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Sermones

Una nueva generación

Miguel Núñez 16 marzo, 2008

Dios permanece fiel a sus promesas aunque su pueblo le falle. Después de cuarenta años de rebelión en el desierto, el Señor le dice a Moisés que suba al monte Abarín para contemplar la tierra prometida, la misma que juró a Abraham casi quinientos años atrás. Pero junto con esa visión viene un recordatorio doloroso: Moisés no cruzará el Jordán porque en las aguas de Meriba no trató a Dios como santo delante del pueblo. La santidad de Dios demanda que su justicia sea ejecutada, y ni siquiera el líder más cercano a él queda exento. Moisés suplicó más de una vez que le permitiera entrar, pero Dios le dijo con firmeza: "Basta, no me hables más de esto."

Lo extraordinario es la respuesta de Moisés. No hay palabras de amargura ni autocompasión en sus labios. En lugar de lamentarse, su preocupación inmediata es el pueblo: "Que la congregación del Señor no sea como ovejas que no tienen pastor." Moisés conoce a Josué, su asistente por cuarenta años, un hombre que cuando Moisés regresaba de hablar con Dios cara a cara, se quedaba solo en el tabernáculo buscando la presencia divina. Sin embargo, Moisés no lo nombra; deja que Dios elija. Y Dios confirma: "Toma a Josué, hombre en quien está el Espíritu."

La transferencia de autoridad ocurre públicamente, con Moisés imponiendo sus manos sobre Josué. Sus palabras finales resumen toda una vida de experiencia: "Sé firme y valiente. El Señor irá delante de ti. No te dejará ni te desamparará." Esa misma promesa sigue viva hoy para quienes se rinden a los propósitos de Dios.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Números 27, a partir del versículo 12. Entonces el Señor dijo a Moisés: "Sube a este monte Abarín y mira la tierra que yo he dado a los hijos de Israel. Y cuando la hayas visto, tú también te reunirás a tu pueblo, como se reunió tu hermano Aarón, porque cuando os rebelasteis contra mi mandamiento en el desierto de Zin, durante la contienda de la congregación, dejasteis de santificarme en las aguas ante sus ojos. Estas son las aguas de Meriba de Cades, en el desierto de Zin."

Entonces Moisés habló al Señor diciendo: "Ponga el Señor Dios, ponga el Señor Dios de los espíritus de toda carne, un hombre sobre la congregación que salga y entre delante de ellos, y que los haga salir y entrar, a fin de que la congregación del Señor no sea como ovejas que no tienen pastor." Y el Señor dijo a Moisés: "Toma a Josué, hijo de Nun, hombre en quien está el Espíritu, y pon tu mano sobre él. Y haz que se ponga delante del sacerdote Eleazar y delante de toda la congregación, e impartele la autoridad a la vista de ellos. Y pondrás sobre él parte de tu dignidad, a fin de que le obedezca toda la congregación de los hijos de Israel."

"Él se presentará delante del sacerdote Eleazar, quien inquirirá por él por medio del juicio del Urim delante del Señor. A su palabra saldrán y a su palabra entrarán, él y todos los hijos de Israel con él, es decir, toda la congregación." Y Moisés hizo tal como el Señor le ordenó: tomó a Josué y lo puso delante del sacerdote Eleazar y delante de toda la congregación. Luego puso sus manos sobre él y le impartió la autoridad, tal como el Señor había hablado por medio de Moisés.

Cuando tú revisas ese texto, hay varias cosas que nos saltan a la vista. En primer lugar, yo quiero que veamos en el texto la fidelidad de Dios. En el primer versículo que yo leí, el versículo 12, se dice que el Señor dijo a Moisés: "Sube a este monte Abarín y mira la tierra que yo he dado a los hijos de Israel." Dios ha tolerado a este pueblo por cuarenta años de infidelidad y, a pesar de su rebelión, todavía Dios dice: "Moisés, yo quiero que contemples desde este monte la tierra que yo le juré a Abraham, a Isaac, a Jacob. La tierra que yo le prometí hace casi quinientos años a Abraham, que su descendencia entraría." Yo he permanecido fiel a mis propósitos; quiero que la contemples, y ahí está la tierra que yo he de darle al pueblo.

Dios fue fiel a su promesa. Dios fue fiel en preservar al pueblo en las peores condiciones del desierto. Nota cómo el primer censo y el segundo censo son casi idénticos en el número de hombres de más de veinte años de edad. A pesar de que las mujeres estaban dando a luz en medio de la arena, pudiéramos decir, Dios en su fidelidad preservó la generación de tal manera que, aunque más de medio millón de personas había muerto en el desierto, al final de los cuarenta años el número de la población era más o menos el mismo que al principio. Increíble la cantidad de personas que perdieron su vida en ese desierto, y las perdieron básicamente por su incredulidad, esa incredulidad que hizo que ellos se comportaran en su infidelidad.

Y sin embargo, como bien dice el apóstol Pablo en Romanos 3, no importa lo infiel que el pueblo pueda ser, Dios siempre permanecerá fiel a sus propósitos. Escucha Romanos 3:3-4: "¿Acaso su infidelidad anulará la fidelidad de Dios? De ningún modo. Antes bien, sea Dios veraz, aunque todo hombre sea hallado mentiroso." La incredulidad del pueblo y la falta de veracidad de ese pueblo en Dios fueron las dos razones principales que hicieron que ellos se comportaran en su infidelidad.

La historia de ayer es la historia de hoy. Esas son las dos cosas principales que mueven al pueblo de Dios hoy hacia la infidelidad hacia Dios: su incredulidad, que lo lleva a confiar en su propia sabiduría, en su propio conocimiento, en su propio discernimiento, de tal manera que toma decisiones sin consultar con Dios. Él no quiere esperar hasta que Dios le hable; él toma esas decisiones de las cuales luego se arrepiente. Esa incredulidad lo lleva a la infidelidad. Y la otra razón es la falta de veracidad: nos escondemos, engañamos, mentimos, tapamos nuestras acciones. Esa falta de veracidad y la incredulidad son las que continuamente seducen al hijo de Dios a hacerle infiel a Dios, de manera que tú y yo necesitamos luchar en contra de ambos enemigos.

Necesitamos ser íntegros, transparentes. Ayer vino alguien a mí, quiso hablarme un momento, y me dijo: "Vengo, gloria a Dios, a decírselo." Eso es lo que cada uno de nosotros necesita hacer. Ese hombre fue veraz, y en la medida en que él se hace veraz, caminará en integridad, y su integridad le ayudará a caminar en fidelidad a Dios. Eso es lo que necesitamos nosotros: cultivar el carácter, la integridad, ser veraces, transparentes, y Dios nos va a llevar en el camino de la fidelidad.

Número dos, yo quiero que veamos no solamente la fidelidad de Dios, sino también la relación constante que existe entre la santidad de Dios y la justicia de Dios. Escucha esto que Dios le dice a Moisés: "Y cuando la hayas visto —refiriéndose a la tierra prometida— tú también te reunirás a tu pueblo, como se reunió tu hermano Aarón, porque cuando os rebelasteis contra mi mandamiento en el desierto de Zin, durante la contienda de la congregación, dejasteis de santificarme en las aguas ante sus ojos. Estas son las aguas de Meriba de Cades, en el desierto de Zin."

Dios le anuncia a Moisés que él va a morir, que está a punto de reunirse a su hermano Aarón. Y sin embargo, antes de llevar a Moisés a su fin, Dios le dice: "Quiero recordarte algo, Moisés, y quiero recordártelo para que tú se lo recuerdes a la congregación entera. La razón por la que te estoy quitando la vida de este lado del Jordán es porque te rebelaste contra mi mandamiento. Yo te hablé en una ocasión de que le hablarías a la roca, y tú, en vez de hacer eso, le hablaste al pueblo de mala manera y le golpeaste la roca no una vez, sino dos veces. Y delante de mi pueblo no me trataste como santo." A pesar de que ya va a terminar con su vida, Dios le dice: "Moisés, no quiero que te reúnas a mí sin que antes recuerdes la razón por la que no estás cruzando el Jordán."

Esa es la relación que existe todo el tiempo entre la santidad de Dios y la justicia de Dios: cómo la santidad de Dios demanda que su justicia sea ejecutada contra las violaciones de la ley. Moisés recibe hoy dos sentencias a la vez. Es como si Dios apareciera en tu habitación a las seis o siete de la mañana y te dijera: "Quiero que llames a la funeraria, porque he comenzado a preparar tu funeral. Y antes de que lo hagas, quiero recordarte que no vas a poder entrar en este propósito mío por aquella rebelión de hace veinte años atrás. Y antes de morir, quiero que se lo recuerdes al pueblo." Yo creo que este fue un momento muy duro para Moisés, un momento altamente emotivo, no solamente por el recordatorio de que no iba a poder entrar a ver la tierra, sino por el recordatorio de que su vida llegaba a su fin.

Moisés luchó con Dios en oración. Me lo imagino reverentemente al escuchar sus palabras en Deuteronomio 3:23-26: "Yo también supliqué al Señor en aquel tiempo, diciendo: '¡Oh, Señor Dios! Tú has comenzado a mostrar a tu siervo tu grandeza y tu mano poderosa. ¿Qué Dios hay en los cielos o en la tierra que pueda hacer obras y hechos tan poderosos como los tuyos? Permíteme, te suplico, cruzar y ver la buena tierra que está al otro lado del Jordán, aquella buena región montañosa y el Líbano.' Pero el Señor se enojó conmigo a causa de vosotros y no me escuchó, y el Señor me dijo: '¡Basta! No me hables más de esto.'"

¡Qué momento! Aparentemente Moisés habló con Dios más de una vez acerca de que le permitiera cruzar y ver aquella buena tierra montañosa y el Líbano: "Te lo suplico, Dios, te lo ruego." Y Dios, que guarda siempre una relación entre su santidad y su justicia, le responde: "¡Basta, Moisés! No me vuelvas a hablar de este asunto. Ya lo hemos conversado." La razón del no de Dios es que Dios, en su santidad, no puede dejar impune el pecado de Moisés delante de su pueblo. Me imagino que este fue un momento sumamente difícil para este siervo de Dios. Lo único que leemos, la única acción que tenemos registrada de su parte en este sentido, es esta ocasión de súplica, y esa ocasión fue suficiente para costarle la entrada a la tierra prometida. Dos cosas: violaste mi santidad, y lo hiciste delante de mi pueblo.

Dios sabe que como vaya el líder, irá el pueblo. Esto fue un mal ejemplo de liderazgo para el pueblo. "Si te lo paso por alto, Moisés, el pueblo irá en esa dirección, y no puedo permitirlo." Su Palabra dice que nosotros los líderes seremos juzgados más severamente. Esa es la razón. Y ustedes, padres, que tienen hijos delante de ellos: Dios merece y demanda ser tratado como santo, porque Él sabe que como vayan los padres, irán los hijos, y Dios no puede dejar impune ese pecado tampoco.

En tercer lugar, yo quiero que veamos no solo la fidelidad de Dios y la relación entre su justicia y su santidad, sino también el límite de su misericordia. Ese límite de su misericordia quizá no lo vemos tanto en el texto de Números 27 que leí hoy, pero sí en la frase: "¡Basta! Ya no me hables más de esto." Moisés, yo tengo misericordia, pero yo le pongo límites a mi misericordia. Y tenemos que recordar todo el tiempo que la misericordia de Dios tiene varias características: es una misericordia que ciertamente es tierna, pero no es ligera; es infinita, pero Dios le pone límite a su misericordia; y es una misericordia perdonadora, pero no consentidora.

Y es por eso que yo quiero que revisáramos brevemente el límite de la misericordia de Dios, porque muchos son los que pecan contando con la misericordia, la gracia y el perdón de Dios. Yo oía de forma anónima en el culto anterior cómo esta persona que necesitaba en medio de un pecado grave, cuando es confrontada a mí, decía: "Lo que yo pienso es hacerlo y luego pedirle perdón a Dios." Mírenme a los ojos y repítame eso otra vez. Y ahora escúchate tú cuando me lo estés diciendo, porque hay algo que yo sé: si tú haces eso de esa manera, no hay manera de que Dios te pueda perdonar, porque eso no es simplemente haber pecado. Eso es haber pecado deliberadamente, conociendo lo que estás haciendo y contando con la gracia, jugando con la gracia y la misericordia de Dios. Gracias a Dios que él me escuchó y se devolvió ese mismo día. ¿Te das cuenta hasta dónde nosotros somos capaces?

A veces, contando con que Dios me va a perdonar setenta veces siete, sí, está bien, pero lo consumiste en los primeros seis meses de haber comenzado tu vida cristiana. Ya no me queda más chances. Bueno, dejemos a un lado el Antiguo Testamento y escucha algo nuevo ahora. Hebreos 10:26 al 29: "Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados, sino cierta horrenda expectación de juicio y la furia de un fuego que ha de consumir a los adversarios. Cualquiera que violó la ley de Moisés muere sin misericordia por el testimonio de dos o tres testigos. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que ha hollado bajo sus pies al Hijo de Dios, y ha tenido por inmunda la sangre del pacto por la cual fue santificado, y ha ultrajado al Espíritu de gracia?"

Esto es lo que Dios nos está diciendo. El Antiguo Testamento, la ley de Moisés pasó. Estamos ahora en la era de la gracia. Y Dios nos está diciendo: "Yo quiero que aquellos que son creyentes, seguidores míos en la era de la gracia, entiendan algo que frecuentemente no entienden." Es que si aquella generación que vivió bajo el pacto de la ley supo morir irremediablemente por el testimonio de dos o tres testigos, y murió sin misericordia, ¿cuánto más castigo merece el seguidor mío, el creyente, el que dice invocar mi nombre en este pacto de gracia, si él continúa pecando deliberadamente, ultrajando la sangre santa y preciosa derramada por mi Hijo, pisoteando y ultrajando al Espíritu de gracia? Solamente queda una expectación de un fuego ardiente que consumirá a mis adversarios.

Eso es Nuevo Testamento. Eso es bajo la gracia. En otras palabras, lo que Dios está diciendo es: "Yo no tengo más o menos gracia en un pacto que en el otro. Yo soy Dios inmutable." De hecho, si voy a ponerlo en la balanza, tengo que exigirle más a los que viven en este pacto que en el anterior, porque han recibido mucho más en esta ocasión que los anteriores, y encima de todo eso les he puesto mi Espíritu a morar dentro de ellos. Y aún así, muchas veces violan mis mandamientos.

Yo quería usar este texto para que veamos el límite de la misericordia de Dios: que es tierna, pero no ligera; que es perdonadora, pero no consentidora. En cuarto lugar, yo quiero que veamos no solo la fidelidad de Dios, no solo la relación entre su justicia y su santidad, no solo el límite de su misericordia; yo quiero que veamos la actitud de rendición de Moisés a los propósitos de Dios, en los versículos 15 al inicio del 17.

"Entonces Moisés habló al Señor diciendo: 'Ponga el Señor, Dios de los espíritus de toda carne, un hombre sobre la congregación, que salga y entre delante de ellos.'" ¡Wow! Yo estaba viendo la preocupación de Moisés. Moisés acaba de oír a Dios decirle: "Basta, no me hablen más de eso." Y tú no encuentras en el vocabulario de Moisés palabras de rebelión, de desaliento, de descontento, de ira ni de autocompasión. Leía ayer acerca de lo que los psicólogos dicen de la autocompasión: dicen que es algo que experimentan frecuentemente personas muy centradas en ellas mismas, que no están dispuestas a aceptar la realidad, y que por tanto continuamente se ven como víctimas de la vida, víctimas de los demás, víctimas de las circunstancias, víctimas de las consecuencias.

Moisés dice que no va a ir a la tierra prometida, que Dios se enojó con él a causa de ellos. Él lo da como explicación, punto, se acabó. Él no se queda en ese "pobre de mí" síndrome. No hay palabras de autocompasión ni de autoconmiseración en los labios de Moisés. No, Moisés es un hombre rendido a los propósitos de Dios. Él trató de hablar con Dios, de convencer a Dios. Dios entiende eso cuando lo hacemos reverentemente. No hay nada de malo con que yo vuelva a donde Dios una y otra vez reverentemente a pedirle por algo. Pero una vez que Dios le dice: "Ya, Moisés, este capítulo está cerrado, hemos terminado", Moisés se rindió a sus propósitos.

Y yo creo que cuando nosotros nos rendimos a los propósitos de Dios es cuando por primera vez voy a encontrarme satisfecho, realizado, completo, lleno, gozoso, decidido, estable, firme, quieto y enfocado. Y además —para aquellos de nosotros que somos un poco más lentos—, cuando yo me rindo a los propósitos de Dios es cuando por primera vez me encontraré satisfecho, realizado, completo, lleno, gozoso, decidido, estable, firme, quieto y enfocado.

Moisés se enfocó inmediatamente. ¿Y cuál es su enfoque? "El pueblo necesita otro líder. Dios, yo me voy, yo te entendí, está bien. No voy a quejarme, yo soy un hombre rendido a tu voluntad. Yo no voy a estar añorando cambiar el pasado." Saben una cosa, hermanos: muchos de nosotros somos nuestros peores enemigos, viviendo añorando cambiar un pasado que ya pasó, viviendo añorando cambiar personas en el presente que no puedo cambiar porque yo no soy esa persona. Y yo no puedo cambiar ni el pasado ni al otro; yo solamente puedo cambiar mi reacción y mi actitud hacia mi pasado y hacia ese otro. Y cuando yo cambio esa actitud y la someto a Dios, ahora Dios puede bendecirme en el camino de la rendición.

Yo creo que la palabra más importante en el vocabulario de un cristiano no es ni siquiera "sumisión", porque yo me puedo someter en contra de mi voluntad a un dictador. Es más, para ser un poco más bíblico: yo me puedo someter en contra de mi voluntad a Dios, como Jonás, porque no me queda de otra. Él es demasiado poderoso. Cada vez que salgo corriendo, choco contra Él. Y yo me puedo someter como Jonás en contra de esa voluntad y vivir la vida que Jonás vivió. La palabra más importante, yo entiendo que es "rendición", donde yo voluntariamente voy a los pies del Señor y le rindo lo que Él quiere que yo le rinda. No importa si es tiempo, dones, talento, profesión, sueños, propósitos, cosas que anhelaba. A Moisés le cerraron la entrada a la tierra prometida, pero él oyó el "basta, ya hablamos", y de inmediato dice: "Muy bien, Dios, da a este pueblo un líder." Y de inmediato puede estar quieto, firme, estable, gozoso, lleno, satisfecho y enfocado.

¿Tú quieres vivir de esa manera? Yo quiero vivir de esa manera. Yo quiero que si Dios me dice —hablaba con un compañero esta semana, un amigo cercano— "no hay nada que me guste más que predicar y enseñar, pero yo sé que he hablado con Dios: si Él me dice que no vuelva a predicar, que no vuelva a enseñar, si ese es su propósito, yo lo voy a vivir y voy a estar lleno, satisfecho y gozoso", porque Él es la fuente de mi gozo, Él es la fuente de mi satisfacción. No lo que hago, no lo que tengo. Tenemos que rendirnos por completo, y yo sé que cuando lo hacemos, no importa lo que rendimos, yo voy a estar satisfecho en el Señor. ¿Por qué? Porque Él es suficiente.

Yo quiero que veamos ahora, no solamente la fidelidad de Dios, la relación entre su santidad y su justicia, el límite de su misericordia y la rendición de Moisés a sus propósitos; yo quiero que en quinto lugar veamos el corazón pastoral de Moisés. Voy a comenzar a leer desde el versículo 16 otra vez: "Ponga el Señor, Dios de los espíritus de toda carne, un hombre sobre la congregación, que salga y entre delante de ellos." Y aquí viene: "Y que los haga salir y entrar, a fin de que la congregación del Señor no sea como ovejas que no tienen pastor." ¡Wow! Este es un hombre enfocado.

Si hubiese sido quizá uno de nosotros, después de 40 años de rebelión del pueblo y ahora no poder entrar a la tierra prometida, cuando Dios me dice: "Ya te voy a llamar junto a tu hermano Aarón, Moisés", yo creo que cualquiera hubiese pensado: "¡Por fin salgo de esta gente!" No Moisés. Moisés dice: "Dios, está bien, pero me queda una preocupación. ¿Y estas ovejas? ¿Quién las va a guiar? Me preocupa que estén deambulando como ovejas sin pastor. Yo sé de su rebelión, pero poco o mucho, me oían. Dios, yo quiero que tú levantes un hombre, un individuo que los pueda guiar."

Noten cómo Moisés no se atreve a nombrar al próximo líder. A pesar de que lleva 40 años teniendo a Josué como su asistente, él no va a donde Dios y le dice: "Mira, Señor, ya que me vas a quitar la vida, aquí está Josué, bendícelo y llénalo." No. Él está atendiendo a Josué, pero Moisés entiende algo que a veces nosotros no entendemos: Dios tiene que elegir a sus líderes. No importa quiénes son, no importa cuánto tiempo han estado cerca. Moisés le dice a Dios: "Yo quiero que tú levantes un hombre, el que tú elijas, pero que ellos no estén como ovejas sin pastor."

Moisés conocía el corazón de Dios, conocía sus propósitos. Por eso dice el texto bíblico que Moisés conocía los caminos de Dios —los ways of God, los caminos de Dios—, y aquí hay un reconocimiento de que ciertamente él los conocía. Y cuando Moisés le pide a Dios que levante un líder, escuchen la respuesta de Dios en el versículo 18 del texto de hoy: "Y el Señor dijo a Moisés: 'Toma a Josué hijo de Nun, hombre en quien está el Espíritu, y pon tu mano sobre él.'"

Amén. No me cabe la menor duda: aquí en la mente de Moisés, Josué estaba en el primer lugar, en el segundo y en el tercero. Es su primera opción, su segunda opción, su tercera opción, pero no se la menciona a Dios. Moisés quiere la elección de Dios. "Levanta tú un hombre, el que sea", y Dios le dice: "Josué, en quien está el Espíritu", con E mayúscula. En otras palabras: "Moisés, Josué, aquí, yo en él con mi Espíritu. Ya hace un tiempo yo lo he equipado, porque yo lo llamé primero, lo puse en la tutela tuya para que cogiera experiencia, para que madurara, para que se santificara, para que viera los hechos portentosos que yo iba a hacer a través de ti. Él está listo, estaba preparado, él es mi hombre, Moisés."

No, no, no. ¿Qué, Moisés dice: "¡Oh! ¡No me diga! ¡Increíble! ¡Nunca lo había pensado!" No. Moisés sabe que Josué ha caminado con él. Moisés sabe que Josué ha sido la clase de hombre que Dios puede usar y quiere usar. ¿Tú quieres oír qué clase de hombre era Josué, años atrás? No después de la rebelión, años atrás. Escucha el texto de Éxodo 33:11: "Ya acostumbraba hablar el Señor con Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo. Y cuando Moisés regresaba al campamento, su joven ayudante Josué, hijo de Nun, no se apartaba de la tienda", que es la otra palabra para tabernáculo.

¿Te das cuenta de lo que el texto está diciendo? De cuando en vez, Moisés venía delante del pueblo. Suponiendo que ustedes estén en el pueblo y yo fuera Moisés, Moisés venía y decía: "Yo tengo que ir a hablar con Dios, yo me tengo que retirar para hablar con Dios." Moisés iba a la tienda, al tabernáculo, y Dios hablaba con él cara a cara. Cuando él terminaba, Moisés regresaba al pueblo. El texto dice que cuando Moisés regresaba al pueblo, Josué, hijo de Nun, se quedaba en el tabernáculo y él ni se acercaba para irse. Esto te da una idea de que este hombre disfrutaba la comunión con Dios.

Él no podía hablar con Dios cara a cara como dice el texto que Dios hablaba con Moisés. No obstante, sabía: "Si yo me pego a Moisés, algo se me va a salpicar, algo se me debe pegar. Al que buen árbol se arrima, buena sombra le cobija. Bueno, yo voy a estar ahí, y cuando él se vaya, quizá Dios me quiera dar un cachito de su gloria. Voy a quedar aquí teniendo comunión con Dios." Pero nota lo que Moisés y Josué tuvieron que hacer para tener comunión con Dios: ellos dejaban al pueblo y se iban a hablar con Dios.

Aquí en el pueblo está el bullicio, la actividad, el quehacer, la llamada telefónica, la televisión, el cine, los restaurantes, todo lo que tú quieras, todas las actividades del diario vivir. Nosotros no podemos vivir en esas actividades y al mismo tiempo querer mantener íntima comunión con Dios, sin sacar tiempo a solas. Y esa es la razón por la que muchas veces algunos de ustedes me han dicho —es mi propia experiencia también—: "¿Por qué será que Dios me habla más, entre comillas, en medio de la noche? A las dos de la mañana, a la una, a las tres." Porque estás en tu habitación solo, sin distracción, hasta los perros están durmiendo, y solamente está la voz de Dios. Es en esa quietud, en ese retiro, donde yo puedo escucharlo, porque el resto del tiempo el ruido —el mundanal ruido, como le llamaba Unamuno, el filósofo— ¡ahoga la voz de Dios!

Moisés se retiraba a hablar con Dios, y Josué le caía atrás. Cuando Moisés subió al monte a hablar con Dios, vino hasta la ladera del monte con setenta ancianos; ahí dejó a los ancianos. Siguió hacia arriba, y a mitad del monte estaba Josué. Josué no estaba allá abajo con los ancianos y con el pueblo, pero tampoco estaba allá arriba con Moisés; estaba solo, y de alguna manera yo creo que Dios, ahí en su soledad, también le visitaba. Y ese tipo de hombre o mujer es el que Dios anda buscando para usar. La comunión precede el ser usado por Dios. La comunión íntima con Dios es prerequisito para ser vaso, instrumento de uso en las manos de un Dios tres veces santo.

Josué va a ser un líder similar en gran manera a Moisés, aunque habrá diferencias. Josué no va a hablar cara a cara con Dios. Dios dice que eso lo reservó para Moisés solamente. De hecho, oye lo que Dios dice: Josué va a inquirir de Dios por medio de Eleazar el sacerdote. Hay una diferencia entre Josué y Moisés. El versículo 19, donde Dios le está dando instrucción a Moisés, dice que haga que se ponga delante del sacerdote Eleazar y delante de toda la congregación, e imparta la autoridad a la vista de ellos. "Y pondrás sobre él parte de tu dignidad, a fin de que le obedezca toda la congregación de los hijos de Israel."

La preocupación era esta: "Moisés, tú tienes cuarenta años siendo el líder, y tú te vas a morir. Antes de que te vayas, asegúrate, delante de todo el pueblo, delante del sacerdote Eleazar, que el pueblo te vea hacer la transferencia del bastón, del liderazgo, de la autoridad de tu persona a esta otra persona. Yo quiero que el pueblo entero vea la transferencia de la autoridad para que la congregación le obedezca cuando tú desaparezcas. Permite que el pueblo sea testigo, durante tu vida, de la transferencia de mando."

El versículo 21 de nuestro texto dice: "Él se presentará delante del sacerdote Eleazar, quien inquirirá por él por medio del juicio del Urim delante del Señor." Nadie sabe exactamente qué era el Urim, nadie sabe exactamente cómo funcionaba, cómo lo usaban. Era algo que estaba sobre el efod, la parte que cubría el pecho del sumo sacerdote, y que Dios de alguna manera usaba para comunicar su voluntad. No está claro qué es, ni está claro cómo se usaba, pero dice que Eleazar iba a inquirir de Dios, y Josué tendría que ir a través de Eleazar usando el Urim. "A su palabra saldrán y a su palabra entrarán, él y todos los hijos de Israel con él, es decir, toda la congregación."

Escucha ahora: "Y Moisés hizo tal como el Señor le ordenó. Tomó a Josué y lo puso delante del sacerdote Eleazar y delante de toda la congregación; luego puso sus manos sobre él y le impartió autoridad, tal como el Señor había hablado por medio de Moisés." Yo no sé cuáles eran las emociones de Moisés, pero yo, que estoy simplemente leyendo, estudiando y exponiendo la historia bíblica, he tenido emociones en este momento. Me imagino a Moisés de ciento veinte años y a un Josué de sesenta, arrodillado, con Moisés imponiendo sus manos sobre él. Triste porque no va a poder entrar, y al mismo tiempo gozoso porque quien se va a quedar es su hijo espiritual, Josué, con quien él tiene cuarenta años caminando. ¡Qué mezcla de emociones! De gozo, de tristeza, de risa, de llanto, todo a la vez. Yo creo que todo eso estaba dentro del corazón de Moisés.

"Me voy, Josué, pero tú te quedas." Me imagino a Josué de rodillas, llorando la pérdida de Moisés. Oye, está presente, pero se está despidiendo. No hay nada más doloroso que cuando alguien se está despidiendo y tú puedes oír sus últimas palabras, porque al mismo tiempo que tienes el gozo de oírlas, tienes la tristeza de saber que estas serán las últimas. Y yo no sé qué pasó ese día, pero me lo imagino.

Moisés, reflexionando un poco más adelante, en el libro de Deuteronomio 31:7-8, dice algo de esto al final de su vida y en la transferencia de poder a Josué: "Entonces llamó Moisés a Josué y le dijo en presencia de todo Israel: 'Sé firme y valiente, porque tú entrarás con este pueblo en la tierra que el Señor ha jurado a sus padres darles, y se la darás en heredad. El Señor irá delante de ti. Él estará contigo. No te dejará ni te desamparará. No temas ni te acobardes.'" Moisés está totalmente enfocado. Moisés se ha olvidado de él mismo. El hombre de la hora es Josué, y Moisés quiere que Josué tenga una experiencia como la que él ha tenido por cuarenta años. Moisés no le está hablando algo teórico; él lo conoce en la práctica: "Dios es fiel. No me ha dejado. No temas. No te dejará. No te desamparará. Sé firme y valiente."

Me imagino a Josué rumiando esas palabras. Pero, ¿sabes una cosa? Esas palabras Dios también nos las puede decir a cada uno de nosotros, a nuestro espíritu. Son tan presentes, tan reales, tan ciertas, tan vivas hoy como ayer. Dios es el Dios fiel que te dice: "Sé fuerte, no temas. Lo que yo comencé, yo lo terminaré."

"No soy fiel, lo que comencé yo lo llevaré hasta completarlo en el día de la redención." Solamente es fuerza. Te dice: "Valiente, no departas de mi palabra ni para la derecha ni para la izquierda. Haré prosperar tu camino, entonces tendrás éxito. Sígueme, hónrame, santifícame, glorifícame. Yo me encargaré de tu vida." Eso es para ti hoy, en el día del Señor. Dios es el mismo ayer, hoy y siempre.

Hay una parte que solamente Él puede hacer, pero hay otra parte que Él espera para que nosotros hagamos. Dios es el único que puede elegirme, Él es el único que puede equiparme, es el único que me puede dar dones y talentos. Pero Dios espera que yo responda a eso que solamente Él puede hacer. Yo saque tiempo, como Moisés y Josué, de comunión, y me retire a hablar con Él, a leer su Palabra, a escudriñar su sabiduría, a escudriñar su corazón, para que Él me abra los ojos del entendimiento, para que Él me ayude a doblar las rodillas, para que Él me ayude a revisar, para que Él me pueda santificar. Esa parte es mi responsabilidad.

Y Dios dice: "Yo quiero usar a mis hijos. De hecho, si los llamé, los llamé para ser útiles." Pero algunos de mis hijos no se dejan usar. Algunos de mis hijos son ovejas, pero quieren que se les permita comportarse a veces como cabritos. Quieren vacaciones de ovejas, de un día o dos, donde se les permita conductas de cabritos.

"Yo soy el buen Pastor, pero las ovejas tienen que dejarse pastorear", dice Dios. "Las ovejas tienen que oír mi voz, tienen que seguir mi voz, tienen que obedecerme. Mis ovejas tienen que reconocer que no tienen entendimiento, que viven en un mundo que es una jungla, que viven en medio de riesgos que no ven, no conocen, no cuantifican, no miden. Y mis ovejas tienen que contar con mi protección, mis ovejas tienen que buscar mi escudo."

"Yo quiero ser el escudo por delante y por detrás de mis ovejas. Yo seré fiel, pero se me salen del escudo. Les pongo el escudo por delante y se me salen afuera; se lo pongo por detrás y se me salen también." El lugar más seguro para estar no es en una casa cerrada con alarmas, no es en una casa cerrada con guardianes y perros. Es en el centro de la voluntad de Dios.

Cuando yo esté en el centro de la voluntad de Dios, si en ese centro hay un Getsemaní y una cruz, en esa cruz yo tendré satisfacción, gozo y plenitud, porque Dios se encargará de darme y llenarme conforme a mi tribulación y mi necesidad.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.