Filipenses 4:19 contiene una promesa que, si realmente la creyéramos, pondría fin a todas nuestras preocupaciones: Dios proveerá a todas nuestras necesidades conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. El problema es que en lo más profundo de nuestro ser no hemos acabado de creer estas palabras. Vivimos ansiosos porque dudamos de un Dios cuyas riquezas son inagotables y no merman cuando da. A diferencia de cualquier millonario terrenal cuya fortuna es limitada en cantidad, naturaleza y tiempo, cuando Dios suple una necesidad —ya sea a una persona o a mil millones— al terminar tiene exactamente lo mismo que antes de comenzar.
Estas riquezas están disponibles únicamente para quienes están en Cristo Jesús. Pero esa gracia que recibimos gratuitamente le costó a Cristo todo. Siendo rico, se hizo pobre para que nosotros, siendo pobres, llegáramos a ser ricos. Pablo, quien escribe desde una prisión romana, puede hablar de "mi Dios" porque ha experimentado personalmente esa provisión en las peores circunstancias. Su vida entera está permeada por Cristo: sus prisiones son a causa de Cristo, su diabetes espiritual es parte de vivir para Cristo, todo es ocasión para glorificarlo.
La carta concluye con un detalle extraordinario: entre quienes envían saludos están algunos de la casa del César. Pablo, encadenado, aprovechó cada cambio de guardia para evangelizar. Su vida era un evangelio expuesto. Esa es la invitación: no buscar la eliminación de los obstáculos, sino la gloria de Dios en medio de ellos. El gozo no se busca directamente; es el resultado natural de buscar su gloria en cualquier circunstancia.
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Filipenses 4 es el texto de hoy. En el día de hoy vamos a estar leyendo del versículo 19 hasta el 23, pero antes déjenme rápidamente recordar algunas cosas acerca de esta carta, ya que la estamos concluyendo. Recordemos que esta es la carta que Pablo envía a la iglesia de Filipos. Filipos fue la primera iglesia en el continente europeo. Pablo había avanzado en su segundo viaje misionero hasta Troas y desde ahí había tratado de entrar a Bitinia, a evangelizar, y a Misia también, pero el Espíritu de Dios solo lo impidió, y en el proceso Pablo recibe una visión de un varón macedonio que le pedía ayuda y le decía: "Ven hasta nosotros y ayúdanos."
Pablo se dirige en esa dirección y llega a un puerto de la costa, camina hasta Neápolis y de ahí hasta Filipos. Allí, en el primer día de reposo, a orillas del río se encontró con una mujer de nombre Lidia, alguien pudiente aparentemente, curtidora de pieles de púrpura, quien fue —sin "probablemente"— la primera convertida en el continente europeo. Pablo continúa ministrando en esos primeros días y se encuentra con una joven poseída de un demonio que continuamente, al parecer, seguía a Pablo, diciendo que estos hombres proclamaban el camino del Señor. Pablo libera a esta mujer del demonio y entonces aquellos que hacían dinero a través de su adivinación procuran introducir a Pablo en la cárcel, y así lo hacen.
Y allí, aquella noche, ocurrió un gran terremoto que sacudió los cimientos de la tierra, las puertas se abrieron, y el carcelero creyó que todos los prisioneros habían salido. Pero en realidad el apóstol Pablo y los demás estaban todavía ahí. Pablo lo detiene y le dice: "No te mates, no te quites la vida", que era lo que estaba a punto de hacer, pensando que ya todo el mundo había escapado y que él perdería su vida. El carcelero entonces le dice: "¿Qué debo hacer para ser salvo?" Y creyó, y de ahí van y lo bautizan a él, y toda su casa creyó. Los primeros creyentes de esta iglesia fueron una mujer adinerada y un pobre carcelero, en la misma iglesia. ¡Gloria a Dios! Ese fue el inicio de esta iglesia.
Pablo sigue su viaje, regresa e inicia su tercer viaje misionero, termina ese tercer viaje misionero, y eventualmente se dirige a Roma, llegando como prisionero. Diez años después de haber plantado esta iglesia, él escribió esta carta. Esta es la carta a los Filipenses que hemos estado recorriendo durante los últimos meses. Con esa breve introducción, voy a leer entonces del versículo 19 al 23.
"Y mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. A nuestro Dios y Padre sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Saludad a todos los santos en Cristo Jesús. Los hermanos que están conmigo os saludan. Todos los santos os saludan, especialmente los de la casa del César. La gracia del Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu."
Bueno, este es el último texto de esta carta y, como dijimos, hemos recorrido mucho terreno. Creo que es mucho lo que hemos aprendido; hemos visto mucha de la teología de Pablo detrás de su estilo de vida. Y ciertamente así es como debemos verlo: nuestro estilo de vida es una reflexión directa de la teología que realmente creemos. Lo diré otra vez: nuestro estilo de vida —el que sea—, nuestras reacciones frente a la vida, nuestras emociones y sentimientos, y la manera como reaccionamos, es una reflexión directa de la teología que nosotros verdaderamente creemos.
Lo que vemos en el apóstol Pablo cuando él escribe esta carta y otras de sus cartas es toda aquella teología que él había logrado entender, había logrado introyectar y aplicar a su vida, y eso resulta en un estilo de vida que a todos nosotros nos asombra. Una vez más, entonces, Pablo está concluyendo esta carta de una manera similar a cómo lo hace con otras cartas, donde nos recuerda que tenemos un Dios grandioso y extraordinario, y a la vez saluda a algunos de los hermanos. Es como si al final él quisiera darnos una perspectiva vertical de bajo quién nosotros vivimos, existimos y nos movemos, y a la vez quisiera darnos una perspectiva horizontal de cómo debemos vivir de este lado de la gloria.
Una y otra vez Pablo quiere ayudar al creyente a afianzar su creencia en la providencia de Dios, en el poder de Dios, en la fidelidad y en el amor de Dios. En el caso de los filipenses, yo creo que Pablo quiere ayudarles a entender que en cada una de sus necesidades —recordemos que esta es una iglesia que ha dado de su profunda pobreza— él quiere que esa iglesia que ha dado de lo que no tiene pueda recordar que Dios ha de proveer a todas y cada una de las necesidades que ellos pudieran presentar en el futuro. Independientemente de cuál sea la naturaleza de la necesidad, de cuál sea el lugar o el tiempo de la necesidad, Dios se hará presente.
Si los filipenses pudieron creer eso, y si nosotros pudiéramos creer eso —verdaderamente creerlo—, eso sería el fin de nuestras preocupaciones. Nosotros vivimos preocupados porque en realidad, en lo más profundo de nuestro ser, no hemos acabado de creer Filipenses 4:19. Si nosotros no tuviéramos ninguna otra verdad, ningún otro versículo de la Biblia, y solo tuviéramos ese, y a la vez creyéramos completamente el contenido detrás de estas palabras, yo creo que nosotros tendríamos nuestras vidas completamente resueltas, por lo menos en términos de ansiedad y preocupación.
El Señor Jesús una y otra vez nos insistió, a su paso por la tierra, que no teníamos necesidad de preocuparnos, que no nos preocupáramos por el día de mañana, que cada día tiene su propio afán y que ese día que tiene su propio afán estaba bajo el control de Su Padre, que alimenta las aves, que hace florecer las flores y los arbustos del campo, que embellece las flores del campo y las viste con tanto esmero y cuidado.
De manera que ahora, en este final de la carta, yo quiero que veamos dos cosas en esencia; lo voy a resumir en dos puntos. Punto número uno: nosotros tenemos un Dios grandioso. Punto número dos: nosotros pertenecemos a una gran familia. Un Dios grandioso y una gran familia.
Nota cómo Pablo comienza refiriéndose a ese Dios grandioso con la expresión "mi Dios", de una manera tan personal, de una manera tan cercana. Yo creo que si hay alguien que pudiera testificar de cómo Dios le ministró y le suplió de una manera personal, es este hombre, el autor de esta carta. Y de esa misma forma, creo que al usar la fórmula "mi Dios", se les está tratando de comunicar a los filipenses que ellos necesitan llegar a conocer a ese Dios de una manera tan cercana que pudieran también poder decir: "mi Dios". No simplemente "Dios", sino "mi Dios".
Pablo abrazó la causa de Cristo de tal forma que él podía hablar de "mi causa". Él abrazó el evangelio de tal forma que en ocasiones habla de "mi evangelio", y en este caso habla de "mi Dios". Esta no es la primera ni la única vez que Pablo habla de esa manera. Cuando él escribe a los Romanos, habla de la misma forma: "mi Dios". Cuando escribe la primera carta a los Corintios, habla de "mi Dios". En la segunda carta a los Corintios: "mi Dios". En la carta a Filemón: "mi Dios". Y ahora en la carta a los Filipenses: "mi Dios". Él ha tenido una experiencia personal, cercana, frecuente, diaria, en las peores necesidades, para poder hablar de "mi Dios". Y creo que él quiere que los filipenses le conozcan de la misma manera.
Este Dios del que Pablo habla —que es "mi Dios"— puede llenar y está pendiente para llenar cada necesidad, independientemente de que sea física, emocional, material, intelectual o espiritual. No importa la naturaleza de la necesidad. Si un día estás cansado física o emocionalmente, Dios te dice que aquellos que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas, que correrán y no se cansarán. Pero necesitas esperar en Él. No puedes esperar en tu propia sabiduría, no puedes esperar en el poder de tu carne. Necesitas esperar en Él, y esos tendrán sus fuerzas renovadas, correrán y no se cansarán, y se remontarán como las águilas.
Si estás triste, Dios nos recuerda que su gozo es nuestra fortaleza. Si estás en necesidad de alimento, Dios mira la creación y te hace mirar la creación y te dice: "Mira las aves del campo, mira cómo no se preocupan, y todos los días cuando ellas se levantan tienen alimento para sus crías." Si te encuentras atrapado por una enfermedad, en una situación familiar, en una situación matrimonial, en cualquier otra situación, o en una situación como la de Pablo en la cárcel, Dios te dice: "Mi gracia es suficiente. Mi gracia te sostendrá, mi gracia te proveerá, mi gracia será aquello que tú necesitas para descansar en la situación de atrapamiento en la que te encuentras."
Ahora, lo mejor de todo es cómo Él promete hacerlo. Porque el apóstol Pablo dice: "Mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades" —materiales, emocionales, físicas, espirituales, no importa, en cualquier tiempo, en cualquier lugar—. Pero ¿cómo lo va a hacer? De acuerdo, o conforme a sus riquezas en gloria. ¿Se entiende bien eso? ¿Has pensado un momento en lo que hay detrás de "sus riquezas en gloria"? Porque es conforme a la inmensidad de esas riquezas que Él proveerá a nuestras necesidades.
Toda riqueza aquí en la tierra es limitada. Bill Gates tiene mucho dinero, tiene muchos millones de dólares, pero lo que él tiene es limitado: tú puedes contarlo y tiene un fin. Y no solamente es limitado en cantidad, es limitado en su naturaleza; sus riquezas no pueden llenar todo tipo de necesidad, no pueden llenar nuestras necesidades emocionales o espirituales. Y no solamente es limitado en la naturaleza, sino también es limitado en el tiempo: son riquezas temporales.
Son riquezas que de aquel lado de la gloria no pueden ayudar absolutamente a nadie. Ni a él lo podrán ayudar, ni a ningún familiar que él tenga allá del otro lado de la gloria. Lo que él tiene es limitado en cantidad, es limitado en su naturaleza, es limitado en el tiempo. Ningún millonario de la tierra nos puede ayudar más allá de lo que sería una necesidad material, y tampoco lo puede hacer en todo momento y en todo lugar.
Pero si piensas en nuestro Dios materialmente, Él posee la tierra y todo lo que hay en ella y todo el universo. Gates y todos sus millones le pertenecen a Dios. Si piensas más allá de lo material, entonces tienes que pensar un poco más de lo que habitualmente nosotros hacemos. Déjame ver si lo puedo ilustrar. Si Bill Gates te da 500 millones de dólares, te dio mucho. Le quedan muchos más, pero le queda mucho menos. Cuando Dios da algo para suplir una necesidad, no importa si es a una persona o a un billón de personas; cuando Él termina de suplir, Él tiene tanto de eso que suplió al final de haber suplido como al principio, antes de hacerlo.
¿Me entendieron? Sus riquezas no solamente son inagotables, sus riquezas no menguan. Cuando Dios da lo que Él está dando, no menguan, no disminuyen; continúa teniendo la misma cantidad de eso que está dando, y lo ha tenido de esa manera desde toda la eternidad. Y ahora Pablo me dice que de esas riquezas en gloria, inagotables y no mermables, de eso Él va a suplir mi minúscula, finita, temporal y terrenal necesidad.
¿Cuál es tu problema y mi problema? Cuando Dios puede suplir de una manera tan abundante, suple de su riqueza; sus recursos son infinitos, son inagotables. ¿No ha visto los ríos cómo van al mar continuamente, y cómo los ríos no se acaban de agotar ni el mar se acaba de llenar? Pues sus riquezas son superiores a la creación todavía. Piensen en ese Dios. ¿Tiene dudas? ¿Tiene dudas de que el Dios que un día miró fuera de sí, no había nada, habló, y billones de galaxias, billones de galaxias se formaron? ¿Tiene duda de que ese Dios un día puede hablar en tu necesidad y simplemente suplir lo que necesitas?
Pastor, pero no está llegando. Eso es parte de su gracia para contigo, porque Él no simplemente está detrás de llenar una necesidad; Él está detrás de algo superior a la necesidad, que es la imagen del Hijo en ti.
Ahora, escucha. Pablo no simplemente habla de qué nos va a suplir de sus riquezas en gloria, sino que él califica esas riquezas en gloria; él las llama "en Cristo Jesús". Esa frase está llena de contenido. Quizás una de las frases de mayor contenido es esta: en Cristo Jesús. Porque para comenzar, estas riquezas en gloria inagotables, que yo traté de apenas comenzar a describir, están disponibles única y exclusivamente para aquellos que están en Cristo Jesús. Si yo no he creído en Él, si yo no he dado mi vida a Él, si yo no he entregado mi vida a Dios, no estoy en Cristo Jesús. Si no estoy en Cristo Jesús, yo no puedo tener mi necesidad llenada de sus riquezas en gloria, porque no son para los que están fuera de Cristo Jesús, sino para los que están en Cristo Jesús. Pero si estoy en Él, entonces no tengo razón para dudar, porque todas las riquezas que están disponibles en las manos de Dios están disponibles para mí.
El apóstol Pablo está tan centrado en que todo es en Cristo, que en esta carta que apenas tiene cuatro capítulos, que tú puedes leer en menos de media hora, él menciona la palabra Cristo no menos de cuarenta veces. Todo es en Él, por Él, de Él, para Él. Y de esa misma manera en que la vida de Pablo, el pensamiento de Pablo y las cartas de Pablo estaban permeadas de principio a fin con la persona de Cristo, de esa misma manera tu vida y la mía necesitan llegar a ser permeadas.
No hay forma de que nosotros tengamos el aroma de Cristo hasta que Cristo no pueda permear mi mente, mi corazón, mis emociones, sentimientos, voluntad, todo lo que quiero, todo lo que pienso, toda mi agenda, todos mis sueños, todo lo que persigo, todo lo que deseo. Cuando Cristo permee todo eso y sea el Señor y dueño de todo eso, mi vida será un aroma grato a su presencia, y yo podría decir con Pablo: "Para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia." Y podría disfrutar de todas las riquezas en gloria.
Pablo comienza la carta a los Filipenses diciendo que él es un siervo de Cristo, en 1:1. Luego, unos versículos más abajo, dice que sus prisiones son a causa de Cristo. Pastor, ¿pero cómo es posible que si él está luchando por Cristo, termine en prisión? Al punto que Pablo confiesa que está en prisión a causa de Cristo. Y dice: "Todas mis prisiones son a causa de Cristo." Pero Pablo no tiene problema con eso, porque como para él el vivir es Cristo, entonces la prisión es parte de su vivir.
Una vez yo digo "para mí el vivir es Cristo", mi diabetes de 43 años es parte de mi vivir, y mi vivir es Cristo; es parte de lo que significa vivir para la gloria de Cristo. Está bien. Y mi carencia, o mi necesidad, o mi dolencia, o la condición en la que me encuentro, es parte de lo que es vivir; y como para mí el vivir es Cristo, es parte de lo que significa glorificar a Cristo en la condición en la que me encuentro. ¿Me van entendiendo?
Para Pablo, la actitud que debiéramos tener y con la que debiéramos vivir es la misma actitud que hubo en Cristo Jesús cuando dejó su gloria. Pablo consideró todo lo que había ganado, todo lo que había acumulado, todo su currículo, todo lo que le había dado sentido, significado, propósito y valor; consideró todo eso como basura, a fin de conocer a Cristo. Compara eso con lo que muchas veces nosotros hacemos: comprometemos nuestro tiempo en trabajos y mil otras cosas, en diversiones, a expensas de Cristo. Pablo sacrificó todo lo demás a fin de conocer a Cristo; nosotros conocemos todo lo demás a expensas de conocer a Cristo. Entonces no podemos decir: "Para mí, el vivir es Cristo."
En Cristo, Pablo entiende que todo lo puede, porque Él le fortalece. Es una manera de vivir, es la teología que él llegó a creer. Entonces, este Pablo que me dice que Cristo proveerá a todas mis necesidades de sus riquezas en gloria, ¿cuánto tenemos? Porque si es que Él va a proveer de sus riquezas en gloria, se implicaría que sus riquezas están a mi disposición. Yo quiero saber, yo quiero hacer la cuenta, yo quiero pasar balance: ¿cuánto tengo? Vamos a tratar de pasar revista a algunas cosas para ver una porción pequeña de lo que tenemos.
Romanos 2:4 habla de las riquezas de su bondad, tolerancia y paciencia para con nosotros. Esto es parte de tu cuenta. La paciencia de Dios para contigo, para conmigo. La tolerancia de Dios en tu desobediencia y en la mía. La tolerancia de Dios en nuestra rebelión, la tolerancia de Dios en nuestra infidelidad. Las riquezas de su paciencia, la riqueza de tolerancia que sobreabundó en bondad para con nosotros, esperando a que nosotros nos arrepintiéramos. Y ya arrepentidos y habiendo pertenecido a su familia, todavía es necesario que cada día Dios sea paciente, tolerante y bondadoso conmigo. Todo eso es parte de mi arsenal, parte de mis riquezas en gloria. ¿Quieren más? Hay más.
Romanos 9:23 habla de las riquezas de su gloria. ¿Qué piensan un momento? Las riquezas de su gloria, porque de ahí es que me van a suplir a mí. Yo tengo que saber dónde me van a suplir para saber si puedo tener confianza en Dios. ¿Cierto? Me van a suplir de las riquezas de su gloria en el cielo. Yo tengo que saber lo que es su gloria, porque de esa riqueza me van a suplir. Bueno, su gloria es su esencia, su carácter. De tal manera que ahora Dios va a llenar mis necesidades a partir de su carácter bondadoso, misericordioso, poderoso, omnipresente, santo, fiel, justo. Todo eso es parte de mi riqueza, que ha sido puesto a nuestra disposición en Cristo Jesús: las riquezas de su gloria.
Efesios 1:7 habla de las riquezas de su gracia, por medio de la cual hemos tenido redención. Esa gracia actuando a favor nuestro, que permitió la elección, la salvación, la justificación, la santificación presente, el hecho de ser preservados hasta el día final y la eventual glorificación. Cada una de esas cosas fue hecha posible por medio de su gracia: las riquezas de su gracia para con nosotros. En otras palabras, cada cosa que tenemos es su gracia la que la hace posible. Dios te sostiene a ti y a mí cada día en las tormentas de la vida por medio de su gracia. Si no fuera por su gracia, hace tiempo que Él nos hubiese dejado y, en buen dominicano, nos hubiese soltado en banda. Hace mucho tiempo. Su gracia te retiene en su puño; su gracia te sostiene en las peores corrientes de la vida.
Su gracia, a cada uno de nosotros, nos ha sostenido en tormentas de la vida y en situaciones difíciles. Esas situaciones nos han herido en diferentes momentos, a diferentes niveles y profundidades: a uno desde niños, a otro en la adolescencia, a otro en la adultez, a otro durante todos los años. Y esas heridas profundas son sanadas por medio de la gracia de Dios en Cristo Jesús. Muchas, sanadas; otras están en proceso de sanación. Pero lo que hace posible que yo pueda sanar después de haber sido sostenido en la tormenta, habiendo sido herido en ella, es la gracia de Dios que lo permite. Es una gracia sanadora.
Él nos recuerda entonces, cada vez que nos ministra: "Tú has sido salvado por mi gracia. Estás siendo sostenido por mi gracia." Cuando tú oras, tú quieres que Cristo te oiga. Hay una sola razón para oírte: su gracia. Cuando tú oras, tú quieres que Cristo te responda. Hay una sola razón por la que Él te respondería: es por gracia. Por eso es que es en Cristo Jesús. Por eso es que oramos en el nombre de Cristo. Porque la única razón por la que Dios Padre estaría inclinando su oído y luego inclinando su mano para suplir mi necesidad es porque su gracia lo mueve a oír y lo mueve a actuar en mi favor. Nada más. Es esa gracia en Él la que nos ha ido sosteniendo. Él nos responde por gracia, y por eso es que el apóstol Pablo concluía en una de sus cartas.
Por gracia soy lo que soy. Si no hubiese sido por la gracia de Dios, ¿quién sabe en cuántas direcciones diferentes tú y yo hubiéramos ido? ¿Quién sabe dónde estuviéramos hoy si no fuese por la gracia de Dios? ¿Quién sabe cuán lejos estaríamos, con quién estaríamos, bajo qué consecuencias, si no hubiese sido por la gracia de Dios? En ese momento puntual donde yo estaba en mayor peligro de simplemente perderme en la historia, su gracia me sostuvo.
Efesios 1:2 te habla de las sobreabundantes riquezas de su gracia. El hombre desde su creación ha estado experimentando la gracia de Dios. Dios no necesita al ser humano; Dios no tiene necesidades. Cuando Dios crea para compartir su reino con nosotros, ya él estaba dando de su gracia. Y pensar que Dios tiene miles de años dando de su gracia a millones de personas, y en el día de hoy su gracia es tan abundante como el día cuando él comenzó a hacerlo. No es limitada, es eterna, es para siempre.
Ahora, esta gracia que es en Cristo Jesús le costó a Jesús todo. La gracia es gratuita para mí, pero no es gratuita en sí misma: le costó a la persona de Jesús todo lo que él era, literalmente. Escucha lo que el apóstol Pablo le escribe a los corintios en 2 Corintios 8:9:
"Porque conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo, por amor a vosotros se hizo pobre, para que vosotros, por medio de su pobreza, llegarais a ser ricos."
¿De qué manera se hizo pobre? Aquel día cuando, no considerando su igualdad con Dios como algo a que aferrarse, tomó toda su riqueza en gloria, se despojó de ella, se empobreció haciéndose hombre, tomando la forma de siervo, para morir en una cruz, llegar hasta la muerte, y muerte de cruz. En ese momento, Cristo lo había perdido todo para que, desde la cruz, todo lo que él era, todo lo que él representa, todo lo que él tiene —que había puesto temporalmente a un lado— comenzara a pasarlo a mi vida, en mi dirección, de tal forma que el que era paupérrimo desde todos los puntos de vista, el que estaba en bancarrota espiritual, ahora pudiera llegar a ser rico en él por medio de todo lo que él hizo posible en la cruz.
Las riquezas sobreabundantes de su gracia fueron compradas en la cruz, a precio de sangre. De manera que cada vez que tú y yo recibimos gracia, tú y yo tenemos que recordar que la gracia son las riquezas de Dios a expensas de Cristo. Es como que la mesa estuvo servida, todos comimos, y ahora hay que pagar la cuenta, y Cristo dijo: "Quedan libres de pago; el pago es mío." Y nosotros pudimos disfrutar de las riquezas de los manjares a expensas de quien pagó. De la misma manera, podemos disfrutar de las riquezas en gloria a expensas de la vida de Cristo, que siendo rico se hizo pobre, para que nosotros, siendo pobres, llegáramos a ser ricos. Y obviamente no está hablando de riquezas materiales, sino de todas las riquezas en gloria dispuestas para nosotros.
¿Pero realmente somos ricos? La Palabra de Dios dice en Romanos 8:17 que somos coherederos de Cristo. ¿Lo crees? ¿No lo crees? Si lo crees, entonces ciertamente somos ricos, porque hemos de heredar todo lo que Cristo hereda. Yo lo heredo. No puedes creer eso: todo lo que Cristo hereda, yo lo heredo. Y eso es lo que Dios —para usar la expresión paulina— "mi Dios" es capaz de llenar: cada necesidad en la que yo he estado, en la que yo estoy, en la que yo pudiera estar el día de mañana. Es como si Pablo le estuviera diciendo a los filipenses: "Escúchenme, ustedes llenaron mis necesidades en el pasado, y lo hicieron de su profunda pobreza. ¿Cuánto más mi Dios será capaz de llenar vuestras necesidades de sus riquezas en gloria? Ustedes lo hicieron para conmigo; él lo hará para con ustedes. Ustedes lo hicieron de su profunda pobreza; Dios lo hará de su grande, extraordinaria, inagotable e infinita riqueza."
Ahora bien, esta disposición de las riquezas de Dios presupone una obediencia. Pablo le dice a los filipenses, en un momento de la carta, que estuvo bien que ellos vinieran a socorrer su necesidad: lo hicieron bien, los aplaude, fueron obedientes, fueron fieles. Y así como ustedes me suplieron, al ser ustedes fieles a Dios, pueden contar con que Dios les suplirá. Porque en la infidelidad, en la desobediencia, en la rebelión, no necesariamente podemos contar con todas las riquezas en gloria a nuestro favor. Su gracia nos va a disciplinar en la desobediencia, y a su parte de sus riquezas en gloria; pero hay otras riquezas en gloria que Dios quisiera poner a nuestro favor, que quizá no está poniendo precisamente porque necesita esperar a que seamos disciplinados, a que seamos orientados, a que estemos por el buen camino, para luego hacerlas disponibles para ti o para mí. Y muchas veces, una vez estamos en el camino correcto, ya como que no tenemos tanta necesidad de eso que antes creíamos necesitar tanto.
Pablo, pensando entonces en ese gran Dios del que estamos hablando, irrumpe en una doxología bien corta, cuando dice en el versículo 20: "A nuestro Dios y Padre sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén." No solamente le llama Dios, sino que le llama Padre. Los judíos tenían una gran dificultad en concebir a Dios como Padre, por lo menos como Padre personal. En el tiempo de Cristo, cuando los discípulos vienen y le dicen que Cristo les enseñe a orar, Cristo comienza con esa oración tan conocida: "Padre nuestro." Con toda probabilidad sus discípulos se extrañaron, porque hasta ese momento nadie se había dirigido a Dios de manera personal como Padre. Hablaban del Padre de la nación, el Padre de Abraham; pero "mi Padre", dirigirse a Dios como Padre, les era impensable. Y Cristo está ayudándoles a cambiar su paradigma de tal manera que ellos puedan, de ahora en adelante, comenzar a pensar en un Padre que ciertamente les ha dado su paternidad.
En un Padre que es superior a mi padre terrenal. Nuestros padres terrenales no han tenido corazones buenos conforme a lo que la Palabra enseña. Y sin embargo, dijo: "Si vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial?" ¿Cuánto más? El Padre bueno, el Padre de toda consolación, el Padre de toda misericordia, el Padre que no carece de nada. A veces nuestros padres quisieron darnos cosas y no pudieron; no tenían la manera, no estaba a su alcance, tenían el deseo pero no la forma. Pero nuestro Padre celestial nunca le ha faltado nada. Lo que a nuestros padres les faltó, a nuestro Dios siempre les sobra. Y él, que tiene un corazón bueno, sabrá darnos entonces cosas buenas en el Señor Jesús, y lo hará de sus riquezas inagotables.
Este es un buen día que celebramos hoy —en otros lugares del mundo, el Día del Padre— para pensar en cuán bueno es nuestro Padre, cuánto ha suplido, cuánto nos ha servido, cómo compró cada una de esas cosas en Cristo Jesús. Dios nos las dio cuando nosotros estábamos separados de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel, extraños a los pactos de la promesa, sin tener esperanza y sin Dios en el mundo. "Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido acercados por la sangre de Cristo", Efesios 2:13. En ese tiempo, separados, nos trajo. Cuando no teníamos pactos ni esperanzas ni promesas, nos dio un nuevo pacto, una nueva promesa, nos dio una nueva paternidad.
Nuestros padres terrenales frecuentemente están llamados a darnos aprobación. El sentido de aprobación de un niño viene de su padre masculino, de su padre, no de su madre. Lamentablemente, la mayoría de los padres no han hecho esa labor con sus hijos, y crecemos con una gran necesidad de aprobación. Y cuando nos convertimos, lamentablemente no acabamos de entender —y ahora lo podemos hacer hoy— que la paternidad que yo recibí de parte de Dios no es como la paternidad que yo tenía de parte de mi padre terrenal. Yo no tengo que ganarme la aprobación de Dios; yo no puedo ganarme la aprobación de Dios. La única manera de ganarme la aprobación de Dios sería obedeciendo perfectamente, y yo no lo puedo hacer.
Entonces vivimos corriendo en busca de esa aprobación, de tal manera que cuando nos portamos bien y somos obedientes nos sentimos aprobados y nos sentimos bien, y cuando nos portamos mal y somos desobedientes nos sentimos desaprobados y nos sentimos mal. Y Dios está tratando de comunicar: "No, no es así. Tú eres mi hijo, tú estás aprobado en Cristo Jesús, y no hay nada que tú puedas hacer para cambiar esa aprobación en desaprobación." Y si no fuera así, jamás serías aprobado, porque jamás puedes obedecer perfectamente. "Cuando mi Hijo obedeció y fue a la cruz y murió en tu lugar —verdaderamente murió en tu lugar— y cuando yo aprobé su sacrificio, aprobé tu vida el día que te justifiqué. Deja de luchar por mi aprobación y disfruta mi relación."
"Entonces, ¿para qué voy a obedecer, pastor?" No para ganarte la aprobación, porque tu obediencia es siempre imperfecta. Obedeces porque, si me amas, guardaréis mis mandamientos. La obediencia es la prueba de mi amor a Dios; es la prueba de que he entendido mi relación; es la prueba de que he entendido el sacrificio que ha sido pagado; es la prueba de que yo he recibido amor de Dios y se lo retorno. Es simplemente la expresión de una relación, de una mejor relación, con un mejor entendimiento de lo que es ser un hijo de Dios. Para eso obedecemos. No lo puedes comprar. Dios no te aprobaba más ni te aprobaba menos por la obediencia o la desobediencia; Dios te aprobó en la cruz, en Cristo. Pero tú disfrutas de sus riquezas en gloria en mayor o menor grado en la medida en que obedeces o no, que no tiene nada que ver con aprobación. Nada que ver con aprobación.
Nuestros padres quisieron suplir y muchas veces no pudieron; quisieron aprobar y muchas veces no supieron. Dios ha suplido y Dios ha aprobado. Y por eso es que Pablo dice que a él sea la gloria: toda gloria, todo honor, toda honra, todo crédito, todo aplauso, toda acción de gracias tiene que ir a él.
Porque detrás de cada historia —yo no sé cuál es la historia de cada uno—, pero detrás de cada historia está Dios orquestando, supliendo, protegiendo, proveyendo, cuidando, preservando, liderando, evitando, redirigiendo. Detrás de cada historia de cada uno de Sus hijos ha estado Dios haciendo todas y cada una de esas cosas.
Ahora bien, cuando Pablo dice aquí "a nuestro Dios y Padre sea la gloria por los siglos de los siglos", eso no tiene el mismo peso del cliché nuestro de "gloria a Dios". Claro que es tal cosa darle gloria a Dios; no es que no lo hagamos, es que sepamos verdaderamente el peso que hay detrás de eso. Porque cuando yo hablo de "gloria a Dios", lo que yo estoy tratando de decir es que, en último caso, aquello por lo cual tú me estás dando la gracia, lo que estás reconociendo en mí, o lo que tú quieras, en último caso realmente es de Dios de donde ha venido. Es de esa fuente que ha venido.
Como una de las canciones de Jonathan Hérez que ustedes conocen, que habla de: "¿Qué canción te voy a dar que no haya venido de ti? ¿Qué sermón voy a predicar que no haya venido de ti? ¿Qué voy a hacer que tenga cierto valor que no haya venido de ti primero?" "Sea la gloria a Dios" es el reconocimiento de que Él es la fuente detrás de cada cosa que yo hago y pienso, y que tenga cierto valor o que sea digno de algún aplauso o reconocimiento.
A veces hacemos cosas en el poder de la carne, y alguien viene y nos dice algo, y decimos "gloria a Dios". No, no, no, no. No se lo voy a dar a Dios; no, eso fue en la carne. Eso sería gloria a la carne, lo cual entonces no merece ninguna gloria. Pensemos en esto.
"A nuestro Dios sea la gloria por los siglos de los siglos." La palabra "gloria" en el original, *doxa*, implica que lo que tú has hecho lo has hecho para causar una buena imagen, una buena opinión en el otro. De tal manera que cuando tú haces algo y dices "lo hice para la gloria de Dios", lo que me estás diciendo —si entiendes la palabra y el concepto— es que cuando todo se ha dicho y hecho, de eso que tú hiciste, lo que tú querías que pasara era que en la mente de los demás que vieron, que escucharon, pudiera producirse una magnificación de la idea y el concepto que ellos tenían de Dios a una idea superior y más grande, por lo que tú acabas de hacer, decir, cantar o producir. Eso es lo que tú quieres.
¿Es eso como lo decimos cuando tú vendes tu carro, si eres vendedor? ¿O cuando vendes una póliza, si eres vendedor de seguros? ¿Cuando tratas a tu paciente, si eres médico? ¿Cuando pintas una casa, si eres pintor? ¿Cuando manejas un carro, si eres chofer? Esto es una intención expresa: que cuando todo se ha dicho y hecho, de alguna manera, alguien al ver y saber que tú eres cristiano pueda terminar adquiriendo una imagen más grande, una idea más grande del Dios a quien tú le sirves y que vive. Porque eso es lo que significa hacer algo para la gloria de Dios. Tiene que ser mucho más intencional de lo que tú y yo pensamos.
Cuando el apóstol Pablo dice "ya sea que coma o beba", es que si tú tienes una comida con alguien, tu intención sería —pase o no pase— que de alguna forma, por lo que yo comparta con este hermano o hermana o hermanos, de alguna manera él, ella o ellos se vayan con una idea magnificada de quién Dios es, por lo que vio en mí, o cómo le serví, o cualquier otra cosa. A Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Y ahora el típico saludo de Pablo: "Saludad a todos los santos en Cristo Jesús. Los hermanos que están conmigo os saludan." ¡Qué impresionante de Pablo! Nunca está solo, en un sentido. Pablo siempre vivió en comunidad. En la cárcel, y tenía hermanos alrededor. "Los hermanos que están conmigo te saludan." Vivió en comunidad de dos maneras: siempre tuvo una comunidad a la que se refería, a la que escribía, con la que se mantuvo en contacto, y tuvo una comunidad de hermanos a su alrededor.
¡Cuán diferente eso a nosotros, que no estamos en la cárcel, que estamos libres, que tenemos toda la libertad de movernos, y muchas veces vivimos en aislamiento! Pablo estaba en aislamiento, pero vivió en comunidad. "A todos los saludos, a todos los hermanos, a todos los santos en Cristo Jesús." Otra vez, "en Cristo Jesús", porque si son santos tienen que estar en Cristo Jesús. Si no están en Cristo Jesús, no son santos, y si no son santos, yo no les estoy saludando a ellos. Esto es saludable para los santos, sí, porque todo lo que les escribe es para santos nada más.
No son canonizados; no está hablando de ese procedimiento, porque no creemos en ese procedimiento. Pero tampoco les llama santos porque sean puros. Los de Filipos hay quienes sienten que no están caminando muy puramente, ni otros tampoco necesariamente. Son santos porque su significado primario es "separados": han sido separados por Dios en Cristo Jesús. Y ahora, en Cristo Jesús, Dios los está santificando. Pero ya son santos desde el día uno. Son santos aquellos que han sido seleccionados por Dios, separados, aislados, y que forman un grupo especial.
Muchas veces nosotros, como decíamos, vivimos aislados, pero vivimos aislados por las heridas que supuestamente otros nos han hecho, y entonces nos rodeamos de murallas emocionales. Si hubo alguien que tuvo la posibilidad de ser herido, de construir murallas y de vivir aislado, es Pablo: abandonado, perseguido, injuriado, lesionado, herido físicamente y herido emocionalmente. Pero no lo hizo, porque vivió perdonando y amando. ¿Tú quieres vivir en comunidad? Ahí está la fórmula: perdón y amor, perdón y amor, perdón y amor. Sigue caminando perdonando y amando, perdonando y amando.
Pablo escribe en la carta a los Romanos y menciona un montón de nombres específicos. Aquí él no lo hace de esa manera; simplemente dice "a los santos". No sabemos la diferencia, porque en una carta lo hace de una manera y en otras de otro modo. Pero a todos los santos que están allí en Cristo Jesús —las garantías son para ellos, los que están en Cristo— a esos saludó.
Y luego dice: "Los hermanos que están conmigo os saludan." No sabemos quiénes estaban con él. Sabemos de Timoteo, que él dice que solamente Timoteo estaba conmigo y que solamente él tenía el mismo sentir que yo tengo por ustedes. Pero estaba Epafrodito, que era realmente de Filipos, quien había viajado a Pablo para ministrarle y traerle una ofrenda, y quien probablemente regresaba ahora con la carta. Epafrodito, Timoteo... no sabemos dónde estaba Silas, que fundó la iglesia junto con Pablo. No sabemos dónde estaba Lucas, que estuvo junto con Pablo. No sabemos dónde estaban otros como Apolos y Priscila y Áquila. Sabemos de estos dos, pero obviamente había más, porque él dice "todos los hermanos que están conmigo os saludan."
Y ahora él amplía eso un poco más, diciendo: "Todos los santos os saludan, especialmente los de la casa del César." Interesante, ¿verdad? La casa del César: el palacio real. Entonces Pablo está diciendo: "Todos los que han creído te saludan, pero especialmente los que han creído en el palacio real." Bueno, ¿y eso qué te pasa por poner a Pablo de prisionero en el palacio real? Quien te manda poner un soldado, lo cambia cada ocho horas; le cambia la audiencia, y él tiene una audiencia continua y cambiante. Él está evangelizando.
Y escucha ahora lo que Pablo decía al principio de la carta, que lo leímos en un momento dado, en los versículos 12 y 13 del capítulo uno: "Quiero que sepáis, hermanos, que las circunstancias en que me he visto, perturbando la cárcel, han redundado en el mayor progreso del evangelio, de tal manera que mis prisiones por causa de Cristo se han hecho notorias en toda la guardia pretoria y a todos los demás." Todos los guardias lo saben, y ahora algunos de ellos, de la casa del César, especialmente esos, te mandan saludos. ¡Wow!
¿Saben lo que es estar encadenado a un hermano? Como esta situación: tú necesitas a Pablo, y él lo aprovechó para evangelizar a diestra y siniestra. Y la razón por la que Pablo lo hizo es porque honestamente su vida era como un evangelio expuesto. Si uno de esos guardias le dice a Pablo: "Cuéntame tu vida", salvo que iba a contar el evangelio. "Bueno, yo iba perseguiendo a unos cristianos, y algo me tumbó y se me apareció Cristo..." Y al final de eso, el guardia termina creyendo. Él es un evangelio. Su vida fue un evangelio expuesto.
Eso debiera ser nuestra vida. "Cuéntame de ti." "Bueno, dame contexto: yo era lo que sea, y Dios me encontró." Y muchas veces nosotros estamos como enredados en los pecados de la vida y demás, y cuando alguien nos pregunta de nosotros, decimos: "Bueno, yo llevaba una vida muy desordenada, muy poco disciplinada; poco a poco yo fui cambiando hasta que un día yo decidí seguir a Dios." ¿Tú piensas que con ese testimonio otra persona va a decir: "¡Wow, qué increíble! ¡Yo no puedo creer que ese Dios sea tan poderoso!"?
En vez de eso, di: "Sabe qué, yo era un sinvergüenza. No me importaba nadie. Yo vivía para mí, construyendo mi propio reino y yendo en mi propia dirección. Tenía una esposa, pero no le daba lo que necesitaba; ni siquiera fui infiel para darlo todo, simplemente no daba nada. Y un día, a través de circunstancias, Dios salió a buscarme y me encontró, y me trajo, y dobló mi voluntad, y me enseñó la riqueza de su gracia, y fui perdonado de todo aquello que yo había cometido." Hasta que el otro diga: "¡Wow! ¿Pero tú te sientes limpio de todo eso que existe? Porque yo estoy exactamente ahí." ¿Hacemos eso nosotros? Lo sofisticamos tanto la conversión que ni Hollywood nos gana de tan preciosa que queda. Pero no es eso.
"La gracia del Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu." Es un saludo como común, pero imagínate que la gracia del Señor Jesucristo esté contigo. Imagínate esto. No necesita más. De ahí es la cereza sobre el pastel: "La gracia del Señor Jesucristo sea con todos vosotros." Eso es lo que yo quisiera todos los días: levantarme con la gracia de Dios sobre mí, porque su gracia me será suficiente.
Y de esta manera entonces Pablo concluye esta carta, una carta que ha sido reconocida —como hablamos en el pasado— como la carta del gozo: catorce veces el gozo y el regocijarse son mencionados en cuatro capítulos, escrita desde una prisión, veinte años después de fundar esta iglesia. No hay una sola queja, una sola pena, un solo "no sé cómo se dice en español pero nada de qué arrepentirse", nada. Una expresión de gozo desde el capítulo uno, donde habla de que "mis prisiones han resultado en el progreso del evangelio."
¿Te das cuenta cómo Pablo veía la vida? Todo era visto en proporción al evangelio, a su causa, a su progreso. Entonces él ve la cárcel —que seguro que no estaba en buenas condiciones— y en vez de mirar la cárcel, se pregunta: "¿De qué manera esto está contribuyendo al evangelio, a la causa, al progreso?" Entonces, cuando lo ve progresando, él se olvida de que está en la cárcel y dice: "Hermanos, yo tengo algo que contarles. No se imaginen que las circunstancias en las que yo me encuentro..." ¿Cuáles circunstancias? "No, la cárcel, Pablo, que es sucia y fría." "No, no. Las circunstancias en las que yo me encuentro han redundado en el mayor progreso del evangelio, porque ahora mis prisiones por causa de Cristo son conocidas por toda la guardia pretoriana, y algunos de ellos os saludan, ahora que son hermanos en la fe."
¿No quieres vivir de esa manera? ¿No quisieras ese corazón? ¿No quisieras esa perspectiva? ¿No quisieras ese estilo de vida? Pero hay una sola forma, una sola forma de vivir así: que la perspectiva de vida que tenemos la cambiemos, y que ahora la meta de la vida no sea la libertad de problemas, enfermedades y necesidades. No consiste en eso. No es libertad de, sino la gloria de Cristo en medio de. La gloria de Cristo en medio de la enfermedad. La gloria de Cristo en medio de la pérdida. La gloria de Cristo en medio de la dificultad. ¿Me entendieron?
Entonces ahora todo adquiere un panorama completamente diferente. En vez de eliminar el obstáculo, la pregunta es: "¿De qué manera yo voy a glorificar a Dios en el obstáculo?" Y luego Él se encargará de remover el obstáculo. Pero mi meta no es mover el obstáculo; mi meta es glorificarlo en medio del obstáculo. Y entonces Dios se encarga de removerlo, porque va a estar ahí hasta que Dios complete su obra en mí, y luego Dios va a decir: "Bueno, ya te puedes mover." Y entonces podemos vivir una vida de mayor gozo, una vida verdaderamente de regocijo. Porque la medida en que nosotros buscamos su gloria —mejor dicho, la medida en que buscamos su gozo— no busques el gozo, busca su gloria.
El gozo es el resultado natural de la búsqueda de Su gloria en la circunstancia en la que te encuentres.