Cuando Jesús llamó a sus primeros discípulos junto al mar de Galilea, no estaba reclutando desconocidos. Ya había pasado cerca de un año desde aquellos primeros encuentros casuales narrados en el Evangelio de Juan, donde Andrés y Juan siguieron al Maestro tras escuchar a Juan el Bautista señalarlo como el Cordero de Dios. Durante ese tiempo, estos hombres continuaron pescando, manteniendo sus negocios, mientras su fe crecía y su relación con Jesús se profundizaba. El llamado definitivo llegaría después, cuando estuvieran preparados para responder.
Ese día junto al lago, Jesús pronunció una sola palabra —"Sígueme"— y una declaración de propósito: "Os haré pescadores de hombres". No hubo vacantes que llenar ni aplicaciones que completar. Cristo invadió su mundo laboral, los encontró donde estaban y les dio un mandato que transformó su manera de pensar, sentir y decidir. La analogía era clara: así como los peces están dispersos en el mar y hay que ir a recogerlos con redes, los hombres están dispersos en el mundo y el evangelio es la red que Dios nos ha dado para alcanzarlos.
El costo fue real. Pedro y Andrés dejaron sus redes; Jacobo y Juan abandonaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros. Dejaron su seguridad económica, su industria próspera, sus tradiciones familiares. Pero como decía Jim Elliot: no es tonto quien deja lo que no puede retener para ganar lo que no puede perder. El llamado de Cristo siempre es radical y demanda una obediencia igualmente radical.
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Semanas atrás lo habíamos mencionado: Cristo termina de ser tentado, y de eso nos habla Marcos 1:13. Luego hay un período de ministerio que no aparece en los evangelios sinópticos, pero que sí aparece en Juan, y que probablemente tomó meses o quizás hasta un año. Cuando Marcos continúa en el versículo 14, todo un año probablemente ha pasado de ministerio donde Juan el Bautista estaba todavía fuera de la cárcel, donde hay evidencias, como lo vamos a ver pronto en el Evangelio de Juan, de ese ministerio de Jesús durante ese tiempo, y que le permitió a Cristo incluso tener contactos iniciales con sus primeros discípulos o apóstoles, como se llamarían posteriormente.
De tal forma que cuando yo lea el texto de hoy para su exposición y usted vea a Cristo llamándolos a tiempo completo, usted pueda entender que ha pasado todo un año donde ellos todavía no estaban involucrados en ese trabajo. Estaban en contacto con Jesús, probablemente habían aprendido algunas cosas, pero ya no estaban haciendo ningún trabajo ministerial con el Maestro durante esta etapa inicial. El Evangelio de Juan en sus primeros cuatro capítulos nos habla de esos meses de ministerio.
Lo que yo quiero hacer es tomar el capítulo uno de Juan y leer algunos versículos de ese capítulo uno para que usted pueda ver los primeros encuentros de Jesús, o algunos de esos encuentros de Jesús con sus primeros discípulos, muy distinto a lo que verás posteriormente en Marcos cuando leamos el texto que nos ha sido asignado para hoy. Juan 1, voy a leer el versículo 35 al 37 y luego del 40 al 46; los voy a leer corridos sin necesariamente mencionar dónde está la interrupción para que usted pueda entender qué está pasando.
Juan 1:35-37 y luego 40-46: "Al día siguiente Juan estaba otra vez allí con dos de sus discípulos, y vio a Jesús que pasaba y dijo: ¡He ahí el Cordero de Dios! Y los dos discípulos lo oyeron hablar y siguieron a Jesús. Uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús era Andrés, hermano de Simón Pedro. Él encontró primero a su hermano Simón y le dijo: Hemos hallado al Mesías, que traducido quiere decir Cristo. Entonces lo trajo a Jesús. Jesús mirándolo dijo: Tú eres Simón hijo de Juan, tú serás llamado Cefas, que quiere decir Pedro. Al día siguiente Jesús se propuso salir para Galilea y encontró a Felipe y le dijo: Sígueme. Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encontró a Natanael y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley y también los profetas, a Jesús de Nazaret, el hijo de José. Y Natanael le dijo: ¿Puede algo bueno salir de Nazaret? Felipe le dijo: Ven y ve."
Esta parte del Evangelio de Juan describe algunas de las caminatas de Jesús, en este caso alrededor del área donde Juan el Bautista estaba bautizando, y donde Juan ya tenía unos discípulos que habían sido entrenados para que cuando el Mesías apareciera ellos le pudieran seguir. Y eso es exactamente lo que Juan hace: lo ve y dice: "¡He ahí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!" Andrés y un segundo discípulo, que no he mencionado porque todo el mundo, prácticamente todo el mundo, está convencido que es Juan el evangelista, siguen a Jesús y se van con él y pasan incluso esa noche con él. Pero Andrés va y busca a su hermano Pedro y lo trae, y tú puedes ver ahora a Felipe que va y busca a Natanael y lo trae. Y cómo Natanael duda: "¿De Nazaret podría salir algo bueno?" Todo eso ocurre antes de que Marcos nos dé su relato que vamos a estar leyendo en el día de hoy.
Esto ocurre en el primer año de la vida de Jesús, del ministerio de Jesús relatado por Juan. Tú puedes dividir la obra de Jesús en tres años. El primer año es el año desconocido, donde mayormente todo se lleva a cabo en la parte sur de Palestina, alrededor de Judea. Y Juan nos describe estos encuentros que ocurrieron durante ese tiempo; nos describe también la visita al templo con la limpieza del templo que ocurrió durante esa ocasión, la conversión del agua en vino de la boda de Caná que ocurrió durante ese período también, la conversación con Nicodemo en Juan 3, la conversación con la samaritana en Juan 4. Y todo eso ocurre antes de que Marcos nos dé el relato que yo estoy a punto de leer en un momento. Entonces ese es el primer año, el año más o menos desconocido, nada de oposición porque Jesús no está creando muchos problemas.
Luego hay un segundo año de popularidad donde las multitudes le seguían: expulsiones de demonios, sanaciones, el Sermón del Monte. Y ahora la popularidad de Cristo se está extendiendo, la gente ha comenzado a bullir si usted quiere, la situación se ha comenzado a calentar para las autoridades, y donde él comienza entonces a tener una enorme cantidad de personas que le siguen. Y como que las cosas comienzan a representar una cierta amenaza para el sistema establecido.
Y un tercer año donde ahora hay una oposición, muchas veces hasta abierta, un rechazo precisamente por todo lo que ocurrió en ese segundo año de la popularidad, porque los rabinos estaban perdiendo adeptos y ellos estaban yendo donde este nuevo maestro que estaba en la región, y donde la gente estaba comparando y decía: "Jesús enseña como alguien que tiene autoridad y no como los escribas y los fariseos." Y eso es lo que crea entonces el rechazo y la oposición de ese tercer año.
Lo que Marcos nos va a dejar ver ahora, y Mateo y Lucas nos ayudan a lo mismo, es ver el inicio del ministerio de Jesús en Galilea, habiendo ya quedado atrás el ministerio de Jesús a medio desconocido en Judea, y donde nosotros vamos a ver por primera vez el llamado de esos discípulos ya a tiempo completo. Ya no de manera parcial como cuando ellos conocieron al Mesías y donde ellos continuaron sus labores seculares, sino cuando el llamado es hecho de una manera que ya ellos toman una decisión de seguir. Y nos encontramos entonces aquí a dos parejas de hermanos: Andrés y Simón Pedro, y Juan y Jacobo.
A. B. Bruce, en su libro "Capacitación de los Doce" —es un libro clásico, clásico— "El entrenamiento de los doce de Cristo", de 1894, nos dice que uno puede, al estudiar los evangelios y ponerlos en paralelo, descubrir trece etapas en la vida de los discípulos, hablando de los doce.
Una primera etapa, de la cual ya yo hablé, donde hay encuentros casuales, donde hay probablemente momentos de enseñanzas con ellos, pero donde ellos han continuado pescando, donde ellos han continuado haciendo su trabajo, donde probablemente ellos no tuvieron nunca ninguna responsabilidad. Su llamado en ese momento era creer, desarrollar una relación con el Maestro, desarrollar su fe de tal manera que cuando el llamado definitivo llegara, ellos pudieran responder al llamado de aquella persona que ellos realmente habían conocido durante todos esos meses. Sin ese crecimiento, sin esa fe, sin esa confianza, humanamente hablando, hubiese sido difícil poner la confianza en una causa que en ese momento no prometía mucho. Es una causa que tenía todo en contra, y sin embargo ellos tenían que dejar todo aquello por lo cual ellos habían venido viviendo para abrazar algo que no lucía con promesas. Primera etapa del desarrollo de los discípulos.
Segunda etapa, que es la que vamos a ver hoy, es cuando los discípulos comienzan a ser llamados ya a tiempo completo y ellos comienzan a dejar sus profesiones y no vuelven atrás. Es la primera vez que ellos se ven en la necesidad de pagar un costo por esta nueva fe, un costo que les fue alto, pero ya es una etapa posterior.
Y una tercera etapa donde Cristo entonces, de la multitud que le seguía, del número de discípulos que él tenía, él llama y selecciona a doce en particular, los denomina apóstoles y los envía, y los comienza a preparar de una forma más privada para la misión que a ellos les iba a tocar jugar una vez él partiera al reino de los cielos.
Y yo decía esta mañana, como un comentario al margen y de algo práctico nuestro, que con la excepción de uno solo de nuestros pastores que fue llamado muy tempranamente a la vida ministerial, ese es el patrón que en esencia todos nosotros hemos seguido. Nos comenzamos a involucrar en el ministerio en un momento dado y seguimos nuestras profesiones a toda velocidad. Llegó otro momento donde entonces disminuimos un poco la velocidad de la profesión y comenzamos a involucrarnos en el ministerio de una manera más seria, con más tiempo. Y poco a poco entonces Dios continuó haciendo el trabajo en nosotros, y llegó un momento donde finalmente abandonamos nuestras redes, abandonamos las barcas y nos dedicamos al ministerio a tiempo completo. Yo decía que, dependiendo del contexto, yo creo firmemente en el día de hoy que eso es un modelo potencialmente reproducible a la luz de lo que vemos en la Palabra y a la luz de los resultados que hemos tenido. No para cada contexto ni para cada pastor, pero creo que es un modelo que pudiera ser estudiado.
Y con toda esa introducción, yo quisiera leer ahora Marcos 1:14-20, para que comencemos a exponer el texto propiamente dicho. Marcos 1:14-20: "Después que Juan había sido encarcelado, Jesús vino a Galilea proclamando el evangelio de Dios, y diciendo: El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio. Mientras caminaba junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, hermano de Simón, echando la red en el mar, porque eran pescadores. Y Jesús les dijo: Seguidme, y yo haré que seáis pescadores de hombres. Y dejando al instante las redes, le siguieron. Yendo un poco más adelante, vio a Jacobo, el hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, los cuales estaban también en la barca remendando las redes. Y al instante los llamó; y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él."
Nosotros vemos con toda claridad cómo un día no especificado Jesús se mueve al mar de Galilea. Realmente era un lago, también conocido como lago de Tiberíades o el lago de Genesaret; lo mismo, un lago relativamente pequeño, trece millas de largo, seis o siete de ancho. Y Jesús se mueve al lago para encontrarse con estos discípulos en medio de su trabajo, en medio de su labor, y para comenzar a llamarlos.
El lago le daba mucha vida al área. Algunos rabinos de la época decían que había hasta trescientas especies distintas en el lago; quizás sea exagerado, pero nos da una idea de que era una vida de pesca muy rica, muy abundante. Las fuentes extrabíblicas nos dicen que los peces eran exportados desde esa área hasta la lejana Alejandría en Egipto y a Antioquía en Siria, de manera que estamos hablando de una industria progresiva, una industria que realmente dejaba mucho, mucho dinero, por lo menos para los estándares de esa época. Y competía en el mercado con el ser pastor de ovejas y competía con el ser agricultor, los tres grandes oficios de aquel momento.
Nosotros asumimos que ese día que Cristo se mueve a la orilla del lago está siendo movido por el Espíritu Santo, porque eso fue la característica número uno de su ministerio. Y que ese mismo Espíritu que lo estaba moviendo a ir a aquel lago en ese momento en particular era el mismo Espíritu que había estado trabajando en la mente y el corazón de aquellos discípulos que estaban a punto de recibir un llamado, de tal manera que, recibido el llamado, ellos pudieron responder adecuadamente. Como Dios hace las cosas: en el tiempo de Dios, de la manera de Dios. Y creemos firmemente que Dios preparó a esos hombres para escuchar el llamado.
La primera pareja de hermanos con quien Jesús se encuentra es Simón, que eventualmente le llamaría Pedro, y su hermano Andrés, que estaban echando la red al mar. Era una red circular, una red que en las orillas llevaba un pedazo de metal para darle peso, para que se pudiera hundir en el mar, y que entonces luego posteriormente nadadores, buceadores entrenados para eso, bajaban hasta el fondo y trataban de levantar la red de tal forma que los peces quedaran atrapados en ese lugar. Y eso es lo que estos hermanos estaban acostumbrados a hacer.
Ese día está transcurriendo como cualquier otro día. No había nada especial en la atmósfera, no había señales en los cielos, no había señales en el mar, nada distinto que el día de ayer, nada distinto que el día de mañana. Y de repente este Maestro, a quien ellos ya conocían por lo que vimos en el Evangelio de Juan, aparece.
Pero yo quiero que entendamos que la aparición de Jesús como maestro, como rabino, no es la de cualquier rabino. Este Maestro tiene características especiales que lo distinguen por encima de cualquier otro maestro. En primer lugar, su aparición fue profetizada desde tiempos antiguos. En segundo lugar, cuando él hablaba había una autoridad especial en sus palabras, hasta el punto que cuando los otros, los demás, le escuchaban, uno de los comentarios registrados es: "¿Quién es este que habla como uno que tiene autoridad y no como los escribas y los fariseos?" La exégesis de este Maestro era impecable, porque las Escrituras hablaban de él. Si había alguien que podía entrar y analizar las Escrituras en detalle con una exégesis perfecta, era él, porque era el tema de las Escrituras. Su testimonio personal, irreprochable. Este es el Maestro que está a punto de dar un mandato.
Y finalmente, la manera como él llama a sus discípulos se distinguía de la manera como los demás rabinos llamaban a sus discípulos. De hecho, los demás rabinos no llamaban a sus discípulos; sus discípulos se acercaban, o sus potenciales discípulos se acercaban con mucho respeto, a veces hasta a la distancia: "Maestro, ¿pudiera usted considerarme como parte de su grupo de discípulos? Yo quisiera allegarme a sus enseñanzas." Pero esto no es como ocurre con Cristo. A Cristo no lo escogen; él sale a buscar a sus discípulos, él sale a encontrarse con ellos, él los selecciona. Y cuando los selecciona, no lo hace de una manera electiva o alternativa, sino que les da un mandato, y ellos responden inmediatamente.
Es la razón por la que cuando tú llegas al Evangelio de Juan capítulo 15, versículo 16, en la primera parte, tú escuchas estas palabras: "Vosotros no me escogisteis a mí, sino que yo os escogí a vosotros y os designé para que vayáis y deis fruto." Que quede claro que hay una diferencia entre la manera de seleccionar de los demás rabinos y la manera como yo los he seleccionado a ustedes. Hay algunas semejanzas entre ustedes y los demás discípulos, pero también hay grandes diferencias, y la mayor diferencia tiene que ver con la persona con quien ustedes están relacionándose.
Y Cristo les da en esa ocasión una sola palabra y una declaración de propósito, y eso fue suficiente para cambiar sus vidas: "Sígueme, y yo os haré pescadores de hombres." Esta es la palabra, una sola: "Sígueme." Y la declaración de propósito: "Y yo os haré que seáis pescadores de hombres."
Ciertamente el poder de la Palabra de Dios es extraordinario. Cristo, como agente de la creación, un día abrió su boca y dijo: "Sea la luz," y fue la luz. Pero otro día, ahora Cristo caminando a la orilla del lago, ve a estos hombres y pronuncia algunas palabras, les pronuncia una palabra y luego les da esa declaración de propósito, y eso fue suficiente para cambiar su forma de pensar, su forma de sentir, su voluntad, y que estos hombres ese día dejaran todo lo que estaban haciendo, le siguieran permanentemente, sin que jamás volvieran a considerar la posibilidad de abandonar al Maestro.
Y yo creo que este es un buen punto para recordar que los propósitos de Dios para nosotros no son para nosotros sentarnos a considerarlos y los abrazamos o no. Los propósitos de Dios representan una declaración soberana y poderosa de su voluntad, a la que la voluntad humana no se puede oponer. Jonás no entendió eso, pero muchas veces nosotros tampoco lo hemos entendido, de tal forma que intencionalmente o no, muchas veces hemos tratado de hacerle oposición a la voluntad de Dios, a sus propósitos, olvidando en ese momento que su voluntad es soberana, es incuestionable, es irresistible. Cuando Dios habla, su voz es operativa, su voz es efectiva, y nosotros tenemos que recordar eso.
Ahora, la razón por la que su voz es irresistible no es porque es intimidante. La razón por la que su voz es irresistible es porque, en la medida en que la ejerce, en la medida en que la ejercita, en esa misma medida Dios nos permite ver muchas veces la gracia detrás de la palabra que ha sido pronunciada. Y es esa gracia aplicada a nosotros lo que hace su llamado irresistible.
Irresistible, y entonces nos seduce en un sentido santo a seguir la dirección a la que nos está llamando. No nos empuja como el dictador, sino que nos seduce santamente a venir a él. Y eso es en parte lo que estos discípulos están experimentando. Ahora escuchan: "Sígueme". Es fácil de entender, eso significa "sígueme". Ellos le dicen: "Os haré pescadores de hombres". No está tan claro, a menos que él se lo hubiese explicado luego o antes lo que eso significaba.
Pero Cristo está usando una analogía que es de su diario vivir, y de hecho ha ido al lugar de trabajo donde ellos estaban pescando para que pudieran relacionar su oficio con el nuevo llamado. Y si tú piensas en la frase por un momento dado y luego tratas de hacer la extrapolación a hombres, entonces comenzaríamos a entender que de la misma manera que los peces están dispersos en el mar, los hombres a ser recogidos están dispersos también, pero en el mundo. De la misma manera que los peces, cuando ven una barca, no salen del agua y brincan, ¿verdad?, y saltan y se colocan dentro de la barca, sino que hay que ir a recogerlos. De esa misma manera nosotros tenemos que ir a recoger los hombres. De la misma manera que los peces son recogidos con redes, el reino de los cielos tiene otra red que se llama el Evangelio.
Dios nos dio la red, nos dio la red del Evangelio y nos ha dicho ir y predicar el Evangelio a todas las naciones. Es la razón por la que Pablo en Romanos 10 nos dice: ¿Cómo van a creer si no han escuchado? ¿Y cómo van a escuchar si no hay quien les predique? ¿Cómo van a oír si no hay quien los envíe? Y no son enviados. Nosotros hemos sido enviados; quedarnos necesitaría permiso. Nosotros tenemos que ir, ese es el mandato. Tenemos que recoger los peces que están perdidos en el mundo, que están dispersos en el mundo. Y Dios nos ha dado una red, le puso un nombre, se llama el Evangelio, y nos ha dicho: "Id y recoged a mis elegidos".
Ahora nota que el día que ellos recibieron el llamado, hubo algo que ellos tuvieron que dejar a un lado. Ellos no vienen con sus redes; las redes fueron dejadas para poder seguirlo. Y cada vez que Dios nos llama, él prueba nuestro compromiso. Y saben qué, hermanos, después de caminar con el Señor casi por treinta años, ese compromiso es probado más de una vez a lo largo del camino. Hay bifurcaciones en tu camino de diferentes tipos, y cada una de esas bifurcaciones simplemente está probando tu compromiso.
Dejar al Señor, o mejor dicho, ver una papeleta de cien dólares, dejarla a un lado para seguir al Señor, eso no cuesta nada, es fácil de hacer. Pero las bifurcaciones frecuentemente Dios te pone algo que quizás no es exactamente malo, es simplemente otra opción que no es su opción. Y luego él te dice: "Ok, esta es la opción que yo te he marcado, esta es la opción por donde tú vienes transitando. Aquí está esta otra opción más atractiva quizás. Yo quiero que tú decidas". Hermanos, yo no tengo tiempo para entrar, pero probablemente yo he estado ahí de tres a cinco veces, o seis o siete, o no lo sé. Esta probablemente sea la primera bifurcación de ellos; no creo que sea la última. De hecho, ya la cruz volvió a probar su compromiso, la resurrección volvió a probar su compromiso.
Lo que sí queda claro aquí es que el mensaje de Cristo es radical. Decíamos la semana pasada: "Arrepentíos y creed el Evangelio". No hay otra manera, tienes que hacerlo, tienes que hacerlo ahora; hay sentido de urgencia. Su llamado es radical, su mensaje es radical. Si el mensaje ha sido dado, es radical; si el llamado es radical, él espera que la obediencia sea también radical de parte de sus discípulos. Y eso es lo que tú ves en la vida de Andrés y de Pedro: es que ellos de una manera radical abandonan sus redes y no vuelven a tomar las redes, que sepamos, hasta el período entre viernes de la noche y domingo de resurrección, imaginamos, o sábado temprano, cuando Pedro fue a pescar otra vez porque el Maestro no estaba y ellos no tenían esperanza de la resurrección.
Cristo continúa caminando ese día a lo largo del lago, y esto es lo que ocurre: "Y andando un poco más adelante, vio a Jacobo el hijo de Zebedeo y a su hermano Juan, los cuales estaban también en la barca remendando las redes. Y al instante los llamó, y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él".
Ahora, estos son dos hermanos, otros dos hermanos, que muchos estudiosos académicos entienden que probablemente eran primos de Andrés y Pedro, y que en Lucas cinco nos dice que eran socios de Andrés y Pedro, por lo menos de Pedro, porque Andrés es hermano de Pedro, hermano menor, por tanto probablemente formaba parte de la sociedad. Ellos tenían un negocio, tenían barcas, tenían jornaleros y tenían una sociedad según Lucas. De manera que esto era algo que realmente tenía cierto tamaño para el estándar del primer siglo.
Y estos son los dos hermanos que se habían ganado, según Marcos nos dice en el capítulo 3, el nombre de "Hijos del trueno". Tú no te ganas ese nombre por poca cosa. Estos son los hombres que en un momento dado, cuando no los dejan entrar a Samaria, ellos tienen la prepotencia de decirle a Cristo: "Maestro, ¿tú quieres que nosotros hagamos descender fuego del cielo?". O sea, el permiso no es para que caiga fuego del cielo, el permiso es decirnos que sí, que nosotros inmediatamente hacemos caer fuego sobre esta gente. Ya habían sido llamados tiempo completo y están quemando gente, hermanos.
El carácter, al momento del llamado, nunca está listo ni a la altura del llamado. Nunca. El llamado es parte de la formación del carácter del individuo. Cuando esos errores se cometen, cuando esas cosas salen del corazón, y eso duró por mucho tiempo. Estos son los hermanos que convencen a su madre y le dicen: "Mamá, se sabe que el Señor parece como débil con las mujeres", en el sentido santo, en el sentido de su ternura, en el sentido de su trato, no como los hombres machos de la época. "¿Por qué tú no vas y le pides un favorcito, mamá?" "Maestro, que nos sientes a la mano derecha y a la mano izquierda a tus dos hijos". Son dos hijos. Y obviamente Jesús negó esa oportunidad.
Pero ya no sé, claro, en el segundo llamado, en otra ocasión entonces, bueno, vamos, Juan, veamos tú y yo, porque mamá no le dio resultado. Y vuelven donde Jesús a solas con la misma proposición: "Maestro, es un favor, nunca te pedimos un favor, este es el único favor que te vamos a pedir, es que nos sientes a la mano derecha y a la mano izquierda cuando tú vengas en tu reino". Ellos no tenían el nombre de "Hijos del trueno" por poca cosa. A ellos les gustaba tronar fuego del cielo, poder a la derecha, poder a la izquierda, y el Maestro en el medio.
Curiosamente, Juan, que es uno de los Hijos del trueno, luego lo vemos ser llamado el apóstol del amor, el apóstol amoroso, por todo lo que tiene que escribir en Primera de Juan, y que ahora lucía como un hombre transformado, cambiado. El Señor nos llama y luego nos equipa, y nos equipa en el ejercicio del llamado.
A. B. Bruce, a quien yo le mencioné, en su obra "The Training of the Twelve" —son libros pesados de Bruce, pero extraordinarios— él dice que estos discípulos en el momento que fueron llamados, y tú lo puedes ver eso en los Evangelios, eran ignorantes de muchas cosas, estrechos de mente, supersticiosos, llenos de mala concepción, es decir, de prejuicios y animosidad. ¿No es Natanael el que dice, en el momento que él comenzó a tener el encuentro con Cristo? "¿Cómo se llama? ¿Jesús de Nazaret? ¿Y de Nazaret puede salir algo bueno?". De los samaritanos no querían saber. Ellos tenían muchas cosas que aprender, pero tenían igualmente quizás el mismo número de cosas que desaprender.
Y el proceso de desaprender y aprender era paralelo. Tú no desaprendes todo para aprender todo. No, tú desaprendes y aprendes, y aprendes, y aprendes, y desaprendes, y aprendes. Y al día de hoy yo estoy desaprendiendo y aprendiendo. Es un proceso paulatino de formación del carácter de Cristo, donde Cristo te va revelando, iluminando áreas que estaban en tinieblas, que no habían sido iluminadas, que quizás tú mismo habías mantenido con cierta oscuridad, hasta que él comienza a trabajar en esas áreas. Y ahí tú tienes entonces estos ejemplos.
Ahora, en estos hombres, yo creo que tenemos que darles crédito a ciertos rasgos, actitudes con "c", aptitudes con "p". Porque tú ves en ellos, por ejemplo, que eran socios: Pedro, Andrés, Juan, Jacobo, Zebedeo. Tenían jornaleros. Parece que conocían algo del trabajo en equipo. Estos hombres, por otro lado, se les ve productivos, estaban pescando, remendando las redes. Quizás otros no eran tan productivos como ellos y por tanto no habían podido desarrollar un negocio que les permitiera tener socios. Les ves como que tenían cierta productividad, parece que entendían ese trabajo en equipo.
Pero llegado el momento, ellos dejan las redes, la barca, a su padre y a los jornaleros. Yo creo que es una buena ilustración de que cuando Dios nos hace un llamado, nosotros tenemos muchas cosas que dejar, que tenemos que considerar, que tenemos que pensar. Cosas que no son compatibles con el carácter del reino, y en este caso incluyendo a su padre. Ninguna alianza puede estar por encima de la alianza tuya con Dios.
Ya nosotros conocemos a estos cuatro. Son cuatro hombres. Yo creo que es interesante que en estos cuatro —Juan, Jacobo, Pedro y Andrés— nosotros tenemos al primero de ellos que fue martirizado, Jacobo, y al último de ellos que murió, que fue Juan, muchos años después. Es un grupo interesante de conocer.
Ahora, en la medida en que tú ves el llamado, yo quisiera detenerme ahora e ir un poquito lento, si se quiere, para que nosotros podamos extraer de su llamado enseñanzas específicas, algunas de las cuales yo simplemente toqué someramente. Pero yo quisiera organizárselas de una manera que tú las puedas ver mejor.
Y lo primero que yo quiero señalar es que podemos notar que ni Pedro, ni Andrés, ni Juan, ni Jacobo llenaron una aplicación para este trabajo. En el reino de los cielos no hay vacantes donde tú llamas y preguntas: "¿Hay vacantes?", luego tú aplicas. No, en el reino de los cielos hay un llamado, y cuando Dios te hace el llamado y tú entras, entonces él crea la vacante para ti. Y esta gente no estaba llenando...
Una aplicación: Cristo vino donde ellos, pero cuando Cristo viene donde ellos, nota que Cristo los intercepta. Cristo invadió su mundo, su mundo privado, su mundo interno fue invadido, su mundo laboral fue invadido. Y es precisamente en el mundo laboral donde ellos estaban que Cristo los encuentra. Ellos no tuvieron ninguna dificultad para identificar la voluntad de Dios para con ellos.
De esa misma manera, hermanos, no se supone que yo debiera tener tanta dificultad en ir encontrando la voluntad de Dios. Yo no digo que no requiera tiempo de oración, yo no digo que no requiera tiempo de reflexión, quizás hasta días y uno. Pero sea lo que sea, yo sé que yo sé que yo sé es que Dios está interesado en revelar su voluntad mucho más que el interés que yo tengo de conocerla. Y como Dios no tiene límites en la revelación de su voluntad, Dios hace siempre su voluntad claramente visible, porque yo no tengo otra manera de obedecerle que conociendo su voluntad, y Dios quiere que yo le obedezca. La pregunta es si yo estoy viendo lo que Dios me está señalando, si yo quiero ponerme en una posición que me permita una mejor visibilidad de lo que Dios nos está mostrando.
Nosotros no estamos esperando que Dios nos hable audiblemente, pero esa misma voluntad Dios la comienza a revelar a través de su Palabra, a través del Espíritu que mora en ti, el cuerpo de Cristo, líderes que Dios pone a través de ti que son maestros, que son guías espirituales. Y si tú aplicas esos medios de gracia a tu vida, no vas a tener dificultad en reconocer una voluntad que Dios está interesado en que tú veas. Estos discípulos la supieron.
Número dos: nota cómo Jesús encontró estos hermanos en un lugar de trabajo. Los encontró donde ellos estaban geográficamente, espiritualmente y emocionalmente. Él fue a su lugar de trabajo, pero yo tengo que ir más allá. Estos discípulos no estaban entrenados, estos discípulos tenían una serie de prejuicios, de ignorancia. Él los encuentra en su punto donde ellos estaban, y a partir de donde estaban comienza a trabajar con ellos. Lo primero es que los mueve geográficamente: "Sígueme", y los comienza a sacar. Y luego, a través de las enseñanzas, los comienza a mover de donde ellos estaban a donde Dios quería que ellos estuvieran. Y eso es un proceso, y a veces es lento incluso cuando está ocurriendo.
Nosotros tenemos que encontrarnos con las personas donde ellos están: geográficamente a veces, o muchas veces, pero siempre donde ellos están emocionalmente, espiritualmente y moralmente. No hay otra manera de encontrarnos con ellos. En el caso de estos cuatro hermanos, dos y dos, Él los encuentra a la orilla del lago. Pero en el caso de Mateo, Él va y lo encuentra recogiendo dinero, cobrando impuestos, y le dice: "Mateo, sígueme". Imagínate el resto que está alrededor, el mundo decía: "Mira quién se llevó de compañero, a Mateo". Pero así fue. A Pablo lo encuentra camino de Damasco persiguiendo la iglesia. A la mujer samaritana la encuentra junto a un pozo donde ella estaba, y la tomó a la mujer samaritana donde ella estaba espiritualmente, con cinco maridos y viviendo con uno que no era su marido, y Él no la rechaza, sino que la toma donde estaba y la comienza a mover a donde Dios quiere que ella esté.
A veces condenamos al inconverso por comportarse como se comporta, pero hermanos, el inconverso no se puede comportar como creyente hasta que no crea. Cada vez que el inconverso se comporta como un impío nosotros nos sorprendemos. Debiera ser al revés: cuando el impío se comporta como un creyente, ¡ganó a Cristo de nuevo! Ahí debiéramos sorprendernos. Tenemos que encontrar a la gente donde ellos están y comenzar con ellos donde están.
Cristo los encontró y les dijo: "Te voy a hacer pescador de hombres". Ahora, es interesante que Cristo decide establecer un centro de operación. Él crece en Nazaret, pero Marcos menciona a Nazaret una vez después que Él creció y comienza su ministerio. Nazaret es completamente secundario. El centro de operación, el headquarters como le llaman en inglés, estaba en Capernaúm. ¿Tú quieres saber dónde? Estaba Capernaúm a la orilla del lago, donde está la gente, donde la gente viene a pescar, donde la gente viene a hacer negocio, donde los puedo encontrar, donde yo puedo hablar. Y es por eso que en un momento dado el púlpito de Jesús fue la barca de Pedro, porque era a la orilla del lago que se daban las cosas. Y en este tiempo de misión, en todas las villas, nosotros tenemos que ir donde la gente está y comenzar con ellos donde están.
Número tres, algo que ya yo había mencionado pero quiero enfatizar ahora: el llamado de Dios es siempre radical y Él espera una obediencia radical. Hermanos, Cristo no nos llamó a una vida de confort, Cristo no nos llamó a una vida de comodidad. Cristo nos llamó a una vida de sacrificio, de esfuerzo. El apóstol Pablo en más de una ocasión escribió: "Por eso trabajamos y agonizamos". Agonizamos, nos matamos. Yo sé que hay necesidad de tiempo de descanso, y algunos de ustedes me lo recuerdan y me lo hacen bien intencionadamente, y probablemente yo paso la línea. No estoy descontando eso, pero, no sé, por otro lado eso está bien, pero yo tengo la eternidad para descansar. Necesito un balance, así es cierto, pero descanso, confort, comodidad para esta vida es para mí menos prioritario. Tengo la eternidad para eso. Y hago la admisión de que cruzo la línea, yo no quiero descontar eso tampoco, pero requiere un sacrificio.
El hombre rico, el joven rico: "Bueno, vende todo lo que tú tienes y regálalo". Cristo no le dijo eso a todo el mundo, pero Él se lo dijo al que lo necesitaba oír. Es un sacrificio. Y él le dijo: "Gracias, pero no gracias". "¿Qué debo hacer para entrar al reino de los cielos?" "Vende todo lo que tienes y da eso a los pobres". Y dice el texto que él se fue muy triste, para abajo la cabeza, claro, porque él preguntó por la vida eterna y se fue sin ella. ¿Te das cuenta? Por ahí hay un sacrificio que hacer. Nosotros vivimos llenos de excusas.
Nosotros lucimos como este otro pasaje, Lucas 9:57-62. Yo te leí uno la semana pasada, este es distinto para hablar de lo mismo. "Y mientras ellos iban por el camino, uno le dijo: 'Te seguiré dondequiera que vayas'". Eso le dijo. "Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza". ¿Te das cuenta que no es una vida de comodidad? A otro dijo: "Sígueme". Pero él dijo: "Señor, permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre". Mas Él le dijo: "Deja que los muertos entierren a sus muertos, pero tú ve y anuncia por todas partes el reino de Dios". El énfasis: el reino de Dios, el reino de Dios. También otro dijo: "Te seguiré, Señor, pero primero permíteme despedirme de los de mi casa". Pero Jesús le dijo: "Nadie que después de poner la mano en el arado mira atrás es apto para el reino de Dios". El énfasis otra vez: el reino de Dios, el reino de Dios. Nadie que ha sido llamado y ha puesto la mano al arado y ahora mira para atrás es digno del reino de Dios.
He oído del Señor llamando gente al pastorado en el pasado, y luego esa gente, veinte años después, habiendo salido del mundo del buchinche y de la bachata y de los merengues, veinte años después y siendo pastor ya de iglesias, ahora deciden que no, que el Señor lo llamó de nuevo a ese mundo. Y han dejado el pastorado y ahora tocan su misma salsa de marco, con una Biblia abierta porque es el nuevo campo misionero que Dios le ha dado. Ese lado es la vida de Bobby Cruz y Richie Ray con su concierto "Alaba con todo".
Cuando yo recibo el llamado de Dios, yo tengo que reorientar mi vida. Nosotros nacemos con la vida orientada hacia adentro, y cuando Cristo me llama, yo tengo que por primera vez comenzar a orientar esa vida hacia afuera. Y ese trabajo de reorientación no es fácil. Este trabajo de reorientación de la vida, hacia el yo, hacia afuera, hacia el otro, eso cuesta trabajo. Tú lo ves en la vida de estos apóstoles. De Juan y Jacobo, la petición del poder es una orientación hacia adentro, y Cristo tiene que deshacer eso en nosotros. Y cuando estos hombres, dejando las redes y la barca y los peces y el padre y los jornaleros, ellos estaban reorientando su vida. A veces, hermanos, dependiendo de cuál sea el caso, a veces no es ni siquiera que deje esto, es que la relación que guardo con esto sea reorientada. Este no es un buen ejemplo que está en la Biblia, pero la relación que guardo con esto, que sea reorientada, porque la estoy usando de una manera para la cual no se me dio, y tengo que reorientar eso. A veces es tan simple como eso.
Número cuatro: es interesante ver en cuanto a estos hombres que el llamado que Cristo le hizo no es un llamado a la Torá. Eso de un maestro llamar a su discípulo de manera personal, "Sígueme", nadie oyó eso hasta que Cristo hizo eso. Nadie, nadie, nadie. Es más, ni Dios si yo eso en el Antiguo Testamento. El llamado en el Antiguo Testamento era a seguir los preceptos de Dios: "Guarda tus caminos", "Sigue la Palabra", "Obedece la Palabra", "Obedece los mandamientos". "Este es un mandamiento que yo te doy, y estarán sobre el poste de tu casa, te hará era cuando te acuestes, lo hablarás a tus hijos, cuando vayas por el camino". La relación era con la Torá.
Pero resulta que ahora ha llegado la personificación de la Torá, y ahora la relación no es con la Torá, es con el Dios de la Torá. Y ahora el llamado es: "Sígueme a mí". Por eso el Nuevo Testamento habla de la ley de Cristo, y somos esclavos de la ley de Cristo. Ahora hay un llamado personal, no impersonal; un llamado cercano, íntimo, no distante; no con una ley, sino con el Señor de la ley.
Ahora, eso de que el llamado es personal, que comenzó realmente a sonar en la década del setenta, eso ha sido una vez más, como todo en la vida cristiana, distorsionado. Y ahora tú encuentras a mucha gente diciendo: "No, porque mi relación con Dios es personal, yo no necesito la iglesia, yo no necesito los pastores, mi relación con Dios es personal". Cuando claramente la Palabra nos dice en Hebreos 10:25 que no dejemos de congregarnos como algunos tienen el hábito de hacerlo. Hermanos, yo no puedo tener una buena relación con Dios si yo no tengo una buena relación con los principios que Dios estableció. Y Dios estableció un cuerpo de Cristo al que yo tengo que pertenecer y con el que tengo que relacionarme.
Lo personal es otra cosa. Lo de personal tiene que ver con que, entre otras cosas, yo no necesito un sacerdote para llegar a Dios. Yo puedo de manera personal, individual, accesar el trono de Dios y poder ser escuchado y respondido. Lo de personal tiene que ver con el hecho de que si mis padres son salvos, eso no implica que yo voy a ser salvo. Pero no tiene nada que ver con mi vida congregacional, de no necesitarla o no tener que tener una.
En quinto lugar, yo creo que podemos ver que cuando Dios llama, algo que ya yo mencioné, siempre hay algo costoso que dejar. Precisamente porque es la manera como yo pruebo que yo tengo un compromiso real. Dejar, seguir a Dios dejando algo de poco valor o algo que a mí no me interesaba, eso no prueba mi compromiso con Él. Es cuando yo lo sigo teniendo yo que pagar un precio. Y hubo ese precio en la vida de estos hombres.
Déjame ilustrarte en la medida en que nos comenzamos a mover hacia el final. Estos hombres dejaron la barca y las redes, pero eso no es tan sencillo como parece. Esa era su seguridad económica, de eso era que ellos vivían. No fue como que Cristo le dijo a Juan y a Jacobo y a Pedro y Andrés: "Hermanos, ¿cuánto ustedes ganan por mes en la pesca?", y que le dijeron, y Él les dijo: "Aquí tengo un contrato con un salario similar o mayor, ¿quieren venir?". Él no les hizo oferta. "Bueno, ¿y de qué nos vamos a mantener?". Eso no te pregunta. La pregunta es si tú quieres seguirlo.
Cuando ellos dejaron ese punto de negocio, por así decirlo, porque esto era como una pequeña industria, ese vacío lo iba a llenar otros. Si ellos querían regresar después, quizás no fuera igual. Esto representaba realmente un paso de fe, y la vida cristiana es una vida de fe si yo quiero tener una vida madura, fructífera y contar con la provisión de Dios.
Ellos dejaron a su padre a un lado, pero eso fue más que dejar al padre. Ese padre y todos sus relacionados no iban a querer relacionarse con esta gente que estaban abrazando una secta y dándole la espalda al judaísmo. Era desabrazar cientos de años de tradición familiar hebrea, nacional. El padre se quedó sin la ayuda que los hijos prestaban. Nos imaginamos gente diciendo: "Mira, esos sí que detrás del Mesías, total, que hasta al papá abandonaron, era como lo dejaron sin ayuda". Bueno, el llamado de Cristo a veces implica esas cosas. Cuando ellos abandonaron a su padre, abandonaron su religión. Y cuando abandonaron su religión, ellos fueron rechazados seguro por toda la gente alrededor del padre y de su familia.
Pero como bien decía Jim Elliot: "No es tonto aquel que abraza...". O déjame leértelo literalmente: "No es tonto aquel que deja lo que no puede retener para ganar lo que no puede perder". Estos discípulos iban a perder las redes y la barca eventualmente, hasta por edad. Y van a tener que perder en un momento de competencia cuando fueran avanzando en edad y otros entraran más jóvenes en el negocio. Lo van a perder. Pero no es tonto aquel que deja lo que no puede retener para ganar lo que no puede perder.
Y la pregunta que tenemos que hacernos entonces, para ya concluir: uno, ¿dónde estás?; dos, ¿qué está Dios quizás pidiéndote que abandones?; tres, ¿qué está Dios pidiéndote que reorientes? Quizás no tienes que dejarlo, simplemente una reorientación. ¿Dejarías el reino de Dios para retener esto que no quieres soltar?