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Sermones

Insatisfacción con el liderazgo

Miguel Núñez 27 enero, 2008

La rebelión de Coré contra Moisés y Aarón revela algo profundo sobre el corazón humano: la incapacidad de estar satisfecho con lo que Dios ha asignado. Coré era primo hermano de Moisés y Aarón, y Dios le había dado el privilegio de cuidar los utensilios sagrados del tabernáculo y ministrar ante la congregación. Pero eso no le bastó; quería también el sacerdocio. Su padre y el padre de Moisés eran hermanos, y quizás Coré se preguntaba por qué Dios había elegido a sus primos y no a él. Ese resentimiento no resuelto, esa envidia guardada, eventualmente explotó en rebelión abierta, arrastrando consigo a 250 líderes del pueblo.

Lo revelador es cómo Coré racionalizó su pecado. En lugar de reconocer su ambición, generalizó: "Toda la congregación es santa, ¿por qué te levantas tú sobre nosotros?" Así somos nosotros: tenemos un problema personal pero decimos "la gente está diciendo", cuando en realidad somos nosotros los que lo decimos. Hasta que no aprendamos a apropiarnos de nuestro pecado —mi celo, mi envidia, mi resentimiento— no progresaremos en santificación.

El juicio de Dios fue severo: la tierra se abrió y tragó vivos a los rebeldes; fuego consumió a los 250 que ofrecieron incienso. Pero lo más impactante es que al día siguiente el pueblo murmuró nuevamente, culpando a Moisés. Aun así, Moisés envió a Aarón a pararse entre los muertos y los vivos para detener la plaga. El pastor Núñez cierra con un desafío: Dios busca intercesores, no juzgadores. Nuestro rol no es condenar sino pararnos en la brecha por otros.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Números 16, capítulo 16, es el libro de Números. "Y se rebeló Coré, hijo de Izhar, hijo de Coat, hijo de Leví, con Datán y Abiram, hijos de Eliab, On, hijo de Pelet, hijos de Rubén, y se alzaron contra Moisés, junto con algunos de los hijos de Israel, 250 jefes de la congregación, escogidos en la asamblea, hombres de renombre. Y se juntaron contra Moisés y Aarón, y les dijeron: 'Basta de vosotros, porque toda la congregación, todos ellos son santos, y el Señor está en medio de ellos. ¿Por qué entonces os levantáis por encima de la asamblea del Señor?'"

Cuando Moisés escuchó esto, cayó sobre su rostro, y habló a Coré y a todo su grupo diciendo: "Mañana temprano el Señor mostrará quién es de Él y quién es santo, y lo acercará a sí. ¿Haced esto, Coré y todo vuestro grupo: tomad incensarios para vosotros, y poned fuego en ellos, y echad incienso sobre ellos mañana en la presencia del Señor, y el hombre a quien el Señor escoja será el que es santo. ¡Basta ya de vosotros, hijos de Leví!" Entonces Moisés dijo a Coré: "Oíd ahora, hijos de Leví, ¿no es suficiente que el Dios de Israel los haya separado del resto de la congregación de Israel para acercaros a sí, a fin de cumplir el ministerio del tabernáculo del Señor y para estar ante la congregación para ministrarles? ¿Y que se te ha acercado a ti, Coré, y a todos tus hermanos hijos de Leví contigo? ¿Y pretendéis también el sacerdocio? Por tanto, tú y toda tu compañía os habéis conjurado contra el Señor. Pues en cuanto a Aarón, ¿quién es él para que murmuréis contra él?"

Entonces Moisés mandó llamar a Datán y a Abiram, hijos de Eliab, pero ellos respondieron: "No iremos. ¿No es suficiente que nos hayas sacado de una tierra que mana leche y miel para que muramos en el desierto, sino que también quieras enseñorearte sobre nosotros? En verdad, tú no nos has traído a una tierra que mana leche y miel, ni nos has dado herencia de campos y viñas. ¿Les sacarías los ojos a estos hombres? No iremos." Moisés se enojó mucho y dijo al Señor: "No aceptes su ofrenda. No he tomado de ellos ni un solo asno, ni les he hecho daño a ninguno de ellos."

Voy a pausarme en este momento para comenzar a exponer el texto y luego, a lo largo del camino, terminaremos de exponer el resto de lo que ocurrió en esta ocasión. Yo decía esta mañana que al leer el texto me detuve realmente, porque hemos hablado tanto de la rebelión del pueblo que ahora, al ver otras rebeliones, me preguntaba: ¿qué más vamos a decir acerca de lo que es el espíritu de rebeldía que acompañó al pueblo en esa ocasión y que nos acompaña hoy? Pero llegué a entender posteriormente que si Dios reveló ese texto era porque Dios lo consideraba importante. Dios no inspira nada de manera antojadiza ni insignificante, de manera que si el texto está ahí es porque Dios entiende que nosotros tenemos cosas que podemos aprender, y por eso creo que vale la pena que nos detengamos una vez más a reflexionar sobre lo que Dios tenga que decirnos hoy.

Yo creo que muchos de ustedes quizás conocen que cada libro de la Biblia ha sido escrito e inspirado con un propósito en particular, y en este caso el propósito del libro de Números es enseñar las consecuencias del pecado. Es la razón por la que cada vez que usted voltea la página, como que se encuentra con otra consecuencia más del pecado del pueblo para ver las consecuencias de ese pecado. Yo he querido titular este mensaje "Insatisfacción contra el liderazgo", y quizás usted pudiera pensar: "Bueno, no es la primera vez que nosotros oímos insatisfacciones contra el liderazgo de Aarón y de Moisés", y eso es cierto. Pero la dimensión de esta queja, la dimensión de esta rebelión, la acusación en la manera en que es planteada y las consecuencias en la manera en que son aplicadas adquieren aquí otra dimensión completamente diferente.

Interesantemente, antes nosotros habíamos oído quejas del pueblo, pero hasta que Aarón y Miriam no se atrevieron a confrontar y cuestionar el liderazgo de Moisés, nunca habíamos visto una rebelión real para reemplazarlo. Pero una vez ellos hicieron eso, es como que ellos, como hermanos de Moisés que eran, le dieron permiso al resto de la población para terminar de rebelarse y de cuestionar su liderazgo, hasta el punto, como vimos en el mensaje anterior, que el pueblo estuvo dispuesto a elegir otro líder para regresar a Egipto, y estaba listo incluso para apedrear a Josué y a Caleb porque no estaban dispuestos a entrar a la tierra prometida. Esa rebelión fue seguida de esta de hoy, mucho peor, donde no solamente se levantan estas cuatro cabezas del pueblo, sino que hay 250 líderes, jefes de la asamblea del pueblo, que se levantaron en rebelión. Lamentablemente, la rebelión de uno tiende a generar rebelión en otro; es como que rebelión engendra rebelión.

A grandes rasgos, yo creo que cuando revisé este texto encontré dos cuestionamientos en contra del liderazgo de Aarón y un cuestionamiento en contra del liderazgo de Moisés. Interesantemente, Aarón viene en un momento anterior, en el capítulo 12, acompañado de su hermana, y cuestiona el liderazgo de Moisés, y ahora tiene que sentarse en el lugar contrario, donde su propio liderazgo está siendo cuestionado. Bien dice la Palabra de Dios que con la vara que midas serás medido, y muchas veces nos encontramos juzgando a una persona o juzgando una acción simplemente para encontrar que una semana después alguien estaba juzgando la misma acción en mí o la misma actitud, porque con la vara que midamos de esa misma manera somos medidos.

Para facilitar el bosquejo de esto, una vez más voy a dividirlo en varias secciones: veremos primero quiénes fueron los rebeldes; en segundo lugar, la razón de la rebelión; en tercer lugar, la racionalización del pecado; en cuarto lugar, la reacción de Moisés; y en quinto lugar, la reacción de Dios. Los rebeldes, la razón de la rebelión, la racionalización del pecado, la reacción de Moisés y la reacción de Dios.

En primer lugar, los rebeldes. ¿Quiénes fueron? Están identificados en los versículos 1 y 2: "Y se rebeló Coré, hijo de Izhar, hijo de Coat, hijo de Leví, con Datán y Abiram, hijos de Eliab, On, hijo de Pelet, hijo de Rubén, y se alzaron contra Moisés junto con algunos de los líderes de Israel, 250 jefes de la comunidad, jefes de la congregación escogidos en la asamblea, hombres de renombre." El texto que acabo de leer identifica a Coré como un descendiente de Leví, pero nosotros también sabemos que Moisés y Aarón fueron descendientes de Leví, de manera que de alguna forma estos tres individuos están relacionados, están emparentados. La pregunta es: ¿qué tan cercano es el parentesco?

Bueno, cuando tú revisas el libro de Éxodo, capítulo 6, del versículo 18 al 20, te das cuenta de que el padre de Moisés, Amram, y el padre de Coré, Izhar, eran hermanos, de manera que Coré, Moisés y Aarón eran primos hermanos. Una vez más Moisés estaba bajo prueba, porque ya tuvo que enfrentar el cuestionamiento de su liderazgo por parte de su hermano Aarón y por parte de su hermana Miriam; ahora es su primo hermano el que se rebela contra él, junto con 250 otros líderes del pueblo.

Nosotros no sabemos qué estaba en el corazón de Coré, pero yo voy a hacer lo que he llamado una especulación santa y voy a pensar un poco en esto. El padre de Moisés y Aarón y el padre de Coré eran hermanos. ¿Por qué, cuando Dios decide elegir un líder para el pueblo, no lo eligió a él, siendo sus padres hermanos? Le pasó por encima y terminó eligiendo a Moisés. Y asimismo, cuando Dios decide elegir quién va a representar el sacerdocio, una vez más Coré es pasado por alto, porque siendo sus padres hermanos, Él pudo haber elegido a Coré, pero no: Dios eligió a Aarón. Yo no sé si Coré estaba celoso de que eso hubiera ocurrido así, pero es una posibilidad. Quizá había resentimiento en su corazón, quizá había un conflicto que no había resuelto, quizá había algo en su corazón —como nos ocurre a nosotros— que no resolvemos: un recelo, un resentimiento, y eventualmente eso sale a relucir como un espíritu de rebeldía. Esa es la primera acusación que tenemos aquí de parte de Coré, y es básicamente en contra del sacerdocio de Aarón.

Ahora bien, junto con Coré se rebelaron Datán y Abiram, hijos de Eliab, y On, hijo de Pelet. Ellos eran descendientes de Rubén, los rubenitas. Rubén fue el primogénito de Jacob; como primogénito, él y sus descendientes debieron haber heredado los derechos de la primogenitura. Sin embargo, el libro de Crónicas, 1 Crónicas capítulo 5, nos habla de que ellos perdieron los derechos de la primogenitura porque Rubén, en un momento dado, se acostó con Vila, una de las concubinas de Jacob, y de esa manera profanó la cama de su padre. Una vez más, yo no sé si esto estaba en el corazón de los descendientes de Rubén, pero es posible que hubiera ciertos resentimientos porque, siendo ellos los descendientes del primogénito Rubén, habían perdido los derechos de la primogenitura. Pero si eso fue así, eso no tenía nada que ver con Moisés; tenía todo que ver con su padre, con su antecesor, que profanó la cama de su padre.

En definitiva, tú tienes a los coatitas, liderados por Coré, rebelados contra el sacerdocio de Aarón, y tú tienes a los rubenitas, rebelados contra el liderazgo de Moisés. Dicho sea de paso, ambas tribus, ambos grupos, estaban en la parte sur de lo que sería el tabernáculo, de manera que quizás por eso había una cierta alianza o amistad entre ellos y se rebelaron juntos. Es como la rebelión del sur, pudiéramos llamarla. Se levantaron entonces Coré, Datán, Abiram y On, y luego se unieron a ellos 250 líderes de la congregación, que el texto identifica como jefes y como hombres de renombre.

Estos individuos tenían autoridad y tenían posición, tenían cierto poder, tenían cierto liderazgo, eran hombres de renombre. Pero no les bastó la autoridad que Dios ya les había concedido, sino que querían más autoridad de la que ya habían recibido, y eso es muy típico, ¿verdad?, del corazón humano, de cómo nosotros nos comportamos muchas veces.

Vimos los rebeldes, quiénes eran. Veamos ahora la razón de la rebelión, versículo 8: "Entonces Moisés dijo a Coré: Oíd ahora, hijos de Leví. ¿No es suficiente que el Dios de Israel os haya separado del resto de la congregación de Israel para acercaros a Él, a fin de cumplir el ministerio del tabernáculo del Señor y para estar ante la congregación para ministrarles? ¿Y que se te ha acercado a ti, Coré, y a todos tus hermanos, hijos de Leví, contigo, y pretendéis también el sacerdocio? Por tanto, tú y toda tu compañía os habéis juntado contra el Señor. Pues en cuanto a Aarón, ¿quién es él para que murmuréis contra él?"

¿Quién es Aarón? Y ¿no te das cuenta, Coré, que esta rebelión no es contra Aarón? ¿Quién es Aarón? Es contra Dios, es contra el Señor mismo. No te fue suficiente, esta es la explicación. No te fue suficiente, Coré, que Dios hubiese asignado el cuidado de la mesa de los panes, del candelabro, de los altares del templo, que Dios te haya asignado a ti y a los tuyos y a tus descendientes, te haya dado la habilidad, el privilegio de ministrar en el templo. Esto no te fue suficiente; ahora tú quieres el sacerdocio también.

En Números 3 y 4 tú puedes encontrar la descripción de cuál era la responsabilidad de Coré y los suyos, y Moisés le está cuestionando a Coré si es realmente que él quiere el sacerdocio de Aarón. Eso es exactamente lo que él quiere. Coré no estuvo contento, no estuvo agradecido con su asignación. Y hay una enseñanza para cada uno de nosotros, porque el deseo, la codicia, la envidia, nacen precisamente de esa inconformidad, de esa ingratitud, de no estar contento con la asignación que Dios me ha dado. Y eso es lo que estamos viendo en la vida de Coré, y este es el cuestionamiento de Moisés hacia él.

Él quería el sacerdocio de Aarón, pero lo que origina ese deseo es el orgullo. El orgullo produce la comparación: "¿Por qué él y no yo? Si él lo puede hacer, yo también." Se hace algo típico del orgulloso: "Él puede hacerlo, yo puedo hacerlo; de hecho, lo puedo hacer mejor." Y si yo lo puedo hacer también como él, o hasta mejor que él, ¿por qué tiene que ser él y no yo? El orgullo piensa en términos de habilidades.

El siervo de Dios no piensa en términos de habilidades. El verdadero siervo de Dios que ha aprendido cómo Dios piensa y hace las cosas, piensa en términos de asignación: "¿Por qué él y no yo? ¿Por qué Dios le ha asignado esa función a él y no a mí?" Yo creo que eso es algo que nosotros necesitamos aprender, porque de lo contrario vamos a permanecer continuamente en este celo, en esta envidia, con este orgullo, y eso es una tríada mortal, capaz de matar el espíritu de cualquier persona.

Y esa tríada siempre quiere más poder, quiere más privilegio, quiere más derechos. Lamentablemente, esa posición de renombre que estos doscientos cincuenta hombres tuvieron —hombres de prestigio, dice una de las traducciones— ese prestigio generó en ellos fama, la fama generó orgullo, el orgullo generó envidia, y cuando la envidia no pudo conseguir lo que quería, generó celos, y los celos generaron la rebelión. Ahora tú tienes la cadena completa, y lamentablemente así somos.

Dios creó a Lucifer, el ser angelical más bello, más grande, más poderoso del cielo, y él quería hacerse como Dios; eso no le era suficiente. Dios creó a Adán, le dio toda la tierra, le dio dominio, le dio la habilidad de enseñorearse sobre las aves del cielo, los peces del mar: "Toda la tierra te pertenece. Lo único que quiero que sepas, Adán, es que ese árbol que está ahí en medio, no lo toques." "No, eso es lo que yo quiero exactamente." Y cuando Satanás le ofrece que si comían del árbol serían como Dios, eso es exactamente lo que quería: "No estoy satisfecho con lo que tengo, yo quiero un escalón más."

Y si eso fue Lucifer, que no tenía una naturaleza pecadora, y Adán, que tampoco la tenía en sus inicios, ¿qué será del corazón tuyo y el mío, que arrastra desde que es concebido —dice David: "En pecado me concibió mi madre"— cuánto no anhelaremos, envidiaremos y nos sentiremos celosos, precisamente por eso que está en nosotros? Tenemos que recordar, hermanos, que Dios tiene un plan y un propósito soberano, y así son sus llamados.

Dios llama a algunos a una posición y a otros a otra posición. Mi habilidad no me da el derecho de ocupar la posición. El que yo pueda cantar no me hace el líder de adoración; el que yo pueda predicar no me hace pastor. De hecho, cuando yo vine a ser pastor tenía años ya predicando y enseñando, y yo no tenía la función de pastor porque Dios no me había llamado a tal cosa. La razón para hacer algo y no otra es precisamente el que Dios me haya llamado.

Pero esta gente, cuando se rebela... escucha. Se rebeló Coré, se rebelaron Datán y Abiram, los de los subventas, y escucha ahora en el versículo 12 lo que ocurre: "Entonces Moisés mandó llamar a Datán y a Abiram, pero ellos dijeron: No iremos. ¿No es suficiente que nos hayas sacado de una tierra que mana leche y miel para que muramos en el desierto, sino que también quieras enseñorearte de nosotros? En verdad, tú no nos has traído a una tierra que mana leche y miel, ni nos has dado herencia de campos y viñas. ¿Vas a sacar los ojos a estos hombres? No iremos."

¡Vaya! Esa gente está airada. Moisés quería ir a conversar con ellos, y ellos dicen: no. Y cuando le dicen que no van, le dicen algo más: "Moisés, cuando tú nos sacaste de Egipto, esa era la tierra donde manaba leche y miel. Esa tierra prometida que tú dices que mana leche y miel, ni siquiera es esa. Y segundo, tú no nos has dado campos ni viñas; tú nos has traído aquí para que muramos en el desierto. No es suficiente todo eso, y encima de eso tú te quieres enseñorear sobre nosotros. Pues no iremos."

Y sabes algo, Moisés, todo el mundo sabe esto. Esta gente no es ciega, eso es lo que yo quiero decir con esta expresión: "¿Vas a sacarles los ojos a estos hombres?" En otras palabras: si tú quieres que esta gente no sepa lo que está pasando, tendrás que sacarles los ojos; ellos no son ciegos, todo el mundo está consciente de cuál es la situación. ¿Te imaginas a Moisés bajo esa condición, cómo se estaría sintiendo?

Vimos los rebeldes, acabamos de ver la razón de la rebelión. Entremos ahora a lo que llamaremos la racionalización de la rebelión. Pero antes de ver eso, recordemos que de la misma manera que esta gente, cuando Moisés los mandó a buscar, dijo "no iremos", de esa misma manera muchas veces Dios nos manda a reconciliarnos con un hermano, con una hermana, y decimos: no vamos. "No, el problema comenzó, no fui yo." El pastor me manda a buscar, me dice: "Fui yo a hablar, te lo digo porque se pudiera pensar... Yo creo que tú y fulano deben reconciliarse." "Sí, sí, pero no habrá." Y nosotros tenemos la misma raíz: no vamos.

Date cuenta cómo somos. Y cuando después de actuar de esa manera y sentir de esa manera racionalizamos nuestra rebelión. Versículo 3: "Se juntaron contra Moisés y Aarón, y les dijeron: ¡Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos, y el Señor está en medio de ellos. ¿Por qué, pues, os levantáis por encima de la asamblea del Señor?"

Escucha esto. Moisés enfrenta a Coré y le dice: "¿Es eso lo que tú quieres, el sacerdocio de Aarón?" Es Coré el que quiere el sacerdocio, pero él no se apropia de su pecado. ¿Qué dice Coré? No va donde Moisés y le dice: "Lo que pasa es que yo soy envidioso, celoso, orgulloso, y realmente yo quiero el sacerdocio de Aarón." No. Oye lo que él dice: él va y generaliza su pecado: "Todos ellos son santos. Todos ellos pudieran querer el sacerdocio." Pero ¿por qué lo quiere él?

Y así somos nosotros. Nosotros tenemos esto por dentro, tenemos este problema con alguien, vamos donde esa persona o vamos donde el pastor a hablar, y decimos: "La gente está diciendo..." Pero eres tú el que lo está diciendo. Tú oíste de alguna persona que dijo algo, y dices: "Todo el mundo está diciendo." Todo el mundo. Dime quién. "Bueno, realmente fue una persona." O sea, pasamos de "todo el mundo" a una persona. La racionalización y la generalización de nuestro pecado.

O sentimos algo y vamos donde esa persona, o vamos donde el pastor, o vamos donde el jefe —tiene que ser en el trabajo también, no solo en la iglesia—, vamos donde el jefe y decimos: "Mira, te lo digo porque se pudiera pensar... yo te lo digo porque se pudiera pensar..." Pero eres tú el que lo está pensando. La generalización y la racionalización de mi pecado. Si yo no aprendo a apropiarme de mi pecado, de mi celo, de mi envidia, de mi prejuicio, y ponerlo delante de Dios y decir: "Dios, soy yo el problema", si yo no aprendo a hacer eso, no voy a poder progresar en mi vida de santificación.

Esa es la racionalización de la rebelión. Y junto con esto, lo que Coré en este momento está tratando de proponer también es una democratización del sacerdocio: "Todos ellos son santos, todos ellos pueden ejercer el sacerdocio." La democratización del sacerdocio.

Eso es viejo, pero está surgiendo de nuevo. El movimiento en Estados Unidos que se conoce como *Emerging Church*, la iglesia emergente, la iglesia que está surgiendo, es una iglesia posmodernista de nuestro tiempo, la iglesia evangélica. Es un movimiento donde en la mañana el pastor expone algo del texto, pero luego el micrófono se abre para que todo el mundo que quiera exponer el texto también lo pueda hacer conforme a su entendimiento, porque quién eres tú para considerarte superior a mí. Pero tenemos que recordar que la última vez que yo revisé la Palabra de Dios, el ser maestro era un llamado y es un don, el ser pastor es un don y es un llamado, el ser líder es un don y es un llamado.

Pero nosotros tenemos esta idea de "quién eres tú para decirme". Y eso viene desde pequeño. Una de mis sobrinas, a la edad de dos años y medio, mi abuela le dio una orden en mi presencia, y ella le dijo a esa edad: "Tú no me mandas." Esa es la actitud de "quién eres tú". ¿Te das cuenta de lo joven que comienza esa actitud en nuestro corazón?

Obviamente cuando esta gente hace la acusación, encontramos grietas en ella. La primera acusación es: "¿Quién eres tú para enseñarte sobre nosotros?" Si hay algo que Moisés supo hacer, fue liderar humildemente. Si hay algo que Moisés muestra en los peores momentos de la congregación, es cuánto les amó y cuánto intercedió él por ellos. Si ciertamente Moisés ocupaba la posición de liderazgo, no era por designación propia, sino porque Dios le había asignado esa posición. Pero nosotros tendemos a racionalizar nuestros pecados, y eso es algo corriente, y entonces termina cuestionando a Dios.

Yo quiero que veamos en cuarto lugar, no solamente quiénes fueron los rebeldes, la rebelión, la razón de la rebelión y la racionalización del pecado, sino también la reacción de Moisés ante el pecado. El versículo cuatro: cuando Moisés escuchó esto, cayó sobre su rostro, y habló a Coré y a todo el grupo diciendo: "Mañana temprano el Señor mostrará quién es de Él y quién es santo, y lo acercará a sí; a aquel a quien Él escoja lo acercará a sí. Haced esto, Coré, y todo vuestro grupo: tomad incensarios para vosotros y poned fuego en ellos y echad incienso sobre ellos mañana en la presencia del Señor; y el hombre a quien el Señor escoja, ese es el que es santo. ¡Basta ya de vosotros, hijos de Leví!"

Moisés le dice a Coré: "Tú quieres el sacerdocio. Tú entiendes que tú y los tuyos tienen la habilidad y la santidad para ejercer este sacerdocio. Yo tengo una prueba para mañana. Vamos a ir a la tienda de reunión delante del Señor y vamos a ejercer una función sacerdotal, que es exactamente lo que tú quieres hacer. Tomas el incensario que solamente los sacerdotes pueden ofrecer y hacer uso de él, y para hacer la prueba, tú y tus 250 hombres toman un incensario; Aarón y yo vamos a ir con un incensario también delante de la presencia de Dios, vamos a ejercer esa función sacerdotal, y a quien Dios elija, ese es el sacerdote."

Si yo hubiese estado ahí, al escuchar esa palabra de Moisés habría dicho: "Déjalo ahí, déjalo ahí, déjalo ahí." Pero así es la memoria pecaminosa. Si ellos hubiesen recordado que la última vez que personas quisieron ofrecerle a Dios incienso que no debían ofrecer, que ofrecieron un fuego extraño, Dios los consumió en medio de la experiencia de adoración, y que esos no fueron nada más y nada menos que los dos hijos de Aarón, con esa experiencia, y ahora que Moisés me desafía a ir a ofrecer incienso que yo no debo ofrecer, yo le habría dicho: "Estás loco, Moisés. Cualquier otra prueba menos esa."

Pero la memoria pecaminosa es así. Cometemos un pecado hoy, nos arrepentimos mañana, le pedimos perdón a Dios; el próximo día, la próxima semana, el próximo mes, cometemos el mismo pecado. Y de hecho, cuando cometemos el mismo pecado y nos arrepentimos, muchas veces ni nos acordamos que hicimos lo mismo hace una semana atrás. ¿Cómo es posible que tengamos una memoria tan caída, tan pecaminosa, tan olvidadiza de nuestros propios pecados? Pero si alguien comete un pecado que no cometí yo, eso es recordado por los próximos 75 años. ¿Cómo es que la memoria puede ser tan selectiva de esa manera? Así es la memoria pecaminosa del ser humano.

Moisés propone esa prueba y ellos aceptan el desafío. En otras palabras, estos 250 jefes y líderes están convencidos de que ellos pueden ejercer esas funciones. No es que tenían una presunción y de repente Moisés les dice: "Perdón, no, no, no, no. Tú quieres esto, vamos a la presencia de Dios." Y ellos dijeron: "Ok."

El versículo 23 y siguientes: "Entonces respondió el Señor a Moisés diciendo: Habla a la congregación y diles: Alejaos de los alrededores de las tiendas de Coré, Datán y Abiram." El versículo 26: "Y habló a la congregación diciendo: Apartaos ahora de las tiendas de estos malvados y no toquéis nada que les pertenezca, no sea que perezcáis con todo su pueblo."

Y Moisés dijo: "En esto conoceréis que el Señor me ha enviado para hacer todas estas obras, y que no es iniciativa mía. Escucha: si estos mueren como mueren todos los hombres, o si sufren la suerte de todos los hombres, entonces el Señor no me envió. Pero si el Señor hace algo extremadamente nuevo y la tierra abre su boca y los traga con todo lo que les pertenece, y descienden vivos al Seol, entonces sabréis que estos hombres han menospreciado al Señor."

"Y aconteció que cuando terminó de hablar todas estas palabras, la tierra debajo de ellos se partió; y la tierra abrió su boca y se los tragó a ellos y a sus casas y a todos los hombres de Coré con todos sus bienes. Ellos y todo lo que les pertenecía descendieron vivos al Seol, y la tierra los cubrió, y perecieron de en medio de la asamblea. Y todos los israelitas que estaban alrededor de ellos huyeron a sus gritos, pues decían: No sea que la tierra nos trague. Salió también fuego del Señor y consumió a los 250 hombres que ofrecían el incienso."

¿Tú quieres juicio? Ahí está el juicio. Lo que Moisés estaba proponiendo era esto: si estos hombres que se van a presentar delante de Dios mueren en un día, o en cinco, o en diez años, si mueren de manera natural como mueren los hombres, entonces yo no he hablado. Pero si se abre la tierra y se los traga vivos, entonces se sabrá que Dios ha hablado.

Coré y sus hijos, las cabezas paternas de los hombres de Coré con sus hijos, todos descendieron al Seol. Una tremenda advertencia para los padres que están aquí presentes. Lo hemos dicho otra vez y volvemos a repetirlo: nuestras acciones, nuestras decisiones, cómo hablamos, cómo caminamos, lo que decimos, cómo nos conducimos, afecta a nuestros hijos. Ellos sufren las consecuencias de nuestro pecado. Todos estos hijos se fueron vivos al Seol.

Uno de los comentaristas decía que cuando miras el idioma original, la idea que recibes de aquí no es simplemente que la tierra se abrió y los enterró, sino que fue una grieta profunda que directamente los llevó al Seol mismo, al lugar que más se asemeja al infierno que conocemos hoy, hasta que llegue el lago de fuego en el día final. No sé si eso fue así o no; es una de las posibilidades. Lo que Dios estaba tratando de dejar ver es exactamente lo que Moisés les advirtió: "No es contra mí, es contra el Señor que se están rebelando. ¿Quién es Aarón para que murmuréis contra él? Es contra el Señor que lo están haciendo."

Lo que Moisés estaba tratando de decirles es que Dios tiene una economía, y en la economía de Dios hay un orden de autoridad, hay una línea de autoridad que Dios ha manifestado a lo largo de la Palabra de Dios. Moisés estaba tratando de revelar eso tempranamente. Escucha la línea de autoridad: Efesios 5:22, "Mujeres, someteos a vuestros maridos." Efesios 6:2-3, "Hijos, honrad a vuestros padres para que te vaya bien." Romanos 13:1-2, "Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan, porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen por Dios son constituidas. Por consiguiente, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto, y los que se han opuesto sobre sí recibirán condenación."

El 16 de mayo, alguien va a ganar las elecciones. No importa cuál sea la persona que gane, nosotros tenemos la obligación de someternos a las autoridades, siempre y cuando ellos no nos pidan hacer algo pecaminoso que atente contra la ley de Dios. En su trabajo usted tiene un jefe; Dios le ordena que se someta a su autoridad. Dios dice que el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto, y los que se han opuesto sobre sí recibirán condenación. Hebreos 13:17: "Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas."

Obviamente las autoridades, los pastores, los presidentes, quienes sean los jefes en los trabajos seculares, son personas pecaminosas que fallan, que pecan, que son fallibles. Pero aun así, esa es la economía de Dios, y esa forma de delegación de Su autoridad nos ayuda a someter el espíritu de rebelión que es tan típico de cada uno de nosotros, porque así nacemos.

Ahora escucha algo. Imagínate que tú eres parte de la congregación. Imagínate que el día anterior viste la tierra abrirse, que viste a estos 250 hombres morir por fuego que salió de la presencia de Dios. Yo me imaginaría que si fuésemos la congregación que vio eso, al otro día al levantarnos andaríamos de puntillas, que no queremos ni mirar ni hacer ruido. Yo me lo imagino así. Pues el versículo 41 te voy a decir lo que pasó al otro día.

"Pero al día siguiente, toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón, diciendo: Vosotros habéis sido la causa de la muerte del pueblo del Señor." ¿Pero será posible? Las muertes ocurridas no tienen nada que ver con su rebelión ni con su cuestionamiento de la autoridad de Moisés y Aarón; tienen que ver contigo, Moisés. Tú eres el culpable de eso.

El pueblo se rehusó a aceptar y apropiarse de su inconformidad, de su ingratitud, de su rebelión y de su espíritu de crítica. De la misma manera, antes de que vayamos muy rápido: cuando yo tengo ese espíritu de ingratitud, de rebelión, de insatisfacción, de celos, de envidia, de orgullo, de dolor, de resentimiento, yo siempre busco un chivo expiatorio que es culpable de cómo yo me siento. ¿Misma raíz? Esto aquí simplemente tiene una expresión aumentada del mismo problema.

Escúcheme. Nadie es responsable de los sentimientos y emociones pecaminosas que tú y yo experimentamos, no importa lo que el otro haya hecho; es mi pecado. El otro no es responsable de eso que yo siento, experimento, condeno, juzgo, maldigo, no importa cuál haya sido su comportamiento. El otro tendrá su propia culpa y Dios tendrá que lidiar con él, pero yo, y solamente yo, soy dueño de ese pecado que yo siento, que yo pienso, que yo razono, etcétera, etcétera.

Es un concepto vital, porque hay dos grupos de personas: los que van a cambiar, que son aquellos que se apropian de su pecado, y aquellos que siempre quieren un chivo expiatorio para su pecado. Y los que cambian son aquellos que se apropian de su pecado y de nadie más. Hay todo un libro escrito que se llama *No es mi culpa* —en inglés, *It's Not My Fault*—; cómprelo, léalo, porque eso: la culpa es mía, de nadie más. Increíble esto.

Dios dio una orden: que Eleazar, uno de los hijos de Aarón, fuera donde estaban esos 250 cadáveres, les quitara los incensarios uno por uno, los martillara, los fundiera e hicieran una sola capa o cobertura de bronce, y cubrieran el altar de sacrificio para que quedara evidencia por siempre de lo que fue la rebelión de Coré. Cada vez que vinieran a ofrecer un sacrificio, ahí está la placa, recordándonos continuamente que esto se debe a la rebelión de Coré, una rebelión de la que Judas en el Nuevo Testamento todavía habla. Esto no fue poca cosa lo que ocurrió ese día, y Dios quería dejar ese recordatorio.

En vista de que al otro día el pueblo se levantó con la misma actitud, Dios envía una plaga. Véase el texto hacia el final del capítulo. La gente comenzó a morir en gran número. Cuando Moisés se percata de lo que está ocurriendo, Moisés —en su benevolencia, Moisés, a quien ellos acusan todo el tiempo de querer señorear— una vez más intercede por el pueblo y le dice a Aarón: "Corre, toma el incensario, prepáralo y vete corriendo; ponte en medio de la asamblea para que Dios detenga la plaga." El versículo 48 dice que Aarón se colocó entre los muertos y los vivos, y la plaga se detuvo. Pero cuando la plaga se detuvo, habían muerto ya 14.700 personas, antes de que Aarón llegara en medio de la asamblea con el incensario.

Es extraordinario el espíritu de intercesión de Moisés por un pueblo rebelde que todo el tiempo estaba en contra de él: en esta ocasión envía a su hermano a pararse en la brecha a favor del pueblo, para que Dios parara la plaga que lo estaba consumiendo. Aarón se colocó entre los vivos y los muertos, en la brecha. Y tú y yo tenemos la obligación, de parte de Dios, de hacer exactamente lo mismo. Nosotros tenemos que colocarnos en la brecha. Dios anda buscando un hombre que se pare en la brecha; Dios anda buscando una iglesia, un creyente, que esté dispuesto a pararse en la brecha, no a condenar, no a juzgar al incrédulo, al pecador, sino a interceder por él, porque el juicio le pertenece a Dios.

Si hiciéramos el trabajo de intercesión con la misma dedicación con que hacemos el de juzgar, ¡wow!, quizás cuántas plagas serían paradas. Pero no nos gusta interceder; nos gusta el papel de juzgador. Y es mi deseo, es mi pasión para este año. Tengo dos cosas que pedirle a Dios para esta iglesia este año; quizás tengo más, pero tengo dos bien frente a mis ojos. Una es que Dios nos haga una iglesia de verdaderos siervos, dispuestos a servir desinteresadamente a todo el mundo: "¿En qué puedo ayudarlo? ¿En qué puedo servirle? Es un placer servirle. ¡Qué bueno! Sí puedo, claro que puedo, no hay problema." Un verdadero siervo. Y la otra es que Dios nos dé una iglesia con un corazón lleno de gracia y compasión, dispuesta a interceder, a pararse en la brecha entre los muertos y los vivos, a interceder ante Dios, para que seamos como aquella iglesia que se paró en la brecha en tiempos difíciles de ministrar.

Y para hacer eso, Dios tendrá que hacernos menos juzgadores y mejores intercesores. Mi rol no es juzgar; mi rol es interceder. Dios escuchará nuestras oraciones de una mejor manera cuando hagamos esa función a la manera de Dios, en el tiempo de Dios, conforme a los propósitos de Dios.

Que Dios nos ayude en el día de hoy a tomar decisiones en contra de lo que es el espíritu de rebelión y de crítica, a favor de lo que es el espíritu de humildad y de sumisión, a favor de lo que es el espíritu de servicio, y a favor de lo que es el espíritu de intercesión delante de Él. Recordemos que con la vara con que medimos, seremos medidos, y eso es algo que ninguno de nosotros queremos. Porque tenemos una vara sumamente larga para medir a otros —tan larga que nadie llega a mi estándar—, pero cuando me toca ser medido a mí, quiero usar una vara bien corta. Y parte de eso es la razón por la que somos como somos: nuestro orgullo nos lleva a juzgar al otro, y ese mismo orgullo nos lleva a reaccionar cuando otros nos miden a nosotros. Ese trabajo es de Dios, no es mío.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.