Integridad y Sabiduria
Sermones

Lecciones de la resurrección

Miguel Núñez 31 marzo, 2013

Sin la resurrección, la cruz pierde todo su poder. El apóstol Pablo lo expresó con claridad: si Cristo no ha resucitado, la predicación es vana, la fe es falsa y los creyentes permanecen muertos en sus pecados. La resurrección no es un apéndice del evangelio sino parte de su columna vertebral. El viernes en la tarde todo parecía terminado; los discípulos habían huido, Pedro había negado tres veces al maestro, y las últimas palabras de Jesús desde la cruz —"Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"— dejaban a todos sumidos en confusión. ¿Quién pondría su fe en un redentor aparentemente abandonado por Dios?

Pero el viernes fue solo una coma en la historia de la redención, no un punto final. Lo que parecía fracaso se convirtió en victoria; lo que era lágrimas se transformó en gozo. Cuando las mujeres llegaron al sepulcro el domingo y encontraron la piedra removida, los ángeles les hicieron una pregunta reveladora: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?" Y luego, en lugar de señalarles dónde encontrar a Jesús, les recordaron sus palabras. Esa misma tarde, cuando Cristo se apareció a dos discípulos camino a Emaús, no les mostró sus llagas para convencerlos; les abrió las Escrituras comenzando por Moisés. Aun después de resucitar, Jesús siguió usando la palabra más que los milagros para producir fe.

La resurrección prueba que Cristo es quien dijo ser: el camino, la verdad y la vida. Solamente Dios tiene poder de vida en sí mismo, y él lo demostró levantándose de entre los muertos. La verdad siempre triunfa sobre la mentira; pueden intentar suprimirla, pero no pueden destruirla. Tres días después de enterrar a aquel que dijo "yo soy la verdad", la verdad salió caminando del sepulcro.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Voy a invitar a abrir el evangelio de Lucas, siempre cumpliendo las series o repartos, para reflexionar acerca de la resurrección. Lucas, al igual que los otros evangelistas, tiene algo que decir sobre la resurrección. Creo que tengo como 15 años, justamente predicando el domingo de la resurrección, un mensaje sobre resurrección, pero yo no recuerdo cuándo fue la última vez que lo hice sobre Lucas 24. Hemos estado en Marcos, más de una vez hemos estado en Mateo, más de una vez hemos estado en Primera de Corintios 15, más de una vez hemos estado en Juan, y es posible que en Lucas 24 hayamos estado en alguna ocasión del pasado, pero no recuerdo la última vez que lo hicimos.

De manera que hay un pasaje bastante largo comparado con lo que normalmente leemos, pero la parte más importante realmente del mensaje es lo que Dios ha revelado. De manera que vamos a tomar un buen tiempo para leer desde el versículo 1 hasta el 31, y en vez de hacer una predicación completamente expositiva de cada verso, vamos a hacer una predicación expositiva aplicada. Yo lo he llamado simplemente: lecciones sobre la resurrección. Cosas que la resurrección me enseña, y mayormente vamos a usar Lucas 24 como texto de apoyo, pero como siempre, iremos usando otros textos también. De manera que ahí vamos a estar hoy, Lucas 24, del 1 al 31.

"Pero el primer día de la semana, al rayar el alba, las mujeres vinieron al sepulcro trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y encontraron que la piedra había sido removida del sepulcro, y cuando entraron no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Y aconteció que estando ellas perplejas por esto, de pronto se pusieron junto a ellas dos varones en vestiduras resplandecientes, y estando ellas aterrorizadas e inclinando sus rostros a tierra, ellos les dijeron: '¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de cómo os habló cuando estaba aún en Galilea, diciendo que el Hijo del Hombre había de ser entregado en manos de hombres pecadores, y ser crucificado, y al tercer día resucitar.' Entonces ellas se acordaron de sus palabras, y regresando del sepulcro anunciaron todas estas cosas a los once y a todos los demás."

"Era María Magdalena, Juana y María, la madre de Jacobo; también las demás mujeres con ellas referían estas cosas a los apóstoles, y a ellos estas palabras les parecieron como disparates y no las creyeron. Pero Pedro se levantó y corrió al sepulcro; inclinándose para mirar adentro, vio solo las envolturas de lino, y se fue a su casa maravillado de lo que había acontecido. Y he aquí que aquel mismo día dos de ellos iban a una aldea llamada Emaús, que estaba como once kilómetros de Jerusalén, y conversaban entre sí acerca de todas estas cosas que habían acontecido. Y sucedió que mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y caminaba con ellos, pero sus ojos estaban velados para que no le reconocieran."

"Y les dijo: '¿Qué discusiones son estas que tenéis entre vosotros mientras vais andando?' Y ellos se detuvieron con semblante triste. Respondiendo uno de ellos, llamado Cleofas, le dijo: '¿Eres tú el único visitante en Jerusalén que no sabe las cosas que en ella han acontecido en estos días?' Entonces él les dijo: '¿Qué cosas?' Ellos le dijeron: 'Las referentes a Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obra y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo los principales sacerdotes y nuestros gobernantes le entregaron a sentencia de muerte y le crucificaron. Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel. Pero además de todo esto, este es el tercer día desde que estas cosas acontecieron, y también algunas mujeres de entre nosotros nos asombraron, pues cuando fueron de madrugada al sepulcro, y al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto una aparición de ángeles que decían que él vivía. Algunos de los que estaban con nosotros fueron al sepulcro y lo hallaron tal como también las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.'"

"Entonces Jesús les dijo: '¡Oh, insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera todas estas cosas y entrara en su gloria?' Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les explicó lo referente a él en todas las Escrituras. Se acercaron a la aldea donde iban, y él hizo como que iba más lejos, y ellos le instaron diciendo: 'Quédate con nosotros, porque está atardeciendo y el día ya ha declinado.' Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que al sentarse a la mesa con ellos, tomó pan y lo bendijo, y partiéndolo les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de la presencia de ellos."

Gracias, gracias por tu Palabra, gracias por tu relato, gracias por tu Hijo. Mira, Dios, que hoy celebramos su resurrección; permítenos aprender algunas cosas, y las que no tengamos que aprenderlas, permítenos recordarlas, afirmarlas para poderlas confesar de una mejor manera. Usa este pasaje, usa toda tu Escritura, Dios, usa a tu siervo para la glorificación de tu Hijo, en quien tú te has complacido, en Cristo Jesús. Amén, amén.

Bueno, como yo decía, la resurrección es un evento cuyos relatos se encuentran en cada uno de los evangelios. Eso no ocurre con la gran mayoría de los eventos en la vida de Jesús, pero de este sí ocurre de esa manera, y tiene sentido, tiene lógica, porque la resurrección representa parte de la columna vertebral de la fe cristiana. Si nosotros le quitamos la resurrección a la fe cristiana, todo el armazón se derrumba o no queda absolutamente nada.

Yo creo que nadie ha explicado esto mejor que el apóstol Pablo cuando les escribió a los corintios en su primera carta, en el capítulo 15. Escucha dos o tres versículos que nos ayudan a entender la importancia de este evento. Versículo 14, Primera de Corintios 15: "Si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra predicación y vana también vuestra fe." En otras palabras, Pablo dice: si yo no tengo la resurrección, no tengo predicación; y si no tengo predicación, vosotros no tenéis fe salvadora. Sin resurrección, no hay fe salvadora.

Versículo 17: "Y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe es falsa; todavía estáis en vuestros pecados." No es solamente que no tengo fe salvadora, es que permanezco muerto en delitos y pecados, de tal forma que la resurrección de Cristo está íntimamente relacionada al perdón de mis pecados. Y frecuentemente no lo vemos así, porque cuando pensamos en el Evangelio, pensamos en la Cruz; pero la realidad es que el Evangelio sin la resurrección está completamente incompleto.

Versículo 19: "Si hemos esperado en Cristo para esta vida solamente, somos de todos los hombres los más dignos de lástima." En otras palabras, hemos creído una falsedad; estamos pensando que vamos a tener salvación cuando no la tenemos ahora ni la vamos a tener, de manera que nos estamos restringiendo de los placeres y las cosas momentáneas de este mundo. Y para eso nosotros somos dignos de lástima, porque ni vamos a disfrutar de este mundo ni vamos a disfrutar del mundo venidero.

De tal forma que Pablo establece para los corintios la centralidad de la resurrección. La crucifixión de Jesús sin la resurrección pierde todo su poder; es vaciar la Cruz de su contenido completamente. De hecho, al principio de ese capítulo 15, el apóstol Pablo establece que el Evangelio descansa en dos eventos. Escucha cómo Pablo lo dice: "Que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras, que fue sepultado, y que resucitó al tercer día conforme a las Escrituras." Esto, dice Pablo, es el Evangelio; esto que yo recibí, esto mismo os pasé, de tal forma que sin la resurrección la Cruz no tiene sentido. La Cruz trajo el perdón; la resurrección trajo la esperanza.

Cuando tú revisas la historia de la Iglesia, nosotros sabemos que la Iglesia Primitiva nació, creció y se desarrolló bajo la predicación de la resurrección. De hecho, cientos de trabajos —creo que unos dos mil trabajos publicados de 1976 a esta parte—, por personas incluso críticas de la resurrección, personas que niegan la resurrección, afirman y están de acuerdo junto con los ortodoxos de la fe, de que ciertamente la Iglesia Primitiva creyó en la resurrección y se desarrolló bajo la predicación de la resurrección.

Es la razón por la que la cruz de nosotros, los protestantes, está vacía. Él no está colgando en la cruz, él no está ahí; él está reinando. El Cordero inmolado de la Cruz se convirtió en el León de la tribu de Judá en la resurrección. Cordero y León: Cordero en la Cruz, León en la resurrección.

Además, las últimas palabras de Jesús no fueron en la Cruz. Las últimas palabras de Jesús en este mundo no fueron desde la Cruz. Las últimas palabras de Jesús —entre esas últimas están estas—: "Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo."

Todos los días, toda autoridad. Cuando Cristo dijo "toda autoridad me ha sido dada", eso incluía el poder sobre el pecado y el poder sobre la muerte: en la Cruz, el poder sobre el pecado; en la resurrección, el poder sobre la muerte. Toda autoridad me ha sido dada. Y el que tiene toda autoridad ha prometido: "Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo."

Todo eso como introducción a mi mensaje sobre la resurrección, basado en Lucas 24. Eso nos permite poder colocar rápidamente la resurrección en el contexto desde el fin de semana del primer día. Aunque probablemente la mayoría o todos están familiarizados con los eventos, siempre es bueno recordar algunas cosas y no traer un evento como en el aire, sino colocarlo en su lugar. Y esa fue la necesidad de esta introducción.

La cruz quedó en el Gólgota, la tumba quedó vacía, el lienzo quedó doblado y recogido, porque Cristo había resucitado. Y entonces el texto que leemos hoy comienza diciendo que el primer día de la semana, muy de mañana temprano, cuando el sol comenzaba a salir, resulta que las mujeres —tres de ellas mencionadas aquí por su nombre: María Magdalena, Juana y María, la madre de Jacobo— decidieron ir al sepulcro. Era una costumbre hebrea, judía, más o menos conocida, de ir con especias aromáticas a los sepulcros y ungir el cadáver de aquel que había sido envuelto. Y lo hacían como una forma de honrar su sepultura, quizás en el caso de Jesús hasta como una forma de devoción hacia una persona, pero esa era su intención.

Y cuando ellas van de camino, cuando tú lees los otros evangelios, ya tenían una preocupación, y la preocupación era: ¿quién va a mover la piedra que estaba sobre la tumba? Era costumbre colocar al sepultado en una tumba y luego colocar una gran piedra para que nadie pudiera entrar o profanar su cuerpo. Y su preocupación fue innecesaria, porque cuando llegaron, la piedra ya estaba removida.

Ahora, hermano, no pensemos que Dios removió la piedra para que Cristo pudiera salir. No. Dios removió la piedra para que las mujeres pudieran entrar y ver la evidencia, ver el lienzo y ver la tumba vacía. Pero resulta que en vez de encontrar un cuerpo muerto, ellas encuentran dos seres vivos con vestiduras resplandecientes, y eso les llama la atención. Y estos dos seres angelicales comienzan a hablar con ellas, y la primera cosa que dicen es una pregunta: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?

Ahora, ellos no les dicen "él está aquí" o "él está allá, vayan a encontrarlo." Les dice: "Él no está aquí." Esto está así porque él no está aquí, sino que ha resucitado. Ahora escucha lo que los ángeles hacen. En vez de decirles "vayan a tal lugar a encontrarse con él", los ángeles les recuerdan las palabras de Jesús a ellas: "Acordaos cómo os habló cuando estaba en Galilea, diciendo que el Hijo del Hombre debía ser entregado en manos de hombres pecadores, y ser crucificado, y al tercer día resucitar." Se acuerdan, y entonces el texto dice que ya comenzaron a recordar sus palabras.

La pregunta es: ¿cómo es que estas palabras fueron pronunciadas por el Maestro, y el día viernes, todo el sábado y temprano el domingo, por qué no las podían recordar? ¿Qué había producido esa pérdida transitoria de la memoria? Bueno, llegaremos ahí. Pero ya salen corriendo, y el texto dice que ya no dijeron nada. Los ángeles dijeron: "Id y decid a los discípulos, y a Pedro." Pero en el camino ellas no dijeron nada. Cuando Cristo sanó gente, Cristo les dijo: "Id, pero no digáis nada a nadie." Ahora los ángeles les dicen que vayan hablando, pero ahora ya no dicen nada. Es como todo lo opuesto.

Ahora, imagínate lo que pasó por la mente de estas mujeres que estuvieron al pie de la cruz. Imagínate lo que ellas pudieron haber pensado en ese momento. Y, inmediatamente después de dejarlas a ellas, vamos a quedarnos un momento ahí. Ve pensando lo que ellas pudieron estar imaginándose. Inmediatamente después llega Pedro, tiempo después —no lo dice exactamente cuánto tiempo—, pero Pedro llega y encuentra que el sepulcro estaba vacío. Las mujeres evidentemente habían llegado donde los apóstoles estaban, les contaron que el sepulcro estaba vacío. A ellos les pareció un disparate lo que ya estaban diciendo, dice literalmente el texto. Y ahora llega Pedro. ¿No está aquí? ¿Es verdad?

Piensa lo que pudo haber estado pasando por la mente de Pedro. El texto dice que Pedro se fue maravillado por lo que había acontecido. Ahora, yo no sé si tú piensas como yo, pero yo pienso que Pedro no solamente se fue maravillado; si yo hubiese sido Pedro, yo habría estado un poco preocupado también. Pensando: "Tengo gozo porque quizás es verdad que resucitó, pero ya las cosas no van a ser igual. Si Cristo resucitó y va a continuar este movimiento, probablemente va a formar otro grupo. Porque la última noche nosotros todos le abandonamos, y yo fui el peor: yo le negué tres veces. Él me vio la tercera vez cuando el gallo cantó, y yo lo había negado ya por tercera vez. Él me vio, yo lo vi. Él no va a confiar en mí. Las cosas serán muy distintas de aquí en adelante. Nosotros probamos que no éramos dignos de confianza."

Yo no sé si Pedro pensó así, pero yo estaba pensando, poniéndome en los zapatos de Pedro, con sentimientos de culpa el domingo en la mañana, después de haberlo negado el viernes, sin haber tenido ninguna revelación en el medio, sin saber que lo iba a restaurar en el futuro. Yo pienso que yo hubiese estado pensando de esa forma. Las mujeres han venido, se han ido. Cuando relataron lo que vieron, primero nosotros lo pensamos como un disparate. Imagínate todos esos sentimientos, esas emociones que pudieron haber estado en la mente de Pedro. Quizás Pedro pudo haber pensado: "Nosotros ni siquiera fuimos tan fieles como las mujeres. Ellas estuvieron al pie de la cruz, nosotros no. Cada uno de nosotros estaba escondido, salvando su pellejo. De manera que estas mujeres que vinieron hoy, primero que nosotros, también mostraron al pie de la cruz que eran más fieles. Nosotros ni siquiera merecemos el lugar que ellas quizás merezcan."

Confusión masiva. Tristeza embriagadora. Eso es como yo lo calificaría. Yo estaría confundido, triste. Pero yo todavía no lo he visto. Y si en verdad resucitó, yo no pienso que sería igual.

Ahora imagínate, bien entrada la noche del sábado y en la mañana del domingo, lo que Lázaro estaría pensando: "Yo no entiendo. Yo estaba muerto, él me trajo de ultratumba. Ahora él está muerto. Él venció mi muerte, pero no pudo vencer la suya. Yo no entiendo." Imagínate a Jairo: "Esas son las cosas de Dios que no entiendo. Él resucitó a mi hija, y ahora él se muere y no puede hacer nada al respecto." Imagínate la confusión melancólica de esa ocasión.

En ese mismo día, más adelante, un poco más tarde, Jesús va y se les aparece a dos discípulos que van camino a Emaús. Y ellos conversaban, desde el versículo 14, entre sí acerca de todas estas cosas. Imagínate lo que ellos pudieron haber estado discutiendo, porque todavía ellos no saben que había resucitado. Escucha lo que dice el versículo siguiente: "Y sucedió que mientras conversaban y discutían..." De verdad que ellos no solamente conversaban; de alguna manera ellos estaban discutiendo entre sí lo que había ocurrido. Mientras ellos estaban discutiendo, Jesús se aparece, se les acerca y comienza a caminar con ellos.

El texto no nos dice de qué conversaban, el texto no nos dice de qué discutían. Pero ahí me gusta hacer una especulación santa. Pensar un poquito: si yo hubiese sido uno de ellos, camino a Emaús, pensando en todas sus enseñanzas, que él dijo que era el Hijo de Dios, que dijo que era Dios, y resucitó personas, yo hubiese estado discutiendo con el otro acerca de esas cosas. "Yo no entiendo cómo fue, pero cómo es posible." Y hay por lo menos un versículo en el texto que nos dice que posiblemente eso, o alguna de esas cosas que yo mencioné, pudo haber sido tópico de discusión.

Escucha lo que el versículo 21 dice. Ellos están hablando con Jesús. Jesús viene caminando con ellos, y ellos le dicen a Jesús —cuando Jesús se hace el que no sabe nada, se hace el sorprendido, Jesús comienza a cuestionar de qué están hablando— escucha lo que ellos dicen: "Pero nosotros esperábamos que él era el que iba a redimir a Israel." Hombre poderoso, profeta, poderoso en Israel. "Y nosotros esperábamos que él era el que iba a redimir a Israel." Pero el resultado es que está muerto.

Y para empeorar las cosas, de las últimas palabras de Jesús antes de morir estuvieron estas: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Ahora yo te pregunto: ¿cuán dispuesto estarías tú a creer en un redentor para Israel que acaba de confesar que Dios lo abandonó? "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Está muerto. ¿Te imaginas la desilusión? Este es el redentor. El domingo anterior lo estamos aclamando como rey. El viernes siguiente él está confesando desde la cruz: "¿Por qué me has abandonado?" ¿Qué pensarías si estuvieras en el primer siglo escuchando esas cosas? Yo no creo que ninguno de nosotros estaría poniendo mucha fe en ese redentor.

De ahí la confusión, de ahí la tristeza. Yo creo que hubo gente con preguntas como esta: "¿Podría ser que realmente Dios lo abandonó?" Y me imagino a otros diciendo: "Bueno, las Escrituras dicen que maldito es aquel que muere en un madero, y él murió en un madero, y confesó que Dios lo abandonó. Pues es verdad. Ahí está: los escribas, después de todo, tenían razón. Eso vivía confrontándolos, pero al final ellos tenían razón. Los escribas están aquí, están vivos, están enseñando la Torah. Él está muerto, y hace un par de días desde una cruz estaba diciendo que había sido abandonado por Dios." Quizás otros respondiendo: "Entonces Dios no estaba con él." Y otro: "¿Y el poder con el que hizo los milagros, de dónde vino?" Y alguien más diciendo: "Bueno, eso es lo que los escribas dijeron, que era por el poder de Belcebú. Quizás tenían razón." Y otro pensando: "No, yo estoy seguro de que tenía razón." Y el otro respondiendo: "Entonces tú estás loco."

Bueno, yo no sé si esas cosas ocurrieron, pero yo me las imagino.

La profundidad de la tristeza, la enormidad de la confusión. Quizás otro pensando: "Pero el Dios que era Dios, y Dios no muere, y él murió, y mucho menos no me advirtió." Entonces otro quizás pensando: "Todo lo que nos enseñó fue mentira." "No, no puede ser", diría otro. "Fue un hombre bueno, tuvo mucha compasión, dio de comer incluso a la gente." Quizás otro pensando: "¿Cómo nos dejamos engañar? Bueno, que hacía cosas extraordinarias."

Piensen en esas horas, entre el viernes en la tarde y el anochecer, y el domingo en la mañana. Lo mínimo que yo me imagino es una confusión extraordinaria acerca de qué pasó. Todo eso, yo les dije que quería traer algunas enseñanzas sobre la resurrección, todo eso para concluir en la enseñanza número uno: nosotros no podemos concluir a mitad de la historia.

Muchas veces cuando el hombre ha terminado, Dios apenas está comenzando. Para los romanos, para los judíos, terminamos con Jesús el viernes. Para los discípulos, se terminó nuestro sueño el viernes en la noche. Lo que los romanos y los judíos no sabían era que apenas su pesadilla había empezado con Jesús. La esperanza de que todo ese alboroto que se había formado por meses alrededor de la persona de Jesús ya había concluido; al contrario, estaba apenas comenzando.

Y es una de las cosas que nosotros necesitamos tener pendiente: hasta que Jesús no resucita, todas sus enseñanzas, todas sus promesas estaban en entredicho. Nosotros tenemos la tendencia a poner un punto final donde Dios apenas ha puesto una coma. Y el viernes en la noche fue una coma en la historia de la redención. Cuando nosotros hacemos eso y ponemos un punto final cuando Dios está poniendo una coma, nuestra tendencia es entonces abandonar el barco, abandonar el proyecto, abandonar el sueño, abandonar aquella visión que quizás Dios ha puesto en nosotros.

Y si hay algo que la resurrección enseña, es que nosotros no podemos juzgar los planes de Dios antes de que la historia termine. La historia lucía de una manera muy distinta el viernes en la tarde comparado con el domingo en la mañana. Lo que parecía un fracaso el viernes se convirtió en una victoria el domingo, y la única diferencia entre la perspectiva del viernes y la del domingo es que el viernes la historia estaba incompleta. Y hoy en día la historia redentora está incompleta; nosotros no podemos juzgar antes de que la historia termine. El mundo hace eso, nosotros no podemos hacer eso.

Cuando nosotros concluimos antes de que la historia esté completa, tenemos un juicio inadecuado, una visión inadecuada, un ángulo inapropiado, y terminamos desanimados y desesperanzados. El fracaso del viernes es la victoria del domingo. Lo que el viernes era puras lágrimas, el domingo es puro gozo. Lo que el viernes lucía oscuro, el domingo es un día de luz. Lo que el viernes era puro pesimismo, el domingo es un gran optimismo. Y lo que el viernes era una derrota, el domingo fue una gran victoria. Solo horas de diferencia entre una cosa y la otra, y eso nos ayuda a pensar cuán incompleto vemos las cosas.

Yo no puedo juzgar en la mayoría de las circunstancias por lo siguiente: mi mejor perspectiva es la del presente, lo que estoy viendo. Tengo una perspectiva del pasado que recuerdo ya un tanto nublada, porque el tiempo ha pasado, mis emociones han cambiado, y aquello que quizás incendió mis emociones en el día de ayer, hoy en día no me luce tan emocionante ni motivador. De manera que tenemos una perspectiva del pasado un tanto nublada, el presente incompleto y el futuro desconocido. Dios ve el pasado, el presente y el futuro, todo a la vez en una sola acción. Él vio el nacimiento de Cristo, vio la crucifixión de Cristo, vio la glorificación de Cristo, la redención de su pueblo, en una sola visión, todo a la vez. Y solamente Él tiene la perspectiva adecuada. Y esto incluye asumirnos a la historia; frecuentemente con el hombre ha terminado, cuando Dios apenas está comenzando.

Enseñanza número dos. Nuestro Señor es un Dios de revelación, es el Dios de la revelación. Escuchen lo que el texto de hoy nos dice en los versículos 15 y 16: "Y sucedió que mientras conversaban y discutían, Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos." Uno esperaría que, aquí van los discípulos de Emaús conversando acerca de Jesús, Jesús se aparece, y que dirán: "¡Oh, el Maestro!" Pero ellos siguen conversando. Y Jesús incluso les dice: "¿De qué están discutiendo?" ¿Cuál fue la razón? Escúchenlo, el versículo 16: "Sus ojos estaban velados para que no le reconocieran."

Si Dios no decide revelarnos sus cosas, nosotros jamás las conoceríamos. Pero Dios está en el negocio de revelarse a sí mismo. Dios no ha revelado todo lo que Él sabe, pero ha revelado todo lo que yo necesito. Nuestro Dios es un Dios de revelación; Él no tiene agendas escondidas como muchas veces nosotros tenemos. No, no, no, nuestro Dios es un Dios de revelación. Él se le reveló a estas tres mujeres; Él prometió, reveló de antemano: "Me van a matar, me van a condenar, los escribas, las autoridades; esto va a pasar, me van a enterrar, y al tercer día yo voy a resucitar." Todo eso está revelado.

Pero luego, cuando ocurre, Él asciende a los cielos, y no se limita a eso. Él dice: "Yo voy a continuar revelándome ese domingo. Me voy a revelar a estas tres mujeres, después me voy a revelar a Pedro, después me voy a revelar a estos dos discípulos que iban camino a Emaús, y luego me voy a aparecer a diez de los discípulos, sin Tomás. Tomás no va a creer, pero luego voy a esperar a que Tomás esté presente; me voy a aparecer a los once con Tomás presente. Como él no quería creer, le voy a enseñar mis llagas para que ponga su dedo en mis llagas. De tal manera que voy a continuar revelándome, y después incluso me voy a aparecer a quinientos testigos oculares, de manera que no quede duda de que yo vivo." Y luego, dos o tres años después, me voy a aparecer a un incrédulo perseguidor de la iglesia, cuyo nombre es Saulo, voy a cambiarle el nombre, lo voy a llamar Pablo, y luego lo voy a usar como instrumento en la iglesia. Pero yo me voy a seguir revelando a mi gente. Nuestro Dios es un Dios de revelación; ahí están las Escrituras, ahí está su revelación. Y Él hizo tantas apariciones como entendió que fueron necesarias.

Ahora, escuchen: nuestro Dios es un Dios de revelación, pero cuando Él decide revelar, lo hace soberanamente. Noten cómo no se le reveló a Pilatos. Él no se le apareció a Pilato y le dijo: "Tu mujer tenía razón cuando te advirtió, cuando soñó y te dijo que no tuvieras nada que ver con ese hombre, que era un hombre justo." Él no se le apareció a Herodes diciéndole: "Aquí estoy, Herodes." Él se le apareció a tres mujeres de quienes no sabemos más nada después de los evangelios. Se le apareció a dos discípulos que iban camino a Emaús; el nombre de uno ni siquiera se revela, el otro se llama Cleofas, y tampoco sabemos nada de él ni antes ni después, pero tuvieron un encuentro con el Cristo resucitado.

Él se reveló a una mujer, María Magdalena, que en todos los evangelios, en todos los relatos donde aparece, ella aparece al principio de ese domingo, junto con estas otras dos mujeres; pero en todos los relatos ella aparece de primera. Esa es la mujer que tenía siete demonios, y Cristo dice: "Ella va a ser mi primer testigo de la resurrección." Se le apareció a un medio hermano suyo que no creía en Él, que en un momento incluso pensaba que había perdido la cabeza y fue a buscarlo. ¿Recuerdan? Y se le apareció a Santiago. Dice Pablo en 1 Corintios 15, y finalmente, como dice Pablo también, "como a un abortivo, se me apareció a mí", incrédulo, perseguidor de la iglesia.

Pero no se le apareció al sumo sacerdote, ni al resto de los sacerdotes, ni a los escribas, ni a los fariseos, ni a ninguna de las autoridades. De hecho, ni siquiera se apareció en Jerusalén. "Encuéntrenme en Galilea. Jerusalén no va a ser el centro de mi gloria cuando yo aparezca; es la ciudad que me rechazó, es la ciudad que me crucificó. Yo voy a aparecer en Galilea. ¿Vale? ¿Dónde habíamos acordado que nos encontraríamos?" Nuestro Dios se ha revelado soberanamente.

Ahora bien, cuando el hombre no cree, no puede aludir a falta de evidencias, porque Dios dice que ha evidenciado su existencia en la conciencia, en la creación. Realmente el hombre no cree, no tanto por falta de evidencia, sino por su rebelión en su corazón. La rebelión es incrédula por naturaleza, y es incrédula por naturaleza porque la incredulidad justifica su rebelión. Y así somos después de Adán: cuando caímos, nuestro corazón se llenó de rebelión. La rebelión por naturaleza es incrédula en Dios y en el otro. La rebelión por naturaleza es orgullosa; cree en sí misma, cree en sus formas de ser, cree en sus formas de pensar, concluye rápido, pone punto final, no le gustan los puntos suspensivos, no le gustan las comas ni los puntos y comas. Punto, se acabó, terminó la historia antes de tiempo.

De manera que la enseñanza número dos es: nuestro Señor es un Dios de revelación, y esa revelación la hace soberanamente.

Enseñanza número tres: Jesús no sigue las formas convencionales de la sociedad. Los primeros testigos fueron mujeres. En esa época, el testimonio de las mujeres en un tribunal no era ni siquiera aceptado, porque se consideraba no confiable.

Si esto fue una historia inventada por los apóstoles, comenzaron mal, porque ¿quién va a comenzar una historia ficticia, que tú quieres que se crea, con el testimonio de mujeres que en esa época no se consideraba fidedigno? De hecho, los apóstoles mismos estaban prejuiciados cuando ya llegaron. No dijeron: "¿Verdad, María Magdalena? ¿Verdad que sí, Juana? María, increíble, yo estoy segura, y tú estás segura de que fue un ángel." No, no, no, es un disparate. Eso fueron los apóstoles, así concluyeron; ellos mismos estaban prejuiciados.

Pero resulta que, como Jesús no sigue las formas convencionales de la sociedad, la sociedad puede que no crea el testimonio de estas tres mujeres, pero Él dice: "A ellas me les voy a aparecer, y voy a hacer que eventualmente ellas sean creídas." Quizás este fue el primer acto postresurrección: contribuir a levantar la imagen de la mujer en esa época, que estaba tan pisoteada, reconociendo que ellas llevan la imagen de Dios también. Jesús está aquí haciendo algo. María Magdalena, de quien siete demonios habían sido sacados: Jesús no solamente no sigue las formas convencionales de la sociedad, sino que toma lo que la sociedad ha rechazado, lo redime, le da valor, le da sentido, le da propósito.

Y así es como estos once apóstoles —dejando a Judas fuera—, rechazados por la sociedad por su poca educación... Todos eran galileos, con la excepción de Judas. Galilea era conocida por ser una provincia —de las cuatro o cinco del área— conocida por ser una provincia de gente de poca educación. Pero Jesús usa esa gente de poca educación, de poca importancia, de poca valía ante los ojos de los hombres; los redime, les da sentido, les da propósito, les da visión, y los sucede. Esa fue la enseñanza número tres: Jesús no sigue las formas convencionales de la sociedad.

Enseñanza número cuatro: Dios responde con paciencia a mis limitaciones e incapacidades. Porque yo estoy diciendo, bueno, el relato que les digo: hay dos discípulos que van camino a Emaús, Jesús sabe quiénes son, se acerca, comienzan a hablar con ellos, y uno de ellos le dice: "Pero acá, ¿tú eres el único que no sabe lo que ha pasado aquí?" Y Él, que es el único que sabe lo que ha pasado aquí, sigue hablando con ellos. En vez de rechazarlos, Él termina reprendiéndoles por ser tardos de corazón. Pero, antes de eso, o inmediatamente después de eso, Jesús comienza a abrirles las Escrituras, comenzando desde Moisés: "¿No estaba predicho que el Cristo debía padecer?"

De manera que Jesús reconoce sus incapacidades, reconoce sus limitaciones, y aunque Él comienza con esta pregunta —"¿Qué discusiones son estas que tenéis entre vosotros mientras vais andando?"— y ellos se detuvieron con semblante triste, Cristo está reconociendo: "Están tristes, están confundidos, esta gente necesita ayuda." Y aunque reprende por su incredulidad, a la vez dice: "Necesitan ser animados, estimulados; déjenme abrirles las Escrituras." Y comienza desde Moisés a explicarles las Escrituras.

¿Te imaginas cuán claras lucieron las Escrituras ese día, cuando el Inspirador de las Escrituras está explicando Sus propias Escrituras? "Las Escrituras son las que hablan de mí, y yo estoy hablando ahora acerca de ellas." Imagina la exégesis de esos pasajes que les abrió, cuán claro debió haber lucido; tan claro, que luego ellos dijeron, cuando Jesús desaparece: "¿No ardía nuestro corazón cuando nos abría las Escrituras?" Claro, de milagro no ardía la ropa también.

Cleofas le dice: "¿Eres tú el único visitante en Jerusalén que no sabe las cosas que en ella han acontecido en estos días?" Y eso es lo que escuchamos. Quizás otro hubiera dicho: "Incrédulos, me voy, que se enteren después." No. Él entra, se pone a cenar con ellos, parte el pan, se lo ofrece, y a Dios les abrió los ojos: "¡El Maestro!" Y desaparece. Ahora, esto había sido frustrante —que tú abres los ojos y el Maestro no estaba— pero por cuarenta días, del día uno, faltando treinta y nueve más, Él siguió apareciéndoseles.

De manera que por treinta y nueve días más el Señor siguió revelándose —eso es letra de revelación—, y estos dos discípulos de Emaús eventualmente también hicieron llegar sus testimonios a los apóstoles. Y si tú sigues leyendo el texto de Lucas 24, más adelante lo dice: ellos recibieron el testimonio de las mujeres, y recibieron el testimonio de dos más que iban camino a Emaús, que dicen que se les apareció. De manera que, aunque ellos no tuvieron la oportunidad de hablar con Él en ese momento, ellos irían aprendiendo más acerca de Él. Dios responde con paciencia a nuestras limitaciones e incapacidades. Esa es la enseñanza número cuatro.

Enseñanza número cinco: el Señor usa nuestros fracasos para formarnos y enseñarnos las lecciones que de otra manera nunca aprenderíamos. Y así vemos cómo nuestros fracasos forman parte del currículo de nuestro Dios. Usted no quiere fracasar, ni yo tampoco. Usted no quiere caer, ni yo tampoco. Pero lamentablemente, dada nuestra humanidad, como bien dice el refrán dominicano: nadie aprende en cabeza ajena, y la otra persona hace levantar los pies. Entonces, Dios, que tampoco quiere esos eventos, sabe que lamentablemente Él va a tener que permitirlos en la vida de todos nosotros, en algún momento, de alguna manera, porque no hay otra forma de enseñármelo, o no hay otra forma de que yo lo crea, que no sea cuando yo lo vivo.

Entonces, imagínate ahora el relato. Tanto el relato de Marcos como el relato de Lucas me dicen que Pedro vino, entró y vio, y se maravilló cuando vio el sepulcro vacío. Pero el relato de Marcos dice que uno de los ángeles le dice a las mujeres: "Él va adelante de vosotros a Galilea; allí le veréis, tal como dijo." Pero comienza diciendo: "Id a decir a sus discípulos, y a Pedro." Yo menciono eso por dos razones: Pedro lo negó hace un par de días atrás, y Cristo no se ha olvidado de Pedro. Pedro, que se ha estado teniendo todos esos pensamientos negativos que yo mencioné, pero Cristo está tratando de que tempranamente Pedro sepa que Él le envió un mensaje: "Id a sus discípulos, y a Pedro." Bueno, pero Pedro es uno de sus discípulos. Sí, pero yo quiero que vayan donde Pedro.

Recuerda que la enseñanza es que Dios permite nuestros fracasos y nuestras caídas, y que ellos son parte de nuestro currículo, porque lamentablemente no hay otra forma de que yo llegue a creerlo. Pedro, el impulsivo; Pedro, el orgulloso; Pedro, el que estaba dispuesto a no negar al Maestro aunque todos los demás lo hicieran: "Yo no te voy a negar." Pedro aparentemente no tenía otra forma de llegar a conocer que él no era tanto como pensaba, que no era tan seguro en sí mismo como creía, que no era tan justo como había concluido. Y tres años de enseñanza, de discipulado con el Maestro, con el mejor discipulador del mundo, no habían podido sacar —no solamente de Pedro, sino de Juan y de Jacobo, los hijos del trueno, que querían la mano derecha y la mano izquierda en Su trono— no habían podido sacar, en tres años de discipulado, todo lo que es la maldad, la iniquidad, el orgullo, la autosuficiencia del corazón humano.

Ellos tenían grietas que tenían que ser reparadas antes de que Cristo partiera. Y lamentablemente, la negación de Pedro, la huida de ellos, que todo el mundo se escondiera, sálvese quien pueda —toda esa experiencia, Dios no la quiso pero la permitió—, porque no había otra manera de erradicarla completamente de ellos y pulverizar su autoconfianza, de la misma manera que Dios tiene que hacerlo con nosotros.

Y ahora, entonces, Pedro no va a decir después de la negación: "Yo estoy seguro de que nadie lo puede hacer como yo estoy dispuesto a hacerlo." Pedro es el que dice, cuando Cristo le pregunta "¿Me amas?", y él responde tímidamente: "Yo te quiero." "Pedro, ¿me amas?" "Señor, yo te quiero." Se podría ir al extremo de decir: "Yo te ágapo, yo te amo incondicionalmente." Cuando Cristo, condescendiendo, por la tercera vez le cambia la palabra —"¿Me quieres?"—, Pedro es más humilde, Pedro es menos autoconfiado. Y la negación de Pedro y la huida de los discípulos fue necesaria. Dios orquesta todas las cosas; todas las cosas cooperan para bien, formaban parte del propósito de Dios, formaban parte del currículo de Dios.

Y ahora tú ves a los discípulos post-resurrección confiando más en Dios. Cuando el día de Pentecostés se da, ¿cómo se da? Estaban en el aposento alto, estaban orando, estaban dependiendo, estaban siendo obedientes. "No salgáis hasta que recibirais poder", y ellos no salieron; estaban en el salón. Esta experiencia les sirvió a Pedro y a sus diez compañeros —pues ya Judas había perecido— para descubrir la debilidad de la naturaleza humana.

Hermanos, todos nosotros en algún momento, después de haber nacido de nuevo, no creíamos tanto en esa debilidad de la naturaleza humana; nos creíamos más fuertes, más justos, mejores, más santos. Pero Dios ha permitido a lo largo del camino —en mi caso ha sido así— que en diferentes momentos tú puedas tropezar de diferente forma, de tal forma que puedas descubrir tu propia naturaleza, la iniquidad de tu naturaleza, y que puedas depender menos de ti, puedas confiar menos en ti, puedas confiar más en Él, y entonces puedas desarrollar un espíritu de gracia y de compasión hacia los demás. Aquí entre nosotros, antes juzgábamos a los otros más severamente de lo que yo me juzgaba a mí mismo. ¿O esa solamente es mi experiencia?

La experiencia detrás, pero es la experiencia de todos, es la realidad. Los discípulos, ahora después de este salir corriendo, después de esta negación, claro que van a ser más humildes, claro que van a tener más gracia con otros, claro que van a tener más compasión. Ellos saben de lo que fueron capaces, pero no lo sabían antes. Y es por eso que estas experiencias forman parte del currículo de Dios.

Ahora, Dios, en el sentido santo de querer, no quiere que yo peque, pero lamentablemente muchas veces lo permite porque no tiene otra forma de enseñarlo. Entonces toma mis caídas y las llena de propósito, las llena de sentido, las llena de significado. Y la realidad es que si tú revisas la historia, tu propia historia, la historia de la vida, y ahora nosotros que tenemos dos mil años de historia de iglesia, hay suficiente historia acerca de los hombres. Pero si yo quisiera creerlas, no tendría que pasar por esas experiencias. Las leo en la Biblia, las leo en dos mil años de historia de la iglesia, y todavía necesito mi propio tropiezo para llegar a creer mi propia naturaleza. Y eso es lo que Dios ha estado haciendo muchas veces, y en eso va destruyendo mi orgullo, mi autojusticia y mi sentido de confianza propia.

Enseñanza número seis, y se quedan dos. Aún después de la resurrección, Jesús siguió usando las Escrituras más que los milagros para convencer al hombre acerca de su persona. Aún después de la resurrección, Cristo mismo siguió usando las Escrituras más que sus milagros para convencer al hombre acerca de su persona. La realidad es que los milagros no producen fe. La fe no viene por los milagros ni por el ver; la fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios. Los milagros solamente ilustran la veracidad de la Palabra que produce la fe.

Y cuando Cristo se junta con estos dos hombres que iban camino a Emaús, Él era un milagro ambulante. Cuando ellos no creen y están en duda, Cristo no les dice: "¡Oye, Cleofas, mira mi mano, mira mis heridas, yo soy!" Él no hace eso. Escucha lo que Cristo hace: "Entonces Jesús les dijo: '¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera todas estas cosas y entrara en su gloria?' Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les explicó lo referente a Él en todas las Escrituras."

Cristo usó las Escrituras ya reveladas para traer convicción a Cleofas y su compañero acerca de su persona, antes de revelarse en el momento de la cena. Y ellos ya tenían algo que ardía en su corazón, y ya habían comenzado a creer algo. Ellos mismos atestiguan y dicen: "¿No ardía nuestro corazón cuando nos abría las Escrituras?" No fueron ellos convencidos, no fueron convictos de incredulidad y de falta de fe al ver lo que Él les mostró. Aun después de la resurrección, Cristo continuó usando las Escrituras más que sus milagros para convencer al hombre acerca de su persona.

Cuando Pablo viene, dice algo distinto pero similar: "La fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios." Este es el instrumento de revelación, de autentificación. Este es el poder de Dios para salvación. No los milagros. Dios inspiró Su Palabra y cuando la inspiró, la inspiró con un poder intrínseco, de tal manera que cuando es predicada, el poder de la Palabra es siempre independiente del predicador, al punto que Dios dice que Su Palabra nunca regresa vacía. Ahora, Dios decide usar a unos más que a otros, pero eso lo decide Él.

Enseñanza número siete: la resurrección también demuestra que la verdad siempre triunfará sobre la mentira. No tenemos que preocuparnos mucho; la verdad triunfará sobre la mentira. Fue Spurgeon quien dijo en una ocasión que a la Palabra no hay que defenderla, que es como un león suelto: lo dejas salir de la jaula y él se defiende solo. Y es la verdad. Por dos mil años la gente ha tratado de negar la resurrección y se ha inventado todo tipo de excusa. Unos dicen que Jesús solamente se desmayó en la cruz. De hecho, los musulmanes enseñan que Jesús se desmayó en la cruz, lo bajaron, pusieron a Judas, y Judas murió en la cruz.

Por años la gente ha enseñado que la tumba vacía es verdad, pero que se robaron el cuerpo. El problema es que el cuerpo nunca ha aparecido. Si se lo robaron, enséñame dónde está. Otros han dicho que lo que pasó fue que las mujeres fueron a la tumba equivocada y estaba vacía. Pero al fin de la historia, dos mil años después, la fe cristiana es más grande, es más fuerte, ha impactado el mundo. La vida de Jesús ha impactado el mundo mucho más que cualquier otra vida, o que todas las vidas anteriores puestas juntas.

Otros han dicho que los discípulos que dijeron haber visto a Cristo estaban alucinando. Ese sería mi primer reporte de alucinación masiva. Yo tengo una alucinación y veo al Cristo resucitado, y luego hablo contigo y tú no sabes que yo he alucinado lo mismo. Y luego el otro: quinientas personas, al mismo tiempo, una alucinación masiva de quinientas personas, quinientas personas que están alucinando y vieron al Cristo resucitado. Tú tienes más fe para creer eso que para creer lo que nosotros creemos. Hay gente que cree y enseña eso.

Pero cuando no pudieron negar la verdad, escucha lo que Cristo dice: "Pero ahora procuráis matarme a mí, que os he dicho la verdad que oí de Dios." ¿Sabes cuál es el problema? Que Él estaba enseñando la verdad, y como Él representaba la verdad y la verdad no la habían podido suprimir, ahora lo querían suprimir a Él, y terminaron matándolo. Pero la verdad resucitó. Cristo, en otras palabras, estaba diciendo: "¿Ustedes me quieren eliminar porque yo digo la verdad? ¿Y como no me han podido callar, me quieren suprimir a mí?"

Escucha esta ilustración que quizás nos puede ayudar a entender cómo la verdad siempre prevalece sobre la mentira, que es la enseñanza número siete. En una ocasión, el conde Morton, que era el regente de Escocia, hizo detener a uno de los reformadores de nombre Andrew Melville. Y el conde le dice a Melville: "Aquí no habrá paz hasta que ahorquemos o desterremos a la mitad de ustedes los cristianos." Y Melville le dice: "Me da lo mismo pudrir en el aire si me ahorcan, o en la tierra si me muero de muerte natural y me entierran. Pero lo que no puedes hacer es ahorcar o desterrar la verdad. Tú puedes ahorcarme, pero tú no puedes ahorcar la verdad ni desterrar la verdad." Y la verdad ha sido dicha, ha sido predicada, ha sido encarnada, y ahora tendrás que lidiar con ella. De tal forma que la verdad siempre prevalecerá sobre la mentira, y dos mil años lo han demostrado.

Pudieron eliminar, en un momento dado, incluso a Aquel que dijo: "Yo soy la verdad." Y resulta que tres días después les salió la verdad al encuentro y se les apareció. ¿Por qué no la puedes destruir? Porque representa a Dios. Y tres días después de haber enterrado la verdad, cuando fueron a buscarla, el ángel les dice: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?"

Enseñanza número ocho y final: la resurrección prueba la divinidad de Cristo, porque solamente Dios tiene el poder de la vida en sí mismo, y Él resucitó de entre los muertos. Probando que cuando Él dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida", tenía razón. Probando que cuando Él dijo: "Yo soy la resurrección y la vida", tenía razón. Probando ahora que cuando Cristo nos prometió: "Vosotros también resucitaréis", tenía razón. Él es la consumación de la divinidad del Padre; en Él radicó y radica toda la plenitud del Padre. En Él radicó y radica toda la verdad. Él es la fuente de verdad, la fuente de vida; Él es el único camino que lleva al Padre, y separados de Él nada podéis hacer, y a ningún lugar podéis llegar. Todo otro camino lleva a la oscuridad, a la muerte, a la condenación. Solo Cristo, como camino, lleva a la verdad y a la vida.

Pudo haber sido un loco, pero ningún loco tuvo su exactitud. Pudo haber sido Dios; la pregunta es entonces: ¿qué vas a hacer tú? ¿Qué vas a hacer cuando Dios se ha encarnado, muere en tu lugar, resucita y te confronta y te dice: "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie va al Padre sino por mí"? ¿Qué vas a hacer? ¿Qué vas a hacer con su divinidad? ¿Qué vas a hacer con tu pecaminosidad? Porque si eres como alguno de los corintios que no creían que Cristo había resucitado, todavía estás muerto en tus pecados, y la ira de Dios reposa sobre ti. El que obedece al Hijo tiene vida eterna, porque el que ha rechazado al Hijo, la ira de Dios permanece sobre él.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.