Integridad y Sabiduria
Sermones

La importancia de recordar lo aprendido

Miguel Núñez 24 noviembre, 2019

La mayoría de los tropiezos en la vida cristiana no ocurren por ignorancia, sino por olvido. El creyente que cae rara vez puede decir que no sabía lo que hacía; más bien, dejó de recordar a tiempo las verdades que conocía. Esta realidad preocupaba profundamente al apóstol Pedro mientras escribía su segunda carta, consciente de que su muerte era inminente. En lo que vendría a ser su testamento espiritual, Pedro no introduce enseñanzas nuevas; insiste cinco veces en un solo llamado: recordar. Recordar mientras él viviera, recordar después de su partida, recordar siempre.

La urgencia de Pedro cobra sentido cuando se considera que, según algunas observaciones pastorales, apenas uno de cada diez cristianos termina bien su carrera de fe. El pastor Miguel Núñez menciona la historia de un joven que anotó veinticuatro nombres de líderes cristianos ejemplares; décadas después, solo tres seguían caminando fielmente. El olvido es el inicio de la desobediencia. Cuando la tentación toma control, Satanás no llena de odio hacia Dios, simplemente hace que Dios se olvide. Los neurotransmisores del placer apagan la conciencia de su presencia.

Pedro ancla su enseñanza en algo más seguro que cualquier experiencia: la palabra profética. Él mismo fue testigo ocular de la gloria de Cristo en el monte de la transfiguración, escuchó la voz del Padre, contempló detenidamente aquella majestad. Sin embargo, señala que la Escritura inspirada por el Espíritu Santo es aún más confiable. Esa palabra es lámpara en la oscuridad, y quien la olvida apaga su luz y regresa a las tinieblas de donde fue sacado. Por eso el salmista escribió: "En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti."

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Y ahora, la Palabra de Dios, en la segunda carta de Pedro, capítulo 1. Como anunciamos la semana pasada, iniciamos una nueva serie con la primera parte de este capítulo 1, que titulamos "La clave para terminar bien", bajo la serie "El espíritu de la apostasía". Hoy nosotros vamos a continuar dicha serie en una dirección un tanto distinta, pero al mismo tiempo le da cierta continuidad al mensaje anterior, obviamente.

Dijimos que esta serie tiene dos epístolas en el centro del estudio: la segunda carta de Pedro y la epístola de Judas. Y la razón por la que esas dos cartas frecuentemente aparecen juntas en los comentarios y demás es porque ambas tienen un propósito en común, y es defender la fe frente a falsas enseñanzas y falsos maestros. En el caso de la carta que estamos estudiando ahora, las enseñanzas y los falsos maestros se levantaron desde adentro de la iglesia. En el caso de la carta de Judas, los maestros vinieron desde afuera; las falsas enseñanzas penetraron desde afuera y estaban haciendo estragos.

Por tanto, Pedro está preocupado. Pero Pedro está preocupado no solamente por las falsas enseñanzas que disminuyen el valor del satisfecho, sino que le está preocupado por la suerte de aquellos que llegan a creer un falso satisfecho. Pero está preocupado por algo más. Él está preocupado por la misma razón que muchos de nosotros estábamos preocupados cuando tú lees varias estadísticas y los estudios que se han hecho en el pasado. Les he mencionado solamente un comentario que no fue exactamente un estudio, pero un comentario que el pastor John Bisagno, de la Primera Iglesia Bautista de Houston, First Baptist Church of Houston, le hace a su yerno cuando él tenía 20 años. Y él le dice —y él era un pastor veterano— que en su experiencia solamente uno de cada diez cristianos termina bien.

Yo mencionaba esta mañana que la primera vez que yo escuché eso es una historia que aparece en el libro de Stephen Farrar, con el título —bueno, el nombre del libro es *Finishing Strong*, que sería como "terminando fuertemente", pero más bien "terminando bien". El yerno no creyó dicha estadística y entonces él determinó que él iba a escribir en la parte de atrás de su Biblia algunos nombres: unos 24 nombres de personas y líderes que él conocía en ese momento que estaban caminando muy bien. Bueno, el yerno se hizo no viejo, pero avanzó en edad, y a los 53 años él un día decidió abrir su Biblia, chequear los nombres, y apenas tres de los 24 estaban caminando bien. Uno de cada ocho.

No es muy distinto al récord bíblico: doce espías van a explorar la tierra, hay dos que entran a la tierra prometida, hay diez que nosotros ni siquiera recordamos sus nombres. Yo hubiese podido poner los nombres en la pantalla uno por uno y preguntarte quiénes son, y estoy seguro que ninguno de ustedes se recordaría. De manera que esto es una realidad que está en la mente de Pedro, quizás no con esas estadísticas, pero es una realidad de que muchos que comienzan bien no terminan el maratón de la vida cristiana. Y esa es una de sus preocupaciones.

Lamentablemente las cosas quizás se han ido empeorando en nuestra generación, porque como dice David Wells en su libro *God in the Wasteland*, o "Dios en la tierra baldía o abandonada", dice: "La mundanalidad que se ha apropiado en nuestra generación es cualquier cosa que hace lucir al pecado como normal y a la piedad como algo extraño". En la opinión de David Wells, el problema es el siguiente en nuestra generación: nos hemos ido relajando tanto, rebajando los estándares tanto, que con frecuencia lo que antes era pensado como algo repugnantemente pecaminoso hoy es más o menos normal. Y lo que antes era considerado como algo que debía estar presente en la vida de cada creyente, que es la piedad, es considerado como algo raro o extraño.

Yo quiero que tú sigas pensando ahí, porque yo quiero llevarte en una dirección con el texto de hoy que necesita cierta introducción. La mejor definición práctica que yo he leído —mejor dicho— de lo que pecado es, esa definición práctica, se la dio Susana Wesley a sus hijos Charles y John Wesley. Esto es lo que ella dice. Algunos de ustedes podrían recordar esta definición porque la he usado en más de una ocasión, pero como la repetición es la clave del aprendizaje, como veremos hoy, yo creo que es bueno volver a escuchar lo que decía Susana Wesley: "Pecado es cualquier cosa que debilite tu razonamiento, que altere la sensibilidad de tu conciencia, oscurezca tu apreciación de Dios, o te quite la pasión por las cosas espirituales. En pocas palabras, cualquier cosa que aumenta el poder o la autoridad de la carne sobre tu espíritu, eso para ti se convierte en pecado, independientemente de cuán bueno sea".

No importa la actividad, no importa el evento, no importa lo que sea: si eso comienza a hacerte menos sensible en tu conciencia hacia lo que es el pecado, o eso comienza a robarte pasión por las cosas espirituales, o comienza a disminuir el aprecio, el valor, la pasión que tú tenías por Dios y que hoy no lo sientes, o comienza a debilitar tu razonamiento hasta el punto de que tú estás haciendo cosas que tú sabes que son pecaminosas pero que ahora tu razonamiento está tan débil, está tan confuso, que tú ni siquiera puedes determinar lo que estás haciendo, entonces eso es pecado para ti o para mí, no importa cuán bueno pudiera ser en sí mismo.

Menciono todo esto porque el apóstol Pedro está preocupado de que sus seguidores, en medio de la persecución, pudieran no terminar bien. Y lo que fue relevante hace dos mil años es relevante hoy, porque el corazón es el mismo y lo único que cambia son los actores.

Y ahora entonces, en la segunda parte del capítulo 1, de los versículos 12 al 21, Pedro va a enseñarles algunas cosas que él entiende pueden ayudarles a terminar bien. Pero lo que él está tratando de hacer es traer a su memoria cosas que ya ellos saben. De ahí que el título de mi mensaje hoy es "La importancia de recordar lo aprendido". Yo todos los días estoy más convencido de la importancia de los títulos de mensajes, de sermones y de libros, porque en una sola línea tú deberías ser capaz de recoger la esencia de todo lo que vas a decir en un mensaje o escribir en un libro. De manera que este es mi título: "La importancia de recordar lo aprendido".

Pedro está consciente de que la mayoría de las veces que el cristiano tropieza, su tropiezo no se debe a algo que él no sabía o que él no conocía, sino que obedece a violación de algo que él sabía, de algo que él llegó a enseñar, a predicar, de algo que él llegó a practicar, pero que en el paso del tiempo eso que él sabía se le ha ido olvidando y él ha comenzado a ignorarlo. Y cuando él ha comenzado a ignorarlo, él ha dejado de practicarlo. Y cuando él ha dejado de practicarlo, la tentación le ha llegado y lo ha encontrado débil. En el camino, la voluntad se ha debilitado; se ha debilitado tanto por el alejamiento de Dios que se ha ido produciendo, por el pecado mismo, por Satanás, que ahora, en el debilitamiento de su voluntad, él ni siquiera sabe cómo salir de donde él se encuentra.

Pedro está cargado con eso. Yo creo que todo pastor con corazón de pastor —fíjate que separo dos cosas: pastor con corazón de pastor— realmente, cuando piensa en sus ovejas, se carga cuando piensa en la posibilidad de que eso pueda ser el caso en uno o en muchos.

Segunda de Pedro 1, del 12 al 21: "Por tanto —dice Pedro— siempre estaré listo para recordaros" —subrayen esa palabra: recordaros— "estas cosas, aunque vosotros ya las sabéis". ¿No? Ya ustedes las saben, pero les vuelvo a recordar. "Y habéis sido confirmados en la verdad que está presente en vosotros. Y considero justo, mientras esté en este cuerpo, estimularos" —¿a qué cosa?— "recordándoos estas cosas, sabiendo que mi separación del cuerpo terrenal es inminente, tal como me lo ha declarado nuestro Señor Jesucristo. También yo procuraré con diligencia que en todo tiempo, después de mi partida, podáis" —¿qué cosa?— "recordar estas cosas. Porque cuando os dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, no seguimos fábulas ingeniosamente inventadas, sino que fuimos testigos oculares de su majestad. Pues cuando Él recibió honor y gloria de Dios Padre, la satisfechuoso gloria le hizo esta declaración: 'Este es mi Hijo amado, en quien me he complacido.' Y nosotros mismos escuchamos esta declaración hecha desde el cielo cuando estábamos con Él en el monte santo. Y así tenemos la palabra profética más segura" —subrayen eso: "más segura"— "a la cual hacéis bien en prestar atención como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que el día despunte y el lucero de la mañana aparezca en vuestros corazones. Pero ante todo sabed esto: que ninguna profecía de la Escritura es asunto de interpretación personal, pues ninguna profecía fue dada jamás por un acto de la voluntad humana, sino que hombres inspirados por el Espíritu Santo hablaron de parte de Dios."

Ahí está nuestro texto. De acuerdo al versículo 14 del texto que leímos, la muerte de Pedro era inminente; esa es la palabra que usa. Jesús le había profetizado su muerte —por lo menos la clase de muerte que tendría— cuando le dijo en Juan 21 que él moriría con los brazos extendidos. Y la tradición dice que Pedro murió crucificado, y que él pidió que lo crucificaran hacia abajo, de cabeza podríamos decir, porque no se consideraba digno de morir de la misma manera que su Maestro.

Y ahora, en este momento, parece ser que de alguna forma Jesucristo le ha revelado que su momento de partida está cerca. Suena muy similar a como el apóstol Pablo escribe cuando le envía su segunda carta a Timoteo, en el capítulo 4, versículos 6-7. Escucha cómo Pablo anunció su partida: "Porque yo ya estoy para ser derramado como una ofrenda de libación, y el tiempo de mi partida ha llegado. He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe." Ese es un hombre que terminó bien.

Esta segunda carta de Pablo a Timoteo es considerada como el testamento de Pablo. De esa misma manera, esta segunda carta de Pedro es considerada como la carta, el testamento de Pedro para sus seguidores. Las últimas palabras de cualquier persona respetada, admirada, tienen un gran peso. Por eso es que la oración de Jesucristo en Juan 17 siempre ha sido muy preciada para mí, y representó una de sus últimas palabras.

Es interesante que cuando se revisan los testamentos que han llegado hasta nosotros del primer siglo, aquellas personas que en el primer siglo hicieron testamentos antes de morir, esos testamentos tenían características muy parecidas a las que tiene esta carta de Pedro. Estas eran algunas de las características que se han encontrado en común en esos testamentos: frecuentemente la persona anunciaba su pronta partida. Número dos, la persona que estaba despidiéndose usualmente llamaba a sus familiares más cercanos y conversaba con ellos. Número tres, era usual que la persona despidiéndose llamara a sus seres queridos a recordar alguna enseñanza o ejemplo de él o de ella. Número cuatro, la persona que escribió el testamento tendía a hacer algunas predicciones acerca del futuro, aún si no era apóstol, pero es simplemente algo que pensaba que venía quizás de camino. Número cinco, el autor del testamento dejaba algunas exhortaciones morales.

La carta de Pedro sigue más o menos esa dirección. Pedro anunció su partida, él dirigió su carta a sus seguidores más cercanos, él hace algunas predicciones acerca del futuro como veremos más claramente en el capítulo 3. Número cuatro, Pedro dejó exhortaciones para la vida piadosa; bueno, desde el mensaje anterior ya vimos las exhortaciones para vivir una vida piadosa. De manera que este sigue el mismo corte, el mismo diseño de un testamento del primer siglo.

Lo que yo quisiera hacer hoy es ver tres puntos. Lo primero es el llamado de Pedro a recordar. Pedro está consciente de la importancia que tiene el recordar cosas ya aprendidas. Él está consciente, como yo mencioné, que los tropiezos del cristiano se deben frecuentemente a que, pasado un tiempo, aquellas cosas que antes eran muy preciadas, aquellas cosas que antes tenían mucho brillo, y que ese brillo era parte de la razón por la cual ellos estaban tan apasionados acerca de estas verdades de la fe cristiana, con el paso del tiempo comenzaron a disminuir su brillo. La seducción, la tentación, la distracción, los llamados del mundo comenzaron a brillar en sus ojos y en su mente, y le quitaron brillo a aquellas cosas que antes eran tan amadas por el cristiano.

Nota cómo en el versículo uno Pedro les dice: vosotros ya las sabéis y habéis sido confirmados en la verdad que está presente en vosotros. Yo me voy a morir, voy a partir de este mundo, y sin embargo en estas últimas horas o días que me quedan, yo no voy a contar nada nuevo, yo simplemente les voy a recordar cosas que ya ustedes saben. ¿Ustedes ya las saben? Entonces, ¿tienen que recordarlas? Yo decía que raramente el cristiano peca por algo que él no sabía. Después de un tiempo en la vida cristiana, es raro que tú cometas un pecado y cuando alguien te confronta le digas: "Wow, de veras hermano, yo no sabía eso." No, tú lo sabías, lo que pasa es que lo habías olvidado en cierta manera.

Mira cómo Pedro insiste en la necesidad de recordar. Versículo 12 dice que siempre estará listo para recordarles estas cosas. El versículo 13 dice que mientras esté vivo él va a continuar estimulándolos a recordar estas cosas. El versículo 15 dice que él estará, hará su mejor esfuerzo con diligencia para que en todo tiempo después de su partida, ustedes podáis ¿qué cosa? Recordar estas cosas. Recordar versículo 12, recordar versículo 13, recordar versículo 15. Siempre estaré listo para recordarles. Mientras esté vivo, dice Pedro, mientras esté vivo, se los voy a recordar. Y finalmente, después de mi partida quiero que sigan recordando.

¿Y cómo vamos a hacer eso? ¿Dónde lo voy a dejar? Por escrito. Primera de Pedro, Segunda de Pedro. Es más, algunos piensan que el Evangelio de Marcos no es más que el Evangelio de Pedro, escrito a través de Marcos. Si eso es cierto, por ahí tú tienes otra evidencia más de algo que él dejó por escrito para recordar.

La preocupación de Pedro y la exhortación a recordar continúa cuando llegas al capítulo 3. Escucha el versículo 1 del capítulo 3: "Amados, esta es ya la segunda carta que os escribo, en las cuales" —aquí viene— "como recordatorio, despierto en vosotros vuestro sincero entendimiento." Como recordatorio. El versículo 2 del capítulo 3: "Para que recordéis las palabras dichas de antemano por los santos profetas y el mandamiento del Señor y Salvador declarado por vuestros apóstoles." De manera que en una carta de tres capítulos, Pedro insiste cinco veces en la necesidad de recordar lo que ya nosotros sabíamos.

Vamos a pararnos aquí por un momentito, un minuto o dos, a manera práctica, a manera de aplicación, incluso antes de llegar al final buscando aplicaciones. Comienza a pensar por un momento: ¿cómo estás tú pecando hoy en día? Tenemos que recordar que el pecado no son las cosas extremas; pecado es todo aquello que es contra la voluntad de Dios. ¿Cómo tú estás pecando hoy en día? De la manera que lo estás haciendo, ¿es porque tú no sabías que fuera contra la voluntad de Dios, o es porque tú estás ignorando lo que sabes? ¿Cómo estás pecando con cosas que tú sabes que son pecaminosas?

Piensa en lo que va de día, o si no, vayamos al día de ayer, olvidémonos del día de hoy. ¿Cómo pecaste en la mañana de ayer? ¿Cómo pecaste al mediodía de ayer? ¿Cómo pecaste en las primeras horas de la tarde de ayer? ¿Cómo pecaste en las últimas horas de la tarde? ¿Cómo pecaste en la noche? Bueno, pastor, anoche no fue una de esas noches. Bueno, quizás no, porque no tuviste la oportunidad, ¿y la noche anterior? O quizás han sido todas las noches, a altas horas. Quizás simplemente anoche no se dio la ocasión. No tuvimos la oportunidad.

Olvidar lo que hemos aprendido tiene consecuencias, y sobre todo cuando tiene que ver con la Palabra de Dios. Ahora, ¿cuáles son las motivaciones de Pedro para insistir en que ellos recuerden? En primer lugar, si vamos hacia atrás al versículo 10 de la semana pasada, Pedro dice: "Porque mientras hagáis estas cosas, nunca tropezaréis." Recuerden lo que hablamos la semana pasada. Mientras hagáis estas cosas, siete eslabones que les dijimos que él menciona, dice: si ustedes se mantienen haciendo estas cosas, no van a tropezar. Esta es la clave para terminar bien. Y número dos, porque ya yo voy a morir, yo voy a partir de este mundo, ya no me van a tener entre ustedes, yo quiero y necesito recordarles la importancia, valga la redundancia, de recordar.

La virtud de recordar lo que ya yo he aprendido es tan vital que cuando tú llegas al capítulo 14 del Evangelio de Juan, en el aposento alto, horas antes de la crucifixión de Cristo, Cristo les deja ver, y para nosotros por igual, que una de las razones por la que el Espíritu Santo se nos iba a dar es precisamente para que recordéis las cosas que ya yo os he dicho. Literalmente, es una palabra de Cristo. Tú puedes pensar que una de las razones para el Espíritu Santo venir es el entendimiento que Cristo tiene de la capacidad humana de olvidar, de ignorar las verdades que le mantienen en el camino y que le impiden tropezar. Y el Espíritu de Dios viene y mora dentro de nosotros para recordarnos precisamente lo que ya Él había enseñado. De ahí que la dependencia del Espíritu de Dios es tan vital para mantenerte en el camino.

Lo que fue relevante hace dos mil años es relevante dos mil años después, y será relevante para el resto de la vida. Y esa idea de recordar no está solamente en la mente del apóstol Pedro. Escucha a Pablo escribiendo a los romanos en 15:4 cuando él dice: "Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribió, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza." Todo lo que fue escrito en el pasado se dejó testimonio de eso precisamente para nosotros que veníamos dos mil años después. Y nosotros tenemos que pasar eso a la próxima generación y a la próxima generación, para que las cosas ya reveladas sean recordadas. Si lo que fue escrito hace dos mil años fue para nuestra enseñanza, entonces es necesario que nosotros sigamos pasando, como acabo de decir, las enseñanzas a generaciones futuras.

La necesidad de recordar es porque si recuerdas a tiempo la Palabra de Dios, no vas a hacer lo que quizás has estado haciendo. Algo que aprendimos en la escuela primaria fue que saber es recordar a tiempo. Si lo oí todo un coro en el primer servicio, lo oigo otro coro ahora: saber es recordar a tiempo. De manera que cuando yo no recuerdo a tiempo las verdades de Dios, es cuando yo estoy más en peligro de violentar su Palabra y su estándar, con las consecuencias subsiguientes, las cuales no necesariamente tienen que llegar al próximo día; pudieran llegarte en la próxima generación.

Otros han observado la importancia de recordar y los peligros de olvidar. Escucha a Dietrich Bonhoeffer lo que dice: "Cuando la lujuria toma control de la persona, en ese momento Dios deja de ser real. Satanás no nos llena de odio contra Dios, sino que nos hace olvidar a Dios." Cuando la lujuria toma control de alguien, esto es lo que ocurre: los neurotransmisores cerebrales se elevan, hay dopamina elevada, hay adrenalina, hay serotonina, hormonas, neurotransmisores productores de bienestar, de placer. Eso ocurre cuando tu bienestar es entre tú y tu esposa, o tu placer, o cuando es ilegítimamente alcanzado, o cuando tú usas una droga que te excita. Cualquiera de esas cosas produce las elevaciones de las mismas sustancias que te dan ese sentido de bienestar.

En ese momento, entonces, esas neurotransmisores, esas hormonas, ese sentido de placer te hace olvidar a Dios. No es que tú lo odias, es simplemente que a ti se te olvida que Dios escucha cada palabra, cada acción, cada cosa que estoy haciendo, cada cosa que estoy frente a un internet, cada llamada que haces, cada WhatsApp que intercambies, cada mensaje que envíes, cada cosa que me enviaron. Dios ve, registra, recuerda mis intenciones, mis motivaciones, y a la hora del día del juicio, nosotros tendremos que dar cuenta por cada cosa, ya sea buena o sea mala, ante el Tribunal de Cristo. Se nos olvida. Satanás usa nuestras pasiones para hacernos olvidar, para hacernos olvidar que existe Dios delante de quien yo estoy todo el tiempo, a quien no puedo engañar.

Lo más importante, yo he estado hablando de esto en los últimos meses ahora con diferentes grupos o personas individuales en consejería. Lo más importante no es esconderme del hombre para que el hombre no se entere, porque el hombre no es mi juez. Y del Juez ya no me puedo esconder.

Escucha lo que Pablo dice con relación a la importancia de recordar lo que ya ha sido registrado y enseñado en la primera carta a los Corintios en 10:11: "Estas cosas les sucedieron como ejemplo y fueron escritas como enseñanzas para nosotros." Este libro está lleno de ejemplos de personas que caminaron bien con Dios, como un David, un momento dado como un Salomón, y de repente se encontraron cosechando enormes consecuencias. Y Dios pudo haber removido de la Palabra de Dios, de la revelación, para que nosotros tuviéramos una mejor imagen de un David, de un Salomón, de cualquier otro, de un Abraham, de un Moisés. Sin embargo, Dios las dejó ahí. Y Pablo dice por qué: porque ellas fueron registradas como ejemplo, como enseñanza para nosotros, como escarmiento, para que las puedas ver, memorizar, rumiar, y luego decir: "¡Uy! Por ahí no quiero andar, pues ya sé lo que me espera."

Recuerden las diez leyes del pecado. Ya ves, les digo una de ellas: dice que yo peco a mi manera, pero yo tengo que retornar a la manera de Dios. El olvido es el inicio de la desobediencia. El olvido de las verdades que ya yo conozco es el inicio de la desobediencia. Por eso Pablo dice, perdón, Pedro dice: recordad, versículo 12; recordad, versículo 13; recordad, versículo 15.

Entonces ya vimos, como punto número uno, el llamado a recordar. Yo quiero que veamos ahora el contenido de lo que debemos recordar. Del versículo 16 al 18 podemos ver parte del contenido, porque hay mucho más que recordar, obviamente, de lo que nosotros necesitamos recordar. Aparentemente, en el momento que Pedro está escribiendo, había falsos maestros que se levantaron desde dentro de la congregación y que habían comenzado a hablar en contra de Pedro, diciendo que Pedro hablaba de cosas para las cuales no tenía fundamento. Entonces Pedro, como que hace un salto, comienza a defender la base sobre la cual él opina, o no que opina, que él escribe, que él enseña.

En el versículo 16: "Cuando os dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo..." Nosotros hemos hablado del poder de Jesucristo, del poder de sanar, del poder de salvar, del poder de abrir los ojos a los ciegos, de hacer que el paralítico camine. Cuando nosotros hablamos de esas cosas, hablamos del poder de Jesucristo. Y cuando hablamos de la segunda venida, nosotros no estábamos haciendo eso siguiendo fábulas ingeniosamente inventadas, sino que fuimos testigos oculares de su majestad. Yo no tuve un sueño un día, yo no me cayó mal la cena y tuve una pesadilla y salí con que esta era la historia, ¿verdad?, que debíamos conocer. No, nosotros no fuimos inventores y mucho menos de fábulas.

En el capítulo 3 vamos a ver cómo había burladores de la segunda venida de Cristo. Y la razón de los burladores, cuando tú estudias todo el contexto de lo que Pedro está enseñando, es una: si no hay segunda venida de Cristo, no hay juicio, y si no hay juicio, yo hoy puedo vivir como yo quiero vivir, ¿no? Porque no hay rendición de cuentas al final. Cuando en realidad hay rendición de cuentas del creyente y del no creyente, 2 Corintios 5 dice.

Otros en el día de las generaciones anteriores, y hoy aún más quizás por la epidemia narcisista de nuestros días, muchos dicen: "Tú sabes que Dios es amor, bien, el amor todo lo perdona, todo lo olvida, todo lo cree." Tú, ¿no le has leído 1 Corintios 13? Sí, pero yo también leí Éxodo y Números y vi las consecuencias, y Apocalipsis con las consecuencias futuras.

Y Pedro dice: hay una segunda venida, no es así como dicen los falsos maestros. Y lo que estamos enseñando no es fruto de fábulas, mitos. La razón es que fuimos testigos oculares y de hecho testigos de su gloria, no inventado, no creado.

Escucha cómo Pedro usa una ilustración para ayudarles a entender de qué manera ellos fueron testigos oculares de los hechos. Versículo 17 y 18: "Pues cuando él recibió honor y gloria de Dios Padre" —hablando de Cristo— "la majestuosa gloria hizo esta declaración: Este es mi Hijo amado en quien yo me he complacido. Y nosotros mismos escuchamos esta declaración." Nosotros no solamente fuimos testigos oculares, nosotros fuimos testigos auditivos de los hechos. Fuimos testigos, escuchamos esta declaración hecha desde el cielo cuando estábamos con él en el monte santo.

Ese fue el día que el Señor tomó a Pedro, a Juan, a Jacobo, se los llevó en medio de la noche, y ahí en medio de la noche de repente apareció Elías, se apareció Moisés, y Cristo se transfiguró de manera que él perdió los colores de su ropa y lo único que se veía era este color blanco fulgurante, este brillo en medio de la noche con estos dos profetas ahí de testigos. Moisés, quizás como un tipo de Cristo anunciado en Deuteronomio 18, Elías como un tipo del introductor del Mesías que vendría en un futuro. Y Pedro está diciendo: nosotros vimos la majestuosa gloria y escuchamos.

Juan, en su Evangelio, Juan compañero de Pedro en el monte santo, de esta noche luego escribe su Evangelio y dice: "Cosa que nosotros vimos, su gloria." Al ver, "el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, vino lleno de gracia y de verdad, y vimos su gloria." Todos los académicos o todos están de acuerdo que Juan se está refiriendo a lo mismo que Pedro se está refiriendo: a esa noche en el monte de la transfiguración. Y cuando dice "vimos su gloria", la palabra "vimos" en el griego es theaomai, que implica contemplar con detenimiento.

Lo que Pedro está diciendo, lo que Juan está diciendo: nosotros no simplemente vimos como una aparición que desapareció como un flash. Nosotros tuvimos un tiempo ahí, no sé cuánto. Después tuvimos tiempo para rumiar, de manera que nosotros contemplamos detenidamente, quizás rumiamos, quizás volvimos a hablar del Maestro acerca de la experiencia, de forma tal que esto hizo raíces en nosotros. Y les hemos hablado de eso, y de eso ustedes tienen que recordarlo, porque es un testimonio vivo de que hubo una voz del cielo que habló de que este era el Mesías esperado por todos los siglos.

Cuando Pedro habla así, eso le da autoridad a lo que él está diciendo, a lo que estaba escribiendo, porque él no estaba hablando como los falsos maestros que tenían historias inventadas, creadas. Él estaba hablando de cosas que él había vivido, cosas que él había oído.

Cuando un testigo va a una corte en Estados Unidos, en esencia el juez, si lo podemos resumir, quiere saber tres cosas de quien va como testigo de un hecho, ya sea un hecho criminal. El juez quiere saber tres cosas en esencia: ¿Qué viste? ¿Qué oíste? ¿Qué sentiste cuando viste lo que viste y oíste lo que oíste? Relátame esa sensación humana al ver lo que viste y oíste. Y solo personas que hayan sido testigos de dicha gloria pueden ser verdaderos testigos creíbles.

Yo necesito ser un buen observador para ser un buen testigo. Yo necesito meditar, rumiar y recordar. No es lo mismo hablar de algo que otros te han contado que hablar de algo que tú has presenciado, no es lo mismo. No es lo mismo hablar de algo acerca de lo cual tú has leído que hablar de algo acerca de lo cual tú has vivido. No es lo mismo hablar de algo que tú conoces en tu mente que hablar de algo que ha transformado tu mente, que ha transformado tu forma de ser, tu forma de pensar, que ha transformado tu vida, te ha cambiado por completo.

Esa es la razón por la que cuando avanzamos al libro de los Hechos, capítulo 4, Juan y Pedro han sido puestos en la cárcel y luego han sido liberados y luego se les prohibió que pudieran seguir hablando acerca de Jesús. Y ellos dicen: "Hay un problema, es que no podemos dejar de hablar lo que hemos visto y oído." Porque lo que vimos y oímos es tan real, número uno, y número dos, fue tan transformador de nuestras vidas, que no podemos parar de contar lo que nos transformó.

Se me hace difícil creer que personas que hayan visto el despliegue de la gloria del Dios trino en la persona de Jesús en este libro tengan dificultad para rendirse a los propósitos de Dios. Si tú tienes dificultad para rendirte a los propósitos de Dios, tú no has visto la gloria del Dios trino desplegada en la persona de Jesús, que es el que fue a la cruz y lo dio todo por mí.

Vimos el llamado a recordar, vimos el contenido de lo que tengo que recordar. Número tres, Pedro nos habla de la autoridad de lo revelado, que es lo que yo tengo que recordar, y eso está del versículo 19 al 21. Si Pedro está combatiendo falsas enseñanzas, si falsos maestros, pues es natural que Pedro quiera hablarme del origen de la fuente de autoridad de aquellas cosas que él enseña, para que eso pueda entonces ser comparado con la fuente de no autoridad de los falsos maestros, y eso es lo que Pedro hace.

Pedro incluso se remonta al Antiguo Testamento y les habla de la palabra profética que ya ellos tenían. En el contexto de lo que él acaba de contar, la experiencia en el monte de la transfiguración donde aparecen Moisés y Elías como tipos de verdad en el Mesías por un lado y el introductor del Mesías por otro, esas dos figuras en esa experiencia, por así decirlo, le brindaban credibilidad al resto de los profetas de la revelación del Antiguo Testamento.

Escucha cómo Pedro comienza en el versículo 19: "Y así tenemos la palabra profética más segura." Pedro comienza diciendo que lo que está escrito es más seguro incluso que la experiencia. Y ahora voy a llegar ahí: "a la cual hacéis bien en prestar atención como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que el día despunte y el lucero de la mañana aparezca en vuestros corazones."

¿Qué es lo que Pedro está diciendo? Pedro hizo lo mismo que Jesús hizo cuando resucitó. Jesús murió el viernes en la tarde-noche, tarde-noche probablemente al caer el sol, y no sabemos qué Él hizo el viernes en la noche, qué Él hizo el sábado todo el día, qué Él hizo las primeras horas del domingo. Pero cuando Él apareció, imagino que cuando Él se une a estos dos discípulos que iban camino de Emaús, si Cristo hubiese comenzado y les hubiese dicho: "Mira, yo fui el que morí el viernes en la noche en la cruz, déjame contarte lo que hice el viernes en la noche, lo que hice el sábado", ellos probablemente hubiesen estado asombrados. Pero eso no es lo que Jesús hace. Hace lo mismo que Pedro hace: Él se remonta al Antiguo Testamento.

Y comenzando, ellos primero no reconocían que era Jesús, y Jesús se hace como que no sabe nada, en buen dominicano se hace el loco. Y ellos le responden como ustedes saben: "¿Tú eres el único en toda Jerusalén que no sabe lo que acordó este fin de semana?" No, yo creo que soy el único que sabe lo que ha ocurrido este fin de semana. Y dice el texto que Él, comenzando por Moisés, siguiendo por la ley, a través de todos los profetas, les mostró lo que las Escrituras decían acerca de Él, y los reprendió por ser tan tardos de entendimiento, duros de corazón.

Pedro dice: "Así tenemos la palabra profética más segura, lo que te he escrito." A veces alguien te dice algo o se llega a un acuerdo y tú le dices: "No, no, no, no, ponlo en blanco y negro." ¿Qué tú quieres decir con eso? Mándamelo por escrito. Y eso es lo que ellos tenían: tenían una palabra del Antiguo Testamento que Pedro le llama la palabra profética con mayor seguridad.

Recuerda la historia entre Cristo y Tomás. Tomás no creía a pesar de que ya las mujeres contaron, los dos discípulos de Emaús contaron, los otros discípulos también contaron. Judas ya no estaba y Tomás dice: "No, yo no he visto, o sea que a menos que yo vea y ponga mi mano en la llaga, yo no voy a creer." Y de repente Cristo le hace una aparición personal a Tomás: "Aquí está mi llaga, pon tus dedos en mi llaga." Y Tomás le dice: "¡Mi Señor y mi Dios!" e hinca la rodilla. ¿Qué tú crees que Cristo hizo? "Por fin Tomás creíste, qué bueno, ya me mostraste tu fe." No, eso no. Le hace una pregunta, dice: "Porque me has visto, ¿has creído? Dichosos los que no vieron y sin embargo creyeron."

Dichosos nosotros por encima de Tomás, que no hemos visto y hemos creído, porque la palabra escrita inspirada por Dios tiene su sello de garantía. Es una palabra más segura que cualquier experiencia que alguien te pueda contar.

Y esa palabra es comparada en el texto de hoy como una luz que brilla en la oscuridad. Bueno, eso se dijo de Cristo: que la luz vino a las tinieblas y resplandeció en las tinieblas, y las tinieblas no lo reconocieron. ¿Qué dice la Palabra? Que nosotros hemos sido traídos de las tinieblas a su luz admirable. La Palabra es esa luz que me transporta de la oscuridad a la luz admirable de nuestro Dios. El Salmo 119 dice que la Palabra es una lámpara para mis pies. Y esa lámpara, que es la que en el Antiguo Testamento brilló a través de la proclamación de la voluntad de Dios por boca de los profetas, en el Nuevo Testamento brilló a través de la proclamación de los apóstoles. Hoy brilla desde cada púlpito que predica fielmente el contenido de la Palabra de Dios.

Pero yo necesito la luz. Déjame contarte esta historia real de la Segunda Guerra Mundial, quizá te lea gran parte de ella, para que tú puedas ver la importancia de la luz. Durante la Segunda Guerra Mundial, seis pilotos de aviones de guerra despegaron en la noche de un portaviones. Al regresar de la misión no podían encontrar el portaviones donde se suponía que estaba. Aparentemente no había luces encendidas en el portaviones porque se había ordenado un apagón, un blackout, debido a que submarinos enemigos aparentemente estaban en el área. Uno de los pilotos se comunicó por radio con el portaviones y pidió que le dieran alguna luz para poder aterrizar. La respuesta regresó: "Negativo, no podemos darle ninguna luz en este momento, un apagón ha sido ordenado." Un poco más tarde, un segundo piloto volvió a pedir alguna luz para poder aterrizar. "Negativo, el apagón todavía sigue en efecto." Un tercer piloto que tenía muy poca gasolina dijo: "¿No pueden darnos ni siquiera una sola luz para poder aterrizar?" Al operador de radio se le ordenó que descontinuara todo contacto. Como resultado, seis pilotos perdieron sus vidas en la oscuridad de las aguas del Atlántico.

Si olvidas lo que has aprendido o lo ignoras, tú has apagado tu luz y has entrado en oscuridad. Entonces, ¿sabes qué ocurre? Comienzas a hacer las obras de las tinieblas de donde te sacaron. ¿Por qué apagaste tu luz? Estás en tinieblas.

David Helm, en su comentario acerca de la segunda carta de Pedro, dice: "Mucha gente hoy rehúsa someter sus vidas y sus conductas a Jesús diciendo que ellos no han recibido suficiente luz para aterrizar. Hasta que ellos no vean algo, o escuchen algo, o sientan algo, ellos simplemente no creerán." Pero en un futuro ellos tendrán que rendir cuentas a alguien por cada cosa, por cada cosa, hermano. Creyentes y no creyentes, no seas iluso y pienses que como pueblo de Dios, porque nuestros pecados fueron pagados en la cruz, no habrá disciplina o algún tipo de juicio para nosotros. Es contrario a lo que la Biblia enseña. Por eso es que Pedro escribe y dice: "Es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios."

Y Pedro entonces, ahora tratando de brindarle todavía más fortaleza a la fuente de autoridad de donde él habla, a la cual él puede apelar, entonces dice en el versículo 21: "Pero ante todo sabed esto, que ninguna profecía de la Escritura es asunto de interpretación personal, pues ninguna profecía fue dada jamás por un acto de voluntad humana, sino que hombres inspirados por el Espíritu Santo hablaron de parte de Dios."

Aquí hay tres enseñanzas por lo menos. Primero, ninguna Escritura es un asunto de interpretación personal. Y a eso es alusión de interpretación, yo creo que hay una que en el contexto es mucho más probable. Y es que lo que Pedro está diciendo es que los profetas de antaño, cuando recibieron la revelación, no se pusieron a interpretarla de manera personal para luego escribir su interpretación, sino que plasmaron lo que ellos mismos frecuentemente no entendieron.

El profeta no tenía claridad con relación a Cristo y su venida. En Isaías 53, ¿tú crees que Isaías entendía claramente la cruz de Cristo cuando él escribió lo que escribió al final del capítulo 52 y capítulo 53? Claro que no. Ellos escribieron cosas que recibieron como inspiración de parte de Dios y, por tanto, no le dieron ninguna interpretación personal. Otra manera, como otros lo han visto, pero yo creo que tiene menos fuerza, es que al día de hoy, cuando yo estudio un pasaje, yo no puedo decir: "Bueno, esto para mí significa..." Eso es verdad también, pero el otro dice: "Bueno, pero para mí significa..." Eso es cierto, pero no creo que eso es exactamente lo que Pedro está tratando de comunicar, sino que los profetas recibieron una inspiración, la plasmaron y no se pusieron a interpretar cosas por sí mismos de manera personal.

Los reformadores insistían en que la Palabra es su propio intérprete. Y cuando ellos decían eso, insistían en varias otras implicaciones. Cuando decían que la Palabra es su propio intérprete, una de las cosas que decían es: si tú tienes un pasaje oscuro, interprétalo a la luz de un pasaje claro. Los pasajes de las Escrituras tienen que ser interpretados de una manera que sean congruentes y no haya contradicción entre ellos. Así es como ellos se explican. Tienes algo del Antiguo Testamento, tiene que interpretarlo a la luz del Nuevo Testamento, porque el Antiguo Testamento estaba revelado en el Nuevo y el Nuevo estaba escondido en el Antiguo Testamento. Las Escrituras nos interpretan a nosotros y no al revés; nosotros no interpretamos las Escrituras.

Enseñanza número dos: ninguna profecía, ninguna de las enseñanzas de la Palabra, llegaron como un acto de la voluntad humana. A ningún humano se le ocurrió escribir una Biblia, un Nuevo Testamento, un Antiguo Testamento. A nadie se le ocurrió plasmar estas cosas que nosotros conocemos, sino que Dios, por inspiración de Él mismo, tomó hombres y les reveló cosas para que las escribieran exactamente de la manera como Él quería que fueran expresadas. Eso es lo que llegó hasta nosotros. El autor primario de la Biblia es Dios. El autor secundario son los autores humanos; ellos fueron los lapiceros, pero el que movió la mano, por así decirlo, fue Dios.

Enseñanza número tres: cuando estos hombres hablaron, no hablaron por su propia cuenta. Está en el versículo 21: "sino que hombres inspirados por el Espíritu hablaron de parte de Dios." La idea es que estos hombres fueron, como se dice en inglés, "carried on", fueron como levantados por Dios para escribir esto.

Y esta palabra, traducida en algunas de las versiones en inglés como "carry on", está relacionada a la palabra "ferry", de manera que el Espíritu de Dios como que los montó en su ferry. Es como tú que llegas a un ferry con tu propio carro y te montan arriba del ferry, y llega otro en su carro y lo montan arriba del ferry, llega el otro, todos ahora están montados con carros individuales, pero el ferry va para el mismo sitio. Dios montó a los profetas en su inspiración, pero todos iban para el mismo sitio, para la cruz, donde culminaba su revelación. Eso es cómo esto ocurrió.

Ellos no escribieron conforme a su experiencia o su propia autoridad. Eso es lo que Pablo escribió a los corintios en su segunda carta, en 2:17, dicen: "Nosotros no somos como muchos que comercian con la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios y delante de Dios, hablamos en Cristo". Nosotros hablamos de parte de Dios, en nombre de Dios, como si Dios mismo estuviera hablando. Y cuando hablamos de parte de Dios, estamos conscientes que lo estamos haciendo delante de Dios, de manera que Él puede juzgar si lo que hablamos es verdad o no es verdad.

Estos hombres de antaño arriesgaron sus vidas porque sabían que tenían un mensaje no humano, era algo que había llegado de arriba, que era infalible, inerrante, que tenía autoridad. Y tenían confianza absoluta en el poder del Dios que había inspirado la Palabra, como tenían confianza absoluta en el poder de la misma Palabra que ya estaban predicando. Ellos sabían que si hablaban en su nombre, hablaban, y si comprometían lo que hablaban, ponían en tela de juicio el carácter de Dios, la fidelidad de Dios. Y así fue inspirada la Palabra.

Pedro cierra. Él comienza con el recordatorio, con la necesidad de recordar lo sabido. Él sigue explicando el contenido de lo que necesitas recordar y luego presenta la autoridad de aquello que tú necesitas recordar.

Yo tengo que cerrar, el tiempo se ha ido. Voy a cerrar con una porción del Salmo 119, que es un salmo dedicado por completo, 150 versículos a la Palabra de Dios. Si tú quieres saber algo de la Palabra en un solo salmo, el Salmo 119, llamado el "bet", del versículo 9 al 16, y ahí cerramos.

"¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra". Pero para guardarla yo tengo que recordarla. "Con todo mi corazón te he buscado, no me dejes desviarme de tus mandamientos". El salmista sabe que si Dios lo deja solo, él se va a desviar, pero le dice: "No me dejes desviar de tus mandamientos". Pero yo necesito saber cuáles son para hacer la parte que a mí me toca de permanecer en ellos.

Versículo 11: "En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti". La palabra "en mi corazón" no se refiere al órgano; en mi interior, en mi mente he guardado tus dichos. Si lo he guardado en mi mente, los recuerdo. ¿Y qué es lo que eso va a hacer? Para no pecar contra ti. Entonces, ¿qué es lo que ha pasado cuando estoy en pecado y viviendo en pecado? Es que se me olvidaron las cosas que yo aprendí y yo no las tengo guardadas. Y ahora incluso se me ha olvidado tanto que ni siquiera puedo salir de la práctica donde estoy, porque mi voluntad ha sido debilitada por mi propio pecado, por Satanás, por la prolongación de este hábito, y ahora no sé cómo salir, y en ocasiones ni siquiera quiero salir.

Versículo 12: "Bendito tú, oh Jehová, enséñame tus estatutos". Enséñamelos para que luego yo pueda recordarlos, pero tengo que aprenderlos primero.

Versículo 13: "Con mis labios he contado todos los juicios de tu boca". Si los estoy contando es porque los recuerdo, porque los he aprendido. Y ahora los estoy contando a otros y a la próxima generación.

Versículo 14: "Me he gozado en el camino de tus testimonios más que de toda riqueza". Para yo gozarme en el camino de tus testimonios —testimonios, estatutos, mandatos, es la misma Palabra— si me estoy gozando en ellos es porque los estoy recordando y todavía tienen mucho brillo para mí.

Versículo 15: "En tus mandamientos meditaré, consideraré tus caminos". Si voy a meditar en sus mandamientos es porque yo recuerdo sus mandamientos, y al recordar sus mandamientos los estoy guardando en mi corazón, y al guardarlos en mi corazón, no voy a pecar contra ti.

Ahora, yo voy a hacer algo con este versículo, porque este versículo me recuerda la importancia de recordar y los peligros de olvidar. Versículo 16: "Me regocijaré en tus estatutos, no me olvidaré de tus palabras". Ahí está la palabra clave: no me olvidaré. ¿Cómo no me voy a olvidar? Recordando tus palabras.

Ahora tú entiendes la preocupación de Pedro. ¿Por qué hay falsos maestros? Si ante la presencia de falsos maestros el cristiano tiende a olvidar lo que ha aprendido, apaga su luz, vuelve a la oscuridad y comienza a practicar las obras de las tinieblas. Ahora que estos falsos maestros están presentes, más rápidamente se apaga esa luz, y tengo que advertirles, y tengo que advertirles bien. Lo que tengo que hacer, ya cuando voy a morir, ni siquiera es enseñarles cosas nuevas, sino recordarles a ellos lo que ya sabían. Y de ahí la importancia de recordar lo aprendido.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.