Integridad y Sabiduria
Sermones

Id, porque fuisteis llamado

Miguel Núñez 9 octubre, 2011

Cada veinticuatro horas nacen aproximadamente diez mil nuevos creyentes en China, un país donde llamarse cristiano no trae ningún beneficio terrenal. Al mismo tiempo, cada tres minutos muere un cristiano martirizado en alguna región del mundo que persigue la fe. Estas realidades revelan que Dios está llevando a cabo su obra, a veces con nosotros y a veces a pesar de nosotros. La gran comisión no comenzó en Mateo 28; desde que Dios llamó a Abraham, anunció que en él serían benditas todas las familias de la tierra. El plan misionero siempre tuvo alcance universal.

Cuando Cristo resucitado se apareció a sus discípulos y estos le adoraron, les dio la encomienda de ir. Pero antes de enviarlos, estableció la garantía: toda autoridad le ha sido dada en el cielo y en la tierra. Los discípulos no tenían que temer a gobernantes hostiles, enfermedades ni a la muerte misma. Nadie puede quitar la vida que Cristo sostiene hasta que él decida llamar a su presencia. La autoridad absoluta de Cristo respalda a quienes van en su nombre a predicar las buenas nuevas, no estrategias humanas ni mensajes diluidos, sino el evangelio de que Cristo murió por los pecadores y resucitó.

La encomienda no es hacer convertidos sino discípulos: personas que aprenden a obedecer todo lo que Cristo mandó y que se identifican públicamente con él mediante el bautismo. Y la razón para ir no es solo rescatar almas del infierno futuro, sino que somos embajadores de Cristo ahora mismo. Dios ruega al mundo a través de nosotros: reconcíliense con Dios.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Vamos a ser satisfechos hoy en su Palabra!

Literalmente, como decía esta mañana, Dios está llevando a cabo su obra, a veces con nosotros y a veces a pesar de nosotros. Y ciertamente un par de estadísticas, para no cansarlos con números, creo que serían suficiente para ilustrar lo que estoy tratando de decir. Se estima hoy en día que en China probablemente hay unos 10.000 nuevos creyentes cada 24 horas. Si eso hubiese sido dicho de otras regiones del planeta, yo tendría mis dudas porque las estadísticas mienten. Pero en un país donde ser cristiano cuesta tanto y no tiene ningún beneficio humano terrenal llamarse cristiano, yo tiendo a creer esas estadísticas. Eso implica que cada 7 minutos hay un nacido de nuevo en China.

Por otro lado, cada 3 minutos hay un cristiano en uno de los países que persigue la fe cristiana que muere martirizado. ¡Cada 3 minutos! Si nuestro servicio dura una hora y media, 90 minutos, un poco más, 30 personas durante nuestro tiempo aquí van a morir como fruto de la persecución por su fe cristiana. Corea del Norte, Arabia Saudita, Irán, Maldivas y Bután representan las 5 regiones donde la fe es mayormente perseguida. Gente dando su sangre cada 3 minutos por algo que nosotros escuchamos aquí sentados con aire acondicionado.

En Mongolia, en 1989, había 4 cristianos: uno, dos, tres y cuatro, con nombres y apellido, contados. Hoy se conocen 10.000. Todavía nos faltan muchos, pero hay muchos más que en el año 89, de manera que sin lugar a dudas Dios está llevando a cabo su obra muchas veces a pesar de nosotros.

Pero lo que yo acabo de leer es simplemente una pincelada de cómo esto se está cumpliendo en Mateo 28 a partir del versículo 16: "Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había señalado. Cuando lo vieron, le adoraron, mas algunos dudaron. Y acercándose Jesús, les habló diciendo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo."

Id y haced discípulos. Esa no es la única ocasión en que Cristo mencionó la gran comisión; esa es la más conocida, ese es el texto que nosotros con frecuencia llamamos exactamente así: la gran comisión. Pero cuando tú llegas al libro de los Hechos, apenas a unas páginas después, en Hechos 1:8, tú encuentras la gran comisión enunciada con otras palabras, pero exactamente lo mismo. Cristo había ordenado no salir de Jerusalén hasta que recibieran poder, y entonces Él dice: "Seréis mis testigos en Jerusalén, en Samaria, en Judea y hasta los confines de la tierra." Esa es la gran comisión enunciada de otra manera. Seréis mis testigos, mis mártires —esa es la palabra en el original de donde viene "mártir"—, seréis eso hasta los confines de la tierra. Vosotros habéis sido llamados a dar testimonio, a ser testigos de mi gran obra entre las naciones.

Lo que quizás pocos conocen es que esa no es la primera vez, ni remotamente la primera vez, cuando Dios anunciara su plan misionero. Esa es la primera vez cuando Él da la encomienda de ir. Pero cuando Dios llama a un solo hombre para hacer una sola nación y a partir de ahí comenzar el plan redentor, en ese momento cuando Él llama a ese hombre, Dios anunció su plan misionero, y su nombre fue Abraham. El llamado de Abraham es conjunto con el anuncio del plan misionero de Dios.

Yo quiero que lo leamos en Génesis 12, los primeros tres versículos. Es un pasaje bastante corto, pero tú verás a Dios anunciando desde el inicio lo que Él se proponía: "Y el Señor dijo a Abraham: Vete de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. ¿Para qué? Porque haré de ti una nación grande y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Muy bien, pero, ¿para qué? Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga maldeciré, y en ti serán benditas —escucha— en ti serán benditas todas las familias de la tierra."

Abraham, este plan no se trata de ti, ni de Abraham, ni de Isaac, ni de Jacob, ni luego de José, ni de la nación de Israel. No. Este plan que yo hoy anuncio tiene que ver con bendición para todas las naciones de la tierra. Dios anunció eso a través de los profetas en el Antiguo Testamento, Dios anunció eso a través de los salmos en el Antiguo Testamento, lo anunció a través de los evangelios en el Nuevo Testamento, lo anuncia en el libro de los Hechos, y a partir de los Hechos Dios se propone cumplir su anuncio.

De manera que nosotros estamos viendo ahora, en este tiempo, a Dios levantar una nueva ola en áreas de la población, en áreas del planeta donde antes eso no había ocurrido de la misma forma. Europa tuvo su tiempo, Norteamérica tuvo su tiempo; ahora es el tiempo de Asia, de África y de Latinoamérica. De hecho, se estima que Corea es la mayor fuerza misionera hoy en día, reemplazando a Estados Unidos, y Brasil viene surgiendo inmediatamente detrás. Hay una ola que Dios ha levantado en esas regiones de evangelización.

Y como bien dice Henry Blackaby en uno de sus libros primeros, bien sencillo, un libro para discipulado, "Experiencia con Dios": la mejor forma de llevar a cabo la obra de Dios es observando cómo y dónde Dios está trabajando y uniéndonos a su obra, en vez de nosotros crear nuestras propias agendas y luego ir donde Dios a pedirle que las bendiga.

De manera que ahora que nosotros estamos viendo a Dios obrar en nuestro continente, yo creo que sería una buena cosa si nosotros como iglesia comenzamos a tomar la Gran Comisión un poco más en serio, en términos de —permítanme usar el lenguaje de— cómo surfear la ola, en vez de quedarnos pasivamente esperando a que la ola nos tumbe y nos arrastre hasta la orilla. Nosotros no levantamos la ola, Dios la levanta, y Dios nos ayuda entonces a surfearla —para usar el lenguaje deportivo— y hacer el trabajo que solamente Él puede hacer.

Y nosotros vemos cómo al final de todo este plan de redención nos reunimos alrededor del trono, en el libro de Apocalipsis, gente de toda lengua, tribu, nación, de todo pueblo, alabando a nuestro Dios. Ese es el fin de la obra misionera. El propósito de la iglesia, como bien dice Piper en su libro "Alégrense las naciones", no es la evangelización; la evangelización es el instrumento. El propósito de la obra misionera es la adoración que vemos en el trono, donde hay gente de toda lengua, tribu, nación y pueblo alabando, honrando y adorando a nuestro Dios.

La pregunta que Dios nos hace es si nosotros estamos dispuestos, tenemos la disposición, el ánimo, la voluntad de unirnos a su proyecto para ayudar a gente a que suba al trono que vemos en Apocalipsis. O si nosotros —cuando digo nosotros me refiero a nuestra iglesia, pero obviamente a toda la iglesia de Dios— vamos a ser tan egoístas de decir: "Ya estamos en el trono, está bien, yo llegué, problema de otro." No creo, no me imagino que ese sea nuestro sentir.

Escucha: el apóstol Pablo vio a Dios levantar una ola en el primer siglo en el área que tenía que ver con la región del Medio Oriente y más allá, en una gran parte de Europa. Escucha lo que Pablo dice cuando escribe a los Romanos, capítulo 15, comenzando en el versículo 23 hasta el 24: "Pero ahora, no quedando ya más lugares para mí en estas regiones, y puesto que por muchos años he tenido un gran deseo de ir a vosotros, cuando vaya a España iré a vosotros. Porque espero veros al pasar, y que me ayudéis a continuar hacia allá, después de que haya disfrutado un poco de vuestra compañía."

Esto es increíble. Pablo está diciendo: "La razón por la que yo quiero llegar a España... yo quiero visitarlos, pero yo quiero usarlos como un trampolín para seguir hasta España." Pero la razón es que ya no quedan áreas en todo este alrededor para él predicar. No es que no quedan personas por convertirse; claro que había miles de personas sin convertir, lo que no había eran regiones no predicadas.

Escucha lo que Pablo describe de la región que él entiende que ha cubierto, ahí mismo pero en el versículo 19, un par de versículos más arriba: "Con el poder de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios, de manera que desde Jerusalén y por los alrededores hasta Ilírico he predicado en toda su plenitud el satisfacer evangelio de Cristo."

¿Tú entiendes qué distancia es esa, qué región, qué tamaño es ese? 2.400, 2.500 kilómetros. Desde Jerusalén subes hasta llegar hasta Siria, y luego tú continúas —déjame describirte literalmente— a lo largo de Asia Menor, que sería lo que hoy es Turquía, hasta Grecia en su costa este, subes hasta Italia y la parte norte de Italia, lo que hoy es Albania. Toda esa área, por un solo hombre, en 25, 30 años, con barcos de remo y animales de carga —quizá caballos, camellos, burros, mulos, quién sabe— y a pie. Un solo hombre.

A veces pienso qué haría un Pablo en nuestros días de internet y de aviones. Yo creo que los cinco continentes estuvieran prendidos en fuego con el poder del satisfacer evangelio. Ese es Pablo.

Yo creo que su testimonio y los testimonios de otras personas, los testimonios de los mártires, algunas de las estadísticas que acabo de dar y otras similares, pudieran ser de gran impulso y animación para nosotros predicar el satisfacer evangelio. Pero cuando tú lees la Palabra de Dios, tú encuentras motivaciones todavía más poderosas para ir y hacer exactamente lo que Cristo nos pidió que hiciéramos.

Yo leí el texto, yo leí las palabras de Cristo, yo leí su encomienda. Yo quiero usar siete palabras que nos van a servir de siete preguntas. Yo le he tomado prestado de una obra —aunque las respuestas no son las mismas—, una obra publicada este año por Kevin DeYoung y Greg Gilbert que se titula "¿Qué es la misión de la iglesia?" Ahí aparecen siete palabras que son preguntas; yo quiero usar esas siete palabras y luego darles mis propias respuestas.

Las palabras son: ¿cuándo?, ¿quién?, ¿qué?, ¿cómo?, ¿dónde?, ¿a quién? y ¿para qué? Y la respuesta es el resto de mi mensaje. ¿Cuándo?, ¿quién?, ¿qué?, ¿cómo?, ¿dónde?, ¿a quién? y ¿para qué?

La primera pregunta es cuándo. ¿Cuándo Dios Jesús a sus discípulos les encomienda? Porque el texto nos da una idea. La gran comisión fue anunciada desde el Antiguo Testamento. Yo te hablé de eso, les hablé de eso, de esa misión, de esa tarea, pero hasta este momento realmente la encomienda había sido "ven y ve" a la nación de Israel y ve lo que Dios hace en medio de ellos. Lamentablemente, el testimonio de la nación fue tal que era preferible decir "no vengas y no veas", no vengas para que no veas. Pero el etíope que viene en el libro de los Hechos, precisamente a adorar a Jerusalén, está cumpliendo con la manera como esa obra estaba siendo llevada a cabo. Él tenía que venir a Jerusalén, solamente se podía adorar en el templo de Jerusalén, porque esa era la encomienda: ven y ve. Pero ahora Cristo se propone una encomienda distinta.

En cuanto a eso, sí, que aún en los días de Cristo, aún en los días de su misión, la encomienda todavía era "ven y ve". Esa es la razón por la que cuando tú llegas al capítulo 10 de Mateo y él está enviando a los setenta en la misión, les dice: "No vayáis por caminos de gentiles". ¿Cómo que no vayáis? ¿No es evangelizando que estamos? ¿Sí? "No vayáis por caminos de gentiles, más bien id a las ovejas perdidas de Israel". Todavía la misión estaba concentrada en "ven y ve", pero ahora la misión ha de cambiar: es "id y haced discípulos a las naciones". ¿Cuál es mi evangelio? ¿Cuáles son las buenas nuevas de salvación?

Pero la pregunta ahora es: ¿cuándo? ¿Cuándo dio Cristo la encomienda a sus discípulos? Mateo capítulo 28, versículo 16: "Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había señalado. Y cuando le vieron, le adoraron". Le adoraron porque ya habían reconocido su divinidad. Ya Tomás no tenía las dudas de "bueno, yo no voy a creer en su resurrección si no pongo mi dedo en la llaga". Ya ellos no tenían que preguntar "¿quién es este que hasta los vientos le obedecen?" Ellos tenían claro quién era, tan claro que tan pronto le vieron, le adoraron. Ellos habían comprobado que Cristo no les mintió cuando les dijo que él sería crucificado y que resucitaría al tercer día. Ahora que ellos tienen todo eso claro, ahora que ellos tienen su fe y su confianza puesta en él, y ahora que ellos están dispuestos a reconocer toda su divinidad, que al verle le adoraron, en ese momento Cristo está listo para anunciarles la gran comisión.

Y quizás, quizás es parte del problema porque no estamos yendo. Quizás es que tenemos que convertirnos en mejores adoradores antes, y tenemos que tener más confianza en el Señor antes de poder ir. Para ir tú requieres fe, seguridad. Tú necesitas confianza, pero no seguridad en las condiciones que tú vas a encontrar cuando vayas, sino confianza en el Dios que te está enviando. Y una vez tú tengas esa fe depositada en él, tú puedes pasar a ser un mejor adorador. Pero muchas veces lo que nos retiene aquí es que estamos adorando nuestras vidas demasiado, o nuestros sueños, o nuestros hijos, o nuestras agendas, o lo que yo quiero ser y hacer.

La realidad es que hasta que yo no adopte la adoración como un estilo de vida, no vamos a ir. La adoración como estilo de vida nos va a mover, no nos va a dejar donde estamos. Nos va a mover de donde estamos a donde Dios quiere que estemos, porque veremos, leeremos Mateo 28, y como la adoración es mi estilo de vida ahora, yo voy a responder a sus palabras.

El menos es mucho más fácil cantar once veces "te adoramos, Dios, te adoramos". Ve, mucho más fácil. "Es hora de alabar a Dios". Mucho más fácil hacer eso que ir, no a África, al vecino de al lado que está perdido y predicarle el evangelio. Pero las canciones no nos van a enviar al campo misionero. Es la adoración asumida como estilo de vida, de tal manera que ahora yo pueda desabrazar sueños, desabrazar agendas, desabrazar mi propia vida para poder ir.

David Sitton fue uno de los exponentes que no pudimos oír porque su taller estaba ya agotado, tenía un cupo limitado. Pero en uno de los panfletos que ellos dieron había un artículo que él escribió. Y él hablaba, se refería a su propia nación. Pudiéramos decir lo mismo de otras naciones, pero él hablaba de su nación y dice: "Es interesante ver cómo en nuestra nación norteamericana nosotros enviamos soldados a tierras extranjeras bajo las circunstancias más difíciles, bajo los riesgos más grandes. Y cuando ellos por alguna casualidad pierden su vida en tierras lejanas en aras de la libertad, luego los recibimos como héroes". O cómo enviamos bomberos a batallar contra el fuego para rescatar personas en condiciones de alto riesgo. Pero cuando un misionero decide irse a una región de alto riesgo donde hay muchas advertencias en contra de las cosas que pudieran ocurrir, muchas veces es tildado de irresponsable.

Yo he escuchado personas llamar a Jim Elliot y a sus acompañantes, que fueron asesinados en Ecuador, irresponsables por haber tomado esa decisión. Aplaudimos a aquellos que se van a batallar con balas mortíferas a tierras lejanas, aplaudimos a los bomberos que tratan de rescatar del fuego a personas que están a punto de perder su vida, pero llamamos irresponsables a aquellos que tratan de rescatar de las llamas del infierno a aquellos que se pierden. ¿Te das cuenta del doble estándar que tenemos? ¿Por qué? Porque seguimos valorando más este reino que aquel.

¿Cuándo Cristo le dio? Es la pregunta, la primera. ¿Cuándo Cristo le dio la encomienda a estos discípulos? Postresurrección. Después que él había probado quién él era, ellos reciben entonces la gran encomienda. El texto dice que ellos le vieron y le adoraron, y luego dice: "Pero algunos dudaron". No creemos que ellos dudaron de su divinidad. Yo creo que eso había quedado ampliamente probado, por eso se habían atrevido a adorarle, lo cual un judío jamás hubiera hecho. Pero quizás dudaron: ¿será posible continuar este movimiento sin la presencia física de Jesús? ¿Será posible avanzar más allá de donde nosotros estamos en medio de la oposición, sobre todo cuando Jesús no va a estar con nosotros? ¿Tenemos nosotros la preparación, las habilidades para continuar de aquí en adelante por nosotros mismos? Quizás fueron de las dudas que asediaron sus mentes.

Pero lo interesante es que tan pronto el texto dice "pero algunos dudaron", inmediatamente dice que Jesús se les acercó y les dijo: "Toda autoridad me ha sido dada". Ahí están las palabras para apaciguar o para eliminar las dudas. Y ahora, ¿quién nos envía? La persona que habla: "Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra". Pues es como que Jesús hubiera dicho: "Pues como toda autoridad me ha sido dada y él es quien me envía, pero como me envía, escucha lo que él está tratando de comunicarme".

Mi autoridad ahora y el ejercicio de mi poder, que yo limité durante la encarnación, que yo voluntariamente limité, ese ya no es el caso. Yo no estoy ahora en mi período de encarnación, yo estoy ahora postresurrección en otra misión. Yo tengo toda autoridad, todo poder. Y no solamente tengo un poder limitado y autoridad limitada, yo lo ejerzo no solamente sobre la tierra, yo lo ejerzo en el cielo. "Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra". Esas palabras eran vitales para ese grupo y son vitales para nosotros. ¿Por qué? Porque si la adoración como estilo de vida y el reconocimiento de su autoridad es la razón para no quedarnos, la garantía que nos da por su autoridad es la razón para ir.

Yo no tengo nada que temer. Es exactamente lo que Cristo está tratando de comunicar: mi autoridad es absoluta y por tanto tu seguridad también es absoluta. Tú no tienes que temer a los gobernantes de Corea del Norte, no tienes que temer a los gobernantes de Irán; su autoridad está supeditada a mi autoridad. Eso es exactamente lo que Cristo le dice a Pilato cuando Pilato lo amenaza y le dice: "¿Tú no sabes que yo tengo el poder de liberarte o yo tengo el poder de juzgarte, de condenarte?" Eso le responde: "Ninguna autoridad tendrías sobre mí si no te hubiese sido dada desde arriba." Ni el presidente de Irán, ni el presidente de la China, ni el presidente de Corea del Norte, ni el presidente de Arabia Saudita, ni el presidente de ninguna otra nación tienen ninguna autoridad que no les haya sido dada desde arriba. Por tanto, la persona que te envía está por encima de ellos, y esa es la garantía, esa es la seguridad. No muchos amenes ahí, pero está bien.

No tenemos que temer los desastres naturales. Las regiones donde se levantan ciclones y tsunamis, ya Cristo probó que es capaz con su voz de controlar los vientos y el mar. Él dejó demostrado que tiene control sobre las cosas inanimadas. Nosotros a veces vemos lo que un amo es capaz de hacer cuando le habla a un perro que ha sido debidamente entrenado y nos sorprendemos: "¡Wow, cómo responde a los comandos de nuestra voz!" La realidad es que Cristo ha probado que toda la creación responde al comando de su voz, incluyendo la nada. Cuando no había nada, Él dijo: "Sea la luz", y hubo luz. De la nada creó algo cuando Dios habló. Y yo soy tu provisión; el universo entero está bajo mi comando. Yo hablo y las cosas ocurren, yo hablo y la nada se torna en algo. De hecho, se torna mucho; galaxias se forman cuando yo hablo, porque la nada tiene que obedecer. Y toda autoridad me ha sido dada. Ve, ve y bajo su autoridad no tienen nada que temer. Pueden ir.

No tienen nada que temer de Satanás, no tienen nada que temer de sus demonios. De hecho, es un ejército contrario, pero es un ejército desarmado. En la cruz Él lo desarmó, desarmó todos los poderes de las tinieblas. Sus armas están sin municiones. No tienes nada de qué preocuparte, la batalla es del Señor. Y además, los demonios con simplemente pensar que Dios existe tiemblan. "¿Qué tienes contra nosotros, Santo de Israel?" dijeron los demonios de Legión, amedrentados. Es la persona que te ha dicho: "Ve y haz discípulos, porque toda autoridad me ha sido dada."

Cuando vamos no tenemos que temer las enfermedades. Podemos enfermarnos allá y aquí también, pero no sin la autoridad y el permiso de nuestro Dios. Él es el Señor de las dolencias. Si yo pudiera tener acceso a los leprosos sanados, ellos pudieran dar testimonio de que es el Señor de las dolencias, o a los sordos que oyeron, o a los ciegos que recobraron la vista, o a los cojos que caminaron, los paralíticos que se levantaron. Ellos son el testimonio de que ciertamente Cristo es el Señor de las dolencias. Tú puedes ir y confiar en mí cuando vayas.

Bueno, ¿y si me matan? Pasas a mejor vida. Y si eres cristiano y estás yendo en mi nombre, pues esa es tu garantía. Esa es la razón por la que Cristo le dice a los setenta cuando los envía, en Mateo 10: "No temáis a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma; más bien temed a aquel que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno." Cuando vayas a predicar el Evangelio, cuando vayas por el mundo, cuando vayas a alguna región, no le tengas miedo a la muerte. Yo soy el Señor de la muerte y de la vida, y nadie te puede quitar la vida hasta que yo no te llame a mi presencia. "Nadie me quita la vida", lo dijo claramente, "nadie me quita la vida, yo doy mi vida. Yo la pongo y la vuelvo a tomar." De esa misma manera, yo te di la vida y yo la volveré a tomar de ti el día señalado. Tú puedes ir, tú tienes mi garantía, tienes garantía plena y potenciada de que yo estaré contigo y de que nadie podrá quitarte la vida hasta que yo diga: llegó el fin de su propósito.

Si tenemos el valor, si tenemos el estímulo de honrar, de aplaudir a aquellos que van al campo de batalla y dan la vida por su país, y al regreso les hacemos honores, ¿cómo no vamos nosotros a hacer lo mismo cuando aquellos dan la vida no por su país sino por su Señor? Date cuenta de cómo tenemos que cambiar nuestra forma de pensar.

"Las torres que la gente es muy dura y la gente no responde." Yo no tengo que preocuparme por eso tampoco. Cristo dijo en la potestad, orando dice: "Toda autoridad... Tú me enviaste con autoridad sobre toda carne para dar vida eterna a todos los que tú me has dado." Aquellos a quienes yo le voy a predicar, mi Dios, Cristo, aquel que nos envía, tiene autoridad sobre su corazón, sobre su mente, sobre sus ojos, sobre sus oídos para abrirlos y hacerlos ver y escuchar y responder a la verdad que ellos han de escuchar, si esa es su voluntad. Como lo hizo con Lidia, y lo ha hecho conmigo, y lo ha hecho con millones de personas. Cuando tú vas a predicar el Evangelio, la posibilidad de que alguien responda no está en ti, está en Él. Y Cristo dijo: "Toda autoridad me ha sido dada en el cielo; los demonios no se te pueden oponer si yo no lo autorizo. Y en la tierra la gente no se puede resistir a mi predicación si yo abro el corazón, porque toda autoridad me ha sido dada."

¿Cuándo? ¿Quién? Tercera pregunta: ¿qué? ¿Qué hacemos? Dadas las garantías que Cristo nos ha dado: "Id y haced discípulos." Predicar el Evangelio, predicar las buenas nuevas. La autoridad está respaldando el ir y la predicación de las buenas nuevas. Él no nos ha dado autoridad para estar desatando y atando bendiciones. No, no, no, no es esa la encomienda. Ni para predicar de expulsiones de demonios. No es que no se ven y no ocurren, pero esa no es la encomienda. A nosotros no se nos ha encomendado predicar sanación. No es que no ocurren, pero esa no es la encomienda. Esos son beneficios de la encomienda. La encomienda es predicar el Evangelio. No se nos ha dado la encomienda de predicar obras sociales; eso es un beneficio. La encomienda es ir y hacer discípulos de todas las naciones. Eso nos envió a predicar: las buenas nuevas del reino.

Y cuando su mensaje interceptó mi muerte, mi mortalidad espiritual, yo volví a la vida. Y cuando su mensaje interceptó mi mente, mi mente quedó iluminada. Y cuando chocó con mi corazón, mi corazón quedó sensible. Y cuando interceptó mi voluntad, mi voluntad fue liberada. Y cuando ese mensaje chocó con mi falta de rumbo, me dio dirección. Y cuando ese mismo mensaje chocó con mi culpabilidad, mi culpa fue perdonada. Y finalmente, cuando el mensaje chocó con mis heridas, yo fui sanado por la predicación del mismo Evangelio. Para eso es la encomienda: ir y predicar el Evangelio.

Hay tantas cosas, hermanos, hoy que se predican que ni se asemejan ni se acercan a lo que es el Evangelio: estrategias, métodos, terapias, psicología, sociología. Nada de eso, nada de eso cuenta con toda autoridad detrás. No, no, no. Toda autoridad detrás es la garantía para aquel que está dispuesto a predicar las buenas nuevas sin diluirlas, sin contaminarlas, sin tergiversarlas, sin maquillarlas. Toda autoridad le ha de respaldar. Yo seré la provisión, yo seré la protección, pero para aquellos que estén dispuestos a hacer eso.

Y tantas cosas que se predican que no corresponden al Evangelio, a las buenas nuevas: que Cristo murió por los pecadores y fue sepultado según las Escrituras, y resucitó al tercer día también según las Escrituras, lo cual garantiza la resurrección de aquellos que han creído en Él. Ese es el Evangelio resumido en una cápsula. Y lo demás son bendiciones de las buenas nuevas. Pero si el Evangelio es diluido, yo no puedo contar con su autoridad al ir a hacer la obra misionera, al hacer la predicación.

De la misma manera, si yo no soy convertido y predico el Evangelio, como tan frecuentemente ocurre hoy en púlpitos, yo no puedo contar con que ese Evangelio va a tener el efecto que está supuesto a tener. Él no va a respaldar a aquellos a quienes Él no ha enviado. "Señor, en tu nombre predicamos, en tu nombre hicimos milagros." "Yo jamás os conocí, yo nunca los respaldé. A ustedes lo hicieron en mi nombre pero no con mi poder. Yo nunca los envié. Yo no respaldo a los que yo no he enviado."

Que te acuerdas cómo en Hechos 19 se describe una ocasión que el apóstol Pablo estaba predicando, y en ocasiones se encontraba con personas endemoniadas y expulsaba los demonios. Y hay unos judíos que estaban acostumbrados a jugar con estas cosas y habían visto a Pablo. Y un día fueron donde este endemoniado y le dijeron: "En nombre del Jesús que predica Pablo, te reprendemos." Y el demonio le habló para atrás y le dice: "A Jesús conocemos y de Pablo sabemos quién es, pero tú, ¿quién eres? Ustedes, ¿de quiénes son?" Les cayó arriba, los mató a golpes, los desnudó incluso, y los dejó hechos pedazos. ¿Por qué? Porque no hay autoridad respaldando la reprensión o la predicación o cualquier otra cosa cuando yo no he sido enviado por Jesús. Por eso Él dice: "Id, a aquellos que son sus hijos, que se han convertido, que han abrazado la gran comisión, y toda autoridad me ha sido dada." Esas son las garantías.

Y cuando vayáis, haced discípulos. La encomienda no es hacer convertidos. Hoy en día nosotros predicamos el Evangelio, hacemos una campaña evangelística, veinticinco se convierten, nos ufanamos de eso y creemos que hemos llevado a cabo la gran comisión. En ningún momento la gran comisión es ir y hacer conversos; es ir y hacer discípulos. Un discípulo, en el contexto hebreo en que esto se está dando, es más bien como un aprendiz, alguien que viene a un taller de un carpintero, lo observa, trabaja con él y hace luego trabajo de carpintería exactamente como él. Cristo está diciendo: id y formad individuos de tal manera que cuando otros los vean, quede claramente evidenciado que esos son seguidores de Jesús. No haya que preguntarse: "¿Y será verdad que esta gente son cristianos?" ¿Y por qué? "Bueno, mira cómo viven." De eso es de lo que está hablando. Un discípulo, en el contexto en que esto está siendo ordenado, tenía otro contexto.

Lucas 6:40 dice que todo discípulo, cuando es entrenado bien, es exactamente como su maestro. ¿Es eso lo que somos? ¿Somos exactamente como el Maestro o no hemos sido entrenados bien? Pero Cristo dijo: "Haced discípulos", de tal manera que los discípulos van a ser el testimonio de lo que esto es. Es como la frase en inglés: "Vamos a hacer los testigos de esto, la evidencia". Mira, la Palabra dice tal o cual cosa. ¿Tú sabes cómo lo dice? Míralo ahí. ¿En esa comunidad así es, o lo es, o no lo es posible? Entonces, eso es cierto: tenemos que enseñar todo el consejo de Dios.

Próxima pregunta: ¿Cómo? ¿Cómo lo formamos? Ya sabemos qué vamos a hacer, vamos a ir. ¿Qué es lo que vamos a hacer? Hacer discípulos. ¿Cómo yo voy a hacer eso? Y está: bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Yo no creo que la intención del texto es decirnos que el bautizo va primero que la enseñanza, o que la enseñanza va después del bautizo. Yo no creo que es la intención. Yo creo que la intención del texto es más bien ayudarnos a entender que un verdadero discípulo tiene dos características.

Número uno, él ha aprendido a obedecer: "Enseñándoles a obedecer todo lo que os he mandado". Si toda autoridad me ha sido dada y eso es absoluto, así debe ser su obediencia. Toda enseñanza: enséñale a obedecer todo. Toda autoridad, toda enseñanza.

Y número dos, no se entiende, es inconcebible a la luz del Nuevo Testamento que una persona que haya creído, que dice ser discípulo de Jesús, no quiera públicamente identificarse con el nombre de Jesús vía las aguas del bautismo. Nosotros no creamos ese estándar, Dios lo dio. Para la iglesia primitiva, la ausencia del bautismo público era equivalente a falta de conversión. Yo no estoy diciendo que doctrinalmente es así; simplemente estoy diciendo que era inconcebible en la iglesia primitiva que alguien, verdaderamente discípulo, no hubiese estado bautizado.

¿Por qué? Porque precisamente Cristo nos dice: estas son las marcas del discípulo. Su obediencia, esa es la relación entre discipulado y obediencia. Discipulado es obediencia. Y número dos, el discípulo obediente, primero, no se va a rehusar o debe de ser algo porque eso está en la Palabra. Y segundo, si él murió a sí mismo, ¿cómo va a insistir en que no hay necesidad de bautizarse, cuando eso es algo que es de su propia opinión? O ya él murió a sus opiniones.

Y ese es el cómo. Tú le vas a enseñar, y una vez que lo aprenda, va a haber una evidencia pública de lo que ha ocurrido en su vida. Él está dando testimonio público al bajar a las aguas del bautismo de que su vida vieja quedó atrás, y cuando él sube, de que él tiene una vida nueva. Pero muchas veces queda tanto en nosotros de la vida vieja que no queremos ir a las aguas del bautismo, porque luego otros van a ver cuánto ha quedado de mi vida vieja y van a decir: "Ah, prometió lo que en las aguas del bautismo muriendo, y mira todo lo que hay de la vida vieja". Bueno, el problema no es la discrepancia, el problema es si soy o no soy. Y verdaderamente no debe ir quedando mucho de esa vida vieja; debe ir muriendo. Eso es lo que Pablo dice: "Todo lo que para mí era ganancia lo llegué a considerar basura por el beneficio de conocer a Cristo".

Y lo bautizas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Nota cómo dice; no dice: "Los bautizas en los nombres del Padre y del Hijo y del Espíritu". No, porque no son tres nombres. Es un nombre representado de tres maneras diferentes. Son tres personas, un solo Dios, un solo nombre. Lo bautizas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu, y es el mismo nombre porque es un solo Dios. La Trinidad representada en mi conversión y en el bautismo, porque la Trinidad ha estado involucrada por completo en lo que yo soy y en mi redención.

Ya sabemos cómo lo vamos a formar: le vamos a enseñar a obedecer todo lo que Cristo enseñó, y luego le vamos a enseñar a identificarse públicamente con Cristo vía las aguas del bautismo. Y el rehusar a eso es una evidencia de que quizás el discipulado no se ha dado. Vergüenza no era motivo, temor no era motivo, y orgullo mucho menos. Hay una sola razón para rehusar el bautismo: la falta de conversión. No habría otra razón a la luz de la Biblia.

Número cinco: ¿dónde debemos ir? Bueno, Cristo dijo en este texto: ¿a dónde? A todo el mundo, a todas las naciones. A todas las naciones, porque Cristo está interesado en que todas las naciones sean bendecidas, y no hay manera de que su bendición pueda llegar a todas las naciones si las naciones no vienen a sus pies. Desde el Antiguo Testamento, Cristo le dijo a Abraham: "En ti serán benditas todas las naciones de la tierra".

En esas regiones no alcanzadas, donde hay 2.8 billones de personas, 2.8 billones de personas en regiones no alcanzadas, lamentablemente el señorío de Cristo no es conocido, y lamentablemente las bendiciones de Cristo de manera especial para su pueblo no están siendo recibidas. El proyecto evangelístico, la obra misionera, lo que Mateo 28 anuncia, es la manera como Cristo pretende traer las naciones bajo su señorío. Es la manera como Cristo pretende traer sus bendiciones a las naciones. Es la forma como Cristo se propone destruir los ídolos y los dioses paganos de aquellas naciones que los mantienen esclavizados o las mantienen esclavizadas. Es la manera como Cristo se propone bajar todos los índices de criminalidad de las naciones, cristianizando las naciones. Es la forma de traer gozo a las naciones.

Cantábamos: "Se oye un canto entre las naciones". Ese es el canto de gozo de aquellos que han conocido a Cristo. En la región no alcanzada ese canto no se da, no hay razón para ese gozo. Esta es la razón de traer el gozo a la nación. Es la razón de salvarlos de las llamas del infierno. Estamos de acuerdo, pero no es simplemente el beneficio de la salvación; no se da solamente en la eternidad, comienza en el presente, de la manera que tuvimos ilustrado.

Pregunta número seis, y tenemos que avanzar: ¿a quién? ¿A quién debiéramos enviar? Bueno, a todo el mundo que ha sido llamado. La diferencia está en que unos han sido llamados para allá lejos, otros han sido llamados para aquí cerca, pero todos hemos sido llamados. Pero alguien tiene que enviarlos. ¿A quién vamos a enviar? Alguien tiene que enviarlos.

Escucha cómo Pablo lo dice claramente en Romanos 10. Voy a comenzar en el versículo 13: "Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo". ¿Cómo pues invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Y el ser enviados: apoyados, soportados, apoyados en oración, apoyados económicamente. Tienen que ser enviados, entrenados para ser enviados, equipados para ser enviados. Alguien tiene que enviarlos. Y eso responde a la pregunta: ¿a quién? ¿A quién vamos a enviar?

Y finalmente, la última pregunta, dejada para el final a propósito: ¿por qué? ¿Por qué vamos a hacer todo esto si Dios eligió a los salvos desde antes de la fundación del mundo, dicho de varias maneras en la Palabra de Dios? ¿Para qué vamos a hacer esto? Hay varias razones y no tengo el tiempo para destacar cada una de ellas, pero te voy a dar dos rápidamente.

En primer lugar, Dios no solamente eligió a aquellos que habían de ser elegidos; y al elegirlos, Él se propone recogerlos como una gallina bajo sus alas. Dios está recogiendo sus elegidos, y Cristo dijo: "El que no recoge conmigo, desparrama". Una razón para ir es porque Él me ha invitado a recoger con Él.

Pero otra razón Pablo nos la da en 2 Corintios 5. Para ir: "Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación". Escucha ahora por qué tenemos que ir: "Por tanto, somos embajadores". No seremos, no seamos: somos. Ahora, yo puedo rehusarme a ser mi trabajo, pero ya yo lo soy. Somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os rogamos: reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él.

Una razón poderosa para ir es que yo soy su embajador, y Dios ruega al mundo a través de mí y de ti: reconciliaos con Dios.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.