Integridad y Sabiduria
Sermones

La llegada del Espíritu transformó la iglesia

Miguel Núñez 30 abril, 2017

El día de Pentecostés marca el nacimiento de la iglesia como un cuerpo de creyentes multiétnico, habitado por el Espíritu de Dios y enviado a proclamar el evangelio hasta los confines de la tierra. Cincuenta días después de la Pascua, cuando los creyentes estaban reunidos en unidad, el Espíritu llegó de manera inconfundible: un viento impetuoso del cielo, lenguas de fuego que se repartieron sobre cada uno, y hombres sencillos de Galilea hablando idiomas que nunca habían aprendido. Dios no envió su Espíritu en silencio; así como su presencia fue evidente en el monte Sinaí con truenos y fuego, y en el bautismo de Jesús con la paloma, este día también dejó señales visibles de que algo sobrenatural estaba ocurriendo.

Las señales no fueron arbitrarias. El viento representa al Espíritu mismo, el fuego simboliza la presencia de Dios a lo largo de toda la Escritura, y las lenguas anticipan la misión: proclamar el mensaje de Cristo. Judíos de quince regiones distintas escucharon las maravillas de Dios en sus propios idiomas, un anticipo de cómo el evangelio cruzaría toda frontera. Mientras algunos se maravillaban preguntando qué significaba aquello, otros se burlaban diciendo que estaban borrachos, evidencia de que ninguna señal por sí sola vence la incredulidad del corazón humano.

El Espíritu vino para regenerar, crear unidad, llenar de poder y guiar a cada creyente a ser testigo fiel. Ya no habita solo con algunos de manera intermitente, sino en cada creyente de manera permanente. El llamado sigue vigente: ser enviados a los cuatro vientos para que otros se maravillen de las obras de Dios.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Quiero invitarte a que abras la Palabra de Dios, el libro de los Hechos, capítulo 2. Estaremos dándole continuación a la serie que comenzamos, que hemos titulado "Hasta los confines de la tierra". Si tú quieres saber cuándo y cómo comenzó la iglesia, el texto de hoy —y el de la próxima semana— es el inicio de esa iglesia: un inicio extraordinario, obviamente sobrenatural, algo que nosotros necesitamos entender. Un texto que se ha prestado a controversias, un texto que ha dado mucha agua a beber innecesariamente, porque mucha de la controversia pasa por alto la importancia de la enseñanza del texto. Yo quisiera que, a medida en que leamos el texto y luego podamos exponerlo, nosotros podamos ver con claridad lo que Dios se está tratando de enseñarnos.

Esta es la Palabra de Dios: "Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso que llenó toda la casa donde estaban sentados, y se les aparecieron lenguas como de fuego que, repartiéndose, se posaron sobre cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba habilidad para expresarse. Y había judíos que moraban en Jerusalén, hombres piadosos, procedentes de todas las naciones bajo el cielo. Al ocurrir este estruendo, la multitud se juntó y estaban desconcertados porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban asombrados y se maravillaban, diciendo: '¿No son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de Asia, de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia alrededor de Cirene, viajeros de Roma, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestros idiomas de las maravillas de Dios.' Estaban asombrados y perplejos, diciéndose unos a otros: '¿Qué quiere decir esto?' Pero otros se burlaban y decían: 'Están borrachos.'"

Como dijimos, el texto que acabamos de leer representa un punto crucial, uno de los momentos más cruciales en la historia de la Iglesia. En apenas unos cuantos versículos, Lucas, que está relatando este libro, nos cuenta cómo vino a cumplirse algo que ya el profeta Joel había profetizado cientos de años atrás, en su capítulo 2, versículos 28 y 29, cuando Dios reveló por medio de él que llegaría el día en que Él derramaría su Espíritu sobre toda carne. Este es el comienzo del cumplimiento de dicha profecía.

Este día el Espíritu llegó, y el Espíritu no puede ser visto, pero su llegada no pasaría desapercibida. Sería inconcebible que Dios enviara a su Espíritu a morar en medio de su iglesia y que el día de su llegada no fuera notado y no dejara ninguna evidencia externa. Tenemos que recordar que cuando Dios descendió al monte Sinaí, una vez más Dios no pudo ser visto, pero hizo evidente su llegada: hubo truenos y relámpagos, hubo una gran nube y un temblor, todo el monte tembló, hubo fuego, y de esa misma manera, inmediatamente después de esa manifestación, Dios habló. De esa misma manera nosotros vemos cómo el día que Jesús entró en el Jordán para ser bautizado, el Espíritu de Dios vino sobre Él, lo ungió y lo llenó, y ese día Dios volvió e hizo su presencia evidente en la forma de una paloma, y luego de eso Él volvió y habló.

Y este día ahora Dios ha enviado su Espíritu, Él ha llegado, Él ha hecho evidente su llegada, y al llegar, señales sobrenaturales aparecieron: hubo un ruido de un viento recio o impetuoso y hubo la aparición de lenguas de fuego, con significado detrás de todas esas manifestaciones, y luego Dios volvió y habló. De manera que Dios desciende al monte Sinaí, crea manifestaciones que ponen en evidencia que Él está allí y habla; el Espíritu de Dios desciende sobre el Señor Jesús en forma de paloma, dejando claro que algo está ocurriendo que a simple vista no podía ser discernido, y habla; y Dios envía su Espíritu el día de Pentecostés, la gente se percata de lo que está ocurriendo y vuelve y habla. La marca distintiva de la presencia de Dios en la Biblia es que Él habla, y eso es evidente desde el capítulo uno del libro del Génesis, cuando Dios abre su boca y el universo es creado. Es evidente a todo lo largo del libro de los Hechos.

La llegada de este día de Pentecostés había sido profetizada por Juan el Bautista. Lucas, en su primer volumen —recordemos que esto es una historia escrita por Lucas en dos volúmenes: el Evangelio es el primero y el libro de los Hechos es el segundo—, en Lucas 3:16, registra las palabras de Juan el Bautista: "Yo os bautizo con agua, pero viene el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar la correa de sus sandalias; Él os bautizará con el Espíritu Santo y fuego." Juan el Bautista profetizó la llegada de este día, y cuando él dijo eso, también dejó ver que este bautismo del Espíritu es dado por Cristo. Juan les dejó ver también que cuando eso ocurriera habría una señal relacionada al fuego, como nosotros estamos viendo en el día de hoy.

Este día es también el cumplimiento de algo a lo que Cristo se refirió cuando, antes de su ascensión, en Hechos 1:4, dijo que no salieran de Jerusalén hasta que llegara el poder de lo alto; eso tenía que ver con este día. De manera que hasta ese momento Jerusalén era su lugar de morada o de residencia. En Hechos 1:8, Cristo dice: "Recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo." Una vez más nosotros vemos que esto apuntaba a un día en particular; ese día ha llegado y es el día de Pentecostés.

Habiendo dicho todo eso a manera de introducción, en el texto de hoy, para exponerlo y poder seguir un orden y que lo puedas ver con claridad, yo quisiera exponer en esencia cinco puntos de enseñanza. Quiero que veamos, en primer lugar, la ocasión de la llegada del Espíritu Santo; luego, la manifestación de su llegada; la razón primaria de dicha llegada; número cuatro, los testigos de la llegada; y número cinco, el significado de la llegada. La ocasión, la manifestación, la razón, los testigos y el significado de su llegada.

Vamos a iniciar por la ocasión. Versículo 1: "Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar." Esto ocurre en un día en particular llamado Pentecostés, un día muy conocido por el pueblo judío. Era una de las tres fiestas más importantes en todo el calendario religioso del pueblo de Israel. Era una fiesta que había sido ordenada por Dios como acción de gracias para elevar alabanza a Dios, dando gracias por la cosecha de los primeros frutos de granos de Israel. Esta fecha caía cincuenta días después de la Pascua judía. Recuerden que Cristo muere el día de Pascua, un viernes; el próximo día, sábado, a partir de ahí comienza el conteo; cincuenta días después del primer día de reposo después de la Pascua —lo que hoy la gente llamaría el Sábado Santo— llegó el Espíritu de Dios a la iglesia, el día de Pentecostés.

Era una fiesta conocida también como la Fiesta de las Semanas, porque habían pasado siete semanas de siete días: siete por siete, cuarenta y nueve; el día siguiente, el día cincuenta, era el día de Pentecostés. Ahora bien, para esta fecha los fariseos habían comenzado a enseñar —no tenemos certidumbre de que lo que ellos enseñaban fuera necesariamente así, pero ya lo enseñaban— que el día de Pentecostés coincidía con el día en que Dios le había dado la ley a Moisés. Y si eso es cierto, entonces este día adquiere aún mucho más significado, porque el día en que se conmemora la llegada de la ley al pueblo judío es el día en que Dios le da el Espíritu a su iglesia, marcando con ello el inicio de toda una nueva era.

La ley había terminado; la era de la iglesia estaba ahora comenzando. Hasta ese momento todo el judaísmo había estado centrado en la Torah, la ley de Moisés, y era dirigido por la Torah; a partir de ahora el cristianismo está centrado en Cristo y será dirigido por el Espíritu Santo. Es como una bisagra que le da el giro a lo que es la fe de aquellos que llegaron a poner su confianza en Cristo; ese cambio fue marcado ese día. Pentecostés pudiera ser considerado como el evento que sella todo lo que Cristo logró por medio de su vida, muerte y resurrección. A partir de este día los creyentes tendrían un poder que no habían conocido jamás, y tendrían una unidad y una dirección sobrenaturales.

Por eso el versículo uno comienza haciendo esa notación: "Cuando llegó el día de Pentecostés." Esa es la ocasión. Y el texto dice que estaban todos juntos en un mismo lugar. Esa unidad no hubiese podido ser mantenida sin la llegada del Espíritu. Mientras Jesús estuvo en la tierra, Él los dirigió estando entre ellos; ahora que Jesús está ausente, el Espíritu Santo dirigiría a los creyentes estando dentro de ellos. De hecho, Cristo les anunció eso la noche antes de su crucifixión, estando en el aposento alto, aunque ellos con toda probabilidad no entendieron exactamente a qué se estaba refiriendo Cristo.

Pero si escuchas este versículo de Juan 14:17, entenderás que ciertamente el Señor les comunicó con claridad lo que iba a ocurrir: "El Espíritu de verdad —o sea, el Espíritu Santo— al cual el mundo no puede recibir, porque ni le ve ni le conoce; pero vosotros sí le conocéis, porque mora con vosotros y estará en vosotros."

Notaste cómo Cristo le hace el anuncio, le habla del Espíritu de verdad, y el mundo no lo conoce, no lo puede ver, no lo puede recibir, porque ni lo ven ni lo conocen. Ese Espíritu mora con vosotros; claro, porque mientras Yo esté aquí y haya sido un varón lleno por ese Espíritu desde el día del Jordán, en el bautismo, Él mora con vosotros, pero luego estará en vosotros —tiempo futuro—. Ese tiempo había llegado. La Iglesia no sería lo que es hoy sin Pentecostés, sin lugar a duda.

Cristo les había dado una misión. La misión comenzaba en Jerusalén; la misión termina en los confines de la tierra, y era una imposibilidad que esto pudiera ser llevado a cabo sin un poder sobrenatural y una dirección sobrenatural para comenzar en un lugar y terminar en lugares que todavía, dos mil años después, nosotros no hemos podido alcanzar.

Para muchos, ese fue el día en que la Iglesia nació. No fue el día en que el pueblo de Dios nació, porque los judíos formaron parte del pueblo de Dios. No fue el día en que la actividad del Espíritu Santo inició; no. En Génesis uno se habla de cómo el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas. Todo el Antiguo Testamento fue inspirado por el Espíritu, y los profetas del Antiguo Testamento hablaron por medio del Espíritu, de manera que el Espíritu había estado sumamente activo anteriormente.

Pero la Iglesia como tal —si nosotros entendemos como Iglesia un cuerpo de creyentes multiétnicos, no judíos solamente, no hebreos solamente, un cuerpo de creyentes multiétnicos en que mora el Espíritu de Dios y que son enviados a lo largo de toda la tierra para proclamar las buenas nuevas de Jesucristo— si eso es como nosotros entendemos la Iglesia, la Iglesia nació ese día.

Ahora tienes una idea de dónde venimos nosotros, de cuál es nuestro origen. Una mejor idea, porque obviamente la Cruz y la Resurrección están íntimamente relacionadas a nuestro origen. El Antiguo Testamento tiene que ver con nuestro origen, sin lugar a dudas, porque Dios elige a Abraham y a partir de ahí se propone comenzar a trabajar a través de un pueblo, y eventualmente todas las naciones de la tierra serían bendecidas a través del descendiente de Abraham, que no era otro que Cristo Jesús. Pero como Iglesia, llegamos, vamos hacia atrás y llegamos hasta Pentecostés.

Vimos la ocasión. Quiero que veamos ahora la manifestación de su llegada, la llegada del Espíritu, los versículos 2 y 3. "De repente vino del cielo..." —nota cómo Dios puntualiza: esto es sobrenatural; no fue que entró por la ventana, aunque pudo haber pasado así, pero el origen de esto que se va a manifestar como una ráfaga de viento viene del cielo—. "De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa donde estaban sentados, y se les aparecieron lenguas como de fuego que, repartiéndose, se posaron sobre cada uno de ellos."

El Espíritu mora en silencio en el interior de cada creyente, pero Él no llegó en silencio. Dios usó tres elementos claves para hacer evidente la llegada del Espíritu. En primer lugar, usó el viento. Tanto en el hebreo del Antiguo Testamento como en el griego del Nuevo Testamento, la palabra que es traducida como "viento" o como "espíritu" es la misma palabra. En el hebreo es *ruaj*, y esa palabra implica viento, pero también es la misma palabra para "espíritu". En el griego es *pneuma*; usted recuerda la palabra "pneumatología", usted conoce a un neumólogo —eso es el aire del pulmón, de ahí viene la raíz—. *Pneuma* es viento, pero es la misma palabra para "espíritu".

De manera que Dios toma una imagen —en inglés sería un *word picture*, una palabra que nos deja como un cuadro, una idea, una gráfica de qué es el Espíritu— y usa la misma palabra para aire, viento o espíritu. Y eso es lo que llega. Pero ese Espíritu llega de una manera impetuosa. No llegó como un silbido, como le llegó a Elías, que hubo mucho viento cuando él estaba esperando que Dios le hablara, pasó un viento que despedazaba las rocas, y luego vino como un silbido, un susurro. Bueno, aquí no vino como ese susurro; vino como la primera manifestación que Elías vio, con mucho poder, porque para eso vino el Espíritu: para llenar la Iglesia de poder para testificar. "Me seréis testigos." No es llenar la Iglesia de poder para ser alarde de poder, tumbar gente y empujar gente, sino para que "me seáis testigos."

La segunda señal que pone en evidencia la llegada del Espíritu fue el fuego. El fuego, a lo largo de toda la revelación de Dios, ha sido identificado como un elemento que Dios usa para que otros puedan entender que Él está allí. Moisés estaba en el desierto y de repente hay una zarza ardiente, y de en medio de esa zarza, de ese arbusto en fuego, Dios le habla: "Moisés." Durante cuarenta años el pueblo caminó en el desierto, y de noche había una antorcha de fuego que representaba la presencia de Dios e iluminaba todo el campamento. El día que Dios le dio la ley a Moisés y descendió sobre el monte Sinaí, hubo no solamente truenos y relámpagos y humo y temblor, sino también fuego, dice Éxodo 19. Y ahora nosotros vemos cómo la llegada del Espíritu es representada otra vez por un elemento de fuego.

Viento, fuego y lenguas. No habría mejor símbolo que lenguas para reflejar lo que el Espíritu venía a ser. "Me seréis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria y hasta los confines de la tierra." ¿Cómo van a ser testigos? Van a proclamar el Evangelio. ¿Cómo proclaman el Evangelio? Con lenguas. Es la señal que el texto nos está dejando ver. "Se les aparecieron lenguas como de fuego que, repartiéndose, se posaron sobre cada uno de ellos." Es como si el fuego hubiese llegado como uno solo —nota cómo dice "repartiéndose"—; no fue que llegaron múltiples lenguas y se colocaron cada cual sobre la cabeza, sino que llegó una sola cosa y entonces de ahí se dividió, se repartió y se posó sobre cada uno de ellos.

Ya el Espíritu de Dios no estaría solamente con algunos, como ocurrió en el Antiguo Testamento. Los profetas experimentaron la venida del Espíritu de manera intermitente en el Antiguo Testamento, y otros también, pero eran algunos. Ahora todos los que estaban ahí tenían un símbolo del Espíritu Santo sobre ellos, porque el Espíritu de Dios vendría a morar sobre cada creyente de manera permanente. Eso es nuevo, totalmente nuevo.

Todos los que estaban en la casa —Lucas nos dice en qué casa; algunos piensan que era el templo, pero la mayoría entiende que no, porque la palabra ahí en el original es *oikos*, y eso probablemente hace más referencia a un hogar en particular que al templo mismo—, estaban todos juntos. No podemos perder de vista la unidad que tenían cuando el Espíritu llegó a aquel lugar el día de Pentecostés.

Cómo llegó ya tenemos una noción. Ahora ya tengo una noción de la ocasión y de la manifestación de la llegada del Espíritu. Quiero que veamos ahora la razón primaria para la que Dios envió a su Espíritu —la razón primaria—, el versículo 4. "Todos fueron llenos del Espíritu." ¿Y qué pasó cuando fueron llenos del Espíritu? Comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba habilidad para expresarse. La razón primaria por la que Dios da su Espíritu es para hacer testigos, y la manera de ser testigo es justamente proclamando el Evangelio. Esta gente comenzó inmediatamente a hablar, y comenzó a hablar en otras lenguas a personas que estaban ahí, que conocían esos lenguajes humanos. De esta misma manera, la Gran Comisión que comienza a llevarse a cabo este día nos deja claro que ciertamente tenemos que llegar a los confines de la tierra, y que al llegar a los confines de la tierra estaremos proclamando este Evangelio en múltiples idiomas y lenguas distintas.

Una de las cosas que llamó la atención de las autoridades cuando perseguían a esta gente era cómo es que gente sin educación podía hablar con tanta autoridad y tanto conocimiento, justamente porque aquello que vino del cielo vino a hacer eso: a capacitar, a dar una habilidad especial a aquellos en quienes vendría a morar.

La primera vez que nosotros escuchamos de lenguas en la revelación de Dios es aquí. En ningún otro lugar anteriormente escuchas de este fenómeno. Y la próxima y última vez es en la carta de Pablo a los Corintios, en los capítulos 12, 13 y 14, con más detalles en el capítulo 14. Algunos entienden —nosotros no, pero algunos entienden— que las lenguas de que Pablo habla en la carta a los Corintios son las mismas lenguas a las que se refiere el texto en Hechos 2. Pero nosotros pensamos que hay diferencias significativas entre ambos fenómenos.

Por ejemplo, en el texto que tenemos por delante, esta gente habló en un idioma a otras personas que venían de otras regiones; ellos escucharon la predicación, la enseñanza, en sus propios idiomas. Sin lugar a duda, eran lenguas humanas y no requirieron de ningún intérprete. Cuando Pablo le habla a los Corintios, él dice que si tú hablas en esa lengua a la que él se refiere y no hay un intérprete, tú hablas al aire, y que en realidad en esa lengua, cuando los hombres hacen uso de ella, le están hablando a Dios y no a los hombres. Las lenguas de Hechos 2 le hablaron a los hombres con toda claridad.

Por otro lado, cuando Pablo habla a los Corintios acerca de las lenguas, aparentemente el propósito —como le habla a Dios y no a los hombres— es la adoración a Dios, porque es a Él a quien le está hablando, y Dios no necesita un intérprete. Pero esta gente, cuando habló, y luego Pedro —como veremos el próximo mensaje—, el mensaje fue evangelístico.

Bueno, era que Dios no habla Pablo, no habla a los corintios de evangelizar por medio de las lenguas, pero en Hechos, en este libro, se nos describe con toda claridad cómo 3000 personas llegaron a creer cuando Pedro habló y ellos escucharon el mensaje en sus propios idiomas. Entonces ahora nosotros tenemos una mejor idea de qué era lo que estaba pasando: ¿qué pasó el día de Pentecostés?

Una vez más, yo quiero recordar que las cosas no son tan simples como parecen. La gente lee el texto e inmediatamente comienza la controversia: las lenguas son para hoy, que no son para hoy, quién está capacitado, que si no hablas en lenguas tú no eres creyente. Comienza toda esa controversia, y el texto no tiene nada que ver con la controversia.

Ya vimos la ocasión, ya vimos la manifestación, y vimos la razón primaria. ¿Cuál es la razón primaria? Ser testigo, hablar el mensaje, ser testigo. Eso es. En los próximos capítulos de los Hechos, los apóstoles hablan de nuevo con valor la palabra de Dios cuando eran llenos del Espíritu.

Ahora quiero que veamos los testigos de su llegada. Por eso, el versículo 5 en adelante, voy a leer hasta el fin. "Y había judíos que moraban en Jerusalén, hombres piadosos, procedentes de todas las naciones bajo el cielo. Y al ocurrir este estruendo, la multitud se juntó y estaban desconcertados, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban asombrados y se maravillaban diciendo: mirad, ¿no son galileos todos estos que están hablando?" En otras palabras, no son gente sencilla, simple, campesinos. ¿Cómo es que esta gente sin estudiar nos está hablando en nuestras lenguas? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua en la que hemos nacido?

"Partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de Asia, de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia alrededor de Cirene, viajeros de Roma, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestros idiomas las maravillas de Dios." Aquí hay como quince regiones diferentes, múltiples idiomas representados, y simples galileos, que una de sus características es que no salían de Galilea, están hablando en idiomas de gente que viene de regiones lejanas.

¿Pero no había ya en esta audiencia algo representativo de la gran comisión? Hasta los confines de la tierra. Bueno, había gente de múltiples regiones, y hasta los confines de la tierra tenía que ser predicado el Evangelio. Y el Evangelio está siendo predicado ese día a toda esta gente que se juntó allí.

Yo me imagino que hubo un cierto temor cuando ellos se juntaron. Obviamente toda esa gente no pudo haber cabido en una sola habitación de una casa. De manera que la idea es que probablemente el Espíritu de Dios llegó, las lenguas se posaron sobre los que estaban en la casa, y luego esta gente probablemente salió de la casa a los alrededores, quizás al patio, quizás a los caminos o calles alrededor, y continuaron hablando y enseñando y predicando. Y la única manera que tú puedes ver eso es porque imagínate toda esta gente en un mismo salón y todo el mundo hablando un idioma distinto: nadie hubiese escuchado ni entendido nada. Pero cuando yo salgo y comienzo a hablar y hay un grupo que es de Egipto y se conglomera alrededor de mí, ellos me pueden escuchar. Y el otro estaba hablando a los que vinieron de Mesopotamia, y otro a los que vinieron de Roma. Y así, cada cual pudo escuchar el mensaje. Y ellos estaban atónitos, estaban asombrados. Eso es lo que Dios hace cuando Él se hace presente.

Para alguien que pudiera preguntar: ¿y qué hacía toda esta gente allí reunida? Nos recuerda que era el día de Pentecostés. En la nación judía había tres fiestas a las cuales tenían que venir, estaban obligados todos los hombres mayores de veinte años de edad. Una era la Pascua, cuando crucificaron a Jesús; vino gente de todas partes que fue testigo de la muerte de Cristo. La próxima era justamente esta fiesta, la fiesta de Pentecostés, cincuenta días después. Y la próxima era la fiesta de los Tabernáculos.

La fiesta de Pascua celebraba la salida del pueblo judío de Egipto a través de la décima plaga, cuando Dios visitó con juicio al pueblo de Egipto y los primogénitos murieron, mientras que los primogénitos del pueblo hebreo quedaron intactos; una fiesta para recordar cómo Dios protegió a su pueblo. La segunda fiesta, de las Semanas o Pentecostés, era una fiesta de acción de gracias por las primicias, los primeros frutos de granos, la cosecha. Y la fiesta de los Tabernáculos era una fiesta que celebraba, por toda una semana, cuando el pueblo hebreo salía a vivir en tiendas de campaña para recordar cómo había sido peregrino durante cuarenta años.

De manera que ahora yo entiendo qué hacía toda esta gente en Jerusalén en esta ocasión: habían venido a una de las tres fiestas obligatorias. Había venido gente de todas partes. Ahora, con toda probabilidad había gente ahí que ya residía en Jerusalén, pero que había estado viviendo en alguna de estas regiones, porque el texto hace referencia a gente que residía y que vino de dichas regiones.

De manera que ese día el pueblo vivió una experiencia que luego pudieron salir y contar a otros. Hubo gente que vino de Roma, y algunos opinan que la iglesia de Roma, que Pablo no plantó y que Pedro no plantó, a pesar de que la iglesia de Roma hoy en día enseña otra cosa, probablemente fue plantada e iniciada por este grupo de personas que estuvo presente en Pentecostés y que se regresó. No tenemos toda la evidencia histórica, pero es posible.

Para cuando esto ocurre, escucha las palabras que son usadas para describir la reacción de los que estaban allí, de los testigos, porque es lo que estamos considerando ahora: los testigos de su llegada. Estuvieron desconcertados, asombrados, maravillados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Cada vez que Dios se ha hecho presente, cada vez que Dios ha hecho su presencia manifiesta y evidente en el récord bíblico, hay una reacción.

La zarza comienza a arder y Moisés se asombró y comienza a acercarse para ver: ¿qué es esto? Los apóstoles tuvieron dos experiencias con Jesús en la barca, en medio de una tormenta, en medio de la noche. Y cuando Jesús les dejó ver quién Él era, la reacción en ambos casos fue de asombro. En la primera tormenta, esto fue lo que dijeron: "¿Quién es este, que hasta los vientos le obedecen?" La segunda tormenta dijeron: "Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios", y le adoraron.

En esta ocasión la multitud está llena de asombro, está llena de espanto, está maravillada: al oír el viento, al ver las lenguas de fuego, al ver gente hablando un idioma que nunca habían estudiado ni aprendido, gente sencilla sin educación. Ahí estaban ellos. Yo me imagino que trato de ponerme en aquella localidad, y me imagino con cierto temor reverente preguntando, como los discípulos en la barca: ¿y quién es este? Preguntando: ¿qué es esto? Bueno, eso está en el texto de hoy.

El versículo 11 dice que estaban perplejos diciéndose unos a otros: "¿Qué quiere decir esto?" Es más o menos la pregunta de los discípulos: ¿y quién es este, que hasta los vientos le obedecen? ¿Qué es esto que está ocurriendo?

Pero a manera de aplicación, hermano, yo quiero preguntarte: cuando tú lees la Palabra, cuando tú ves que Dios interviene en tu vida de una manera extraordinaria, ¿te maravillas de las cosas de Dios, te asombras de la intervención de Dios, admiras las cosas que Dios está haciendo en tu vida? Porque usualmente lo que ocurre entre los creyentes es que están orando por algo sobrenatural, quizás en medio de una situación sumamente difícil, que puede ir desde una enfermedad a un problema con un hijo en drogas o un problema de matrimonio, algo serio. Y de repente Dios interviene y las cosas cambian, y comenzamos a conversar y decimos de una manera muy somera: "Yo te digo que si Dios no interviene, yo no sé dónde estaría hoy", y comenzamos a hablar de nosotros entonces.

Lo que eso revela es que en realidad lo que más nos asombra es que yo estaba ahí y ya no estoy, y como ya no estoy, de eso voy a hablar. No. Esta gente está preguntando: yo quiero saber qué es lo que esto significa. La gente no está diciendo: "Wow, la verdad que esto está increíble, oíste esa lengua hablando." La gente no está ahí preguntándose: ¿y cómo me va a afectar esto a mí? Están preguntando: yo quiero saber qué es lo que esto significa.

Cuando Dios interviene en tu vida, tú tienes que hacer la misma pregunta: ¿qué es lo que esto significa para mí? ¿Para qué es que Dios ha permitido esto en mi vida, y para qué luego intervino? ¿Qué es lo que me está enseñando? ¿De qué forma yo he crecido o no he crecido? ¿De qué manera yo estaba antes de que esto ocurriera, que Dios entendió que requería esta situación y luego esta intervención? Tiene que maravillarte las cosas de Dios. Tiene que asombrarte la intervención de Dios.

Yo les he contado a muchos de ustedes que en ocasiones yo estoy tan extraordinariamente exhortado por lo que estoy leyendo que no sé cómo responder, y tomo el libro y lo subo así. Porque no sé qué hacer. Esta gente estaba asombrada: los galileos hablando les asombraron. Ellos sabían por qué se asombraron: esta gente no tiene educación, esto es sobrenatural, esto no es natural. Y no fueron a ninguna academia. El texto dice que estaban allí sumamente maravillados.

Ahora escucha: vimos la ocasión, vimos la manifestación, vimos la razón primaria, vimos los testigos de su llegada. Veamos ahora el significado de su llegada. El versículo 12 cierra con una pregunta: "Todos estaban asombrados y perplejos, diciéndose: ¿qué quiere decir esto?" Mi último punto es la respuesta a esa pregunta.

Porque como ya no tenían el resto de la Biblia, no sabían qué quiere decir esto. Nosotros sí sabemos qué quiere decir. ¿Te das cuenta cuán bienaventurados somos nosotros? Nosotros tenemos respuesta a cosas que ellos no conocían, porque la Palabra de Dios está completa ahora. Dios nos ha dado más entendimiento que el que mucha de esta gente tenía.

Pero antes de responder la pregunta, esa pregunta representa mi quinto y último punto, por representar la conclusión y la aplicación incluso de todo el texto. Antes de responder, yo quiero hacer una notación. Porque después de esa pregunta hay un versículo final, el versículo 13, que dice que mientras ellos hacían esa pregunta —¿qué quiere decir esto?— otros se burlaban y decían: "Están borrachos." En medio de una manifestación enorme de la presencia de Dios, hay una manifestación también enorme de la maldad y el pecado del hombre en su corazón, y del trabajo de Satanás que ciega al hombre.

El mayor pecado, en mi opinión, que una persona puede cometer —o uno de los mayores, quizás— es atribuir al hombre o a Satanás la obra de Dios. Cristo expulsaba a los demonios y ellos atribuyeron eso a Satanás. Cristo dijo que esa es la esencia del pecado imperdonable. ¿Cómo es que tú puedes estar en un lugar donde entra un viento de repente impetuoso, probablemente con todo el sol afuera, donde hay lenguas que se posan visiblemente sobre estas personas, donde estas personas están hablando un lenguaje que hay gente que lo entiende, y tú puedes llegar a la conclusión de que los que están hablando de esa manera están borrachos?

La realidad es que no importa si Dios abre el Mar Rojo como lo abrió para el pueblo judío; no importa si Dios hace llover maná todos los días del cielo y tú lo recoges y lo comes; no importa si Dios trae codornices como las trajo en medio del pueblo de Israel. No importa si Jesús camina sobre las aguas. Al final, hay una incredulidad dura de vencer en el corazón del hombre. No son las señales las que convencen al hombre. Israel vivió cuarenta años de milagros diarios, y de todos aquellos que salieron de Egipto de más de veinte años de edad, todos fueron sepultados en la arena, en el desierto, por su incredulidad. ¿Puedes creer eso? Unos preguntaban qué quiere decir esto; otros decían: "Están borrachos."

La pregunta es, en mi punto final: ¿cuál es el significado de la llegada del Espíritu? Esta es la aplicación del texto, lo que sigue. Es mi último punto, para que nosotros podamos irnos con algo en qué rumiar. La llegada del Espíritu, en forma de lenguas de fuego y a través de un viento recio que nadie podía ver, nos recuerdan estas palabras de parte de Jesús: "El viento sopla donde quiere y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo aquel que es nacido del Espíritu."

Este hecho nos recuerda algo que Jesús le dijo a Nicodemo, un maestro judío: "Tú tienes que nacer de nuevo. Tú no puedes entrar al reino de los cielos por medio de la ley; tú no puedes entrar al reino de los cielos haciendo buenas obras." Nadie ha entrado al reino haciendo buenas obras, porque la buena obra de los hombres está tan teñida de malas obras y de malas intenciones. Entonces, ¿cómo se nace de nuevo? ¿Cómo se entra habiendo nacido de nuevo? ¿Y cómo es eso por medio del Espíritu? El Espíritu es como el viento. Aquí está: el Espíritu es como el viento; ahí lo estamos viendo. Jesús usó una figura que nos permitiera recordar cosas que Él mismo había enseñado. El Espíritu es como el viento; el viento sopla donde quiere, así es el Espíritu. Y oyes su sonido —así lo oyeron—, pero no sabes de dónde viene; vino del cielo, pero no sabían ni a dónde va. Así es todo aquel que es nacido del Espíritu.

Dios envió al Espíritu a la iglesia para regenerar a toda persona que pone su fe en Cristo Jesús como Señor y Salvador. Dios envió el Espíritu; estas son las respuestas a la pregunta: ¿qué significaría esto? Dios envió el Espíritu a su iglesia para crear y luego mantener la unidad del cuerpo de Cristo. Cuando el día de Pentecostés costó el fuego estaban todos juntos, eso jamás hubiese podido mantenerse sin la venida del Espíritu. Escucha lo que Pablo le dice a los Efesios en 4:3: "Esforzándoos por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz." La unidad del Espíritu.

Cuando tú conoces a una persona creyente y como a la media hora o a la hora tú dices: "Pero si yo no lo acabo de conocer y yo siento como si lo conociera hace mucho tiempo", la razón es una sola: el Espíritu que mora en él mora en ti, y los puso en contacto íntimo en un corto período de tiempo, porque eso es una obra sobrenatural de nuestro Dios. Por eso dice la Palabra también que hay amigo que está más cercano que un hermano, porque justamente el Espíritu de Dios crea la unidad y la mantiene. El llamado para nosotros es a esforzarnos por mantenerla. Yo no tengo que crear la unidad; la unidad fue creada. Cuando está dividida, yo la dividí; cuando yo divido el cuerpo de Cristo.

El Espíritu fue dado a la iglesia para llenarla de poder, para que seamosvestidos de su obra. Hechos 4:31, un poco más adelante, dice que estaban en un lugar y llegó el Espíritu de manera peculiar; ellos fueron llenos del Espíritu, el lugar tembló, y entonces hablaron la Palabra con denuedo, hablaron la Palabra con valor. Los apóstoles pudieron haberse comportado como hombres temerosos —anterior a la resurrección, anterior a la crucifixión, anterior a Pentecostés—, pero de aquí en adelante, no más. Cada uno de ellos murió como mártir. Para eso vino el Espíritu: para hacerlos verdaderos testigos de la obra redentora de nuestro Dios.

El Espíritu, simbolizado en lenguas de fuego reposando sobre cada uno de los presentes, nos dio a nosotros a entender que el trabajo de Dios en lo adelante sería personal, individual e íntimo con cada uno de nosotros. No de una manera corporativa, como Moisés se relacionaba con el pueblo o como Aarón se relacionaba con el pueblo, sino de manera personal. El sumo sacerdote ofrecía sacrificio por el perdón de todo el pueblo; no así ya. Cada creyente necesita arrepentirse, tener una relación con Dios. El Espíritu viene a morar de manera particular: cada creyente es regenerado, ha sido regenerado; cada creyente está siendo santificado por el Espíritu; cada creyente sería el templo del Espíritu. Ya no un solo templo en Jerusalén: cada creyente es templo del Espíritu Santo, como le explica Pablo a los corintios.

¿Qué significa todo esto que estamos diciendo? Cada creyente es guiado por el Espíritu a toda verdad. Cristo les dijo que cuando Él se fuera les enviaría al Espíritu, y el Espíritu lo guiaría a toda verdad, de manera que ya no sería la función solamente de los escribas y los fariseos escudriñar las Escrituras. No, no, no, no. Todo creyente necesita escudriñar las Escrituras, y el Espíritu que mora en él lo va a guiar en el entendimiento de la revelación de Dios.

Las lenguas de fuego sobre cada creyente pudieran simbolizar que el poder al testificar de Cristo no iba a estar en el testigo, sino en la Palabra proclamada por el testigo. El testigo no tenía educación; eran galileos, ni conocían mucho de la Palabra siquiera, pero ahí estaban las lenguas, y ellos hablando, y la gente siendo convencida. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas según el Espíritu —nota: según el Espíritu les daba habilidad para expresarse—. La habilidad de entender lo que estoy diciendo, la habilidad de articularlo, de armarlo, todo eso fue dado por el Espíritu de Dios a gente que eran simples galileos que no tenían gran cosa de educación.

La gente de diferentes nacionalidades que estaban allí representaba el comienzo de la gran comisión, de cómo estas buenas nuevas llegarían a todas partes, de manera que ahora yo tengo una idea de que el plan de redención de Dios no estaba limitado a la nación judía, que no conocía frontera, que no conoce etnia, no conoce cultura. Nada sería un estorbo para Dios. Y lo que para nosotros parece una imposibilidad —nota cómo en un solo día, en un solo momento, Dios fue capaz de proclamar su mensaje a gente que vino de múltiples regiones distintas, en múltiples idiomas distintos, en un solo evento—: Dios hace lo que yo no puedo hacer. Para luego entonces probar en el libro de Apocalipsis que su obra de redención tenía que ver con gente de toda tribu, lengua, pueblo y nación. En Pentecostés yo tengo una idea de qué es eso.

El Espíritu fue dado a la iglesia para ayudar a todo creyente a glorificar a Dios. Escucha lo que el texto dice: "Les oímos hablar en nuestros idiomas de las maravillas de Dios." Mira, tu testimonio es importante, pero tu testimonio no es el testimonio de Cristo. Tu testimonio es importante, pero no es el testimonio de Dios; es una ilustración del poder de Dios. De manera que a la hora de testificar, si quieres comenzar con tu testimonio personal, muy bien, pero prontamente quítate del medio y pon a Dios, para que el otro se maraville de las cosas de Dios, para que el otro se asombre de las maravillas de Dios. De eso estaban ellos hablando.

El Espíritu vino a la iglesia primordialmente con una cosa en mente: la gran comisión. Convertir a cada creyente en un testigo fiel del plan de redención de Dios. Y para alguno eso va a implicar hacer eso en Jerusalén, en Judea, en Samaria, lugares cercanos, su hogar, su trabajo; para otro va a implicar regiones muy lejanas. Pero al fin es el mismo propósito. Para eso, de manera primordial, vino el Espíritu, para que cuando hagamos eso y la gente escuche el mensaje de Dios y las obras de Dios, otros se puedan maravillar de la gloria de nuestro Dios.

Para eso se nos dio el Espíritu de Dios: para hacernos testigos y ser enviados a los cuatro vientos. Es mi deseo, es mi oración, que Dios nos envíe como iglesia a diferentes lugares, puntos cardinales, regiones, comenzando en nuestro lugar, y sabrá Dios dónde termina. Por eso, esta tarde, en San Pedro de Macorís, hay un grupo de gente de la IBE trabajando.

Los sábados muchas veces hay gente enAragona trabajando en la siembra, que hay así sucesivamente. Está ya la obra en Taiwán y por todas partes. Creemos que Dios puede ir regando la vid por toda la ciudad, porque esa es la misión. Para eso te dieron el Espíritu, para que tú puedas ser un fiel testigo de su obra. ¿Estás dispuesto? Amén. Pues hoy le vamos a decir a Dios: "Envíame."

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Les invitamos nuevamente a visitar nuestra página de internet www.integridadysabiduria.org. Será hasta la próxima, cuando nos reencontremos en su Palabra.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.