Integridad y Sabiduria
Sermones

Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre

Miguel Núñez 12 enero, 2014

El punto central del pasaje en Marcos 10 no es el divorcio, aunque esa sea la pregunta que los fariseos traen a Jesús para ponerlo a prueba. El corazón del texto es la importancia y santidad de la unión matrimonial en el diseño de Dios. Cuando los fariseos preguntan si es lícito divorciarse por cualquier motivo, Jesús no se detiene en las concesiones que Moisés dio por la dureza del corazón humano. En lugar de eso, regresa al Génesis: varón y hembra los creó, los dos serán una sola carne, y lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe.

Llegar a ser una sola carne no es cosa sencilla. Dios une a dos seres de sexos diferentes, familias distintas, valores y sueños propios, y los fusiona en algo nuevo. Eso requiere que ambos cedan libertad, tiempo, opciones que antes consideraban suyas. El matrimonio funciona como una cirugía sin anestesia donde la vanidad de uno y el egoísmo del otro van siendo extraídos. Por eso solo Cristo puede lograr ese milagro.

El misterio que Pablo revela en Efesios es que el matrimonio refleja la unión de Cristo con su iglesia. Cuando un cónyuge falla y el otro responde con amor incondicional, está reflejando la fidelidad de Cristo hacia una iglesia que tampoco ha estado siempre a la altura. El propósito principal del matrimonio no es la felicidad, sino la santificación que eventualmente traerá felicidad. Y para quienes han fallado en el pasado, el pastor Núñez recuerda que en Cristo hay perdón y redención, porque todo pecado excepto la blasfemia contra el Espíritu puede ser lavado por su sangre.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Vemos versículos para mi vida en su Palabra. Y con eso yo voy a invitarlos a que vayan ahora al libro, al Evangelio de Marcos, capítulo 10. Hoy sí continuamos nuestra serie. Nos habíamos desviado, nos habíamos hecho un alto por tres domingos al final de año, tratando de reflexionar un poco acerca del verdadero motivo de la Navidad, y a principio de año tratando de reflexionar con toda la iglesia acerca de cómo tener o cómo enfocar un nuevo comienzo de año. Pero ya regresamos a Marcos otra vez. Vamos a estar leyendo los primeros doce versículos del capítulo 10. Voy a introducir el texto, luego vamos a pausar para presentar la predicación de la Palabra de nuestro Dios, y quisiera que se pueda prestar cuidadosa atención.

Levantándose de allí, dice Marcos 10, Jesús fue a la región de Judea y al otro lado del Jordán, y se reunieron de nuevo las multitudes junto a Él, y una vez más, como acostumbraba, les enseñaba. Y se le acercaron algunos fariseos para ponerle a prueba. Le preguntaban si era lícito a un hombre divorciarse de su mujer. Y respondiendo, Él les dijo: "¿Qué os mandó Moisés?" Y ellos dijeron: "Moisés permitió al hombre escribir carta de divorcio y repudiarla." Pero Jesús les dijo: "Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento. Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y hembra. Por esta razón el hombre dejará a su padre y a su madre, y los dos serán una sola carne. Por consiguiente, ya no son dos sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe." Y ya en la casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre esto. Y Él les dijo: "Cualquiera que se divorcia de su mujer y se case con otra, comete adulterio contra ella. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio."

Cuando nosotros estudiamos la Palabra de Dios, sobre todo cuando lo hacemos para predicar o exponer un mensaje, la pregunta primera que el predicador necesita hacerse antes de cualquier otra cosa es: ¿cuál es el punto principal de este texto? Yo no sé si al leer el texto usted pudo percatarse de cuál es ese punto. Reflexionando sobre eso, yo decía esta mañana que no siempre el punto principal de un texto está tan claro como lo parece en esto. Recordaba entonces cómo el pastor John MacArthur recordaba en una ocasión que, terminando sus estudios de seminario, le tocó la oportunidad de predicar. Como era acostumbrado, sus profesores —tres o cuatro de ellos— se sentaban detrás; el predicador estaba aquí delante, y mientras él iba predicando, sus mentores o profesores estaban detrás con papel en mano, tomando y haciendo anotaciones acerca de lo que pudiera estar bien o no con su predicación.

Al final, la costumbre era que se separaban en la puerta: el profesorado del seminario y los estudiantes salían y felicitaban o saludaban al predicador y demás. Entonces, de repente, él se percata de que uno de esos profesores —que eventualmente se convierte en un mentor para él—, el Dr. Fimer, viene con la cabeza abajo, no lo mira cuando llega donde él, le entrega un papel sin mirarlo y sigue caminando y se va. MacArthur dice que él no podía esperar para abrir ese papel y ver lo que decía, después de horas y horas y horas preparando ese mensaje. Y cuando él lo abre, lo único que el papel decía fue: "Tú pasaste por alto el punto principal del texto." Yo me imagino lo que eso debe significar para un estudiante de seminario, para un predicador, después de pasar horas estudiando un texto.

Yo hago esa introducción porque yo no sé qué pensó usted al leer ese texto en cuanto a cuál era el punto medular y clave de este texto. La pregunta que le hacen a Jesús es acerca del divorcio, pero ese no es el punto del texto. El punto cardinal, la columna vertebral del texto, es la importancia de la unión matrimonial en el diseño de Dios, en la mente de Dios. Marcos nos relata este evento, y si hay algo que Marcos hace es que no nos enseña mucho de lo que Cristo enseñó a las masas, y parecería concentrarse más en los tiempos de lo que en inglés llaman Q&A, preguntas y respuestas. Y este es otro de esos tiempos donde vienen a Jesús con una pregunta, y la pregunta tiene que ver con el divorcio.

Pero yo quiero decir de entrada que estoy consciente de que entre nosotros hay personas que ya han pasado por esa experiencia dolorosa, y que yo no quisiera que usted escuchara la predicación del mensaje de una manera acusadora, porque en Cristo hay redención de aquellas cosas que han ocurrido en el pasado. Yo sí quiero que cada uno de nosotros, de una manera sensible, pueda escuchar la voz de Dios a través de su Palabra y entender mejor el significado que Cristo le da a esta unión del hombre con su mujer.

No hay dudas de que a Dios le desagrada el divorcio. En Malaquías 2:16 dice que Dios detesta el divorcio —una palabra fuerte—. Dios no dice que Él detesta a los divorciados, pero todo lo que la rotura de ese voto hecho delante de Él implica, y las consecuencias que trae, son cosas que hieren el corazón de Dios. Pero el divorcio no es, como en algunos círculos aún cristianos se ha hecho, el pecado imperdonable. Nosotros sabemos de los mismos labios de Cristo que ese no es el caso. De hecho, cuando tú lees Mateo 12:31 y 32, esto es lo que escuchamos: "Por eso os digo que todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, todo pecado. Pero la blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada. Y a cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, incluso contra Jesús mismo, le será perdonada. Pero al que hable contra el Espíritu Santo no le será perdonada, ni en este siglo ni en el venidero."

Yo expuse el significado de este texto cuando cubrimos Marcos 3, de manera que yo no me voy a detener ahí. Pero sí quería, antes de exponer el texto, enfatizar el hecho de que todo pecado cometido por los hombres es potencialmente perdonable por la cruz de Cristo. Lo que quisiera entonces es que aquellos que hoy quizás están en una segunda unión matrimonial, o en una primera, nosotros podamos salir de aquí con la convicción de que no queremos deshacer en el futuro algo que Dios ya ha hecho. Y por eso el título de mi mensaje esta mañana es: "Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre."

Padre, te alabamos y te bendecimos en esta mañana, y venimos delante de Ti con corazones humildes, pidiéndote que nos enseñes, que tu Espíritu Santo se convierta en el iluminador de tu Palabra y en el Maestro por excelencia de cada uno de nosotros. Que nosotros podamos aquilatar aquello que es tan preciado a tus ojos, a tu corazón y a tu diseño. Al final del mensaje, aun aquellos que no están casados o que no están contemplando casarse, hayan podido ver algo de tu carácter en esta unión, y la revelación de tu carácter a sus vidas les haya servido de edificación y transformación. Lo pedimos en el nombre de Cristo Jesús. Amén.

El texto de Marcos comienza diciendo: "Levantándose de allí, Jesús fue a la región de Judea y al otro lado del Jordán." Levantándose de allí, ¿de allí dónde? Bueno, no sabemos con precisión, pero la última vez que Marcos se refirió a la localización de Jesús, Él estaba en Capernaúm, según Marcos 9:33, y la mayoría de los estudiosos asume que es de donde Él parte. Capernaúm era un poblado de la provincia de Galilea. Cuando Él sale de Capernaúm, sale hacia el sur, y el texto dice que Él fue a Judea y a Perea. Yo no entraré en la controversia de por qué no dice Perea y luego Judea, que es probablemente como ocurrieron las cosas, pero simplemente quiero que entendamos que cuando Él sale de Capernaúm, ha terminado su ministerio en Galilea. Él no vuelve hacia el norte; Él va a caminar hacia Jerusalén para ser crucificado. Estamos en ese trayecto final de lo que es la carrera de Jesús hacia la Cruz.

Él salió de allí y se va entonces a Perea y a Judea, que estaban en el sur. Perea es una provincia larga al otro lado del Jordán, gobernada por Herodes Antipas, el tetrarca, y yo menciono eso porque ese detalle es importante, como vamos a ver en un momento. De nuevo, Jesús se va rodeado por las multitudes. Escucha cómo Marcos lo dice: "Y se reunieron de nuevo las multitudes junto a Él." Y escucha el énfasis de Marcos: "Y una vez más, como acostumbraba, les enseñaba." Si hay algo que Marcos pone en el tapete y nos deja ver, es la compasión de Jesús por las multitudes. Como acostumbraba, se detuvo y les enseñó.

Hoy en día se nos dice que el mayor campo misionero está en las urbes, en las ciudades. La zona rural ya no representa la mayor concentración de la población mundial; está en las ciudades. De hecho, escucho a John Piper decir que Tim Keller, que está en Nueva York en Manhattan, le enseñó a amar las ciudades, porque ahí es donde está la mayor concentración de almas perdidas sin Cristo, y Cristo las vio como ovejas sin pastor. De manera que si nosotros queremos hacer misión hoy en día, una de las áreas donde tenemos que prestar particular atención es a las ciudades. Y Dios en su gracia nos ha puesto como iglesia en medio de una ciudad, y tenemos que pedirle a Dios que nos sensibilice para ver las multitudes como Cristo las vio.

Aquí Él está acompañado de ellas una vez más. Este es el último año del ministerio de Jesús. El primer año fue el año del anonimato, donde prácticamente Él no era conocido. El segundo año fue el año de la popularidad, pero ese año terminó. Este es el tercer año, la recta final. Este es el año de la oposición, de Marcos en adelante, donde estamos hasta el final, caminando hacia la Cruz literalmente. Esto es donde estamos. Y en su trayecto hacia Perea y Judea, se le acercan no solamente multitudes, sino que Marcos nos dice que se le acercan algunos fariseos para ponerle a prueba. Ellos no vienen en búsqueda de la verdad o de entendimiento; ellos están tratando de atrapar a Jesús en algo con lo cual le puedan acusar. Y entonces el texto dice que vinieron para ponerle a prueba y le preguntaban si era lícito a un hombre divorciarse de su mujer.

¿De qué manera una pregunta sobre el divorcio podía poner en peligro la vida de Jesús? Porque están tratando de atraparle y están tratando de ponerlo a prueba. Bueno, hay varias posibilidades. Yo no puedo olvidar que probablemente Jesús está en Perea ahora. ¿Quién es el tetrarca de Perea? Herodes Antipas. ¿Quién decapitó a Juan el Bautista? Herodes Antipas. ¿Por qué lo decapitaron? Porque Juan el Bautista había denunciado cómo Herodes Antipas tenía un hermano llamado Herodes Filipo, y en un viaje a Roma, donde estaba Filipo, se enamora de la esposa de su hermano Herodes. Herodes Filipo se divorcia de su esposa, Herodes Antipas se divorcia de la suya, y ahora los dos se casan. Juan el Bautista se entera y le dice: "No te es lícito tener la mujer de tu hermano."

En el territorio de Perea, donde Herodes es el tetrarca, ellos vienen y le hacen la pregunta: "¿Es lícito para un hombre divorciarse de su mujer?" El texto paralelo de Mateo 19:3 dice: "Se le acercaron algunos fariseos para probarle, diciendo: ¿Es lícito a un hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?" Ese es la clave: "por cualquier motivo" es la clave de la pregunta.

En el tiempo de Jesús, entre los judíos, la posibilidad del divorcio existía, y eso es lo que explica por qué José, cuando se entera de que María está embarazada pensando que es el resultado de una relación adúltera, trata de despedirla en privado para no difamarla, porque existía esa posibilidad entre ellos. La pregunta clave es si el divorcio pudiera ser por cualquier motivo.

Existe también la posibilidad de que la manera de probar a Jesús fuera para ver con cuál escuela de pensamiento él se iba a alinear, porque en la época en que Jesús ministró básicamente había dos escuelas de pensamiento. Estaba la escuela de Shamái, la más conservadora, que entendía que el divorcio solamente era permitido en caso de adulterio, como en el caso de José. Pero estaba la escuela de Hillel, que era la más popular, y que entendía que tú podías divorciarte de tu mujer por cualquier razón, incluyendo la posibilidad de que ella te quemara una comida, o simplemente que el esposo ya no la encontrara hermosa con el paso de los años, como si nosotros los hombres embelleciéramos al envejecer.

Lamentablemente, el valor de una mujer en esa época no era mucho; era casi cero. Entre los griegos era peor. Demóstenes, el político y orador griego, decía: "Nosotros tenemos cortesanas para el placer, concubinas para la cohabitación diaria, y esposas para tener hijos legítimos y tener guardianas fieles de las cosas de la casa." En Roma era peor. Séneca, el filósofo romano, decía que las mujeres se casaban para divorciarse y estaban divorciadas para casarse. Jerónimo, el autor de la Vulgata, cuenta acerca de una mujer que había tenido veintitrés maridos, y el marido número veintitrés había tenido veinte esposas anteriores.

De manera que cuando Jesús está respondiendo esta pregunta, él está en medio de un Herodes Antipas que se ha divorciado de su esposa y se ha casado con la esposa de su hermano. Él está en medio de la escuela de Hillel, la más popular, que permitía divorciar a tu esposa por cualquier razón. Está en medio de las corrientes griegas y romanas que no le daban ningún valor a la mujer, y los fariseos vienen ahora para probarle: "Dinos, Maestro, ¿es lícito divorciarse de su esposa, o, para usar la versión de Mateo, por cualquier motivo?"

Y Jesús, como buen judío, responde una pregunta con una pregunta. En realidad, la manera como esto ocurría era que cuando tú me hacías una pregunta, yo te hacía una pregunta, y la pregunta que yo te hacía conllevaba en sí misma la respuesta. Y Jesús responde: "¿Qué os mandó Moisés?" Y ellos dijeron: "Moisés permitió al hombre escribir carta de divorcio y repudiarla." Cuando ellos dijeron eso, no estaban mintiendo, pero habían tomado algo que Moisés había dado al pueblo en Deuteronomio 24 y lo habían torcido.

En Deuteronomio 24 hay una estipulación que habla de que si un hombre va a divorciar a su esposa por haber encontrado algo reprochable en ella, tenía que darle carta de divorcio. La frase "algo reprochable" es la que Hillel llamó de acá para allá, porque Hillel decía que "algo reprochable" es cualquier cosa que al esposo no le gusta. Shamái decía no, "algo reprochable" es algo de moralidad sexual. Entonces, ellos ahora están abrazando la escuela más liberal.

Jesús les pregunta qué fue lo que Moisés les enseñó, y ellos responden. Pero Moisés no les dio ese mandato como una reflexión de la voluntad santa de Dios al crear el matrimonio, sino como una concesión después que el pecado entró al escenario. En Génesis 1 y 2, Dios establece los parámetros del matrimonio: "Varón y hembra los creó." "El hombre dejará padre y madre, se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne." Todo eso está en Génesis 1 —"varón y hembra los creó"— y Génesis 2 el resto. En Génesis 3 el pecado entró al escenario, y una vez que el pecado entró, hay que crear nuevas disposiciones para contenerlo.

Eso es lo mismo que ocurre cuando Pablo le escribe a los corintios. En 1 Corintios 7 hay una serie de estipulaciones acerca del matrimonio, y una de ellas dice que si un incrédulo consiente en vivir con una esposa creyente, que la esposa no lo abandone; pero que si él la abandona, la hermana creyente queda libre. Nada de eso parte del diseño original; hubo que introducirlo como una forma de contener prácticas pecaminosas que ya estaban ocurriendo. De esa misma manera, Moisés pide que se le dé a la esposa repudiada carta de divorcio, para regular algo que ya estaba ocurriendo y como protección para la mujer.

Ella no podía ser acusada de adulterio si se casaba una segunda vez por necesidad, porque en esa época las mujeres no trabajaban para ganarse la vida; la única manera en que podían sobrevivir era casándose de nuevo. Ella no podía ser acusada de adulterio porque tenía un certificado de divorcio de su primer esposo que lo afirmaba. Es una forma de protegerla. La segunda forma de protegerla es que en el mismo Deuteronomio 24, cuando leemos que el esposo que divorcia a su esposa y esa esposa se casa con un segundo esposo, si ella se divorcia de él no puede regresar al primer esposo. Entonces, sin la carta de divorcio, el primer esposo en cualquier momento podía reclamarla y decir: "Ella es mi esposa todavía." En cuyo caso ella podía responder: "No, yo tengo una carta de divorcio que tú me diste hace un año; tú me divorciaste, yo no soy tu esposa."

Pero Cristo comienza a explicarles que Moisés les dio esa concesión por la dureza de sus corazones. Esa es la generación que pasó por el desierto; de esa generación, Dios dice que era una generación dura de cerviz. La dureza del corazón de esa generación, y de la nuestra, requirió en ese momento, y en nuestro momento requiere de otras disposiciones, el que esto fuera permitido.

Una vez Cristo aclara el panorama de lo que Moisés dijo y por qué lo dijo, él entonces se olvida de Shamái, se olvida de Hillel, se olvida de Moisés, por decirlo así, y regresa al Génesis. El pasaje base, el pasaje sede, es el pasaje que más habla y más claramente habla acerca de un asunto; en este caso es el pasaje que nos habla del diseño inicial del matrimonio. Y Cristo se va al Génesis, pasándole por alto a todo lo demás. Dice: "Moisés dijo eso, pero desde el principio de la creación Dios los hizo varón y hembra." Y entonces, Génesis 2: "Por esta razón el hombre dejará a su padre y a su madre, y los dos serán una sola carne." Conclusión: "Por consiguiente, ya no son dos sino una sola carne." Conclusión número dos: "Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe."

Jesús se remonta al Génesis para hablar de la importancia, del significado y de la santidad de esta unión. Todo lo demás que ha tenido que ser introducido por causa del pecado —Deuteronomio 24, 1 Corintios 7— regula algunas de las disfunciones que ocurren en la relación del matrimonio. Cuando Cristo habla de que desde el principio varón y hembra los creó, él está haciendo referencia a que el diseño de sexos diferentes no obedece al azar: no los creó a todos varones, no los creó a todos hembras. El diseño de sexos diferentes obedecía al propósito de que esos sexos diferentes se unieran para que pudieran cumplir la función de crecer y multiplicarse.

Dios se presentó así en el Génesis, y Cristo se remonta a ese pasaje para afirmar la relación entre el hombre y la mujer en el matrimonio como la relación primera, solamente secundaria a la relación con Dios.

De hecho, la manera como Jesús lo hace ayudándonos a ver cómo, a pesar de que los diez mandamientos, Dios escogió a uno de ellos para decir: "Honra a padre y madre", llegaría el momento en que ese hijo, que tiene un mandamiento de los diez para honrar padre y madre, tendría que dejar a ese padre y a esa madre para unirse a su mujer. Y el verbo en el hebreo es sumamente fuerte: lo de dejar padre y madre, dejarlo físicamente, dejarlo emocionalmente, romper el cordón emocional para poder unirse a su mujer y formar entonces una nueva unión muy especial y única que Cristo llama, que Dios Padre llamó, que Cristo reafirmó: una sola carne. Por tanto, ya no son dos sino una sola carne.

De manera que ya hablamos un poco de qué estaba pasando en el trasfondo cultural del momento, de por qué a Cristo vienen a probarlo de esa manera, hablamos un poco de por qué la relación o la creación de varón y hembra, y ahora deberemos ver un poco este concepto de una sola carne: qué implica, cómo se da, qué va a requerir.

Sin lugar a duda, llegar a ser una sola carne requerirá que ambos estén dispuestos a ceder, a dar, o a perder algo de sí para hacerse uno. Dos personas que insisten en mantener lo que han traído al matrimonio, con lo que han llegado al matrimonio, no pueden llegar a ser una sola carne. Yo no puedo retener lo que traje y constituirme en una sola carne con mi esposo o esposa.

El llegar a ser una sola carne va a requerir también que ambos estén dispuestos a sacrificar parte de su libertad, gran parte de su libertad, para entrar en un pacto y no en un contrato. Y esa pérdida de la libertad se ve ejemplificada muchas veces la primera noche de la luna de miel, cuando usted entra a la habitación y pone el aire acondicionado en una temperatura y una tiene frío y el otro tiene calor, y yo no podré tener la temperatura con la que me gusta dormir. Uno de los dos tendrá que ceder, o ambos. Hay una pérdida de esa libertad, y entonces yo necesito perder esa libertad para entrar en un pacto.

De hecho, en Malaquías 2:14, Dios llama a la mujer con la que me he casado "la mujer de tu juventud", le llama "la mujer de tu pacto". Ahora es importante esa palabra, sobre todo en el contexto de la antigüedad. En la antigüedad, los pactos no se firmaban: los pactos se cortaban. Se cortaba un animal, o más de uno, como Dios hizo con Abraham, y no puedo entrar en la parte de Abraham ahora porque me desvío. Pero se cortaba un animal o más de uno, y las personas que se comprometían o que estaban pactando pasaban en medio de las mitades de los animales, y la idea era que si uno de los dos faltaba al compromiso era digno de ser cortado en dos.

De hecho, en algunas tribus en el día de hoy existe todavía esa costumbre para el matrimonio, donde se cortan animales en dos, pero las personas que pasan entre las mitades son el padre de la novia y el padre del novio, con lo cual ellos afirman que si mi hijo o mi hija falla, yo merezco la muerte. Ellos están haciendo un voto porque confían en su hijo o en su hija en mantener el pacto.

De manera interesante también, en la antigüedad, cuando un pacto se cortaba, el mayor de manera unilateral establecía las condiciones y el menor se sometía. En el caso del matrimonio, el pacto está siendo cortado entre Dios y la pareja que ahora es una sola carne. Hay dos individuos: Dios y la sola carne. Él es el mayor, Él estableció las condiciones, y estas son sus condiciones: los dos serán una sola carne. Por consiguiente, ya no son dos sino una sola carne. Conclusión: por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe.

Escucha a Douglas Brower hablando de la diferencia entre lo que es un pacto y un contrato en su libro *Beyond I Do* —más allá de cuando digo sí—, *What Christians Believe about Marriage* —lo que los cristianos creen acerca del matrimonio—. Él dice lo siguiente: los contratos tratan con las cosas, los pactos tratan con las personas; los contratos involucran los servicios de la gente, los pactos involucran a la gente; los contratos son hechos por un periodo estipulado, los pactos son para siempre; los contratos pueden ser quebrantados perdiendo cosas materiales, los pactos no pueden ser quebrantados, pero si son violados resultan en pérdida personal y corazones rotos. Eso nos da una idea de lo que implica entrar en este pacto.

El llegar a ser una sola carne va a requerir que ambos tengan que renunciar a parte de su tiempo para vivir de acuerdo a una sola agenda. Agendas paralelas no unen a las personas, y en el tiempo tienden a separarlas porque las agendas se diversifican. El ser una sola carne, o llegar a ser una sola carne, va a requerir también que ambos tengan que dejar opciones que antes consideraban como suyas. Cuando yo entro en el pacto para continuar demandando cosas que yo considero mi opción, yo no he entendido bien lo que el matrimonio es.

Gary Thomas en su libro *Matrimonio sagrado* dice que en nuestros días nosotros mantenemos nuestro matrimonio siempre y cuando nuestra comodidad terrenal, deseos y expectativas sean llenadas. Nosotros mantenemos la unión hasta que se agoten mis opciones, y siempre y cuando mis deseos estén siendo llenados yo lo mantengo; una vez eso no ocurra, pues yo lo dejo ir, violando el diseño original de nuestro Dios y por tanto la santidad de su diseño.

El ser una sola carne va a requerir que ambos necesariamente dejen de demandar para dar, tanto amó Dios al mundo que dio. De manera que Dios entiende que la manera de construir ese concepto de una sola carne va a requerir de parte de cada uno de los involucrados más el dar que el demandar en retorno. Y mientras eso va ocurriendo, sobre todo ahora después del Génesis 3, cada uno de los cónyuges va a actuar sobre el otro como una lija santa para pulir las asperezas pecaminosas del uno y del otro. Yo quizás no he visto siempre la santidad de esa lija en mi esposa desde ayer esta mañana, y ella tampoco en mí, pero seguro que hemos visto la lija.

Rowland dice que el matrimonio es la cirugía por medio de la cual la vanidad de la mujer y el egoísmo del hombre son extraídos sin anestesia. De manera que el matrimonio es una especie de cirugía sin anestesia, a sangre fría, donde la vanidad de la mujer, por usar un término, y el egoísmo del hombre están tratando de ser extraídos por la mano de Dios sin anestesia. Cuando eso comienza a ocurrir, yo comienzo a molestarme, pero es ahí algo que yo he aprendido, lo he leído, lo he vivido, lo he visto, lo he aconsejado: cuando yo comienzo a molestarme, lo que mi cónyuge está poniendo de manifiesto son mis ídolos. Y cuando mis ídolos van a ser tocados, nosotros peleamos por mantener nuestros ídolos, y entonces entramos en una lucha con el otro que quiere quitarme el ídolo del cual yo estoy abrazado.

Y construimos entonces una teología funcional alrededor del ídolo que luzca cristiana. Ejemplo, aunque quizás no sea el mejor para el matrimonio: quizá tengo un problema con el dinero, el dinero es un ídolo, como la Biblia habla de que seré buen mayordomo. Entonces ahora todo gasto de dinero yo le llamo: "no es que sea buen mayordomo de los recursos del Señor", pero en realidad lo que estoy diciendo es que soy un agarrado del dinero. Yo me estoy considerando un mayordomo; tengo una teología funcional altamente pecaminosa, pero que luce piadosa. Así hacemos con los demás ídolos.

Pero si te pones a pensar un poco, el ser una sola carne no es una cosa fácil. Dios está uniendo a dos seres de diferentes sexos, de diferentes familias, diferentes valores, diferentes sueños, expectativas y metas, y los está fusionando para hacer uno solo. El matrimonio no es el abandono de dos mundos, es la fusión de dos mundos, pero esa fusión tiene que convertirse en una sola. Y cuando tú piensas en eso, solamente Cristo puede de manera milagrosa causar eso. Cristo es el mejor intermediario entre esos dos mundos para fusionarlos y hacerlos uno solo.

Piensa por un momento: tú unes dos seres, pero resulta que uno sueña en azul y la otra sueña en color rosado. Cada uno piensa: "¿Por qué tú no puedes ver lo que para mí y mi amiga es obvio?" Y el hombre piensa: "Yo no sé por qué ella no puede ver lo que para mí y mi amigo, y más del pastor que está de acuerdo, es obvio." Bueno, es obvio para ti como mujer, pero no es obvio para mí como hombre. Ella quiere ser oída y él no está muy interesado en oír porque lo que le gusta es resolver. Él quiere ser obedecido y a ella eso le despierta su rebeldía de la carne. Uno pensaría: ¿a quién se le ocurre que esas dos personas pueden ser una sola carne?

Ella quiere ser amada, pero él no sabe amar de manera natural; a él hay que ordenárselo: "Ama incondicionalmente a tu mujer." Ella quiere ser valorada, pero él dice que hasta que no lo respete no la va a valorar. Ella quiere sentirse segura, pero él está lleno de inseguridades. Vaya usted a ver. Él quiere sentirse apoyado, y ella dice que no lo va a apoyar hasta que ella no se sienta amada. Y Dios dice: "Tú, esos dos individuos así, tienen que llegar a ser una sola carne." Por eso es un milagro. Precisamente por eso soy yo quien tiene que hacerlo; yo tengo que crear eso, me necesitan a Mí, no lo pueden lograr solos.

Entonces Cristo está enseñando acerca de esto, pero cuando Cristo está enseñando acerca de esto, el concepto de una sola carne no estaba completo todavía. El entendimiento de lo que una sola carne implica y la razón del matrimonio no queda claro hasta que llegamos a Efesios, hasta que Pablo viene bajo la inspiración de Dios y escribe acerca del matrimonio. Escucha lo que le escribe a Efesios 5:31-32:

"Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne."

Pablo, no hay nada nuevo; eso está dicho en Génesis, eso está dicho en Marcos 10, eso está dicho en Mateo 19. Hasta ahí no hemos aprendido nada. Y Pablo dice: "Sí, yo estoy de acuerdo, simplemente introduje la idea para luego decirte esto: grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia." De repente Pablo me deja ver el lente: la idea de que dejar padre y madre tiene que ver para...

Unirse en una sola carne tiene que ver con la idea de la unión de Cristo con su iglesia, y le llama misterio. La palabra "misterio", *mysterion* en el griego, en el Nuevo Testamento aparece 22 veces, y prácticamente en todas las veces implica algo que en el Antiguo Testamento no se entendía o no se conocía porque no había sido revelado. ¿Pero qué es revelado ahora en el Nuevo Testamento?

De manera que ahora en el Nuevo Testamento yo acabo de entender que Dios ideó el matrimonio para reflejar algo acerca de Él. Dios nunca ha hecho absolutamente nada para tener al hombre en el centro; todo lo que Dios ha hecho lo ha hecho para la reflexión de su gloria. De manera que si Él ideó el matrimonio, el matrimonio tiene que reflejar algo de su gloria. Y ahora Pablo me dice que lo que está tratando de reflejar es la gloria de la unión de su Hijo con su iglesia.

Nosotros hablamos a veces de que el propósito del matrimonio es el compañerismo, o es la intimidad sexual, o es la procreación, o es la ayuda mutua. Pero escucha lo que Gary Thomas dice de nuevo en su libro *Matrimonio sagrado*: "Es desafortunado y triste cuando algo tan profundo como el vivir una analogía de Cristo y su iglesia —el vivir una analogía de Cristo e iglesia es el matrimonio— se ha reducido a experimentar esta relación meramente como algo que nos ayudará a evitar el pecado sexual, a mantener el mundo poblado y a proveer una cura para la soledad." Él dice que es una lástima que reduzcamos el matrimonio a beneficios, cuando en realidad en la mente de Dios el matrimonio debe reflejar la unión de Cristo con su iglesia. Ese es el misterio que antes no se conocía.

Escucha cómo John MacArthur lo dice: "El sentido sagrado de la iglesia está íntimamente relacionado al sentido sagrado del matrimonio. A través del matrimonio, usted simboliza o niega a Cristo y su iglesia. A través del matrimonio, usted simboliza o niega la unión de Cristo con su iglesia." Eso es lo que coloca en la mente de Dios al matrimonio en un lugar especial.

Si en algún momento de mi matrimonio, de tu matrimonio, tu esposa no se comporta a la altura de su llamado, eso no tiene por qué desdeñar la unión que tienen, porque la iglesia de Cristo no se ha comportado a la altura de su llamado y Cristo la ha seguido amando incondicionalmente. De manera que en el momento en que tu esposa no se comporta a la altura de su llamado, si el esposo responde amando incondicionalmente, él está reflejando la unión de Cristo con su iglesia. Y si en algún momento el esposo —claro, uno de ustedes, no yo— no se comporta a la altura de su llamado... cualquiera de nosotros, incluyéndome a mí, hemos tenido momentos en que no nos hemos comportado a la altura de nuestro llamado, y la esposa, queriendo ser piadosa y reflejar el carácter de Cristo, continúa amando y apoyando a su esposo. Ella está reflejando el carácter de Cristo cuando dijo: "Aprended de mí, que soy manso y humilde."

Entonces escucha esto; quiero leerlo porque lo escribí y quiero leerlo tal cual lo escribí: "El amor incondicional de Cristo por una iglesia pecaminosa ha hecho que esa unión refleje aún más un aspecto del carácter de Dios, y ese aspecto es su fidelidad a un pacto incondicional que Él hiciera en la eternidad pasada entre Dios Padre y Dios Hijo, en presencia y con la participación del Espíritu como tercera persona de la Trinidad." En otras palabras, el amor incondicional de Cristo por su iglesia pecaminosa ha puesto de manifiesto un atributo extraordinario del carácter de Dios, que es la fidelidad de Dios a pesar de la infidelidad de su novia. Y de esa misma manera, en el matrimonio, cuando uno de los dos no se comporta a su altura y el otro sí trata de reflejar a Cristo, estamos reflejando ese carácter de Dios de permanecer fiel a pesar de la infidelidad del otro al pacto.

Me explico. Yo no lo tenía... Solo el amor podría decirlo así y no ser criticado: Dios creó el mundo para que su Espíritu pudiera preparar una novia para su Hijo. Dios creó el mundo para que su Espíritu pudiera preparar una novia para su Hijo, y luego crea el matrimonio para que el matrimonio refleje la unión para la cual Él creó el mundo. Eso es, como se diría en inglés, *heavy* —pesado.

Entonces, en la medida en que el matrimonio exhibe el carácter de Cristo, en esa misma medida refleja la gloria de nuestro Dios en todo su esplendor. Si esto es así, entonces nosotros tenemos que aprender a ver el matrimonio de esta manera: el propósito número uno del matrimonio no es principalmente que el hombre y la mujer sean felices, sino que el hombre y la mujer sean santos. El propósito número uno es la santificación, que traerá la felicidad, no la felicidad que traerá la santificación. Y eso es consistente con lo que Pablo revela acerca del matrimonio en Efesios 5, que fue de donde yo saqué el pasaje que nos habla del misterio.

Efesios 5:25-27: "Maridos..." —y la mención de los maridos nos aplica a nosotros, no a ustedes; no a nosotros, maridos— "...amad a vuestras mujeres." Okay, Dios, entendí, estoy listo. No, espera, no vayas tan rápido. "Así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella." Bueno, sí, yo puedo intentarlo. Espera, no vayas tan rápido. ¿Para qué Cristo se dio a sí mismo? "Para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua con la palabra, a fin de presentársela a sí mismo una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa e inmaculada."

¿Qué quiere decir con eso, Dios? Que como cabeza del matrimonio, a ti te toca la responsabilidad no solamente de ver el propósito número uno del matrimonio —la santificación—, sino de imitar a Cristo santificando a tu esposa, de manera que diez o quince años después de ella estar casada contigo, ella sea más santa por estar casada contigo, no a pesar de estar casada contigo.

Bajo esa óptica, el propósito número uno del matrimonio deja de ser la felicidad y pasa a ser la santificación. Y esa unión está llena de paradojas: Dios une a dos pecadores para reflejar la unión de Cristo con su iglesia. Pero, ¿y eso fue Dios quien lo concibió? Hace unir a dos pecadores para reflejar la unión de Cristo —santo, santo, santo— con su iglesia. ¿Y cómo es eso posible? Por eso me necesitas a mí, a Cristo, en medio de la unión, porque eso es un milagro. Dios eligió a dos personas que están destituidas de la gloria de Dios para que reflejen su gloria. ¿Han visto algo así? ¿Cómo es posible? "Para los hombres no es posible, pero para Dios todo es posible." Yo voy a venir a morar en tu interior, de manera que desde el interior yo voy a comenzar a reflejar el carácter de la persona que vive en ti y que está usando el matrimonio para construir el carácter de Cristo.

Dios une a dos personas egocéntricas para que se llenen mutuamente. Pero si soy egocéntrico, yo me lleno a mí mismo. Sí, pero tienes que aprender a llenar al otro. Dios une a dos personas no confiables para que permanezcan unidas permanentemente. Pero si no somos confiables, por eso me necesitas, para que aprendas a ser confiable. ¡Grandes paradojas!

Esto es lo que Cristo está tratando de ayudar a entender a esta gente en medio de toda esa práctica disfuncional y pecaminosa que yo describí. Yo me imagino a los discípulos cuando había este tipo de cosa completamente contracultural, que la cabeza les daba vueltas; debían quedar como mareados, y no había medicina para los mareos. Y escucha, yo creo que quedaron bien mareados, porque mira lo que dice Marcos: el versículo 10 dice: "Ya en la casa..." —Marcos no refleja una cosa que se dijo afuera y luego cómo los discípulos entraron— "...y ya en la casa los discípulos volvieron a preguntarle sobre esto." O sea, yo y eso... pero yo no quedaron claro. Entonces ya en la casa volvieron a hablar con Él; explica otra vez.

Entonces ya Cristo ha expuesto, ha explicado; ahora Él va a aplicar. Y dice: "Ok, no entendieron, te lo voy a aplicar." Escuchen: "Y les dijo: 'Cualquiera que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella.'" Ese "contra ella" es importante, porque en el primer siglo tú nunca cometías adulterio contra la mujer; el adulterio era cometido contra el esposo de la mujer, porque la mujer no valía nada. Cristo dice: no, no, no. "Varón y hembra los creó": igualdad de dignidad, portadores de la imagen de Dios. Si eso ocurre, comete adulterio contra ella. "Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio."

Como la Palabra de Dios hay que interpretarla con la Palabra de Dios, nosotros sabemos por el pasaje de Mateo 5:32 y el pasaje de Mateo 19:9 que hay una cláusula de excepción que habla de que, a menos que ocurra adulterio, si te divorcias y te recasas de esa manera, has cometido adulterio. Pero aun en los casos de adulterio, el deseo primario de Dios es el perdón y la reconciliación.

En un momento dado, Dios le da carta de divorcio a Israel; es verdad. Escúchenlo en Jeremías 3:8: "Y vio que a causa de todos los adulterios —escuchaste: de todos los adulterios— de la infiel Israel, el reino del norte, siendo cientos de años de cometer infidelidad, yo la había despedido dándole carta de divorcio; con todo, su pérfida hermana Judá, el reino del sur, no tuvo temor, sino que ella también fue y se hizo ramera." Dios muestra que cuando la infidelidad de Israel no mostró arrepentimiento, entonces hubo en su tiempo lugar para el acto del divorcio.

De esa misma manera, cuando ha ocurrido un adulterio, Dios quisiera el perdón y la reconciliación, pero si no hay arrepentimiento de parte del otro cónyuge, entonces en ese caso hay una concesión de permiso, por la falta de arrepentimiento, para la carta de divorcio.

"Pastor, ¿y si yo no sabía todo esto y ya lo hice?" Bueno, en primer lugar, si tú eres cristiano y tu divorcio ocurrió antes de ser cristiano, cuando naciste de nuevo, tu divorcio fue perdonado en Cristo.

Si eso ocurrió después de ser cristiano y tú fuiste donde Dios con corazón arrepentido, en Cristo eso también tiene perdón, porque no hay pecado ni blasfemia cometido por los hombres, a menos que no sea la blasfemia del Espíritu Santo, que no pueda ser perdonado. De tal forma que tú puedas ahora, con un mejor entendimiento, redimir el daño que pudo haber ocurrido en el pasado y poder sentirte perdonado y esperanzado en Cristo, quien a través de su sangre ha sido capaz de perdonar eso que pasó en tu pasado.

Entonces, recordemos que la permanencia de la unión matrimonial habla de la permanencia e indivisibilidad de la unión de Cristo con Su Iglesia. En segundo lugar, que el perdón dentro del matrimonio, requerido de manera recurrente, ilustra el perdón de Cristo para con Su Iglesia, también recurrente, y a quien Él no abandona. Que la fidelidad dentro del matrimonio habla de la santidad de la unión matrimonial y habla también de la fidelidad de Cristo para con Su Iglesia infiel.

Y finalmente, que la unión de la pareja salvaguarda la estabilidad de la familia, que permite el "creced y multiplicaos", y salvaguarda la estabilidad de la sociedad. La estabilidad de la unión matrimonial, una vez más, salvaguarda la estabilidad de la familia, que permite el desarrollo de una mejor manera del mandato de crecer y multiplicarse, y salvaguarda la estabilidad de la sociedad.

Miren que con eso tenemos una mejor idea de cómo Dios constituyó el matrimonio, cómo debemos preservarlo en santidad, y la posibilidad de perdón cuando esas cosas han sido violadas, de tal forma que yo pueda tener, como dice la canción que vamos a cantar, esperanza y fe nuevamente. Puedo tener esperanza y fe nuevamente porque Cristo ha lavado mi culpa en la cruz con su sangre.

Este es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet www.integridadysabiduría.org. ¡Hasta la próxima, cuando nos reencontremos en Su Palabra!

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.