La iglesia no es un edificio ni un auditorio donde venimos a recibir cosas buenas los domingos. Es un organismo vivo compuesto por personas redimidas por Cristo, llamadas a ser diferentes al mundo y a velar unas por otras en su caminar de santidad. Sin embargo, vivimos en una generación donde el compromiso con la iglesia local se ha vuelto escaso. Según datos recientes, apenas un 42% de quienes se llaman cristianos asisten a una iglesia al menos una vez al mes, y de esos, muy pocos son miembros formales de una congregación. Muchos vienen con mentalidad de consumidores: a buscar, no a dar; a recibir, no a entregarse.
Jesús mencionó la palabra "iglesia" solo dos veces en los evangelios, pero en ambas ocasiones dejó verdades fundamentales. En Mateo 16 declaró que edificaría su iglesia —propiedad suya, construida por él, invencible ante las puertas del Hades. En Mateo 18 estableció que la iglesia tiene responsabilidad mutua por el caminar espiritual de sus miembros: si un hermano peca, hay un proceso de confrontación amorosa que involucra a la comunidad entera.
El fenómeno de cristianos sin iglesia o con iglesia pero sin compromiso era desconocido en el Nuevo Testamento. Pablo escribía a iglesias específicas —Corinto, Tesalónica, Galacia— donde los creyentes estaban conectados bajo un liderazgo, rindiendo cuentas unos a otros. La santificación no es un proyecto individual sino comunitario. La fortaleza de cualquier iglesia no depende de sus instalaciones ni de sus ingresos, sino de la entrega personal de cada creyente a la causa de Cristo y de la devoción mutua entre los hijos de Dios.
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Muy buenos días a todos, el Señor les bendiga. Y ahora, a través de la predicación de su Palabra, que el Señor nos hable y nos una, nos alinee como pueblo de Dios que somos, y haga una obra en nosotros a través de, como dice su misma Palabra, el cuchillo que es una espada de dos filos, que discierne, que nos ayuda a vivir de una manera que a Él le honra.
Yo quisiera traer a su consideración un tema del que, paradójicamente, se habla poco en la iglesia, y es mi relación, o tu relación, con la iglesia. Y digo que es paradójico porque se supone que obviamente es un tema del cual nosotros todos deberíamos estar bien informados. Pero podemos echarles a los pastores, sumar la culpa de que nosotros lo traemos poco a la consideración de la iglesia: lo que es mi relación como creyente, tu relación como creyente, como cristiano, con la iglesia de Dios, con la iglesia. Y ese es mi tema, esa es mi reflexión en la mañana de hoy.
Este tema no lo traemos poco al púlpito porque sea poco importante, sino porque nos parece hasta cierto punto obvio la relación que debe existir y el compromiso que debe existir entre un creyente, un cristiano, y la iglesia. Y por eso no lo traemos mucho. Es como que al universitario, al estudiante universitario, se le tenga que explicar de manera frecuente lo importante que es ir a la universidad y lo importante que es que estudie. Está sobreentendido que todo el que está ahí es porque le interesa lo que ocurre en la universidad y va a hacer su mejor esfuerzo para que en la universidad le vaya bien. De la misma manera, nosotros a veces suponemos que los que estamos aquí sabemos que lo que aquí acontece es importante, es vital para mi vida espiritual, y vamos todos nosotros a poner el mejor de los esfuerzos, la mejor de nuestras entregas para la iglesia.
De hecho, eso debería ser obvio para toda persona que va a la iglesia con cierta regularidad, por el lugar que Dios le da, que la Palabra le da, a la iglesia dentro de la Palabra, o a lo largo de la Palabra. Pero definitivamente pensar de esa manera es un error. Pensar que todos los que estamos aquí sabemos lo que es la iglesia y cuál debería ser mi compromiso con ella, es un error pensar que todos lo sabemos, que todos estamos al tanto de lo que la Biblia enseña al respecto. Y tratando de corregir, digamos, ese error, es la razón por la que traemos esto a su consideración. Yo quisiera que no oyeran este sermón como un sermón de promoción o mercadeo de la IBI, porque no lo es. Se trata simplemente de que nosotros aprendamos lo que la Palabra enseña acerca de esta grandiosa entidad de la que nosotros somos parte: la iglesia de Cristo.
Fíjense lo que acontece en nuestra generación, en nuestros días, en cuanto a la iglesia. Estos datos son datos de los Estados Unidos del año 2016 con relación a la iglesia. En una encuesta realizada por el grupo Barna en el año 2016, del año pasado, un 42% de los que se llamaban cristianos asistían de manera regular a una iglesia. O sea, de los llamados cristianos, autodenominados cristianos, un 42% asistía de manera regular a una iglesia. Y ese 42% se llegó a él considerando, primero, una persona que decía que su fe es importante para él, y segundo, que asistía por lo menos una vez al mes a la iglesia. Llegábamos a ese 42%.
Por lo tanto, si decimos: "Bueno, vamos a ver cristianos o personas que se consideran cristianas que van todos los domingos a la iglesia", ese porcentaje posiblemente va a ser mucho menos. Pero de ese 42% no se nos dice cuántos de esos que van a la iglesia al menos una vez al mes son miembros formales y comprometidos de una congregación cristiana, cuántos son miembros formales, miembros oficiales de una congregación local. Probablemente mucho menos que esos.
Y si nosotros nos ponemos a pensar en nuestra realidad, esa realidad no es distinta. Yo no tengo una encuesta de todos los cristianos o de los cristianos en República Dominicana, pero posiblemente los números sean similares. Pero sí tenemos, por ejemplo, una encuesta de nuestra propia iglesia. Cuando nosotros recibimos el domingo entre dos mil y dos mil doscientas personas adultas, nuestro porcentaje de membresía es menos de la mitad de la gente que viene de manera regular a la iglesia, lo cual nos da una indicación del nivel de compromiso.
Y esos datos de los Estados Unidos no deberían sorprendernos, porque de hecho la estadía de la gente en la iglesia es poca, así como la estadía de los líderes en la iglesia es poca. El tiempo promedio que un pastor dura en los Estados Unidos en una iglesia es tres años. Cada tres años, en promedio, una iglesia cambia de pastor, ya sea porque él se va o porque lo van, por cualquier razón. Pero aproximadamente cada tres años cambia el pastor. Y hay una alta movilidad entonces de la gente y de los líderes. De la gente, claro, una persona o un liderazgo, un pastorado que cambia en promedio cada tres años, no puede pedirle a la gente mucho compromiso. Es difícil pedir mucho compromiso cuando hay una rotación tan alta en el liderazgo de la iglesia.
De hecho, la idea misma de la membresía, de ser miembro de la iglesia, mucha gente la ignora completamente. Mucha gente no sabe de qué se trata ser miembro de una iglesia. Aquí mismo, nosotros, yo me he encontrado con personas que dicen: "Bueno, yo tengo dos años y yo soy miembro de la iglesia". No, si no ha habido un proceso formal de recepción de ti, de tu vida, y conocer quién tú eres, y que alguien vele por tu vida de manera formal, nosotros no consideramos a esa persona un miembro. Lo consideramos un visitante rancio, pero no es un miembro de la iglesia de manera formal.
Entonces, el concepto mismo de la membresía no es entendido en muchos aspectos, y de hecho está en desuso en muchas denominaciones. Hay asociaciones de iglesias y denominaciones de iglesias completas que han desechado, que han dejado de usar el concepto de membresía. Y muchas iglesias han cedido la forma en la que funcionan y han dejado de funcionar como una iglesia según el Nuevo Testamento, a funcionar más como una corporación que quiere mantener a sus clientes satisfechos. Ese es el enfoque, el enfoque de consumidor.
Y de la misma forma como muchas empresas te atraen diciéndote: "Ven a nosotros, no tienes que firmar contrato, no tienes que firmar ningún compromiso a largo plazo, no tienes que poner ninguna obligación", de la misma manera muchas iglesias están haciendo lo mismo. Les dicen a su congregación o les dicen a su membresía, entre comillas: "No tienes que comprometerte, no requerimos nada de ti, sencillamente ven y preséntate".
Hay todo un movimiento que hace unos años se hizo muy conocido, que se llamaba el movimiento sensible al buscador, un movimiento dentro de las iglesias. La idea era acomodar la iglesia para el que no venía a la iglesia. ¡Oigan qué paradoja! Vamos a acomodar lo que la iglesia hace y la forma como lo hace para aquellos que no vienen usualmente a la iglesia. Y el culto pasó a llamarse servicio. Nosotros sabemos que nosotros llamamos al culto servicio, aunque tiene otras motivaciones. Pero el culto pasó a llamarse servicio. Y la idea era que el culto fuera lo más cómodo, lo más receptivo y lo menos amenazante posible para la persona que venía a la iglesia, que no estaba habituada a la iglesia.
El mensaje no podía ser más allá de 20 minutos, sobre temas interesantes o temas que tenían que ver con los valores que nuestra sociedad estaba perdiendo. La palabra pecado, la palabra confrontación... La Biblia se abría poco, y si se traía o se abría, se traía al final del mensaje. El enfoque de este movimiento, que todavía tiene mucha influencia en muchas iglesias evangélicas, era el confort y la comodidad de los visitantes. Y muchas iglesias incluso organizaron sus salones y ponían mesas en la parte trasera para que la gente pudiera también beber algo mientras escuchaba el sermón.
Recientemente, uno de los líderes de ese movimiento emitió una afirmación: que su experiencia con el movimiento es que hace muchos números pero crea pocos discípulos. Mucha gente viene, pero poca gente es transformada, porque no hay un compromiso con la iglesia.
Así entonces, bajo ese movimiento y mucha de la influencia actual de nuestra generación, donde nosotros estamos acostumbrados a ser bien tratados dondequiera que vamos porque pagamos por lo que queremos, la gente viene con esa mentalidad a la iglesia. La gente viene a buscar de la iglesia en vez de dar y entregarse a la iglesia. Muchas iglesias han entendido que mientras menos presión se le pone a los que visitan o a los que están aquí, pues mejor. La gente viene con la idea de que la iglesia está ahí para alimentarme, para nutrirme, para consolarme, para entretenerme, en algunos casos hasta para proveerme. Y no les pasa por la mente que ellos están en la iglesia por una razón también de dar. Y si les pasa esa idea, hacen un leve compromiso para calmar su conciencia.
Con esa idea y esa mentalidad es difícil en este tiempo hacer iglesia, porque los niveles de compromiso y de entrega y de devoción a la iglesia de la cual la Palabra habla no se corresponden con lo que la gente está dispuesta a dar en este tiempo. Y tengamos claro algo, hermanos: la fortaleza de nuestra iglesia, o de cualquier iglesia, no depende de la calidad de nuestras instalaciones, ni depende del monto de los ingresos que nosotros recaudemos, ni de la formación académica de los que estamos en el liderazgo. Depende de la entrega y la devoción personal de cada uno de ustedes a la causa de Cristo, y de la entrega mutua que exista entre los hijos de Dios. Ahí está la fortaleza de la iglesia.
Y esa inquietud, toda esta inquietud que yo les acabo de presentar en esta introducción, es lo que nos lleva a compartir con ustedes esta reflexión: la iglesia y yo.
Yo quiero que entendamos eso: qué es la iglesia y cuál se supone que debe ser mi compromiso con ella. Nosotros no queremos suponer que ustedes saben; queremos explicar lo que la Palabra dice que debe ser mi relación y mi devoción con la iglesia.
Hace unos años el pastor John MacArthur predicó un mensaje que tenía que ver con el compromiso personal de la iglesia, o a la iglesia, y él predicó el sermón. Al final del sermón, unas mil seiscientas personas fueron a la mesa de información porque querían hacerse miembros de la iglesia. Entonces varias personas se le acercaron y le dijeron —hubo uno en particular que le dijo—: "Pastor, pero si usted quería que nosotros hiciéramos eso, ¿por qué usted no lo había dicho antes?" Porque él decía: "Bueno, pero yo supongo que usted debe tener eso claro." No lo tenemos claro. No tenemos claro cuál es el nivel de compromiso requerido, demandado, esperado por la Palabra de nosotros a la iglesia. Y mucha gente con prontitud y con diligencia acudió a hacerse miembros de la congregación sin atacarlos mucho, digámoslo así.
Nosotros no queremos que la ignorancia, hermanos, impida tu entrega a la causa de Cristo, que ignorar lo que la Palabra dice acerca de ti y la iglesia te impida vivir plenamente el plan de Dios para nosotros como novia y esposa de Cristo. Yo quiero informar y queremos verter verdad sobre ese punto en particular. La relación que tú tengas con la iglesia, que yo tenga con la iglesia, va a depender mucho de lo que tú pienses que la iglesia es. En el extremo hay personas que tienen que esto es un salón, un auditorio donde venimos todos los domingos a oír cosas buenas, interesantes, importantes para lo que estamos viviendo como sociedad, pero realmente no ven aquí un organismo, no ven aquí un funcionamiento, una dinámica que demanda de mí, que depende de mí y al cual yo vengo a aportar. No se ve como un auditorio donde yo vengo y recibo y luego me desconecto a lo largo de la semana.
Pero vayamos a la Palabra, hermanos, que como dice el Salmo 119, es lámpara a nuestros pies y luz para nuestro camino. Muchos se sorprenderán de saber que Jesús solamente mencionó la palabra iglesia en dos ocasiones. Solamente dos veces se mencionó esa palabra, aunque en su enseñanza estaba implícito el concepto de la iglesia, pero esa palabra solamente se mencionó en dos ocasiones.
En la primera ocasión que lo mencionó fue en Mateo 16:18, que yo quisiera que buscáramos. Es un pasaje conocido por muchos de nosotros y es un intercambio que hay entre Jesús y sus discípulos. Y dice desde el versículo 13 —le voy a dar todo el contexto desde el versículo 13—: "Cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; pero otros, Jeremías o uno de los profetas. Y él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Y Jesús respondiendo le dijo: Bienaventurado eres, Simón hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella."
Como les dije, muchos de ustedes conocen este pasaje, especialmente el versículo 18, donde Jesús le dice: "Y yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella." Este es un versículo muy controversial porque muchos entienden que esa declaración de Jesús supone que Pedro es la base de la iglesia. Pero nosotros sabemos que en el original hay dos palabras aquí para piedra: Pedro, que es piedra chiquita, y roca, que es roca grande. Y lo que Cristo está diciendo es: sobre esta roca grande edificaré mi iglesia. No sobre Pedro, sino sobre la roca de su declaración de que Cristo es el Hijo de Dios. Ese es Cristo. De hecho, es la roca fundamental de la iglesia.
Pero esta declaración, en cuanto a nuestro tema, en cuanto a lo que nos concierne hoy, tiene varios aspectos importantes. En primer lugar, Cristo le dice a Pedro: "Sobre esta roca edificaré mi iglesia." La palabra usada por Cristo en el original es ekklesia, que significa una asamblea llamada fuera de algo. Es un grupo que se llama a ser diferente de algo de lo cual fue llamado. Y nosotros sabemos que nosotros somos un pueblo adquirido por Dios y llamado a anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de la oscuridad a su luz admirable. Y eso es lo primero que nosotros vemos aquí: la iglesia es una asamblea, es una congregación de gente que se congrega en un lugar y que ha sido llamada por Dios fuera del mundo. Eso es lo primero que vemos ahí, el uso de la palabra ekklesia.
Lo segundo que vemos ahí, importante, es que Cristo dice que sobre esta roca edificaré mi iglesia. Y hay dos aspectos importantes en cuanto a esa palabra. En primer lugar, es algo futuro. Cristo dice "edificaré mi iglesia" porque la iglesia todavía no había sido instituida. Nosotros entendemos que la iglesia fue instituida en Pentecostés, cuando el Espíritu Santo vino sobre los discípulos en Hechos 2, que descendió el Espíritu Santo sobre los ciento veinte discípulos que estaban en el aposento alto, y de ahí se dio inicio a la iglesia. Pero Cristo dice "edificaré": es él que edifica, es él que llama, es él que forma la iglesia. Es el trabajo de Cristo. Nosotros somos meros instrumentos en manos del constructor. Él es el constructor, él es el arquitecto y él es el constructor de la iglesia que estamos viendo desarrollarse delante de nuestros ojos.
Pero fíjense también que él dice, no solamente que es un grupo llamado fuera, es un grupo que yo voy a formar, yo personalmente voy a formar, sino que dice "mi iglesia": "Sobre esta roca edificaré mi iglesia." Es propiedad de Cristo. Le pertenecemos a él. Hemos sido comprados por precio. No nos pertenecemos. Nosotros no tenemos la opción de desentendernos de nuestro llamado. Al punto somos tan de él, que en un momento dado, cuando Pablo persigue a la iglesia, Cristo se le aparece en Hechos 9 versículo 4 y dice: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" Cristo entendió que la persecución contra su iglesia era una persecución contra él mismo. Nosotros somos, de hecho, algo que vamos a ver más adelante: somos su cuerpo espiritualmente hablando. Le pertenecemos, somos parte de Cristo, somos uno en Cristo. Y de ahí entonces que somos su iglesia. Y el hecho de que somos su iglesia también es reflejado por el gran amor que nosotros vimos desplegado en la cruz por nosotros. Cristo se entregó a sí mismo por nosotros.
Y por último, esta declaración también incluye una afirmación de la invencibilidad de la iglesia: "Y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella." La iglesia de Cristo es invencible. No hay gobierno, no hay imperio, no hay ley, no hay movimiento, no hay virus, no hay nada que pueda impedir el crecimiento, el avance sistemático ascendente de la iglesia de Cristo hasta que él venga. No hay forma. Y ahí nuestra conferencia de hace un año: "Da que sé crezca." La iglesia prevalecerá. La iglesia prevalecerá porque es de Cristo, es construida por él, y él mismo garantiza su invencibilidad. No importan las circunstancias que enfrentemos.
Fíjense cómo en esta pequeña declaración entonces nosotros podemos ver algunos aspectos importantes de lo que la iglesia es y de cómo se da la dinámica de la iglesia, digamos.
Más adelante, la segunda vez que Cristo menciona la palabra iglesia es en Mateo 18, un capítulo y medio más adelante. Desde el versículo 15 hay una recomendación de parte de Cristo de aquellos hermanos que pecan. Pues él da una recomendación de cómo abordar un hermano que está en pecado, y menciona la iglesia en ese contexto. Fíjense lo que dice el versículo 15, y luego voy a saltar al versículo 17: "Y si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas. Si te escucha, has ganado un hermano." El versículo 16 también: "Pero si no te escucha, lleva contigo a uno o a dos más, para que toda palabra sea confirmada por boca de dos o tres testigos. Y si rehúsa escucharlos, dilo a la iglesia. Y si también rehúsa escuchar a la iglesia, sea para ti como gentil y recaudador de impuestos. En verdad os digo: todo lo que atéis en la tierra será atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra será desatado en el cielo."
La segunda ocasión en la que Jesús menciona la palabra iglesia es en este contexto de la responsabilidad mutua del caminar en santidad. Tú tienes una responsabilidad, les dice a sus discípulos, con tu hermano en su caminar de santidad delante de Dios. Si él se desvía y tú eres testigo de su desvío, ve y enfréntalo, confróntalo a solas. Si no te escucha, dilo a dos o tres testigos. Si no los escucha, dilo a la iglesia. Y si no escucha a la iglesia, sáquenlo de la comunión de la iglesia. Claramente lo que Jesús está diciendo es que la iglesia es la responsable por el caminar espiritual y moral de sus miembros. Hay un rol, una responsabilidad en cada uno de los profesos. Fíjense, cuando digo la iglesia no es los pastores. Hay un rol de vigilancia mutua en nuestro caminar. Yo tengo un involucramiento dado por Cristo en la vida espiritual de mi hermano o de mi hermana, y si lo veo desviarse, he de llamarle la atención en amor y en gracia para que regrese al camino. Claramente entonces vemos aquí una responsabilidad en cada uno de nosotros por velar por la salud espiritual de la congregación, de los hermanos.
Pero este segundo versículo es un versículo difícil porque implica que yo me tengo que meter en la vida del otro individuo, de la otra persona. Y vivimos en una generación que se resiste a eso, que pelea porque nadie se meta en su vida. De hecho, una de las razones, según una encuesta hecha por Barna, por la que mucha gente no se integra a una congregación de manera formal y normal, es porque no quiere rendir cuentas. No quieren que se metan en su vida. No quieren el escrutinio de nadie. Y ciertamente el rendir cuentas no es natural para el orgullo humano, pero es absolutamente necesario en mi crecimiento espiritual. El cristiano no crece aislado. La santificación es un proyecto comunitario de hermanos caminando juntos en una misma dirección. No funciona de otra manera. De hecho, algunos sostienen algunas.
Personas sostienen que ellos no tienen que unirse a ninguna iglesia porque su relación con Cristo es personal. Y como decía también el pastor MacArthur en otro mensaje que lo escuché, todo el mundo tiene una relación personal con Cristo. Satanás tiene una relación personal con Cristo, por muy mala. Mi relación personal con Cristo no elimina la necesidad que tiene mi alma de exponerme ante otros. Proverbios 27:17 dice: "El hierro con hierro se afila, y un hombre agudiza a otro hombre."
Nosotros tenemos el Nuevo Testamento lleno de exhortaciones de orar los unos por los otros, de soportar los unos a los otros, de perdonar los unos a los otros, de amarnos los unos a los otros. Y de hecho, la semana que viene vamos a hablar más de eso. Hay más de dieciséis afirmaciones de cosas que debemos hacer los unos por los otros. ¿Cómo haremos eso si nunca somos parte, si nunca nos vulneramos, si nunca exponemos lo que está pasando en nuestra vida, en nuestro corazón, en nuestra mente, si no nos acercamos a alguien para que nos acompañe en nuestro caminar?
Hermanos, la iglesia es la responsable en parte de nuestro caminar espiritual. Si tu hermano peca, ve y confróntalo. Si no te oye, ve con testigos. Si no oye a los testigos, ve a la iglesia. Nosotros tenemos una responsabilidad mutua de velar por el caminar de los demás, y no tengo derecho a hacer eso si no me coloco en pecado.
Hay otros que no quieren someterse al escrutinio de otros. Para otros también que dicen que no están listos: "No, yo lo voy a hacer, pero es que yo tengo que poner algunas cosas en orden antes de yo comprometerme." ¿Tú crees que qué estamos haciendo aquí nosotros? Nosotros estamos poniendo cosas en orden, nosotros estamos arreglando vidas. No nosotros, Dios a través de su iglesia arregla vidas, repara matrimonios, repara corazones, acerca gente a Él que era enemiga y ahora son hijos por medio del evangelio de su Cristo.
Hay gente que no se siente digna. Yo en varias ocasiones he hablado con hermanos. En una ocasión yo iba llegando a la iglesia y él tenía como ese sentido de culpa de que él no se había comprometido, no se había hecho miembro de la iglesia todavía, a pesar de que tenía mucho tiempo trayendo con nosotros. Y él me coge y me dice, yo no estaba hablando de eso con él, me dice: "Chacho, mira, tú sabes que yo estoy en eso, pero yo tengo unos problemas que yo todavía no he resuelto. Yo tengo que resolver eso antes de yo comprometerme." Y yo recuerdo que en esa ocasión le dije exactamente lo que le dije a ustedes: es que si tú esperas ordenar tu vida para venir, se te va a acabar la vida y no vas a venir. Porque la iglesia no es una institución de santos que tenemos todas las cosas en orden, sino una institución, una entidad, un organismo compuesto por pecadores que estamos caminando juntos, siendo moldeados por Dios a la imagen de Cristo y siendo también ayudados por otros a ser moldeados a la imagen de Cristo. En eso es que estamos aquí.
Entonces, si nosotros unimos estas dos referencias de Cristo acerca de la iglesia, nosotros podemos definir la iglesia de la siguiente manera. Esta es la definición que emana de estos dos versículos en los que Cristo se refiere a la iglesia: la iglesia es un grupo de personas redimidas por Cristo, propiedad de Cristo, y llamadas por Cristo a ser diferentes al mundo, que tiene una garantía de victoria por encima de todo y con el deber mutuo de velarnos los unos por los otros en su caminar de santidad.
Más allá de eso, no es un edificio. Este edificio o cualquier otro edificio, no es un lugar específico, no es una denominación. La iglesia de Cristo no es la denominación bautista o presbiteriana o metodista o cualquier otra denominación pentecostal que nosotros podamos imaginar. La iglesia es un grupo de personas compradas por Cristo y llamadas por Cristo. La iglesia somos tú y yo. Tú eres la iglesia, yo soy la iglesia.
De hecho, el término "voy para la iglesia" es incorrecto, gramaticalmente hablando. Lo correcto sería decir "voy a reunirme con la iglesia", porque donde nosotros nos reunamos ahí está la iglesia. Yo recuerdo cuando nuestro templo, hace unos años, quizás muchos de los que están aquí no saben, pero nosotros teníamos un templo anterior en Los Prados, en el tercer piso de un colegio, y ese templo se quemó un jueves o viernes. Hubo una chispa que comenzó un fuego y se fue completo. Y recuerdo que por la gracia de Dios la iglesia no dejó de reunirse ni un solo domingo, porque de alguna manera, y recuerdo que en esa época no era tan popular el tema del WhatsApp, yo creo que el WhatsApp no existía en ese momento, pero de alguna manera a veces cambiábamos de sitio y se aparecía el mismo grupo. Estaba todo el mundo ahí, la iglesia movilizándose, moviéndose donde quiera que se convocase. Esa es la iglesia. La iglesia somos nosotros, tú y yo. Yo no voy a la iglesia, yo me reúno con la iglesia donde se reúna. Hay iglesias que no tienen local, que se reúnen en hoteles, en clubes, en colegios. Hay iglesias en China que se reúnen debajo de la tierra escondidos. Pero es un grupo de personas redimidas por Cristo, propiedad de Cristo, llamadas a ser diferentes al mundo y que velamos los unos por los otros en nuestro caminar de santidad.
Hermano, si tú le perteneces a Cristo, si tú te consideras a ti mismo un cristiano, le perteneces a Cristo, has sido comprado por su sangre y así tú lo entiendes. Si confías de corazón que el sacrificio de Cristo en la cruz fue por tus pecados y has depositado tu fe en eso, entonces tú eres parte de la iglesia. Y esa iglesia de la que tú eres parte es lo que llamamos la iglesia universal. O sea, no estoy hablando de que tú te conviertes y tú eres parte de la IBI, no, no. Tú eres parte de la iglesia universal por la que Cristo murió.
Ahora bien, esa es la iglesia que Dios ve. Ahora bien, la manifestación de tu pertenencia tiene que hacerse en una iglesia local. ¿Cómo tú manifiestas en la práctica que tú eres parte de la iglesia de Cristo? Cuando tú te afilias, te colocas bajo el liderazgo de una iglesia local.
Ese fenómeno de los cristianos sin iglesia es un fenómeno relativamente reciente. Hay mucha gente que me dice que tiene una relación personal con Cristo pero que no va a ninguna iglesia. Bueno, dijimos en la encuesta que presentamos al principio, un 42% de la gente solamente que dice ser cristiana viene a la iglesia. Por lo tanto hay un 58% que se considera cristiano que no va a ninguna iglesia. ¿Cuál es el entendimiento que esta gente tiene acerca de su caminar de fe? ¿Esto es un caminar solitario, es un caminar en grupo, o qué? Porque Cristo dice "esta es mi iglesia, este es el grupo de gente que yo llamé para mí, yo la voy a edificar", y "si tu hermano peca, ve y díselo a los otros." Él nos ha colocado en una relación, en una conexión los unos con los otros.
En la iglesia primitiva esto era claro, esto no se entendía de otra manera. En la iglesia primitiva los cristianos estaban en iglesias, esa era la realidad. Y los cristianos que estaban en iglesias estaban comprometidos con esa iglesia, se habían colocado bajo el liderazgo de esa iglesia, estaban conectados con la gente en esa iglesia. No era una fe de "yo voy, me sirvo como mi alimento y salgo y vivo mi vida." Había una vida en comunidad, una vida compartida, una visión conjunta de caminar los unos con los otros.
Algunos ejemplos simplemente. Pablo le escribe a los corintios, y esto era algo que hacía al principio de cada una de sus cartas. Pablo le escribe a los corintios y le dice Pablo en el versículo 1, capítulo 1: "A la iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los que en cualquier parte invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y Señor nuestro." O sea, Pablo le está escribiendo a la iglesia universal, todos los que invocan el nombre de Cristo, cierto, pero a la iglesia que está en Corinto.
Primera de Tesalonicenses capítulo 1, se identifica Pablo, Silvano y Timoteo, que son los que llevan la carta, el que escribe la carta: "A la iglesia de los tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo: Gracia a vosotros y paz." Y así ocurre con las iglesias de Galacia, y así ocurre con la iglesia de Filemón, que era una iglesia que estaba en la casa de Filemón, y le dice: "A Filemón, nuestro hermano amado y colaborador, a la hermana Apia, a Arquipo nuestro compañero de milicia, y a la iglesia que está en tu casa." A esos yo les hablo, a la iglesia que está en tu casa. Es claro.
También en esa época la gente era conocida de manera personal, y vemos, y eso lo vamos a ver más adelante la semana que viene, cuando un individuo se movía, con toda la limitación de comunicación que había, pero cuando una persona se movía de una ciudad a otra, se escribía una carta de este pastor a este pastor para que recibieran los hermanos. Increíble el seguimiento que se le daba a nivel personal.
Como les decía, ese fenómeno de cristianos sin iglesia, o con iglesia pero sin compromiso, es un fenómeno desconocido en la iglesia primitiva. Es un fenómeno relativamente nuevo y creo que es parte de nuestra cultura de no compromiso, no rendición de cuentas, nuestra cultura enfocada en mí, todo lo que pasa. Y es algo que evidentemente va a tener un impacto negativo en mi vida espiritual y mi caminar como cristiano.
Entonces ya vimos cómo Cristo la definió y cuál fue la definición que emanó de los versículos en los que Cristo habla de la iglesia. Pero la Biblia también usa una serie de metáforas, figuras, comparaciones entre la iglesia y ciertos aspectos para que nosotros podamos entender qué es la iglesia. Ninguna metáfora de la iglesia está destinada a decir todo lo que la iglesia es, sino que cada metáfora refleja un aspecto de lo que la iglesia es para que nosotros podamos entenderla mejor. Yo traje una lista, se la voy a mencionar y voy a hacer algunos comentarios al final de algunas de ellas.
En primer lugar, se nos llama la novia y esposa de Cristo en Efesios 5:22-31, la novia y esposa de Cristo. Ejército de Dios en 2 Timoteo 2:3-4. Linaje escogido, real sacerdocio, pueblo adquirido por Dios en 1 Pedro 2:9. Somos el campo o el terreno de Dios en 1 Corintios 3. Somos el templo de Dios donde Dios habita, 1 Corintios 3:16. Somos un viñedo, nosotros somos las ramas, Cristo es la vid, el Padre es el viñador, el que cuida el viñedo; eso está en Juan 15. Somos su manada, sus ovejas de su prado, según 1 Pedro 2:5. En 1 Timoteo se nos llama que nosotros somos en el mundo la columna y el sostén de la verdad, o sea que nos vemos así, sosteniendo la verdad en un mundo en oscuridad. Somos el reino de Dios en Colosenses 1:13. Nación santa, 1 Pedro 2:9. Una familia, Efesios 2:19. Y un cuerpo, 1 Corintios 12.
Son todas figuras, formas de aspectos importantes de la iglesia. Todas ellas conforman lo que la iglesia es; ninguna habla de todo lo que la iglesia es. Y yo diría que estas metáforas las podemos dividir en dos grupos como para entenderlas mejor. Algunas metáforas nos hablan de la iglesia y su relación con Dios. Por ejemplo, somos la esposa de Cristo; eso me habla de la iglesia y mi relación con Cristo, la intimidad, la cercanía que se supone debe haber entre la iglesia y Cristo, ¿correcto? Somos para Dios nación santa, pueblo adquirido por Dios; eso nos habla de lo que somos para Dios. Entonces hay un primer grupo de metáforas que nos hablan en esa dirección.
Y otro grupo de metáforas que nos hablan en cuanto a la relación entre nosotros. Por ejemplo, somos una familia y un cuerpo, y por lo tanto nos habla de la dinámica que se supone ocurre entre nosotros. Esa es una primera clasificación: metáforas que hablan de mi relación con Dios y metáforas que hablan de mi relación con los demás. Si nosotros estudiamos cada una de ellas, hay una gran riqueza en profundizar en cada una de estas metáforas.
Pero una segunda clasificación un poquito más detallada de estas metáforas es, primero, que hay metáforas que nos hablan de que nosotros somos el objeto del amor de Dios. Somos valiosos, preciados para Dios. Varias metáforas nos hablan de eso, como la novia, como el real sacerdocio, su manada de ovejas. El Señor es mi pastor, nada me faltará. Aunque esa metáfora no habla de la iglesia propiamente, el capítulo 23 de los Salmos nos habla de mi relación con Dios, y nosotros sabemos que Cristo es nuestro pastor, somos sus ovejas. Entonces lo primero es que hay metáforas dedicadas a decirnos que somos el objeto del amor de Dios.
Somos también el objeto de su trabajo: Él nos santifica, Él nos purifica, Él trabaja en nosotros. También somos instrumentos en sus manos; hay metáforas que hablan de eso. Somos un reino. ¿Qué hace un reino? Bueno, nosotros somos el reino de Dios, representamos el reino de Dios aquí en la tierra. Nosotros representamos a Dios aquí en la tierra; hay funciones que nosotros tenemos. Somos embajadores de Cristo, hablamos de parte de Él, le comunicamos al mundo lo que Dios se supone quiere que el mundo sepa. Eso es a través de nosotros, a través de la iglesia.
Pero también la iglesia es donde lo que Dios es se manifiesta. Dios es amor, gracia, misericordia, perdón, y eso se manifiesta entre nosotros como cuerpo, como familia. Debe manifestarse, por lo menos.
Entonces, siendo esto así, hermanos, ¿cómo podemos nosotros tomar la iglesia, acercarnos a la iglesia y considerarla como una entidad no digna de nuestra mayor devoción? ¿Cómo es eso? Es una falta de entendimiento bíblico de lo que realmente la iglesia es. Es una resistencia personal a que no haya un escrutinio sobre mi vida. Es que realmente hay ídolos en mi vida que yo no estoy dispuesto a dejar por el compromiso que la iglesia requiere de mí. No sé cuál es la razón, pero ¿cómo, luego de ver estas cosas, nosotros pudiéramos tomar la iglesia y no considerarla digna de nuestra devoción?
¿Cómo nos sentiríamos nosotros si una persona maltrata, agrede u ofende a nuestra novia, a nuestra esposa? Si la iglesia es la novia y la esposa de Cristo, ¿cómo me sentiría yo si alguien lo hace con mi novia, con mi esposa? Yo inmediatamente salgo a matar, ¿verdad? Hay un instinto defensor, protector en el corazón del hombre puesto por Dios, de defender lo suyo, de defender su esposa. Bueno, por lo menos solía ser así.
Lo que Cristo está haciendo con su iglesia es digno de nuestro aplauso, de nuestra gratitud. Yo le puedo decir, y no es porque soy pastor, creo que lo digo no porque soy pastor sino porque puedo ver de manera relativamente objetiva lo que hay en el mundo de las iglesias incluso: yo estoy profundamente agradecido a Dios por la iglesia que nos ha dado. Ojo, la iglesia no es el templo, no son las facilidades. Lo que estoy diciendo cuando digo que estoy profundamente agradecido por la iglesia que Dios nos ha dado es por ti. Estamos agradecidos por ti. Y si no te he hecho sentir la gratitud que sentimos los pastores hacia ti, le pedimos perdón a Dios y te pedimos perdón a ti.
Recientemente, cuando el pastor Manny, Celia y Manny estuvieron con nosotros, tuvimos una sesión de pastores el sábado en la mañana. En esa sesión de pastores él decía que los pastores deberíamos buscar servir a Dios con fidelidad, pero no solo con fidelidad sino con gozo. Un empleado puede servir con fidelidad, pero un discípulo sirve con gozo a su Señor, a su Salvador. Y él hablaba entonces de nuestra gratitud hacia la iglesia, hacia el pueblo de Dios. Y él decía: "Hermano, tú tienes que estar agradecido de que esa gente viene. Después de haberte oído, viene otra vez a escucharte otra vez, a escuchar lo que tú tienes que decir otra vez. Dale gracias a Dios, dale gracias a ellos que vienen a escucharte otra vez." Por Dios, aquí que vienen a escucharte a ti, gracias al Señor, gracias por mover sus corazones por estar aquí.
Entonces, yo quiero terminar con una nota de reflexión acerca de todo esto, acerca de la iglesia, porque la semana que viene yo quisiera reflexionar acerca de cómo debe ser mi compromiso, cuál debe ser mi compromiso, cuáles son los mecanismos que tiene esta iglesia local para yo involucrarme y comprometerme, porque muchos quizás lo ignoran.
Pero antes de eso, leer un pasaje que escribe Lucas, que escribió el libro de los Hechos, acerca de Pablo cuando se está despidiendo de un grupo de pastores en Hechos 20:28, que dice lo siguiente. Le dice a los pastores y líderes que estaban ahí: "Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha puesto por obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre."
Cuando yo veo a un hermano o a una hermana, yo tengo que pensar que ese hermano y esa hermana han sido comprados, y comprados con la sangre de nuestro Señor. El precio que se pagó por esa hermana que a veces nos irrita y nos molesta y tiene todas sus imperfecciones, igual que yo, igual que tú en otras áreas. Adolecemos de múltiples cosas gritantes para los demás. Eso es algo que yo me pregunto con frecuencia: ¿cuáles serán mis mañas que les gritan a los demás? Por ejemplo, aquí en el púlpito yo me he preguntado: ¿qué será, cuáles serán las cosas que yo hago o que no hago que quizás a la audiencia le gritan? No porque eso determine cómo yo lo voy a hacer, pero quiero mejorar.
El punto es que todos nosotros tenemos causa de irritación para los demás, pero estamos supuestos a amarnos de manera incondicional. Pero sobre todo, considerar al otro, además de como la imagen de Dios, como aquel por quien Cristo vertió su sangre. Pablo le dice a los obispos: "Oigan algo, cuídense ustedes mismos, de ustedes, de su pecaminosidad, de su caminar, y cuiden la grey." ¿Por qué? Porque esa gente, esa grey, solo que significa ese grupo de gente, ha sido comprada por la sangre de Cristo. Cuidado con esa gente. Pero yo creo que es una exhortación que nos cabe a todos: cuidado tú, cuidado yo con el trato que le damos a la oveja que ha sido comprada a precio de sangre por nuestro Señor. Cuidémosla.
Y quisiera terminar con esta pregunta: ¿Qué sería o cómo sería esta iglesia local si todos los que estamos aquí tuviéramos el mismo compromiso y entrega que tú tienes? Evalúa tu compromiso y tu entrega a la iglesia. Si todos decidimos hacer lo que tú haces o lo que no haces, ¿qué sería de la iglesia? ¿Dónde estaría? ¿Cómo se sentiría? Reflexionemos en eso. Y la semana que viene, que Dios prepare el corazón para seguir reflexionando acerca de su novia.
Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.