Integridad y Sabiduria
Sermones

Las marcas de un ministerio auténtico

Miguel Núñez 12 mayo, 2019

El ministerio pastoral es un llamado de alto riesgo, un privilegio inmerecido que carga sobre una sola persona funciones que en el Antiguo Testamento estaban distribuidas entre el profeta, el sacerdote y el rey. Hechos 20:28 condensa esta realidad en una sola línea: el pastor debe cuidar de sí mismo, reconocer que fue constituido obispo por el Espíritu Santo, pastorear la iglesia de Dios y recordar que las ovejas fueron compradas con sangre divina. Cada elemento añade peso a un llamado que, sin la certeza de haber sido puesto ahí por Dios, resultaría insostenible.

El peligro más sutil del pastorado no son las tentaciones obvias, sino convertir lo extraordinario en ordinario. Manejar continuamente cosas sagradas —la Palabra inerrante, la Cena del Señor, bodas que tipifican la unión de Cristo con la iglesia— puede hacer que el pastor se exponga al texto sin ser transformado por él. El pastor Núñez lo ilustra con las palabras de Paul Tripp, quien confesó haber pasado meses estudiando Romanos sin que el mensaje lo tocara. Cuando las demandas urgentes desplazan lo prioritario, el pastor termina alimentando a otros mientras él mismo muere de hambre.

Las ovejas no son proyectos que se usan y se desechan; son vidas regeneradas donde mora el Espíritu. Si Cristo las consideró dignas de su sangre, los pastores deben considerarlas dignas de su sudor. Y un día habrá que rendir cuentas por cada una de ellas.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Primos amados, para vivir en su cabal! La semana pasada nosotros comenzamos a cubrir, a exponer la primera parte de aquella conversación que Pablo tuvo con los ancianos de la iglesia de Éfeso en la ciudad de Mileto, en una ocasión que fue muy emotiva, muy cargada de emociones, debido a que, como Pablo lo informó a ellos, más nunca volverían a verlo. Esta sería la última vez, el último contacto entre ellos y el apóstol Pablo, y su corazón estaba cargado de cosas que ellos necesitaban saber. Pablo, más que hacer algo meramente doctrinal, supuso que la parte doctrinal ellos la conocían, y más bien les recordó cómo hacer ministerio. Una de las cosas que él les mencionó fue cómo él sirvió entre ellos con toda humildad y con lágrimas, y estuvimos poniendo eso en detalle: cómo luce la humildad a la hora de vivir y cómo ese corazón moldeado por Dios es capaz de llorar, de sentir por las necesidades del otro y por ovejas que Cristo había comprado. A veces Pablo hizo esa enseñanza públicamente; a veces la hizo en privado, yendo de casa en casa.

Hablamos también de que ese corazón moldeado por Dios que vimos en Pablo continuamente no rehusó —dice él— de enseñarle todo cuanto pudiera hacerle útil a ellos. En otras palabras, él nunca estuvo pensando en sí mismo, sino más bien en el bien del otro, y eso le costó grandes sacrificios e incluso gruesas lágrimas. Hablamos también de cómo ese corazón moldeado por Dios confía en Dios independientemente de las consecuencias o las circunstancias, y eso lo mencionamos en el contexto de que el Espíritu de Dios le había hablado a Pablo de que en cada ciudad, y particularmente en Jerusalén, cuando él llegara ya le esperaban cadenas y aflicciones. A pesar de eso, Pablo estaba decidido a llegar a Jerusalén incluso cuanto antes, y esa es la razón por la que mandó a buscar a los ancianos de Éfeso para reunirse en Mileto, porque él no tenía tiempo de desviarse hasta Éfeso y reunirse con ellos allá.

Y finalmente hablamos de que un corazón moldeado por Dios tiene un centro de gravedad, y que ese centro de gravedad, o ese eje sobre el cual gira esa vida, es Cristo, su gracia, su evangelio, su cruz. Todo eso fue mencionado la semana anterior. Dijimos que completaríamos esa conversación y su exposición en el día de hoy, comenzando en el versículo 28. Antes de leer el texto, yo voy a hacer algo que he hecho quizás tres veces en mi vida aquí en la IBI, no sé si llegué a cuatro pero sí tres: voy a dedicar este sermón, voy a dedicar este mensaje a todos los pastores de Latinoamérica. Como nosotros —incluyendo a mi amigo— somos parte de esos pastores en Latinoamérica, yo le estoy dedicando este mensaje a los pastores de la IBI, incluyendo a quien está predicando. La razón es el contenido del texto: es un recordatorio de qué se trata este llamado pastoral, y así ustedes como grey pueden tener una idea de en qué consiste el llamado pastoral y de cómo deberán estar orando por nosotros. Este es un pasaje clave; de hecho, a pesar de que hay diez versículos en el pasaje —o once casi—, todo el pasaje se va en lo que es la exposición del versículo 28, del primer versículo que aquí está. De manera que yo te voy a invitar a que leas conmigo desde el versículo 28 al 38.

"Tened cuidado de vosotros y de toda la grey en medio de la cual el Espíritu Santo os ha puesto como obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre. Nosotros pudiéramos pararnos ahí y desarrollar todo el mensaje. Sé que después de mi partida vendrán lobos feroces entre vosotros que no perdonarán el rebaño, y que entre vosotros mismos se levantarán algunos hablando cosas perversas para arrastrar a los discípulos tras ellos. Por tanto, estad alerta, recordando que por tres años, de noche y de día, no cesé de amonestar con lágrimas a cada uno. Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que es poderosa para edificaros y daros herencia entre todos los santificados. Ni la plata ni el oro ni la ropa de nadie he codiciado, pues vosotros mismos sabéis que estas manos me sirvieron para mis propias necesidades y las de los que estaban conmigo. En todo os mostré que así, trabajando, debéis ayudar a los débiles y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: 'Más bienaventurado es dar que recibir.' Cuando terminó de hablar, se arrodilló y oró con todos ellos; comenzaron a llorar desconsoladamente y, abrazando a Pablo, lo besaban, afligidos especialmente por la palabra que había dicho de que ya no volverían a ver su rostro, y lo acompañaron hasta el barco."

Este es un pasaje al cual yo he regresado una y otra vez en mi vida ministerial, y he regresado a él sobre todo en momentos de baja motivación en el ministerio. Si alguno de ustedes conoce a algún pastor, se sienta con él y él se sincera con ustedes, y le pregunta si ha tenido, después de cierto tiempo en el ministerio, momentos de baja motivación, yo creo que no sería honesto de su parte si dijera que no. Yo no conozco un pastor —y he hablado con muchos y he preguntado específicamente— que no testifique acerca de esa realidad. Yo creo que una parte de eso tiene que ver con la naturaleza humana, otra parte tiene que ver con experiencias del diario vivir, y otra parte tiene que ver, con frecuencia mucho más de lo que pensamos, con el acoso de fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestiales. Antes de subir aquí hablaba con mi esposa sobre eso, y vamos a tocar ese tema entre ella y yo.

Hay momentos de alta motivación que tienen que ver con la llenura del Espíritu Santo, y hay momentos de baja motivación que tienen que ver con una serie de elementos de la vida pastoral. Nosotros tenemos que recordar que vivimos en un mundo caído, y en ese mundo caído todo lo que existe y todo lo que se hace participa de la caída, y el ministerio pastoral no es una excepción. Yo hablaba con alguien en el ministerio pastoral este fin de semana y me decía: "¿Sabes qué? Estoy haciendo el ministerio, pero tal día me entró un deseo de irme a vender plátanos." Yo creo que eso es alguien que estaba hablando con sinceridad.

En este solo versículo 28, Pablo nos deja ver algunas verdades a las cuales yo he necesitado regresar una y otra vez a lo largo de veinte años. Dios no me deja mentir. Pablo nos habla, en primer lugar, de la necesidad que tiene el pastor —en ese versículo 28— de cuidar su caminar y su llamado, y esa es la manera como el versículo comienza: "Tened cuidado de vosotros." En segundo lugar, Pablo nos habla de cuál es la credencial más importante que un pastor tiene, cuando nos dice que fuimos hechos obispos por el Espíritu Santo. En tercer lugar, Pablo nos recuerda —pensando él en su ministerio— que nosotros los pastores fuimos llamados a pastorear la iglesia de Dios; eso pesa en nuestro llamado. En cuarto y último lugar, pero quizás con algo todavía mucho más pesado, el versículo nos recuerda que las ovejas a las cuales nosotros fuimos llamados a cuidar fueron compradas: eran esclavas en un mercado de esclavos y fueron compradas a precio de sangre, la sangre del Unigénito. En un solo versículo Pablo nos deja ver el caminar del pastor, la credencial del pastor, el cuidado del pastor por la iglesia de Dios y, en último caso, el compromiso del pastor con ovejas compradas a precio de sangre.

De manera que yo quisiera, en primer lugar, concentrarme en el caminar del pastor. El pastorear la iglesia puede ser una de las tareas más demandantes que pueda existir. De hecho, yo creo que es la tarea más demandante que podría existir. Es cierto que, dependiendo del tamaño y la complejidad de la iglesia, eso pudiera variar, pero no deja de ser demandante. El trabajo de pastorear ovejas que pertenecen a Dios es un enorme privilegio; es algo que nosotros no merecemos. De manera que yo no estoy aquí esta mañana de ninguna manera quejándome del trabajo: lo que tenemos que hacer es un privilegio, es algo que se te ha otorgado sin que tú lo merezcas, y quizás otro no ha sido llamado a hacer eso. De manera que déjame elevar eso, déjame decir eso con todo pulmón: es un privilegio.

Pero con el otro pulmón que me queda: es una tremenda responsabilidad, precisamente por lo que el pastorado implica. En primer lugar, es un trabajo delicado. No se trata de tareas; si se tratara de tareas —de archivar cosas, de describir libros, de predicar un sermón—, si se tratara de eso, fuera fácil. De hecho, no hay nada delicado, por así decirlo, en hacer tareas. El problema es que no se trata de tareas, se trata de ovejas: no de cabritos, de ovejas que han sido compradas, que han sido pensadas desde la eternidad pasada, en las que Dios mora por medio de su Espíritu, y Dios te dice: "En esta persona, donde yo moro, yo te la estoy entregando para que me la cuides." Esa sola idea esta semana casi me sofocó.

Si no somos cuidadosos, podemos convertir las ovejas en proyectos, y tú sabes cuál es la diferencia. Cuando tú conviertes una oveja en un proyecto, la tomas, la integras a tu iglesia, la usas, y cuando ya no te sirve para tu propósito, la dejas a un lado. No se trata de eso; no son proyectos, es una vida, es una vida regenerada, es una vida comprada. El trabajo pastoral es un trabajo de alto riesgo. De hecho, Paul Tripp escribió un libro que se llama *Dangerous Calling* —un llamado peligroso—, y así es como Paul Tripp le llama al llamado pastoral. Es como el trabajo del bombero: el bombero va a acudir a la víctima, va a ayudarla, y sabes que a veces él muere en el intento de ayudar a alguien que estaba en necesidad; la historia está ahí para ayudarnos a entender esas cosas.

Es un trabajo delicado porque requiere de mucha dependencia de Dios, del Espíritu de Dios. Yo diría que requiere de continua dependencia del Espíritu de Dios, pero aquí está el problema.

Y es que las demandas del trabajo son tanto, las demandas de las ovejas que te han entregado comienzan cuando el sol se levanta y terminan cuando el sol se acuesta, a veces ni siquiera ahí. Y esas demandas compiten continuamente con el tiempo que el pastor tiene que dedicar a estar pasándolo con Dios. Te das cuenta del delicado balance que este ministerio tiene; no lo conocía hasta que lo vivía. Es un trabajo que requiere tener a Dios en primer lugar, sin lugar a duda.

Cada uno de nosotros necesita tener a Dios en primer lugar, pero sobre todo el pastor necesita tener a Dios en primer lugar, porque si él no lo tiene, las ovejas no lo van a tener. Pero resulta que, como acabo de decir, las demandas continuas del trabajo, del diario vivir, las emergencias espirituales, emocionales, la gente que se muere, la gente que hay que enterrar, todo eso compite otra vez con tu tiempo y con tu prioridad de tener a Dios en el primer lugar. Y lamentablemente, lo urgente frecuentemente termina tomando el lugar de lo prioritario, y si eso no es arreglado a tiempo, eso va a terminar derrumbando la vida del pastor.

Es un llamado de alto riesgo. Es un trabajo de tentaciones múltiples y de diferentes naturalezas. Y las tentaciones que yo voy a mencionar probablemente no son las que están en tu mente, porque son fáciles de determinar algunas de esas tentaciones; esas no hay ni que mencionar. Las que yo voy a mencionar son otras. Nosotros predicamos en este momento —yo estoy predicando— una palabra inerrante e infalible, pero resulta que yo se la estoy haciendo llegar a través de una mente, un corazón y unos labios caídos, con una naturaleza pecaminosa. Y Dios me dice: "No me embarre lo que yo inspiré infaliblemente."

Pero cuando tú comienzas a manejar esa palabra infalible, y tú ahora eres dirigido por este Dios todopoderoso, y tú haces una boda como la que ocurrió fuera de este lugar anoche, un miembro de nuestra iglesia, y tú estás tipificando la unión de Cristo con la iglesia, y tú realmente meditas sobre eso y te das cuenta de lo sagrado que eso es. Y tú administras la Cena del Señor, que representa lo que Él hizo por ti en el Calvario hace dos mil años, cómo dio su sangre para perdonarte del pecado, y tú te das cuenta de que muchas veces has vuelto a pecar por aquello que crucificó a Cristo. Eso pesa grandemente sobre tu conciencia, sobre tu mente.

Y luego al otro día resulta que alguien muere y tienes que ir a un funeral, o como le tocó al pastor Héctor en el día de ayer, que estuvo en un momento dado en una funeraria y en otro momento dado casando a una pareja de personas. Esa combinación de cosas que se supone que sean sagradas, la administración continua de cosas sagradas, cuando tú haces eso por un período de tiempo, es muy fácil convertir en ordinario aquello que es extraordinario. De manera que el riesgo del llamado continúa. Es un grave peligro que les ha ocurrido a una multitud de pastores y líderes: convertir lo extraordinario en ordinario como fruto de la práctica diaria y del manejo continuo de cosas sagradas.

Para empeorar la cosa, en la iglesia todo el mundo nos observa, todo el mundo nos quiere imitar, todo el mundo nos escucha, todo el mundo quisiera un consejo tuyo; otros nos aplauden, otros nos imitan, como ya acabo de decir. Y esa observación aumenta tu riesgo, porque continuamente tú estás en el centro de atención de la gente. Y en el proceso se nos puede olvidar que tú y yo —hablando a los pastores que me están escuchando y que me van a escuchar en Latinoamérica, hablando a mí mismo— se nos puede olvidar que tú y yo somos tan vulnerables como cualquier otro mortal. Y la historia de Moisés, la historia de Aarón, la historia de David, la historia de Salomón, la historia de Pedro, están todas ahí para mostrar o para probar lo que yo acabo de decir.

Paul Tripp, yo creo que nos ayuda. Si hay alguien a quien yo aprecio, es a Paul Tripp. Él ha tenido sus propias luchas internas, como él mismo ha confesado muchísimas veces, luchas emocionales a lo largo de su vida. Pero yo aprecio la transparencia con la que él habla cuando habla y cuando escribe. Escucha lo que él dice en este libro, *Dangerous Calling* —Un llamado peligroso—. Esto es Tripp hablando: "Durante meses, había empleado horas de cada día para estudiar la exposición más extensa y hermosa del Evangelio que se haya escrito, pero su mensaje no me había tocado."

Wow. Por meses, el pastor Paul Tripp abrió la Palabra, horas al día, la estudió. Y cuando él pasó balance, cuando él hizo inventario, se dio cuenta de que la Palabra ni siquiera lo había tocado. Esa es la razón por la que cuando dediqué este mensaje, dije que me lo estaba dedicando a mí mismo, porque eso es un peligro por el cual yo no quisiera atravesar: que yo predique un mensaje —el que sea, con el título que tenga, con el tema que sea— y que no me toque a mí. Es un gran peligro para todo el mundo exponerse al texto bíblico y que ese texto no lo cambie, como frecuentemente ocurre semana tras semana; pero es mucho peor cuando esa falta de transformación ocurre en la vida del pastor.

El pastor del siglo XXI comienza diciendo que debemos cuidarnos a nosotros mismos antes de cuidar la grey que Dios apuesta en nuestras manos. Es un trabajo que puede llevar al agotamiento físico, emocional y espiritual. Y para hacer peor la cosa, jugando en el proceso del agotamiento, el pastor comienza a no exponerse al texto bíblico, a las Escrituras; o cuando él entiende que debe exponerse a las Escrituras, no las está rumiando, no las está meditando, y peor aún, no las está aplicando.

Como escribe este otro pastor de nombre Steven Julie —un pastor joven que vive en Canadá, a quien conocí en una sola ocasión; mi único contacto con él fue que escribió un libro que se llama *Labor of Love* —Una labor de amor—, y él me saludó en la Shepherd's Conference y me dijo: "Pastor Núñez, yo quiero dejarle este obsequio", y se fue. Yo nunca supe que la persona que me entregó el libro era el autor, hasta que me puse a buscar quién era—. Él escribió esto en su libro: "No dedicamos tiempo a las Escrituras para preparar sermones, escribir libros o preparar clases. Nos dedicamos a las Escrituras con el propósito de ser transformados."

La exposición a este texto bíblico durante esta semana, para mí, no debió haber tenido el propósito primario de preparar este sermón, o una clase, o para que yo pudiera usarlo en un libro posteriormente. Debió haber tenido el propósito primario de transformarme a mí. Muchos de nosotros tratamos de alimentar a otros mientras nos morimos de hambre. Yo creo que eso ocurre de oveja a oveja, ovejas que viven compartiendo la Palabra o versículos emotivos con otros, pero al mismo tiempo no consumen lo que están compartiendo y se mueren de hambre. Eso también les pasa a los pastores. Tendemos a caer en el error de equiparar nuestra madurez espiritual con nuestro conocimiento bíblico y teológico. Todo eso que yo tenía que decir está en la frase: "Cuidado de vosotros mismos."

De manera que eso es lo único que yo he abordado de ese versículo 28. En segundo lugar, el apóstol Pablo nos dice en ese mismo versículo que la credencial más importante que un pastor tiene es que él fue llamado por el Espíritu Santo a su labor. Nuestra credencial número uno no es nuestra preparación académica; nunca lo ha sido. Es nuestro llamado de parte de Dios. Yo creo que es claro, a partir de ese versículo, sumamente claro, que lo que hace a un pastor no es su deseo de pastorear, ni el deseo que él tenga de pastorear.

Lo que hace a un pastor no es un título de seminario; lo que hace a un pastor no es ni siquiera un contrato con la iglesia local. El pastor puede tener deseo, o una persona puede tener deseo de pastorear una iglesia, pero ese deseo no va a mover al pueblo de Dios. Le puede dar energía, pero no mueve a nadie. El seminario te puede dar un título; lo que no te puede dar es un testimonio. Y de esa misma manera pudiéramos decir que un salario, que un contrato con la iglesia local, te puede dar dinero, pero lo que no te puede dar es sal: sal para preservar al pueblo de Dios de la contaminación y de la corrupción. Y nuestra sal se puede volver insípida, como Jesús enseñó en una de sus metáforas. Hay una sola cosa que hace al pastor, pastor: el llamado de Dios. El pastor es un hombre llamado por Dios y ungido por Dios para proclamar su verdad.

De manera que antes de pastorear, antes de recibir un salario, tenemos que estar seguros de que Dios nos haya llamado a esa tarea. Recuerdo la entrevista con un pastor joven que tenía diez años en el pastorado y vino a consultarme, a presentarme su vida y hablarme de lo que yo pensaba. Y él mismo me dijo, antes de cerrar la entrevista, que él nunca estuvo convencido en ese momento de su llamado a pastorear, pero lo presionaron y él entró por la presión de todo el mundo que estaba a su alrededor. Todo el mundo a su alrededor se había convencido de su llamado, menos él. La tarea es difícil aun teniendo el llamado. Yo creo que la tarea es abrumante cuando no se tiene el llamado.

Algunos de ustedes me han oído decir varias veces, no solamente en este año sino en años anteriores: habiendo ejercido medicina por muchos años, incluso en Estados Unidos, la labor más difícil que me ha tocado ejercer es la labor pastoral. No es, de nuevo, una queja del ministerio; es una descripción del ministerio. Las complejidades son muchas. Uno de nuestros ancianos en entrenamiento decía recientemente, en una conversación en la que yo estaba antes de entrar aquí: "Yo pensaba esto y aquello", ofreciendo opiniones quizás a veces ligeras o con falta de conocimiento. "Una vez que estoy aquí, digo: '¡Wow!, el cargo es más difícil de lo que yo pensaba.'"

Y si a todo esto tú le agregas que las funciones que en el Antiguo Testamento habían sido distribuidas en tres personas —el profeta, el sacerdote y el líder— ahora Dios las tomó y las puso sobre una sola persona, que es la persona del pastor, eso es increíble. Sobre una persona mortal, falible, con errores en su vida, con faltas en su vida, con pecados en su vida.

Tú piensas en el Antiguo Testamento y el profeta le hablaba al pueblo de parte de Dios directamente. Cuando el pastor habla la Palabra —y hemos hablado de esto en otra ocasión, en otro contexto— y expone la voluntad de Dios, él está ejerciendo una función profética. Y en ese ejercicio de la función profética se supone que él debe predicar como Pablo le dijo a Timoteo: con precisión que no se desvía a la derecha ni a la izquierda, con fidelidad; desviación que podríamos cometer si no somos cuidadosos.

Somos lo que somos —de manera total, tal cual yo les escribí— por un llamado del Espíritu Santo para entregar nuestras vidas, no un mensaje, nuestras vidas a favor de ovejas compradas por la segunda persona de la Trinidad, quien se colgó sobre dos maderos cruzados en una colina llamada Monte Calvario. Somos lo que somos por un llamado de Dios para entregar nuestras vidas a favor de ovejas que la segunda persona de la Trinidad compró cuando Él se colgó sobre dos maderos cruzados en una colina llamada Monte Calvario.

Él tiene que ser un profeta en el sentido de la exposición de la Palabra ya revelada. A él le toca también hacer las veces de sacerdote: el sacerdote cuidaba de las vidas y le hablaba a Dios de parte del pueblo. De manera que hace un rato, cuando el pastor Joan oró por lo que era hoy, por el pueblo, él ejercía una función sacerdotal. El pastor hace eso cuando aconseja, el pastor hace eso cuando llora, esas son funciones sacerdotales. Cuando va a una funeraria y consuela a la familia, eso es una función sacerdotal, y para tú hacer eso sin que esto sea simplemente una tarea —como hablamos al principio—, se requiere un corazón compasivo, un corazón tierno, un corazón sensible, un corazón amante del corazón de la persona que estás tratando de consolar, y eso es un asunto de corazón.

No lo puede hacer ni el seminario, ni el libro, ni el congreso, ni la conferencia; eso es un trabajo de Dios. Eso requiere un corazón que esté más interesado en el alma del otro que en tu propia alma. Nosotros tenemos deseos, nosotros tenemos quereres, por así decirlo, nosotros tenemos pasiones, pero sabe qué, el alma del otro tiene que estar por encima de todos tus deseos.

El Señor Jesús se desmontó de la barca un día, vio la multitud y sintió compasión por ellas. Las vio, Él las describió como ovejas sin pastor. No digo lo que el texto no dice; no dice que Jesús las vio como ovejas sin predicador. Una de mis quejas, en el área de las conferencias internacionales, tanto en Latinoamérica como en Estados Unidos, es que nosotros hemos estado haciendo un énfasis extraordinario en la predicación expositiva, lo cual es necesario, pero nosotros no estamos formando simplemente predicadores: nosotros se supone que estamos formando pastores que puedan predicar expositivamente. Esas son dos cosas completamente diferentes, y el pastor requiere un corazón pastoral.

Cristo las vio como ovejas sin pastor. Las ovejas sin pastor caminan sin un rumbo definido. Hay gente, hay ovejas entre nosotros que no saben qué van a hacer mañana, para dónde van, qué quiere Dios, para dónde se dirigen, y tú tienes que sentarte con algunas de ellas y poder dirigirlas, escucharlas, tratar de entenderlas. Las ovejas sin pastor lucen ansiosas; lea acerca de cómo son las ovejas en el mundo natural: cuando no tienen a su pastor y la noche comienza a caer, están ansiosas, intimidadas, están tristes, y esas son experiencias de los hijos de Dios también. Las ovejas sin pastor no tienen quién las escuche, y a veces eso es lo que necesitan. Las ovejas sin pastor no tienen un corazón que se duela con su dolor. Las ovejas sin pastor carecen de esperanza y carecen de consuelo.

El pastor necesita hacer las veces de profeta, necesita hacer las veces de sacerdote, pero en el Antiguo Testamento había una tercera figura: la figura del rey, que actuaba como líder. Y se supone que ahora el pastor necesita también ser ese líder que provee visión, que provee dirección, que va adelante, que marca el paso. Y cuando tú vas caminando y de repente quizás te desvías, y miras para atrás y ves qué pasó, y tienes que regresar al camino, bueno, eso es parte de lo que un buen líder debe hacer: él necesita revisar su caminar. Por eso decíamos que lo primero que Pablo hace en ese versículo 28 es hablar del caminar del pastor, después de la credencial más importante del pastor. Luego de ahí fue que se te llamó a cuidar la iglesia de Dios, y por último recordarte que esas ovejas son ovejas compradas con precio de sangre.

Lo que mantiene al pastor en su pastorado día y noche es el llamado de Dios. Yo te garantizo que sin el llamado de Dios, la mayoría, sino todos los pastores que han estado en su posición por un tiempo, hubiesen abandonado la posición. En ocasiones he oído pastores decir: "¿Y esto? ¿Quién necesita esto?" Pero hay un rabino judío de hace dos mil años atrás que no te deja ir, que no te da permiso, que no te cambia el semáforo, que lo tiene en luz roja todo el tiempo.

Nosotros ocupamos una posición no porque hemos sobresalido entre los hombres, no porque somos más santos, necesariamente, que algunos o que otros, no porque tenemos más privilegios y más logros que otros, no porque tenemos más medallas que otros. Nosotros estamos ocupando una posición solamente porque en su soberanía y cuidado providencial, Dios quiso llamarte para una labor para la cual nosotros no somos dignos. Pensadlo: a mí me sobrecoge una y otra vez, semana tras semana —quizás siendo un poquito hiperbólico, pero con frecuencia, más de una vez al mes— me sobrecoge pensar que un Dios tres veces santo desciende y usa a personas pecaminosas como nosotros los pastores. Y eso no es nuevo; Isaías también se sobrecogió cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo al ser llamado.

Lamentablemente, en los últimos años esa vocación ha sido convertida en una profesión. Hace un poco más de cien años atrás, Bounds escribió lo siguiente: "El predicador no es un hombre profesional. Su ministerio no es una profesión." El título que me da el seminario no me convierte en un profesional. Él dice: es una institución divina, es una devoción divina. Lamentablemente, en la naturaleza caída hay una tendencia a profesionalizarlo todo, a profesionalizar lo divino, hasta a profesionalizar los llamados a la salvación.

Y en este deseo de profesionalizar las cosas, nosotros queremos muchas veces aprender en un entrenamiento, en una conferencia, ya sea de predicación, ya sea de consejería, y ubicar lo que se aprende de rodillas delante de Dios. Eso no se aprende en otro lugar. Nosotros preferimos leer artículos y blogs —media página, una página, un devocional— antes que tener que rumiar y meter los dientes en la Palabra. Y ahora, dados a nuestro profesionalismo, elegimos asistir a una charla antes que retirarnos a solas con Dios. "Estoy confundido, no sé qué hacer. ¿No habrá una charla por ahí de cómo encontrar la dirección o la voluntad de Dios?" No estoy en contra del curso que el pastor ya está dando —nosotros unánimemente aprobamos ese curso—; lo que estoy señalando es cómo funcionamos cuando lo que necesito es retirarme y pasar tiempo con Dios.

Queremos hacer crecer la iglesia. Esto quizás no se da tanto en nuestro contexto latino porque hay cosas que no son tan propias de nosotros todavía, pero en el contexto norteamericano, usualmente, cuando una iglesia o el liderazgo de una iglesia quiere hacerla crecer, lo usual es contratar un experto que la analice y que luego le dé pautas de cómo hacer crecer la iglesia continuamente. Yo he leído artículos de cómo hacer crecer la iglesia y cómo revitalizar la iglesia; prefieren pagar antes que orar, pero no funciona.

Todo eso tiene que ver con el caminar del pastor, tiene que ver también con la credencial de que fue el Espíritu Santo quien te hizo obispo, pero tiene que ver también con el hecho de que esa iglesia es de Dios, como dice el versículo 28. Es un llamado alto, es un llamado sublime, es un llamado que tiene que ver con un precio pagado por Cristo en el Monte Calvario. Es un llamado simbólico, es un llamado real; se nos ha llamado a ser embajadores. Pero si somos embajadores, usted sabe que hay una embajada, ¿verdad? La iglesia es la embajada donde la gente viene a buscar visa para ir al Reino de los cielos, y nosotros somos embajadores que explican cuáles son los requisitos.

¿Te has ido a buscar visa al consulado americano y te piden cumplir requisitos? Bueno, pues para entrar al Reino de los cielos, en el consulado, en la embajada que es la iglesia, hay una serie de requisitos que tienen que ver justamente con el entendimiento de la obra de Cristo: su vida, su encarnación, su muerte, su resurrección, tu arrepentimiento, tu entrega de esa vida, la vida de Cristo, para que la pueda vivir para su gloria y para nadie más.

Y se nos haya llamado a rogar a los hombres como si Dios rogara por medio de nosotros: "Reconciliaos con Dios." Eso también es extraordinario, que Dios dice: "Escúchame, yo voy a convertir gente, pero la manera como yo voy a convertir esa gente, yo lo voy a hacer a través de ti, y eso es lo que yo quiero que tú hagas. Tú les vas a rogar a pecadores rebeldes, que no quieren saber de mí, que se reconcilien conmigo bajo estos términos, bajo los términos de mi contrato, si tú quieres."

Y esa embajada que llamamos la iglesia es algo que Dios pensó en la eternidad pasada. Es algo que Dios hizo en la eternidad pasada: concibió la caída, concibió el plan de redención, y tomó esa embajada llamada la iglesia y la colocó en el centro del plan de redención. Y luego llamó pastores para que pudieran ir a liderar eso que está en el centro del plan de la redención. Y luego nos recuerda que eso que está en el centro del plan de la redención estará compuesta de ovejas que su Hijo compró a precio de sangre hace dos mil años atrás.

Fuimos hechos obispos por el Espíritu Santo para pastorear la iglesia de Dios. Esta no es la iglesia del pastor Miguel Núñez, o "Chacho", cariñosamente como lo llamamos, Luis Núñez, o jamás. Esta es la iglesia de Dios. Ella pertenece al Dios del cielo y de la tierra, y eso solo le agrega peso a nuestro llamado. La Palabra de Dios nos dice que el universo refleja la gloria de Dios. Si el universo refleja la gloria de Dios, la iglesia entonces debe reflejar la gloria del plan de redención.

Si el universo refleja la gloria de Dios, la iglesia debe reflejar la gloria del plan de redención del mismo Dios. Y la manera como nosotros pastoreamos puede contribuir a empañar esa gloria, o puede contribuir a hacer brillar esa gloria del plan de redención. Ahora tú sabes por qué yo he regresado a este pasaje una y otra vez: si mi labor es pastorear la iglesia de Dios, yo necesito conocer bien lo que se requiere para pastorear esas ovejas.

Hay múltiples cosas que se requieren, y yo las he ido mencionando, pero yo quiero enfatizar una vez más que si hay algo que las ovejas requieren, el paso preferencial, la preferencia, los pasos preferenciales de la oveja, es la Palabra de Dios. Si yo sé eso, entonces yo voy a entender mejor por qué Cristo le pregunta a Pedro tres veces: "Pedro, ¿me amas? Pedro, ¿me amas? Pedro, ¿me quieres?" "Sí, Señor, yo te quiero. Sí, Señor, yo te quiero. Sí, Señor, yo te amo." Esa fue una respuesta. En cada una de esas ocasiones, la respuesta del Señor Jesús fue: "Bueno, alimenta mis ovejas." ¿De qué las voy a alimentar? De mi Palabra. "¿Me quieres? Apacienta mis ovejas." ¿Cómo voy a hacer eso? Con mi Palabra. "¿Me quieres? Pues alimenta mis ovejas."

Tu Biblia en el versículo 28, y son 10. El versículo 28, Pablo nos dice que estamos pastoreando la iglesia de Dios, que está compuesta de ovejas compradas a precio de sangre. Si hay algo que nos debe pesar todos los días, es ver que como pastores nosotros podemos hacer pecar a una de las ovejas compradas por la sangre de Cristo. Nosotros podemos desviar a una oveja del camino por un mal consejo. Nosotros podemos producir falta de credibilidad en nosotros por falta de coherencia. Este es un llamado de alto riesgo. Este es un llamado peligroso.

Jesús compró en el Calvario algo que le puso a nuestra semana. Escucha a Steven Julie, quien en su libro *Una labor de amor* dice: "Cosas de gran costo requieren de gran cuidado. Las almas son infinitamente valiosas y por tanto merecen nuestro mejor esfuerzo. Si Dios considera su pueblo digno de su sangre, nosotros debiéramos considerarlos dignos de nuestro sudor." Si Dios considera su pueblo digno de su sangre, lo menos que nosotros podíamos hacer es considerarlos dignos de nuestro sudor. Dios se toma muy en serio la manera como nosotros manejamos, nos comportamos o nos exhibimos frente a sus ovejas. Si Cristo dio su vida para salvar esta oveja, lo menos que yo pueda hacer es dar la mía para cuidarlas.

En medio de todo eso, el tiempo ha ido corriendo. La otra responsabilidad, en quinto lugar, que pesa sobre los hombros del pastor, es que tiene que proteger esa oveja de la mala enseñanza. Los versículos 29 al 31 dicen: "Porque yo sé que después de mi partida, entrarán lobos feroces entre vosotros que no perdonarán al rebaño, y que de entre vosotros mismos se levantarán algunos hablando cosas perversas para arrastrar a los discípulos tras ellos. Por tanto, estar alerta, recordando que por tres años, de noche y de día, no cesé de amonestar a cada uno con lágrimas."

Lobos rapaces: eso no es un lenguaje diplomático para referirse a falso maestro. En ocasiones, verá, ustedes me conocen, me he referido a falsos maestros desde el púlpito; en ocasiones me he referido a falsos maestros a través de las redes sociales. Yo nunca le he llamado a ninguno de ellos lobos rapaces, pero el Espíritu Santo sí lo ha hecho. Toman la verdad de Dios y la envuelven en medias mentiras. Uno de esos falsos maestros, esta mañana dijo que Dios prefiere no existir si Él va a existir sin nosotros. Que Dios prefiere no existir si Él va a existir sin nosotros. Para comprar esa mentira, tú necesitas mucho efectivo.

El falso maestro no es mi hermano. El falso maestro no es mi hermano. Cuando alguien nos dice: "¿Por qué denuncias a tu hermano?", no está entendiendo lo que es un hermano. Un hermano es alguien que ha abrazado el Evangelio bíblico, el Evangelio de Cristo, ha sido regenerado, ha nacido de nuevo, ha entregado su vida al Señor y predica el Evangelio bíblico para atraer gente hacia la persona de Jesús. El falso maestro hace su enseñanza pública, como la que escuché esta mañana, y la única manera de tratar de hacer algo al respecto es si públicamente tú tratas de contradecir la mentira que se ha dicho. No hay otra manera, lamentablemente.

El falso maestro viene de afuera, pero Pablo dice que de entre vosotros mismos se levantarán algunos hablando cosas perversas para arrastrar a los discípulos tras ellos. "De entre vosotros mismos se levantarán." Pablo, cuando habla de que de entre vosotros mismos se levantarán, no está hablando de hermanos tampoco; está hablando de apóstatas. El falso maestro frecuentemente está afuera, está afuera tratando de llamar a la gente a que lo siga a él, pero cuando alguien se levanta desde dentro de la iglesia y habla de cosas perversas, la razón por la que tú sabes que no está hablando de hermanos es porque son cosas perversas: han pervertido el Evangelio.

Tu hermano puede tener celos, envidia, una división contigo, ira, un choque, un altercado; eso es otra cosa. Pero cuando Pablo habla de cosas perversas, obviamente está hablando de alguien que está pervirtiendo el Evangelio, y eso es cuando Dios nos dice que no te puedes quedar callado. Son cosas contrarias al Evangelio. Falsos apóstoles y apóstatas. La definición de un apóstata es justamente alguien que ha surgido de adentro, se ha ido fuera, y ahora proclama una enseñanza contraria a la que él escuchó toda su vida, dependiendo del caso.

Entonces, como Pablo dice que van a venir lobos que se van a levantar y que de entre vosotros mismos van a surgir algunos que van a predicar cosas perversas, él está concluyendo y cerrando este mensaje en el versículo 31 cuando dice: "Por tanto, estar alerta, recordando que por tres años, de noche y de día, no cesé de amonestar a cada uno con lágrimas." Estar alerta, estar alerta, estar alerta, estar alerta, estar alerta. Tienes que tener una especie de radar doctrinal para poder diferenciar una cosa de la otra, para no dejarte apartar, para no dejarte arrastrar.

Y Pablo dice que los amonestó a algunos de ellos y lo hizo con lágrimas. Me dolió amonestar; me dolió su dolor, me dolió su desvío, me dolió que ya no estaban siendo tan fieles al Señor como lo habían sido, y eso era el reflejo de mis lágrimas. Es lo que Pablo está diciendo. Y la razón de la amonestación no es la ira de Pablo; es la intencionalidad, es el cuidado de tu alma. Me duele que tu alma, comprada a precio de sangre, no le sea tan fiel a Dios como Él te ha sido a ti.

Y esa amonestación a veces se hace personalmente; a veces se hace desde el púlpito porque hay pecados que son congregacionales. Tú puedes leer lo de la iglesia de Corinto: en Corinto había celos, había envidia, había divisiones, y todo eso era más bien congregacional, y por tanto, cuando ese es el caso, la amonestación se hace desde el púlpito. El instrumento número uno de pastorear la iglesia de Dios es el púlpito.

Y eso es como obvio. Cuando los apóstoles se ocuparon mucho y ya no podían seguir trabajando y haciendo todo, ¿qué fue lo que dijeron? "Mira, hay que buscar gente que haga este otro trabajo; nosotros nos vamos a dedicar a orar y a predicar la Palabra de Dios, al ministerio de la Palabra y al ministerio de la oración." El pastor John MacArthur decía: "Un pastor que no alimenta su rebaño no tendrá rebaño por mucho tiempo; sus ovejas saldrán a otros campos o morirán de hambre." El falso maestro siembra la cizaña.

Cuando tú lees el texto completo que leímos hoy, Pablo dice que a veces habló públicamente y otra vez fue de casa en casa —esto está en el versículo 20—, que él les habló a judíos y a griegos, y que por tanto, él era inocente de la sangre de todos, el versículo 21. Pablo los llamó al arrepentimiento para con todos, el versículo 21 también. Y luego él dice en el versículo 31: "Yo hice esto por tres años, de día y de noche; los llamé al arrepentimiento." La palabra arrepentimiento ha desaparecido del vocabulario.

Esta semana alguien me llamó y quería juntarse conmigo. Alguien que tenía mucho tiempo sin que nos viéramos —casi un año— y nos juntamos, y me contó su historia, y me preguntó: "¿Qué yo debo hacer?" Y yo le dije: "Me parece que la manera de comenzar siempre es la misma, y esa es el arrepentimiento." Pero déjenme decirles algo: tú no puedes producir el arrepentimiento.

Tú puedes confesarme lo que me has confesado esta noche, pero eso no dice nada de que estás arrepentido. Entonces, ¿qué hago? Yo te aconsejo que todos los días le pidas a Dios que te dé el arrepentimiento, porque Él es el único que te puede conceder eso, y tú lo pides hasta que te llegue. Porque si verdaderamente quieres regresar al camino —él se había apartado por muchos años, y realmente quería regresar; por diez años más o menos, me dijo— si quieres regresar al camino, hay una sola manera de hacerlo, y es comenzando por el arrepentimiento.

Pablo, finalmente, la hora se me terminó y el texto de Pablo también. El versículo 32 dice: "Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que es poderosa para edificaros y daros la herencia entre todos los santificados." Pablo dice: "Yo los voy a encomendar a Dios y a su palabra", como si esas dos cosas fueran dos cosas separadas, pero no lo son. A Dios está su palabra; donde está su palabra, está Dios.

Pablo está diciendo: número uno, el Espíritu Santo que vive dentro de ustedes, yo lo voy a encomendar a ese Espíritu para que haga su obra de adentro hacia fuera. Pero ese Espíritu no trabaja de manera independiente, por tanto, "yo los encomiendo también a la palabra de su gracia, que es poderosa para discernir", como hemos hablado recientemente, los pensamientos y las intenciones del corazón. De manera que tú necesitas la obra del Espíritu, pero también necesitas exposición a la palabra, y eso yo se lo dije a la persona que vino a ver.

Pablo estaba consciente del poder transformador, destructor, refinador y purificador de la palabra de Dios. La palabra que Dios habló y formó el universo es la palabra que, cuando tú la lees, también es capaz de destruir aquellas cosas que necesitan ser destruidas en tu mente y en tu corazón. Pablo creyó en ese poder, y por eso los está encomendando a Dios y a la palabra de su gracia.

Pablo les habló también —ya no tengo el tiempo para desarrollarlo—, pero previamente les habló de que cuando él estuvo entre ellos trabajó con sus propias manos, que no codició el oro ni la plata de ninguna persona, que trató de trabajar para ayudar incluso a los más débiles, y que eso mismo deberían ellos hacer, y que bienaventurado es —más bien aventurado es dar que recibir—, y con eso él citó al Señor Jesús. Les habló de la generosidad, de la actitud dadivosa que nosotros debiéramos tener.

Y con eso Pablo se despidió. Antes de llorar, antes de arrodillarse, antes de llorar juntos allí —porque nunca lo volvieron a ver—, él les estaba diciendo: "Buen hombre, me voy, pero os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia."

Al cerrar: hermanos pastores de Latinoamérica, hermano Miguel, yo soy uno de ellos. Debes recordar que debes cuidar de ti mismo para poder cuidar del redil; no puedes hacerlo de otra manera. Cada pastor debe recordar que tú no fuiste llamado por un comité de púlpito, como se hace en Estados Unidos, donde un comité revisa un currículo, se lo presenta a la congregación y al final se hace una elección. Así puede ocurrir en la práctica, pero tú fuiste seleccionado por el Espíritu de Dios.

Recuerda que tú estás desarrollando y construyendo la iglesia de Dios, y no la tuya ni la mía. Por tanto, no temas, porque tú cuentas con Sus recursos. Cada vez que pienso en cómo vamos a hacer algo que se requiere mirando hacia el futuro, la palabra "recurso" llega porque hay que considerarla. Mi única pregunta en mi mente es: ¿está Dios en esto o no? Porque si Dios está en esto, tú cuentas con Sus recursos, y sobre todo para hacer la obra espiritual, tú cuentas con el Espíritu de Dios.

Recuerda que pastorearás ovejas lavadas por la sangre de Cristo; ahora cuídalas con tu sudor. Hasta en tu trabajo, dependiendo del Espíritu Santo que te hizo obispo, procurando que no se me quede nada afuera: vive tu pastorado como una vocación y no como una profesión. Ama las ovejas que Cristo amó primero. En inglés se dice: *love the sheep Christ loved first*. Deja que eso penetre: ama las ovejas que Cristo amó primero.

Y si todo eso no fuera suficiente, el versículo de Hebreos 13:17 es un versículo que yo traigo a mi mente de manera recurrente, y lo ha hecho a lo largo de los años. Ese solo versículo debiera pesarnos una tonelada. Dios dice que va a llegar un día; primero le pide a las ovejas que se sometan a sus pastores porque nosotros velamos por ustedes, pero luego allí mismo nos dice a nosotros que va a llegar un día en el que yo voy a tener que rendir cuentas por las ovejas que Él puso en mis manos. Y si eso no nos aprieta el pecho, nada nos va a apretar el pecho.

Va a llegar el día en que yo voy a tener que pararme delante de Dios y Él me va a hacer preguntas. Yo no sé cómo eso va a ocurrir, pero el texto está ahí y yo lo creo. Yo voy a tener que rendir cuentas por las ovejas que Él puso en mis manos. Por tanto, yo tengo que, de tiempo en tiempo, refrescar y decir que tengo que levantarme y crecer más y más espiritualmente delante de las ovejas, porque hay un día de rendición, de *accounting*, como dicen en inglés. Yo no sé cómo ese día va a ser, pero si está ahí, me imagino que será un día en el que estaremos delante de Dios muy sobriamente.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.