Jesús no veía a las personas por lo que eran, sino por lo que podían llegar a ser. Cuando el escultor Donatello rechazó un bloque de mármol por sus imperfecciones, Miguel Ángel vio en él la posibilidad del David. De manera similar, Cristo miró a Leví sentado en su mesa de cobro de impuestos —un hombre despreciado, considerado traidor por haberse vendido al sistema romano, igualado por los rabinos con asesinos y ladrones— y con una sola palabra lo transformó en discípulo y futuro autor de un Evangelio.
El llamado de Leví fue escandaloso, pero más escandalosa fue la cena que siguió. Jesús no exigió arrepentimiento como prerrequisito para sentarse con recaudadores de impuestos y pecadores; entró a la casa, comió con ellos, estableció puentes. Los fariseos preguntaron indignados por qué comía con esa gente. La respuesta de Jesús fue contundente: los sanos no necesitan médico, sino los enfermos; él no vino a llamar a justos, sino a pecadores.
La gracia es escandalosa por naturaleza. El pastor Núñez comparte cómo un médico que conoció en 1980 recibió a Cristo treinta años después, justo antes de morir —un puente construido con paciencia fue finalmente cruzado por el Evangelio. El peligro para el creyente es volverse fariseo sin darse cuenta: emocionarse por misioneros en tierras lejanas mientras ignora al vecino no alcanzado a tres pasos de distancia. Dios quiere misericordia, no sacrificios vacíos. Como dijo Oliver Cromwell cuando necesitaba plata: hay que derretir a los santos y ponerlos a circular.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
La vez anterior, el mensaje último que prediqué acerca de Marcos, estuvimos viendo el pasaje donde Jesús sana a un paralítico y a la vez le perdonó sus pecados. Es la historia de aquel hombre paralítico que le bajan a Jesús a través de un agujero hecho en el techo de la casa donde le estaba enseñando y predicando en aquel día. Y cuando Jesús perdona los pecados de este hombre, que es lo primero que le hace, inmediatamente surgió una controversia acerca de la autoridad que él tenía para perdonar pecados. Y estas son las palabras de Jesús: "Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados", dijo al paralítico: "A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa".
Este evento es el primero de cinco controversias en líneas sucesivas, una detrás de la otra, que Marcos relata en todo el capítulo 2 y en principio del capítulo 3. La primera controversia tiene que ver con su autoridad para perdonar pecados. La segunda controversia es el texto, o está en el texto que vamos a leer en un momento, y tiene que ver con el hecho de que Jesús se reúne con recaudadores de impuestos y pecadores y tiene una cena con ellos.
Hay una tercera controversia que sigue inmediatamente después, relacionada al hecho de que los discípulos de Jesús no ayunaban, a diferencia de los discípulos de Juan el Bautista que sí ayunaban, y los discípulos de los fariseos. Y Jesús tiene que responder al hecho de la ausencia de ayuno en sus discípulos. Hay una cuarta controversia relacionada al día de reposo, porque en un momento dado los discípulos de Jesús tuvieron hambre, arrancaron unas espigas, se las comieron, y ellos cuestionan a Jesús de cómo era posible que tal acción pudiese haber sido hecha en el día de reposo.
Y la última de las cinco controversias tiene que ver con el hecho de que Jesús sana a una persona en día de reposo también, algo que la ley permitía en todo caso, porque las obras de misericordia siempre fueron contempladas por la ley. Y sin embargo Jesús fue cuestionado acerca de esa sanación en día de reposo. Y cuando Jesús escucha el cuestionamiento, esto es cómo Jesús responde a la cuarta controversia y que tiene aplicación para la quinta controversia: "El día de reposo se hizo para el hombre y no el hombre para el día de reposo. Por tanto, el Hijo del hombre es Señor aun del día de reposo". En otras palabras: yo que les di el día de reposo, yo que regulé el día de reposo, yo tengo derecho para hacer en el día de reposo, con el día de reposo, aquellas cosas que yo considero dignas de ser hechas.
Y con esa introducción entonces yo he de leer el texto de Marcos 2:13-17, donde se encuentra la segunda de esas cinco controversias que yo acabo de mencionar: "Y él salió de nuevo a la orilla del mar, y toda la multitud venía a él, y les enseñaba. Al pasar, vio a Leví hijo de Alfeo sentado en la oficina de los tributos, y le dijo: ¡Sígueme! Y levantándose, él le siguió. Y sucedió que estando Jesús sentado a la mesa en casa de Leví, muchos recaudadores de impuestos y pecadores estaban comiendo con Jesús y sus discípulos, porque había muchos de ellos que le seguían. Al ver los escribas de los fariseos que él comía con pecadores y recaudadores de impuestos, decían a sus discípulos: ¿Por qué él come y bebe con recaudadores de impuestos y pecadores? Al oír esto, Jesús les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores".
Para entender y seguir el flujo del texto de una mejor manera, yo lo voy a dividir en tres partes, voy a hacer tres subdivisiones del texto, de manera que usted pueda seguirme con toda claridad. Lo primero que yo quisiera ver, o que quisiera que viéramos, son las características del ministerio de Jesús, como salen a relucir en el Evangelio de Marcos. En segundo lugar, quiero que veamos el llamado de pecadores a ser parte del reino de los cielos. Y en tercer lugar quiero que veamos de qué manera Jesús articula al final del texto su misión aquí en la tierra.
Yo quiero comenzar entonces, como es obvio, con la primera: las características del ministerio de Jesús. El texto que yo leí comienza de esta manera: "Él salió de nuevo". Esa frase "de nuevo", por sencilla que parezca en el contexto de todo el resto que está ocurriendo, nos da una idea de que una vez más Jesús está ministrando. Y en esta ocasión él sale a la orilla del mar, el mar de Galilea, que realmente era un lago, el lago de Galilea. Y tan pronto llega al mar, las multitudes vienen a él.
Cuando tú lees el capítulo uno y sigues para el capítulo dos, tú te encuentras que al final del capítulo uno Jesús está en un tour de predicación por varias ciudades. Y habíamos hablado de eso ya, que probablemente le tomó semanas o quizás hasta meses pudo haber sido, y entonces él regresa a Capernaúm. Pero tan pronto regresa a Capernaúm, él está ministrando otra vez. En esta ocasión está en aquella casa donde le trajeron el paralítico y abrieron el agujero aquel de que hablábamos, y le bajaron a este hombre. Él lo sana, le perdona sus pecados, él termina esa actividad e inmediatamente en el próximo versículo encuentras esta frase: "de nuevo". O sea, otra vez él anda ministrando. Él salió a la orilla del mar y ahora las multitudes le siguen una vez más, y ahí está Jesús ministrándoles.
Esa es la razón por la que hemos llamado a esta serie "El Hijo del hombre en acción", porque si hay algo que sale a relucir en el Evangelio de Marcos es que el ministerio de Jesús fue un ministerio ambulante, sumamente activo, de mucha actividad ministerial, de poco reposo de hecho, y en continua expansión. Hay un tour de predicación, hay una sanación, hay perdón de pecados, otra vez a orilla del mar las multitudes llegan, él está ministrando nuevamente. Y esa es una característica obvia en este Evangelio: la actividad frecuente, continua de Jesús en la ministración a las personas. Característica número uno.
Característica número dos: su ministerio de multitudes. Yo les mencioné en el mensaje anterior que en los primeros 10 capítulos del Evangelio de Marcos la palabra "multitudes" aparece en no menos de 40 veces. Cada vez que tú ves a Jesús apareciendo en público en Marcos, las multitudes están detrás de él, de tal manera que vemos a Jesús durante todo este tiempo rodeado de muchas personas continuamente. Y solamente al final de sus días, cuando la persecución y el rechazo han aumentado de una forma extraordinaria, es que él comienza a retirarse y a tener entonces conversaciones privadas o enseñanzas privadas con sus discípulos. Pero eso no se da hasta al final de su ministerio; todo el tiempo Jesús vivió de esta manera.
Y la realidad es que yo mencionaba de una forma, como dato interesante, que cada vez que el Espíritu de Dios se ha movido en la historia de la iglesia, cada vez que ha habido uno de esos avivamientos, indudablemente lo que ocurre en ese momento es algo multitudinario. Y uno esperaría algo similar: cuando Dios se mueve, aquello que ocurre debe tener el tamaño de Dios. La ilustración que quise usar fue algo que ocurrió no hace tanto. 1957, Billy Graham va a Manhattan por tres días, una cruzada planificada para tres días: jueves, viernes y sábado. El Espíritu de Dios se desbordó aquel fin de semana y los tres días se convirtieron en 110 días. 97 sermones en 110 días. Y el último día del cierre de la campaña fue el 11 de septiembre, una fecha interesante, del año 1957, donde afuera del Madison Square Garden se reunieron 125 mil personas en una noche. El Yankee Stadium en otra noche tomó 100 mil personas adentro. Cifras astronómicas durante tres meses. Parecería que todo el mundo en Manhattan estaba yendo a esta cruzada. La gente en la oficina salía al almorzar y se reunía a orar a la una de la tarde, a una y media, a dos de la tarde, y Dios parecía moverse de una forma extraordinaria. Los trenes llenos de personas a las cinco de la tarde para Madison Square Garden durante tres meses. Esa es la historia de los avivamientos de la iglesia, y nosotros vemos a Jesús rodeado, verán en un momento dado, de grandes multitudes también.
Primera característica: es un movimiento de mucha actividad, o un ministerio de mucha actividad ambulante, de continua ministración. Segunda característica: es un ministerio de multitudes. Tercera característica: es un ministerio de enseñanza de la Palabra. Escucha: "Y él salió de nuevo a la orilla del mar, y toda la multitud venía a él, y él les enseñaba". No las enviaba, les enseñaba la Palabra. Dios sabe, Cristo entendía cómo su Palabra no regresaba vacía, y por tanto él le predicaba a esta gente, y eventualmente los frutos serían recogidos.
Si hay algo que sale a relucir en los Evangelios es la capacidad extraordinaria de Jesús como maestro de la Palabra. De hecho, la palabra "maestro" aparece 45 veces en los Evangelios en relación a Jesús. Fue un maestro extraordinario con una autoridad que nunca antes había sido vista. Cristo enseñó no solamente de forma autoritaria o autoritativa, pero enseñó también de una forma reveladora. Enseñó de una forma expansiva de las ideas que hasta ese momento se conocían. "Habéis oído decir, pero yo os digo", cómo Cristo aumentó el entendimiento de lo que implicaba airarte contra tu hermano cuando le dices "raca" sin razón, cómo Cristo aumentó el entendimiento de lo que implica adulterar. Y de toda esa forma Cristo fue expandiendo el entendimiento de la ley hasta el momento que ellos habían tenido. Él enseñó de una forma confrontadora como nadie más lo había hecho, de una forma variada.
Y todo eso hizo su predicación y su enseñanza sumamente rica, que hacía que las multitudes vinieran a escucharlo una y otra vez. Una y otra vez. Fue un maestro de la comunicación, supo usar parábolas como nunca antes y nunca después nadie las ha sabido usar, supo hacer uso de hipérboles, de metáforas, de preguntas, de paradojas, con la idea de poder comunicar a la audiencia que tenía alrededor aquello que él tenía necesidad de transmitir en el momento. Fue un experto de la comunicación de las ideas.
Si no importaba si la gente tenía un alto nivel intelectual o de conocimiento como un Nicodemo, o si la gente era sencilla como la mujer samaritana, todo el mundo se sintió atraído por este ministerio de enseñanza. Las masas vinieron a él, los niños vinieron a él, los pobres vinieron a él, los ricos vinieron a él, los leprosos vinieron a él, todo el mundo quería estar con Jesús. La gente educada vino a él y la gente sin ninguna educación vino donde él, maestro. Él tenía algo especial, particular, que al enseñar llegaba de una forma llana, sencilla, clara, convincente como nadie más lo había podido hacer.
Y por eso pudiéramos decir con toda facilidad que si hay otra característica que vale la pena enfatizar del ministerio de Jesús, es su habilidad y su dedicación a la enseñanza de la Palabra. Eso debe ser el foco en todo ministerio. Esa era la primera división, la primera, el primer punto que quería abordar: las características del ministerio de Jesús como salen a relucir aún en un solo versículo que apenas leímos.
Lo segundo que yo quiero entonces que analicemos es el llamado de pecadores a formar parte del reino de los cielos. Escucha cómo Marcos habla de este encuentro de Jesús con Leví: "Y al pasar, vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado en la oficina de los tributos, y le dijo: Sígueme. Y levantándose, le siguió. Y sucedió que estando Jesús sentado a la mesa en casa de él, muchos recaudadores de impuestos y pecadores estaban comiendo con Jesús y sus discípulos, porque había muchos de ellos que le seguían."
Jesús sale a la orilla del mar, comienza a enseñar, no nos dice exactamente dónde estaba Leví, pero asumimos que en la vecindad de las orillas del mar de Galilea o del lago de Galilea. Estaba allí sentado en un lugar donde él cobraría sus impuestos, que explicaremos en un momento. Pero lo que llama la atención es que, a pesar de ser él un recaudador de impuestos con características que mencionaremos en un momentito también, Jesús no lo pasa por alto, Jesús no lo ignora. Al contrario, Jesús intercepta su vida, lo llama, y con una sola palabra logra que él se separe de su asiento y le siga permanentemente.
Los discípulos anteriores que habían sido llamados en la misma área, en la misma orilla del mismo lago —Pedro, Andrés, Juan, Jacobo— fueron llamados de una forma similar. Ellos estaban en su actividad cotidiana, pescando. Cristo les hace un solo llamado: "Sígueme." Ellos dejan sus redes; en este caso, Mateo deja su mesa de cobro de impuestos.
Ahora, ha sido señalado que probablemente cuando Pedro y Andrés y Juan y Jacobo dejaron sus oficios, ellos entendían que en cualquier momento realmente podían volver a su oficio, como en efecto ocurrió. Inmediatamente después de la crucifixión, tú encuentras a los discípulos más de una vez pescando en el mar. Ese probablemente no fue el caso con Mateo. Tú no llegabas a ser recaudador de impuestos de una forma fácil, tú necesitabas conexiones con el gobierno. Y si después que el imperio te ha dado a ti el permiso de ser recaudador de impuestos, un día sin previo arreglo tú te levantas de tu puesto y te vas y sigues a Jesús, no sería fácil que tú regresaras en un tiempo posterior y pidieras al imperio que te dejara volver a ocupar tu lugar, cuando ese lugar había sido esperado por tanta gente que quería esas posiciones lucrativas y escasas de cobrador de impuestos. De manera que cuando Mateo se levanta ese día y sigue a Jesús, él tenía una idea de que probablemente jamás volvería. Y seguirle, y saber, y pensar, y ver que él le sigue con una sola palabra: "Sígueme." ¡Wow!
Nadie se resistía a la voz del Maestro. Ni el viento, ni el mar, ni la higuera que es maldecida, ni los discípulos cuando son llamados. Su voz y su gracia son irresistibles cuando Cristo llama, y lo vemos en la vida de estos hombres.
En este caso es Leví. Leví es el nombre que Marcos y Lucas usan para hablar de la persona que estaba siendo llamada, pero Mateo en el pasaje de lo que lleva su nombre usa el nombre de Mateo. De manera que pensamos que Leví y Mateo se refieren a una misma persona, lo cual no sería infrecuente en aquella ocasión. Tú sabes que Simón también era llamado Pedro. Sabemos que Marcos, el evangelista que estamos analizando o estudiando, también era llamado Juan. Juan Marcos. Ahora tú tienes a Leví y Mateo. En ocasiones ambos nombres eran hebreos o semíticos, y en otras ocasiones uno era hebreo y el otro era griego, pero era una costumbre bastante generalizada el que la persona tuviera más de un nombre. Quizás similar a nuestros días, cuando la gente tiene un nombre y tiene un apodo. La gente se llama de una manera pero le dicen de otra manera completamente diferente, y eso es también más o menos común y aceptado en medio nuestro.
Leví está en Capernaúm. El Maestro ha regresado a Capernaúm, está caminando la orilla del lago, y se asume entonces que como cobrador de impuestos él probablemente trabajaba para Herodes Antipas. Capernaúm estaba situado en una zona limítrofe entre el tetrarcado de Herodes Antipas y el tetrarcado de Herodes Filipo. Estos dos Herodes eran hermanos. Herodes el Grande se había casado y tenía diez esposas. Él tuvo hijos con cada una de esas esposas. Herodes Filipo era hijo de una de esas esposas, y Herodes Antipas, que era el tetrarca de Galilea y de Perea, era hijo de otra de esas esposas. Cuando tú viajabas de una región a otra, tú tenías que pagar impuestos, y ahí estaba Leví en Capernaúm precisamente para garantizar que estos impuestos se pagaran.
El sistema de pago de impuestos en el Imperio Romano era un poco complejo. Había impuestos que tenían que ver con la tierra. Si tú producías, cultivabas la tierra, tenías que pagar impuestos. Roma cobraba eso directamente. Había otros impuestos que todo el mundo tenía que pagar. Si tú eras varón, desde la edad de catorce años hasta los sesenta y cinco tenías que pagar impuestos, y si tú eras mujer, desde la edad de doce años hasta los sesenta y cinco tenías que pagar impuestos. Roma cobraba esos impuestos directamente.
El resto de los impuestos era cobrado de otra manera. Había un recaudador de impuestos que subcontrataba el cobro de impuestos. De manera que el imperio se ponía de acuerdo con Leví, por ejemplo, le decía: "Ahí tú tienes toda esta área y tú tienes que traer al imperio equis cantidad de dinero al año en impuestos. Lo que tú cobres por encima de eso es tuyo." Eso se prestaba entonces a la extorsión, y como la comunicación era tan mala en aquellos tiempos, nadie realmente sabía bien qué cosas pagaban impuesto y qué cantidad se pagaba. Entonces ahora tú estabas a la merced de estos recaudadores inescrupulosos que cobraban enormes cantidades de dinero por cosas que quizás a veces no era necesario pagar.
Esa es la razón por la que había tanta, tan mal sabor y tan mala disposición hacia los recaudadores de impuestos, que eran considerados como una clase por sí sola, por separado, y que la Mishná y el Talmud, que recogen las tradiciones y las enseñanzas de los rabíes, colocaban a los recaudadores de impuestos a la misma altura de los asesinos y de los ladrones. Si tú eras recaudador de impuestos, tú tenías prohibido entrar a la sinagoga. Si tú eras recaudador de impuestos, yo entraba en contacto contigo y ahora era declarado impuro, era declarado inmundo. De manera que esta gente, estos judíos y fariseos y sus rabíes tenían un rechazo especial por ellos. Tú no podías recibir dinero de recaudadores de impuestos u ofrendas porque el dinero era considerado inmundo, era considerado contaminado, de manera que se te prohibía eso. Tú no podías ser testigo en una corte judía si tú eras recaudador de impuestos. Tú no podías ocupar la posición de juez en una corte si tú eras recaudador de impuestos. Esta gente pertenecía a una categoría por sí sola debido a todo este trasfondo que existía con ellos.
Imagínate ahora que con ese trasfondo Cristo tiene la osadía de ir donde Leví, interceptar su vida y hacerlo parte de su círculo íntimo. ¡Wow! El círculo que Jesús reunió no tenía muy buena reputación. Primero tenía a un Simón el zelote, de los revolucionarios zelotes. De esos revolucionarios, Jesús recogió a uno. Ahora se le ocurre la brillante idea de buscar a un recaudador de impuestos, judío que se había vendido al sistema. No había nadie más rechazado que un recaudador de impuestos vendido al sistema para cobrar el impuesto al pueblo judío. Era considerado un traidor. Tenía dos hermanos que eran llamados hijos del trueno, y tenía uno de ellos que a la hora de la prueba negó al Mesías tres veces y dijo que nunca lo había visto ni lo conocía. Este no era el "dream team." Parece el equipo. Un equipo de reputación cuestionable, cuestionado todo el tiempo por la población.
Cuando tú haces ministerio, si tú vas a comenzar a hacer ministerio mañana, tú tienes que entender la noche antes que tú estás a punto de entrar a una región de alto riesgo. Ministerio es riesgo. Tú estás entrando a un terreno minado. Y los riesgos van desde la actitud de rechazo hasta la actitud de persecución que esta gente experimentó en su momento. Pero a la hora que tú comienzas a formar un equipo, también hay otros riesgos que vienen con la formación del equipo y que originan críticas y rechazos. Eso es parte de él. Tú tienes al Maestro que recogió a esta gente, pero también recogió a alguien que se iba a bajar, que al final lo traicionó y lo vendió por treinta monedas de plata. Tú tienes a un Demas que abandonó a Pablo y se fue al mundo. Tú tienes a un Marcos que en un momento dado abandonó a Pablo en Panfilia, y a Bernabé, y los deja seguir solos.
Tú tienes aún a Diótrefes, que Juan dice en su tercera carta que no se sometía a lo que él decía y a sus enseñanzas. De manera que una y otra vez tú en el ministerio enfrentas los riesgos del rechazo, de la persecución, pero ves también los riesgos a la hora de formar el equipo de trabajo y la inconsistencia que a veces aparece en los testimonios de aquellos que se unen.
Marcos está relatando ahora el llamado de Leví y el cuestionamiento de la persona de Jesús por haberle llamado. ¿Cómo es que se reúne con recaudadores de impuestos? El llamado de Leví levantó suficiente sospecha y fue escandaloso, y esa es la naturaleza de la gracia: la gracia es escandalosa. Cuando esta mujer viene, conocida en el pueblo como una pecadora, y se postra delante de Jesús y le adora y le besa los pies, lo primero que estos fariseos y discípulos alrededor de los fariseos pensaron fue: si este hombre supiera quién es la que le estaba besando los pies, no lo permitiría. Es escandalosa la gracia, y sin embargo Jesús dice que para el resto de la historia, la historia de esta mujer se iba a contar para que quedara claro lo que había hecho por él.
Pero si escandaloso fue el llamado de Leví, más escandaloso fue cuando ahora se le ocurre hacer una fiesta en su casa e invita a muchos recaudadores de impuestos. De hecho, Lucas dice que una gran cantidad de ellos vino, y ahora está reunido con Jesús en su casa. En la casa de un recaudador de impuestos ya se contaminó Jesús, y ahora va a ser ultra contaminado con todos estos otros recaudadores de impuestos, y él está ahí comiendo y bebiendo con ellos. El que estaba fuera con toda probabilidad lo había dicho: yo te lo dije, ese hombre no tiene nada bueno, ahí lo está probando.
Te imaginas que tú vayas a cenar con un grupo de las personas más rechazadas en la sociedad. ¿Cuáles serían esos hoy en día para nosotros? Ponle nombre, el que tú quieras. Y que tú me veas, bueno, pudieran ser homosexuales, traficantes, que tú me vieras cenando con ellos el día de mañana. Creo que mucha gente me haría picadillos, por lo menos verbal. Pero eso fue Jesús. Es un ministerio que originó preguntas, y sobre todo en aquel contexto, porque sentarse a la mesa, yo no creo que muy distinto, sentarse a comer con alguien en el contexto hebreo implicaba identificación con esa persona e implicaba incluso que tú aprobaras a esa persona. Y ahí está Jesús, no solamente con uno de ellos, sino con un grupo de ellos, un grupo de personas consideradas inferiores, iguales a los asesinos, iguales a los estafadores y ladrones. ¿Qué pensáramos nosotros?
Este grupo estaba rechazado por el liderazgo religioso porque era considerado fuera de la Torá. Cuando el texto habla de pecadores, no se está refiriendo a personas que violan la Torá, porque ellos sabían que ellos mismos la violaban y por eso existía el sistema de sacrificio para pedir perdón. La palabra pecadores, la idea es alguien que es un impío y que está fuera de la Torá. Él no estudia la Torá, él no cree en la Torá, él no sigue la Torá, y por tanto él es un impío, él practica la impiedad. Y a ese grupo se está refiriendo el texto cuando dice que Jesús está comiendo con ellos.
Ahora, sé que algo del ministerio de Jesús que nosotros podemos afirmar es que Jesús nunca vio a las personas por lo que eran, sino por lo que ellas podían llegar a ser. Y si hay algo de nosotros que podemos afirmar es que usualmente, en la enorme mayoría de los casos, nosotros solamente vemos a las personas por lo que ellos son en el momento. Tenemos una incapacidad para proyectar la posibilidad de lo que esa persona pudiera llegar a ser e invertir tiempo en él o en ellos.
Quizás esta ilustración nos pudiera ayudar. En una ocasión, hace 500 años atrás, en los 1500, principios de, un escultor muy famoso, Donatello, pidió que se le trajera un bloque de mármol para trabajarlo, y la idea era hacer la figura de un profeta del Antiguo Testamento. En esa época los temas cristianos eran muy comunes. Un grupo de obreros empuja el bloque de mármol hacia Florencia, lo arrastra, en Italia. Pero cuando Donatello revisa e inspecciona el mármol, él se encuentra el bloque imperfecto, y debido a sus imperfecciones rechazó el bloque.
Poco tiempo después, otro escultor famoso vio el bloque, tuvo una idea en su mente de lo que pudiera llegar a ser, y comenzó a trabajar en este bloque por los próximos dos años. Al final de su trabajo lo cubrió con un lienzo, y el 25 de enero del año 1500 y cuatro hay una exposición, hay una convocatoria para develar, quitar el lienzo de aquello que había sido tallado por este escultor. Y en esa ocasión formaron parte de la audiencia los escultores Botticelli, Leonardo da Vinci y Pietro Perugino. Cuando el lienzo fue removido, era la estatua famosa de David, esculpida por Miguel Ángel. En el bloque que Donatello había rechazado, Miguel Ángel fue capaz de sacar un David de ahí que tiene 500 años de fama.
Yo creo que Jesús es así. ¿Cuánta gente que nosotros hemos rechazado en nuestra mente? Jesús la ha tomado, ha trabajado en ellos y no ha hecho una estatua de ellos, sino un testimonio viviente y ambulante de la obra de Dios en su persona. Por ahí anduvo una María Magdalena, por ahí anduvo una mujer samaritana, por ahí anduvo un Leví que escribió un Evangelio. ¿Te imaginas, de recaudador de impuestos a autor de la Biblia? Por la obra de Dios, porque Jesús se detuvo y pensó lo que podía hacer en él a través de su obra.
Los fariseos no tenían espacio en su mente para tal cosa. Escucha sus palabras: al ver los escribas de los fariseos que él comía con pecadores y recaudadores de impuestos. ¿Con quién más iba a comer si no era con pecadores? Fíjate, si no es con pecadores, ¿con quién come? Tendría que comer con los ángeles y los arcángeles que no han caído. Decían a sus discípulos: ¿Por qué él come y bebe con recaudadores de impuestos y pecadores?
El texto habla de los escribas de los fariseos. Dentro del grupo de los fariseos había un grupo que eran escribas, y la función de ellos, el rol de ellos, era garantizar el cumplimiento de la ley. Ellos reconocían que tú podías contaminarte o quedar inmundo en ocasiones por comer cierto tipo de comida o en ciertos lugares. De manera que donde ellos estaban presente, tú estabas bajo el escrutinio de qué tú estabas comiendo, con quién tú estabas comiendo, dónde tú estabas comiendo, y ellos te declaraban violador o no de la ley. Bueno, bajo esa óptica, imagínate, Jesús está en la casa de Leví. ¿Dónde está comiendo? En la casa de un recaudador de impuestos. ¿Y con quién está comiendo? Con un grupo de recaudadores de impuestos.
Ahora, eso sería como natural, yo pienso. Si Mateo ha sido llamado el día antes y él deja su mesa, o dos días antes, ahora está la fiesta, yo pienso que después de Mateo convertido, lo que él quiere es ver si Jesús puede influenciar a sus amigos recaudadores de impuestos, que ahora están en la misma situación que él estaba hace un día o dos atrás. De manera que, en cierta medida, si esa fue la intención de Mateo, que no es claramente especificada, pero si fue, Mateo ya se unió a la Gran Comisión. Él no sabe mucho de teología, pero él sabe dónde llevarlo para crear la teología. Y ahí está Jesús.
Ahora, si hay algo que a mí me impresiona de la persona de Jesús, es que Jesús no requiere el arrepentimiento como prerrequisito para juntarse con la gente. Jesús no le dice a Mateo: me invitas a tu casa, pero antes de entrar, en el patio afuera, en el jardín, yo voy a predicar la Palabra, y aquel que se arrepienta, entonces puede entrar a tu casa, yo me reúno con ellos. Sino que, como la gracia es escandalosa por naturaleza, Jesús por gracia entra y cena con los recaudadores de impuestos buscando el contacto con ellos, reconociendo que es la única manera como yo pudiera ser afectado por el satisfacer.
Y yo me pregunto si tú y yo somos así, si tú y yo pensamos así. Si tú y yo, después de ver la gente y ver que realmente se comporta como recaudador de impuestos, no hablan como tú, no se comportan como tú, no tienen el estilo de vida tuyo, tienen un vocabulario distinto al tuyo, si es nuestra naturaleza el juzgar su estilo de vida por un estándar cristiano, o si tenemos la gracia escandalosa para decir: bueno, es que son inconversos, y así son los inconversos, así era yo cuando era inconverso, y hasta que yo no fui afectado por la gracia que a mí me afectó, yo no podía ser de otra manera.
Los estudios han sido hechos: cinco a diez años después de nuestra conversión, prácticamente tenemos cero amigos inconversos. Y la excusa usualmente es que ya yo no me puedo relacionar con ellos. ¿Y quién los va a alcanzar? Conversos. Y yo estoy aquí esta mañana para sonar la campana, es decir, tenemos que tener mucho cuidado porque nos volvemos farisaicos en el proceso, y de repente, sin darnos cuenta, también nosotros nos consideramos tan superiores al inconverso que realmente ya no me considero digno de juntarme con ellos en ningún escenario, de ninguna manera.
Yo no leo en Marcos, aunque es posible, pero no lo leo, que necesariamente Jesús predicara ese día. Quizás simplemente se limitó a comer con ellos, reconociendo que dejó los puentes hechos para luego entonces poder tener el resto de la historia. Porque a veces pensamos que en el primer encuentro yo tengo que convertirlo para edificarlo. Y entonces te pasa como a mí me pasó. Yo me senté en Estados Unidos en la cafetería del hospital con médicos judíos amigos, y a los cinco minutos yo estaba tratando de predicarle el Evangelio. Él, que estaba aquí a la izquierda, se volteó y me mira a los ojos y me dice: déjame hacerte una pregunta, ¿tú estás aquí buscándome porque tú quieres convertirme, verdad? Yo no sabía lo que iba a decirme. Subieron y me bajaron, y estoy pensando: qué digo, qué respondo. Pero decidí ser honesto: bueno, sí. Y él me ayudó a ver, no recuerdo sus palabras siguientes, pero me ayudó a ver: ¿es el único interés que tú tienes en mi persona?
Yo no tengo ningún interés en tu persona como tal, sino que tú me ves como un potencial convertido. Y ese día yo decidí que no iba a salir más como un tiro al blanco, como un cazador: "Aquí hay una presa, el Evangelio, el Evangelio, el Evangelio". Porque esa no es la manera de vivir. Tienes que relacionarte con ellos, crear un puente, crear un vínculo y cruzar el Evangelio por el puente. Y tú no sabes lo que Dios hace cuando ese puente se establece.
En el año 1980 yo me gradué, y en mi graduación había un médico muy conocido en el momento, de mucha reputación. Estuvo en mi casa, hablamos como hasta las once de la noche. Esa noche yo había invitado a quien es mi esposa hoy a que viniera a nuestra casa. Era mi día de graduación, no era mi novia todavía, era como mi primera salida. Pero iba a ser en mi casa la noche de mi graduación, y debido a que este médico estaba ahí conmigo —yo tenía 22 años— no sabía ni qué hacer ni cómo comportarme. No sabía cómo decirle que tenía que buscar a alguien que me estaba esperando. Yo llegué tres horas más tarde a buscarla. Ella estaba esperando. Se casó conmigo finalmente.
Bueno, ese no es el punto. El punto es que yo continué intermitentemente manteniendo el puente con él. Y bueno, finalmente me voy un día afuera, mantenía cierto contacto. Y recientemente su esposa estuvo comenzando a visitar nuestra iglesia, y me abordó el médico, que quería que yo lo visitara. Y pasaron los días, pasaron una semana y yo no había ido por diferentes razones. Pero la noche que hicimos el lanzamiento de Misión Antioquía, yo me fui a la casa pensando en su nombre. Y pensé que sería una hipocresía estar hablando de Misión Antioquía cuando tú tienes a alguien que te ha pedido que lo visites y tú no has ido.
Una era que al otro día en la mañana, temprano, yo llamé a su esposa y le dije que quería ir, y fui. Pasamos como hora y media juntos. Él recibió al Señor de una forma muy sincera. Su esposa dio testimonio de cómo luego botó los santos y todas las estatuas que tenía, y cómo tenía mucha paz, y ahora ora todos los días.
La historia tiene un final, porque termina ayer. Recientemente, hace dos semanas, iba afuera y él pidió que yo fuera a su casa en la mañana a orar con él. Y yo fui muy contento. Me dio testimonio de su conversión. Por primera vez un hombre me besa en la cara. No podía hacer nada porque ya lo tenía pegado. Pero estaba muy contento. Ayer me llamaron que había muerto en Estados Unidos. Y entendí una vez más que los puentes pueden construirse en 1980, pero si Dios los construye, serán usados para que cruce el Evangelio. Y eso es algo que nosotros necesitamos mantener.
Esteban estableció puentes. Pablo estableció puentes. Nosotros necesitamos establecer puentes. Es parte de la satisfacción.
Yo creo que nosotros estamos demasiado acostumbrados a vivir tranquilos donde estamos. Y en reflexión de este pasaje, vino a estrellarse a mi mente una vez más la enorme falta de excitación y ánimo que ocurre cuando nosotros oímos hablar de misioneros que se van a alcanzar los pueblos no alcanzados con el Evangelio. Está muy bien, pero a tres pies de mí, en mi oficina, hay una persona no alcanzada que no me produce ninguna excitación, ningún estado de ánimo para yo alcanzarlo. Y Dios me hacía ver lo farisaico de ese corazón.
Es estar tan contento con aquello que está tan lejos, donde yo no puedo ir ni llegar, y el que está aquí a mi lado, también en la misma condición no alcanzada, o mi vecino que yo veo cuando salgo a buscar el periódico, no alcanzado, no me produce el mismo estado de excitación de: "¡Wow, si yo pudiera alcanzarlo!". Porque el indio de la jungla es exótico y el vecino de al lado no lo es. O es más rimbombante el indio de la jungla. Puede ser más religioso, pero no es más bíblico. Este está a mi lado, alcanzable por mi persona, donde Dios me ha llevado. O está viviendo al lado mío, donde Dios me ha llevado a vivir, para que yo cruce el Evangelio. Y yo necesito entonces pensar en la vida y tratar de llegarles, porque para eso Dios me ha llevado.
Yo creo que a lo largo de la historia los cristianos han cometido uno, dos o tres errores. Uno es el error separatista: ya no me junto, ya yo no pertenezco al círculo, ya no lo quiero ver, no lo quiero saludar, ya más nunca. El otro error es entonces el otro extremo: que nos asociamos tanto que nos asimilamos, y ahora somos como ellos. O tratamos de poner un pie en el reino de los cielos y un pie en el reino del mundo, y tratar de vivir de esa manera. Y esa posición es imposible de vivir. Como que no sabemos mantener vidas balanceadas, no sabemos cómo hacerlo, no sabemos cómo vivir la vida cristiana como Cristo la pidió.
Y nosotros necesitamos balancear esa vida si queremos ser ciudadanos de la satisfacción, y si queremos ir abrazando mejor Misión Antioquía, como les hemos estado hablando.
Bueno, Jesús hizo el contacto con este grupo, y al hacer el contacto con este grupo es criticado. Y en el momento que es criticado, Él responde de una manera que nos permite llegar a mi tercer punto, que es la misión de Jesús articulada por Él mismo. Escúchenla, versículo 17: "Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores".
Jesús establece una ilustración, hace uso de una ilustración para que nosotros veamos lo ridículo, si me permiten usar la palabra, de la crítica que le acaban de hacer. Imagínate que yo estoy como médico en mi consultorio, venga un paciente y entre y me diga: "Doctor, yo estoy muy mal, tengo tres semanas con fiebre, estoy tosiendo, me duele mucho el pecho, estoy deshidratado, estoy vomitando", y que yo le diga: "Bueno, dé media vuelta, porque usted está muy enfermo. Yo estoy aquí para ver a sanos". ¿Qué? ¿Ustedes pensarían que yo estoy de psiquiatra?
Bueno, Cristo está articulando la misma verdad en relación al alma: yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores. Este grupo de recaudadores de impuestos es lo que ellos son: pecadores. Para ese grupo fue que Él vino.
Dentro de los pecadores pudiéramos hacer dos grupos: pecadores que son pecadores y lo saben, y personas que son pecadores, no lo saben y no lo reconocen. Pero ese está peor, porque si yo tengo cáncer y lo sé, lo reconozco, me están tratando, yo estoy mejor que aquel que tiene cáncer, no lo sabe y por tanto no lo están tratando.
Y eso es lo que Jesús está tratando de ilustrar: que Él ha venido precisamente para esa gente, como la samaritana, María Magdalena, Leví, Pedro, los hijos del trueno, Simón el zelote, Pablo perseguidor de la Iglesia. Él ha venido para esa gente, para esa gente precisamente ha venido. Y eso consiste su misión: en restaurar a esta gente. Pero tienen que haber instrumentos de la restauración, a través de quienes Él trabaja.
Bernabé fue un instrumento en la vida de Pablo. Cuando a Pablo no lo querían aceptar, él es introducido a la comunidad cristiana por Bernabé. Él se tomó el riesgo de hacer eso con Pablo. Se tomó el riesgo de hacer eso con Marcos, cuando Pablo no quería llevarlo en su segundo viaje misionero, y se llevó a Marcos, el autor del Evangelio que hoy estamos estudiando. ¿Por qué? Porque Bernabé se tomó el riesgo de seguir trabajando con él. El ministerio involucra riesgos.
Este grupo de líderes estaba enfermo. Lo peor de todo es que el liderazgo religioso estaba enfermo y no lo sabía. Cristo vino para ese liderazgo religioso también, pero ellos no podían hacer uso de la medicina porque no reconocían su enfermedad.
Ahora, Mateo, cuando relata este evento de su conversión, en este momento donde está anunciando y articulando la misión de Cristo, agrega una frase que yo creo que trae mucha luz. Escucha lo que Mateo dice, capítulo 9, versículo 13 de Mateo: "Mas id y aprended lo que significa: misericordia quiero y no sacrificio", es la frase, "porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores". Es Oseas 6:6 la cita que está haciendo, mencionada ahí por Mateo.
Y básicamente Oseas fue un profeta del reino del norte en un momento dado en que los sacrificios del pueblo de Israel estaban contaminados por su vida. Y lo que Cristo está diciendo es: "Yo no quiero estos sacrificios que ustedes me traen cuando estos son sus estilos de vida. Yo preferiría que ustedes pudieran tener una vida de aprecio por la misericordia, que los llevaría a estar más en unísono con lo que es mi estándar, y por tanto a prestar atención al otro, al pecador, a quien vosotros tendréis que perdonar, etcétera, etcétera, etcétera. Pero yo no quiero sacrificios".
Eso yo creo que si lo traemos al día de hoy sería semejante a esto: venimos a la iglesia, cantamos, levantamos las manos, venimos a los estudios bíblicos. Esos son nuestros sacrificios. Pero luego no tengo nada de misericordia con el inconverso que trabaja al lado mío, o que vive al lado mío, o que camina conmigo. No tengo nada de misericordia hacia él. No tengo nada de misericordia. Para lo que me conviene lo critico, lo juzgo, en vez de tratar de establecer un puente que eventualmente me permita cruzar el Evangelio de la gracia a través de él.
Yo creo que a nosotros, entonces, si nos comportamos así, Cristo pudiera bajar y decir: "¡Eh, misericordia quiero y no sacrificio! ¿Por qué no te llenas de misericordia y dejas de ofrecer mis sacrificios? Porque cuando te llenas de misericordia, lo que vas a hacer con la misericordia será un mejor sacrificio, más grato, de mejor aroma a mi presencia, que lo que vienes haciendo hasta ahora".
Yo creo que nosotros necesitamos reflexionar sobre esto, donde yo estoy. Porque para entrar en la satisfacción, para entrar en lo que es Misión Antioquía, yo voy a necesitar una mayor dosis de misericordia hacia aquellos que tienen un estilo de vida y una condición de pecador como yo estaba un tiempo atrás. Que me mueve a la acción. Lo que me mueve a la acción es la misericordia que siento. Si no siento misericordia, no voy a ser movido a la acción.
Lo que me mueve a hacer algo por un paciente en ocasiones es la misericordia que siento al ver su dolor. Pues lo mismo con su alma: lo que no nos motiva es la falta de misericordia. Hacer misericordia hacia aquel que me queda al lado, y la razón por la que no me motiva es porque está tan cerca que es a mí que me toca. Aquel está tan lejos en el campo misionero, que le toca a otro, y qué bueno que yo puedo apoyarlo con un cheque mensual. ¡Gloria a Dios, qué maravilloso es! Pero, ¿no sería igualmente maravilloso si yo me convierto en misionero a tres pies de mi escritorio o a una casa de la mía? Tenemos que movernos en masa.
Y quizás esta historia final nos ilustra y nos cierra. Cuando Oliver Cromwell subió a la corona de Inglaterra en los años 1600, primera mitad de los 1600, hubo una crisis económica y no había plata para hacer monedas. Entonces él dio orden finalmente, en la desesperación, que visitaran las iglesias en busca de alguna plata que pudieran encontrar. Bueno, sus guardias y oficiales visitaron las iglesias y le reportaron que la única plata que existía era la plata de las estatuas de los santos. Y Cromwell respondió y dijo: "Pues derritan a los santos y pónganlos a circular."
Yo creo que Dios tiene que derretirnos y ponernos a circular. Que Dios tome los santos, los derrita y nos ponga a circular, de manera que la Gran Comisión pueda llegar a realizarse con nosotros en medio de nuestra masa. Misión Antioquía puede llegar a ser, porque con los santos no circulando no se puede hacer misión. Que Dios tenga compasión de nosotros, nos perdone nuestra inactividad y que tenga gracia para derretirnos y ponernos a circular. Para la gloria de su nombre y la expansión de su reino. Amén.