Integridad y Sabiduria
Sermones

La inocencia bajo juicio

Miguel Núñez 24 agosto, 2014

Jesús fue arrestado en Getsemaní con una cohorte romana de seiscientos hombres, espadas y garrotes, como si fuera un ladrón peligroso. Judas lo entregó con un beso, un gesto de cariño convertido en traición. La ironía es profunda: Judas había caminado tres años con un maestro manso y humilde, y sin embargo organizó su captura como si persiguiera a un criminal violento. Quizás, como nosotros vemos las cosas no como son sino como nosotros somos, Judas proyectó en Jesús lo que él mismo era: un ladrón y traidor.

En el momento del arresto, dos caracteres quedan expuestos bajo la presión de la crisis. Pedro saca su espada y corta la oreja de Malco; Jesús extiende su mano y la sana. Pedro ataca, Jesús conversa. Pedro huye para salvar su vida, Jesús se entrega para darla. La crisis revela el verdadero yo: es fácil exhibir carácter cristiano cuando todos aplauden, pero bajo presión sale lo que realmente somos.

Llevado ante el Sanedrín en un juicio nocturno que violaba sus propias leyes, Jesús enfrentó testigos falsos que ni siquiera concordaban entre sí. Tenía toda razón para protestar, podía apelar a la ley y a las tradiciones, pero guardó silencio. Permanecer callado bajo acusación injusta requiere paciencia, amor, mansedumbre, dominio propio, humildad y confianza en que Dios conoce la verdad. Cuando lo escupieron y golpearon, cuando lo condenaron por blasfemia siendo él mismo Dios, Jesús exhibió el carácter que el Padre busca formar en cada uno de sus hijos. Su silencio no fue debilidad sino la más alta demostración de misericordia divina.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Vamos a leer Su Palabra! En Marcos 14, vamos a estar leyendo a partir del versículo 43. Nos habíamos quedado la semana pasada con Jesús en el Getsemaní. Él estaba orando, estaba luchando por encontrar una alternativa, si es posible. Que la copa que pase de mí esta copa, pero en medio de la lucha, en medio de la sudoración con sangre, Jesús insiste una y otra vez: "Que se haga tu voluntad y no la mía."

Hay una lucha, lo dijimos, en el Getsemaní, pero hay un momento en que Jesús finalmente, después de haberle pedido y preguntado al Padre tres veces si había la posibilidad de que, como todas las cosas son posibles para Él, pudiera encontrar otra vía para llevar a cabo la redención. Después que Jesús concluye su oración y entregó la última fibra, como dijimos, de su voluntad, de allí en adelante hay otra actitud en el personaje Jesús. Ya no hay una angustia, no hay una lucha; hay un hombre decidido, hay un hombre seguro, hay un hombre de valor, hay una entrega, hay alguien que no puede ser detenido, camino al Calvario, y eso continúa hasta que Él voluntariamente entrega su espíritu.

Y entonces, al final de ese tiempo de oración, estuvimos viendo cómo Jesús comienza a hablar con sus discípulos, reprende a Pedro por no haber podido velar con Él ni siquiera una hora, y ellos habían estado dormidos las tres veces que Él vino a encontrarlos dormidos. Y entonces Jesús dijo: "Levantaos, vámonos; mirad, está cerca el que me entrega." Y ahí nos quedamos.

Y el texto continúa: en ese momento, mientras todavía estaba Él hablando, llegó Judas, uno de los doce, acompañado de una multitud con espadas y garrotes, de parte de los principales sacerdotes, de los escribas y de los ancianos. Y el que le entregaba les había dado una señal diciendo: "Al que yo besare, ese es; prendedle y llevadle con seguridad." Y llegando, se acercó a Él inmediatamente, diciendo: "Rabí", y le besó. Entonces ellos le echaron mano y le prendieron. Pero uno de los que estaban allí, sacando la espada, hirió al siervo del sumo sacerdote y le cortó la oreja.

Y dirigiéndose Jesús a ellos, les dijo: "¿Habéis salido con espadas y garrotes para prenderme como contra un ladrón? Cada día estaba con vosotros en el templo enseñando, y no me prendisteis. Pero esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras." Y abandonándole, huyeron todos. Y cierto joven le seguía, vestido solo con una sábana sobre su cuerpo desnudo, y lo prendieron. Pero él, dejando la sábana, escapó desnudo.

Llevaron a Jesús al sumo sacerdote, y se reunieron todos los principales sacerdotes, los ancianos y los escribas. Pedro le siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo sacerdote, y estaba sentado con los alguaciles, calentándose al fuego. Y los principales sacerdotes y todo el concilio procuraban obtener testimonio contra Jesús para darle muerte, pero no lo hallaban. Porque muchos daban falso testimonio contra Él, pero sus testimonios no coincidían.

Y algunos levantándose daban falso testimonio contra Él, diciendo: "Nosotros le oímos decir: Yo destruiré este templo hecho por manos, y en tres días edificaré otro no hecho por manos." Y ni siquiera en esto coincidía el testimonio de ellos. Entonces el sumo sacerdote, levantándose, se puso en medio y preguntó a Jesús diciendo: "¿No respondes nada? ¿Qué testifican estos contra ti?" Mas Él callaba y nada respondía. La inocencia, bajo juicio y en silencio.

En el nombre de Aquel de quien leemos hoy, pedimos que Tú abras nuestros ojos y nos permitas ver Su carácter de una mejor manera, de una nueva manera, y que Su carácter transforme el mío para la gloria de Tu nombre.

Mientras Jesús hablaba con sus discípulos, llegó Judas, llegó el traidor. Y el traidor había hecho arreglos de antemano con las autoridades, no solamente para entregarlo, sino para entregarlo con cierto procedimiento. El texto de Juan nos deja saber varias cosas que Marcos no nos dice, y una de las cosas que Juan comenta es que Judas sabía adónde Jesús solía ir a orar, de manera que no sería algo imprevisto el hecho de que Judas liderara a esta multitud justo al monte de los Olivos, al huerto de Getsemaní, donde Jesús estaba orando.

Y el texto nos dice que la multitud que llegó llegó de parte de tres grupos, los tres grupos que componían el Sanedrín: de parte de los principales sacerdotes, de los escribas y de los ancianos. El Sanedrín estaba compuesto por 70 personas. Marcos nos aclara que en esa ocasión el sumo sacerdote —también Juan nos informa— era Caifás. Caifás asumió esa posición el año 18 de nuestra era y continuó allí hasta el año 36. Y estaban con él también los escribas, los expertos en la ley, y los principales sacerdotes; usualmente los principales sacerdotes eran ex sumos sacerdotes. Y los últimos cinco habían sido todos hijos de Anás, y Anás era uno de esos principales sacerdotes con mucho poder político, y el que estaba ahora era su yerno. De manera que esto era casi una dictadura religiosa la que ellos habían mantenido.

Este Sanedrín tenía un tiempo detrás de Jesús, tenía un tiempo siguiéndole los pasos, porque se sintió amenazado por Jesús, por sus enseñanzas, por sus acusaciones y denuncias y por sus confrontaciones, de tal manera que ya el Sanedrín realmente había dado el veredicto de lo que había que hacer con Jesús. De hecho, cuando Él resucitó a Lázaro, comenzaron a buscar a Lázaro para matarlo, y posteriormente había que hacer lo mismo con Jesús.

Ellos habían tratado de diferentes maneras, por un tiempo, de encontrarle en falta. En una ocasión fueron donde Él y le preguntaron si era lícito divorciarse de la mujer por cualquier causa, tratando de encontrar una división entre los dos grandes maestros del momento: Hillel, por un lado, y Shammai por el otro. Y el pueblo mismo estaba de parte de Hillel, que era el más liberal de los dos. En otra ocasión vinieron donde Él y le preguntaron si era lícito pagar impuestos al César, tratando de encontrar problemas entre Jesús y la autoridad romana, quizás asumiendo que Jesús iba a decir que no era lícito pagar impuestos al César. Y sin embargo tampoco pudieron atraparlo en esa trampa. De tal manera que ya la decisión que tomaron fue de atraparlo de cualquier manera; aun si esto requería falsos testigos, falsos testimonios y requería la violencia, no importaba: la cuestión es que tenemos que atrapar a este hombre.

Y Judas había acordado con ellos cómo lo iba a entregar. Escucha las palabras del texto que leímos, otra vez en el versículo 44: "Y el que le entregaba les había dado una señal, diciendo: Al que yo besare, ese es; prendedle y llevadle con seguridad." Estaban en medio de la noche, un poco oscura, y tenían que tener claro a quién estaban arrestando. Y habiendo llegado, inmediatamente se acercó a Él diciendo: "Rabí", y le besó. El texto paralelo de Lucas nos dice que Jesús le preguntó a Judas: "Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?"

Con un beso, Judas. Con un acto de cariño, con un acto de la cultura hebrea —el beso era también usado como una forma de respeto, a veces en la mejilla, a veces en la frente—. Judas, con un gesto de cariño o de respeto, tú entregas al Hijo del Hombre. ¿Para eso te has prestado? Con este título "Rabí" —que en hebreo significa "mi gran uno", algo así como "mi maestro grande"—, todo esto lo hace tan hipócrita de tu parte, Judas: un beso, un gran título, para entregar al Hijo del Hombre. A alguien que te amó hasta el fin, esa es la manera como tú has decidido, como tú has arreglado para hacerlo.

Y resulta sorprendente que Judas llegara de la manera que llegó. Judas llegó con una multitud; de hecho, Juan, una vez más nos informa, que Judas llegó con una cohorte romana. Una cohorte romana tenía 600 hombres. Yo no sé a quién estaban buscando, esa es la pregunta que Cristo va a tener para ellos: "¿Tú me vienes a buscar como si fuera un ladrón, como si fuera un prófugo de la justicia, como si yo estuviera escondiéndome?" Judas sabía que este no era un hombre revolucionario, este no era un zelote; tuvo tres años con el Maestro, él sabía que le estaba entregando a un hombre manso y humilde. Y sin embargo se aparece como si Jesús fuera un ladrón.

Y yo creo, mientras meditaba en esto, que la razón por la que Judas le trata de esa manera es que, como nosotros no vemos las cosas como son sino como nosotros somos, Judas no veía a Jesús como Él era, sino como lo que Judas era: un ladrón y traidor. Él era el tesorero y se robaba dinero del tesoro, los Evangelios nos lo revelan. Y nosotros tenemos que pensar en eso, porque muchas veces nosotros hacemos exactamente lo mismo: nosotros juzgamos al otro no necesariamente por lo que el otro es, sino por la manera como yo soy. Yo creo que Judas está haciendo eso en este momento.

Jesús luce sorprendido; Jesús mismo está sorprendido de que Judas llegara con esta multitud. Judas tenía que saber que yo no iba a ser oposición, Judas tenía que saber que yo estaba aquí con once hombres y Él me seguía. "¿Habéis salido —dice en el versículo 48— con espadas y garrotes para prenderme como a un ladrón?" Judas, ¿qué clase de testimonio es el que yo he venido dando por tres años? ¿Tú no recuerdas las palabras del Sermón del Monte, donde yo hablaba de que por nuestros enemigos oramos, que por los que nos persiguen nosotros oramos? ¿Tú no recuerdas lo que yo he venido enseñando? ¿Qué fue lo que te enseñé, qué fue lo que oíste, qué es lo que recuerdas? Porque el testimonio que yo he dejado, las enseñanzas que he dejado, son incompatibles con esta cohorte romana con la que tú has venido a prenderme.

Y Jesús agrega, no solamente que no soy un ladrón, que no les he huido a ustedes las autoridades tampoco: "Porque cada día —versículo 49— yo estaba con vosotros en el templo enseñando, y no me prendisteis."

Y ahora, hoy es jueves en la noche. Lunes, martes, miércoles, yo estuve en el templo enseñando, confrontándolos incluso a ustedes. ¿Por qué no me prendieron ahí? Pero esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras. Esto es parte de lo que tenía que suceder. De la manera como está sucediendo, con un beso en la mejilla, entregado por un traidor, así tenía que pasar. De esta manera cumplimos lo anunciado por los profetas.

Y me estaba escondiendo, y estaba enseñando públicamente por tres años, y últimamente directamente en el templo, para que las Escrituras profetizadas se cumplieran al dedillo. Y como mi palabra no pasará, esto ha ocurrido de esta manera, Judas. No para sorpresa de mi Padre ni mía, sino para cumplimiento de lo que los profetas ya habían anunciado.

Y tan pronto Judas se acerca y le saluda: "Rabí." Tú te imaginas eso otra vez: "Rabí", y era una traición. En ese momento el texto dice que lo prendieron, le echaron mano y le prendieron, versículo 46. Pero uno de los que estaban allí, sacando la espada, hirió al siervo del sumo sacerdote y le cortó la oreja. Marcos no nos dice quién fue ese. Mateo tampoco. Lucas tampoco. Tuvo que venir Juan, ya al final de los años, al final del primer siglo, cerca del año 90, un poco después del año 90, cuando escribe su evangelio, para que identificara a Pedro. Y dice que fue Pedro quien le cortó la oreja. Juan es tan específico que incluso nos da el nombre de la persona a quien le cortó la oreja, y dice que el nombre del siervo del sumo sacerdote era Malco.

Y ahí está Jesús ante una cohorte romana, con la que Pedro no va a poder ni siquiera, pero Pedro es Pedro. Pedro ha jurado que él va a dar la vida por el Maestro, y saca su espada; le corta la oreja a Malco, el siervo del sumo sacerdote. Esto es un momento de tensión. Yo no sé si tú te puedes poner en ese momento, pero tú necesitas hacerlo: cuando te va la vida, tienes que ponerte ahora, en medio de la noche, una cohorte romana, once hombres, probablemente pocos de ellos con espada, se van a llevar a tu Maestro; tú has jurado que vas a dar la vida; te van a llevar a ti probablemente también, y de repente sacas la espada y cortas la oreja. Es un momento de crisis, un momento de tensión.

Entonces el comienzo de aquello que hizo que Jesús sudara gotas de sangre, como dirán en inglés, esto es un momento de gran tensión. Y la razón por la que yo estoy tratando de hacer este énfasis, de que este es un momento de tensión y de crisis, no es simplemente para que te pongas en los zapatos de Jesús —eso nos ayuda a sentir las emociones del momento—; es porque en los momentos de crisis es donde nosotros revelamos quién verdaderamente soy. Si hay algo que las crisis hacen, es revelar el verdadero yo.

Es fácil comportarme y exhibir un carácter cristiano cuando todos me aman. Es fácil exhibir el carácter cristiano cuando todos me aplauden. Es fácil exhibirlo cuando todos me llaman pastor y quieren seguirte. Pero Dios orquesta estos momentos de crisis, y en estos momentos de crisis es donde el verdadero yo sale a relucir y queda expuesto en despliegue. Y Jesús ahora estaba bajo crisis, estaba bajo tensión. Pedro está revelando quién él es. Jesús está revelando quién Él es. Pedro corta la oreja; Jesús sana la oreja. Pedro saca la espada; Jesús extiende su mano. Y en un momento bajo presión, Jesús exhibe y pone en despliegue su misericordia.

La misericordia es el dolor que tú sientes por el dolor o la condición del otro. Aquí hay un hombre sangrando, y tú tienes que imaginarte el dolor en ese momento de una oreja que acaba de ser cortada con una espada; puedes imaginarte el sangramiento. Y ahora Jesús, bajo esas condiciones, exhibe su carácter. Él exhibió su carácter en Getsemaní también: en Getsemaní, bajo crisis, sudando gotas de sangre, Jesús se ve rendido y sometido. Tres veces le pide al Padre por una alternativa; tres veces le es negada. Tú no lo ves resentido; tú lo ves sometido y rendido a la voluntad del Padre.

Ves su carácter en Getsemaní. Ves su carácter en el apresamiento: ves a un hombre decidido. "¿Cómo han venido a buscarme de esta manera, como si fuera un ladrón? Judas, con un beso entregas al Hijo del Hombre, pero esto tiene que ocurrir." Este es un hombre decidido; él sabe para dónde va, para que se cumpla la Escritura. Tú no ves a Jesús huyendo; tú no lo oyes gritando; tú no lo oyes exasperado. Este es un hombre sereno en medio de la crisis. Nosotros estamos viendo, literalmente, quién Él es. Él es un hombre manso y Él es un hombre humilde.

Lo único que se requiere para que nosotros mostremos quiénes somos es que nos puncen. Y por el agujero del pinchazo se puede ver lo que somos, o que nos aprieten, y por arriba se ve lo que somos. Jesús pronto será pinchado y ahora está siendo apretado, y está saliendo lo que Él es. Extiende su mano y sana al hombre. Este es un lugar de angustia ciertamente, un lugar de lucha. Allí Él oró, Él aceptó la voluntad de Dios; una vez que asimiló eso, todo pasó y volvió a la calma.

Y ahora tú ves, en este momento del apresamiento, tú ves a Jesús y tú ves a Pedro. Pedro quiere venganza: te vas a llevar al Maestro, pero antes te vas sin orejas. Jesús quiere misericordia. Pedro ataca. Jesús conversa. "¿A quién venían a buscar? A un ladrón. Yo estaba enseñándoles y no me prendieron. ¿Por qué no lo hicieron?" Pedro corta la oreja; Jesús sana la oreja. Pedro sale corriendo; Jesús se entrega. Pedro quiere salvar su vida; Jesús va a dar su vida en rescate por muchos. Ahí están los dos caracteres: uno representa a Dios, porque es Dios, y el otro nos representa a nosotros, bajo presión.

Usualmente, cuando nosotros estamos bajo presión, lo que sale de nosotros usualmente no es misericordia. Más frecuentemente es insensibilidad hacia el otro, porque hay una especie de egocentrismo que se produce en nosotros, que mira hacia adentro y se dice: "sálvese quien pueda." Pero eso es lo contrario de la misericordia. La misericordia es el dolor que tú sientes por el dolor o la condición del otro, y eso es lo que tú ves en Jesús.

Y el versículo 50 nos dice que, abandonándole, huyeron todos. Ahí comenzaron dos cosas. Número uno: a cumplirse lo que Jesús había profetizado que ocurriría: "Herirán al pastor y todas las ovejas saldrán corriendo." No, señor, todos estaban dispuestos; Pedro lo dice primero y los otros siguen después: "Daríamos la vida por todo." Y ya ahora, no hemos ni siquiera comenzado la pasión —o este es el comienzo de la pasión de Cristo— y todos desaparecieron. Y ahora está solo.

Y quizás en ese momento, cuando cada cual salió corriendo y llegó a su casa, quizás en ese momento comenzaron a descubrir de lo que ellos eran capaces, como estuvimos diciendo en el mensaje anterior. Quizás no lo descubrieron en ese momento, porque todavía la crisis permanece: se han llevado al Maestro, no sabemos qué van a hacer con Él. Mañana es la Pascua; cuando amanezca ya es día de Pascua. Y a veces es en la reflexión posterior, cuando tú miras ya atrás, que tú dices: "¡Oh! No solamente lo profetizó, me descubrió; me puso de relieve, me sacó lo que estaba adentro." Y quizás ellos pensaron eso, posteriormente.

En la escena hay un joven que ninguno de los cuatro evangelistas identifica. Algunos piensan que fue Marcos mismo, pero no sabemos; es especulación. Pero hay un joven que, de alguna manera, ha venido a ver qué está pasando, y viene con una sábana nada más. Aparentemente quizás se enteró y salió corriendo a ver qué iban a hacer al Maestro, y entonces cuando lo prenden, lo agarran a él; él sale corriendo y ellos se quedan con la sábana en la mano, y él queda desnudo. Sale corriendo. No sabemos; ningún evangelista ha querido identificar la vergüenza de este joven en el momento.

Pero ya Jesús está preso y lo llevan al sumo sacerdote, versículo 53. Se reunieron todos los principales sacerdotes, los ancianos y los escribas, una vez más: están los ex-sumos sacerdotes, con los ancianos y los escribas, básicamente los tres grupos que formaban el Sanedrín. Y Pedro, que había salido corriendo según el texto nos dice —que todos lo abandonaron—, parece que regresó. Juan también regresó, porque Juan va a entrar en eso ahora; Juan está en el interior del patio del sumo sacerdote. Aparentemente Juan tenía conexiones quizás con el sumo sacerdote, y Pedro está ahí, en el interior del patio también, pero le seguía desde lejos, primero, dice el versículo 54. Y Pedro está escuchando y está viendo lo que está pasando.

A Jesús están tratando de tomarle, de encontrarlo en falta con preguntas, pero no han podido. De manera que esta vez no va a ser de esa forma. "Ya lo intentamos; no le volvamos a hacer más preguntas difíciles de responder, porque siempre tiene una salida. Cuando quisimos preguntarle acerca del César, te acuerdas con lo que salió: 'Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.' Cuando lo preguntamos del matrimonio, acudió al jardín del Edén, hablando de lo que el Padre reveló en la creación. No le hagas más preguntas; traed testigos." Trataban de obtener falso testimonio, versículo 55, pero no lo hallaban.

Y entonces aparecieron unos testigos, pero no coincidían, de manera que se invalidaba el juicio que estaba teniendo lugar. Nosotros lo vimos declarar: "Dijo: 'Yo destruiré este templo hecho por manos, y en tres días edificaré otro no hecho por manos.'" Y ni siquiera en esto coincidía el testimonio de ellos. No sé qué los demás estaban diciendo con relación a este templo que Él pensaba destruir, pero la realidad era que Jesús estaba refiriéndose claramente a su cuerpo. "Tú has construido un templo hecho a manos, y tú vas a destruir este otro templo —yo—, y yo lo voy a reedificar en tres días."

Ellos no entendían el mensaje espiritual detrás de esas palabras, pero Jesús estaba revelando que ahora el lugar de encuentro con Dios no sería el templo, sino Él. Él era el nuevo templo. La presencia de Dios ya no iba a estar representada sobre el Arca del Pacto, como lugar santísimo; iba a estar en la persona de Jesús, y no simplemente representada, iba a estar la plenitud de la divinidad en Él. Yo soy ese templo. Tú lo vas a destruir y yo lo voy a reedificar. Claro, no hecho por manos como Él, ¿verdad? Pero aun en eso no coincidían.

El falso testimonio es lo que está haciendo ahora, y es una de las estrategias de Satanás. Él trata de hacerte caer, él trata de hacerte desviar, pero si no lo puede hacer de la manera que se ha propuesto, eventualmente va a levantar falsos testimonios en contra de tu persona, porque los falsos testimonios, cuando son repetidos, se convierten en verdades que la gente cree. Y ciertamente, Jesús estaba escuchando esos falsos testimonios. ¿Tú has escuchado alguna vez un falso testimonio acerca de ti, o algo que tú pensabas hacer convertido en un falso testimonio? Probablemente tú recuerdas cómo reaccionaste, porque lo que a mí me llama la atención es la reacción de Jesús.

La reacción de Jesús no solamente me llama la atención a mí; también le llamó la atención al sumo sacerdote. Escucha cómo el versículo 60 lo dice: "Entonces el sumo sacerdote, levantándose, se puso en medio y preguntó a Jesús diciendo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican estos contra ti?" Escucha: "Mas Él callaba y nada respondía." ¡Wow! El sumo sacerdote está sorprendido con Jesús. Anteriormente Jesús iba a ser sorprendido; ahora es el sumo sacerdote.

Lo que al sumo sacerdote le llama la atención y le sorprende es que hay falsos testimonios, y al saber que son falsos testimonios —de hecho, son contradictorios, el mismo texto lo dice— ¡y Jesús no responde! Le llama tanto la atención que entonces le dice: "Jesús, ¿pero tú no vas a decir nada? ¿No te vas a defender?" Mas Él callaba y nada respondía. La personificación de la inocencia, bajo juicio, bajo acusación, en completo silencio. Jesús tenía razones para protestar, muchas y válidas, pero tenía carácter para no hacerlo.

Jesús tenía razones —y te voy a dar algunas de ellas— para protestar; razones válidas que yo hubiese tenido ninguna dificultad ni imposibilidad de rebatir, pero tenía carácter para no hacerlo. Varias razones para protestar. En primer lugar, los hombres que le estaban buscando ya habían dado su veredicto de antemano. Lo que ahora están tratando de hacer es hacer lucir elegante ese veredicto, pero ya lo habían dado: hay que quitarle la vida, no puede seguir con esto. Mira lo que hizo con Lázaro.

Segunda razón: el juicio se estaba llevando a cabo basado en falsos testimonios, testigos falsos que se contradecían entre sí. No podía hacerse eso, y mucho menos en un juicio cuyo resultado podía ser la pena capital, como en efecto así fue. Eso estaba violando estipulaciones de la ley; la Mishná da detalles acerca de eso. La acusación que le hacen, como vamos a ver un poco más adelante, es una acusación de blasfemia, y la blasfemia llevaba la pena capital.

Cuando ibas a tener a un hombre juzgado con la posibilidad de una pena capital, el juicio tenía que llevarse a cabo de día, y se está haciendo de noche. Esto no es un accidente. No vamos a hacer esto de día, porque esto es falso. Y no solamente tenía que hacerse de día, sino que después de que se daba el primer veredicto —como esto iba a llevar a la pena de muerte— había que repetirlo también de día, con otro grupo de personas, para que se pudiera comprobar y la persona no terminara perdiendo la vida injustamente.

El Sanedrín aquí no está completo. Nicodemo no está aquí, ¿dónde sabemos que está? En medio de la noche, el Sanedrín incompleto. Para un juicio que llevaría a la pena capital, el Sanedrín tenía que estar completo. Tampoco podías llevar a cabo un juicio que terminara en pena capital la noche antes del día de reposo, ni la noche antes de una de las fiestas religiosas —y ya el otro día era la Pascua—, ni durante el día de la festividad religiosa. Sin embargo, esto se está llevando a cabo el jueves en la noche, ya en la madrugada, cuando ya ha iniciado el día de la Pascua, violando también esas disposiciones.

El delito de blasfemia no era cualquier cosa que yo dijera que podía ser calificada como tal. La Mishná nos habla de cuál era el delito calificado de blasfemia: tenías que maldecir el nombre de Dios. Cristo no ha maldecido el nombre de Dios; Él era Dios, ¿para maldecir su propio nombre? De manera que aquí no hay blasfemia tampoco. Y como dije, el juicio tenía que llevarse a cabo dos veces durante el día.

Él tenía amplias razones para protestar, razones válidas. Podía apelar a la ley, podía apelar a sus tradiciones, y hubiese tenido toda la razón, independientemente de toda la inocencia y santidad que Él personificaba. Y sin embargo, callado. Eso no es fácil. Eso no es fácil de hacer. Pero bajo presión es cuando exhibimos nuestro verdadero carácter.

Nosotros, usualmente bajo esas condiciones, hubiésemos hablado, nos hubiésemos defendido, porque siempre pensamos que tenemos algo que decir. No solamente pensamos que tenemos algo que decir, sino que pensamos que tenemos algo que decir que nos haga lucir mejor de lo que otros quieren hacernos lucir. Y no solamente eso, sino que siempre pensamos que el otro tiene la culpa y nosotros tenemos la razón. En el caso de Jesús, Él tenía algo que decir; en el caso de Jesús, Él tenía cómo hacerse lucir mejor que lo que otros pensaban de Él; en el caso de Jesús, Él tenía cómo defenderse, y ciertamente Él no tenía la culpa. Los otros tenían la culpa, y sin embargo, estando en esas condiciones, permanece en silencio.

Nuestra sociedad, nuestra generación, ha llegado a pensar que uno de los valores más altos que puede abrazar es la oportunidad de poder expresar tu opinión. De hecho, muchas constituciones de las naciones tienen eso en ellas, como parte de la Constitución Nacional, y eso tiene mucho que ver con la manera como regímenes dictatoriales del pasado totalitario silenciaron a los ciudadanos, y eso tiene un valor. Pero nuestra sociedad ha tomado eso, lo ha puesto en un pedestal y ha hecho un ídolo de eso. Y la realidad es que se requiere de mayor formación del carácter cristiano para permanecer callado que para expresar tu opinión.

Se requiere de mucho mayor carácter cristiano formado para permanecer en silencio, como lo está haciendo Jesús, que para expresar tu opinión. Los inconversos pelean, luchan y van a los tribunales por eso. Pero permanecer en silencio cuando tienes un derecho consagrado en la Constitución no es fácil para la naturaleza humana; requiere de mucho carácter de Cristo para poder hacer eso. Pero una cosa es lo que la Constitución me confiere, y otra cosa es lo que la Biblia me instruye. Y la realidad es que, cuando se trata de esto, hay más instrucción en la Biblia acerca de permanecer en silencio que acerca de la justificación y la defensa propia.

Hay mucho más enseñanza en la Biblia acerca de la importancia de permanecer en silencio que de la justificación y la defensa propia. Yo no tengo todo el tiempo para revisar todos los pasajes a los que pudiera aludir para avalar esto, pero yo creo que para muestra basta un botón. Salmo 39:1-2: "Yo dije: guardaré mis caminos para no pecar con mi lengua; guardaré mi boca como una mordaza mientras el impío esté en mi presencia." En nudez callé. Proverbios 10:19: "En las muchas palabras la transgresión es inevitable, mas el que refrena sus labios es prudente." Proverbios 11:12: "El hombre prudente guarda silencio."

Cuando Moisés fue acusado por Miriam y Aarón, guardó silencio, y fue donde Dios. Hablemos con Dios, que Dios resuelva. Ya que tienen esas quejas contra mí, no me voy a defender. Mañana vamos donde Dios, hablamos con Dios y le decimos: "Dios, que resuelvas Tú." Cuando Daniel fue acusado, no se defendió.

Yo tengo que pausar, entonces, porque yo no puedo ver estos hechos, removidos dos mil años, y pensar: bueno, esto no tiene ninguna aplicación para mi vida. Yo tengo que preguntarme: ¿qué se requiere para tener la habilidad de guardar silencio mientras mi carne me dice que tengo el derecho de hablar? No solamente mi carne, la Constitución también me lo dice. ¿Qué se requiere para guardar silencio mientras mi carne y la Constitución me dicen que tengo el derecho de hablar?

Y luego que revisemos estas cualidades que son requeridas para poder hacer eso, yo quiero que, mientras las vayamos revisando, tú te puedas preguntar si eso lo ves en Jesús o no lo ves. Y luego podamos pedirle a Dios que forme eso en nosotros. Pero yo quiero que tú veas a Jesús en Getsemaní, que tú veas a Jesús bajo el apresamiento ahora, y eventualmente siendo golpeado, incluso clavado, y sitúes estas cualidades que son requeridas para permanecer en silencio.

Número uno: permanecer callado requiere paciencia para esperar que Dios dé su veredicto. Hoy es viernes, tú me crucificas hoy; esperemos al domingo. Dios dará su veredicto. Cuando la tumba abra su boca y me deje salir, tú verás. Permanecer en silencio requiere paciencia para esperar que Dios dé su veredicto. Pero no puedo quedarme solo en la paciencia, porque resulta que la Palabra de Dios me informa que la paciencia es un fruto del Espíritu, y también me dice que el amor es paciente.

Por tanto, para poder permanecer en silencio, yo requiero amor como segunda cualidad: amor por el otro, consideración por la dignidad humana en el otro. Pero resulta que la palabra de Dios me dice que el amor es un fruto del Espíritu. La paciencia es un fruto del Espíritu, el amor es un fruto del Espíritu. ¿Tú crees que ves eso en Jesús: paciencia, amor?

Número tres: permanecer en silencio requiere mansedumbre, para no desenvainar la espada como Pedro, sino para extender la mano y sanar a quien Pedro ha cortado. Ahora nosotros no tenemos una espada como la de Pedro, pero tenemos otra espada que es la lengua, y sacamos la lengua. El salmista en el Salmo 57:4 llama a la lengua una espada afilada; quizá pudiéramos agregar: más cortante que cualquier espada de dos filos. Esa es nuestra espada, pero el hombre manso, Jesús, está callado.

Número cuatro: permanecer en silencio requiere dominio propio. La mansedumbre es un fruto del Espíritu, el dominio propio es un fruto del Espíritu. En otras palabras, para permanecer en silencio lo que requiero es llenura del Espíritu. La llenura del Espíritu frena mi boca, controla mi lengua. Cuando a veces decimos "yo tengo que aprender a controlar la lengua", no tienes que aprender a controlar la lengua; tú tienes que llenarte del Espíritu, y el Espíritu controla tu lengua. Porque no estamos detrás de una modificación conductual, estamos detrás del cambio de un carácter. Y lo que le agrada a Dios no es que mi lengua se calle y por dentro yo siga hablándome, sino que mi espíritu no sienta lo que mi lengua quiere decir.

Número cinco: permanecer en silencio requiere humildad. Yo sé que usted me ha oído decir esto muchas veces, pero lo voy a volver a repetir porque me lo tengo que decir a mí mismo. La humildad dice: no tengo nada que temer, nada que probar, nada que ocultar. Pedro tenía algo que temer. Jesús no tenía nada que temer. Pedro quiere huir para salvar su vida; Cristo quiere dar su vida. "Para eso yo vine, para entregar mi vida como ransom, redención por muchos."

El número seis: permanecer en silencio requiere valor, de nuevo, para llevar a cabo los propósitos que Dios ha puesto, y para llevar sobre tus hombros las consecuencias del pecado de aquellos que te acusan. Vamos a decir eso otra vez: permanecer en silencio requiere valor, de nuevo, para llevar sobre tus hombros las consecuencias de aquellos que te acusan. "Jesús fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca; como cordero que es llevado al matadero, y como oveja que ante sus trasquiladores permanece muda, no abrió él su boca." Él cargó con las consecuencias del pecado de aquellos que le acusaron. Isaías 53:7.

Número siete: permanecer en silencio requiere confianza en Dios, para saber que Él conoce la verdad. Esto se puede tergiversar, esto se puede agrandar, esto puede tumbarme, pero Dios conoce la verdad. Él conoce las intenciones de mi corazón, de tu corazón, las motivaciones. Lo único que verdaderamente conoce toda la verdad es Dios, y permanecer en silencio requiere confianza en Dios.

Si tú sigues leyendo, entonces esto es lo que nos encontramos: el sumo sacerdote, sorprendido de que Jesús no hablara, levantándose se puso en medio y preguntó a Jesús diciendo: "¿No respondes nada? ¿Qué testifican estos contra ti?" Mas Él callaba y nada respondía. Le volvió a preguntar el sumo sacerdote diciendo: "¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?" Jesús dijo: "Yo soy, y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder y viniendo en las nubes del cielo."

Ahora, Jesús no está defendiéndose, ¿verdad? Esto no es una autodefensa. Jesús simplemente está respondiendo una pregunta que tiene que ver con su identidad. "¿Eres tú el Hijo del Bendito, el Cristo?" Jesús dijo: "Yo soy." "¿Eres tú el Mesías?" "Sí, yo soy." "¿Eres el Ungido?" "Yo soy." "¿Eres el prometido de Dios?" "Yo soy." Lo único que respondió en este momento es una simple afirmación de su identidad, porque si se le ha preguntado eso y Él calla, hubiese sido evidencia para decir: "¿Tú ves? Ni siquiera se atreve a responder." Él simplemente afirma: "Sí, lo que tú dices, eso es lo que yo soy."

Cuando Jesús dice "Sí, eso es lo que yo soy", obviamente la única respuesta que hubiese podido satisfacer al sumo sacerdote era que Él dijera que no. Como Él dijo que sí, entonces el sumo sacerdote, en el versículo 63, rasgando sus ropas, dijo: "¿Qué necesidad tenemos de más testigos? Los testigos no concuerdan, pero elimínenlos; ya tenemos sus propias palabras: él dijo que era el Cristo, el Hijo del Bendito." Si el sumo sacerdote hubiese estado simplemente interesado en la verdad, hubiese preguntado: "¿Por qué dices eso? ¿Cómo te atreves a decir algo que pudiera ser una blasfemia? ¿Puedes explicarme?" Quizás hubiese encontrado la verdad, pero no estaba interesado en eso. "¿Habéis oído la blasfemia? ¿Qué os parece?" Y todos le condenaron diciendo que era reo de muerte.

Jesús, la personificación de la verdad, ante gente que personificaba la mentira, y en silencio, en el Sanedrín. Jesús, el Hijo de Dios, ante gente que ya le había catalogado como hijo de su padre el diablo, y en silencio, sin defensa. Jesús, condenado por blasfemia contra Dios, cuando Él era Dios. Jesús, la resurrección y la vida, condenado a muerte. Wow. Y en silencio.

Condenado a muerte por blasfemia. La Mishná dice que la blasfemia es maldecir el nombre de Dios; pero está condenado a muerte. "Me falta un juicio para condenarle a muerte." No importa, ya está condenado. "Tiene que ser de día." No importa, ya está condenado. "El Sanedrín debe estar completo." No importa, ya está condenado. "Los testigos no concuerdan." No importa, ya está condenado. Y Él guardó silencio.

Una cosa es no creer en Jesús y otra cosa es acusarle de blasfemia. Una cosa es no creer sus enseñanzas y otra cosa es clavarle por sus enseñanzas. Esto viene del mismo infierno. La narración continúa: "Y comenzaron a escupirle, a cubrirle el rostro, a darle puñetazos y a decirle: ¡Profetiza!" Y los guardias le recibieron a bofetadas. ¿Te imaginas escupir el rostro de Dios? ¿Te imaginas golpear el rostro de Dios? Unos le golpearon a puñetazos, otros le dieron bofetadas.

Hay otra razón para protestar. Otra razón para protestar: "Si me vas a condenar, no me puedes golpear." La Mishná lo prohibía. Un delito que lleva a la pena de muerte: el enjuiciado no puede ser golpeado mientras está siendo juzgado. Pero Él permanecía en silencio.

Mientras ellos abusaban de Jesús, Jesús era el único que tenía la verdad, el único con autoridad sobre todos los hombres, el único con el poder, con una legión de ángeles a su disposición que hubiese podido defenderle. Él era el Juez sentado en el banquillo de los acusados. Él era inocente pero condenado, con el poder para revertir todo eso, y permaneció en silencio. En esos momentos Jesús pone en despliegue toda la misericordia del cielo y la tierra. En el momento en que estaba bajo la peor crisis de toda su vida, Jesús está exhibiendo su carácter más divino: de misericordia, de perdón, de paciencia, de mansedumbre, de humildad, de amor, de dominio propio. En silencio.

Él modela en ese momento cómo se comporta el carácter humilde. El carácter de Jesús nunca brilló tan excelente como ahora; nunca brilló tan excelente como a lo largo de toda la pasión de Cristo. Estamos comenzando la pasión; cuando lleguemos a la cruz, vamos a seguir viendo su carácter en exhibición, en despliegue. Y ese es el carácter, y esa es la imagen que Dios Padre está persiguiendo en mí. Es el carácter que Dios Padre está tratando de formar en mí a través de todas las circunstancias, eventos, contratiempos, problemas, tropiezos que yo tengo a lo largo de mi vida.

Es el carácter del que Dios dice que todas las cosas cooperan para bien, para formar esa imagen, ese carácter. Lo viste en Getsemaní, lo viste en el apresamiento, lo vas a ver en la cruz, lo viste bajo juicio. "Tú, ese carácter, ese es el que yo estoy persiguiendo en cada uno de mis hijos." Y es para eso que todas las cosas cooperan para bien, para aquellos que le aman, que han sido llamados conforme a su propósito. Si no lo vemos así, nunca lo vamos a entender. El carácter de Jesús: el modelo ante el mío, mi espejo para ver el mío, mi modelo para tratar de imitarle, mi Señor al que darle gracias.

Este es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet: www.integridadysabiduría.org. En esta página encontrará información sobre la producción de este y otros recursos que ponemos a su disposición, como también las formas en que usted puede contribuir con la producción de programas como estos. Les invitamos nuevamente a visitar nuestra página de internet: www.integridadysabiduría.org. Será hasta la próxima, cuando nos reencontremos en su Palabra.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.