Integridad y Sabiduria
Sermones

Un ministerio con ambiciones correctas (parte 2)

Miguel Núñez 27 marzo, 2016

El amor de Cristo no deja opciones. Esa es la convicción que atraviesa el ministerio del apóstol Pablo y que debería atravesar la vida de todo creyente: cuando alguien comprende verdaderamente lo que ocurrió entre el viernes de crucifixión y el domingo de resurrección, no puede permanecer pasivo. Pablo enumera las motivaciones que lo impulsaban a persuadir a los hombres con urgencia incansable: el temor reverente del Señor, el amor de Cristo que lo controlaba, la gratitud por haber sido comprado a precio de sangre, y una nueva perspectiva de la vida que ya no le permitía ver a nadie según la carne.

¿Cómo puede Dios clavar a su Hijo en una cruz por mi perdón y yo permanecer indiferente ante la perdición de quienes me rodean? ¿Cómo puede Cristo despojarse de su gloria y yo no despojarme de mi comodidad? Estas preguntas confrontan directamente. Pablo entendió que ya no se pertenecía a sí mismo; fue comprado para vivir para Aquel que murió y resucitó por él. Esa realidad lo sacó de lo familiar, lo cómodo, lo manejable, y lo llevó por caminos desconocidos donde experimentó que el poder de Dios se perfecciona en la debilidad.

Ser nueva criatura no significa simplemente tener los pecados perdonados. Implica que la forma de pensar, valorar y relacionarse con los demás ha cambiado radicalmente. Ya un jefe, un empleado, un amigo, no son personas para usar o ignorar, sino potenciales conversos que necesitan escuchar el evangelio. Quizás la fuerza misionera no es mayor porque ha faltado convicción genuina en el corazón, porque el mensaje de la cruz se ha trivializado hasta perder su poder de transformación.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

La frase de Abraham

Voy a invitar a abrir la Palabra de Dios en la segunda carta, la segunda epístola del apóstol Pablo a los corintios, capítulo 5. Nosotros vamos a estar continuando nuestra serie, pero lo vamos a hacer de una manera que Dios así lo dispuso, que nos va a permitir reflexionar no simplemente acerca de la resurrección de Cristo que hoy celebramos, sino acerca de todo aquel fin de semana. Y nos va a permitir hacerlo también en términos de qué significa, cuáles son las implicaciones de aquel fin de semana: de un viernes donde Cristo paga por mis pecados y compra mi vida en la cruz, y el domingo cuando él resucita. ¿Cuáles son las implicaciones de esos dos eventos que son como dos portalibros para mi vida hoy? Y lo vamos a hacer a partir de un texto que el apóstol Pablo tiene, de manera providencial como decimos en la serie en la que estamos.

El capítulo 5 de esta segunda carta resume de una manera singular las motivaciones del ministerio de Pablo. Y a la verdad que no sé cómo él lo pudo haber hecho tan bien, pero Dios lo hizo como sabemos, inspiró en un solo capítulo las motivaciones del más grande misionero de toda la historia. En la primera parte, este es un capítulo tan rico en contenido que lo hemos dividido en cuatro para poder exponerlo. Y en la primera parte, Pablo nos ayuda a ver, del versículo 1 al versículo 8, de qué manera nosotros debiéramos caminar confiadamente hacia la eternidad, considerando las aflicciones de este mundo como leves y pasajeras, justamente a la luz de esa eternidad y en vista de la gloria que ha de ser revelada.

En el segundo mensaje, que cubrimos los versículos 9 y 10, el apóstol Pablo nos presentó la ambición de su vida, donde él dice esto: "Ambicionamos serle agradables a Dios." Había una sola cosa como que movía a Pablo continuamente, y era la ambición, el deseo intenso de poder agradar a su Dios. Yo creo que eso en parte representa el aprecio que él tuvo por lo que ocurrió el viernes y lo que ocurrió el domingo.

Pero luego él comienza a detallar las motivaciones de su ministerio, la razón por la que él ministró, cómo ministró con la intensidad y la urgencia con la que él vivió. Y dijimos en el mensaje anterior que en esencia nosotros podemos ver cuatro motivaciones en este texto para el ministerio de Pablo. La primera, el hecho de que él sabía que llegaría el día cuando él tendría que rendir cuentas, porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo, el versículo 10. La segunda motivación es el temor del Señor que llegó a conocer. La tercera motivación, el amor de Cristo que nos apremia, versículo 14. Y la cuarta motivación, la nueva perspectiva que él había adquirido a partir del momento en que llegó a ser una nueva criatura después de haber nacido de nuevo. Esta visión de la vida le impedía a Pablo, a partir de ese momento, seguir viendo a los hombres según la carne.

De esas cuatro motivaciones nosotros vimos la primera, la comparecencia ante el tribunal de Cristo, la semana anterior. En el día de hoy nosotros vamos a continuar viendo el resto de las motivaciones. Por el hecho de que Pablo entendiera que llegaría el día en que él tendría que tener su trabajo revisado por parte del Señor, lo convirtió en un gran mayordomo de los dones, los talentos, las oportunidades, del tiempo mismo que Dios había puesto en sus manos, porque él sabía que llegaría el momento cuando toda su vida sería revisada. Y eso lo convierte entonces en el gran misionero que él fue.

Yo creo que cuando tú revisas la historia bíblica, la historia de la Iglesia, nosotros no encontramos ningún otro personaje con el entendimiento que este hombre tuvo y la pasión que tuvo justamente para hacer la obra de Dios. Por un lado, como acabamos de decir de manera reiterativa, la realidad de la comparecencia ante el tribunal de Cristo. Por otro lado, la reverencia que llegó a tener por la persona de su Señor, la gratitud por el amor de ese Cristo mostrado en la cruz, su pasión por los perdidos, su entendimiento del mensaje, su dedicación a la causa de Cristo, su disposición a sufrir por el avance del satisface y la habilidad de hacer todas y cada una de esas cosas para la gloria de su Señor. Es algo que no ha encontrado paralelo en toda la historia.

Y en este texto de la segunda carta a los Corintios, en el capítulo 5, específicamente cuando leemos del 9 hacia el final, tú encuentras la explicación de la urgencia y la intensidad de su vida y de su ministerio. Pero como cubrimos ya el versículo 9 días atrás, hoy voy a comenzar en el 10 para darle un poquito de conexión con el resto de lo que vamos a leer, y vamos a continuar hasta el 17:

"Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea compensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo. Por tanto, conociendo el temor del Señor, persuadimos a los hombres. Pero a Dios somos manifiestos, y espero que también seamos manifiestos en vuestras conciencias. No nos recomendamos otra vez a vosotros, sino que os damos oportunidad de estar orgullosos de nosotros, para que tengáis respuesta para los que se jactan en las apariencias y no en el corazón. Porque si estamos locos, es para Dios; y si estamos cuerdos, es para vosotros. Pues el amor de Cristo nos apremia, habiendo llegado a esta conclusión: que uno murió por todos y, por tanto, por consiguiente, todos murieron. Y por todos murió, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. De manera que de ahora en adelante nosotros no conocemos a nadie según la carne. Aunque hemos conocido a Cristo según la carne, sin embargo, ahora ya no le conocemos así. De modo que, conclusión, de modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas."

Una vez más, yo creo que si ha habido alguien en la historia que ha entendido lo que Cristo realmente hizo a través de su vida, muerte y resurrección, es el autor de esta carta. Él comienza ayudándonos a entender con cuánta sobriedad él tomó el hecho de que un día él comparecería ante el tribunal de Cristo para tener su obra misionera y su obra de ministración revisada ante Dios.

Y luego que habla de esa comparecencia ante el tribunal de Cristo en el versículo 10, él continúa en el versículo 11 diciendo: "Por tanto, conociendo el temor del Señor, persuadimos a los hombres." Ese "por tanto" está tratando de conectar la comparecencia ante el tribunal con esto que él llama ahora el temor del Señor. En el Nuevo Testamento la frase es usada de manera reiterativa, y la frase implica un sentido de asombro, un sentido de reverencia, un sentido de respeto por Dios, justamente por su santidad, por su poder, por su majestad. Y Pablo dice: "Conociendo ese temor del Señor, esa reverencia, ese sentido de asombro por lo que él ha hecho, nosotros, yo, persuadimos a los hombres."

Pablo ha recapacitado, reflexionado, ha pensado de manera cautelosa acerca de la obra de Dios, de la obra de su Redentor. Ha pesado la justicia de Dios en su balanza, por así decirlo. Y al mismo tiempo ha conocido la gracia, la misericordia, la bondad, la paciencia, la santidad de ese Dios, y se siente sobrecogido. Y él llama eso el temor del Señor. Habiendo conocido eso, yo no me quedo pasivo, yo voy y hago algo, yo voy y persuado a los hombres de su condición y de su necesidad de perdón.

Si Pablo está tratando de persuadir a los hombres, eso implica que él fue primeramente persuadido. Pablo ha sido persuadido por la gracia de Dios, Pablo ha sido persuadido por la bondad de Dios que nos lleva al arrepentimiento, como dice Romanos 2. La gracia de Dios persuadió a Pablo de Tarso, lo llenó de convicción, y esa convicción lo llevó a persuadir a los hombres.

Quizás, a manera de aplicación inmediata, pudiéramos decir que quizás la hora misionera, la fuerza misionera, quizá no es más grande de lo que ha sido porque ha faltado convicción en el corazón de los hombres de la necesidad de la predicación del satisface, de la predicación de las buenas nuevas. El más grande apóstol de todos los tiempos dijo: "Conociendo el temor del Señor, yo hago algo al respecto." Y eso que hago es que voy y persuado a los hombres, conociendo reverentemente la justicia de Dios, el juicio venidero, la gracia, la misericordia, las bondades de Dios, la obra de Cristo a favor de los hombres. Yo voy y persuado a aquellos que aún no han sido persuadidos por el mensaje del satisface.

Pablo fue un hombre persuadido no solamente del juicio venidero y de la gracia de Dios, pero fue un hombre persuadido del poder del satisface: el poder del satisface para abrir los ojos de aquellos que estaban ciegos, el poder del satisface para convertir el corazón o el alma de los individuos, el poder del satisface para convencer a los hombres de pecado. Él era un hombre convencido del poder del satisface para liberar a los que estaban cautivos por sus mismos pecados y para cambiar la forma de pensar y vivir de aquellos que responden al satisface. Pablo tenía una confianza absoluta en el poder del mensaje para causar tal transformación, y por tanto él iba y persuadía a los hombres.

Yo creo que eso necesita un poco de meditación, porque quizás la razón por la que nosotros no tratamos de persuadir a los hombres, a nuestros amigos, a nuestros familiares, a nuestros colaboradores en el trabajo, es porque nosotros no tenemos la convicción del poder del satisface. Y es la razón por la que en ocasiones, cuando le preguntas a alguien: "Pero tú, ¿has hablado con tu amigo o tu tío o quien sea acerca de su necesidad de salvación?", la respuesta frecuentemente es: "No, es que ese hombre es muy duro." Y cuando tú escuchas eso, tú estás revelando que tú no tienes la confianza ni estás persuadido del poder del satisface. Pablo era un hombre persuadido, y por tanto iba y persuadía.

Quizás nosotros no hemos experimentado el poder del satisface Evangelio en nuestras vidas de tal manera que el poder así experimentado nos produzca de manera automática una reacción de ir y predicar y persuadir a otros. O quizás nosotros nos sentimos tan cómodos, ahora que estamos seguros en Cristo, de que en realidad la salvación es importante para mí, pero ya yo la tengo, pero no es tan importante para otros. O quizás nosotros estamos tan convencidos de que Dios ha elegido a los hombres desde antes de la fundación del mundo, que se nos olvida que el mismo Dios que reveló eso es el mismo Dios que ha revelado que la fe viene por el oír y el oír por la palabra de Dios, y que por tanto alguien tendrá que ir a predicar, porque si alguien no va a predicar, ellos no van a escuchar, y si ellos no escuchan, ellos no tendrán conversión, pero ellos no van a oír si alguien no los envía. Pablo ha sido enviado por el mismo Dios, él está convencido, él está persuadido.

O quizás estamos tan ocupados que nosotros no hemos considerado las implicaciones de vivir una vida y luego morir sin la persona de Cristo. Pero Pablo también estaba convencido de los propósitos de Dios, y entre los propósitos de Dios estaba que la conversión viene por la predicación de la Palabra. De manera que la segunda motivación para el apóstol Pablo es el temor reverente, como lo explicamos en su momento, por la obra de Cristo a favor nuestro. Haciendo conocido eso, yo voy persuadiendo a los hombres. Lo que sigue inmediatamente después, yo voy a dejarlo para nuestro próximo mensaje para continuar con el número de motivaciones que hemos enumerado.

En el versículo 14, encuentro la tercera motivación de Pablo para la obra del ministerio: es el amor de Cristo. Versículo 14, primera parte: "El amor de Cristo nos apremia". Es un verso poderoso, es una palabra poderosa en el original. El sentido de esa palabra "apremia" es que el amor de Cristo nos controla, el amor de Cristo nos deja sin opción, el amor de Cristo es algo que nos ha maravillado de una forma tal, nos ha impresionado de una manera tal, me ha sobrecogido, que no me deja con ninguna otra opción que no sea ir y persuadir a los hombres, que no sea ir y persuadir a los perdidos.

Y quizás es una de las cosas que necesitamos pedirle a Dios. Yo sé que yo lo he hecho mi petición en más de una ocasión, y es que: "Señor, ayúdame a experimentar, a entender y a experimentar de una forma mucho más íntima el amor de Cristo, de tal manera que yo te pueda servir de una forma mucho más apasionada, que ciertamente en mi caso se pueda hablar lo que se dio en el caso del apóstol Pablo, es que el amor de Cristo me controle en términos de lo que hago y a dónde voy y lo que digo y a quién se lo digo".

El apóstol Pablo decía a los romanos en Romanos 1:14: "Yo tengo obligación para con los griegos como para con los bárbaros, para con los sabios como para con los ignorantes". En otras palabras, yo tengo obligación con todo el mundo. Nota que el apóstol Pablo no dice a los romanos: "Yo tengo un deseo realmente de predicarle el Evangelio a cualquiera que lo quiera oír". No, él se siente en obligación, él se siente como un deudor. No porque él tenga que pagar por su salvación, sino que él se siente como un deudor por aquello que ha recibido, y entonces cada vez que da y da y da, él siente que todavía no ha devuelto lo suficiente. Y por tanto, cuando reflexiona acerca de los bárbaros, de los griegos, de los sabios, de los ignorantes, él dice: "Yo me siento como un deudor para con todos ellos, para que escuchen el Evangelio".

Pero lo que Pablo está hablando es el mensaje encerrado entre el viernes en la noche y el domingo en la mañana, entre la cruz y la resurrección, como dos portalibros. De eso es que Pablo está hablando. Y eso que ocurrió ese viernes, Pablo ha podido verlo de una manera que genera en él un sentido de gratitud.

Escucha cómo Pablo continúa en el versículo 14, segunda parte, y 15: "Habiendo llegado a esta conclusión..." En otras palabras, yo he meditado sobre esto, yo he reflexionado, y yo he concluido. Esto no es algo que yo escuché un día o leí un día, esta es mi conclusión: que uno murió por todos, por consiguiente todos murieron. "Y por todos murió..." Yo he meditado acerca de lo que este viernes implicó, y es que el inocente murió en el lugar del culpable.

Eso es lo que está haciendo crecer en Pablo el entendimiento del amor de Cristo, y eso es lo que está haciendo crecer en Pablo el control que ese amor terminó produciendo en él. Es que yo llegué a la reflexión de que el Rey de gloria dejó la suya para venir y morir por aquellos que habían estado destituidos de la gloria de Dios, para que en un futuro ellos pudieran compartir mi gloria. Pablo piensa en eso y el amor de Cristo, el efecto del amor de Cristo en su vida, se va acrecentando. Yo he visto cómo el Santo murió por el malvado, yo he podido pensar un poco más acerca de cómo el Dador de vida dio la suya para que aquellos que estaban muertos volvieran a la vida. Eso es algo extraordinario.

De manera que la realidad de la cruz a favor de los hombres hizo que Pablo se sintiera profundamente motivado para alcanzar a otros. Es como si Pablo preguntara: ¿Cómo es que Dios puede clavar a su Hijo para el perdón de mi pecado y yo pueda permanecer pasivo ante la perdición de aquellos que están a mi alrededor? ¿Cómo es que el documento adverso que se clavó en esa cruz el día en que Cristo fue crucificado, y que me ha dejado a mí sin argumento que se levante contra mí... cómo es que yo no voy a ir a presentar un argumento a favor de la cruz de Cristo para que otros puedan también quedar sin argumento en contra de ellos para su condenación?

Creo que una de las cosas que se requiere para que personas puedan salir como Pablo a persuadir a otros es una mejor apreciación de la cruz de Cristo. Y creo que nosotros hemos escuchado tantos mensajes acerca de la cruz de Cristo, que ya el Gólgota, el Calvario, es como una experiencia vieja, es algo que no nos mueve, es algo que no nos impresiona, es algo que no nos motiva, porque la hemos minimizado, la hemos trivializado y hemos menospreciado incluso la obra de Cristo en la cruz, y ya no nos cambia.

Yo estoy convencido que si nosotros logramos aquilatar mejor qué es lo que el Hijo hizo a favor de los hijos de los hombres, nosotros seríamos mucho mejores pastores, evangelistas, misioneros, ciudadanos, esposos, esposas. Nosotros seríamos mejores en cualquier cosa. Yo creo que el amor de Cristo no solamente no lo hemos podido aquilatar lo suficiente, sino que el amor nuestro por Él tampoco ha sido lo que corresponde.

Cristo dijo: "Si me amáis, guardad mis mandamientos". De manera que ese fue un llamado, una manera de motivarnos a obedecer: simplemente tienes que amarme, cuando me ames me obedecerás mejor. Y si me amas, entonces uno de los mandamientos que vas a obedecer es cuando yo dije: "Id, pues, y haced discípulos de las naciones". Si no hemos experimentado más sentidamente el amor, no iremos.

Pero algunos quizás están diciendo: "Pero yo no soy pastor, pero yo no soy misionero". Pero todavía tienes una Gran Comisión delante de ti, porque dice: "Id y haced discípulos". Y la idea en el original no es tanto solamente que lo puedes hacer si vas a las naciones, aunque ese es la meta final, sino mientras vayas por el camino, haz discípulos.

¿Cómo es que Él puede dejar de bajar del cielo a la tierra sin forzarme a mí a dejar mi casa a ir quizás a otros hogares, pero sí a ir a otros? ¿Cómo es que Él puede despojarse a sí mismo de toda su gloria y yo no puedo despojarme de mi comodidad, de mi zona de confort? ¿Cómo es que Cristo puede usar sus clavos para atraer a otros al arrepentimiento y yo no puedo usarme a mí y mi profesión para poder persuadir a los hombres? O en algunos casos, aun dejar mi profesión, como lo hizo el apóstol Pablo, que miró hacia atrás y lo consideró todo como basura por el privilegio de conocer a Cristo.

Pablo fue movido no solamente por el temor del Señor, fue movido no solamente por el amor de Cristo que nos apremia, como él decía, sino por ese sentido de gratitud por el amor demostrado en la cruz. Escúchalo en el versículo 15: "Para que los que viven ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos". Ese es la gratitud.

Cristo murió, uno murió por todos, y por tanto todos murieron. Próxima frase, escucha para qué, frase de propósito: para qué. Los que ahora viven, tú y yo, ya no vivan para sí como vivían antes, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. Esta es la pregunta que Pablo está considerando: ¿Cómo puede Él morir por mí y yo no vivir para Él? Esa es la pregunta que tenemos que considerar.

Pablo había entendido que ciertamente ya no podía vivir para sí, porque otro lo había comprado a precio de sangre, y lo compró justamente para hacerlo esclavo por amor, esclavo de gratitud, esclavo de Cristo, reconociendo que el Amo no era un dictador, sino un Amo misericordioso y amoroso. Y Pablo lo que está teniendo es una respuesta lógica a la realidad de lo que él ha entendido.

Él ha entendido cosas que tú y yo quizás no hemos entendido de la misma manera, pero el apóstol Pablo está ayudándonos a entender que no es ni siquiera lógico el no ir después de haber conocido el temor del Señor, el amor de Cristo y su muerte a nuestro favor, y conocer también que Él compró mi vida para que ya yo no viva para mí. Ya no puedo, ya yo tengo dueño. Algo que él tuvo que enfatizar a los corintios una y otra vez, no solamente en esta carta, pero en la carta anterior, cuando él escribió en el capítulo 6:19: "No sois vuestros". No tenéis vuestras propias agendas, no podéis dirigir vuestros propios caminos y direcciones. Próximo versículo, 6:20: "Pues por precio habéis sido comprados; por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo". No puedes usar tu cuerpo de la manera que quieras ya, porque tú has nacido de nuevo y has sido hecho una nueva criatura, y fuiste comprado por precio.

Próximo capítulo 7:23: "Comprados fuisteis por precio, no os hagáis esclavos de los hombres."

Después que Pablo fue convertido, no se queda en Jerusalén, se mueve a Antioquía; no se queda en Antioquía, se mueve a todo lo largo del Imperio Romano, porque él ya no se pertenecía y respondía a algo que Dios le había entregado. Es un plan que lo tenía en el centro como figura misionera, y esa es la razón por la que cuando Bernabé tiene problema en ir y orar por Pablo después que él fue tumbado al suelo, el Señor le dice: "Bernabé, ve. Yo sé que ha sido un perseguidor de la iglesia, pero ahora es un instrumento escogido para proclamar mi Evangelio delante de los gentiles, delante de los reyes y de los hijos de Israel, y yo le voy a mostrar cuánto él va a padecer por causa de mi nombre."

Pablo, el pobre, no ha ni siquiera comenzado y ya le están diciendo cuánto va a padecer. Sí, Pablo, yo te lo puedo decir porque necesitas entender que ya tú no eres tú, ahora eres mío. Necesitas entender que tu vida ya no te pertenece a tu casa sino a la mía. Y Pablo, yo te voy a sacar de los familiares, yo te voy a sacar de los cómodos, yo te voy a sacar de los conocidos, de lo cierto, de lo manejable, yo te voy a sacar de Jerusalén, Pablo. Y yo te voy a llevar por caminos que tú no conoces y donde tú te vas a sentir como fuera de tus aguas, pero allí cuando tú estés solo, yo te visitaré de una manera que tú conocerás que verdaderamente el poder de Dios se perfecciona en tu debilidad, Pablo.

Tú vas a conocer que para yo poder mostrar mi poder en ti, tengo que debilitarte primero. Tú vas a entender que tu autosuficiencia con la que perseguías a la iglesia era un estorbo para mi obra, y por tanto, a través de las vicisitudes yo voy a ir debilitando tu autosuficiencia de tal manera que tú vayas conociendo la Cristo-suficiencia. Y él lo aprendió, porque él escribe en esta misma carta que la gracia de Dios le basta.

Pablo tiene un sentido de gratitud por la cruz, por la resurrección, por la gracia de Dios, por el perdón experimentado, por la bondad de Dios que lo llevó al arrepentimiento. Eso lo movía. Y esa gratitud es lo que te mueve de donde tú estás a donde Dios quiere que tú estés. La gratitud es un gran incentivo para ir. El sentido de gratitud hacia aquel que dio su vida por ti hace que tú y yo dejemos de amar tanto la vida nuestra. El sentido de gratitud por lo que ocurrió aquel viernes hace que tú y yo dejemos de amar tanto la vida nuestra.

Esto es exactamente lo que tú lees en el libro de Apocalipsis capítulo 12, el versículo 11, se dice de aquellos que estaban viviendo en medio de la tribulación, y dice que ellos lo vencieron —¿a quién?— al anticristo, por medio de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos, y no amaron sus vidas llegando hasta sufrir la muerte. La única manera como tú puedes llegar a sufrir la muerte por la causa de Cristo de manera voluntaria, la única manera como tú puedes llegar a ser un mártir a favor de la causa, es si tú y yo dejamos de amar nuestras vidas. Y no amando nuestras vidas, ellos vencieron al anticristo por la sangre del Cordero.

Una vida no vivida para la gloria de Dios es un desperdicio, porque cada uno de los frutos adquiridos de una manera que no fuera para la gloria de Dios se quedan de este lado de la eternidad, son temporales y no pasan, no llegan ni siquiera a la tumba porque no me los pueden poner en el ataúd.

La cuarta motivación del apóstol Pablo para su ministerio es la nueva perspectiva de vida que ha adquirido a partir del nuevo nacimiento que lo convirtió en una nueva criatura, y él une esas dos ideas. Escucha cómo lo dice en el versículo 16 y 17: "De manera que nosotros de ahora en adelante ya no conocemos a nadie según la carne." Esa es la nueva perspectiva. Ahora yo no veo el mundo, yo no veo a los hombres de la misma manera que yo los vi anteriormente. Ya nosotros no vemos a nadie según la carne. Aunque hemos conocido a Cristo según la carne, sin embargo, ahora ya no le conocemos así.

Cuando yo supe de Cristo antes de mi conversión, Pablo supo del Señor Jesucristo, le estaba persiguiendo su iglesia, él evaluó a Cristo según la carne. Ya no lo evalúa así, pero tampoco evalúa a ninguno de los hombres. De modo que —esta es la conclusión—, de modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí son hechas nuevas.

Cuando Pablo vino a Cristo, algunas cosas cambiaron radicalmente, totalmente. Su corazón fue sensibilizado, su esclavitud al pecado fue rota, su mente fue transformada, su rebelión fue conquistada. Pero su actitud frente a la vida y frente a los hombres cambió, porque ya no los veía según la carne, ya no los valoraba según la carne, ya no le daba, ya ellos no tenían la misma implicación que tuvieron cuando él estaba en la carne, versus ahora que está en Cristo.

Anteriormente, para Pablo, un jefe era alguien para ser obedecido, una mujer podía ser alguien para disfrutar o tener hijos, un empleado pudiera ser alguien para ser abusado —sobre todo en el contexto del primer siglo—, y un amigo pudiera ser alguien para ser usado. Pero ahora él tiene una nueva perspectiva de los hombres y de la vida, y por tanto, un jefe, un hombre, un amigo, un empleado, son potenciales conversos a la persona de Cristo. Él sabe que esa gente que él vio antes, que los vio así, con quienes estuvo en relaciones sociales, él sabe que esa gente son prisioneros, están cautivos, están detrás de barrotes, de barrotes de pecado que son anchos, que son gruesos, que son altos. Y él tiene una nueva perspectiva, que es distinta, acerca de ellos.

Y si nosotros somos una nueva criatura y las cosas viejas pasaron, eso implica no simplemente que mis pecados pasaron. Nota que eso es cierto, pero la palabra clave es simplemente "no es", el texto no dice "mis pecados pasaron", sino "las cosas viejas pasaron": mi forma de pensar, mi forma de vivir, mi forma de valorar, mi forma de perseguir cosas, mi forma de valorar las cosas. Y si eso no está ocurriendo en nuestras vidas, yo no he entendido el viernes, yo no he entendido el domingo. El viernes de crucifixión y el domingo de resurrección. Mi vieja forma de vivir, de pensar, de valorar la vida, todo eso cambió.

Y muchas veces es lamentable, porque cuando hablamos de esa nueva criatura, frecuentemente lo que tenemos en mente es solamente el pecado que se me ha perdonado. Y ciertamente eso es parte de, pero tú puedes ver inmediatamente en el contexto anterior e inmediato que Pablo te habla de lo que la nueva criatura también implica: ya no evaluamos a nadie según la carne.

Si estamos en Cristo, por el versículo 17, si alguno está en Cristo, nueva criatura es. La frase "en Cristo" aparece en las epístolas de Pablo 76 veces. Es una frase muy paulina que explica una cierta garantía en la persona de Jesús, eterna, como fruto de haber tenido nuestros pecados perdonados vía su muerte, y nuestra resurrección garantizada vía su resurrección. Y ahora nosotros entonces estamos garantizados en Cristo. Lamentablemente muchas veces esa nueva criatura no exhibe el poder de transformación del Evangelio.

Cuando la vida de Pablo fue tocada, alcanzada por el Evangelio, todo lo que le daba prestigio, sentido de importancia, significado, poder, todo eso lo consideró basura. Él pensó, cuando él dijo "yo era de la tribu de Benjamín": basura. "Yo recuerdo cuando yo me ufanaba de que yo fui circuncidado al octavo día": basura. "Yo recuerdo cuando yo decía que era fariseo de fariseos, hijo de fariseo." Pero sabes que ahora yo miro hacia atrás, así como yo no miro las cosas de la misma manera que cuando yo no estaba en Cristo, todo eso ahora es basura.

Eso es lo que él le escribe a los filipenses en el capítulo 3, versículo 8, y le dice: "Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús mi Señor, por quien lo he perdido todo y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo."

Pablo no trabajaba por las razones que la mayoría de la gente trabaja. Pablo trabajó día y noche, trabajó con las manos, y trabajó para no ser piedra de tropiezo, trabajó para no ser carga para las iglesias. Lamentablemente la mayoría de los creyentes que ya son nuevas criaturas continúan viendo a los hombres y a las oportunidades de trabajo y de la vida según la carne. ¿Y por qué menciono eso? Porque hay una gran mayoría que todavía está buscando poder, prestigio, posición, placer, prosperidad en las cosas de este mundo o en el trabajo que tienen, de tal manera que parte de la meta es el engrosar sus arcas. Y ciertamente Dios puede ayudarnos a engrosar dichas arcas, pero eso nunca debe ser ni la meta ni una motivación.

Una vida impactada por el Evangelio le ha perdido la atracción que esas cosas tenían cuando él estaba en la carne y no en Cristo. Pero el Evangelio no le ha impactado de la manera que impactó a Pablo, de manera que si algo va a cambiar, y si esa nueva criatura va a exhibir el efecto de haber sido transformada, hay dos cosas que tienen que ocurrir. Número uno: él tiene que entender que no puede seguir viviendo para sí mismo sino para aquel que lo compró. Y número dos: no podemos seguir considerando a los hombres según la carne. La nueva criatura tiene que exhibir el efecto transformador del Evangelio.

Ser cristiano no es tener una vida más moral, aunque eso es bueno. No es tener una esposa sumisa, aunque eso es aplaudible. No es tener unos hijos exitosos que les va bien en la universidad, aunque eso también es bueno. Pero ser una nueva criatura implica que yo tengo una búsqueda primaria que es el reino de Dios y su justicia, confiando, creyendo que todo lo demás se dará por añadidura. De tal forma que para esa nueva criatura el éxito ya no define quién él es. Él no anda buscando el éxito por la adquisición de las prebendas de este mundo, porque él tiene mejores recompensas en el mundo venidero. Su búsqueda o su preocupación número uno no es el éxito, sino la fidelidad a su Dios.

Lo que el cristiano hace en su trabajo no define quién él es, porque su identidad está en Cristo. Su salario no es la motivación número uno para hacer lo que él hace, porque como ya mencioné, las riquezas en Cristo, las riquezas en gloria superan —pero con mucho— aquello que pudieran pagarte de este lado de la eternidad. La fama de su nombre no puede ser la motivación, porque su búsqueda no debe ser ahora su fama, sino hacer el nombre de Cristo famoso. Y el control de mi vida, de la vida de los demás, tampoco puede ser una motivación, porque él no lo tiene y por tanto no debiera desear.

El hombre secular que no está en Cristo busca en su trabajo la solución a su infelicidad, inseguridad, inferioridad, intranquilidad, insatisfacción, insuficiencia; todas y cada una de estas cosas cuyas respuestas están solamente en el Evangelio. Y eso debe ser diferente en la nueva criatura de la cual habla Pablo.

Ahora, yo creo que en la mente de esa nueva criatura hay obstáculos, hay obstáculos que le impiden mostrar la obra de Cristo en su vida después de él haber sido convertido en una nueva persona, de estar en Cristo. Y es que por un lado no hemos entendido los componentes del Evangelio. Por otro lado, es que nosotros vivimos en medio de una sociedad tan individualista, y el Evangelio no se puede vivir de manera individual y aislada. Y en tercer lugar, nosotros nos sentimos cómodos muchas veces conociendo la verdad, sin practicarla o sin proclamarla, o ambas cosas. A veces nos sentimos cómodos conociendo la verdad, sin practicarla o sin proclamarla. Pablo dice: no, no, no, no, no, no, conociendo el temor del Señor, persuadimos a los hombres. Yo voy y debato y discuto con ellos. En el buen sentido, presento argumentos a favor de la fe para beneficio de ellos.

Yo creo que muchas veces nosotros no entendemos todo lo que está detrás del Evangelio. Hay una humillación de parte de la segunda persona de la Trinidad, que abandonó su gloria a favor de los hijos de los hombres. Hay un sacrificio de parte de Jesús cuando va y cuelga en un madero. Hay no solamente un sacrificio y una humillación, y una sobredosis de gracia, sobre gracia, que ahora yo necesito extender a otros. Y hay un perdón incondicional de mis pecados que yo necesito como nueva criatura también poder extender a otros.

De manera que ahora, cuando yo veo a un jefe, a un empleado, a una mujer, a un amigo, y ya no lo mire según la carne, yo quisiera que él pudiera también aquilatar la obra de humillación, de sacrificio, de gracia y de perdón de Cristo a favor de él y a favor mío. Y eso es lo que controla a Pablo. Eso es lo que mueve a Pablo. Eso es lo que persuade a Pablo. Eso es lo que hace que no se quede quieto en ningún lugar, que él se da y dio moviéndose de un lugar a otro, y dondequiera que llegó, lo primero que hizo fue ir a una sinagoga y allí predicar el Evangelio, porque él era controlado por el amor de Cristo, lo apremiaba por el temor del Señor, por la gratitud hacia lo que se había hecho.

Pero también, es que cuando él llegaba a un lugar, él no veía lo que nosotros vemos. Él no veía clientes, él no veía mujeres que lo seducían, él no veía empleados que podían ser abusados, él no veía ni siquiera a los carceleros de su propia vida como individuos que merecían maldición. Él veía en todos y cada uno de esos hombres a alguien que necesitaba salvación, y persuadía a uno y a los carceleros. Toda la guardia pretoriana se enteró de por qué Pablo estaba preso, y por qué estaba preso: por la causa de Cristo. Toda la guardia pretoriana supo la historia, porque él no podía permanecer pasivo y trataba de persuadir.

Pablo tenía un sentido sobrio de su comparecencia ante el tribunal de Cristo. Tenía un sentido sobrio, pero también controlador de su vida, del amor de Cristo, de la manera que lo experimentó. Pablo tenía una experiencia del temor reverente hacia Dios y tenía una perspectiva de la vida tal, como fruto de haber llegado a ser una nueva criatura, que él pudo entender mejor a cabalidad lo que Cristo nos dejó después de su resurrección: y es la Gran Comisión.

Porque yo estoy tratando de unir esto, para en un domingo de resurrección unir este mensaje de Pablo —que no fue predicado necesariamente un domingo de resurrección, pero que sí explica su ministerio— estoy tratando de unir esto con lo que es la realización de la Gran Comisión. Porque esto es lo que tú ves, esto es lo que es la motivación de un hombre que abrazó la Gran Comisión, que fue quizás lo último que Cristo mencionó después de su resurrección.

Cuando tú llegas a Mateo 28, esto es lo que tú escuchas en el versículo 9: "Y he aquí que Jesús les salió al encuentro a las mujeres, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies y le adoraron." Entonces, inmediatamente fue la resurrección. Entonces Jesús les dijo: "No temáis; id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán." Eso es lo que él hace. Es un domingo como hoy, y es que él le dice: "Dile a mis hermanos que me esperen en Galilea."

Y llegó el día, y en el versículo 16 de Mateo 28 dice que los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús les había señalado. Aquel domingo, cuando él resucitó, en el lugar donde les dijo que fueran, ahí estaban. Cuando le vieron, le adoraron, mas algunos dudaron. Y acercándose Jesús, les habló diciendo: "Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo."

Eso es lo que Pablo está haciendo. Por amor a Cristo, obedeciendo a Cristo, él se ha ido y persuade a los hombres, y está haciendo discípulos, motivado por cada una de las cosas que mencionábamos a lo largo del mensaje de hoy. Nosotros necesitamos reflexionar más frecuentemente, más profundamente, acerca de lo que debe implicar el viernes de crucifixión y el domingo de resurrección para nosotros, y para lo que implica la Gran Comisión de nuestro Señor.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.