Integridad y Sabiduria
Sermones

Jesús en el evangelio de Marcos

Miguel Núñez 19 octubre, 2014

El evangelio de Marcos presenta a Jesús desde múltiples ángulos que revelan tanto su divinidad como su humanidad. Desde el primer versículo, Marcos declara a Jesús como el Hijo de Dios, una identidad que el Padre confirma en el bautismo y en la transfiguración, y que hasta los demonios reconocen al caer de rodillas ante él. Paradójicamente, mientras los espíritus inmundos confesaban quién era Jesús, su propia familia pensaba que había perdido la cabeza y las autoridades religiosas lo acusaban de estar poseído por Belcebú. Esto enseña algo fundamental: lo que importa no es la opinión de los hombres, sino el veredicto de Dios.

Como carpintero de una familia ordinaria, Jesús muestra que no hay tarea demasiado pequeña cuando se trata de cumplir la voluntad divina. Como Mesías Rey, enseña que no hay necesidad de luchar por preeminencia ni reconocimiento. Y como Hijo del Hombre, revela que el camino hacia la gloria pasa inevitablemente por la cruz. Él descendió desde la gloria hasta el madero para que aquellos que tenían la imagen del hijo del hombre pudieran adquirir la imagen del Hijo de Dios.

La cruz comunica cuán odioso es el pecado para Dios: tan horrible que requirió el sacrificio de su propio Hijo. Pero el viernes de aparente derrota se transformó en domingo de victoria. La piedra fue removida no para que Cristo saliera, sino para que los discípulos entraran y vieran la evidencia. La resurrección nos recuerda que no podemos juzgar los planes de Dios antes de que él termine. Lo que parece muerte puede convertirse en vida; lo que parece derrota, en victoria tardía. Servimos a un Cristo que ya no está clavado en un madero, sino reinando a la diestra del Padre.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

La semana pasada nosotros estuvimos viendo la pasión de Cristo, su dolor, su muerte, su sacrificio en favor de los pecadores, y terminamos cubriendo el capítulo 15 del libro de Marcos. Lo que sigue de manera natural, que debiéramos estar cubriendo hoy, es el capítulo 16, la resurrección. Pero no sé cuántos de ustedes recordarán que el 20 de abril de ese año fue el día de la resurrección, y en esa ocasión yo dije que iba a cubrir el texto de Marcos 16, de tal manera que en vez de predicar un mensaje fuera de la serie nos íbamos a quedar en la serie, pero nos íbamos a adelantar y vamos a predicar Marcos 16, y que cuando llegáramos ahí pues tendríamos ese texto ya predicado.

Sin embargo, habiendo terminado el capítulo 15 de Marcos la semana pasada, me parecía por un lado inapropiado terminar la serie dejando a Cristo en la tumba, porque no está ahí. Y por otro lado, yo no quería volver a repetir un mensaje que prediqué apenas hace seis meses atrás. De manera que para cumplir o para cerrar la serie, yo he querido ver en el día de hoy el Evangelio de Marcos en perspectiva, o a Jesús en el Evangelio de Marcos en perspectiva.

Y con esto no estoy hablando de un resumen simplemente de lo que vimos, sino que habiendo predicado, habiendo recorrido sesenta mensajes, ya nos vamos a detener, vamos a mirar hacia atrás, vamos a ver parte de lo que recorrimos, vamos a ponerlo en perspectiva y vamos a ver cómo Jesús luce en el Evangelio que lleva este nombre. Es una mirada retrospectiva. Nosotros veníamos caminando y viendo a Jesús prospectivamente hacia adelante, pero ahora lo vamos a ver retrospectivamente en términos de todo el terreno que hemos recorrido.

Gracias, Señor, porque una vez más recurrimos a tu Espíritu Santo para que ilumine aquello que inspiró. Y una vez más te pedimos que en esta mirada hacia atrás tú seas quien nos ayude a poner los ojos en las verdades que tú hoy necesitas resaltar. Usa tu Palabra para reavivar la llama encendida en nosotros el día que nacimos de nuevo. Mira que los vientos soplan y tienden a apagarla, mira que hay nuevos vientos que quieren volver a soplar y volver a apagarla, pero la realidad es que la llama que tú enciendes nadie puede apagar o detener. Y en esta mañana, Señor, lo que quiero pedirte es que reavives la llama en nuestros corazones. Te lo pedimos en tu nombre, Jesús. Amén, amén.

El Evangelio de Marcos, que estamos concluyendo hoy, es considerado de forma abrumadora por los académicos hoy en día como el primer Evangelio. Ocupó el segundo lugar en las Biblias que tenemos porque así fue por mucho tiempo, pero en los últimos cuarenta a cincuenta años las investigaciones han dado lugar a un mejor entendimiento de algunas cosas, y hoy en día la gran mayoría está de acuerdo que Marcos es el primero de los Evangelios. Para Marcos, en la manera en que Marcos comienza su Evangelio, nosotros podemos entender un poco mejor cuál es su énfasis. En 1:1 él comienza diciendo: "Principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios". De manera que Marcos nos deja ver que, desde la perspectiva que él está escribiendo, el Evangelio es la historia de Jesucristo el Hijo de Dios.

Desde el inicio nosotros podemos entender que para Marcos Jesús no es simplemente un mensajero, no es simplemente un hombre, no es simplemente un iluminado, no es simplemente un profeta, no es simplemente un hijo de Dios: es el Hijo de Dios. Y no solamente el Hijo de Dios, por el Hijo amado por Dios. Él revela eso en 1:11 cuando nos habla acerca del bautismo de Cristo en el Jordán, de cómo los cielos se abrieron, cómo el Padre abrió su boca y dijo: "Este es mi Hijo amado, en ti me he complacido".

Para muchos entonces este es el énfasis del Evangelio de Marcos: Jesús como Hijo de Dios. Y tiene mucho sentido. Marcos abre su Evangelio declarando a Jesús como eso, como el Hijo de Dios, y prácticamente cierra su Evangelio, como vimos la semana pasada, con una declaración similar pero de parte del centurión que está al pie de la cruz. Mira, cree eso, mira cómo muere, y cuando él vio la manera como expiró, entonces dijo: "Verdaderamente este era Hijo de Dios". El Padre lo declara como tal en su bautismo, descrito por Marcos apenas en los primeros versículos del capítulo uno, y el Padre vuelve a hacer lo mismo en el monte de la transfiguración cuando Él declara: "Este es mi Hijo, a Él oíd".

Cuando tú lees a Marcos tú te percatas que aun los demonios, al ser confrontados por Jesús, lo primero que afirman es precisamente la función de Jesús en la tierra como tal, como Hijo de Dios. Escucha a Marcos 3:11: "Siempre, oye la palabra siempre, que los espíritus inmundos le veían, caían delante de Él y gritaban diciendo: Tú eres el Hijo de Dios". La historia de ese Hijo es este Evangelio para Marcos.

Y sin embargo, años después Pablo viene más atrás y lo ve de otro ángulo, desde otra perspectiva, no contradictoria sino simplemente diferente. Y para Pablo el Evangelio es aquella cosa que Cristo consiguió a favor nuestro a través de dos últimos hechos en su vida: la cruz y la resurrección. Pablo no se enfoca básicamente en nada de lo que tiene que ver con el ministerio de Jesús, sino que su énfasis para definir el Evangelio son las implicaciones de esos dos hechos: la muerte y la resurrección de Cristo. Mira cómo lo declara en la carta que le envía a los corintios, su primera carta, capítulo 15, del uno al cuatro: "Ahora os hago saber, hermanos, el Evangelio, os hago saber qué el Evangelio que os prediqué, el cual también recibisteis, porque yo entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día conforme a las Escrituras". El mensaje de buenas nuevas detrás de esos dos eventos es para Pablo el Evangelio; para Marcos es la historia del Hijo de Dios aquí en la tierra.

Y Marcos entonces introduce esa historia comenzando con el bautismo de Jesús. Marcos no se va al nacimiento de Jesús, no dice nada de los pastores que estaban apacentando las ovejas en medio del campo y de los ángeles que vinieron y les visitaron, nada de eso. El bautismo. Y del bautismo en el Jordán al desierto y la tentación, y de la tentación en el desierto a la predicación pública de la verdad de Dios.

A partir de ahí entonces Marcos divide su Evangelio en dos mitades, no equidistantes o iguales, pero sí en dos, establece dos divisiones. La primera parte, que va del 1:16 al 8:26, y la segunda parte, la narración de la muerte de Jesús, que va del 8:27 al 16:8. La primera parte, del 1:16 al 8:26: Jesús comienza a predicar. Jesús va al bautismo, sale, va a la tentación, el desierto termina y comienza a predicar. Tan pronto Jesús comienza a predicar el Evangelio en todas sus implicaciones, o con todas sus implicaciones, comienzan los problemas relacionados al ejercicio de su autoridad. Y la realidad es que es imposible predicar el Evangelio con todas sus implicaciones sin que se generen choques con los que escuchen. En toda la historia de la Iglesia no ha sido diferente.

Juan el Bautista comienza a predicar y tuvo problemas hasta que lo decapitaron. Jesús comienza a predicar y tiene problemas hasta que lo crucificaron. Pablo comienza a predicar y tuvo problemas hasta que Nerón lo decapitó, según la tradición. Ahora, ¿cuándo tuvo Juan el Bautista problemas? Cuando comenzó a predicar en público en contra de Herodes. ¿Cuándo tuvo Jesús problemas? Cuando predicó en público, en contra, en las sinagogas, al aire libre, y aun en una casa, como fue el caso del paralítico a quien le perdonó sus pecados. ¿Y cuándo tuvo Pablo problemas? Cuando predicó en público, en las sinagogas, al aire libre, camino al templo.

Y de esa misma manera entonces hoy hay personas que quieren acallar nuestras voces. Veíamos en días atrás la alcaldesa de Houston, cómo ella citó o demandó que los pastores de aquella ciudad le entregaran bajo orden policial los sermones que predicaran en contra de la homosexualidad. Y obviamente los pastores de Houston reaccionaron y de una u otra manera respondieron: "Jamás entregaremos a las autoridades gubernamentales aquello que hemos entregado previamente a Dios y a su pueblo".

Y de esa misma manera, uno de los senadores en nuestro país publicó una ley, uno de los diarios en nuestro país la publicó, la ley más amenazante que jamás haya sido pensada para la iglesia de esta nación, tratando de acallar nuestras voces y la libertad de conciencia. Yo tengo que decir en esta mañana: no, señor senador, la libertad de conciencia está consignada tanto en nuestra constitución como en la Palabra de Dios, y jamás podemos callar lo que Dios enseñó en público. No entregaremos en privado esto, es algo que le corresponde a nuestro Dios. No puedes callarte cuando el error y la mentira sigue siendo sembrada en el corazón y en la mente de nuestros hijos.

Hay muchos que quisieran que enseñáramos en privado lo que Cristo enseñó en público, y a lo largo de los años esa es la historia de la Iglesia. Y la amenaza es que si enseñas algo que está en la Palabra que es contrario a lo que estos nuevos tratados están proponiendo, que te cierren la iglesia, y que luego de cerrártela por seis meses te la cierren permanentemente. Si nos cierran la iglesia, predicamos en el parqueo. Si nos cierran el parqueo, predicamos en las calles. Si nos cierran las calles, predicamos en los parques, en las plazas públicas. Y si nos encierran a nosotros, predicamos desde la cárcel. Pero la Palabra de Dios no será amarrada con ningún ser humano. Es su Palabra y triunfará por encima de cualquier otra cosa. La Palabra es la Palabra por encima de todo poder y autoridad.

Marcos divide su Evangelio en dos, y en la primera parte comenzamos a ver los conflictos. La historia de Jesús se puede resumir en un largo conflicto de principio a fin hasta llegar a la cruz. Pero la historia se construye sobre una tumba vacía, de manera que aun después de crucificarlo, la tumba vacía habló con más propiedad y más evidencia que cuando estaba en vida, porque no puedes callar la voz de Dios.

En la segunda parte, del 8:27 al 16:8, Jesús predice su muerte tres veces: lo hace en 8:31, lo hace en 9:31, lo hace en 10:33. Tres veces, del 8:27 en adelante, a mitad de camino, Marcos se concentra en la pasión de Cristo, comienza a enfocar todo su Evangelio en dirección de la muerte de Cristo y la anuncia tres veces, como acabamos de decir. Y más adelante entonces Jesús llega finalmente a Jerusalén, y cuando llega a Jerusalén, ¿hacia dónde se dirige? Hacia el templo, el símbolo del judaísmo, el símbolo de la ciudad. Y allí en el templo es su limpia, al templo, y ¿qué tiene? Problemas. Confrontaciones, ¿con quiénes? Con las autoridades. Lunes hubo problemas, martes hubo problemas, miércoles hubo problemas, el jueves tuvo la última cena y el viernes es crucificado.

Es la historia de la Iglesia. Cuando tú revisas la historia del Evangelio no es más que la vida de Jesús en un solo conflicto, chocando continuamente con las ideas, los errores, las mentiras, las manipulaciones de las autoridades del momento. En Marcos tú ves a Jesús chocar con los sacerdotes, tú lo ves chocar con los escribas, lo ves chocar con los fariseos, pero siempre cuando habló en público. Siempre cuando habló en público. Y si Jesús es tu modelo, ahora tú sabes cuál es tu deber, ahora tú sabes lo que debes hacer.

Por otro lado, Marcos presenta a Jesús como un simple carpintero. Los contrastes en Marcos son increíbles. Primero lo presenta como el Hijo de Dios, así lo introduce; luego lo presenta como un simple carpintero proveniente de una familia ordinaria, regular, una familia que llega a pensar que su hijo, en el caso de la madre y sus hermanos, había perdido la cabeza. Cuando Jesús comienza a enseñar y ellos llegan a la conclusión de que ha perdido la cabeza, ellos fueron a buscarlo, a buscar a Jesús para llevárselo.

Y como carpintero, Jesús tiene cosas que enseñarnos, tiene cosas que enseñarnos. Porque de una u otra manera yo puedo entender, al ver al Hijo de Dios como carpintero, que no importa cuán encumbrada sea mi posición, no hay ninguna tarea que yo pueda considerar muy pequeña cuando se trata de llevar a cabo la voluntad de Dios. Como carpintero Jesús tiene cosas que enseñarnos. Y otra de esas cosas es que los grandes hombres de Dios, incluyendo al más grande, y las grandes obras de Dios en su redención, siempre han tenido un comienzo pequeño, un mil de sencillo, casi desconocido. Cuando Jesús pasa de carpintero a maestro...

Maestro, su familia quiere buscarlo porque ha perdido la cabeza, está demente. Lo interesante es que tú encuentras esa afirmación en Marcos 3:21, y cuando tú sigues al próximo versículo, tenemos entonces el veredicto de los escribas que han bajado, descendido. Con él es el texto, y ellos pensaban que Jesús estaba poseído y echaba fuera los demonios por el poder de Belcebú.

¿Qué tú piensas ahora? Tu familia cree que tú estás demente y los escribas y autoridades piensan que tú estás poseído. Sin embargo, los demonios lo declararon santo y como Hijo de Dios. Los demonios, tú puedes creer que los demonios tenían mejor apreciación de lo que Jesús era que su familia, que sus discípulos, que la sectorial de autoridades del momento. Ellos sabían quién era. Tan pronto lo veían, ellos caían de rodillas, aquellos que estaban poseídos, y le confesaban por lo que era.

Y el hecho de que tu familia piense que has perdido la cabeza, el hecho de que autoridades piensen que tú estás endemoniado, pero que los demonios conociendo el veredicto de Dios sepan la verdad, nos enseña que lo más importante no es la opinión de los hombres sino la opinión de Dios. Puedes ver que un simple carpintero para los hombres es el Hijo de Dios para el Padre, y un Hijo de Dios puede ser un demente para los hombres. Puedes ver el contraste.

Jesús como Hijo de Dios es el tema central del Evangelio de Marcos. Otros piensan que no, que el tema central es Jesús como Mesías y como Rey. Hay evidencias de eso, pero creemos con muchos otros que realmente el peso de la evidencia no está en esa función mesiánica y de Rey, o Rey mesiánico, sino en Jesús como Hijo de Dios, por las cosas que ya hemos dicho.

Pero algo más: la realidad es que Jesús trató de ocultar continuamente su función de Rey y de Mesías. Cada vez que salía a relucir, lo hizo con aquellos a quienes sanó, a quienes les prohibió muchas veces que pudieran ir y salir y contar las cosas que Jesús había hecho. Y tú encuentras eso en 1:40 al 44 y en 5:43. En ocasiones Jesús silenció a los demonios al declarar la identidad de Jesús. Los demonios le declaraban por lo que era y Él los mandaba a callar, en 1:23 hasta el 25 y en 3:11 al 12. Y aún a sus discípulos les ordenó guardar silencio, aquellos que subieron al monte de la transfiguración y vieron aquella experiencia tan extraordinaria. Al terminar, Jesús les prohibió que pudieran contar más allá del círculo de los tres que habían estado con Él.

De manera que con esa prohibición continua y tan extensa que Jesús hizo de Él como Mesías o como Rey, se hace casi imposible para nosotros concluir que ciertamente el énfasis de Marcos pudiera ser ese. Y en el primer siglo había una expectativa de un Mesías Rey. Algunos pensaban que este Mesías sería algo sobrenatural, casi divino, y otros pensaban que sería un Mesías Rey político que venía a colocar a Israel en un lugar especial, un Mesías Rey que vendría a ejercer el poder como el mundo lo ejerce, un Mesías Rey que pudiera hacer grandes señales como las que el pueblo continuó demandando todo el tiempo, un Mesías Rey que lo hiciera pensar en un Moisés que pudo traer maná del desierto por cuarenta años consecutivos.

Y de hecho, en la tentación de Jesús tú encuentras algunos de estos elementos. Tú encuentras a Satanás tentando a Jesús para que convierta las piedras en pan, para que hiciera una señal. Si en verdad Él era el Hijo de Dios, si lo eres, ¿por qué no haces esta señal? ¿Por qué no haces lo que Moisés hizo? Y por otro lado: si te postras a mis pies, te daré todos los reinos de este mundo. Jesús, ¿no tienes ansias? ¿No tienes tú ansias como los demás reyes de esta tierra, ansias de poder, de llegar rápido y de ejercerlo como los demás reyes de la tierra? No, mi reino no es de este mundo. Además, escrito está: al Señor solo adorarás.

Como Mesías Rey, Jesús nos enseña también. No solamente nos enseña como Hijo de Dios, no solamente nos enseña como carpintero, sino que Jesús nos enseña también como Mesías Rey. Y como tal, Jesús nos dejó ver que no hay necesidad de destacarte. No tienes la necesidad de destacarte, no tienes que ocupar el primer lugar, no tienes que luchar por preeminencia, no tienes que luchar por prestigio o reconocimiento. Lo único que importa es si estás llevando a cabo o no la voluntad de Dios.

Hermanos de la IBI, en la medida en que la iglesia crece, en la medida en que cosas necesitan ser hechas, en la medida en que se distribuyen funciones, va a llegar el momento en que quizás alguien pueda haberse sentido que lo pasaron por alto, o momentos en que dos o tres personas puedan estar aspirando a ser colocadas en una misma posición. Que sea nuestra disposición el decir: hermano, tú primero; no, hermano, tú primero; no, yo prefiero que seas tú, hermano. De manera que nosotros podamos exhibir la actitud de Cristo.

Cuando Él comenzó a bautizar, mejor dicho, sus discípulos estaban bautizando, y se comenzó a circular el rumor de que los discípulos de Jesús bautizaban más que los discípulos de Juan. Y tan pronto Cristo oyó eso, Cristo dijo: Juan, te puedes quedar aquí, yo me voy, yo me retiro. Nosotros no necesitamos echar un pulso por esta región. En el reino de los cielos los últimos serán los primeros. Jesús como Rey, con todos los derechos, todas las prerrogativas, siempre se dio su lugar.

Marcos, por otro lado, presenta a Jesús no solamente como Hijo de Dios, no solamente como carpintero, no solamente como Mesías Rey. Marcos lo presenta como el Hijo del Hombre, que vino a dar su vida en rescate por muchos, en 10:45. Ese es el versículo insignia de todo el Evangelio. Este es el versículo que ha sido seleccionado por muchos para decir: este es el versículo que expresa a qué vino Jesús. Es el Hijo del Hombre que vino a dar su vida en rescate por muchos.

Y como tal entonces, como Hijo del Hombre, ahora en esta otra función que estamos revisando en este momento, como Hijo del Hombre, Jesús muestra que Él debía padecer muchas cosas y ser rechazado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y ser muerto, en 8:31. En su condición de Hijo del Hombre, Jesús muestra su humanidad: una humanidad que se cansa, una humanidad que se angustia, una humanidad que se desespera en la cruz y dice: Dios mío, Dios mío, Elí, Elí, lama sabactani, Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Una humanidad que se duele, una humanidad que experimenta dolor.

El Hijo del Hombre, su título preferido para referirse a sí mismo: quince veces en el Evangelio de Marcos, dos veces en la primera parte, trece veces en la segunda parte. Y como Hijo del Hombre Él tiene cosas que enseñarnos. No solamente como Hijo de Dios, no solamente como carpintero, no solamente como Mesías Rey, ahora como Hijo del Hombre Él tiene cosas que enseñarnos como aquel que vino a dar su vida en rescate por muchos.

Y una de las cosas que nos enseña es que el siervo tiene que estar dispuesto a sufrir la suerte con los demás hombres. El siervo tiene que estar dispuesto a sufrir la suerte con los demás hombres. No puedes ser modelo para el hombre si no vives con el hombre. Y no solamente es con el hombre, sino como el hombre. Déjame decir eso otra vez: no puedes ser modelo para el hombre si no vives con el hombre y como el hombre. Jesús no podía llevar a los discípulos de donde ellos estaban a donde Dios quería que ellos estuvieran si no vivía con ellos y como ellos, a donde ellos vivían. Y esa es una de las lecciones de Jesús como Hijo del Hombre.

¿Cómo lo hizo? Él vino desde la gloria hasta la tierra para llevarnos de este mundo terrenal a uno celestial. ¿Cómo más lo hizo? Jesús desciende hasta la cruz para ascendernos hasta la gloria. Él desciende hasta la cruz para ascendernos hasta la gloria. Él pasó de Hijo de Dios a Hijo del Hombre para que aquellos que eran hijos de hombre pasaran a ser hijos de Dios. ¿Te das cuenta la función del Hijo del Hombre? ¿Te das cuenta lo que hace, cómo lo hizo?

Y Jesús, que tenía la imagen del Hijo de Dios, tomó la imagen del Hijo del Hombre para que aquellos que teníamos la imagen del hijo del hombre pudiéramos adquirir la imagen del Hijo de Dios. Todo eso en su función como Hijo del Hombre. Jesús es nuestro modelo, ¿sí o no?

Y Jesús, nuestro modelo, sigue descendiendo para ayudarnos a ascender, reconociendo que con frecuencia nosotros rehusamos el descenso. Con frecuencia nosotros rehusamos el descenso. La disposición del Hijo de Dios es a descender; la disposición del hijo del hombre es ascender. No nos gusta mirar hacia abajo, demandamos más bien el ascenso, pero eso no es el modelo que Cristo nos dejó. De la gloria a la cruz.

De hecho, Él literalmente nos dejó estas palabras cenando con los discípulos en el aposento alto, ahora antes de su pasión. Mirando a otro evangelista ahora, Juan 13:15, Jesús hablando dice: "Porque os he dado ejemplo, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis." Para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. Eso hizo el apóstol Pablo: sed imitadores de mí, como yo de Cristo. Hermanos judíos, si fuese posible para mí aún sacarme los ojos de manera que vosotros podáis llegar a la salvación, lo haría por amor a vosotros. Porque todo discípulo, cuando es entrenado bien, es igual a su maestro, Lucas 6:40.

Como Dios, Jesús sobresale también en Marcos. Él sobresale como el mensajero que viene a derrotar a Satanás, que viene a destruir las obras de Satanás. Y tú ves eso en cada una de las liberaciones demoníacas que Jesús hace. Tú lo ves en 1:23 al 26, 3:11 al 12, en 5:6 al 13 y en 9:14 al 27. Jesús es aquel enviado del Padre que viene a derrotar a Satanás y a destruir las obras del diablo.

Jesús les dice en una enseñanza en una ocasión que nadie puede entrar a la casa de un hombre fuerte y poder destruirlo, poder deshacerlo, poder debilitarlo de diferente manera, si no lo ata primero. De manera que como Dios es claro cuál es su función: la destrucción de las obras de las tinieblas.

Al principio dijimos que Marcos presenta a Jesús como Hijo de Dios.

Dios, y como Hijo de Dios, Él tiene algunas cosas que decirnos. Como Hijo de Dios, Él nos muestra la necesidad de cumplir la ley a cabalidad; nadie más puede hacer eso sino Dios. Como Hijo de Dios, Él nos muestra la necesidad de ir a la cruz y pagar por aquellos que han violado esa ley que Él viene a cumplir. Como Hijo de Dios, Él nos muestra también la necesidad de la cruz antes de llegar a la gloria. No hay gloria sin cruz, y por eso Cristo viene a dar su vida en rescate por muchos.

El Evangelio de Marcos, perdón, nos muestra el dolor, el horror de la pasión de Cristo, la cruz misma como ningún otro evangelista: la humillación, el dolor, la vergüenza, la separación, la oscuridad, el abandono del Padre hacia el Hijo. Todo eso es mostrado en Marcos de una manera extraordinaria. Y si la cruz ciertamente tiene la función de comunicarnos múltiples cosas, incluyendo que ella es el instrumento a través del cual nuestros pecados son perdonados y la salvación es obtenida, hay algo más que la cruz debe comunicarnos.

Hay una sola razón por la que Cristo fue a la cruz, vista desde este ángulo que lo voy a explicar. La única razón por la que Cristo colgó de la cruz fue por mi pecado, tu pecado. Sin tu pecado y sin el mío, no habría necesidad para Cristo haber ido a la cruz. Cada uno de nosotros debe sentir el peso de la culpabilidad de Cristo colgado en la cruz, porque aquel que no conoció pecado fue hecho pecado para que yo pueda llegar a ser justicia de Dios en Él. Y el que no conoció mi pecado fue hecho mi pecado; ahí Él colgaba.

Y entonces la cruz debiera ser un mensaje claro, poderoso, de cuán odioso, o para usar el lenguaje de Pablo, cuán pecaminoso es el pecado. Cuán odioso para Dios es aquello que clava a su Hijo. Aquello que frecuentemente tú y yo continuamos haciendo es tan horripilante para el Padre que requirió el clavado de su Hijo. Eso debiera enviar a nosotros una señal clara de la razón por la que debíamos odiar el pecado y disparando a la dirección de la santidad de Dios, a todo lo largo y ancho de lo que es el proceso de santificación. Odioso pecado que clava al Hijo en una odiosa cruz.

Como Hijo de Dios encarnado, Él nos enseña frente a la cruz, o camino a la cruz, que el camino de regreso al Padre es la cruz. Sin la cruz no hay regreso. Sin la cruz no hay perdón. Sin la cruz no hay libertad. Sin la cruz no hay entrada. No hay mañana. No hay esperanza. Sin la cruz no hay vida eterna. ¿Te imaginas levantarte un día en la mañana sin esperanza? Levantarte un día en la mañana sin esperanza de que el día que te entierren ese día habrá terminado todo. Sin esperanza de poder volver a vivir. Sin esperanza de que aquellas cosas que has hecho en la tierra contarán para nada. ¿Cómo vives sin cruz? Esa es la vida de aquellos que no creen en el Hijo de Dios.

La cruz es donde dejamos a Cristo, y luego la tumba. La semana pasada vimos cómo José de Arimatea, un miembro del concilio del Sanedrín, va donde Pilato y le pide el cuerpo de Jesús. Pilato se sorprende porque no puede ser que haya muerto tan rápido, pero sí, así fue. Pilato le concede a José de Arimatea el cuerpo de Jesús. Compra un lienzo de lino, y a José de Arimatea, según el texto de Juan, se le une Nicodemo, otro miembro del Sanedrín. El Sanedrín que lo ha declarado blasfemo tiene dos miembros que con toda probabilidad eran discípulos de Jesús, ganados durante su vida, que luego en el momento peor de su vida, que es cuando aparentemente Jesús no era lo que decía ser, cuando Jesús murió maldito en un madero, estos dos hombres miembros del concilio públicamente van y se identifican con Jesús, y piden su cuerpo, y le dan una honrosa sepultura.

Y entonces, a partir de ahí, lo que el Evangelio de Marcos nos describe para ir dirigiéndonos hacia el final es justamente la resurrección en el capítulo 16 de Marcos. Yo voy a leer de Marcos solamente, de Marcos 16 voy a leer solamente del versículo 1 al 8. Y la razón es que de manera abrumadora, otra vez, los académicos están de acuerdo que Marcos 16 termina en el versículo 8 y no en el versículo 20. Los mejores textos, los textos más antiguos, los textos anteriores al siglo cuarto, ninguno de ellos contiene a Marcos del 9 al 20. Aunque lo que allí está contenido los otros evangelios lo avalan, lo más probable es que alguien en algún momento hizo esa adición. Y por tanto, hoy en día se considera que Marcos termina en el versículo 8 y que lo demás que está ahí tú lo puedes encontrar en los demás evangelios. No es una contradicción, sino una precisión de los documentos que ya tenemos.

Y con eso yo quiero entonces leer el último versículo del capítulo 15 y los 8 versículos de Marcos 16, donde el Evangelio termina. Marcos 15:47: "Y María Magdalena y María la madre de José miraban para saber dónde le ponían." Capítulo 16: "Pasado el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. Y muy de mañana, el primer día de la semana, llegaron al sepulcro cuando el sol ya había salido. Y se decían unas a otras: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Cuando levantaron los ojos, vieron que la piedra, aunque era sumamente grande, había sido removida. Y entrando en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, vestido con ropaje blanco, y ellas se asustaron. Pero él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado. Ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar donde le pusieron. Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que Él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, tal como os dijo. Y saliendo, ellas huyeron del sepulcro, porque un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas; y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo."

Ahí están algunas de las mujeres que estuvieron observando a Jesús desde lejos en la cruz. Son las que al otro día van temprano en la mañana para honrar su cuerpo. Ellas no fueron a la tumba a orarle a Jesús. Los judíos no le oraban ni le oran a los muertos; les estaba prohibido. Los judíos no tenían altares ni a santos ni a muertos, pero sí tenían un alto respeto por la memoria de sus seres queridos que habían pasado a la otra vida.

Y yo creo que eso en cierta medida se ha ido perdiendo. Si bien es cierto que cuando el espíritu sale del cuerpo inmediatamente ese cuerpo comienza un estado de descomposición, nosotros no podemos ni debemos perder de vista que el respeto por aquello, por lo que el cuerpo significó. El cuerpo fue hecho por el Señor. El cuerpo, para aquellos que somos creyentes, le sirvió de morada al Espíritu Santo, fue templo del Espíritu Santo. El cuerpo que yo entierro el día que la persona muere es el cuerpo que Dios piensa glorificar en un futuro, el mismo cuerpo.

Y cuando pienso en eso, entonces nosotros debiéramos poner un poco más de atención a lo que estamos haciendo el día que estamos enterrando ese cuerpo. Sabiendo que se va a descomponer, pero ese cuerpo, aun descompuesto, será glorificado por nuestro Dios. Y lo que hoy nosotros tratamos con desdén e irrespeto es lo que Dios se propone glorificar en un futuro. Y por tanto, no debiéramos tratar e incinerar como basura aquello que Dios pretende glorificar en un futuro.

Quizás alguno ya ha hecho uso de la cremación. Ciertamente ese cuerpo será glorificado, pero el punto no es si será o no será glorificado, ni tampoco estoy tratando de poner un grado de culpa sobre nadie. Simplemente ayudarle a pausar, a reflexionar, acerca del valor de algo que tiene una trascendencia que va más allá de lo que nosotros podemos ver. En medio de una sociedad minimalista que ha reducido todo a su mínima expresión, el ateo cree que cuando él siembra, por así decirlo, el cuerpo, ahí quedó todo, y él enterró un grupo de aminoácidos que perdió su vida. El cristiano, cuando él entierra a su ser querido que ha llegado a creer en Cristo, ese es su último símbolo y su última expresión de esperanza de que un día se levantará de esa misma tumba como cuerpo glorificado, y entonces unirse a su espíritu y vivir permanentemente. De manera que no debiéramos, o debiéramos pausar y pensar con detenimiento, antes de cremar, si debiéramos quemar como la basura algo que Dios pretende glorificar en un futuro.

De regreso a las mujeres que vienen a honrar el cuerpo del Señor, algo que los judíos siempre hacían, es honrar la memoria. Traen especias aromáticas y vienen preocupadas por el camino: ¿Quién va a remover la piedra? Y al llegar, la piedra está removida. Ellas se encuentran a un hombre joven en vestiduras blancas que les dice: "No os asustéis; buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado. Ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar donde le pusieron. Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro. Él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, tal como os dijo." Y saliendo, ellas huyeron del sepulcro, porque un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas, y no dijeron nada a nadie porque tenían miedo.

Pero yo creo que detrás de ese temor comenzó a germinar probablemente una pizca de esperanza. ¿Será posible? ¿Es posible que esto sea de lo que Él nos habló? ¿Es posible que ciertamente la tumba estuviera así porque algo sobrenatural ha ocurrido?

Y viste el mensaje de este joven, que no era más que un ángel, o nada menos que un ángel. Oíste lo que dijo. Es lo que dijo: que el Señor le dijo que fueran a donde los discípulos. ¿Cuáles? Los que me abandonaron. Los que no estuvieron al pie de la cruz. Los que no fueron donde Pilato a pedir mi cuerpo para darme una honrosa sepultura. Los que no vinieron temprano en la mañana a ungirme como estas mujeres vinieron. Pero cuando vayan donde los discípulos, yo quiero que de manera particular vayan donde Pedro, el que me negó tres veces, que ha tenido un fin de semana horrible, cargado de culpa, pensando que no tenía jamás esperanza de ser perdonado. Y digan a Pedro, decid a Pedro, que la esperanza de él ha resucitado.

Y la piedra removida. Pero la piedra no fue removida para dejar salir al cuerpo de Jesús, porque el cuerpo glorificado no tiene barreras, no tiene la piedra, no tiene la limitación de tiempo y espacio. La piedra fue removida para que ellas pudieran entrar y ver la evidencia: el lienzo en el piso, la tumba vacía.

Discípulos hasta ese momento solamente conocían un tipo de fe: la fe por evidencia. Pero Cristo está tratando de cultivar en ellos otro tipo de fe: la fe por revelación, la fe en su palabra que permanece para siempre, la fe en el Cristo ausente. Hasta ahora ustedes han creído en el Cristo presente: la tormenta se levanta, yo veo los vientos, el Cristo los calma, yo eso lo vi, yo eso lo creo. Jesús dice: "Bienaventurados los que no han visto y creen". La confianza en la palabra de Dios, porque al final la fe viene por el oír, y el oír por la palabra.

El Señor remueve la piedra del sepulcro, pero el día que removió la piedra del sepulcro, Él comenzó a remover otras piedras de las mentes de sus discípulos: la piedra de la duda, la incredulidad, de la mente cerrada, de la mente orgullosa, la piedra de la voluntad rebelde y aun la piedra de la oscuridad en sus mentes. Ellos necesitaban otro tipo de fe. Ellos necesitaban una experiencia para que eso no tuviera que volver a repetirse: "Hombres de poca fe". Nosotros no hemos visto y hemos creído. "Bienaventurado eres porque no has visto y has creído". El veredicto de la palabra es que Cristo es el camino, la verdad y la vida. Es la palabra que hemos creído. Satanás no puede duplicar esta palabra; él puede duplicar las señales hasta cierto punto, como lo ha hecho. Ahora, la resurrección, eso es algo que Satanás no puede negar ni puede duplicar, aunque ha tratado por dos mil años.

Pero si hay algo que esta historia nos revela es que tú no puedes juzgar los planes de Dios antes que Él termine. Nosotros tenemos un experticio en juzgar lo que Dios está haciendo y la razón por la que lo está haciendo. El viernes en la noche, antes del domingo de resurrección, el viernes se murió la fe y se perdió la esperanza en la mente de los discípulos. Y con frecuencia nosotros estamos parados en viernes determinando lo que Dios está haciendo, por qué lo está haciendo, lo que va a ocurrir y lo que no va a ocurrir, y la razón por la que todo va a fracasar. Esta historia revela que tú no puedes concluir lo que Dios no ha concluido.

Lo que el viernes parecía como una derrota, el domingo se convirtió en triunfo. Lo que el viernes era pura lágrimas, el domingo era puro gozo. Lo que el viernes fue una oscuridad densa, el domingo era una completa luz. Lo que el viernes fue un espíritu de pesimismo, el domingo fue un espíritu de optimismo. Y lo que el viernes era una derrota, el domingo era completamente transformado en victoria.

Si todas las cosas cooperan para bien, como Dios afirma, y así es, entonces tú y yo nunca tenemos derrotas. Lo que tenemos es victorias tardías conforme a nuestro entendimiento, porque esto sí cooperará para bien y lo hará conforme a su promesa: será convertido en victoria. Mi victoria puede estar retrasada conforme a mi calendario, pero no es una derrota, porque Dios es capaz de redimir mis errores del pasado, mis tropiezos del pasado, mis pecados del pasado. Y la mejor manera como Él mostró eso es el día de la resurrección, cuando para los discípulos todo había terminado, todo estaba muerto, todo estaba sin esperanza.

Yo no sé dónde tú estás con relación a la resurrección, si de este lado del agregado o de manera aplicativa. Yo no sé dónde está tu vida. Quizás tú tienes grandes piedras en el camino y ya tú has concluido: esto no va para ningún lado, esto no va a resultar, ya esto terminó, ya esto murió. Si Dios no ha concluido, tú no puedes concluir. Tienes que esperar, tienes que esperar en Dios y tienes que esperar por Dios.

Pero yo quiero que estés aquí en esta mañana para recordarte que la resurrección es la mejor señal de que nosotros servimos a un Dios sobrenatural, capaz de hacer las cosas que nosotros jamás podemos pensar o imaginar, y que llama las cosas que no son como si fueran. Es el Dios que es capaz de levantar a los muertos en delitos y pecados, y también los muertos físicamente es capaz de levantarlos a la vida eterna. Es el Dios que garantiza cada promesa que está en su palabra. Es el Dios que ha dado evidencia con la tumba vacía de que no hay nada que Él haya declarado que no vaya a ocurrir. Es el Dios que permite, me invita a poner toda mi esperanza y toda mi fe en el Cristo resucitado.

Nosotros no tenemos a un mesías colgando de un madero en un crucifijo, no porque pertenezca a otra denominación cristiana, sino porque Cristo no está allí. Él ha resucitado. Él está en los cielos a la diestra del Padre reinando con todo poder y autoridad, intercediendo ante el Padre por los suyos. Y Él es Rey de reyes y Señor de señores. No más clavos, no más dolor, no más sangre, no más sufrimiento. Toda resurrección a los que han creído.

Si estás aquí sin Cristo, quiero que pienses y reflexiones en la cruz, la sangre derramada en favor de tus pecados, porque sin derramamiento de sangre no hay perdón de pecado. Allí se colgó el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, porque la sangre de los machos cabríos no podía calmar la conciencia del pecador de una vez y para siempre. Pero Cristo, cuando se crucificó y cuando entró a un mejor santuario, hizo perfectos para siempre a aquellos que hoy tienen salvación. Y cuando se levantó de entre los muertos, el Padre dijo amén con ese acto de resurrección al sacrificio perfecto de Cristo. Y Cristo proclamó el triunfo sobre la muerte, sobre el aguijón, el aguijón de la muerte. Echó a perder toda la esperanza del reino de las tinieblas; fueron echados a perder. Y en esa resurrección está tu confianza y la mía.

Si has depositado tu fe en Cristo, que de aquí en adelante tú puedas caminar confiado en Dios, recordando que nada ni nadie puede amedrentarte, porque lo peor que pueden hacerte es quitarte la vida, y cuando te la quiten te la habrán dado eternamente en la presencia del Padre. A Dios sea la gloria por los siglos de los siglos.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.