Integridad y Sabiduria
Sermones

La misericordia; el aroma del Dios

Al Pino 11 diciembre, 2011

La misericordia es el aroma que delata la presencia del amor de Dios en una vida. Así como ciertos olores nos transportan instantáneamente a lugares queridos —el café dominicano temprano en la mañana, el mangú con sofrito, la salsa italiana de la casa de los suegros—, la misericordia debería ser la fragancia inconfundible que otros perciben cuando se acercan a un cristiano. La pregunta que el texto de Lucas 6:27-36 plantea es directa: ¿a qué huele nuestra vida cuando alguien no cumple lo que prometió, cuando nos critican injustamente, cuando ese conductor se mete en la fila sin permiso?

La cruz define lo que significa ser misericordioso. Dios no nos trató según merecían nuestros pecados; le dio esa ira a Cristo, nuestro sustituto. La misericordia no fue gratis —costó la vida del Hijo de Dios—, pero sí es gratuita para nosotros porque jamás podríamos merecerla. Por eso, si tenemos una deuda impagable perdonada, ahora cargamos otra: la deuda de amar a otros con esa misma misericordia recibida.

La fragancia más vital de esa misericordia es la bondad, y la bondad que agrada a Dios no espera que el otro cambie primero. Se mueve activamente hacia el ingrato y el perverso, bendice a quien maldice, ora por quien maltrata. No es pasividad; es un amor que confronta, pero sin venganza, dejando el juicio a Dios. La prueba real de que entendemos el evangelio no está en cuánta teología sabemos, sino en cómo tratamos a quienes menos lo merecen.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Bueno, hermanos, vamos a la Palabra de Dios. Esta mañana quiero compartir lo que el Señor nos da en Lucas 6:27-36. Este mensaje tiene un título que se llama "La misericordia, el aroma del amor". Déjenme darles el contexto de esta escritura para que ustedes puedan estar estudiándola y tratando de conocer lo que el Señor está hablando aquí. Quiero que ustedes vean cómo estudiar, cómo entender y apreciar la Palabra de Dios, porque el Señor quiere que usted estudie esta Palabra, que este sermón sea un estímulo para estudiarla.

Aquí vemos muchos comentarios que dicen que este es el Sermón del Monte, que es la versión de Lucas. Él está predicando y enseñando a la multitud. En esta sección está hablando del amor, porque sabemos lo que dijo Cristo cuando le preguntaron cuál es la ley más importante. Dijo Cristo: amar a Dios con todo el corazón, totalmente, y amar a tu prójimo como a ti mismo. Ama a Dios, ámaos los unos a los otros. Y aquí Cristo está usando un ejemplo muy fuerte cuando dice: "Amad a vuestros enemigos." Vamos a mirar que en esta escritura la misericordia es el aroma del amor.

Vamos a Lucas 6:27: "Pero a vosotros los que oís os digo: amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os vilipendiан. Al que te hiera en la mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, no le niegues tampoco la túnica. A todo el que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no se lo reclames. Y así como queréis que los hombres os hagan, hacedlo con ellos de la misma manera."

"Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman. Si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo. Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir de ellos la misma cantidad."

Y ahora aquí, en el versículo 35, está como un resumen de lo que Él ha dicho: "Antes bien, amad a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad no esperando nada a cambio." Y ahora vemos la recompensa: "Y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bondadoso para con los ingratos y perversos." Y ahora el mandamiento de Cristo: "Sed misericordiosos, así como vuestro Padre es misericordioso."

En este texto Cristo nos da el mandamiento de amar a nuestros enemigos. Él usa el ejemplo más extremo, el amor a los enemigos, para demostrar su punto. Si se supone que amemos a nuestros enemigos, ¡cuánto más debemos amar a nuestros esposos y esposas, hijos, amigos y hermanos en la iglesia, aun cuando sentimos que ellos están actuando como nuestros enemigos! Una frase que he aprendido acá en la iglesia, creo que la escuché por primera vez de Rolando, es la siguiente: "Eso huele a Dios." Yo creo que es apropiado decir que el amor huele a Dios, porque Dios es amor y Él nos amó aun cuando éramos sus enemigos.

Usando esa metáfora, el versículo 36 es muy clave, porque nos enseña que el aroma del amor es misericordia. Vamos a verlo: "Sed misericordiosos, así como vuestro Padre es misericordioso." El versículo 36 es el versículo clave para interpretar los versículos 27 al 35. La misericordia de Dios en Cristo es el aroma de su amor para con nosotros.

Ahora, una ilustración para ayudarnos a pensar en esto, como unos ganchos en la pared donde podemos colgar la verdad de esta escritura. Algunas personas tienen un sentido del olfato muy agudo, y resulta que yo soy una de esas personas. Esa misma condición es a la vez una bendición y una maldición. La maldición es que los malos olores me afectan al instante y de manera violenta. Yo soy el primero que siente el mal olor si hay algo que se está dañando en la nevera, y no puedo descansar hasta que lo encuentro. Recuerdo que cuando nuestros niños eran pequeños bebés, yo era el primero que se daba cuenta de que había que cambiar el pañal.

La bendición es que me gustan los buenos olores; me traen gozo y crean una atmósfera placentera. Si usted visita mi casa, lo primero que va a sentir es el olor de lavanda que viene del ambientador automático que hay justo fuera de nuestra puerta de entrada. Me encanta ese olor. Me encantan los olores buenos. Y hay otros olores que me llenan de alegría: el aroma de la comida italiana. Mi esposa viene de familia italiana y saben cocinar. ¡Wow! El aroma de la comida italiana en casa, las albóndigas y la salsa que me recibieron hace unas semanas en la casa de mis suegros, que ahora viven en Phoenix, Arizona, cuando fuimos a celebrar el cumpleaños número 80 de ellos. O cuando llego a este país, el aroma del café dominicano temprano en la mañana, con un plato de mangú y sofrito.

Ahora, aquí está la pregunta que el Señor nos hace esta mañana: ¿Cuál es el aroma de nuestras vidas? ¿Es la misericordia? ¿Qué aroma despedimos hacia aquellos que están cerca de nosotros: nuestros familiares, amigos, hermanos de la iglesia, compañeros de trabajo, vecinos, o un extraño con quien interactuamos? ¿Es el amor el aroma de nuestras vidas? ¿Es la misericordia, la bondad para con otros, aun cuando otros no nos tratan de manera considerada o bondadosa? ¿Cuando olvidan hacer algo que les pedimos que hicieran? ¿Cuando otros nos desafían abiertamente o están en desacuerdo con nuestra opinión? ¿Cuando otros no parecen apreciar cómo los servimos y siguen exigiéndonos cosas de manera egoísta? ¿Cuando no nos agradecen nuestros esfuerzos, sino que nos mandan una crítica sutil, o peor aún, indiferencia al trabajo que estamos realizando? ¿Cómo respondemos? ¿Con misericordia y bondad? ¿Huele a Dios el olor de nuestra vida? ¿Huele al amor? ¿Es el aroma de la misericordia?

Quiero citar la influencia de Dave Harvey en mi vida y el mensaje sobre misericordia que escuché de él. También quiero citar a mi amigo Cory Smidgen, quien es uno de nuestros tres pastores, junto a José Prado. Cory ha estado ya ocho años en la iglesia y predicó sobre la misericordia hace como un año a nuestros líderes. Quiero citar algo que dijo Cory en su prédica: "Estamos llamados a reproducir la misericordia que tiene el Padre por otros. Si se supone que lo hagamos por nuestros enemigos, ¡cuánto más por nuestros hermanos y hermanas en Cristo!"

Dios tuvo misericordia de nosotros en Cristo, y eso nos llama a que nosotros tengamos misericordia de otros, en Cristo. Este es el aroma del amor de los unos hacia los otros, ese amor al que Dios nos llama, que huele a misericordia. Por eso el punto clave de nuestro pasaje, yo creo, es lo siguiente: ser misericordiosos los unos con los otros, como nuestro Padre celestial ha sido misericordioso con nosotros.

La misericordia es el aroma del amor y fluye de los corazones que ya no viven para ellos mismos, sino que viven para Dios; corazones que han sido hechos nuevos en Cristo; corazones que ahora están caracterizados por la misericordia, la compasión, la bondad, la humildad, la mansedumbre y la paciencia. La misericordia, hermanos y hermanas, describe cómo Dios nos trata y cómo nos debemos tratar unos a otros.

Así que, primer punto: vamos a mirar la misericordia que Dios tiene de nosotros, porque esta misericordia es lo que nos da la capacidad para ser misericordiosos unos con otros. Dios tiene misericordia de nosotros. Mira el versículo 36 de nuevo: "Sed misericordiosos, así como vuestro Padre es misericordioso", es misericordioso para con nosotros, si somos creyentes. Dios reveló su misericordia hacia nosotros en la cruz.

La cruz define cómo Dios se relacionó con nosotros cuando éramos sus enemigos, cuando éramos rebeldes, impíos y malagradecidos. Si usted no conoce el evangelio, no conoce a Cristo, escuche bien, porque va a escuchar las buenas nuevas acerca de cómo Dios nos trata en Cristo. Como pueden ver en la cruz, Dios no nos trató según lo que merecían nuestros pecados. Él no nos dio la ira y el juicio que nuestra rebelión ameritaba; se los dio a Cristo, nuestro sustituto.

En la cruz, Dios nos dio lo que no merecíamos, lo que en realidad Cristo merecía: la bondad de Dios, el favor de Dios, la compasión de Dios. En la cruz, Dios perdonó nuestros pecados y demostró su misericordia para con nosotros; juzgó nuestros pecados no en nosotros, sino en Cristo. La misericordia en Cristo no es gratis: es muy cara, costó la vida de Cristo, el Hijo de Dios. Pero sí es gratis para nosotros, porque jamás pudiéramos nosotros merecerla.

Sin la cruz, la misericordia no tiene contexto, porque es en la cruz que nos damos cuenta exactamente cuánto le costó a Dios darnos misericordia. Y quiero decirles algo: nos va a costar a nosotros algo dar misericordia a otros.

Vamos a ver aquí en el resto del pasaje. Pero no va a costar nunca jamás ni una fracción de lo que le costó a Dios. Sí te va a costar algo, pero nada en comparación a lo que le costó a Dios darte a ti en misericordia. La cruz le da a la misericordia peso y significado, porque a causa de que Dios tuvo misericordia de nosotros en la cruz, todos debemos tener misericordia los unos de los otros cada día.

Mira, tuvimos una deuda para con Dios, billones de dólares, billones, más allá de lo que cualquier persona pudiera pagar, y esa deuda fue pagada por Cristo en la cruz. Esa es la misericordia de Dios. Sí, ya no tenemos deuda para con Dios, pero hermanos, sí tenemos una deuda: es una deuda de amor para con otros.

La deuda de amor, como dice Romanos 13:8-11: "No debáis a nadie nada, sino amaros unos a otros, porque el que ama a su prójimo ha cumplido la ley." La misma ley que Cristo está predicando en Lucas 6, la ley del reino de Dios. El versículo 9 de Romanos 13: "Porque esto: no cometerás adulterio, no matarás, no hurtarás, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en estas palabras se resume." ¿Quieres un resumen de la ley moral de Dios, del carácter de Dios, quién Dios es? Te lo voy a dar: amarás a tu prójimo como a ti mismo. Ahí se cumple la ley. El amor no hace mal al prójimo. Versículo 10 de Romanos 13: "Por tanto, el amor es el cumplimiento de la ley." Es el cumplimiento de la ley.

Quiero citar a Dave Harvey. La cruz es la suprema ilustración de la misericordia de Dios. Recuérdalo: la misericordia es el aroma del amor. La cruz es la suprema ilustración de la misericordia de Dios. La cruz hace la misericordia realidad, porque define lo que esta significa: que Dios no nos trató según lo que merecían nuestros pecados. Así que, hermanos y hermanas, no tratemos a otros según lo que merecen sus pecados. La misericordia nos es dada para que podamos compartirla.

Segundo punto: seamos misericordiosos los unos con los otros. Primer punto: Dios ha sido misericordioso para con nosotros. Segundo punto: por esa razón, esa nueva vida que tenemos en Cristo, debemos ser misericordiosos los unos con los otros. Mira otra vez al versículo 36: "Sed misericordiosos." Imperativo, un mandamiento. "Así como vuestro Padre es misericordioso."

Citando de nuevo a Kris Sipe: la manera en que nos relacionamos con los demás en sus momentos de debilidad y pecado revela si de verdad entendemos el Evangelio. Es una cosa entenderlo aquí, ser teólogo, poder escribir todo en griego y hebreo. Yo te puedo dar todos los argumentos de Jonathan Edwards, de cualquier teólogo, yo te puedo discutir todo eso. ¿Tú sabes cuándo tú entiendes el Evangelio? Cuando tú puedes ser misericordioso y bondadoso con los ingratos y perversos. Es una prueba bien fuerte, bien fuerte. No quiero decir que no es importante conocer todo eso, leer a Jonathan Edwards, saber griego bíblico; por favor, hágalo. Pero la prueba viene, como se dice en inglés, en el terreno real donde caminamos, donde vemos si es realidad.

Si tú lo entiendes, es en ese momento: lo que hizo Cristo, lo que Cristo hizo por nosotros en la cruz, el Evangelio, es lo que tenemos que entender y aplicar. Mira, hermanos, es fácil amar a los demás cuando hacen lo que les decimos que hagan y nos sirven. Es muy fácil. Pero ¿qué sucede cuando no hacen lo que les pedimos, cuando nos prueban, cuando pecan en contra de nosotros, cuando no son dignos de confianza? Esa es la verdadera prueba.

Y muchas veces esa prueba viene en lo siguiente: viene cuando otras personas no cumplen con compromisos que tenían con nosotros, cuando se tardan en llegar a un evento que es muy importante para nosotros, cuando no responden a nuestras llamadas o correos electrónicos, o se tardan en hacerlo, o no cumplen con su parte de las labores en el hogar, en la iglesia o en el trabajo, o cometen el mismo error por tercera o cuarta vez, o dicen una cosa pero hacen otra. Las pruebas vienen de maneras muy prácticas cada día. No son cosas grandes normalmente, sino cosas pequeñas.

Y a medida que vamos entendiendo la misericordia de Dios, entendiéndola en la cabeza y el corazón, y poniendo nuestra fe en la misericordia de Dios así derramada sobre nosotros, en esa medida podemos extenderla hacia los demás, y en el proceso estamos ministrándoles a los demás. Si tenemos el aroma de la misericordia, este transportará a nuestros hermanos y hermanas hacia la cruz.

Recuerda el primer punto: ¿cómo fue la misericordia derramada sobre nosotros en la cruz? Entonces, si yo la entiendo, si la identidad mía está en Cristo y en lo que Él hizo en la cruz, y yo lo entiendo, entonces lo puedo derramar sobre otros. Y como la misericordia me llevó a mí a la cruz, cuando yo tengo ese aroma de la misericordia en mi vida, eso transportará a nuestros hermanos y hermanas hacia la cruz, de la misma manera que ese aroma particular nos transportó a nosotros a la cruz. La misericordia justamente recibida transporta a otros hacia la cruz. Tal vez algunos serán transportados ahí por primera vez.

¿Tienen nuestras vidas el aroma de la misericordia? Pregunta, pregúntese usted a sí mismo: ¿tiene mi vida ese aroma de la misericordia? ¿A qué huele mi vida? ¿Huele a Dios? ¿Y ese aroma puede ser apreciado por otras personas? ¿A qué huele su vida?

Estaba leyendo un artículo hace como dos semanas en el periódico de Miami en español, el Nuevo Herald, y el título del artículo era: "¿A qué huele Miami?" Citando el artículo: "¿A qué huele Miami? ¿A café cubano y curry? ¿Arena y mar? ¿Lechón y salmón ahumado? Todo eso por supuesto. Mas para los profesionales de los perfumes de visita en Miami Beach para una conferencia de marketing de aromas, el olor del sur de la Florida viene en botella, y el jueves lo rociaron por todas partes. René Morgan Thaller, un maestro perfumista suizo radicado en Nueva Jersey, quien creó Polo Extreme, Ralph Lauren Ranch, Sheer Obsession de Calvin Klein y Passion for Men de Elizabeth Taylor, también creó entre comillas el aroma de Miami: una fragancia distintiva que se propone capturar la esencia de este lugar."

"Entonces, ¿qué hay en la botella? Solo la nariz lo sabe. El aroma de Miami es excitante, tiene esa sensualidad, es el sol, el espíritu de Miami. En realidad, el aroma de Miami huele ligeramente a cítricos y a polvo para bebés. A ninguno de los que lo probaron le desagradó en absoluto. Ahora que Miami tiene un aroma oficial, las personas que promueven la región pueden lanzarlo. La Oficina de Convenciones y Visitantes del Gran Miami lo hizo el miércoles por la noche. El creador dijo que había hablado con varios miamenses antes de dar los toques finales al perfume para que le aseguraran su autenticidad. Dice Morgan Thaller: 'Cuando los visitantes lo huelan, eso los va a llevar enseguida de regreso a Miami. Es fresco, es limpio.' 'Me recuerda cuando vivía en South Beach, una sensación diferente,' dijo la organizadora de la conferencia Cent World 2011."

"Afuera, en la calle, a los transeúntes que olisquearon el aroma distintivo de Miami les gustó lo que olieron. 'Es un aroma muy frutal, huele a palmas, aire salobre, una atmósfera tropical de playa,' dijo Danny Summer, de 48 años. A Luis Castillo, de Miami, le parece que falta algo. 'Huele a naranjas, muy cítrico, pero no se parece tanto a Miami,' dijo Castillo, de 28 años. 'Le falta el café cubano. El café cubano es una fragancia vital para saber lo que huele Miami.'"

Y la bondad, la bondad es la fragancia vital para saber lo que huele la misericordia, el amor, el aroma del amor. Si huele a Dios, si queremos saber qué es lo más importante, vamos al fondo de este aroma de Dios, este aroma de amor que es misericordia. La fragancia más importante que no se puede dejar fuera de este perfume es la bondad.

Mira el versículo 37. Tercer punto: la fragancia de la misericordia es bondad. La fragancia más vital de la misericordia es bondad. Mira Lucas 6:35, que para mí es como un resumen de los versículos 27 al 34: "Antes bien, amad a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad no esperando nada a cambio, y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo." Y ahora el punto clave: "Porque Él es bondadoso para con los ingratos y perversos."

Ahora estamos caminando justo en la calle. Ahora tenemos toda esta teología, toda esa cosa grande. Amamos a Dios y el aroma del amor es misericordia. Gracias, Padre, cantamos a ti. Ay, tú has sido tan misericordioso para conmigo. Qué aroma más lindo. Pero le falta algo. ¿Qué le falta? Bondad. Oh, Señor, ¿qué quiere decir bondad? Quiere decir que yo te llamo a ti a ser bondadoso con los ingratos y perversos. ¿Ah? ¿Qué? No, no, no. Ellos merecen el juicio de Dios. Y tú merecías el juicio de Dios.

Mira, ser bondadoso es difícil cuando Dios nos llama a ser bondadosos con los ingratos y perversos. Pero tiene algo prometido. Ser bondadoso viene con una recompensa más grande que la satisfacción inmediata de ser bondadoso con alguien que te da las gracias. Ay, gracias. Siempre buscamos eso. Pero hay algo más allá de lo que los hombres nos pueden dar. Ser bondadoso hacia los ingratos y perversos tiene una recompensa tan grande. Esa recompensa es Dios.

Somos hijos e hijas de Dios. Cuando recibimos su misericordia y su bondad, entonces podemos dar esa bondad a los ingratos y perversos. Tenemos que mirar más allá en este punto, porque debemos preguntarnos: si el perfume es el amor, y el aroma del amor es misericordia, y la fragancia más importante de la misericordia, como el café cubano en el perfume de Miami, es la bondad, ¿fluye esa bondad en nuestras vidas?

Tenemos que entonces pensar cómo se hace bondad, qué son los químicos que se ponen para bondad, qué son las cosas que hacen que ese café con aroma tiene eso tan lindo para nosotros. Sí, si a usted le gusta el café. Vamos a mirar qué es la bondad, y para hacer eso tenemos ahora que regresar al versículo 27. Si ustedes quieren saber qué es la bondad, si ustedes quieren cumplir con el mandamiento de ser misericordioso como el Padre ha sido misericordioso contigo, y si la fragancia más importante de la misericordia es la bondad, entonces los versículos 27 a 34 nos van a describir en términos muy detallados, en un punto muy, muy práctico, qué es la bondad.

Vamos a ver, versículo 27: "Pero a vosotros los que oís, os digo: amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os vituperan." ¿Es práctico suficiente para ti? Mira, según Lucas 6:27-28, la bondad hacia los ingratos y los perversos no solamente resulta en esperar con paciencia que la otra persona deje de ser ingrata y perversa. Sino que la bondad de Dios se mueve en la dirección de la persona ingrata y perversa, con un amor activo, un amor de Dios, un amor que solo Dios nos puede dar, porque yo quiero alejarme del ingrato y del perverso. O a veces quiero dar que era moverme así con el ingrato y el perverso, especialmente cuando manejo aquí en Santo Domingo.

Nos reímos de eso, pero es un medio de santificación, ¿no? No, no, no es chiste. Por favor, escúchame bien. La santificación viene en los detalles de tu vida. No pierdas lo que Dios está haciendo. No son las cosas grandes. Sí, también pueden ser las cosas grandes, pero la mayoría de nosotros no tenemos cosas grandes. Algunos de ustedes sí han recibido el pecado de ingratos y perversos, y es muy, muy malo, muy serio, y deben de hablar con los pastores. Pero para la mayoría de nosotros es una cosa tan normal como esa persona que se tiene que poner en frente de mí en el semáforo, cuando ya hay cuatro carros y ahora hay veinticuatro carros. Esa taxista que no le importa, esa persona que se pone en la fila en frente de mí: en ese momento, hermano, es el momento clave donde Dios quiere madurarte, donde tu vida tiene un olor. Que es de la basura, ¡ah, qué lindo! Eso no huele de Dios. ¿Me entiende?

Mira, el amor de Dios, la bondad que Él nos llama a tener para con los ingratos y perversos, es activa: hace bien a aquellos que nos odian. Y yo no quisiera hacer eso en mí mismo, pero tengo una nueva vida en mí de Cristo. Bendecir a aquellos que nos maldicen, ¿no quiero bendecirlos? Pero tengo una nueva criatura, quiero ser imagen de Dios en este mundo, y orar por aquellos que nos tratan mal.

Bueno, vamos a mirar la bondad en los versículos 29 a 30. ¿Qué más? "Al que te hiera en la mejilla, preséntale también la otra. Al que te quite la capa, no le niegues tampoco la túnica. A todo el que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no se lo reclames." ¿Qué quiere decir eso? En esos versículos vemos que la bondad se niega a vengarse de aquellos que pecan en contra nuestra. Mira, golpear en la mejilla es una bofetada física, pero representa algo. En vez de tomar venganza o huir de la situación cuando alguien está pecando en contra de nosotros, en ese momento la bondad permanece firme y ofrece la otra mejilla en amistad, no físicamente. No, no, no. Pensamos en la costumbre del Medio Oriente y también la costumbre hispana de besar en la mejilla en señal de amistad. Lo que esto habla, lo que esto quiere decir, es que vamos a confrontar a nuestros enemigos, pero en amor, teniendo su interés, haciéndolo con misericordia, haciéndolo con bondad, con paciencia, dejando el juicio de ellos a Dios.

Ahora bien, me parece muy importante: si alguien ha pecado contra usted de una manera muy, muy violenta, o algo muy, muy malo, la bondad también puede llamar a las autoridades, por supuesto a los pastores, pero yo lo hago no con un corazón lleno de odio, sino con un corazón de misericordia y bondad. Y muchas veces la cosa más misericordiosa y bondadosa para alguien así es llamar a las autoridades, que viene entonces el juicio de Dios, porque Dios dio el juicio a sus autoridades, al gobierno, no a mí. Pero para la mayoría de nosotros no hablamos de eso. Para la mayoría de nosotros, enseñaros señal de bondad habla de las cosas pequeñas en nuestras vidas.

Mira, versículos 32 a 34. Ahí vemos, y es muy importante este punto, que la bondad tiene que tener la motivación correcta, y no es para ganar, sino para dar libremente de lo que Dios nos ha dado libremente. Mira, los pecadores viven para sí mismos, y cualquier bondad entre comillas que ofrezcan siempre tiene un motivo egoísta. Yo lo puedo hacer así: si yo llego a un lugar y quiero algo de alguien, muchas veces yo puedo ser tan bondadoso. Ay, ay, ¿cómo está? Así, muy paciente. Pero el momento en que ellos no me dan lo que yo quiero, me puedo convertir en un demonio. ¿Y qué revela eso? Que el motivo mío era egoísta. Nosotros estamos llamados a vivir para Dios y a ejercitar la bondad de Dios, la cual es claramente vista en la cruz, donde Dios dio a su Hijo por nosotros pecadores ingratos y malvados, no para lo que yo puedo ganar, sino para demostrar lo que Cristo ha ganado por mí en la cruz; no para manipular a alguien, sino para predicar con mis acciones el Evangelio.

Porque mira, si el aroma del amor es el amor, el amor fue definido en las Escrituras en 1 Juan 4:10, donde dice: "En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y envió a su Hijo." Los versículos 32 a 34 hablan de que cuando tú tratas a alguien, no lo tratas para ganar algo para ti mismo. No prestas a alguien que tú sabes que te va a dar más intereses. No sirves a alguien porque tú sabes que ellos te van a servir a ti. No, no, no. Lo haces como Dios lo hizo con nosotros: Él no ganó nada; éramos ingratos, perversos, humanos. ¿Qué podemos nosotros dar a Dios? Él lo hizo por su amor y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados.

Mira, ¿cómo se ve esto? Como yo dije, para la mayoría de nosotros son en cosas muy pequeñas, pecados que son pecados, o muchas veces solamente debilidades, pero pequeñas, cosas que nos irritan, cosas que tú sabes que a ti no te parece que se deben hacer así. Lo que dice la bondad es que no tenemos que mantener a alguien como rehén de su pecado, porque Dios no nos mantuvo como rehenes de nuestros pecados, sino que los puso sobre Cristo y nos dio a nosotros la justicia de Cristo. La bondad de Dios nos llevó al arrepentimiento; eso es lo que dice Romanos 2:4. Mira, hermanos, ¿no estás agradecido de que Dios te mostró bondad antes de que tú le mostraras arrepentimiento? De hecho, tú nunca te habrías movido en la dirección de Dios si Él, en su bondad, no se hubiera movido hacia ti primero.

Por eso, los versículos 27 a 34 hablan de un amor cuyo aroma es misericordia, y la misericordia tiene la fragancia de bondad. Y la bondad, ¿qué es bondad? Es moverse hacia el ingrato y el perverso antes de que él se mueva hacia mí, porque eso es lo que Dios hizo en mi vida. ¿Te moverías hacia una persona con la cual tienes un conflicto hoy, o hacia aquella a quien tienes ira, esa persona que en tu mente es ingrata y falta de bondad? Quién sabe si tu bondad hacia los que son ingratos y perversos sea lo que los lleve al arrepentimiento. Sabemos que el Señor es soberano, pero Él nos usa a nosotros, no solamente para hablar del Evangelio, sino para reflejarlo, vivirlo.

Me encanta lo que dice Dave Harvey: "La misericordia dice: mi amor no es condicional a que tú cambies en tu área de debilidad o tu pecado. Yo me voy a mover hacia ti antes de que tú cambies. Puede que seas incapaz de moverte en mi dirección, pero te voy a amar, te voy a amar." El hermano a la misericordia es un tren que va remolcando la compasión. ¿Tienes compasión de los demás? Es una pregunta. La misericordia triunfa sobre el juicio. Amigos, podemos mostrar misericordia a los demás porque Dios nos ha mostrado misericordia. Nosotros somos los ingratos y perversos que conocemos su misericordia, así que tenemos que demostrarla a los demás como el aroma del amor.

Mira, el amor huele de Dios, porque Dios es amor, y el aroma del amor es la misericordia, y la fragancia más importante de la misericordia es la bondad, que agrada a Dios primeramente y a otros también. Pero el olor del odio, lo opuesto al amor, es la falta de misericordia y bondad, la amargura y la impaciencia con los demás, y es un hedor en la presencia de Dios y de otros. Cuando yo entro a mi casa, normalmente lo que yo huelo es la bondad, es lindo, es bueno. Pero de vez en cuando mi vecino tiene gatos, ¿entiende? Al entrar a mi casa hay flores, muy lindo, pero a veces el gato se equivoca y hace lo que no debe hacer ahí, y es un olor malo. ¿Y tú sabes lo que yo hago con eso? Inmediatamente vengo, saco eso que me huele tan mal y lo boto en la basura.

Cuando vengo a la nevera y algo está malo, yo no cierro la puerta y me voy. No, yo busco lo que está mal, digo: "Esto ya se tiene que botar." De la misma manera, en nuestras vidas no debemos acostumbrarnos a las cosas malas: las actitudes ofensivas, nuestra soberbia, ser auto-justificados. No debemos acostumbrarnos a ese dolor tan malo; debemos clamar al Señor para que Él nos ayude a identificarlo y botarlo.

A veces en nuestras vidas nos acostumbramos a esas cosas porque no tenemos tiempo o no queremos luchar con ellas, y otros lo ven y se oye. ¿Qué pasa? El Señor nos quiere librar, el Señor nos quiere dar Su misericordia de nuevo, Su bondad, para que entonces nosotros podamos dársela a otros.

Y esto es posible en la cruz. La misericordia de Cristo hacia nosotros en la cruz, Su sacrificio por nuestros pecados, hace que esta misericordia sea para nosotros y nos da el poder para tener misericordia los unos de los otros.

Al Pino

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