Integridad y Sabiduria
Sermones

Un naufragio bajo Su providencia

Miguel Núñez 15 septiembre, 2019

El naufragio de Pablo camino a Roma revela una verdad que desafía nuestra lógica: estar en el centro de la voluntad de Dios no garantiza ausencia de tormentas. Pablo había anhelado llegar a Roma por años, y Dios mismo le había confirmado que testificaría ante el César. Sin embargo, el camino incluyó dos años de prisión y un naufragio devastador. La pregunta inevitable surge: si Dios declaró su voluntad, ¿por qué permitir tantos obstáculos? La respuesta está en la providencia divina, ese gobierno de Dios por el cual Él cuida y dirige todas las cosas, incluyendo las leyes de la naturaleza, los asuntos de las naciones y el destino humano.

En medio de una tormenta que duró catorce días, cuando todos habían perdido la esperanza de sobrevivir, Pablo se levantó como líder espiritual. Fue proactivo, confrontó el error de quienes no le escucharon inicialmente, pero no se quedó en el reproche: animó, consoló y cuidó del bienestar físico y emocional de los 276 pasajeros. Mientras los marineros intentaban escapar egoístamente en el bote salvavidas, Pablo pasó la noche exhortando a cada grupo a comer y mantener el ánimo. Su confianza no venía de las circunstancias sino del ángel que Dios envió para confirmarle que ninguna vida se perdería.

La lección trasciende el relato histórico: las tormentas de la vida solo suenan horribles cuando se leen desde la perspectiva humana. Vistas desde arriba del sol, desde la providencia de Dios, revelan cómo todas las cosas cooperan para bien. No hay evento, persona ni circunstancia que pueda impedir que Dios cumpla sus propósitos.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

El labora de Dios es electrónica.

En el capítulo 27 del libro de los Hechos, el penúltimo capítulo de este libro, como ya yo les he dicho en otras ocasiones, yo siempre me pongo un poco melancólico al final de cada serie, por la empatía y en cierta medida el cariño que voy tomando a los personajes de la historia, en este caso en particular al apóstol Pablo. Pero esto es una historia larga que en cierta medida le da continuación al mensaje que predicó el pastor Héctor el domingo pasado, excepto que en esta ocasión el personaje central no es Jesús sino Pablo, el personaje de la historia. Y junto con Pablo no van los discípulos en la barca, sino que va un grupo de prisioneros, pero creo que es una continuación a esto que ya fue expuesto el domingo anterior. Yo he titulado este mensaje: "Un naufragio bajo la providencia de Dios", basado en este capítulo 27 del libro de los Hechos.

La narrativa es acerca del viaje del apóstol Pablo desde Cesarea, donde él había estado prisionero por dos años, hasta la isla de Malta, donde tuvieron que detenerse debido a un naufragio, para luego continuar hasta Roma. Este fue el cuarto de los naufragios de Pablo. Y sabemos que es el cuarto porque ya cuando le escribió a los corintios en su segunda carta, capítulo 11, versículos 20 al 25, él les escribió acerca de tres naufragios previos, y todavía esta carta no había sido escrita, de manera que este es el cuarto de esos naufragios, todos bajo la voluntad de Dios, o todos en el cumplimiento de la voluntad de Dios.

Yo creo que si nosotros dejamos a Cristo fuera de la lista, sin lugar a dudas que pudiéramos decir sin temor a equivocarnos que nunca ha habido un hombre que estuviera tan en medio de la voluntad de Dios y que sufriera tantos percances y sufrimientos por estar precisamente cumpliendo dicha voluntad.

El texto es largo, 44 versículos, donde se nos narra el viaje final anhelado por Pablo de ir hasta Roma. Pablo había anhelado por años llegar a Roma y no había podido hacerlo, como él mismo explica en el capítulo 15 del libro a los Romanos, porque todavía en el área de Grecia quedaba territorio por evangelizar. Y Pablo siempre tuvo la pasión de predicar a Cristo, la ambición es la palabra literal, de predicar a Cristo en aquellos lugares donde él aún no había sido predicado. Y quedando territorio, entonces él se detuvo allí por un tiempo. Y habiendo ya predicado, como les explica, desde Jerusalén hasta el Ilírico, entonces ya no quedaba más territorio por abarcar, y decide que va a llegar a Roma con la esperanza de que los romanos, la iglesia de Roma, le ayudaran para continuar hasta España.

Después de dos años siendo prisionero, entonces haría... Yo creo que uno pudiera preguntarse que si era la voluntad de Dios que Pablo llegara a esta Roma, como fue declarado, ya como vimos en unos capítulos anteriores, el capítulo 23 específicamente de este libro, donde Cristo mismo se le aparece a Pablo y le dice: "Pablo, ten por seguro que de la misma manera que has testificado en Jerusalén, vas a testificar en Roma." Si está en la voluntad de Dios, ¿por qué tener a Pablo dos años preso para llegar hasta allá? Yo creo que también pudiéramos preguntarnos, si está en la voluntad de Dios que fue declarada directamente a Pablo, ¿por qué permitir un naufragio en el camino de esa voluntad?

Independientemente de las respuestas que pudiéramos dar a esas preguntas, de lo que yo creo, lo que sí queda claro en el texto es que cada uno de esos naufragios, incluyendo este camino a Roma, ocurrió bajo la providencia de nuestro Dios. Que no te quepa la menor duda.

Y para aquellos de nosotros que estamos menos familiarizados con lo que es la idea de la providencia de Dios, yo quisiera leer de cómo es descrita o definida en una de las fuentes consultadas, de una manera que es lo que andaba buscando, algo que fuera sencillo y al mismo tiempo que pudiera reflejar cabalmente la idea de la providencia de Dios. Escuchen con atención, porque este texto es acerca de eso.

La providencia divina es el gobierno de Dios por el cual —el gobierno de Dios, subraye esa palabra, gobierno, es un tanto diferente a soberanía, aunque están ampliamente ligados— el gobierno de Dios por el cual, con sabiduría y amor, Él cuida —subraya eso— y dirige todas las cosas en el universo. La doctrina de la divina providencia afirma que Dios tiene el control completo de todas las cosas. Él es el soberano sobre el universo en su conjunto, el mundo físico, los asuntos de las naciones, el destino humano. Escúchame ahora: los éxitos y fracasos de los hombres y la protección de su pueblo.

La cita continúa: a través de la divina providencia, Dios cumple su voluntad. Para asegurar que se cumplan sus propósitos, Dios gobierna los asuntos de los hombres y trabaja a través del orden natural de las cosas. Las leyes de la naturaleza no son más que la obra de Dios en el universo. Las leyes de la naturaleza no tienen poder inherente. Más bien son los principios que Dios estableció para gobernar —y ahí está la palabra otra vez— cómo funcionan normalmente las cosas. Son solo leyes porque Dios las decretó; por eso son leyes.

En el universo hay leyes físicas y hay leyes espirituales. Todas forman parte de un solo diseño para el cumplimiento de su voluntad. Violar su diseño es violar sus leyes, y violar sus leyes es entrar inmediatamente en el terreno de nuestro archienemigo, que no es otro que Satanás.

Menciono todo lo anterior porque lo que yo quisiera al leer el texto de hoy es que tú puedas entender que la forma de leer ese texto, y sobre todo de interpretar ese texto, requiere, demanda, que puedas subirte por encima del sol y puedas ver las cosas como Dios las ve. Estas historias no están aquí para ser interpretadas con el lente humano. Están ahí para hacerle lídas con la vista humana, pero ser interpretadas con los lentes de Dios.

El texto es largo, pero yo entiendo, y le decía eso a mi esposa cuando me preguntaba acerca de lo que iba a predicar, que si Dios se molestó en inspirar 44 versículos para esta historia, yo creo que nosotros debiéramos molestarnos en leerlos. Y que si en algún momento, hace unos años atrás yo me comprometí, en algún momento si el texto es muy largo para el tiempo, lo que necesita ser acortado es lo que yo tengo que decir y no lo que Dios está tratando de decirnos. Porque lo que Él dice siempre será más importante que cualquier cosa que pueda salir de mis labios.

Por eso esta es la manera como lo vamos a hacer. Yo voy a leer el texto a propósito de la Nueva Traducción Viviente; es un poco más dinámica para que no se pierdan la historia. Pero cuando yo expanda el texto, cuando yo explique y aplique el texto, yo voy a citar de la Biblia de las Américas, a propósito, de manera que tú puedas ver ambos ángulos al mismo tiempo.

Comienzo con el versículo 1 de Hechos 27: "Cuando llegó el tiempo..." Ahí está la providencia de Dios. No es cuando llegó el tiempo de ellos, no es cuando aclaró el cielo. No. Cuando llegó el tiempo providencial de Dios, zarpamos hacia Italia. A Pablo y a varios prisioneros más los pusieron bajo la custodia de un oficial romano llamado Julio, un capitán del regimiento imperial. También nos acompañó Aristarco, un macedonio de Tesalónica. Salimos en un barco matriculado en el puerto de Adramitio, situado en la costa noroccidental de la provincia de Asia. El barco tenía previsto hacer varias paradas en distintos puertos a lo largo de la costa de la provincia.

Al día siguiente, cuando atracamos en Sidón, Julio —ese es el centurión— fue muy amable con Pablo y le permitió desembarcar para visitar a sus amigos. Increíble, con prisioneros, a fin de que ellos pudieran proveer a sus necesidades. Desde allí nos hicimos a la mar y nos topamos con fuertes vientos de frente que hacían difícil mantener el barco en curso, así que navegamos hacia el norte de Chipre, entre la isla y el continente. Navegando en mar abierto, pasamos por la costa de Cilicia y Panfilia, y desembarcamos en Mira, en la provincia de Licia.

Allí el oficial al mando encontró un barco egipcio de Alejandría con destino a Italia y nos hizo subir a bordo. Tuvimos que navegar despacio por varios días, y después de serias dificultades, por fin nos acercamos a Gnido. Pero teníamos viento en contra, así que cruzamos a la isla de Creta, navegando al resguardo de la costa de la isla con menos viento, frente al cabo de Salmón. Seguimos por la costa con mucha dificultad y finalmente llegamos a Buenos Puertos, cerca de la ciudad de Lasea.

Habíamos perdido bastante tiempo. El clima se ponía cada vez más peligroso para viajar por mar porque el otoño estaba muy avanzado. Y Pablo comentó eso con los oficiales del barco. Les dijo: "Señores, creo que tendremos problemas más adelante si seguimos avanzando: naufragio, pérdida de la carga, y también riesgo de nuestras vidas."

Pero el oficial a cargo de los prisioneros le hizo más caso al capitán y al dueño del barco que a Pablo. Ya que Buenos Puertos era un puerto desprotegido, un mal lugar para pasar el invierno, la mayoría —subraya esa palabra— de la tripulación quería seguir hasta Fénice, que se encuentra más adelante en la costa de Creta, y pasar el invierno allí. Fénice era un buen puerto con orientación solo al suroeste y noroeste.

Cuando un viento suave comenzó a soplar desde el sur, los marineros pensaron que podían llegar a salvo. Entonces levaron anclas y navegaron cerca de la costa de Creta. Pero el clima cambió abruptamente, y un viento huracanado llamado Euroaquilón sopló sobre la isla y nos empujó mar abierto. Los marineros no pudieron girar el barco para hacerle frente al viento, así que se dieron por vencidos y se dejaron llevar por la tormenta. Navegamos al resguardo del lado con menos viento de una pequeña isla llamada Cauda, donde con gran dificultad subimos a bordo el bote salvavidas que era remolcado por el barco.

Después los marineros ataron cuerdas alrededor del casco del barco para reforzarlo. Tenían miedo de que el barco fuera llevado a los bancos de arena de Sirte frente a la costa africana, así que bajaron el ancla flotante para disminuir la velocidad del barco y se dejaron llevar por el viento. Al próximo día, como la fuerza del vendaval seguía azotando el barco, la tripulación comenzó a echar la carga por la borda. Luego, al día siguiente, hasta arrojaron al agua parte del equipo del barco. La gran tempestad rugió durante muchos días, ocultó el sol y las estrellas, hasta que al final se perdió toda esperanza.

Imagina estar esa vez en ese barco, quizás ya mareado, quizás con náuseas, quizás sin comer, quizás ahora sin ninguna esperanza de sobrevivencia. Nadie había comido en mucho tiempo. Finalmente, Pablo reunió a la tripulación y le dijo: "Señores, ustedes debieran haberme escuchado al principio y no haber salido de Creta, así hubieran evitado todos estos daños y pérdidas. Pero, anímense, ninguno de ustedes perderá la vida, aunque el barco se hundirá."

"¿De verdad, Pablo? El barco se hundirá, ¿por qué nosotros vamos a quedar con vida?" "Sí, pues anoche un ángel del Dios a quien pertenezco y a quien sirvo..." Pablo lo dejó claro: aquí a quién pertenecía y aquí a quién servía. Y por tanto, este ángel que ha venido de ese Dios a quien yo pertenezco y yo sirvo, estuvo a mi lado y dijo: "Pablo, no temas, porque ciertamente serás juzgado ante el César. Además, Dios en su bondad ha concedido protección a todos los que navegan contigo." Así que anímense, pues yo le creo a Dios. Yo no sé usted, pero yo le creo a Dios. Sucederá tal como él lo dijo, pero seremos náufragos en una isla.

Como a la medianoche de la decimocuarta noche de la tormenta —catorce días en alta mar, en medio de una tormenta— mientras los vientos nos empujaban por el mar Adriático, los marineros presintieron que había tierra cerca. Arrojaron una cuerda con una pesa y descubrieron que el agua tenía treinta y siete metros de profundidad. Un poco después, volvieron a medir y vieron que solo había veintisiete metros de profundidad. A la velocidad que íbamos, ellos tenían miedo de que pronto fuéramos arrojados contra las rocas que estaban a lo largo de la costa, así que echaron cuatro anclas desde la parte trasera del barco y oraron que amaneciera. Oraron.

Luego los marineros trataron de abandonar el barco, bajaron el bote salvavidas como si estuvieran echando anclas desde la parte delantera del barco. Así que Pablo les dijo al oficial al mando y a los soldados: "Todos ustedes morirán a menos que los marineros se queden a bordo." Entonces los soldados cortaron las cuerdas del bote salvavidas y lo dejaron a la deriva. Ya no hay bote, no hay salvavidas.

Cuando empezó a amanecer, Pablo animó a todos a que comieran. "Ustedes han estado tan preocupados que no han comido nada en dos semanas," les dijo. "Por favor, por su propio bien, coman algo ahora, pues no perderán ni un solo cabello de la cabeza." Así que tomó un poco de pan, dio gracias a Dios delante de todos, partió un pedazo y lo comió. Entonces todos se animaron y empezaron a comer, y los doscientos setenta y seis que estábamos a bordo.

Después de comer, la tripulación redujo aún más el peso del barco echando al mar la carga de trigo. Cuando amaneció, no reconocieron la costa, pero vieron una bahía con una playa y se preguntaban si podían llegar a la costa sin encallar el barco. Entonces cortaron las anclas y las dejaron en el mar, luego soltaron los timones y alzaron las velas de proa y se dirigieron a la costa. Pero chocaron contra un banco de arena y el barco encalló demasiado rápido. La proa del barco se clavó en la arena mientras que la popa fue golpeada repetidas veces por la fuerza de las olas y comenzó a hacerse pedazos.

Los soldados querían matar a los prisioneros para asegurarse de que no nadaran hasta la costa y escaparan. Pero el oficial al mando quería salvar a Pablo, así que no los dejó llevar a cabo su plan. Luego les ordenó a todos los que sabían nadar que saltaran por la borda primero y se dirigieran a tierra firme. Los demás se sujetaron a tablas o a restos del barco destruido, así que todos escaparon a salvo hasta la costa.

Un historiador impecable fue Lucas, con detalles hasta el número de personas que viajaron. Y tú puedes ver en el texto que acabamos de leer cómo, bajo la providencia de Dios, las leyes de la naturaleza se combinaron, cooperaron de tal manera que causaron el desarrollo de un viento huracanado que sacudió el barco. Hasta que finalmente, después de viajar por días, el barco encalló causando la destrucción completa de dicha nave, hasta el punto que al final la gente se salvó a nado y algunos incluso agarrados de objetos del barco o pedazos de madera de la destrucción del barco.

Lo mencioné: Pablo había anhelado llegar a Roma en mucho tiempo. Roma era la ciudad capital del imperio; desde allí se dominaba todo el mundo conocido. Roma era famosa por múltiples razones y Pablo ahora tiene la oportunidad de, por la voluntad de Dios, llegar a Roma. Pablo estaba en el cumplimiento de la voluntad de Dios, pero es algo que tú y yo necesitamos entender acerca de esa voluntad: es que no solamente es importante hacerla y llevarla a cabo, sino que es igualmente importante hacerla en el tiempo de Dios. Por eso es que el texto comienza diciendo que cuando llegó el tiempo, en la plenitud del tiempo que correspondía a los planes de Dios, eso es cuando Pablo zarpa para Roma.

Aquí tú tienes a Pablo ahora viajando hacia Roma en el tiempo de Dios. Vivir fuera de la voluntad de Dios trae consecuencias, pero tratar de llevar a cabo la voluntad de Dios fuera de su tiempo acarrea consecuencias por igual. Tú puedes ver eso en la vida de Moisés. Moisés, de acuerdo al autor de Hebreos en el capítulo 11, tenía una idea temprana cuando era todavía joven, cuando todavía era príncipe en Egipto, de que Dios lo estaba llamando a la liberación del pueblo. Y estando ahí joven, pero fuera de tiempo, queriendo llevar a cabo dicha voluntad, mata a uno, lo entierra en la arena, y eso le costó a Moisés el tener que huir y pasar cuarenta años en el desierto, simplemente por estar fuera de la voluntad de Dios. Hasta el punto que cuando Dios lo llama, él se acuerda que mató a uno y dice que hay gente que sabe lo que yo hice.

Y no solamente es importante hacer la voluntad de Dios y hacerla en el tiempo de Dios, pero es igualmente importante también hacerla a la manera de Dios. Y eso es lo que tú ves en la vida de Pablo. El interés de Pablo es llegar a una ciudad esplendorosa en términos externos, pero extremadamente caída en términos morales.

Escucha cómo John Stott habla de Roma en ese tiempo en su comentario sobre el libro de Hechos: Roma era la capital del imperio desde donde se gobernaba todo el mundo conocido hasta ese momento. Roma alcanzó gran reconocimiento debido a su tolerancia con relación a las diferentes religiones, hasta el punto de lograr integrar a los romanos, a los viejos, a los judíos y a los bárbaros dentro de su vida social. Roma protegió la cultura griega y su lenguaje, inculcó el respeto por lo que era el cumplimiento de la ley y ganó reputación por su administración eficiente e incluso por su comunicación postal. ¿Te imaginas eso? Milenios atrás, Roma tenía fama por su comunicación postal, además de la manera como Roma facilitó los viajes debido a la construcción de carreteras y puertos.

Además, Roma se hizo famosa por sus edificios extraordinarios, sus tres circos, las carreras de carros o de carruajes, los palacios del César, las tumbas de los muertos ilustres, los diferentes templos, las basílicas, los teatros, los baños públicos y sus acueductos. Además, la vida en Roma era rica en actividades comerciales, sociales, políticas y religiosas. Y sin embargo, Roma llegó a ser también un centro significativo de pecado y una especie de alcantarillado repugnante moralmente hablando. A esa ciudad es que Pablo quiere llegar, porque ninguna otra ciudad necesitaba más el evangelio que Roma en esos momentos. Precisamente por su decadencia, la única esperanza.

Pero yo quiero que tú veas la providencia de Dios desde el inicio del viaje, porque una de las primeras cosas que leemos es que Pablo iba acompañado de Aristarco. Aristarco fue uno de sus compañeros de causa que vimos en uno de los capítulos anteriores. A un prisionero le dan el privilegio de ir acompañado no solamente de Aristarco, sino que va acompañado de Lucas. Y la manera como nosotros sabemos que Lucas era parte del viaje es porque Lucas relata los eventos hablando de "nosotros" y "fuimos" y "llegamos" y "partimos". De manera que cada vez que el texto del libro de los Hechos nos habla en términos de "nosotros," ahí está Lucas presente. De manera que Pablo va acompañado de un compañero de evangelio y va acompañado de su médico personal, porque eso era Lucas.

Tú ves la providencia de Dios a favor de Pablo en la primera parada en Sidón, donde el texto dice que Julio, el comandante o el centurión, le da permiso a Pablo para que vaya y visite —a un prisionero— a sus amigos, quienes pudieron suplirle para el viaje. Eso es extraordinario. Aun allí estaba la providencia de Dios.

Luego llegan a un lugar de nombre Mira de la provincia de Licia, y allí el centurión entonces —porque él no continuaba— encontró un barco que venía de Alejandría, de Egipto, más grande. Y en barco entonces embarcaron a Pablo y al resto junto con los demás, y de ahí ellos partieron hacia Roma. Pero prontamente, dicha embarcación encuentra un viento contrario.

Escucha lo que el texto dice a partir del versículo 9: "Cuando ya había pasado mucho tiempo y la navegación se había vuelto peligrosa, pues aun el ayuno —ese es el día de la expiación— hasta el ayuno había pasado ya, Pablo los amonestaba diciendo: 'Amigos, veo que de seguro este viaje va a ser con perjuicio y graves pérdidas, no solo del cargamento de la nave sino también de nuestras vidas.'"

Pero el centurión se persuadió más por lo dicho por el piloto y el capitán del barco que por lo que Pablo decía. Y como el puerto no era adecuado para invernar, la mayoría —subraya esa palabra— tomó la decisión de hacerse a la mar de allí, por si les era posible arribar a Fenice, un puerto de Creta que mirase al nordeste y sudeste, y pasar el invierno allí. Pablo no quería continuar el viaje, no quería salir de Creta, pero la mayoría se opuso. Esa mala decisión les costó la pérdida de la embarcación.

La primera lección del texto de hoy que yo quiero traer a ti es que, a pesar de que Pablo no tomó la decisión de seguir, a él le tocó lamentablemente sufrir las consecuencias de la mala decisión de la mayoría. Cuando tú estudias el texto bíblico de principio a fin, tú descubres que la mayoría siempre se ha opuesto a la voluntad de Dios y que la minoría tiene que lamentablemente sufrir las consecuencias de las malas decisiones de la mayoría.

Eso fue cierto incluso en la historia de los doce hijos de Jacob. La mayoría, once, se opuso a la voluntad de Dios de levantar a José, y José tuvo que sufrir la consecuencia de sus hermanos. Eso fue cierto en la vida de Moisés cuando envía doce espías a reconocer la tierra prometida que Dios quería entregarles en ese momento, apenas a unos meses de haber salido, y que pudieron haber llegado hasta allí en apenas un par de semanas. Y sin embargo diez, la mayoría de doce espías, se opuso a entrar a la tierra prometida, y solamente dos, la minoría, decidieron a favor de la voluntad de Dios. Y eso hizo que Dios determinara que estarían en el desierto un año por cada día que reconocieron la tierra, es decir, cuarenta años.

Eso ocurrió así en la vida de Moisés, ocurrió así en la vida de José, ocurrió así en la vida de Jesús, en la vida de Pablo y en el resto de la historia de la Iglesia. Eso sigue ocurriendo hoy. La imposición de la ideología de género está cada vez más calando en la mente y el corazón de una mayoría que nos está imponiendo a nosotros, una minoría, que vivamos conforme a sus normas.

Escucha, el seguir la voluntad de Dios nunca ha sido ni el deseo, ni el discernimiento, ni la decisión de la mayoría, y eso va a continuar así hasta que entremos en gloria, como lo revelan las palabras de Cristo cuando dice: "Muchos son los llamados" —la mayoría— "pero muy pocos son los escogidos" —la minoría—. La mayoría nunca ha tenido ni el deseo, ni el discernimiento, ni la decisión de seguir la voluntad de Dios.

Ahora, escúchame. Subraya "sin embargo". A pesar de que la mayoría escogió contrario a la voluntad de Dios en esta historia, eso no escapó a la providencia de Dios. Es parte de cómo Dios decidió gobernar la tormenta, el viaje y la llegada del apóstol Pablo, con motivaciones que solamente estaban en su mente.

Escucha cómo el versículo 14 nos dice que no mucho después de eso, comenzó a soplar un viento huracanado que se llama Euroclidón —esa es la traducción de la Biblia de las Américas—. El versículo 20: "Ni el sol ni las estrellas aparecieron por muchos días, y una tempestad no pequeña se abatía sobre nosotros; desde entonces fuimos abandonando toda esperanza de salvarnos."

Yo no sé cuántos de ustedes han estado en una situación donde literalmente abandonaron su esperanza de salir con vida. Yo recuerdo, a la edad de diez años, tener esa experiencia estando en la playa, habiendo caído en un hoyo de la playa, y habiendo luchado y luchado y luchado, ya no pudiendo más. Mis brazos cansados, me dolían los brazos, me dolía absolutamente todo. Yo perdí toda esperanza de salir con vida, bajé mis brazos y le dije: "Señor, ayúdame", y como que me despedí de la vida. Y lo próximo que supe era que estaba de pie más adelante caminando en la playa y venían los adultos a recogerme. En esta ocasión, ellos perdieron la esperanza de salir con vida.

Lección número dos: en esas circunstancias, en dificultades y sin esperanza de salir con vida, aquellos que han sido llamados por Dios a liderar muestran su fe en los desafíos de la vida, y esa fe hace crecer su liderazgo mientras otros se amedrentan. Déjame decirles otra vez: aquellos que han sido llamados a liderar muestran su fe en los desafíos de la vida. Y liderar no es el pastor, liderar no es el misionero, liderar no es el profeta. Si tú eres un padre de familia, tú has sido llamado a liderar. Si tú eres un esposo, tú has sido llamado a liderar. Aquellos que han sido llamados por Dios a liderar muestran su fe en los desafíos de la vida, y esa fe hace crecer su liderazgo mientras otros se amedrentan.

Nota cómo Pablo lideró ante estas circunstancias. A: Pablo fue proactivo. Y si tú eres un líder de alguien, piensa: eso es lo que yo necesito ser. Pablo fue proactivo, tomó la iniciativa, habló y confrontó el error del resto. Escucha el versículo 21: "Cuando habían pasado muchos días sin comer, Pablo se puso de pie en medio de ellos y dijo: Amigos, debierais haberme hecho caso" —ahí está la confrontación— "y no haber zarpado de Creta, evitando así este perjuicio y pérdida." Pablo se paró, fue proactivo, tomó la iniciativa, comenzó a hablar, confrontó su error y les dijo: "No me hicieron caso, debieron haberlo hecho."

Ahora nota cómo un líder espiritual sabe guiar, liderar hacia adelante. Eso no es donde lo deja, simplemente la confrontación, sino que Pablo no se conformó con señalar sus faltas. Habiendo señalado sus faltas, él como líder espiritual que era pasa a animarlos para que continuaran hacia adelante. Versículo 22: "Pero ahora os exhorto" —aquí viene el estímulo— "a tener buen ánimo, porque no habrá pérdida de vida entre vosotros, sino solo del barco." Eso es lo que el líder espiritual está supuesto a hacer: él es proactivo, él toma la iniciativa, él confronta el error, pero junto con eso él trae la motivación espiritual y emocional para continuar hacia adelante.

A, B, C. Ahora, Pablo exhibió su confianza en Dios cuando otros la habían perdido. El texto de Lucas dice: "Perdimos la esperanza de salir con vida", pero no Pablo. Ahora, él tenía razones para eso, sí, claro, pero él es el líder que está llevando, ayudando a que esta gente pueda continuar.

Escucha cómo continúa la historia. ¿Por qué es que Pablo tiene confianza en que la cosa puede continuar y van a salir bien, al final todo va a salir mucho mejor de lo que ellos habían comenzado a experimentar? Porque versículo 23: "Esta noche estuvo en mi presencia un ángel de Dios." Escucha esta frase, me encanta: "de quien soy y a quien sirvo." No es simplemente un ángel, es que el ángel viene de parte de alguien a quien yo le pertenezco y a quien yo le sirvo, de manera que yo tengo que prestar atención. No simplemente porque es un ser celestial que debe tener buena información, no. ¿Qué me trae? Un mensaje de parte de la persona que es mi amo, mi dueño y debajo de quien yo sirvo.

¿Qué fue lo que le dijo? "No temas, Pablo, has de comparecer ante el César, y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo." ¿Escuchaste esto? El ángel no le dijo: "Pablo, todos los que navegan contigo se van a salvar." No. "Dios te ha concedido a ti todos los que navegan contigo." En otras palabras: "Tú eres mi mensajero, Pablo. Tú tienes un mensaje que va a comparecer ante el César." Esta es ahora mi especulación, pero tiene una audiencia aquí, y estoy convencido —otra vez, vuelvo y repito— de que Pablo predicó el evangelio durante esos días en alta mar en medio de la tormenta a esa gente, y de ahí la fraseología del ángel: "A ti se te ha concedido que ellos vivan."

Por tanto, dice Pablo a ellos: "Tened buen ánimo, amigos, porque yo confío en Dios. Ustedes perdieron la esperanza, pero yo no. Acontecerá exactamente como se me dijo. Yo confío en Dios."

Ahora escucha: la confianza en Dios no es verdadera hasta que no es probada y puesta en despliegue en medio del peligro. La confianza en Dios no es verdadera hasta que no es probada y puesta en despliegue en medio del peligro. La confianza en Dios cuando no hay tormentas es lógica, no fe. La confianza en Dios cuando no hay tormentas ni peligro es lógica, no fe. Y la fe cree a pesar de las circunstancias, en medio de la tormenta, en medio de las olas y a pesar de las consecuencias. Aun si el barco se hunde, la fe cree por encima de las circunstancias.

Y finalmente, con relación a este punto que estoy tratando de subrayar: si Dios te manda a lanzarte, no preguntes dónde está el paracaídas, cómo está, cuándo lo hago y cómo lo hago. Esta es la única pregunta que tú tienes para Dios una vez Él te manda a dar el brinco: el paracaídas para nosotros, nuestra necesidad, Dios no los conoce de antemano. Tú pregunta cuándo, tú pregunta cómo, como diría en inglés: then you jump, y luego tú te lanzas.

La providencia de Dios orquestó que el viaje de Pablo ocurriera en los meses de mayor peligro: final de otoño para esa época, para ese tiempo, principio del invierno. La misma providencia hizo operar las leyes de la naturaleza para que se levantara dicha tormenta que los hizo naufragar. Fue la misma providencia que permitió que la mayoría prevaleciera por encima del consejo de Pablo. Y en el ejercicio de su providencia, Dios envió un ángel al apóstol Pablo para anunciar de antemano que no habría pérdida de vida y que él hubiese podido continuar o comenzar a liderar espiritualmente a esta gente con beneficios en el mundo físico.

Si Pablo no hubiese tenido la confianza en Dios típica de su persona, Pablo no hubiese podido liderar en este momento circunstancial. No había sido escuchado la primera vez. El líder espiritual no se rinde por no haber sido escuchado la primera vez; él intenta una segunda vez, y esta vez sí le escucharon.

Lección número tres: nada como una tormenta, en este caso un naufragio, para poner de relieve el egoísmo de los que están siendo probados. Nada como una tormenta, en este caso un naufragio, para poner de relieve el egoísmo de los que están siendo probados. Escucha el versículo 30.

Como los marineros trataban de escapar de la nave —los marineros, los que saben guiar esta nave—, se quieren ir y quieren escapar. Y habían bajado el esquife al mar; ese es el bote salvavidas. Bajo pretexto de que se proponían echar las anclas desde la proa, esta gente, los marineros en esta tormenta, manifiestan su egoísmo. No les importó la vida de los demás: "A ver, nosotros vamos a bajar el bote salvavidas, vamos a montarnos, pero vamos a hacerles creer que lo que estamos haciendo es echando anclas desde la proa."

La inclinación natural de los seres humanos, lamentablemente incluyendo la mayoría de los hijos de Dios —escucha otra vez—, la inclinación natural de los seres humanos, incluyendo la mayoría de los hijos de Dios, es tomar decisiones después que ellos han considerado lo que es mejor y más conveniente para mí. Así piensa la naturaleza egoísta del hombre. Escucha lo que el diccionario de la Real Academia define como egoísmo: "Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés." ¿Escuchaste el lenguaje? Como que suena hiperbólico, pero no lo es: inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés sin tomar en consideración el de los demás. Esta es la inclinación natural de la naturaleza caída, incluyendo los hijos de Dios, incluyendo muchos de aquellos que hemos sido llamados a liderar. Tomamos las decisiones sin considerar de qué manera eso me va a afectar a mí.

Lección número cuatro: las tormentas ponen de manifiesto el interés primario de un líder espiritual, que es el bienestar del otro, aun por encima del suyo. Si tú eres un esposo, si tú eres un padre de familia, si tú eres un pastor, si tú eres un misionero, si tú eres cualquier cosa que estés liderando, las tormentas de tu vida van a poner de manifiesto lo que debe ser tu interés primario si tú eres un líder espiritual, y ese es el bienestar del otro, aun por encima del tuyo.

Escucha el interés de Pablo en preservar la vida de los demás. Versículo 31: Pablo dijo al centurión y a los soldados: "Si estos no permanecen en la nave —los marineros que se quieren ir—, vosotros no podréis salvaros." Pablo supo a dónde ir, a la persona que representaba la autoridad, y le dice: "¿Sabes qué? Yo me di cuenta de que esta gente ha expresado su egoísmo de querer irse, de querer salvarse ellos, pero si ellos se van, todos vamos a perecer."

Ahora, hay algo más: el interés de Pablo no era simplemente preservar su vida, sino el bienestar de los transportados. De manera que, si estás liderando a alguien, tu interés primario no es simplemente que ante un peligro de perder la vida tú pudieras arriesgar la tuya en un momento hasta de impulso sin pensarlo, sino que cuando las cosas simplemente tienen que ver con el bienestar, tu interés primario es el bienestar del otro, incluyendo por encima del tuyo.

Y mira lo que Pablo hace, versículos 33 y 34: "Y hasta que estaba a punto de amanecer" —en otras palabras, toda la noche— "Pablo exhortaba a que tomaran alimento." Ahí está el bienestar del otro. Toda la noche, por lo menos sin dormir esa noche. Yo no me imagino a Pablo predicando, porque tú no puedes estar subiendo y bajando, alguno que esté vomitando y tú predicando en medio de la oscuridad. Yo imagino a Pablo en el barco de 276 personas, grupito por grupito, de dos en dos, de tres en tres, dependiendo del estado de ánimo que tuvieran, y los exhortaba a todos que tomaran alimento, diciendo: "Hace ya catorce días que velando continuamente estáis en ayunas, sin tomar ningún alimento. Por eso os aconsejo que toméis alimento, porque esto es necesario para vuestra supervivencia."

Pablo animó hasta la madrugada a esta gente: aquellos que estaban quizás vomitando, aquellos que estaban mareados, aquellos que estaban deshidratados, aquellos que estaban ansiosos, probablemente brindándoles una palabra de consuelo. Pero Pablo, como líder espiritual, estaba preocupado por su bienestar.

Escúchame: nada genera más credibilidad que cuando ese otro te ve sacrificándote por él o por ella. Nada genera más credibilidad que cuando ese otro te ve sacrificándote por él o por ella. Y lo opuesto también es cierto: nada genera más desconfianza que cuando el otro te ve tomando las decisiones que te favorecen a ti. Nada genera más desconfianza que cuando el otro te ve tomando decisiones que te benefician a ti. No vemos a Cristo hacer eso.

Tal vez Pablo no solo quería fortalecerlos físicamente, sino también emocionalmente. No pudiéramos decir espiritualmente todavía, porque no hay evidencia aquí de conversión. Pero escucha lo que Pablo le dice en el versículo 34, segunda parte: "Pues ni un solo cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá." Esto es como dándoles un ánimo emocional, un estímulo, un consuelo emocional, brindándoles garantías: "Yo no soy Dios, pero Dios me envió un ángel y esto es lo que Él me dijo. Yo creo en ese Dios, de manera que, oye, ni una hebra de cabello tú vas a perder."

La seguridad que el ángel trajo a Pablo, eso es lo que hizo: la compartió. Pablo no se mostró de manera que: "Oíste, OK, yo tengo seguridad que el ángel me dio, que todos no van a morir. Bueno, yo no lo voy a decir, así que los voy a dejar que sigan tomando malas decisiones. Tú vas a ver lo que va a pasar. Yo sé, tú vas a ver. Yo solo voy a ver, yo solo digo: yo lo advertí, está bueno que les pase." No. La seguridad recibida, Pablo la compartió, porque el líder espiritual entiende que todo lo que Dios ha puesto a su disposición es para compartir con aquellos que son de Dios, por lo menos.

Lección número cinco: nada como una tormenta para dar gracias a Dios enfrente de los atormentados. Nada como la tormenta para aprovechar la ocasión para dar gracias enfrente de los atormentados. Versículo 35: "Y habiendo dicho esto, tomó pan y dio gracias a Dios en presencia de todos." En medio de la tormenta, del sube y baja, del no ver estrella, no solo oscuro en la noche sino nublado de día, con viento contrario. "Y partiéndolo, comenzó a comer. Entonces todos, teniendo ya buen ánimo, tomaron también alimento." "Una vez saciados, aligeraron la nave arrojando el trigo al mar."

El verdadero espíritu de agradecimiento se muestra cuando no hay circunstancias aparentes para dar gracias. El verdadero espíritu de agradecimiento se muestra cuando no hay ninguna circunstancia aparente para dar gracias, sino que las razones son suficientes para quejarnos y que se nos entienda en la queja. Pero no Pablo. Yo no creo que Pablo simplemente dio gracias por el pan, como nosotros damos gracias antes de comer. No lo creo, no conociendo a Pablo. Pablo aprovecha esa ocasión, en medio todavía del peligro donde el barco probablemente se va a hundir, para dar gracias al Dios en quien él ha creído, delante de un grupo que el versículo 37 nos dice que eran 276 personas.

Pablo sabe que la tormenta no es momento para quejarse, porque no olvides que tu queja y mi queja —cuando hayan ocurrido, cuando estén ocurriendo— son siempre, no casi siempre, no la mayoría de las veces, son siempre en contra de la providencia de Dios que gobierna los eventos que ocurren alrededor de ti, que gobierna la interacción con los hombres, con las mujeres, que gobierna lo que a ti te ocurre, lo que no te ocurre, lo que ocurre a otro, las interacciones que te producen irritación. Todo eso está bajo la providencia de Dios. No hay un solo evento, un solo intercambio, una sola ocurrencia, una sola gota de agua que caiga afuera de la providencia de nuestro Dios. Y ahora entiendes tu vida. Por eso es que Moisés le recuerda al pueblo: "Vuestras quejas no son contra mí." ¿Cómo se quejan a mí? Imagínense, ¿cómo se quejan a Dios? "Es que yo no soy el que ya los tengo en el desierto, yo no soy el que he hecho que carezcan, que haya carencia de agua ni de alimento en un momento dado." Hablen con Dios.

Lección número seis: de la misma manera que las tormentas revelan la bondad de un líder espiritual, como vimos con Pablo —que da gracias, que comparte el pan, que los exhorta toda la noche, y es que quizás ni duerme—, ellas revelan la maldad del corazón humano, y sobre todo de aquellos que no conocen a Dios. Interesante: las tormentas revelan la bondad de unos y la maldad de otros.

Escucha ahora en el versículo 42: "Y el plan de los soldados era matar a los presos para que ninguno de ellos escapara a nado." Los soldados estaban probablemente calculando: "Si estos presos se escapan, después se les queda a nosotros, que estábamos a cargo de ellos, tengamos que pagar con nuestras propias vidas. De manera que, para que no nos pase nada a nosotros, vamos a matarlos primero." Muy distinto a como Jesús pensó, y dijo: "Prefiero yo perder la vida para que los demás no tengan que. Prefiero yo perder mi vida para que los demás no tengan que."

Si tú eres un líder espiritual, si eres un esposo, si eres un padre de familia, si eres cualquiera de las personas que yo he mencionado a lo largo del mensaje, que estás liderando, esa es la manera como tú necesitas pensar: "Yo prefiero morir a mí mismo todos los días en las cosas pequeñas." Que son mucho más difíciles de hacer que el día que un ladrón entra a la casa, porque ese día, de impulso, sin pensarlo, cualquiera se atreve a ofrecer su vida por otro. No. En el día a día, desde que te levantas hasta que te acuestas, poco a poco, minuto a minuto, en las cosas pequeñas, tú decides morir a ti mismo para que otros tengan vida abundante en Cristo Jesús.

Las tormentas revelan la bondad del corazón humano en aquellos que han sido formados a la imagen de Cristo, y revelan la maldad del corazón del hombre, sobre todo de aquellos que no conocen a Dios.

Lección número siete: la providencia de Dios es capaz de poner gracia en el corazón del otro para que actúe a favor tuyo en el cumplimiento de los propósitos de Dios. La providencia de Dios es capaz de poner gracia en el otro para que actúe a favor tuyo en el cumplimiento de los propósitos de Dios.

Yo decía esta mañana, yo puedo dar testimonios sin temor a equivocarme y teniendo a Dios como testigo, los cientos de veces que yo he orado y que yo he visto a Dios poner gracia en ese otro: desde un paciente, a un médico, a una persona ordinaria, común y corriente. Y ver esa gracia de volverse hacia mí con favoritismo, porque no se me ocurre otra palabra, en el cumplimiento del plan de Dios. Favoritismo en el sentido de que es algo que yo no esperaba, que yo no merecía, que a mí me ha sorprendido una y otra vez. Y escucharlo aquí en esta historia: Dios puso gracia en su providencia en el corazón del centurión.

Tenemos eso en el versículo 23: "Pero el centurión, queriendo salvar a Pablo..." Pablo es un prisionero. ¿Qué es lo que le han encargado a este centurión? Los centuriones veían a los prisioneros como personas de muy segunda, tercera, cuarta categoría. Podrían ser dispensables, se podrían matar y echar como comida a los tiburones. Pero el centurión, en quien Dios ha puesto gracia hacia Pablo, quería salvar a Pablo. Impidió su propósito, impidió que los soldados mataran a todos los prisioneros. Pero el texto no dice que el centurión era de tan buena naturaleza que no quisiera matar a los prisioneros. No, no, no. En vista de que él tenía un especial interés en el apóstol Pablo, el enviado de Dios, Dios puso una gracia para preservar la vida de Pablo, y la única manera de hacerlo era preservando la vida de todos.

Y el centurión intervino y ordenó que los que pudieran nadar se arrojaran primero por la borda y llegaran a tierra. "Si se escapan, yo me tomo la responsabilidad, me pueden culpar a mí." Y todos fueron salvos. Pero el interés del centurión era Pablo. El centurión que no le hizo caso a Pablo es el centurión que quiere preservar su vida ahora.

Lección número ocho y final. Escucha: no hay tormenta, no hay circunstancia o personas que puedan impedir que Dios lleve a cabo lo que Él ha propuesto realizar. No hay un solo evento, una sola persona, un solo demonio, Satanás mismo, circunstancia, lo que tú quieras pensar o imaginar, que pueda impedir que Dios lleve a cabo el plan que Él se propuso llevar a cabo y realizar en tu vida. El salmista decía que él estaba confiado en que Dios completará o realizará su propósito en mí. Y un ángel vino donde Pablo a garantizarle: "Pablo, no te preocupes, que esta tormenta, este barco que se va a hundir, que se va a hacer pedazos, el centurión o cualquier otra cosa, nada de eso va a impedir que tú llegues a Roma a testificar delante de César, porque ese es el propósito de Dios, y el propósito de Dios es imparable."

"No temas," versículo 23, Pablo. ¿Por qué? Le dice el ángel: "Has de comparecer ante César, y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo." ¿Les escuchaste otra vez? Dios te ha concedido a ti todos los que navegan contigo. Y algunos llegaron en tablones y otros en diferentes objetos de la nave. Versículo 44: "Y así sucedió que todos llegaron salvos a tierra." ¡Wow! ¡Qué odisea! ¡Qué experiencia! ¡Qué aprendizaje!

Déjame concluir. El texto de hoy, como probablemente cualquier otro texto de la Biblia leído solamente, pero este texto en particular donde hay como una tragedia, leído solamente, suena horrible. A mí me suena horrible: días en alta mar, en oscuridad, sin comer, sin beber poco probablemente, sin saber si van a perecer en un momento dado, sin timones, las velas las bajaron, se dejaron que la tormenta los llevara para donde quisiera. La razón por la que este texto leído solamente suena horrible es porque la lectura solo revela la narrativa de la tragedia del naufragio. Es lo único que la lectura revela. Pero el texto leído e interpretado desde una perspectiva por encima del sol, y aplicado a la vida del aquí y el ahora, cobra vida.

Entiende cómo es la historia. Si lees la historia solamente, y esto hay muchas veces, y si lees tu historia desde el punto de vista de aquí abajo, del punto de vista humano, terrenal, probablemente tu historia y muchas de las historias de la vida suenan horrible. Pero si te subes por encima del sol y consideras la providencia de Dios, descubrirás que no importa tus fracasos, tus éxitos, los inconvenientes, las pérdidas, las muertes, los reemplazos, tu enfermedad, tu dificultad, no importa lo que haya ocurrido en tu vida, cómo todas las cosas cooperaron para bien. Vista desde una perspectiva por encima del sol, entonces ahora tú puedes interpretar lo que lees en la Biblia y lo puedes aplicar al aquí y el ahora, y de repente el texto cobra vida para ti. Y eso lo hace el Espíritu de Dios.

De manera que mi consejo pastoral en esta mañana, que tú puedas irte con una decisión, es que jamás intentarás leer ni las historias bíblicas, ni las historias de los demás, de tus contemporáneos, ni tu propia historia, a la luz simplemente de lo que tus ojos humanos contemplan. Esa es solamente una sola perspectiva muy limitada y frecuentemente defectuosa. Que tú vas a hacer el intento de que, viendo lo que ves, tratarás de orar, de reflexionar por días, por semanas y hasta por meses, y tratar entonces de ver cómo Dios pudiera estar viendo, analizando, interpretando lo que tú estás viendo en una historia bíblica o en tu propia historia, para que tú puedas encontrar el sentido detrás de la historia y puedas encontrar al Dios de la historia. Porque cuando veas al Dios de la historia y lo veas más grande que cualquier otra cosa que haya podido llegar hasta ti, entonces todo lo que llegue a ti es completamente pequeño comparado con el tamaño del Dios que te dio vida, que te sustenta y que está escribiendo tu historia.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.