchas naciones todavía.
El corazón de Pablo, como fariseo, había experimentado lo que la mayoría de los fariseos habían experimentado: un endurecimiento. No hay nada que endurezca más el corazón que conocer la Palabra y no vivirla, y la presencia de ese pecado sin arrepentimiento en esa vida. Porque tu buena práctica, lo que he llamado la ortopraxis, te hace creer que tú tienes una buena conciencia. No tu buena práctica, pero sí tu ortodoxia, lo que tú crees, te hace pensar que tú tienes una buena ortopraxis o una buena práctica, con la actualidad de tu vida de manera discordante.
Pablo, luego que hace esa pequeña introducción, dice en el versículo 9: "Yo ciertamente había creído" —esto es como fariseo— "que debía hacer muchos males en contra del nombre de Jesús de Nazaret, y esto es precisamente lo que hice en Jerusalén." Pablo estaba persiguiendo a Cristo todo el tiempo, creyendo, convencido de que le estaba sirviendo a Dios, con la realidad de que él estaba resistiendo a Dios. Y esta es una de las ilustraciones de que el hombre resiste a Dios; por eso el título de mi mensaje: "El hombre y su resistencia a Dios."
Si escuchas lo que Pablo describe aquí en estos versículos, que no necesariamente he estado leyendo uno por uno, él encerró personas o cristianos en cárceles, descrito como: "A muchos de los santos encerré en cárceles," con la aprobación de autoridades religiosas. Pablo dio su voto a la hora de darle muerte a algunos cristianos. Pablo sometió a castigos; iba de sinagoga en sinagoga, y someterlos a castigo implicaba latigarlos. Él aprobó eso, él los sometió. De hecho, el texto dice que él obligó a muchos de ellos a blasfemar. Tomó cristianos, los persiguió de una manera tan severa que los llevó hasta el extremo de llevarlos a blasfemar. Tú puedes ver el odio que Pablo tenía contra estos hijos de Dios, todo el tiempo pensando que servía a Dios. "Fui a estas ciudades extranjeras," dice Pablo. De hecho, él es encontrado camino a Damasco, y Pablo y las autoridades lo que estaban haciendo era resistiendo a Dios pensando que estaban sirviendo a Dios. Ahora, hay otra manera como Pablo resiste la acción de Dios, como veremos más adelante.
De tal forma que esta es como la presentación del pasado de Pablo dentro de su testimonio. Es la primera parte: su oficio de fariseo, su persecución severa contra el movimiento cristiano.
Segunda parte: su conversión, del versículo 12 al 18. "Ocupado en esto, en esta persecución, cuando iba para Damasco con autoridad y comisión de los principales sacerdotes, al mediodía, oh rey, yendo de camino, vi una luz procedente del cielo más brillante que el sol, que resplandecía en torno mío y de los que viajaban conmigo." Obviamente, si resplandecía una luz a mi alrededor y es el mediodía y el día no está nublado, va a ser más brillante que el sol. "Y después que todos caímos al suelo, oí una voz que me decía en el idioma hebreo: 'Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón.' Yo entonces dije: '¿Quién eres, Señor?' Y el Señor dijo: 'Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate y ponte en pie, porque te he aparecido con el fin de designarte como ministro y testigo'" —dos cosas— "'no solo de las cosas que has visto, sino también de aquellas en que me apareceré a ti.'" Tú has visto cosas, pero hay cosas que yo tengo que revelarte más tarde, y tú tienes que ser testigo de las que has visto y de las futuras.
Versículo 17: "Librándote del pueblo judío y de los gentiles, a los cuales yo te envío." Te envío con esta misión. Versículo 18: "Para que abras sus ojos, a fin de que se vuelvan de la oscuridad a la luz y del dominio de Satanás a Dios, para que reciban, por la fe en mí" —ahí está cómo se obtiene la salvación— "el perdón de pecados y herencia entre los que han sido santificados." ¡Wow!
Esta es la tercera vez que nosotros leemos acerca de la conversión de Pablo. He hablado de las tres defensas de Pablo, excepto que en esta tercera defensa, la narración de su conversión y la defensa ocurren en un mismo lugar y en un mismo día y en un mismo momento. Pero nosotros leemos de esta narración en el capítulo 9, y luego la leemos otra vez en el capítulo 22, de la conversión de Pablo.
Sin embargo, en esta tercera narración hay detalles que las primeras dos narraciones no nos brindaron, y eso ha sido usado por críticos para decir: "Bueno, hay una contradicción." No, eso no es ninguna contradicción. Yo he dado mi testimonio no sé cuántas veces, he dado mi testimonio, y yo les garantizo que ninguno de ellos es exactamente igual a algún otro anterior, ¿no? Porque tú comienzas de una forma, terminas de otra forma, ilustras de una manera e ilustras de otra manera. Son complementarios, pero no contradictorios.
Entonces, ¿qué nosotros aprendemos de esta narración que no sabíamos hasta ahora? Bueno, en este caso se nos dice que todos los que iban con Pablo cayeron al suelo ante esta voz que se oyó y esta luz que se vio. Anteriormente, Pablo dijo que él cayó al suelo; bueno, el hecho de que él cayera está dentro de que todos caímos, excepto que él está presentando desde otro ángulo ahora, quizás. Entonces, sabemos eso ahora.
Número dos: la voz que habló desde el cielo, que le dice "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?", le habló en hebreo. Eso no lo sabíamos. De manera que esta narración le agrega color a la conversión de Pablo.
Y tercero, hay una frase vital en esta narración, y es la frase, déjenme ver, cuando le dice: "Dura cosa te es dar coces contra el aguijón." Es una frase ampliamente conocida en el mundo grecorromano, que Jesús quiso usar para que Pablo entendiera bien a qué se estaba refiriendo.
Entonces, ¿qué era lo que esa frase implicaba? ¿De dónde viene? Bueno, viene del mundo animal, por así decirlo. Los amos que manejaban animales de carga, como los bueyes, ya sea independiente o en una carreta, usaban un instrumento puntiagudo. Algunos se refieren a ese instrumento que ellos usaban cuando un buey estaba como rebelándose y lo pinchaban con él. Pero también hacen referencia otros a pequeños instrumentos, también puntiagudos, que se colocaban en la carreta y los bueyes delante. Entonces, cuando le daban a un buey y el buey se rebelaba y pateaba hacia atrás por el látigo que había sentido, terminaba clavándose con este instrumento puntiagudo. Y a eso era que se refería, o de donde viene la frase: "Dura cosa te es dar coces contra el aguijón."
La pregunta es: ¿quién es el animal de carga al que Cristo se refiere? Porque Él está usando una metáfora para que Pablo entienda. ¿Y quién es el aguijón? El animal de carga no es otro que Pablo; el aguijón no es otro que el Señor Jesucristo. Es como que Cristo le estaba diciendo a Pablo: "Yo tengo un tiempo detrás de ti, yo tengo un tiempo tratando de que te devuelvas, de que prestes atención." Y Pablo estaba resistiendo. Pablo estaba resistiendo a Dios cuando causó oposición y persecución al movimiento cristiano, y probablemente Pablo estaba resistiendo a Dios en su conciencia.
Porque hay una probabilidad a la que la mayoría alude, y es que Dios comenzó, probablemente, a trabajar en la conciencia de Pablo desde el momento en que Pablo fue testigo del apedreamiento de Esteban. Recuerden que Esteban es apedreado al final del capítulo 7 y muere diciendo: "Padre, no les tomes en cuenta este pecado." Y cuando tú pasas al primer versículo del capítulo 8, que casi parece como una parte del 7 cuando tú lo lees —si lo quieren buscar—, el texto dice que ahí estaba Pablo guardando las ropas de los apedreadores, vamos a llamarles, mientras Esteban moría, y dando su aprobación. Es muy posible, y ahí comienza una persecución inmensa, es muy posible que Dios comenzó a trabajar en su conciencia. Y ahora, cuando se le aparece Cristo, le dice: "Pablo, ya para, ríndete. Dura cosa te es dar coces contra el aguijón."
Ahora hay cosas que estuvieron en las narraciones anteriores que no están aquí. Por ejemplo, aquí no se menciona nada de Ananías, el hecho de que Pablo haya quedado ciego y que Ananías fue enviado para orar por Pablo y se le cayeran las escamas; eso no está en esta narración. También se nos da a entender que la comisión de Pablo como apóstol viene a través de Ananías; sin embargo, parece ser que Ananías simplemente confirma una comisión al ministerio hecha por el Señor Jesucristo directamente.
Escucha cómo hace Cristo esto. Por sí, lo dice; sí, ya lo leímos: "Pero levántate y ponte en pie, porque te he aparecido con el fin de designarte como ministro y testigo, no solo de las cosas que has visto, sino también de aquellas en que me apareceré a ti, librándote del pueblo judío y de los gentiles a los cuales yo te envío." Pablo, yo te estoy encomendando dos funciones: una es la de ser ministro y otra es la de ser testigo. Ellas van de la mano, pero no es exactamente la misma cosa. Como ministro tú vas a proclamar mi Evangelio; tienes que ser fiel a lo que te he dado. El Evangelio es el mensaje de salvación. Y como testigo tú tienes que dar testimonio de lo que tú has visto y oído en tu propia vida.
Pablo repite tres veces a lo largo del libro de los Hechos, como una manera de enfatizar, la importancia del poder de Dios cambiando su nombre. Tienes que testificar de ese poder de Dios también en la vida de otros, de manera que tú puedes, si te detienes, ver el carácter de Dios. Básicamente aquí está Dios desplegando su poder en el cambio de personas; aquí está Dios ilustrando cómo puede tomar a un hombre fariseo que odiaba el movimiento cristiano y convertirlo en el más grande evangelista y pastor de todos los tiempos. Eso testifica en favor de la gracia de Dios.
Pablo recibió una promesa ese mismo día de que sería librado de la persecución del pueblo judío y de los gentiles, como hasta ahora había ocurrido. Ahora, como dice John Stott en su comentario, esto no era inmunidad contra el sufrimiento, claro que no. Lo que Cristo estaba diciendo es: "Pablo, yo tengo una misión a la que yo te he llamado. Tú tienes que completar la misión y yo quiero decirte que tú no entrarás en gloria hasta que yo no haya terminado contigo allá abajo, de aquel lado de la gloria. De manera que hasta ese momento tú puedes seguir predicando, enseñando; la gente te puede perseguir, tu vida está garantizada hasta que yo haya terminado. Y yo no he terminado contigo porque vamos para Roma, de manera que te puedes relajar."
Cristo se le apareció a Pablo en la prisión en un día en particular, recuerden, y le dijo: "No temas. De la misma manera que has testificado fielmente en esta ciudad, en Jerusalén, de esa misma forma testificarás en Roma." Entonces le da una garantía, pero le define su meta, le define cuál es la razón por la cual él debe ser un testigo y ministro fiel.
Versículo 18: "Para que abras sus ojos a fin de que se vuelvan" —ya leímos esto— "de la oscuridad a la luz y del dominio de Satanás a Dios, para que reciban por la fe en mí el perdón de pecados y herencia entre los que han sido santificados." Pablo fue llamado al ministerio de la evangelización o la conversión de incrédulos a creyentes, y la manera como eso se da es por la apertura de los ojos de aquellos que hasta ese momento han estado con una ceguera espiritual. Cuando eso ocurre, entonces el hombre pasa de la oscuridad a la luz y pasa del dominio de Satanás a Dios.
Yo no sé si tú recuerdas cuando tú eras un inconverso, pero yo dudo mucho que en ese momento tú te vieras como alguien que vivía en oscuridad. Y dudo todavía más que tú te vieras como alguien que estaba bajo el dominio de Satanás. Sin embargo, esa es la realidad. No solamente la realidad que tú viviste en esos momentos; esa es la realidad de cualquiera en este momento que me está escuchando, ya sea aquí presente o a través de las redes. Si todavía Cristo no ha visitado tu vida, no has nacido de nuevo, estás en oscuridad y estás bajo el dominio de Satanás.
Recuerda el versículo que he citado tantas veces de Segunda de Timoteo, escrito por Pablo a su discípulo Timoteo, valga la redundancia. Capítulo 2, versículos 25 y 26, que habla de que hable tiernamente a aquellos que se oponen, por si acaso Dios les concede el arrepentimiento para que escapen del lazo del diablo que los tiene cautivos para hacer su voluntad. Esa es la condición del hombre incrédulo.
Él escucha el mensaje del Evangelio, no lo entiende. Él puede entender la gramática, la semántica, la oratoria de aquel que está explicando el mensaje; él no entiende su contenido espiritual. Él escucha la promesa de vida eterna, pero no le interesa. Y la razón por la que no le interesa es que no la puede ver. El hombre que está con ceguera espiritual no puede ver que está perdido. Él piensa que él pudiera buscar de Dios cuando en realidad es Dios que le estaba buscando.
Él no solamente no puede ver que está perdido, no puede ver la gravedad de su pecado. Él no puede ver las consecuencias que acarrea su pecado. Él no puede ver el daño que él causa en la vida de otros. Y hermanos, hay áreas de nuestras vidas de creyentes que todavía están en oscuridad, donde nos estamos comportando de una forma que causa daño al otro, pero todavía nosotros no lo vemos. Él no puede ver su orgullo, él no puede ver su rebelión para nada. Yo dudo que la gente inconversa diga: "Yo soy un rebelde." Algunos lo han dicho, pero no es común. Él va camino a la condenación y no lo puede ver. Él no puede ver el endurecimiento de su corazón, él no puede ver a Dios, él no puede ver el reino de Dios.
De hecho, Cristo lo dijo de esta manera en Juan 3: nadie puede ver o entrar al reino de los cielos si no nace de nuevo primero; esa es la primera condición. Pablo estaba en esa condición cuando él era un fariseo, y él estaba convencido todo el tiempo de que él tenía la razón y que todo el mundo a su alrededor estaba equivocado. Su mente estaba en oscuridad, y por tanto él no podía diferenciar el bien del mal y el mal del bien. Al bien llamaba mal, al mal llamaba bien. El mal de la persecución de los cristianos, él entendía que eso estaba bien. Y el bien de abrazar la fe cristiana, él pensaba que eso estaba mal. Así ocurre con todo inconverso y en ocasiones con creyentes también.
La paradoja es que el inconverso no quiere venir a Dios porque él desea permanecer en libertad, cuando él todo el tiempo ha estado en cautiverio. Ha estado en cautiverio de su pecado y ha estado en cautiverio de Satanás mismo, pero él quiere su libertad, no sabiendo que es el Evangelio que le trae libertad, porque aquel que conoce la verdad es verdaderamente libre. Una gran paradoja: siendo esclavo, piensa que está libre; pudiéndose ser libre, permanece como esclavo.
Entonces, ya vimos el pasado de Pablo, vimos su conversión; una buena estructura para tu testimonio. Ahora veamos la respuesta de Pablo a su llamado, del versículo 19 al 23: "Por consiguiente, oh rey Agripa, no fui desobediente a la visión celestial." Yo no soy un rebelde, yo quiero que entiendas que yo soy una persona obediente a esta visión. "Sino que anunciaba primeramente a los que estaban en Damasco y también en Jerusalén, y después por toda la región de Judea, y aun a los gentiles, que debían arrepentirse y volverse a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento."
Yo no soy un rebelde, yo soy un obediente. Yo comencé mi misión predicando a aquellos que estaban en Damasco y también en Jerusalén, los judíos. Yo comencé con los judíos, pero luego me fui a los gentiles; eso irritó a los judíos, porque los judíos no tenían ninguna buena opinión acerca de ningún gentil.
Pablo está dando su testimonio delante de Agripa y Festo. Él sabe que ellos son incrédulos, él sabe que ellos están en oscuridad, pero él confía en la obra del Espíritu que pudiera abrir sus ojos y que quizás pudiera llevarlos a la salvación. Y Pablo está testificando: Festo es un gentil, Agripa es un judío; él está testificando a ambos. De hecho, Romanos 1:16 dice que el Evangelio es poder de Dios para salvación a judíos primeramente —Damasco, Jerusalén— y también al gentil. Eso es exactamente el orden que Pablo siguió.
Pero él está haciendo llamado a arrepentimiento. "Arrepentíos y sed bautizados" fue el grito de victoria de la iglesia primitiva. La iglesia de hoy tiene que recuperar esa palabra: arrepentimiento. La iglesia hoy le gustan mucho las leyes espirituales y hablar solamente del amor; leyes que son ciertas, pero están incompletas, porque no puedo entrar al reino de los cielos sin arrepentimiento.
Pero el cristiano también necesita recobrar el entendimiento de la misma palabra, porque nosotros con frecuencia confundimos confesión con arrepentimiento, y yo puedo confesar sin arrepentirme. De hecho, yo puedo encerrarme en mi habitación y confesarle a Dios y no tener arrepentimiento. De tal forma que la iglesia necesita recuperar, tanto para el incrédulo como para el creyente, el significado de lo que es el arrepentimiento.
En primer lugar, arrepentimiento lo da Dios. 2 Timoteo 2:25, que yo les cité: tengo que buscar a Dios para que Él me traiga arrepentimiento. En el hebreo la palabra para arrepentimiento es "shub," que implica devolverme en U: voy transitando en una dirección y me devuelvo, y experimento cierto dolor. Ambas cosas son parte de ese significado en el hebreo. En el griego la palabra es "metanoia": "meta" es cambio y "noia" tiene que ver con mente, nous, conocimiento; de manera que ahora yo pienso diferente. La persona arrepentida cambia la dirección por donde venía transitando debido a un cambio producido en su manera de pensar. Hay un cambio en mi manera de pensar y eso produce un cambio de dirección.
J. I. Packer, el autor del libro que van a estar estudiando los miércoles, "El conocimiento de Dios," define en otra obra conocida como "Teología Concisa" el arrepentimiento de esta manera.
Como un cambio de la mente, a tal grado que nuestras formas de ver las cosas, los valores, las metas y nuestros caminos son cambiados, y uno vive la vida entera de una manera diferente. Packer agrega: el cambio es radical, interna y externamente; la mente y el discernimiento, la voluntad y los afectos, la conducta y el estilo de vida, los motivos y los propósitos están todos involucrados. El arrepentimiento significa comenzar a vivir una nueva vida.
Por eso dice Pablo a los corintios, en 2 Corintios 5:17, que el que está en Cristo nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, todas son hechas nuevas. Y eso es verdad, no solamente con relación a mis pecados. Mis pecados quedaron atrás, fueron borrados, fueron limpiados, eso es verdad, pero eso no es lo único. Si todas las cosas son hechas nuevas, eso implica que ahora en mi nueva vida yo tengo otra forma de ver la vida, de reaccionar ante la vida, de comprar, de vender, de negociar, de tratar, de ver gente, de conversar con gente, de casar, de divorciar —que no se supone que ocurra— pero tengo otra forma de hacer todo.
Pablo estaba llamando tanto a judíos como a griegos a ese tipo de arrepentimiento. Eso irritó a los judíos. El judío no creía que necesitaba arrepentimiento, porque por ser hijos de Abraham y haber sido circuncidados en la carne, creían que ya tenían salvación. Pero Pablo les explica en Romanos 2 claramente que si tú eres circuncidado en la carne, pero no eres circuncidado de corazón, lo que ocurrió en la carne no te sirve absolutamente para nada. Que hijos de Dios son aquellos que son circuncidados de corazón.
La segunda razón por la cual los judíos se estaban irritando con este ministerio de Pablo a los gentiles, ya yo aludí a ella, es que los judíos creían que los gentiles eran como... no eran prácticamente ni humanos. Algunos de sus maestros enseñaban que fueron creados para alimentar el fuego del infierno. Y tú me vas a decir a mí, Pablo, que ellos van a formar parte de la misma familia con nosotros, descendientes de Abraham, ¿con nosotros fue que comenzó la cosa y ahora van a venir otros? No. Entonces ellos tenían razones que distorsionaban para acusar a Pablo.
Pablo agrega: "Por esta causa..." Esta es la reacción de Pablo al encuentro con Cristo. Todavía estamos ahí, la tercera parte de su testimonio. "Por esta causa, algunos judíos me prendieron en el templo y trataron de matarme. Así que, habiendo recibido ayuda de Dios..." —recuerda que Dios le dijo: "Yo te voy a liberar de los gentiles y de los judíos"— "así que, habiendo recibido ayuda de Dios, continúo hasta este día testificando tanto a pequeños como a grandes." Agripa, tú puedes ser alguien grande, pero yo hago lo mismo con los pequeños. "No declarando más de lo que los profetas y Moisés dijeron que sucedería." Yo no me he estado inventando cosas, yo lo único que estoy diciendo es explicando lo que ya los profetas revelaron y lo que ya Moisés había dicho.
¿Y qué fue lo que habían dicho? Versículo 23: "Que el Cristo había de padecer y que por motivo de su resurrección de los muertos, él debía ser el primero en proclamar luz tanto al pueblo judío como a los gentiles." Eso es lo que Pablo está tratando. Él está tratando de tocar a Agripa, que es de descendencia judía. Es decirle: "Agripa, ¿sabes qué? Esto es lo que a ti te enseñaron cuando niño, si eres judío. Lo que los profetas enseñaron, lo que Moisés enseñó, eso está ahí: que Cristo iba a padecer, que moriría, que resucitaría. Y es por eso que se me busca y es por eso que me odian."
Ya vimos tres partes de su testimonio. Número uno, su pasado como fariseo. Número dos, su encuentro con Cristo, su conversión misma. Y número tres, su reacción ante el llamado de Cristo. Número cuatro, la última parte del testimonio: la resistencia a Dios en la respuesta de Festo y Agripa a la presentación del Evangelio y del testimonio de Pablo.
Pablo les ha presentado el Evangelio. De hecho, en la misma frase, lo que Jesús le dijo cuando se encontró con Pablo, cuando lo llama, cuando lo ordena al ministerio, le dice que él va a abrir los ojos para que la gente pase de la oscuridad a la luz y que pase del dominio de Satanás a Dios. Y luego le dice qué cosa: "Para que pudieran obtener perdón de pecados por medio de la fe en mí." Le está hablando de lo del Evangelio. Y Pablo dijo todo eso.
Entonces ahora, ellos han escuchado. Festo ha escuchado, Agripa ha escuchado. Ellos van a tener una reacción. De hecho, todo el mundo tiene una reacción ante la Palabra de Dios cada vez que es predicada. Esta mañana la gente que está aquí tendrá una reacción ante lo que se está predicando, no importa si tú eres creyente o incrédulo. La reacción puede ser una de ignorancia, como que "eso no es para mí." La reacción puede ser una de convicción, como "¡wow!" No solamente porque yo sea incrédulo yo puedo recibir convicción a través de esta Palabra; siendo creyente también puedo. O pudiera como creyente decir: "Ah, eso ya me lo sé, eso no es lo mismo que atraviesa."
Yo creo que cada vez que nosotros vemos la Palabra y pensamos que es más de lo mismo, estamos pecando contra lo que sería la habilidad que Dios tiene de tomar el mismo pasaje, la misma Palabra, e iluminar tu mente de tal manera que ahora tú puedes ver, ya sea en la Palabra o en ti o en ambos lugares, cosas que antes no habías visto. Dios dice: "Mi palabra no vuelve a mí vacía, hasta que no cumple el propósito para el cual yo la envié." No hay ningún mensaje que es solamente para fulano. Puede ser más especial o más pesado para alguien que para otro, pero no en vano.
Entonces, veamos la reacción de Festo. Escucha el versículo 24: "Mientras Pablo decía esto en su defensa, Festo dijo a gran voz: ¡Pablo, estás loco! Tus muchos saberes te están haciendo perder la cabeza." Mas Pablo dijo... Yo no sé si tú tratas de ponerte en la emoción de lo que está describiendo, pero esa frase se cita: "Mas Pablo dijo..." A mí me suena como que mientras que él se subió, Pablo se bajó. "Pero Pablo dijo: No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura."
Era más fácil para Festo pensar que Pablo se volvió loco que pensar que Pablo tenía razón. Pero si tú lo piensas bien, las Escrituras a eso llevan. A ver, ¿qué es eso? Lo que lleva al hombre a pensar: "O sea que el Dios tuyo es uno, pero tiene tres personas, pero es uno, tres personas. Entonces la segunda persona... ¿y qué pasó con la primera? Así es uno solo, y la segunda está aquí abajo." La segunda persona viene, se encarna, y ese es Dios. O sea que Dios se volvió humano. Y Dios es el rey del universo, pero vino a servirle a hombres. Ya que él, Cristo, abrió su boca, el universo se formó, y es el que está lavando pies. Y él fue y se colgó en una cruz, pero él tenía el poder de bajarse de la cruz. Claro, ¿y entonces por qué no se bajó? Bueno, él tenía un propósito, pero ese es Dios. O sea, el que le iba a dar salvación a Israel tengo una cruz muerto ahí, sangrando. Y la historia de que esa tumba estaba vacía tres días después, o sea, ¿qué, era que yo te crea eso también? Están locos.
Bueno, es lo que Pablo les dice a los corintios. Déjame leerte la versión de la Reina Valera del 60, 1 Corintios 1:18: "Porque la palabra de la cruz es locura" —la Biblia de las Américas dice "necedad"— "a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios." Eso son dos cosas completamente diferentes. Aquí hay un grupo que escucha el Evangelio y dice: "O sea, ese tipo está loco." Y este otro de acá dice: "¡Wow! Eso es extraordinario. O sea, ¿qué por gracia? No hay que ganármelo, no hay obras, no hay nada meritorio." No. Alguien que está aquí en este grupo dice: "O sea, que Hitler y yo estamos en el mismo lugar. No, es una locura, me van a querer decir eso." El que está en este lugar dice: "¡Wow! O sea, que todos los pecadores estamos en el mismo lugar y todos necesitamos la misma cosa." Pero es supuestamente... eso es gracia, eso es poder de Dios para este grupo. Pero el que está ciego espiritualmente, para él es una locura, me van a querer decir eso a mí.
Pero ¿por qué es que está ciego? Mira, 1 Corintios capítulo 2, versión Reina Valera del 60: "Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura" —me será, la Biblia de las Américas— "y no las puede entender." No puede, está incapacitado, "porque se han de discernir espiritualmente." Él no tiene el Espíritu, él está ciego. Entonces él no puede entender el Evangelio, por eso es que le parece una locura. Y eso pensó Festo de Pablo. "Pablo, estás loco. Tus muchos saberes... Tú puedes tú eres brillante, eso es obvio que tú eres brillante, ¿pero estás loco?"
Pablo entonces vuelve su atención al rey Agripa. Ya a Festo no, ya perdí a Festo. Déjame tratar con Agripa. Versículo 26: "Porque el rey entiende estas cosas" —claro, es un judío— "y también le hablo con confianza, porque estoy persuadido de que él no ignora nada de esto, pues esto no se ha hecho en secreto." Pablo va a confrontar a Agripa muy sabiamente. No hay mejor forma para confrontar a alguien que con preguntas. "Rey Agripa, ¿crees a los profetas?" Pero no espera la respuesta. "Yo sé que tú crees." Pues el judío, ¿quién ha visto un judío del primer siglo que no crea a los profetas? Es verdad que los mataron a todos y los apedrearon, pero creían lo que dejaron escrito.
Y Agripa respondió a Pablo: "En poco tiempo me persuadirás a que me haga cristiano." Eso es Pablo como que: "Tú estás medio loco, ¿sí? Porque tú acabas de presentar tu testimonio, tenemos media hora en esto, y ya tú piensas que yo me voy a hacer cristiano."
Pero Pablo no se deja intimidar. Escucha lo que Pablo responde. Y Pablo dijo: "Quisiera Dios..." —nosotros diríamos como "ojalá"— "¡Ojalá Dios! Quisiera Dios que ya fuera en poco tiempo o en mucho, no sólo tú, sino también todos los que hoy me oyen, llegaran a ser tales como yo soy, a excepción de estas cadenas." Pablo estaba en cadenas. La cadena estaba aquí en sus muñecas.
Probablemente alguna en un tobillo, de manera que yo no imagino a Pablo diciendo eso que acabo de decir sin mover los brazos. De manera que cuando Pablo hizo así, yo imagino la cadena rodando. ¡Quisiera que todos los que me oyen fueran como yo, excepto sin estas cadenas! Agripa, ¿crees a los profetas? Yo sé que tú crees. Ahí está Pablo confrontando a esta gente.
Ahora, yo no sé si tú puedes captar la pasión de Pablo por los perdidos. Pablo sabe que hay una elección, o sea, hay alguien que sabe de la elección que es Pablo, pero no perdió su pasión por los perdidos. Ni perdió nunca la realidad de que, como él no sabe quién pertenece a un grupo y quién no, para él todos son potencialmente salvos. Pablo siente el peso de la condenación del que está perdido. Pero no solamente siente el peso, él tiene un gran deseo por la salvación de los perdidos.
Yo creo que es algo que la iglesia de hoy necesita recuperar. Se hará de todos aquellos de nosotros que creemos en la predestinación. Yo creo que a muchos de nosotros nos falta pasión por alcanzar al que está perdido. Y nos falta pasión porque en gran medida no sentimos el dolor de la perdición y de su condenación. Pablo les escribió a los corintios en la segunda carta, capítulo 5, le dice: "Por tanto, conociendo el temor del Señor, persuadimos a los hombres." Yo salgo a persuadir a los hombres porque yo temo la disciplina de Dios sobre los hombres. Y él dice eso, yo tengo, conociendo el temor del Señor, e inmediatamente después del versículo 5 del capítulo 5, el versículo donde dice que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo para presentar, rendir cuenta de todo lo que hayamos hecho, sea bueno, sea malo. Por tanto, conociendo el temor del Señor, persuadimos a los hombres.
Pablo está persuadido número uno de la perdición del hombre, está persuadido del temor del Señor, de la disciplina del Señor, el castigo del Señor, la ira del Señor. Está persuadido del poder del evangelio para salvarte de la ira del Señor. El evangelio te salva de Dios, no de Satanás. Te salva de Dios, porque quien te condena es Dios, no Satanás. De manera que Dios te salva de él mismo para él mismo. Él te salva de su ira para el amor de Dios. ¿Entendieron? Y muchas veces nosotros tampoco disfrutamos, gozamos de la salvación de otros, mientras los ángeles celebran cada vez que un pecador se convierte. Y creo que Pablo aplaudiría.
¿Cómo concluye la historia? El versículo 30 al 32, así concluye. Entonces el rey, el gobernador, Berenice y los que estaban sentados con ellos se levantaron. Y mientras se retiraban, hablaban entre ellos diciendo: "Este hombre no ha hecho nada que merezca muerte o prisión." Bueno, pues suéltalo. Y Agripa dijo a Festo: "Podría ser puesto en libertad si no hubiera apelado al César." ¿No? ¿Qué harías? No te ha llegado ninguna noticia de que él ha apelado al César. Habla con Pablo y pregúntale si quiere ser libre. Seguro, pero tú hubieras dicho que sí.
¿Por qué no dejar libre a un hombre que Félix, Festo y Agripa han encontrado como inocente? Lo mismo ocurrió con Cristo. Pilato lo busca y lo encuentra inocente. La mujer de Pilato demanda decirle, la noche tuvo un sueño: "No tengas nada que ver con este hombre." Se lo manda a Herodes, a ver si Herodes tiene alguna forma de safarse de esto. Herodes lo encuentra inocente, se lo devuelve a Pilato. Pilato lo juzga por tercera vez, lo encuentra inocente. Pues liberarlo, no. Festo tenía miedo a los judíos. Pilato tuvo miedo a los judíos.
Bueno, pero ¿no tenía Dios el poder de haberlo liberado a Agripa? Cuando había librado a Pablo, le había prometido que le iba a librar. ¿No podía Dios librarlo de ir para Roma o de su eventual muerte? Claro que tenía el poder, pero llegar a Roma era parte del destino de Dios para Pablo, o del propósito, porque Él le anunció en una visitación que le hizo en la cárcel: "De la misma manera que has testificado fielmente en Jerusalén, testificarás fielmente en Roma." De manera que a Roma vamos, Pablo. De hecho, te estoy esperando allá. ¿No podía Dios librar a Cristo? Claro, pero Cristo vino para ir a la cruz. Entonces no lo iba a librar de aquello para lo cual Él vino.
En resumen del capítulo 24 al 26, Pablo presenta su defensa tres veces. El 24 la primera, 25 la segunda, 26 la tercera. ¿Qué vimos? Pablo pudo probar en las tres defensas que él no era culpable de aquello de lo que se le acusaba. Versículo 8 del capítulo 25: de haber violado la ley de Moisés, ni de Moisés, nada en contra de Moisés; de haber violado las leyes del César, no hice nada contra el César. En efecto, estos gobernadores más lo encontraron inocente.
Mientras Pablo testificaba, habló de cómo fue comisionado para que la gente tuviera ojos abiertos y pasara de las tinieblas a la luz. Escribió de cómo fue obediente a la visión celestial, y le aclara a Agripa que lo que estoy hablando es simplemente cumplimiento de las Escrituras. Nada más. Pablo ni se dejó intimidar en su momento por la crueldad de Félix, que era un hombre cruel conocido por sus injusticias. No se dejó intimidar por la pompa de Agripa II, mencionada aquí. No se dejó intimidar por la autoridad de Festo. Pablo fue un testigo fiel y un ministro fiel del evangelio de Jesucristo.
Este es el cierre aplicativo para ti y para mí. Son dos preguntas. ¿Has sido tú un testigo fiel del mensaje del evangelio? O déjame cambiar: ¿un ministro fiel del mensaje del evangelio y un testigo fiel de la obra del evangelio que tú has visto en tu vida y en la vida de otros, del poder de Dios en el mensaje del evangelio actuando en vidas que han sido transformadas? ¿Tú has sido un testigo fiel de eso? ¿Tú has aprovechado cada oportunidad que Dios te ha abierto para compartir en palabras y en ilustración de tu vida y de otros el mensaje del evangelio?
Segunda pregunta, para incrédulos los primeros: es posible que tú hayas estado resistiendo a Dios. Es posible que tú hayas escuchado el evangelio una vez, pero no acabas de dar el paso. Es posible que tú hayas respondido al evangelio una primera vez, pero luego tu vida que siguió no se correspondía con el evangelio, y por tanto, aunque te hayas hecho una profesión de fe y te hayas bautizado, tu vida subsiguiente prueba que realmente tenías una profesión de fe, pero no tenías una posesión de la fe. Asentiste al creer, pero negaste al vivir. ¿Es posible?
Quizás en esta mañana Dios trajo a algunos para darles salvación. Quizás trajo a otros para ayudarles a entender que su profesión de fe pasada necesita convertirse en una posesión de fe presente. Quizás trajo a otros creyentes para ayudarles a ver algo acerca de su fidelidad al mensaje del evangelio, al mensaje de salvación, tanto en proclamación como en vivencia. No lo sé, pero de que su palabra no regresa vacía, de eso yo estoy seguro y podemos dar testimonio.
Bueno, yo voy a cerrar con una oración, pero antes de orar, es una oración para conversión. El entendimiento es el siguiente: si el Espíritu de Dios estuvo obrando en ti mientras predicábamos, hubo algo en tu interior de parte del Espíritu que comenzó a darte entendimiento acerca de tu pecado, la necesidad que tienes de arrepentimiento, y el entendimiento de que solamente la sangre de Cristo derramada en la cruz puede limpiar tus pecados. Pero junto con la convicción de pecado y del peso del pecado, comenzaste a sentir la necesidad de pedir perdón, y pudiste entender que puedes tener ese perdón en el día de hoy por la gracia y la misericordia de ese Cristo. Y hay un deseo, habría un deseo en ti, en tu interior, que solamente tú conoces, que Dios conoce, nadie más, de que tú quieres hacer a ese Cristo tu Señor y tu Salvador. Él es, es simplemente que yo lo afirme. Si ese es el caso, yo quiero orar contigo. Es desde aquí, tú orarás en tu interior. Yo te voy a pedir, cuando comencemos a orar, que si ese es tu deseo te pongas de pie, pero te quedas ahí y no vas a pasar hacia adelante. Nadie te va a llamar, nadie va a ir donde tú estás. Dios va a ir donde tú estás, pero nadie más.