Vivir de manera digna del evangelio no es simplemente predicar la verdad o enseñarla, sino encarnarla. La verdad necesita ser vivida, visible, de tal forma que deje de ser un concepto abstracto y otros puedan ver con claridad su aplicación. El apóstol Pablo, escribiendo desde la prisión a los filipenses, expresa que su mayor deseo era partir y estar con Cristo, pero decidió posponer ese anhelo porque entendía que la iglesia lo necesitaba. Un hombre dispuesto a morir a sus propios deseos para dar prioridad a otros. Y desde esa postura, les hace un llamado urgente: compórtense como ciudadanos dignos del evangelio.
Tres características deben marcar ese caminar. Primera, estar firmes en el Espíritu Santo, porque sin su asistencia la firmeza es imposible. Cada caída, cada división en la iglesia, ha ocurrido cuando faltó firmeza en la fe, en la voluntad de Dios o en las doctrinas enseñadas. Segunda, luchar unánimes por la fe del evangelio, hombro a hombro, porque el enemigo es demasiado poderoso para enfrentarlo individualmente. La estrategia de Dios siempre ha sido unir a su pueblo; la del enemigo, dividirlo. Tercera, no dejarse amedrentar por los adversarios. La historia de la iglesia muestra que las vidas que mejor han adornado la verdad son precisamente las de los mártires, quienes sufrieron sin retroceder.
Pablo concluye con una afirmación sorprendente: sufrir por Cristo es un don, una gracia concedida. Los apóstoles salieron gozosos después de ser azotados, considerándose dignos de sufrir por su nombre. Si el mundo no merece a quienes viven así, Dios sí los merece, y se los lleva consigo.
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Fuimos ganados para mí. En su Biblia, el pasaje es Filipenses 1:27 al 30: "Solamente comportaos de una manera digna del Evangelio de Cristo, de modo que ya sea que vaya a veros o que permanezca ausente, pueda oír que vosotros estáis firmes en un mismo espíritu, luchando unánimes por la fe del Evangelio. De ninguna manera amedrentados por vuestros adversarios, lo cual es señal de perdición para ellos, pero de salvación para vosotros. Y esto de Dios. Porque a vosotros se os ha concedido, por amor de Cristo, no solo creer en Él, sino también sufrir por Él, sufriendo el mismo conflicto que visteis en mí, y que ahora oís que está en mí."
Bueno, no sé cuántos, quizá la mayoría, estuvieron presentes cuando hablamos en el mensaje anterior de esa famosa frase del apóstol Pablo, que habla de que para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia. Hablamos entonces de cómo Pablo se sentía presionado, se sentía entre la espada y la pared, se sentía atrapado entre dos decisiones. Una, la idea de partir y unirse a Cristo, que él define como mucho mejor: "ese es mi deseo primario." Pero luego había otra cosa que también era parte de su deseo, pero era más bien una responsabilidad que su mayor anhelo, y es la necesidad de permanecer en favor de los filipenses para su progreso y gozo, como él les dice al final del texto anterior que estuvimos exponiendo.
Por un lado, Pablo expresa la incertidumbre: "como que no sé qué escoger, si irme o quedarme." Pero él termina escogiendo, y escogió lo que iba en contra de su mayor anhelo, sabiendo que tenía una responsabilidad que llenar. Estuvo dispuesto a poner su mayor anhelo, su mayor deseo, su pasión a un lado, precisamente porque entendía que los filipenses estaban en necesidad de que él permaneciera ministrándoles hasta que ellos pudieran progresar, y verlos hacer eso con gozo.
Entonces, con esa idea, Pablo sigue ahora escribiéndoles. Les dice: "solamente, comportaos de una manera digna del Evangelio de Cristo." Aquí hay una frase que ha sido traducida también como "comportaos como ciudadanos dignos del Evangelio." No hay duda de que el Evangelio es el foco en este pasaje: la propagación del Evangelio, la supervivencia del Evangelio, el avance del Evangelio. De hecho, Pablo está dispuesto a poner su mayor deseo a un lado precisamente en aras del Evangelio.
Si hay un hombre, más allá de lo que fue la persona de Jesús, o aparte de la persona de Jesús, que supo morir a sí mismo y morir a sus mayores deseos para dar prioridad a otros, fue el apóstol Pablo. Este hombre llegó hasta el extremo de decidir incluso en su mente: "si tiene que ver con mi decisión, yo he decidido postergar el encontrarme con el Señor, en beneficio de otros." Y esos otros no son nada más y nada menos que los filipenses, a quienes él entendía que aún necesitaban de su presencia.
Pablo, entonces, ayudándoles a entender cuán sublime, cuán alto es el valor del Evangelio, les hace una primera exhortación. Les dice: "lo único que quisiera ver es que vosotros estéis comportándoos de una manera digna del Evangelio." Esto guarda una idea similar a la que él nos menciona en Filipenses 3:20, cuando nos recuerda que nuestra ciudadanía está en los cielos. Como nuestra ciudadanía está en los cielos, yo tengo que vivir aquí abajo, pero pensando en los valores del otro reino al que he entrado. Tú has entrado a un reino que tiene valores con los que otros no se identifican. Tú has entrado a una nueva ciudadanía donde hay metas que otros no persiguen, donde hay intereses que otros no han abrazado. Pero ese es tu nuevo reino, tu nueva ciudadanía, y tú necesitas caminar la vida cristiana teniendo eso en mente, si has de vivir exaltando la causa de nuestro Señor Jesucristo.
Si hay algo en la historia de la iglesia que ha hecho detener, que ha hecho disminuir el avance, la velocidad del avance del Evangelio, es precisamente el hecho de que los soldados del ejército de Cristo no siempre han vivido conforme al llamado que han recibido. No basta, hermanos, con predicar el Evangelio, con predicar la verdad. No basta con enseñarla. No basta con hablar de lo necesario que es defender esa verdad. La verdad necesita ser encarnada, y esa es la razón por la que el Verbo se hizo carne. La verdad necesita ser vivida. Otros necesitan ver la verdad andando, de tal forma que deje de ser un concepto abstracto en la mente de muchos, y ellos puedan ver con claridad lo que es la aplicación de la verdad. A esto es a lo que Pablo se está refiriendo cuando dice que tenemos que vivir de una manera digna del Evangelio.
Es posible vivir por debajo de la verdad en términos de dignidad. Es posible vivir de una manera indigna del Evangelio. Pero también es posible vivir, como Pablo nos llama a hacer, de una forma en que nosotros y nuestras vidas seamos el adorno de la verdad. Eso es como Pablo le escribió a Timoteo: "Timoteo, tú estás en la necesidad, al igual que yo, de vivir una vida que pueda adornar." ¿Te imaginas eso? Que tienes una doctrina, una enseñanza, que cuando es vivida resulta en que las vidas que la están encarnando están adornando lo difícil de cierta doctrina para llevar a la práctica. Esa es exactamente tu llamado y el mío. Esa responsabilidad está sobre nosotros, que dependemos del Espíritu de Dios para poder hacerlo, sí, cierto, pero es nuestro llamado.
Ahora bien, es interesante cómo Pablo les dice a ellos: "solamente," como diciendo: "esto es lo único importante, comportaos de una manera digna del Evangelio de Cristo, de modo que ya sea que vaya a veros o que permanezca ausente, pueda oír que vosotros estáis firmes." Pablo está diciéndoles: "¿Sabes qué? Yo quiero ir. Yo quiero ir a veros. Es posible que yo no llegue, pero no importa. Si me quedo o si voy, eso no es lo esencial, eso no es lo más importante." Mis circunstancias son irrelevantes. Lo que importa es escuchar, como lo tiene una traducción al inglés: "una sola cosa, esto es lo importante, esto es lo esencial." Independientemente de que yo nunca llegue allá y que simplemente tenga que quedarme, lo importante es que yo pueda oír: "hijos míos, que vosotros estáis caminando de una manera que honra la verdad del Evangelio."
Padre es como ese padre que ha enviado a su hijo al exterior a estudiar, está ahora cursando alguna carrera universitaria, como muchas veces ocurre, y ese padre está aquí orando, preocupado, llamándole, escribiendo, preguntándose si este hijo o hija que está estudiando está caminando, está manteniéndose en los caminos de Dios que ellos le enseñaron, si está caminando todavía a la altura de las verdades que recibió. Y él suena muchas veces en sus cartas como ese padre ausente, preocupado por el caminar de sus hijos. Y eso es exactamente lo que nosotros vemos aquí.
Ya sea que yo vaya o que yo me quede, eso es irrelevante. Mis deseos —yo les expreso mis deseos— pero mis deseos son irrelevantes. Lo que yo sí quiero oír es que vosotros estáis caminando de una manera digna de la verdad.
Cuando Pablo les escribe entonces y les habla de comportarse como ciudadanos dignos del Evangelio, él está consciente de que eso tiene que lucir de una manera concreta. Como yo entiendo eso de que yo soy ahora un ciudadano de un nuevo reino, y que ese reino tiene que ver con el Evangelio. Bueno, el Evangelio tiene que ver con la historia de un hombre, y cuando tú lees la historia de ese hombre, tú entiendes que ese hombre vivió en perfecta conformidad con la voluntad de Dios. Por tanto, yo voy a vivir de una manera digna del Evangelio; yo tengo que hacer mi mejor esfuerzo para vivir en conformidad con la voluntad de ese mismo Dios. Nunca voy a lograrlo como Cristo lo logró, es cierto, pero esto no implica que yo no deba hacer mi mayor esfuerzo para vivir también bajo esa misma voluntad, de tal manera que mi caminar sea digno de su caminar.
Pablo está consciente de que ese Evangelio se escribió con sangre; por tanto, yo debo estar dispuesto a dar no solamente mi sudor, sino hasta mi sangre si fuera necesaria, en aras de la verdad. Él sabe que la vida de Cristo fue marcada por santidad, y por tanto, si yo he de vivir una vida que sea digna de la suya, mi vida debe ser caracterizada por santidad. Pablo está consciente de que la humildad fue una de las actitudes —la actitud número uno— que se pudo ver en el caminar de Cristo, que pudo ser palpable, que podemos ver con claridad en qué consistió. Y de esa misma manera, la humildad debe ser esa característica que marca a los hijos de Dios en su paso por la tierra. Es eso lo que llevó a Pablo a vivir como vivió, a escribir como escribió y a morir como murió; es exactamente ese entendimiento de lo que yo acabo de decir.
Pablo tiene una preocupación no solamente con los filipenses. Pablo está preocupado con los colosenses, Pablo está preocupado con los efesios, Pablo está preocupado con los tesalonicenses. Lo que les dice a los colosenses en 1:10: "para que andéis como es digno del Señor." La misma preocupación a los tesalonicenses en 1 Tesalonicenses 2:12: "para que anduvierais como es digno." A los efesios en 4:1: "que debiéramos caminar de una manera digna al llamado que hemos recibido."
¿Por qué está Pablo tan preocupado con la manera como caminamos? Es que la manera como los hijos de Dios caminan le dan una buena o mala reputación a la fe. Y lo que él quiere es que la forma en que nosotros decidamos vivir la verdad resulte atractiva para el mundo incrédulo, de tal manera que la doctrina que algunos sienten, leen o escuchan como árida, cobre vida cuando la vean en nosotros. Y esa es la única manera en que nosotros podemos hacer eso: viviendo de una forma digna del Evangelio.
Ahora bien, en el texto Pablo pasa entonces a decirles y hablarles de tres condiciones o características que debieran ser parte de esa vida digna de la verdad de Cristo. La primera de ellas es que ellos debieran estar caracterizados por estar firmes en un mismo Espíritu. Aunque en el texto, tanto en inglés como en español, aparece con minúscula, en realidad la mayoría de los académicos está de acuerdo en que eso es una referencia a estar unidos o estar firmes en un mismo Espíritu con mayúscula, haciendo referencia al Espíritu Santo, y lo dicen por razones lingüísticas y de análisis de las cartas de Pablo.
Nosotros tenemos en Efesios 4:1 que Pablo nos llama a estar firmes en el Señor; estar firmes en el Señor es lo mismo que estar firmes en el Espíritu con mayúscula. Nosotros sabemos que en otras cartas la frase "en el Espíritu" con mayúscula aparece exactamente de la misma forma, en 1 Corintios 12:13 y en Efesios 2:8. Nosotros encontramos a Pablo llamándonos a estar firmes en ese Espíritu. Y la realidad es que estar firmes sin la asistencia del Espíritu de Dios es una imposibilidad, de tal forma que Pablo nos está llamando a vivir la vida en el Espíritu. Si el Espíritu de Dios no está morando en nosotros, obrando en nosotros, moviéndose entre nosotros, la posibilidad de que nosotros podamos estar firmes en nuestra fe se desvanece. Y eso es exactamente lo que Pablo está tratando de impedir que ocurra con los filipenses y su fe.
Pablo sabe que cada caída de un cristiano se ha debido, en ese momento, a que él no estaba firme. Él sabe que cada división de una iglesia se ha producido en un momento cuando no ha habido firmeza en las doctrinas, o no ha habido firmeza en su liderazgo, o no ha habido firmeza en los miembros, o todas las anteriores. La falta de firmeza en nuestro caminar causa grandes estragos en nuestra vida personal o de iglesia.
Recordemos lo que Santiago escribe en su carta cuando nos manda a no ser de doble ánimo, y cómo describe al hombre de doble ánimo: que es como las olas que suben y bajan, y que no son estables ninguno de sus caminos. Y cómo él termina diciendo que ese hombre no debe esperar recibir nada de Dios, porque la inestabilidad es una forma indigna de vivir la verdad de Cristo. Y eso es exactamente lo que Pablo no quiere que ocurra. Filipenses, ya hemos visto demasiado en los caminos del Señor; no queremos que la misma historia se repita en vosotros, pues vosotros tenéis un llamado a estar firmes.
Pablo afirma eso múltiples veces en múltiples cartas, y yo quiero simplemente mencionarlo a manera de ilustración. Pablo le escribe a los corintios y les dice en su primera carta, en 1 Corintios 16:13: "Estad alerta, permaneced firmes en la fe, portaos varonilmente, sed fuertes." Pablo le escribe a los corintios en su segunda carta y les dice en 2 Corintios 1:24: "Porque en la fe permanecéis firmes." Le escribe a los gálatas y les dice en Gálatas 5:1: "Por tanto, permaneced firmes." Le escribe a los efesios y les dice: "Para que podáis estar firmes", en Efesios 6:11. A los colosenses les escribe y les dice: "Para que estéis firmes, perfectos y completamente seguros en toda la voluntad de Dios." A los tesalonicenses les escribe y les dice en su segunda carta: "Hermanos, estad firmes y conservad las doctrinas que os fueron enseñadas, ya de palabra, ya por carta nuestra." Y luego Pedro, otro apóstol, escribe en su primera carta, en 1 Pedro 5:9: "Resistidle firmes en la fe."
¿Tú crees ahora que permanecer firmes, vivir firmes en la fe, es un asunto importante para el Evangelio? Es vital que tú lo creas, porque es un llamado repetitivo, recurrente, presente casi en cada una de las cartas de Pablo a sus seguidores. Y hay tres grandes áreas cuando tú revisas estas citas donde él nos llama a estar firmes: una tiene que ver con firmeza en la fe, la otra es firmeza en la voluntad de Dios, y la tercera es firmeza en las doctrinas enseñadas.
Si no estamos firmes en la fe, vamos a tener falta de confianza en el Señor, y esa falta de confianza en el Señor nos hace perder estabilidad. Si no estamos firmes en la voluntad de Dios, llegamos a creer que algo es la voluntad de Dios cuando no lo es, y vamos a perder el equilibrio. Cuando no estamos firmes en las doctrinas que nos han sido enseñadas, a la hora del resbalón no vamos a tener de dónde asirnos, de dónde agarrarnos. De manera que tú puedes ver con claridad práctica de qué manera, y por qué, el llamado a estar firmes, a vivir firmes, es de una importancia vital no solo para tu persona sino para toda la iglesia.
Este es un llamado a los filipenses. Este es un llamado a la iglesia. Este es un llamado a cada iglesia a lo largo de la historia del pueblo del Señor. De manera que nosotros tenemos ahora la primera de las tres características que Pablo menciona en este texto, que debe caracterizar ese caminar digno, a la altura de los ciudadanos del nuevo reino, a la altura del Evangelio de nuestro Señor.
En segundo lugar, Pablo no solamente quiere que estemos firmes en la verdad o en un mismo espíritu, sino que los llama a luchar de manera unánime por la fe del Evangelio. Aquí aparecen dos palabras que merecen la pena que nos detengamos: una es "luchar" y la otra es "unánime". La palabra "luchar" en el original es *synathleō*, que implica luchar hombro a hombro, lado a lado, un hombre al lado del otro hombre en contra de un enemigo opositor, como en una batalla o en juegos atléticos donde tú tienes un grupo de jugadores que están parados lado a lado y que van a vencer a otro grupo de jugadores.
De tal forma que Pablo, con esta fraseología, nos da a entender: número uno, hay un esfuerzo, hay una agonía, hay una lucha —que frecuentemente traduce la palabra original *agōn*, de donde viene la palabra "agonía"— que es parte de la vida cristiana. Pero también está tratando de ayudarnos a entender que esa lucha no fue diseñada para ser librada de manera individual, porque tu enemigo es muy poderoso y tú no vas a poder sostenerte en la batalla. Esta es una lucha para ser librada de manera unánime. La estrategia de Dios siempre ha sido unir a su pueblo; la estrategia del enemigo siempre ha sido dividir al pueblo de Dios. Y eso es algo de lo que Pablo está consciente cuando continuamente les recuerda a las iglesias la necesidad de permanecer unidas.
La fortaleza de nuestro enemigo, de nuestro opositor, es extraordinaria. Su astucia es muy superior a nuestra habilidad de discernir sus artimañas. Y por tanto se hace necesario no solamente que vivamos firmes en el espíritu, sino que a la hora de luchar vayamos a luchar de manera unánime. Tú encuentras ese llamado en Romanos 12:5, 12:12; en 1 Corintios 1:10 y 1:17; en 2 Corintios 8:11; en Gálatas 3:28; en Efesios 4:3 y 4:13.
¿Tú crees que es importante la unidad del cuerpo de Cristo? "Padre, que ellos sean uno como tú y yo somos uno", dijo nuestro Señor horas antes de su muerte. ¿Tú crees que es importante la unidad del cuerpo de Cristo? Hermanos, hemos estado diciendo que el enemigo muchas veces nos confunde y nos lleva a creer que mi enemigo es la nueva iglesia que plantaron a medio kilómetro de la mía, o nos lleva a creer que mi enemigo es el hermano que va a otra iglesia y piensa diferente a mí, o el hermano que viene a mi propia iglesia y piensa diferente a mí. Ese no es tu enemigo. Nunca ha sido tu enemigo. A ese, Dios le llama hermano.
Tu enemigo es otro. Tu archienemigo es Satanás. Y a menos que nosotros estemos unidos, jamás podremos vencer a aquel que es llamado nuestro enemigo por excelencia. Satanás nos confunde, nos hace creer que mi enemigo es esa otra persona de quien yo estaba hablando, de tal forma que mientras yo soy distraído atendiendo a esta otra persona que no es mi enemigo, él está haciendo estragos en medio del pueblo. Y esa es su estrategia. Por eso Pablo está diciendo: "No, no lo permitas."
Mi enemigo quiere que yo siempre esté distraído; Dios quiere que yo esté enfocado. Mi enemigo quiere que yo esté involucrado en cosas personales; Dios quiere que yo esté enfocado en asuntos eternos. Mi enemigo quisiera sacarle partido a la naturaleza egoísta de nuestra carne, y Dios quiere sacarle partido a la unidad que solamente el Espíritu de Dios puede producir.
Pablo va a desarrollar esa idea todavía más en el próximo texto que continúa después de este que yo estoy exponiendo hoy, porque inmediatamente después él escribe a los filipenses en el capítulo dos y les dice: "Haced completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados al mismo propósito. Nada hagáis por egoísmo o vanagloria, sino con actitud humilde; cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo." Pablo está uniendo varias ideas aquí, pero una de ellas es: yo tengo gozo de saber que están progresando, me gozo de saber que su progreso es con gozo. Pero si tú quieres hacer mi gozo completo, yo les voy a pedir que sean, filipenses, de un mismo amor, unidos en un mismo espíritu, dedicados a un mismo propósito. Nada hagáis por egoísmo, que no tiene que ver con nosotros sino con el otro. Considera al otro como más importante que tú. Eso es lo que Pablo está tratando de comunicar.
Esa es una idea vital para el cuerpo de Cristo. Si el Espíritu de Dios no está morando en nosotros, moviéndose entre nosotros, esa unidad que Pablo está tratando de mantener, de cultivar, de trabajar, no va a ocurrir. Ligon Duncan, comentando acerca de este pasaje, dice: "La unidad no simplemente ocurre; la unidad hay que trabajarla, hay que cultivarla, hay que cuidarla. No simplemente aparece. Es algo que tú necesitas trabajar y a lo que necesitas dedicarte, precisamente a través de la Palabra de Dios, a través del Espíritu de Dios, a través de la oración." Y eso es algo a lo que Pablo está aludiendo en este pasaje.
Luego de decirles: "Mi deseo es que ustedes puedan estar firmes en el espíritu, con un mismo ánimo, que vosotros podáis luchar y contender de manera unánime por la fe del Evangelio", en tercer lugar, yo quisiera exhortarles a lo siguiente: "De ninguna manera estéis amedrentados por vuestros adversarios, lo cual es señal de perdición para ellos, pero de salvación para vosotros, y esto de parte de Dios." ¿Qué mejor manera de exaltar el Evangelio que en medio de la oposición nosotros no estemos amedrentados? ¿Qué mejor forma de realmente servirle de adorno a las verdades de nuestra fe, que en medio de la persecución nosotros podamos dar testimonio de lo que verdaderamente hemos abrazado?
Hermanos, revisa la historia de la iglesia y dime si la vida de los mártires, cuando tú lees su biografía o su testimonio, no son las vidas que mejor lucen la verdad de Dios. No son las vidas que no pasaron por sufrimiento. No son las vidas que evitaron el dolor y el sufrimiento las que mejor le dan color a la verdad de nuestro Señor Jesucristo. Son las vidas de estos mártires. Y Pablo les está diciendo: "Yo soy…"
Yo he vivido una vida por el Evangelio de tal forma que de nada me he dejado amedrentar. Los viajes no me han amedrentado, el mar tampoco, las veces que he naufragado tampoco me han amedrentado, las persecuciones mucho menos, las prisiones son mis peajes. Ahí es que yo me quedo cuando yo viajo; es lo más barato. Pablo está tratando de pasar a los filipenses su espíritu de valentía. Pablo trató de pasar a Timoteo su espíritu de valentía también. Timoteo, recuerda, parecía tener un espíritu medio tímido, y Pablo le dice: "Recuerda, Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de valor, de dominio propio."
Y aquí, a los filipenses, les está tratando de inyectarle parte de ese mismo sentido. "Amedrentar" es una palabra que en el original hacía referencia a caballos que estaban en el campo de batalla. Como tú y yo estamos en el campo de batalla, y que de repente, como ha ocurrido en algunas de las batallas, sobre todo del pasado, cuando se libraban a caballo, a los caballos se amedrentaban, se entraban en pánico. En su batallar, en su contender, de tal manera que se comportaban de una manera errática y terminaban negando la fe, o terminaban entregando al Señor, como hizo Judas. Nada de eso. Y eso es algo que ha causado muchas veces que la gente niegue su fe.
No quiere que nosotros nos llenemos de terror y salgamos corriendo, nos llenemos de terror y olvidemos la fe por la cual quizás habíamos contendido anteriormente. Y vea una vez más la necesidad de poder contender de manera unánime, porque cuando estamos contendiendo juntos, uno le da ánimo a la otra persona. Pablo le está escribiendo a una iglesia donde Evodia y Síntique, que habían sido sus compañeras de contienda por el Evangelio, ahora están irreconciliadas. Y Pablo está preparando el camino, y se le suele decir: "¿Qué es esto? El mano, ayuda a estas hermanas que fueron mis ayudantes en la batalla por el Evangelio, y que puedan continuar, volver a tener un mismo sentir, un mismo espíritu."
Eso es exactamente lo que Pablo estaba tratando de evitar, o de corregir. Lo mismo que tuvo que hacer con los corintios cuando les escribe la primera carta: que se pongan de acuerdo en el nombre de Cristo, el nombre del Señor Jesucristo, que no haya divisiones entre vosotros, sino que estéis enteramente unidos en un mismo sentir, en un mismo parecer. Nota cómo él hace este llamado: "Por amor de nuestro Señor Jesucristo, olvídate de mí, olvídate de quién yo soy, pero también olvídate de ustedes, hermanos; estad unidos, sin división, en un mismo sentir, en un mismo parecer."
Y para eso nos llaman, entonces, a hacer esa resistencia. Nosotros sabemos que la iglesia de Cristo ha crecido en medio de la oposición todo el tiempo. Dios no ha cambiado esa ecuación, y yo no creo que Él piensa hacerlo en los últimos días. Es parte de su diseño, es parte de cómo Él lleva a cabo sus propósitos. Él sabe que una de las cosas que la persecución hace es separar los mansos de los cimarrones, las ovejas de los cabritos, porque solamente el que tenga el Espíritu de Dios en su interior podrá resistir en contra de los embates, sobre todo cuando tú tienes en riesgo tu vida, tus posesiones o los tuyos. Sin la presencia de ese Espíritu en ti, tú no lo vas a hacer. De manera que la persecución va a permitir exactamente lo que debiera ocurrir: la separación del creyente del no creyente.
Ahora, Pablo dice que esa persecución es una señal, y hay una fraseología aquí que es un tanto extraña, porque dice que esa persecución es una señal para incrédulos y para creyentes. Mira cómo él lo dice; lo vuelvo a leer: "No estéis amedrentados de ninguna manera por vuestros adversarios, lo cual es señal de perdición para ellos, para los adversarios, los perseguidores, pero de salvación para vosotros, y esto de Dios." La última parte es quizás más fácil de ver. Podemos ver más fácilmente cómo es que la persecución es una señal de salvación para nosotros, y es porque al vernos perseverar, la perseverancia y el testimonio que el Espíritu da a nuestro espíritu en medio de la persecución, testifica acerca de nuestra salvación. Yo creo que eso es más o menos fácil de ver.
La parte que es difícil de ver o de entender es qué quiere decir Pablo con que la persecución es una señal de perdición para ellos, para los perseguidores, los adversarios. Bueno, visto de esa forma no está claro. Pero algunos han pensado que es posible que lo que Pablo está diciendo es que la persecución, y la resistencia a la misma, la oposición a la misma, que está llevando a estos filipenses a perder su vida quizás, es vista de parte de los perseguidores como perdición: "Es una perdición, te va a llevar a la perdición." Y que eso que ellos ven como perdición para los creyentes, ellos lo ven como salvación. Si ese es el significado, entonces es más claro de ver; de lo contrario, es un tanto oscuro.
Ahora escucha. Una vez Pablo les ha dicho a los filipenses, les ha comunicado, los ha exhortado, los ha motivado a que puedan, por un lado, luchar unánimes por la verdad del Evangelio, y que pudieran permanecer con valor, no amedrentados en medio de la contienda. Una vez que les ha hecho esas tres exhortaciones, Pablo hace al final un comentario, como un comentario paulino, a la razón por la que entiende que ellos no debieran estar amedrentados. Escucha ahora el texto, al final, versículos 29 al 30: "Porque a vosotros os ha sido concedido por amor a Cristo, no solo creer en Él, sino también sufrir por Él."
"Os ha sido concedido", voz pasiva. "Me lo han dado." ¿Qué es lo que me han dado? Me han dado un don; como un don, una gracia. Y es, de hecho, una gracia doble. ¿Qué te han dado? Un don, una gracia. El texto dice sufrir por Él. Ese es el orden: primero tú crees en Él, eso fue un don que Dios te dio, una gracia; y luego, sufrir por Él. "Pastor, yo no veo cómo sufrir tenga ninguna gracia. A mí no me hace ninguna gracia." Bueno, los apóstoles lo entendieron como una gracia.
Mira la primera paliza que a Pedro le dan en el libro de los Hechos. Y él sale de la cárcel contento, regocijándose; salieron ellos por haber sido hallados dignos de haber sufrido a causa de Cristo. Ellos supieron, entendieron, que sufrir por la causa de Cristo era algo que habían recibido como un don, y están contentos de que Dios los hallara dignos de haber sufrido por Él. "Yo no soy digno de identificarme con la cruz de mi Señor. Eso está muy alto. De tal manera que, si me identifico, es un don que yo pueda hacerlo. Yo no soy digno de identificarme como hermano de Jesús, como hijo de Dios Padre. Si lo puedo hacer en medio del dolor y el sufrimiento, eso es una gracia que se me ha concedido. Yo no soy digno de morir de la misma forma que mi Señor, representando el nombre de Dios, la causa de Dios, la cruz de Cristo, o la salvación del hombre. Yo no soy digno de sufrir a ese nivel, a esas condiciones. De manera que, si lo puedo hacer, es una gracia que me han concedido."
Por el mismo Espíritu, el mismo Espíritu que me da la salvación es el mismo Espíritu que me da la gracia para yo sufrir a causa de nuestro Señor. Si hay algo que prueba lo genuino de nuestra fe, es la persistencia del creyente en medio de la presión. Cuando el creyente sale corriendo, como salió Judas en medio de la presión, él nunca había creído. El Espíritu te mantiene allí. "Mi gracia es suficiente." Y es suficiente para toda ocasión y en todo tiempo.
Pablo le está escribiendo a un grupo de gente que está familiarizada, todos ellos, con sus sufrimientos. Cuando Pablo estuvo en Filipos, no le fue bien. Él le cuenta a los tesalonicenses lo que le pasó en Filipos, como una forma de Pablo ventilar sus experiencias difíciles y usar las experiencias difíciles para animar a otros. Escucha lo que le dice a los tesalonicenses en su primera carta, en 2:2: "Sino que después de haber sufrido y sido maltratados en Filipos, oye la palabra que usa, maltratados, como sabéis, tuvimos el valor, confiando en nuestro Dios, de anunciaros el Evangelio de Dios en medio de mucha oposición."
¿Tú notas el orden de esas palabras? Lo primero que me pasó en Filipos es que me maltrataron y sufrí mucho. Luego de haberme maltratado y de haber sufrido mucho, en vez de yo retraerme, en vez de yo ser más cauteloso, en vez de yo callarme, cobré valor, dice el texto. Me llené de valor. Tuvimos el valor después de sufrir. "Pablo, ¿y cómo tú pudiste hacer eso? Porque normalmente la tortura, la paliza, tienen a amedrentar a la persona." No a nosotros, porque Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, de tal forma que nosotros cobramos valor, confiados en nuestro Dios. Eso es estar firmes en el Espíritu, con ánima única. Pablo está diciendo: "Nosotros pudimos hacer eso en Filipos, confiando en nuestro Dios, permanecimos firmes." Y luego, entonces, nos dice que continuamos hablando el Evangelio de Dios en medio de mucha oposición.
Dios pudo haber removido la oposición, pero no lo hizo. Dios nunca nos ha eliminado la oposición en la medida en que ha hecho avanzar su Evangelio. Yo creo que hay razones claras para ver por qué Dios no remueve la oposición, la dificultad y la lucha. Pudiéramos hacer una lista más o menos larga, pero yo voy a mencionar dos, tres o cuatro ilustraciones de razones por las que entendemos que Dios no nos remueve la oposición. Nosotros quisiéramos que Dios nos removiera la oposición, porque nos gusta triunfar, nos gusta celebrar el triunfo, pero que lo gane otro. Nosotros quisiéramos tener la experiencia del domingo en la mañana, del domingo de resurrección: "¡Wow, resucitó Cristo!", pero sin pasar por el viernes en la noche.
Pero, ¿por qué no puede ser la experiencia del domingo sin el viernes? Porque antes del domingo es el sábado, y antes del sábado es el viernes, y si no se pasa por el viernes no hay domingo. Ni el Hijo de Dios tuvo corona sin cruz. No hay gloria sin el dolor de la cruz, ni para el Hijo de Dios. "Padre, devuélveme la gloria que yo disfrutaba contigo desde antes de la fundación del mundo." Recuerdan esa oración de parte de Cristo, y el Padre puede haber respondido: "Sí, pero no antes de la cruz, después de." No hay corona sin cruz.
Yo creo que una de las razones por las que Dios ha orquestado que sea de esa manera es porque en la comodidad, en la tranquilidad, cuando estamos bien suplidos, nosotros nos concentramos, nos enfocamos en nuestras nimiedades, nuestras cosas personales, y nos dividimos. Pero cuando todos estamos en necesidad, cuando todos estamos necesitando el uno del otro, entonces nos unimos. Y Dios dice: "Pues como la unidad es un valor vital para mí, les dejo la persecución para que sean unidos."
Yo creo que otra de las razones por las que Dios hace esto es porque, como dijimos, la persecución revela a los verdaderos creyentes. ¿Quién es y quién no es? Una tercera razón, yo creo, es porque muchos de nosotros quisiéramos experimentar mucha más cercanía con Dios y poder experimentar lo dulce de su comunión con nosotros, y no hemos tenido la oportunidad. Pero te voy a decir algo: si tú la vas a tener, no va a ser fuera del dolor y del sufrimiento. Como dice el himno que fue traído al español —aunque yo no lo conozco en español, lo conozco en inglés—, dice: "To added affliction, added more grace." Él agregó más gracia. Entonces, en la medida en que la temperatura del horno suba, Él agrega más gracia.
Esa gracia añadida es lo que me permite disfrutar la comunión dulce e íntima con el Señor que yo necesito para mantenerme en medio de la dificultad. Si yo la quiero, también necesito lo otro. Porque a poca aflicción, poca gracia; a mayor aflicción, mayor la gracia; a mayor la gracia, mayor la comunión; a mayor la comunión, mayor el sabor dulce de la koinonía con nuestro Dios. ¿Quieres la comunión ahora? Alguien nos dice: "No, mejor pastor, me quedo así, me quedo lejos de Él. Mejor espero llegar al cielo y entonces tengo comunión con Él."
Y finalmente, yo creo —estaba meditando sobre estas razones— que Dios orquestó a propósito que la lucha, la contienda, la oposición ocurriera y permanezca mientras la iglesia se abre paso. Porque yo creo que Satanás logró que Adán y Eva pecaran, se separaran de Dios por el pecado, fueran separados de Dios, y comenzaran a experimentar las consecuencias de la justicia de Dios. Él ya sabía que eso era así, porque él había pasado por eso primero. Yo creo que quizás él estaba pensando que si ese hombre comenzaba a experimentar las consecuencias de la justicia de Dios debido al pecado, el peso de su justicia iba a hacer que se alejara más de Dios.
Y Dios ha permitido entonces que el hombre sufra las consecuencias de su pecado, no las ha removido, y ha trabajado a través de las consecuencias de ese pecado del hombre. Ha conquistado en medio y a través de las consecuencias del pecado de la caída, con lo cual Él prueba todavía más su poder, su habilidad, su capacidad para hacer que los filipenses puedan brillar aún mejor como luminares en medio de una generación perversa y torcida, como Pablo lo llama. ¿Se entendió eso? Dios está conquistando y haciendo avanzar su evangelio a través de las consecuencias del pecado del hombre sin removerlas: primero, porque son sus consecuencias; y segundo, porque Él demuestra aún mayor poder precisamente cuando logra conquistar en medio de la adversidad.
Nosotros tenemos todo el testimonio de un gran grupo de personas en Hebreos 11, de quienes se nos dice que fueron apedreados. ¿Alguien aquí ha sido apedreado por la causa de Cristo? Aserrados, cortados en dos —no estaría aquí—, tentados, muertos a espada, destituidos, afligidos, maltratados. El texto de Hebreos 11 dice de ese grupo de gente que el mundo no era digno de ellos. ¿Está bien? El mundo no se lo merecía, y Dios se los llevó. Dice el texto: Dios se los llevó, porque el mundo no merecía que ellos continuaran en él.
Ahora tú puedes unir las dos ideas: vivir una vida digna de vuestro llamado, con esta última idea de este grupo de hombres que, al haber vivido de la manera que lo hicieron, Dios dice: "El mundo no era digno de ellos. Yo sí era digno de ellos, y me los llevé. Los traje a morar conmigo, a experimentar comunión conmigo."
Ahora bien, si tú tienes hijos y ellos nunca te ven sufrir por causa del evangelio, ¿de qué manera tus hijos van a aprender que realmente el evangelio tiene valor? Quizás la razón por la que tus hijos no han abrazado el evangelio es porque ellos han visto que no le han dado valor, que tú no le has dado valor en la manera en que has caminado. "Bueno, pastor, yo no tengo hijos." Entonces aquellos que vienen detrás van a ver que realmente el evangelio tiene un valor. Si nunca te han visto pagar el precio de lo que es abrazar el evangelio, ser destituido, ser afligido, ser maltratado, ser herido, si ellos no ven la verdad encarnada, si no ven la verdad vivida, ¿cómo van a saber que realmente eso que es una idea, un concepto, un grupo de palabras que define algo, es verdad? Cuando la vean encarnada. Cuando la vean vivida. Cuando la vean amplificada.
"Pastor, es que yo no tengo suficiente valor para eso." Bueno, en primer lugar tenemos que preguntarnos si tenemos el Espíritu de Dios, pues el Espíritu de Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía. Número dos: "Bueno, ya hice el ejercicio, yo creo que sí tengo el Espíritu de Dios, pero todavía soy medio cobarde." Bueno, quizá lo que necesito es llenura del Espíritu, porque si no tengo dependencia del Espíritu en caminar con Dios, me falta llenura, y no puedo tener el valor necesario para enfrentar. Eso no es algo que nadie manufactura. Usted no puede fabricar eso, y mucho menos de la noche a la mañana. No hay una fórmula que yo le pueda dar. La manera como uno cobra valor no es de esa manera. Es viviendo en comunión con Dios, con su Palabra, Él produciendo la llenura del Espíritu, y esa llenura produciendo en mí el valor para vivir la vida como Dios manda.
¿Te imaginas el llamado que Dios nos hace? Y nosotros vamos quizás a un lugar de retiro y hay muchos mosquitos, y ya nos estamos quejando. Los mosquitos arruinan el retiro. ¿Te imaginas que nuestros perseguidores son mosquitos? Los de esta gente eran soldados de la Guardia Romana, listos a quitarles la vida. Los nuestros son mosquitos, y los mosquitos nos amedrentan. ¿Te has dado cuenta dónde estamos? ¿Te has dado cuenta de que nos falta sufrir por la causa de nuestro Señor?
Ahora, cuando finalmente tú puedas decir con Pablo: "Para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia", cuando tú puedas decir eso, entonces finalmente podrás decir a la vez: "Yo entiendo ahora. Verdaderamente es un don poder no solamente creer en Él, sino sufrir por Él." Para mí, es un privilegio sufrir por la causa.