Integridad y Sabiduria
Sermones

El mensaje y el llamado del discípulo (parte 1)

Miguel Núñez 4 noviembre, 2012

El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado: con estas palabras Jesús inaugura su ministerio público en Galilea, pero detrás de ellas hay una realidad que atraviesa toda la historia de la redención. El reino de los cielos avanza siempre en medio de oposición. Juan el Bautista es encarcelado, y ese vacío marca el momento exacto en que Cristo entra a proclamar el evangelio. No es coincidencia: desde el principio, Dios deja claro que su reino invade territorio enemigo, y el enemigo no cederá sin resistencia.

El evangelio que Cristo proclama no es un mensaje de mejora moral ni de prosperidad; es un anuncio de victoria sobre el pecado, la muerte y la condenación. Pero ese anuncio demanda respuesta. Jesús no dice que sería agradable arrepentirse; ordena con urgencia: arrepentíos y creed. Dios ha hecho su parte acercando el reino; ahora la responsabilidad recae sobre quienes escuchan. El arrepentimiento implica un cambio radical de dirección, y la fe es el camino que conduce del reino de las tinieblas al reino de la luz.

Esta transformación no termina con la conversión. El pastor Núñez señala con qué facilidad el creyente pasa de un momento de adoración a la crítica, la queja o el pensamiento pecaminoso. Por eso el cristiano necesita el arrepentimiento diario, no para recuperar la salvación, sino para mantener la calidad de su relación con Dios. El llamado es claro: permitir que el señorío de Cristo avance primero dentro de nosotros, antes de pretender proclamarlo afuera.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Vamos, hermanos! Por favor, Marcos capítulo uno, el versículo trece: "Y estuvo en el desierto cuarenta días siendo tentado por Satanás, y estaba entre las fieras, y los ángeles le servían."

Aquí comienza nuestro texto. "Después que Juan había sido encarcelado, Jesús vino a Galilea proclamando el evangelio de Dios y diciendo: El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado. Arrepentíos y creed en el evangelio." Ahí terminó la exposición, pero continuamos. "Mientras caminaba junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, hermano de Simón, echando una red en el mar, porque eran pescadores. Y Jesús les dijo: Seguidme, y yo haré que seáis pescadores de hombres. Y dejando al instante las redes, le siguieron. Yendo un poco más adelante, vio a Jacobo, el hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, los cuales estaban también en la barca remendando las redes. Y al instante los llamó, y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él."

Bueno, cuando leemos a Marcos, como lo acabamos de hacer, sin la ayuda de los demás evangelios, nosotros nos quedamos con la impresión de que Jesús estaba en el desierto y del desierto pasa a Galilea, porque ciertamente en el versículo 13 lo vemos en el desierto siendo tentado, y en el 14 lo vemos dentro de Galilea proclamando el evangelio del reino. Y sin embargo, entre esos dos versículos hay aproximadamente un año de intervalo. La manera como nosotros lo sabemos es porque tú necesitas estudiar los evangelios en paralelo, y aquellos que han estado en el instituto con la materia "Entendiendo los Evangelios" pudieran recordar alguna de estas cosas que tengo que explicar. Pero ciertamente, cosas han ocurrido entre la tentación de Jesús en el desierto y el versículo 14, que es el siguiente en Marcos.

Escucha cómo este versículo comienza: "Después que Juan había sido encarcelado, Jesús vino a Galilea." Bueno, ¿qué estaba haciendo Jesús antes de que Juan fuera encarcelado? ¿Dónde estaba Jesús antes de que Juan fuera encarcelado? Porque Marcos 1:14 es el inicio del ministerio de Jesús en Galilea, pero antes de ese ministerio en Galilea, Juan estaba bautizando, predicando, y Jesús estaba en actividad ya. La pregunta es: ¿dónde estaba Jesús?

Bueno, Juan nos deja ver con claridad qué estaba ocurriendo. Porque lo que ha ocurrido es que Jesús hizo un primer milagro en Caná de Galilea, y él deja Galilea y se va a la parte sur de Palestina, a lo que sería Judea, el área de Jerusalén. Y es durante este año del que yo he hablado que Jesús va al templo, donde Jesús enseña en el templo, y un día de esas visitas que él hizo, él limpió el templo al ver a los mercaderes corromper lo que era el culto y la adoración a su Padre. Esto es Juan 2. Pero cuando tú sigues leyendo, él tiene un encuentro con Nicodemo en Juan 3. Y todo eso está ocurriendo antes de que Jesús fuera a Galilea otra vez.

Y luego, entonces, en un momento dado que vamos a explicar un poco más adelante, el texto dice que Jesús decidió regresar a Galilea, que es donde Marcos lo va a tomar ahora. Pero antes de esto tenía que pasar por Samaria. Eso es Juan 4. Entonces, al paso por Samaria se encuentra con la mujer samaritana, ella cree, ella invita a otros a venir, entonces esos vienen y lo invitan a él a entrar a Samaria, pasa varios días en Samaria. Y en medio de todo eso, el tiempo ha ido pasando, y aproximadamente el primer año del evangelio de Jesús, o de evangelismo de Jesús, del ministerio de Jesús, ya ha transcurrido. De manera que Juan es el que nos cubre ese periodo de tiempo, y lo que los evangelios sinópticos hacen es cubrir el ministerio de Jesús en Galilea en el segundo y tercer año.

Ahora tenemos una mejor idea de dónde nosotros estamos, y por eso creía que era importante que revisáramos alguna de estas cosas. Durante todo ese primer año, entonces, Juan el Bautista está todavía ministrando, introduciendo al Mesías, bautizando. Se comienzan a generar algunas controversias que hacen que se dijera en un momento dado que Jesús estaba bautizando más discípulos que Juan, y entonces eso hace que Jesús se retire del área. Pero junto con eso, entonces, Marcos nos deja ver que lo que ha ocurrido también es que Juan ha sido encarcelado, y eso hace entonces que Jesús se retire de Judea y pase a llenar el vacío que Juan ha dejado. Juan ha estado ministrando en el centro y norte de la provincia de Palestina; Jesús, en este primer año, ha estado ministrando en el sur de la región de Palestina. Y ahora que Juan está encarcelado, el vacío se ha producido; Jesús va a llenar ese vacío, y él entra a Galilea y comienza a predicar el evangelio. Y es ahí entonces donde leemos en Marcos lo que leímos, y donde Jesús está diciendo: "El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado."

Hay dos figuras centrales en los Evangelios: Jesús y Juan el Bautista. De los dos no hay dudas quién es el mayor. De los dos no hay dudas quién es el precursor. Pero como bien ha sido observado, Juan el Bautista probablemente fue el precursor de Jesús en más de una manera. Él fue el precursor de Jesús en término del contenido del mensaje: "Arrepentíos, porque ya el reino de los cielos está acercando." Juan predicó de esa manera también. Hay una similitud entre estas dos figuras. Pero ha sido observado que, con toda probabilidad, Juan también fue el precursor del Mesías en términos de su sufrimiento y su muerte, porque este Juan es el que es encarcelado, pasa en la cárcel doce a dieciocho meses, y eventualmente es decapitado. De la misma manera, el Mesías tiene que sufrir, es perseguido, y eventualmente es crucificado.

Juan había denunciado a Herodes por vivir con la esposa de su hermano. Y eso hizo entonces que Herodes finalmente, aunque le tenía miedo porque el pueblo lo tenía por profeta, Juan finalmente es aprendido por la justicia y es encarcelado, y un día decapitado.

Escucha cómo Mateo nos ayuda a entender esta entrada de Jesús en Galilea, que es donde Marcos lo está recogiendo, este inicio de ministerio de Jesús en Galilea. Mateo 4:12: "Cuando él oyó que Juan había sido encarcelado, se retiró a Galilea." "Cuando él oyó," en otras palabras, aquí Mateo nos deja ver más claramente que el retiro de Jesús de Judea a Galilea tiene que ver y está directamente relacionado con el encarcelamiento de Juan. Cuando él oyó, entonces él se movió. Es como si Dios nos estuviera dejando ver que ciertamente nada de eso ha acontecido por sorpresa; todo está bajo su cronología. Jesús ha sido detenido en Judea hasta que este acontecimiento ocurra. Ha ocurrido el acontecimiento, Jesús sabe ahora lo que él necesita hacer, y eso nos da una mejor idea de cómo Jesús solía manejar todo su itinerario.

Lucas nos deja ver algo de lo que yo acabo de decir. Escucha ahora Lucas 4:14: "Jesús regresó a Galilea en el poder del Espíritu, y las nuevas acerca de él se divulgaron por toda aquella comarca." Si Jesús regresa en el poder del Espíritu a Galilea, es obvio que Jesús regresa por la guía del Espíritu, de la misma manera que fue del Jordán al desierto por el Espíritu. Ahora él va de Judea a Galilea también por el Espíritu, y ahí hay una gran enseñanza para nosotros.

Jesús nunca se dejó manejar por los hombres. El tiempo de los hombres no fue su tiempo. La forma de hacer las cosas de los hombres no fue su forma. La sabiduría convencional de ministrar no fue su sabiduría. Jesús hizo las cosas todo el tiempo conforme a la guía del Espíritu.

Eso es una enseñanza para nosotros, hermanos. A nosotros nos gusta mucho hacer las cosas en nuestro tiempo, en nuestra forma, con la sabiduría convencional, y nos frustramos, y nos cansamos, y nos desilusionamos, y nos decepcionamos. Si al final de cuentas Dios estaba diciendo: "Si tú esperas mi tiempo, si tú lo haces a mi manera, tú tienes que entender que hay un tapiz que estoy tejiendo, pero cómo luce el tapiz solamente lo conozco yo. Cómo los hilos van entretejidos, y la forma, y los tiempos, y los momentos, solo lo conozco yo. Y como yo solamente soy el que conozco no solamente cómo luce el tapiz final, sino cómo luce su composición a lo largo del camino, tú tienes que dejarte tejer."

Y esa es la razón por la que he estado hablando con varios de ustedes: los sí y los no de la vida son los sí y los no de Dios. Hermanos, no siempre las cosas salen como yo quiero, pero si hay algo de lo que yo sé, es que las cosas siempre salen como Dios quiere. No ha habido absolutamente nada que haya resultado de una manera que Dios no lo haya orquestado, permitido de una forma activa o pasiva, pero esa es la manera como Dios quiso que ocurriera. Si él hubiese tenido otro deseo, él hubiese orquestado de otra manera. Cuando Dios dice que sí, no hay nadie que pueda decir que no, y cuando Dios dice que no, no hay nadie que pueda decir que sí.

Cristo caminó de esa manera, de una forma guiada por el Espíritu, en Judea, hasta que ocurra el evento que me mueve a Galilea. Ahora, nota qué es interesante: que el ministerio de Jesús, el más público, el más conocido, el más extenso, que es el que se lleva a cabo en Galilea, este ministerio es anunciado, es iniciado por el encarcelamiento de Juan el Bautista. Una vez Juan el Bautista es quitado de en medio, Cristo entra entonces a esa otra forma o lugar de ministrar. Y con esto yo creo que Dios nos estaba dejando ver desde el inicio, como lo vamos a tratar de explicar por unos momentos, cómo el reino de los cielos iba a ser inaugurado e iba a avanzar todo el tiempo en contra de la oposición. No iba a haber un solo momento en que el reino de los cielos avanzara sin que hubiera oposición.

Juan el Bautista es el comienzo, pero nosotros, cuando seguimos leyendo a lo largo del libro de los Hechos, si seguimos leyendo a lo largo de las cartas de los apóstoles, nos damos cuenta que ciertamente la oposición al avance, a la extensión del Evangelio, del reino de los cielos, siempre ha sido en contra. Pablo nos dice en Gálatas que allí ya se había comenzado a predicar otro evangelio. Pero cuando tú sigues leyendo en Segunda de Corintios 2:17, Pablo nos dice que allí algunos estaban comercializando con el Evangelio. En Apocalipsis 2:2 nos dice que en Éfeso había falsos apóstoles, y si había falsos apóstoles, eran falsos apóstoles del Evangelio. En Colosenses 2:8 se nos dice que el Evangelio había sido infiltrado con sabiduría y filosofías humanas. En Filipenses 3:2 nos dice: "Cuidaos de los perros, cuidaos de los malos obreros", malos obreros ¿de quién? Del Evangelio. En Filipenses 3:18 se nos habla de que allí había enemigos de la satisfacción, y si tú eres enemigo de la cruz, perdón, tú eres enemigo del Evangelio, porque la cruz es el punto cumbre del Evangelio de Cristo.

De manera que nunca ha sido de otra manera que no sea esta, que Juan, que la vida de Juan ilustra, con la que Cristo inicia entonces su ministerio en Galilea. Nosotros no creo que tenemos una buena idea, por lo menos de una forma continua, de que estamos viviendo en territorio enemigo, invadido por un reino, valga la redundancia, invasor, que es el reino de Cristo. Literalmente, eso es como es. Este es el reino de las tinieblas que ha estado enseñoreado desde la caída de Adán, y en un momento dado entonces el reino de Dios lo invade. La luz invade el reino de las tinieblas, la luz vino a las tinieblas y las tinieblas no la reconocieron. Esa es la invasión que Cristo ha comenzado, y eso es lo que ahora nosotros comenzamos a ver. Y cuando tú estás en territorio enemigo y tú quieres avanzar, tú estás avanzando en contra del enemigo, y continuamente él te hará oposición.

El texto de Marcos 1:14-15 parece un texto sencillo, común, de poca importancia, y sin embargo es un texto fundamental. Es capital en la cronología de los eventos, es la bisagra sobre la cual gira y da vuelta el ministerio de Jesús. El texto que yo leí, verso 14 y 15 de Marcos 1, marca una transición del ministerio en Judea al ministerio en Galilea. Marca otra transición, marca una transición del ministerio de Juan el Bautista, que ahora está encarcelado, al ministerio preponderante del Señor Jesucristo. Marca una tercera transición, marca la transición de la oposición a Juan a la oposición a Cristo. Y marca una cuarta transición, y es la transición de un ministerio relativamente poco conocido, tan poco conocido que solamente Juan relata algunas cosas de ese año, a un ministerio mucho más ampliamente conocido, mucho más público, de mucho más impacto y por tanto de mucho más oposición, que es el ministerio de Cristo en Galilea, del cual nos hablan Mateo, Marcos y Lucas. Es un texto clave.

Y en ese texto clave, Cristo nos deja ver, Dios nos deja ver, algunas cosas importantes. Cristo viene a Galilea después que Juan es encarcelado, proclamando el Evangelio de Dios. Ese es el distintivo del mensajero de Dios, del mensajero verdadero: es la proclamación del Evangelio de Dios. No es el evangelio de los hombres, no es el evangelio de la prosperidad, pero sí el Evangelio de Dios. Es su marca distintiva dondequiera que él se encuentra.

Ahora, Juan no había hablado del Evangelio, y no lo podía hacer. Juan había hablado de algo que Cristo habla también y que los asemeja. Juan había hablado, Marcos 1:4, de la necesidad del arrepentimiento. Y Cristo viene en el texto que yo leí y nos manda a arrepentirnos. Ahí ellos se asemejan. Pero la palabra evangelio Juan no la podía usar, porque Cristo es la personificación del Evangelio. Él es el Evangelio. Él es la consumación del Evangelio. En Él termina y comienza, o comienza y termina, el Evangelio. Él es la esperanza del Evangelio, Él es la garantía del Evangelio. Y hasta que Cristo no viene, el Evangelio del reino de Dios no ha sido proclamado. Ha sido anunciado algo que es como una sombra de lo que había de venir, pero no es el Evangelio per se. Y esa es la razón que Cristo inicia su ministerio en Galilea.

En Galilea, Marcos nos deja ver que cuando Cristo lo inicia, lo inicia proclamando el Evangelio de Dios. Mateo no lo llama el Evangelio de Dios, lo llama el Evangelio del reino. Mateo el judío. Mateo tiene una audiencia judía en mente. Él sabe que los judíos evitaban pronunciar el nombre de Dios para no profanarlo. Por tanto, al hablar del reino no lo llama de Dios, o del Evangelio no lo llama de Dios, sino el reino de los cielos o el Evangelio de Cristo. Pero de eso, verdad, se nos ha dicho, de que Cristo entró a Galilea proclamando el Evangelio de Dios.

Ahora, Marcos nos deja ver algo más, y es que Cristo entra diciendo: "El tiempo se ha cumplido." Obviamente, si el tiempo se ha cumplido, debió haber habido otro tiempo anterior a este que fue anunciado, que estaba esperando que terminara, y ahora este otro tiempo ha comenzado. La palabra tiempo ahí en el griego no es la palabra cronos, que frecuentemente usamos nosotros cuando nos referimos a un cronómetro, nos referimos a cronología. Este es el tiempo que tú y yo conocemos, el tiempo del reloj, el tiempo del calendario. Pero esa palabra en griego que es traducida como tiempo es kairós, y kairós es una ventana de oportunidad, un tiempo específico, un tiempo propicio, determinado, apuntalado, señalado por Dios para hacer algo en particular. El tiempo se ha cumplido, el kairós ha llegado. El kairós del Mesías, la ventana de oportunidad del Mesías. Y los kairós tienen comienzo y tienen fin. El ministerio de Cristo tuvo un comienzo y tuvo un fin, se terminó ese tiempo. Es una medida específica de tiempo. Entonces ese tiempo ha llegado, Cristo está anunciando todo esto por medio del Evangelio de Dios.

La palabra evangelio en el lenguaje original aparece en el Nuevo Testamento unas 76 veces. La Biblia de las Américas la usa un poco más frecuentemente para traducir otras terminologías, unas 99 veces, pero la realidad es esa otra numeración que le di para el lenguaje original. Es una palabra que significa... el evangelion implica buenas nuevas. Es un nombre, las buenas nuevas. Pero hay un verbo también, que es el evangelizo, que implica básicamente anunciar las buenas nuevas. Y tiene un propósito el hecho de que yo esté dando estos detalles.

Ahora, detrás tanto del nombre, el evangelion, como del verbo, el evangelizo, hay una palabra, una raíz común, que es angelos. Angelos implica mensajero. Y usualmente entonces esta palabra implicaba un mensajero que traía buenas noticias, buenas nuevas, usualmente de victoria, o en ocasiones un mensaje político de victoria con promesa, pudiera ser la ocasión. De tal forma que ahora yo sé que el contenido del Evangelio es algo que anuncia unas buenas nuevas, que alguien trae, un mensajero trae, y ese mensajero es Cristo, y que tiene en su contenido un anuncio de victoria. Y eso es exactamente lo que el Evangelio es. Son buenas nuevas para el hombre perdido, que Cristo trae a través de su persona, y que desde un principio anunció una victoria sobre el pecado, sobre la muerte, sobre la condenación, y que por eso nosotros debiéramos creerle de esa manera. Evangelion, algo que tiene que ver con gozo también en el lenguaje original.

Ahora, en la iglesia primitiva, cuando esta palabra se usó, frecuentemente hace alusión a las enseñanzas de Cristo, a la vida de Cristo, a la muerte de Cristo y a la resurrección de Cristo. Ellos veían todo eso, todo eso que acabo de describir, como una sola unidad. Y ahora que el tiempo se ha cumplido, el Evangelio de Dios es la manera de entrar al reino. Mira cómo Cristo lo dice: "El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado."

Cuando nosotros pensamos en algo que se ha acercado, frecuentemente nuestra idea es más en tiempo. Se acercan las navidades, eso implica que quedan menos días. Pero en este caso la palabra que Marcos usa es una más bien que habla de cercanía espacial. De manera que el reino de los cielos se ha acercado porque la persona que lo encarna está en medio nuestro. De tal forma que ahora ciertamente el Evangelio está espacialmente muy cerca de aquellos que lo han escuchado. Y es por eso que Cristo no dice "el reino de los cielos se ha establecido", pero sí "se ha acercado". Yo estoy aquí, yo lo estoy inaugurando. Yo soy la representación, vía la encarnación, de ese reino. Y ese reino en esencia representa el gobierno de Dios sobre el universo.

Cuando el Espíritu de Dios viene a morar en mí, el reino de Dios ha venido a estar dentro de mí. El primer lugar donde el reino de Dios es establecido es en el corazón y en la mente de los hombres. En la medida en que la verdad de Dios penetra mi corazón, penetra mi mente, destrona al yo de su lugar y coloca a Cristo en el suyo, en la medida en que ese señorío es establecido, el reino de Dios me ha invadido. Y yo necesito ahora permitir que el reino de Dios en mi vida, incluso antes de pensar en llevárselo a otro, en mi vida se pueda extender, que ese señorío se pueda extender a todas las áreas de mi ser. De tal forma que a la hora de predicarlo, yo pueda predicarlo con un testimonio de vida contundente que ilustre las verdades que yo estoy tratando de transmitir.

Y la única manera de extender ese reino es vía la predicación del Evangelio. Cristo llega a Galilea predicando el Evangelio de Dios. Es la única manera de extenderlo. Y Dios se propone invadir cada rincón de la tierra, cada rincón de oscuridad del planeta tierra.

Es una realidad, el reino de Dios es una realidad en tu corazón, es una realidad en tu mente, es una realidad que se ha presentado entre nosotros. Y este reino va a avanzar, pero ha avanzado y continuará avanzando, abriéndose paso en medio de luchas, contiendas, oposición, aflicciones. Y ha sido así, seguirá siendo así hasta el final.

Escucha lo que Mateo 11:12 nos dice: "Y desde los días de Juan el Bautista..." ¿A quién encarcelaron? A Juan el Bautista. "Y desde los días de Juan el Bautista, hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia." Desde el día en que Juan fue encarcelado hasta este momento, el reino de los cielos sufre violencia, y hasta el día nuestro, el reino de los cielos sufre violencia. La persecución no ha cesado, la dificultad no ha cesado, la oposición no ha cesado. En la medida en que el reino de la luz trata de replegar el reino de las tinieblas, esa oposición no ha cesado.

Decíamos eso en el culto anterior y, a manera de ilustración, tan pronto yo dije eso —el reino de la luz está tratando de hacer replegar el reino de las tinieblas— todas las luces de esa zona se fueron y una gran oscuridad cayó sobre nosotros, como buena ilustración de lo que estábamos hablando. Y por un rato tuve que predicar sin micrófono, ahí desde el piso, y acercarme adelante para que me pudieran escuchar. Creo que fue una excelente ilustración. El reino de las tinieblas le hace oposición al reino de la luz de toda la manera posible. Y nos hace oposición a nosotros como representantes del reino de la luz: en nuestra mente nos confunde, nos aturde, nos desalienta, nos decepciona, nos confunde, magnifica las verdades hasta convertirlas en mentiras. O la distorsiona, más que magnificar, la distorsiona hasta convertirla en mentira.

El Hijo vendría y anunciaría esa verdad. Esa verdad penetraría el corazón de los hombres, penetraría la mente de los hombres. Es un trabajo de guerrilla, donde estas son los perdigones que afectan y producen esa explosión en la mente de los hombres una vez penetran. Y nosotros tenemos que avanzar en contra de eso. Nosotros no peleamos o tratamos de avanzar el reino conforme a las armas de los hombres. No, nuestras armas son poderosas, pero no son carnales, y son poderosas en Cristo Jesús. Y cada vez que tú predicas la verdad, esos son los perdigones que están tratando de impactar a aquellos que están en la oscuridad y producir en su interior una especie de explosión de la luz, de manera que ellos puedan ser pasados de un reino a otro reino. Y no hay otra manera de hacerlo. Y tienes que esperar oposición.

Cristo comenzó a darnos una idea cuando inauguró el reino de los cielos de qué ha pasado y qué es lo que va a pasar en la consumación de los tiempos. Cuando Adán se separa de Dios, Adán sumergió toda la creación en un proceso de deterioro. En ese proceso de deterioro, el planeta sufrió cambios. Y parte de los cambios climáticos que vemos y que recientemente hemos visto en nuestros días —tormentas, ciclones y demás— corresponden precisamente a la disfunción de un planeta alejado de Dios.

Cuando Cristo viene y Él invade el reino de las tinieblas, una de las cosas que hace es darnos evidencias de cómo su señorío iba a ejercerse sobre el reino de la naturaleza. Y en un par de ocasiones, desde una barca, calmó los vientos y calmó los mares, para que quede claro que cuando su señorío esté completamente establecido, toda esta disfuncionalidad va a cesar. Esto es simplemente parte de las características del reino de las tinieblas aquí en la tierra.

Adán sumergió la raza humana en un proceso de deterioro donde las personas se enfermarían. Cuando el reino de la luz, en la persona de Jesús, invade el reino de las tinieblas, las enfermedades comienzan a desaparecer y las sanaciones comienzan a verse. Los demonios comienzan a ser expulsados. Adán sumergió la raza en un proceso de deterioro tal que ahora la muerte física se iba a comenzar a enseñorear sobre los hombres. Y cuando entonces el reino de la luz, en la persona de Jesús, otra vez invade ese territorio, resulta que la muerte comienza a huir y Lázaro se levanta y sale de la tumba. Y otros también resucitaron el día de la muerte de Cristo, salieron de los sepulcros, y el domingo siguiente fueron y se presentaron a sus familiares, pudiendo tener tiempo de muertos. Anunciando la introducción del reino de la luz y dejándonos ver cuál sería la característica de la consumación de ese reino sobre nuestro planeta.

Y ahora Cristo se fue y nos dijo: "Ahora ustedes hacen el trabajo. Ahora ustedes van. Ahora es su responsabilidad. Yo no voy a continuar haciéndolo en mi persona de esa manera, por lo menos como lo había venido haciendo."

Ahora escuchen, está claro en este texto: el reino es anunciado, pero cuando el reino es anunciado, Cristo espera una respuesta al anuncio del reino y pone la responsabilidad de la respuesta sobre los hombres. "El tiempo se ha cumplido y el reino de los cielos se ha acercado." Eso es lo que Dios ha hecho. El hombre no podía hacer absolutamente nada para acercar ese reino de Dios a él. Eso está en el tiempo indicativo. Eso es lo que Dios hace. Pero lo que sigue es la respuesta que Dios espera del hombre, y por tanto Él se lo da en términos de un imperativo: "Arrepentíos y creed en el Evangelio." El reino se ha acercado. Yo pongo la otra responsabilidad sobre ustedes ahora, porque ustedes tienen la obligación de dar una respuesta al anuncio del reino. Arrepentíos y creed.

O sea, dos palabras son interesantes, porque si esto representa el mundo de pecado, cuando yo me arrepiento, se supone que yo tengo que irme en una dirección contraria. Pero luego que yo me arrepiento, yo tengo que creer. Son dos acciones en el imperativo, ambas: arrepentíos y creed. Ahora, aquí está el reino de la luz. El camino que me lleva es el Evangelio; yo tengo que creer el Evangelio. Se dan conjuntas, pero expresan dos acciones distintas. Y de hecho, entonces de esa manera yo paso del reino de la oscuridad al reino de la luz.

Suya como Pablo claramente articula esto al rey Agripa, cómo lo entiende y lo articula de una manera que Agripa pueda entender qué es lo que está pasando. Pablo está explicando, está testificando de cómo Dios lo llamó y a qué lo llamó. Y le está diciendo a Agripa: "Pero cuando Él se me apareció y me envió, esto es lo que Él me dijo." Me está enviando para que abras sus ojos. Hechos 26:18: "Para que abras sus ojos, a fin de que se vuelvan de la oscuridad a la luz y del dominio de Satanás a Dios." Primera parte: para que pasen del dominio de las tinieblas al de la luz y del dominio de Satanás a Dios. Ese es el arrepentimiento, el darle la vuelta, ir en una dirección contraria. Pero Cristo dijo arrepentíos y creed, y escucha lo que Pablo le dice a Agripa ahora: "Para que reciban, por la fe en mí..." —ahí está la creencia— "...el perdón de pecados y herencia entre los que han sido santificados." Mi mensaje: arrepentíos y creed, dos acciones.

Ahora, nota que esas dos palabras, a diferencia de la acción inicial —"el reino de Dios se ha acercado", indicativo— estas dos palabras están en el imperativo. Cada vez que tú lees algo en tiempo imperativo, Dios está diciéndonos: "Aquí tú juegas un papel, aquí hay una responsabilidad que yo pongo sobre tus hombros." Cuando Dios dice "no cometerás adulterio", eso es imperativo, tú lo haces. "No levantarás falso testimonio", eso es un imperativo, tú lo haces. No voy a hacer eso por ti; yo te voy a capacitar, yo te voy a dar el entendimiento, yo te voy a dar la gracia, pero tú necesitas hacer eso.

Eso nos ilustra, entonces, cómo esta doble responsabilidad se da. El llamado y la responsabilidad que el creyente tiene es de responder al Evangelio —y escúchame— y obedecer todas sus demandas. Y eso es algo que es preocupante hoy en día, porque muchas veces, en el hacer el anuncio del Evangelio del reino de la gracia, se nos está quedando de lado algo que es tan claro en la Palabra y que Kevin DeYoung expone también en su libro *The Hole in Our Holiness* (El agujero en tu santidad). Que recientemente, después de leerlo, escuchaba que Piper decía: "A mí me preocupa lo mismo que le preocupa a DeYoung en la santificación."

Escucha lo que DeYoung dice: "Sí, el Espíritu nos empodera para perseguir la santidad. Sí, el Evangelio nos empuja a ser más como Cristo. Sí, la fe es nuestro combustible para la obediencia. Pero nosotros todavía tenemos que esforzarnos. La misericordia de Dios no produce obediencia de manera automática. A nosotros todavía se nos tiene que decir que obedezcamos y que vayamos a hacerlo." Y eso es exactamente lo que nosotros vemos en este mandamiento de Jesús: arrepentíos y creed. Hay una responsabilidad que nosotros tenemos.

Juan el Bautista anunció lo mismo; sus ministerios fueron muy parecidos. Y mira lo que dice Kent Hughes en su comentario sobre este texto en el libro de Marcos. Él dice: "¿Cómo anunciaría Cristo su Evangelio en el día de hoy? Yo no creo que Él diría: 'El pecado es una abominación; sería nice que te arrepintieras.'" Oye lo como él lo dice: "Y sí, dado nuestro materialismo y la sensualidad contemporánea, podemos estar seguros de que si Jesús comenzara su ministerio, Él comenzaría llamándonos al arrepentimiento. Si Él caminara las calles de nuestro pueblo, Él nos llamaría a creer. Pero también nos llamaría a parar nuestros adulterios, a arrepentirnos de nuestro materialismo, a renunciar a nuestros chismes y a nuestros celos, a arrepentirnos de nuestras mentiras. Más aún, lo haría con sentido de urgencia."

Eso es lo que tú escuchas en las palabras de Jesús: "El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el Evangelio." Con cierto sentido de urgencia, de intensidad. No mañana, ahora. Y ese arrepentimiento, ese llamado al arrepentimiento, es algo que tú lo encuentras en los profetas, tú lo encuentras en los Evangelios, tú lo encuentras en las cartas de Pablo. Escucha cómo Amós 13:1-2 lo dice de parte de uno de los profetas.

En aquellos días llegó Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, diciendo: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado." Arrepentíos. Mateo 11:20-21: "Entonces comenzó a increpar a las ciudades en las que había hecho la mayoría de sus milagros, porque no se habían arrepentido. ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros que se hicieron en vosotras se hubiesen hecho en Tiro y en Sidón, hace tiempo que se hubieran arrepentido en cilicio y ceniza." Lucas 5:32, Cristo hablando: "No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento."

Cristo se muere, Cristo resucita, Cristo asciende. Pedro comienza ahora a predicar algo que debiera tener el mismo color, la misma intensidad y debiera tener la misma tonicidad del Evangelio de Jesús. Y eso es exactamente lo que tú encuentras desde el inicio. Hechos 2:38: "Pedro les dijo: Arrepentíos y sed bautizados cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo." Se mueve un capítulo más, 3:19, y Pedro dice: "Arrepentíos y convertíos para que tiempos de refrigerio vengan a vosotros." Y puedes seguir las cartas y te encuentras el mismo llamado, la misma intensidad y la misma necesidad.

Ahora, la acción del arrepentimiento es algo que necesita el incrédulo y es algo que necesita el creyente. El incrédulo lo necesita porque sin el arrepentimiento él no puede entrar al reino de los cielos. Y el creyente lo necesita porque nosotros estamos continuamente violando precisamente los mandamientos de Dios, y yo no puedo disfrutar de una buena calidad de relación con Dios sin que yo intencionalmente vaya donde Dios en búsqueda de ese arrepentimiento.

Si tú me dices: "No entiendo, pastor, porque si somos creyentes..." Yo quiero hacerte la próxima pregunta. ¿Tú has notado, o solamente soy yo que he notado esto, con qué facilidad nosotros pasamos de un tiempo de adoración a una crítica, a una queja, a una condenación del hermano, a un prejuicio? ¿Tú has notado con qué facilidad nosotros oramos, tenemos un devocional del tipo que sea por el tiempo que sea, nos montamos en el carro, y en el carro mi mente es invadida por pensamientos pecaminosos de diferentes naturalezas? ¿Tú has notado con qué facilidad eso ocurre? De ahí que yo necesite el arrepentimiento y la gracia del Evangelio todos los días, precisamente para poder continuar disfrutando de la calidad de mi relación con Dios.

No estamos hablando de perder o no la salvación. Estamos hablando de una calidad de una relación que necesita ser mantenida, en la medida en que con espíritu contrito y humilde se acerca a Dios de manera intencional, reconoce sus faltas, reconoce sus pecados, pide perdón a Dios, pide otra vez que su relación pueda ser renovada, y que una vez más, entonces, pueda disfrutar de esa calidad de la relación.

En el Antiguo Testamento, la palabra más frecuentemente usada para arrepentimiento es "shub." Y esa palabra literalmente significa, como hemos dicho en otras ocasiones, volverme en otra dirección. Pero en el Nuevo Testamento, la palabra en griego es otra: es "metanoeo," "metanoia," que implica un cambio de mente. Dios se entiende que en el momento en que mi arrepentimiento se da, yo estaba caminando en una dirección y yo comencé a caminar en otra dirección. Yo estaba complacido con el reino de las tinieblas y caminando en ese reino, y ahora he comenzado a caminar en el reino de la luz.

Dios se entiende también que, como resultado del reino de Dios al haber invadido mi mente y mi corazón con el poder del Evangelio, una nueva forma de pensar ha resultado. De tal manera que esa nueva forma de pensar origina una nueva forma de hablar, esa nueva forma de hablar origina nuevas acciones, y esas nuevas acciones cultivan un carácter. Entonces, ¿cómo se da? Las palabras eventualmente... Los pensamientos tenemos que cuidarlos, porque esos pensamientos se convierten en palabras, y las palabras se convierten en acciones, y las acciones se convierten en hábitos, y los hábitos cultivan un carácter.

Cristo no nos está llamando simplemente a una vida más moral, hermanos. Para eso no necesito a Cristo; hay gente moralista. Cristo nos está llamando a una nueva forma de vida que no puede resultar sin una nueva forma de pensamiento. Y una de las grandes dificultades del cristiano es que él está en un nuevo reino, pero él continúa pensando como el viejo reino. Y eso lleva al cuestionamiento con frecuencia de él mismo y de otros: "¿Pero será cristiano?" Porque yo necesito una metanoia, yo necesito una transformación de mi mente, que es parte de la evidencia que yo puedo dar de que soy cristiano y estoy en el reino de la luz. Y esa nueva dirección a la que Cristo nos está llamando es una marca distintiva del cristiano.

En el texto que yo no voy a exponer hoy, del 16 al 20, tú te encuentras con que Cristo ya se encontró con Simón y Andrés. Y a veces pensamos que ellos pasan a tiempo completo en el primer año. Ya estamos en el segundo año y Él los está llamando ahora. Ya han tenido contacto con Él, pero estuvieron a tiempo parcial en ese primer año. Ellos siguieron pescando, pero ahora en este segundo año, ya cuando estamos en Galilea, Él se encuentra con Simón Pedro y Él se encuentra con Andrés, que son hermanos. Y ellos están pescando, y Él les dice: "Ustedes van en esa dirección de pesca, Yo los llamo para que vayan en esta otra dirección. Dejen esa red y vayan a pescar hombres."

Más adelante Él se encuentra con Juan y Jacobo. Yo no voy a exponer todo eso hoy; está en la introducción y aperitivo. Y ellos estaban remendando las redes. Y presta atención que pasaron dos cosas a la vez: "Dejen esa red," y mira lo que el texto dice: "Y un poco más adelante vio a Jacobo, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, los cuales estaban también en la barca remendando las redes. Y al instante los llamó." Un cierto sentido de urgencia. "Y al instante los llamó," y ellos escucha lo que dejaron: dejaron la red. No solamente dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras Él.

Un llamado radical, en otra dirección. "Pastor, pero yo no estoy siendo llamado a tiempo completo." No, está bien, pero tienes redes. Y una red, como hemos hablado otras veces, míralo como cosas en las que tu vida está involucrada, envuelta. E imagínate una malla de ese tipo, malla de tenis, de jugar tenis, donde se te enredaron los pies. Y esas redes no te permiten dejar avanzar el reino de Cristo dentro de ti, Su señorío en tu vida, porque tú estás enredado en las redes. Y a veces dejamos las redes y volvemos a involucrarnos en las redes otra vez, lo cual hace más lento mi avance en la vida cristiana y el avance de este reino en mí. "Pero yo quiero ir a avanzar el reino afuera." Y Cristo dice: "¿Por qué no lo dejas avanzar adentro primero? ¿Por qué no dejas que el señorío mío crezca dentro de ti primero, y luego ve a proclamarlo afuera para que tengas mejor testimonio, mejor evidencia que presentar, para que puedas hablar con más propiedad?"

Esta respuesta a medias o ninguna, eso no es nuevo. Cuando Cristo predicó, si hubo algo que Él hizo más que definir el reino de los cielos, Él nos ilustró el reino de los cielos. Y lo hizo con parábolas e historias. Es más fácil ilustrar porque es un reino que todavía, hasta cierto punto, tiene cierta falta de revelación. Entonces Él nos ilustró más el reino con parábolas e historias que lo que nos definió.

Y una de las parábolas que Él usó fue la parábola de esta gran cena, a la cual se invitó para que la gente viniera, y los invitados que vinieran iban a formar parte de este reino. Y entonces este amo, que representa a Dios, envía a su siervo. Y el siervo regresa, y le dice al amo: "Hay un problema." ¿Cuál es el problema? Dice el siervo, Lucas 14, a partir del versículo 18: "Este es el problema: todos a una comenzaron a excusarse." ¡Ah! ¿No me diga? ¿Y qué estaban diciendo? Bueno, mira, el primero dijo: "He comprado un terreno y necesito ir a verlo. Te ruego que me excuses." ¿La tierra había que verla esa noche de la cena? Otro dijo: "He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos. Te ruego que me excuses." Parece que esa noche era que los bueyes podían ser probados. Otro dijo: "Me he casado y por eso no puedo ir." Ahora, esta es la mejor excusa: "Tengo esposa. Yo soy una sola carne." Y fíjate tú qué te inventaste: "Soy una sola carne, así que yo sí estoy excusado."

Cristo le dice al siervo: "Olvídate de ellos. Olvídate de todos ellos, no están ni nada." Y entonces: "¿No vamos a dar la cena?" "Sí, claro. Ve a buscar a las prostitutas, a los pobres, a los cojos, a los mancos. Ve a buscar todo lo que la sociedad ha rechazado y tráelos, y ellos van a ser parte de la cena."

Entonces, ¿te das cuenta que hay un sentido de urgencia, hay un sentido de intensidad en el llamado? ¿Te das cuenta de una responsabilidad que ante la presentación de la verdad tú necesitas responder a la verdad? ¿Te das cuenta de cómo unos responden de una manera y otros responden de otra manera?

Y la pregunta entonces, a manera de cierre para nosotros, son como dos preguntas. Una para aquel que ya es hijo de Dios y que ha sido invadido por el reino de los cielos, donde hay un trono donde se supone que Cristo reina: ¿Realmente no estamos nosotros esforzándonos para permitir que el señorío de Cristo pueda avanzar en nuestras vidas y tomarlo de tal manera que no haya una sola cosa de mi vida que no quede bajo Su dominio y señorío? "Pastor, yo no lo puedo producir ahora." ¿Estás tú pidiendo? ¿Lo estás buscando? ¿Lo estás tú deseando? ¿Es esa una constante súplica y petición delante del trono de Dios? "Haz avanzar Tu reino dentro de mí, Tu señorío. Permite que se extienda en toda mi vida, porque yo quiero ser un modelo de ese reino que yo quiero ir a proclamar a los perdidos mañana."

O quizás yo he estado aquí hablando y te dio entendimiento de que al día de hoy, de acuerdo a tu respuesta al Evangelio, tú estás todavía en oscuridad. En el reino que Pablo le define a Agripa como el reino de Satanás. Tú tienes una responsabilidad.

Mire, esta semana tuve una entrevista con alguien. No puedo entrar en detalles, pero al final de la entrevista le pregunté: "Entonces, ¿qué tú piensas?", habiendo revisado una serie de cosas. Me dijo: "Bueno, yo creo que Dios ha estado detrás de mí y yo he sido un necio." Y le dije: "Bueno, yo no te lo iba a decir de esa manera, pero ahora que tú lo dijiste, yo estoy de acuerdo." Él no se puso bravo, estábamos en un buen momento de acuerdo.

Entonces, ¿qué me gustó de la entrevista? Él sabe que Dios le ha caído atrás y él también sabe que él tiene una responsabilidad. Y él también sabe cuál ha sido su mala respuesta a la responsabilidad que él tiene. "Yo he sido un necio" implica: yo lo he hecho así, yo he sido un necio. Y yo estoy de acuerdo.

Entonces le pregunté: "¿Qué vas a hacer?" Me dijo: "Bueno, no sé, dígame usted." Le respondí: "Bueno, tú vas esta noche donde Dios y le dices exactamente eso: Señor, yo reconozco que por esto Tú has estado detrás de mí y yo he sido un necio. Perdona mi necedad. Yo necesito arrepentirme de mi necedad y no lo puedo hacer, pero yo estoy donde Él da el arrepentimiento para que me dé arrepentimiento. Pero tú tienes que ir."

De manera que aquí estoy yo, y esta noche no pidas nada más. Lo más probable es que no te van a huir. Pide arrepentimiento de pecado para pasar, literalmente. Dile a Dios: "Yo quiero pasar del reino de las tinieblas donde estoy, dominado por Satanás, al reino de la luz donde Tú gobiernas."

Y le di a leer 2 Timoteo 2:25-26, que dice literalmente: "Por si acaso Dios les conceda el arrepentimiento para que escapen del lazo del diablo, que los tenía cautivos para hacer su voluntad." Yo le dije: "Ahí está." Él abrió los ojos grandes. "¿Tú te das cuenta que tú eres esclavo del diablo para hacer su voluntad?" Dos pesetas y grandes. "Yo no lo sabía tampoco."

Esa es la mala noticia. La buena noticia es que vino Alguien e invadió el reino de las tinieblas, que tú dices que te ha caído atrás y a quien tú no estás respondiendo. La buena noticia es que Él te ha caído atrás; la mala noticia es que tú no estás respondiendo. Me dijo: "Pastor, la bola está en mi cancha." Yo le dije: "Bueno, en este caso sí, porque Él te cayó atrás."

¿Dónde tú estás? ¿Qué has oído hoy? Yo quiero cerrar ahora hablándole a aquellos que han oído de Dios, no del pastor, de Dios, y están bajo convicción y entendimiento. Convicción de pecado y entendimiento de que yo no estoy en el reino de la luz, yo estoy en el reino de las tinieblas. El señorío de Cristo no está sobre mi vida, yo respondo a otra agenda. Y eso es necedad de acuerdo a la Palabra.

Si tú tienes esa convicción y hay algo en ti en este momento que te está diciendo y te está impulsando a pedir perdón de pecado, yo quiero ayudarte, quiero guiarte. Quizás tú nunca lo has hecho, quizás no entiendes cómo hacerlo. Yo simplemente te voy a guiar en algo que Dios está haciendo: que tú puedas pedir perdón de tus pecados en base a una sangre que Cristo derramó en la cruz para el perdón de tus pecados. Que tú puedas reconocer que ese Cristo en la cruz murió y resucitó al tercer día, ascendió a los cielos para dar vida eterna a aquellos que en un momento dado se arrepienten de sus pecados, y sus pecados son lavados por Su sangre. Y que han entregado su vida intencionalmente, conociendo, reconociendo que yo necesito un cambio de dirección, un cambio radical de mi vida.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.