El Evangelio no admite añadidos. Cuando algunos judíos bajaron de Jerusalén a Antioquía enseñando que los gentiles debían circuncidarse para ser salvos, no estaban proponiendo un requisito menor: estaban poniendo en riesgo la esencia misma de la salvación por gracia. Pablo y Bernabé reaccionaron con vehemencia porque entendieron que un Evangelio al que se le agrega algo —por pequeño que parezca— deja de ser el Evangelio.
La controversia llevó a la iglesia primitiva a su primer concilio en Jerusalén, donde los líderes maduros guiaron a la asamblea hacia la verdad. Pedro recordó cómo Dios había dado el Espíritu Santo a los gentiles igual que a los judíos, sin distinción. Pablo y Bernabé relataron las señales que confirmaron su ministerio durante un año de travesía misionera recorriendo mil kilómetros a pie, a caballo y en pequeñas embarcaciones. Jacobo cerró citando al profeta Amós: el plan de incluir a los gentiles no era improvisación divina sino propósito eterno anunciado desde Génesis.
La carta resultante distingue entre lo pecaminoso en sí mismo y lo que causa tropiezo al hermano. Los gentiles no necesitaban hacerse judíos para ser salvos, pero debían abstenerse de ciertas prácticas por amor a la convivencia con los creyentes judíos. La iglesia de hoy enfrenta debates diferentes, pero el principio permanece: la salvación es por gracia de principio a fin —encontrados por gracia, elegidos por gracia, llamados, justificados y preservados por gracia hasta la glorificación final.
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¡Fue inmenso, hermanos, para mí la vida en su Palabra! Vamos. Yo quiero invitar a los que hablan la Palabra de Dios en el capítulo 15 del Libro de los Hechos. Seguimos nuestra serie "Hasta los confines de la Tierra", que hemos titulado así. Nosotros nos quedamos la última vez al final del capítulo 14. Aunque se ha hecho lenta esta serie, yo creo que ha sido beneficiosa para conocer y ver la manera como la Iglesia nació, la Iglesia creció, se expandió bajo el poder del Espíritu y la dependencia del Espíritu, algo que nosotros hemos dicho en más de una ocasión que la Iglesia de hoy necesita.
Yo estoy convencido de que la Iglesia de hoy está demasiado dependiente de metodología, de planes y de programas y de formas humanas de hacer las cosas, y muy carente de una dependencia continua del poder del Espíritu conforme a lo que aparece en la misma Palabra de Dios. A lo largo del Libro de los Hechos vimos de qué manera el Espíritu de Dios fue guiando cada paso, cada decisión, cada evangelización, cada sermón. La manera como la gente se convertía fue algo extraordinario, y de esa misma forma nosotros hemos querido hacer uso de esta serie.
Apenas estamos como en la mitad de la serie, porque creemos que este Libro tiene mucho que enseñarnos a lo largo del camino. El texto que nosotros tenemos por delante hoy es el capítulo 15. Quizás algunos pudieran leer el capítulo y pudieran sentir como que es un capítulo que está un poco alejado de nuestra realidad, porque tiene que ver mucho con lo que es la circuncisión, si los gentiles debían ser circuncidados o no debían serlo. Pero la realidad es que Dios ha dicho en más de una ocasión en su Palabra que aquello que quedó registrado en esta Biblia quedó registrado para nuestra enseñanza. Entonces no puede ser que Dios se haya molestado en inspirar este texto bíblico y que nosotros lo miremos y digamos: "¿Eh? Como que eso no tiene importancia para mí." Porque si tiene importancia para Dios, tiene que tener importancia para nosotros. ¿Sí o no? Bueno, me alegra que ustedes lo entiendan así también.
Yo he titulado este mensaje: "Lecciones del pasado para la Iglesia de hoy." Yo quisiera introducir, antes de entrar al texto propiamente, dónde nosotros nos encontramos. Habíamos dicho ya que estamos iniciando el capítulo 15. Entonces, ¿dónde nos quedamos en el capítulo 14? Bueno, nos habíamos quedado en el regreso de Pablo y Bernabé de su primer viaje misionero. Yo no sé cuánto se percataron de cuán larga fue esa travesía, larga en días o meses, y qué tan larga en kilómetros. Pero para que tengan una idea, ellos probablemente estuvieron viajando por espacio de un año y viajaron más o menos unos mil kilómetros de distancia.
Mil kilómetros de distancia, a pie, a caballo, en burro, en lo que fuera, en pequeñas embarcaciones. Mil kilómetros de distancia, evangelizando toda un área que nunca había oído ni escuchado del Señor Jesucristo. Yo creo que debería darnos vergüenza a todos nosotros cuando pensamos que no quisiéramos decir ni siquiera dónde va a ser la próxima actividad que van a realizar, y pensar en lo que estos hombres estuvieron dispuestos a hacer. Eso nos habla también del enorme precio que ha sido pagado para que el Evangelio de salvación haya llegado hasta nosotros, y no solamente haya llegado hasta nosotros, sino que nos haya traído la salvación misma.
Entonces, al final del capítulo 14 vimos cómo Pablo y Bernabé ya estaban de regreso, y regresan a la misma iglesia de donde ellos habían salido: la iglesia de Antioquía de Siria. Hay que tener en cuenta que mucho de lo que pasó en los últimos mensajes que hablamos pasó en Antioquía de Pisidia, pero la iglesia de donde ellos salieron fue Antioquía de Siria, y ellos están regresando ahí. Eso es una buena ilustración para nosotros, para ayudarnos a entender que los llaneros solitarios no existen en la historia de la Iglesia. Los misioneros tienen que ser enviados por una iglesia reconocida, una iglesia que reconozca sus dones y sus talentos, sostenidos por una iglesia, y luego ese misionero que hace su trabajo debe regresar a esa iglesia, rendir cuentas de qué fue lo que hicieron durante ese tiempo que estuvieron fuera, y ver los frutos. Eso es exactamente lo que esta iglesia está haciendo: la iglesia de Antioquía.
Dicho sea de paso, es la iglesia que está reemplazando a la iglesia de Jerusalén. La iglesia de Jerusalén era básicamente una iglesia judía y, por tanto, ahí comenzó el movimiento. Pero poco a poco el movimiento gentil comenzó a tomar tamaño, la iglesia de Antioquía comenzó a tomar preponderancia e importancia, y el centro de gravedad comenzó a desplazarse de la iglesia de Jerusalén a la iglesia de Antioquía. Algo similar a lo que dijimos hace uno o dos mensajes atrás: que el centro de gravedad del cristianismo también se ha desplazado en el último siglo, y que ya no estaba en Europa ni siquiera en Norteamérica, sino que, de acuerdo a los mejores misiólogos, el centro de gravedad del cristianismo se ha desplazado hacia el sur, en nuestro continente lo que llaman Latinoamérica y África, y hacia el este, lo que es el continente asiático.
Bueno, algo similar estaba pasando. La iglesia de Jerusalén estaba quedando en un segundo lugar, y la iglesia de Antioquía estaba pasando a un primer lugar. Pero la iglesia de Jerusalén todavía tenía importancia en lo que tenía que ver con la definición de asuntos doctrinales, porque todavía Pedro estaba ahí, un apóstol importante, y Santiago, el medio hermano de Jesús, la cabeza de la iglesia ahí en Jerusalén, también estaban allí. De manera que era importante que esta iglesia fuera consultada en asuntos doctrinales. Hoy nosotros vamos a entrar a un asunto doctrinal de importancia en ese momento, para ver cómo esta iglesia lo decidió, y por eso hemos llamado a este mensaje: "Lecciones del pasado para la Iglesia de hoy."
Nosotros vamos a ver cómo en este pasaje hay una enseñanza relativa a un debate que la iglesia tuvo en ese momento. Algunos pudieran decir de nuevo: "Bueno, ¿pero cómo aplica eso al día de hoy?" Pero yo quisiera decirte que no lo voy a dejar así, que tú verás que Dios tiene cosas que decirnos acerca de algo con lo cual nosotros no estamos luchando hoy, pero que tiene principios que nos sirven para cuando nosotros tengamos que luchar con debates doctrinales también.
Con eso yo voy a comenzar a leer el capítulo 15. Solamente voy a leer inicialmente del versículo 1 al 5; luego continuaremos más adelante. Yo quisiera hacer lo que vengo haciendo con estos relatos narrativos, y es caminar con ustedes a lo largo del texto, en vez de leer toda la narración y regresar, porque muchos de ustedes se pierden cuando no están tan familiarizados con la historia. Así que voy a leer los versículos del 1 al 5 del capítulo 15 del Libro de los Hechos:
"Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: 'Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos.' Como Pablo y Bernabé tuvieran gran disensión y debate con ellos, los hermanos determinaron que Pablo y Bernabé y algunos otros de ellos subieran a Jerusalén a los apóstoles y a los ancianos para tratar esta cuestión. Así que, siendo enviados por la iglesia, pasaron por Fenicia y Samaria, relatando detalladamente la conversión de los gentiles, y causaban gran gozo a todos los hermanos. Cuando llegaron a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia, los apóstoles y los ancianos, e informaron de todo lo que Dios había hecho con ellos. Pero algunos de la secta de los fariseos que habían creído se levantaron diciendo: 'Es necesario circuncidarlos y mandarles que guarden la Ley de Moisés.'"
Padre, gracias por tu Palabra. Invocamos el Espíritu que inspiró la Palabra para que dirija la predicación, gobierne al predicador, impacte a los que escuchen y cambie la forma de pensar de aquellos que estamos siendo guiados por ti día a día por tu Palabra. En Cristo Jesús, amén.
Bueno. El primer problema que tú comienzas a descubrir tan pronto lees el texto que nosotros acabamos de concluir es que nos dice que algunos subieron de la iglesia de Jerusalén. No nos dicen quiénes son, no nos dicen con qué autoridad vinieron, no nos dicen de parte de quién llegaron. Simplemente unos se levantaron y fueron a otra iglesia, la iglesia de Antioquía, sobre la cual ya no tenían ninguna injerencia espiritual, y al llegar allá comenzaron a enseñar algo contrario a lo que la iglesia ya había escuchado con relación a la salvación. De manera que hay varios problemas que tenemos que comenzar a ver.
En primer lugar, la enseñanza que ellos trajeron amenazaba el Evangelio, porque ellos estaban agregando algo al Evangelio para la salvación que el Evangelio no requiere: que el gentil, para ser salvo, tenía que circuncidarse. El Evangelio estaba en juego. Esto no es un debate pequeño. A mí me sorprende continuamente ver en las redes sociales gente discutiendo posiciones secundarias y terciarias, posiciones que pueden ser diferentes y que han sido diferentes a lo largo de la historia, y ponerse en las redes sociales y acusarse hermanos unos contra otros de cosas que no amenazan el Evangelio en lo más mínimo. Esas discusiones pudieran estarse llevando a cabo en privado, vía la misma red social que te permite tener esos enfrentamientos en privado. Pero si es tu hermano, discutir con él en público lo único que hace es debilitar la unidad de la Iglesia.
Ahora, cuando el Evangelio está en juego, eso es otra cosa, eso es algo de marca mayor, eso no se puede dejar en el aire. Esto es justamente lo que nosotros estamos viendo aquí, de manera que la controversia que se produjo no fue pequeña. Cada vez que el Evangelio esté en juego hay que luchar por él, hay que luchar por la pureza del Evangelio; de lo contrario, tú y yo vamos a estar contribuyendo a pasar a la próxima generación un Evangelio distorsionado que, en vez de traer salvación, va a traer condenación, y tú y yo no nos podemos permitir ese lujo. Cristo dio su sangre, escribió el Evangelio con sangre, para que hoy nosotros de manera relajada permitiéramos que el Evangelio sea contaminado. Es por eso que aquí se levanta un debate acalorado.
Entonces, como decía, debates secundarios, de asuntos secundarios en las redes sociales: yo no creo que eso es para tener allí a hermanos. Eso puede ser hecho de manera privada, y mencioné eso a manera de aplicación práctica desde el principio. Mateo 18 está ahí: si tú consideras que el hermano ha pecado, que ha pecado contra ti, contra la fe cristiana, ¿eh?, ve donde él directamente, no a las redes sociales.
El segundo problema que nosotros vemos en este pasaje es que estos hermanos suben desde la iglesia de Jerusalén a una iglesia sobre la cual ellos no tienen ninguna injerencia. Y cuando llegan a la iglesia de Antioquía, ¿qué es lo que ellos debieron haber hecho si realmente entendían que había un error doctrinal? Debieron haberse reunido con los líderes de la iglesia de Antioquía, presentarles su posición y ver cómo los líderes reaccionaban. Pero no. Lo que hicieron fue que, entre los hermanos de la iglesia de Antioquía, comenzaron a sembrar una enseñanza completamente distinta a la que ellos habían escuchado de Pablo y de Bernabé conforme al Evangelio, y lo que estaban haciendo era sembrando escándalos y división entre los hermanos. Ese problema tampoco es poca cosa.
De hecho, la Palabra de Dios nos advierte de manera seria, en más de una ocasión, en contra de lo que es sembrar la división entre los hermanos. Pablo le escribe a Tito y en Tito 3 le dice que al hombre que causa divisiones, después de la primera y segunda amonestación, deséchalo. Eso es serio, hermano. Yo estoy escuchando la advertencia de la Palabra de Dios. Y si tú tienes un hermano, alguien que se dice ser un hermano y está sembrando la división en el cuerpo de Cristo, en contra del liderazgo de la iglesia, tú se lo adviertes una vez y luego se lo adviertes una segunda vez, y ya no hay tercera vez: lo desechas, porque está poniendo en juego la unidad del cuerpo de Cristo, que fue creada por el Espíritu Santo en la unidad del Espíritu.
Miren que estos hermanos no estaban comportándose tampoco a la altura del Evangelio; estaban dividiendo la iglesia sin nunca haber conversado con el liderazgo de la iglesia. Así de serio es el juicio. De manera que el primer versículo del capítulo 15 nos habla de que estos hermanos están tratando de dividir la iglesia; comenzaron a enseñar una doctrina contraria a lo que ellos habían escuchado de parte de sus líderes.
El número tres, y lo que era peor aún, es que estos hermanos estaban poniendo en riesgo el Evangelio. De manera que esto es lo que explica el versículo 2, que es la reacción acalorada de Pablo y Bernabé. El versículo 2 nos dice que Pablo y Bernabé tuvieron una gran disensión y debate con ellos. Uno esperaría que Pablo y Bernabé, que eran líderes maduros, fueran pacientes, que fueran más mesurados a la hora del debate. Pero el texto no dice eso. De hecho, en el original, el texto usa una terminología de un debate profundo, de un debate difícil, que cuando tú ves esa misma terminología usada en otros textos y en otro contexto es casi como una revolución. De manera que Pablo y Bernabé se levantan a defender el Evangelio en contra de esta herejía con mucha fuerza, pero lo hacen precisamente por la gravedad de lo que está en juego.
Y eso es lo que hace que esta iglesia —que tiene gente madura, y si no os había dicho que habían profetas y maestros allí, que ahí estaba Bernabé y estaba Pablo— decidiera: "Miren, vamos a resolver esto. Vamos a hacer un concilio, vamos a consultar con los apóstoles que están allá, vamos a ponernos de acuerdo, porque esto es algo que hay que resolverlo para todas las iglesias, no simplemente para una iglesia. Hay que establecer una posición universal acerca de cómo es que la salvación se da." Y eso es justamente lo que hacen: la iglesia manda a Pablo, manda a Bernabé en compañía de otros. Y dice el texto que pasaron por Fenicia, por Samaria, y que ellos iban relatando detalladamente la conversión de los gentiles, y causaban gran gozo a todos los hermanos.
Mientras iban a Jerusalén, pasaban por algunos poblados y allí iban contando de cómo los gentiles se iban convirtiendo, y eso produjo gran gozo. Claro que producía gran gozo, si estos hermanos estaban volviendo de los dioses paganos al Dios vivo, y eso debiera producir gozo en las congregaciones.
Entonces, ¿qué ocurre cuando llegan? Llegan a Jerusalén. ¿Qué esperarías tú que ocurriera en Jerusalén? Escucha lo que dice el texto: que fueron recibidos por la iglesia, los apóstoles y los ancianos. ¿Te das cuenta quiénes reciben a Pablo y a Bernabé? Los líderes de la iglesia. Estas son iglesias que entienden el rol del liderazgo; estas son iglesias que entienden lo que el autor de Hebreos informa cuando dice: "Obedeced a vuestros pastores, pues ellos darán cuenta de vuestras almas."
Entonces Pablo y Bernabé, de acuerdo al versículo 4, informaron de todo lo que Dios había hecho con ellos. En otras palabras, Pablo y Bernabé tenían un año viajando en viaje misionero, viendo a Dios hacer grandes cosas, señales, prodigios, confirmando el mensaje y a los mensajeros entre los gentiles. Al llegar a Jerusalén tenían que contar todo lo que Dios había hecho en ese año, porque los de allá no lo conocían, para que pudieran estar bien informados. Y entonces esta iglesia, que está sometida a su liderazgo, comienza a escuchar estos relatos de mil kilómetros de distancia, de toda esa travesía. ¿Y quiénes son los que están escuchando estos relatos? Los apóstoles y los ancianos de la iglesia de Jerusalén, de parte de estos otros líderes.
Ahora, como en todas las iglesias, en diferentes momentos y en diferentes tiempos, siempre hay un grupo que disiente. Eso es así. Si usted quiere una iglesia que no sea así, espere entrar en gloria; pero de aquí a la gloria va a haber un grupo. A veces hay uno o dos que dicen algo, y entonces la gente dice: "No, porque la gente está diciendo." ¿Y cuánta gente está diciendo? "Bueno, en realidad fue uno que me lo dijo." En este caso había un grupo que disentía, y este grupo está identificado en el versículo 5.
"Pero algunos de la secta de los fariseos que habían creído." Nota esto. Ponga atención esta noche. Algunos de la secta de los fariseos que habían creído, es decir, esta gente de los fariseos había creído el Evangelio. El problema es que habían creído el Evangelio más algo, porque se levantaron diciendo: "Es necesario circuncidarlos a los gentiles y mandarlos a que guarden la ley de Moisés." Hoy nosotros no tenemos fariseos, pero a veces nos referimos a ellos con otro nombre. ¿Cómo les llamamos? Radicales, cabeza caliente, legalistas. Se levantó un grupo así, diciendo: "No, no, no, no. Está bien, nosotros también creímos el Evangelio, pero hay que circuncidarlos y hay que mandarlos a que se sometan también a la ley de Moisés." De manera que con este grupo había que lidiar.
Y había que lidiar porque el Evangelio, otra vez, está en juego. Cada vez que tú le quitas algo al Evangelio, ya no es el Evangelio. Cada vez que le quitas cualquiera de los elementos del Evangelio, no es el Evangelio. Un casi-Evangelio no es el Evangelio; un Evangelio que casi salva, no salva. Y de esa misma manera, cuando tú le agregas algo al Evangelio, ya no es el Evangelio, porque el Evangelio es el Evangelio, puro y simplemente. Entonces esto es lo que está ocurriendo: ellos quieren agregar algo al Evangelio.
El Evangelio, como yo decía, si le quitas cualquier elemento, ya no es el Evangelio. Si tú le quitas la encarnación de Cristo a todo el concepto del Evangelio, ya no es el Evangelio. Si tú piensas, como algunos creen, que Cristo pecó, ese mensaje ya no es el Evangelio. Si por algún momento piensas que Cristo no cumplió las profecías del Antiguo Testamento que se suponía debía cumplir, ya distorsionaste el Evangelio. Si Cristo no murió en la cruz —como dicen los musulmanes: que no, que casi se desmayó, que fue como reanimado en el sepulcro—, ya ese no es el Evangelio. Entonces tú puedes ver que no podemos comprometer ninguno de los elementos del Evangelio.
Si Cristo no resucitó al tercer día, no me vengas con esta idea de que los apóstoles resucitaron en su mente el sueño de ese Cristo, de ese Mesías; eso ya no es el Evangelio. Y de esa misma forma, si te predico el Evangelio y te digo que eres salvo por el sacrificio de Cristo en la cruz, por la sangre que Él derramó y por la resurrección al tercer día, pero que también tienes que hacer penitencia para merecer algo, ya ese no es el Evangelio.
Y ahora lo que los judaizantes estaban diciendo era que nosotros también creemos el Evangelio, pero hay que guardar la ley de Moisés y también hay que ser circuncidado. Ahora, si tú dices: "Bueno, mira, lo único que hay que hacer para ser cristiano es creer en Cristo como Señor y Salvador, creer que Él fue a la cruz y murió por tu pecado, que Él puede perdonarte, que resucitó al tercer día, y tú no tienes que hacer más nada, sino que luego vives tu vida como tú quieras", yo tengo que decirte: tú tampoco entendiste el Evangelio, y si no entendiste el Evangelio, tampoco te convertiste.
Nada es tan simple como parece, pero el Evangelio es simple en términos de lo que implica, de lo que es. Sin embargo, tiene implicaciones importantes, porque la vida cristiana, después de tener un Evangelio simple, me habla de una vida de obediencia, me habla de una vida de rendición y me habla de una vida de negación a deseos pecaminosos que tú y yo tenemos, pero que no nos podemos dar el lujo de disfrutar, porque van en contra de lo que yo he creído. De manera que tú puedes ver que las cosas son un poco más complejas.
Estos fariseos de los que se está hablando aquí se parecían a los gálatas. Los gálatas habían creído el Evangelio, habían creído el Evangelio que Pablo les predicó, habían creído el Evangelio por gracia, pero de alguna manera alguien llegó, se infiltró y comenzó a enseñar que, aparte del Evangelio que había predicado Pablo, ellos también necesitaban las obras para ser salvos. Esto es lo que Pablo le escribe a los gálatas en el capítulo 1 en adelante.
"Me maravillo de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente, que en realidad no es otro evangelio; solo hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo." ¿Cómo pervierten el Evangelio de Cristo? Cuando a la gracia se le agrega algo más. "Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciara otro evangelio contrario al que os hemos anunciado, sea anatema", sea maldito; eso es lo que Pablo les significa. "Como hemos dicho antes, también repito ahora: si alguno os anuncia un evangelio contrario al que recibisteis, sea anatema. ¿Busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo."
Lo que Pablo está diciendo es: miren, si alguna persona, aun si fuera yo mismo, se aparece el día de mañana y te predica un evangelio que requiere más que la gracia de Cristo y la fe puesta en Él, esa persona, aun él mismo, que sea maldita. Así de severo es el juicio. Corromper el Evangelio no es algo pequeño; diluir el Evangelio no es algo pequeño, porque pone en juego la salvación de miles, o quizás millones, de personas que pudieran terminar en la condenación.
Pablo dice que hay algunos que quieren pervertir el Evangelio. Esa palabra no es sencilla. Pervertir el Evangelio, para Pablo, es quitarle algo al Evangelio; pervertir el Evangelio, para Pablo, es añadirle algo al Evangelio. Es una idea de cuán importante era para el apóstol mantener el Evangelio puro.
Entonces, cuando les escribió a los gálatas, un poco más adelante en el capítulo 3, él les advierte de cómo judíos y gentiles han sido aceptados para salvación bajo el mismo criterio y gozan de la misma estatura, por así decirlo. Escucha cómo Pablo lo dice en el capítulo 3 a partir del versículo 6: "A saber, que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, participando igualmente de la promesa en Cristo Jesús mediante el evangelio, del cual fui hecho ministro conforme al don de la gracia de Dios que me ha sido concedido según la eficacia de su poder. A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, se me concedió esta gracia: anunciar a los gentiles las inescrutables riquezas de Cristo."
Esta era la idea: los judíos creían que ellos tenían como una posición superior; esa posición se la daba la descendencia de Abraham, la circuncisión y la ley de Moisés. Y lo que Pablo está diciendo es que los gentiles y nosotros los judíos somos coherederos de las mismas riquezas de Cristo, puestas a nuestra disposición por medio de la gracia del mismo Cristo. Entonces, esto nos da una idea de cuál es la lucha que está ocurriendo en este momento, en esta coyuntura que tiene que ser resuelta en Jerusalén.
El versículo 7 del texto de hoy continúa el debate y nos ayuda a ver cómo se dio, y cómo la asamblea que estaba presente estaba siendo educada. Aquí no es que todo el mundo está hablando, porque a veces nos da la idea, bajo el modelo de los gobiernos congregacionales, de que todo el mundo habla, todo el mundo tiene el mismo derecho y todo el mundo tiene la misma opinión. Si tú prestas atención a lo que aquí está ocurriendo, aquí están hablando los líderes que saben de doctrina y el resto está siendo instruido.
Escucha lo que sigue en el versículo 7. Primero, escucha: en Antioquía hablaban Pablo y Bernabé; ellos se levantaron y defendieron el Evangelio. Y como no se pusieron de acuerdo, dijeron: pues vamos para Jerusalén. Entonces, ¿quién envía a Pablo y a Bernabé? ¿Quién recibe a Pablo y a Bernabé? Los apóstoles y los ancianos. Y ahora, en el versículo 7, escucha: Pedro se levantó. Pedro, el apóstol, se levantó.
"Y les dijo: Hermanos, vosotros sabéis que en los primeros días Dios escogió entre vosotros que por mi boca los gentiles oyeran la palabra del evangelio y creyeran. Y Dios, que conoce el corazón, les dio testimonio dándoles el Espíritu Santo, así como también nos lo dio a nosotros; y ninguna distinción hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones. Ahora pues, ¿por qué tentáis a Dios poniendo sobre el cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? Creemos más bien que somos salvos por la gracia del Señor Jesús, de la misma manera que ellos también lo son."
Pedro es quien está hablando; Pedro es quien está explicando; el resto está escuchando. Pedro le da esta enseñanza a la audiencia que está ahí presente. Número uno, Dios permitió que los gentiles oyeran el Evangelio por mi boca, según el versículo 7. Número dos, Dios les concedió a los gentiles el mismo Espíritu Santo que nos había concedido a nosotros los judíos; ¿dónde está eso? En el versículo 8. Número tres, Dios no hizo distinción entre los gentiles y los judíos; ¿dónde está eso? En el versículo 9. Número cuatro, ¿por qué ponéis a Dios a prueba poniendo sobre los gentiles un yugo que ni nuestros padres ni nosotros pudimos llevar?
Aquí Pedro estaba hablando de la ley. ¿Por qué quieren que los gentiles cumplan la ley, ese yugo de la ley que nuestros padres no pudieron cumplir y nosotros tampoco podemos cumplir? ¿Ustedes están entendiendo lo que está ocurriendo? Ustedes quieren imponer un criterio que ustedes no cumplen y que nuestros padres tampoco cumplieron. Todavía está Pedro explicando, Pedro hablando; la asamblea está siendo educada, ellos no conocen de estas cosas.
Pedro concluye entonces en el versículo 11: "Creemos más bien que somos salvos por la gracia del Señor Jesús, de la misma manera que ellos también lo son." Esa es la conclusión. Pedro está diciendo, después de explicar todo lo que explica: nosotros creemos que somos salvos por gracia, no por las obras de la ley, de la misma manera que ellos son salvos por gracia. Nadie ha sido salvo por las obras de la ley, ni en el pasado, ni en el presente, ni en el futuro. Habacuc 2:4: "Mas el justo por la fe vivirá." Abraham creyó y le fue contado por justicia. Con eso, Pedro claramente establece que la salvación es por gracia.
El gentil no tiene que convertirse al judaísmo, como algunos todavía opinan hoy. Yo hablé con un rabino que está aquí establecido en Santo Domingo, en una ocasión en la que él insistía en que para llegar a ser cristiano todavía hay que circuncidarse, pasar al judaísmo, y del judaísmo pasar al cristianismo. No hay nada ni remotamente cercano a esas enseñanzas.
Entonces, este debate se está dando en público. Claro que tiene que darse en público, porque las asambleas necesitan ser edificadas y necesitan ser enseñadas. Escucha lo que ocurre: Pedro habla, ¿y qué ocurre? Versículo 12: "Toda la multitud hizo silencio." Esto no es una gallera de debates donde cada cual está expresando opiniones diferentes y al final no se sabe en qué creer. Ya Pedro habló; nos callamos, y ahora que hablen los otros líderes.
¿Quiénes son? Pablo y Bernabé, versículo 12. Ellos relataban las señales y prodigios que Dios había hecho entre los gentiles por medio de ellos. Pablo y Bernabé comenzaron a contar lo que vivieron durante ese tiempo evangelizando gentiles: gentiles respondiendo, Dios confirmando por medio de obras y prodigios, como lo hizo en el pasado, tanto el mensaje como al mensajero. Y la multitud estaba en silencio escuchando; estaban llevando a cabo un debate, pero ellos estaban escuchando, estaban aprendiendo acerca de lo que ya Dios había hecho.
Pablo y Bernabé habían hablado en Antioquía y vienen a Jerusalén. Los reciben los apóstoles y los ancianos. Cuando el debate se abrió, habló Pedro, la multitud guardó silencio. Cuando Pedro terminó, habló Pablo y Bernabé otra vez, y ahora en Jerusalén, ya no en Antioquía. Pero todavía quedaba otro líder importante, que era Jacobo, que era la cabeza de la iglesia de Jerusalén. Otra vez, para decir que en la Iglesia Primitiva había pastores, había pastores titulares, aunque no lo quisiéramos reconocer así hoy en muchos lugares.
Jacobo era la cabeza de la iglesia de Jerusalén. ¿Y ahora quién es el próximo en hablar? Jacobo. Entonces te das cuenta: Pedro, Pablo, Bernabé, Jacobo, y el resto escuchaba. Cuando terminaron de hablar, Jacobo respondió. ¿Por qué es Jacobo quien habla de último? Él es la cabeza, él es quien le va a poner la tapa al pomo, como decimos nosotros.
Escucha. Jacobo comienza a recoger el debate, a resumirlo. "Simón ha relatado cómo Dios, al principio, visitó a los gentiles para tomar de ellos un pueblo para su nombre." Simón, Pedro, relató cómo Dios, a través de él, comenzó a alcanzar a los gentiles. El versículo 14 dice: "Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, tal como está escrito."
Lo que Jacobo se dispone a hacer es citar al profeta Amós, en el capítulo 9, versículo 12. De manera que el texto que voy a leer ahora, que Jacobo menciona, es una cita del Antiguo Testamento. Con esto es lo que dice: "Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que ha caído, y reedificaré sus ruinas, y lo levantaré de nuevo, para que el resto de los hombres busquen al Señor, y todos los gentiles que son llamados por mi nombre, dice el Señor, que hace saber todo esto desde los tiempos antiguos."
Lo que Jacobo está tratando de explicar es que los profetas del Antiguo Testamento habían hablado de que los gentiles eran parte del plan. Jacobo explica esta profecía de Amós, donde dice que el tabernáculo de David había caído, pero que Dios lo iba a levantar de nuevo. Ahora escucha: ese tabernáculo de David que es levantado de nuevo no es el tabernáculo de David anterior, sino el tabernáculo de la persona que venía a reemplazar a David, que es Cristo Jesús.
Y esa es la razón por la que está relatado de esta manera. Escucha: "Reedificaré el tabernáculo de David que ha caído y reedificaré sus ruinas y lo levantaré de nuevo." ¿Para qué? Acuerda que David tiene que ver con los judíos; entonces, si van a levantar el mismo tabernáculo de David, sería para los judíos. Pero no es así. ¿Qué dice? Escucha: "Y lo levantaré de nuevo para que el resto de los hombres busquen al Señor, y todos los gentiles que son llamados por mi nombre, dice el Señor, que hace saber todo esto desde los tiempos antiguos."
Yo voy a reedificar el tabernáculo de David, pero ese tabernáculo de David es Jesús, quien viene a reemplazar a David, para que a partir de ese momento todos los hombres, incluyendo todos los gentiles que son llamados por mi nombre, vengan y me busquen y encuentren salvación. ¿Te das cuenta cómo Dios va revelando su plan? La salvación de los gentiles no es un plan B, como que el Señor dijera: "Bueno, ya que Israel me rechazó, voy a salvar a los gentiles." No, no, no.
Tú regresas al libro del Génesis, capítulo 12, donde Dios llama a un hombre, Abraham, y comienza a formar una nación hebrea. Y en ese inicio Dios dice que los gentiles son parte de la salvación. ¿Cómo lo dice? En Génesis 12:3: "Bendeciré todas las naciones de la tierra." ¿Y quién era la simiente de Abraham? Jesús. "En tu simiente, en Jesús, yo bendeciré todas las naciones de la tierra." De manera que no ha habido un solo momento desde el anuncio de la Gran Comisión, llevándonos al Génesis, aunque no tenía el nombre todavía, donde Dios no haya dejado claro que los gentiles eran parte del plan de salvación junto con los judíos.
Y ahí está, entonces, cómo Dios lo dice. Dios lo dice en Génesis, Dios lo dice a través de los profetas, Dios lo anunció a través de los salmos cuando dice que todas las naciones de la tierra vendrán, le traerán gloria y lo honrarán. Dios lo tiene en los evangelios, Dios lo anunció en los Hechos cuando nos dice que tenemos que ir hasta los confines de la tierra, y Dios lo demuestra finalmente en el libro de Apocalipsis cuando vio gente de toda tribu, lengua, nación y pueblo rodeando el trono del Cordero, dando honor y gloria al que fue inmolado. Es la Gran Comisión anunciada y luego realizada.
Entonces, cuando llegamos al versículo 19 del texto que estamos leyendo, Jacobo dice: "Por tanto, yo opino que no molestemos a los que de entre los gentiles se convierten a Dios, sino que les escribamos que se abstengan de las cosas contaminadas por los ídolos, de fornicación, de lo estrangulado y de sangre. Porque Moisés, desde generaciones antiguas, tiene en cada ciudad quienes lo prediquen, pues todos los días de reposo es leído en las sinagogas."
Tú no pienses que Jacobo estaba diciendo que los gentiles hicieran lo que quisieran y que lo único que tenían que hacer era no fornicar, no comer de lo estrangulado y de lo ahogado. No. Lo que Jacobo está haciendo es entendiendo y ayudándoles a ellos a entender. La iglesia está creciendo mixta, judíos y gentiles. Entonces, a los judíos les estamos pidiendo que no les impongan la circuncisión a los gentiles, porque eso no es necesario. A los gentiles les estamos pidiendo que no hagan nada que le sirva de piedra de tropiezo a los judíos.
Y como para los judíos comer el alimento contaminado con sangre, o lo estrangulado o lo ahogado, era piedra de tropiezo, les estamos diciendo a los gentiles: "Absténganse de eso para la convivencia en paz." Eso es similar a lo que Pablo escribe a los corintios cuando les dice que tú puedes comer carnes sacrificadas a los ídolos, pero que si por causa de la conciencia débil de tu hermano, estando él ahí, eso va a ser piedra de tropiezo, mejor no como carne jamás. Entonces las instrucciones que siguen son básicamente instrucciones para la convivencia mutua de judíos y gentiles: unos que se abstengan de ser piedra de tropiezo para los judíos, y a los judíos que no les pongan ninguna piedra de tropiezo a los gentiles.
Entonces miras cómo esta iglesia, a través de la participación de Pedro, de Pablo, de Bernabé y de Jacobo, guía a la audiencia, a la asamblea, a entender principios doctrinales pero también principios de convivencia. Nosotros tenemos que entender que hay cosas que no hago porque son pecaminosas, y hay cosas que no hago porque son piedra de tropiezo a mi hermano. Vamos a entenderlo.
Entonces escucha lo que dice el texto: "Esto pareció bien" a quiénes, a los apóstoles y a los ancianos, y luego con toda la iglesia. La iglesia estaba ahí escuchando; la iglesia fue convencida por su liderazgo. Pero nota por dónde comienza la unidad: esto les pareció bien a los apóstoles y a los ancianos con toda la iglesia. "Escogen de entre ellos algunos hombres para enviar a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas llamado Barsabás y a Silas, hombres prominentes entre los hermanos, y enviaron esta carta con ellos."
Entonces les pareció bien enviar a Antioquía, de donde habían venido, una carta con hermanos prominentes, de respeto. Y esto es lo que la carta dice: "Los apóstoles y los hermanos que son ancianos, a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia." ¿Te das cuenta que esta carta tiene que circular? Se la están enviando a los hermanos en Antioquía, en Siria y en Cilicia, que son de los gentiles. Saludos. En otras palabras, estamos tratando de resolver un problema de una vez y para siempre, no solo para Antioquía, sino para que se entienda cómo es la salvación.
"Pues hemos oído que algunos de nosotros, a quienes no autorizamos, salieron para Antioquía a enseñar una cosa que nosotros no autorizamos." Quedó claro ahora que esa gente estaba actuando de su propio peculio, de su propia determinación. "Hemos oído que algunos de nosotros, a quienes no autorizamos, os han inquietado con sus palabras, perturbando vuestras almas. Nos pareció bien, habiendo llegado a un común acuerdo, escoger algunos hombres para enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo, hombres que han arriesgado su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, hemos enviado a Judas y a Silas, quienes también os informarán las mismas cosas verbalmente."
"Porque pareció bien al Espíritu Santo." Nótese: no fue simplemente una asamblea de negocios. ¿Y de cuál negocio era la asamblea de negocios? Del negocio de la Iglesia, que es el negocio de Dios. Se nota cómo esta gente, cuando escribe la carta, ha entendido que el debate, que la discusión, se llevó a cabo a tal altura que fue dirigida por el Espíritu. Y no como a veces hemos visto estas discusiones quedar en manos de hombres, como en una ocasión yo vi a un misionero invitar a otro misionero afuera a resolver las cosas a puños. Yo no sé si eso me hace reír o llorar, pero no es así, hermano. Mira la dependencia del Espíritu de Dios, de principio a fin.
"Nos pareció bien al Espíritu Santo", ahí comienza primero, "y a nosotros." No dice que nos pareció bien a nosotros y al Espíritu Santo. No, así no. Al Espíritu Santo y a nosotros nos pareció bien. "No imponeros ninguna carga mayor que estas cosas esenciales: que os abstengáis de cosas sacrificadas a los ídolos, de sangre, de lo estrangulado y de fornicación." Cosa que la fornicación siempre está prohibida.
Pero cosas que eran piedra de tropiezo para los judíos... si os guardáis de tales cosas, bien. Una carta sencilla, simple. Voy trayendo algunas conclusiones y recordatorios al final de todo esto que hemos leído para el día de hoy, porque nosotros no estamos luchando con la circuncisión, pero hay otras cosas que tenemos que seguir recordando.
Yo quisiera numerarte cinco, seis, siete cosas a manera de aplicación y conclusión. Es simplemente como aplicación, pero como conclusión: ¿qué es lo que yo saco de aquí para la iglesia de hoy?
Número uno: cada creyente debe tener claro lo que es y lo que no es el Evangelio. Eso tiene que estar muy claro, sobre todo en la medida en que el Evangelio sigue avanzando a nuevas regiones. Cuando este Evangelio es predicado en nuevas tribus y nuevas zonas, nosotros tenemos que tener mucho cuidado en no agregar al Evangelio, en otras culturas, cosas que no son el Evangelio. Nosotros pudiéramos recomendar: "ese mercado que se nos ha apropiado, hermano, eso tiene una connotación en tu cultura algo pecaminosa", pero no lo imponga como una cosa que es el Evangelio para creer, para esa relación, si no es el Evangelio. Cada creyente tiene que tener claro lo que es y lo que no es el Evangelio.
Número dos: hay cosas de las cuales el cristiano tiene que abstenerse porque son puramente pecaminosas.
Número tres: hay cosas de las cuales el cristiano tiene que abstenerse por amor a su hermano, aunque él tenga libertad de conciencia. Esta bandera de la libertad cristiana que nosotros tenemos, nosotros tenemos que tener mucho cuidado en a qué altura es que la vamos a levantar, porque muchos cristianos hacen uso hoy de su famosa libertad cristiana, olvidando que hay un texto claro en 1 Corintios 8, donde Pablo dice: "si comer carne sacrificada a los ídolos va a ser tropiezo para mi hermano, pues no como carne más nunca." De manera que yo tengo que ser sumamente cuidadoso en el ejercicio de la libertad cristiana, y de ahí que a estos gentiles se les dijo: "mira, no hagan eso, no hagan esto, porque ustedes viven ahora con judíos y tienen que ser sensibles a sus conciencias."
Número cuatro: en toda iglesia hay gente con mayor grado de santificación y menor grado de santificación, mayor madurez y menor madurez. Hay gente que va detrás, hay gente que va adelante, y en esos casos tenemos que ser pacientes con aquellos que necesitan madurar, entender, sentarnos a explicarles. Y eso es una doctrina que por años entendieron de una manera, pero que, como los judíos, tenían ahora que entender de otra manera. Eso va a existir en todas las iglesias.
Número cinco: lo peor que un miembro de una iglesia puede hacer cuando no está de acuerdo con una enseñanza de la iglesia es comenzar a sembrar esa disensión en medio de la iglesia sin siquiera haber consultado con los pastores, y comenzar a dividir la iglesia. Eso no es algo que Dios va a aprobar bajo ningún concepto. Aun cuando se entiende que el Evangelio está en juego, es importante, pero comienza con los líderes. Comienza yendo a los líderes y diles: "hermanos, yo vengo a ustedes sobrecargado, sobrecargado, porque yo entiendo que el Evangelio está en juego por esta y esta y esta razón." Pero comienza por los líderes.
Número seis: Cristo rompió el velo de la separación entre el hombre y Dios el día que Él murió. El hombre tiene acceso libre al trono de la gracia a partir de ese momento; no hay distinción entre judíos y gentiles.
Número siete: el agregar obras al sacrificio de Cristo en la cruz para salvación es como querer volver a coser el velo otra vez. ¿Entendiste esa parte? El velo que se rasgó... no hay más nada que hacer. Querer agregar obras ahora al sacrificio de Cristo en la cruz es como querer volver a coser el velo.
Tú y yo tenemos que reconocerlo. Si no lo reconocen, tienen que estudiarlo; si no lo han estudiado, consíguete un hermano que te ayude a estudiarlo. Nosotros fuimos encontrados por Dios por gracia. Cuando nosotros estábamos perdidos en el mundo, por gracia Dios salió a buscarnos. Número uno: nosotros fuimos elegidos en la eternidad pasada por pura gracia, sin ningún mérito en nosotros. Nosotros fuimos luego llamados por gracia; fuimos predestinados por gracia, y a aquellos que Él predestinó, a esos llamó. Y luego, entonces, que nos llamó, fuimos justificados por gracia otra vez.
Y luego que nos justificó por gracia, ahora que tú estés en un estado de salvación en el día de hoy, tú estás siendo preservado por gracia. No es tu esfuerzo propio el que está garantizando que tú permanezcas fiel hasta el día final y que termines bien. Si no fuera por la gracia de Dios, hace tiempo que tú estuvieras perdido, y si te encontraba Cristo y te dejaba solo, vuelves a perderte, y se vuelve a encontrarte, vuelves a perderte, y vuelve a encontrarte, vuelves a perderte. Es su gracia la que te mantiene en el camino hasta el día final, hasta que entres en gloria. Es por gracia de principio a fin.
Y cuando finalmente seas glorificado, serás glorificado por gracia, no por lo que habrás hecho, no por lo bien que lo hiciste. Cuando tú termines de hacerlo todo y te presentes delante de Dios y presentes ahí todo tu currículo, y Cristo te diga: "¿y qué tú piensas?", lo único que tú podrás decir es: "yo soy un siervo inútil, después de haber terminado de hacerlo todo." Y cuando Cristo te diga: "¿y siquiera lo hiciste todo, entonces que eres un candidato a siervo inútil?"
"Pero yo ni eso llegué, Señor. Yo solamente estoy aquí por la sangre ofrecida por el Cordero de Dios en la cruz, que pagó por mí, perdonó mis pecados, y aquí yo estoy, en tu nombre, comprado por su precio y defendido por tu Hijo, que está ahí parado a mi lado como Abogado Defensor." Gracias, Cristo, de principio a fin. Eso es lo que es la salvación.
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