El pecado más antiguo de la humanidad es la idolatría. Si entendemos por idolatría cualquier cosa, pensamiento o persona que desplaza a Dios a un segundo lugar, podemos ver que ya en el jardín del Edén la mentira de Satanás reemplazó la verdad revelada por Dios. Desde entonces, el corazón humano ha sido una máquina fabricadora de ídolos de todos los tamaños y formas, porque los ídolos cumplen una función: llenar necesidades que no hemos permitido que Dios llene en nosotros. A mayor número de temores e inseguridades, mayor el número de ídolos que fabricamos.
En Hechos 14, cuando Pablo sana a un paralítico en Listra, la multitud inmediatamente quiere adorarlos como dioses. Tenían fresca una leyenda sobre Júpiter y Mercurio visitando su ciudad en forma humana. Pablo y Bernabé rasgan sus ropas horrorizados y les gritan que ellos son hombres de la misma naturaleza, señalándoles hacia el Dios vivo que hizo el cielo y la tierra. Pero aun así, apenas podían impedir que les ofrecieran sacrificios. La idolatría del hombre es incurable.
Nuestros ídolos modernos no son estatuas, pero están en el altar del corazón: el dinero, la reputación, la seguridad, incluso el ministerio pueden desplazar a Dios. Y construimos teologías funcionales para justificarlos: llamamos "responsabilidad" a nuestra desconfianza en Dios, y "mayordomía" a nuestra avaricia. La solución está en el primer mandamiento: amar a Dios con todo el corazón, alma, mente y fuerzas. Solo cultivando la visión de un Dios como Él verdaderamente es, nuestros ídolos terminarán pulverizados.
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Pongamos hermanos para vivir en su Palabra.
Yo quisiera hacer una pregunta retórica, y perdona la redundancia. Si alguien viniera a ti y te hiciera la pregunta de cuál es el pecado más antiguo de la humanidad, ¿cuál sería tu respuesta? Es posible que cada uno de nosotros provea una respuesta distinta, pero yo creo con toda convicción que el pecado más antiguo de la humanidad es la idolatría. Si nosotros entendemos por idolatría cualquier cosa, pensamiento o persona que desplaza a Dios a un segundo lugar para confiar en aquello que ha ocupado el primer lugar, si lo pensamos así, tú puedes ver que en el jardín del Edén la mentira que Satanás le vendió a Adán y Eva reemplazó la verdad revelada por Dios previamente. Aquello que la serpiente propuso les fue más confiable a esta primera pareja que lo que le fue la verdad de su Creador. Y allí surgió el primer ídolo.
Y desde entonces nosotros hemos estado fabricando ídolos de todos los tamaños, formas, colores, de todo esplendor y funcionalidad. Hay una funcionalidad en los ídolos, aunque nosotros no la reconozcamos. Los ídolos no nos salen a buscar porque por definición ellos están muertos. Nosotros salimos a buscar los ídolos para llenar una necesidad que no hemos permitido que Dios llene en nosotros. Por tanto, a mayor número de temores, mayor el número de ídolos que yo fabricaré en mi corazón. Mientras mayor sea mi necesidad de la aprobación de los hombres, mayor será la cantidad de ídolos en quien nosotros encontraremos identificación.
Y esa es la razón por la que yo creo que el pasaje de hoy, aunque en otro contexto y de otra manera, tiene mucho que enseñarnos cuando lleguemos a la parte en la que yo quiero enfocarme la mayor parte del tiempo. Pero antes de hacer eso, yo quisiera recordarnos dónde nos quedamos, porque el domingo anterior tuvimos un predicador invitado y entonces como que nos perdemos un poco.
Pablo y Bernabé habían estado en Antioquía de Pisidia, habían estado predicando. Inicialmente la predicación tuvo un efecto, hubo gente que se convirtió, pero eventualmente una oposición de tal manera y de tal grado que al final ellos terminaron sacudiéndose el polvo de los zapatos o de sus sandalias como señal de que el Evangelio había sido predicado y de que ellos lo habían rechazado. Y esa era como una forma clara, evidente, visible, enseñada por Cristo, de decir a la población: les trajimos las buenas nuevas y tú voluntariamente las rechazas. En su momento leímos de Marcos 6:11 cómo Cristo instruyó a los discípulos que Él envió y cómo el Señor Jesús les dijo que en aquellas localidades donde no les recibieran, que al salirse sacudieran el polvo de las sandalias como testimonio contra ellos.
Había estado Pablo y había estado Bernabé en Antioquía de Pisidia, y entonces eso motivó el rechazo final, de tal intensidad que Pablo y Bernabé dijeron: ahora nosotros de aquí en adelante nos volveremos a los gentiles. Y explicamos en esa ocasión que eso no implicaba el hecho de que Pablo jamás volvería a predicarle a los judíos o que Pablo jamás estaría en una sinagoga, pero sin embargo, que habría un énfasis de a partir de ese momento en adelante en alcanzar a los gentiles, lo cual comenzó en ese momento y no ha terminado hasta el día de hoy.
Pero el pasaje de hoy, que vamos a ver, que hoy yo voy a introducir en un momento, es un pasaje que nos deja ver el origen de la idolatría del hombre. Y ese es el título de mi mensaje en esta mañana: La idolatría del hombre.
Si tú abres tu Biblia, o si ya la tienes abierta, y comienzas a leer a partir del capítulo 14 conmigo y versículo 1, yo voy a leer hasta el versículo 7 inicialmente. Yo voy a seguir haciendo a lo largo del libro de los Hechos que voy a caminar a través de la narración de los Hechos. En pasajes narrativos es mucho mejor caminar con el oyente e irla desglosando y aplicando poco a poco en la medida en que se van desarrollando los eventos.
Y esto es lo que el texto dice: "Aconteció que en Iconio entraron juntos en la sinagoga de los judíos y hablaron de tal manera que creyó una gran multitud tanto de judíos como de griegos. Pero los judíos que no creyeron excitaron y llenaron de odio los ánimos de los gentiles contra los hermanos. Con todo, se detuvieron allí mucho tiempo hablando fervientemente o valientemente, confiados en el Señor, que confirmaba la palabra de su gracia, concediendo que se hicieran señales y prodigios por medio de sus manos. Pero la multitud de la ciudad estaba dividida, y unos estaban con los judíos y otros con los apóstoles. Y cuando los gentiles y los judíos con sus gobernadores prepararon un atentado para maltratarlos y apedrearlos, los apóstoles se dieron cuenta de ello y huyeron a las ciudades de Licaonia, Listra, Derbe y sus alrededores. Y allí continuaron anunciando el Evangelio."
Pablo había estado en Antioquía de Pisidia con Bernabé y de ahí se fueron a Iconio. No sé si pudiste notar un patrón que se repite a lo largo de los capítulos del libro de los Hechos. Primero hay una predicación de la Palabra con conversión. Y aquí el texto nos dice que una gran multitud de judíos y de griegos creyeron, no simplemente que algunos creyeron, sino que hubo una gran multitud que creyó. Este es como paso uno. Paso dos, se produce una división. Paso tres, hay una confirmación de parte de Dios en medio de la oposición, muchas veces acompañada de señales y prodigios. Eso va seguido de una persecución, y esa persecución termina en la expansión del Evangelio. Nosotros vimos eso tempranamente en otros pasajes que se dio de la misma manera, y lo veremos otra vez en pasajes futuros. Es como si Dios tuviera un plan que seguía.
En esta ocasión la predicación se está dando en Iconio. Y la palabra fue predicada, dice Lucas, de tal manera, con lo cual nos comunica que la unción del Espíritu de Dios estaba sobre quien predicaba, en este caso el apóstol Pablo. Se predicó con tal fuerza, con tal convicción, que no solamente respondieron algunos, sino una gran multitud, y no solamente una gran multitud de judíos o de gentiles, sino de ambos grupos. La predicación apostólica fue siempre altamente efectiva. De hecho, comenzó el día de Pentecostés con un sermón y tres mil nuevos creyentes. Así de efectiva fue la predicación apostólica.
Pero tenemos que recordar que la predicación de la Palabra no siempre cae en terreno fértil. Dios, Cristo nos enseñó eso en la parábola del sembrador, donde un sembrador salió a sembrar y fue esparciendo la semilla. Y una semilla cayó en terreno fértil, pero otra cayó entre espinos y abrojos, y otra cayó en terreno pedregoso. Y que prontamente, cuando salió el sol, quemó alguna de las semillas. Que en otros casos la Palabra fue recibida, les explicaba Él a los discípulos, con gozo pero temporalmente; que vinieron las tentaciones del mundo y las presiones y las preocupaciones de ese mundo, pues se marchitó el fruto de la semilla que había sido sembrada. Y aun la semilla que cayó en terreno fértil, aun esa semilla produjo diferentes resultados: en unos casos al treinta por uno, al sesenta por uno y al cien por uno. Eso es exactamente lo que nosotros estamos viendo aquí, en este lugar de Listra o de Iconio primero.
El versículo 2 nos dice que hubo un grupo que no creyó, y ese grupo que no creyó comenzó y excitó y llenaron de odio los ánimos de los gentiles contra los hermanos. Y yo mencionaba en el servicio anterior que es increíble ver cuán influenciable es la opinión del ser humano cuando alguien viene y cuenta algo negativamente o condenatoriamente acerca de una persona o de un grupo. Y son muchas veces en cuestión de minutos la opinión cambia, y aquellos que quizás tenían una opinión neutral o favorable comienzan y se agregan a esta opinión condenatoria. Que es lo que está ocurriendo aquí: una buena respuesta inicial, pero unos judíos que no creyeron, y ellos fueron suficientes para inyectar odio a los gentiles que en cierta manera pudieran haber sido neutrales en contra de esta predicación.
Entonces, esto es cómo se va dando. Una predicación con conversión, paso uno. Paso dos, hay una división, una división que se ve más claramente en el versículo 4, cuando se nos dice que la multitud de la ciudad estaba dividida y unos estaban con los judíos y otros estaban con los apóstoles.
La predicación de la Palabra siempre produce división. En un número significativo de los funerales donde a mí me ha tocado predicar, yo he visto cuando al presentar el Evangelio y hablarse de la posibilidad de condenación de parte de aquellos que no han depositado su fe en Cristo Jesús, yo he visto en un número incontable de ocasiones personas frente a mí levantarse y en ese momento salir del lugar. La predicación de la Palabra es como una espada que frecuentemente crea esa división.
Es también interesante ver cómo judíos y gentiles no tenían trato uno con el otro. Los judíos odiaban a los gentiles. De hecho pensaban que Dios había... algunos de ellos, algunos de los rabinos enseñaban que Dios había creado a los gentiles para alimentar el fuego del infierno. Y sin embargo, ahora que ellos tienen como un enemigo común, que en este caso está representado por Pablo y Bernabé, ahora ellos se unen en una trama contra ellos. Exactamente como hicieron en el juicio de Cristo, donde el poder romano que representaba a los gentiles se unió al poder de saduceos y escribas y fariseos, e hicieron una amalgama, por así decirlo, en contra de tu santo Hijo Jesús, nos dice el mismo libro de los Hechos. ¿Dónde en Jerusalén se unieron Pilato y Herodes y los judíos y los gentiles contra tu santo Mesías? Aquí nosotros estamos viendo lo mismo: gente que no se trata entre sí, cuando encuentra un enemigo común, tiende a unirse para batallar de la misma manera.
La oposición estaba ocurriendo y, sin embargo, en el versículo 13 nos dice que tanto Pablo como Bernabé permanecieron allí por un largo tiempo, y que permanecieron allí predicando la palabra valientemente, confiados en Él, en el Señor. Ahí está la clave: esta gente era como no intimidable, porque tenían tal confianza en el Señor que aun en medio de la oposición, en vez de ellos retirarse, en vez de retraerse, lo que hacían era que continuaban predicando la palabra con más valor, con más denuedo.
Y entonces ahora el texto nos dice en el versículo 3 que el Señor confirmaba dicha palabra, la palabra de su gracia, concediéndoles hacer señales y prodigios. Hay algo que marcó la vida de los apóstoles y que pudiéramos hoy poner como en un enunciado: es que un verdadero ministro del Evangelio está dispuesto a sufrir por causa de la predicación de dicho Evangelio, y el sufrimiento que él experimenta no detiene su predicación. Déjame decirles otra vez: un verdadero ministro del Evangelio está dispuesto a sufrir por causa del Evangelio, y el sufrimiento experimentado no impide que él continúe su predicación.
Menciono esto porque el texto nos dice que se produjo odio y división entre la multitud, y sin embargo ellos permanecieron allí por un largo tiempo predicando la palabra bajo la confianza depositada en Dios. Entonces, este es el orden de lo que estamos viendo: hay predicación con evidencia de conversión, hay una división, hay una confirmación de parte de Dios con señales y prodigios. Lo próximo que sigue es una persecución definida en el versículo 5: los gentiles y los judíos con sus gobernantes prepararon un atentado para maltratar y apedrear a los apóstoles. Estaban listos para quitarles la vida simplemente porque predicaban a Jesús.
También es impresionante ver cuán bajo es el respeto por la dignidad de la imagen de Dios en el otro, que gente ha estado dispuesta por dos mil años a quitarle la vida a otra persona simplemente porque cree en Jesús. Simplemente, sin que la persona sea dañina para la sociedad ni sin que la persona tenga ninguna intención de crear una revolución en la sociedad, gente ha sido martirizada por dos mil años simplemente por creer en Jesús. Así de poco valor tiene el ser humano por la imagen de Dios en el hombre.
Y a lo largo del libro de los Hechos vemos entonces que la persecución pasa a ser expansión del Evangelio, porque en este caso, cuando los apóstoles se enteraron de que se estaba preparando una trama para maltratarlos, para apedrearlos, lo que ellos hicieron fue que se fueron a Licaonia, Listra, Derbe y sus alrededores. Y el texto dice que allí continuaron proclamando el Evangelio, de manera que el Evangelio ahora se movió de Iconio a Derbe, a Listra, a Licaonia y regiones aledañas.
Bueno, una de esas regiones donde el Evangelio se predicó fue la ciudad de Listra, y es allí donde ocurre un evento que le da el título a mi mensaje: la idolatría del hombre. Precisamente en Listra. Pero antes de yo leerte qué pasó en Listra, déjame decirte la leyenda detrás de la población donde esto ocurre para que puedas entender su reacción.
Los habitantes de Listra tenían una leyenda que decía que en el pasado los dioses Júpiter y Mercurio, o Hermes —Hermes era el nombre del mismo dios Mercurio dependiendo de la localidad; Júpiter era el mismo dios Zeus en Atenas y para Roma era Júpiter—, de manera que ellos tenían una leyenda que decía que Júpiter y Mercurio habían visitado, habían tomado forma de hombre y habían venido a Listra. Y que esta gente, estos dos dioses convertidos en hombres, visitaron mil casas, y los mil hogares les rechazaron. Pero que finalmente una pareja de ancianos los recibió, y que como consecuencia de eso los dioses convirtieron su casa humilde en un templo, y le dieron al esposo la potestad de ser sacerdote y a la esposa la potestad de ser sacerdotisa. Y que entonces luego partieron, pero no sin antes quemar los mil hogares que los habían rechazado. Tienes que tener esa leyenda detrás para entender lo que vamos a leer en el texto ahora del libro de los Hechos.
Escucha lo que dice el texto a partir del versículo 8: "Y había en Listra un hombre que estaba sentado, imposibilitado de los pies, cojo desde el seno de su madre, y que nunca había andado. Este escuchaba hablar a Pablo, el cual, fijando la mirada en él y viendo que tenía fe para ser sanado, dijo con fuerte voz: ¡Levántate derecho sobre tus pies! Y él dio un salto y anduvo. Cuando la multitud vio lo que Pablo había hecho, alzaron la voz diciendo en el idioma de Licaonia: ¡Los dioses se han hecho semejantes a hombres y han descendido a nosotros! Y llamaban a Bernabé Júpiter, y a Pablo Mercurio." Se supone que Mercurio o Hermes era el dios de la comunicación, y llamaron a Pablo Mercurio porque este era el que dirigía la palabra. "El sacerdote de Júpiter, cuyo templo estaba en las afueras de la ciudad, trajo toros y guirnaldas a las puertas, y quería ofrecer sacrificio juntamente con la multitud."
Pablo está predicando, Pablo se encuentra con un paralítico, Pablo fija la mirada en este hombre que nunca ha caminado, se percata sobrenaturalmente en su posición apostólica, se percata —dice el texto— que él tenía fe para ser sanado. Y con eso Pablo entonces dice a gran voz: "¡Levántate, ponte de pie derecho y anda!" Y este hombre comenzó a andar. Eso hace que la población reaccione, quizás teniendo la leyenda fresca en su mente, e inmediatamente pensaron que Pablo representaba a Mercurio y que Júpiter estaba siendo representado allí por Bernabé.
Quizás la leyenda no la habían podido olvidar. Quizás el miedo, el temor de que algo fuera a caer sobre ellos como juicio, como supuestamente la leyenda decía, pudiera ser una posibilidad en este caso. Pero lo que sí era claro a partir de esa porción de la Escritura es que la idolatría en el hombre es incurable. La idolatría en el hombre es incurable.
Dios envió en el Antiguo Testamento a profetas que trajeron el mensaje de parte de Dios, y luego en el Nuevo Testamento apóstoles que trajeron el mensaje de parte de Dios, y ahora en la iglesia de hoy a pastores y predicadores. Y con frecuencia nosotros vemos a los seguidores idolatrar a los mensajeros y minimizar el mensaje. Idolatrar a los mensajeros y minimizar el mensaje. De ahí la proliferación de tantos profetas y apóstoles hoy en día que son idolatrados por sus congregaciones, mientras que el mensaje que se supone que ellos traen es minimizado.
Dios explica la idolatría en Romanos 1:25 con estas palabras: "Porque cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador, que es bendito por los siglos." ¿Entendiste cómo Pablo, inspirado por Dios, define el origen de la idolatría? Es el cambio de la verdad de Dios por la mentira que origina que la criatura adore a la criatura y no al Creador.
Y si tú piensas en cómo Cristo definió su misión cuando vino a la tierra en Juan 18:37, tú puedes percatarte de que realmente ese es el origen del problema. Escucha cómo Cristo definió su misión. Él pudo haber dicho: "Yo vine a redimir a los pecadores," y eso pudo haber dicho. "Yo vine a libertar a los cautivos," y ciertamente eso fue cierto. Pero en esta ocasión, ya cuando Cristo está a punto de morir, horas antes durante su juicio, Cristo define su misión de otra manera y dice claramente: "Yo he venido a dar testimonio de la verdad." ¿Escuchaste? Cristo, antes de partir, nos dice: el problema de este mundo es un cambio de la verdad de Dios por la mentira, y yo he venido precisamente a esa misión: a dar testimonio de la verdad. "Yo soy el camino, la verdad y la vida." El trueque de la criatura por el Creador tiene su origen justamente en ese cambio.
Alguien definía la idolatría de esta manera y decía: el hombre rehúsa admitir que es una criatura dependiente del Creador, y entonces hace esfuerzos continuos para construir para sí mismo una vida independiente y segura. El hombre no acaba de aceptar que es una criatura dependiente de un Creador. A Adán y Eva les ofrecieron la idea de dejar de ser criatura, llegar a ser como Dios y por tanto independientes, e inmediatamente compraron esa mentira. Y entonces cuando él cree eso, él hace todos los esfuerzos del mundo para vivir de manera independiente, no sometida, y al mismo tiempo para garantizar su seguridad. De manera que la forma como él pretende garantizar su seguridad es a través de la construcción de ídolos que él forma en su mente y coloca en el altar del corazón.
De manera que la inseguridad es una de las motivaciones para la formación de ídolos. A mayor el número de mis inseguridades, mayor el número de mis ídolos. A mayor el número de necesidades, o mientras más grande mi necesidad de la aprobación de los demás, mayor será el número de mis ídolos.
Cuando Pablo y Bernabé se percatan de qué es lo que esta gente está tratando de hacer, ellos tuvieron una reacción violenta. Versículo 14: "Pero cuando lo oyeron, los apóstoles Bernabé y Pablo rasgaron sus ropas y se lanzaron en medio de la multitud gritando y diciendo: ¡Varones! ¿Por qué hacéis estas cosas? Nosotros también somos hombres de igual naturaleza que vosotros, y os anunciamos el Evangelio para que os volváis de estas cosas vanas a un Dios vivo que hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay. El cual en las generaciones pasadas permitió que todas las naciones siguieran sus propios caminos, y sin embargo no dejó de dar testimonio de sí mismo, haciendo bien y dándoos lluvias del cielo y estaciones fructíferas, llenando vuestros corazones de sustento y de alegría."
Hasta ahí llega Pablo. Pero Pablo sabe que esta es una población de gentiles, de paganos. Ellos no conocen nada del Mesías profetizado, ellos no conocen nada del Antiguo Testamento, y ellos no saben nada de las profecías que Cristo vendría a cumplir. Por tanto, Pablo no comienza y no llega ni siquiera hasta la persona de Jesús, porque no lo dejan, lo interrumpieron. Y Pablo se queda en la presentación del Dios Creador, aquel que creó el cielo, la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay.
Pablo quiere que esta gente en til pagana pueda voltear sus ojos de la criatura en que ellos están enfocados y poderlos enfocar en el Creador. Tú sabes que el hombre que nunca ha oído de Cristo, que viene de una jungla, cuando él se condena, él no se condena porque no oyó de Cristo. Si tú lees Romanos uno, tú entiendes por qué él se condena. Él se condena porque él no reconoce al Dios que se reveló en la creación, Romanos 1:18 hasta el 21, y tampoco reconoce al Dios que se le hizo evidente en su interior. Por tanto, dice Dios, habiendo conocido a Dios, no le reconocieron como Dios, ni tampoco le dieron gracias; por tanto, el hombre no tiene excusa. Es de ahí donde Dios entra la condenación de aquel que nunca ha oído de Cristo.
Ahora, si él se va a salvar, él necesita a Cristo, pero si la condenación es lo único que vamos a evaluar, lo que a él lo condena es que él no reconoce al Dios Creador que se ha revelado en la naturaleza y en su interior. Y cambió, Romanos 1:25 ahora, la verdad que él conoce en su interior por la mentira, llevándolo a adorar la criatura en vez del Creador. De nuevo, Pablo no cita el Antiguo Testamento, no cita ningún profeta; él comenzó hablando del Creador, de algo que ellos debían haber reconocido, pero no lo reconocieron.
Y entonces ellos se lanzaron, rasgaron sus ropas. Esa era la forma hebrea o la forma judía de expresar que lo que se ha hecho, se ha dicho, o han visto o han oído, es una blasfemia. Ellos rasgan sus ropas y le dicen: "Hombres, varones, ¿por qué hacen tal cosa? Nosotros somos de la misma naturaleza que ustedes, nosotros no somos más que ustedes." Y aun diciendo esas cosas, del versículo 18, prácticamente no podían impedir que les ofrecieran sacrificio. Y alzados de Júpiter, la ciudad, del templo de Júpiter que estaba fuera de la ciudad, habían venido con toros y guirnaldas para ofrecerse a estos hombres.
La idolatría del hombre, no solamente del hombre primitivo, la idolatría del hombre que está sentado aquí en el día de hoy, es incurable. Calvino lo decía, que el corazón humano es una máquina fabricadora de ídolos, que tan pronto destruye uno comienza a fabricar el otro. A pesar de que Dios ha revelado cuán abominable es la idolatría para Él, los dos primeros mandamientos de la ley de Dios fueron dedicados a prohibir, a evitar la idolatría: no tendrás otros dioses delante de mí. Número dos: no te harás imágenes de nada de lo que está en el cielo o en la tierra. No tendrás otros dioses y tampoco te harás imágenes de ellos.
Sin embargo, el hombre ha preferido poseer ídolos, porque los ídolos son más manejables, los ídolos son más condescendientes al hombre, más influenciables, y yo los puedo llevar a concederme los deseos que yo quisiera. Y como Dios es alguien a quien yo tengo que rendirle cuentas, no me conviene creer en ese Dios.
Yo le daba testimonio a un paciente esta semana que ha rechazado la persona de Cristo, y yo le decía: "Fulano, ¡escucha! Tu problema no es falta de evidencia, tu problema no es falta de conocimiento intelectual, tu problema es moral, porque tú tienes que rendir cuenta a ese Dios que tú conoces y rechazas, pero hay una sola razón por la que lo rechazas: por la cuenta que tienes que rendir." Si Dios bajara hoy y dijera: "Ninguno de ustedes tiene que rendirme ninguna cuenta," todo el mundo creería en ese Dios. Es un Dios conveniente, es un Dios en el que es fácil de creer, pero preferimos el ídolo.
Escucha cómo A.W. Pink define un ídolo: cualquier cosa que desplaza a Dios en mi corazón. Puede ser algo sencillo, que no es pecaminoso en sí, pero que desplaza a Dios en mi corazón y que me absorbe. A mí, para mí, no hay mejor definición. Puede ser un juego de fútbol a las once de la mañana del domingo, de este domingo, que compite con la adoración a nuestro Dios y que hace que muchos dejen de adorar a Dios para adorar a aquellos ídolos que excitan su mente y le producen mucho más deseo y fervor que el Dios de la creación.
En ninguna liga de ningún deporte dice que el domingo fue designado como día de adoración para que su pueblo se congregue. En ningún lugar ni en ningún manual de deporte: "No dejes de congregarte para ver el deporte del domingo, como algunos tienen hábitos de hacer." Un pastor amigo escribió algo en Twitter acerca de eso para el día de hoy, y les puedo asegurar que lo acabaron.
Cualquier cosa que quizás no sea pecaminosa, sino que desplaza a Dios en mi corazón y que me absorbe, si eso recibe el primer lugar de mis emociones y pensamientos, eso se convierte en un ídolo. Eso puede ser mi negocio, un ser querido, o aun mi servicio para Cristo. Un ministerio para Cristo puede constituirse en un ídolo. Es cualquier cosa, cualquier persona que compite con el señorío del Señor en la práctica. Eso es un ídolo.
Ahora, cuando pensamos el concepto moderno de lo que un ídolo es, probablemente no pensemos en una estatua, pero nosotros somos más sofisticados que eso. El ídolo es algo pecaminoso independientemente que sea una piedra, una persona, un artista, el dinero, el placer, el sexo o el poder. Usualmente, cuando la gente escribe libros acerca de ídolos, Tim Keller tiene uno, Richard Foster tiene uno, usualmente lidian con dinero, sexo y poder. Pero la realidad es que nosotros hemos hecho ídolos de múltiples otras cosas que no tienen que ver con ninguna de esas tres.
Eclesiastés 3:11 dice que Dios puso la eternidad en el corazón del hombre. En vez de buscar a Dios, que puso la eternidad en el corazón, prefiere un ídolo que le recuerda que hay algo más allá de este mundo, más allá de lo que ve, pero ese algo que existe es algo que no le va a hacer rendir cuentas al final de la historia. Por eso prefiere buscar a ese ídolo y no al Creador del universo.
La razón por la que Dios nos protege contra los ídolos no es porque Dios se sienta amenazado por ningún ídolo. Los ídolos están muertos, ¿cómo se va a sentir el Dios Creador del cielo y la tierra amenazado por un ídolo? La razón por la que Dios nos protege contra los ídolos es porque los ídolos nos destruyen a nosotros. El ídolo crea una autodestrucción y Dios está tratando de evitar que aquellos por quienes su Hijo murió pudieran ser destruidos por los ídolos que ellos mismos fabrican.
Yo creo que una de las razones por la que se nos hace difícil reconocer nuestros ídolos es porque los ídolos están en el altar del corazón y el corazón es engañoso y es engañador. El corazón del hombre caído nos engaña y nos lleva a creer cosas que nos convienen, como Adán y Eva hicieron. Les convenía pensar que pudieran llegar a ser como Dios y eso creyeron.
Y esos ídolos tienen diferentes formas y se erigen en diferentes áreas del diario vivir. Para los ateos su ídolo es su ateísmo, sus ideas por las cuales ellos tienen pasión. Son su motivo de vida, son su generador de energía para condenar a todo aquel que cree en Cristo Jesús. Para otros dentro de la fila del cristianismo, el ídolo es el Dios de su experiencia: el Dios que me dio un sueño, el Dios que me dio una visión, el Dios que me habló, el Dios que me dice cosas que me conviene oír a través de estos sueños y voces y apariciones. Pero eso no es un Dios existente, eso es un Dios no existente y es un Dios más pequeño que el verdadero Dios. Pero es un Dios que yo puedo manejar en mi mente.
Para otros es el Dios de mi comodidad, un Dios práctico que no me exige ir a la iglesia. Un Dios que me dice que da lo mismo que yo vea el culto a través de una computadora o yo esté presente, porque al final lo importante es el mensaje. Yo me sentaba hace dos o tres semanas atrás con dos parejas distintas y les decía, porque estaban en esa situación: "Cuando estás viendo el mensaje del domingo, si te suena el celular, ¿no lo coges? Si recibes un mensaje por celular, ¿no lo devuelves? Si tienes sed, ¿no te paras a la nevera? Si tienes que hacer una necesidad, ¿no te paras a ir a hacer tu necesidad? Si tienes un comentario que no tiene nada que ver con eso, pero se te ocurrió, ¿no lo hablas con tu esposa o esposo, cualquiera que está al lado tuyo?" "Bueno, sí, pastor." Pues esa no es la manera de adorar a Dios para escuchar su Palabra. Además, no participas de la adoración corporativa en el momento.
Para otro el ídolo es el Dios de mi éxito, el Dios de mis logros, un Dios que está ahí para prosperarme. De hecho, es un Dios tan bueno que si yo le doy algo de dinero, él me lo devuelve con creces, él vuelve como interés. Eso es como un banco.
Menciono todo eso porque de la manera que tú y yo concibamos a Dios, de esa misma manera vamos a adorar a Dios. Esta gente concibió a Pablo y a Bernabé como representaciones humanas de Mercurio y de Júpiter; así les quisieron adorar, con sacrificios. Si tienes a un Dios que predominantemente es un solucionador de problemas, a ese Dios lo vas a adorar más intensamente cuando estás en medio de problemas, y cuando tu vida está bien te vas a olvidar de Él. Si concibes a un Dios como el Dios de tu prosperidad, tú no vas a buscar ese Dios siempre y cuando tus finanzas estén estables. Si concibes a un Dios como alguien que puede disipar tu tristeza, ¿tú sabes qué pasa cuando estás de vacaciones? Ni te acuerdas de Él. Al final de la vacación dices: "Dios, verdad, perdóname, que ni abrí tu Palabra, ni leí nada, y yo oré un par de veces nada más." Claro, porque en vacaciones estamos contentos, y como la concepción que tengo es un Dios que puede disipar mi tristeza, en vacaciones yo lo pongo a Él de vacaciones también. Y nos vamos los dos. Si concibo a un Dios como para darme seguridad, cuando me siento seguro, tengo pólizas de todo tipo, tengo alarma, tengo cámara, tenemos de todo, no necesito ese Dios.
La solución a la idolatría la proveyó Dios, primer mandamiento: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente. Cristo agregó: con toda tu fuerza. Este es el más grande y el primer mandamiento. En otras palabras, vas a amar a Dios con toda tu mente porque necesitas concebir a Dios como verdaderamente Él es.
Cuando concibas a Dios como Él es, tu corazón tendrá una reacción natural al Dios que ha sido concebido verdaderamente, y ahora todo tu ser participa de su adoración. No hay nada que tenga mayor fervor, motivación para ti que no sea Dios mismo.
Alguien me preguntaba en el receso: "Pastor, si alguien vino al primer culto para poder estar disponible para ver el juego de la Mundial, la Copa Mundial, ¿estaría pecando?" Él cumplió con Dios primero, ciertamente, pero yo puedo hacer eso y todavía tener el mismo ídolo. ¿Por qué? Porque si al observar esto, realmente esto que yo observo todavía tiene más pasión, más fervor, tiene mayor fuerza de motivación que mi Dios, pues claramente es un ídolo. Porque el ídolo es aquello que desplaza a Dios de su primer lugar y pone otra cosa en la cual nosotros confiamos o nos deleitamos más que en Dios mismo.
La clave no es tanto odiar el pecado, esa es maravillosa. Nota cómo el primer mandamiento no dice: "Mandamiento número uno: odiarás el pecado." No, "amarás al Señor tu Dios." ¿Por qué? Esto es lo que ocurre cuando amas al Señor tu Dios y comienzas a acercarte: cuando llegas a la línea y te percatas, "Señor, tu Dios, tú y yo," necesito echar para atrás, pero solamente por una razón: por el amor a mi Dios. O si pasas la línea y cuando vas por aquí dices: "¡Oh, el amor a mi Dios hace que yo retroceda otra vez!", porque hay algo en el amor por Dios que me sirve de restricción, que Dios lo pone en mí como protección.
Y en la medida entonces que yo vivo en cercanía con mi Dios, mi Dios me va cambiando a la imagen de su Hijo. Lamentablemente, en la medida en que yo me alejo de Dios, yo voy tomando la forma del ídolo. Salmo 115: ¿Tienen ídolos con ojos que no ven, oídos que no oyen, boca que no habla, nariz que no huele, pies que no caminan? Se volverán como ellos todos los que en ellos confían. El ídolo me da forma. Si mi ídolo es el dinero, poco a poco me vuelvo metálico, impersonal, agarrado, me cuesta compartir el dinero. La lejanía de Dios va degradando la imagen de Dios en nosotros. Y así es como el ídolo se forma.
Nuestros ídolos no son tan públicos como los de ellos en la época primitiva, porque están en el corazón, escondidos. Esto es como Dios lo revela en Ezequiel 14:3: "Hijo de hombre, estos hombres han erigido sus ídolos en su corazón." Y ese ídolo entonces, recuerda que nosotros tenemos un Dios, el Dios de la Biblia, y alrededor de ese Dios hay una serie de conceptos teológicos que llamamos teología. El ídolo tiene su propia teología. Nosotros construimos la teología funcional alrededor del ídolo.
Esto es cómo funciona: nosotros idolatramos la seguridad porque desconfiamos en la protección de Dios. Y luego llamamos a esa incredulidad, en vez de llamarle incredulidad, ¿sabes cómo la llamamos? Responsabilidad humana. Y decimos: "No es que desconfiamos en Dios, sino que hay que ser responsable." Pero cada vez que yo necesito de algo que no es Dios para sentirme seguro, Dios ha sido desplazado de su primer lugar por otra cosa donde yo he encontrado seguridad.
Déjame darte otra ilustración de cómo esto ocurre. Nosotros idolatramos el dinero y nos cuesta gastarlo en otros. No hay en nosotros, pero en otros sí. Nos cuesta, estamos dispuestos a pecar para acumularlo y no pagamos impuestos. Pero al final no pagamos impuestos porque lo que necesito es acumularlo. Entonces estamos dispuestos a pecar para acumularlo. Y entonces, ¿sabes cómo llamamos nuestra avaricia? Mayordomía cristiana. "No, hay que ser buen mayordomo de lo que Dios te da." ¿Te das cuenta de cómo se construye una teología funcional? Idolatramos la reputación, el buen nombre, lo que los otros piensen. ¿Y cómo le llamamos a eso? Testimonio, que sea un buen testimonio.
La teología funcional es cómo nosotros explicamos idolátricamente la ansiedad que experimentamos cuando comenzamos a pensar de que quizás no vamos a tener dinero en el mañana y nos sentimos inseguros porque Dios no me da seguridad. La teología funcional es cómo nosotros experimentamos idolátricamente la ira, como les decía, cuando alguien dice algo mal de nosotros y decimos: "Es que cuestionó mi reputación." Y tú puedes ver una y otra vez que al final del camino la causa de la idolatría es la falta de confianza en Dios.
De hecho, en el Salmo 115, lo que el salmista hace es que primero denuncia los ídolos. Esto es el ídolo que ya mencioné: con ojos que no ven, oídos que no oyen, nariz que no huele, boca que no habla, pies que no caminan. Luego que lo ha hecho, escucha cómo el mismo salmista en el mismo texto le da la solución de cómo destruir los ídolos. Le dice en el versículo 9: "Oh Israel, confía en el Señor; Él es tu ayuda y tu escudo." Versículo 10: "Oh casa de Aarón, confía en el Señor; Él es vuestra ayuda y vuestro escudo." Versículo 11: "Los que teméis al Señor, confiad en el Señor; Él es vuestra ayuda y vuestro escudo." Tres veces en tres versículos.
Y mira también que después de la denuncia de los ídolos, el salmista le dice: "Oh Israel, tu problema es falta de confianza, falta de creencia, tú eres un incrédulo. ¿Y cómo vas a terminar con eso? Confía en el Señor, Él es tu escudo y Él es tu protección. Confía, oh hijos de los hombres." Esa es la destrucción de la fábrica idolátrica de nuestros corazones.
Ahí está Pablo y Bernabé en Listra. Entonces el texto nos dice que bajaron unos judíos de Antioquía y de Iconio. Ya pasaron por Antioquía, se movieron a Iconio, ya salieron de Iconio, están en Listra, y esta gente no está contenta todavía y baja de Antioquía y de Iconio. Y habiendo persuadido a la multitud, apedrearon a Pablo en Listra y lo arrastraron fuera de la ciudad pensando que estaba muerto.
Wow, esta gente estaba tan airada, tan en contra de que se creyera. Los judíos que bajaron de estas ciudades movieron la multitud. ¡Qué es algo increíble! Lo increíble es que hacía un ratito estos eran los dioses, Júpiter y Mercurio, y un ratito después están apedreados y dejados por muertos. ¿Tú puedes creer la volatilidad del pensamiento y las emociones humanas, de cómo pasan de lo sublime a lo ridículo en un abrir y cerrar de ojos? Lo dejaron por muerto en Listra. En más de una ocasión los discípulos tuvieron que huir de una ciudad a la otra.
Escuchen entonces el versículo 20: "Pero rodeándole los discípulos, él se levantó y entró en la ciudad." Pablo se levantó y entró en la ciudad. Y al día siguiente partió con Bernabé a Derbe, fue a otra ciudad a hacer que anunciaron el satisfice, aquella ciudad y hacer allí muchos discípulos. Después de eso, ¿sabes lo que dice el texto? Que volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía. ¿Esta gente es masoquista? Acababan de salir de Antioquía, de Iconio y de Listra, donde habían hasta apedreado, y ahora a Pablo se le ocurre que vamos para allá otra vez. Con razón Marcos lo abandonó en Panfilia. Para esta gente no era intimidable por la confianza que habían puesto en su Dios.
Yo volvieron a las mismas ciudades donde habían sufrido. Pablo les dice eso también a los tesalonicenses: "Cuando llegamos, ustedes veníamos de Filipos, y en Filipos nos arrastraron hasta la plaza pública y nos dieron azotes, y cuando llegamos a ustedes volvimos a predicar el mismo satisfice." Gente que crea de esa manera no fabrica ídolos.
Los ídolos los fabricamos nosotros por nuestras inseguridades, en busca de seguridad, que es lo que el salmista le dice en el Salmo 115: "Oh Israel, confía en el Señor. Oh casa de Aarón, confía en el Señor. Oh hijos de los hombres, confía en el Señor." Esa es tu solución.
Hermano, todos nosotros fabricamos ídolos. La Palabra lo dice, la historia de la Iglesia lo demuestra. Gente tan piadosa como Juan Calvino se incluía entre aquellos que tenemos corazones fabricadores de ídolos. La pregunta es: ¿cuáles, cuántos, cómo, de qué tamaño, en qué áreas? Por tanto, todos nosotros tenemos necesidad de admitirlo, de arrepentirnos, de pedirle a Dios que abra los ojos a nuestros ídolos del corazón y que Él mismo los destruya.
Y la mejor manera de destruir los ídolos es poder ver, contemplar, adorar, buscar, alimentarse del único verdadero, sabio y eterno Dios. La confianza en ese Dios pulveriza mis ídolos de manera natural. Si tratas de destruir los ídolos sin ver a un Dios más grande, nunca lo lograrás. Si cultivas la visión de un Dios como Él es, tus ídolos terminarán pulverizados. Dios en el centro y tú amándole con toda tu alma, toda tu mente, todo tu corazón y toda tu fuerza.
Yo creo que vale la pena orar y arrepentirnos, ¿no crees? ¿No crees que sería como bueno y válido poder terminar un sermón de esta naturaleza donde Dios hiciere esas cosas?