Ser cristiano y no comprometerse con una iglesia local se ha vuelto algo común: encuestas recientes muestran que más de la mitad de quienes se consideran creyentes no asisten regularmente a una congregación, y muchos de los que sí lo hacen nunca formalizan su pertenencia. Sin embargo, cuando Jesús habló de la iglesia, la describió como algo que él mismo edificaría, contra la cual las puertas del Hades no prevalecerían, y donde los creyentes serían responsables unos de otros en su caminar espiritual. La iglesia no es un evento para espectadores; es una comunidad donde se comparte una vida en común.
El compromiso con la iglesia se manifiesta en tres niveles progresivos. Primero, involucrarse: la iglesia primitiva se dedicaba continuamente a la enseñanza y a la comunión, una palabra que significa mucho más que pasar tiempo juntos. Aquella comunión implicaba conocer y dejarse conocer, acompañarse en el caminar de fe. El Nuevo Testamento está lleno de mandatos que requieren cercanía: amarse, perdonarse, servirse, confrontarse, orar unos por otros. Segundo, pertenecer formalmente, porque los pastores deben saber por quiénes van a dar cuenta. Y tercero, entregarse a servir, porque cada creyente tiene un don que aportar al cuerpo.
No hay tareas mayores o menores en la iglesia. Quienes cuidan niños en el nursery predican junto al pastor al permitir que otros escuchen la palabra. Una iglesia grande atrae multitudes; una gran iglesia se construye cuando cada miembro se compromete, ama y sirve donde Dios lo ha colocado.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Bien, como ustedes recordarán, o la mayoría recordará, la semana pasada empezamos. Digamos, les informé de dos mensajes que tenían que ver con la iglesia y yo, la iglesia y mi relación con la iglesia. Y desde el domingo anterior expusimos, en una primera oportunidad, lo que la iglesia es. Y hoy mi deseo, mi propósito, habiendo ya estudiado lo que la iglesia es, entonces ir a la Palabra y preguntarnos cuál se supone debe ser mi relación con la iglesia, con esa iglesia que conocimos la semana pasada que era. Y más adelante voy a dar un pequeño resumen de lo que hablamos.
Pero paradójicamente este es un tema del cual se habla poco, porque asumimos que mucha gente, todo el mundo lo sabe, todo el mundo conoce de qué es la iglesia y de qué se trata mi relación con la iglesia. Pero en realidad no es así. Cuando nosotros vemos lo que pasa en el pueblo de Dios, en aquellos que se llaman cristianos, mencionamos una encuesta que se hizo el año pasado en los Estados Unidos, en el 2016, por Barna, Grupo Barna, donde indicaba que un 58% de los que se consideran cristianos no asisten de manera regular a una iglesia todos los domingos, y que de hecho, del 42% que sí lo hace, un alto porcentaje no se compromete formalmente con una iglesia local.
Y estoy hablando de personas que se consideran a sí mismos cristianos. Y esa realidad de la falta de compromiso y de pertenencia que se ve en muchos ambientes y países y ciudades, digamos, ha llevado a muchas denominaciones, o algunas denominaciones, sencillamente no requerir membresía formal para aquellos que van a sus iglesias, porque está como en desuso. Algunos dicen que eso realmente no es bíblico, que no hay un texto que nos indique que la palabra membresía era parte de la iglesia primitiva, de la experiencia de la iglesia primitiva. Otros dicen que no se hacen miembro o parte de una iglesia formalmente porque no confían en los líderes. Y otros sencillamente porque la iglesia no satisface su preferencia o sus preferencias.
Pero si nosotros nos vamos a la Biblia y vemos lo que la Biblia dice que la iglesia es, nosotros deberíamos tener una actitud entusiasta de formar parte de la iglesia y de unirnos a ella de manera formal. Nosotros sabemos que Jesús habló en dos ocasiones apenas de la iglesia, porque cuando Jesús estuvo aquí no había una iglesia como tal. La iglesia se instituye en Pentecostés, en Hechos 2, cuando Él se va. Pero Él habló en dos ocasiones y Él dijo lo siguiente con relación a la iglesia.
Primero, en Mateo 16:18, le dijo a Pedro: "Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella." Y luego, un capítulo y medio más adelante, en Mateo 18:15, dice y nos habla de que si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas, y si te escucha, has ganado un hermano. Pero si no te escucha, lleva contigo a uno o dos más, para que toda palabra sea confirmada. Y si rehúsa escucharlos, dilo a la iglesia. Y si también rehúsa escuchar a la iglesia, sea para ti como el gentil y el recaudador de impuestos.
En estos dos versículos nosotros nos damos cuenta: en el primero, Jesús dice que la iglesia es algo que Él va a instituir, que Él va a edificar sobre la roca, y que las puertas del Hades no prevalecerán contra la iglesia. Y la palabra que usó es "ekklesía", que significa "sacados fuera". Y en el otro pasaje habla de que en la iglesia debe haber una dinámica donde nosotros, los unos a los otros, somos responsables por el caminar espiritual mutuo.
Y tomando esos dos pasajes, entonces llegamos a esta definición la semana pasada, y decíamos que a raíz de eso, la iglesia es entonces un grupo de personas redimidas por Cristo, propiedad de Cristo —"mi iglesia", "yo le edificaré"— llamadas por Cristo a ser diferentes del mundo, y ahí la palabra "sacados fuera", que tiene una garantía de victoria por encima de todo, y con el deber mutuo de velar los unos por los otros en nuestro caminar de santidad. Eso es lo que extraemos de estos dos pasajes de Jesús en cuanto a la iglesia.
Y luego entonces, las múltiples metáforas que usa la Biblia para referirse a la iglesia nos dan una idea de lo que la iglesia es, lo importante que es la iglesia en el trabajo de Dios en nuestras vidas. Y las metáforas simplemente nos indican algunos de los aspectos importantes de la iglesia.
Por ejemplo, en Efesios 5 la iglesia es llamada la novia de Cristo, hablando de la devoción de Cristo, del amor de Cristo por su iglesia, es su novia. En Segunda de Timoteo es el ejército de Dios. En Primera de Pedro 2:9 se nos llama linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios para —sabemos— anunciar sus virtudes. En Primera de Corintios 3:16 somos el templo de Dios. En Juan 15 somos un viñedo donde Cristo es la vid, nosotros somos las ramas y el Padre es el podador, el viñador. En Primera de Pedro 2:25 se nos llama la manada de ovejas del Señor. En Colosenses 1:13 somos el reino de Dios aquí en la tierra, y eso es parte de nuestra tarea. En Efesios 2:19 somos una familia, y en Primera de Corintios 12 somos un cuerpo.
Todas esas cosas, todas esas metáforas hablan —no cada una habla de todo lo que la iglesia es, sino que combinadas— todas reflejan lo que la iglesia es. Y cuando nosotros vemos lo que Cristo dijo de la iglesia, entonces lo que las metáforas dicen de la iglesia, uno diría: bueno, ¿y por qué nos falta el entusiasmo de comprometernos y acercarnos a la iglesia de Dios con ánimo, con deseo de colaborar, de contribuir? Y decíamos incluso la semana pasada, y terminábamos con esto: ¿qué sería de la iglesia si todo el mundo tuviese el mismo nivel de compromiso que yo tengo o que tú tienes? ¿Qué sería de la iglesia? ¿Qué pasaría?
Hermanos, no es lo mismo una iglesia grande que una gran iglesia. Una iglesia grande atrae números, atrae multitudes, atrae gente, atrae la atención; eso es una iglesia grande. Pero una gran iglesia es una que los que vienen se comprometen y se aman los unos a los otros. Es la diferencia entre una iglesia grande y una gran iglesia. Y yo diría que la iglesia grande no sé si se pudiera llamar iglesia incluso, si no existe el compromiso y el amor que se supone debe existir en toda gran iglesia.
Nosotros queremos ser una gran iglesia. Nosotros queremos que los que vienen aquí amen esta congregación, y amar la congregación significa que nos amemos los unos a los otros y nos comprometamos a colaborar y contribuir con el caminar de santidad uno con el otro. Y a lo largo de mi mensaje yo quisiera explicar cómo se ve eso, cómo se come eso —diremos en buen dominicano—, ¿qué significa eso? Yo trataré de responder la pregunta: ¿cómo luce, bíblicamente hablando, un cristiano comprometido con la iglesia de Cristo? ¿Cómo luce, bíblicamente hablando, un cristiano comprometido con la iglesia de Cristo?
Y hay tres aspectos que voy a ver. En primer lugar, cómo luce involucrado; en segundo lugar, luce que pertenece; y en tercer lugar, se entrega a servir. Esos son los tres aspectos que deben caracterizar nuestra relación con la iglesia. Yo diría que son como niveles de compromiso nuestro con la iglesia, y el primer nivel, como ya les dije, es de involucrarnos, involucrarte.
Si nosotros nos vamos —y me voy a relacionar de manera bíblica con la iglesia— yo debo dejar de visitar y comenzar a involucrarme. Y voy a explicar qué implica ese concepto. Busquemos Hechos 2, vayamos a Hechos 2, versículos 41 y 42, y saquemos de ahí algunas enseñanzas en cuanto a este tema del involucramiento.
Hechos 2:41-42 dice así la Palabra: "Entonces los que habían recibido su palabra fueron bautizados, y se añadieron aquel día como tres mil almas. Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración."
Este es un versículo que resume lo que estaba pasando en la iglesia primitiva. Estén en Hechos 2: después que en Hechos 1 se nos dice que el Espíritu Santo vino sobre la iglesia y llenó a todos los que estaban en el aposento alto, luego el primer sermón de Pedro produjo nada más y nada menos que tres mil conversiones. Imagínense ustedes que un día, de un día a otro, su iglesia reciba tres mil nuevos convertidos. Eso es un problema logístico, eso es una victoria espiritual, pero es un problema.
Pero inmediatamente se nos dice eso, se nos dice que había una dinámica increíble entre ellos. Entonces este grupo de gente, dice, se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración. Se nos describe una dinámica. Fíjense que dice que creyeron por la palabra y se bautizaron; es algo automático en la iglesia primitiva. Hoy es algo raro: que el cristiano se convierte y ahora a ver si él se puede bautizar o se quiere bautizar. "Yo no he sentido del Señor todavía bautizarme." ¿Y qué es, tú esperas que te hablen audiblemente? El bautismo era algo automático en la iglesia primitiva. Yo me convertía, yo había creído la palabra de salvación, la palabra de Cristo, y yo decía: yo me quiero bautizar, yo me hace el testimonio público de lo que ha pasado en mi corazón. Yo no tengo que preguntarle a Dios: "Señor, ¿Tú quieres que yo me bautice?" Él ya me lo ha dicho. Mateo 28:19: "Id por todo el mundo, predicad el evangelio y haced discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo." Eso lo hace el cristiano, y eso es parte del involucramiento del cual estamos hablando ahora.
Pero fíjense, aquí dice —y la expresión del versículo 42, perdón— dice: "Y se dedicaban continuamente a la enseñanza de los apóstoles, la comunión, el partimiento del pan y la oración." Esas dos cosas, las enseñanzas de los apóstoles y la comunión, es en lo que yo quiero enfocarme. Ahora, esa palabra en el original, "se dedicaban," significa eran devotos a, se concentraban en las enseñanzas de los apóstoles. Esta gente estaba entregada, entregada a aprender, a consumir verdad, a crecer en el conocimiento de la Palabra.
Y no sabemos exactamente qué tantas reuniones ellos hacían, qué tantas veces se veían en la semana. Nosotros sabemos que los domingos era la norma de la iglesia primitiva; Hechos 20 nos habla de eso, Primera de Corintios 16, Apocalipsis 1:10 habla del día del Señor, esa era la práctica. Pero nosotros sabemos que no era lo usual, digamos, que yo viniera por un tiempo muy limitado como hacemos nosotros, sino que había otras dinámicas en esa iglesia en ese momento.
Fíjense, por ejemplo, en Hechos 20 se nos relata un domingo en la iglesia primitiva. Transportémonos nosotros ahí. Hechos 20, versículo 7, y vamos a ver un domingo en la iglesia primitiva. Dice así: "Y el primer día de la semana" —domingo era en esa ocasión— "cuando estábamos reunidos para partir el pan, Pablo les hablaba" —Pablo estaba ese día predicando, enseñando— verso 7, Hechos 20:7, "pensando partir al día siguiente, y prolongó su discurso hasta medianoche."
Detallito para que ustedes vean cuál era la dinámica de la iglesia primitiva. Cuando estoy preocupado que el sermón de hoy o el sermón de mañana del miércoles se pase cinco, ocho minutos, piensa que hubo una vez que Pablo estaba predicando y su sermón llegó a la medianoche, para que cobres ánimo y recibas con interés y deseo a aquellos que se pasan del tiempo. Pero esta gente tenía hambre. Pablo se prolongó, se extendió hasta la medianoche. Más es que nosotros comenzamos ahora, estamos aquí a las doce de la noche todavía, y la gente está sentada.
Claro, sabemos que eso cansa, y de hecho aquí mismo, fíjense, sigan leyendo: "Había muchas lámparas en el aposento alto donde estábamos reunidos, y estaba sentado en la ventana un joven llamado Eutico. Y como Pablo continuaba hablando, Eutico fue cayendo en un sueño profundo, hasta que, vencido por el sueño, cayó desde el tercer piso y lo levantaron muerto. Pero Pablo bajó, se tendió sobre él, y después de abrazarlo dijo: No os alarméis, porque está vivo." El Señor lo resucitó, pero se durmió del sermón.
El punto es este: esta es la mejor ilustración de que esta gente se dedicaba continuamente a las enseñanzas de los apóstoles. Había una dedicación, una entrega intencional al consumo de verdad. Hermano, nosotros no nos vamos a nutrir lo suficiente, no vamos a ser lo suficientemente fuertes para enfrentar el mundo en el que nos ha tocado vivir, si nosotros somos consumidores de la Palabra una vez a la semana por 45 minutos los domingos. El visitante de domingo no es un cristiano victorioso, en general; esa es la realidad.
Por lo tanto, nosotros tenemos que desprendernos de la idea de que a la iglesia se va los domingos. La iglesia tiene una serie de cosas y vamos a ver cómo se ve eso en un momento. Nosotros tenemos que ser consumidores habituales de lo que la iglesia dispone para la gente que viene. Yo tengo que involucrarme. No es solamente que yo vengo a recibir, que yo vengo a oír; yo también vengo a dar. Ese va a ser el último punto de mi sermón. La dinámica de la iglesia tiene que ser una dinámica de familia, de estudiantes, de aprendices, de mentores y mentoreados, donde nosotros estamos dedicados a crecer. Y esto es una evidencia de cómo esta gente se lo tomaba muy, muy en serio.
Incluso se nos dice un poco más adelante, en el mismo libro de los Hechos, que los de Berea eran más nobles que los de Tesalónica, porque los de Berea escuchaban las cosas que Pablo estaba predicando y se iban a sus casas y escudriñaban las Escrituras para saber si esas cosas eran ciertas. Quizás en grupos pequeños, quizás discutían entre ellos: "¿Pero será verdad lo que él dijo? ¿Él citó al profeta Jeremías?" Y lo iban a ver. Había un consumo de verdad más allá del mero domingo, que a veces se prolongaba, dicho sea de paso, hasta la medianoche.
Lo otro a lo que ellos se dedicaban era a la comunión. Fíjense que está ahí, el segundo aspecto es la comunión. Yo entiendo que incluye el partimiento del pan y la oración como parte de ella, pero la comunión es lo segundo a lo que ellos se dedicaban. La palabra en el original es koinonía. Nosotros los cristianos usamos mucho esa expresión, y la koinonía lamentablemente para el cristiano es como el equivalente de la jangueo del mundo, más o menos. La koinonía ha llegado a ser para el cristiano ese intercambio ligero, superficial, casi infantil que a veces nosotros tenemos cuando nos juntamos a comer algo, a compartir algo. Pero la koinonía va mucho más allá del mero pasar tiempo juntos, un tiempo superficial que no representa una edificación para nosotros.
Y aquí quiero citar a John MacArthur, que habla de esto de manera yo creo que muy precisa, y creo que va a aclarar claramente, valga la redundancia, lo que significa esta palabra. Dice: "La verdadera comunión es mucho más profunda que eso, el compartir. La verdadera comunión es espiritual, es profunda. La palabra comunión, de hecho —dice él— es usada unas 30 veces en el Nuevo Testamento. Algunas veces se traduce 'contribuyendo', otras veces 'participando', otras veces 'haciendo causa común'. El concepto es muy claro."
Parte de esta comunión define que el cristianismo es netamente relacional, porque somos seres hechos a la imagen de Dios. Dios es un ser relacional porque es una Trinidad, y Dios nos ha hecho para las relaciones; eso es parte de Su imagen. Así que cuando vemos a la iglesia en el libro de los Hechos, ella es intensamente relacional. Como dije, la iglesia no es un evento para espectadores. Cuando llegas a la salvación en Cristo estás incrustado, por así decirlo, en una unión de vida común con cada otro creyente. Es una manera muy precisa de explicar lo que significaba la comunión en el Nuevo Testamento: es una vida común, son intereses comunes, es un caminar donde uno se acompaña.
Por tanto, entonces, la comunión que estamos supuestos a tener es algo cercano, personal, que requerirá que yo visite más allá de los domingos a la iglesia. Requerirá más tiempo, y sobre todo, además de tiempo, requerirá de una disposición. Cuando yo vengo a la iglesia, o me reúno en un grupo pequeño, o voy a un grupo de jóvenes, o voy a un grupo de parejas —que son los grupos pequeños de la iglesia— yo voy con una disposición a conocer y a que me conozcan. Yo voy con la disposición de compartir mi vida.
Es diferente cuando yo voy, por ejemplo, a una universidad, donde yo voy literalmente a aprender algo. Yo no tengo interés en la vida, en un sentido, de los otros, aunque uno termina relacionándose con los demás, haciendo amigos y relaciones. Pero aquí se supone que estamos, no solo aprendiendo, sino aprendiendo para vivir entonces lo que aprendemos. Y el laboratorio es la misma iglesia, somos nosotros mismos. "Amaos los unos a los otros": yo lo digo aquí, pero no es para salir de aquí afuera a darle a mala gente. Es aquí, este es el laboratorio. Aquí es que tú vas a aprender a amar, a perdonar, a pasar por alto la ofensa, a recibir el agravio. Aquí es que tú vas a aprender también a confrontar y a ser confrontado, y múltiples otras cosas.
De hecho, la Biblia está llena de "unos a otros", sobre todo el Nuevo Testamento. Algunas referencias nada más: Juan 13:34, Jesús les instruye a sus discípulos que se amen los unos a los otros. Romanos 12:5, que nos dediquemos, dice Pablo, los unos a los otros. Romanos 12:10, que nos honremos los unos a los otros. Romanos 12:15, que nos regocijemos los unos con los otros. Gálatas 5:13, servirnos los unos a los otros. Efesios 4:32, perdonarnos los unos a los otros como Cristo nos perdonó. Primera de Tesalonicenses 5:11, alentarnos los unos a los otros. Primera de Pedro 4:9, ser hospitalarios los unos con los otros. Santiago 5:16, confesar pecados los unos a los otros. Santiago 5:16, orar los unos por los otros. Y Hebreos 10:24-25, estimularnos los unos a los otros a las buenas obras y al amor.
De hecho, ese versículo último que cité, Hebreos 10, que se utiliza para exhortar a la gente, para motivar a la gente a que no deje de congregarse como algunos tienen por costumbre, lo que dice es que nos reunamos para que nos consideremos cómo estimularnos los unos a los otros al amor y a las buenas obras. Esa palabra "considerar" —que nos consideremos para estimularnos los unos a los otros— es la misma expresión que se utiliza en Hebreos 12 cuando dice que fijemos nuestra vista sobre Cristo. Aquí dice que te fijes en tu hermano, qué es lo que necesita para estimularlo al amor y a las buenas obras. Que tu enfoque no seas tú, sino que sea tu hermano; que veas de qué manera tú lo puedes animar, tú lo puedes exhortar, tú lo puedes confrontar, tú lo puedes ayudar a que él sea un hombre y una mujer más amorosa y más dedicado y enfocado a las buenas obras. ¿Se fijan que hay una responsabilidad mutua de caminar juntos, de involucrarnos los unos a los otros? Eso está claro.
Y eso yo no lo hago visitando un domingo; eso yo no lo hago. Imagínense que usted está aquí en todas las actividades, pero usted viene con una actitud cerrada, introvertida. Quizás hay algunos así: "Yo soy así." Quizás no podemos hacerlo con todo el mundo, pero tratemos de hacer un esfuerzo y salir un poquito de nuestra cápsula, conocer y compartir y poder caminar con los demás.
Algunos dirán: "Bueno, es difícil." ¿Por qué es difícil? Porque la gente es difícil. ¿Que hay gente con problemas? Sí. ¿Que hay gente que irrita? Sí. ¿Y que no piensa como yo? Totalmente de acuerdo. ¿Que ve las cosas totalmente diferente? Totalmente de acuerdo. Todo es verdad. Eso es parte de lo que Dios permite para que precisamente yo no me enfoque tanto en mí, sino en el otro. Eso es parte de mi aprendizaje de amor incondicional y de perdón.
Y si usted piensa que la iglesia primitiva era perfecta, está muy equivocado. La iglesia primitiva, que se dedicaba continuamente a la comunión, era una iglesia imperfecta. Aquí hay algunos ejemplos para que nos demos cuenta y bajemos, digamos, de la nube de que vamos a tener una iglesia perfecta y que yo me voy a integrar cuando yo vea que las cosas más o menos están funcionando bien.
En Primera de Corintios 3, Pablo le dice a los corintios que dejen los grupismos. Unos dicen: "Yo soy de Apolos." Otros dicen: "Yo soy de Cefas." Otros dicen: "Yo soy de Pablo." Había gente con grupos, con facciones dentro de la iglesia. Y yo he visto eso dentro de la iglesia: una iglesia que es como un grupismo, una cosa muy difícil de penetrar. Sí, eso es parte de la naturaleza humana. Se veía en ese momento y se seguirá viendo hasta que Cristo venga a buscarnos.
Primera de Corintios 5: vemos a un hermano que está en una relación impura con su madrastra, y Pablo dice: "¿Cómo va a ser que ustedes no le dicen nada a ese individuo?" O sea, que había un individuo paseándose por la iglesia, por así decirlo, con un gran problema moral y espiritual en su vida, y nadie hacía nada.
En Primera de Corintios 11, Pablo reprende a los corintios porque habían hecho de la comunión un desastre. La cena del Señor en ese momento no eran los pancitos y los vinitos que nosotros usamos, o los juguitos. De hecho, dicho sea de paso, no es vino, es jugo, para que algunos no se sientan mal. Esta gente llegaba en ese momento y se cenaba; era una cena. Pero sucedía que a veces los ricos venían y traían su cena y se separaban de los pobres por un lado. Otros se hartaban en la cena, algunos se emborrachaban en la cena del Señor. Y Pablo les dice: "¿Cómo puede ser que esté pasando esto? Ustedes se reúnen para mal."
Primera de Corintios 12 y 14: vemos gente que está utilizando los dones para orgullo personal, para enorgullecerse de su capacidad y de sus dones espirituales, y para hacerle sentir al otro que era superior.
En Segunda de Corintios 12, Pablo reprende a los corintios. ¿Se acuerdan del hermano al que ellos no le decían nada, que estaba en una relación impura con su madrastra? Ese hombre después ya se arrepiente, y ahora ellos no lo quieren aceptar para atrás.
Y no eran los corintios nada más. En Gálatas uno Pablo reprende a los gálatas porque son unos herejes y han dejado atrás el satisfactorio de Cristo y se han dejado seducir por un nuevo evangelio. En Filipenses 4 se nos informa de un conflicto grandísimo que había entre Evodia y Síntique. Son dos personas, no son marcas de electrodomésticos, son dos personas que había en ese momento. Y dicen que el conflicto era tan grande, algunos entienden que toda la carta a los Filipenses fue escrita para resolver ese conflicto. Y de ahí el famoso pasaje: "Haya pues en vosotros esta misma actitud que hubo en Cristo Jesús, el cual no estimó el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se humilló a sí mismo". Todo eso es en el contexto de un pleito. Miren a Cristo, cómo se humilló, y ustedes están aquí manteniendo sus posiciones y sus prerrogativas.
La iglesia llena de problemas, porque mientras la iglesia esté compuesta por gente es una iglesia imperfecta con problemas. Eso es así. Entonces olvidemos la idea de que yo me voy a integrar o no me integro porque hay muchos problemas. No, es que esa es la razón de hecho. Ven tú y te vamos a aceptar también con tus problemas. Pero involúcrate, apártate, sé parte de la vida de la iglesia.
En la IBI hay múltiples maneras de involucrarse. Hay gente que ignora incluso los ministerios de la IBI, y yo les exhorto que se informen mejor acerca de los ministerios de la IBI. Nosotros, aparte de los domingos, tenemos servicios los miércoles. Para los que no se han bautizado y se consideran creyentes: no tienes que orar más, tienes que bautizarte. Eso es un mandato. Eso es algo que lo hacen los discípulos de Cristo. Usted viene delante de la iglesia y da testimonio público de lo que Dios ha hecho en su vida y le cuenta a su familia y a la congregación lo que Dios ha hecho, se bautiza. Tenemos bautismo cada tres meses, cada cuatro dependiendo, tenemos uno este miércoles. Al resto, que no se va a bautizar, vengan, acompañemos a nuestros hermanos en su testimonio público. Aplaudamos con ellos la obra de Dios en sus vidas. Seamos parte los unos de los otros.
La comunión, como ustedes saben, se hace una vez por mes. Yo estoy informando esto como asumiendo que nadie sabe porque quiero poner a todo el mundo en la misma página. La comunión se hace una vez por mes. Es la celebración cumbre del creyente. Celebramos el sacrificio de nuestro Señor en favor de nosotros y anunciamos su muerte hasta que Él venga. Eso nos instruyó nuestro Señor hasta que eso ocurra. Y aquí estamos los domingos doscientas personas más o menos todos los domingos, y en las comuniones hay seiscientas, setecientas. Todos los meses, ¿dónde está la gente? ¿Dónde te celebra? ¿Usted hace su comunión en su casa? Eso es parte de ser iglesia.
Los miércoles tenemos estudios bíblicos, oración la primera media hora de ocho y media a nueve. Hay grupos de discipulado para matrimonios, hay grupos de discipulado para gente que no está casada, hay grupos de jóvenes los sábados: de 12 a 14 años, de 14 a 17, de 18 a 23, de 24 en adelante. Hay grupos los viernes y los sábados. Tú tienes que estar aquí.
Y una nota, hermano: es el culto, este culto a las 11:45. Eso es parte. No es a las 12. No es el sermón comienza a las 11:20 y llego a las 11:15 porque yo vengo a recibir la Palabra. Pero yo vengo a darle a Dios adoración y exaltación. Ya de por sí no sé cuál es la excusa de llegar tarde a las 11:45, porque que se levantó tarde no puede ser, no puede ser. Esa no funciona. Pongamos lo mejor de nosotros, calcula el tiempo. Porque esto es una facilidad grande, calcula el tiempo que le va a tomar para parquearse y venir y desplazarse. Date el tiempo para que usted esté aquí desde la primera oración, desde la primera alabanza, desde la primera adoración. Y de esa manera no distraemos al que ya empezó su adoración y su alabanza. Eso es parte del involucrarme. Ese es el primer nivel de compromiso al que se supone yo debo aspirar como hijo de Dios, como creyente.
Hay un segundo nivel de compromiso y es que yo no solamente debo involucrarme. O sea, yo debo pasar del visitar al involucrarme, del involucrarme al pertenecer. Yo tengo que pertenecer a la iglesia, yo tengo que formalizar mi membresía. Esto es, aquí ya estamos hablando de membresía: debe haber un registro de tu existencia aquí en la iglesia, hay un registro, una foto, una firma o una cosa. Tenemos que saber que tú existes por múltiples razones. Tiene que haber una pertenencia formal.
Nosotros sabemos que cuando nos hacemos creyentes, cuando nos convertimos, somos parte de la iglesia universal, somos parte de la iglesia de Dios, eso es así. Pero, ¿cómo se manifiesta esa pertenencia a la iglesia? Se manifiesta cuando yo me hago parte de una iglesia local. Y yo necesito entonces hacerlo de manera formal. Esto no es un simple papel, es una declaración de compromiso con esa congregación, con la visión de esa congregación, con el soporte incluso económico de esa congregación. El diezmo, el darle a Dios, no debería ser un peso, es un privilegio que Dios nos da: nosotros contribuir con su obra aquí en la tierra. Ustedes saben que aquí tenemos una, la gente separa de manera voluntaria, pero nosotros estamos esperando que ustedes, los que vienen a recibir, también estén dispuestos a colaborar con lo que aquí se hace, y todo lo que aquí se hace requiere recursos.
Y el dar es una manera que Dios tiene de trabajar en nuestras almas. Dar me hace bien, dar dinero me hace bien, dar tiempo me hace bien, dar esfuerzo me hace bien, te hace bien, porque aquí te quita la mirada de ti y la pone en otra cosa.
Y a pesar de lo que mucha gente piensa de que la membresía no es bíblica y que eso es un mero papel, realmente en la Palabra tenemos ciertas indicaciones de que sí había un registro. Por ejemplo, Hechos 2:41, que fue el pasaje que leíamos hace un momentito, dice que entonces los que habían recibido su palabra fueron bautizados y se añadieron aquel día como tres mil almas. Había un registro. Por lo menos ahí hay un conteo de cuánta gente se ha añadido. En Hechos 4:4 se nos dice: "Pero muchos de los que habían oído el mensaje creyeron, llegando el número de los hombres como a cinco mil". Otra vez se contó, los hombres se contaron. Se contó.
En Romanos 16, miren qué detallado es Pablo con relación a este tema de la recomendación de una hermana. Dice: "Os recomiendo", le dice a los romanos, "os recomiendo a vuestra hermana Febe, de la iglesia de Cencrea, que la recibáis en el Señor de una manera digna de los santos, y que la ayudéis en cualquier asunto en que ella necesite de vosotros, porque ella también ha ayudado a muchos y aun a mí mismo". Esta mujer, esta mujer Febe, famosa ahora, hasta que Cristo venga famosa, porque quedó constancia de su existencia en las Sagradas Escrituras. ¿Y por qué quedó constancia? Porque ella se iba a mudar a Roma y Pablo escribe una carta: a Febe recíbanla, cuídenla, ministrenle, una miembro de la iglesia.
En Segunda de Corintios 3 Pablo le dice a los corintios defendiendo su apostolado: "¿O acaso necesitamos como algunos carta de recomendación para vosotros o de parte de nosotros?". Esto de carta de recomendación era normal. Era normal que un individuo se iba de una ciudad a otra y había una carta de recomendación, pero había una carta de recomendación porque la gente pertenecía a la iglesia, había un registro. De hecho, en Primera de Timoteo se nos habla de la lista de viudas que recibían ayuda por parte de la iglesia.
Hebreos 13:17 también implica algo que tiene que haber algún tipo de registro. Nos habla a nosotros como ovejas: "Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas como quienes han de dar cuentas". Y si yo no sé por quién es que voy a dar cuenta, ¿cómo nosotros vamos a dar cuentas? ¿Dónde está la gente? ¿Dónde están los que se han comprometido con esta iglesia local?
Nosotros queremos conocerlo y a veces tenemos diferentes mecanismos para hacer eso. Pero nosotros tenemos un mecanismo tecnológico que nos permite, la generación en la que vivimos, mantener un registro de la gente: foto, su testimonio, qué hace, dónde vive, con quién está casado, si está casado, si tiene hijos y demás, y podemos conocerlo un poco mejor. Cuando hay alguna situación en la iglesia y un pastor me dice "Fulano de tal está en esta situación", a veces los pastores no conocemos a todos y me quedo "¿Fulano?", buscamos en el sistema la foto. Si yo lo he visto, yo sé que está en el grupo de Fulano, e inmediatamente se ubica. Existe la persona, sabemos por quién vamos a orar por él.
Nosotros entonces, hermano, tenemos que conocer, tenemos que saber cómo estás caminando, queremos compartir nuestro caminar contigo. Tienes que salir del anonimato y darte a conocer.
Y eso en la IBI tiene un proceso formal de membresía. Aquí se requiere que la persona sea bautizada, que la persona también pase un curso de prememebresía que se da tres veces al año. En dos ocasiones se da los miércoles en la noche, en una ocasión se da los domingos. Todos se anuncian desde aquí, pero yo estoy trayendo todo esto para ponernos todos en la misma página también, para que no haya excusa a la falta de conexión e integración con la iglesia. Luego de la premembresía y el bautismo, entonces se llena un formulario informativo y se firma un pacto de compromiso o de membresía, y se tiene una entrevista pastoral donde un pastor te conoce y sabe a qué grupo tú vas a ir, bajo qué líder ministerial te vas a colocar, para saber que tú estás siendo alimentado y guiado en tu caminar.
Y ese es el segundo nivel de compromiso. El primero era el involucramiento, el segundo es el pertenecer de manera formal a la iglesia, y el tercer nivel, que es el nivel al que todos nosotros deberíamos aspirar, es no solamente pertenecer, es entregarte, servir. Dios te ha dotado, te ha puesto algo que tú tienes que dar y debes dar para el beneficio de la iglesia.
Esto se da cuando finalmente yo entiendo que esto de aquí, de la iglesia, no es simplemente lo que yo obtengo, lo que yo logro, cómo yo crezco. Yo voy los domingos a recibir y a que me den y a que me alimenten y a sentirme bien. Yo también voy a la iglesia los domingos y otros días porque yo tengo algo que aportar, yo tengo que colaborar, yo tengo que ayudar al funcionamiento y a la dinámica de la iglesia. Y eso es glorioso.
De hecho, la vida del cristiano debería caracterizarse por una vida de servicio. Jesús lo dijo en Mateo 10 y en múltiples otros pasajes. Mateo 10:43-45: "Pero entre vosotros no debe ser así", hablando de que los señores enseñorean de su gente. "Entre vosotros no debe ser así, sino que cualquiera de vosotros que desee llegar a ser grande será vuestro servidor, y cualquiera de vosotros que desee ser el primero debe ser el siervo de todos. Porque aun el Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos."
Bueno, una iglesia de 800 miembros, 800 personas, debe tener 800 ministerios. Cada persona es un ministerio porque él ministra el don que Dios ha puesto en él. Todo el mundo debe ser parte.
Y eso es exactamente lo que Pablo dice en 1 Corintios 12. Pablo habla del cuerpo y dice: "Hay diversidad de dones", versículo 4, capítulo 12 de 1 Corintios. "Hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Hay diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios el que hace todas las cosas en todos. Pero a cada uno, a cada uno se le da la manifestación del Espíritu para el bien común."
Cada uno de nosotros tiene un don. Eso puede tomar un poco de tiempo descubrirlo, puede tomar un poco de tiempo cultivarlo incluso. Hay gente que se siente confundida: "Pastor, ¿qué don yo tengo?" Las recomendaciones pastorales: comienza a servir en aquellas cosas que tú entiendes que atraen tu corazón, atraen tus afectos. ¿Es la compasión? ¿Son los niños? ¿Es la enseñanza? Comienza a servir de alguna manera, y donde tú encajes, donde tú te sientas lleno, donde tú te sientas usado y el cuerpo de Cristo te diga: "Wow, hermano, tú me ministras, tú eres usado por Dios, gracias por tu servicio", Dios va confirmando dónde es que tú tienes que estar.
De hecho, ese mismo pasaje un poco más adelante, Pablo habla de manera extensa una analogía entre el cuerpo humano y el cuerpo de Cristo, que es la iglesia. Yo voy a leer este pasaje, que es un poco largo, y voy a sacar varias lecciones que creo que son tremendamente importantes para nosotros.
Primera de Corintios 12, versículo 14. Comienzo leyendo: "Porque el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos". Y cuando piensen, cuando Pablo habla de cuerpos y miembros, piensen ciertamente el cuerpo humano, pero piensen también que les está haciendo una analogía con el cuerpo de Cristo. "Porque el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. Si el pie dijera: 'Porque no soy mano, no soy parte del cuerpo', no por eso deja de ser parte del cuerpo. Y si el oído dijera: 'Porque no soy ojo, no soy parte del cuerpo', no por eso deja de ser parte del cuerpo. Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿qué sería del oído? Si todo el cuerpo fuera oído, ¿qué sería del olfato? Ahora bien, Dios ha colocado a cada uno de los miembros en el cuerpo según le agradó. Y el ojo no puede decir a la mano: 'No te necesito', ni tampoco la cabeza a los pies: 'No os necesito'. Por el contrario, la verdad es que los miembros del cuerpo que parecen ser los más débiles son los más necesarios. Y las partes del cuerpo que estimamos menos honrosas, a estas las vestimos con más honra, de manera que las partes que consideramos más íntimas reciben un trato más honroso, a fin de que en el cuerpo no haya división, sino que los miembros tengan el mismo cuidado los unos por los otros. Y si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; y si un miembro es honrado, todos los miembros se regocijan con él. Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo y cada uno individualmente un miembro de él".
Yo creo que mejor de ahí no se puede explicar. Pablo describe primero un organismo que funciona de manera coordinada. Nosotros somos un organismo que hemos de funcionar de manera coordinada en aquellos objetivos y propósitos que Dios nos ha dado para esta iglesia local. Y nosotros tenemos diferentes ministerios, diferentes cosas que podemos hacer, diferentes cosas en las que ustedes y nosotros podemos involucrarnos para dar lo que Dios nos ha dado.
Y quiero hacer una nota aquí. Hay mucha gente de la cual estamos extraordinariamente agradecidos. Hay gente que trabaja día y noche por esta iglesia en lugares y en actividades y tareas que no son visibles, pero que son fundamentales. Déjenme poner un pequeño ejemplo. Nosotros tenemos un nursery. ¿Quiénes se han beneficiado del nursery, que llevamos nuestros niños de cuna? ¿Que levanten su mano? Ok. Ahora mismo hay como tantas personas aquí con niños de nursery, niños de cuna. Supongan ustedes por un momento que tuviéramos veinticinco infantes aquí en este momento. ¿Ustedes creen que nosotros pudiéramos recibir lo que estamos recibiendo con la concentración y la quietud que estamos haciendo? No estoy diciendo nada malo de los niños; es la condición que Dios les da, que nosotros recibimos con gozo. Si no tuviéramos un nursery... pero tenemos un nursery porque hay un grupo de hermanas que viene temprano todos los domingos, todos los domingos del mundo exceptuando yo creo que Navidad, y se fajan con sus hijos para que ustedes puedan estar aquí recibiendo la Palabra. Y les dan leche, los limpian, juegan con ellos, los duermen, oran por ellos. Y usted termina su culto fresquecito, pasa, y mi muchachita y mi muchachito limpiecito. Y todo eso es un ministerio glorioso. En un sentido están predicando conmigo, están predicando con nosotros, porque están haciendo que su atención pueda enfocarse en esto.
Eso es un ejemplo sencillo, pero pudiéramos hablarles de los niños de escuela dominical. Cuántos profesores todos los días, en un culto y en el otro. Quinientos niños vivimos todos los domingos, trabajan en nueve cursos, en dos tandas con profesores, profesora y ayudante de profesora, hombres o mujeres pueden ser, porque también hay hombres, para que nosotros, ustedes y nosotros, podamos concentrarnos en lo que estamos haciendo aquí. Eso es glorioso. Y así hay múltiples ministerios: seguridad que cuidan nuestros vehículos, limpieza, todos sus hermanos y hermanas que lo hacen por nosotros, por ustedes. Y así, eso es la parte logística.
Pero hay hermanos también que nos enseñan, que nos aconsejan, que son maestros de nuestros niños, de nuestros jóvenes todos los sábados aquí. Aquí hay tres grupos de jóvenes, algunos de manera simultánea, y hay un equipo de más de cuarenta personas trabajando con sus jóvenes. Y vienen más de trescientos jóvenes todos los sábados a recibir la enseñanza, la Palabra, dinámicas, socialización entre ellos. Eso es glorioso, y nosotros estamos extraordinariamente agradecidos por el batallón de gente que Dios ha provisto en esta iglesia para servirnos, para guiarnos, para instruirnos, y entregan su vida. Y un aplauso espiritual a ellos.
Pero la exhortación hoy es para aquellos que todavía no hemos considerado también cómo dar, cómo contribuir, cómo colaborar en cualquier capacidad que yo pueda con esta obra que el Señor está levantando. Aquí somos un cuerpo y nos necesitamos los unos a los otros. Yo soy útil. El versículo 15 dice literalmente, Pablo hablando dice en el versículo 15: "Si el pie dijera: 'Porque no soy mano, no soy parte del cuerpo'". Porque yo no predico, yo no sirvo aquí... No, eso no es así. Eso es lo que dice el versículo 15: "Porque no soy mano, no soy parte del cuerpo". Y "si el oído dijera: 'Porque no soy ojo, no soy parte del cuerpo'". ¿Quién dijo que tu tarea no es importante? Es importante porque Dios te puso ahí. Tú no puedes ser otra cosa. El pie no puede ser ojo. Y eso es lo que dice: si todos fuéramos pies y todos fuéramos ojos... No, tú tienes que ser lo que Dios te hizo.
Y ¿qué pasa? Cuando tú haces eso, tú estás glorificando a Dios tanto como lo hace el predicador o el cantante, porque él está haciendo lo que Dios le dijo que hiciera y tú estás haciendo lo que Dios te dijo que hicieras. Y ¿qué te dijo que hicieras? Yo no sé. Puedes dar algo pequeño, grande, lo que Dios haya puesto en tu corazón y en tu vida. De alguna manera conéctate, involúcrate, entrégate. Hermano, no hay tareas mayores o menores. Todas han sido asignadas por Dios. Dios ha colocado, dice, los miembros según le plació, según su voluntad. No hay tareas mayores o menores; todas son asignadas por Dios.
Hay tareas, hermanos, que no son oficiales. Para tú animar a un hermano, orar por un hermano, instruir a un hermano, tú no tienes que ser diácono nombrado, ni pastor, ni estudiar en un seminario. Tú no tienes que ser un oficial de la iglesia para tú venir aquí con una actitud de servir, de entregarte, de dar, de colaborar. A veces los ministerios, como decía, los ministerios menos visibles son los más importantes, ¿cierto? Somos como el páncreas. Nadie habla del páncreas, hasta que el páncreas tiene un problema, ¿verdad? Pero es fundamental. O el riñón, ¿verdad? Muchas cosas también que uno no puede mencionar porque son cosas importantes que no se ven. Así es el cuerpo de Cristo. Hay tareas, funciones importantes que no se ven, que tienen que estar en manos de alguien y que son importantes.
Y como dije al principio, hermanos, la IBI, nosotros no queremos, nuestro objetivo en nuestro propósito no es ser una iglesia grande. Nosotros queremos ser una gran iglesia. Una iglesia que la gente que viene aquí ame esto, se comprometa con esto, se entregue a esto, se involucre, pertenezca, se entregue de tal manera que nosotros podamos verdaderamente ser la iglesia que Cristo soñó cuando se dio por ella en la cruz. Ese es nuestro deseo.
Entonces mi exhortación, mi desafío para ustedes es que busquen las formas, hagan las diligencias. Yo no sé en qué nivel de compromiso tú estás con relación a la iglesia, pero hagan las diligencias para moverse: del asistente a involucrarse, de involucrarse a pertenecer, de pertenecer a servir. Y que podamos entonces tener una gran iglesia.
Y de hecho, algunos de ustedes ya recibieron esto, pero queríamos darle esto a la iglesia. Vamos a dar uno por familia porque no pudimos imprimir uno por persona, pero hemos diseñado este pequeño folleto. Va a ser mejorable, perfectible en el futuro: "Vida de iglesia IBI". Y tiene los tres puntos que yo planteé hoy en el sermón. Un primero: involúcrate. Y ahí está explicado de qué manera tú te puedes involucrar; ahí están explicados los ministerios de la iglesia, los diferentes ministerios de la iglesia. Hay un segundo cuadro que habla de pertenece; ahí están explicados los requisitos para ser miembro de la iglesia: qué buscar, qué llenar, dónde llamar, qué hacer. Y luego hay uno que se llama entrégate, que es cómo tú sirves en la IBI, cómo puedes servir en la IBI, cuáles son los requisitos y las condiciones, en qué ministerio. De hecho, aquí hay un desprendible, que si usted ya es miembro de la iglesia y quiere servir, usted pone su nombre, su celular, su mail y el área de servicio en la que quiere servir, y le vamos a llamar.
Al final es cósmico. Son niveles de compromiso, como dijimos: de involucrarse a pertenecer, y de pertenecer a servir. Y nosotros sabemos que Dios hará grandes cosas en aquella iglesia donde su pueblo, sus hijos, están profundamente comprometidos con la causa de Cristo en esa comunidad, en esa generación.
Así que es mi oración que el Señor use todo lo que hemos reflexionado hoy para ayudarnos a crecer, no en número, sino por compromiso.
Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet www.integridadysabiduria.org. Será hasta la próxima cuando nos reencontremos en Su Palabra.
Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.