No importa cuán sofisticada sea una ciudad o nación, sus habitantes permanecen siendo eminentemente idólatras. Atenas era la cuna de la filosofía, la democracia, las artes y la medicina; sin embargo, cuando Pablo llegó allí, su corazón se enardeció al contemplar una ciudad tan entregada a los ídolos que un visitante de la antigüedad observó que era más fácil encontrar un ídolo que un hombre. Había más de treinta mil ídolos para apenas diez o doce mil habitantes. Pero reflexionando más profundamente, en el corazón de cada ser humano —incluyendo el creyente— hay más de tres ídolos. La diferencia es que los ídolos antiguos estaban hechos de oro y plata, mientras que los modernos están erigidos en el corazón.
Un ídolo es cualquier cosa que desplaza a Dios y captura nuestra mente y emociones más que él. Puede ser el dinero, el sexo, el poder, la carrera profesional, o incluso el ministerio. El pastor Núñez señala que cuando adoramos algo, tomamos su forma: el que ama el dinero se vuelve insensible; el que ama el placer se vuelve hedonista; el que ama el poder se vuelve controlador. Tras la crisis económica de 2008, ejecutivos adinerados se quitaron la vida cuando perdieron aquello en lo que habían depositado su confianza. Cuando el eje alrededor del cual gira nuestra vida se pierde, no queda motivación para seguir viviendo.
La raíz de la idolatría es la falta de confianza en Dios. Fabricamos ídolos para nuestra seguridad, nuestra satisfacción, nuestra identidad, porque no creemos que él sea suficiente. Por eso el salmista repite tres veces: "Confía en el Señor, él es tu ayuda y tu escudo." Fuimos creados por Dios y para Dios, para conocerle, amarle, adorarle y glorificarle. Hasta que no vivamos de esa manera, jamás encontraremos satisfacción verdadera.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
En principio era mi intención poder cubrir el capítulo completo, porque es una sola narración, pero después de haberlo desarrollado de esa manera me di cuenta de lo imposible que era esa tarea. De tal forma que hoy vamos a estar cubriendo solo el versículo 21, y la próxima semana hasta el versículo 34, que es el final. Yo he titulado este mensaje "La idolatría ayer y hoy". Si tú prestas atención al título, te percatas de que yo entiendo, muchos entienden, que la idolatría de ayer es la idolatría de hoy, y que esa idolatría lamentablemente no solamente invade el corazón del incrédulo, lamentablemente invade con frecuencia, o todo el tiempo, el corazón del creyente, como vamos a ver hoy.
Quiero invitarte de nuevo a que busques el versículo 16 de Hechos 17. Déjame introducir el pasaje de una mejor manera, déjame conectarlo con donde estábamos. Nosotros vimos la semana pasada que Pablo había llegado a Berea. Pablo había entrado al continente europeo por Filipos, de ahí se fue a Tesalónica. En Tesalónica hubo un tumulto que los judíos celosos de aquella región produjeron, y entonces de Tesalónica bajó a Berea. Y los bereanos, por así llamarles, ellos fueron más nobles que los de Tesalónica, dice el texto de Lucas, porque ellos recibieron la satisfacción por lo que la satisfacción era: la satisfacción de Dios y no la satisfacción de los hombres.
Los judíos de Tesalónica bajaron a Berea cuando vieron el resultado que la predicación de la satisfacción estaba produciendo, y los hermanos en Berea entonces urgen a Pablo que se vaya. Y ellos le acompañan y lo llevan hasta el puerto, hasta el mar, y entonces Pablo se va a Atenas. Y ellos le acompañaron hasta Atenas, y posiblemente se quedaron allí con él hasta que él estuviera más o menos aclimatado, o quizás hasta que lo introdujeron a alguien que conocían allá, o algún familiar. ¿Es ahí donde dejamos? Mientras tanto, Timoteo y Silas se habían quedado en Berea, y Pablo había dado órdenes de que se unieran a él en Atenas tan pronto ellos pudieran. Entonces, con esa introducción vamos a continuar con Pablo en Atenas mientras él esperaba por Timoteo y Silas, y ahí sí es donde estamos, el versículo 16.
Mientras Pablo esperaba en Atenas, esperaba por quién, por Timoteo y Silas. Su espíritu se enardecía dentro de él al contemplar la ciudad llena de ídolos. Así que discutía en la sinagoga con los judíos y con los gentiles temerosos de Dios, y diariamente en la plaza con los que estuvieran presentes. También disputaban con él algunos de los filósofos epicúreos y estoicos. Y algunos decían: "¿Qué quiere decir este palabrero?" Y otros: "Parece ser un predicador de divinidades extrañas", porque les predicaba a Jesús y la resurrección. Lo tomaron y lo llevaron al Areópago diciendo: "¿Podemos saber qué es esta nueva enseñanza que proclamas? Porque te oímos decir cosas extrañas, por tanto queremos saber qué significa". Pues todos los atenienses y los extranjeros de visita allí no pasaban el tiempo en otra cosa sino en decir o en oír algo nuevo.
El texto que acabamos de leer, yo creo que revela algunas verdades de la espiritualidad del ser humano. La descripción que Pablo hace, lo primero que tú descubres es que no importa cuán sofisticada sea una ciudad o una nación, sus habitantes son eminentemente idólatras. Eso fue cierto ayer, eso sigue siendo cierto en el día de hoy. Realmente lo que cambia son los nombres de los ídolos. El corazón humano no ha cambiado, lo que fabrica ídolos en el corazón del hombre no ha cambiado, solamente los nombres de dichos ídolos.
Déjame hablar un poquito de Atenas para que tú puedas ver que no importa cuán sofisticada una ciudad haya podido ser, sus habitantes siguen siendo idólatras. Atenas era considerada en el siglo quinto antes de Cristo como el centro de la civilización, de una manera similar a como Oxford fue considerada de la misma forma en el siglo XIX para lo que era el mundo occidental. Esta era la cuarta ciudad que Pablo visitaba en Europa, ya lo mencioné: Filipos, Tesalónica, Berea y Atenas. Esa fue la estrategia de Pablo, como habíamos mencionado antes: visitar y evangelizar las grandes ciudades y que ellas se encargaran de hacer el resto del trabajo.
El quinto siglo, como mencioné, fue el siglo de oro de Atenas. Esta fue la época de Sócrates y luego de Platón, y el siglo siguiente de Aristóteles. Aristóteles fue pupilo o discípulo de Platón. Platón fue discípulo de Sócrates. De los tres, Aristóteles probablemente fue el más aventajado de ellos. De hecho, algunos consideran que toda la filosofía que se ha escrito desde entonces no ha sido más que un pie de página a lo que Aristóteles enseñó y escribió, y eso es un gran halago para este hombre como filósofo. De manera que Atenas es como la cuna de la filosofía.
Esta fue la época de oro, fue una época de la literatura, fue una época de la filosofía que ya mencioné, fue la época que vio el nacimiento, el desarrollo de nuevas formas clásicas de la escultura que perduró, que influenció tanto que perduró hasta la época de Miguel Ángel. Tú puedes ver hasta dónde llegó el desarrollo de esta ciudad. De hecho, Atenas fue la primera democracia de la historia del hombre. La democracia nació en Atenas. Es por eso que Atenas ha sido considerada, sobre todo en esa época de oro, como la cuna o el centro de, no solamente el centro cultural, sino el centro intelectual de toda esa época. Fue la cuna de la democracia, de la música, la ética, el teatro y aún de la medicina. Su renombre precisamente fue alcanzado por el desarrollo en todas estas áreas: desarrollo político, desarrollo filosófico, desarrollo en las artes, desarrollo en múltiples áreas.
Sin embargo, Atenas, a pesar de ser tan sofisticada, era una ciudad tan idólatra que provocó a Pablo, como vamos a ver en un momento. Y él ya había estado en ciudades también idólatras. Yo decía que no importa cuán sofisticada una nación es, sus habitantes permanecen siendo eminentemente idólatras. Y lo mismo tú puedes decir de Japón hoy en día, una nación altamente tecnológicamente desarrollada, y sin embargo, yo no he estado, pero he leído acerca de la idolatría de Japón. Tú puedes observar una especie de altar, como le dicen en inglés "shrine", en su idioma tiene otro nombre, pero pudiera ser como una especie de altar, muchas veces aún a la orilla de muchas de las carreteras.
De manera que lo primero que nosotros podemos ver es que independientemente de lo sofisticado que una nación pudiera llegar a ser, todavía el corazón de sus habitantes permanece lleno de ídolos. Y lamentablemente en el reino de Dios, aquí en la tierra, el corazón de los hijos de Dios permanece lleno de ídolos, como nosotros vamos a ver en un momento.
En segundo lugar, yo quisiera mencionar que para el hombre de Dios, el hombre que conoce verdaderamente a ese Dios, contemplar la idolatría del hombre le pesa, muchas veces le provoca por la esclavitud que los ídolos traen a lo que es la vida del hombre. Pablo no estaba en Atenas haciendo turismo, como muchos hoy van. Pablo estaba allí para evangelizar. Estaba esperando a Timoteo y a Silas, pero mientras esperaba por ellos comenzó a caminar, a conocer la ciudad, buscando también una oportunidad para presentar al Dios verdadero, algo que vamos a ver un poco en el día de hoy y más completamente la semana que viene.
Mientras él hacía eso, mientras él observaba, él dice en el texto, el corazón de Pablo se enardecía. La palabra pudiera ser traducida como una provocación, su corazón fue provocado. En el original la palabra es "paroxismo", que aquellos que son médicos y que están aquí pudieran fácilmente identificar, porque nosotros hablamos de una tos paroxística, una tos que viene de repente y que tú no puedes controlar. Nosotros hablamos también de arritmias paroxísticas, que vienen de repente también y que pueden poner en peligro la vida del paciente. De esa misma forma, entonces, el corazón de Pablo es provocado repentinamente. Pablo se siente como que aquí hay algo que no está bien, aquí hay algo que anda mal, aquí hay un vacío producido por estos ídolos y una esclavitud al mismo tiempo.
Hasta el punto que en el texto leemos, dice, que la ciudad estaba entregada a los ídolos. No es que había idólatras que tú encontrabas con cierta frecuencia, no, es que la ciudad entera estaba entregada a lo que eran estas prácticas idolátricas. De hecho, uno de los visitantes de la antigüedad que pasó por Atenas 50 años después de Pablo decía que era más fácil encontrar en Atenas un ídolo que a un hombre en las calles. Leí eso de varias fuentes. En principio pensé, bueno, eso es cierto hiperbólicamente hablando, pero luego me percaté de que no, de que Atenas apenas tenía 10 o 12 mil habitantes para esa época, la ciudad había sido ya tomada, y que había no menos de 30 mil ídolos en la ciudad. Tres ídolos por persona.
Sin embargo, reflexionando todavía un poco más detalladamente, en el corazón de cada ser humano, incluyendo el creyente, hay más de tres ídolos. Y yo creo que eso es más triste que pensar en el corazón del incrédulo. La diferencia está en que estos ídolos primitivos estaban hechos de oro, de plata, en figuras, pero los ídolos del hombre sofisticado, del hombre moderno, están erigidos en su corazón.
Pensar que el cristiano es capaz de hacer eso cuando al mismo tiempo tiene un salmista que le dice en el Salmo 115 que nuestro Dios está en los cielos y que Él hace lo que le place, sin que nadie le pueda cuestionar y le pueda preguntar acerca de lo que Él ha hecho. Los ídolos de los atenienses fueron creados por manos humanas. Es ilógico pensar que el hombre puede crear con su mano lo mismo que al rato él va a estar adorando. Él crea una figura y luego él se postra y adora la figura que él creó. Él es superior a su creación, pero él adora lo que él termina de crear.
Los ídolos no tienen vida, no tienen existencia. Por eso Agustín decía que aún los muertos son superiores a los ídolos, porque por lo menos alguna vez los muertos tuvieron vida, pero que los ídolos nunca la tuvieron y nunca la tendrán.
La nación era tan idolátrica que dice el texto 21 que Pablo iba pasando y mirando vuestros santuarios, y halló también allí un altar en el cual estaba esta inscripción: "Al Dios no conocido." ¡Wow! En otras palabras, Pablo entendió, o mejor dicho, estos atenienses entendieron que, a pesar de la cantidad enorme de ídolos que ellos habían erigido, probablemente existía un Dios ahí desconocido al que ellos no estaban adorando. Y para evitar meterse en problemas con ese Dios, ellos le erigieron un altar. Adelante, Pablo les dice: "De ese Dios desconocido es que yo quiero hablarles."
En la sociedad de hoy nosotros encontramos ídolos similares a los ídolos de aquella época. En su comentario, hablando de cómo reaccionaría Pablo hoy en día si se paseara por algunos de nuestros lugares, él especula que quizás Pablo, paseando por alguna de nuestras universidades, sobre todo pensando en Estados Unidos que es donde él reside, podría decir algo como esto: "Hombres y mujeres de la universidad, yo veo que de todas formas ustedes son personas muy religiosas. Mientras caminé alrededor de la universidad, observé cuidadosamente sus objetos de adoración. Vi un altar llamado la cancha, donde muchos de ustedes adoran al dios de los deportes. Yo vi el edificio de ciencias, donde muchos colocan su fe para la salvación de la humanidad. Me encontré con un altar dedicado a las artes, donde las expresiones artísticas y ejecuciones parecen reinar de manera suprema sin responder a ningún poder superior."
"Yo caminé entre sus pasillos de la residencia universitaria donde los estudiantes duermen. Yo observé sus diosas sexuales, sus pósters y sus pirámides de latas de cervezas vacías. Todavía caminé con alguno de ustedes y vi el vacío en sus ojos y sentí el dolor de sus corazones. Todavía percibí que en sus corazones existe otro altar, un altar al Dios desconocido que ustedes sospechan pudiera estar ahí. Ustedes tienen un sentido de que hay algo más que estos dioses humanistas y de autoindulgencia. Lo que ustedes anhelan y llaman el Dios desconocido es lo que yo deseo declararles ahora."
Las universidades son nuestros centros de adoración, algunos de los centros de adoración. Sobre todo si pensamos en Harvard, Yale y Oxford. Es allí donde nosotros queremos enviar a nuestros hijos; es allí donde nuestros hijos regresan ateos muchas veces, habiendo llegado allí creyendo, llegan acá no creyendo nunca más. Es en esos centros donde, por medio del instrumento que llamamos la educación, el dios éxito, el dios fama y el dios buen nombre es adorado, y muchos sacrifican su vida en aras de esos dioses. Todavía otros señalan que por siempre los tres dioses o ídolos principales son el dinero, el sexo y el poder. El dinero, el sexo y el poder.
Lamentablemente, se nos recuerda en el Salmo 115 que cuando tú adoras algo, tú tomas la forma de eso que tú adoras. El salmista dice que el pueblo de Israel llegó a confeccionar ídolos con ojos que no ven, oídos que no oyen, labios que no hablan, nariz que no huele, pies y no caminan. E inmediatamente después dice: "Se volverán como ellos todos los que los adoran." Posteriormente, Dios denuncia que el pueblo de Israel, lo hizo a través de Isaías y luego lo volvió a hacer a través de los labios de Jesús, que el pueblo de Israel llegó a tener ojos que no veían, oídos que no entendían, labios que no podían hablar la verdad. Y tú puedes ver que el pueblo se convirtió, tomó la forma de sus ídolos.
El que ama el dinero toma la forma materialista del dinero, se vuelve insensible a las necesidades del otro. Hace uso de las cosas materiales y disfruta del uso que hace de ellas por encima del servicio que él puede prestar a aquellos que portan la imagen de Dios. El que ama el dinero frecuentemente lo gasta en sus propios placeres, pero le duele cuando da a otro y se desespera cuando lo pierde.
Tim Keller, en su libro "Counterfeit Gods" (Dioses falsos), comienza el libro diciendo lo siguiente: "Después de que empezase la crisis económica mundial a mediados del 2008, se produjo una trágica serie de suicidios de personas que anteriormente habían sido adineradas y tenían amplios contactos. El director financiero de Freddie Mac, de la Federal Home Loan Mortgage Corporation, se ahorcó en su sótano. El director general de Sheldon Good, una compañía de subastas inmobiliarias de Estados Unidos, se pegó un tiro en la cabeza sentado tras el volante de su Jaguar rojo. Un director financiero francés que había invertido el capital de muchas familias reales europeas y otras familias destacadas, y que había perdido 1.400 millones de dólares del dinero de sus clientes debido al fraude de Bernard Madoff, que fue famoso, se cortó las venas y falleció en su despacho de Madison Avenue. Un alto ejecutivo danés que trabajaba para el banco HSBC se ahorcó en el armario de su suite en un hotel de Londres que costaba más de 1.500 libras esterlinas la noche. Cuando un director de Bear Stearns se enteró de que ya no lo iban a contratar en JP Morgan Chase, que había absorbido su compañía en bancarrota, tomó una sobredosis de drogas y saltó del piso 29 del edificio donde estaba su despacho."
Uno se ahorca, el otro se pega un tiro en la cabeza sentado en su Jaguar rojo, el otro se corta las venas, el otro tomó una sobredosis y salta al vacío desde un piso 29. Esta gente se desesperó cuando aquello en lo que ellos habían depositado su confianza, su deseo, su placer, cuando el eje alrededor del cual giraba su vida se perdió, entonces no había motivación para continuar viviendo.
El que ama el sexo toma la forma de ese ídolo, se vuelve hedonista y piensa que merece el placer. Esa es la razón por la que hoy en día, con frecuencia, la imagen pornográfica delante de los ojos de ese hombre casado es la imagen preferida por encima del disfrute de la intimidad con una esposa que le ha sido dada por Dios como ayuda idónea. Porque lo que a él le interesa es ver y disfrutar toda clase de aberrante sexo, aunque sea impersonal y a través de un medio digital.
El que ama el poder se vuelve controlador, y cuando tú amas el control, tú manipulas y mientes y te conviertes en un Maduro en Venezuela, y luego tienes idólatras que les siguen. Tú cambias las leyes, tú cambias las leyes para reelegirte cuantas veces tú quieras. Es un comentario político de esta nación, eso es una realidad del mundo. Putin tiene 19 años en el poder. Maduro tiene desde el año 2003, yo creo 2006, en el poder. De manera que nosotros estamos en presencia de ídolos modernos, pero al mismo tiempo son antiguos.
Quizás sea bueno volver a pensar en lo que es un ídolo. Un ídolo es cualquier cosa que desplaza a Dios en mi corazón. Puede ser algo sencillo que no sea pecaminoso en sí, pero que desplaza a Dios en mi corazón y que me absorbe. Si eso recibe el primer lugar de mis emociones y pensamientos, eso es un ídolo. Cualquier cosa que reciba el primer lugar de mis emociones y de mi pensamiento es un ídolo. Cualquier cosa que yo disfrute más, que yo goce más, que yo lea más, con que yo me entretenga más, cualquier cosa que yo desee más, cualquier cosa con lo que yo pase más tiempo que lo que es mi pensamiento en Dios, es un ídolo.
Eso puede ser mi negocio, un ser querido, o aun mi servicio para Cristo. Aun mi servicio para Cristo puede ser un ídolo. Mi pasión, mi amor por el ministerio, por predicar, por la IBI, por Integridad y Sabiduría, no debe ser mi primer amor. Mi primer amor es Dios, y Dios y el ministerio no son la misma cosa. El ministerio es cómo yo le sirvo a mi Dios.
Déjame ponértelo en las palabras de otro autor: un ídolo es cualquier cosa, cualquier persona, que comienza a capturar la atención de nuestra mente, de nuestro corazón y de nuestras emociones más que Dios mismo. Cualquier cosa que comienza a capturar la atención de mi mente y de mi emoción, de mi corazón, más que Dios, eso es un ídolo. Piensa en la semana, cuánto tiempo pasa tu mente pensando mientras trabajas, mientras te diviertes, mientras vas a lo que quieras hacer, pensando en que esas cosas deben servirle a Dios y no a ti o a mí.
Si le preguntas a Pablo en Romanos 1, él definió la idolatría como el sustituto o el cambio de la verdad de Dios por la mentira. De manera que cada vez que hemos mentido, detrás de la mentira hay un ídolo, no importa si eres incrédulo o si eres creyente. Nosotros nos creemos las mentiras que fabricamos porque nos conviene, y luego, cuando nos creemos las mentiras que fabricamos, dejan de ser mentiras y han pasado a ser verdad para nosotros.
Déjame mencionarte algunas de las mentiras que nosotros hemos abrazado. Nosotros como cristianos estoy hablando. El pueblo de Dios ha abrazado, porque lo entendería cuando el incrédulo abraza, pero que el pueblo de Dios ha abrazado y que han reemplazado verdades que Dios ha revelado. Déjame mencionarte dos o tres.
Dios ha dicho de múltiples maneras que Él es tu seguridad. Esa es la verdad: "Yo soy tu escudo por delante y por detrás." Cada vez que el cristiano, conociendo esa verdad, termina creyendo que él necesita para sentirse seguro cuentas de bancos, un patrimonio que ha acumulado, o propiedades, o un carro con cierta ingeniería de construcción que es más seguro que otros carros de menor cuantía, tú estás revelando tus ídolos. Porque cuando piensas de esa manera, has hecho de Dios un Dios elitista que puede darle seguridad a aquellos que tienen los ingresos para comprarse carros de ese tipo de ingeniería de construcción, pero que aquellos que no tienen esa capacidad viven en peligro mucho mayor porque ellos no han podido construirse un ídolo que les dé protección. Eso es una mentira que ha reemplazado a la verdad de Dios. Cuando tú piensas que necesitas una comunidad X para sentirte seguro, eso es un ídolo del corazón, porque cada una de esas cosas ha reemplazado la verdad que Dios ha establecido de que Él es mi seguridad.
El hermano, no hay nada que tú puedas hacer para prolongar tu vida. Escucha lo que dice Cristo de una manera súper clara: "¿Quién de vosotros, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida?" ¿Quién de vosotros, por vivir en una comunidad segura, por tener un carro de tal tipo, por tener un seguro, una póliza de seguro de qué tipo, quién de ustedes puede añadir tan sólo una hora a su vida? Todos los días que me fueron dados han sido contados en la palma de mi Dios; en Él vivo, me muevo y existo.
Tú puedes ver que nosotros fabricamos ídolos. Dios ha dicho: "Yo soy tu satisfacción." Cada vez que yo pienso que para estar satisfecho necesito un desarrollo X de mi carrera profesional, o que yo necesito disfrutar de ciertos placeres, o que yo necesito viajar y conocer mucho, y ahí está tu satisfacción, tú has revelado un ídolo. Pastor, entonces, ¿malo viajar? No. Mi esposa y yo hemos tenido la oportunidad de viajar y de conocer; yo disfruto enormemente la naturaleza. Pero mi satisfacción no está ahí. Cuando yo escucho en ocasiones personas decir: "Antes que yo me muera, yo quisiera visitar, no sé, los Himalayas, o el monte tal, o el Gran Cañón del Colorado," lo que tú quieras, yo digo: la verdad es que tú eres un incrédulo con relación a lo que Dios ha dicho, que ojo no ha visto, ni oído ha oído, lo que Dios ha preparado para nosotros, los que hemos confiado en Él. No es que no vayas a esos lugares, pero no me digas que quieres visitar esos lugares antes que te mueras, como si lo que te espera del otro lado es mucho menor. Tú has perdido la cabeza. Hay ahí incredulidad.
Dios ha dicho que para Él lo más importante es el corazón, que lo más importante es cómo tú luces en el interior. Cada vez que tú le das más importancia a cómo luce tu cuerpo, a las arrugas que se están acumulando, a las canas que comienzan a verse, a las libritas que tienes de más, escúchame, cada vez que le dedicas más tiempo... Esta es la clave: no es que tú no puedas quizás hacer algunas de esas cosas, quizás ni eso, porque acepto el proceso de envejecimiento de este planeta caído. Pero cuando le das más importancia a eso, como frecuentemente ocurre, y semana tras semana te dedicas a cultivar el cuerpo, a cuidar el cuerpo, y no te dedicas a cultivar el corazón, ya me enseñaste tu ídolo.
Por eso múltiples veces, voy a ser cuidadoso ahora, presta atención para que no digas lo que yo no he dicho: los templos más grandes y más frecuentados hoy en día son los gimnasios. Páralo ahí. Hay gente que va a los gimnasios por salud; esos no son a los que me refiero. Pero no me digas que la mayoría de la gente va al gimnasio por salud. Van a desarrollar sus cuerpos. No solamente van a desarrollar sus cuerpos; usan ropas especiales para enseñar sus cuerpos. Y cuando salen de allí, van y visitan ciertos lugares, como me he encontrado muchas veces, para seguir enseñando sus cuerpos. Y como yo decía esta mañana, si mi esposa pensara ir a un gimnasio para desarrollar su cuerpo para enseñárselo a otros hombres, yo le diría como los gringos: no way, no how, no hay manera de que tú puedas hacer eso, jamás, nunca. Ni hoy, que es su día de cumpleaños, puede hacer eso.
Tenemos un corazón idólatra. Nuestros días en Atenas tenían ídolos externos; nosotros tenemos ídolos internos y externos. De hecho, toda la vida el hombre ha tenido ídolos en el corazón, y luego afuera lo que le da forma o despliega lo que estaba dentro. Escucha lo que Ezequiel 14:3 dice: "Hijo de hombre, estos hombres han erigido sus ídolos en su corazón y han puesto delante de su rostro lo que los hace caer en su iniquidad." Los ídolos en su corazón, que muchos no ven, pero que Dios ve.
En tercer lugar, el hombre que conoce al verdadero Dios, cuando ve el vacío del otro, siente la necesidad de tratar de persuadirlo con la verdad. Cuando Pablo visita Atenas, los atenienses estaban vacíos porque ellos estaban descansando en una gloria que ya pasó hace cuatrocientos años. La época de oro de ellos había pasado cuatro siglos atrás. Atenas había tenido una guerra con Esparta por veintiún años y quedó desolada. Muchas de esas cosas se fueron, y lamentablemente de esa misma manera muchos viven hoy en día con ese vacío en su corazón.
Hasta ahí hemos cubierto un versículo, el versículo 16. Pero este punto que estamos tratando de cubrir ahora es que cuando el hombre de Dios ve al otro vacío, ve al otro en su perdición, ve al otro esclavizado a sus ídolos, hay algo que lo mueve a querer presentarle al verdadero Dios. Como Pablo dice en su segunda carta a los Corintios en 5:11, cuando él habla y dice: "Por tanto, conociendo el temor del Señor, persuadimos a los hombres." Es lo que Pablo está diciendo: conociendo que hay un juicio final, conociendo que el hombre sin Cristo está perdido, conociendo que el hombre sin la presentación del satisfacción Evangelio va a una eternidad de condenación, conociendo el poder del Evangelio, yo hago algo, yo me muevo, yo voy, presento lo que es la verdad del verdadero Dios, tratando de llenar de significado, propósito y sentido la vida de estos hombres y mujeres.
En este caso, en Atenas, Pablo es provocado. Él ve su vacío, la necesidad de que conozcan al Dios verdadero. Y él dice en el versículo 17, o Lucas dice: "Así que Pablo discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían." Pablo discutía, debatía, Pablo se enfrascaba en esta apologética por la verdad. Y no solamente lo hacía en la sinagoga; lo hacía también en la plaza. En la sinagoga iba a hablar con los judíos, y allí iba a tratar de presentarles a Cristo como el Mesías prometido en quien se cumplían todas las promesas. Y en la plaza, aquí va a encontrar hombres inconversos, incrédulos, que no conocían nada del Antiguo Testamento.
La palabra traducida como "plaza," y en algunas traducciones del inglés es marketplace, por eso que he introducido como plaza, adivina cuál es el nombre en el original: ágora. Por eso nosotros tenemos un mall, un centro comercial que se llama Ágora, pero le decimos Agora. Imagínate que Pablo fuera al food court de Agora. Te encontrabas con un Pablo ahí que está predicando, tratando de traerle entendimiento a la gente que está ahí comiendo domingo tras domingo. Aquí Pablo, al igual que en otras ciudades, se fue a las sinagogas; al igual que en otras ciudades, se fue a la plaza donde podía encontrar gente que no creía. Pablo fue a los lugares religiosos y fue a los lugares no religiosos, porque él sabía la necesidad que el hombre tenía. Conociendo el temor del Señor, persuadimos a los hombres.
En cuarto lugar, notemos que Pablo, o Dios mejor dicho, preparó a Pablo para presentar defensa de la esperanza que había en él en cualquier momento. Llega a la plaza pública, y en la plaza pública se encuentra con filósofos epicúreos y estoicos. De manera que esta gente le va a presentar a Pablo argumentos, va a debatir con él, le va a presentar argumentos contrarios a lo que él está trayendo.
Hablemos un poquito de quiénes eran estas gentes. Los epicúreos, por un lado, creían en el máximo placer y creían en que tú debías, de igual manera, evitar al máximo el dolor. Era como un balance en su mente: máximo placer con evitar al máximo el dolor. Esta gente eran materialistas; no tenían ninguna preocupación por el más allá porque no creían en otra cosa que no fuera el aquí y el ahora.
Yo creo que en nuestra cultura hay una forma blanda de ese epicureísmo y hay una forma extrema de ese epicureísmo. La forma blanda dice algo como esto: "Oye, cualquier cosa que sea difícil, evítala." Y así tú vas a una oficina pública, vas a la oficina de ministerios y presentas una idea, la persona te dice: "Ah, eso es mucho trabajo, eso es muy difícil." Tú no has olvidado eso, tú no has dicho eso. Si tú hubieses venido aquí ayer, este salón estaba completamente dispuesto con múltiples mesas y sillas. Tú no hubieses pensado que iba a lucir como lució, y eso dio trabajo montarlo y dio trabajo desmontarlo. Pero tú sabes que cuando tú tienes un grupo de hombres y mujeres que se juntan con un solo propósito... Yo tengo entendido que la mayor parte del trabajo de desmontar lo que había aquí ayer, la mayor parte, no todo, la mayor parte, tomó veinte minutos. "Así fue," dijo alguien. Gracias por el testigo que tengo aquí. Veinte minutos.
Hablaba en Estados Unidos de una iglesia donde estuve predicando. Hay un abogado de una firma muy conocida, de la Fundación Lanier, cristiano. Él tiene un curso bíblico los domingos de ochocientas personas; eso es una clase dominical. El curso se lleva a cabo en una cancha de básquetbol. A las cinco de la mañana viene un equipo y cubre el tabloncillo con alfombras, esos pedazos de alfombras, y ochocientas sillas. Hay que montar. Y cuando termina la clase, otro equipo viene y desmonta las ochocientas sillas y las alfombras. Domingo tras domingo, domingo tras domingo. Las cosas se hacen no porque sean fáciles, sino porque vale la pena hacerlas, porque tienen valor en sí mismas hacerlas.
Esta es la forma blanda. La forma extrema es el hedonismo, que cree que merece el placer; no solamente que te has dedicado al placer, sino que mereces el placer.
El otro grupo de filósofos eran los estoicos, fundados por Zenón. Y Zenón enseñaba a sus discípulos por igual que tú no puedes evitar los males de este mundo, de manera que tienes que soportar los males. Tú aprovechas lo bueno, soportas lo malo, de tal forma que el dolor mismo, bueno, es algo que tú tenías que soportar. Ellos no creían que el universo había sido creado, sino que el universo era eterno y que existía una fuerza llamada Logos, les suena familiar, que organizó el universo. De manera que cuando Juan escriba en el capítulo uno: "En el principio era el Logos, y el Logos era con Dios, y el Logos era Dios," muchos entienden que Juan les estaba hablando a los estoicos de su tiempo diciendo: ese Logos impersonal de ustedes no es impersonal; es una Persona. Y Él se encarnó, y vino, y tuvo un nombre, y su nombre es Jesús. Es el Logos que ustedes desconocen.
En quinto lugar, el hombre no solo es indiferente a Dios, no solamente tiene una proclividad o una inclinación hacia la creación de ídolos, sino que frecuentemente odia a Dios. Él quizás no usa esa palabra, pero la manera como tú lo ves es cuando alguien te dice: "No me vengas tú a hablar de religión." "Si quieres hablarme de política, podemos hablar toda la noche, aunque yo no sé para nada de eso." "Si quieres hablarme de deportes, me puedes hablar todo lo que tú quieras: de basquetbol, de pelota, de fútbol, de todo lo demás. De Dios no me hables."
Cuando Pablo presenta sus ideas, habla de Dios, hay dos reacciones. Uno dice: "¿Qué querrá decir este palabrero?" Y el otro grupo decía: "Es un predicador de nuevos dioses", porque les predicaba el evangelio de Jesús y la resurrección. De manera que en la plaza Pablo logró hacer eso, en el Areópago ni siquiera pudo presentar el evangelio porque lo interrumpieron antes de terminar. La palabra traducida como "palabrero" en el original inicialmente hacía alusión como a una ave que estaba recogiendo semillas con su pico, pero eventualmente llegó a significar a alguien que vivía recogiendo como pedacitos de información aquí y allí que alguien le pasaba, y que entonces, sin entenderlas bien, las pasaba a otros. De manera que ya le están diciendo: "Este Pablo oyó una cosita aquí, una cosita allí, recogió una serie de información acerca de esta cosa de la que habla, y ahora la está pasando, y él mismo ni la entiende."
Y el otro grupo decía que estos son dioses nuevos, está hablando de una resurrección. De esas cosas que Pablo hablaba, la que más chocó fue el concepto de la resurrección. "¿Para qué vamos a resucitar un cuerpo?" Si esta gente creía en esencia que el cuerpo era como una cárcel dentro de la cual estaba el alma, entonces, ¿para qué vamos a resucitar la cárcel otra vez? Imagínate los epicúreos, que creían en el placer máximo y evitar el dolor al máximo, qué oían acerca de un Jesús Mesías Salvador que vino y fue lacerado, fue azotado y eventualmente clavado. "¿Y tú me dices que ese Mesías clavado ahí en una cruz es que me puede salvar? Estás loco, Pablo." Imagínate los estoicos, que pensaban que el universo era eterno y que esta fuerza impersonal fue la que lo organizó, y Pablo viene a hablarles de un Dios creador, como veremos el próximo domingo, y de un Dios que se encarnó.
De la plaza pública entonces lo invitaron, lo llevaron al Areópago. Versículo 19: "Y tomándole, lo trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podríamos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas? Pues traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos, pues, saber qué quiere decir esto." Escucha: "Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo."
Pablo fue traído al Areópago, donde a veces se ventilaban casos para ser juzgados. Ahí es que, en el Areópago, fue que fue juzgado Sócrates y forzado a tomar ese veneno que lo llevó a la muerte. Entonces allí muchas veces se juzgaban casos de ética, de religión, de educación; allí se reunía el cuerpo que juzgaba en Atenas, por así decirlo, de oficiales. Pero a veces se invitaba gente a disertar sobre algunos temas, y quizás Pablo estuvo ahí más bien como disertando sobre las cosas que él creía, porque al final nadie lo juzgó y nadie lo sentenció, lo dejaron. Pero notaste que estos atenienses realmente no tenían un verdadero interés en aprender, sino que se pasaban la vida oyendo cosas nuevas y mencionando estas cosas. Más adelante, porque tenían como ese interés, eran unos vagos, no querían ir a trabajar, no les gustaba hacer nada que fuera difícil. Los atenienses tipificaban el corazón idolátrico del hombre.
Pero déjame decirte, ¿qué es lo que crean los ídolos en el corazón del hombre aparte del cambio de la verdad de Dios por la mentira? Es la falta de confianza en Dios. Es la falta de confianza en Dios que crea ídolos para mi seguridad. Es la falta de confianza en Dios que busca satisfacción en las cosas de este mundo en vez de encontrarla en Dios.
Esta es la razón por la que el salmista en el Salmo 115, cuando él habla de que "no a nosotros, no a nosotros, que a tu nombre sea dada la gloria", él comienza a denunciar estos ídolos que el pueblo de Israel tenía, como ya les mencioné, con ojos que no ven, oídos que no oyen, labios que no hablan, nariz que no huele, pies que no caminan. Y luego él avanza en el salmo. Él sabe que estos ídolos han sido creados por falta de confianza en el Dios que se le ha revelado, y él dice entonces en los versículos 9, 10 y 11: "Oh Israel, confía en el Señor; Él es tu ayuda y tu escudo. Oh casa de Aarón, confiad en el Señor; Él es vuestra ayuda y vuestro escudo. Los que teméis al Señor, confiad en el Señor; Él es vuestra ayuda y vuestro escudo." Tres veces en tres versículos, en el contexto de la idolatría, el salmista le dice, Dios le dice a través del salmista: confiad, confiad, confiad, yo soy vuestra ayuda y vuestro escudo. Tú fabricas ídolos porque no confías en mí, porque quieres construir tu propia vida, porque quieres proteger a tus hijos de una manera como si yo no los fuera a proteger.
El corazón forma el ídolo, pero no lo satisface. Como no lo satisface, cuando destruye uno, construye el otro. Ahora, ¿por qué el ídolo no satisface? El ídolo no satisface porque tú fuiste creado por Dios y para Dios. Escucha cómo Dios lo dice claramente en Isaías 43:7: "A todo el que es llamado por mi nombre y a quien he creado para mi gloria, a quien he formado y a quien he hecho." No solamente que fuiste creado para Dios, tú fuiste creado para glorificar a Dios.
Escucha esto que Dios dice: tú no tienes ninguna razón para trabajar que no sea glorificar a Dios. Tú no tienes ninguna razón para tener hijos que no sea glorificar a Dios. Tú no tienes ninguna razón para educarte que no sea glorificar a Dios. Tú no tienes ninguna razón para hacer dinero que no sea glorificar a Dios con tu dinero. Tú no tienes ninguna razón para respirar que no sea glorificar a Dios. Para eso te crearon. Hasta que no vivas de esa manera, jamás podrás encontrar satisfacción en este mundo. Ni gozo, ni plenitud, ni propósito, ni sentido, ni significado. Es cuando vives para la gloria de Dios que tú encuentras todas y cada una de esas cosas.
Tú fuiste creado para conocer a Dios. Tú fuiste creado para, habiéndole conocido, amar a Dios. Tú fuiste creado para que, habiéndole amado, entonces pudieras adorar a Dios. Tú fuiste creado para que, habiéndole conocido, amado y adorado, pudieras glorificar a tu Dios. Hasta que tú no comprendas eso y no vivas de esa manera, jamás podrás encontrar satisfacción de este lado de la gloria. Es más, no podrás tener una vida plena a menos que eso esté entendido: que el que quiera gloriarse, que no se gloríe, ¿en qué cosa?, el sabio en su sabiduría, que no se gloríe el poderoso en su poder o el rico en su riqueza. Entonces, ¿en qué te vas a gloriar? En que me entiendes y me conoces.
Ah, entonces nuestro Dios no es elitista. No, porque no importa cuál sea tu estatus social, tú puedes entenderle y conocerle. No importa cuál sea tu nivel de ingresos, tú puedes conocerle y entenderle. No importa quién tú seas y dónde vivas, Dios te puede dar seguridad aun si estás en medio de la cárcel, el lugar más inseguro para estar. No importa cuánto tengas, si estás fuera de la voluntad de Dios, es el lugar más inseguro donde el hombre puede estar, no importa cuánto él tenga ni dónde viva, si está fuera de la voluntad de Dios. Y el lugar más seguro es en medio de su voluntad.
La semana que viene yo quiero que veamos, porque Pablo ahora fue traído al Areópago para que les hable, y quiero que veamos entonces la próxima semana cómo Pablo presenta a nuestro Dios: como el Dios creador, el Dios sostenedor, el Dios en el que vivimos, nos movemos y existimos, el Dios que tiene vida propia, el Dios autosuficiente, el Dios que sostiene su creación, y finalmente como el Dios salvador, y por tanto les dice: arrepiéntanse.
Que nosotros podamos ir hoy rumiando sobre estas cosas. Que nosotros podamos recordar que el ídolo no tiene comparación con nuestro Dios. Lo primero que Dios hace cuando comienza a traer a todo este pueblo por el desierto y sacarlo de Egipto es presentarse a Moisés, y lo primero que Dios hace cuando se le presenta es que se le presenta como un Dios santo: "Quítate las sandalias, porque el lugar que estás pisando es tierra santa." Y lo segundo que Dios hace es revelarse a Moisés de esta manera: Moisés le dice: "¿Cuál es tu nombre? Porque cuando vaya ya me van a preguntar, y ¿qué les digo?" Y Él le dice: "Yo soy el que soy." Yo soy el Dios que tiene vida en sí mismo. Yo soy el Dios que no depende de nadie. Yo soy el Dios que depende de sí mismo. Yo soy el Dios que no puede ser alimentado. Yo soy un Dios sin necesidad. Yo soy. Yo vivo un presente eterno. No vivo en el pasado, no vivo en el presente, no vivo en el futuro. Yo vivo fuera del tiempo y del espacio. Es el Dios que vive en los cielos y que hace lo que le place. Su nombre es Yahveh, el Dios de dioses, es el Rey de reyes.