Integridad y Sabiduria
Sermones

Madurando en la vida cristiana

Miguel Núñez 22 febrero, 2015

La madurez cristiana no se mide por cuánta Biblia conocemos, cuántos libros tenemos o qué tan bien predicamos. Dios la mide por nuestra capacidad de amar. Los fariseos conocían las Escrituras y no crecieron; hay pastores predicando que ni siquiera son creyentes. Pero nadie puede crecer sin amar, ni amar sin haber crecido. Esta conexión entre amor y madurez es precisamente lo que Pablo celebra en los tesalonicenses cuando les escribe que no necesitan instrucción sobre el amor fraternal, porque Dios mismo les ha enseñado a amarse unos a otros.

¿Cómo enseña Dios a amar? Cuando el Espíritu Santo viene a morar en nosotros, derrama el amor de Dios en nuestros corazones. Además, la cruz nos muestra el ejemplo supremo: Cristo amó al Padre obedeciéndole y amó al prójimo perdonándolo. Juan lo resume con claridad: quien no ama a su hermano visible no puede amar al Dios invisible. El amor cubre multitud de pecados, evita divisiones, críticas y envidias.

Pero Pablo no solo habla hacia adentro de la iglesia. También exhorta a llevar vidas productivas y honradas ante los de afuera. Algunos en Tesalónica, creyendo que Cristo vendría pronto, habían dejado de trabajar y se entrometían en asuntos ajenos. Pablo les recuerda que el trabajo no es consecuencia del pecado sino parte del diseño original: Dios trabajó seis días, Adán labró el huerto, Cristo dijo que él y su Padre trabajan. El cristiano debe ocuparse en lo suyo hasta que el Señor regrese, porque somos embajadores del reino y nuestro testimonio hace la fe atractiva para quienes aún están afuera.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Amados, ¡fuimos puestos en manos de Dios para vivir en su balal! Voy a pedir que abran la palabra de Dios. La primera epístola a los tesalonicenses, para continuar con nuestra serie que hemos venido revisando hace unos meses. Creo que este es el mensaje número 11 o número 12 de esta serie. Hoy vamos a estar leyendo el capítulo 4, comenzando en el versículo 9 hasta el 12. Ya para leer el versículo 13 aparece un tema completamente diferente, y esa es la razón por la que solamente estamos trabajando estos versículos.

En los capítulos anteriores, el apóstol Pablo había hablado de muchas cosas. Había comenzado introduciendo a la iglesia de Tesalónica, en el capítulo 1, como una iglesia de una reputación extraordinaria en todas las iglesias de Macedonia, y se habían constituido en ejemplo, en modelo para otras iglesias. En el capítulo 2, Pablo defiende lo que es su ministerio, como él mismo dice, compartiéndose entre ustedes como una madre que cría a sus hijos con ternura, hablando de las acusaciones, o defendiéndose de las acusaciones que algunos habían traído en su contra.

Luego Pablo comienza a hablar en el capítulo 3 acerca del interés especial que él tenía en sus vidas. Ya había mencionado en el capítulo 2 cómo él añoraba ir, y finalmente, cuando ya no pudo soportarlo más, comienza diciendo en el capítulo 3 que envió a Timoteo para que pudiera llevarles una exhortación y fortalecerlos en su fe. Luego Timoteo regresa y cuando regresa le trae un reporte que refrescó el alma de Pablo, y todo eso está ahí en ese capítulo 3 explicado. Y luego Pablo insiste, ¿verdad?, en cómo él sigue con el deseo de poder regresar hasta ellos.

Pero ya al final del capítulo 3, Pablo comienza a dejarles saber que parte de su oración es que Dios les permitiera crecer y abundar en amor unos para con otros, pero también para con todos, como él mismo dice: «como nosotros también lo hacemos para con vosotros». Así que al final del capítulo 3, Pablo comienza a hablar de crecimiento, para que puedan crecer en amor hacia unos y hacia otros y hacia todos.

Al comenzar el capítulo 4, Pablo continúa hablando acerca de la necesidad de crecer, y ese fue el mensaje del domingo pasado, donde Pablo les habló acerca de la necesidad de crecer en santificación. Les decía: «Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación», y pasamos un buen tiempo revisando ese tema de la santificación en el mensaje anterior. Pero ahora parecería como que Pablo está ayudándoles a ver que esa santificación debe afectar todas las áreas del cristiano, y en particular, en el pasaje que estaremos tratando hoy, Pablo vuelve a abordar el tema del amor fraternal, y luego les habla de algo en lo que nosotros raramente pensamos: la necesidad de tener vidas productivas y de tener vidas que sean honestas para con los de afuera.

Escuchen cómo dice Pablo algunas de estas cosas en el capítulo 4, versículo 9:

«Mas en cuanto al amor fraternal, no tenéis necesidad de que nadie os escriba, porque vosotros mismos habéis sido enseñados por Dios a amaros unos a otros; porque en verdad lo practicáis con todos los hermanos que están en toda Macedonia. Pero os instamos, hermanos, a que abundéis en ello más y más, y que tengáis por vuestra ambición el llevar una vida tranquila, y os ocupéis en vuestros propios asuntos y trabajéis con vuestras manos, tal como os hemos mandado, a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera y no tengáis necesidad de nada.»

Padre, una vez más pausamos y te pedimos que seas tú con el predicador y con los predicados. Que tú nos enseñes en estas cosas que estás diciendo hoy por medio de tu palabra, y haciendo uso de tu Espíritu, que tú nos enseñes dónde nosotros estamos deficientes, dónde necesitamos mejorar, dónde necesitamos crecer, que tú nos enseñes dónde esto aplica a mi vida y a la vida de la iglesia en general, y que esto nos contribuya a seguir creciendo a la imagen de Cristo, como individuos y como iglesias. Cuida al que predica, Dios; no permitas que él diluya ni distorsione tu mensaje. Guíalo a lo largo de toda la exposición. En Cristo Jesús, amén.

Bueno, una de las cosas que comentábamos en el servicio anterior es que hay pocas áreas de la vida del ser humano que no estén relacionadas con lo que es la palabra de Dios de una u otra forma. Mejor dicho, quizás no haya ninguna área de la vida del ser humano que no esté relacionada a ella. La palabra de Dios es ciertamente su revelación, es ciertamente su voluntad, representa el deseo de su corazón y de su mente, pero representa toda una cosmovisión de cómo yo debo ver la vida y reaccionar ante la vida. Y por tanto, esa revelación va a tocar todas las áreas de la vida de cada creyente.

Menciono esto porque en ocasiones uno escucha de personas que han estado en el mundo del espectáculo convertirse, y luego de su conversión continuar escribiendo y cantando las mismas letras, con victorias mezcladas con la verdad de Dios, y cuando son abordados, se puede escuchar el testimonio de algunos que dicen: «Es que una cosa es mi propuesta artística y otra cosa es mi vida cristiana.» Y cuando escuchamos eso, uno se pregunta si esa persona realmente nació de nuevo, si esa persona ha entendido que el cristiano no tiene dos vidas por separado.

Menciono esto a manera de introducción el día de hoy, porque justamente cuando Pablo nos habla en el texto que acabamos de leer, hay unas cosas que él menciona primero que tienen que ver con los de adentro, y luego hacia el final habla acerca de otras cosas que tienen que ver con los de afuera. Ayudándonos a entender que mi vida cristiana tiene la misma importancia adentro que afuera, aunque en ocasiones algunas de esas cosas reveladas en su palabra apliquen más al interior de la iglesia, y otras veces se apliquen más a aquello que está fuera de la iglesia.

Esta carta, te recuerdo, como su nombre lo dice, es una carta, y por tanto tiene un carácter personal. El texto está dentro de una carta con carácter personal; no es un tratado de teología. Pablo va a estar hablando desde cosas que él sabe acerca de ellos, a cosas que quizás le han enviado por carta, o quizás Timoteo al regresar le comentó algunas de ellas, y él se vio en la necesidad de recordarles, fortalecerles o exhortarles en ciertas áreas. De tal forma que la ida de Timoteo sirvió un propósito: en primer lugar, fortalecerlos y exhortarlos, que es justamente lo que Pablo menciona en pasajes anteriores; pero también sirvió para informar a Pablo de cosas acerca de las cuales ahora quizás él quiere escribirles, con la misma intención de ayudarlos a seguir creciendo y madurando.

Nota entonces cómo Pablo comienza esta porción de la carta en el versículo 9: «Mas en cuanto al amor fraternal», con lo cual nos dice que él estaba iniciando un nuevo tema, separado y distinto a lo que acababa de tratar, o quizás dejándonos ver que ellos le habían informado o escrito a Pablo acerca del amor fraternal y ahora él les está escribiendo en respuesta. O quizás Timoteo le trajo noticias o preguntas cuando regresó de Tesalónica, estando ya Pablo en Corinto. En aquel momento Timoteo estaba en Atenas, luego se va a Tesalónica, Pablo se va a Corinto, y ya Timoteo regresa directamente a Corinto. Quizás Timoteo trajo algunas cosas que tenían que ver con el amor fraternal, y ahora Pablo está comenzando esta porción diciéndoles: «Mas en cuanto al amor fraternal.» No es un tema nuevo en esta carta; es un tema que Pablo ya abordó en el capítulo 3, y lo abordó de una manera que los animaba a seguir creciendo en esa área.

Escucha cómo él lo dice en el capítulo 3, versículo 12: "Que el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también nosotros lo hacemos para con vosotros." Pablo está consciente, y ellos deberán estarlo también, de que el Señor es quien nos hace crecer. Pero Pablo quería que ellos crecieran en ese amor no solamente para con los hermanos de la fe, sino para con todos, porque eso es justamente como debiera darse la transformación de carácter en nosotros. Y él dice que nosotros también estamos siendo, estamos creciendo en amor hacia vosotros.

Esto es importante, y necesitamos detenernos una vez más a pensar y a reflexionar un poco, porque en general nosotros medimos nuestro crecimiento y madurez en términos de crecimiento en conocimiento bíblico, o de habilidades para predicar, para ministrar, para enseñar, para tocar un instrumento, para cantar. Pero en realidad Dios mide nuestra madurez cristiana de otra manera: Dios la mide conforme a nuestra capacidad de amar. Tú puedes conocer mucha Biblia sin crecer; los fariseos fueron un buen ejemplo de eso. Tú puedes predicar sin crecer; hay pastores predicando en púlpitos cuando ellos mismos no son ni siquiera creyentes. Tú puedes tener una gran biblioteca de libros cristianos sin crecer. Lo que yo no puedo hacer, lo que tú no puedes hacer, es crecer sin amar, o amar sin haber crecido. Esto es algo que yo necesito recordar continuamente.

Si hay algo que sabemos por la revelación de la Palabra, es lo que Pablo les escribió a los corintios acerca del amor en ese capítulo 13 de la primera carta, que nosotros conocemos muy bien porque lo hemos oído, y algunos de nosotros lo hemos predicado en bodas, y lo hemos relacionado al matrimonio. Sin embargo, cuando Pablo le escribe, no tenía nada que ver ni con bodas ni con matrimonios. La razón por la que Pablo les escribe es porque en Corinto había un grupo de hermanos que habían recibido dones espirituales, y esos dones les habían llegado a dar la impresión de que ellos eran más espirituales que los demás, y habían comenzado a condenar a otros y a sentirse los superdotados en términos de dones espirituales. Y Pablo tiene que decirles: "Hermano, esa misma actitud que exhiben es parte de su inmadurez."

El capítulo 12 tiene que ver con dones, el capítulo 14 tiene que ver con dones, y ahí entonces, como un sándwich, Pablo pone el capítulo 13 como un puente entre los dos, ayudándoles a entender que la forma más excelente es el amor, que el don más excelente es el don del amor, y que ellos debían procurar sobresalir justamente en ese don. Normalmente nosotros no estamos pidiendo a Dios que nos haga crecer en amor. El conocimiento solo es una señal de entrenamiento, pero amar es una señal de madurez. Y Pablo les dice a los corintios: "Ustedes son unos carnales, unos inmaduros. Si realmente quieren medir su madurez, ustedes tienen que perseguir el más alto de los dones, porque es el amor." Y la esperanza y la fe, esos tres son los que van a perdurar al otro lado de la eternidad.

Pero en la medida en que Dios va formando la imagen de Cristo en nosotros, esa imagen de Cristo va amando mucho mejor y mucho más abundantemente. Mientras más queda de mí, menos amo. Mientras menos imagen de mí mismo queda, pues más voy amando. Y eso es cómo Dios va cambiándome. La persona que más usa la palabra amor en todo el Nuevo Testamento es el apóstol Pablo, un hombre maduro, un hombre que ha llegado a entender las implicaciones de amar y las implicaciones de no amar. Él ha visto las divisiones en Corinto: uno decía que era de Pablo, otro de Apolos, otro de Cefas. Estas divisiones son el fruto, en última instancia, de la falta de amor fraternal. Él ha visto las acusaciones en su propia contra; eso es una evidencia de falta de amor fraternal. Él ha visto los celos, las envidias; él sabe que eso también es una consecuencia de la ausencia del amor fraternal entre los hermanos.

Y Pablo tiene todo eso en su mente, y quizás por eso le está escribiendo estas palabras a una iglesia que está caminando bien, para que siga bien. Escucha una vez más: "En cuanto al amor fraternal, no tenéis necesidad de que nadie os escriba, porque vosotros mismos habéis sido enseñados por Dios a amaros unos a otros." El texto continúa, y Pablo les da a ellos dos razones por las que entiende que era innecesario hablarles a los tesalonicenses de este tema, a pesar de que lo está mencionando. La primera razón por la que entiende que ellos no necesitan que se les hable de esto es porque Dios mismo les ha enseñado a amaros. "Ustedes habéis sido enseñados por Dios a amaros unos a otros."

Pablo no está insinuando con esto que ellos recibieron una visión, un sueño, una serie de sueños o visiones especiales para aprender acerca de esto. No. Pablo probablemente está haciendo referencia a una serie de cosas que nosotros podemos determinar a la luz del resto de lo que las Escrituras dicen. Cuando el Espíritu de Dios, por ejemplo, viene a morar en nosotros, ese Espíritu que mora en mí comienza a transformar mi ser, y con la transformación de mi ser ese Espíritu comienza a enseñarme a amar. De hecho, escucha cómo Pablo le describe esto, lo que yo acabo de mencionar, a los romanos en Romanos 5:5: "El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado." El amor de Dios, el día en que yo nací de nuevo, fue derramado en mi corazón por medio de su Espíritu, y eso entonces ya está morando. Pero está contenido dentro de una carne que tiene deseos egoístas, que tiene celos, que tiene vida propia, y que con frecuencia no le permite a ese amor derramado en mi interior ser demostrado hacia afuera, justamente porque hay una lucha entre los deseos del Espíritu y los deseos de la carne.

La iglesia de Tesalónica, donde Pablo había estado por poco tiempo, es la mejor evidencia de que ese Espíritu que mora en nosotros es el mejor maestro, es el mejor disciplinador, es literalmente el mejor entrenador. Porque Pablo está a distancia, Pablo pasó muy poco tiempo con ellos, y cuando les escribe les dice: "El reporte es que en cuanto al amor fraternal, ya ustedes lo tienen." Y lo único que yo puedo concluir es que Dios mismo ha sido su maestro; Dios es quien se lo ha enseñado. Y si yo quiero recibir esta Palabra por lo que verdaderamente es, con el Espíritu que mora en mí es mucho lo que yo puedo aprender, es mucha la iluminación que Dios puede darme.

No hay duda de que Dios nos ha dado maestros, nos ha dado pastores en la iglesia para que nos enseñen. Pero también Dios ha dejado muy claro, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, que Él mismo se encargaría de enseñar a su pueblo. Escucha cómo Cristo les deja ver esto en Juan 14:26, cuando le hablaba a sus discípulos ya en sus últimas horas antes de morir: "Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho." Uno de los roles principales del Espíritu es justamente enseñarme la Palabra, abrirme los ojos, iluminar el contenido de aquello a lo que yo me expongo, y hacer uso justamente de la Palabra para santificarme, cambiarme, y cambiarme a la imagen de Cristo.

La otra manera como Dios es mi maestro en muchas cosas, pero en especial en cuanto al amor, es por el ejemplo que nos dejó en la persona de su Hijo, y en particular en la cruz. Ahora bien, el hecho de que Dios sea nuestro maestro vía su Espíritu no es algo nuevo; es algo que ya había sido anunciado en el Antiguo Testamento, algo que Dios había declarado, porque ciertamente de la misma forma que tú enseñas a tus hijos, Dios quiere enseñar a sus hijos. Y en Isaías 54:13: "Todos tus hijos serán enseñados por el Señor, y grande será el bienestar de tus hijos."

De manera que ahora, cuando Pablo reflexiona acerca de los tesalonicenses y piensa en cómo ellos habían llegado a la marca en cuanto a cómo estaban amando, la única conclusión posible es que Dios ha sido su maestro. Pablo está diciendo entonces que estos hermanos, que se caracterizan por amar, son parte de una iglesia en la que él estuvo poco tiempo, pero que Cristo compró, que Cristo sigue santificando, que Cristo sigue haciendo crecer. Y escucha nuevamente: "Vosotros no tenéis necesidad de que os enseñen acerca del amor, porque fuisteis enseñados por Dios mismo."

Y yo creo que Dios está tratando de enseñarnos en esta área todo el tiempo. Dios pone gente en mi camino. Dios pone estas circunstancias en mi camino. Dios me da un jefe a veces difícil de amar. Dios permite que nosotros nos crucemos con personas de diferentes culturas, diferentes personalidades, que no piensan como yo. Y Dios me dice: "Estas son tus oportunidades preciosas para aprender a amar." Estas son materias no electivas en su currículo. En el currículo de Dios hay Amor 1, Amor 2, Amor 101, 102, 103, 104, 105, y cuando llegas a los 90 años son muchas las materias de amor que Él te ha hecho tomar. Nosotros preferimos aprender doctrina, ¿sí o no? Nosotros preferimos aprender a predicar, a hacer ministerio. Pero cuando Juan llega al final de sus días, en sus 90 años, y está escribiendo sus cartas, se le conoce ahora como el apóstol del amor.

Escucha lo que Juan dice en 1 Juan 4:20: "El que no ama a su hermano a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto." No ha visto a Dios en la calle. "El que no ama a su hermano a quien ha visto"... Es verdad, dice Juan, que ama a Dios. Lo pudiéramos decir quizá de otra forma: el que ama poco a su hermano probablemente habla poco a Dios; el que ama mucho a su hermano probablemente ama mucho a Dios. Y si tú quieres la demostración de ese principio, te vas a la cruz. ¿Quién es el ser humano que más ha amado al Padre? El Hijo. ¿Quién es el ser humano que más ha amado al prójimo? El Hijo en la cruz. ¿Qué está haciendo el Hijo? Glorificando al Padre, amando y obedeciendo la voluntad del Padre. ¿Qué está siendo el Hijo en la cruz por el prójimo? Diciendo al Padre: "Perdónalos, porque no saben lo que hacen." Hay una relación.

Hay una relación directa entre el amor por el otro y el amor por el Padre, una relación que trae convicción al corazón humano. La razón número uno por la que los tesalonicenses no tienen necesidad de que Pablo les hable o les enseñe de esto es que ellos fueron enseñados por Dios. Razón número dos: versículo 10, porque en verdad lo practicáis con todos los hermanos que están en toda Macedonia.

Este tipo de frase a lo largo de la carta a los tesalonicenses siempre me ha llamado la atención. Pablo los exhorta a que hagan algo y luego, cuando los exhorta, dice: "Pero ya ustedes lo están haciendo." No sé de cuántas iglesias nosotros podamos ver eso o leerlo en el Nuevo Testamento o en el día de hoy. En el versículo 1 del capítulo 4, Pablo los anima, los exhorta a caminar y agradar a Dios, y dice que de hecho ya lo están haciendo. Ahora los exhorta a amar y dice que en verdad lo practicáis con todos los hermanos que están en Macedonia, Macedonia incluida la iglesia de Tesalónica propiamente dicha, la iglesia de Berea, la iglesia de Filipos, y probablemente algunas otras iglesias menos conocidas en el área también.

¿De qué manera los tesalonicenses estaban amando a los hermanos de otras iglesias? El texto no nos dice. Quizás orando por ellos, que es una manera como nosotros mostramos el amor por el otro. Tú probablemente oras mucho por tus hijos porque los amas mucho; probablemente oras poco por otros porque los amas poco, porque la verdad es que no los amas tanto. Quizás la manera como ellos mostraron ese amor fraternal hacia otros fue ofreciendo hospitalidad, en un tiempo en que no había hoteles ni nada parecido. Es posible que en los viajes de esta gente una de las maneras como nuestro amor fraternal se manifiesta es justamente a través de la hospitalidad.

Esta semana nosotros tenemos una oportunidad preciosa de demostrar el amor fraternal a hermanas y algunos hermanos que están viniendo para esta conferencia de Mujer Verdadera, donde nosotros podamos compartir justamente aquello que ya Dios derramó en nuestros corazones con gente que lo está enviando a las nuestras iglesias, donde ellos puedan recibir algo que ya nosotros recibimos, para que se puedan ir llenos y luego compartir al llegar allá aquello que recibieron de nosotros.

Escucha cómo Pedro lo dice en su primera carta, en 1 Pedro 4:8: "Sobre todo, sed fervientes en vuestro amor los unos por los otros." ¿Escuchaste? Pero ¿estás poniendo atención a esa primera frase? "Sobre todo, sobre todo, sed fervientes en vuestro amor los unos por los otros." Eso incluye a favor de gente difícil de amar, porque no con tu porque no está en la Biblia. Si quieres que te lo diga, te lo voy a decir, pues el amor cubre multitud de pecados. E inmediatamente después escuchas: "Sed hospitalarios los unos para con los otros sin murmuraciones." En otras palabras, los recibes, pero cuando se vayan no te quedes murmurando de ellos. Los recibes como quien recibe a Cristo, les ministras, y cuando se van le das gracias a Dios por la oportunidad de haber podido crecer en amor, que es una de las características principales de la madurez cristiana.

Sobre todo, sed fervientes en vuestro amor, porque el amor cubre una multitud de pecados. El amor evita las divisiones, el amor evita las críticas, las condenaciones, los celos, las envidias. Pablo sabe lo que la falta de amor fraternal ha hecho en Corinto: una iglesia más dotada que cualquier otra iglesia en términos de dones espirituales, los dividió. Había celos, había contiendas, había chismes. Y el amor, como cubre multitud de pecados, cuando tú lo colocas y lo cuelgas en la cruz, ese amor cubre los pecados de la humanidad. "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen." Tú puedes ver el amor desde la cruz cubriendo una multitud de pecados.

Eso es justamente lo que el apóstol Pablo está tratando de enseñarles a los tesalonicenses, y a nosotros también. El amor infinito de Dios ha cubierto los pecados de millones y millones de personas a lo largo de miles de años, por el poder de cubrir que tiene el amor. Y nuestro amor es tan insuficiente que a veces no cubre ni una ofensa: poco amor, poco perdón; mucho amor, mucho perdón, porque el amor cubre una multitud de pecados.

Los tesalonicenses expresaron su amor para con todos los hermanos a lo largo de toda Macedonia. Esa era su fe, esa era su reputación, por eso eran conocidos. Nuestra falta de hospitalidad, cuando la tenemos y la exhibimos, es una falta de amor por el hermano. Nuestra falta de oración es otra muestra de nuestra falta de amor por el hermano. Nuestra falta de interés por la necesidad del hermano es otra manifestación de que nos está faltando el amor.

Nosotros, de manera natural, dada nuestra naturaleza pecadora, preferimos lo nuestro: nuestro tiempo, nuestro espacio, nuestra comodidad, nuestra agenda, nuestro paso, nuestro lugar. Es una realidad. Pero el amor es dar. El amor es otra cosa. Es dar de lo que tienes, es dar de lo que eres, es dar de tus finanzas, es dar de tu tiempo, es dar de tus habilidades, es dar de tu espacio, es dar de tus capacidades físicas y mentales, es dar de lo que has aprendido, es dar de lo que Dios te ha dado ya previamente. Es dar sin esperar.

Los tesalonicenses están caminando bien, y Pablo los felicita, si me permites usar esa palabra. Pero ¿quién enseñó a los tesalonicenses a amar? El texto dice: Dios. ¿Cómo lo hizo? El texto no especifica, pero ya dijimos cómo Pablo le explica a los romanos en Romanos 5:5 que Dios derramó su amor en nosotros por medio de su Espíritu cuando fuimos salvos. La otra manera como Dios nos ha enseñado es por medio de la cruz. El ejemplo de Cristo. Pablo dice que el amor de Cristo nos apremia, nos fuerza, nos empuja, nos convence, nos deja sin excusas, nos deja sin alternativa, nos obliga de manera natural. Al ver tanto despliegue de un amor que ha cubierto tanto, nos motiva a querer hacer algo similar.

"Porque en verdad lo practicáis con todos los hermanos que están en toda Macedonia." El amor de estos hermanos se fue más allá de las cuatro paredes de la propia iglesia, y también han dado buen testimonio: otras iglesias pueden hablar bien de ustedes. Pero versículo 10, segunda parte: "Os instamos, hermanos, a que abundéis en ello más y más." Todavía puedes amar más, todavía puedes amar mejor, todavía puedes amar más allá de lo que has podido llegar hasta el día de hoy, porque siempre puedes crecer en esa dirección, y nunca llegarás a cumplir todo lo que Cristo fue capaz de hacer cuando se trató de los suyos. El texto dice que Cristo los amó hasta el fin.

Pablo quiere que ellos puedan amar de esa manera. Pero para amar de esa manera, yo requiero que el Espíritu que cosecha ese fruto en mí me pueda llenar, y de la llenura del Espíritu yo pueda mostrar un fruto del Espíritu que justamente es el amor, para que de esa manera, al caminar, yo pueda agradar a Dios, que es justamente lo que les dice al principio del capítulo 4: que caminen y agraden a Dios. Los insta ahora a que, a pesar de que lo están haciendo bien, abunden en esto más y más. ¿Hasta cuándo, Pablo? Hasta que llegues a la cruz. Y cuando ya ames como Cristo, ya no tendrá necesidad de seguir creciendo. Nunca podríamos amar demasiado. Podemos amar de forma malsana, quizás podemos amar indulgentemente, pero no es a ese clase de amor al que el texto se refiere.

Pablo los insta a crecer: en el capítulo 3, en amor, pide que Dios los haga crecer; al comienzo del capítulo 4 los insta a buscar la santificación; y ahora al final del capítulo 4, como parte de esa santificación, les recuerda que hay un par de cosas que ellos necesitan hacer. Una es seguir creciendo en esta área del amor hacia adentro, y hay otra que tiene que ver con aquellos que están afuera. Mira cómo él lo dice, porque va a instarlo ahora a crecer en productividad y honradez con los de afuera. Mira cómo termina el texto: al final, en el versículo 12, "a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera y no tengáis necesidad de nada."

Hay un énfasis continuo en ambas direcciones en la Palabra de Dios: las cosas que yo tengo que hacer hacia los de adentro y las cosas que yo tengo que hacer hacia los de afuera. Con los de afuera, la importancia estriba en que mi vida necesita ser un atractivo para la fe cristiana, de modo que los que están afuera puedan en algún momento considerar a Cristo como su Salvador y Redentor.

Entonces, cuando Pablo comienza a pensar en la otra dirección, traía a colación dos o tres exhortaciones que en primera instancia son un poco difíciles de determinar a qué se está refiriendo, a menos que avancemos un poco y lleguemos a la segunda carta a los tesalonicenses, donde quizás recibamos alguna luz acerca de a qué se estaba refiriendo Pablo cuando hablaba de estas cosas.

Escucha la primera exhortación en esa dirección, a partir de los versículos 11 y 12: "Tengáis por vuestra ambición el llevar una vida tranquila." Tengáis por ambición, tengáis como meta algo bueno que quieres perseguir: tener una vida tranquila. Ahora bien, no está claro lo que una vida tranquila significa aquí, y varias especulaciones se han dado. Pero quizás a lo que Pablo se está refiriendo es algo que él menciona en la segunda carta a los tesalonicenses.

Escucha cómo comienza hablando en el versículo 11 del capítulo 3 de la segunda carta, en 2 Tesalonicenses 3:11: Pablo hace referencia a un grupo de hermanos que andaban desordenadamente, indisciplinadamente, y que no querían trabajar. A esos entonces, en el próximo versículo, en 2 Tesalonicenses 3:12, les dice: "Exhortamos en el Señor Jesucristo a que, trabajando tranquilamente, coman su propio pan." No estaban trabajando y estaban viviendo una vida indisciplinada. Por eso en el próximo versículo los exhorta a que sí trabajen, pero que lo hagan tranquilamente. Probablemente ese es el mejor contexto para pensar a qué se estaba refiriendo Pablo cuando los instaba en la primera carta a los tesalonicenses.

Tener una vida tranquila: este grupo estaba desaprovechando el tiempo, vivía de manera indisciplinada, pudiéramos decir de manera intranquila, y él estaba diciendo que no es lo que se necesita. Entender que tienen una nueva vida ahora en Cristo. Otros, sin embargo, han especulado y han pensado que quizás estos hermanos de la iglesia de Tesalónica lo que estaban haciendo era agitando e interfiriendo con el manejo de la iglesia, con el manejo de los líderes y los asuntos ministeriales. Una especulación: el texto no nos deja ver eso, ni en esta carta ni en la siguiente.

Otros, por asuntos culturales e históricos, han pensado que estos hermanos de Tesalónica probablemente eran parte de la asamblea pública de la ciudad, y que cuando iban a estas asambleas ellos interferían y eran vociferantes, demandando ciertas cosas que iban en contra de las persecuciones, y que quizás Pablo les está diciendo que ellos necesitan dar un buen testimonio con los de afuera y que, por tanto, debían tener vidas tranquilas. De nuevo, es una especulación que tiene cierto sentido en vista del contexto cultural e histórico de la ciudad, pero el texto, ni aquí ni en la próxima carta, nos deja ver que pueda ser algo como eso.

Independientemente de cuál sea la idea que Pablo tenía en mente cuando habló de tener una vida tranquila, lo que sí estamos seguros es que Pablo no les estaba diciendo: "Toma la vida suavemente, tómalo con suavidad", como dirían algunos aquí. Porque Pablo ha dicho en esta misma carta que él trabajó noche y día para proveer a su necesidad y no servir de carga para con ellos. De manera que Pablo mismo mostró el ejemplo de cuán trabajador, diligente y productivo debiera ser un cristiano.

Lo que sí, aparentemente, estaba ocurriendo era que algunos de estos hombres —o esta gente que no estaba trabajando— en su tiempo de ocio, como siempre ocurre, comenzaban a buscar algo que hacer que no es trabajo, y se estaban inmiscuyendo en los asuntos ajenos. Por eso Pablo les dice en el versículo 11, en la segunda parte: "y os ocupéis en vuestros propios asuntos." La traducción del inglés dice *mind your own business*. La traducción al español, de acuerdo a Miguel, dice: "No te metas en la vida de otros." En esencia, eso es: ocúpate de ti mismo. En tu tiempo de ocio, en vez de ocuparte de tu propia vida y organizarla, lo que estás haciendo es ocuparte de la vida de otros.

Cuando el tiempo nos sobra, nosotros siempre buscamos una manera —usualmente no santa— de gastar el tiempo. El tiempo de ocio crea hábitos y prácticas frecuentemente pecaminosos. Preguntémonos por un rato: ¿te has fijado de qué forma has estado gastando tu tiempo de ocio últimamente? ¿Qué haces cuando no estás involucrado en algo productivo? ¿Cómo usas el tiempo? ¿Cómo lo gastas o lo malgastas? ¿Eso que haces con frecuencia sería una manera honrosa de aprovechar bien el tiempo, como nos dice Pablo en Efesios 5:16, que los días son malos y que por tanto debiéramos andar no como insensatos sino como sabios, aprovechando bien el tiempo? ¿Sería eso que hago en el tiempo de ocio algo que realmente yo pudiera considerar provechoso?

Pablo les dice: "que tengáis por vuestra ambición el llevar una vida tranquila" —ya hablamos de eso—, "que os ocupéis en vuestros propios asuntos", y finalmente: "trabajéis con vuestras manos." Ahí está: "trabajéis con vuestras manos, el ser productivo, tal como hemos mandado." Cuando les dice "trabajéis con vuestras manos", no está diciendo que el único trabajo que tiene valor es el trabajo manual, pero sí está diciendo que la vagancia, el ser perezoso, no es un valor, y que él mismo ya había ordenado el trabajar con las manos, el estar involucrado en el trabajo.

Muchos quisieran vivir una vida cómoda, de poco trabajo, en un mundo sin estrés, pero Dios nos ha llamado desde la creación a una vida productiva. Al ser creado, Adán, lo primero que le dice Dios es que subyugara la tierra, la sometiera, la dominara. Y Adán le trajo los animales del campo para que fuera él mismo quien los nombrara, y lo que él nombre a cada uno así se llamó el animal. Adán fue responsabilizado de labrar el huerto. El trabajo no es una consecuencia del pecado, como a veces pensamos. Dios trabajó por seis días y descansó en el séptimo día, y con ese patrón en mente organizó la semana de trabajo del hombre.

Después que pasó el Génesis, donde Él trabajó por seis días y descansó el último, el libro de Éxodo organiza la primera nación y le organiza la semana. Le dice a Moisés: "Seis días trabajarás", y lo pone en los Diez Mandamientos, y dice en el cuarto mandamiento: "El séptimo día será día de reposo para ti." En ocasiones, Cristo y los discípulos no tuvieron tiempo ni para almorzar. Pablo dice que trabajó noche y día para su sustento. La Palabra nos manda aprovechar bien el tiempo. Cristo dijo: "Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo." Hay un llamado en la cosmovisión cristiana al trabajo productivo desde la creación y a lo largo de toda la revelación bíblica. Es parte de lo que Dios le dio al hombre como una manera de encontrar —no su identidad, porque la identidad la da nuestro Dios— sino parte del significado de ser a la imagen y semejanza de Él, y trabajar justamente como su representante bajo su autoridad.

Y ahora, algunos en Tesalónica, aparentemente —por algo que vamos a ver en la segunda carta—, creyendo que Cristo venía pronto, dijeron: "Pues eso es una excelente excusa para no trabajar." Imagínate: "El Señor puede venir esta noche, o sea que hoy yo no voy a trabajar. Y mañana, lunes: 'Y si viene hoy lunes, pues hoy no voy a trabajar. Y mañana, martes…'" Pero tú no crees en el retorno y mientes; el Señor, claro. ¿Entonces qué hace? ¿Seguir trabajando? Bueno, sí, lo sigues haciendo, porque el Señor nos ordenó ocuparnos y permanecer ocupados hasta el día en que Él regrese.

Escucha cómo cierra Pablo este texto: "a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera y no tengáis necesidad de nada." Vas a trabajar, vas a llevar una vida tranquila, te vas a ocupar en tu propia vida, para que tú puedas entonces conducirte apropiadamente —dicen algunas traducciones: "honradamente", dice la Biblia de las Américas— para con los de afuera. Y está ahí la preocupación del testimonio: los de afuera con relación al comportamiento de los de adentro. Los de adentro se comportan, los de afuera observan; los de adentro modelan, los de afuera examinan. Y la razón por la que tú y yo necesitamos estar conscientes de eso es porque justamente Dios nos ha hecho ministros y nos ha hecho testigos de su causa para con los de afuera.

Y cuando Pablo les habla a los colosenses de los de afuera, les dice casi con las mismas palabras: "Andad sabiamente para con los de afuera, aprovechando bien el tiempo." ¿Notaste la relación entre el andar sabiamente con los de afuera y el aprovechar bien el tiempo? El malgastar el tiempo infructuosamente no es una buena manera de testificar a los que están afuera. Escúchalo otra vez: "Andad sabiamente para con los de afuera, aprovechando bien el tiempo." Son temas recurrentes. La preocupación del buen testimonio: el testimonio nuestro con los de afuera deberá hacer la fe atractiva para los de afuera, para que aquellos que todavía no han entrado puedan llegar, quieran entrar al reino de los cielos.

Y así tenemos a Pablo hablando de santificación en estas áreas en todo sentido: una, en el amor fraternal hacia los de adentro, y otra, en llevar una vida productiva, de manera que eso sirva de testimonio a los de afuera. Y yo necesito hacer eso hasta que Cristo regrese. Lo que yo hago hoy debiera continuar haciéndolo hasta que el Señor Jesús venga a nuestra tierra. Y no importa si tú eres un pastor: tú sigue predicando, tú sigue aconsejando, tú sigue casando, tú sigue enterrando, tú sigue haciendo todo lo que tú haces todos los días. Si tú eres un ingeniero, tú sigue construyendo casas. Si tú eres médico, tú sigue viendo pacientes.

Pero tú tienes que recordar, mientras tú haces todas y cada una de esas cosas, que Dios nos ha hecho embajadores del reino de los cielos, como si Dios rogara por medio de nosotros: "Reconciliaos con Dios." La iglesia es la embajada del reino de los cielos, y aquellos que estamos dentro de la iglesia somos sus embajadores. Y la forma como Dios lo hace es que, en vista de que hoy no nos está hablando audiblemente desde los cielos, Él ha decidido hablar a través de su pueblo. Y nosotros somos sus embajadores, llevando el mensaje: "Reconciliaos con Dios."

No es tiempo de perder el tiempo —valga la redundancia—, no es momento para dormirnos sobre nuestros laureles o cruzar nuestros brazos. Es un tiempo difícil, es un tiempo de días malos, dice el apóstol Pablo. Y por tanto yo necesito ocuparme en mis asuntos: en la predicación de la Palabra, en el testificar para otros, en criar a mis hijos conforme a la disciplina y la amonestación del Señor, en predicar para aquellos que estaban involucrados en el ministerio, y en hacer cada una de esas cosas teniendo —o viviendo— el día de hoy en vista del día de mañana.

¿Te das cuenta de la importancia del tiempo que Dios nos ha regalado? El día de ayer, si no lo aprovechaste bien, literalmente —piénsenlo— el día de ayer no regresará jamás. Yo puedo perder mil dólares en el día de ayer y puedo ganar hasta cinco mil en el día de mañana, pero el tiempo que se fue ayer se perdió; no regresa. Dios me ha entregado una vida con un propósito. Él quiere que yo haga mi mejor esfuerzo, que me estire hacia adelante olvidando lo que está atrás, corriendo la carrera no como uno que da golpes al aire sin saber para dónde va y sin saber de dónde viene, sino enfocado en una sola dirección. Y eso produce un testimonio con los de afuera, y eso hace activa la fe de los de adentro.

Pablo entonces, pensando en ambos grupos, les habla a los tesalonicenses y les dice: "Si ustedes necesitan conversar con aquellos que no están viviendo conforme a lo que ya hemos hablado, los felicito, porque quizás la mayoría está caminando bien, pero hay algunos pocos…"

Muchos necesitan poder entender mejor de qué se trata esta carrera, y hay muchos que necesitan entender mejor que tienes que pararte delante de Dios y decir: "Señor, aquí estoy, y si lo hice así y estoy dispuesto a hacerlo de otra manera, estoy dispuesto a darlo todo por el todo, estoy dispuesto a crecer en amor."

"Hazme crecer en amor. Yo quiero que mi vida, yo quiero que mi iglesia se conozca, pero como una iglesia que es madura." Y la señal, o la marca, de su madurez es el amor por los hermanos: la oración por el otro, la hospitalidad, la generosidad. Precisamente, esta iglesia —una de las cosas que hizo— fue ayudar a los hermanos, porque la iglesia de Macedonia era profundamente pobre, como se dice a los corintios, y eso fue probablemente el área donde mostraron su amor y ayuda en aquellos días.

Que podamos llevar vidas productivas hasta que tu Hijo regrese, para la gloria de tu nombre. El Padre trabaja, el Hijo trabaja, yo también trabajo.

Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. Hasta la próxima, cuando nos reencontremos en Su Palabra.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.