Integridad y Sabiduria
Sermones

Ministrando en la luz

Miguel Núñez 7 febrero, 2016

El ministerio cristiano nace de la misericordia, se sostiene por la misericordia y se verifica únicamente en la manifestación de la verdad. Así entendió Pablo su llamado: no como un logro personal ni una plataforma para construir su propio reino, sino como un regalo inmerecido que lo mantenía firme a pesar de sufrimientos, acusaciones y decepciones suficientes para haberlo sacado de su posición hace mucho tiempo. Abrazar este ministerio implicó una renuncia radical a lo oculto y vergonzoso, a la astucia que manipula y calcula, a toda sabiduría humana que busca logros egocéntricos disfrazados de espiritualidad.

El centro de este mensaje nunca fue Pablo mismo. Él predicaba a Cristo Jesús como Señor, presentándose a sí mismo únicamente como esclavo de aquellos a quienes servía, por amor a Jesús. Aquí hay una distinción crucial: el testimonio personal no es el evangelio. Ilustra sus bellezas, pero el poder está en el testimonio de Cristo —su vida que cumplió la ley, su muerte que derramó sangre por los pecados, su resurrección que conquistó la muerte.

Si el evangelio permanece velado para algunos, no es por falta de claridad, sino porque el dios de este mundo ha cegado su entendimiento, entreteniéndolos con ofertas de autonomía, placer y reconocimiento que les impiden ver el resplandor de la gloria de Cristo. Pero el mismo Dios que ordenó que de las tinieblas resplandeciera la luz es quien hace brillar esa luz en corazones que estaban vacíos, desordenados y en oscuridad. Así como la tierra no produjo la luz por sí misma, tampoco nosotros producimos nuestra salvación: Dios dijo "sea la luz" y vinimos a la vida.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Buenos, hermanos, para mi vida! Los invito a que abran la Palabra de Dios en la Segunda Carta a los Corintios, capítulo cuatro, continuando con nuestra serie. Vamos a estar leyendo del versículo uno al versículo seis. Para aquellos que quizás están aquí por primera vez, de alguna manera, a lo largo del camino, trataremos de conectarlo con lo que hemos estado revisando, pero yo voy a ir directamente a lo que es la lectura de la Palabra, versículo uno hasta el seis, capítulo cuatro, Segunda Carta a los Corintios.

"Por tanto, puesto que tenemos este ministerio, según hemos recibido misericordia, no desfallecemos, sino que hemos renunciado a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia ni adulterando la Palabra de Dios, sino que mediante la manifestación de la verdad nos recomendamos a la conciencia de todo hombre en la presencia de Dios. Y si todavía nuestro evangelio está velado, para los que se pierden está velado, en los cuales el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos para que no vean el resplandor del Evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por amor de Jesús. Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz, es el que ha resplandecido en nuestros corazones para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo."

Padre, gracias otra vez por la luz de Tu Palabra, por el resplandor Tuyo en ella, por el trabajo que ya hace en nosotros. Nos encomendamos a Tu Palabra, como Pablo encomendaba a los ancianos de Éfeso en Mileto. Nosotros nos encomendamos a Tu Palabra y Te decimos: Dios, habla por ella, Tus siervos escuchan. Ayúdanos a poner en práctica aquello que escuchamos por medio de Tu voz escrita en la Palabra. En Cristo Jesús, amén, amén.

Bueno, el apóstol Pablo tiene otro tremendo y extraordinario texto, iluminado e inspirado por el Espíritu de Dios, donde él, en primer lugar, defiende su ministerio —el ministerio que él ha recibido— y en segundo lugar, caracteriza el Evangelio que proclama por medio de dicho ministerio. Pablo defiende su ministerio y luego lo caracteriza, lo explica. Yo voy a entrar directamente en materia, ayudándonos a ver de qué manera el apóstol Pablo defendió su ministerio.

Lo defendió porque en múltiples ocasiones él se vio acusado, e incluso acosado, por algunos que cuestionaban la integridad de su persona y de su ministerio. Lamentablemente, en el caso de la iglesia de Corinto, él necesitó presentar una defensa a favor suya, por la causa de Cristo, en nombre de Cristo, bajo la autoridad de Cristo. Entonces, para comenzar a ver cómo Pablo defiende su ministerio —de modo que en la segunda parte del mensaje podamos ver cómo lo caracteriza— quisiera que lo veamos desde tres aspectos distintos.

En primer lugar, cómo Pablo entendió el llamado al ministerio, cómo lo recibió y cómo terminó entendiéndolo. En segundo lugar, qué implicó para él abrazar el ministerio. Y en tercer lugar, la verificación de su ministerio. Comencemos por la primera parte: cómo Pablo entendió su llamado al ministerio.

En esta primera parte del texto que leímos, en los primeros dos versículos, lo que Pablo está tratando de hacer es cerrar una defensa a favor de su ministerio que comenzó en 2:14, y cierra esa defensa con estas palabras: "No andando con astucia ni adulterando la Palabra de Dios, sino que mediante la manifestación de la verdad nos recomendamos a la conciencia de todo hombre en la presencia de Dios." Pablo claramente está dejándonos ver que él no es como aquellos que tuercen y corrompen el mensaje de la Palabra de Dios, sino que más bien él pone de manifiesto dicha Palabra, y que la Palabra así manifestada es la que verifica la integridad de su ministerio. Pero eso lo vamos a explicar un poco más adelante.

Yo quería simplemente mencionar de entrada qué es lo que Pablo está tratando de hacer y cómo lo está haciendo. Pero lo cierto es que en estos seis versículos hay tremendas y profundas verdades que, si calan nuestro corazón, son capaces de poner en nosotros, o de encender, una pasión distinta a la que muchos de nosotros quizás hemos tenido en nuestra vida cristiana.

Pablo tuvo el privilegio, tuvo el honor, de recibir dos llamados el mismo día, al mismo tiempo. Yo no conozco —no digo que no exista, pero yo no conozco— ninguna otra persona que haya tenido un privilegio tan grande: ser llamado a la salvación y al mismo tiempo recibir el llamado al ministerio, como Pablo lo recibió. En mi caso, yo fui llamado a la salvación en un momento dado y años después Dios me llamó al ministerio. Pablo, que fue llamado de esa manera tan privilegiada, entendió el ministerio de una forma que aparece explicada en múltiples de sus cartas, pero aquí hay una de esas maneras en que Pablo nos ayuda a entender: esto es lo que yo pienso de lo que recibí.

Él comienza entonces a introducir su argumento —aunque no nos da grandes detalles, deja ver suficiente— con una frase: "por tanto" o "por consiguiente." Esta frase es una frase conectora; me está dejando ver que lo que él va a continuar ahora guarda relación con lo que acaba de explicar. Tenemos que preguntarnos entonces qué es lo que Pablo terminó de explicar en el capítulo tres, que antecede a este capítulo.

Algunos recordarán que Pablo estaba comparando la gloria inferior del pacto anterior con la gloria extraordinaria del nuevo pacto. Pensarse a sí mismo como ministro del nuevo pacto era algo extraordinario, porque si la gloria del nuevo pacto es tan superior a la gloria anterior, y es de esa gloria que a mí me han hecho ministro, esto es entonces fuera de serie, diríamos en nuestro país. Y él comienza diciendo: "Por tanto, puesto que tenemos este ministerio." ¿Cuál ministerio? El del nuevo pacto. ¿Cuál ministerio? El de mayor gloria. ¿Cuál ministerio? El que tiene como intermediario a Cristo. ¿Cuál ministerio? El pacto bajo el cual nosotros vivimos. De ese ministerio es que a mí me han hecho ministro. "Por tanto, ya que tenemos este ministerio, según hemos recibido misericordia, no desfallecemos."

¡Qué poderoso! Pablo claramente le estaba dejando ver a los corintios, a los falsos maestros y a sus acusadores: yo quiero que ustedes entiendan cuán consciente estoy de cómo recibí el ministerio. Según misericordia. Es la misericordia de Dios la que hizo posible que yo recibiera este regalo de ministrar bajo este nuevo pacto. Cuando yo fui llamado, cuando yo recibí esto, no había ningún crédito, ninguna buena obra, ningún logro, ninguna cualidad especial por la cual Dios me haya llamado, de tal forma que, corintios, estén conscientes de que yo estoy ejerciendo una obra de pura misericordia. Dios me dio de esa manera, Dios me otorgó gracia, y por medio de la gracia yo entiendo que es un tremendo privilegio poder ser ministro de la obra de Dios, de la predicación, de la Palabra de Dios.

Y Pablo nos deja ver algo más. Nos dice que la misma misericordia que le otorgó el ministerio es la misma misericordia por medio de la cual él no desfallece. Eso es como el texto termina: él no ha dejado su posición, él no ha dejado de ser evangelista y pastor, simplemente por la misericordia de Dios. Escúchalo otra vez: "Por tanto, puesto que tenemos este ministerio, según hemos recibido misericordia, no desfallecemos." Es como si Pablo estuviera diciendo: yo he tenido suficientes sufrimientos, sinsabores, acusaciones, persecuciones, rechazos, traiciones y decepciones, suficiente para verme sacado de esta posición hace mucho tiempo. Pero no desfallecemos, no nos rendimos, no por nuestro propio esfuerzo, sino según la misericordia que nos llamó y según la misericordia que me mantiene en la posición de continuar ministrando. "¿Entienden, corintios, claramente lo que yo entiendo? Yo no estoy construyendo un reino para Pablo ni de Pablo, porque yo entiendo cómo fui llamado y cómo permanezco. No desfallecemos."

Yo creo que este es un buen momento para ayudarnos a entender algo también a nosotros como ovejas, en general. Hay trabajos que agotan físicamente. Si tú le preguntas a alguien que trabaje en el campo quizás de sol a sol, como dicen, un cortador de caña por ejemplo, él pudiera testificar que ese es un trabajo capaz de agotarte físicamente. Hay trabajos capaces de agotarte intelectualmente; quizás un intelectual trabajando en una biblioteca por horas y horas, días y días, de un momento a otro pudiera sentirse mentalmente rendido. Y yo creo que hay trabajos que pueden cansarte emocionalmente, como pudiera ocurrirle a un consejero que se sienta a escuchar por horas interminables los problemas, las heridas, las dificultades, las fracturas de familias y matrimonios, y una serie de cosas por el estilo.

Pero el trabajo ministerial con frecuencia tiene la característica de agotar al ministro físicamente, intelectualmente y emocionalmente a la vez. Su trabajo involucra un proceso mental de estudio de la Palabra y de concentración; su labor implica largas horas de trabajo, y finalmente su ministerio frecuentemente lleva a esa persona, a este ministro, a colocarse en los zapatos del otro, tratando de entender sus luchas, heridas, dificultades, divisiones y demás. Y cuando termina de hacer todo eso, con frecuencia todavía él necesita lidiar —ha sido el caso a lo largo de la historia— con malas interpretaciones, distorsiones y mal juicio de lo que fueron sus intenciones.

El apóstol Pablo en diferentes momentos deja ver la debilidad de la naturaleza humana, y esa debilidad no fue aceptada por algunos, fue criticada, porque justamente es una de las dificultades del ministro de la palabra: que él no está supuesto a experimentar estas cosas. Pero Pablo nos deja ver aquí: "¿Sabes qué? Nosotros no desfallecemos, no porque no tengamos esas luchas y dificultades; no desfallecemos, no nos rendimos, por las misericordias de Dios." Él entendió bien qué clase de ministerio fue aquel al que fue llamado, y era importante en su defensa que otros entendieran que él comprendía la naturaleza de su llamado.

En segundo lugar, déjame enseñarte en el texto lo que implicó para Pablo abrazar el ministerio. Versículo 2: "Sino que hemos renunciado a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucias." El autor de esta carta era un perseguidor de la iglesia, era un hombre que se consideraba a sí mismo irreprensible en cuanto a la ley, pero él descubrió posteriormente que en su corazón se ocultaban cosas que le resultaban vergonzosas: pecados, prácticas, motivaciones, intenciones. Y Pablo dice: "En el momento en que yo recibí este ministerio, según misericordia, y que no me permite desfallecer, dicha misericordia, yo también hice algo más: yo renuncié a prácticas ocultas y vergonzosas."

¿Cosa que nosotros tuvimos que hacer el día de nuestra salvación? Pero que tenemos que seguir haciendo, porque lo cierto es que nosotros tendemos a ocultar el pecado, tendemos a ocultar aquello que nos trae vergüenza, tendemos a ocultar aquello que sabemos, según la Biblia, está mal, pero que de todas formas practicamos. Pablo dice: "Nosotros hicimos una renuncia de ese estilo de vida." Y quiero decirte algo más: nosotros no andamos con astucia. Pablo, ¿qué quieres decir con astucia? Que nosotros ya renunciamos a esa sabiduría humana que maquina, que manipula, que calcula, que mueve sus fichas tratando de conseguir ciertos logros, pero que al final no es más que otra motivación egocéntrica de llegar donde queremos llegar. Ya nosotros no andamos así. Renunciamos a lo oculto, renunciamos a lo vergonzoso, renunciamos a la astucia; nosotros andamos según la verdad.

Entonces, él nos da una idea no solamente de cuán bien entiende la naturaleza de su ministerio, sino de que la misma naturaleza de ese ministerio implicaba una renuncia de cosas que no correspondían a la verdad. No andamos con astucia. Y luego quiero que veas cómo Pablo entendía qué era lo que verificaba su ministerio.

Versículo 2, segunda parte: "Ni adulterando la palabra de Dios, sino que mediante la manifestación de la verdad nos recomendamos a la conciencia de todo hombre en la presencia de Dios." Los falsos maestros manipulaban la palabra, adulteraban la palabra. Pedro escribe —y lo puedo parafrasear a veces— que escribe algunas cosas difíciles de entender, que los malvados, que los perversos tuercen, como tuercen el resto de la palabra. Pero Pablo dice: "Nosotros no hacemos eso; nosotros lo que hacemos es manifestar la verdad, y al manifestar la verdad predicamos la palabra." Y cuando predicamos la palabra, no le agregamos, no le quitamos, no la diluimos, no la torcemos, no la hiperbolizamos, no enseñamos algo que Dios no nos hubiese enseñado, porque nosotros no adulteramos la palabra, sino que la manifestamos.

"Mediante la manifestación de la verdad, nosotros nos recomendamos a la conciencia de todo hombre, pero nos recomendamos de esa manera delante de Dios." Lo que Pablo está tratando de comunicar es que la palabra que él predica, la manifestación de la verdad, es la que penetra a la mente, es la que penetra al corazón, es la que ilumina la conciencia de los hombres. Y a pesar de que esta conciencia no es infalible, nosotros nos recomendamos a la conciencia de los hombres y les decimos: "Escucha mis palabras, revisa mi vida, escudriña las Escrituras que tienes y podrás ver si estas cosas concuerdan." Eso es justamente lo que Pablo dice acerca de los de Berea: que fueron más nobles que los de Tesalónica, porque cuando él fue allá, ellos todos los días escudriñaban las Escrituras para ver si lo que Pablo estaba hablando era cierto.

Por eso Pablo dice: "En vez de andar con astucia, nosotros lo que hacemos es manifestar la verdad, y mediante esa manifestación de la verdad les decimos: examínennos, escuchen mis palabras, observen mi estilo de vida, compárenlo; yo me encomiendo a su conciencia." Pero déjame decirte algo: lo que Pablo está diciendo es que él hace eso en la presencia de Dios, o delante de Dios. Es una forma de llamar a Dios como testigo de lo que está diciendo. Esa es una frase muy paulina; esa frase, "en la presencia de Dios" o "delante de Dios", aparece dieciocho veces en las cartas de Pablo, y es una manera sobria de él decir: "Presta atención y entiende delante de quién estamos."

En esencia, eso es como Pablo termina su defensa, que había comenzado en 2:14. Él va a reanudar esa defensa más adelante, pero no por ahora. Lo que hará ahora, en los versículos que quedan, versículos 3 al 6, es explicar su ministerio. Ya defendió su ministerio; ahora Pablo va a caracterizarlo. Y el ministerio que él ha recibido es el ministerio del Evangelio, que ha recibido de Cristo por medio de una revelación especial.

Pablo va a explicar, en primer lugar, por qué el incrédulo no cree el Evangelio; en segundo lugar, cuál es el centro del Evangelio; y en tercer lugar, cómo opera el Evangelio. Al parecer, había algunos que acusaban o comentaban que el mensaje de Pablo no era claro, que no era muy entendible, que quizás no se podía aceptar simplemente porque no se comprende, o quizás Pablo era un poco elitista. Los sofistas de esa época eran muy dados a pensar en una élite intelectual y a hablar para ellos. Quizás había algo de eso que se comentaba, y quizás eso motivó estas palabras de Pablo en el versículo 3.

Después de predicar la palabra, de estar con ellos un tiempo y de enviarles incluso más de una carta, Pablo dice: "Si todavía nuestro Evangelio está velado, si todavía no entienden, si todavía la verdad que predico no está clara, quiero que entiendan algo: para los que se pierden está velado." Hay un grupo para quienes el Evangelio es inentendible, y hay otro grupo que entiende la verdad que se está predicando. Pablo dijo algo similar cuando escribió la primera carta a los Corintios, en 1:18: "Porque la palabra de la cruz es necedad para los que se pierden, pero para nosotros los salvos es poder de Dios." Hay un grupo de personas que escucha la predicación de la cruz y dice: "Eso es necedad", y hay otro grupo que, al mismo tiempo, escucha la predicación de la misma cruz, del mismo mensaje, y dice: "¡Eso es poder de Dios para salvación!" De manera que para un grupo el Evangelio está velado, y para el otro está claro.

Cristo dijo algo similar —puedes buscarlo en Juan 10, lo encontrarás en la primera parte del capítulo—. Hay un grupo de personas que viene donde el Señor y le dice: "Señor, ¿hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Dinos ya claramente si tú eres el Mesías." Y el Señor dice: "Yo te lo he estado diciendo." O sea, lo que tú quieres saber, yo te lo he dicho. Y luego dice: "El problema no es ese; el problema es que ustedes no son de mis ovejas, y mis ovejas oyen mi voz, yo las conozco y ellas me siguen."

Ahora Pablo está diciendo aquí que si hay alguien que comenta que el Evangelio que él predica está velado, no es así para todo el mundo. Y luego pasa a explicar por qué está velado para algunos. Escucha de nuevo: "En los cuales —es decir, en los que se pierden— el dios de este siglo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del Evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios." ¿Por qué está velado? Porque hay un dios de este mundo, que no es el Dios de los cielos, que les ha cegado el entendimiento. El dios de este mundo no es otro que Satanás. Él es quien se acerca al Señor Jesucristo en la tentación y le ofrece todos los reinos de este mundo, porque, según dijo, le han sido dados. De alguna manera, y de forma limitada, Dios le confiere a Satanás el poder sobre los reinos de este mundo, bajo Su soberanía. En Efesios 2, el apóstol Pablo confirma que ese dios es el príncipe de la potestad del aire; ese es Satanás.

Entonces, ese dios ha cegado el entendimiento de los incrédulos —no el Dios de los cielos; el dios de este mundo ha hecho eso—, y la razón por la que lo ha hecho, de acuerdo al texto, tiene una intención específica: para que el resplandor del Evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios, no les resplandezca, para que no lo puedan ver. La pregunta sería entonces: ¿cómo Satanás ciega el entendimiento de los incrédulos? La palabra no nos da todos los detalles, pero tampoco nos deja en ignorancia; la palabra nos deja ver múltiples cosas que tú puedes ir juntando y armar más o menos el rompecabezas.

Pero yo creo que él hace eso de la misma manera que logró nublar el entendimiento de Adán y Eva. Como lo hizo, él tomó la verdad de Dios, la distorsionó, la torció y se la presentó en un paquete atractivo, de manera que la mentira que Satanás le ofrece al hombre no es algo que corresponde a una mentira de principio a fin, sino que es una verdad corrompida que, por tanto, al hombre le llama la atención. Y la verdad corrompida es una mentira. Yo no estoy diciendo que es una media mentira; yo simplemente quiero ayudarte a entender que él es lo suficientemente astuto para dejar dentro de la mentira elementos de verdad que nos hagan muy atractiva la oferta.

Y para personas creadas a la imagen de Dios y sin pecado —piénsalo bien, personas creadas a la imagen de Dios y sin pecado—, ¿qué pudiera hacer más atractivo que la idea de superarse? Porque de donde tú estás al próximo paso es básicamente ser como Dios, y la manera de hacerlo es con un poquito de esta fruta, porque Dios no te dijo toda la verdad. Dios te dijo verdad, pero no toda la verdad. Eso inmediatamente despertó el deseo de por lo menos explorarlo.

E imagínate, porque si Adán lo hubiera dicho: "Tú sabes que el secreto es que Eva no es la mujer tuya sino María," quizás Adán hubiera dicho que no, porque Dios dijo que serían una sola carne. Pero una fruta, ¿qué hubiera pensado que una fruta iba a traer todas las consecuencias que nosotros hemos tenido por miles de años? Tú no lo hubieras pensado, yo no lo hubiera pensado. Pero Satanás nos hace ofertas que nos parecen traer independencia, nos parecen traer autonomía. Al final de la ecuación, al final del día, el pecado, tuyo y mío, es un grito de autonomía, es un grito de independencia, es un grito de: yo quiero hacer lo que yo quiero hacer sin que nadie me coíba.

Satanás te trae una oferta que aparentemente nos trae placer, nos trae entretenimiento, nos trae relajación, nos trae fama, nos trae poder, nos trae seguridad, reconocimiento, aprobación, popularidad. Todas esas cosas nos parecen atractivas, y entonces nosotros somos entretenidos. En el entretenimiento, nosotros somos incapaces de ver la verdad del Evangelio. Es como decía yo esta mañana: si tú comienzas a hablarme y comienzas a hacer algo extraordinariamente llamativo, yo me enfoco en lo que estás haciendo. Mira esta mano que yo estoy moviendo aquí al frente —literalmente yo no la estoy viendo, aun la muevo hacia adelante y todavía no la estoy viendo— porque yo estoy entretenido. Entretenido con ideas, con corrientes de pensamiento, con ofertas. Y de esa manera entonces Satanás ciega el entendimiento de los incrédulos que están entretenidos en su vida de error, y les es imposible ver el resplandor del Evangelio de la gloria de Cristo.

El resplandor del Evangelio es la luz que te permite ver aquello que estaba delante de tus ojos pero que tú eras incapaz de ver. Es eso que te capacita para ver la verdad en medio de la oscuridad. El resplandor del Evangelio es como esta ilustración: te meten en una habitación con una oscuridad sumamente densa; no hay nada que tú puedas ver. Tienes un obstáculo ahí delante de ti y, de repente, alguien enciende una luz, y tú dices: "¡Oh, wow, casi me choco con eso!" Pero estaba ahí y no lo podías ver, no porque no existiera, sino porque no había luz. Y eso es exactamente lo que Dios hace con nosotros: nos trae su luz, y entonces ese Evangelio que nos trae la luz nos permite ver la gloria de Cristo.

El Evangelio es la gloria de Cristo. ¿De qué manera es el Evangelio la gloria de Cristo? Porque el Evangelio es un mensaje, sí, es un mensaje, pero es más que un mensaje. En el Evangelio tú puedes ver el amor de Dios; en el Evangelio tú puedes ver la gracia de Dios; en el Evangelio tú puedes ver la misericordia de Dios; en el Evangelio tú puedes ver la justicia de Dios, que entregó al Santo por el impuro; en el Evangelio tú puedes ver el poder de Dios, que conquistó la muerte. De tal forma que en el mensaje del Evangelio tú puedes ver la esencia de quién Dios es, de quién Cristo es. Y dijimos la semana pasada que la gloria de Dios no es más que su propia esencia, su naturaleza, aquello que él irradia desde el interior de su ser hacia afuera. Y en esa misma manera, el Evangelio representa una reflexión de la gracia, el amor, la misericordia, el poder y la justicia de Dios, radiando hacia afuera y haciéndose realidad en la persona de su Hijo. Por eso algunos han dicho que Cristo es el Evangelio y el Evangelio es Cristo.

Y entonces, si eso es así, Pablo va a explicar que ese Cristo es el centro de su mensaje y es el centro de su ministerio. El versículo 5: "Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por amor de Jesús." Ya Pablo ha dicho que él no anda con astucia, sino que mediante la manifestación de la verdad —y dijimos que esa manifestación de la verdad es su predicación— ahora él dice: nosotros no nos predicamos a nosotros mismos. Si tú crees que yo estoy construyendo un reino de Pablo para Pablo, presta atención a mis palabras, porque yo no me estoy predicando a mí; yo estoy predicando a Jesús como Señor.

Y cuando nos mencionamos, nos mencionamos en este contexto —escucha—: "y a nosotros como siervos vuestros por amor de Jesús." El centro de mi mensaje no somos nosotros, corintios; es Jesús, y Jesús como Señor. Y nosotros somos una parte periférica, como siervos. De hecho, la palabra es *doulos*, que implica esclavos: nosotros somos esclavos vuestros por amor de Dios.

Este es un buen momento para pausar y recordar, porque Pablo está hablando de que no nos predicamos a nosotros mismos. Entonces, es un buen momento para recordar que mi testimonio no es el Evangelio. Cuando alguien te pregunta y tú le hablas de la salvación: "Bueno, yo le digo mi testimonio." ¡Qué bueno que lo haces! Tu testimonio, pero eso no es el Evangelio. La Palabra de Dios no dice que mi testimonio es el poder de Dios para salvación. ¿Cierto? El Evangelio es el poder de Dios para salvación, y ese Evangelio es el testimonio de Cristo: su vida, su muerte y su resurrección. Mi testimonio ilustra el Evangelio, ilustra las bellezas del Evangelio, pero el poder está en el testimonio de Jesús.

Por eso Pablo dice: no nos predicamos a nosotros mismos. Mi mensaje es acerca de la vida de Cristo, que cumplió la ley a cabalidad y lo calificó para morir en mi lugar. Mi mensaje es acerca de la muerte de Cristo, derramando sangre para perdón de pecados. Mi mensaje es acerca de la resurrección de Cristo, conquistando la muerte. Cristo es el Evangelio hecho hombre, y el Evangelio es Cristo.

Pero Pablo dice: nosotros somos siervos vuestros, esclavos vuestros, por amor de Jesús. En otras palabras, corintios, examinen cómo les hemos administrado. ¿No se dan cuenta de que es a ustedes a quienes hemos servido, que somos siervos vuestros? ¿No se han dado cuenta, corintios, que yo no tenía ningún interés de parte de ustedes, que ni siquiera acepté salario ni que me mantuvieran en ningún momento, justamente para que no se cuestionara la motivación por la cual yo trabajé? Pero lo hemos hecho por una sola razón, corintios: por amor de Jesús. Que es como literalmente debieran ser todas nuestras obras: por amor a Él. Si tú entiendes tu salvación, tú vas a amar a tu Salvador. ¿Cierto? Si amas a tu Salvador, tú vas a obedecer sus mandamientos. ¿Cierto? "Si me amáis, obedeced mis mandamientos." Y si vas a obedecer un mandamiento, le vas a servir a los hombres incondicionalmente; serás un *doulos* de ellos por amor de Jesús.

Por tanto, es una incongruencia amar a Dios, recibir su salvación y no servirle a los hombres. La única manera de servirle a Dios aquí abajo es sirviéndole a los hombres de manera incondicional, porque "cuando lo hiciste aun por los más pequeños de estos, a mí me lo hiciste." Si amas tu salvación, amarás a tu Salvador; si amas a tu Salvador, obedecerás sus mandamientos; si obedeces sus mandamientos, le servirás a los hombres. Nosotros somos vuestros siervos, dice Pablo.

Ahora Pablo explica —ya explicó cuál es el centro del Evangelio, explicó por qué el incrédulo no ve el Evangelio, explicó cuál es el centro del Evangelio en la persona misma de Jesús— y ahora les explica cómo opera el Evangelio, en estas palabras extraordinarias del versículo 6: "Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo."

La gran mayoría de los académicos está de acuerdo en que Pablo ha hecho un retroceso, por así decirlo, en su mente y ha regresado al libro del Génesis. Está pensando, cuando escribió estas palabras, en que en un momento dado no había nada: la tierra estaba en tinieblas, estaba vacía, estaba desordenada. Y Pablo está usando esa ilustración para ayudarnos a entender cómo opera el Evangelio. Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el mismo Dios que un día hizo que resplandeciese la luz en el interior de nuestro ser.

Piensen en el libro del Génesis por un momento. La tierra estaba vacía, sin orden, estaba en tinieblas; el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas, y un día Dios dijo: "Sea la luz," y la luz fue. ¿Lo recuerdas? Pues Pablo está tratando de hacernos entender que un día Dios te interceptó, y cuando en el interior de tu vida había tinieblas, y tu vida estaba desordenada, y tú estabas vacío, sin propósito, sin sentido, sin dirección, Él te encontró más o menos como encontró la tierra. Y el Dios que un día dijo en medio de la oscuridad "sea la luz" es el Dios que un día, cuando te interceptó, dijo: "Sea la luz en tu interior," y tú, que estabas muerto, viniste a la vida. Ese es el Dios de quien Pablo estaba hablando.

Cuando la tierra estaba así, Dios dijo: "Sea la luz", y hubo luz. Cuando tú estabas de la misma manera, Dios dijo: "Sea la luz", y tú, que estabas muerto, viniste a la vida. Entonces, ¿cuál fue mi participación, pastor? La misma participación de la tierra. ¿Cuál fue la participación de la tierra? Producir luz de la nada. ¿Cómo Dios lo hizo? Por medio de su palabra. ¿Cómo Dios dice "sea la luz" en el interior de la vida de un hombre? Por su palabra, porque la fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios.

Dios trajo luz a la tierra por medio de su palabra. Dios creó el universo por medio de su palabra. Dios sostiene el universo por medio de su palabra, y Dios trajo la luz a tu vida por medio de su palabra y sostiene tu alma por medio de su palabra. Por eso dice el teólogo John Fuey: "Todo lo que Dios hace, lo hace por medio de su palabra, y todo lo que su palabra hace, Dios hace." Entonces, así como Dios sostiene el universo por medio de su palabra, cuando esa palabra penetra el interior de la mente y hace el trabajo para el cual ella fue enviada, tú comienzas a obtener el conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo, de lo que habla ese texto final.

Escucha otra vez cómo Pablo lo dice: que es ese Dios el que ha resplandecido en nuestros corazones para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Yo creo que hablé de esto en el mensaje anterior: no hay ningún otro lugar en todo el universo, que no sea en la persona de Cristo, donde la gloria de Dios puede ser vista. Verdaderamente. Subraya eso: verdaderamente.

Si tú piensas en el universo, el universo refleja la gloria de Dios de la misma manera que un espejo refleja mi imagen. Yo voy al espejo, me presento frente a él, me miro y digo: "Bueno, tengo una ceja aquí, otra aquí, mira mi nariz, tengo una cicatriz aquí, tengo barba." El espejo me refleja tal cual yo soy. Sí me refleja como yo soy, pero el espejo no es Miguel. De la misma manera, el universo refleja la gloria de Dios, pero el universo no es la gloria de Dios.

Pero cuando tú piensas en la persona de Cristo, ahora tú estás viendo —y cuando llegues a verle, tú estarás viendo— la gloria de Dios encarnada en Él, porque dijimos que la gloria de Dios es su esencia, su naturaleza, todo lo que Él es. Y eso es exactamente lo que la palabra de Dios nos deja ver: en Colosenses 1:15 se nos dice que Él es la imagen del Dios invisible, y en Hebreos 1:3 se nos dice que Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza. Cristo es la representación exacta de la naturaleza del Padre; no hay nada en el Padre que no esté en el Hijo, absolutamente nada.

Como creo que también lo mencioné, así como Edwards lo pensó: en la eternidad pasada, cuando Dios pensó en sí mismo, tuvo una idea perfecta de sí mismo. Cuando proyectó esa idea perfecta de sí mismo hacia afuera, ¡boom!, ahí estaba el Hijo. El Hijo ha sido alguien eternamente generado desde el interior del Padre, y eso es como el Hijo existe. Si tú puedes entender eso —y al fin nadie acaba de explicármelo del todo—, el Hijo es la expresión exacta del carácter de Dios. Cuando tú entres en gloria y te encuentres con el Hijo, tú estarás viendo la gloria de Dios como verdaderamente es. No hay más fuera de Él; Él es. No hay otra cosa más que ver ni conocer: Él es, Él encierra la plenitud de la divinidad y toda la gloria que tú podrás jamás ver.

Pero escuche: Dios nos informa que cuando ya estés frente a Él, habrá una gran similitud con Él, porque yo le veré tal como Él es, porque seremos como Él es. Eso es extraordinario: que Dios tomó hombres pecadores, rebeldes, caídos en su pecaminosidad, los redimió, los fue llevando hasta llevarlos al punto de encontrarse con su propia gloria y poder decir: "¡Wow, pero me parezco!" Imagínense eso. Imaginen lo extraordinario que eso es.

Recuerda cómo Dios encontró la tierra y cómo Él dijo: "¡Sea la luz!" Y entonces en el día uno comenzó a separar cosas, en el día dos separó otras cosas, en el día tres le fue dando orden. Dios te encontró y me encontró en la misma condición: todo desordenado y en tinieblas. Y un día dijo: "¡Sea la luz!" Y sabes lo que hizo: comenzó a darme orden. En el día uno: "Vamos a dejar esos pecados atrás, esas formas de pensar y estilos de vida." En el día dos: "Vamos a dejar esto." Y fue santificando mi vida, poco a poco, dándome el orden necesario. Y cuando tú ya vas por el día cuatro, usando la ilustración, tú ya ves: "¡Mi vida está mucho mejor!"

Pero tú tienes que recordar lo que Pablo recordó, y es que eso es posible por la misericordia de Dios, por la gracia de Dios, no por ningún esfuerzo humano, sino porque Dios lo hace posible por medio de la operación de su gracia. Y Pablo dice: "Yo soy ministro de ese evangelio, por medio del cual Dios te encuentra en el lodo cenagoso y a través del cual te sigue santificando, hasta que tú te encuentres con el evangelio hecho persona en los cielos." Y cuando tú te encuentres con el evangelio hecho persona en los cielos, estarás frente a la gloria de Dios. Cuando estés frente a la gloria de Dios, tú vas a tener mucho parecido con Él.

Si tú crees eso, ¿cómo vas a responder a tu salvación? ¿Cómo vas a vivir? ¿Cómo te vas a entregar? ¿Cómo vas a caminar en la santidad, en la integridad de corazón? ¿Cómo vas a tratar de mantener cosas que todavía pertenecen al mundo anterior? ¿Vas a tratar de compartir el mundo anterior con el mundo venidero? ¿Vas a tratar de tener un pie en el mundo de las tinieblas y otro pie en el mundo de la luz? ¿Cómo vas a caminar? ¿Cómo vas a responder? ¿Cómo vas a amar a tu Dios? ¿Cómo vas a amar su palabra?

La oración es que Dios todavía acabe de iluminar las áreas oscuras de nuestro entendimiento, de tal manera que esas áreas oscuras y en penumbras no sean las que estén produciendo todavía en nosotros un caminar que es discordante con la gloria del Evangelio que hemos recibido y del Espíritu que mora en nosotros. Miren, es muy posible que Dios haya dicho en el interior de algunos aquí: "Sea la luz." Que por eso que Dios haya dicho y hecho, ahora tú puedes ver. Y de repente tú tienes un interés marcado y puedes tener un entendimiento de verdades que antes no tenías, y que quizás junto con eso tú estás experimentando deseos de arrepentimiento, o convicción, o peso —como quieras llamarle— y un deseo de pedir perdón.

Ahí donde tú estás, tú puedes simplemente hablar con Dios y podrías decirle: "Señor, Tú has dicho a mi vida: 'Sea la luz.' Tu luz ha venido a mí. Ahora yo puedo ver mi condición de pecador, y ahora también yo puedo experimentar lo que antes no experimentaba, que es un deseo de arrepentirme y de experimentar Tu perdón por medio de Tu gracia, por medio de Tu Hijo que fue clavado en una cruz a favor de mis pecados. Y ahora yo quiero decirte: Señor, gracias, estás en mi vida. No es mucho, no vale gran cosa, pero todo lo que tengo aquí está. Y Tú, que has dicho 'sea la luz', me has permitido ver que la vida que verdaderamente tiene valor es la Tuya. En Tu nombre, Jesús, por Tu gracia, por Tu misericordia, yo la recibo hoy."

"Gracias por Tus bondades. Gracias, Dios, porque de una forma que aún no entiendo, me encontraste en un estado de rebeldía, y hoy —o ayer, o el año pasado— me has traído a un estado de hijo y de adorador. Y ahora veo. Abriste mis ojos. Ahora siento, ahora quiero." O quizás: "Señor, yo hoy he entendido tanto mejor la gracia, la maravilla, la gloria de lo que me has entregado por Tu misericordia, que yo hago un nuevo compromiso contigo de vivir de una manera más digna, más de acuerdo con lo que Tú me has entregado."

Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos e iglesias comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. Hasta la próxima, cuando nos reencontremos en su palabra.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.