Integridad y Sabiduria
Sermones

El ministerio del Espíritu Santo

Miguel Núñez 31 marzo, 2019

Lo que distingue a un verdadero cristiano de alguien que simplemente profesa serlo no es su conocimiento doctrinal ni sus palabras, sino la morada del Espíritu Santo. Cuando Pablo llega a Éfeso y se encuentra con un grupo de discípulos, algo en ellos no cuadra. Su pregunta es directa: "¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?" La respuesta revela todo: ni siquiera sabían que existía el Espíritu Santo. Habían sido bautizados únicamente con el bautismo de Juan, un bautismo de arrepentimiento que apuntaba hacia adelante, hacia el Mesías que vendría. Pero el nuevo pacto ya había sido inaugurado en la cruz, y ellos no lo sabían.

El ministerio del Espíritu en la conversión es completo: abre el entendimiento, muestra el pecado, revela a Cristo como Salvador, mueve la voluntad a creer y sella lo que ha ocurrido. Ese mismo Espíritu capacita para predicar con denuedo, como lo hizo Pablo durante tres meses en la sinagoga de Éfeso, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios. Pero el Espíritu también puede ser resistido. Algunos se endurecieron y comenzaron a hablar mal del camino, obligando a Pablo a apartarse y continuar enseñando en la escuela de Tirano por dos años más.

El reino de Dios es una realidad presente que debe crecer en el corazón de quienes ya creen, y debe inaugurarse en quienes aún no conocen a Cristo. Hay áreas en cada creyente donde Cristo todavía no reina plenamente, formas mundanas de pensar y vivir que deben ir quedando atrás. La perseverancia en medio de la oposición no depende del esfuerzo propio, sino del Espíritu que capacita para vivir la vida cristiana.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Buenos hermanos! Para mi vida en su satisfacción. Quiero invitarlos a abrir la Palabra de Dios, van a encenderla según el caso, el libro de los Hechos, otra vez. Mientras haya Hechos del Espíritu, estaremos leyendo el libro de los Hechos. Quiero invitarlos a leer del capítulo 19, del versículo 1 al 10, y vamos a entrar directamente en el texto a diferencia de otras ocasiones donde hacemos una breve introducción, pero yo creo que hasta variar se viene.

Y esto es lo que el texto dice a partir del versículo 1: "Y aconteció que mientras Apolos estaba en Corinto, Pablo había recorrido las regiones superiores, llegó a Éfeso y encontró algunos discípulos. Y les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le respondieron: No, ni siquiera hemos oído si hay un Espíritu Santo. Entonces dijo: ¿En qué bautismo pues fuisteis bautizados? Ellos contestaron: En el bautismo de Juan. Y Pablo dijo: Juan bautizó con el bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyeran en aquel que vendría después de él, es decir, en Jesús. Cuando oyeron esto fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y cuando Pablo les impuso las manos vino sobre ellos el Espíritu Santo, y hablaban en lenguas y profetizaban. Eran en total unos doce hombres. Entró Pablo en la sinagoga y por tres meses continuó hablando denodadamente, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios. Pero cuando algunos se endurecieron y se volvieron desobedientes, hablando mal del satisfaciónCamino ante la multitud, Pablo se apartó de ellos llevándose a los discípulos, y discutía diariamente en la escuela de Tirano. Esto continuó por dos años, de manera que todos los que vivían en Asia oyeron la palabra del Señor, tanto judíos como griegos."

Todos los que vivían en Asia oyeron la palabra del Señor. Asia es la Turquía de hoy. El texto que yo acabo de leer sigue obviamente al mensaje del domingo pasado, donde habíamos comenzado a ver el tercer viaje misionero de Pablo. Pablo había pasado por Éfeso al final de su segundo viaje misionero. Sí estuvo allí, estuvo unos días con Aquila y Priscila, pero decidió continuar a pesar de que había tenido una buena receptividad. Le pidieron que se quedara unos días más, pero él rehusó. Aparentemente tenía cierta prisa en llegar hasta Jerusalén y de ahí a Antioquía de Siria, desde donde él había salido unos años antes.

Él parte de nuevo en su tercer viaje misionero y regresa a Éfeso. Le pidieron que se quedara unos días más, Pablo prometió que él volvería y luego agregó: "Si Dios quiere." Bueno, en la providencia de Dios, Pablo regresa a Éfeso ahora en este tercer viaje misionero. Y Éfeso, al igual que Corinto, era una ciudad con ciertas dificultades. Era una ciudad que para aquel entonces era considerada bastante grande, doscientos a trescientos mil habitantes. Una ciudad comercial, una ciudad dedicada a la idolatría como la mayoría de las ciudades de la antigüedad, con un templo a la diosa Diana o Artemisa dependiendo del lugar, la misma diosa, la diosa de la fertilidad. Considerado ese templo como una de las siete maravillas del mundo antiguo, no era cualquier templo. Con un anfiteatro que albergaba, mayor que el de Corinto del cual hablamos la semana pasada, pero este anfiteatro albergaba veinticinco mil personas, capaz de tener una capacidad enorme que muchas ciudades hoy en día no tienen. Y era una ciudad estratégica para poder fundar iglesias, plantar iglesias en toda la región de al lado. Eso nos da una idea de cuál es la ciudad a la que Pablo llega.

En el texto que nosotros acabamos de leer hay cuatro personajes mencionados. Yo no sé si se percataron de eso. Está Apolos, que se ha movido de Éfeso y se ha ido a Corinto. Está Juan el Bautista, que ya había muerto. Pablo, que está llegando a Éfeso. Y el Espíritu Santo, es el cuarto personaje. Obviamente de todos ellos, el más importante, el ministerio más preponderante, es el ministerio del Espíritu de Dios, como lo es a lo largo de todo el libro de los Hechos y como lo es a lo largo de tu propia vida si el Espíritu mora en ti. Esa es la razón, la preponderancia del Espíritu Santo en lo que nosotros leemos aquí, por lo cual yo he titulado mi mensaje: El ministerio del Espíritu Santo.

Yo quiero que veamos en primer lugar el rol o el ministerio del Espíritu Santo en la conversión. De acuerdo al relato que vimos, Pablo llega a Éfeso y se encuentra con algunos discípulos. No hay calificativo para estos discípulos, no dice si son discípulos de Jesús, simplemente unos discípulos. Nosotros no conocemos los detalles de la conversación de Pablo con ellos porque Lucas es muy escueto en los relatos, y sobre todo en los relatos donde no aparece el pronombre "nosotros," porque aquí aparentemente Lucas no está presente. Él está relatando algo que quizás el mismo Pablo le contó.

Pero posiblemente en la conversación que Pablo tiene con estos discípulos, con quienes él se acaba de encontrar, hay algo que no le lució bien. Hay algo que no estaba bien, algo que como nosotros decimos en nuestro lenguaje cotidiano, no cuadraba. Fue algo que él escuchó, fue algo que él observó, nosotros no sabemos. Pero eso que él vio, observó, escuchó, le hizo pensar si realmente el Espíritu Santo moraba en ellos.

Lo que marca la diferencia entre un verdadero cristiano y un no cristiano, que no es lo de otra manera, lo que marca la diferencia entre un verdadero cristiano y alguien que se entiende cristiano pero que no lo es, no es su profesión de fe. De hecho, la profesión de fe de un verdadero cristiano y un no cristiano pueden sonar, lucir exactamente iguales. No es su conocimiento doctrinal. De hecho, académicos, conocemos algunos académicos liberales no cristianos que niegan incluso la resurrección de Jesús, que pudieran negar muchas cosas que nosotros afirmamos, saben más Biblia que muchos de nosotros. De manera que no es el conocimiento doctrinal. Lo que marca la diferencia entre un cristiano y un no cristiano es en esencia la morada o no del Espíritu de Dios. Esa morada que produce entonces en el cristiano un estilo de vida distinto al resto de las personas que le rodean.

La persona que ha sido regenerada no solamente luce diferente a las personas que están alrededor de él en el mundo, sino que luce diferente a la persona que él mismo era cuando la morada del Espíritu no estaba. Es un estilo de vida completamente diferente. Es lo que Pablo llama un nuevo hombre versus el viejo. Y Pablo quería saber si estos discípulos son o no verdaderos discípulos.

Y en el texto hay una pregunta cardinal, es como una pregunta diagnóstica. Pablo se va, como nosotros decimos muchas veces, a la yugular directamente. Como que esta pregunta va a poner de manifiesto en presencia de quién es que yo estoy. Yo creo que es lo que Pablo está pensando. Entonces él se encuentra con estos discípulos, y el versículo 2 dice: "Y les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?" ¡Wow, qué pregunta! Y ellos le respondieron: "No, ni siquiera hemos oído si hay un Espíritu Santo." Listo, Pablo sabe exactamente delante de quién está ahora. Porque si tú ni siquiera sabes si hay un Espíritu Santo, no puede morar en ti. Ellos ni siquiera sabían que el Espíritu Santo había venido. Era como algo completamente ajeno para ellos, extraño.

Y yo creo que eso es importante porque muchas veces nosotros escuchamos a alguien hablar, y eso que él dice, incluso puede ser un falso maestro, eso que él dice es congruente con lo que yo creo, y de inmediato concluimos y decimos: "Ah, pero mira, ¡cristiano!" No. La pregunta es: ¿hasta dónde la persona cree?

Y quizás esta ilustración te puede ayudar. Suponte que cinco carros salen de Santo Domingo para Santiago, para que los que me escuchan por el Internet, eso es una provincia, a unas dos horas, un poco menos de aquí. Y hay uno de esos cinco carros que llega hasta Villa Altagracia. Hasta ahí él y yo vamos en el mismo trayecto, el mismo trayecto. Hay uno que se queda en Piedra Blanca, que creo que está antes de Villa Altagracia. Ahí estuvimos juntos. Después, gracias por corregirme, ¿eh? Los que tienen Google Maps. Hay uno que llega a Bonao. Bueno, con el de Bonao yo todavía tengo más en común. Hay uno que llega a La Vega. Bueno, con ese tengo más en común, pero ya hay cuatro que se quedaron, y hay uno solo que llega a Santiago. Y que Santiago vamos a decir que representa el reino de Dios. La pregunta es: ¿hasta dónde la persona cree para llegar hasta el final?

De manera que Pablo está haciendo: yo quiero saber si ustedes recibieron el Espíritu Santo cuando creísteis. Ellos dicen que no saben, o no decir que era que hay un Espíritu Santo. En todas las iglesias, no importa cuán buena sea la iglesia, en la iglesia aún de mejores doctrinas, hay personas convencidas de su salvación que no tienen salvación, que incluso lo que profesan es contrario a su estilo de vida. Con eso yo no quiero decir que nosotros no pecamos. Con eso yo no quiero decir que el pecado en nosotros incluso aparece con cierta frecuencia. Hay un estilo de vida que caracteriza a la persona que puede ser diferenciado de otras personas.

El texto de hoy no nos dice qué fue lo que Pablo observó con la discrepancia, pero Pablo se vuelve un poco inquisitivo y le hace una primera pregunta. Y ante la respuesta de que ellos no saben que existe un Espíritu Santo, entonces Pablo hace una segunda pregunta, ¿ok? Si ustedes no saben que existe un Espíritu Santo, que es el que da salvación, yo quiero preguntarles: ¿en qué bautismo fuisteis bautizados?

Pablo entiende que hay un solo bautismo para creyentes en el que tú eres bautizado, es el bautismo en el Espíritu. Si tú no sabes que hay un Espíritu, yo quiero saber en qué bautismo fuisteis bautizados. Pablo también sabe que estos son los primeros años de la iglesia. Es cierto que Juan el Bautista había muerto, pero él sabe que hay discípulos por ahí que no tienen el conocimiento correcto, porque Juan el Bautista murió antes de que Jesús muriera.

Ellos contestaron: "En el bautismo de Juan". Es como que Pablo dice: "Ah, yo sabía". Y Pablo dijo: "Juan bautizó con el bautismo de arrepentimiento". Esa no es lo de nosotros. Nosotros tenemos arrepentimiento, pero yo no me bautizo para arrepentirme, diciendo al pueblo que creyeran en el que vendría después de él, es decir, en Jesús.

Cuando Pablo comienza a establecer con estos hombres la diferencia entre un cristiano y uno no cristiano, él comienza por aquello que marca definitivamente al cristiano: es la morada del Espíritu. De hecho, Romanos 8 dice que todos los que son hijos de Dios son guiados por el Espíritu. Tú no puedes ser hijo de Dios y no ser guiado por el Espíritu. Que tú ignores o que yo ignore su guianza o su guía es otra cosa, pero somos guiados por el Espíritu.

Déjame explicarte. Déjame leerte un texto de R.C. Sproul en su comentario sobre este pasaje, en términos de cómo pensar en el bautismo de Juan y cómo pensar en el bautismo de nosotros. Este es el texto: "Hay una clara diferencia entre el bautismo de Juan el Bautista y el bautismo de Jesús, o en Jesús. Aunque Juan el Bautista aparece en el Nuevo Testamento, escucha, aunque él aparece en el Nuevo Testamento, él vive y muere antes de que el nuevo pacto hubiese sido inaugurado. El período del Nuevo Testamento no comienza hasta que Jesús lo inaugura en el aposento alto la noche anterior a su muerte, cuando él habló del nuevo pacto en su sangre. El nuevo pacto fue ratificado al día siguiente por la sangre derramada en la cruz. Toda la historia hasta ese punto pertenecía al pacto anterior de redención, de manera que el bautismo de Juan el Bautista no debe ser confundido con la señal del nuevo pacto que fue inaugurada por Cristo. Juan el Bautista aparece en el Nuevo, pero él pertenece al Antiguo Testamento. Él es el último profeta del Antiguo Testamento, porque el Nuevo Testamento, el nuevo pacto, se inaugura en el aposento alto y se ratifica en la cruz". De eso es que está hablando Sproul.

El bautismo de Juan, de Juan el Bautista, fue directamente para los judíos y para aquellos que oyeron el mensaje de Juan. El mensaje de Juan era este: el Mesías viene, su Salvador está a la puerta y tú no estás listo. Ustedes no están limpios, ustedes necesitan pasar por un ritual de limpieza para prepararse para la llegada del Rey. Y cuando él venga, él los bautizará con el Espíritu. Juan apuntaba hacia adelante a un bautismo que era superior al suyo. Claramente Juan el Bautista enseñó que cuando viniera el Mesías, él bautizaría con el Espíritu y con fuego.

Lucas no nos da los detalles de la conversación de Pablo, pero es obvio por lo que sigue que Pablo procedió a evangelizarlos. La razón por lo que yo digo que es obvio que Pablo procedió a evangelizarlos es porque el versículo 5 dice: "Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús". Cuando oyeron que Juan el Bautista solamente había enseñado acerca del bautismo de arrepentimiento, pero que el bautismo de Jesús, el bautismo nuestro, es diferente. El texto no dice más de ahí, pero estamos seguros de que Pablo los evangelizó. El texto dice que cuando oyeron eso fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús, que es lo que nosotros practicamos hoy.

Para aquellos que están aquí que se van a bautizar dentro de unos días, tenemos cuarenta personas que se van a bautizar próximamente. Cuarenta, un número bíblico. Cuarenta, coincidencia, pero ese es el número. Pero en la medida en que nosotros nos sentamos a entrevistar personas y a escuchar personas, alguna de las cuales tiene, o mucha de las cuales tienen, salvación genuina, nos percatamos de la enorme confusión que existe acerca de múltiples puntos de doctrina y sobre todo acerca del bautismo, aun si han ido a la charla de bautismo.

Nosotros no bautizamos para comprometerme más con el Señor. Eso lo hemos oído, eso no es la manera como es. Nosotros no bautizamos para que Dios perdone mi vida anterior; el bautismo no me perdona pecado. Nosotros no nos bautizamos para reconciliarnos con Dios, que ya me había descariado y ahora yo quiero hacer un compromiso con Dios y entonces yo quiero reconciliarme con Dios.

Nosotros nos bautizamos porque entendemos que en algún momento anterior al bautismo yo entendí mi condición de pecador, mi necesidad de perdón, recibí convicción del Espíritu de que soy pecador, de mi necesidad de perdón de pecados, entendí que la única manera como mis pecados podían ser limpiados era por la sangre de Cristo, que él derramó en la cruz a favor mío, y que había sido convencido por el Espíritu. Por eso es que este punto es el ministerio del Espíritu en la conversión. Y habían sido convencidos por el Espíritu de todas esas verdades que yo acabo de anunciar, y habían sido convencidos por el Espíritu de que yo necesito perdón y poner mi fe en la persona de Jesús como Salvador. Que yo entonces he recibido ese perdón, he recibido una nueva vida, el Espíritu de Dios vino a morar en mí, y que ahora yo tengo el deseo de ir delante de una congregación pública a dar testimonio de lo que ya pasó en mi interior. Nada más, yo tengo el deseo, yo tengo el gozo de ir y testificar públicamente, que el mundo sepa que algo pasó en mi interior, que quizás tú no sabías porque ni mi nombre conocías, y yo vengo delante de ti ahora a decirte: yo soy uno de sus discípulos.

De manera que Pablo debió haberles predicado el evangelio a este grupo, estas personas creyeron, las personas fueron perdonadas, el Espíritu vino a morar en ellas, y el resto ocurrió como vamos a ver en un momento.

El ministerio del Espíritu en la conversión es tan completo que esto es lo que tiene que ocurrir. En primer lugar, el Espíritu tiene que abrir el entendimiento como se lo abrió a Lidia en el libro de los Hechos en el capítulo anterior, porque de lo contrario la persona jamás entendería el mensaje. Eso es lo primero, y la manera como el Espíritu abre los ojos es precisamente regenerando a la persona. La regeneración es lo primero que ocurre. Entonces la persona, ya regenerada, tiene los ojos abiertos, tiene el entendimiento claro. Cuando escucha el mensaje, como él estaba muerto pero ahora está vivo, él entiende. Lo muerto no entiende; ahora él está vivo, él entiende.

Ahora que él está vivo y entiende, él mismo, el Espíritu, con esos ojos abiertos, va a mostrarle: mira tu pecado, mira tu pecado, mira tu pecado, mira cómo has vivido. Y tú comienzas a sentir, y cuando estás sintiéndote así aplastado, el mismo Espíritu dice: "Pero no te preocupes, hay un Cristo que vino y murió por los pecados y fue crucificado, derramó sangre por ese pecado y por ese aplastamiento que tú estás sintiendo". Y tú dices: "¡Wow!". Y él te puede perdonar de pecados, y el mismo Espíritu te convence de que él puede hacerlo. Entonces tú pides perdón y tú recibes el perdón de tus pecados. Y ahora el mismo Espíritu te convence de que tú debes depositar tu confianza, mueve tu voluntad para que deposites tu confianza en la persona de Jesús, y con eso se sella lo que ha ocurrido.

De manera que el ministerio del Espíritu en la conversión es vital. De hecho, es tan vital que ya incluso antecede lo que yo acabo de decir. ¿Por qué? ¿Quién inspiró este texto? Y la fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Cristo, de manera que aun ahí el ministerio del Espíritu estaba operando. La persona viene entonces y da testimonio, cuando va a las aguas del bautismo, de todo eso que ha ocurrido en su interior.

Nota que estos discípulos creyeron e inmediatamente se bautizan. En la iglesia primitiva, como hemos dicho antes, era inconcebible que alguien dijera, y que alguien tratara de persuadir a otro, de convencer a otro, de que era cristiano sin haberse bautizado. Habiendo tenido la oportunidad, porque si no había aparecido la oportunidad es otra cosa, pero que alguien que dice que es cristiano y tres años después le dice a otro: "No, yo soy cristiano", y tú eres cristiano. Es que era inconcebible, eso no pasaba por la mente. Porque el mismo Espíritu que mora en la persona convence a la persona de que él debe bautizarse, debe dar testimonio de la obra de Cristo.

La persona a veces no quiere bautizarse porque no tiene un testimonio que contar, no tiene realmente algo que decir de su cambio de vida. Eso es una cosa. A veces la persona no se quiere bautizar, hay diferentes razones, porque es orgullosa y en su orgullo no quiere dar a conocer que nunca se había bautizado o que acaba de convertirse cuando tenía diez años en la iglesia. A veces la persona tiene una fobia social, es verdad, gente que tiene temor de hablar en público y ahí tenemos que ser sensibles y cuidadosos. Otras veces la persona tiene un estilo de vida que él o ella sabe que es incompatible con las aguas del bautismo, y que por tanto no se debe y no puede bautizarse. Eso lo hemos visto muchísimo: "Yo soy cristiano, yo me convertí hace como cuatro o cinco años", y es una profesión de fe, "pero tengo algunas cosas que arreglar". Él sabe, o ella sabe, que su estilo de vida no es congruente con el bautismo.

Estas son algunas razones por las que la persona no se bautiza, pero en la iglesia primitiva tú creías y de inmediato te bautizabas. Y tú dices: "¿Cómo estaban tan seguros de que era cristiano si no habían dado fruto?". En una de dos razones: porque hasta la época apostólica había una autoridad apostólica, un discernimiento apostólico. Mira cómo Pablo dice: "Estos discípulos como que no son", y comienza a preguntarles. En segundo lugar, hoy en día está de moda el evangélico. Es como... está in, está como de moda, esa es la palabra. Yo decir que soy evangélico de hecho suena más, suena mejor que decir que es de la religión tradicional de nuestro país.

Pablo entonces les impone las manos. El versículo 6 dice: "Vino sobre ellos el Espíritu Santo y hablaban en lenguas y profetizaban". Como el texto dice que el Espíritu Santo vino y que entonces ellos profetizaban después que Pablo los bautizó, muchos han concluido que el don de lenguas es el bautismo del Espíritu Santo. De hecho, muchos piensan que hay dos experiencias.

Una, tu experiencia de conversión es una real, y que luego una segunda experiencia donde tú recibes el bautismo del Espíritu y entonces tú hablas en lenguas. Bueno, eso es completamente contrario a la revelación del Nuevo Testamento. Para comenzar, la primera carta a los Corintios, capítulo 12, en el versículo 13 dice claramente: "Pues por un mismo Espíritu todos" —subraya la palabra "todos"— "fuimos bautizados en un solo cuerpo." Entonces, el cuerpo pues es la satisf Iglesia, ya judíos o griegos, esclavos o libres, y a todos nos dio a beber del mismo Espíritu. Todos. No hay un cristiano que recibió el bautismo del Espíritu Santo y un cristiano que no ha recibido el bautismo del Espíritu Santo. Eso es totalmente contrario a la enseñanza de la Palabra. Todos fuimos bautizados en un mismo cuerpo, la Iglesia, por un mismo Espíritu.

De hecho, el apóstol Pablo, en el mismo capítulo 12 de Corintios, primera carta a los Corintios, versículo 30, hace una pregunta retórica cuya respuesta es obviamente no. Dice: "¿Todos hablan en lenguas?" Y la respuesta, cuando tú lees el contexto, obviamente no. "¿Todos profetizan?" No. Entonces, si todos fuimos bautizados por el Espíritu y no todos hablan en lenguas, obviamente el bautismo del Espíritu y el hablar en lenguas no es la misma cosa. Entonces, es lo primero que yo quería ver en este pasaje: el ministerio del Espíritu en la conversión.

Segundo lugar, el ministerio del Espíritu Santo en la predicación y presentación de la verdad. Versículo 8: "Entró Pablo en la sinagoga y por tres meses continuó hablando denodadamente, discutiendo y persuadiéndolos acerca del reino de Dios." Pero nota que el texto dice, no es simplemente que Pablo estaba hablando, sino que habló denodadamente, con denuedo. La habilidad de hablar con denuedo, de hablar con coraje, con valentía, en medio de riesgos, en medio de amenazas, en medio de dificultades, en medio de opresión, en medio de oposición, es una habilidad dada por el Espíritu.

Por esto es que estoy hablando del ministerio del Espíritu Santo en la predicación y en la presentación de la verdad. A mayor llenura, mayor denuedo yo tengo para hablar la Palabra de Dios. Si quieres hablar la Palabra de Dios con mayor facilidad, con menor vergüenza, con mayor coraje, y quieres atreverte más, necesitas más llenura. Escucha lo que dice el libro de los Hechos, capítulo 4, versículo 31, algo que ya vimos meses atrás: "Después que oraron, el lugar donde estaban reunidos tembló, y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban la Palabra de Dios con valor."

Nota el orden: el lugar donde oraron, número uno, de manera que si queremos denuedo, debemos orar. El lugar donde oraron, el Espíritu Santo vino y ellos fueron llenos del Espíritu —no bautizados con el Espíritu, llenos del Espíritu— y hablaban la Palabra de Dios con valor. En medio de las dificultades, en medio de la opresión, en medio de la opresión espiritual que muchas veces nosotros experimentamos pero que no identificamos. En medio de la oposición que huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales te hacen, que tú no puedes ver pero que tú puedes sentir. Así ocurrió en mi vida en el día de ayer.

El texto dice también que Pablo estuvo en la sinagoga por tres meses, no solamente hablando denodadamente, sino discutiendo o debatiendo, dependiendo de la traducción. Para yo poder discutir la Palabra de Dios en el sentido de defenderla, para yo poder debatirla, yo necesito el ministerio del Espíritu. Yo necesito discernimiento, y el discernimiento es una obra del Espíritu. Yo necesito discernimiento para separar la verdad del error. Yo necesito discernimiento para que en la discusión mi contrario no me confunda, gente que es especialista en llevar la discusión hasta confundirte. Yo necesito discernimiento para no ser engañado en medio de la discusión o para no ser desviado en medio del debate. Entonces Pablo habló con denuedo, habló denodadamente. Pablo discutió con ellos, y el texto dice también que Pablo trató de persuadirlos acerca del reino de Dios.

La habilidad de persuadir a alguien de que ponga su fe en Cristo Jesús no depende de tu oratoria, no depende de tu carisma, no depende de cuánta Biblia tú sepas, no depende de tus estrategias. Depende de una sola cosa, y es la obra del Espíritu de Dios. El mejor apologista del mundo no puede debatir y argumentar con alguien y hacerlo entrar al reino de los cielos por su debate. Eso no se da, eso no ocurre. No importa cuán inteligente la persona sea en sus argumentos, la persuasión de llevar a una persona de la oscuridad a la luz, de la muerte a la vida, del error a la verdad, es una obra completa del Espíritu de Dios, de principio a fin. Y aquí el texto dice que Pablo estaba tratando de persuadirlos acerca del reino de Dios. Para ellos entender lo que Pablo estaba explicando acerca del reino de Dios, obligatoriamente, mandatoriamente, el Espíritu de Dios tenía que estar obrando.

Ahora, quizás sea bueno explorar un poquito el término. Lo vimos una vez, pero volver a refrescarlo: el término del reino de Dios, porque es algo que no muchos entienden. La frase "el reino de Dios," como tal, aparece cuatro veces en Mateo, catorce veces en Marcos, treinta y dos veces en Lucas, dos veces en Juan, seis veces en el libro de los Hechos, ocho veces en las cartas de Pablo y una vez en Apocalipsis. ¿Tú piensas que eso es un concepto importante? Eso es sin contar las veces que la otra frase aparece: "el reino de los cielos." Perdón, estamos hablando de la frase "el reino de Dios," de lo que Pablo está hablando. Pero en otras cartas, sobre todo en evangelios como el de Mateo, la frase que aparece es "el reino de los cielos," para evitar usar el nombre de Dios, que ellos temían usarlo mal, usarlo en vano. O "el reino de Cristo." En el Evangelio de Mateo, la frase "el reino de los cielos," evitando el nombre de Dios, aparece treinta y tres veces. Cuando Cristo le pidieron que les enseñara a orar, él enseñó pidiendo, entre otras cosas: "Venga a nosotros tu reino."

De manera que nosotros necesitamos entender qué es el reino de Dios, porque de lo contrario nosotros vamos a llamarnos cristianos, decir que estamos ya dentro del reino de Dios sin saber lo que es, o decir que estamos esperando que el reino de Dios venga, así que el reino de Dios también ya llegó. El reino de Dios es una realidad presente y es una realidad futura; es ambas cosas. De la misma manera que tu salvación es una realidad presente y al mismo tiempo es una realidad futura, porque todavía no se ha completado lo que ya tú conoces.

Cuando Cristo habló a sus discípulos, él les habló de que el reino de los cielos ya estaba entre ellos, lo cual no dejaba de indicar que ya el reino de los cielos había invadido nuestro planeta, porque Cristo les dijo: "Ya el reino de los cielos está entre ustedes." Escucha lo que este texto de Mateo 12:28 dice: "Pero si yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios" —como ellos lo estaban acusando— "entonces el reino de los cielos..." Ellos le estaban acusando de expulsar los demonios por el poder de Belcebú, y Cristo dice: "Pero no es así." Entonces ahora él trae esta otra posibilidad: "Pero si yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, entonces el reino de los cielos ha llegado a vosotros." Si lo que yo estoy haciendo expulsando demonios es por el Espíritu de Dios, la indicación clara de eso es que el reino de los cielos ya llegó.

Y la pregunta entonces: ¿qué es ese reino de los cielos? Porque si ya llegó, ¿dónde está? Porque no lo vemos, ¿en qué consiste? Escucha lo que Lucas 17:21 dice: "Porque he aquí, el reino de Dios entre vosotros está." No "estará," sino "está." Y en esencia, el gobierno de Dios es ejercido completamente en los cielos, es ejercido parcialmente en esta tierra. Porque en el reino de los cielos no hay oposición, pero en la tierra, la autoridad de Cristo es retada, es desafiada, es opuesta continuamente por el reino de las tinieblas. Ahora nosotros somos libres, pero éramos esclavos.

Entonces, el reino de los cielos es una realidad en tu corazón presente si eres cristiano, y es una realidad futura. Y es el reino de los cielos, que no es otra cosa que la autoridad de Cristo, que va poco a poco abriéndose paso en la medida en que las tinieblas van siendo replegadas. Hay una dimensión presente de este reino de los cielos, de esa autoridad de Cristo reinando en mi corazón. Hay una realidad futura. Mira cómo Cristo lo expresa en Marcos 14:25: "En verdad os digo, ya no beberé más del fruto de la vid hasta aquel día cuando lo beba de nuevo en el reino de Dios." Ahí es una realidad futura. "Y yo no voy a beber más del fruto de la vid" —este vino que estaba tomando— "hasta que yo no regrese y lo tome en el reino de Dios."

Entonces, de acuerdo a uno de los diccionarios consultados, el reino de Dios representa primordialmente el gobierno de Dios o la autoridad monárquica divina, dondequiera que eso se ejerza. Por tanto, en los cielos está el reino de los cielos, porque la autoridad divina se ejerce sin oposición. En la tierra, el reino de los cielos está entre vosotros, como Cristo dijo, porque su autoridad se ejerce, pero se ejerce en contra de esa oposición. Se ejerce en nuestros corazones, y aun nosotros le hacemos oposición a Cristo en su autoridad dentro de nosotros.

Entonces, déjame decirte de esta manera: el reino de Dios o de los cielos consiste en el ejercicio de la autoridad soberana de Dios en el pasado, en el presente y en el futuro. El ejercicio de la autoridad soberana de Dios en el pasado, en el presente y en el futuro, en algunos casos sin oposición, en otros casos con oposición. Nosotros sabemos, nosotros hemos sido enseñados por la Palabra, que hay dos reinos: reino de Cristo y el reino de Satanás, el reino de la luz y el reino de las tinieblas. Esos dos reinos se oponen continuamente. Esos dos reinos tienen valores, metas, características totalmente diferentes.

Uno es llamado el reino de las tinieblas, otro es llamado el reino de la luz. Esos dos reinos tienen hijos, tienen ciudadanos identificados en la Palabra de Dios con nombre y apellido: hijos de las tinieblas e hijos de la luz.

Mira cómo Cristo cuenta la parábola del sembrador. El sembrador que sale a sembrar va regando la semilla por diferentes lugares, la semilla va cayendo en diferentes terrenos, va germinando. En algunos casos germina y se muere, y solamente en un solo terreno de las semillas germina y produce frutos. Y luego los discípulos van donde Cristo: "Explícanos, para nosotros no entendimos." No quedamos en buen dominicano, en Babia, no entendimos nada, como siempre. Y en el capítulo 13 de Mateo, versículo 38, Cristo les dice: "El campo es el mundo." El campo donde la semilla se fue siendo tirada, ese es el mundo. Y la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del maligno.

¡Wow! Los discípulos en un momento dado, perdón, los fariseos en un momento dado, se opusieron a Jesús, retaron a Jesús, desafiaron a Jesús. Y les dice: "Ustedes a mí no me oyen porque ustedes son hijos del diablo." ¿Cómo te gustaría a ti oír eso de parte de Jesús? Que tú eres un hijo del diablo. Claramente, estos ciudadanos corresponden a un reino completamente diferente al reino que se supone corresponden los hijos de Jesús.

Ahora, los hijos del maligno, de las tinieblas, cuando entran al nuevo reino, ellos necesitan comenzar a aprender a pensar, a ver, a sentir, a elegir, decidir, discernir, de una manera completamente diferente. Porque nosotros, se supone que dentro del reino de las tinieblas, no podemos ver, valorar, vestirnos, caminar, pensar, consumir, gastar de la misma manera.

El reino de la luz se está abriendo paso. Aunque parezca que las cosas van de mal en peor, de alguna manera el reino de la luz se va abriendo paso. ¿Y por qué nosotros sabemos eso? Porque cada día hay nuevas personas donde reinaban las tinieblas en su corazón y hoy en día reina la luz. Ahí se está abriendo paso. No importa cómo luzca la sociedad. Escucha cómo Primera de Juan 2 lo dice en su segunda parte: "Las tinieblas van pasando y la luz verdadera ya está alumbrando." La Palabra no me deja mentir, la luz va avanzando, va alumbrando, pero las tinieblas van pasando, van siendo replegadas, una persona a la vez, un corazón a la vez. La sociedad puede lucir en deterioro, pero en una persona a la vez la oscuridad va siendo desplazada.

Entonces, los hijos del reino y los hijos de las tinieblas van a crecer juntos, van a crecer juntos hasta el final. Por eso es que nosotros no podemos pensar en una burbuja, nosotros no podemos criar los hijos en una burbuja, porque no se supone que sea así. De hecho, los discípulos, oyendo estas parábolas y enseñanzas, pensaban que sería bueno como separarlos, las ovejas de los cabritos, separarla el buen trigo de la cizaña. Y Cristo les dijo: "No, no, no, no, tranquilo, no vaya a ser que cuando tú comienzas a sacar la cizaña, te lleves el trigo junto con la cizaña. Déjalo tranquilo, déjalo que crezcan juntos hasta el final." En la iglesia, incluso, aún en la iglesia, déjalo tranquilo, que yo tengo un propósito con la mezcla.

Ahora, al final las cosas se van a definir. Al final, ya Satanás no será llamado el príncipe de la potestad del aire. Al final, Satanás no será llamado el dios de este mundo. Escucha lo que dice Apocalipsis 11. Ahí me encanta leer hasta el final de Apocalipsis, porque nos dice cómo que las cosas van a terminar y como que yo cobro ánimo otra vez. Como que al final ganamos.

Escucha Apocalipsis 11: "El séptimo ángel tocó la trompeta y se levantaron grandes voces en el cielo que decían..." El reino del mundo, el reino de la maldad, el reino pagano, el reino de Satanás, el reino de las tinieblas, a eso se refiere. "El reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de su Cristo, y Él reinará por los siglos de los siglos." Pasó la época anterior, no más el reino del mundo, no más el reino de las tinieblas. Ahora es el reino de Cristo por completo.

Cuando Cristo enseña el Padre Nuestro y dice "venga a nosotros tu reino," estaba hablando de dos cosas distintas. Una realidad presente: que tu reino venga y haga morada en el corazón de aquellos que no han creído, la realidad actual. Y una dimensión futura: que tu reino venga pronto, y vengas y lo establezcas en la tierra y termines con este desastre en que el hombre vive hoy. Venga tu reino, oh Dios.

En nuestro corazón el reino ha sido instalado, ha sido establecido. Sin embargo, ese reino tiene que crecer todavía en tu corazón y en el mío. Hay áreas de tu corazón que no están bajo el señorío de Cristo, lo cual implica que si el reino de Cristo es el ejercicio de su autoridad de manera soberana y absoluta sin oposición, y en tu corazón hay áreas que todavía no se someten al señorío de Cristo, entonces hay áreas de tu corazón en rebeldía donde Cristo no reina. De tu corazón y del mío.

De tal forma que el reino de los cielos tiene que avanzar aún dentro de tu propio corazón donde ya ha sido establecido, de tal forma que el pecado tenga cada vez menos influencia sobre nosotros. Que nuestras formas mundanas de pensar, de hablar, de exigir, de cuestionar, de esperar, de actuar, de valorar, de desear, de juzgar, de vestirnos, de divertirnos, de reírnos, de llorar, las formas mundanas que están caracterizadas por todas esas cosas, vayan quedando atrás y que la nueva forma del nuevo hombre pueda ser mucho más evidente. Que sea mucho más evidente a ti, que sea mucho más evidente a los que están a tu alrededor, que esté mucho más evidente a aquellos que te conocen más de cerca, de manera que la vestimenta del nuevo hombre sea más obvia en tu persona. Que no haya duda en la mente de aquellos que te rodean: esto es un cristiano. Que aquellos que te rodean no tengan que preguntar como donde quiera que vayas: "¿Tú recibiste el Espíritu Santo cuando creíste?" Y que tú no tengas que apuntar: "¿Y por qué?" Y que la otra persona te diga: "Bueno, porque la morada del Espíritu y tu estilo de vida como que no concuerdan, como que no puede ser."

Cuando la imagen de Cristo se va formando en nosotros, fruto de este avance del reino de los cielos en nuestra mente, el poder del pecado va siendo debilitado cada vez más. Y cuando el pecado es debilitado, el señorío de Cristo avanza. El reino de Cristo tiene que crecer en el corazón de aquellos que ya le conocemos. El reino de Cristo tiene que instaurarse en el corazón de aquellos que aún no le conocen.

Nota que el reino de los cielos, la realidad presente del reino de los cielos, se aplica a creyentes y no creyentes. En el creyente, ese reino de Cristo, de los cielos, o de Dios, tiene que crecer en nuestro corazón, el reinado y llamado. Y en el no creyente tiene que ser inaugurado.

Entonces, ahora yo estaba hablando del ministerio del Espíritu en la presentación de la verdad y de la predicación. Pero el texto dice que Pablo trató de persuadirlos acerca del reino de Dios. Por eso pasé un tiempo hablando acerca de qué cosa era que Pablo estaba tratando de hacer: explicarles y persuadirles de que hay dos reinos, de que hay uno de las tinieblas, hay uno de la luz, de que hay un reino que tiene que venir, que tiene que penetrar tu corazón, instaurarse en tu corazón.

Ahora, en mi tercer punto, relacionado todavía al ministerio del Espíritu, pero en relación a nosotros y en otra dirección, es que el Espíritu o su ministerio puede ser resistido. Yo no estoy diciendo, como algunos siempre hay, que Dios es un caballero y no fuerza a nadie. Eso no es verdad tampoco. Si no, pregúntale a Jonás si Dios fuerza o no fuerza a la gente. O a Pablo, cuando lo tumbaron de donde él venía, no sé si era un caballo, un burro, un camello o de sus pies. Pero de alguna manera, en la soberanía de Dios, Dios ha permitido que el hombre tenga cierto grado de libertad y el hombre puede resistir al ministerio del Espíritu.

"Pastor, ¿y dónde está eso aquí en el texto?" En el versículo 9: "Pero cuando algunos se endurecieron..." Ahí está. Nota que no dice que los endurecieron, sino cuando algunos se endurecieron. "Y se volvieron desobedientes hablando mal del camino ante la multitud, Pablo se apartó de ellos, llevándose a los discípulos, y discutía diariamente en la escuela de Tirano." Ellos se endurecieron. Cuando tú te endureces, tú resistes la acción del Espíritu. Y tú comienzas a hablar, no solamente que tú no quieres oír el Evangelio, sino que al endurecerte tú comienzas a hablar mal del Evangelio, o comienzas a hablar mal del representante del Evangelio o de aquellos que lo predican. No te conformas simplemente con decir: "Bueno, yo no quiero oír de eso." Porque la mayoría de los incrédulos así van a decir: "Yo no quiero oír de eso." Pero hay un endurecimiento que algunos experimentan, donde no solamente no lo quieren oír, sino que te vuelves su enemigo y tú incluso hablas mal. Y ese es exactamente lo que el texto dice, que comenzaron a hablar mal del camino. Y el camino era el nombre con lo que los cristianos fueron conocidos en un momento dado. Varias veces a lo largo del libro de los Hechos se le conoce como el camino. Era vista como una secta, y esa secta que no era una secta, pero era considerada una secta, era llamada del camino.

Cuando Esteban está siendo apedreado y él está predicando y tratando de confrontar a la generación de su tiempo y aquellos en particular que estaban frente a él llevando a cabo el apedreamiento, escucha lo que Esteban dice: "¡Vosotros que sois duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oídos! ¡Resistís siempre al Espíritu Santo! Como hicieron vuestros padres, así también hacéis vosotros." Duros de cerviz, incircuncisos no solamente de oído sino de corazón, de piedra imposible de penetrar. Y en vez de prestar atención para ver si entienden la verdad, resisten la acción del Espíritu de Dios. Y eso es lo que pasó aquí.

Pablo pasó tres meses en la sinagoga. La primera vez que visitó Éfeso le invitaron incluso a que se quedara algunos días más; buenas receptividades. Luego regresa, comienza a predicar, enseñaba, y después de tres meses algunos se endurecieron, se opusieron a él y estaban oponiéndose al ministerio del Espíritu. Es increíble que dondequiera que Pablo fue, encontró resistencia, encontró oposición, y sin embargo él perseveró.

Yo quiero decirte, ya para ir cerrando, que la perseverancia es también función del Espíritu de Dios. No es tanto función tuya, es función del Espíritu de Dios. "Ah, bueno, pastor, pues yo voy a soltar las manos, voy a vivir como yo quiera, porque el Espíritu me va a preservar, porque yo soy cristiano, me va a hacer perseverar". No, tampoco funciona así. Pero tampoco quiero que te vayas de aquí pensando que depende de tu propio esfuerzo, que depende de tu fortaleza, sino que tú entiendas que no depende de eso, porque si dependiera de eso hace mucho tiempo que hubieras salido del camino.

Tú necesitas regresar a Dios e ir a tu refugio continuamente, e invocar a Dios, clamar a Dios, decirle a Dios: "Yo no puedo, yo en mí mismo no puedo perseverar", para que Dios te haga perseverar. "Te pido, te ruego, tu palabra dice clama a mí y yo te responderé. Te estoy clamando, respóndeme, escúchame mi Dios".

Escucha lo que el texto dice en los versículos 10 para el cierre. Esto continuó por dos años, porque para los que se oponían en la sinagoga, dice el texto, se fue a la escuela de Tirano. No sabemos exactamente lo que la escuela de Tirano era; se piensa que era algún tipo de local usado por los filósofos. Entonces iban y enseñaban durante algunas horas del día. Hay algunos textos de Occidente, de manuscritos de la Biblia, que hablan de que Pablo enseñaba allí de once de la mañana a tres de la tarde, que sería la hora como más caliente, donde probablemente no se estaba usando. Y el texto dice que Pablo hizo eso por dos años consecutivos. Dos años, pero ya tenía tres meses en la sinagoga, de manera que el ministerio en Éfeso duró más de dos años, entre dos y tres años.

De manera que todos los que vivían en Asia oyeron la palabra del Señor, tanto judíos como griegos. Toda esa área. Si tú lees en el libro de Apocalipsis y lees acerca de la iglesia de Laodicea y de Esmirna, y de todas las demás iglesias que están ahí, esas iglesias estaban en la misma área, en Asia Menor. Todos los que estaban en esa área oyeron la palabra del Señor, tanto judíos como griegos. Quizás un poco hiperbólico, quizás no es el cien por ciento de los individuos, pero no hubo un rincón de toda esa área que no hubiese escuchado la palabra del Señor. Eso es una función del Espíritu: hacer perseverar a Pablo en medio de la oposición, con de nuevo, con bríos, con ánimo, sin desanimarse en la predicación de la palabra.

De manera que tú puedes ver el ministerio del Espíritu de principio a fin. Pero escucha algo más: el Espíritu fue dado para esta época, para la gloria de Cristo. Nosotros estamos en la época del Espíritu Santo. Es verdad, no tenemos que ser pentecostales para decir eso, pero es para la gloria de Cristo. El Antiguo Testamento era la época como de Dios Padre. El Nuevo Testamento, bueno, mejor dicho, los evangelios era la época de Cristo, por así decirlo. No es que deja de ser la era del Padre y la era del Hijo; no, no. Estamos hablando de quién en la Trinidad está más activamente trabajando. Y ahora es la era del Espíritu para la gloria de Cristo. El Consolador tomará de lo mío y me glorificará a mí. Y eso es lo que tú estás viendo en el libro de los Hechos: es el ministerio del Espíritu Santo en toda su manifestación, en la conversión, en la preparación, en el equipamiento, en la predicación, en la defensa de la verdad, en perseverancia en medio de la oposición.

Y hoy no es distinto, de manera que tú y yo tenemos una necesidad de depender del Espíritu, sin olvidar que tus dedos siempre van a apuntar a la gloria de Cristo. Para eso Él vino, para eso se anunció: para apuntar a Cristo. Y que tú entiendas que tú fuiste bautizado con el Espíritu de Dios para hacer en ti, a través de ti, todo lo que Dios quiere que tú hagas. Y en último lugar, que tu bautismo en las aguas es un mandato de parte de Cristo: "Id por todo el mundo, haced discípulos y bautizadlos", con la intención expresa de poner de manifiesto la obra que Él lleva a cabo en el interior de aquellos que han creído. Esa es la intencionalidad.

Nos vamos a la casa hoy recordando que hemos sido bautizados por el Espíritu, que lo ponemos de manifiesto en el bautismo de las aguas, pero que el bautismo del Espíritu me capacita para vivir la vida cristiana que Dios me ha llamado a vivir.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.