Todo lo que poseemos pertenece a Dios, y un día rendiremos cuentas de cómo lo administramos. Esta verdad emerge de la parábola del mayordomo infiel en Lucas 16, donde un administrador, a punto de perder su empleo, actúa con sagacidad: renuncia a sus ganancias presentes para asegurar su futuro. Jesús no aplaude su deshonestidad, sino su capacidad de ver más allá del momento y prepararse para lo que viene. Los hijos de las tinieblas, dice Cristo, son más sagaces que los hijos de la luz, porque entienden que hay un mañana que preparar mientras nosotros vivimos como si nunca fuéramos a rendir cuentas.
Jesús llama al dinero "riquezas injustas" porque todo el sistema económico está teñido de inequidad. Pero aun así, nos llama a usarlo para ganar amigos que nos esperen en las moradas eternas, invirtiendo en la causa de Dios. El problema es que cuando Dios aumenta nuestros ingresos, pensamos que es para elevar nuestro nivel de vida, no para multiplicar nuestra generosidad. Y nuestra fidelidad con lo material determina cuánta riqueza espiritual recibiremos: dones, oportunidades de servicio, intimidad con Dios.
El pastor Núñez señala que la falta de contentamiento revela pobreza espiritual. Vivimos en una generación que nos convence de que lo poco nunca es suficiente, que nos empuja a endeudarnos, a amar las cosas y usar a las personas. Pero no podemos servir a Dios y al dinero. Cada decisión financiera tomada sin consultar a Dios convierte al dinero en nuestro ídolo. La pregunta es directa: ¿quién tiene la autoridad sobre tu corazón?
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Lucas capítulo 16. Yo quiero introducir esta historia para luego pausar, orar y pedirle a Dios una vez más su dirección, la exposición de la Palabra.
Semana pasada terminamos una mini serie de tres mensajes y titulamos la mini serie "Preparándonos para la tierra prometida". Yo decía que una vez el pueblo cruzó el desierto, una vez ellos dejaron atrás las diferentes pruebas a las que Dios sometió al pueblo, tendrían nuevas pruebas que enfrentar. Ya la prueba de la escasez, de la fidelidad en medio de la escasez, había pasado. Ellos fueron probados en su confianza que debían de haber depositado en Dios. Fueron probados en la confianza que debieron haber depositado en el poder de Dios, en la provisión de Dios. Aun el liderazgo de Moisés durante este tiempo fue probado.
Pero ya todo eso quedó atrás. Ya hicimos el segundo censo, llegamos al río Jordán, cruzamos el Jordán, esta es otra tierra. Esta es una tierra de abundancia, esta es una tierra donde abunda la leche y la miel. Es una tierra de bendición, de manera que la prueba de la escasez ya quedó atrás. Ahora va a venir otra prueba que tiene que ver precisamente con la abundancia, con la administración de la abundancia, con la administración de los bienes.
Y una de las cosas que Dios le informó a Josué es que de la Palabra de Dios no te apartes ni para la derecha ni para la izquierda, de manera que cuando vayas a tu primera conquista, la tierra de Jericó, la ciudad de Jericó, no tomes absolutamente nada de lo que pertenece a ese pueblo. Nada, absolutamente nada. No queremos ninguna asociación de ese pueblo con mi pueblo. Y Acán cometió la osadía de haber tomado para sí un lingote de oro y un manto babilónico. Y eso le costó la vida a él y a un grupo grande, significativo, del pueblo de Dios. Y cuando Acán pecó, Dios dijo: "Israel ha pecado". ¿En qué pecó Acán? En que él codició. Esa es la palabra que Acán utiliza: "Yo codicié este manto y este lingote". La prueba de la administración de los bienes de la tierra de la abundancia había comenzado.
Yo quiero conectar con eso para irnos al Nuevo Testamento y usar una parábola de Jesús que nos hable acerca de la necesidad de ser fieles en la administración de nuestros bienes. Y con eso vamos a leer los primeros versículos de Lucas 16:
"Decía también Jesús a los discípulos: Había cierto hombre rico que tenía un mayordomo, y este fue acusado ante él de derrochar sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: ¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Rinde cuentas de tu administración, porque no puedes ser más mayordomo. Y el mayordomo se dijo a sí mismo: ¿Qué haré? Pues mi señor me quita la administración, no tengo fuerzas para cavar y me da vergüenza mendigar. Ya sé lo que haré, para que cuando se me destituya de la administración me reciban en sus casas. Y llamando a cada uno de los deudores de su señor, dijo al primero: ¿Cuánto le debes a mi señor? Y él dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu factura, siéntate pronto y escribe cincuenta. Después dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Y él respondió: Cien medidas de trigo. Él le dijo: Toma tu factura y escribe ochenta. El señor elogió al mayordomo injusto porque había procedido con sagacidad, pues los hijos de este siglo son más sagaces en la relación con sus semejantes que los hijos de la luz. Y yo os digo: Haceos amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando falten, os reciban en las moradas eternas. El que es fiel en lo muy poco es fiel también en lo mucho, y el que es injusto en lo muy poco también es injusto en lo mucho. Por tanto, si no habéis sido fieles en el uso de las riquezas injustas, ¿quién os confiará las riquezas verdaderas? Y si no habéis sido fieles en el uso de lo ajeno, ¿quién os dará lo que es vuestro? Ningún siervo puede servir a dos señores, porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas".
Padre, gracias te damos por tu instrucción a través de una parábola que parece confusa en la superficie, pero clara en su esencia. Danos la sabiduría para exponerla, la sabiduría para entenderla, el coraje, la osadía, el valor para aplicarla y llevarla a la vida. Háblanos con claridad, Dios. No permitas que nadie se quede sin entender de qué forma esta parábola aplica a su vida. Comienza por quien predica, dirígela, da la convicción de su propio pecado de manera tal, Dios, que el Espíritu de Dios no encuentre ningún bloqueo para hacer su obra en la mañana de hoy. Lo pedimos en el nombre de nuestro precioso Redentor, a quien le hemos dicho en esta mañana amor a través de la canción. Gracias, Jesús. En tu nombre, amén, amén.
Bueno, esta es una historia que sigue a la famosa parábola del hijo pródigo. La parábola del hijo pródigo está en Lucas 15, donde hay tres parábolas una detrás de la otra. Las tres tienen que ver con salvación. Y de repente muchos piensan que Cristo continuó hablando en el mismo escenario, la misma gente, y aquí acaba de hablar. Asumiendo que ese haya sido el caso, que es lo más probable, Él de repente pasa de salvación a administración de bienes, y eso como que suena brusco ese brinco. Hasta que usted entiende: no, no, espérate, es que cuando yo soy salvo, yo tengo nuevo dueño. Yo tengo que aprender a administrar la vida, las cosas que yo tengo de otra manera.
Y comienzo a aprender algo que compartíamos con los jóvenes anoche: que la salvación no es lo único importante en nuestro caminar. Que nuestra vida de santificación, nuestro crecimiento y nuestra madurez es tan importante también, porque se presenta como parte de un mismo proceso que va conectado el uno del otro. De manera que, inmediatamente después de estas parábolas, le da otra parábola que ahora tiene que ver con la administración de bienes.
Esta es una parábola importante porque yo decía en el culto anterior: si alguien me preguntara cuál yo creo que es en el día de hoy, y ha sido a lo largo de la historia, el tendón de Aquiles en cuanto a pecado del pueblo de Dios, sin pensarlo dos veces, sin pestañear, yo diría el dinero. Por encima de cualquier otro pecado. Hoy en día se habla de lo rampante que es la pornografía aun dentro del pueblo de Dios, lo cual es muy triste, pero eso ni se asemeja a lo rampante que es el problema de la administración de bienes de parte de los hijos de Dios.
Cristo sabía que iba a ser así. Él habló cuatro, cinco veces más del dinero y bienes y finanzas que de fe y de oración. ¡Increíble! Cristo, cuando quiso compararse Él con algo, Él buscó el dinero. Le llamó en arameo "mamón", que es dinero, riqueza, porque no hay nada, absolutamente nada sobre la tierra que compita con Dios como lo hace el dinero. Y esta historia tiene que ver exactamente con eso.
Es la parábola quizás más controversial de todas las parábolas, porque en la superficie parece como que Cristo está aplaudiendo algo que Él no está enseñando. Tenemos que recordar que las parábolas usualmente tienen una sola enseñanza. Usualmente tienen varias aplicaciones, pero tienen un eje alrededor del cual gira la enseñanza. Y básicamente, si tú no quieres errar la enseñanza, tienes que descubrir su eje. Lo otro son aplicaciones. Pero si no haces eso, con frecuencia le vas a estar dando aplicaciones o interpretaciones, mejor dicho, y ninguna de las cuales es apropiada. De manera que tenemos que descubrir cuál es el eje central de esta parábola.
Y aquí hay básicamente dos individuos, porque aquellos que deben, los deudores, son nombrados de manera impersonal. Pero de manera un poco más personal se habla de dos individuos: se habla de un mayordomo que está a cargo de bienes, y por tanto hay un dueño. Esos son los dos personajes principales. Algo que no era infrecuente en la antigüedad que existiera.
Usted recuerda la historia de José y Potifar. José era el mayordomo de Potifar. Potifar se va porque, recordemos, en esa ocasión se viajaba a caballo, a veces a pie, a veces en botes de remo, pero los viajes podían durar dos o tres meses. Y ¿quién iba a administrar en la ausencia del dueño? Un mayordomo. Este mayordomo pudiera haber sido, podía haber sido, un esclavo que creció con el amo y a quien ahora se ha desarrollado una cierta fidelidad entre ambos. Ese era el caso en algunas ocasiones. Pudiera haber sido también una persona libre, pagada. El texto no nos dice qué tipo de administrador o mayordomo este era.
Recuerdan que la esposa de Potifar, es en ausencia de Potifar que va y trata de seducir a José, porque "mi esposo no va a venir por mucho tiempo". Y José resiste precisamente porque era un mayordomo fiel. Ese no es el caso en esta historia.
En esta parábola entonces ya el dueño regresa. Él ha oído en su ausencia que el mayordomo no ha sido fiel y ha derrochado, despilfarrado sus riquezas. Y cuando viene le dice: "Mayordomo, yo he oído que tú has derrochado mi dinero, de manera que estás cancelado. Réglame las cuentas, prepárame el estado de cuenta, entrégamelas, porque ya terminó tu trabajo".
Y el mayordomo de repente dice: "Bueno, ¿y ahora qué hago? Porque me voy a quedar sin trabajo". Bueno, aquí viene la primera enseñanza: yo también soy un mayordomo, yo también tengo un dueño, una persona que es dueño de todo cuanto yo poseo. Y Él también se ha ido, pero Él ha de regresar. Y si Él no regresa, yo voy a Él. Pero nos vamos a encontrar de nuevo, porque todo el mundo ha de comparecer ante el tribunal de Cristo para dar testimonio, para dar cuentas de todo lo que ha hecho, sea bueno, sea malo. De manera que yo necesito arreglar mis cuentas antes de encontrarme con ese dueño también.
Y cuando yo me encuentre con él, perdón, con ese dueño, yo soy el mayordomo, y cuando yo me encuentre con él me va a decir: "Mayordomo, yo quiero que me des un reporte de cómo usaste todo lo que te di, con el tiempo que te di, ¿qué hiciste? ¿Cuánto tiempo despilfarraste frente a una televisión, frente a una computadora, frente a... o hablando disparates, insensateces? ¿Cómo usaste el tiempo? El dinero que te di, los bienes que te di, las propiedades que te di, las oportunidades, las puertas que te abrí, ¿cómo las usaste? Los amigos que te di para que fueras instrumento de gloria, de evangelización, ¿cómo lo administraste? Los hijos que te di, en una ocasión vi que se los pusiste a una nanny en las manos y te olvidaste de ellos. Dame, ríndeme cuenta de todo lo que yo te daba."
Enseñanza número uno: yo tengo que arreglar esas cuentas ahora antes de encontrarme con mi mayordomo, con mi dueño. Pero el mayordomo dice: "Bueno, mira, yo no tengo fuerza para cavar." En otras palabras, yo no crecí de esa manera, mi mano no está encallada para trabajar, para la labor dura. Pero yo también soy muy orgulloso para mendigar. Así que, ¿qué yo voy a hacer? Yo tengo que preparar un plan, yo tengo que hacerlo rápido. Y se le ocurre una idea. Él dice: "Déjame comenzar a llamar a los deudores y déjame establecer algo aquí con ellos que me sirva para el mañana."
Entonces llama al primero, le dice: "¿Cuánto tú debes?" "Bueno, cien barriles de aceite." "Mira, cambia tu factura rápido, pon que son cincuenta, yo te las fío, y me tomas cincuenta." "¡Wow! Eres un hombre magnánimo." Y el otro: "¿Cuánto tú debes?" "Bueno, yo debo cien medidas de trigo." "Eh, pon ochenta nada más, pon ochenta, toma la factura, toma, yo te las fío." "¡Wow!"
El dueño regresa y se entera de eso que él hizo, y lo aplaude por su sagacidad, no por su honestidad. Dice que era el mayordomo injusto, infiel, pero era sagaz. De manera que ahora tenemos que ir ya descubriendo qué es lo que se está aplaudiendo aquí. No es la deshonestidad, sino la sagacidad de que este hombre sabía que tenía que rendir cuentas, de que había un mañana, tenía que preparar hoy en el presente su mañana. Y entonces le dio sentido de urgencia al presente, se movió rápido, trabajó e hizo las diligencias, no se quedó pasivo. Y Cristo dice: "Pero es increíble, yo no veo eso en los hijos de la luz."
Déjame volver un momento. Algunos piensan, mira, esto tiene mucha lógica, y documentos recientes hablan de esta práctica, de que en el pasado, mayordomos de este tipo, no era infrecuente que ellos cobraran una comisión por venderte o prestarte los cien barriles de aceite. Entonces, por ejemplo, si yo te vendo cincuenta barriles de aceite y hay una comisión que es mía, la usura podía llegar hasta el cien por ciento. De su manera, que la factura la hacemos por cien, pero realmente tú debes cincuenta al dueño; cincuenta son para mí, cincuenta son para el dueño. Eso era más o menos una práctica.
Cristo no nos da los detalles, recuerda que esto es una parábola, no es una historia real. Pero pudiera ser que estaba construyendo una parábola basada en prácticas de la época. Y en ese caso, cuando el dueño regresa, el dueño se da cuenta de que él no pierde nada, le dan sus cincuenta barriles. Lo que pasa cuando el dueño regresa, perdón, él no pierde nada. Él lo que se da cuenta es que el mayordomo ha decidido perder sus ingresos en el presente con la intención de garantizar el futuro. Entonces él se deshace de su comisión en el presente, pero él tiene un plan, y es que su futuro esté preparado.
Y eso es lo que Cristo dice ahora: "¡Wow! Los hijos de este siglo son más sagaces en las relaciones con sus semejantes que los hijos de la luz." En otras palabras, yo veo en la historia de Cristo cómo este hombre, como ya mencioné, se movió rápido, fue inteligente en su preparación, incluso renunció a ganancias presentes para construir un futuro. Y cuando veo a los hijos de la luz, son pasivos. El futuro, como que ellos piensan que nunca va a llegar, no están dispuestos a sacrificar su dinero, sus ingresos para asegurar un futuro, aunque es un futuro distinto.
Y esto es lo que Cristo dice entonces con estas palabras: "Y yo os digo, haceos amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando falten, os reciban en las moradas eternas."
Enseñanza número dos: Cristo llama al dinero de este mundo, todo el dinero de este mundo, incluyendo el del pastor, riquezas injustas. Ayer hablábamos con los jóvenes, sacamos una papeleta de cien pesos. Yo les decía: "¿Este dinero es pecado o no es pecado?" Bueno, decían: "No... sí... no... sí, sí, sino..." Como que no sabíamos. Y decía: "Bueno, esto es cosa, no puede ser pecado, porque las cosas no son pecado, son amorales, son nada. Nada que sea cosa es pecado. La pregunta sería: ¿cuándo el uso de esa cosa pasa a ser pecado?" De manera que el dinero no es pecado, pero no es neutral. Cristo le llama injusto.
¿Por qué? Hay diferentes formas de ilustrar esto, pero yo sé una que la voy a seguir usando. Este va a una compañía, tiene un ejecutivo, tiene una persona que barre. El ejecutivo recibe un salario superior, el que barre uno inferior. Pero frecuentemente el salario del ejecutivo es tan bueno por lo poco que se le paga al trabajador de allá abajo. De manera que su salario es justo, perdón, su salario fue ganado honestamente, pero es injusto porque implica la opresión de alguien que debiera estar mejor retribuido. Y así funciona todo el mundo entero. Por si me están entendiendo, digo, las cosas no son tan sencillas como parecen en la superficie. El mundo entero funciona bajo un sistema de injusticia, y estas riquezas son llamadas por Cristo injustas.
Lo que implica que entonces hay riquezas justas y verdaderas. Estas son injustas, temporales. No importa cuán honesto lo gane, está teñido de injusticia. Los obreros de la construcción del templo debieran ganar más de lo que ganan. Todos los obreros de nuestro país debieran ganar más de lo que ganan. Están inmersos en un sistema que así funciona. Cristo dice: riquezas injustas.
Ok, entonces él dice: el hombre de la parábola, el mayordomo, él usó ese dinero injusto y se hizo amigos, se sacrificó en el presente, preparó el futuro. ¿Y ustedes?
Tercera enseñanza: toma las riquezas injustas, el dinero injusto, y dale un uso similar al del mayordomo en la parábola para que ganes amigos. Sacrifícate ahora, gástalo, inviértelo ganando amigos para que te preparen el futuro. Pero ¿qué tipo de amigos? ¿Dónde me van a esperar los amigos? Bueno, en el caso del mayordomo de la historia, los amigos lo iban a esperar en el mundo cuando él saliera de su trabajo. Y a mí, en las moradas eternas, dice Cristo. Sacrifícate ahora, toma tu dinero, inviértelo en la obra, en la causa de Dios, de manera que tú tengas amigos que te esperen en las moradas eternas cuando te mueras.
Algunos de ustedes conocen la canción en inglés que dice: "Thank you for giving to the Lord." Es una canción que canta Ray Boltz. Y la canción, es una canción vieja, dice algo como esto: "Yo tuve un sueño, estaba en el cielo, tú estabas conmigo, estábamos teniendo una conversación. De repente yo vi un hombre joven que se me acercó con una sonrisa y me dice: '¿Sabes quién soy?'" Estoy parafraseando la canción. "Tú recuerdas que tú tenías una escuela dominical, que tú enseñabas todos los días, todos los domingos, y que cada domingo hacías una oración para recibir al Señor. Yo soy ese niño de ocho años a quien tú enseñabas, y un día cuando tú hiciste la oración, yo le pedí a Cristo que me recibiera y le entregué mi vida. Gracias por darle al Señor."
Y luego se acerca otra persona, le dice: "¿Sabes quién yo soy? ¿Te acuerdas que el misionero que vino a tu iglesia enseñó fotos, y tú fuiste movido por las fotos, y tú no tenías mucho dinero, pero lo que tenías lo diste, ese poco que tenías lo diste? Ese dinero fue enviado donde yo estaba, fue puesto en uso, y yo estoy aquí en las moradas eternas porque tu dinero me trajo a la salvación en la manera en que fue usado. Gracias por darle al Señor. Yo soy una vida que fue cambiada porque tú le diste."
Cristo dice: usa ese dinero injusto para que hagas amigos en las moradas eternas. Nosotros frecuentemente pensamos de esta manera: mi ingreso está aumentando, aumento mi nivel de vida. Y Cristo dice: ¿desde cuándo yo aumento los ingresos de mis hijos con la intención primordial de aumentarles el nivel de vida? Los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz, porque los hijos de las tinieblas entienden que el futuro hay que prepararlo, hay que rendir cuenta. Mis hijos, yo los bendigo y ellos piensan que no van a rendir cuenta, que no hay un futuro que preparar, y no están dispuestos a sacrificarse en el presente. Es la historia, es el eje central de la parábola.
Dios nos bendice, pero es con su causa en mente.
Cuando yo llegue al reino de los cielos y Cristo me diga: "Ven acá, Miguel, vamos a rendir cuentas", él no me va a preguntar cuántas propiedades tú compraste y qué tan bien las administraste. No va a preguntar eso, pues esas propiedades se quedaron, yo no me las pude llevar. El título ya no vale, el deslinde mucho menos. Me va a decir: "Cuando tú compraste esa propiedad, yo quiero saber, a la par de eso, dónde estaba el otro dinero, cómo estaba siendo usado en aras de mi causa. Y tú, ¿viste eso que tú compraste? Cuando tú volaste acerca de eso, cuando tú me preguntaste si tú podías hacer eso o no, yo no recuerdo que tú y yo habláramos de eso". Lo estoy ilustrando simplemente, pero yo voy a rendir cuentas, y realmente es de esa manera, de todo lo que Dios me ha dado.
Nosotros pensamos que Dios nos da más para gastar más. Tenemos que dejar de ver para acá abajo y comenzar a ver para allá arriba. Ahí es que está la sagacidad de este mayordomo, y donde Dios dice que ahí debe estar mi sagacidad. Yo no soy ciudadano de esta tierra, yo soy ciudadano del cielo y tengo una visa de turista para entrar en esta tierra. Yo paso por esta tierra. Los turistas no echan raíces, ¿sabe por qué? Porque se tienen que ir pronto. Y nosotros echamos raíces y las hacemos cada vez más profundas porque pensamos que esta es la morada eterna. Y Dios dice: "Los hijos de las tinieblas son más sagaces, se dan cuenta de cosas que ustedes no se están dando cuenta". Usemos las riquezas de la manera como Cristo nos instruye.
Entonces alguien dice: "Bueno, ojalá yo tuviera para dar". Esas cosas no están relacionadas, si sabían eso. No hay ninguna relación. Esto está estudiado: entre ingresos y dar no tienen nada que ver. Tradicionalmente, a través de la historia de la iglesia, los que más tienen menos dan. Entonces, ¿qué determina el que yo dé y cuánto yo dé? No es lo que yo tengo.
Próxima enseñanza, cuarta enseñanza: mi carácter, mi integridad delante de Dios. Déjame alertarte. Te lo voy a leer y luego te lo voy a ilustrar de la misma Palabra: "El que es fiel en lo muy poco es fiel también en lo mucho, y el que es injusto en lo muy poco también es injusto en lo mucho".
Un día Cristo va al templo. El templo tenía un alfolí, un lugar en el medio, probablemente aquí en el medio del templo, donde la gente venía y depositaba su ofrenda. Y Cristo va y se para al lado del alfolí, comienza a observar a los dadores, a los que estaban donando. Se queda viendo, y él se queda impresionado en un momento. Abre y les cuenta a los discípulos: "Ustedes saben que les estaba en el templo, yo estaba viendo la gente que estaba ofrendando, y yo vi una viuda que vino". Las viudas que no eran ayudadas en ese tiempo, que no tenían empleo, a ella le quedaban dos monedas. Dos. Toda su riqueza, lo único que le quedaba. Y lo sacó y lo echó en ofrenda. Y Jesús dijo: "Ella dio más que todos". ¿Que dio más que todos? Sí, porque ella dio lo único que tenía, y los demás venían y daban de lo que les sobraba.
No es lo que tengo lo que determina cuánto doy, es mi fidelidad y mi integridad delante de Dios. Y eso es lo que Cristo se está refiriendo: nuestra habilidad para determinar ahora, en el presente, la necesidad de yo sacrificarme ahora, de tal manera que en el futuro yo pueda tener recompensas que recibir, de las cuales hablaremos un poco más adelante. Pero no lo hacemos. Entonces, ¿qué es lo que determina que yo no dé fielmente? No es lo que no tengo, son las grietas de mi carácter. Eso es lo que hace que yo no sea fiel a Dios donde yo debo ser.
"Bueno, pastor, pero eso no me quita la salvación". Hablamos anoche de eso mismo. Yo no sé si a usted le pasa lo que a mí me pasa: a mí me duele esa pregunta. Con frecuencia, quizá no cada vez, pero con frecuencia me duele. De la misma manera que cuando yo enseñaba en medicina me dolía cuando un estudiante me decía: "Bueno, pero lo importante es que pase". Sí, pero eso que yo no sé mata un paciente mañana en la emergencia. "Yo pasé". ¿Su más o menos salvación es como pasar con 70? Santificación, crecimiento, no, eso no es importante. "Bueno, yo no pierdo salvación". Pero tú pierdes muchas otras cosas: tú pierdes santificación, tú pierdes intimidad con Dios, tú pierdes paz, tú pierdes gozo, tú pierdes dirección. Andas como que nunca sabes la voluntad de Dios, nunca la puedes encontrar. ¿Te das cuenta? No solamente eso, pero yo voy a perder cosas aún en la eternidad. Lo vamos a ilustrar un poco más adelante.
Cuando Dios comienza a lidiar conmigo como mayordomo, es una dinámica de guía. Ahí va algo, algo para que lo comiences a ministrar. Y en la medida en que yo administro ese algo, fielmente o infielmente, desde ahí va más. Pero si soy infiel en lo poco, dice: "Ahí va menos". Usted hizo lo mismo con sus hijos. Ustedes tienen hijos aquí, en el tema de mesadas. Alguno de ustedes, los que lo den, yo no sé, hay algunos que porque pueden, porque los hijos van madurando, salen hasta cinco, ocho, diez mil pesos de mesada. Para alguno eso es como: "¡Wow, imposible!". Bueno, hay gente que puede hacer eso, yo sé que lo ha hecho. Pero usted no comenzó la primera vez diciéndole: "Mira, para comenzar toma cinco mil pesos de mesada". Le comenzó con doscientos, trescientos pesos. Y en la medida en que él se comportó fielmente, le siguió aumentando. En la medida en que fue madurando y creciendo.
Dios hace exactamente lo mismo. Pero, ¿qué resulta que te doy algo y me eres infiel? ¿Y si no te puedo dar más? Porque si en lo poco me fuiste infiel, cuando te dé más, me serás más infiel. Entonces ahora resulta que la fidelidad con lo recibido es un requisito para recibir más. La fidelidad para con lo recibido es un requisito para recibir más. Cristo básicamente, lo estoy interpretando ahora, dice: "Yo sé que me fuiste infiel en lo poco, así lo serás en lo mucho". El Señor, el dueño de los recursos, es que me va a pedir cuentas.
Pero no solamente me va a pedir cuenta. A veces pensamos: "Bueno, yo diezmo, pago mi estipendio, y ya soy fiel. Para ti, para ti, para ti, para ti". Esta idea antibíblica de que una vez tú das el diez, el noventa es tuyo, ¿de dónde salió eso? Porque cuando yo inspiré mi Palabra, yo recuerdo haber dicho que yo soy dueño del cielo y la tierra. De manera que del noventa con el que yo te permito administrar, yo quiero que tú me des cuentas también. Yo quiero saber, cuando abro tu clóset, los zapatos que compras, las marcas, los precios, las cantidades. Yo quiero saber hasta dónde tú has sido fiel. Cuando tú haces clic y haces clic y aquí es ropaje, aquí es pobreza, yo quiero ver cómo tú manejas, cómo tú apareas esa cosa. Yo quiero ver tu carrito de supermercado, si tú tratas de ser un buen mayordomo, o todo tiene que ser el último boom de la calidad. Yo quiero saber cómo. ¿Tú te das cuenta? No es tan sencillo.
Sexta enseñanza. Ya es vital ahora, esta que viene ahora es vital, y está aquí en la Palabra: nuestra fidelidad con lo material determina cuánto de las riquezas espirituales recibiremos en este mundo y en el que viene. La fidelidad con lo material determina cuánta riqueza espiritual yo voy a recibir ahora y después.
Déjame leer de las palabras de Cristo. Y a lo mejor habría decidido una cosa así, si Cristo no lo hubiera dicho: "Por cuanto si no habéis sido fieles en el uso de las riquezas injustas, que son las de este mundo, ¿quién os confiará las riquezas verdaderas?". ¿Cuáles? Las espirituales. A veces queremos dones: "Yo quisiera tener el don de esto". Queremos talentos, queremos oportunidades, queremos ministrar. Y Cristo dice: "Superhéroe, ¿de verdad, de verdad, de verdad, de verdad? Esas son riquezas espirituales, mi hijo, y de las riquezas materiales no hay fidelidad. Si con este poco de dinero, de lo material, tú has sido tan infiel, yo no sé qué tú harías con el don, por ejemplo, de la enseñanza, o el don de la misericordia, o el don de liderazgo. Esas riquezas que son espirituales y verdaderas hay que manejarlas todavía con más guante blanco que las otras, y en las otras ya se ensuciaron los guantes. No te las puedo dar".
"Bueno, pero eso desde la hora de la gloria, no hay nada de aquel lado también". ¿Usted no ha leído que a la hora del juicio mis obras van a ser examinadas como por fuego, dice el texto, y que hay obras que se van a quemar en el fuego, que no van a pasar la examinación? Y luego tú lees en el texto, Primera de Corintios, luego tú lees en el texto lo que dice: que yo voy a perder recompensas. Por cada obra que se queme en el examen y el fuego, es una recompensa que yo pierdo en las moradas eternas, porque no me honraste con lo material.
El pueblo de Israel, yo decía que esto es el tendón de Aquiles del principio: el pueblo de Israel llega un momento en que iba a llevar un cordero, entonces buscaba uno cojo y uno ciego, porque total lo vamos a matar.
Entonces el Señor dice: "Ven acá, ¿no acordamos que un cordero perfecto es sin mancha, sin defecto? Y este cordero que tú me traes... Ve y ofréceselo al gobernador, a ver si esto lo va a aceptar." Y hoy nosotros somos esos corderos, y esa acción a medias que tú me das, y este sacrificio a medias, y esto a mitad, ¿qué es esto? Ofréceselo a tu empleador, a ver si esto lo va a recibir, si te va a dar un salario por la mitad del trabajo y el sacrificio que contrataron. No.
Aparte de eso, "me están robando", lo dice Dios a Israel. ¿Robando ya a Dios? ¿Qué le va a robar? Tú tienes los ojos sobre todo. "Me están robando los diezmos y ofrendas." Y Dios no necesita el diezmo, a lo frente Él puede construir de la nada el universo entero otra vez. El diezmo, a lo frente, es una prueba de mi fidelidad en el manejo de la finanza, pero es para enseñarme a despegarme del dios Mamón más que cualquier otra cosa. No es para Dios, no necesita eso. Él hizo el universo de la nada.
Entonces, ¿por qué no damos? Bueno, hay varias razones por las que no damos. Nacemos agarrados. Ya habéis visto los bebés cómo nacen, ¿verdad? Es una buena ilustración así, con las manitas así. Pero, ¿te has visto cómo morimos? Verá, con las manos así. Entramos a este mundo con las manos agarradas, cerradas, y salimos de este mundo con las manos abiertas. Todo se queda aquí. Pero a veces esa es la razón: que somos muy agarrados, muy materialistas.
Puede haber otra razón, dentro de eso mismo, y es que yo me he apropiado de una cosa que no es mía. ¿Qué es eso? Lo que yo tengo: mis finanzas, las propiedades que tengo, el carro que tengo. Yo lo administro, lo vendo, lo compro, lo salto, lo brinco, como si fuera mío. Y Dios dice: "Pero ven acá, pero espérate, tú te has pasado. Ya te pasaste. Tú eres un administrador. ¿Desde cuándo yo te he hecho dueño de mis bienes?"
Mira lo que Pablo dice en Primera de Corintios 4:1-2: "Que todo hombre nos considere de esta manera: como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, además se requiere de los administradores que cada uno sea hallado fiel." Eso es lo que somos.
Entonces, a veces es eso, nuestra condición materialista agarrada. Otras veces es la inseguridad: "Necesito garantizarme el futuro." O sea que el dios en la práctica que garantiza tu futuro es el dinero. Entonces ahora la seguridad y el dinero funcionan como divinidades prácticas; ellas determinan lo que tú vas a hacer, lo cual me hace culpable del pecado de idolatría.
Y cuando, ¿cuándo, cuándo paso uno a la idolatría con el dinero? Cada vez que yo tomo una decisión sin hablar con Dios porque el dinero la determinó. No estoy sufriendo, me he comprado una barquilla, que una decisión que afecta lo que es potencialmente la estabilidad del presente, del hogar o del futuro. Cada vez que yo hago eso y lo hice sin consultar con Dios, el dinero determinó la decisión. El dinero fue tu ídolo; ante el dinero te rendiste. Cada vez que haces eso eres culpable del pecado de idolatría.
Ese dinero no es mío. Yo tengo que hablar con Dios y preguntarle, a veces por semanas preguntar, y a veces no hacer el gasto por semanas en espera de su respuesta a la pregunta que le estoy haciendo. Y cuando me siento inseguro, estoy confiando en que yo voy a construir esa seguridad, entonces soy culpable del pecado de falta de fe. ¿Por qué? Porque el libro de Romanos 14:23 me dice que todo lo que no es de fe es pecado. Y por tanto, cuando yo no confío en Dios para el día de mañana, yo estoy viviendo en pecado.
Cristo lo dijo: "¿Por qué se preocupan de lo que van a comer, de lo que van a vestir en el día de mañana? Cada día tiene su propio afán." Pero Él lo comenta y saben qué, ¿saben por qué les digo que no se preocupen por lo que van a comer o vestir en el día de mañana? Porque de eso se preocupan los paganos. De manera que cuando vosotros vivís preocupados por el comer y el vestir, vosotros sois ateos prácticos, como los gentiles, como los paganos que no creen en mí. Yo soy tu póliza de seguro para el día de mañana. Yo soy tu garantía. Yo soy tu refugio. Yo soy tu fortaleza. Yo soy tu banco. Yo soy tu finanza. Y no hay mayor garantía que la que yo te puedo dar.
Tenemos que vivir centrados en Dios. Entonces, a veces no le damos a Dios por ese ídolo dinero, por el ídolo seguridad que nosotros hemos construido en nuestros corazones. Juan Calvino decía: "Donde las riquezas tienen el dominio del corazón, Dios ha perdido la autoridad." Donde las riquezas tienen el dominio del corazón, Dios ha perdido su autoridad; ahí no está reinando.
La pregunta es: ¿quién tiene la autoridad de tu corazón? ¿Cómo lo sé? Bueno, me tengo que hacer preguntas tan sencillas como: ¿estoy al día con mis impuestos? ¿Estoy al día con mis diezmos? ¿Estoy al día con la luz? ¿Me robo la luz? "Para, todo, para, los cristianos no hacen eso." Bueno, quizá los que usted conoce no hacen eso; yo conozco. ¿Estás cargando gastos personales a la oficina? "Pero eso son los incrédulos." Bueno, quizá los cristianos que usted conoce, pero yo conozco. ¿Se da cuenta? Dios está mirando todo, porque así comienzan las grandes corrupciones: en las pequeñas cosas. Y si eres infiel en lo poco, serás infiel en lo mucho.
Entonces, nosotros vivimos en esta generación materialista. Yo decía, ¿verdad? Nosotros todos, incluyéndome a mí, nos salpicamos de la generación en la que vivimos, y esta generación materialista nos salpica. Unos más, otros menos, pero nos salpica. Yo no puedo vivir en una generación sin que me caigan gotitas por lo menos; otros se empapan, pero es la realidad.
Entonces esta generación materialista nos vende ideas, y esa idea que nos vende es que con lo poco no puedes estar satisfecho. Entonces tengo, pero quiero más de lo que tengo. Tengo esto, pero quiero algo mejor. Tengo aquello, pero siempre estoy en ese cambalache continuo porque yo nunca estoy pleno con lo que ya tengo. Pablo dijo: "Sé tener necesidad y sé tener abundancia; yo me he contentado con eso. Yo tengo, nosotros, y me contento con eso."
Aparte de eso, tampoco tengo tiempo para esperar. Yo lo quiero y lo quiero ahora. "Bueno, pero no tengo el dinero." Bueno, nada, un tarjetazo. "Bueno, si se me llenó la tarjeta, saco otra." Y entonces nos llenamos de tarjetas. Denominación tras denominación, iglesia tras iglesia, año tras año, dicen los siguientes estudios tras estudio, país por país: los hábitos de consumo, las finanzas de los cristianos no difieren prácticamente en nada de los no cristianos. Yo no sé si a ustedes les duele, pero a mí me destroza en ocasiones. La cruz, ¿dónde está? ¿Qué diferencia?
Y el problema de las deudas no es simplemente que me esclavizan, es que revelan. Revelan algo de mi corazón. Revelan a veces orgullo, porque imagínate yo, ya hoy en día necesito un mejor carro, necesito un mejor esto, un mejor aquello; hasta el lapicero tiene que ser mejor. Deseo de competencia, orgullo, la baja autoestima que hace que entonces yo quiera competir con los demás, con el qué dirán, con el vecino de al lado. La apariencia en nuestra cultura es un dios. Las divinidades de la que dan chiquita, el dios apariencia en nuestro país es un dios muy adorado continuamente: flores y de todo tiene ese dios. No, en serio, esto es algo increíble. Entonces nosotros vivimos en esto que la sociedad de mercado nos vende.
Aparte de eso, la deuda es presunción. Claro, si haces un cálculo y dices: "Yo lo puedo pagar hoy." Y si el dueño lo bota en tres meses, yo no estaba calculando eso precisamente. Yo no puedo presumir tan fácilmente de que yo voy a poder pagarlo en seis meses cuando yo ahora lo puedo pagar, pero yo no sé. Es como que yo sé el cronograma que Dios tiene para mi vida; yo no lo sé. Eso es presumir de la omnisciencia de Dios.
Entonces esta sociedad de consumo nos crea una impaciencia. Yo estoy hablando de todo esto como aplicación, porque la parábola obviamente no habla de tarjeta de crédito, pero habla de fidelidad en el manejo de los bienes. Entonces nos crea una impaciencia porque yo no puedo esperar, yo tengo que comprar, yo tengo que endeudarme en deudas.
Y no solamente ese tipo de impaciencia, sino que ya yo necesito, bíblicamente necesito varios lentes: bueno, uno que pegue con esto, un azul para con la corbata azul. Computadora: bueno, de que salga el próximo modelo, yo quiero eso. Y el próximo teléfono, yo quiero el próximo teléfono. "Pero, ¿por qué? ¿No hace las funciones el que tú tienes?" "Sí, pero aquel ya avanzó." "Sí, pero, ¿tú tienes que estar avanzando? O sea que tú estás haciendo la función con la que tú tienes, termínala de usar." "Sí, pero se me fue otro adelante. Yo no tolero que la gente se me vaya adelante." El mercado nos convence de todo eso.
Entonces el mercado nos lleva a amar las cosas y a utilizar las personas. Y nuestra mejor evidencia... Yo no quiero acusar a nadie, pero yo decía, mi espíritu toda esta semana es: "Vengamos y razonemos juntos." De manera que ven, hermano, vamos a razonar juntos. Pero si Dios te da unos hijos, ¿cómo se los entregas a una nana para que te los críe y yo me voy a la fuerza laboral? La nana no puede rendir cuenta de mis hijos; soy yo. "No, pero es que soy una madre soltera." Bueno, eso es otro caso. Pero tú tienes un esposo. Pero nosotros no concebimos que bajar el nivel de vida sea un llamado de Dios en aras de los hijos, sino entregar los hijos a la nana en aras de un mayor nivel de vida.
La palabra sacrificio yo creo que en unos años no va a estar en el diccionario Larousse; está en extinción. Se nos olvida que de este lado de la gloria la vida es un llamado al sacrificio. La comodidad y la relajación yo tendré toda la eternidad para hacer eso del otro lado de la gloria. Ahora es un llamado al sacrificio.
En aras de la causa de Cristo, esta es la realidad, este es mi llamado, es como yo tengo que ver. Yo necesito un sentido de urgencia, como el mayordomo malo tenía. Dos: mis mejores horas al trabajo, las menores e inferiores ya cansado a mis hijos. Amamos las cosas y usamos las personas, y no podemos hacer eso, hermano.
Yo creo que este es un buen tiempo para poner un alto. La tarjeta de crédito, comienza a entregarlas. No compre la idea de que me mandaron una American Express, yo me creo como una persona especial porque American Express me lo ha estado brindando algo y eso me da significado. Ahora, el problema no está en la tarjeta. Lo razonábamos con los jóvenes: ya la tarjeta no es el problema, ¿cuál es el significado que a mí me da? Me doy cuenta cómo estas cosas funcionan. Ya Dios no está en la ecuación sin American Express.
Entonces vivimos ahora por encima de nuestras posibilidades. ¿Y cuál generación es la que ha creado ese movimiento de tarjeta y de deuda? La generación materialista, egocéntrica, hedonista de nuestros días, que nos salpica todos los días. Yo tengo que luchar contra mí, tengo que vivir secándome continuamente, y tengo que deshacerme de estas tarjetas que se han servido como instrumento de financiamiento.
Decía este autor: cómo el hombre trata el dinero es la prueba más decisiva de su carácter; cómo lo gana y cómo lo gasta. Revise su cuenta de banco, su cuenta de cheques, y se va a dar cuenta. Nosotros hemos abandonado el concepto, la idea de la frugalidad. Mira lo que decía este otro autor en su libro *Character Matters*, o "El carácter importa": cuando una sociedad deja fuera de su vida la frugalidad, el carácter nacional comienza a torcerse como una hoja de metal en un horno de fuego. Una sociedad sin frugalidad pierde la capacidad de evaluar lo que realmente es preciado. Una sociedad sin el sentido de frugalidad perdió el sentido de lo que tiene valor.
Y este es mi comentario personal ahora: mientras más ricos seamos espiritualmente, más a gusto nos sentiremos con lo que tenemos. Nuestra falta de contentamiento muchas veces habla de nuestra pobreza espiritual. Nuestra falta de contentamiento muchas veces habla de nuestra pobreza espiritual.
Y Cristo entonces, si eso es la comparación, mira cómo Él concluye su enseñanza. Dice: "Y si no habéis sido fieles en el uso de lo ajeno, en lo que es mío, ¿quién os dará lo que es vuestro?" No te voy a traspasar a tu nombre, no te voy a entregar lo ya como dueño, porque si en lo ajeno, mira cómo lo hiciste. Y Él continúa: "Ningún siervo puede servir a dos señores, porque va a aborrecer a uno y amar al otro, se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas." Decide cuál de los dos, pero no puede ser a los dos.
Déjame cerrar con este comentario de A.W. Pink. Estos dos están diametralmente opuestos: ¿quién es Dios y el dinero? Por eso lo elegí para cerrar, porque es un comentario de lo que Cristo acaba de decir. Uno te ordena que camines por fe y el otro te dice que es por vista. Uno te dice que seas humilde y el otro que seas orgulloso. Uno que pongas tu mirada en las cosas de arriba y el otro que pongas tu mirada en las cosas de la tierra. Uno te dice que te enfoques en las cosas que no se ven, las cosas que se ven que son temporales. Uno que tengas tu conversación en el cielo y el otro que te aferres al polvo. Uno que no te preocupes y el otro que sea todo ansiedad. Uno que estés contento con lo que tienes, el otro que aumentes tus deseos. Uno que estés listo para distribuir y el otro que estés listo para agarrar. Uno que no mires lo que otro tiene y el otro que mires solamente lo que tú tienes. Uno que busques la felicidad en el Creador y el otro que busques la felicidad en la criatura.
¿No está claro?, pregunta Pink, que tú no puedes servir a dos señores. ¿No está claro? Lo sabemos, recibimos la convicción hoy y le servimos al otro señor mañana. Yo creo que estamos en una buena coyuntura, donde Dios nos está revisando, nos está sacudiendo, nos está enseñando. Ahora, en la tierra prometida donde quiere ir, donde habrá más espacio, será más grande, donde si hay más gente habrá más ingreso, hay una prueba de frugalidad, pero hay una prueba de abundancia, hay una prueba material, hay una prueba de bienes, de administración, de fidelidad de lo material, para que podáis mañana disfrutar de mayores riquezas espirituales. Y Dios nos va a bendecir, pero en el camino de la fidelidad y de la obediencia.