El hombre no se condena porque nunca haya oído de Jesucristo; se condena porque no responde a lo que ya conoce. Dios se ha revelado a toda la humanidad a través de la creación y la conciencia: su poder eterno, su sabiduría, su soberanía están visibles en los cielos y la tierra. Nadie tiene excusa. Sin embargo, el ser humano prefiere fabricar ídolos con sus propias manos y postrarse ante ellos, inventando caminos necios en lugar de buscar al Creador. Esa es la tragedia de la revelación general: condena, pero no salva.
Cuando Pablo llega a Atenas y se encuentra ante filósofos paganos que no conocen nada del Antiguo Testamento, comienza precisamente por esa revelación general. Les habla del Dios creador del mundo, señor del cielo y la tierra, infinito, autosuficiente, dador de vida, sustentador de todo lo que existe. Les recuerda que sus propios poetas dijeron que somos linaje divino, y les confronta: si somos descendientes de Dios, ¿cómo concebimos dioses de oro, plata o piedra? Pero cuando Pablo menciona la resurrección, lo interrumpen. Algunos se burlan, otros prometen escucharlo después. El resultado es llamativo: no hay tumulto ni conversiones masivas como en otras ciudades; apenas unos pocos creen.
Inmediatamente después, Pablo viaja a Corinto y declara algo revelador: nada se propuso saber entre ellos excepto a Cristo y a Cristo crucificado. La revelación general puede mostrar que Dios existe, pero solo el evangelio —la cruz, la sangre derramada, la resurrección— tiene poder para salvar.
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Con eso, yo quiero invitarte a que puedas abrir la Palabra, o encender la Palabra, en el libro de los Hechos, capítulo 17, para continuar el mensaje del domingo anterior acerca de la visita de Pablo a Atenas. Un lugar completamente desconocido para él que quizás les sorprendió, a pesar de que había estado en ciudades ya paganas, pero se encontró en Atenas con una ciudad no solamente llena de ídolos, sino que junto con los ídolos había filósofos, entre ellos los epicúreos y los estoicos, quienes tenían cierta creencia de las cuales estuvimos hablando en el mensaje anterior.
Pablo estuvo caminando entre la ciudad y de repente se encontró en la plaza pública. Es allí donde se encuentra con los filósofos y, al escucharle, ellos tomaron a Pablo y lo arrastraron hasta el Areópago. Ahí fue donde dejamos a Pablo la semana anterior, en el Areópago. De manera que hoy lo que vamos a ver es el mensaje de Pablo en el Areópago, el concilio de la ciudad que se acostumbraba a reunir para escuchar casos acerca de religión, de educación, de moralidad y otros temas similares.
En esta ocasión, probablemente el concilio no se reunió de manera oficial para juzgarle y para escucharle, porque como estuvimos viendo, los atenienses entretenían, vivían entretenidos escuchando las nuevas corrientes que llegaban a ellos. Parecería como que Pablo traía una nueva corriente, un nuevo entendimiento, un nuevo Dios al que estaba predicando. Y entonces ahora nosotros leeremos a partir del versículo 22 hasta el final del mensaje de Pablo a los atenienses en este lugar tan famoso hasta el día de hoy.
Escucha lo que el texto dice. "Entonces Pablo, poniéndose en pie en medio del Areópago, dijo: 'Varones atenienses, percibo que sois muy religiosos en todo sentido, porque mientras pasaba y observaba los objetos de vuestra adoración, hallé también un altar con esta inscripción: Al Dios desconocido. Pues lo que vosotros adoráis sin conocer, eso os anuncio yo. El Dios que hizo el mundo y todo lo que en él hay, puesto que es Señor del cielo y de la tierra, no mora en templos hechos por manos de hombres, ni es servido por manos humanas, como si necesitara de algo, puesto que Él da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de uno hizo todas las naciones del mundo para que habitaran sobre toda la faz de la tierra, habiendo determinado sus tiempos señalados y los límites de su habitación, para que buscaran a Dios, si en alguna manera, palpándole, pudiesen hallarle, aunque no está lejos de ninguno de nosotros, porque en Él vivimos, nos movemos y existimos, así como algunos de vuestros mismos poetas han dicho: "Porque también nosotros somos linaje suyo." Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la naturaleza divina sea semejante a oro, plata o piedra, esculpida por el arte y el pensamiento humanos. Por tanto, habiendo pasado por alto todos los tiempos de ignorancia, Dios declara ahora a todos los hombres en todas partes que se arrepientan, porque Él ha establecido un día en el cual juzgará al mundo en justicia por medio de un hombre a quien ha designado, habiendo presentado pruebas a todos los hombres al resucitarle de entre los muertos.' Y cuando oyeron de la resurrección de los muertos, algunos se burlaban, pero otros dijeron: 'Te escucharemos otra vez acerca de esto.' Entonces Pablo salió de entre ellos, pero algunos se unieron a él y creyeron, entre los cuales estaban Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos."
Es interesante que el abordaje, o la presentación del mensaje en Atenas, en el Areópago, toma una forma completamente distinta a lo que hasta ese momento Pablo había acostumbrado a hacer, y no solamente Pablo, a lo que Pedro había acostumbrado a hacer. Ellos presentaron el Evangelio de manera clara desde el principio; en ocasiones, ante una audiencia judía, Pablo arrancaba en el Antiguo Testamento. Pero esta gente no conocía nada de eso: no conocían de los patriarcas, de los libros del Génesis, no conocían de los profetas ni del resto del Antiguo Testamento. Pablo llevaba el mensaje de una forma en que ellos pudieran ver que en Jesús se cumplían las promesas del Antiguo Testamento, pero aquí no podía iniciar ahí. Sin embargo, en ocasiones ante inconversos, el Evangelio era la centralidad, como vemos en el caso de Cornelio y de otros.
Lo que Pablo hace es arrancar con lo que nosotros llamamos en teología la revelación general de Dios. Yo mencionaba esta mañana al inicio que en las ocasiones que me ha tocado predicar aquí, y en nuestros diferentes viajes, con frecuencia somos abordados con diferentes preguntas. Una de las preguntas más comunes es aquella relacionada con qué pasa con el indio de la jungla que nunca ha oído del Señor Jesucristo. Y a mí me llama la atención porque con frecuencia la pregunta es hecha con un rostro de preocupación. Siempre me ha llamado la atención, porque esta persona está tan preocupada por el indio de la jungla, que está tan removido de él, y no tiene ninguna preocupación por la persona que trabaja al lado suyo, en el escritorio de su oficina, que está tan cerca de él. ¿Realmente es una preocupación, o es un cuestionamiento acerca de la bondad y la gracia de nuestro Dios?
La revelación general es esa manifestación de Dios, del Dios nuestro, a todos los hombres, en todas las partes, en todas las generaciones, desde que el hombre es hombre. Esta revelación está en la creación y está en la conciencia del individuo. Y es ahí donde Pablo comienza. Escucha cómo la Nueva Traducción Viviente traduce el texto de Romanos 1:19-23 acerca de la revelación general de nuestro Dios.
"Ellos —esto es, todo el mundo— conocen la verdad acerca de Dios porque Él se la ha hecho evidente. Pues desde la creación del mundo, todos han visto los cielos y la tierra. Por medio de todo lo que Dios hizo, ellos pueden ver a simple vista las cualidades invisibles de Dios: su poder eterno y su naturaleza divina. Así que, escucha bien, no tienen ninguna excusa para no conocer a Dios. Es cierto, ellos conocieron a Dios, pero no quisieron adorarlo como Dios ni darle gracias. En cambio, comenzaron a inventar ideas necias sobre Dios; como resultado, la mente les quedó en oscuridad y confusión. Afirmaban ser sabios, pero se convirtieron en completos necios. Y en lugar de adorar al Dios inmortal y glorioso, rindieron culto a ídolos que ellos mismos se hicieron con forma de simples mortales, de aves, de animales de cuatro patas y de reptiles."
Escuchaste lo que Dios dice. Dios dice que Él da testimonio de quién Él es desde el principio de la creación. Por medio de lo creado, tú puedes ver en la creación de Dios su poder, su sabiduría, su soberanía, la manera como la gobierna por medio de su providencia, y puedes ver incluso la eternidad de Dios que ha creado este mundo. Y es ahí donde Pablo inicia con los atenienses.
Ahora, Romanos 2 habla de que Dios se ha revelado a ese hombre también en su conciencia. Yo menciono esto para aquellos que están preocupados hoy todavía, en este lugar, por el indio de la jungla: que el indio de la jungla no se condena porque nunca ha oído de Jesucristo. No. Su condenación está mucho antes. Él se condena porque no responde a la revelación general de Dios en la creación y en su conciencia, y no respondiendo a algo que él conoce, inventa caminos necios en forma de crear ídolos con sus propias manos y postrarse delante de ellos, que a veces tienen forma de animales, de aves, de reptiles, de cuadrúpedos, y rendirles adoración. Él prefiere esa invención a la revelación de Dios.
Ahora bien, si él se fuera a salvar, la revelación general de Dios no le es suficiente. La revelación general, con la que Pablo inicia y que toma la mayor parte de su mensaje, no hubiese salvado absolutamente a nadie. Yo quiero que enfatices eso, que subrayés eso, porque al final quiero puntualizar algo que no se ve aquí, ya que tenemos que viajar a otra ciudad antes de poderlo ver. Pero esa es la realidad: el hombre se condena porque no responde a la revelación natural, pero si se va a salvar, necesita a Cristo, que es parte de la revelación especial de Dios.
La revelación especial no es otra cosa que aquella manifestación de Dios, de manera —valga la redundancia— especial, que no todo el mundo tiene. Pablo, Moisés, Abraham tuvieron manifestaciones que muchos hombres no tuvieron. Nosotros tenemos una Biblia que la mayoría, o una gran cantidad, de las naciones todavía no tiene ni siquiera en su propio idioma. Eso es especial. Cristo vino a Palestina y caminó entre la gente por 33 años; eso fue especial. Y ahora es Cristo revelado en estas páginas que nosotros llamamos Biblia. El Evangelio es parte de la revelación especial de Dios que muchos no tienen. El hombre se condena por no responder a la revelación general de Dios; el hombre se salva por medio de la revelación especial.
Y yo menciono eso porque, como ya aludí, el mensaje de Pablo está cargado de revelación general con muy poca revelación especial, en parte quizás porque lo interrumpieron. Cuando Pablo comienza a introducir la revelación especial y habla de un hombre, de un varón, sin siquiera darle el nombre a Jesús, por medio del cual Dios juzgará al mundo, Pablo es interrumpido. Pero ahí vamos muy rápido, de manera que tenemos que regresar.
Una vez más, según Lucas, los atenienses vivían entretenidos con la última corriente, la última filosofía, la última enseñanza, la última especulación. Y entonces Pablo comienza con ellos como a 30.000 pies de altura, para ver si puede llegar a sus corazones posteriormente. Como mencioné, ese mensaje, así predicado en el Areópago, no aparece antes ni aparecerá jamás después. Eso ha llevado a cierta especulación, de la cual vamos a hablar más adelante.
Pero ahí está Pablo en el Areópago, frente a una audiencia pagana que no conocía nada del Antiguo Testamento, no conocía los patriarcas, no conocía los profetas, no había oído de Jesús, no había oído nada de lo que quizás los judíos sí habían escuchado. Pero ya estaban imbuidos, y pudiéramos decir, de estas ideas de los epicúreos, que hablaban de que el mundo básicamente había existido como un evento de la azar, por así decirlo, no había un Dios; ellos eran eminentemente materialistas. Y los estoicos, que pensaban que el mundo siempre había existido, o el universo, y que una fuerza impersonal que llamaban logos le había dado forma. Y quizás Juan estaba hablando a ellos cuando dijo que en el principio era el Logos, y el Logos estaba con Dios, y el Logos era Dios, y que ese Logos encarnó y vino lleno de gracia y de verdad.
Pablo en el Areópago probablemente trató de encontrar un punto de contacto. "Déjame ver si yo puedo encontrar algo como un trampolín de donde yo pueda partir." Y comienza de cierta manera reconociendo una cierta nobleza, entre comillas, entre los atenienses, cuando dice: "Yo me doy cuenta de que ustedes son muy religiosos." En vez de llamarles muy impíos, de acuerdo a la palabra de Dios, pero llamarles religiosos. Y la razón por la que yo creo que son muy religiosos es porque yo he visto tantos ídolos, pero el que más me llamó la atención es este ídolo que yo me encontré sobre un altar con esta inscripción: "Al Dios desconocido." Esto es como: ¡wow!, ¿qué es esto?
Pues si tú sabes que en la antigüedad la gente temía a los dioses, que en la antigüedad la gente creía que los dioses controlaban diferentes aspectos de la naturaleza —la lluvia, las sequías, las tormentas, los temblores—, había tantos ídolos como eventos posibles que yo pudiera imaginar. Pero aun así, en Atenas, con un poco de filosofía que ellos tenían, pensaron: "Pero quizás hay un Dios que es capaz de hacer cosas en la naturaleza, que es capaz de traer consecuencias sobre nosotros, que nosotros no hemos honrado, y por si acaso eso sea una posibilidad, le vamos a hacer un altar, le vamos a honrar, y le vamos a poner esta inscripción: Al Dios desconocido."
Pablo toma ese punto de contacto, ese trampolín, y les dice: "De ese Dios yo quiero hablarles. Ese es el Dios de quien yo quisiera hablar." Y les dice por qué: "Pues lo que vosotros adoráis sin conocer" —es como diciendo lo que vosotros adoráis en ignorancia— "eso os anuncio yo." Y Pablo pasa a presentar a un Dios muy distinto a lo que los epicúreos pensaban, muy distinto a lo que los estoicos pensaban, muy distinto a lo que el resto de los atenienses pensaba.
Escucha cómo Pablo comienza su mensaje en el versículo 24 del texto de hoy: "El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay." ¡Ah, Dios! Pablo comienza con la idea del Dios creador. Es como si Pablo hubiese regresado al Génesis: "En el principio Dios creó los cielos y la tierra." A los atenienses les dice: "El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay." Pero de ese Dios creador, Pablo revela que ese Dios es Señor sobre lo creado, y que ese Dios es infinito a diferencia de lo creado.
Y cómo lo dice la segunda parte del versículo 24: "Siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas." Pablo primero les dice que Él es creador del mundo y de toda cosa que en él hay, y luego les dice: "Siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas." Pablo declara el señorío de nuestro Dios sobre toda la creación. Pablo está hablando de su soberanía, está hablando de su control, de su derecho a gobernar y de su autoridad sobre tu vida y sobre la mía.
E inmediatamente después de presentar a ese Dios como creador y como Señor sobre lo creado, él presenta a ese Dios como un Dios que no lo puedes contener, que no habita en templos hechos por manos humanas. Es un Dios infinito que existe fuera del tiempo y del espacio. Y es la razón por la que Salomón, cuando él dirigió la construcción de un templo hecho por manos humanas, reconociendo la infinitud de nuestro Dios, dice lo que se registra en 1 Reyes 8:27: Salomón está contemplando esta preciosa edificación y dice: "¿Pero morará verdaderamente Dios sobre la tierra? He aquí que los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?" Ese es Salomón. "Yo estoy consciente de que yo he hecho esta casa por dirección tuya, es extraordinaria, es espaciosa, es imponente, es majestuosa, pero a la verdad que tú no habitas aquí. Esto no te puede contener. El universo mismo que tú creaste no puede constituir tus límites." El universo fue creado por un Dios que ya existía, por el Dios que Pablo predicaba.
De manera que en pocas palabras, Pablo ha hablado de un Dios creador, de un Dios Señor y de un Dios infinito en un solo versículo. Pero ahora en el versículo siguiente, Pablo pasa a hablar de un Dios autosuficiente. Escúchalo, versículo 25: "Ni es honrado por manos de hombres, como si él necesitara de algo." Los paganos, ayer y hoy, con frecuencia sirven y sirvieron a los dioses con alimentos. Yo recuerdo en mis años de adolescencia haber asistido a dos sesiones de lo que sigue siendo el movimiento de la meditación trascendental. Yo fui la primera vez, pero había algunas instrucciones, y luego me dijeron que en la próxima sesión le llevara un guineo, una manzana y no sé qué otra cosa para honrar a los dioses. Y yo fui a esta segunda y última sesión, y cuando yo me veo allí presentando estas frutas a esta deidad, yo me dije: "¿Qué es esto?" Alimentar a los dioses, pues eso ya estaba más que acostumbrado. Y Pablo está diciendo: "El Dios del que yo estoy hablando no es como los dioses de ustedes, que necesitan cosas de los hombres, que necesitan que las manos de sus siervos les alimenten." No, para nada, en lo más mínimo. Dios no necesita nada de nadie. Dios depende de Él mismo, a diferencia de la criatura, que depende del creador.
Ya hay algo que nosotros conocemos tempranamente de las Escrituras: que Dios es autosuficiente. ¿Y cómo lo sabemos? Porque Dios se le presenta a Moisés, creo que hablamos algo de eso la semana pasada en uno de los cultos. Y lo primero que Dios le muestra es que Él es santo: "Quita las sandalias, que el terreno donde estás pisando es terreno santo." Y lo próximo que Dios le muestra a Moisés: "Yo soy autosuficiente, yo dependo de mí mismo, yo existo, yo tengo vida en mí mismo." ¿Y cómo lo hace? A través de su nombre. Recuerda que en el contexto hebreo el nombre representa la esencia de Dios. Moisés pregunta: "¿Quién eres tú? ¿Qué les digo?" Dios le dice: "¿Tú quieres que te diga? Te voy a dar mi nombre y te voy a dar mi esencia: Yo Soy." En otras palabras: no fui, no seré; yo dependo de mí mismo. Eso es lo que el nombre significa, Yahweh, el Dios autoexistente, el Dios que tiene vida, existencia y suficiencia en sí mismo.
Dios no cambia. Si hay algo que es típico de la criatura, es su cambio. Yo veo fotos de cuando yo llegué a Santo Domingo, con pelo, sin canas, lucía más joven, y cambia. Si hay algo que caracteriza a la divinidad es que no cambia, que hace millones de años —a través de lo que pudiéramos medir en millones de años—, Dios era lo que es hoy, y al final de la eternidad, que no tiene final, Dios será lo mismo que Él fue en la eternidad pasada. Dios tiene vida en sí mismo.
El Señor de la tarde, como decía D. A. Carson en una ocasión, Dios no está esperando y dice: "¡Oh, no puedo esperar —what, como dicen en inglés— a que llegue el domingo en la mañana a ver si esta congregación me levanta el ánimo." No. Dios no está diciendo: "A ver si estos músicos tocan mejor y cantan mejor este domingo que el pasado, porque yo necesito deleitarme y esto le falta calidad." No necesita nada. Dios no está esperando que yo predique el mejor sermón sobre la tierra para Él sentirse honrado. Absolutamente no. Dios no necesita tu obediencia ni la mía. Yo necesito mi obediencia; Él no la necesita. Dios es autosuficiente, sin necesidad absoluta de nada ni de nadie.
Dios no necesita tu adoración. Si Él necesitara la adoración de alguien, se la pediría a los serafines y a los querubines, donde no hay presencia de pecado ni mucho menos. Pero Dios no la necesita de ellos. Antes de que Dios creara, Dios estaba satisfecho, contento en sí mismo, disfrutando la presencia y el amor de su Hijo y del Espíritu de Dios en la Trinidad. En la Trinidad tú encuentras eternidad, unidad y amor mutuo. "Dios no es honrado por manos de hombres, como si necesitara de algo."
La próxima vez que tú pienses que Dios necesita algo de ti, que necesita tu obediencia, que necesita tu adoración, estás pensando como un pagano y no como un cristiano. Dios es autodependiente. Lo que implica que Él tiene vida en sí mismo. Y como Él tiene vida en sí mismo y no es un Dios egoísta —escucha—, Dios es dador. Esa es la otra manera como Pablo presenta a este Dios aquí en el pasaje: "Pues Él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas." Él da a todos vida y aliento, que es lo mismo, pero también da todas las cosas que tienes, que no has recibido sino de Él. Ese es un Dios totalmente dador, dador de vida.
De hecho, cuando el pastor leía de Juan 1, él comenzó a leer: "En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios." Y luego leía de cómo todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y nada de lo que fue hecho fue hecho sin Él. Pero él se paró ahí, en el versículo 4: "En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres." En Él estaba la vida, en Él está la vida en el día de hoy. Y por eso es que Pablo entonces avanza su mensaje en el versículo 28 de nuestras traducciones y dice: "Porque en Él vivimos, y nos movemos, y existimos."
Ahora, Pablo usa esa verdad para decir a los atenienses: "¿Sabes que eso ni siquiera es original?" Porque algunos de vuestros mismos poetas han dicho esto, como también han dicho: "Porque también nosotros somos el linaje suyo." "En él vivimos, nos movemos y existimos." Es como que Dios es nuestro hábitat. ¿Qué es el hábitat? Es el lugar donde algo vive. Los peces viven en el agua, ahí viven, se mueven, ahí existen. En un sentido es su hábitat, pero en otro sentido su hábitat es Dios, porque en él es que ellos viven, porque él da vida a todos, es que ellos se mueven y ellos existen. Nuestro hábitat es Dios mismo.
Pablo ha hablado mucho en este texto y ya les presentó al Dios que él conoce: que Dios es conocido como creador del mundo y todo lo que en él hay, como infinito, porque él no habita en templos hechos por manos humanas, como Señor del cielo y de la tierra, como eterno, porque él existía antes de lo creado en su infinitud de eternidad, como dador, porque él da vida y aliento a todos y da todo a todos, y como sustentador, porque en él vivimos, nos movemos y existimos. Todavía, a pesar de todos esos atributos extraordinarios de nuestro Dios, si eso es lo único que tú conoces de Dios, no puedes ser salvo.
La revelación, en un sentido, no le ha dicho nada nuevo que ellos no conocieran en sus conciencias y en la creación. Ellos podrían levantarse en la mañana y ver cómo las aves son alimentadas todos los días sin que tengan que hacer ningún esfuerzo. Podrían ver las flores, cómo florecen, mueren, vuelven y florecen. Podrían ver la lluvia que era necesaria para continuar la vida, y ellos podrían concluir: "Bueno, es un Dios creador que sostiene toda su creación." De manera que algo más tienen ellos que conocer. Pero como Pablo está hablando con una audiencia pagana que no conoce nada de la revelación anterior, del Antiguo Testamento, aparentemente él decidió irse por ese camino.
Y para ello le presenta ahora a Dios, no solamente como creador, infinito, Señor, eterno, dador y sustentador, sino también como soberano. Escucha el versículo 26: "Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, de Adán, para que habiten sobre toda la faz de la tierra." Y escucha ahora su soberanía: "Y les ha prefijado el orden de los tiempos y los límites de su habitación." Dios es el desarrollador de la raza humana a partir de la sangre de un solo hombre, pero cuando decide desarrollar la raza humana, él prefija los tiempos con todo lo que eso implica, y prefija los límites de donde el hombre iba a habitar. De manera que Pablo está diciendo: este es un Dios soberano.
Tú existes en esta generación, no por accidente. Tú existes en esta generación, no en la anterior, no en la que sigue, y yo también, porque Dios entiende que él ha puesto algo que esta generación necesita. Si tú no crees eso, vivirás sin propósito en tu vida. Dios predeterminó los tiempos y predeterminó los lugares donde el hombre habitaría. Y Dios no solamente hizo eso de manera general, esa predeterminación de los tiempos; Dios hizo eso de manera particular, de tal forma que tú naciste cuando naciste por designio de Dios. No solamente naciste cuando naciste por designio de Dios; tú naciste donde naciste y vives donde vives por designio de Dios.
La próxima vez que tú tengas algo de qué quejarte de este país donde tú vives, recuerda que estás aquí por designio de Dios. Y le dices: "Esta nación está por debajo de lo que yo soy. Es muy inferior a mi desarrollo intelectual, personal y humano, de manera que me mudo a otro lugar." Te equivocaste. Y oirás a Dios decir: "El que se equivocó eres tú. Te puse ahí porque te consideré tan desarrollado; te puse en ese lugar para que ayudes a desarrollar a los demás."
Asimismo, de acuerdo a este versículo, las fronteras de las naciones fueron prefijadas por Dios: "los límites de su habitación." Las fronteras que las Naciones Unidas quieren borrar hoy en día tendrían que ir donde el Creador y decirle que fueron mal establecidas por él. Ahora, ¿por qué Dios hizo todo eso? ¿Por qué se reveló de manera general? ¿Por qué Dios se reveló en la creación, en la conciencia? ¿Por qué Dios colocó a los hombres donde los colocó? Si Dios nos creó, si Dios nos sostiene, si en él vivimos, nos movemos y existimos, si Dios es soberano y soberanamente determinó los tiempos —y de paso, ¿recuerdan lo que dice del Señor Jesús, que en la plenitud del tiempo? Él prefijó los tiempos. Dios envió a su Hijo—, si Dios se reveló al hombre, es natural que todo eso que hizo tenga un propósito.
Y ese propósito está en el versículo 27. Te lo leo primero de la Biblia de las Américas y luego en la Nueva Traducción Viviente: "Para que busquen a Dios, si en alguna manera palpando puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros." La Nueva Traducción Viviente: "Su propósito era que las naciones buscaran a Dios y quizás, acercándose a tientas, lo encontraran, aunque no está lejos de ninguno de nosotros." En otras palabras, Dios se reveló e hizo lo que hizo, puso sus atributos en la creación, puso el conocimiento de Dios en la conciencia del hombre, para que lo buscara.
Como si a tientas, claro que a tientas, porque el hombre se cayó de la gloria de Dios y quedó ciego, quedó muerto en delitos y pecado. Y como está ciego, Dios todavía le pone la creación al frente, pone revelación al frente y dice: "Incluso tú no tienes excusa, porque en la imagen mía hay parte de la evidencia de que yo existo, por si a tientas buscaran y me encontraran." Pero ese hombre no le busca. Este hombre prefiere, en su ceguera espiritual, fabricar ídolos con sus manos y postrarse delante de lo que él mismo ha fabricado. No solamente ha fabricado estos ídolos; él ha determinado las vías por medio de las cuales va a buscar a Dios. Por eso es que él prefiere una meditación trascendental, él prefiere un ídolo, él prefiere una filosofía, él prefiere el Islam, él prefiere los Testigos de Jehová, él prefiere una serie de dioses extraños, porque no va a rendir cuentas delante de esos dioses.
Y Pablo sigue y dice: "Así como alguno de vuestros mismos poetas han dicho: 'Porque también nosotros somos linaje suyo.'" Para lo cual dice lo siguiente: "Siendo pues linaje de Dios, no debemos pensar que la naturaleza divina sea semejante a oro, plata o piedra, escultura del arte y del pensamiento humano." Lo que Pablo acaba de decir es extremadamente lógico. Si vuestros poetas han dicho que nosotros somos descendientes de Dios o de los dioses, ¿cómo es que nosotros, si somos descendientes de dioses, concebimos dioses de oro, plata, cobre y piedra? Porque entonces nosotros deberíamos ser de oro, de plata, de cobre, de piedra.
Ahora nota cómo Pablo le da vuelta a esto: "escultura del arte y el pensamiento humano." Ese arte y ese pensamiento humano caído del hombre, ese es el resultado. Tú tienes un pensamiento humano y tienes un pensamiento divino. El pensamiento humano ha creado estos dioses de oro, de plata, de cobre, de piedra, y Dios ha revelado todos sus atributos, o una gran parte de ellos, en la creación. Y el hombre ha preferido el arte y la creación del pensamiento humano a la revelación del Dios divino.
Y Pablo ahora comienza a aproximarse a su conclusión y a la revelación especial: "Pero habiendo Dios pasado por alto los tiempos de esta ignorancia." Le dio como una bofetada a los de Atenas, porque les dijo ignorantes. "Habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan, por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón" —todavía no llega directamente a su nombre— "a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos."
Pablo dice algo similar a los atenienses a lo que él escribe en Romanos 3. Él dice que Dios pasó por alto en este tiempo la ignorancia. En Romanos 3, Pablo dice que Dios, en su tolerancia, pasó por alto los pecados cometidos anteriormente. Esto se lo dice a los judíos. Dios, en su tolerancia —no podría decir "en su ignorancia", porque ustedes tienen una revelación del Dios de Abraham, Isaac y Jacob—, pero en su tolerancia pasó por alto los pecados durante la época de la ley. Pero ahora, dice en Romanos 3, ahora que Cristo ha venido, que fue ofrecido como propiciación, ya no más.
Y ahora Pablo dice lo mismo a los atenienses, pero de otra manera: en su ignorancia, Dios pasó por alto la idolatría de ustedes. Pero ahora Dios ha mandado que todos los hombres se arrepientan, porque Dios tiene una intencionalidad con el mundo, y es juzgar a ese mundo por medio de ese varón —dice Pablo, le llama varón— que Dios levantó de entre los muertos. Ahí Pablo está como rozando la periferia de la revelación especial, porque si me lo dejan, yo no entiendo qué es lo que eso significa.
Pero cuando él habló de la resurrección de los muertos, el texto dice que inmediatamente lo interrumpieron y que hubo dos reacciones. Unos se burlaban, y otros dijeron que lo oirían en otra ocasión. En el versículo 32: "Pero cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban y otros decían: 'Ya te oiremos acerca de esto otra vez.'" Eso no fue distinto a la reacción del gobernador Félix. En el libro de Hechos más adelante, Pablo está dando testimonio de su fe y comienza a hablar acerca de la justicia, de la vida eterna y del dominio propio. Y cuando Félix, que vivía una vida inmoral, oyó acerca de esto, le dijo a Pablo: "Pablo, ya basta. Muchas letras te han vuelto loco. Ya te oiré en otra ocasión." Es una forma diplomática de mandarte a callar.
No sé si te ha pasado, a mí me ha pasado. "No está mal eso, yo respeto eso, pero quizás en otro día." Una forma diplomática de mandarte a callar. Ahora, escuchen.
Lo termina, o sea, es interrumpido. Escuche lo que el texto dice: así interrumpido, Pablo salió de medio de ellos. Más algunos creyeron, algunos, juntándose con él, entre los cuales estaba Dionisio el Areopagita, encargado del Areópago —es una conversión importante—, y una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos.
¿No te llama la atención que en Atenas no hay el tumulto de Éfeso como resultado de la predicación del Evangelio, que la gente se estaba convirtiendo en masa? ¿No te llama la atención esa pobre y tímida respuesta de los atenienses, comparada con la reacción en Samaria, donde Samaria se llenó de gozo? ¿No te llama la atención la reacción en Jerusalén cuando el Evangelio fue predicado, que dice que ustedes le dicen a Pedro y a Juan: "¡Han llenado a Jerusalén con vuestras enseñanzas!"? ¿No te llama la atención esa reacción tímida, comparada con lo que pasó en Tesalónica, que muchos judíos se convirtieron, dice el texto, y muchas mujeres principales también se convirtieron?
Contrasta eso con lo que pasó en Berea, que la gente recibió la palabra por lo que verdaderamente es: la Palabra de Dios, y no como la palabra de los hombres. ¿No te llama la atención que entre Tesalónica, en Éfeso, en Samaria, en Jerusalén se fundaron iglesias, y en Berea no, y en Atenas no?
Ahora escucha: el texto dice que Pablo salió de inmediato de ellos. ¿Quisiera saber para dónde cogió? La Palabra dice dónde cogió, en el próximo versículo, Hechos 18:1. Después de esto —¿cuál es "esto"?— la visita en el Areópago. Pablo salió de Atenas y fue a Corinto. ¿Quieres saber un poquito de Corinto? Nacida altamente griega, los mismos dioses, mismas ideas, pagana, inmoral, igual que Atenas. No muy distinta.
Esto es lo que Pablo dice a los corintios cuando llega allá. Él se los escribe en su primera carta, capítulo dos. Déame el texto literalmente: "Cuando fui a vosotros, hermanos" —¿a dónde?, a Corinto, de donde venía de Atenas—, "proclamando el testimonio de Dios, no fui con superioridad de palabras o de sabiduría, pues nada me propuse saber entre vosotros excepto a Jesucristo, y a este crucificado."
Eso es lo que ha hecho que algunos especulen —yo estoy entre ellos— que Pablo dijo: "¿Sabes qué? Esto de presentar esta idea del Dios general, del Dios creador, esto no funciona. Es el Evangelio el que trae la salvación; es Cristo y Cristo crucificado." En la ciudad anterior ni me dejaron terminar para presentar el Evangelio. En la próxima ciudad, tan griega como Atenas, esto es lo que le voy a hacer: yo voy a predicar a Cristo y a Cristo crucificado. Él es el poder de Dios para todos nosotros que hemos creído.
Y la verdad es, hermano, que toda la revelación general de Dios para el hombre no puede convertir una sola alma humana. Si la revelación general hubiese podido convertir al hombre, Dios no enviaría profetas a Israel ni hubiese enviado a su Hijo posteriormente. La razón es que Dios tiene que literalmente hacer varias cosas. Dios tiene que cancelar la deuda entre el hombre y Él, y alguien tenía que pagar por eso, y no podía hacerlo ningún mortal, porque ellos —o nosotros— somos tan deudores de Dios como el primero. Tendría que ser alguien que no hubiese pecado, que hubiese vivido en conformidad con la ley de Dios que había sido violada, y eso solamente lo podía hacer su Hijo.
Segundo, alguien tendría que ir a la cruz y morir por ese hombre pecador, y derramar su sangre para el perdón de pecados. Tercero, habiendo muerto, no podía quedar muerto, porque entonces ¿qué garantía habría de que nosotros, cuando morimos, tendríamos otra vida? Y Él tiene que resucitar de entre los muertos, y con eso garantizó la resurrección nuestra. Esa es la revelación especial de Dios, y de ella queda la salvación.
Ahora, antes de terminar, déjame decir que hay un grupo significativo de teólogos que argumentarían en contra de la especulación que yo hice, que entiende que Pablo no necesariamente cambió de estrategia, que Pablo básicamente quiso hacer eso y hubiese hecho lo mismo trayéndose en el Areópago. Yo y otros no estamos convencidos de eso por más de una razón. Pero yo creo que es interesante que Pablo nunca antes predicó un sermón de esa naturaleza, y nunca después. Tú puedes ver todas sus cartas, puedes terminar el libro de los Hechos: no lo vas a encontrar.
Lo que encuentras es una presentación clara del Evangelio, como le dice a los corintios: "Cuando yo fui a ustedes, no me propuse hablar sabiduría ni nada rebuscado; yo vine a hablar de Cristo, de Cristo crucificado." Esta es la razón —ahora te lo digo— por lo que yo titulé mi mensaje: "La necesidad del Evangelio." Eso me lo había propuesto decir más temprano, pero esta vez no lo dije porque no iban a saber por qué estaba diciendo lo que estaba diciendo, cuando en toda esa revelación inicial de Pablo no había nada de Evangelio.
El Evangelio es necesario para la conversión del hombre, y es el eje de toda la historia de la vida. Todo apuntaba a ese Evangelio y todo gira en torno a ese Evangelio. Yo creo que se nos da una idea no solamente de lo que Dios ha hecho en la creación y en la conciencia del hombre, sino también de lo que ha hecho en la cruz, y de por qué una revelación sirve de una manera y la otra revelación sirve de otra manera.
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