Integridad y Sabiduria
Sermones

Un ministerio con ambiciones correctas (parte 1)

Miguel Núñez 13 marzo, 2016

La vida cristiana encuentra su verdadero motor cuando una sola ambición gobierna cada decisión: agradar a Dios. El apóstol Pablo revela en 2 Corintios 5 que esta pasión no era un deseo ocasional sino la fuerza que controlaba cada aspecto de su existencia, ya fuera que permaneciera en este mundo o partiera al siguiente. Esta ambición santa lo llevaba a presentar su cuerpo como sacrificio vivo, a disciplinar sus pasiones hasta esclavizarlas, a cuidar incluso sus pensamientos, porque sabía que todo —desde predicar hasta dar propina en un almuerzo— tiene connotación espiritual y puede hacerse para la gloria de Dios.

La razón de esta intensidad radica en una certeza: todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. No se trata de un juicio para determinar salvación o condenación, sino de una rendición de cuentas donde cada obra será examinada, incluyendo las motivaciones del corazón. Como ilustra la parábola de los talentos, el Señor repartió sus bienes y regresará a evaluar la fidelidad con que fueron administrados. Algunas obras resistirán el escrutinio como oro y piedras preciosas; otras se consumirán como paja, y aunque el creyente será salvo, sufrirá pérdida de recompensa.

Pablo no buscaba acumular premios sino escuchar las palabras "bien, siervo bueno y fiel". Esta perspectiva transformaba cada conversación, cada hora, cada relación. El pastor Núñez invita a imaginar qué sucedería si los redimidos vivieran cada minuto con esta única ambición: que todo lo que hagamos, sea para agradar a Aquel que nos rescató.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Les invito a abrir la palabra de Dios en la Segunda Carta a los Corintios, capítulo 5. Con esto nosotros continuamos nuestra serie que ya iniciamos para aquellos que no la han seguido, varios meses atrás, y estamos en el capítulo 5 de la Segunda Carta a los Corintios. Hoy vamos a estar leyendo el versículo 9 al 17, aunque será imposible cubrir todo ese terreno, todo eso que está ahí.

Pero recordemos que en un mensaje anterior, no este pasado domingo porque estuve en Santiago predicando, sino el domingo anterior, habíamos cubierto el versículo 1 al versículo 8, donde el apóstol Pablo nos recordaba que en esta vida nosotros gemimos. En esta tienda terrenal, en el cuerpo que tenemos, gemimos. El cuerpo va pasando de una etapa de envejecimiento a otra, se va consumiendo si usted quiere en este mundo caído. Y al mismo tiempo el cuerpo se va renovando, pero él nos animaba a dejar esta vida atrás y poder abrazar aún en vida esa vida eterna que nos ha sido prometida en Cristo Jesús.

De esa manera entonces Pablo concluía ese texto diciendo: "Cobramos ánimo y preferimos más bien estar ausentes del cuerpo y habitar con el Señor", versículo 8 de este capítulo 5. Eso es cómo concluía el texto anterior. Pablo tenía una preferencia; la preferencia de su vida era poder morir, porque eso es a lo que se refiere el texto cuando habla de estar ausentes del cuerpo. Y la razón por la que él entendía que prefería estar ausente de su cuerpo es justamente el resto de lo que el versículo enseña, y es que estar ausente de ese cuerpo implicaría ya estar disfrutando de la próxima vida en la presencia de nuestro Dios.

De tal forma que Pablo como que nos resolvió el problema del temor a la muerte, porque si tú entiendes que el día que mueras, si eres creyente en Cristo, tú pasas a la vida que has estado esperando por todo el tiempo, entonces no tienes nada que temer. Y cuando él hablaba a los filipenses entonces les mencionaba y les explicaba esta disyuntiva con la que él vivía, y es que por un lado él anhelaba, no solamente prefería, él anhelaba ya partir, pero por otro lado entendía la necesidad que tenía de quedarse por el bien de las iglesias. Y es como que Pablo pudiera decir: "Yo me quiero ir, pero me tengo que quedar. Me quiero ir, pero me tengo que quedar."

Y con eso entonces yo quiero que leamos el versículo 9 en adelante hasta el 17 del capítulo 5 de la Segunda Carta a los Corintios: "Por eso, ya sea presentes o ausentes, ambicionamos serle agradables. Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo. Por tanto, conociendo el temor del Señor, persuadimos a los hombres; pero a Dios somos manifiestos, y espero que también seamos manifiestos en vuestras conciencias. No nos recomendamos otra vez a vosotros, sino que os damos oportunidad de estar orgullosos de nosotros, para que tengáis respuesta para los que se glorían en la apariencia y no en el corazón. Porque si estamos locos, es para Dios; y si estamos cuerdos, es para vosotros. Pues el amor de Cristo nos apremia, habiendo llegado a esta conclusión: que uno murió por todos, por consiguiente todos murieron; y por todos murió, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos. De manera que nosotros de ahora en adelante ya no conocemos a nadie según la carne; aunque hemos conocido a Cristo según la carne, sin embargo, ahora ya no le conocemos así. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí son hechas nuevas."

Padre, gracias por la riqueza de tu satisfechos. Gracias por la iluminación de tu Espíritu. Yo te pido que esa iluminación sea tan patente, tan clara en estos momentos de exposición de tu satisfechos, que nosotros podamos meternos en el corazón, que podamos llegar al corazón de la misma revelación en este texto, y que podamos irnos de aquí habiendo sido desafiados, pero a la vez irnos de aquí confiados en quien hemos creído y afincados en nuestra fe. Lo pedimos en Cristo Jesús. Amén.

"Un ministerio de ambiciones correctas" o "de ambiciones santas" es el título de mi mensaje. Y la razón es que Pablo en este texto claramente habla de que tiene una ambición, pero luego él revela las motivaciones de su ministerio, y las motivaciones en cierta manera de dicha ambición. La primera motivación que él tiene para ministrar es justamente el ser agradable a Dios, versículo 9. La segunda motivación que Pablo menciona para su ministerio o de su ministerio es el hecho de que él sabe que tendrá que comparecer ante el tribunal de Cristo; hay un día de rendición de cuentas, versículo 10. El versículo 11 nos da la tercera de las motivaciones, y es el temor del Señor: "Conociendo el temor del Señor, persuadimos a los hombres." La cuarta motivación es el amor de Cristo que nos apremia, que nos constriñe, que no nos deja con ninguna otra opción que no sea servirle. La quinta motivación es una nueva perspectiva de vida, de tal forma que ya él no puede considerar a nadie según la carne, aunque en un momento dado él conoció incluso a Cristo según la carne.

Pero obviamente el tiempo no nos va a dar para cubrir todas estas motivaciones, de manera que nos vamos a quedar con la primera. Lo único que vamos a cubrir hoy es el versículo 9 y el versículo 10.

Pablo comienza este texto diciendo: "Por eso, ya sea presentes o ausentes, ambicionamos serle agradables." Dicho de otra manera: ya sea que yo me quede o que yo me vaya, yo tengo una sola ambición, yo tengo una sola pasión, yo tengo una sola cosa por la cual yo vivo. El diccionario de la Real Academia define la palabra ambición como un deseo ardiente de conseguir algo, especialmente poder, riquezas, dignidades o fama. En el lenguaje original y para el primer siglo la palabra tenía una connotación más o menos parecida. La palabra no tiene una buena historia, tiene una mala reputación. Pero definitivamente que nosotros entendemos que una ambición tiene algo que ver con ese deseo ardiente, algo que mueve a la persona, algo que controla incluso a la persona, y que usualmente ha sido usada para referirse a la avaricia, al hambre de poder, al hambre por el dinero, por la fama.

Pero en el caso de Pablo, cuando él usa la palabra ambición, él le da otra connotación completamente distinta y le da una connotación positiva. Y la usa más de una vez en sus cartas. Por ejemplo, en Romanos 15:20 Pablo habla de que él tenía una ambición, y la ambición era de predicar a Cristo en las regiones donde Cristo no había sido predicado. Eso era lo que movía a Pablo de un lugar a otro continuamente, lo que lo movía a viajar: no el deseo de su fama, sino el de hacer famoso a Cristo. Cuando él se dirigió a los tesalonicenses en su primera carta, en 4:11, él usa la misma palabra y les dice: "Y que tengáis por vuestra ambición el llevar una vida tranquila, y os ocupéis en vuestros propios asuntos, y trabajéis con vuestras manos, tal como os hemos mandado."

Pablo tenía un deseo ardiente por un lado de predicar a Cristo y a este crucificado, pero ahora en este texto él nos revela otra ambición, o quizás la misma ambición dicho de otra manera, o quizás otro color de la misma ambición, otro ángulo. Él nos está revelando cuál era la fuerza motora detrás de su ministerio, qué era aquello que realmente movía sus fibras y le hacía latir el corazón más rápidamente. Y aquí está la ambición: "Por eso, ya sea presentes o ausentes, en esta vida o en la próxima, ambicionamos serle agradables."

Pablo muestra ahora por qué su vida exhibía o exhibió una intensidad y una urgencia poco común en la vida de los creyentes. Y es que el serle agradable a Dios no era simplemente un deseo, no era simplemente algo que él a veces anhelaba, no era algo que él quería; esto lo controlaba continuamente con cada cosa que él quería hacer. Y la idea de agradar a Dios es una idea recurrente en las cartas de Pablo; aparece ocho veces si pensamos o si creemos que la carta a los Hebreos fue escrita por Pablo, aunque no todo el mundo está de acuerdo con esa opinión. Pero la idea de agradar a Dios aparece en Romanos 12:1-2, en Romanos 14:18, en 2 Corintios 5:9, en Efesios 5:10, en Filipenses...

en Colosenses 3:20, en Tito 2:9 y en Hebreos 13:21. Y en esos pasajes él nos da una idea de qué manera un cristiano pudiera agradar a Dios, y yo creo que vale la pena explorar alguna de esas cosas simplemente como parte de poder escudriñar, escarbar un poco el versículo 9, donde dice que la ambición de su vida era agradar a Dios.

¿Cómo tú quieres hacer eso, Pablo? Bueno, por un lado les escribe a los Romanos en el capítulo 12, versículos 1 y 2, y les dice, y nos dice a nosotros, que debíamos presentar nuestro cuerpo como sacrificio vivo y santo, agradable —aunque la Biblia de las Américas la traduce como "aceptable"— agradable a nuestro Dios. Pablo entendió que había una forma de presentar nuestro cuerpo físico caído, que tiene pasiones, que pudiera ser agradable a Dios.

Cuando les escribe a los filipenses, aunque no usa el mismo lenguaje, pero nos da una idea a nosotros de que Pablo quería agradar a Dios incluso no solamente al obrar, sino al pensar. Y les dice que debieran pensar, o debiéramos pensar, solamente en todo lo verdadero y en todo aquello que es digno de alguna virtud. O voy a honrar con mi mente, o voy a honrar con mi cuerpo presentándolo como sacrificio vivo agradable a nuestro Dios.

Pablo está consciente de que el cuerpo caído tiene pasiones, pasiones carnales pecaminosas, que pudieran ir debilitándose en la medida en que nos vamos santificando, pero que nunca terminarán hasta que finalmente partamos de esta vida. Y él está tan consciente de que ese cuerpo funciona o siente de esa manera que cuando él les escribe a los corintios en su carta anterior, la primera carta, él les da una idea de lo que él ha hecho para que ese cuerpo o esos deseos no conquisten los deseos de su alma de agradar a Dios.

Él está determinado a agradar a Dios de todas las formas posibles, y como él quiere que su propio cuerpo físico termine agradando a Dios, él le dice a los corintios en 1 Corintios 9:27: "Golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros yo mismo sea descalificado." Pablo no está hablando en el sentido literal de que golpeaba su cuerpo, pero sí nos está diciendo que él, consciente de los deseos del cuerpo, disciplinaba su vida y los deseos de su cuerpo de tal manera que él pudiera llegar a esclavizar, por así decirlo, a su materia, controlar estas pasiones, no fuera que las pasiones terminaran controlándolo a él. Porque si eso ocurriera, lo que iba a pasar era que él mismo iba a ser descalificado después de haberle predicado a otros.

Él estaba consciente de que es posible predicar, servir, ministrar a otros, y eventualmente ser descalificado justamente porque estos deseos del cuerpo no fueron disciplinados. Y Pablo dice: "No, yo no voy a hacer eso, yo no lo voy a permitir." Eso es bueno pensarlo, porque tú puedes entender un poco más hasta dónde llegaba la ambición santa de Pablo: querer agradar a Dios, que es lo que el versículo 9 del texto de hoy dice, donde él quiere que su mente, su cuerpo, toda su vida —no una parte de su vida, no su vida devocional, no su vida de predicación— toda parte, cada rincón de su vida pudiera ser agradable a Dios.

Hasta el punto que les escribe a los corintios y les dice: "Sabes qué, al final del camino no importa si tú bebes o comes o hagas cualquier otra cosa, cualquier otra cosa, hacerlo para la gloria de Dios. No importa cuál es tu profesión, no importa cuál es tu oficio, no importa lo que hagas esta tarde, no importa cuando vayan a almorzar, no importa cuando vayan a dar propina esta tarde al mozo que te va a servir la comida. Yo quiero que tú entiendas que aún eso tiene una connotación espiritual, y tú debieras hacerlo para agradar a Dios y para la gloria de Dios."

Cuando les escribe a los efesios en el capítulo 5, los llama a examinar lo que agrada a Dios. No simplemente le dice "haz lo que agrada a Dios", porque nosotros pudiéramos pensar: "Bueno, hago esto y esto agrada a Dios." Y no, no, no, hoy bien, examina lo que agrada a Dios, escudríñalo a ver si realmente es algo que agrada a Dios.

En Hebreos 13:21, y si piensas que Pablo escribió la epístola a los Hebreos, él nos manda a agradar a Dios haciendo su voluntad, haciendo la voluntad de aquel que nos llamó y nos regeneró y nos redimió. Pero su ambición de acuerdo a este texto es serle agradable, no importa si era de este lado de la gloria o de aquel lado de la gloria, presentes o ausentes.

Ahora, tú tienes que entender que Pablo no está tratando de cumplir las obras de la ley. Las obras de la ley ya fueron cumplidas por Cristo a favor nuestro, y eso es una imposibilidad, ya él cumplió esa requisitoria. Pablo tampoco está tratando de ganarse la salvación, porque la salvación es un don de acuerdo a Efesios 2:8-9, por gracia a través de la fe, de manera que lo único que puede hacer es recibir lo que Dios nos da por gracia. Pablo no está tratando de impresionar a Dios, porque Dios es inimpresionable. Yo no sé si tú te has dado cuenta, pero Dios es inimpresionable. Un Dios que abre la boca y forma millones de galaxias con millones de astros, tú y yo no lo podemos impresionar, cierto, con nuestras pequeñas creaciones.

Si Pablo dice: "Por eso, ya sea presentes o ausentes, ambicionamos serle agradables," porque ahora el versículo 10 suple la razón número uno por la que Pablo quiere ser agradable, por lo menos en este contexto. Escúchalo otra vez: "Ya sea presentes o ausentes, ambicionamos serle agradables." ¿Por qué? Ahí está el versículo 10 dándome la razón: "Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo."

De manera que ahora Pablo nos da un versículo —yo no sé si lo pudiste ver— extraordinariamente rico en contenido. De hecho, es lo único que vamos a hacer de aquí en adelante: escarbar el versículo 10. Porque este versículo nos dice muchas cosas y nos lleva entonces a buscar respuestas que de alguna forma están como contenidas en el versículo, pero no me las explican. Y si nosotros lo pasamos por alto, vamos a quedar un poco mal entendidos en qué es lo que Pablo está tratando de comunicar.

Pero el versículo 10 nos habla de la universalidad de ese juicio ante el cual todos compareceremos, sin excepción. En segundo lugar, el versículo 10 nos habla de la obligatoriedad del juicio: todos debemos comparecer. De hecho, en el lenguaje original el énfasis es mucho mayor, no es un deber, es una obligación. Todos tenemos que comparecer, y de hecho está en un lenguaje más bien pasivo donde Dios nos hace comparecer. De manera que hay una universalidad del juicio, hay una obligatoriedad del mismo.

Nos habla de la localidad del juicio, donde el tribunal de Cristo no es una cosa aérea, etérea, en el aire como que nadie sabe. Es un lugar. No sabemos dónde está localizado, pero es un lugar llamado el tribunal de Cristo. El versículo 10 nos habla también de la autoridad del que juzga. ¿Quién es? Cristo es la persona de la Trinidad en quien ha sido depositada la responsabilidad de juzgar al hombre.

En quinto lugar, el versículo 10 nos habla de la individualidad del juicio: cada uno, cada uno de nosotros. Número seis, el versículo nos da la finalidad, el fin del juicio. ¿Cuál es la finalidad de ese juicio? Para ser recompensado. ¿Viste el texto? Número siete, la racionalidad, la razón para que esto tenga que ocurrir, para que yo tenga que comparecer: los hechos míos, buenos o malos, mis hechos. Y número ocho, la temporalidad de los mismos. ¿Cuándo los hechos? Hechos, valga la redundancia, estando en el cuerpo, de este lado de la gloria, no de aquel lado.

Porque esto es algo que tiene que ver, esta presentación ante el tribunal de Cristo tiene que ver con la vida que yo estoy llevando ahora, con la vida que Pablo anhelaba o ambicionaba que le fuera agradable a Dios. Esa es la vida que va a ir a rendir cuentas. Pablo está consciente: "Ambicionamos serle agradables, ya sea presentes o ausentes, porque hay un día de rendición de cuentas. Yo estoy consciente de eso." Es lo que Pablo nos está diciendo.

Entonces, con esas ideas nosotros pudiéramos hacernos tres preguntas y pasar el resto del tiempo tratando de contestar esas preguntas. Número uno: ¿qué tipo de juicio es este? Porque va a haber uno. Número dos: ¿es este juicio al que se refiere Pablo aquí para creyentes, incrédulos, o ambos? Y tres: ¿cuál es el tribunal de Cristo de que Pablo habla aquí?

Bueno, en primer lugar, Pablo le está escribiendo a creyentes, le está escribiendo a creyentes en la iglesia de Corinto, no le está escribiendo a incrédulos. Ahora, de manera que cuando él habla de que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo, él tiene en mente a los creyentes, y él está explicando incluso la razón por la que él quiere una vida que sea agradable a Dios. De manera que él se está viendo a él mismo en esta presentación ante el tribunal de Cristo.

El incrédulo no tiene manera de agradar a Dios. La Palabra revela: "Sin fe es imposible agradar a Dios," dice el autor de Hebreos. Y el incrédulo no tiene fe por definición; él tiene una imposibilidad de agradar a Dios, no importa lo que haga, no puede agradarlo. Pero el creyente puede. Pablo revela cómo, y para lo cual incluso dice que esa es su ambición. Pero él también está al tanto de que él tendrá, igual que tú y yo, un día de rendición de cuentas. Y ese día de rendición de cuentas hace que él quiera incluso ser agradable a su Señor. No es la única motivación, pero que vamos a ir viendo en estos otros mensajes siguientes, pero es una y es la primera que él nos menciona.

Ahora, si tú no tienes claro que eso va a ser así, de que va a haber para el creyente un día de rendición de cuentas, o todavía no estás convencido, yo quiero decirte —comenzar a decirte, porque lo vamos a ver a través de múltiples textos de la Palabra para que la Palabra sea la que interprete la Palabra— que esto es completamente compatible con lo que Cristo enseñó en más de una ocasión a través de parábolas y otras enseñanzas.

Escuchen lo que él dice en Mateo 25. Mateo 24 y 25 son palabras dadas por Cristo al final de su ministerio que tenían que ver con el final de los tiempos, y él pero también nos habla acerca del reino de los cielos.

Cristo comienza en el versículo 14 diciendo lo siguiente: "Porque el reino de los cielos es como..." De manera que ya tú sabes que Él nos va a hablar del reino de los cielos. Él no está hablando de ninguna otra cosa, y Él lo va a comparar, Él va a usar una metáfora, está la palabra "como". "Es como un hombre que, al emprender un viaje, llamó a sus siervos y les encomendó sus bienes. Y al uno le dio cinco talentos, a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad, y se fue de viaje. El que había recibido los cinco talentos, enseguida fue y negoció con ellos y ganó otros cinco talentos. Asimismo, el que había recibido los dos talentos ganó otros dos. Pero el que había recibido uno fue, cavó en la tierra y escondió el dinero de su señor. Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos y arregló cuentas con ellos."

Cristo quiere que ellos entiendan algo del reino de los cielos que tiene que ver con un Señor que vino, repartió sus bienes, se fue, y que va a venir luego a arreglar cuentas con ellos. Versículo 20: "Llegando el que había recibido los cinco talentos, trajo otros cinco talentos diciendo: 'Señor, me entregaste cinco talentos; mira, he ganado otros cinco talentos.' Su señor le dijo: 'Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu señor.' Llegando también el de los dos talentos, dijo: 'Señor, me entregaste dos talentos; mira, he ganado otros dos talentos.' Su señor le dijo: 'Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu señor.'"

"Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: 'Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Y tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra. Mira, aquí tienes lo que es tuyo.' Pero su señor respondió y le dijo: 'Siervo malo y perezoso, sabías que siego donde no sembré y que recojo donde no esparcí. Debías entonces haber puesto mi dinero en el banco, y al llegar yo hubiera recibido mi dinero con intereses. Por tanto, quitadle el talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, más le será dado y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y al siervo inútil echadlo en las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes.'"

¿Notaste cómo Cristo comienza diciendo "porque el reino de los cielos es como"? Lo hice notar, es así, es como esto. Entonces habla de un Señor que nosotros sabemos quién es, el mismo que viene y reparte sus bienes, que ha representado aquí por talentos, y se va. Y pasan muchos años, muchos días, pero llega el día de rendición de cuentas. Y el texto usa la palabra "rendir cuentas": el Señor regresa para encontrarse con sus siervos para hacerles rendir cuentas. Y hay dos siervos que fueron fieles, y ellos son elogiados por el Señor, y hay un siervo que fue infiel. Los fieles escuchan estas palabras: "Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré" —tiempo futuro— "entra en el gozo de tu señor."

Claramente esta parábola está ilustrando cómo Dios nos da talentos, dones, oportunidades, bendiciones, y cómo Él espera que yo sea fiel en la administración, en la mayordomía de eso que Él me ha entregado. En este caso, de lo que estamos hablando, como es una metáfora, los talentos representan justamente las cosas que Dios me entrega, que puede ir desde inteligencia, oportunidades de estudio, poder estudiar la Palabra, hijos que tengo, una iglesia donde Él me coloca. Todas esas oportunidades que Dios me da para que yo pueda contribuir a la expansión de Su reino y a la causa del reino de los cielos.

Y luego va a venir. Conforme a la capacidad de cada quien Él le entrega talentos u oportunidades; entonces, conforme a lo que le ha entregado, cuando regrese Él va a hacernos rendir cuentas. Para uno de los siervos que recibieron talentos y no hizo nada con él, como no hizo nada con él, él no hacía nada con eso que había recibido, es la evidencia de que él no era hijo de Dios. Y el texto nos dice en versículos 29 y 30: "Porque a todo aquel que tiene, más se le dará y tendrá abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará." Eso es el trato o las palabras para el infiel. "Y al siervo inútil echadlo en las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes." Obviamente ese no es uno de los siervos de Dios, pero la parábola claramente ilustra un día de rendición de cuentas con relación a lo que yo, lo que hemos recibido.

Pablo ahora dice: "Yo tengo un deseo de agradar a Dios, porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo." Porque yo tengo que rendir cuentas de la vida que Dios me ha entregado, y el llamado. Y él llama ese lugar de rendición de cuentas el bema de Cristo, el tribunal de Cristo. La palabra en el original es "bema". En el griego, la palabra era usada para referirse como a un trono donde los atletas subían por peldaños o escalones para recibir medallas de premio, como el que corría en una olimpiada. Pero en el Nuevo Testamento es usado para referirse al trono de Pilato, al trono de Herodes, al trono de Festo. De manera que el bema era un lugar como una especie de trono, como decir algo como eso, donde tú subes por escalones, allí tú recibes la recompensa, pero quien está ahí arriba es alguien que tiene la autoridad para recompensarte.

Si tú pones esas ideas juntas, hay una vida que ha de ser examinada, y luego habrá un veredicto de mi fidelidad con lo que Dios me entregó. Y yo creo, pensando y reflexionando sobre eso, que nosotros tenemos que ser honestos y admitir que muchas veces no hemos sido todo lo diligentes que hemos debido ser con cada una de las cosas que Dios nos entregó. No importa si es una esposa entregada a un esposo, si son hijos entregados a padres, si es una profesión entregada a ti, si es una capacidad mental que Dios te ha dado, si es una vida que debiste haber vivido con mayor sentido de urgencia y de intensidad y decidiste vivirla más o menos relajada, o cosas por el estilo. Pero si hay algo que nosotros sabemos es que el mismo apóstol Pablo nos instruye a aprovechar bien el tiempo porque los días son malos, a no andar como necios ni como insensatos, sino como sabios. Es parte de la instrucción.

Ahora, si todos compareceremos ante el tribunal de Cristo, habrá una examinación. La pregunta es: ¿qué es lo que va a ser examinado? Y cuando se examine, entonces me van a recompensar, porque dice ahí "para ser recompensado". La palabra traducida "recompensado" allí en el original tiene la connotación de algo que se te debe. Y en ese sentido, Pablo no está diciendo que Dios está obligado a entregarte esta recompensa, sino que se te debe porque Dios sí prometió recompensarte por fidelidad en tu servicio. Entonces, como Dios prometió recompensarte por tu fidelidad en el servicio, a la hora del escrutinio es algo que el texto sugiere que se te debe, no porque te lo ganaste, sino porque lo prometió. Entonces uno se presenta ante el tribunal de Cristo para ser recompensado, para entregarte lo que se te debe porque se te había prometido.

La pregunta es: bueno, ¿qué tan cuidadoso va a ser el escrutinio? ¿Cuáles son las cosas que se van a examinar? Bueno, Pablo lo dice ahí, que son las cosas hechas en el cuerpo, buenas o malas. Pero lo bueno es que la Palabra está ahí para ayudarnos a interpretar la misma Palabra, que tú puedes ir a la primera carta a los Corintios, que es la misma audiencia a quien se les escribió esta segunda, y encontrarás respuestas para algunas de estas preguntas que estamos haciendo: ¿qué va a examinar?, ¿qué tan cuidadoso será el examen?, ¿qué es todo lo que se va a examinar?

Y escucha ahora a Pablo en esta primera carta a los Corintios, capítulo cuatro, versículos tres al cinco, donde él dice: "En cuanto a mí, es de poca importancia que yo sea juzgado por vosotros o por cualquier tribunal humano" —ahí está la misma terminología, tribunal, pero humano— "de hecho, ni aun yo me juzgo a mí mismo, porque no estoy consciente de nada en contra mía; mas no por esto estoy sin culpa, pues el que me juzga es el Señor. Por tanto, no juzguéis antes de tiempo, sino esperad hasta que el Señor venga" —ahí está el día de rendición, hasta que el Señor venga, de rendición de cuentas— "el cual sacará a luz las cosas ocultas en las tinieblas y también pondrá de manifiesto los designios de los corazones; y entonces cada uno recibirá" —escucha— "cada uno recibirá su alabanza de parte de Dios."

¿Qué te recuerda? La parábola de los talentos: "Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré." Esa es la alabanza de Dios para ese siervo. Este texto dice que cada uno recibirá su alabanza de parte de Dios. ¿Cuándo va a ocurrir eso? Bueno, cuando el Señor venga, en ese día de rendición de cuentas. Y ahora me van a examinar. Recuerda que hablamos de que hay una individualidad de esa presentación ante el tribunal de Cristo: cada uno. No hay masa, cada uno. Sería bueno ir como la iglesia entera juntos: "Saquen un promedio y ahí estamos." No, cada uno.

Entonces ahora vamos a examinar la obra del pastor, no es una ilustración obviamente, pero no podemos examinar solamente la obra del pastor: "Ya tenemos que examinar los designios de su corazón," dice el texto, 1 Corintios 4:3-5, los designios de su corazón. "Pastor, ya ve usted, predicó tres mil sermones. Hemos encontrado que dos mil de ellos fueron para la gloria de Dios, mil de ellos fueron para su propia gloria. Recompensa no por tres mil, por dos mil." Es una ilustración. En otras palabras, la calidad de lo hecho va a ser juzgado. Por eso que el apóstol Pablo dice: "Ya sea que comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo para la gloria de Dios."

En este caso, Pablo está diciendo: "Escúchenme, corintios, a mí me tiene sin cuidado lo que ustedes piensan, o cualquier otro tribunal humano, porque al final de cuentas es Dios quien hace el juicio justo. Y es tanto así que yo me he examinado y yo no he encontrado nada en contra mía, pero no por eso estoy sin culpa, porque es posible que después que yo haya terminado de juzgarme a mí mismo como bueno y válido, hay motivaciones erradas en mí." Y por tanto, ustedes y yo debemos esperar hasta

El día de rendición de cuentas, cuando Dios saque todo a la luz, incluyendo las motivaciones del corazón, ahí sabremos qué esperar. Tanto bueno es lo que el Señor ha dicho. Y Pablo tiene un anhelo, una ambición de ser agradable, no porque él está tratando de que al final le entreguen más recompensas. Eso sería egoísta y eso disminuiría sus recompensas probablemente. No, lo que él quiere es que él pueda escuchar el elogio de su Señor diciéndole: "Bien, siervo bueno y fiel". Él quiere escuchar eso. No quiere ser un semi fiel siervo. Él no quiere ser un siervo más o menos fiel. Él quiere ser un siervo fiel.

Por eso ambicionamos, versículo 9, ser agradables, porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo para ser recompensados por los hechos en el cuerpo, sea bueno o sea malo. Pablo quiere complacer a su Señor de todas las formas posibles: de pensamiento, en obras, de intención incluso, porque él sabe que las intenciones, nuestras intenciones, no son tan buenas como para eso, no son tan inocentes como lucen, no son tan santas como nos creemos. Aún de las santas, imaginémonos de las malévolas.

Y ahora Pablo nos ayuda a ver: "Ok, voy a comparecer ante el tribunal de Cristo y van a traer ahí todo, incluyendo las motivaciones de mi corazón". ¿Qué pasa? ¿Qué va a pasar con esos sermones, pastor, que predicó para su propia gloria? Por seguir la ilustración, bueno, la Palabra no nos deja al aire tampoco. La Palabra nos habla justamente a la misma congregación. Pablo le habló de todas estas cosas, bueno, de la Palabra de Dios. Es lo bien que se complementa en ocasiones, lo bien complementada que está para una sola congregación. En este caso, a los corintios es que se les ha explicado todo esto.

En la primera carta a los Corintios, capítulo 3, versículos 11 al 15, Pablo nos deja ver algo más cerca de esta comparecencia ante el tribunal de Cristo y de estas obras que van a ser analizadas. Mira cómo lo dice. Versículo 11, 1 Corintios 3: "Pues nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, el cual es Jesucristo. Ahora bien, si sobre este fundamento alguno edifica con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno o paja, la obra de cada uno se hará evidente porque el día la dará a conocer, pues con fuego será revelada. El fuego mismo probará la calidad de la obra de cada uno. Si permanece la obra de alguno que ha edificado sobre el fundamento, recibirá recompensa".

Para que yo pueda recibir recompensa, la obra tiene que permanecer en el momento de la examinación. "Si la obra de alguno es consumida por el fuego, sufrirá pérdida". ¡Ah! ¿Voy a poder yo perder la salvación? No, la Palabra es clara que si verdaderamente tú has creído en Cristo como tu Señor y Salvador, y ciertamente tú has nacido de nuevo, esa vida eterna no puede ser perdida. Pero aquí dice: "Sin embargo, él será salvo, aunque así como por fuego".

¿Te das cuenta que esta comparecencia ante el tribunal de Cristo de los creyentes no es para determinar salvación versus condenación? Es para determinar recompensa. De hecho, el texto que leímos hoy en 2 Corintios 5 claramente lo dice: cada uno comparecerá para ser recompensado por algo. Esa es la connotación, por todo lo que haya hecho, sea bueno o sea malo.

En el texto que yo leí de la primera carta a los Corintios, capítulo 3, del 11 al 15, hay obras que difieren en calidad. Algunos construyeron con oro, otros con plata, otros con piedras preciosas, otros con madera, otros con heno y otros con paja. Esas son calidades distintas, son simbólicos de las obras de los hombres. Construimos sobre el fundamento que es Cristo con este tipo de material simbólico, de nuevo, de la calidad de las obras de los hombres.

Entonces, al final hay una examinación ante el tribunal de Cristo, y esta examinación es por fuego, que es otro símbolo en la Palabra de Dios para implicar juicio. Entonces hay una examinación, y resulta que al examinar hay algunas obras que resisten el fuego, el escrutinio, la examinación, el juicio. Permanecen, son encontradas como buenas y válidas. Y hay otras que se queman, probablemente haciendo referencia al heno, la paja, la madera, que se queman en la examinación, que no pasan la examinación porque quizás fueron hechas con malas motivaciones, o no para la gloria de Dios, o no fueron hechas con el propósito adecuado.

Y por eso dice el versículo 14: "Si permanece la obra de alguno que ha edificado sobre el fundamento, recibirá recompensa". Hay una recompensa. La Palabra es repetitiva con relación a esta recompensa. De hecho, si tú lees Lucas 19, tú te encuentras allí con la parábola de las diez minas. La parábola de las minas, porque hay diez y hay cinco, que algunos entienden que es una parábola paralela de la parábola de los talentos. Pero lo interesante es que en esta parábola Cristo está hablando también de cómo es el reino de los cielos y cómo es la fidelidad de los siervos del reino de los cielos. Y en esta historia, al final, Cristo a uno que ha sido fiel sobre aquello que se le entregó, Cristo le dice: "Te pondré sobre diez ciudades". Y a otro le dice: "Te pondré sobre cinco ciudades".

Y obviamente nosotros no tenemos claridad de lo que implica estar sobre diez ciudades o sobre cinco ciudades conforme a lo que el texto enseña. De lo que sí tenemos claridad es que a la hora de ser recompensado hay grados de recompensa por la fidelidad del servicio. Y esto está dicho de más de una manera, en diferentes formas.

De tal manera que ahora, cuando yo pienso en 2 Corintios 5, que habla del bema de Cristo, el tribunal de Cristo donde todas mis obras serán examinadas, las buenas y las malas, y es para ser recompensado, yo puedo entender que ese es el momento donde los grados de recompensa serán establecidos conforme a la calidad de las obras.

Ahora, cuando yo hablo de calidad de las obras, yo no me estoy refiriendo a si tú estuviste predicando o arreglando sillas en la iglesia. Eso no es. Es si a la hora de predicar y a la hora de arreglar sillas lo hiciste para la gloria de tu Dios. Eso es lo que determina la calidad de lo que estás haciendo. Si a la hora de educar estabas educando a tus hijos para la gloria de Dios, o estabas educando a tus hijos para la gloria del mundo secular. ¿Qué fue lo que primó en importancia en la formación de tus hijos? ¿La gloria de tu Dios, quien te los dio, o la alabanza del mundo secular? Eso es lo que determina la calidad de aquellas cosas que estamos haciendo o no haciendo.

De hecho, Dios no cierra su revelación sin recordarnos, al final, final, final, ya a punto de cerrar la revelación de Dios, en Apocalipsis 22, sin recordar esto que yo acabo de decir en términos de las recompensas y la fidelidad del servicio. Apocalipsis 22:12, y eso es muy al final: "He aquí yo vengo pronto". Ahí está el día de rendición de cuentas. "Y mi recompensa está conmigo". ¿Te das cuenta que hay una recompensa? "Mi recompensa está conmigo". Pero, ¿cómo la va a entregar Jesús? "Para recompensar a cada uno según su obra". ¿Ya te das cuenta? Hay una recompensa, pero no será igual, porque se le entregará a cada uno según su obra.

Una vez más puedes entender un poco mejor a Pablo cuando él dice: "Es que yo quiero agradar a Dios porque todos compareceremos". Él no está diciendo, una vez más: "Porque yo quiero tantas recompensas como sea posible". No. "Yo lo que no quiero es llegar al día de la examinación y encontrar con que la gran cantidad de lo que yo hice realmente fue rendido a Cristo de una manera infiel". Porque si la obra de alguno es consumida por el fuego, va a sufrir pérdida, versículo 15. No de su salvación. Escucha lo que dice: "Sin embargo..." Eso es 1 Corintios 3:15. "Sin embargo, él será salvo". Está hablando de creyentes. "Aunque así como por fuego". Él sufrirá pérdida. ¿Qué es lo que va a perder? Recompensas. Eso es lo que va a perder.

Pablo entonces se dice: "Por eso, ya sea presentes o ausentes, nosotros anhelamos, ambicionamos ser agradables, porque hay una comparecencia ante un bema, un trono de Cristo". Yo quisiera llegar bien ahí. Confiando en Cristo, sí, pero la parte que me toca, yo quisiera haber corrido bien, yo quisiera haber predicado bien, yo quisiera haber hecho todo lo que Cristo esperaba que yo hiciera y haberlo hecho para su gloria. De ahí la intensidad de su vida, la urgencia de su vida.

Inmediatamente después que Pablo establece eso, inmediatamente después que Pablo dice: "Bueno, yo anhelo, yo ambiciono agradar a Cristo porque sé que voy a comparecer delante del tribunal", inmediatamente después él me da otra motivación para lo que es un ministerio, porque él dice en el versículo 11 —él está como trayendo una especie de conclusión ahí temprana—: "Por tanto, conociendo el temor del Señor, persuadimos a los hombres". Conociendo el temor reverente a Dios. Algunas traducciones, el King James antiguo, lo traducen como "conociendo el terror del Señor". Conociendo el temor reverente hacia nuestro Dios, yo persuado a los hombres.

¿Por qué? ¿Por qué haces eso, Pablo? ¿Por qué lo haces? Conociendo el temor del Señor, porque Dios me llamó a ser evangelista. Y como evangelista yo tengo que persuadir a los hombres de creer en Cristo. Y si mi obra como evangelista va a ser examinada, y yo quiero agradar a Dios, entonces yo tengo que llevar a cabo mi evangelismo tratando de persuadir a los hombres con toda pasión dondequiera que yo los encuentre. Yo voy a hablarle al gentil, al judío. Si tengo que ir a Europa, a Atenas, yo voy a ir. Si tengo que hablar con los epicúreos, voy a hablar con ellos. Si tengo que hablar con los estoicos, voy a hablar con ellos. No importa. ¿Por qué? Porque yo conozco el temor del Señor y persuado a los hombres.

¿Ya te das cuenta cómo este hombre vivió controlado por una ambición, por una pasión? Era algo que no lo dejaba dormir. Era algo que otros podían ver. Era algo que lo llevó a estar detrás de los barrotes más de una vez, y que con cierto gozo supo hacerlo permanecer en las cárceles, a veces por tiempos largos, porque sabía que eso formaba parte de la intensidad de su vida de agradar a Dios. Él no quiere estar en las cárceles quejándose de Dios que lo tienen en la cárcel, porque es justamente por la causa de Cristo que le está.

Encarcelado, y es justamente Dios quien ha permitido que él esté en la cárcel. Entonces, eso no sería hecho para la gloria de Dios si estuviera detrás de unos barrotes quejándome de Dios, sino que él estaba ahí aceptando de buena voluntad y reconociendo incluso la providencia de Dios en sus prisiones. Porque las prisiones frecuentemente resultaron al final en una persuasión que él estaba tratando de hacer a hombres que no quisieron creer.

Imagina que nosotros salgamos en el día de hoy de este lugar con una ambición, una sola: agradar a Dios. Imagina que esta tarde y esta noche yo viva estas horas para que luego lo pueda extrapolar a días, semanas y años. Pero que esta tarde y esta noche, perdón, que yo viva cada minuto, cada hora para agradar a Dios en las conversaciones que van a surgir después del mediodía, que ya es después de esa hora. Las conversaciones que van a surgir esta noche, las conversaciones con los hijos, porque eso forma parte de cualquier otra cosa, ya sea que comas o bebas o cualquier otra cosa, hacerlo para la gloria de Dios.

Imagina la transformación de vidas, de matrimonios, de familias, de iglesias, y quizás de ciudades, si aquellos que fueron redimidos ya no vivieran para sí, sino para Aquel que los redimió, de tal manera que su única ambición en la vida fuera agradar a su Redentor.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.