Integridad y Sabiduria
Sermones

Jesús es el jubileo

Miguel Núñez 29 diciembre, 2013

El año del jubileo en Israel representaba libertad, cancelación de deudas y restauración de todo lo perdido. Cada cincuenta años, los esclavos eran liberados, las tierras volvían a sus dueños originales y las deudas quedaban perdonadas. Cuando Jesús se levantó en la sinagoga de Nazaret y leyó el texto de Isaías sobre el ungido que proclamaría libertad a los cautivos y el año favorable del Señor, cerró el rollo y declaró: "Hoy se ha cumplido esta escritura que habéis oído". En otras palabras, él mismo era el jubileo, la emancipación definitiva del alma humana.

Cristo vino a proclamar el evangelio a los pobres, pero no solo a los materialmente necesitados, sino a aquellos capaces de reconocer su bancarrota espiritual. El pastor Núñez lo ilustra con claridad: nuestras mejores obras son como dinero falso, lucen genuinas en la superficie pero carecen de respaldo ante el escrutinio divino. La libertad que Cristo ofrece es para cautivos del alma, para ciegos espirituales cuyo pecado les oculta su propia condición mientras les hace sentir bien.

Lo sorprendente de aquel día en Nazaret es que la misma audiencia que se maravilló de las palabras llenas de gracia, minutos después quiso despeñar a Jesús. Admirar el sermón no equivale a entregar la vida. Como Churchill y Roosevelt exigieron a Hitler rendición incondicional, Cristo no negocia: requiere entrega completa. Este sigue siendo el día favorable del Señor, el tiempo de su misericordia. El próximo puede ser el día de su venganza.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Hoy tenemos niños en el día de hoy. Bienvenidos a la hermosa congregación. Voy a invitar a abrir el Evangelio de Lucas, capítulo 4. Hoy no vamos a estar en el Evangelio de Marcos; seguimos en un paréntesis. Algunos dirán "qué pena" y otros dirán "qué bueno". Lucas, capítulo 4.

Me lo decía al grupo anterior, que estos son días de muchos afanes, donde mucha gente ha estado celebrando de diferente manera, en diferentes lugares. Y una de las cosas que usualmente el mes de diciembre deja como saldo cada año es algunas libras de más. Los amigos han estado tomando alcohol tratando de ahogar sus penas, para descubrir que las penas sobrevivieron el mes de diciembre y no se ahogaron. Y entonces supieron nadar, así es, y encontrarse en enero con cierto desánimo y demás. Y ese símbolo como que se repite. Entonces, a principio de enero hacemos nuevas resoluciones que no van más allá de enero 15. Se rompen, vuelven y se hacen el próximo enero.

Y debido a eso, en cierta medida, yo creo escoger este texto de Lucas 4 para cerrar el año. Yo creo que es un buen texto para recordarnos algunas cosas, tanto aquellos que ya hemos creído como cualquier otro que pudiera estar aquí en esta mañana y que aún no ha creído. Es un buen texto para recordar quién es Cristo. Y con eso, yo quiero invitar a que, comenzando en el versículo 14, capítulo 4 de Lucas, podamos leer hasta el 22.

"Jesús regresó a Galilea en el poder del Espíritu, y las nuevas acerca de él se divulgaron por toda aquella comarca. Y enseñaba en sus sinagogas, siendo alabado por todos. Llegó a Nazaret, donde se había criado, y según su costumbre entró en la sinagoga el día de reposo y se levantó a leer. Le dieron el libro del profeta Isaías, y abriendo el libro, halló el lugar donde estaba escrito: 'El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar el evangelio a los pobres. Me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos y la recuperación de la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año favorable del Señor.' Cerrando el libro, lo devolvió al asistente y se sentó. Y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: 'Hoy se ha cumplido esta satisfacción que habéis oído.' Y todos hablaban bien de él y se maravillaban de las palabras llenas de gracia que salían de su boca, y decían: '¿No es este el hijo de José?'"

Ahí está el pasaje. No es un texto acerca del nacimiento de Jesús, pero es un pasaje que nos deja ver claramente la razón por la cual él nació. Y la misión de Jesús ha sido definida, fue definida por él de diferentes maneras, en diferentes momentos, no de una manera contradictoria sino más bien complementaria. En una ocasión, Jesús dijo que él había venido para dar su vida en rescate por muchos. En el mismo texto, en el mismo versículo que él dijo eso, Jesús también dijo que él no había venido a ser servido sino para servir. Más adelante dijo que él no había venido a abolir la ley sino a cumplirla, y cada una de esas fueron funciones o parte de su misión.

En otra ocasión, perdón, Jesús, ya al final de sus días, las últimas horas, en un diálogo, en una conversación con Pilato, él dijo que "para esto yo he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad." Y sin embargo, este día que él se levanta en Nazaret, quizás por primera vez en una sinagoga de esa localidad, Jesús definió su misión de una forma que ellos no estaban esperando.

Y para ver entonces el texto que yo leí, yo quiero dividir la reflexión, la exposición, en tres partes. Yo quiero ver primero la presentación o la introducción del predicador. En segundo lugar, yo quiero que veamos el mensaje del predicador. Y en tercer lugar, la reacción al predicador, la reacción a la persona de Jesús.

Yo creo que la mejor forma para comenzar viendo quién es este personaje, la introducción o presentación del predicador, yo creo que la mejor forma de hacer eso es tratando de situarnos en el contexto histórico de aquel momento. Y la manera de hacer eso es teniendo una idea del flujo cronológico de los cuatro evangelios, no simplemente viendo el Evangelio de Lucas en este caso.

Cuando uno revisa los evangelios, uno se percata de que después que Jesús fue bautizado en el río Jordán, él pasa un breve tiempo en Galilea donde, en Caná de Galilea, él convierte el agua en vino. Y de ahí continúa hacia el sur, hacia Judea. Y según la mayoría de los estudiosos, probablemente él estuvo en el sur, en Judea, unos ocho, nueve meses, quizás hasta casi un año. Y es durante ese tiempo que él va al templo de Jerusalén, lo encuentra convertido en un mercado, limpia el templo. Es durante ese tiempo que él tiene el encuentro con Nicodemo. Y es durante ese tiempo que eventualmente, a su regreso hacia el norte, hacia Galilea, él tiene el encuentro con la samaritana.

Y todo esto para ayudarnos a entender por qué Lucas aquí nos dice que Jesús regresó a Galilea. ¿De dónde venía? ¿De dónde regresó? Venía del sur, venía de Judea, de haber pasado meses allí, de lo cual solamente Juan nos habla. Entre el versículo 13 de Lucas 4 y el 14, de un versículo a otro, hay un espacio de ocho, nueve, diez meses quizás, de lo cual los sinópticos no nos dicen nada, pero de ese tiempo nos habla Juan.

Y cuando él regresa, él regresa ahora al área de Galilea. Recuerden que Jesús era llamado Jesús de Galilea. Y lo primero que hace es ir a Nazaret, donde él se crió. El texto de Lucas nos dice que él regresó en el poder del Espíritu, de manera que Jesús no regresa de Jerusalén por la frialdad de los israelitas en la ciudad capital de entonces, Jerusalén, o por el pecado que encontró allí, o porque se cansó de ministrar a una gente que no respondía a su ministerio, sino que él regresa una vez más guiado por el Espíritu de Dios. De ahí que nosotros leemos que él regresó en el poder del Espíritu.

Él fue la persona que fue concebido por el Espíritu Santo. Él fue la misma persona que en el Jordán fue ungido por el Espíritu, bautizado por el Espíritu. La misma persona que es llevado al desierto por el mismo Espíritu, y ahora regresa a Galilea en el poder del Espíritu.

Y cuando lo hace, como dijimos, se fue a Nazaret. Como de costumbre, fue a la sinagoga, ayudándonos a entender que Jesús siguió las instrucciones de la ley de Moisés. Y allí fue donde él se crió, donde él creció, donde todo el mundo lo conocía desde muchacho, pudiéramos decir. Por eso es que al final del texto que yo leí hay una pregunta que dice: "¿Pero no es este el hijo de José? Este que habla con tanta gracia, con tanta propiedad, con tanta autoridad, ¿no es este el muchacho aquel que vimos crecer entre nosotros?"

Y ese día, como cualquier otro, en la sinagoga debió haber estado lleno este lugar de hombres, de mujeres, de niños. Era el lugar de la enseñanza de la Palabra. Había un solo templo, pero había múltiples sinagogas. Y lo único que se hacía en la sinagoga era el estudio de la Palabra, hasta el punto que durante la semana los niños eran enviados allí como escuelas para ser instruidos en la Torá o en la ley de Moisés. Y la costumbre era entonces que en estos servicios de la sinagoga se leía la Palabra. La ley de Moisés se leía en un ciclo de cada tres años; se leía por completo en esos tres años y se iniciaba de nuevo. Pero aparentemente, lo que tenía que ver con los profetas era leído de una forma más informal.

Y ese día Jesús está allí, y le entregan un rollo, el rollo del profeta Isaías. El texto nos deja ver por qué razón quizás se atrevieron a hacer algo como esto: porque de una u otra manera, Lucas nos dice que él era alabado por todos y que las nuevas acerca de él se divulgaron por toda aquella comarca. En otras palabras, lo que él había hecho en Judea había comenzado a subir a Galilea. Ya la gente había escuchado de su forma de enseñar, de algunos de los milagros que había realizado, y él llega con cierta reputación. Porque para predicar en la sinagoga tú tenías que ser un rabino entrenado, versado en las Escrituras, o tenía que ser quizás un visitante reconocido con reputación de maestro.

Y ese día le entregan el rollo del profeta Isaías. Nosotros sabemos que el libro de Isaías por completo puede caber en un solo rollo, porque cuando se descubrió en las cuevas del mar Muerto, se descubrió una copia completa del libro de Isaías que data de unos cien o doscientos años antes de Cristo, y esa copia contiene el libro entero en un solo rollo. Al entregarle el rollo, el rollo no tiene división de capítulos y versículos como nosotros tenemos la Biblia hoy, de manera que encontrar un texto que hoy está en el capítulo 61 de Isaías, tú tenías que conocer muy bien el texto bíblico. Y Jesús abre el rollo, encuentra el texto que quiere, y él comienza a predicar.

De manera que ahora tenemos la introducción o la presentación del predicador. Tenemos una idea de quién es: es el hijo de José, es aquel que ha estado ya en el sur, que fue pronunciado el Hijo de Dios en el Jordán, es aquel que viene en el poder del Espíritu, y es alguien que aparentemente está versado en las Escrituras.

Y ahora el mensaje, como segundo punto, del predicador. Esto es lo que Cristo lee: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar el evangelio a los pobres. Me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos y la recuperación de la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año favorable del Señor."

El texto comienza, o Jesús comienza, en una parte del texto que enfatiza la acción del Espíritu Santo sobre él: "El Espíritu del Señor está sobre mí." En el original, la preposición "sobre" aparentemente tiene otra fuerza, un mayor énfasis, que implica no simplemente que el Espíritu estaba con él o dentro de él, sino que el Espíritu era la fuerza que lo movía, lo impulsaba, que lo motivaba, que lo dirigía. Y de esa forma, entonces, Jesús está diciendo: "El Espíritu de Dios que me dirige está conmigo. En su poder yo he venido y me ha traído aquí para una función en particular, no para una misión en general, sino para una función en particular."

La palabra "Cristo" es una traducción al griego de la palabra "Mesías" en hebreo, y la palabra "Mesías" a su vez es una traducción de la palabra "ungido". De manera que cuando hablamos de Cristo o de Jesucristo, estamos hablando de Jesús el Mesías o Jesús el Ungido. Y eso es exactamente como el texto comienza: "El Espíritu de Dios está sobre mí y me ha ungido para esta función."

Lo primero que Él dice es "para anunciar el Evangelio a los pobres". Esa es la frase principal de todo lo demás, es la sombrilla debajo de la cual las otras frases continúan. Las próximas frases están subordinadas a esta primera; esta es la clave. Yo necesito entender esta frase para entender todas las demás. Pero esa es su función, y luego entonces Él dice: "para proclamar libertad a los cautivos y recuperación de la vista a los ciegos" —proclamar número uno—, "para poner en libertad a los oprimidos" —poner, número dos—, "para proclamar el año favorable del Señor" —número tres—. Eso es como Jesús define su misión, pero la sombrilla es proclamar el Evangelio a los pobres.

La palabra "pobre" en el griego tiene más de una connotación. Literalmente implicaría aquellos que tienen menos, y ciertamente pudiéramos decir de primera aplicación, si tú quieres, que el Cristo vino para atender a esos que tienen menos, a esos que por tener menos son oprimidos por aquellos que tienen más, aquellos que por tener menos tienen menos oportunidades en la vida, aquellos que por tener menos son despreciados por la sociedad, son abusados, son dejados a un lado. Pero a la vez, aquellos que por tener menos están más abiertos al Evangelio, aquellos que no tienen las manos llenas —porque si tus manos están llenas, Él no tiene nada que darte—, aquellos que por tener su vida más vacía tienen más necesidad de que alguien, como Dios, venga y llene esas necesidades. Esta es una acepción: aquellos que no se consideran autosuficientes porque les hacen falta muchas cosas, no se consideran autodependientes.

Y de hecho, esto es como la iglesia creció en el siglo primitivo: creció con gente que tenía poco, poca distinción, poca sabiduría, poco nombre, poca fama. Pablo le escribe a los corintios y nos deja ver la realidad de eso que yo acabo de decir, en la primera carta, capítulo 1, en el versículo 26 al 29: "Porque mirad vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, no muchos poderosos, no muchos nobles. Antes lo que es la locura del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios, y lo que es la flaqueza del mundo escogió Dios para avergonzar lo fuerte. Y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, para que ninguna carne se jacte en su presencia."

Ahora, obviamente la palabra "pobre" tiene que tener otra connotación, porque de lo contrario la misión de Jesús hubiese sido para un grupo social solamente, y a la luz de la Palabra de Dios sabemos que no, que el Mesías es para todos. La pregunta entonces: ¿a qué clase de pobreza nos estamos refiriendo? La peor pobreza no es la material, aunque así no parezca por un tiempo. Si tú tienes tus cuentas de banco llenas y no tienes un encuentro con Cristo en este mundo, y llegas a la eternidad sin ese encuentro, cuando pasas la línea de la eternidad descubrirás cuán pobre eres. Pero si por otro lado no tienes nada en el banco, no tienes nada en el bolsillo, pero tú tuviste un encuentro con Cristo de este lado de la gloria, cuando cruces la línea de la eternidad descubrirás cuán rico eres cuando se te diga que eres coheredero con Cristo y puedas descubrir sus riquezas en gloria.

De manera que Lucas nos está hablando de una pobreza espiritual que es mucho mayor que la pobreza material que pudiéramos experimentar. De tal forma que cuando Cristo vino a proclamar el Evangelio a los pobres, está refiriéndose a aquellos que pueden reconocer su pobreza espiritual, su ausencia de méritos, aquellos que pueden reconocer que en cuanto a la moralidad se refiere ellos están en bancarrota espiritual, que no pudieran pasar la examinación de Dios, que tienen una deuda tan grande, tan enorme, y aun pasar a la eternidad trabajando para Dios y tratando de hacer buenas obras quedarían endeudados.

Yo decía esta mañana que si pudiéramos ilustrar eso y pudiéramos comparar nuestras obras con dinero, nuestras obras son como dinero falso. La papeleta falsa en la superficie luce como la original, pero carece de respaldo. Y de esa misma manera, nuestras buenas obras pudieran parecerse a las originales en la superficie, pero no tienen respaldo, no tienen fondo. Pudiera una papeleta falsa pasar mi escrutinio, pero no el escrutinio del experto. De esa misma manera, una obra buena pudiera pasar el escrutinio de los hombres, pero no pasa el escrutinio de nuestro Dios.

La mala noticia es que mis mejores obras son insuficientes. La buena noticia es que si yo reconozco eso, entonces Cristo vino para proclamar el Evangelio a mi persona, a aquellos que reconocemos nuestra pobreza espiritual. De manera que hay una mala noticia y una buena noticia. Cristo trató de comunicarlo de otra manera cuando dijo: "Yo no he venido para llamar a justos, sino a pecadores." No he llamado a justos porque no hay ninguno. Yo he venido para llamar a pecadores, aquellos que lo entienden, que lo reconocen.

Ahora, reflexionando con el grupo anterior yo decía: nosotros somos tan capaces que en ocasiones, conociendo todo eso que yo acabo de decir, comenzamos a trillar un camino de espiritualidad por el camino correcto y comenzamos a contar ahora lo que parecen ser nuestras riquezas espirituales, como si ellas tuvieran el fondo necesario o el respaldo para respaldarnos a nosotros. Y el apóstol Pablo pasó por esa experiencia. Antes de conocer a Cristo él estaba en el judaísmo, él estaba en la religión oficial que Dios mismo había establecido. Y estando en la religión oficial establecida por Dios, él se consideraba muy rico espiritualmente cuando pensó que él había sido circuncidado al octavo día, algo que la ley prescribía; cuando pensó que él era del linaje de Israel, a quienes pertenecían los pactos y las promesas; cuando pensó que era de la tribu de Benjamín, el último hijo de Jacob, el rey de reyes; en cuanto a la ley, fariseo —¿qué podía ser mejor que un fariseo fiel, celoso?—; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible.

Todas esas cosas para Pablo eran sus riquezas espirituales, pero cuando él se encuentra con Cristo resulta que aun sus riquezas espirituales estaban en bancarrota, porque no las había perseguido según la fe sino según la ley. Mientras Pablo pensó de esa manera, el Evangelio no era para él. Finalmente, cuando Pablo cambió su forma de pensar, entonces él descubrió el valor del Evangelio.

Y ese día entonces Jesús comienza diciendo que Él vino, Él fue ungido para una misión especial que era el anunciar el Evangelio a los pobres. Y debajo entonces de esa gran sombrilla sigue diciendo, en segundo lugar: "El Espíritu de Dios está sobre mí para proclamar libertad a los cautivos y la recuperación de la vista a los ciegos."

Evidente que Él no está hablando de prisioneros reales, porque de haber sido así su misión hubiese sido un fracaso: Él no libertó a un solo prisionero en esta vida. Pero Él estaba hablando de otra prisión, de otra prisión con otra dimensión, una prisión que es peor que las amarras de las manos y de los pies. Él está hablando de una prisión del alma, las amarras del alma, aquellas que amarran el alma y al amarrar el alma nublan el entendimiento, incendian el corazón de pasiones, destruyen tu vida, destruyen la vida de los demás y te llevan a hacer lo que a veces no quieres hacer, y no haces lo que a veces quisieras hacer. Aquellas amarras del alma que sofocan lo que pudiera ser el gozo de la salvación de Dios, que te roban lo que pudiera ser la paz del Espíritu de Dios. Esa alma en cautiverio, de esa prisión es que Cristo está hablando.

La mala noticia es que cada uno de los descendientes de Adán nació prisionero en su alma. La buena noticia es que Cristo vino para ellos, para proclamar libertad a los cautivos y devolverles la vista, y la recuperación de la vista a los ciegos. Una vez más, Él sanó a algunos ciegos, pero obviamente Él tenía que estar hablando de otra ceguera. Porque si tú comparas el número de ciegos que recibieron la vista aun a lo largo de los dos mil años restantes comparado con el resto de la humanidad, es un porciento muy mínimo. Y Jesús no estaba limitando su misión a aquellos que recibieron la vista orgánica, por así decirlo, sino que les está hablando de una ceguera que va mucho más allá, una ceguera que es producida por el pecado.

El apóstol Pablo entendió eso también, porque el día que el Señor se encontró con él y le explicó su misión, se la explicó justamente en términos de lo que la ceguera espiritual y el cautiverio espiritual significan. Pablo lo recordó también cuando estaba hablando ahora él cautivo, teniendo que hablar al rey Agripa y al gobernador Festo, y describir lo que escuchó del Señor en cuanto a lo que su misión era. Nosotros leemos en el capítulo 26 del libro de los Hechos que Pablo comienza a relatar a Agripa que Dios le dijo: "Levántate y ponte en pie, porque te he aparecido con el fin de designarte como ministro y testigo, no solo de las cosas que has visto, sino también de aquellas en que me apareceré a ti, librándote del pueblo judío y de los gentiles, a los cuales yo te envío". Escucha ahora para qué: "A los cuales yo te envío para que abras sus ojos, a fin de que se vuelvan de la oscuridad a la luz y del dominio de Satanás a Dios, para que reciban por la fe en mí el perdón de los pecados y la herencia entre los que han sido santificados". Escúchalo una vez más: "Para que abras los ojos, a fin de que se vuelvan de la oscuridad a la luz" —ahí está la ceguera espiritual— y mira cómo Cristo conecta esa ceguera espiritual con el cautiverio: "Y del dominio de Satanás a Dios" —ahí está el cautiverio— para que sus ojos sean abiertos y la libertad pueda ser encontrada. Cristo vino para hacer exactamente eso.

Lo que ha ocurrido es que el pecado no nos deja ver. Y el pecado no nos deja ver lo que eventualmente, una vez Cristo cura mi ceguera, sana mi ceguera espiritual, lo que en su momento llegará a ser evidente y obvio para mí. El problema es que en el camino, en el ínterin, el pecado en nosotros oculta, minimiza, distorsiona, cambia, niega la realidad de mis acciones. Y la manera como lo hace es haciéndonos sentir bien.

Imagínate a Eva en el jardín del Edén por un momento. Ella tiene algunos días quizás contemplando este árbol y esta fruta, que me imagino, como el pecado no había entrado al mundo, debía haber sido una fruta extremadamente hermosa y llamativa. ¿Tú has visto alguna de esas frutas como las ponen en los supermercados, sobre todo en Navidad? Las manzanas son más rojas que nunca, más grandes que nunca, más brillosas que nunca, las uvas por igual. Imagínate en el jardín del Edén, cultivada por Dios. Imagínate a Eva contemplando esta fruta y a alguien diciéndole: "Si te la comes, serás como Dios". Tú querrás que Eva simplemente escuchó eso y dijo: "Yo me pregunto si es verdad". Con toda probabilidad, Eva reaccionó en su interior fisiológicamente, por así decirlo, de la misma manera que cuando nosotros tenemos mucha hambre y hay un plato suculento, que es mi plato favorito, y huele muy bien, y yo comienzo a salivar lo que me voy a comer, y comienzo a soñar y a tener alucinaciones de lo que me voy a comer. ¿Tú has visto, si tienes perro, tú has visto los perros cuando tú les pones la carne delante cómo comienzan a salivar? Hay una reacción de nuestro cuerpo que nos hace sentir bien, hay hormonas que se están liberando. De esa misma manera, cuando Satanás nos sirve el pecado, nosotros nos sentimos bien, y esa sensación de bienestar nos oculta todo lo demás. Hasta que finalmente yo muerdo la fruta y descubro que detrás de la apariencia había un amargo que me fue ocultado.

Esa es la razón. Oye lo que yo dije: el pecado me oculta las consecuencias, haciéndome sentir bien, pero me oculta el pecado en mí, me oculta lo que soy, lo que estoy haciendo cuando se trata de mí, porque yo soy el que me estoy haciendo, el que se está sintiendo bien. Pero no has notado cómo yo no soy ciego al pecado del otro, que el pecado del otro tú y yo lo vemos, lo condenamos, lo criticamos, lamentablemente lo chismeamos, porque el pecado del otro no me hace sentir bien. Es el mío el que no lo veo. Pues Cristo está hablando precisamente de ese cautiverio.

Phil Ryken, en su comentario acerca del libro de Lucas, dice: "El pecado es la causa más frecuente de ceguera a nivel mundial. Nos ciega a las Escrituras, no vemos la verdad de la Palabra de Dios. Nos ciega al pecado mismo, no vemos nuestra necesidad de perdón. Nos ciega a nuestro Salvador, no vemos la salvación que Cristo tiene que ofrecer". No vemos nada de eso hasta que Cristo viene y cura nuestra ceguera. La mala noticia es que todos nacimos ciegos. La buena noticia es que Cristo vino para restaurar y devolver la vista a los ciegos.

Aquellos que estaban en bancarrota moral, aquellos que eran o que son culpables e impotentes —eso es un duro fallo: culpable e impotente de resolver mi culpabilidad—, Él vino para ellos, Él vino para nosotros. Y ahora entonces el texto que el Señor leyó dice que vino para poner en libertad a los oprimidos. A los oprimidos por su propio pecado, para ellos Cristo es su Redentor, su Perdonador. A los oprimidos por el pecado del otro, y para ellos Cristo es su fortaleza en medio de la debilidad. A los oprimidos por las enfermedades que hemos heredado como consecuencia del pecado del planeta, y para ellos Cristo es su Sanador, ya sea en esta vida o en la venidera. Aquellos que están siendo oprimidos por los poderosos, y para ellos Cristo es su Vengador en su tiempo. Para aquellos que están siendo oprimidos por la religiosidad de la religión, valga la redundancia, la religiosidad del fariseísmo del primer siglo, la religiosidad del legalismo de nuestros días. Para aquellos que están siendo oprimidos por falsos maestros, y para ellos Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Y para aquellos que están siendo oprimidos por la inmoralidad y la injusticia de nuestros días, como gritaba Habacuc: "Oh Señor, ¿hasta cuándo tú vas a permitir que mis ojos vean la injusticia?", y de esa misma manera algunos de nosotros nos sentimos oprimidos por las condiciones sociales que estamos viviendo, Cristo vino a libertar a esos oprimidos. Para ellos Él viene pronto. Maranata, ven Señor Jesús.

Luego Él termina con una frase extraordinaria: "Para proclamar el año favorable del Señor". ¿Cuál es ese año? ¿Qué implica ese año? No olvides que este texto que Jesús leyó ese día es un texto del Antiguo Testamento, de manera que la audiencia que le escuchó tenía que guardar alguna relación con esta frase "el año favorable del Señor". Y es la razón por la que algunos ven no solamente el año de la salvación que está siendo proclamado aquí, sino una relación con lo que en el Antiguo Testamento era el año del Jubileo.

El libro de Levítico, capítulo 25, describe cómo la tierra de Israel debía ser cultivada por seis años y en el séptimo año dejar que la tierra no fuera cultivada y darle descanso. Y Dios iba a producir tanta cosecha en el año seis, suficiente para el año siete y aún para el año ocho, porque en el siete era que la tierra iba a estar descansando; en el ocho se iba a estar cultivando otra vez para entonces recoger en el nueve. Y tanto insistió Dios, y tanto contenido teológico tenía esto, que cuando Dios envía al pueblo al exilio le dice que estaría fuera el mismo número de años por cada año de descanso que ellos cultivaron la tierra en violación de la ley: setenta años. Imaginas.

Pero cada siete ciclos, cada cuarenta y nueve años, había entonces en el próximo año, el año cincuenta, el año del Jubileo. En el año del Jubileo la tierra no sería cultivada, pero también en ese año del Jubileo, si yo había vendido mi tierra a alguien porque tenía necesidad, el comprador tenía que devolvérmela, porque la tierra no pasaría a mano de otro permanentemente. Y Dios dice: "Porque yo soy el dueño de la tierra". En ese mismo año del Jubileo todas las deudas eran canceladas. ¿Te imaginas que mañana tú despiertes, este grupo de personas que están aquí despierten sin deudas? Hoy algunos han ven por ahí. ¿Te imaginas esa idea? Si un israelita era empobrecido y se vendía a otro israelita como esclavo porque no tenía con qué pagarle, Dios prohibió ese tipo de esclavitud, pero le dijo: "Sí lo puedes tomar como un jornalero y que esté ahí, pero como jornalero le pagas su salario. Pero en el año del Jubileo tienes que dejarlo ir a su familia, tienes que liberarlo". Y en el año del Jubileo todo lo que la tierra produzca lo vas a compartir sin costo con tu siervo, con tu sierva, con el jornalero y con el extranjero que viva contigo. Es un año de gozo, de libertad, es un año de cancelación de deuda, es un año para celebrar. Y de hecho ese año era proclamado el día diez del mes séptimo del calendario judío, que era el Día de la Expiación, el día en que todos los pecados eran perdonados.

Y ahora Cristo viene y dice: "Yo he venido. El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha ungido para anunciar el evangelio a los pobres, para proclamar la libertad a los cautivos, recuperación de la vista a los ciegos, poner en libertad a los oprimidos, proclamar el año favorable del Señor". En otras palabras, ese año del Jubileo apuntaba a mí. En mí se cumple el año del Jubileo, el año del gozo, el año de la libertad. En mí tú encuentras perdón de pecado, perdón de tus deudas espirituales, perdón de tus pecados. En mí tú encuentras lo que nunca habías encontrado antes. Este es el año favorable del Señor.

El texto dice que, cerrando el libro, lo devolvió al asistente y se sentó. Y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en Él. Imagina esto: hay un sentido de asombro que ha llenado este lugar. Espera lo que Cristo dijo después. La gente está asombrada y Él no ha terminado de hablar. Y Cristo dijo: "Hoy se ha cumplido esta satisfacción que habéis oído". Lo que en una ocasión se proclamó, que algún día vendría el Mesías, ese algún día es hoy. Ante los ojos de vosotros asombrados está el Ungido de Jehová proclamando el año favorable del Señor, porque la mayor emancipación que jamás se haya oído, la emancipación del alma humana, es por medio de mi persona.

De la misma forma que el jornalero, el esclavo vendido, recuperaría su libertad, de esa misma manera en mí tú recobras tu libertad. Al que el Hijo del Hombre hace libre, verdaderamente libre es.

De la misma manera que la tierra era devuelta a su dueño, de esa misma manera, cuando vienes a mí tú eres devuelto a mí, que soy el dueño, a mi persona. Y todo lo que se había perdido era recobrado en el año de Jubileo. En mí tú recobras todo tu tiempo perdido, toda tu esperanza perdida, todo tu gozo perdido, todas tus oportunidades perdidas; en mí tú las recobras. Yo soy el Jubileo de Israel, el Jubileo de vosotros. Hoy, esta satisface en mí. Yo creo que no quedó una sola quijada que no se abriera.

Ahora, escucha. Cristo tiene el rollo abierto, se supone que él está leyendo Isaías, lo que nosotros hoy conocemos como Isaías 61, versículos 1 y 2, pero él no terminó el versículo 2. Escucha cómo dice el versículo 2: "para proclamar el año favorable del Señor y el día de venganza de nuestro Dios." Esa última parte no la mencionó. ¿Sabe por qué? Porque esa última parte es para su segunda venida y él está hablando de la primera venida. La primera venida es el año favorable del Señor, es el año de la gracia, es el año de la misericordia, es el año del perdón, es el año de la oportunidad de salvación.

Escúcheme, si tú estás aquí sin salvación y hoy oyes su voz, no endurezcas tu corazón. Este es el día de su misericordia, este es el día de su perdón, este es el día de tu oportunidad. Su próxima venida es para el día de la venganza de nuestro Dios. No esperes al próximo día, hoy es el día, el día favorable.

Imagínate la gente escuchando todo esto a través de alguien que está totalmente ungido por el Espíritu de Dios y sin pecado. El poder de esas palabras debió haber sido extraordinario. Imaginémonos el revuelo que esa declaración debió haber producido. Y el texto dice entonces en el versículo 22: "Y todos hablaban bien de él y se maravillaban de las palabras llenas de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es este el hijo de José?" ¿Cómo es que este joven a quien vimos crecer, cómo es que este habla de esa manera y dice que hoy se ha cumplido esto en él? Pero este es el hijo de José y de María, ¿será posible? Estaban maravillados.

Ahora, maravillarse, admirar, aplaudir a Jesús, no es lo mismo que entregarle mi vida. Y de hecho la experiencia de ese día probó lo que yo acabo de decir. Recuerda que el texto comienza diciendo que Jesús regresó a Galilea en el poder del Espíritu y las nuevas acerca de él se divulgaron por toda aquella comarca, y que estaba siendo alabado, algunos textos dicen glorificado, por todos. Una vez en sentido de Dios, pero sí de testimonio. Eso es como el texto comienza.

Luego ahora yo acabo de leerte a mitad la experiencia, porque yo simplemente me detuve a mitad, no tengo el tiempo. Yo te leí que todos hablaban bien de él y se maravillaban de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. ¿Quién es este que habla como uno que tiene autoridad? Pero Jesús conocía perfectamente bien los corazones de los hombres y sabía que es perfectamente posible maravillarse del sermón, en este caso predicado por él, y no entregar la vida.

Y es la razón por la cual él le dice: "Sin duda me citaréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo. Todo lo que hemos oído que se ha hecho en Capernaúm, hazlo también aquí en tu tierra." En otras palabras, seguro que me pedirán que les haga una señal. Y Jesús comienza a confrontar el corazón de esta gente y comienza a hablarles entonces de que en Israel en los tiempos de Elías había muchas viudas, pero que Dios envió al profeta Elías no a una de las viudas de Israel, sino a la viuda de Sarepta, fuera de Israel. Y que en los tiempos de Eliseo había muchos leprosos en Israel, pero que Dios no envió a su profeta Eliseo a ninguno de los leprosos de Israel, sino a Naamán el sirio, fuera de las promesas de Israel.

Todavía están en la sinagoga el mismo día, después del mismo sermón. Cristo está ahora en la aplicación del sermón. Él leyó, él expuso, él está aplicando ahora. Y aquellos que estaban maravillados y que se maravillaban de las palabras de gracia, escucha ahora lo que dice el versículo 28 y 29: "Y todos en la sinagoga se llenaron de ira cuando oyeron estas cosas, y levantándose, le echaron fuera de la ciudad y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad para despeñarle." De la admiración a la expulsión, de maravillarse a quererlo despeñar en un solo día.

Te das cuenta por qué Jesús hace las demandas que hace. Es porque él conoce que es posible externamente reaccionar de una manera e internamente retener de otra manera. Y es por eso que Jesús requiere la rendición completa de mi vida.

Déjame traer esto a conclusión con una ilustración que usé el 25 de diciembre en la noche en otro lugar. En mayo del año 1943 se reunieron en la Casa Blanca Winston Churchill y Franklin Delano Roosevelt, presidente norteamericano, para programar un ataque final sobre Hitler hasta hacerlo capitular, rendir. La guerra continuó de una forma mucho más fiera, y cuando Hitler se percató de que comenzaban a perder, comenzaron las negociaciones. Pero tanto Roosevelt como Churchill acordaron que no habría negociaciones. La única fórmula que aceptarían era la rendición absoluta e incondicional de las fuerzas alemanas a la nueva coalición, no más, no otra.

Y de esa misma manera, el pecado que mora en nosotros escucha el sermón, escucha las maravillas de Dios, se asombra, pero cuando le piden su rendición comienza a negociar. Y a la hora de la negociación, Cristo dice: "No, la única fórmula que funcionará es tu rendición completa y absoluta a mi señorío."

Si hoy oíste la voz del Espíritu, no resistas, no endurezcas el corazón. Por una razón: este es el día favorable del Señor, este es el día de su misericordia, este es el día de su gracia, este es el día de perdón. El próximo puede ser tarde.

Si tú estás aquí esta mañana y a través de la predicación, exposición del evangelio, tú has podido entender mejor la misión de Cristo, lo que es su año favorable, el privilegio que implica estar vivo todavía en el año favorable del Señor, habiéndolo él pagado todo, ¿qué tal si antes de que este año termine, quizás hoy, tú puedas rendirlo todo a sus pies? Entendiendo lo que hemos venido hablando, lo que hemos venido cantando: Cristo fue a la satisface pagar por mis pecados, derramó su sangre, se encarnó para librarte del cautiverio del pecado, abrirte los ojos, sacarte de la opresión, de las amarras, emanciparte, y que tú puedas entonces reconocer, pedir perdón por tus pecados en base a lo que él diseñó, entregar tu vida, reclamarle como tu Salvador.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.